Ese temido método del "texto probatorio"

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Kevin Paulson

Un vulgarismo teológico que es hoy popular en diversos círculos adventistas es el que ha venido a conocerse como "MÉTODO DEL TEXTO PROBATORIO" de estudio de la Biblia. No se trata ciertamente de un motivo de escarnio nuevo entre los adventistas intelectuales que en tiempos recientes navegan bajo la bandera teológica del llamado "adventismo progresivo". Uno de los principales críticos de ese método fue Raymond F. Cottrell (1911-2003) en sus últimos años, quien atacó los pilares bíblicos de la doctrina del juicio investigador debido a que en su opinión está basada en el método de estudio de la Biblia del "texto probatorio". Escribió:

La comprensión tradicional adventista de Daniel 8:14 se formuló sobre la base de lo que se conoce comúnmente como método de estudio e interpretación de la Biblia del texto probatorio (Raymond F. Cottrell, The "Sanctuary Doctrine" -Asset or Liability? (transcripción de disertació prounuciada en San Diego -CA- Adventist Forum, 9 febrero 2002), 17; ver también Cottrell, "Sanctuary Debate: A Question of Method", Spectrum, vol. 10, nº 4, 21-22).

Robert Brinsmead, en su ataque de 1981 contra el sábado, criticó igualmente la adherencia de los adventistas del séptimo día a la doctrina del sábado, debido a su supuesto recurso a ese método:

Estudios de la Biblia realizados en el siglo veinte han demostrado lo inadecuado del método del texto probatorio para interpretar la Biblia … La totalidad de la Biblia está escrita en cierto contexto histórico, y lo escrito en ella está condicionado a ese contexto. Es menos que aceptable abordar la Biblia como si Dios se hubiera revelado a sí mismo en proposiciones abstractas que pudieran comprenderse al margen de la situación histórica (Robert D. Brinsmead, 'The Life Situation of the Apostolic Church', Verdict, junio 1981, 8).

Describiendo en profundidad lo que él calificó como deficiencias de ese método, Cottrell afirmó que "desde el principio la mayor parte de los adventistas ha seguido ese método, pero hoy en día no hay ningún erudito bíblico reputado que lo siga" (Cottrell, The 'Sanctuary Doctrine' -Asset or Liability?, 17).

Cottrell nunca explicó cuáles son los criterios para considerar "reputado" a un erudito bíblico, pero él mismo se adhería a lo que describió como el "método histórico" de estudio de la Biblia, que en realidad no es más que una forma abreviada de referirse al MÉTODO HISTÓRICO-CRÍTICO, ese al que Ellen White se refirió como "alta crítica" (La Educación, 205; Los Hechos de los apóstoles, 381; El ministerio de curación, 101). Cottrell enumera las siguientes características de ese método:

1. Procura ser tan objetivo como sea posible.

2. Se esfuerza en comprender la Biblia según esperaban sus diversos autores que fueran comprendidos sus escritos, y tal como los habría comprendido su audiencia al leerlos según la perspectiva cultural e histórica, y la narrativa de la salvación peculiar de aquella audiencia.

3. Como normativa considera las palabras, las formas literarias y las afirmaciones, de acuerdo con su significado en el lenguaje original en que se escribieron.

4. Se esfuerza por evaluar objetivamente los datos.

5. Basa sus conclusiones en el peso de la evidencia (Ibid.).

Cottrell continúa con la afirmación:

Este método requiere, o bien una formación específica en los lenguajes bíblicos, el conocimiento de la historia y el entorno en la antigüedad, o bien confiar en material producido por personas con ese tipo de formación (Ibid.).

