Cómo afrontar las malas decisiones Comentario a escuela sabática 21 diciembre 2019 Al leer la triste narrativa acerca de cómo los judíos abandonaron los planes de Dios para el restablecimiento de su templo y sus servicios, preparando así el camino para la venida del Mesías, encontramos paralelismos con nuestra condición como iglesia del tiempo actual. En los días de Esdras y Nehemías fue el liderazgo de la iglesia -sacerdotes y levitas- quien menospreció la estricta prohibición divina de mezclar el paganismo con la verdad. El resultado inevitable de esa amalgama fue el declive espiritual y la apostasía. Aquellas alianzas prohibidas causaron una gran confusión, ya que algunos de quienes participaron en ellas eran personas en posiciones elevadas, dirigentes del pueblo y hombres relacionados con el servicio de Dios a quienes, en ausencia de Nehemías, el pueblo tenía el derecho de ver como referentes para un consejo y ejemplo correctos. Dios había descartado estrictamente la unión de los paganos con sus fieles adoradores, pero las barreras divinamente establecidas se habían derribado, y tras haberse mezclado y unido en casamiento con otras naciones, el Israel de Dios estaba perdiendo rápidamente su carácter peculiar y sagrado (Ellen White, Southern Watchman, 5 julio 1904; compilado como Lessons From the Life of Nehemiah, 55). Debido a su menosprecio al mandamiento de Dios respecto al paganismo, el liderazgo de la iglesia dio un sonido incierto al mensaje que Dios había dispuesto que se predicara al mundo, y eso trajo confusión y apatía espiritual entre los laicos. Eran los laodicenses del siglo V antes de Cristo, y estaban satisfechos construyendo sus casas y labrando sus huertos, sin demasiado interés por lo que estaba sucediendo en Jerusalem. En nuestros esfuerzos por acomodar las ideas y métodos del mundo estamos perdiendo nuestro carácter distintivo y nuestro mensaje adventista. No debiera preocuparnos ser un pueblo "peculiar": ¡eso es precisamente a lo que Dios nos ha llamado! (1 Ped 2:9-10). Cristo nos ha prometido que si lo seguimos, va a hacer de nosotros "reyes y sacerdotes para Dios, su Padre" (Apoc 1:6; 5:10). Si procuramos ser como el mundo y adoptamos los métodos del mundo en nuestro evangelismo, adoración y organización eclesiástica, estamos derribando "las barreras divinamente establecidas" y en consecuencia quedamos expuestos al declive espiritual. En 1888 Dios envió un mensaje mediante el cual se proponía desarrollar un pueblo remanente que proclamara el mensaje conmovedor de Cristo y su justicia que prepararía el mundo para la segunda venida de su Hijo. En lugar de prestar oído a ese mensaje, hubo una gran resistencia a la verdad, especialmente entre el liderazgo de la iglesia (Ellen White, 1 Mensajes selectos, 275-276). En aquel tiempo se abrió un debate relativo a los elementos fundamentales de la justicia por la fe, que constituye el cumplimiento del pacto eterno de Dios. Ese mismo debate ha continuado, y en los últimos treinta y cinco años se ha intensificado en la medida en que se ha fortalecido en el liderazgo de la Iglesia la resistencia al mensaje de la victoria sobre el pecado mediante el poder del Espíritu Santo. La posición que se tomó en Minneapolis elevó una barrera aparentemente infranqueable que los colocó en gran medida junto a los que se entregan a la duda, al cuestionamiento y a rechazar la verdad y el poder de Dios. Cuando llegue otra crisis, los que han estado resistiendo por tanto tiempo evidencia tras evidencia, volverán a ser probados sobre los mismos puntos en que fracasaron de forma tan manifiesta, y no les resultará fácil recibir lo que proviene de Dios, o rechazar lo que proviene de los poderes de las tinieblas (Ellen White, 14 Manuscript Releases, 110, 9 enero 1891). En Minneapolis, en 