Contemplar su gloria Tema nº 1 Hablo muy poco francés a pesar de ser canadiense. Me siento feliz de encontrarme entre vosotros hoy. ¿Cuántos de vosotros estuvisteis aquí cuando vine en 1995? Estoy encantado por veros de nuevo. ¿Cuántos estáis aquí por primera vez en una convención sobre el mensaje de 1888? Muy bien. Veo que hay muchos. Os doy la bienvenida. Espero que sean momentos inspiradores. Como introducción, quiero evocar una escena. Quisiera referirme a lo sucedido en Nueva York el pasado 11 de septiembre. Me ha tomado dos días el venir desde Boston aquí. Tenía previsto llegar ayer, pero cuando estaba a punto de embarcarme en el avión, tuve que esperar 6 horas porque hubo una amenaza de bomba. Encontraron unos objetos punzantes en la maleta de alguno de los pasajeros del avión, de forma que empezaron a registrar y a buscar cualquier otro objeto que pudiese ser sospechoso o peligroso. Finalmente cancelaron el vuelo. A las cuatro de la madrugada hube de regresar a casa. Y tuve que esperar varias horas hasta poder tomar por fin el avión. He llegado esta mañana y el hermano George ha venido a recogerme al aeropuerto. Perdonadme pues, si no estoy en mis plenas capacidades debido a que llevo dos días casi sin dormir. Creo que esta noche me pondré en la cama con auténtico placer. En la últimas dos semanas con toda seguridad habréis presenciado escenas dramáticas en las noticias televisadas. En Estados Unidos están empezando a pasar muchas cosas que no habían sucedido antes. Lo sucedido el 11 de septiembre es uno de los acontecimientos más terroríficos que ningún norteamericano había presenciado jamás. Quizá hayáis contemplado el hundimiento de las torres gemelas. Os puedo asegurar que ha significado para América una tremenda conmoción. Hasta cierto punto, el terrorismo ha sido el modus vivendi de muchos grupos en diversos países de Europa; la mayoría de vosotros estáis ya acostumbrados, pero lo que sucedió en Estados Unidos ha sido motivo de conmoción incluso mucho más que lo sucedido en Pearl Harbor. Las personas están aún aterrorizadas. La tierra de América ha sido siempre un bastión por la libertad, pero ahora están empezando a suscitarse leyes en los congresos, leyes restrictivas, que limitan los derechos de las personas, sobre todo de los que no son ciudadanos americanos, restringiendo su libertad. Hace años, en una de mis visitas a Rusia, hablé a algunos de los estudiantes de los seminarios, y una de las preguntas que me hacían era en cuanto a las leyes dominicales. Estos estudiantes habían oído a un predicador norteamericano, que había venido a Rusia antes que yo, asegurándoles que estaba aprobada una ley dominical en los Estados Unidos... Les dije que no, que eso no era así, que no era cierto. Temo siempre ser malinterpretado. No estoy diciendo que en Estados Unidos se esté a punto de aprobar una ley dominical. Recordad: no es eso lo que estoy diciendo. Lo que sí os aseguro es que estamos un paso más cerca de las escenas finales. Hemos sabido que al menos nueve adventistas han muerto en los atentados. La mayor parte de ellos trabajaban en las torres gemelas, y es muy triste para nosotros el saber que algún miembro de la familia adventista ha perecido. El copiloto del vuelo 93 que se estrelló en Pensylvania era adventista. Como sabéis, algunos de estos vuelos partieron de Boston. Sé de hermanos que han perdido familiares, colaboradores y amigos. Es algo muy triste; sin duda alguna es un tiempo de prueba. Para ser sincero os diré que dudé en venir. Estuve orando, pidiéndole a Dios cuál era su voluntad, si tenía que venir aquí o no. Algunos miembros en mi congregación estaban anímicamente destrozados. Me sentía en la obligación de tratar de acompañarlos y consolarlos en su angustia. En América nos estamos anticipando a vivir momentos quizá aún peores, cuando nuestro país pueda responder militarmente. Aquellos de nosotros que somos estudiosos de las profecías, estamos observando cuidadosamente lo que sucede y lo que está a punto de suceder. Todos sabéis que el país de América es muy prominente en las últimas escenas de la historia y del relato profético, así que, si en algún momento necesitamos algún mensaje de parte del Señor, es ahora. Muchas veces, al leer la Biblia, preguntamos: ¿qué dice el Señor en cuanto a esto? Hermanos, ahora es un tiempo maravilloso para vosotros y para mí, para que oigamos aquí, quizá por primera vez, esto a lo que Ellen White se refirió como un "preciosísimo mensaje". Así que esta tarde, al continuar, os quisiera dar un breve bosquejo de este mensaje que fue proclamado por primera vez hace unos 100 años. Quizá alguno de vosotros no conozca todavía la historia de este mensaje. A mí siempre me ha gustado, y me consuela el saber que no tenemos nada que temer del futuro a menos que olvidemos la forma en la que Dios nos ha conducido en el pasado. Nos referiremos en más profundidad a la cuestión histórica en las próximas charlas: lo sucedido a finales del siglo XIX en Estados Unidos. Ese mensaje se proclamó a través de dos mensajeros: E.J. Waggoner y A.T. Jones, respaldados por E. White. Os quisiera recordar alguna cita. Son palabras de E. White: "He trabajado de lugar en lugar asistiendo a lugares donde se ha presentado el mensaje de la justicia de Cristo, y he visto el poder de Dios asistir a la presentación del mensaje allá donde se haya predicado. Como una oleada de gloria la bendición del Señor estuvo sobre nosotros, mientras señalábamos al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. El Señor reveló su gloria, y sentimos la acción profunda del Espíritu Santo. En todo lugar la predicación del mensaje llevó a la confesión del pecado, y al abandono de la iniquidad" (R&H, 18 marzo 1890). Como sabéis, este mensaje comenzó a predicarse en una época muy crucial de la historia de los Estados Unidos y de hecho del mundo. Había por entonces una discusión en el congreso de los Estados Unidos en cuanto a si debía aprobarse o no una ley dominical. Y mediante este precioso mensaje de la justicia de Cristo, Jesús intentaba preparar a su Esposa para su venida. Desgraciadamente, este mensaje fue mantenido alejado del pueblo en gran medida, fue rechazado. Dijo E. White que debido a la incapacidad por parte de la Esposa de recibir este mensaje --particularmente de sus dirigentes-- al Señor no le fue posible proseguir su camino en la proclamación de este mensaje. La hermana White afirmó que el "chasco" de Jesús era "indescriptible". Así que... ¡aquí nos encontramos más de cien años después! El mundo está quizá al borde de una gravísima crisis, y lo que necesita oír ahora es lo mismo que necesitamos oír nosotros, a fin de que toda la tierra pueda ser alumbrada con la gloria de Dios, tal como describe Apocalipsis 18. Lo que necesitamos, y lo que el mundo necesita, es precisamente este preciosísimo mensaje de Jesucristo. Tengo otra cita de la pluma de E. White. Está también en Review and Herald. Quizá la conozcáis: "Un solo interés prevalecerá, un tema absorberá a todos los demás, Cristo nuestra Justicia" (Hijos e hijas de Dios, p. 261). Creo que muchos ya conocíais esta cita, y creo que Dios desea que conozcamos este mensaje, no de una forma meramente intelectual, sino que lo conozcamos espiritualmente: de corazón. ¿Habéis traído vuestras biblias esta tarde? --Veo que sí. Abramos nuestras biblias en Apocalipsis 10:7: "En los días de la voz del séptimo ángel, cuando él comience a tocar la trompeta, el misterio de Dios se consumará, como él lo anunció a sus siervos los profetas" Se nos dice que el misterio será consumado, acabado, cumplido. Sabéis que aquí, en este contexto, el "misterio" no se refiere a algo oculto, sino a algo revelado. Así que este séptimo ángel tiene algo muy importante que declararnos: nos dice que el misterio de Dios será consumado. Ahora examinemos algunos versículos que nos ayuden a comprender en qué consiste este misterio. Efesios 1:9-10: "Él nos dio a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, de reunir todas las cosas en Cristo, en el cumplimiento de los tiempos establecidos, así las que están en los cielos como las que están en la tierra" Hay un interesante fenómeno que está ocurriendo en América, algo que no conocíamos con anterioridad. Desde la tragedia del 11 de septiembre el mundo está volviéndose a la religión de una forma en la que nunca antes se había visto. Quizá hayáis visto cómo se reúnen las religiones entre sí. En todos los lugares del país, no solamente en Nueva York y Washington, sino en todos los lugares de Estados Unidos, las personas de diferentes religiones se unen para orar, hasta incluso judíos y musulmanes. Musulmanes oran con católicos. Católicos oran con protestantes, hasta incluso ¡los ateos oran! Estamos observando un deseo ecuménico de unión, como el que no habíamos visto jamás en toda la historia de América. Estas barreras que separaban diferentes religiones, pronto han resultado derrumbadas. Personas de diferentes religiones están ahora diciendo: '¡esto es maravilloso, es una bendición que deriva de esta terrible tragedia !' Así que a medida que presenciamos estos acontecimientos, como adventistas podemos ver cuán rápidamente puede producirse un cumplimiento de lo que predijo la hermana White: "los movimientos finales serán rápidos". Muchos adventistas se preguntaban cómo era posible que llegase a producirse la unión de estas religiones, pero ahora eso está sucediendo más rápidamente de lo que nadie podía imaginar. Los hombres quieren hacer muchas cosas que sólo Dios puede hacer, porque sólo en la potestad de Dios está llevar a los hombres a la auténtica unidad, porque esa unidad sólo puede ser un fruto de la revelación de su gracia y su verdad. Uno de los misterios de Dios que ha de ser revelado, o quizá se diría mejor: parte de ese misterio, consiste en que él ha de reunir todas las cosas en el cielo y en la tierra (vers. 10). Efesios 3:3 y 6: "Por revelación me fue declarado el misterio, como antes lo he escrito brevemente... que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio" No sé como sucede aquí en Francia, pero tengo lo que se podría decir como sospechas, quizá impresiones, de que hasta aquí en la historia de la Iglesia Adventista ha sido más bien difícil conseguir la unidad al presentar nuestras creencias. La mayor parte del crecimiento de la iglesia en Estados Unidos se produce en grupos étnicos minoritarios: asiáticos y extranjeros, en todo caso. Como sabéis, en Europa y en otros lugares como el Japón, tenemos lugares donde abunda el materialismo, el secularismo, y en estos grupos sociales, en estos países, la Iglesia Adventista tiene una representación insignificante. Sin embargo tenemos la promesa de llegar con el evangelio a todo el mundo. 1 Timoteo 3:16: "Indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne, justificado en el Espíritu" El mensaje que Dios quiere que la iglesia predique a un mundo que perece, es un mensaje que está centrado en Jesucristo. Jesús prometió (Juan 12:32): "Y yo, cuando sea levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo" Quiero daros con amabilidad una advertencia en esta noche: Hay muchos cristos deambulando por la cristiandad, y eso nos obliga a estar seguros de que predicamos y creemos al verdadero Cristo, no a cualquier cristo. Nosotros, como adventistas, conocemos la advertencia de Mateo 24:24 en cuanto a la existencia de falsos cristos, y no debemos ser engañados. Recordad la posibilidad que apuntó Jesús de que hasta los mismos elegidos podrían llegar a ser seducidos. Se nos ha dicho también que en las horas finales de este mundo abundará la iniquidad y el amor de muchos se enfriará. Así que, amigos, os animo a que consideréis que el tema al que prestaremos atención en estos días, es un asunto de vida o muerte. No olvidemos que está teniendo lugar una gran controversia hoy en día. Que el drama del conflicto de los siglos está apurando sus últimas escenas. Leamos ahora otro texto que se relaciona con el misterio de Dios. Colosenses 1:26-28: "El misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, pero que ahora ha sido manifestado a sus santos. A ellos Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles, que es Cristo en vosotros, esperanza de gloria. Nosotros anunciamos a Cristo, amonestando a todo hombre y enseñando a todo hombre en toda sabiduría, a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre" Creo de todo corazón que el mensaje de 1888, que eleva y exalta a Cristo y su justicia, y nos revela cara a cara el carácter mismo de la gloria de Dios, es lo único que tiene verdadero poder transformador para presentarnos perfectos en Cristo Jesús. El mensaje del adventismo del séptimo día nunca tuvo como objetivo el prepararnos para la resurrección. Nuestro mensaje adventista tiene como objetivo prepararnos para la traslación. Muchas veces tengo la sensación de que muchas personas en nuestra iglesia han olvidado esto. Muchos han concluido erróneamente que el mensaje adventista es el mismo mensaje que predica Bill Graham, solamente que nosotros le añadimos la ley y el sábado. Eso es una barbaridad. No es así. El mensaje de 1888 tiene por objeto presentar la justicia de Cristo, la base misma del evangelio, en el contexto del ministerio sumo-sacerdotal de Jesucristo en el lugar santísimo del santuario celestial, en el Día de la purificación del mismo. Y la purificación de este santuario (del santuario celestial), y del santuario de nuestros corazones, van paralelos en este Día antitípico (real) de la expiación. ¿Qué sucede hoy en los Estados Unidos? La verdad es que lo que sucede en Estados Unidos tiene poca importancia cuando se lo compara con lo que está sucediendo en el lugar santísimo del santuario celestial. Jesús nos invita a seguirlo en ese ministerio (Apocalipsis 14:4-5): "Estos son los que no se han contaminado con mujeres, pues son vírgenes. Son los que siguen al Cordero por dondequiera que va. Estos fueron redimidos de entre los hombres como primicias para Dios y para el Cordero. En sus bocas no fue hallada mentira, pues son sin mancha delante del trono de Dios" Dios anhela la consumación de las "bodas", y nos invita a seguir a Jesús en el lugar santísimo, lugar donde finalmente la esposa se ha de unir con Cristo. Y este mensaje de 1888 tiene que restaurar en nosotros la imagen de Dios, para presentarnos perfectos en Cristo Jesús. Cuando se alcance esta perfección, el misterio de Dios será consumado. Veremos las consecuencias de la Cruz del Calvario, porque este mensaje está centrado muy especialmente en la Cruz. Para terminar, otros dos aspectos clave. Estos dos principios nos ayudarán enormemente a comprender la grandeza del mensaje. Primeramente: Como sabéis, han habido muchas discusiones en el seno de la Iglesia Adventista, y también con otras denominaciones, y seguramente en la esfera individual también habéis tenido problemas al intentar compartir el mensaje adventista con otras personas que no eran creyentes. Quizá habéis argüido con textos bíblicos para intentar probar la validez de los principios que estabais presentando, de vuestras ideas. Y habréis encontrado seguramente personas que quizá conocían sus Biblias, y esas personas os han respondido con sus propios textos bíblicos. Así que, os encontráis que vosotros tenéis vuestros propios versículos probatorios de vuestros puntos de vista, y los demás tienen también los suyos, según ellos. Para comprender bien el mensaje adventista hay que tener un fundamento hermenéutico sólido. Si os pregunto hoy cuál es vuestro principio de interpretación al abrir las Escrituras, ¿qué responderéis? A menos que tengáis un principio hermenéutico, es decir, un principio de interpretación, podéis tropezar sobre muchísimos textos, igual que sucede en matemáticas o en física, donde se formulan razonamientos para comprender fenómenos. Si no encontráis la fórmula, va a ser muy difícil que lleguéis a una conclusión útil o válida. Así que quiero presentaros cuál es mi conclusión en cuanto a cuál es el principio al que debemos recurrir para interpretar las Escrituras correctamente. Este principio de interpretación se puede resumir en una sola palabra: ÁGAPE. Aunque no lo parezca, esto es muy, muy importante. He visto muchísimas y acaloradas discusiones entre adventistas en relación con este mensaje, y me he dado cuenta de que la razón por la cual continuaban habiendo diferencias, es porque no hemos puesto sobre la mesa este principio de interpretación, es decir, el ágape. Creo que todos conocéis cuál es el significado de esta palabra griega (amor), y creo que conocéis cuál es esta clase de amor desprovisto de todo egoísmo. Es el tipo de amor divino. No es natural en ninguno de nosotros. No lo heredamos. Es un don. Y ahora veamos otra perspectiva en cuanto a este concepto. No lo hago muy a menudo. Si tuviese que escribir algo, escribiría esto a continuación de la palabra ágape: "Descender", o quizá aún mejor, "condescender". Es muy importante. Especialmente en lo relacionado con el tema de la gran controversia, y también en lo relacionado con la experiencia que Dios espera que tengamos en el lugar santísimo. En vuestra mente, después de escuchar esto, cuando estéis solos, al sacar conclusiones acerca de lo que habéis oído aquí, quiero que recordéis que no solamente el ágape es un tipo de amor que no busca lo suyo, que está absolutamente desprovisto de todo egoísmo, sino que también es un amor que se rebaja, que se humilla, que se anonada. Muchos están confundidos en cuanto a lo que significa la experiencia del lugar santísimo, están confundidos en cuanto a cuál es su objetivo. Una cosa más: espero no causaros ningún problema cuando escuchéis esta declaración del Deseado de todas las gentes, p. 419. Considero a E. White como al mayor teólogo desde los días del apóstol Pablo. Tiene profundas visiones del carácter de Cristo, sin paralelo desde que fue escrita la Biblia. Ésta es la declaración: "La percepción y apreciación de la verdad, dijo, dependen menos de la mente que del corazón". Esta es una afirmación profunda, y la tenemos que considerar muy seriamente. Estamos viviendo en una cultura, aquí en Europa (lo mismo que en América), que tiene una cantidad enorme de conocimiento, en el sentido de acumulación de conceptos intelectuales, pero en 1ª de Corintios 13, Pablo nos advierte que el conocimiento, la ciencia, "hinchan". La cultura occidental pone mucho énfasis en el tema de la mente, en la acumulación de conocimiento entendido como datos. Pero este mensaje de 1888 tiene por objeto el elevarnos hasta los lugares celestiales en Cristo Jesús, al mismo tiempo tiene por objeto el abatir la gloria del hombre hasta el polvo, así que nos dirigiremos a nuestro corazón sabiendo que eso será doloroso, puesto que serán revelados nuestros pecados, y para el ser humano es un hecho natural el rehuir la humillación. Mi último pensamiento para vosotros esta tarde es éste: Estad apercibidos de que el Espíritu del Señor está intentando hablaros no solamente a la mente, sino que está especialmente preocupado porque este mensaje penetre en vuestro corazón. Tenemos que orar con seriedad a fin de que Cristo habite en nuestro corazón. Algunos de vosotros quizá en otras ocasiones habéis venido ya aquí, y sé que es fácil pensar que ya conocemos este mensaje. Pero ahora quiero haceros una pregunta: ¿Creéis que Dios está ansioso de que haya unidad con él? ¿Creéis que está deseoso de pasar la eternidad con vosotros? ¿Pensáis que Dios está anhelando veros cara a cara? Si es así, dejémosle consumar ese misterio en nosotros: su buena obra. Oremos para que Dios prepare nuestras mentes y nuestros corazones, y no resistamos su buena obra en nosotros. Amén. Contemplar su gloria Tema nº 2 En esta mañana quisiera hablaros de algo que es muy importante. La introducción será más larga que el tema propiamente dicho. Perdonadme por esto. 2 Corintios 5: Dejemos nuestras Biblias abiertas en este capítulo. Versículo 20: "Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogara por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios" Es interesante al estudiar este versículo en el idioma original (griego) y ver que, cuando dice "os rogamos en nombre de Cristo", existe lo que se llama en griego la "voz media", y es difícil de traducir en nuestro idioma. Significa que el énfasis no recae sobre la acción o sobre lo que está sucediendo, sino más bien sobre la persona o sujeto que efectúa la acción. Pablo dice que "nosotros mismos os rogamos", es decir, el énfasis recae en aquel que hace el ruego, más bien que en la persona objeto del ruego. En este caso, el énfasis recae en la expresión nosotros. Ahora os hago una pregunta: Si nosotros, en tanto que cristianos, somos los que rogamos en nombre de Cristo, realmente ¿estamos rogando en nombre de Dios? Hemos dicho que el énfasis descansa sobre el "nosotros": los que hacemos el ruego para que la gente se reconcilie. Pablo intenta decirnos que nosotros estamos rogando a Dios. Es decir: estamos haciendo de intermediarios, o intercesores. Dicho de otro modo: ¿Es Dios quien ruega? Es como si Dios quedara atrás y dijese: "No soy yo el que va a rogar, sed vosotros quienes roguéis de parte mía". En griego, el sentido del texto es que "nosotros" somos los que rogamos y suplicamos. Dios no nos pediría nunca algo que él mismo no estuviese dispuesto a hacer. Recordad que ayer dijimos que el ágape o amor divino, no solamente es un amor desprovisto de egoísmo, sino que es también un amor que condesciende, que se humilla y rebaja. ¿Alguno de vosotros sabe lo que es mendigar? En nuestro país hay muchísimas personas por la calle mendigando dinero. ¿Los tenéis también en vuestro país? --Seguro que sí. Es algo realmente humillante. Algunas veces, como pastor, "mendigo" dinero. No en la hora de pasar la ofrenda, sino cuando tenemos algún proyecto en nuestra iglesia. A veces tengo que suplicar por dinero, tengo que rogar. Casé a una pareja en California: eran dos doctores miembros de mi iglesia, y el día de la boda sabía que en la iglesia había muchos doctores. Quizá en vuestro país haya médicos pobres, pero en América no: todos tienen mucho dinero. Después de la boda, en la recepción, aproveché para pedir dinero a los médicos para la escuela que estábamos edificando. Así que, de alguna forma, sé lo que significa tener que pedir dinero y ser un mendigo; y la verdad, es realmente humillante. El texto que acabamos de leer, en 2 Corintios 5:20, describe a Dios como suplicando o rogando por medio de nosotros. Vemos pues que la Biblia nos presenta a un Dios en voluntaria dependencia, que ha querido de algún modo hacerse dependiente de sus criaturas. Es por eso que es tan importante que comprendamos el ministerio sumo sacerdotal de Cristo en el lugar santísimo. En el mensaje del juicio investigador, en el santuario celestial, se nos revela a un Dios del cual deseamos conocer más. Ese es el propósito de estos temas. 1 Corintios 1:22 y 23 "Los judíos piden señales y los griegos buscan sabiduría, pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura" Esta última palabra, "locura", en el original significa enajenación mental. Os pregunto, tanto en Europa como en América, la educación a la que estamos habituados, la educación que ofrece el mundo, ¿viene de los judíos, o de los griegos? ¿Qué os parece? El conocimiento occidental, ¿viene de los judíos, o de los griegos? --De los griegos, ¿no es así? Una pregunta más: de los doce discípulos, ¿cuál era el más instruido? --¡Judas! Otra pregunta: ¿Cuál fue la acción de Jesús que finalmente motivó a Judas a traicionarlo? --Fue el lavamiento de los pies. Esto, para él fue "locura". Que el Maestro se humillase de esa forma, para él era pura insensatez. Pero en el lavamiento de los pies, Jesús estaba revelando el carácter mismo de su Padre. Es decir, de nuestro Padre celestial. Para Judas eso fue una locura, una humillación intolerable en aquel que se llamaba Rey y Mesías. El solo hecho de pensar que el Mesías y Rey debía rebajarse hasta ese punto, lo percibía como locura. ¿Cuál de los discípulos estaba más cerca de Jesús? --Santiago, Pedro y Juan. ¿Cuál era su oficio? --Eran pescadores. ¿Por qué os hago estas preguntas? Porque Jesús nos dijo que a menos que nos volvamos como niños... Y eso no significa ignorantes, que nos falte sabiduría. Se refiere a la voluntad, al deseo sincero de los niños de aceptar la humildad de Dios, y es difícil para personas que han sido altamente influenciadas por la educación y la filosofía griega. Es cierto que, tanto aquí como en Estados Unidos, a las personas de alta escala social les resulta difícil aceptar el evangelio de Jesús. No sé en vuestro país, pero a los americanos de la alta sociedad les resulta muy difícil. Nuestros mayores éxitos evangelísticos se refieren a personas de clase media o más bien baja, pero quizá es porque el mensaje no está teniendo el poder que debiera. Porque, de hecho, yo creo que en las horas finales de la historia, es el propósito de Dios que el mensaje sea atractivo, que sea casi irresistible, incluso para aquellos que están en las altas esferas intelectuales, sociales y económicas. Ahora bien, esto requiere que el mensaje esté rebosante de poder. Romanos 1:16 "No me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación de todo aquel que cree, del judío primeramente y también del griego" Hay una maravillosa promesa que nos dice que el evangelio tiene gran poder, no solamente para las personas del mundo, sino también para las personas de la iglesia Adventista. Un poder tal que nos elevará por encima de la tibia situación laodicense. En América hemos desarrollado estudios, se han hecho estadísticas --las primeras hace ya diez años-- sobre jóvenes adventistas de entre doce y dieciocho años de edad. Y la segunda estadística se hizo hace un año (en el 2000), y es la mayor que se haya hecho en EEUU al respecto. Nos dice que cuando los jóvenes tienen aproximadamente dieciocho años --se entiende jóvenes adventistas-- y hay miles y miles de jóvenes de esta edad en la iglesia, el 50% de ellos abandonarán la iglesia. Es muy triste. ¿Podemos estar conformes con eso? De entre los jóvenes que permanecen en la iglesia, muchos se aburren, y siguen simplemente los movimientos y la corriente. No me malinterpretéis. Sé que no todos los jóvenes son así. Hay algunos en EEUU cuyo corazón está lleno de fervor por Cristo, pero frecuentemente nuestro pensamiento es que la forma de lograr que nuestros jóvenes permanezcan en la iglesia, es manteniéndolos entretenidos con cualquier cosa parecida o igual a las que les ofrece el mundo. Ahora bien, todo eso es un programa de obras. Solamente el evangelio puede solucionar este problema. Ya veis lo importante que es que comprendamos esto. El reavivamiento y la reforma tendrán solamente lugar como consecuencia de la predicación del evangelio en su poder. Al continuar con el tema, pongamos pues toda la atención en el núcleo, el centro; es decir, el evangelio, en cuyo centro está la muerte de Cristo. 2 Corintios 5: Mantengamos abiertas nuestras Biblias de nuevo en este capítulo. Os quiero referir a una de las citas del Espíritu de Profecía, en la página 710 de El Conflicto de los Siglos. La frase es muy corta, pero llena de poder: "El misterio de la cruz explica todos los demás misterios". Ayer dijimos que la fórmula de interpretación para comprender la Biblia es el ágape: esta es la regla hermenéutica por excelencia. Tenemos que ver toda la Escritura a la luz del principio del ágape. "Siguiendo la verdad en amor...", como dice en Efesios 4:15. Y sabéis que el ágape es revelado más plena y completamente en la cruz. Así pues, dirijamos nuestra atención a la cruz. Versículo 21 "Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros seamos justicia de Dios en él" Dios transformó a Jesús en algo que anteriormente no era. Este pensamiento debiera realmente sobrecogernos. En Apocalipsis 8:1 leemos: "Cuando abrió el séptimo sello, se hizo silencio en el cielo como por media hora" Vemos que se hace referencia a un silencio en el cielo como de media hora, y no puedo evitar el pensar si ese silencio corresponde a la muerte de Cristo. De hecho, la sierva del Señor nos dice eso; dice que hubo silencio en el cielo, en aquella ocasión. Hace solamente unas semanas, el once de septiembre, cuando yo mismo y miles de personas en América contemplábamos el derrumbamiento de esos dos edificios gigantescos en Nueva York, los comentadores de televisión se quedaron sin palabras, y ante la audiencia atónita, no podían hacer más que permanecer en un silencio sepulcral a medida que contemplábamos derrumbarse las torres gemelas. ¿Podemos imaginar un absoluto silencio en el cielo... ni una sola palabra pronunciada... todos los ángeles y el Padre en absoluto silencio, al contemplar a Jesús en la cruz? Recordemos que el pecado es repulsivo para Dios, es contrario a su carácter. Y Dios contempló a su Hijo hecho pecado por nosotros, algo realmente repulsivo para él. Sin embargo, eso es lo que "hizo" a su Hijo, esto es lo que Jesús "fue hecho". El pecado nos ha insensibilizado tanto, que este hecho no significa para nosotros lo que debiera. Dice la Escritura que en los últimos días el mundo vendrá a ser como en los días de Noé, y en Génesis 6 leemos que en los días de Noé había violencia en la tierra. Y eso es cierto hoy: la violencia afecta a todo el mundo. ¿Sabéis donde hay más violencia? --En la televisión. En el cine de Hollywood, en las películas. ¿No lo habéis apreciado? Es así, vivamos donde vivamos. ¿Nos ha conmovido el ver derrumbarse las dos torres gemelas? A muchos norteamericanos les cuesta entender todavía que lo sucedido no es una película; que es verdad, aunque lo hayan visto por televisión. Y es que están tan acostumbrados a las mentiras de Hollywood, que muchos aún en el día de hoy piensan que todo fue una película. Su mente fue completamente incapaz de comprender que eso era la realidad. Cuando Dios Padre vio morir a su Hijo en la Cruz, eso era algo real: no fue película, sino que fue tan real que él mismo, al pasar por esta experiencia con su Hijo, sufrió tanto como él. En muchos sermones donde se trata el tema de la cruz se habla únicamente del sufrimiento físico, y es verdad que sufrió lo indecible físicamente hablando, pero mucho más que su sufrimiento físico, fue su sufrimiento emocional y psicológico. En los Salmos tenemos una revelación especial en relación a lo que pasaba por la mente de Jesús en sus últimos minutos de vida. Vedlo en Salmo 22 y 69. Nos dice E. White que si alguna vez estamos tentados a dudar de que Dios nos ama, miremos a la cruz. Vayamos ahora, pues, a la cruz desde la perspectiva que nos dan los Salmos. Para muchas de las personas que estaban reunidas allí aquel viernes, se trataba de un criminal más a punto de morir por sus crímenes. Para ellos no había nada especialmente importante. Sin embargo este fue el momento más importante en la historia, no sólo del mundo, sino del cielo, porque el Hijo de Dios mismo estaba muriendo por toda la raza humana, y clamó así (Salmo 22:1): "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?" Como sabéis, Jesús, al hacerse pecado por nosotros, sintió la separación de su Padre Celestial, que como sabéis es la misma separación que experimentarán los pecadores impenitentes al final del milenio cuando sufran la segunda muerte. Lo singular en nuestro mensaje adventista; es decir, el punto central, no es el sábado; no es el estado de los muertos ni el mensaje de la reforma pro-salud, sino que es el Evangelio puro y en su esencia. Es decir, Jesús en la cruz del Calvario muriendo aquello que el libro de Apocalipsis llama "la segunda muerte". Jamás imaginemos que eso fue fácil para Jesús. Al contrario: fue lo más difícil que quepa imaginar en el universo. Murió por nosotros, murió como nosotros, a causa de su indescriptible amor por nosotros. Salmo 22:6 "Pero yo soy gusano y no hombre; oprobio de los hombres y despreciado del pueblo" Juan nos dice que él vino al mundo y el mundo no lo recibió. Vino a los suyos, y los suyos no lo recibieron. No hay nada peor, en la experiencia humana, que la vivencia del rechazo. Ocasionalmente vienen a mí esposas, y a veces esposos, que me describen la penosa experiencia de que su cónyuge quiere divorciarse de ellos o ellas, por causa de una aventura extramatrimonial, y me explican que preferirían morir antes que sentirse rechazados de esa manera. No hay sentimiento más horrible que el de sentirse implacablemente rechazado por la persona amada. Jesús estaba agonizando colgado entre el cielo y la tierra, y ni sentía la aceptación de su Padre en el cielo, ni tampoco la aceptación de su pueblo --de los suyos-- en la tierra. Versículo 7: "Todos los que me ven se burlan de mí; tuercen la boca y menean la cabeza, diciendo..." Una cosa es ser rechazado, y otra aún peor es sentirse escarnecido, burlado o ridiculizado. Si os habéis sentido así, podéis imaginar algo de lo que Jesús sintió. Versículos 8 y 12-19: "Se encomendó a Jehová, líbrelo él; sálvelo, puesto que en él se complacía... Me han rodeado muchos toros; fuertes toros de Basán me han cercado. Abrieron contra mí su boca como león rapaz y rugiente. He sido derramado como el agua y todos mis huesos se descoyuntaron. Mi corazón fue como cera, derritiéndose dentro de mí. Como un tiesto se secó mi vigor y mi lengua se pegó a mi paladar. ¡Me has puesto en el polvo de la muerte! Perros me han rodeado; me han cercado una banda de malignos; desgarraron mis manos y mis pies. ¡Contar puedo todos mis huesos! Entre tanto, ellos me miran y me observan. Repartieron entre sí mis vestidos y sobre mi ropa echaron suertes. Mas tú, Jehová, ¡no te alejes! Fortaleza mía" Si os habéis fijado, en el versículo 18 se nos da a entender que nos quedamos con sus ropas, pero lo rechazamos a él. En el Salmo 69 podemos ampliar también nuestro conocimiento acerca de la experiencia de Jesús en la cruz. Versículos 1-7, 20 y 21: "¡Sálvame, Dios, porque las aguas han entrado hasta el alma! Estoy hundido en cieno profundo, donde no puedo hacer pie; he llegado hasta lo profundo de las aguas y la corriente me arrastra. Cansado estoy de llamar; mi garganta se ha enronquecido; han desfallecido mis ojos esperando a mi Dios. Se han aumentado más que los cabellos de mi cabeza los que me odian sin causa; se han hecho poderosos mis enemigos, los que me destruyen sin tener por qué. ¿Y he de pagar lo que no robé? Dios, tú conoces mi insensatez, y mis pecados no te son ocultos. No sean avergonzados por causa mía los que en ti confían, Señor, Jehová de los ejércitos; no sean confundidos por causa mía los que te buscan, Dios de Israel, porque por amor de ti he sufrido afrenta; confusión ha cubierto mi rostro" Podemos solamente comenzar a imaginar, debido a lo duras e insensibles que son nuestras mentes, lo que Cristo experimentó en aquel horrible viernes en el Calvario. La hermana White escribió: "La naturaleza respondió con simpatía mediante tinieblas y un terremoto; las rocas caían, y eso no era más que un tenue reflejo de la conmoción que estaba teniendo lugar en la mente de Jesús". Tengo un colega al que respeto grandemente, que cree que Cristo en su experiencia fue llevado al mismo límite de la desintegración mental. No que se volviera loco, sino que fue llevado al límite del colapso psicológico. Cuando pensamos en la profundidad de este enorme sacrificio, esto nos debiera postrar de rodillas en humilde gratitud. ¡Qué Salvador tenemos! En Isaías 53 (este es un capítulo digno de memorizar), leemos en los versículos 4 y 5: "Ciertamente llevó él nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores, ¡pero nosotros lo tuvimos por azotado, como herido y afligido por Dios! Mas él fue herido por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados. Para darnos la paz, cayó sobre él el castigo, y por sus llagas fuimos nosotros curados" La palabra "herido" del versículo 5 significa que fue atravesado. No se refiere a un tipo de herida superficial, sino a una herida mortal. La palabra "herido" se puede tomar a la ligera en nuestro idioma, pero en el hebreo significa "ser reducido al polvo, ser hecho nada, desintegrarse para siempre". Versículo 10: "Jehová quiso quebrantarlo, sujetándolo a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado..." Cristo murió hasta en la última esencia de su alma. Nadie que esté desprovisto de la mentalidad adventista, puede enseñar y predicar la Cruz. Y esto es porque los adventistas comprendemos la segunda muerte de Cristo. Es horroroso oír a algunos adventistas decir que podemos ir a otras denominaciones a aprender sobre la cruz. ¡Qué triste! Dios nos ha dado a nosotros tremendas profundidades en relación al sacrificio de su Hijo, y como antes dijimos, si alguna vez os sentís tentados a dudar de si Jesús os ama, por favor id entonces a la cruz del Calvario. Sólo Cristo crucificado es la motivación para todo; para una vida consagrada a Dios. Ninguna otra cosa os podrá motivar; nada excepto eso os podrá despertar del estado laodicense. Podemos decir con Pablo, en 2 Corintios 5:14 y 15: "El amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron; y él por todos murió, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos" Este es hoy mi deseo para vosotros. Contemplar su gloria Tema nº 3 Quisiera compartir con vosotros la Palabra de Dios, pero también quisiera aprender de vosotros. Como diría el pastor Wieland, a quien muchos conocéis, cuando nos adentramos en el tema de la justicia de Cristo, dado en 1888, se siente uno como un niñito en el parvulario, en el jardín de infantes, o quizá más bien en pañales, en los brazos de mamá. No pretendo tener la respuesta a toda duda, ya que también yo mismo estoy aprendiendo, como espero que también vosotros deseéis hacer. Por desgracia, demasiados adventistas piensan que saben ya tanto, que pueden dejar de estudiar; y de hecho lo hacen. No sé si en vuestro país sucede también, pero en Estados Unidos, los sábados asisten más o menos la mitad de los miembros al servicio de culto, y solamente la mitad de esa mitad asiste a la Escuela Sabática. Y eso teniendo en cuenta que lo mejor del sábado es la Escuela Sabática, porque allí es donde se debería tener la oportunidad de expresarse con libertad para dialogar e intercambiar impresiones relacionadas con la lección. Supongo que de los aquí presentes, asistís todos a la Escuela Sabática. Y espero que no lo hagáis con ánimo de disputar, sino de ayudar. Tengo la preocupación de que cuando estemos en nuestras iglesias no nos convirtamos en personas difíciles de tratar o de soportar, sino que los demás puedan ver en nosotros un deseo sincero de colaboración; evidentemente hasta donde se nos permita colaborar. He oído algo que ya conocía con anterioridad, y es que en ciertas partes de Europa es difícil manifestarse interesado en el mensaje de 1888. Quiero deciros que mi corazón está con vosotros debido a la oposición que sufrís. No sucede así en Estados Unidos. Por lo menos no en esa medida. Allí hay cientos de personas que han aceptado gozosamente este mensaje, y son hermanos que tienen una posición destacada en la iglesia: ancianos, primeros ancianos, primeros/as diáconos y diaconisas, etc... También damos gracias al Señor porque hay bastantes pastores que aman este mensaje, aunque siguen siendo una minoría. Y doy gracias al Señor por haberme dado el privilegio de conocer y predicar este maravilloso mensaje hace ya unos quince años. Previamente había tenido dudas acerca de la Iglesia, y fue mediante este mensaje como pude llegar a comprender que Dios estaba obrando en mí corazón y en el corazón de la iglesia, de una forma que no había conocido antes. Así pues, os quiero animar, a todos los que sufrís incomprensión de alguna u otra forma por causa de este mensaje. Sabed que Dios está --y sufre-- con vosotros. Oro para que Dios os conceda el don de manifestar a los demás cuánto los amáis, porque este mensaje tiene por objeto transformarnos y poder amar así a los que nos persiguen, ¿no se trata acaso de eso? Nadie puede decir nada en contra de la persona que ha sido transformada por este mensaje, salvo que el que acusa no diga la verdad. Bien. Ahora abramos nuestras Biblias por un texto que ya cité anteriormente, y que nos ayudará a comprender en un sentido más profundo la enormidad y la magnitud del sacrificio de nuestro Señor Jesús. El texto está en Gálatas 3:13 (primera parte): "Cristo nos redimió de la maldición de la ley" Algunos cristianos leen este texto de forma muy superficial, y sacan la conclusión precipitada y errónea de que Cristo nos ha redimido de tener que obedecer la ley, que nos ha librado de la obediencia a la ley. Pero eso no es lo que el texto dice. De hecho, la cruz es la mayor expresión de la ley, es la revelación plena de la ley. Así que, si Cristo nos ha redimido de la maldición de la ley, ¿cuál es la maldición de la ley? Porque si os fijáis, no dice que nos haya redimido de la ley, sino de la maldición de la ley, y ¿cuál es la maldición de la ley? La maldición de la ley es la desobediencia a la ley. Leed el versículo 10: "Todos los que dependen de las obras de la Ley están bajo maldición, pues escrito está: 'Maldito sea el que no permanezca en todas las cosas escritas en el libro de la Ley, para cumplirlas'" Así que la maldición de la ley está en la desobediencia a la ley. Deducimos pues que Cristo nos ha librado de la desobediencia a la ley. No es solamente que nos ha perdonado, sino que nos libra de la desobediencia. Es decir, nos transforma en obedientes. Volvamos a leer la parte restante del versículo 13, para saber cómo hizo para redimirnos de la desobediencia a la ley: "Haciéndose maldición por nosotros (pues está escrito: 'Maldito todo el que es colgado en un madero')" Estaba presidiendo un consejo de iglesia hace muy pocos días. En las juntas de mi iglesia lo primero que hacemos antes de empezar, es estudiar la Biblia. Es algo común en los Estados Unidos, incluso en los comités de las Uniones, que algunas veces nos dediquemos a discutir y a considerar cosas absolutamente triviales, y mi preocupación principal en las juntas que presido es ir mas allá de una comprensión superficial o despreocupada del cargo que cada uno desempeña como dirigente de iglesia. Es por eso que la primera media hora la dedicamos a estudiar la Biblia y a orar. Y como os decía, en una junta reciente hablábamos de cómo vencer el pecado, de cómo obtener la victoria sobre el pecado en nuestra vida. En la junta hay una hermana a la cual aprecio mucho. Es una mujer maravillosa, que dice que cuando hemos de confrontarnos con el problema del pecado, debemos luchar y orar lo suficiente para que algún día, quizá aún lejano, en un futuro distante, probablemente seamos capaces de vencer el pecado por el cual hemos estado orando. Estuve hablando con ella, y de la forma más amable y cariñosa que supe le dije que las buenas nuevas son mucho mejores que eso. En relación con la victoria sobre el pecado, ¿es de esperar que nos debatamos con él durante años y años? El poder del evangelio nos dice que en un momento, en lo que tardamos en parpadear, el pecado puede desaparecer y quedar atrás por siempre. ¿Lo creéis? Son muy malas y tristes nuevas si todo cuanto puedo decir a alguien que tiene un problema con la ira, es que la solución está en orar, orar y orar, y algún día en el futuro lejano quizá venza... Muchos adventistas confunden la justificación y la santificación. La Biblia dice que Jesús murió para liberarnos, para redimirnos de la maldición de la ley, que es la desobediencia a esa ley. Y la forma en la que lo hizo fue haciéndose él maldición por nosotros. Volvamos a leer Gálatas 3:13, después de la primera coma: "Haciéndose maldición por nosotros (pues está escrito: 'Maldito todo el que es colgado en un madero')" Como veréis, es una cita del Antiguo Testamento, de Deuteronomio 21:22 y 23: "Si alguien ha cometido algún crimen digno de muerte, y lo hacéis morir colgado en un madero; sin falta lo enterrarás el mismo día, porque maldito por Dios es el colgado. Así no contaminarás la tierra que Jehová, tu Dios, te da como heredad" Así que Cristo fue hecho maldición por nosotros de forma voluntaria. Después de leer el texto de Deuteronomio podemos comprender por qué los judíos, en aquel viernes, estaban tan deseosos de que Jesús fuese crucificado. Los judíos conocían esos versículos, sabían que la persona que es colgada en un madero tiene que ser enterrada antes de la noche, porque en caso contrario toda la tierra quedaría contaminada. Y la tierra a la que se alude en esos versículos no es solamente el suelo, o zona donde ha sido crucificado el condenado, sino que se refiere al mundo entero, incluyendo animales, plantas, personas, etc.... Y desde luego, los judíos no querían resultar contaminados. Estudiemos más en detalle el texto de Deuteronomio, y así podremos reconocer que en aquellos tiempos, cuando una persona era sentenciada a muerte por un crimen, antes de que la persona muriera podía pedir perdón a Dios y saber que era perdonada. Hoy en día sucede igual: los que son sentenciados a muerte pueden arrepentirse de sus pecados y pedir perdón antes de morir. Pero en aquel entonces había un tipo específico de muerte que causaba verdadero pánico al acusado. Eso sucedía cuando el juez decía : "Te sentencio a morir colgado de un madero". Eso significaba que el acusado no podía ser perdonado de ninguna manera por Dios. Se consideraba al acusado, en ese caso, como habiendo cometido el pecado imperdonable y escapaba a la esfera del posible perdón. Jesucristo te amó a ti, específicamente a ti, de tal manera, que experimentó voluntariamente esa sentencia de muerte, y fue colgado de un madero, siendo hecho pecado y maldición como si hubiera sido él quien hubiese cometido el pecado. De tal forma se identificó Jesús con tu pecado, que murió --por así decirlo-- la muerte que es el resultado de cometer el pecado imperdonable. Jamás nadie podrá exagerar la profundidad del dolor y la humillación a la cual Jesucristo tuvo que someterse para nuestra redención. Esto te da un valor infinito, comparable al del Hijo de Dios. Dios no puede imaginar vivir la eternidad sin ti. Queridos hermanos, como adventistas debemos ver la cruz en el centro de cada mensaje. Esta es la verdad central, alrededor de la cual se agrupan todas las demás verdades. Así que, sea que estéis presentando el sábado, o sea que presentéis el mensaje de la reforma pro-salud, o el mensaje de la segunda venida; sea cual fuere la doctrina adventista que presentéis, estad muy seguros de que el centro, el núcleo, sea precisamente el mensaje y significado de la cruz en el Calvario. Si no lo hacíais hasta hoy, os ruego que recapacitéis con seriedad, porque nadie puede presentar ninguna doctrina o creencia pretendiendo ser la verdad, si no lo hace a la luz de la cruz. Si la cruz no está en todos vuestros temas o creencias, tened por seguro que lo que presentáis es legalismo. Y recordad que hay un principio, una regla universal, según la cual sólo podemos dar aquello que nosotros mismos somos. ¿Sabéis por qué hay tantos tibios laodicenses en la iglesia? Porque fueron traídos a la iglesia por laodicenses tibios. Y lo último que necesitamos son miles y miles más de tibios laodicenses. Así que os animo a que, ya sea que habléis, ya sea que testifiquéis, ya sea que prediquéis, presentéis por encima de todo a Jesús; digáis lo que digáis, sean palabras o sea doctrina. Porque si habláis del sábado y Cristo --el Señor del sábado-- no es el centro, ya sabéis... es legalismo puro. La hermana White dijo que el problema de nuestros dirigentes antes de 1888, era que presentaban la ley, la ley y la ley, y la frescura espiritual del pueblo se secó como los montes de Gilboa. No es que debieran abstenerse de predicar la ley, sino que debían de predicar a Cristo en la ley. Porque como hemos dicho ya, la cruz es la manifestación plena de la ley. Si una persona quiere saber en qué consiste la ley, ha de ir al Calvario. El mensaje encomendado a los adventistas está en Apocalipsis 14:6: "En medio del cielo vi volar otro ángel que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los habitantes de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo" El versículo nos habla de predicar el evangelio eterno. Cuando predicamos, seamos laicos, dirigentes o pastores, debemos recordar que la palabra "predicar", en griego, es similar a la palabra "evangelio". Así que debemos compartir las buenas nuevas, y jamás serán buenas nuevas si no contienen realmente las buenas nuevas o evangelio. Y sinceramente creo que a nuestros sermones les falta llegar a ese punto. Os invito a no dejar de orar, para que llegue pronto el día en el que nuestras predicaciones rebosen del evangelio, que es Cristo crucificado. El evangelio eterno es el centro mismo de nuestro mensaje adventista, y este mensaje encuentra su punto culminante en Apocalipsis 14:7: "Decía a gran voz: '¡Temed a Dios y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado. Adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas!'" Hermanos, ¿cómo daremos honra y gloria a Dios? Estoy seguro de que todos dais buenas respuestas, pero quiero llevar vuestra atención a algo diferente. En nuestras reuniones evangelísticas, cuando decimos que debemos dar la honra y la gloria a Dios, solemos dirigir las mentes de las personas a 1ª de Corintios 10:31. ¿Podéis decirme el contenido del texto sin leerlo? "Si, pues, coméis o bebéis o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios" Típicamente, en el evangelismo clásico adventista, cuando llegamos al mensaje de la reforma pro-salud, leemos el versículo citado y lo relacionamos con la forma de dar gloria a Dios, ya que el mensaje de la reforma pro-salud es el brazo derecho del mensaje del tercer ángel. Pero hermanos, la primera de las maneras o formas por las cuales damos gloria a Dios, es creyéndolo, ¿no os parece? El mensaje de Apocalipsis 14:7 es un llamado a creer, a creer lo que él dice. Procuraré hablar más, si puedo, de este punto, a fin de comprender el mensaje de la hora del juicio, el juicio investigador en el lugar santísimo, que tiene como propósito terminar con el problema del pecado en el contexto de la gran controversia. Por desgracia hay muchos adventistas que no creen en el mensaje del juicio que comenzó en 1844. ¿Recordáis a la hermana de la que os he hablado antes, la que estaba conmigo en la junta de iglesia? En esa iglesia estoy actualmente dando estudios bíblicos los sábados por la tarde. Acuden aproximadamente unas veinticinco personas, entre ellas dirigentes de la iglesia. Llegué a esa iglesia este verano, y justamente después de que asumiera las responsabilidades como pastor, vino un hermano y me dijo: "pastor, he dejado de creer en el mensaje de 1844 del juicio investigador. He leído el libro de Conradi, y ya me ha quedado claro". ¿Conocéis a Conradi? Es muy conocido en Alemania. Conradi pertenece a la generación de los primeros adventistas. Era muy respetado. Era uno de los dirigentes más prominentes de la iglesia, pero cayó en la incredulidad en relación al mensaje de 1844. También dejó de creer en el don profético manifestado en la hermana E. White. Escribió un libro rechazando el ministerio sumo sacerdotal de Cristo en el lugar santísimo del santuario celestial desde 1844. Ese libro ha causado un efecto devastador en la iglesia en Europa. Muchos adventistas americanos tememos que Conradi siga vivo en Europa, aunque personalmente murió hace ya muchos años. A fin de que podamos hoy comprender el ministerio de Jesús en el contexto del mensaje de 1844, a fin de comprender la "omega", o fin de la obra de Jesús, debemos comprender su "alfa", o principio. Así que os quiero llevar hoy a contemplar la primera obra de Jesús. Vayamos al origen del pecado, al "alfa" de la apostasía. Isaías 14:12-14: "¡Cómo caíste del cielo, Lucero, hijo de la mañana! Derribado fuiste a tierra, tú que debilitabas a las naciones. Tú que decías en tu corazón: 'Subiré al cielo. En lo alto, junto a las estrellas de Dios levantaré mi trono y en el monte del testimonio me sentaré, en los extremos del norte; sobre las alturas de las nubes subiré y seré semejante al Altísimo" Como solemos decir, el problema de Lucifer era un problema de "altura": el grave problema del yo. Todos sabéis que en Ezequiel 28 se encuentra el texto paralelo al de Isaías que acabamos de leer. A fin de comprender la forma en la que Dios trata el pecado en el tiempo del fin ("omega"), hemos de ver de qué manera trató Dios al pecado en el principio ("alfa"). Ezequiel 28:12-19: "Tú eras el sello de la perfección, lleno de sabiduría, y de acabada hermosura. En Edén, en el huerto de Dios, estuviste. De toda piedra preciosa era tu vestidura: de cornerina, topacio, jaspe, crisólito, berilo y ónice; de zafiro, carbunclo, esmeralda y oro. ¡Los primores de tus tamboriles y flautas fueron preparados para ti en el día de tu creación! Tú, querubín grande, protector, yo te puse en el santo monte de Dios. Allí estuviste, y en medio de las piedras de fuego te paseabas. Perfecto eras en todos tus caminos desde el día en que fuiste creado hasta que se halló en ti maldad. A causa de tu intenso trato comercial, te llenaste de iniquidad y pecaste, por lo cual yo te eché del monte de Dios y te arrojé de entre las piedras del fuego, querubín protector. Se enalteció tu corazón a causa de tu hermosura, corrompiste tu sabiduría a causa de tu esplendor; yo te arrojaré por tierra, y delante de los reyes te pondré por espectáculo. Con tus muchas maldades y con la iniquidad de tus tratos profanaste tu santuario; yo, pues, saqué fuego de en medio de ti, el cual te consumió, y te puse en ceniza sobre la tierra ante los ojos de todos los que te miran. Todos los que te conocieron de entre los pueblos se quedarán atónitos por causa tuya; serás objeto de espanto, y para siempre dejarás de ser" Este es un modelo de la forma en la que Dios trata el pecado en su origen. Quizá alguno se preguntará: ¿Por qué creó Dios a Lucifer? ¿Acaso no sabía Dios que iba a pecar? ¿Os han hecho esta pregunta alguna vez? Sí, ¿verdad? Y, ¿qué habéis respondido? Recordad que la pregunta no es: ¿por qué no lo destruyó?, sino: ¿por qué lo creó? Estoy seguro de que vuestras respuestas son muy buenas, pero permitid que comparta algo con vosotros que quizá os ayude, porque pienso que son preguntas muy importantes. Recordad la pregunta: si Dios sabía que Lucifer iba a pecar, ¿por qué lo creó? Debemos aprender del carácter de Dios. Vayamos a Filipenses 2. A fin de comprender cómo terminará lo que llamamos el gran conflicto, hemos de comprender cómo comenzó. Veamos pues cómo reaccionó Dios ante el pecado, en su origen. Versículos 5 y 6: "Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús: Él, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse" Jesús era igual a Dios, y para ser como Dios no le robó nada a éste, porque sabemos que Jesús es miembro de la Deidad, tan eterno como los demás. (En la versión Reina Valera de 1909, el versículo 6 dice así : "El cual, siendo en forma de Dios, no tuvo por usurpación ser igual a Dios"). La Biblia nos dice que "en Jesucristo habita corporalmente la plenitud de la Deidad" (Col. 2:9). Lo anterior significa esto: que Cristo fuera igual al Padre no era consecuencia de una cesión, préstamo o robo. Si Satanás es lo opuesto a Jesús, ¿qué conclusión sacamos? Si Jesús no consideró una usurpación el ser igual al Padre, ¿qué creéis que había en la mente de Satanás? Justo lo contrario, ¿no os parece? Satanás trató de usurpar el lugar de Dios; o sea, quiso ser igual a Dios, y aún más: quiso estar por encima de Dios. Un profesor de seminario, el Dr. Carlton Jonson, de origen noruego, un auténtico superdotado, pero que posee también un gran corazón, compartía con nosotros en clase uno de los pensamientos que él consideraba más profundos, que se encuentra en el libro Patriarcas y Profetas de E. White, que dice que Lucifer deseó ser mayor que Dios. Yo me pregunto, ¿cómo puede un ser creado pretender ser igual, o incluso mayor que su Creador? Parece una auténtica locura ¿verdad? Pues quiero que recordéis que éste es el pecado mayor, es el pecado de pecados, y este pecado va a manifestarse en las últimas horas de la historia. Será el pecado de rechazar el reconocimiento de que nuestra existencia la debemos a nuestro increíblemente maravilloso Padre Celestial. ¿Por qué creó Dios a Lucifer? Cuando lo creó, debió decirle algo así: "Lucifer, yo soy tu Creador". ¿Sabéis de algún lugar en el que esté registrada esta afirmación de Dios a Lucifer? --No. No que sepamos. ¿Pudo Dios decirle eso a Lucifer? Para comprender esta cuestión, necesitamos comprender el carácter de Dios. [Alguien entre los presentes: "Lo creó por amor. Dios es ágape. Todo lo que él hace, da fe de su carácter. El conocimiento que Dios tiene de todas las cosas no determina las decisiones de los seres a quienes dotó de libre albedrío. Precisamente, si al conocer de la futura rebelión de Lucifer hubiese desistido de crearlo, eso no habría hablado de su amor, ni de su imparcialidad. La misma explicación se aplica al caso de todos los seres humanos que finalmente se perderán"] En el contexto del ministerio sumo sacerdotal de Jesús en el lugar santísimo, comprender y conocer el carácter de Dios es importantísimo. Ahora, respondiendo a la pregunta tal como yo lo comprendo, cuando Dios convocó a Lucifer para hablar con él, le explicó quién era Jesús y la posición que tenía en el cielo, porque el problema de Lucifer era que miraba a Jesús y no veía diferencia entre ambos. Es decir, se veía igual a él. Así que Dios, no solamente le explicó a Lucifer que él era su Creador, sino que trató de demostrárselo, porque Dios sabe que una simple declaración, o sea, decir "yo soy tu Creador", puede significar muy poco. Esto podría traer confusión a la mente de Lucifer, y era necesario que Lucifer creyera que Dios era su Creador mediante evidencias. Dios nunca nos pide que creamos sin darnos antes evidencias. Y la mayor evidencia de que Dios era el Creador de Lucifer, era estando Cristo junto a él. En nuestro testimonio cristiano, estaréis de acuerdo conmigo en que es más fácil predicar, que vivir lo que se predica. Lo que hacemos y lo que decimos, a veces, es muy diferente. Podemos profesar ser cristianos, pero seamos sinceros: hemos de reconocer que en demasiadas ocasiones ni siquiera vivimos a la poca altura de lo que predicamos. Y una de las mayores barreras que tiene el evangelio hoy es encontrarse a creyentes predicando acerca del sábado, por ejemplo, y en cambio ni esos mismos creyentes entienden el verdadero significado espiritual del sábado. Todo eso destruye nuestro testimonio. ¿Habéis oído la historia de Ghandi? Un reportero le preguntó: "Habiendo estado durante tanto tiempo rodeado de cristianos, ¿cómo no se ha convertido al cristianismo?" ¿Recordáis la respuesta de Ghandi? La respuesta fue: "No me he hecho cristiano debido a los cristianos". Hermanos y hermanas, los adventistas hemos sido llamados por Dios para vivir lo que predicamos. Si creéis en el mensaje de 1888, Dios nos llama a vivirlo. Vayamos con nuestras Biblias a Daniel 8. Uno de los personajes principales de este capítulo es el "cuerno pequeño". ¿Quién está representado por este cuerno pequeño? ¿Cuál es la esencia de lo que dice este cuerno pequeño? Podéis leer todo el capítulo 8 y veréis que su problema es el engrandecimiento del "yo". El cuerno pequeño, el hombre de pecado, no es simplemente una organización que tiene su sede en Europa, como hemos comprendido habitualmente. Es cierto que es eso, pero es mucho más. No hemos de olvidar que el cuerno pequeño es el principio de la exaltación del "yo", y si no permanecemos en Cristo, ese cuerno pequeño está en cada uno de nosotros, y su objetivo es destruir. Durante 6000 años aproximadamente, Dios ha estado ocupado y dedicado en contrarrestar ese poder del cuerno pequeño. Ese cuerno, en las horas finales de la historia, crece y se engrandece como nunca antes, pero algo destruye su poder, ¿qué es? Daniel 8:13 y 14: "Entonces oí hablar a un santo; y otro de los santos preguntó a aquel que hablaba: '¿Hasta cuándo durará la visión del continuo, la prevaricación asoladora y la entrega del santuario y el ejército para ser pisoteados?' Y él dijo: 'Hasta dos mil trescientas tardes y mañanas; luego el santuario será purificado" La respuesta es el ministerio sumo sacerdotal de Cristo en la purificación del santuario, purificando nuestros corazones; o sea, cuando vosotros y yo permitimos a Dios --mediante el evangelio-- el transformarnos a su imagen. Eso es lo único que destruye el poder del cuerno pequeño u hombre de pecado. Vosotros y yo tenemos la última palabra en la gran controversia, porque cuando permitimos que el evangelio nos cambie, destruye rápidamente el poder de ese cuerno pequeño. Éste es uno de los grandes propósitos del mensaje del santuario. Cuando nosotros decimos "sí" a Dios a cada paso de nuestra vida, y decimos "sí" porque nos conmueve el evangelio, porque hemos visto la grandeza de las buenas nuevas y no queremos saber nada de nadie excepto de Jesús, si le decimos: "Jesús, nunca tengo bastante de ti; aún quiero más", cuando nosotros vivamos así, motivados a vivir solamente para él, cuando Dios tenga un pueblo que viva así, entonces terminará todo. ¿Queréis ser uno de ellos? ¿Queréis vindicar el carácter de Cristo y de nuestro Padre celestial ante todo el universo? Dios está ansioso. Repito, Dios está ansioso de verse reflejado en su pueblo, ver que de la forma en la que Dios los ama, se aman entre ellos, en la familia, en la junta, en la Asociación, Unión y División, entre los ancianos, entre los diáconos, etc. Dios quiere ver que amamos a nuestro peor enemigo, no importa lo que nos haga. Cuando nos amemos así, demostraremos que nos ha quedado claro lo que sucedió en el Calvario, porque la esencia del Calvario es el amor a los enemigos. Querido amigo, esta es la norma a la que Dios nos llama a ti y a mí. Oremos para que Dios nos dé la voluntad y la decisión para ser convertidos en ese tipo de personas. Contemplar su gloria Tema nº 4 Tratando de aportar ideas en relación al tema anterior, más específicamente descubriendo aspectos que nos amplíen la respuesta a la pregunta que formulábamos: "si Dios sabía en su omnisciencia que Lucifer iba a pecar, ¿por qué lo creó?", os diré que Dios, evidentemente, lo sabía todo, sabía incluso que crearlo, ya sea a él o a cualquier otra criatura inteligente y con libre albedrío, implicaba un precio carísimo: crear era morir. Dios sabía que le costaría la vida de su Hijo. Cuando nos hacemos este tipo de preguntas, por desgracia pensamos siempre en cómo nos afecta o repercute en nosotros. Decimos así, "¡si Dios no hubiese creado a Lucifer, nosotros [yo] no tendríamos los problemas que tenemos!", siempre el nosotros, o el yo por delante. De esto está llena nuestra mente y nuestro corazón. Pero hermanos, olvidamos el efecto que le produce nuestro comportamiento a Dios. Os sugiero un pensamiento: los 144.000, es decir, los que han de pasar por la gran tribulación, los que entren por la fe en el lugar santísimo, no estarán preocupados por ellos mismos, no harán jamás preguntas que reflejen su propia preocupación o su propio interés, sino que su preocupación principal será la gloria del Señor. Continuaré con la presentación de un tema que quizá muchos de vosotros ya conozcáis, pero es demasiado importante como para no repetirlo una y otra vez. Romanos 11:35-36 "¿Quién le dio a él primero, para que le fuera recompensado?, porque de él, por él y para él son todas las cosas" ¿Creéis en lo que acabáis de leer? ¿Creéis en ese texto? Tendemos a pensar con orgullo que hay ciertas cosas, ciertos aspectos, en nuestra salvación, de los cuales somos responsables. Esa tendencia en ocasiones se expresa así, cuando decimos casi inconscientemente: "Oh Dios, si estoy hoy aquí, en la iglesia, en tu pueblo, en tu verdad, es gracias a ti, pero yo también tengo algo que ver: tomé la decisión correcta por ti, mi inteligencia de alguna manera contó para reconocerte y hacerme cristiano". Queridos hermanos --repito-- ningún redimido hablará y cantará así. Nadie dirá en el reino de los cielos: "el 90% de lo necesario para que yo estuviera aquí, lo hizo Dios; del 10% restante me encargué yo". Podéis tener la seguridad de que nadie pensará de ese modo. Ni siquiera nos jactaremos de haber aportado a nuestra salvación un 1% de nuestra justicia propia, sino que diremos lo que Pablo dijo por inspiración en Romanos 11:35-36. Estuvimos tratando lo relacionado con el problema del pecado, pero ahora veremos el remedio de Dios para el pecado, porque el pecado es repulsivo para Dios y le produce indecible dolor y sufrimiento. Por tanto tiempo como continúe existiendo el pecado, el Señor continuará sintiendo ese gran dolor. Afortunadamente, él mismo tiene una solución, porque él es el Creador, y el Cordero inmolado desde el principio del mundo. Lucas 15:4-7 "¿Qué hombre de vosotros, si tiene cien ovejas y se le pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto y va tras la que se perdió, hasta encontrarla? Cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso, y al llegar a casa reúne a sus amigos y vecinos, y les dice: 'Gozaos conmigo, porque he encontrado a mi oveja que se había perdido''. Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento" Es una maravillosa y profunda verdad, ¿no os parece ? He sido adventista desde hace muchos años, me he diplomado en la universidad, he predicado durante mucho tiempo, pero esta verdad tan profunda no penetró en mi corazón y mi mente hasta después de muchos años. Podéis pensar que es una cuestión de falta de recursos intelectuales. Puede ser. Se nos presenta en estos versículos a Dios tal como él es, es decir, iniciando y terminando él mismo el proceso de nuestra salvación. No somos nosotros de ninguna forma los que lo iniciamos con nuestra fe; no empieza por allí el asunto, sino que es Dios quien establece el don en nosotros en primer lugar; es Dios quien establece la fe. ¿Creéis que Dios es vuestro Creador? Voy a hacer ahora una pregunta muy importante: ¿hay alguno de entre vosotros que sea espiritista o haya practicado el espiritismo? Veamos cuales son las implicaciones de creer que Dios es nuestro Creador. Vayamos a Juan 3:16 "De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna" Vayamos ahora a Apocalipsis 13:8 "Y le adorarán todos los habitantes de la tierra, cuyos nombres no están escritos en el Libro de la Vida del Cordero que fue muerto desde la creación del mundo" El Cordero fue muerto desde la creación del mundo. Significa que tan pronto como hubo pecado, hubo un Salvador. Si soy reflexivo, esto me dice que la salvación tiene una base incondicional, y si es incondicional, ha de ser también universal. Como sabéis, hay muchas creencias divergentes en cuanto a este punto. Los calvinistas creen que Dios ha destinado a unos a salvarse, y a otros a perderse. Los arminianos creen que Dios ha ofrecido la salvación, que él está alejado, que nos hace saber acerca del "don" retenido en espera de algo, y que si somos lo suficientemente rápidos y listos, podemos alcanzarlo. Pero hermanos, las Buenas Nuevas son mucho mejores que todo eso. Y quiero demostrároslo a partir de la Biblia. Romanos 5:12-19 (mantengamos abiertas nuestras Biblias aquí) "Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron. Antes de la Ley ya había pecado en el mundo; pero donde no hay Ley, no se inculpa de pecado. No obstante, reinó la muerte desde Adán hasta Moisés, aun en los que no pecaron a la manera de la transgresión de Adán, el cual es figura del que había de venir. Pero el don no fue como la transgresión, porque si por la transgresión de aquel uno muchos murieron, la gracia y el don de Dios abundaron para muchos por la gracia de un solo hombre, Jesucristo. Y con el don no sucede como en el caso de aquel uno que pecó, porque, ciertamente, el juicio vino a causa de un solo pecado para condenación, pero el don vino a causa de muchas transgresiones para justificación. Si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia. Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación que produce vida. Así como por la desobediencia de un hombre muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, muchos serán constituidos justos" Este concepto de la justificación legal, temporal, universal, forense o corporativa, resulta muy difícil de entender y aceptar por parte de muchos adventistas, porque les da la sensación de que hace la salvación demasiado fácil. Esperamos estar en el cielo algún día, y de alguna forma nos gustaría sentir que somos responsables o que es gracias a algo en nosotros, por lo que finalmente estaremos allí. Pero hemos leído en Romanos 11:35-36 que todo es de Dios, de él, gracias a él y para él. Y estoy agradecido de que sea así, porque sé que ni siquiera mi fe puede salvarme. E. White nos recordó que no podemos convertir a la fe en nuestro salvador. Trataremos de hablar de la fe más adelante, pero ahora quiero hablaros de la justificación. Como sabéis, la justificación tiene dos facetas: (1) la que es objetiva, legal o corporativa; (2) y la subjetiva o justificación por la fe. Quiero compartir con vosotros una preocupación, y creo que la comparten muchos de los que simpatizan con el mensaje de 1888. Esto os servirá también para poder compartir esto con otros que no son adventistas, para exponerlo en términos comprensibles. Cuando se habla de justificación y santificación, lo frecuente es tener al auditorio aburrido o dormido. Como pastor que ha tenido la oportunidad de dar muchos sermones evangelísticos, conozco el desafío de tener que presentar estos temas a personas que no están especialmente despiertas desde el punto de vista espiritual. Vayamos ahora al texto (Rom. 5:12-19) Podríamos traducir así el versículo 15: "el don no fue como la transgresión; porque si por la transgresión de aquel uno [Adán] todos mueren, abundaron mucho más para todos la gracia y el don de Dios por la gracia de un hombre, Jesucristo." El texto griego emplea el artículo definido "los muchos". El texto no dice que "murieron muchos", sino que "murieron los muchos". Estos "los muchos", en el contexto y en el lenguaje griego significa "todos". Leed ahora el versículo 19: "Así como por la desobediencia de un hombre [los] muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, [los] muchos serán constituidos justos" Estos "los muchos", que son "todos", es lo que más nos cuesta creer. Leamos ahora el versículo 18: "Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación que produce vida" E. White dice que "en el don incomparable de su Hijo, Dios rodeó al mundo entero con una atmósfera de gracia tan real como el aire que respiramos" (CC 68), y la Biblia nos dice una y otra vez que todo hombre, mujer y niño que haya vivido alguna vez, es porque ha recibido el don de la vida. No porque se le haya ofrecido el don, sino porque le ha sido dado. No es simplemente una oferta, sino un don; un regalo mediante Jesucristo. La maravillosa Buena Nueva es que Dios ha puesto el don de la vida en las manos de cada ser humano. Deducimos pues que hay una sola forma en la que el hombre puede perderse. ¿Cuál es? mediante la incredulidad (Marcos 16:16; Juan 3:18). Cuando despreciamos el don tal cual Dios nos lo da, y lo desechamos, eso constituye nuestra perdición. 1 Juan 4:14, Hebreos 2:9 y 15 y 1 Timoteo 4:10 "Y nosotros hemos visto y testificado que el Padre ha enviado al Hijo para ser Salvador del mundo" "...para que por gracia de Dios gustase la muerte por todos... y librar a los que por el temor de la muerte estaban por toda la vida sujetos a servidumbre" "...esperamos en el Dios viviente, que es el Salvador de todos los hombres, mayormente de los que creen" Gustó la muerte por todos [en realidad, no antropos sino pantos], libró a todos los que estaban en servidumbre. Es Salvador de todos. Os pregunto: ¿creéis esto? ¿O bien albergáis la orgullosa pretensión de que lo convertís en Salvador "vuestro" al dar el primer paso y creer en él? Recordad: no hemos leído que gustó la muerte por los creyentes; no hemos leído que libró a algunos que estaban sujetos a servidumbre; y no hemos leído que es el Salvador posible, o el que ofrece la salvación. Hermanos: el evangelio es la única realidad existente, porque Dios es la única realidad. 1 Juan 2:1-2 "Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis. Pero si alguno ha pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo, el justo. Él es la propiciación por nuestros pecados, y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo" ¿No son acaso los textos leídos muy Buenas Nuevas? Así que, podemos decir que "en Cristo" hemos sido salvos. 