Este capítulo presenta grandes desafíos. Contiene innumerables detalles y abarca un gran período en la historia, pero la recompensa es grande al llegar al núcleo central, que tiene que ver con el "príncipe del pacto" (Jesús) y con el ataque al que tiene que hacer frente, que se dirige contra el pacto que Jesús ha establecido y ratificado con su pueblo.
Una de las estrategias útiles al abordar el estudio de este capítulo es dividirlo en secciones. Daniel 11 es una reiteración de la serie profética presentada en los capítulos 2, 7 y 8. Son series paralelas, presentadas bajo el principio de la repetición y ampliación. Una vez comprendido ese principio, no es difícil identificar los poderes representados en Daniel 11.
Comienza en los primeros dos versículos con el reino Medo-Persa. Por Daniel 2 y 7 sabemos que antes de Medo-Persia está Babilonia, pero en Daniel 8 y Daniel 11 Babilonia ya ha abandonado la escena.
En el versículo 3 pasamos a Grecia. Los versículos 3 al 13 dan detalles relativos a ese poder de Grecia. Básicamente, lo que hace Daniel 11 es expandir, ampliar, las profecías precedentes de Daniel 2, 7 y 8.
Después de referirse con brevedad a Medo-Persia y en mayor detalle a Grecia, en el versículo 14 introduce a Roma pagana. A partir de ahí progresa hasta llevarnos a la venida del Mesías: el PRÍNCIPE DEL PACTO (versículo 22).
En los versículos 20 y 21 se puede ver una conexión clara entre los mandatarios en la Roma pagana del tiempo de Cristo, y el nacimiento de Cristo. Por ejemplo, en el versículo 20 leemos:
"En su lugar se levantará uno que hará pasar un cobrador de tributos por la gloria del reino; pero en pocos días será muerto, aunque no con ira ni en batalla".
"Su lugar" se refiere al Imperio romano. En ese contexto surgiría una figura relevante que haría pasar a un cobrador de impuestos.
Si relacionamos ese texto con Lucas 2:1:
"Aconteció en aquellos días que se promulgó un edicto de parte de Augusto César, que todo el mundo fuera empadronado"
El motivo del empadronamiento o censo, era el control de los tributos. José y María acuden al censo en su ciudad, Belén (versículo 5). Ese es el contexto del Imperio romano, y es el momento en el que nace Jesucristo.
Hay dos motivos por los que la profecía bíblica presta tanta atención al Imperio romano en sus diversas fases (Roma imperial pagana, Roma dividida, Roma papal, Roma papal herida de muerte, Roma papal rehabilitada):
• Es en los días del Imperio romano cuando vino a este mundo el Príncipe del pacto.
• Ese mismo poder se extiende hasta el final del tiempo (en su fase papal), y sigue persiguiendo al Príncipe del pacto en su pueblo, hasta que se levanta Miguel (Daniel 12:1).
Daniel 11:21 se refiere al sucesor de Augusto César. Lucas 3:1 y siguientes versículos se refieren a Tiberio César:
"En el año decimoquinto del imperio de Tiberio César, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y de la provincia de Traconite, y Lisanias tetrarca de Abilinia, y siendo sumos sacerdotes Anás y Caifás…"
Es el tiempo en que Jesús se acercaba a los 30 años de edad y fue bautizado:
Lucas 3:21:
"Aconteció que cuando todo el pueblo se bautizaba, también Jesús fue bautizado"
Así, el empadronamiento tiene lugar bajo Augusto César. Posteriormente se crucifica al "Príncipe del pacto" -Jesús- en el tiempo de Tiberio César.