Cottrell sigue con su crítica al que se ha venido a conocer como MÉTODO HISTÓRICO-GRAMATICAL de estudio de la Biblia, utilizado por la mayor parte de los adventistas conservadores estudiosos de la Biblia, y que recibió el apoyo del liderazgo de la Iglesia al ser aprobado el documento que recoge los "Métodos de estudio de la Biblia" en el Congreso Anual (Annual Council) de 1896. Cottrell afirma que "consiste en procedimientos propios del método histórico, bajo el control de las presuposiciones y principios propios del texto probatorio" (Ibid.). Lo que no aclaró es el marcado contraste que existe entre poner la confianza en "expertos" que expliquen la Biblia a los legos -tal como requieren los así llamados métodos históricos-, y la afirmación propia del método histórico-gramatical a propósito de la relación trascendente que la Biblia tiene en la experiencia humana, así como de la habilidad que posee para explicarse a sí misma. El documento sobre los 'Métodos de estudio de La Biblia' que acabamos de citar, afirma:

La razón humana está sujeta a la Biblia, no está en igualdad o superioridad respecto a ella … Dios ha dispuesto que se le dé un uso pleno a la razón humana, pero en el contexto y bajo la autoridad de su Palabra, no independientemente de ella (https://www.adventist.org/articles/methods-of-bible-study/#).

La propia Biblia es su mejor intérprete, y cuando se la estudia en su conjunto expresa una verdad consistente y armoniosa … Si bien fue dada en el contexto de los habitantes del antiguo Medio Oriente / Mediterráneo, la Biblia trasciende a su entorno cultural, siendo útil como Palabra de Dios para cualquier contexto cultural, racial y coyuntural, y en cualquier época (Ibid.).

Quienes proponen que los cristianos se apoyen en los eruditos con formación especial para explicar la Palabra inspirada, harían bien en considerar las palabras de Jesús, quien oró así: "Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños" (Mat 11:25). El apóstol Pablo amonestó a quienes "pretendiendo ser sabios, se hicieron necios" (Rom 1:22).

Afortunadamente los escritos inspirados proporcionan un camino mejor, que está resumido en el citado método de estudio histórico-gramatical.

La Inspiración, su propio intérprete

Lo cierto es que aquello que muchos ridiculizan como método de estudio de la Biblia del "texto probatorio" es de hecho el método auto explicativo propio de la Biblia. Aclaremos desde el principio que por supuesto, no estamos aquí discutiendo la práctica -a la que se entregan muchos, dentro y fuera del adventismo- consistente en tomas textos bíblicos fuera de su contexto inmediato, para leer en ellos algo enteramente ajeno, tanto a las escrituras que rodean el texto, como al mensaje inspirado en su conjunto. No es ese el asunto en discusión aquí.

En realidad, lo que estamos haciendo es reconocer que "toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia" (2 Tim 3:16). El autor de este versículo incluye claramente ambos testamentos en su referencia a "toda la Escritura", ya que en el versículo precedente dice a Timoteo: "Desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús" (vers. 15). Las únicas Escrituras que pudo haber sabido Timoteo desde su infancia son las del Antiguo Testamento, no siendo probable que por ese tiempo se hubiera escrito parte alguna del Nuevo Testamento. En otra ocasión, los apóstoles elogiaron a los cristianos de Berea debido a que comparaban las enseñanzas de los apóstoles con las Escrituras (Hechos 17:11). Tuvo que tratarse nuevamente del Antiguo Testamento. Pablo cita frecuentemente el Antiguo Testamento en sus epístolas, como base y autoridad de las diversas doctrinas que predica (por ejemplo, Rom 1:17 y 4:6-8; 1 Cor 9:9; Efe 6:1; 1 Tim 5:18).

En vista de lo anterior, es toda la Escritura la que debe reconocerse como autoridad divina, trascendente e intemporal para todo asunto espiritual. Tenemos la afirmación de que esa palabra inspirada no es palabra humana, sino palabra de Dios (1 Tes 2:13; 2 Pedro 1:20-21). Y de acuerdo con Pablo, aquello que inspira el Espíritu Santo debe comprenderse por comparación consigo mismo:

No hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido.

De estas cosas hablamos, no con palabras enseñadas por la sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual.

Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura; y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente (1 Cor 2:12-14).