2 Corintios 5:14 "El amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron" Amigos, Pablo dice que si Uno murió por todos, luego todos murieron. A Pablo, pensar y escribir eso le resultaba totalmente lógico; no le suponía ningún problema la gloriosa realidad de que "en Cristo" toda la raza humana murió aquel viernes en la cruz del Calvario. Para muchos, incluyendo a teólogos, este concepto paulino de "en Cristo", es una idea "mística". Y ahora estoy pensando en un teólogo muy conocido, que me dijo precisamente eso, que era una idea "mística". Tuve que responderle que el mismo misterio que rodea al concepto de "nosotros muriendo en Cristo", rodea también al concepto de "Cristo en nosotros, esperanza de gloria". Le pregunté: ¿Cuál es la diferencia entre decir que nosotros estuvimos en Cristo, y decir que Cristo esté en nosotros? No puede ser que uno sea un concepto "místico", y el otro bíblico. O los dos son "místicos", o los dos son bíblicos. Ambos están más allá de lo que la mente human puede comprender, como sucede también con el concepto de que estamos "en Cristo" por la fe, al creer en él. Es tan bíblico, y tan místico, como la realidad de que todos estuvimos "en Cristo" por la gracia. 2 Timoteo 1:9 (Ver también Col. 2:13; Efe. 2:1 y 5) "Que nos salvó y llamó con vocación santa, no conforme a nuestras obras, mas según el intento suyo y gracia, la cual nos es dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos" Ésta es una gloriosa verdad que Dios ha proporcionado a su iglesia. Veamos Tito 2:11 "La gracia de Dios se ha manifestado para salvación a toda la humanidad" La salvación a sido manifestada o traída a todos los hombres. ¿Conocéis la historia de la mujer junto al pozo en Samaria? Esa mujer junto al pozo quiso compartir con los samaritanos las Buenas Nuevas, tras haberlas conocido a partir de su entrevista con Cristo. Ved cuál fue el testimonio de los que estuvieron oyendo a Cristo durante dos días: Juan 4:39-42 "Muchos de los samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer, que daba testimonio diciendo: 'Me dijo todo lo que he hecho'. Entonces vinieron los samaritanos a él y le rogaron que se quedara con ellos, y se quedó allí dos días. Muchos más creyeron por la palabra de él, y decían a la mujer: Ya no creemos solamente por lo que has dicho, pues nosotros mismos hemos oído y sabemos que verdaderamente este es el Salvador del mundo, el Cristo" Es curioso: personas a las que se podría llamar "bebés en Cristo", o creyentes recientes, reconocieron a Cristo como al Salvador del mundo, y sin embargo hoy, a muchos de nosotros nos parece imposible aceptar eso, ¡por "difícil de entender"! Como ya dije antes, a muchos de nosotros nos parece inconveniente que la Buenas Nuevas sean realmente tan buenas, y que el "mundo", que "todos" estén en su alcance. Pero creo que unas Buenas Nuevas tales han de traer reavivamiento a cada alma, a cada creyente cuyo orgullo no se interponga a la aceptación de la verdad de que "todo proviene de Dios". 2 Corintios 5:17-19 "De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es: las cosas viejas pasaron; todas son hechas nuevas. Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación: Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación" Pregunto: ¿Podemos reconciliarnos con Dios? --Es imposible. Tenemos la idea errónea de que es con nuestra fe como podemos reconciliarnos con Dios, pero no es así. La Biblia nos dice que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo mismo al mundo entero, ya que la reconciliación o justificación es una obra exclusiva de Dios. Dios nos miró, y vio que éramos absolutamente incapaces de hacer una cosa así. Nos vio como a la mujer sirofenicia o cananea, y vio que nuestras vidas nos llevaban a la destrucción, que no éramos capaces siquiera de tenernos en pie. Pero él es el Gran Médico que sanó del pecado al mundo entero. Desafortunadamente, el mundo no quiere aceptar esta realidad, pero ni uno solo tiene por qué perderse. Por favor, que nadie entre nosotros desprecie este don dado en Jesucristo. Al principio os pregunté si erais creacionistas, si aceptabais el relato de la creación. También os he preguntado si erais espiritistas. ¿Recordáis? Creo que en las horas finales de este mundo, habrá un pueblo que verá y considerará a Dios como a su Creador y Redentor; porque, ¿sabéis?: una cosa y la otra no se pueden separar. El hecho de que Dios nos haya dado el Sábado, tiene muchísimas más implicaciones de las que habíamos percibido hasta ahora. El Sábado nos dice que Dios es Creador y Redentor. Solemos hablar del Sábado señalando a Dios como a nuestro Creador, y simplemente en términos de haber creado este mundo. Pero debemos recordar también que Dios es Creador de nuestra salvación, y no sólo eso, sino que es también Creador del medio --la fe-- por el cual nos apropiamos de esa salvación. A pesar de todo esto, aún hay algunos que piensan que Dios simplemente nos ofrece la salvación, que hizo únicamente provisión para nuestra salvación. Tengamos cuidado a la hora de entender y aplicar la palabra "provisión". Es cierto que hizo "provisión", pero hay más de una forma de entender este término, así que seamos prudentes. Es importante reconocer que lo que Dios nos ha dado es mucho más que una simple oferta provisional. Y algunos dicen: "¡Oh, sí!, está ahí, pero no significa nada a menos que yo lo acepte". Cuando pensamos así, estamos minimizando lo que Dios nos ha dado y el precio que le costó, y por el contrario estamos exaltando nuestra respuesta, lo que nosotros hacemos. La fe, ciertamente, es importante. Hablamos de la justificación por la fe, y verdaderamente lo debemos hacer. Pero aquellos que creen que la realidad de la salvación no empieza hasta que "yo" acepto a Cristo como a mi Salvador personal, sin darse cuenta están haciendo a Dios un espiritista. Dios es espíritu, pero no es espiritista. Creo que hemos de ser espirituales, pero de ninguna forma espiritistas. Distinguimos bien entre la espiritualidad y el espiritismo. E. White tuvo una importante visión, y vio a Jesús hablando con el Padre, y preguntó a Jesús: "¿tiene el Padre forma?" ¿Alguien recuerda esa visión? ¿Qué respondió Jesús? Su respuesta fue afirmativa. Jesús dijo, "sí, mi Padre tiene forma". En otras palabras, tiene lo que podemos entender por sustancia. Y Dios nos ha dado la sustancia, la realidad, de la salvación. Si creéis que la salvación no es ninguna realidad hasta que vosotros no la aceptáis por vuestra fe, estáis diciendo en realidad, inconscientemente, que vosotros mismos habéis tenido la facultad de crear la realidad de la salvación, de convertirla en sustancia, al "crear" vuestra fe. Sin embargo, la salvación existe por sí misma como una realidad para la raza humana entera, sea que la aceptemos, o que no. Puesto que Jesucristo es el Don de la salvación, así es de real nuestra salvación, tan real como Jesucristo, quien es nuestra salvación. A veces nos hemos dejado influenciar por la filosofía griega, y pensamos que la única realidad es aquella que existe en nuestra mente. Os pongo un ejemplo: mirad algún objeto que tengáis delante vuestro. El pensamiento griego dice que ese objeto no tiene realidad hasta que yo lo capto con mi mente, y fuera de mi concepción, ese objeto no tiene realidad (así razona la filosofía griega). Muchos, hoy en día, dicen que el santuario celestial no existe en realidad en el cielo, no tiene una realidad física, sino que existe solamente lo que podríamos llamar "la idea" del santuario. Así que, consciente o inconscientemente, tratan de deshacerse de lo real, y espiritualizan el concepto de santuario celestial. Pero no se paran ahí, porque ahora algunos también espiritualizan la realidad del Sábado, y dicen, "si realmente quieres guardar el Sábado literalmente, como día físico, entonces eres un legalista, porque lo único importante no es el día físico, sino 'la idea' del Sábado". Tenemos por desgracia personas que han llegado a estas conclusiones, porque no se dan cuenta de la realidad de Dios y de la realidad del Evangelio, una realidad objetiva, que existe por sí misma, soberana e independiente de nuestra respuesta. Recordad que cuando se trata del Evangelio, vosotros no sois los creadores, sino los creyentes. Es decir, es Dios el que lo ha creado, y os lo ha dado como una realidad, lo ha puesto en vuestras manos, y nos dice: "Ten este regalo del Evangelio. Cuídalo. Ámalo. Aprécialo". Isaías 44:22 "Yo deshice como a una nube tus rebeliones y como a una niebla tus pecados; vuélvete a mí, porque yo te redimí" Es el privilegio de toda alma, oír en esas palabras inspiradas la voz del Buen Pastor, hablando personalmente a su corazón. Es tu privilegio, mi amigo y hermano, no solamente creerlo para ti, sino darle esa Buena Nueva al mundo. Recuerda: "y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación". E. White nos muestra una interesantísima percepción en cuanto al origen del pecado. Nos dice en Patriarcas y Profetas que Lucifer no apreció lo que Dios le había dado, no hubo en él agradecimiento, su corazón no desarrolló gratitud, y esta es parte de la razón por la que cayó en el pecado; si no la razón, el mecanismo por el que cayó. Así que, cuando vosotros y yo comprendemos lo que costó a Dios darnos el don de la salvación en su Hijo, y la realidad de que siendo aún pecadores, Cristo murió por todos nosotros, que dio su Don por los impíos --como dice Pablo en Romanos 5:6-- no importándole lo que nosotros éramos... Cuando apreciamos esto, triunfamos, y lo más importante: triunfa él en nosotros. Si fracasamos en tener aprecio y gratitud por este maravilloso Don, entonces lo deshonramos ante el universo, y nos condenamos a la muerte eterna. Para concluir os quería pedir que abrierais vuestras Biblias en Génesis 15:1-6 "Después de estas cosas Abram recibió palabra del Eterno en visión, que le dijo: 'No temas, Abram. Yo soy tu escudo, y tu galardón sobremanera grande'. Y Abram respondió: 'Señor, Eterno, ¿qué me has de dar siendo que ando sin hijo, y el mayordomo de mi casa es el damasceno Eliécer?' Y agregó Abram: 'Mira que no me has dado prole, y mi heredero será un siervo nacido en mi casa'. Entonces el Eterno le dijo: 'No heredará ese hombre, sino un hijo tuyo será tu heredero'. Y lo sacó fuera y le dijo: 'Mira el cielo, y cuenta las estrellas, si las puedes contar'. Y agregó: 'Así será tu descendencia'. Y Abram creyó al Señor, y eso se le contó por justicia" Es un relato bien conocido. Lo hemos leído muchas veces. Abram no era todavía el padre de la fe. Se le había prometido un hijo. Jehová le dijo: 'ven, echa un vistazo al cielo en la noche'; le mostró las estrellas, más de las que puede contar una persona, y le dijo: 'tu descendencia será así: incontable'. Luego viene el famoso texto del versículo 6: "Y Abram creyó al Señor, y eso se le contó por justicia". Esta es la primera vez que aparece en la Biblia la palabra "creyó", o "creer". ¿Sabéis cuál es la palabra original en el hebreo? "Amén". Sí, eso es lo que dice el original. Así que, cuando Dios le hizo esta demostración, esta promesa a Abram, mostrándole el incontable número de estrellas en el firmamento, Abram estuvo tan agradecido, tan sobrecogido, que clamó "Amén". Esto es lo que Dios espera de ti y de mí, cuando comprendemos la realidad de la Salvación, es decir, lo que le costó a Dios nuestra Salvación. Si al apreciar esta salvación tan grande nuestros corazones se desbordan en agradecimiento y claman, "¡Amén!" (que así sea), eso es lo que Dios desea y espera, y ciertamente lo que merece, porque "el Cordero es digno". Y también esta es mi oración hoy; que vosotros y yo seamos el Amén de Dios en las horas finales de la historia. Él es el único y gran Dios, y nos ha dado lo equivalente a lo que él es. No sólo nos ha dado todo lo que somos y tenemos. No. En el don eterno de su Hijo nos ha dado todo lo que él es y todo lo que él tiene. Y nosotros, que éramos y somos indignos, somos los recipientes de este don sublime. El Señor nos llama para que lo demos a conocer al mundo, para que le expliquemos cuán buenas y maravillosas son las Buenas Nuevas. ¡Amén! Contemplar su gloria Tema nº 5 El texto introductorio para el tema de hoy lo encontramos en Hebreos 2:14 y 15: "Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre" El Señor Jesús ha firmado con su propia sangre la declaración de emancipación de toda la raza humana, desde el principio de la historia. La hermana White lo confirma en el libro El ministerio de curación, p. 59. Allí afirma que Cristo, al igual que Abraham Lincoln, firmó los documentos de emancipación para todos los esclavos, para que dejaran de serlo. Mediante esta firma de Abraham Lincoln, todos los esclavos de los Estados Unidos debían ser considerados libres, es decir, se abolía su condición de esclavos. En ese viernes en el que Cristo fue clavado en la cruz y murió, firmó con su sangre los documentos legales de emancipación de toda la humanidad. Eso son realmente Buenas Nuevas. Espero que lo sepamos apreciar. Reflexionemos en cuanto a qué fue lo que Dios dio a Adán y Eva. Génesis 2:15-17: "Tomó, pues, Jehová Dios al hombre y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo cuidara. Y mandó Jehová Dios al hombre diciendo: 'De todo árbol del huerto podrás comer; pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás, porque el día que de él comas, ciertamente morirás'" Dios puso al hombre en el jardín del Edén, y le dio el consejo y el mandato de que lo cuidara y guardase, y que también apreciara lo que Dios le estaba dando. Le dijo al hombre: 'puedes comer libremente de todo árbol, excepto de un árbol del cual no debes comer, porque si lo haces, con seguridad morirás'. ¿Qué significaban esos árboles de los cuales sí se podía comer libremente? Queridos hermanos, esos árboles representaban la justicia de Cristo. En Isaías 61:3 leemos: "Serán llamados 'árboles de justicia', 'plantío de Jehová', para gloria suya" Y en el Salmo 1:2 y 3: "...sino que en la ley de Jehová está su delicia y en su ley medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas..." Se nos dice que los árboles son representaciones de su justicia, y fue con esa justicia, la de Cristo, con la que rodeó Dios a nuestros primeros padres en Edén. Dios les ordenó que se mantuvieran apartados de un solo árbol. ¿Era eso una prueba difícil? En el libro Patriarcas y Profetas el Espíritu de Profecía nos dice que esa era la prueba más leve que Dios les podía poner, porque incluso en esa pequeña prueba, Dios les quería mostrar las Buenas Nuevas del Evangelio: 'Para el que cree, es fácil salvarse; y difícil perderse'. Hechos 10:34: "Entonces Pedro, abriendo la boca, dijo: En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas" ¿Creéis que este versículo dice la verdad? ¿Estáis seguros? Pedro le dijo eso a Cornelio, pero lo que él dijo ¿nos sirve a nosotros hoy? Entonces debemos concluir que Dios no ama a uno más que a otro, ni que tampoco hace la salvación más fácil para uno que para otro, ¿no os parece? Te pregunto, ¿Dios te ama a ti, tanto como amó a Adán y a Eva? ¿Qué te parece? ¿Alguno puede pensar que Dios no ha amado a toda persona de igual manera, en toda época? --No, ¿verdad? Pues entonces, si Dios hizo muy fácil la prueba a Adán y a Eva en el huerto del Edén, es de lógica que la prueba que Dios nos pone hoy para nuestra salvación, ha de ser fácil también, ¿no os parece? Hermanos y amigos, el Señor ha hecho fácil el camino de la salvación para el que cree, y difícil el de la perdición. Es así en toda época y lugar, y para todo ser humano. Lo que me parece realmente difícil, es el comprender por qué algunos creen que no es así. Nunca debemos olvidar lo que nuestro Padre celestial ha hecho. Y os digo que no hay padre ni madre que dificulten a sus hijos el que triunfen en esta vida. Hemos llegado a tal punto, que hemos convertido las Buenas Nuevas en menos buenas de lo que son, las hemos terminado haciendo "malas nuevas". Nuestros jóvenes en la iglesia están en desesperada necesidad de comprender lo buenas que son, lo grandes y maravillosas que son las Buenas Nuevas. En varias ocasiones he tenido la oportunidad de trabajar con jóvenes. Doy semanas de oración, y siento constantemente el desafío de hacer que la Biblia sea para ellos un libro viviente. He visto ya a demasiados jóvenes mortalmente aburridos con lo que se les enseña. Eso es realmente triste, puesto que perdemos a muchos de ellos por esa razón. Mateo 11:28-30: "Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas, porque mi yugo es fácil y ligera mi carga" Jesús no dijo: 'venid a mí, y os daré problemas'. No dijo: 'venid a mí, y veréis lo difícil que es ser salvo', sino que dijo: 'lo que quiero es daros reposo, ya que mi yugo es fácil y mi carga es ligera'. Cuando estudio con los jóvenes, les digo: 'Imaginad que estamos todos juntos estudiando la Biblia en un local de dos habitaciones. En una estamos nosotros estudiando, y en la otra, imaginad que está el personaje popular favorito de cada uno de vosotros'. Les insisto: 'imaginad que en la otra habitación está esa súper estrella de la actualidad mundial, ya sea de música, deportes, etc'. Y sigo preguntándoles: '¿os resultaría difícil continuar estudiando la Biblia con el grupo de hermanos?' La respuesta de ellos es que sí, que les resultaría dificilísimo no pasar a la otra habitación. Les supondría un horrible esfuerzo el continuar con el grupo de estudio de la Biblia, en lugar de ir a visitar a su ídolo. Entonces les explico que eso mismo, es decir, el hecho de no poder prácticamente resistir el deseo de ir a ver a nuestro personaje favorito, eso mismo es lo que sucede con el evangelio: no podemos resistir su atracción cuando lo hemos conocido verdaderamente. El evangelio tiene un poder tal, que es difícil resistirlo. Para la mayoría de los jóvenes, lo más difícil es creer eso. No se dan cuenta de la belleza y del poder que encierra el evangelio. Porque este maravilloso evangelio, de alguna manera, consciente o inconscientemente, les ha sido ocultado en su belleza incomparable. El mundo los bombardea constantemente con la idea de que el evangelio es aburrido. Y nosotros, queriéndoles ayudar, no permitiendo que ideas como esas penetren en sus mentes, los motivamos y forzamos a que sean cada día mejores cristianos, contribuyendo así a inculcarles un doloroso y aburrido programa de obras. No hace mucho tiempo oí a alguien decir: '¿Te gustaría caminar sobre el agua? Pues para caminar sobre el agua tienes que salir del bote' También oí algo así: 'Para ser buen cristiano tienes que hacer algo: tienes que estudiar la Biblia, tienes que orar, tienes que testificar, tienes que buscar una relación más estrecha con Cristo, etc'. Queridos hermanos, todo este tipo de consejos no hace sino fomentar la justicia que es por las "obras de la ley". Y tanto los jóvenes como los adultos se sienten bajo un yugo opresivo de esclavitud, y no conocen el gozo de la salvación. ¿Habéis estado en alguna reunión de testimonios? Se suele preguntar: '¿Alguien quisiera dar testimonio del amor de Jesús por él, alabarlo por ese gran amor?' ¿Qué sucede en este tipo de reuniones? Por lo general aparecen dos tipos de personas ante ese llamado: las que no dicen nada en absoluto, o las que no hay manera de hacer callar, puesto que todo lo que dicen es referente a ellos mismos, y no al amor de Jesús por ellos. Cuando se ha experimentado la verdadera fe que viene por el evangelio, en una reunión de testimonios, así como en toda ocasión posible, es imposible permanecer en silencio, y cuando se habla es para hablar de Jesús y de su amor. Cuando sucede algo así todos querrían hablar al mismo tiempo. Sinceramente me siento muy triste cuando pasan cosas de este tipo, pero ciertamente, más triste debe sentirse Jesús. Debe sentirse triste al ver que para la mayoría no hay gozo en dar testimonio público, puesto que la mayoría de veces, como hemos dicho, lo que más abunda es el silencio o el sentimentalismo televisivo enfermizo del "yo". Cuando entendamos el gozo del evangelio, será imposible quedarnos sentados en silencio y no hablar de Jesús solamente, porque comprenderemos lo difícil que es perderse, y lo fácil que ha hecho Jesús la salvación. E. White nos dice: "No deduzcamos, sin embargo, que el sendero ascendente es difícil y la ruta que desciende es fácil... El amor de Dios es tal que los desatentos y obstinados no pueden destruirse fácilmente..." (El Discurso Maestro de Jesucristo, p. 117-118). Por lo general, y desgraciadamente, describimos a nuestros jóvenes el camino ascendente al cielo como algo verdaderamente difícil, y ellos lo perciben tan difícil, que viven la religión desprovista completamente de gozo, y eso les lleva a decirse: "comamos y bebamos, que mañana moriremos". ¿No es eso triste? Os animo a dedicar vuestro mejor tiempo a predicar el evangelio a los jóvenes especialmente en vuestras congregaciones, de tal forma que ese evangelio tenga un poder de convicción tal, que haga a Jesús atractivo, que lo haga "todo él deseable". Y hermanos, eso sólo pasará cuando presentemos a Jesús en su belleza, en todo su amor. Ahora voy a tratar de responder algunas preguntas que me habéis formulado: Pregunta: ¿Cómo podemos explicar el texto de Hebreos 9:8-12, en relación con 1844? Respuesta: Creo que hace un año estuvo aquí el pastor J.W. Peters, y habló precisamente de eso. Si comprendo bien la pregunta, creo que tiene que ver con el hecho de si Jesús ascendió o no al lugar santísimo directamente, cuando subió al cielo. En caso de haber sucedido así, ¿qué importancia tendría 1844? Trataré de responder de la siguiente forma: Jesús se sentó a la diestra de Dios, y eso significa que se le dio la autoridad de Dios, y en cierto sentido, en 1844, tuvo ya lugar el comienzo de las bodas. Solemos pensar que las bodas tienen lugar cuando Jesús vuelve por segunda vez, pero según Daniel 7:26-27, Lucas 12:36 y Apocalipsis 19:6-9, la boda no puede tener lugar hasta que la esposa no haya sido reconciliada con el Esposo. Y esto no pudo tener lugar cuando Cristo ascendió al cielo, porque en ese caso Cristo hubiese venido ya. El hecho de que el pecado continúe, demuestra que la esposa no ha sido plenamente reconciliada con el Esposo. Así que la idea de que Jesús entró en el lugar santísimo después de su ascensión, es una negación implícita de la verdad bíblica de la reconciliación o expiación final. Pregunta: ¿Qué relación tiene el mensaje de la reforma pro-salud y el mensaje del tercer ángel? Respuesta: Nunca he deseado dar a entender que la reforma pro-salud no tenga que ver con el mensaje del tercer ángel. Pero quiero recalcar que la reforma pro-salud no es el mensaje del tercer ángel en su plenitud. La reforma pro-salud forma parte del mensaje del tercer ángel, pero no es la totalidad. Hay dos extremos en los que podríamos caer: un extremo es que podemos ignorar el mensaje de la reforma pro-salud, y el otro extremo es que la reforma pro-salud sea algo tan prominente que lo convirtamos en el centro del mensaje del tercer ángel (cuando sólo Cristo debe serlo). ¿Por qué nos dio Dios el mensaje de la reforma pro-salud? Recordemos en primer lugar que el mensaje de la reforma pro-salud no debe ser algo egocéntrico; es decir, un mensaje enfocado hacia nuestros propios intereses de salud, en el sentido de una mera prolongación de la vida física. Demos un ejemplo también en esto: En Estados Unidos tenemos una organización o asociación que lucha por los derechos y la vida de los animales. ¿Conocéis organizaciones similares? Están en contra de maltratar a los animales. Tenemos en Boston un restaurante vegetariano que está dirigido por miembros de mi iglesia local, y muchas personas van a comer allí, y preguntan a los empleados por qué son vegetarianos. Ellos responden: "para tener mejor salud, para que mi vida sea de mayor calidad, y para que nuestra mente permanezca clara y serena, de forma que podamos comprender mejor a Dios". Estas respuestas son nobles y ciertas, pero para los que pertenecen a la organización de defensa de los animales y que no son cristianos, todo eso no significa mucho. Lo que les preocupa a ellos es únicamente los animales. Da la sensación que están más preocupados por los animales que por las personas, lo cual es una paradoja. Pero... ¿Sabéis cuál es la última palabra que figura en el libro de Jonás? Sí, la última palabra es: "animales", refiriéndose probablemente a animales domésticos. Así que, ¿por qué salvó Dios a la ciudad de Nínive? Parece increíble, pero la Biblia nos dice que Dios salvó a Nínive, no solamente por los hombres y mujeres que la habitaban, sino también por amor a sus animales. Dios tuvo compasión. La tiene hoy. Ahora, no vayáis a pensar que voy a hacer de esto el punto principal de alguna nueva teología, pero el hecho está ahí. Así que podemos pensar que nuestro interés no solamente debe estar centrado en nosotros mismos, en cuanto a la reforma pro-salud, sino también por el respeto que tenemos hacia los seres creados por Dios, y por el amor que él tiene por ellos. E. White nos dice que hay un asunto moral implicado en sentir compasión hacia los animales, y desafortunadamente muy rara vez pensamos en esto (ver Prov. 12:10; Gén. 9:9 y 10; Sal. 36:6; Rom. 8:19-22; Apoc. 14:7; 11:18). Si alguien debe destacarse también en defensa de los animales, de forma razonable y no exagerada (de manera que los antepongamos a las personas), esos debiéramos de ser nosotros. Una de las formas para expresar el amor hacia los animales es... ¡no comérselos! Por primera vez, pastores adventistas están dando conferencias en las mezquitas. Hace algunas semanas algunos dirigentes de la División Norteamericana de nuestra iglesia predicaron en alguna mezquita, y no tenía nada que ver con las tragedias del 11 de septiembre, sino con un diálogo cada vez mayor, en el que los musulmanes se están abriendo más y más a la Iglesia Adventista. ¿Sabéis por qué? ¿Sabéis cuál es el tema que les atrae de nosotros? El que, como ellos, no comamos cerdo y somos vegetarianos. Si hay un acercamiento con musulmanes, ¿por qué no también con estas personas ecologistas en favor de los animales? ¿Por qué no aprovechamos nuestro mensaje para acercarnos a ellas, y decirles que nosotros también amamos a esta creación, puesto que amamos a nuestro Creador? No practiquemos la reforma pro-salud únicamente por el bien que nos hace a nosotros, sino también por la creación, la cual pertenece a nuestro amoroso Creador. La reforma pro-salud, pues, forma parte del mensaje del tercer ángel. Pregunta: Si Jesús en su omnisciencia sabía de antemano que debía morir, ¿por qué lo hizo? Respuesta: No estoy seguro de entender bien la pregunta, pero evidentemente, hay más de una razón para la muerte de Jesús. No solamente murió para salvar a la raza humana, sino también para revelar el amor de Dios al universo. Cristo aceptó el plan de Dios, de forma que pudiese glorificar plenamente a su Padre celestial. Y la Biblia nos dice que "no abrió su boca" (Isa. 53:7), que "como cordero fue llevado al matadero" (id.) A ese respecto, cuando Jesús fue arrestado, se sometió a la multitud enfurecida, a lo que era inevitable, porque deseaba demostrar al universo quién y cómo era su Padre. Eso forma parte de un proceso de humillación, de sometimiento, de rebajarse y hacerse dependiente, con las limitaciones de la raza humana. Esto nos da una profunda percepción de lo que sucede en el lugar santísimo, es decir, que todo un Dios independiente y soberano quiso hacerse voluntariamente dependiente de nosotros. Y en este orden de ideas pienso que Cristo quiso manifestar cuál era el carácter de su Padre. Pregunta: ¿Cuáles son los problemas en la Iglesia Adventista, en relación con los movimientos separatistas? Respuesta: Una vez más, he de esforzarme para averiguar cuál es la verdadera intención de la pregunta. Es una pregunta importante. En Estados Unidos hay una cantidad numerosa de grupos en la Iglesia Adventista, que creen que la iglesia se ha convertido en Babilonia, y muestran una actitud muy crítica hacia la Iglesia. Esos grupos han establecido sus propias iglesias. Algunos se reúnen en casas, e incluso hay un grupo que cree que tiene que volver a la iglesia de Filadelfia, debido a que Laodicea "se ha corrompido". Una de sus expresiones favoritas es, "no he abandonado a la iglesia, sino que la iglesia me ha abandonado a mí". ¿Habéis oído esto alguna vez? Pues esto es lo que muchos grupos en América están diciendo. No es envidiable el puesto que ocupa hoy ningún dirigente o administrador en la Unión o en la División. Solamente la gracia de Dios puede mantener hoy a la Iglesia unida. Algunos dicen que la Iglesia no sigue al Espíritu de Profecía, y que las normas se han rebajado tanto, que --dicen-- ésta no es la Iglesia en la cual yo me bauticé; luego añaden lo dicho anteriormente, afirman: "no es que yo haya dejado la iglesia, sino que la iglesia me ha dejado a mí". Pero ¿en qué se equivocan al hacer esta afirmación? Os explicaré una pequeña historia. Hace ya algunos años vino a mí una mujer perteneciente a uno de estos grupos disidentes. Asistió durante varias semanas a mi iglesia. No era adventista. Me dijo un día: "Hace años que yo asistía a la iglesia, pero muchos en la congregación eran extremadamente tibios. Entonces tuve que abandonar la iglesia para no volverme laodicense como ellos". Me dije: esta joven está impregnada del pecado que es sobre todos los pecados: el de la justicia propia. En el momento en el que yo pienso que algún otro es un tibio laodicense, o que algún otro es fariseo (y yo no), estoy claramente infectado por el pecado de la justicia propia. Olvidamos que cuando Moisés descendió de la montaña, y vio a los hijos de Israel implicados en aquellos terribles actos de desobediencia e incredulidad (recordáis la adoración al becerro de oro), al verlos así, después de haber estado implicado en una grandiosa obra de reforma, decidió volver al monte y prefirió dar su vida, no sólo la temporal, sino la eterna, por salvar el honor de Dios y al pueblo apóstata. Toda persona que está tentada a la disidencia, es decir, a separarse de la iglesia, debiera recordar el ejemplo de Moisés. ¿Creéis que la Iglesia Adventista es la iglesia remanente? --Sí, ¿verdad? Os pregunto: ¿Seríais capaces de perder vuestra vida eterna por esta iglesia? Al responder, sed cuidadosos. No seáis como Pedro, que dijo: "Señor, mi vida pondré por ti", porque la única respuesta sensata es decir: "Espero, Señor, que por tu gracia sea capaz de esto", ya que no nos conocemos a nosotros mismos. No sabemos realmente qué se esconde dentro de cada corazón. Si creemos que esta iglesia es el pueblo remanente de Dios --y lo es--, Dios creará en vosotros el deseo de dar la vida por su iglesia, tal como hizo Jesús cuando murió la segunda muerte. Si amáis a Jesús, es imposible que no améis a su Esposa. No podéis amar a vuestro padre, sin amar también a vuestra madre, porque el marido y la mujer son uno. Lo sabíais, ¿verdad? Estoy seguro de que el mismo problema con los grupos disidentes que hay en América, debe existir también en Europa, porque todos estamos hechos de la misma sustancia. Oremos pues para que estos hermanos puedan contemplar el evangelio en su maravillosa plenitud. Quizá un problema sea que personas en diferentes puestos de responsabilidad en nuestra denominación, algunas veces consideran a los simpatizantes del mensaje de 1888 como disidentes, y los incluyen con los demás grupos. Intentan hacer creer que no hay diferencia, que somos todos lo mismo. Y algunas veces hemos de ser cuidadosos en no dar la impresión de que eso sea así. Esta es una de las razones por las cuales, cuando sufrimos la persecución, lo único que podemos hacer es sufrir en silencio. Recordad que Jesús fue como cordero llevado al matadero, y no abrió su boca. Es más importante vivir el evangelio con nuestras vidas, que intentar defenderlo con nuestras palabras. La evidencia tiene mucho más poder que la profesión, y cuando ambas cosas se contraponen, deshonramos a Dios. Que él nos de su gracia para vivir de forma que lo honremos. Debemos sentir amor y compasión por esos grupos disidentes. A veces tenemos tendencia a sentirnos diferentes de ellos, y creamos una barrera por miedo a que se nos identifique con ellos. Me pregunto: ¿Es esa la forma correcta de actuar? ¿Qué habría hecho Jesús? ¿Recordáis la historia de David Coresh, en Waco, Texas? Cuando David Coresh se convirtió en noticia en el país, en la tragedia de Waco, me sentí chasqueado de que nuestra Iglesia hiciera tan grandes esfuerzos para dar a entender por todos los medios que no teníamos nada que ver con David Coresh. Creo que habría sido mejor que hubiéramos hecho todo lo posible de nuestra parte por intentar reconciliarnos con ese grupo y su dirigente, e invitarlos a volver a la Iglesia Adventista, puesto que salieron de allí. Sí. Creo que eso hubiera sido mejor que decir simplemente que no tenemos nada que ver con ellos. A veces nos preocupa tanto la reputación de la iglesia, que olvidamos a los seres humanos. El hecho es que David Coresh era de alguna manera mi hermano, vuestro hermano también. De hecho, yo soy David Coresh, y cada ser humano lo es, si rechaza la gracia de Dios. Lo que le sucedió a él, es tanto mi culpa, como la culpa de los que le dispararon. Si hay grupos disidentes, debiéramos preguntarnos sinceramente: ¿Por qué existen? Tiene que haber una razón. Y es importante que esto nos lleve a un auto-examen. Cuando suceden cosas indeseables, haremos bien en ir al espejo a mirarnos y ver qué deberíamos hacer, cuál es nuestra responsabilidad, cuál es nuestra parte. Porque incluso aunque estemos en desacuerdo con estos grupos disidentes en su doctrina y conducta, debiéramos amarlos de la misma forma en que Cristo los ama. Estos grupos simplemente están respondiendo a la condición de la iglesia. ¿Acaso no somos tú y yo responsables de la condición actual de la iglesia? Nosotros que profesamos amar el mensaje de 1888, ¿no somos acaso también responsables de la condición actual de la iglesia?, ¿o somos más justos que los demás, por el hecho de apreciar este mensaje? Espero que nadie piense de esta forma. Pregunta: ¿Qué significa, "maldito todo el que es colgado de un madero" de Gál. 3:13 y Deut. 21:23? Respuesta: Había en el Antiguo Testamento una costumbre, según la cuál todo aquel que era colgado de un árbol o madero, se lo consideraba como objeto principal de la maldición de Dios. Cuando Pablo emplea estos términos en la epístola a los Gálatas, se está refiriendo a esta creencia expresada en Deuteronomio. Como sabéis, esta ley particular se instituyó con el deseo de parte de Dios de enseñar el evangelio. Cristo mismo estaría dispuesto a descender tan bajo, que sería hecho maldición de Dios. Es decir, se lo trataría como al más vil criminal, como al peor de todos los malhechores, como al que es rematadamente desobediente a Dios. Cuando se dice: "maldición de Dios es el colgado de un madero", esto revela de una forma muy especial el carácter de Dios, porque Dios mismo llegaría a ser tan humilde que sería considerado "maldición", y no hay mayor profundidad que esa; es imposible imaginar que alguien descienda más que eso a fin de salvarnos. Cuando he presentado a Dios como "el que ruega, o el que suplica", no cabe un mayor grado de humillación. El que lo tiene todo, que lo posee todo, ruega y suplica por nuestra salvación. ¿Qué más podía hacer para atraernos con lazos de amor, para ganar nuestros corazones y voluntades? Para mí, esto revela una asombrosa demostración del carácter de amor (ágape) de Dios. Pensad en esto: Jesús no pudo descender más bajo, no había un nivel inferior al de "maldición de Dios". La maldición es lo opuesto al lo que es Dios. Cuando veáis la profundidad a la que fue capaz de descender ese amor, nunca dudaréis de lo que Dios está dispuesto a hacer a fin de salvaros, porque él quiere que seáis salvos; no que os perdáis. Muchos piensan hoy que cuando la Biblia dice que "el camino que lleva a la perdición es ancho, y que el camino al cielo es estrecho, y pocos son los que lo transitan" (Mat. 7:13 y 14), eso significa que Dios ha hecho difícil la salvación y fácil la perdición. Pero como probablemente sepáis ya, la única razón por la que el Señor dice que el camino es estrecho, es porque en el camino sólo cabemos nosotros: es demasiado estrecho para entrar en él con el maldito equipaje de la justicia propia: nos hemos de desprender de toda nuestra carga de pecado, puesto que cargados con ese equipaje es imposible transitar por él. En ese sentido, el camino es estrechísimo. No olvidéis: cabéis perfectamente vosotros solos, pero no cabéis con equipaje. Y no olvidéis que vuestro Padre celestial está