Daniel 11:22 se refiere a la crucifixión del Príncipe del pacto:
"Las fuerzas enemigas serán barridas delante de él como por inundación de aguas; serán del todo destruidas, junto con el príncipe del pacto"
"Príncipe del pacto" se refiere al nuevo pacto (Jeremías 31, Hebreos 8 y 10), que es el evangelio eterno: la promesa unilateral de parte de Dios, sellada y validada por la perfecta vida y el perfecto sacrificio de Jesús. La promesa incluye el perdón, un conocimiento personal de Cristo y la escritura de la ley de amor de Dios en nuestra mente y corazón. Eso significa obediencia, pero obediencia NO es lo que el pacto demanda, sino lo que promete. Nuestra respuesta a las promesas del nuevo pacto es creer que todo lo que Dios ha prometido, lo cumplirá en nosotros (Rom 4:21-24).
2 Corintios 1:20:
"Tantas como sean las promesas de Dios, en él [Cristo] todas son SÍ; por eso también por medio de él, AMÉN, para la gloria de Dios por medio de nosotros"
Todo tiene que ver con Cristo -el Príncipe del nuevo pacto- en su obra de salvar a los pecadores frente a los ataques contra el pacto. Por ejemplo, el ataque del cuerno pequeño que procura cambiar los tiempos y la ley (que forma parte del nuevo pacto, ya que promete escribir la ley de Dios en nuestras mentes y corazones).
En Daniel 9:25-26 tenemos identificado al príncipe del pacto como siendo el Mesías, y en el versículo 27 leemos:
"En otra semana más confirmará el pacto con muchos; a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda"
Es el Mesías quien confirma el pacto. Sabemos que se refiere al nuevo pacto, no al viejo, porque se cita en relación con el Mesías. De hecho, todo el libro de Daniel nos lleva al nuevo pacto.
Lucas 22:20 (ver también 1 Corintios 11:25):
"Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama"
Así, comenzando por Medo-Persia y siguiendo por Grecia, avanzamos hasta el Imperio romano en su fase pagana y llegamos a los versículos 28 y 29, donde se comienza a producir la transición entre la Roma pagana y la Roma papal. El versículo 28 indica claramente que se dispondrá "contra el pacto santo". Encontramos aquí este aspecto del conflicto de los siglos. Se trata de una guerra espiritual. Jesús está procurando confirmar el nuevo pacto, mientras que el poder representado por el cuerno pequeño (descrito previamente en Daniel 7 y 8) -Roma papal- está empeñando su influencia en contra del pacto santo, está intentando evitar que el nuevo pacto quede confirmado y lleve su fruto.
Vemos ese patrón repetido vez tras vez. En el versículo 30 leemos que "se enojará contra el pacto santo y hará según su voluntad; volverá, pues, y se entenderá con los que abandonen el santo pacto"
Los versículos 31 y 32 dicen:
"Se levantarán sus tropas, que profanarán el santuario y la fortaleza, quitarán el sacrificio continuo [tamid] y pondrán la abominación desoladora. Con lisonjas seducirá a los violadores del pacto; pero el pueblo que conoce a su Dios se esforzará y actuará"
Encontramos el nuevo pacto citado de forma repetida, en el contexto del Mesías y del santuario -centro de su obra redentora-, y todo ello en Daniel 11. Vemos también el fruto de esa obra en un pueblo que conoce a Dios, que se esfuerza y actúa.
Aquí tenemos el nuevo pacto siendo objeto de los ataques en el conflicto de los siglos: ese es el verdadero hilo conductor en el relato. El nuevo pacto tiene que ver con la acción divina atrayéndonos a una relación redentora con Cristo.
Podemos analizar esa relación estrecha con Dios por parte de Daniel y los tres jóvenes hebreos, incluso podemos observar esa relación en el propio Nabucodonosor convertido, todo ello en los capítulos 1 al 6. Y aquí, en el capítulo 11, que aglutina y resume toda la profecía revelada anteriormente a Daniel, vemos dos poderes: uno de ellos obra en contra del pacto, mientras que el otro se esfuerza en establecer el pacto santo. El resultado es un "pueblo que conoce a su Dios" (versículo 32).
¿Qué significa conocer a su Dios? Es una terminología muy importante en la Escritura. No se refiere al conocimiento doctrinal intelectual en el sentido de un credo memorizado. No se trata de conocimiento formal o exterior, sino de una relación estrecha, íntima, con Dios. Este pueblo señalado en la profecía tendrá un sólido conocimiento personal del Dios al que adora.