Tanto si el tema es la salvación por la gracia mediante la fe, la norma moral divina de justicia, lo que sucede en la muerte o el significado de los pasajes proféticos, la clave para su comprensión es la comparación de un pasaje con otros cuyo lenguaje o tema sean similares. Cuando Pablo dice en Romanos 4:6 que "David habla de la bienaventuranza del hombre a quien Dios atribuye justicia sin obras", comprendemos mejor lo que Pablo está transmitiendo, al considerar in extenso el pasaje que Pablo está citando, en el que David describe al hombre a quien el Señor no imputa iniquidad, como aquel "en cuyo espíritu no hay engaño" (Sal 32:2).

Es decir, "sin obras" no significa en ausencia de un corazón transformado, tal como Pablo testifica en otros pasajes sobre el mismo tema y ámbito (2 Tes 2:13; Tito 3:5).

El testimonio de la Biblia acerca de lo que sucede al morir queda explicado y aclarado al comparar pasajes que tratan de ese tema en ambos Testamentos. Por ejemplo, cuando leemos en Job 14:12 que "el hombre yace y no vuelve a levantarse. Mientras exista el cielo, no despertará ni se levantará de su sueño", tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento encontramos la clarificación de cuándo sucede eso en el tiempo: Daniel 12:2; Juan 5:28-29; 1 Tes 4:16 y 2 Pedro 3:10.

Cuando el libro de Apocalipsis describe a dos mujeres como símbolos respectivos de las iglesias falsas y de la verdadera: la que está vestida de blanco (Apoc 19:8), y la que viste de escarlata (Apoc 17:4), comprendemos con mayor claridad el significado de esos colores al leer en Isaías 1:18: "Aunque vuestros pecados sean como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; aunque sean rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana". Otros pasajes bíblicos ilustran también el uso de tales símbolos; en el caso de la mujer pura, Jer 6:2 y 2 Cor 11:2; y en el caso de la ramera, Isa 1:21 y Jer 3:1. Lo anterior provee el significado de las metáforas referidas a la comunidad fiel de creyentes, y a la infiel.

Cuando consideramos la identidad de la figura descrita como el "rey del norte" en Daniel capítulo 11, otros pasajes nos permiten identificar ese poder, sea por emplear lenguaje similar, o bien por abordar el tema paralelo del pueblo de Dios siendo atacado desde ese mismo punto cardinal: Jer 1:14-15 y 4:6 y 13; Dan 11:40.

Cuando se aplica ese abordaje auto interpretativo de la Biblia al tema de la distinción de roles de género en el terreno espiritual, igual que en cualquier otro caso, se debe considerar la totalidad de la Escritura a fin de articular y clarificar cada afirmación. Ningún pasaje debiera considerarse aisladamente de los demás. Los primeros capítulos de Génesis, por ejemplo, deben considerarse a la par con otros en el Nuevo Testamento, que aclaran que si bien hombres y mujeres están en un plano de igualdad ante Dios en lo que respecta a la salvación (Gál 3:28), es clara la primacía del varón en lo relativo al liderazgo espiritual y a la historia de la salvación (Rom 5:12-19; 1 Cor 11:3 y 15:22; Efe 5:22-25 y 1 Tim 2:12-13). Lo que frecuentemente ha causado confusión y extravío en esa particular controversia, es la consideración de uno o más pasajes tomados aisladamente del resto de la Escritura, y analizados meticulosamente desde el punto de vista lingüístico y cultural hasta en sus más pequeños detalles, sin permitir que otros pasajes bíblicos que abordan la misma temática clarifiquen y comenten el significado del pasaje analizado. Ese método de "exégesis" tiende a ignorar el principio bíblico inspirado de la auto explicación, y tiende a desproveer el texto de toda trascendencia para el presente, hasta el punto de propiciar que muy pocos vuelvan a temblar ante la Palabra del Señor (Esdras 10:3 e Isa 66:2).

Lo que la Escritura enseña acerca de asuntos doctrinales permite explicar el significado de la afirmación de que la Inspiración es su propio intérprete. No es imprescindible la educación formal sistemática a fin de comprender esos versículos. Eso es lo que quiere decir Ellen White en su declaración: "La Biblia no fue escrita solamente para el hombre erudito; al contrario, fue destinada a la gente común" (El camino a Cristo, 89).