más ansioso de estar con vosotros, que vosotros de estar con él. Pregunta: ¿Qué significa tener una conciencia pura, con pensamientos puros? ¿Cuál era la mente de Jesús? Respuesta: Si deseáis tener la mente de Cristo, recordad en qué consiste (Fil. 2:5-8). La mente de Cristo siempre tiene que ver con el servicio a los demás. Seguramente habéis oído a muchos decir algo parecido a esto: "Hay tanta maldad en el mundo, que me parece imposible mantenerme puro y vencer el pecado". Entonces buscan la manera de alejarse y apartarse a vivir en el campo, porque allí les da la sensación de que podrán por fin mantenerse puros. Tengo un compañero en el ministerio que hizo esto mismo. Se alejó tanto como pudo del mundo, para alejarse del pecado. Tomó a su familia y se fue a un lugar remoto y perdido. Impidió pues que sus hijos se mezclaran y tuvieran relación con otros niños. Aisló a su familia por completo. Y durante algún tiempo, tanto él como la esposa no llevaron a los niños a la iglesia, porque tampoco querían que la influencia de otros niños en la iglesia pudiera significar algo negativo para ellos. ¿Os podéis imaginar a un pastor, no llevando a los hijos a la iglesia para que no se contaminasen con las costumbres mundanas de los demás niños? No pasó mucho tiempo cuando nos volvimos a encontrar, y me dijo: "he descubierto que el pecado está en todas partes". Yo le dije: "¿Cómo siendo tú pastor, tardaste tanto en descubrir que el mundo está en todas partes?" Hermanos, la pureza no tiene nada que ver con el aislamiento de la gente; Jesús no estaba aislado. La pureza tiene que ver con la separación y aislamiento del pecado, pero no del pecador, no de la gente. Y digo esto como ser humano preocupado por la salvación de las almas. Hay una razón fundamental por la cual hay que vivir en el campo, y es la de desarrollar un carácter justo, para poder así ministrar en favor de las personas que viven en las ciudades. Una persona que tiene la mente pura, cuanto más pura sea su mente, más sentirá la responsabilidad por ganar almas para Jesús. Recordad: no solamente "abstenerse del mal" (1 Tes. 5:22), sino, "que no nos cansemos de hacer el bien" (2 Tes. 3:13). Tú y yo debemos estar allí donde está la gente. Jesús dividió su ministerio entre la soledad de la montaña y el bullicio de la multitud. Recordad también que la definición de pecado es "transgresión de la ley", y seis de los diez mandamientos tienen que ver con nuestro prójimo. Como dijo el pastor Wieland: "no os preocupéis por demostrar cuánto amáis a Dios; demostrad cómo amáis a las personas, y habréis demostrado ambas cosas". El amor a Dios se demuestra amando al prójimo. Juan 13:34: "Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros" ¿Nunca os habéis preguntado por qué en este nuevo mandamiento se omite el amor a Dios? ¿Realmente creéis que se omite? Leemos también en 1 Juan 4:20: "Si alguno dice: 'Yo amo a Dios', pero odia a su hermano, es mentiroso..." No podemos pretender ser cristianos y amar a Dios, y no poder amar a algún hermano. Recordemos también que la maldad, no es que esté en otros y nos contamine, no es que se nos adhiera, sino que está en nosotros y nos acecha desde adentro a cada uno. ¡No culpemos a los demás! "Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lujuria, la envidia, la calumnia, el orgullo y la insensatez. Todas estas maldades salen de dentro y contaminan al hombre" (Mar. 7:21-23). Y lo que nos purifica no es algo que viene de nuestro interior, sino que es exterior. "El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado" (Rom. 5:5). Cuanto más nos acerquemos a Jesús, cuanto mayor revelación veamos de su gloria, más reconoceremos nuestra impureza. Jamás pensaremos o diremos: "me estoy volviendo más y más puro", porque Pablo casi al final del trayecto de su vida dijo lo que está escrito en 1ª de Timoteo 1:15: "Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero". Y tengamos en mente que el mensaje a Laodicea consiste en que "tú eres pobre, miserable, ciego y desnudo", pero peor que eso: "tú dices, soy rico y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad. Y no sabes..." (Apoc. 3:17). Así pues, al oír este mensaje de la justicia de Cristo, descubrimos nuestra gran necesidad de él y nos humillamos ante la presencia de Dios, sabiendo que nos revelará también más y más profundamente aquello que hay escondido en nuestro corazón, en contraste con el gran amor y justicia de Cristo. En las horas finales habrá personas que serán como los discípulos que juraron no abandonar nunca a Jesús, sobre todo Pedro. Él dijo: "Maestro, mi vida pondré por ti", pero no sabía realmente lo que escondía su corazón. Pregunta: ¿Cuáles son "las obras de muerte, u obras muertas", de Hebreos 9:14? Respuesta: Hay una diferencia --en la comprensión de Pablo-- entre las obras de la ley u obras de muerte, y las buenas obras u obras de la fe. Las obras de muerte o de la ley, son lo que conocemos hoy por legalismo. Las obras de la fe o buenas obras, son el resultado directo de una fe genuina. De hecho, son la esencia misma de la fe, la fe que obra por el amor (Gál. 5:6). Estoy agradecido por todas vuestras preguntas. Que Dios os guarde y os bendiga. Contemplar su gloria Tema nº 6 Quisiera hoy estudiar un par de textos referentes al evangelio. Quizá sean textos con los que no estáis demasiado familiarizados. Quizá no se trate de un tema habitual en las predicaciones. Hechos 26:14: "Y habiendo caído todos nosotros en tierra, oí una voz que me hablaba, y decía en lengua hebraica: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Dura cosa te es dar coces contra los aguijones" Este es un escenario muy real. No hay aquí nada teórico, nada teológico, en el sentido de la enseñanza habitual en los seminarios de teología. Lo que percibimos es algo muy práctico. Es --por decirlo así-- el sentido práctico del Evangelio. Saulo creía que estaba obrando muchísimo por Dios y por su causa, pero realmente sabemos que estaba haciendo todo lo contrario: iba en contra de Dios y de su obra. Y el Señor --nos dice la Escritura-- tuvo que decirle: "¿Por qué me persigues? Dura cosa te es dar coces contra el aguijón". Dios estaba reprendiendo a Saulo mediante su conciencia. Aquel "silbo apacible" traía convicción de pecado a su alma. Finalmente hubo una confrontación, y el Señor dijo a Saulo: 'Hijo: aunque te apoye toda la sinagoga, estás obrando en contra mía, y eso te resulta muy duro, complicado y difícil.' Si vosotros y yo decidimos tomar la determinación de ir a la destrucción y perdernos, sepamos que a cada paso de nuestro camino el Señor nos rogará, porque él no quiere nuestra perdición. Podemos pues dar gracias a Jesús por continuar haciendo por nosotros la misma obra que hizo con Saulo: ponernos difícil la perdición eterna. ¿Estáis agradecidos a Jesús por eso? Yo sí, puesto que también he sido como Saulo. Dios nunca nos deja ni nos abandona; él no soporta nuestra perdición; quiere que seamos salvos. Proverbios 13:15: "El camino de los prevaricadores es duro" Dios ha hecho difícil el camino del transgresor, a fin de que se arrepienta. Un pensamiento tal me motiva a considerar el evangelio. Y hoy espero hablaros un poco del evangelio. Nos hemos referido ya a la justificación legal, corporativa o universal. Bien, ahora desearía hablaros de la justificación por la fe: del aspecto subjetivo de la justificación. Hemos hablado de la parte objetiva: de lo que Dios ha hecho por todo ser humano, al margen de lo que éste haga o deje de hacer; y ahora hablaremos del aspecto subjetivo, es decir, de la parte que nos corresponde a nosotros: la fe, o el creer. Efesios 2:8: "Por gracia sois salvos por la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios" Hoy quiero tratar con vosotros el siguiente tema: la fe. ¿Qué es eso que llamamos fe? Como sabéis, en el idioma griego del Nuevo Testamento, la palabra fe viene de la palabra creer. Oímos frecuentemente la expresión: "la fe del Nuevo Testamento". No estoy seguro de que se deba emplear esta expresión. Pienso que la fe es la fe, al margen de la época en la que se ejerza. A veces da la impresión de que pensáramos que la fe del Antiguo Testamento no es de la misma calidad, o que es diferente de la del Nuevo Testamento, cuando realmente no es así. Los grandes ejemplos de la fe, los grandes héroes de la fe, en las Escrituras, se describen en el libro de Hebreos, capítulo 11. Y es significativo que todos los personajes citados allí pertenecen al Antiguo Testamento. Aún más: el gran paradigma de la fe, en el Nuevo Testamento, es Abraham, y a él se lo conoce como al padre de los creyentes. Romanos 4:1, 11, 12, 16 y 17: "¿Qué, pues, diremos que halló Abraham nuestro padre según la carne?... Y recibió la circuncisión por señal, por sello de la justicia de la fe que tuvo en la incircuncisión: para que fuese padre de todos los creyentes no circuncidados, para que también a ellos les sea contado por justicia; y padre de la circuncisión, no solamente a los que son de la circuncisión, mas también a los que siguen las pisadas de la fe que fue en nuestro padre Abraham antes de ser circuncidado... Por lo tanto es por la fe, para que sea por gracia; para que la promesa sea firme a toda simiente, no solamente al que es de la ley, mas también al que es de la fe de Abraham, el cual es padre de todos nosotros, (Como está escrito: Que por padre de muchas gentes te he puesto) delante de Dios, al cual creyó; el cual da vida a los muertos, y llama las cosas que no son, como las que son" Gálatas 3:7-9 y 29: "Sabéis por tanto, que los que son de fe, los tales son hijos de Abraham. Y viendo antes la Escritura que Dios por la fe había de justificar a los Gentiles, evangelizó antes a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones. Luego los de la fe son benditos con el creyente Abraham" He querido haceros esta observación para que cuando hablemos de fe vuestras mentes no se queden con la idea exclusiva de que la fe del Nuevo Testamento sea distinta de la del Antiguo, o de una calidad inferior. La fe es fe, esté donde esté. Hemos leído que somos salvos por la gracia mediante la fe, o a través de la fe. Ahora leamos Romanos 10:9 y 10: "Si confesares con tu boca al Señor Jesús, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia; mas con la boca se hace confesión para salud" Vemos en estos versículos que la fe tiene que ver con el corazón. "Con el corazón se cree para justicia". La voluntad de la fe, o la voluntad de creer, es nuestra respuesta al Evangelio. Así pues, no es tanto un asentimiento intelectual, si no que es algo que tiene relación muy definida con la esencia misma de nuestro ser. Nuestro amor por Dios debe expresarse mediante el acto de la fe. Podríamos decir que la fe es el aprecio de todo corazón por lo que Dios ha hecho, el aprecio por la obra de Dios hecha en nuestro favor. Esta definición de fe que acabamos de expresar, ¿os resulta familiar? La utiliza un autor bien conocido por vosotros. Es una maravillosa expresión (del pastor Wieland). Pero, ¿de dónde creéis que el autor la extrajo? La primera vez que escuché esta definición de fe, fue de labios de un teólogo escocés, un tal A.B. Bruce. No sé si lo conocéis. A mediados del siglo XIX escribió un libro que en su reedición se tituló: "La formación de los doce", refiriéndose a los doce discípulos. Aún es posible encontrarlo. Es un libro extraordinario. En ese libro leí por primera vez esta expresión que define la fe como la apreciación profunda del corazón hacia el Evangelio. Esta expresión existía antes de que E. White escribiera, y desde luego antes que escribiera el pastor Wieland, o de que ni siquiera existiera. Esa forma de definir la fe encierra un concepto profundo y maravilloso. Repitámoslo: la fe es una sincera apreciación del corazón por lo que Dios ha hecho por nosotros. Recordad lo dicho en uno de los temas anteriores: que una de la razones por las cuales cayó Lucifer --según explica E. White-- fue la falta de apreciación por el amor de Dios, la falta de agradecimiento por un amor tal. Lucifer dejó de mostrar agradecimiento por lo que Dios había hecho. No se mantuvo en una actitud de agradecimiento. Así, vosotros y yo estamos en necesidad de recordar continuamente el grandioso amor de Dios y su obra, a fin de que nuestras almas sean confortadas, y nuestras voluntades subyugadas. Esta es la razón por la cual, en las horas finales de la historia, los que carezcan de esta fe que hemos definido como una apreciación profunda y sincera del amor de Dios, naufragarán. Lo que nos motiva a ser fieles es el saber que Dios y Cristo nos aman, demostrándolo al dar la vida de Cristo por la humanidad. La comprensión y fijación de esa verdad en el corazón, hará lo mismo que hizo con los discípulos esa verdad: los transformó, de ser un grupo de insubordinados antes de la cruz, a ser un grupo de personas con el alma subyugada, después de ella. La revelación del amor desplegado en la cruz, el ágape revelado allí, enternece y subyuga el alma. Los conceptos que llenaron los corazones de los discípulos en aquellos diez días antes de Pentecostés, transformaron sus vidas. Y el derramamiento del Espíritu Santo confirmó esa nueva mente que habían recibido. Cayeron enormes aguaceros de gracia dándoles fortaleza, y dando la confirmación de aquello que Cristo había hecho por ellos. Gálatas 5:6: "En Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión; sino la fe que obra por el amor" Actualmente oímos a muchos hablar de la fe y de las obras. Es una de las discusiones favoritas en las clases de escuela sabática. El típico debate de, "si somos salvos por la fe, o por las obras". Y sabemos todos la respuesta. Nadie, espero, pretende ser salvo por sus buenas obras. Aunque de acuerdo con la enseñanza de Pablo, hay una fe genuina que obra, es una fe obediente, sumisa, que obra por el amor (ágape). Esa fe no es algo inactivo. La verdadera fe, obra. Si no obra, no es verdadera fe. Sabemos pues que la fe es un don. Pero ¿cómo la obtenemos? Romanos 10:17: "La fe es por el oír; y el oír por la palabra de Dios" La fe viene por el oír, y el oír, por la palabra de Dios. Pero Jesús es la Palabra, el Verbo. La fe, por lo tanto, viene de Jesús. Somos llamados a vivir como hombres y mujeres justos por la fe. A fin de que Jesús nos dé la fe, hemos de entender primeramente que él no podría darnos algo que no hubiese experimentado personalmente. Sería imposible que Cristo nos diera su justicia, a menos que él mismo hubiese vivido previamente esa justicia. Todo esto viene a ser todavía más importante cuando hablamos de la naturaleza de Cristo, tema que juntamente con el de los dos pactos trataremos posteriormente, al igual que el concepto del arrepentimiento corporativo. Comprendamos que Dios no puede darnos algo que él mismo no haya experimentado personalmente. Todo lo que él nos da, procede de él mismo, por eso es lógico que él nos lo dé. No podemos obtenerlo de ninguna otra fuente; sólo de él. Gálatas 2:16: "Sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para que fuésemos justificados por la fe de Cristo, y no por las obras de la ley; por cuanto por las obras de la ley ninguna carne será justificada" Hay un error que se repite, una expresión que está erróneamente traducida en algunas versiones. El error es que en muchas versiones la frase "la fe de Jesucristo", está traducido como "la fe en Jesucristo", y esta última traducción no es la más acertada. Aconsejo siempre a los estudiantes de la Biblia en el mundo anglosajón que no menosprecien la traducción de "King James", puesto que es más fiel al original que muchas de las traducciones modernas. Recordad que en el libro de los Gálatas, Pablo nos advierte de la necesidad absoluta de predicar el único y verdadero evangelio. Como adventistas, demasiadas veces hemos estado más preocupados en defender la verdad del sábado y la verdad del estado de los muertos, y también la verdad de la creación, la de la reforma pro-salud, etc. Es decir, todas las doctrinas que pensamos que nos caracterizan, y sin embargo parecemos no estar tan preocupados por la recuperación del auténtico y verdadero evangelio. Que muchos se tomen a la ligera verdades como el sábado, el estado de los muertos, la reforma pro-salud y otras, es debido a una comprensión errónea del evangelio, es el resultado inevitable de no haber entendido correctamente el evangelio. No es que esas verdades sean erróneas, ¡no!: lo erróneo es nuestra comprensión del evangelio. Y nuestra misión es recuperar ese verdadero evangelio en su pureza. Pablo dijo que todo aquel que predica un evangelio diferente, sea anatema (Gál. 1:8 y 9). Se trata de una advertencia realmente solemne. Me estremece como pastor. No es algo banal. Cuando miro hacia atrás en mi ministerio, me doy perfecta cuenta de que he estado más preocupado intentando hacer comprender a la gente que habían de guardar el sábado y no el domingo, y sin embargo no he puesto la misma energía a la hora de presentar el evangelio en su integridad. Volvemos a Gálatas 2:16: Somos justificados por la fe de Jesús; esa es la traducción correcta. Es su fe la que nos justifica. Nosotros hemos creído también en Cristo Jesús, porque hemos visto que su fe nos ha justificado. Su fe genera en nosotros la fe en él. Es decir: la fe de Jesús es el objeto directo de nuestra fe. Esto es lo que llamamos justificación por la fe. Ese experimentar la justificación efectuada por la fe de Jesús, es lo que llamamos la experiencia del nuevo nacimiento. Hemos leído: "para que fuésemos justificados por la fe de Cristo"... "y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado". E. White nos advierte del peligro de convertir a la fe en nuestro salvador. Eso sería convertir a la fe en una obra de la que podemos jactarnos. Pero en realidad, todo viene de Dios mediante Jesucristo. Ni siquiera es nuestra fe la que nos salva: es la fe de Jesús. Pero Jesús nos da su fe. ¿Cuánta fe nos da? Romanos 12:3: "Conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno" Dios dio una medida de fe a cada uno. Él es el Creador, el originador de la fe. Hebreos 12:2: "Puestos los ojos en el autor y consumador de la fe, en Jesús" ¿Habéis oído decir, "quisiera tener más fe", o "quisiera tener tu fe"? ¿Pensáis que unos tienen más fe que