Acuden a la memoria varias escrituras que incluyen esa terminología. Una de ellas es el capítulo 8 de Hebreos, donde se describe el nuevo pacto, que incluye esta promesa:
"Ninguno enseñará a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: 'Conoce al Señor', porque todos me conocerán, desde el menor hasta el mayor de ellos" (versículo 11)
En ese pueblo no habrá necesidad de que unos y otros se evangelicen entre ellos en el sentido de llevarlos a conocer a Dios, ya que todos lo conocerán a un nivel personal mediante el nuevo pacto en Cristo (Colosenses 1:27; Efesios 3:16-19).
También acuden a la mente las palabras de Jesús en Juan 17:3:
"Esta es la vida eterna, que te conozcan, el solo Dios verdadero, y a Jesucristo a quien has enviado"
Más adelante, Jesús define el significado de conocer a Dios en Jesucristo. En los versículos 25 y 26 (de Juan 17) se especifica que conocen el carácter (el "nombre") del Padre, y que Cristo está en ellos, lo que implica que en ellos hay ese mismo amor con el que el Padre ama al Hijo.
Se trata de una identificación del pueblo de Dios en el tiempo del fin, que participará del nuevo pacto en la sangre de Cristo (Mateo 26:28; 1 Corintios 11:25), lo que implica una estrecha comunión con Dios.
Vemos también aquí el contraste y conflicto entre un pueblo que conocerá a su Dios, y otro que pretenderá conocerlo (Daniel 11:32: "Con lisonjas seducirá a los violadores del pacto").
Jesús vuelve a hablar de esto mismo en Mateo 7:21-23, refiriéndose al fin del tiempo:
"No todo el que me dice: '¡Señor, Señor!', entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: 'Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?' Entonces les declararé: 'Nunca os conocí. ¡Apartaos de mí, hacedores de maldad!'"
Es una triste declaración acerca de un pueblo que profesa conocer y ser conocido de Dios, un pueblo que hace obras admirables en su nombre, pero del que Cristo dice: 'No nos conocemos', puesto que hacen obras de iniquidad.
Es digno de mención que el nuevo pacto (Jeremías 31, Hebreos 8 y Hebreos 10) incluye mucho más de lo que se suele enseñar en nuestros días. Incluye a Dios escribiendo su ley en nuestras mentes y corazones, de forma que no seamos obreros de iniquidad. Conoceremos a Dios. Tendremos una estrecha relación con él. Seremos obradores de justicia, estaremos en armonía con sus mandamientos, que estarán escritos en nuestras mentes y corazones, y se expresarán en amor a Dios y a nuestro prójimo.
Es imposible conocer a Cristo (y ser conocidos de él), sin compartir su experiencia, tal como él mismo especifica en Apocalipsis 3:21:
"Al vencedor le concederé que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido y me he sentado con mi Padre en su trono"
Conocemos a Cristo cuando él mora en nosotros mediante el Espíritu Santo, lo que nos lleva a la experiencia de vencer el pecado, que es lo contrario a ser "obradores de maldad". En la Nueva Jerusalem no habrá ningún perdedor. Todos sus habitantes habrán conocido el poder de Cristo para vencer el pecado.
Detalles históricos aparte, el asunto central es el nuevo pacto. El versículo 22 nos habla del "Príncipe del pacto", que es quien establece el pacto y lo lleva a su cumplimiento en su pueblo, en la iglesia a través de las diversas épocas de la historia. Vemos ese poder que intenta ejercer toda su influencia haciendo guerra contra el pueblo de Dios y contra el cumplimiento del nuevo pacto. Se trata de un poder caracterizado por la exaltación de sí mismo, lo que contrasta con un pueblo humilde que pone toda su confianza en Dios. Tenemos ahí la disyuntiva "ámate a ti mismo" (Mateo 16:22) versus "si alguno quiere venir en pos de mí… niéguese a sí mismo" (Mateo 16:24).