Ellen White confirma la naturaleza auto explicativa de las Santas Escrituras en declaraciones como las que siguen:

La Biblia es su propio exégeta. Un pasaje es la llave para abrir otros pasajes, y de esta manera la luz se derramará sobre el significado oculto de la Palabra. El verdadero significado de las Escrituras se hará evidente al comparar los distintos pasajes que tratan el mismo asunto, y al examinar su relación en todo sentido (La Educación cristiana, 48).

Muchos piensan que deben consultar comentarios de las Escrituras para comprender el significado de la Palabra de Dios, y, por nuestra parte, no diríamos que no deben estudiarlos; pero se requerirá mucho discernimiento para descubrir la verdad de Dios sepultada bajo el montón de las palabras de los hombres (La Educación cristiana, 49).

La Biblia es su propio intérprete. Debe compararse texto con texto. El estudiante ha de aprender a considerar la Biblia como un todo y a ver la relación que existe entre sus partes. Tiene que adquirir el conocimiento de su gran tema central, del propósito original de Dios hacia el mundo, del comienzo de la gran controversia y de la obra de la redención. Necesita comprender la naturaleza de los principios que luchan por la supremacía, y aprender a rastrear su obra a través de las crónicas de la historia y la profecía, hasta la gran culminación (La Educación, 171).

La Biblia es su propio intérprete. Con hermosa sencillez, una parte se relaciona con la verdad de otra parte, hasta que toda la Biblia constituye un todo armonioso. La luz procede de un texto para iluminar alguna porción de la Palabra que parecía más oscura (The Review and Herald, 13 de agosto de 1959. Nuestra elevada vocación, 209).

Permitid que la Biblia explique sus propias declaraciones. Aceptadla tal como se lee, sin retorcer sus palabras a fin de adaptarla a las ideas humanas (Loma Linda Messages, 55).

El lenguaje de la Biblia debe explicarse de acuerdo con su significado manifiesto, a no ser que se trate de un símbolo o figura (El conflicto de los siglos, 584 CD; 657 granate).

Según Ellen White, se debe aplicar el mismo principio al tratarse de sus propios escritos:

Los testimonios mismos serán la clave que explicará los mensajes dados, a medida que se explique un texto con otro (1 Mensajes selectos, 47).

Sin una alternativa coherente

En no pocas ocasiones es ese abordaje auto explicativo de los escritos inspirados al que nos hemos referido, el que es objeto de crítica por recurrir al así llamado método del "texto probatorio". Pero quienes critican dicho método han sido incapaces de proveer una alternativa para abordar el estudio de la Escritura que sea bíblica, coherente y digna de quien tiene fe.

En primer lugar, se debe reconocer que todos los cristianos que toman seriamente la Biblia utilizan textos probatorios. Juan 3:16 es un texto probatorio. 1 Corintios 10:13 es un texto probatorio. Gálatas 3:28, empleado a menudo -evidentemente de forma incorrecta- para demoler la distinción de roles entre hombre y mujer en el terreno del liderazgo espiritual, es también un texto probatorio. Si uno cree realmente en la Biblia y está convencido por la evidencia bíblica de la veracidad de cualquier imperativo doctrinal o moral de las páginas sagradas, ¿cómo podrá evitar el uso de esos textos relevantes como prueba de sus convicciones?

Los esfuerzos hechos en las décadas pasadas por improvisar abordajes alternativos al estudio de la Biblia -en contraste con el método clásico adventista histórico-gramatical descrito en la sección anterior-, han carecido de coherencia bíblica e incluso de simple lógica, en ocasiones hasta el punto de llevar a situaciones embarazosas. Uno de los ejemplos flagrantes lo proveyó Desmond Ford en la asamblea de Palmdale de 1976, dedicada a la justificación por la fe. Allí afirmó que el panorama bíblico de la justicia por la fe puede solamente explicarse según Romanos 3:21-5:21 (Desmond Ford, 'The Scope and Limits of the Pauline Expression, "Righteousness by Faith"' Documents from the Palmdale Conference on Righteousness by Faith -Goodlettsville, TN: Jack D. Walker, Publisher, 1976, 4). En una declaración subsiguiente, hecha con un dogmatismo al que no dio respaldo bíblico, Ford insistió en que "la cruz había de ser sufrida antes de poder ser explicada" ('Righteousness by Faith' Study Papers, Series 1: Righteousness by Faith -Angwin, CA: Pacific Union College Religion Dept, 1979-, 17), y basándose en esa idea afirmó que "la última palabra respecto al evangelio" no se la encuentra en los cuatro Evangelios del Nuevo Testamento (Ibid.). Tras su posterior salida del ministerio adventista, Ford añadió:

Pablo fue el mayor predicador del evangelio que jamás haya existido. Dirás: ¿Y Jesús? -Amigo, Jesús vino a hacer expiación, no a explicarla (The Adventist Crisis of Spiritual Identity -Newcastle, CA: Desmond Ford Publications, 1982-, 253).

Es interesante constatar que esa premisa que podemos etiquetar de "cuanto más nuevo, más verdadero", contenida al menos en cierto grado en ese abordaje que acabamos de exponer, resulta contradicha por el propio Ford en su posterior defensa del sábado del séptimo día, en la que afirma que "en su mayor parte, los evangelios se escribieron con posterioridad a las epístolas" ('The Sabbath: Brinsmead's Polemic' Spectrum, vol. 12, nº 1, 67). Siendo así, ¿no sería de esperar que la supuestamente más clara comprensión de la cruz y la salvación en las epístolas de Pablo quedara reflejada en las declaraciones teológicas más tardías de los evangelios?

El hecho cierto es que los temas doctrinales, proféticos y morales de la Biblia están absolutamente interconectados en el Antiguo y en el Nuevo testamento, y entre ambos. Desde Moisés y los profetas del Antiguo Testamento hasta Jesús y los apóstoles del Nuevo Testamento, los fundamentos teológicos y prácticos son los mismos, incluso al considerar factores como el cumplimiento de la ley ceremonial del Antiguo testamento en la muerte de Cristo, o el final de la teocracia civil del Israel del Antiguo Testamento. En todo pronunciamiento doctrinal, profético y moral, lo que pueden parecer discrepancias, se resuelve al consultar el conjunto de declaraciones relacionadas auto explicativas de la Biblia. Y para los adventistas del séptimo día, la autoridad e inspiración de los escritos de Ellen White reafirma y clarifica todavía más el testimonio colectivo de las Santas Escrituras (Ellen White, Primeros escritos, 78; Spiritual Gifts, vol. 2, 98-99; 3 Mensajes selectos, 34; 5 Testimonios, 616; Obreros evangélicos, 317).

Conclusión

Se debe considerar todo pasaje inspirado en relación con su contexto inmediato. Pero se lo debe considerar también en relación con otros textos donde la Sagrada Escritura aborda temas similares, o bien donde emplea un lenguaje equivalente. Dado que la humanidad está implicada en lo que las escrituras inspiradas llaman la gran controversia entre el bien y el mal, son esenciales las pruebas en favor de la verdad y en contra del error. De ahí la necesidad de convocar toda evidencia inspirada relevante que distinga el bien del mal en relación con innumerables asuntos.

Temo que el repudio por parte de algunos al método del "texto probatorio" de estudio de la Biblia sea una admisión no reconocida de que el peso de la evidencia inspirada es contrario a ciertas posturas tomadas en relación a temas contemporáneos. Cabe decir lo mismo de los escritos de Ellen White. Nuestra primera tarea como estudiantes de los documentos inspirados no es buscar en ellos una justificación a nuestras opiniones preconcebidas, sino averiguar cuál es la perspectiva divina y eterna del tema que sea, mediante la cuidadosa y abarcante consideración de lo que dice la totalidad del escrito inspirado, evitando la intrusión de la opinión personal, de la cultura popular, de la especulación erudita y de los vaivenes de la experiencia personal. Nuestra tarea última consiste en aceptar las pruebas auto explicativas que ofrece el texto sagrado al coste que sea, incluyendo el sacrificio de cualquier consideración personal, profesional, social o cultural.

Kevin Paulson, 27 marzo, 2017

Traducido de: http://advindicate.com/articles/2017/3/27/that-dreaded-proof-text-method