El interés por "1888" caracteriza al movimiento de mayor alcance de cuantos existen hoy en la Iglesia Adventista del Séptimo Día. No consiste en mirar hacia atrás, sino hacia adelante. Está plenamente vinculado con la futura consumación del mensaje de Dios al mundo.
La razón es que "1888" constituye un punto de inflexión en la historia, apuntando hacia el gran clímax del plan de la salvación. Es complementario al año 31 de nuestra era, momento en el que el cielo abrió sus ventanas y derramó sobre los discípulos el comienzo del gran don del Espíritu Santo de Dios, nunca antes conocido en aquella profusión. Se lo denominó la "lluvia temprana", algo hondamente anhelado por los profetas del Antiguo Testamento, pero nunca antes experimentado.
"1888" demanda nuestra atención por ser el momento en el que el cielo volvió a abrir sus ventanas, y derramó sobre los dirigentes de la Iglesia Adventista del Séptimo Día el "comienzo" del don final del mismo Espíritu Santo. De acuerdo con las entusiastas manifestaciones de E. White, fue como la repetición de Pentecostés.[1] Fueron "aguaceros de lluvia tardía", en el mismo sentido en el que Pentecostés fue "lluvia temprana".[2]
La "lluvia temprana" de Pentecostés marcó el comienzo de la extensión del evangelio. Durante todos los siglos desde entonces, un número indefinido de personas en todo el mundo oyeron las buenas nuevas del ministerio de Jesús en el primer apartamento del santuario celestial. Aquellos que creyeron, murieron en la fe de Jesús y aguardan su resurrección en ocasión de la segunda venida, cuando Jesús los llame de su sueño "en el polvo de la tierra".
"1888" señala el acontecimiento complementario a Pentecostés: el movimiento más significativo efectuado desde entonces por el Espíritu Santo. Según E. White, Dios envió un mensaje especial con el objetivo de completar la comisión evangélica que dio comienzo en Pentecostés. Se centraba en el ministerio de Cristo en el segundo departamento del santuario celestial.[3]
Así, la bendición del Espíritu Santo derramado en 1888 tenía por objeto preparar a aquella generación para la traslación -sin ver muerte- en la segunda venida de Cristo. ¡Magníficas nuevas! Lo más grande desde 1844; sí, desde Lutero en el siglo 16; y más aún, desde Pentecostés.
Esa es la razón por la que "1888" y Pentecostés marcan dos gloriosos "comienzos": el primero, el comienzo de la comisión de "id por todo el mundo"; el segundo, el de su consumación, según esa luz que "[ha de alumbrar] toda la tierra con su gloria" antes de que se acabe el tiempo de gracia.
"1888" introduce esa bendición final. Hay en ella dos partes: (1) Los "aguaceros celestiales de la lluvia tardía" que preparan al pueblo de Dios para la segunda parte. (2) Nuestra primera vislumbre de lo que será el mensaje que penetrará en el Islam, el Budismo, el Catolicismo Romano, el Protestantismo, y todos los "ismos" de nuestro mundo actual. Será una presentación del evangelio que poseerá tal poder de convicción, tal poder de conversión, que nada en la historia pasada lo ha podido igualar.
Todo esto es lo que "comenzó" en 1888
El Apocalipsis describe la dinámica de las escenas finales. Un poderoso cuarto ángel "descendía del cielo con gran poder" (18:1). E. White explica proféticamente:
"Este mensaje parecía ser un complemento del tercer mensaje, pues se le unía como el clamor de media noche se añadió en 1844 al mensaje del segundo ángel. La gloria de Dios reposaba sobre los pacientes y expectantes santos... La luz derramada sobre los fieles penetraba por doquiera... Vi que este mensaje terminaría con fuerza y vigor muy superiores al clamor de media noche"[4].
"Entonces los rayos de luz penetrarán por todas partes, la verdad aparecerá en toda su claridad, y los sinceros hijos de Dios romperán las ligaduras que los tenían sujetos. Los lazos de familia y las relaciones de la iglesia serán impotentes para detenerlos. La verdad les será más preciosa que cualquier otra cosa. A pesar de los poderes coligados contra la verdad, un sinnúmero de personas se alistará en las filas del Señor"[5].
¡Maravilloso!
Dios sigue vivo, y no le ha dado la espalda a la Iglesia Adventista del Séptimo Día, ni tampoco al mundo necesitado, más allá de ella. Mientras que nos mantenemos expectantes acerca de algo tan importante, el Espíritu Santo toca los corazones a lo largo y ancho del mundo, exhortando a ponderar el significado de "1888". No es posible desentenderse del tema. Desde lo alto hasta lo bajo de la organización de la iglesia, hace un solemne llamado a la atención respetuosa. Muchos despiertan como si de un sueño se tratara. Hallan respuesta cuestiones que causaron perplejidad durante años. Muchos miembros de iglesia se han preguntado desde hace tiempo: '¿Por qué no sabíamos nada con anterioridad acerca de esos portentosos acontecimientos en nuestra historia? Había oído hablar sobre "1888", pero nunca comprendí lo que significaba. ¿Está el cielo descendiendo hasta tocar la tierra? No deseo que el Espíritu Santo me pase de largo'.
Quizá lo mejor de todo: "1888" es la respuesta a numerosos falsos movimientos que intentan seducir al separatismo. Esos "vientos de doctrina" están soplando con mayor intensidad que nunca antes, confundiendo a la juventud y a sinceros miembros de iglesia. El mensaje de 1888 renueva la confianza en el triunfo de la iglesia organizada, al ofrecer evidencia convincente de que el arrepentimiento en la iglesia es algo real, un don que el Señor no va a retener, y que no va a ser finalmente rechazado. La iglesia resultará fortalecida y purificada por el poder renovador del Espíritu Santo de Dios. "1888" es mucho más grande que cualquier individuo o grupo. Llama a la línea telefónica del cielo y reanima a los miembros con la fresca evidencia del continuo ministerio personal de Jesús a favor de los dirigentes de su iglesia.
Notas: