Cuál es el mensaje de 1888

Capítulo 2

¿Qué sucedió en "1888"?

Se han publicado muchos libros sobre "1888", sin embargo es difícil encontrar un relato simple y veraz de su historia. El único totalmente fiable es el proporcionado por las observaciones de E. White. Ella fue testigo presencial, y el Espíritu Santo guiaba su mente. De no ser por la inspiración profética, era imposible comprender lo que estaba sucediendo. Ella discernió en "1888" significado que ninguno de sus contemporáneos pudo ver con claridad. Nos dice un centenar de veces que el ministerio de Cristo sobrevoló sus cabezas, de una forma análoga a lo sucedido con los dirigentes judíos cuando él estuvo en la tierra.[1] Unos pocos puntos destacados:

(1) "En su gran misericordia el Señor envió un preciosísimo mensaje a su pueblo por medio de los pastores Waggoner y Jones", quienes ostentaron algo de lo que ningún otro pastor se haya escrito que poseyera: "credenciales del cielo"[2]. Ningún otro mensajero en nuestra historia acreditó el impresionante registro de declaraciones de apoyo que ellos dos poseen.

(2) Eran dos pastores jóvenes de la costa Este, delegados a la Asamblea de la Asociación General en Minneapolis, movidos por el Espíritu Santo a proclamar "el mensaje del tercer ángel" en una nueva luz que ninguno de sus hermanos había percibido con anterioridad como buenas nuevas de tal magnitud. En humildes presentaciones, los dos jóvenes "mensajeros" mostraron que el verdadero corazón o esencia del "mensaje del tercer ángel" no es un legalismo propio del antiguo pacto, motivado por el temor, sino un bendito mensaje de gracia sobreabundante. Incluía una visión más madura de la justificación por la fe, basado en el tipo de fe que "obra" y produce una vida santa, de justicia.

Lo que trajo tal alegría al corazón de E. White al oír por primera vez el mensaje, es la constatación de que estaba sucediendo algo trascendente: la proclamación de un tipo de fe como esa, convertía a las personas en obedientes a todos los mandamientos de Dios.[3] Vio algo por primera vez en 45 años: ese mensaje estaba dando a los pecadores (¡la iglesia está llena de ellos!) el don del arrepentimiento; borraría los pecados, y los prepararía para encontrarse con Jesús sin resultar confundidos ante su presencia.[4]

Después que el mensaje hubiese hecho su obra en la iglesia, habría de extenderse a todo el mundo. ¡Estaba a punto de suceder aquello que los profetas de antiguo y los apóstoles esperaron tan ansiosamente!

(3) Los dos mensajeros se basaron especialmente en Romanos y Gálatas, pero presentaron el mensaje paulino en una luz fresca que iba más allá de lo que los Reformadores del siglo XVI pudieron comprender en su día. Jones y Waggoner de ninguna forma restaron importancia a la obediencia a la santa ley de Dios; al contrario, el mensaje que llevaron reconciliaba los corazones con Dios, reconciliando así las vidas con la santa ley de Dios. Es por ello que la obediencia brotaba del interior, no siendo algo impuesto por una motivación basada en el temor. Hubo poder. En aquel corto período subsiguiente a Minneapolis en el que las personas tuvieron la oportunidad de oírlo, el mensaje obró milagros. E. White no cabía en sí de gozo porque finalmente la justificación por la fe, presentada de forma adecuada, motivaría y convencería a las personas a que santificaran el sábado, apartándolo del resto de los días de labores comunes.

La razón por la cual los dos mensajeros vieron la justificación por la fe en una renovada luz es porque unieron esa verdad con la singular noción adventista de la purificación del santuario, noción que escapó a la comprensión, tanto de los reformadores de antaño como de los guardadores del domingo de hoy. Se trata de la justicia por la fe, enmarcada en el Día cósmico de la Expiación.

Ambas verdades confluyeron como lo hacen dos ramales de un río antes de desembocar en el mar. Esas renovadas verdades que ni los reformadores del siglo XVI ni los protestantes o católicos contemporáneos pudieron alcanzar, fueron lo que E. White denominó "grandes ideas". (E. White resultó afligida al comprobar que, incluso entre los adventistas presentes en 1888, abundaban quienes carecían de una comprensión cabal del Día de la Expiación. Hoy sucede aún en mayor grado.)

(4) La juventud resultó especialmente atraída por el "mensaje de 1888" (el término abarca, no sólo lo que los dos "mensajeros especiales" enseñaron en Minneapolis, sino también durante la década que siguió, caracterizada por las continuas declaraciones de apoyo de E. White hacia la enseñanza de ellos). La juventud nunca antes había percibido "el mensaje del tercer ángel" como buenas nuevas de tal magnitud. Impresionaba sus corazones.

(5) Lejos de ser fría teología, el mensaje fue percibido como verdad viviente. El testimonio histórico demuestra que el reavivamiento-reforma entre miembros laicos y pastores, en los meses que siguieron a la Asamblea de 1888, fue impresionante. E. White, junto a Jones y Waggoner, visitaron reuniones campestres, y allí donde fueron, siguió el reavivamiento. Hubo señaladas, "especialmente claras" "manifestaciones" del Espíritu Santo.[5] Ella no cabía en sí de gozo: ¡ese poderoso ángel de Apocalipsis 18 había descendido del cielo y había comenzado su misión! La alegría desbordante que la embargaba le impedía conciliar el sueño en la noche. Las décadas de pesada obra efectuada por los pioneros, desde 1844 hasta 1888, iban ahora a verse recompensadas con el triunfo de la obra y la iglesia. El mundo estaba a punto de resultar alumbrado por fin con la gloria del mensaje. Las profecías de Primeros Escritos estaban en proceso de cumplimiento. De haberte encontrado en su lugar, sin duda te habrías alegrado, tal como hizo ella.

(6) Al mismo tiempo, el Senado y el Congreso de Estados Unidos estaban enfervorizados, clamando por una Ley Dominical. Nunca hemos sentido la crisis tan cercana como en aquella ocasión. Los mismos mensajeros que trajeron el comienzo de la lluvia tardía, resultaron providencialmente implicados en el papel de defender el principio constitucional americano de la libertad religiosa. Jones fue a Washington e impresionó al Senado con su denodada defensa por la lealtad a la constitución, y a pesar de su aparente inferioridad, derrotó el proyecto de ley dominical. Waggoner escribió y publicó artículos al efecto. Si el pueblo americano conociera esa parte de su historia, erigiría una estatua a Jones y Waggoner. Hemos disfrutado en Estados Unidos más de un siglo de libertad religiosa, en gran parte fruto de la labor de ellos, en una época en la que el gobierno estaba a punto de repudiar la Primera Enmienda.

E. White, apoyando a Jones y Waggoner, escribió artículos y numerosas cartas aprobando su mensaje. El laicado observaba expectante. Nunca antes habían estado sus corazones tan profundamente impresionados.

Pero una tragedia imprevista irrumpió en la escena

(7) Aquel "dragón" de Apocalipsis que "se llenó de ira contra la mujer", se infiltró en la Asamblea en Minneapolis, y en los años subsecuentes. Por primera vez en nuestra historia denominacional, los dirigentes "en alto grado", "en gran medida", resistieron el mensaje que provenía de Dios. Leemos que fue mantenido "lejos del mundo" y de "nuestros hermanos" ese "poder especial del Espíritu Santo que Dios anhelaba impartirles".[6] Dios, de forma misteriosa, había pasado de largo las cabezas canosas que ocupaban puestos exaltados en los despachos de la Asociación, para conceder su Espíritu a dos jóvenes advenedizos. Se trataba de algo sin precedentes en el adventismo, en un doble sentido: el de la magnitud de las bendiciones celestiales enviadas por Dios; y el de la magnitud de nuestra incredulidad como respuesta.