1888, hubo quienes se entregaron "a la duda, al cuestionamiento y a rechazar la verdad y el poder de Dios". Debido a que nuestra Iglesia persiste en resistir la verdad y el poder, cuando llegue la crisis, a "los que han estado resistiendo por tanto tiempo evidencia tras evidencia" les resultará muy difícil "rechazar lo que proviene de los poderes de las tinieblas". ¿Pudiera ser esa la causa subyacente por la que podemos ahora contemplar influencias paganas infiltrándose en la iglesia de forma subrepticia a través de las muchas grietas que existen en la muralla? Hemos resistido por tanto tiempo la verdad y el poder de Dios, que hemos sido incapaces de discernir los elementos procedentes de las tinieblas según el peligro que realmente encierran para la condición espiritual del pueblo remanente de Dios. Se avecina un "zarandeo", y sus resultados serán terribles: Puede parecer que la iglesia está por caer, pero no caerá. Permanece en pie mientras los pecadores que hay en Sion son tamizados, mientras la paja es separada del trigo precioso. Es una prueba terrible, y sin embargo tiene que ocurrir. Nadie fuera de aquellos que han estado venciendo mediante la sangre del Cordero y la Palabra de su testimonio serán contados con los leales y los fieles, con los que no tienen mancha ni arruga de pecado, con los que no tienen engaño en sus bocas. Debemos despojarnos de nuestra justicia propia y vestirnos con la justicia de Cristo (Ellen White, 2 Mensajes selectos, 436). Pregunté cuál era el significado del zarandeo que había visto, y se me mostró que lo motivaría el testimonio directo que exige el consejo que el Testigo fiel dio a la iglesia de Laodicea. Moverá este consejo el corazón de quien lo reciba y le inducirá a exaltar el estandarte y a difundir la recta verdad. Algunos no soportarán este testimonio directo, sino que se levantarán contra él, y esto es lo que causará un zarandeo en el pueblo de Dios. Vi que el testimonio del Testigo fiel había sido escuchado tan sólo a medias. El solemne testimonio del cual depende el destino de la iglesia se tuvo en poca estima, cuando no se lo menospreció por completo. Ese testimonio ha de mover a profundo arrepentimiento. Todos los que lo reciban sinceramente lo obedecerán y quedarán purificados (Ellen White, Primeros escritos, 270). "Profundo arrepentimiento". Para muchos en la iglesia, el arrepentimiento es irrelevante y no se debe hablar de él. Después de todo, somos el pueblo escogido de Dios, su pueblo remanente y la "niña de su ojo". Pero el Testigo Fiel nos habla en términos bien distintos: No sabes que eres desventurado, miserable, pobre, ciego y estás desnudo (Apoc 3:17). Esdras convocó al pueblo, a la iglesia, en Jerusalem, para que se reuniera con él en una acción de arrepentimiento corporativo y para revertir así la confusión espiritual. Oró, ayunó y rogó a Dios debido a los pecados del liderazgo de la iglesia al haberse unido en matrimonio con mujeres extranjeras (infidelidad espiritual). A continuación invitó a todos y cada uno a que se unieran con él en arrepentimiento corporativo. Quien rehusara implicarse, habría de ser "excluido de la congregación" (Esdras 10:8): habría de ser "zarandeado". Hubo quien abandonó voluntariamente la congregación de Dios: Muchos que se habían casado con idólatras prefirieron regresar con ellos al exilio y junto a quienes habían sido excluidos de la congregación se juntaron con los samaritanos, un pueblo pagano que había combinado con su adoración idolátrica muchas costumbres de los judíos. Algunos que habían ocupado posiciones elevadas en la obra de Dios encontraron ahí su camino y al cabo de un tiempo decidieron su suerte plenamente con ellos (Ellen White, Southern Watchman, 5 julio 1904; compilado en Lessons From the Life of Nehemiah, 56). No está lejos el