Es interesante lo que describe el versículo 32 de Daniel 11 respecto al pueblo de Dios:
"El pueblo que conoce a su Dios se esforzará y actuará"
La idea es que va a efectuar grandes cosas, y una de esas grandes cosas que va a efectuar es instruir a muchos (versículo 33). En relación con eso, sufrirá por un corto tiempo la privación, cautividad y persecución:
"Pero durante algunos días caerán a espada y a fuego, en cautividad y despojo"
El pueblo de Dios predicará el evangelio con poder, y eso enfurecerá al enemigo, quien lo perseguirá intensamente, aunque por un tiempo breve.
No vuelve a mencionar ese contexto sino hasta el versículo 44, donde leemos:
"Pero noticias del oriente y del norte lo atemorizarán, y saldrá con gran ira para destruir y matar a muchos"
Es la misma escena, el mismo pueblo: el pueblo de Dios que conoce al Señor y lo da a conocer al mundo mediante su ejemplo y por la predicación del evangelio al mundo con un fuerte pregón.
El poder enemigo que lucha contra Dios y su pueblo, oye noticias del oriente y del norte que le preocupan, le atemorizan. Ese poder ha contado con fuerza militar y económica ("carros y gente de a caballo y muchas naves", versículo 40), ha entrado en la tierra gloriosa (la ha invadido). Se menciona a Egipto, Etiopía, Moab y lo principal de Amón. Es una coalición económico-militar. Ese sistema, según el versículo 43, se apodera de la riqueza de Egipto, así como de otras "naciones".
Pero en medio de ese gigantesco y poderoso conglomerado, se levanta un pueblo que dice: 'NO; nuestro reino no es de este mundo'. Tiene sus ojos puestos en el reino de Dios. Está viviendo según la experiencia del nuevo pacto y predica el evangelio con poder, lo que le cuesta sufrir persecución.
En los versículos 32 al 39 vemos la actividad del pueblo de Dios durante la Edad Media, que coincide con el período de la supremacía papal. Es un tiempo de persecución por vivir y predicar el evangelio. En el versículo 44 vemos la continuación de lo que fue la iglesia de la Edad Media, pero en el final del final de la historia de este mundo. El pueblo de Dios está predicando el evangelio a toda nación, tribu, lengua y pueblo, tal como describe el lenguaje de Apocalipsis 14 en el mensaje de los tres ángeles. En el versículo 6, el primer ángel predica el evangelio eterno (la buena nueva) en el contexto del juicio; el segundo ángel anuncia la caída de Babilonia. Sigue el tercer ángel, en el que el pueblo de Dios es identificado como aquellos que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús. Son textos paralelos: Apocalipsis 13 es una ampliación de Daniel 11:44.
Veamos ahora Apocalipsis 7, que también está relacionado con Daniel 11:44, ya que habla de un ángel que viene de oriente, y en el versículo 2 afirma que lleva el sello del Dios viviente y ordena a los cuatro ángeles que sujetan los cuatro vientos que sigan reteniéndolos hasta que sean sellados los siervos de Dios (en su frente).
Tenemos aquí descrito el sellamiento del pueblo de Dios, efectuado por el Espíritu Santo. Eso forma parte de la experiencia del nuevo pacto. Seremos sellados por la unción del Espíritu, seremos sellados en la verdad, de forma que nada pueda apartarnos de nuestro compromiso con la verdad, con Cristo.
"Tan pronto como el pueblo de Dios sea sellado en su frente -no se trata de un sello o marca que se pueda ver, sino un afianzamiento en la verdad, tanto intelectual como espiritualmente, de modo que los sellados son inconmovibles-, tan pronto como sea sellado y preparado para el zarandeo, este vendrá. Ciertamente ya ha comenzado. Los juicios de Dios están viniendo" (Comentario Bíblico Adventista vol 4, 1183).
Eso está resumido en el ángel que viene de oriente. El perdón en Cristo, el conocimiento íntimo del Señor, el ser escrita la ley de Dios en nuestras mentes y corazones (el nuevo pacto) de forma que nada nos pueda mover, de todo eso es sello el sábado, y la Biblia lo presenta como la obra de un ángel que viene de oriente.