Los laicos y pastores jóvenes cuyos corazones respondieron en un principio, se vieron enfrentados a un problema: ¿Por qué surgía la oposición del cuartel general en Battle Creek, y de la publicación oficial Review & Herald? Los miembros sinceros estaban perplejos y no sabían qué hacer. Sus corazones habían sido impresionados, pero sus mentes estaban confundidas por ese antagonismo con sede en las oficinas de Battle Creek. En 1891, en contra de la voluntad del Señor (según E. White declaró), la profetisa fue "exiliada" a Australia, según una asignación "misionera". Y el Señor bendijo ciertamente su obra misionera desarrollada allí por casi una década, pero el movimiento que promovía el derramamiento de la lluvia tardía y el fuerte pregón, resultó grandemente cercenado en "casa".[7]

El año siguiente fue Waggoner quien fue destinado a Inglaterra, en un momento en el que tanto él como Jones necesitaban la compañía y consejo constantes que solamente E. White podía darles. Se trataba de una crisis de dimensiones desconocidas hasta entonces por la iglesia.

El resultado final

Aproximadamente una década después de la importante Asamblea de la Asociación en Minneapolis, E. White hubo de declarar: "Suscitando esa oposición, Satanás tuvo éxito en impedir que fluyera hacia nuestros hermanos, en gran medida, el poder especial del Espíritu Santo que Dios anhelaba impartirles. El enemigo les impidió que obtuvieran esa eficiencia que pudiera haber sido suya para llevar la verdad al mundo, tal como los apóstoles la proclamaron después del día de Pentecostés. Fue resistida la luz que ha de alumbrar a toda la tierra con su gloria, y en gran medida ha sido mantenida lejos del mundo por el proceder de nuestros propios hermanos"[8].

Ese análisis retrospectivo resume muy bien la historia, después que los reavivamientos fueron bloqueados y virtualmente anulados por la oposición oficial.

El cielo se vio obligado a retirar el precioso don de la lluvia tardía y el fuerte pregón. Desde entonces no se ha efectuado ningún esfuerzo serio por recuperar o proclamar el mensaje que E. White apoyó con tal firmeza. Muchos están proclamando lo que ellos llaman "justicia por la fe", mientras que asumen que no necesitamos aquello que "en su gran misericordia el Señor [nos] envió". Toman su lugar conceptos Evangélicos copiados de las iglesias guardadoras del domingo. Dicho de otro modo: "yo soy rico, me he enriquecido". La cuestión que muchos se preguntan es: '¿hemos de esperar a alguna generación futura?' Siendo hoy el terrorismo la principal preocupación del mundo próspero, ¿debiéramos posponer para generaciones futuras aquello que el Espíritu Santo tanto anheló darnos?

La historia de 1888 ha resultado clarificada por las labores de investigación de numerosos historiadores y estudiosos en la denominación. El registro del pasado está escrito en caracteres indelebles. No es posible cambiarlo. Hoy existe un acuerdo general en cuanto a los hechos históricos básicos.

Reconociendo el extendido anhelo por comprensión, los Fideicomisarios de E. White Estate publicaron en años recientes todo lo escrito por E. White a propósito del tema: sermones, charlas, artículos y hasta cartas personales. Se los encuentra en la colección de cuatro volúmenes The Ellen G. White 1888 Materials: 1821 páginas publicadas por The Ellen G. White Estate. No queda, pues, pretexto para la perplejidad en cuanto a la valoración que ella hizo concerniente al mensaje, a la veracidad de su historia, o a su contenido.

Pero nos aguarda una cuestión aún más importante:

Notas:

  1. Unos pocos ejemplos: The Ellen G. White 1888 Materials, p. 406, 512, 541, 911-913, 1478, 1479, 1651, 1656.
  2. Testimonios para los ministros, p. 91, escrito en 1896. Encontramos la expresión "credenciales divinas" en: Review & Herald, 18 marzo 1890; The Ellen G. White 1888 Materials, p. 497, 543, 545, 575, 595, 722, 835, etc.
  3. Testimonios para los Ministros, p. 91-93.
  4. The Ellen G. White 1888 Materials, p. 1814.
  5. Id., p. 1478.
  6. Mensajes Selectos, vol. I, p. 276.
  7. "El Señor no me envió a este país [Australia]" Cada día con Dios, p. 59; The Ellen G. White 1888 Materials, p. 1622 y 1623.
  8. Mensajes Selectos, vol. I, p. 276. Escrito en 1896.