Comentario a escuela sabática
Por desgracia, el pueblo de Dios tiene un viejo problema con olvidar lo que ha hecho en el pasado, lo que está haciendo en el presente y lo que ha de hacer en el futuro. Los levitas lamentaban el menosprecio del pueblo judío a la intervención y conducción divinas, que lo llevó finalmente a su caída. Protestaron así:
No quisieron oír, ni se acordaron de las maravillas que con ellos hiciste (Neh 9:17).
Olvidar la forma en que nos Dios guió en el pasado es un camino seguro al pecado y la ruina. El pueblo de Dios olvidó cuán misericordioso había sido Dios con ellos. Su memoria defectuosa no estaba ocupada con el recuerdo de las obras poderosas de Dios, y se rebelaron contra él. Esa fue la razón por la que Nehemías los amonestó a no temer al enemigo:
No temáis delante de ellos; acordaos del Señor, grande y temible, y pelead (Neh 4:14).
¿Por qué necesitamos retroceder en la historia hasta 1888 y dedicar tiempo a lo que entonces sucedió? ¿No podría bastar con mirar simplemente al futuro?
La ignorancia voluntaria, o incluso la comprensión deficiente involuntaria de la historia sagrada es terriblemente peligrosa. Jorge Ruiz de Santayana dijo con sabiduría:
Una nación que no conoce la historia está condenada a repetirla.
Ellen White lo expresó de forma aún más vívida:
El Señor ha declarado que la historia del pasado se repetirá cuando entremos en la obra final (3 Mensajes selectos, 390).
No tenemos nada que temer del futuro a menos que olvidemos la forma en que nos ha conducido el Señor, y su enseñanza en la historia del pasado (Life Sketches, 196).
En la historia adventista hay dos fechas complementarias que demandan una atención especial: 1844 y 1888. La primera marca el inicio profético de la purificación del santuario celestial, el día de la expiación y el comienzo del toque de trompeta del séptimo ángel (Dan 8:14; Apoc 11:15-19).
La segunda fecha marca el comienzo del tan esperado derramamiento de la lluvia tardía y fuerte pregón. La historia y la inspiración son claras al efecto de que la lluvia tardía y el fuerte pregón fueron en gran medida objeto de resistencia y rechazo.
Esa es la principal razón para la prolongada demora en terminar nuestra comisión evangélica. No es que el Señor se haya demorado en regresar; somos nosotros quienes hemos demorado su venida. No hay un problema tan importante en esta iglesia mundial, como nuestra maltrecha relación con el Espíritu Santo, la tercera Persona de la Divinidad. La mensajera inspirada del Señor escribió sobre nuestra experiencia en 1888:
Desde que dejé Battle Creek no he recibido siquiera una línea del pastor Jones o Waggoner. No les escribí una sola línea sino hasta el último correo, cuando escribí al pastor Jones, y unas semanas antes había enviado una carta al pastor Waggoner relativa a la obra en Inglaterra. Pero nunca puedo olvidar la experiencia que tuvimos en Minneapolis o las cosas que entonces me fueron reveladas respecto al espíritu que controló a los hombres, las palabras pronunciadas y las acciones emprendidas en obediencia a los poderes del mal.
Algunos han hecho confesión; usted es uno de ellos. Otros no, pues han sido demasiado orgullosos como para hacer tal cosa, y no han venido a la luz. En la asamblea fueron movidos por otro espíritu y no supieron que Dios había enviado a esos dos hombres jóvenes, los pastores Jones y Waggoner, para traerles un mensaje especial que trataron con ridículo y desprecio, no reparando en que las inteligencias celestiales estaban observándolos y registrando sus palabras en los libros del cielo.
Las palabras y acciones de todos los que participaron en esa obra permanecerán registradas en su contra a menos que confiesen su mal. Quienes no se arrepientan de su pecado repetirán sus acciones cuando las circunstancias lo permitan. Sé que en aquel tiempo se insultó al Espíritu de Dios, y me embarga un pesar innenarrable cuando veo ahora alguna cosa que se aproxima a ese mismo curso de acción. El pueblo de Dios ha tenido la oportunidad de ver cuál es la obra que están llevando a cabo esos agentes, y no obstante, quienes se oponen a los puntos de verdad que fueron traídos, en cuanto se presente la oportunidad pondrán de manifiesto que no están en armonía con ellos, hasta el punto de advertir: "Tened cuidado con lo que enseñan, pues llevan las cosas al extremo; no son hombres confiables (The Ellen G. White 1888 Materials, 1043).
Todo el universo celestial fue testigo del trato vergonzoso que se dio a Jesucristo, representado por el Espíritu Santo. Si Cristo hubiera estado entre ellos, lo habrían tratado de forma similar a como los judíos trataron a Cristo (Id. 1479).
¿En qué sentido tiene eso importancia para nosotros en 2019? ¿Tiene ese terrible pecado de 1888 algún efecto sobre nosotros ahora?
Sí: ese pecado tiene hoy un serio problema en nuestra relación con el Espíritu Santo. Ese problema ha demorado la preparación del pueblo de Dios para la venida del Señor por unos 130 años.
El pecado y la culpa no se transmiten genéticamente de una generación a la siguiente (Eze 18:19-30). Ninguno de nosotros estuvo personalmente en 1888 para participar de aquel pecado, pero a menos que tenga lugar el arrepentimiento, dicho pecado pasa de una generación a otra mediante la influencia de una mente sobre la otra. Por ejemplo: a menos que se experimente un arrepentimiento genuino, el pecado de crucificar a Jesús conlleva una culpabilidad que afecta a "El mundo entero … todas las clases y sectas que revelan el mismo espíritu … manifestado por aquellos que entregaron a la muerte al Hijo de Dios" (Testimonios para los ministros, 38).
No somos por naturaleza mejores que ellos. No somos mejores que nuestros padres que insultaron al Espíritu Santo y manifestaron enemistad contra Cristo a través de sus mensajeros delegados.
La alienación espiritual ha de continuar hasta que una comprensión plena y un arrepentimiento pleno traigan una sanación y reconciliación plenas. Los corazones endurecidos y el esquema mental de nuestros antepasados nos ha infectado mediante la influencia de una mente sobre otra. La Biblia declara que esa fue precisamente la experiencia de los antiguos judíos:
Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo; como vuestros padres, así también vosotros (Hechos 7:51).
Los adventistas aceptamos casi sin excepción nuestra necesidad del Espíritu Santo. Desde que Ellen White reconoció en el mensaje de 1888 el comienzo de la lluvia tardía, no ha existida ninguna otra manifestación autentificada de la lluvia tardía, que es imprescindible en la preparación del grano para la cosecha. El incremento numérico de la membresía en la iglesia no es necesariamente un indicador de la recepción de la lluvia tardía.
Dios cuida ciertamente de sus hijos. Cuida al detalle sus vidas. Quiere estar cerca de cada uno. La esperanza y gozo del Señor consistió entonces en dirigir y fortalecer a Israel, y hoy "el gozo de Jehová es vuestra fuerza" (Neh 8:10).
Paul E. Penno (30 noviembre 2019)