Esa vivencia del evangelio por parte de Dios, ese sellamiento en la verdad del nuevo pacto, de la que el sábado es el sello, con la predicación poderosa que lo acompaña (el fuerte pregón), son las nuevas de oriente que espantan al poder perseguidor que ha coligado a casi todo el mundo para perseguir al pueblo de Dios.
Ya hemos visto que en Daniel 11 está implicado el poder militar junto al poder económico que lo sustenta, pero no se trata simplemente de poder secular, de ejército y riqueza, sino que es una alianza político-religiosa que se destaca al final del tiempo.
Apocalipsis 13 guarda paralelismo con Daniel 11. En Apocalipsis 13, a partir del versículo 11, vemos un poder económico-militar (la segunda bestia), pero vemos también un poder religioso que intenta atraer la adoración de todos hacia sí mismo. Eso se relaciona con Daniel 11, que nos habla de un poder que se exalta a sí mismo por encima de Dios (versículo 36), por lo tanto, se trata de un movimiento mundial liderado por el poder representado por la primera bestia de Apocalipsis 13 (papado en Europa) y por la segunda (protestantismo en EEUU) con implicaciones políticas, económicas, militares y RELIGIOSAS, en lucha contra el nuevo pacto y el pueblo de Dios.
Apocalipsis es el complemento de Daniel 11. Se trata de las mismas profecías. En Apocalipsis 13:1 encontramos la bestia que sube del mar, con sus diez cuernos y siete cabezas, "en sus cuernos tenía diez diademas, y sobre sus cabezas, nombres de blasfemia". En el versículo 2 se la identifica como un leopardo, un oso, un león y un dragón. Se corresponde con la simbología de Daniel 7. Cuando el segundo poder surge de la tierra (versículo 11), se lo describe como teniendo cuernos de cordero, pero hablando como un dragón (apariencia mansa, pero a la postre espíritu perseguidor).
"Ejerce toda la autoridad de la primera bestia en presencia de ella, y hace que la tierra y sus habitantes adoren a la primera bestia, cuya herida mortal fue sanada" (versículo 12)
Hace grandes prodigios, hasta el punto de hacer descender fuego del cielo, y engaña a los moradores de la tierra mediante esos "milagros" que le es dado efectuar. Los obliga a que hagan una imagen de la bestia que tiene la herida de cuchillo y vivió (una alianza entre el poder civil y el religioso como la que permitió al papado perseguir en la Edad Media). Tiene poder para hacer que se impida comprar o vender a todos los que no adoren a esa imagen. Si la adoran, reciben su marca en la frente o en la mano derecha. Todo el capítulo 13 de Apocalipsis tiene que ver con control y persecución económico-religiosa, y se corresponde perfectamente con lo revelado en Daniel 11: en los 1260 años de persecución papal en la Edad Media primero, y en la renovada persecución que está en el futuro próximo, y por parte del mismo poder una vez que el protestantismo en Estados Unidos haya cooperado en sanar su herida, de forma que el papado pueda volver a contar con el brazo del poder civil: se habrá establecido la "imagen de la bestia".
Es evidente que está implicado un poder económico, ya que los que no cedan a ese poder resultarán privados de efectuar los intercambios comerciales necesarios para la subsistencia.
También sabemos que hay un pode militar implicado, un recurso a la autoridad civil, ya que hay penalidades para quienes quebranten esas leyes impuestas, que culminan en un decreto de muerte para quienes no cedan a ese poder perseguidor político-religioso.
Y es igualmente evidente que hay implicado un poder religioso, ya que todo tiene que ver y se resuelve en la adoración. El mensaje del primer ángel dice: 'Adora a Dios, el Creador', de lo que el sábado es señal. Esa segunda bestia de Apocalipsis 13 (protestantismo en EEUU), dice: 'Adora a la primera bestia', a la Roma papal que cambió el sábado por el domingo. En Daniel 11:36 leemos:
"El rey hará su voluntad, se ensoberbecerá y se engrandecerá sobre todo dios; contra el Dios de los dioses hablará maravillas, y prosperará hasta que sea consumada la ira, porque lo determinado se cumplirá"
Se engrandecerá sobre Dios.