tiempo cuando toda alma será probada… En ese tiempo, el oro será separado de la escoria en la iglesia. La verdadera piedad se diferenciará claramente de la imitación y oropel de la misma. Muchas de las lumbreras que hemos admirado por su resplandor se disiparán en la oscuridad. Cual nube, el tamo será llevado por el viento, aun en los lugares donde sólo vemos sembrados de hermoso trigo. Todos los que lucen los ornamentos del santuario, pero que no están vestidos de la justicia de Cristo, serán vistos en la vergüenza de su desnudez (Ellen White, 5 Testimonios para la iglesia, 76). Vemos a hombres y mujeres en lugares privilegiados en seminarios y universidades, así como en puestos de liderazgo a nivel de conferencias o uniones, pastores alabados en iglesias multitudinarias e influyentes, y los admiramos debido a sus logros académicos y a su habilidad con la pluma o con la voz. Pero si su mensaje no armoniza con "el mensaje que Dios ordenó que fuera dado al mundo" (Ellen White, Testimonios para los ministros, 91-92), resultarán pronto barridos en la contienda que se avecina. "Cuando veo a hombres exaltados y alabados, ensalzados como si fueran casi infalibles, sé que está por venir un terrible zarandeo" (Ellen White, 15 Manuscript Releases, 1886). ¿Qué significa realmente "arrepentimiento corporativo"? No se trata de una acción emprendida por un comité. No es una convocatoria por parte del liderazgo de la Iglesia para confeccionar una "confesión corporativa" y tomar el voto del comité al respecto. Eso podría ser solamente una obra superficial con poco o nulo efecto en remediar el problema existente entre Dios y su pueblo. La apalabra "corporativo" no tiene nada que ver con la organización de la jerarquía. El arrepentimiento es un don del Espíritu Santo, no un sufragio de votos. La obra de arrepentirse es siempre individual y personal… El arrepentimiento corporativo consiste en arrepentirse personalmente por los pecados de otros como si fueran los propios, sintiendo el dolor y la culpabilidad de otros miembros del cuerpo, en la constatación de que esos pecados serían los nuestros de no ser por la gracia de Cristo (Robert J. Wieland, Alumbrada por su gloria, 155). Esta es la justificación de usar el término "corporativo": (1) Tiene que ver con la relación entre cada miembro y el CUERPO de Cristo: la iglesia. (2) Destaca el hecho clave de que inCORPORAMOS en nuestro arrepentimiento los pecados de nuestros hermanos, de nuestro pueblo en el presente y en generaciones pasadas. El concepto de arrepentimiento corporativo es lo opuesto a lo que expresa la exclamación de Caín: "¿Soy yo acaso guarda de mi hermano?" (Gén 4:9)}. Uno de los últimos eslabones de conexión y testigo presencial en la asamblea de la Asociación General de 1888 en Minneapolis, fue J.S. Washburn, quien falleció hace ya más de 65 años. En el año 1950, Robert Wieland lo entrevistó a fin de saber lo que había sucedido realmente en aquella ocasión. El pastor Washburn confirmó que la crisis tuvo que ver con el asunto de la justicia por la fe y el rechazo al mensaje de A.T. Jones y E.J. Waggoner. Ni tú ni yo estuvimos personalmente en aquella fatídica experiencia de Minneapolis en 1888, pero si persistimos en resistir la obra del Espíritu Santo que trae arrepentimiento y reforma, nos hacemos corporativamente culpables del mismo pecado. Hace tiempo que debiera haberse resuelto el debate respecto al mensaje de la justificación por la fe que ha trastornado a la iglesia de Dios por 131 años. Es ya tiempo de que el pueblo remanente de Dios tome la gran decisión y caigamos sobre nuestros rostros en "profundo arrepentimiento" por rechazar el único mensaje que nos salvará de nuestro pecado y preparará a un pueblo para la traslación en la segunda venida de Cristo. Ann Walper & Luis Bueno