En cierto punto de la historia humana habrá una unión de iglesia y estado. El protestantismo apóstata permitirá y fomentará que el catolicismo tome el control del estado en EEUU, y se decretará legislación religiosa opresiva. Se reeditará el papado de la Edad Media.
Ese poder que impondrá el control económico, civil, militar y religioso, se extenderá hasta el final del tiempo. Paralelamente con eso, el pueblo de Dios predicará con poder (fuerte pregón) el evangelio de Cristo en el contexto del juicio.
Hasta hace pocos años, en EEUU era impensable la posibilidad de una unión entre la iglesia y el estado, pero eso se va convirtiendo cada vez en más plausible. Hay líderes protestantes que están diciendo hoy en EEUU que la separación entre iglesia y estado es lo peor que ha podido ocurrir. En esta hora de desintegración económica, humanitaria, ecológica, sanitaria y moral a nivel global, todo el mundo está mirando a la autoridad religiosa católica-protestante en busca de soluciones globales. El mundo está hoy maduro para el cumplimiento de estas profecías, y las "pestes" o epidemias serán una contribución señalada por la Escritura a tal efecto (Mateo 24:7).
De acuerdo con la profecía bíblica, lo más peligroso a lo que hemos de hacer frente al final del tiempo, es al restablecimiento de la alianza entre el poder político y el religioso que existió en la historia durante la Edad Media. De acuerdo con Daniel 11 y Apocalipsis 13, eso es precisamente lo que se va a reproducir en nuestros días en este mundo, y con idéntico resultado que entonces: la persecución.
Aun sabiendo lo que ha de acontecer en este mundo, lo importante para nosotros es que despertemos como pueblo y cumplamos nuestra función en la profecía.
Leemos en Daniel 11:44:
"Noticias del oriente y del norte lo atemorizarán, y saldrá con gran ira para destruir y matar a muchos"
Ese poder se va a alarmar cuando recibamos la lluvia tardía del Espíritu Santo y la tierra sea alumbrada con la gloria de Dios al ser predicado el evangelio con un fuerte pregón, que incluye un llamado a que los hijos de Dios salgan de Babilonia y se incorporen al pueblo remanente de Dios (Apocalipsis 18:1-4).
Esas son las nuevas de oriente que van a preocupar a ese poder enemigo. Es el mensaje del sellamiento a la vista del fin del tiempo de gracia. En Apocalipsis 7 hemos visto que el ángel sellador viene del oriente, y el sello de Dios, la señal de fidelidad al nuevo pacto de la salvación en Cristo, el Creador, es el SÁBADO.
Por otra parte, según Isaías 41:25, el Señor vendrá del norte, que en la Biblia representa el Cielo, la altura (en la antigüedad se imaginaba el norte arriba y el sur abajo, Isa 14:13). Esa predicación, que prepara para la venida de Cristo, son las nuevas del norte que alarmarán al poder antagonista. Se trata de lo que tiene que ver con la SEGUNDA VENIDA.
Así, tenemos las nuevas de oriente (sábado como sello del nuevo pacto), y del norte (mensaje de traslación).
Dios ha llamado a un pueblo, y le ha dado un nombre que resume ambos aspectos: es el pueblo Adventista (SEGUNDA VENIDA -norte-) del Séptimo Día (SÁBADO -oriente-) al que pertenecemos, y a quien el Señor ha dado una luz especial mediante esas profecías.
Nuestro pueblo nació en relación con una comprensión de las profecías de Daniel y Apocalipsis. Avanzará junto con la comprensión y cumplimiento de las mismas, y concluirá de la misma manera. Y el gran protagonista de esas profecías es Jesús.
Apocalipsis 19:10:
"El testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía"
JR, TG, Luis Bueno