otros? Algunos han venido a mí diciendo: "pastor, ore por mí, porque usted tiene más fe que yo". Pero los textos leídos anteriormente nos dicen lo contrario. Sabemos que Dios no hace acepción de personas, y Dios da a todo hombre la misma medida de fe. La razón por la cual algunos creen tener más fe que otros, o parecen tener más fe que otros, no es porque Dios les haya dado a ellos más fe que a otros, sino porque ellos han elegido personalmente ejercer y desarrollar la fe más que otros. Todos han recibido una medida de fe, recordemos esto. Dios quiere que ejerzamos y desarrollemos la fe que él nos da. Algunos dicen: '¡que fe tan débil, la mía!' El pastor Waggoner dijo: 'Nadie puede decir que tiene una fe débil; lo que sí puede decir es que él es débil en la fe. Ya que la fe que se le dio no puede ser jamás débil, puesto que es la fe de Jesús'. Nunca digamos, pues, que tenemos una fe débil. Cuando Cristo nos da su fe --dijo Waggoner-- él se nos da a sí mismo, puesto que toda la fe está en él. Cuando Jesús se nos da a sí mismo, se nos da toda la fe necesaria y suficiente para vivir con rectitud. Dios nos ha dado absolutamente todo lo que necesitamos para vivir una vida justa por la fe. En los últimos días de la historia habrá una oportunidad para que ejerzamos nuestra fe como nunca antes. Y a menos que la estemos desarrollando ahora, cuando llegue la hora de la prueba nuestra fe será como arenas movedizas. Así que, deseo llamar vuestra atención en cuanto al hecho de que la fe que caracterizará al pueblo que goce de la experiencia en el lugar santísimo, será un tipo de fe como la de José. Génesis 39:9: "No hay otro mayor que yo en esta casa, y ninguna cosa me ha reservado sino a ti, por cuanto eres su mujer; ¿cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios?" Esta es la fe de José, que en realidad es la fe de Jesús; una fe que no está preocupada por su salvación, por su propio beneficio. José no dijo: 'No. No puedo acostarme contigo, no vaya a ser que me contagie de SIDA o alguna otra enfermedad venérea'. Tampoco dijo: 'No. No me acostaré contigo porque si nos descubre Potifar el escándalo sería horrible; todo el mundo se enteraría. ¡Que vergüenza!' Esa no fue la motivación de José. Y aún más: José tampoco dijo: 'Si me acuesto contigo me perderé'. La preocupación de José era que no quería pecar contra Dios. El honor de Dios estaba en juego, y José lo sabía. Esta es la fe que valdrá en los últimos momentos de la historia: una fe que no está preocupada por nosotros mismos, sino por la honra y gloria de Dios. E. White hizo una declaración profunda. Como sabéis, no tuvo una educación universitaria, y no sé de donde sacó esta afirmación. Está en El Conflicto de los Siglos (p. 677), y dice algo así: 'el Diablo se acercará a los elegidos, y los tentará con la idea de que existe todavía un pecado oculto en sus vidas'. ¿Y cuál será la motivación de los elegidos para examinarse a sí mismos? Esto es muy importante. No estarán preocupados porque si hubiese un pecado en sus vidas se les privaría de la vida eterna. No es esa su motivación. Están preocupados porque si hubiese un pecado en sus vidas, deshonrarían a Dios. Los que vivamos en el tiempo de angustia habremos experimentado la fe que penetra dentro del lugar santísimo, habremos gozado del ágape, de forma que nuestra única preocupación, el único motivo de nuestras vidas por el cual no querremos de ninguna forma tener un sólo pecado escondido, es porque traería deshonra a Dios, a quien deseamos glorificar y honrar. Las personas que no conocen el mensaje del santuario, incluidas las que lo rechazan, los que no entran por la fe en el lugar santísimo, las personas que no conocen esta motivación desprovista de egoísmo, motivación que no está centrada en el "yo"; los que desconocen esta motivación que tiene por objeto la gloria de Dios, estas personas no pueden desarrollar por completo la verdadera fe de Jesús, quien no vivió pensando en su salvación (Fil. 2:5). Es mediante nuestra comprensión del mensaje del santuario y de la plenitud del verdadero evangelio; es decir, de la plena revelación del ágape, como puede morar en nosotros este tipo de fe. Algunos todavía hoy, incluyendo a adventistas del séptimo día, piensan que lo único importante, lo que interesa realmente es su propia salvación. "¿Hay algo más importante que mi salvación?" ¿Podéis imaginaros a Cristo pensando algo así? --Yo no. El que seamos salvos o no, es secundario al compararlo con la gloria y el honor de Dios. Os animo hoy a permitir que Jesús os revele ese tipo de fe, y que aumente vuestra fe, para que esa fe nunca más esté centrada en vosotros mismos, en vuestro interés particular. Que Jesús os dé la fe que tiene por objeto el honor y la gloria de Dios. Este tipo de fe no es algo natural en el ser humano, en nuestro estado caído. Es un don de Dios. Ojalá estemos hambrientos por ese tipo de fe, la fe de Jesús, una fe como la que él tuvo, porque "el Cordero es digno". Amén. Contemplar su gloria Tema nº 7 Números 13:1-3 y 26-33: "Después movió el pueblo de Haseroth, y asentaron el campo en el desierto de Parán. Y Jehová habló a Moisés, diciendo: Envía tú hombres que reconozcan la tierra de Canaán, la cual yo doy a los hijos de Israel: de cada tribu de sus padres enviaréis un varón, cada uno príncipe entre ellos". "Y volvieron de reconocer la tierra al cabo de cuarenta días. Y anduvieron y volvieron a Moisés y a Aarón, y a toda la congregación de los hijos de Israel, en el desierto de Parán, en Cades, y diéronles la respuesta, y a toda la congregación, y les mostraron el fruto de la tierra. Y le contaron, y dijeron: Nosotros llegamos a la tierra a la cual nos enviaste, la que ciertamente fluye leche y miel; y este es el fruto de ella. Mas el pueblo que habita aquella tierra es fuerte, y las ciudades muy grandes y fuertes; y también vimos allí los hijos de Anac. Amalec habita la tierra del mediodía; y el Hetheo, y el Jebuseo, y el Amorrheo, habitan en el monte; y el cananeo habita junto a la mar, y a la ribera del Jordán. Entonces Caleb hizo callar el pueblo delante de Moisés, y dijo: Subamos luego, y poseámosla; que más podremos que ella. Mas los varones que subieron con él, dijeron: No podremos subir contra aquel pueblo; porque es más fuerte que nosotros. Y vituperaron entre los hijos de Israel la tierra que habían reconocido, diciendo: La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra que traga a sus moradores; y todo el pueblo que vimos en medio de ella, son hombres de gran estatura" Jesús enseñaba y predicaba a la vez. Me gustaría hacer hoy lo mismo, aunque mucho temo que sepamos más de predicar que de enseñar. Hemos leído un capítulo conocido del libro de Números. Sabemos que los hijos de Israel, después de salir de Egipto, atravesaron el Mar Rojo y fueron librados de los egipcios. Después de esa gran liberación estallaron en cánticos de alabanza y gratitud a Dios por haber sido liberados. Estaban tan felices y agradecidos a Dios que María, hermana de Moisés, los dirigió en un gran canto de alabanza y victoria. Pero poco tiempo después surgió un problema: necesitaban agua, y comenzaron a murmurar. Alguien dijo que "si los hijos de Israel hubiesen continuado cantando, habrían entrado en la tierra prometida. Pero en lugar de cantar, murmuraron". Esta es una buena lección para nosotros. Quizá una de las razones por las que aún no estamos en la tierra prometida, es porque murmuramos y criticamos más de lo que cantamos y adoramos. No sé como será en vuestro país, pero en el mío hay mucha murmuración y crítica, y yo me incluyo. Deseo que Dios permita que podamos aprender una lección importante del pueblo de Israel, un pueblo que todavía no pudo gozarse en la tierra prometida. Israel pasó por el monte Sinaí y llegó a un lugar donde se esperaba que el pueblo entrara a poseer la tierra prometida. Ellos estaban en una situación que no es distinta de aquella en la que nos encontramos tú y yo: la expectativa del retorno de Jesús y de entrar en la Canaán celestial. Por aquel entonces Moisés eligió a doce personas que la Biblia llama espías o mensajeros, para ir a explorar el país. La Biblia nos dice también que Moisés eligió a una persona importante de cada tribu, y los instruyó para que fuesen a la tierra prometida y trajeran un informe explicando si era buena o mala tierra, si había abundancia, si habían bosques... qué clase de gente habitaba allí. Así que efectivamente, fueron los doce mensajeros a la tierra prometida. Fueron al norte, sur, este y oeste. Y a los cuarenta días regresaron con su informe. Y como hemos leído --y podéis recordar--, fue un informe muy interesante. Dijeron: 'Sí, es una tierra maravillosa, fluye leche y miel, es grandiosa y formidable, sus frutos increíbles, ved aquí este racimo gigantesco. Es una tierra abundante. Es todo lo que uno puede soñar. Dios ha puesto ante nosotros la tierra que prometió a nuestro padre Abraham'. Podéis imaginar al pueblo de Israel loco de alegría, después de oír esta descripción tan fantástica de la tierra prometida. Algo así como lo que nosotros manifestaremos al pasar por la experiencia de Apocalipsis capítulos 21 y 22. Israel estaba ciertamente feliz y exultante. Pero de las alturas de la alegría desbordante, cayeron hasta lo más bajo en el desánimo, cuando oyeron que en aquella tierra estaban los "hijos de Anac" (gigantes). Esos habitantes eran mucho mayores que ellos en estatura, hasta el punto de que los israelitas se sentían "como langostas a su lado". No exageraban. Había gigantes. Los espías dijeron: "son terribles". A medida que el pueblo oía el informe, la pequeña fe que tenían se evaporaba y desaparecía. Comenzaron a murmurar, diciendo: 'Dios nos ha sacado de Egipto para destruirnos'. Tomaron una decisión. Dijeron: 'Volvamos a Egipto; busquemos nuevos dirigentes y volvamos allí. Al menos teníamos alimentos para comer. Es verdad que allí éramos esclavos; pero es mejor la esclavitud que esto'. Se produjo un motín. Como sabéis, dos de los doce espías --Caleb y Josué-- dijeron´: '¡No hagáis eso! Es verdad que hay gigantes, pero nuestro Dios es mucho más poderoso que ellos, y él nos librará'. Cuando uno presta atención a esta historia, suele preguntarse: '¿Cómo podían tener tan poca fe los hijos de Israel? Habían presenciado enormes milagros y acontecimientos, vivieron la experiencia del Mar Rojo, Dios les había conducido milagro tras milagro, recibieron el maná de forma sobrenatural, oyeron la voz de Dios en el monte Sinaí, vieron cómo el monte humeaba y temblaba, y aunque fuera de lejos, notaron la presencia de Dios, su manifestación. Y sin embargo, cuando llega la prueba, ¡qué poca fe manifestaron!' Queridos amigos, uno de los problemas del pueblo de Israel, era el mismo que tenemos hoy: dejamos de mirar a Cristo y decimos, "los gigantes del pecado son demasiado grandes". Olvidamos frecuentemente que Dios es mucho mayor que cualquier "gigante". Recordemos Romanos 5:20: "...donde el pecado abundó, sobreabundó la gracia". No dice que donde hay pecado, hay gracia; sino que donde el pecado abundó, sobreabundó la gracia. Es decir, la gracia abundó mucho más que el pecado. Dios es capaz de introducirnos en la tierra prometida hoy. ¿Lo creéis así? Lo que impidió que los hijos de Israel entraran en la tierra prometida, fue su incredulidad. Y una sola cosa impide el que tú y yo estemos hoy en la tierra prometida: nuestra incredulidad. La Biblia nos dice, volviendo a la historia de Números, que todos los que tenían más de veinte años perecieron a causa de la incredulidad. Me pregunto: ¿Cuántas generaciones tendrán que pasar aún, antes que Dios tenga un grupo de gente, un pueblo, que realmente esté dispuesto a creer? Uno de los problemas que tenía el antiguo pueblo de Israel es que eran "cortos de vista", por así decirlo. La intención de Dios era que la belleza de la tierra prometida, con su abundancia de leche y miel, con sus frutos maravillosos, los llevara a contemplar el carácter de Dios, y fueran así transformados a su imagen. Era imposible que los hijos de Israel poseyeran la tierra prometida con aquellos caracteres que tenían. Lo mismo ocurre hoy en cuanto a nosotros y el cielo. Nos gusta mucho hablar de las glorias del cielo, de las magníficas mansiones, calles de oro y puertas de perla, es decir, los frutos abundantes de la tierra. Pero olvidamos un elemento muy importante: que la gente injusta nunca podrá vivir en un lugar tal. E. White dice: "Transpórtese repentinamente al cielo a esos hombres y mujeres que están satisfechos con su condición de enanos e inválidos en las cosas divinas, y hágaseles considerar por un instante el alto y santo estado de perfección que reina siempre allí, donde toda alma rebosa de amor, donde todo rostro resplandece de gozo... ¿Podrían dichas personas, me pregunto, alternar con la muchedumbre celestial, participar en sus cantos y soportar la pura, excelsa y arrobadora gloria que emana de Dios y del Cordero? ¡Oh no!... Los que han educado su mente en el deleite de los ejercicios espirituales, son los que pueden ser trasladados sin que los abrume la pureza y la gloria trascendental del cielo... No te engañes. Dios no puede ser burlado. Nada que no sea la santidad te preparará para el cielo... Esta tierra es el único lugar donde debemos adquirir el carácter celestial" (Maranatha, p. 44). Apocalipsis 21:1, 14, 18 y 19: "Y vi un cielo nuevo y una tierra nueva: porque el primer cielo y la primera tierra se fueron, y el mar ya no es... Y el muro de la ciudad tenía doce fundamentos, y en ellos los doce nombres de los doce apóstoles del Cordero... Y el material de su muro era de jaspe: mas la ciudad era de oro puro, semejante al vidrio limpio. Y los fundamentos del muro de la ciudad estaban adornados de toda piedra preciosa. El primer fundamento era jaspe; el segundo, zafiro; el tercero, calcedonia; el cuarto, esmeralda" ¿Podemos imaginar la belleza de esta ciudad? Pues bien, Satanás ha preparado una falsificación de esta ciudad, y esa falsificación se llama Babilonia. Una de las peores cosas que nos puede suceder como iglesia es que demos la espalda a lo que Dios nos tiene preparado, y que nos sintamos, en cambio, felices al contemplar Babilonia y al convivir con ella. Uno de los grandes peligros para la Iglesia Adventista hasta el día de hoy, es el de dar la espalda a la tierra prometida y al tipo de carácter que Dios quiere que tengamos, y que armoniza con la belleza de la ciudad. La descripción de la ciudad en Apocalipsis 21, es la descripción paralela al tipo de carácter que tendrán los que han de habitar allí. La belleza de la ciudad y la belleza del carácter de sus habitantes van al unísono. El grave peligro que nos rodea, como adventistas, es que no sigamos aferrados al principio de la revelación progresiva. Recordad aquella visión de E. White cuando estaba reunida con los hermanos pioneros: Vio un camino, y se le dijo "sigue la luz", y es necesario que la verdad sea revelada en mayor y mayor plenitud. Cada generación necesita ver las verdades con mayor gloria y plenitud que la anterior. Me preocupa ver a muchos hermanos adventistas regresando a los postulados teológicos de la reforma del siglo XV. Una y otra vez repetiré que el mensaje de 1888 no tiene nada que ver con Billy Graham o el mundo evangélico. El evangelio que Dios ha dado a la Iglesia Adventista, el evangelio que Dios nos ha encomendado predicar y ciertamente experimentar, tiene muchísima mayor amplitud y grandeza que cualquier predicación de ningún telepredicador famoso. Y no estoy aquí para criticar a nadie, pero es lamentable que algunos adventistas perciben que el evangelio que presentamos consiste en lo mismo que Billy Graham presenta, pero con la particularidad de que nosotros le añadimos la ley y el sábado. Sin embargo, el evangelio que Dios nos ha pedido que vivamos y prediquemos es el único verdadero, el que convierte, el que nos transforma en justos y obedientes a la ley, el que nos ha de presentar sin falta alguna ante el trono de su gracia. Es el evangelio eterno, que tiene por objetivo, no prepararnos para morir en paz, sino prepararnos para la traslación sin ver muerte. Recordad: no tiene por objeto la resurrección, sino la traslación. La vocación plena del pueblo adventista tiene por objetivo la vindicación total del carácter de Dios en su cuerpo, que es su iglesia. Busquemos en la Biblia un texto que nos habla de la elevada norma del carácter de Dios. ¿Cómo puedo yo tener alguna vez ese tipo de carácter? ¿Es acaso con un mensaje viejo, con un mensaje muerto? ¡Imposible! El evangelio, en la luz maravillosa del lugar santísimo del santuario celestial, os dará ese tipo de carácter que tanto deseamos. Recordad que en cada mandamiento de Dios hay una promesa. Sus mandatos son habilitaciones. Así que, si Dios requiere una norma elevada, es porque él nos proporciona absolutamente todo lo necesario para que la alcancemos. Apocalipsis 4:1-4: "Después de estas cosas miré, y he aquí una puerta abierta en el cielo: y la primera voz que oí, era como de trompeta que hablaba conmigo, diciendo: Sube acá, y yo te mostraré las cosas que han de ser después de éstas. Y luego yo fui en Espíritu: y he aquí, un trono que estaba puesto en el cielo, y sobre el trono estaba uno sentado. Y el que estaba sentado era al parecer semejante a una piedra de jaspe y de sardio: y un arco celeste había alrededor del trono, semejante en el aspecto a la esmeralda. Y alrededor del trono había veinticuatro sillas: y vi sobre las veinticuatro sillas veinticuatro ancianos sentados, vestidos de ropas blancas; y tenían sobre sus cabezas coronas de oro" Juan describe la apariencia de cierto Ser como la de una piedra de jaspe, y es la misma descripción que aparece en el fundamento mismo de la Nueva Jerusalén (Apoc. 21:19). Los habitantes de esta ciudad tendrán el mismo carácter que su Padre celestial. Pero la Biblia describe en Apocalipsis 4, como hemos leído, un arco iris. ¿Habéis visto el arco iris? Es maravilloso contemplarlo. Pues bien, el arco iris de Apocalipsis no es el que solemos ver normalmente, sino que es un arco iris de color esmeralda. ¿Qué color tiene la esmeralda? --Verde. Se trata de un arco iris de color verde. Esto nos revela algo importante en cuanto al carácter de Dios. Recordad ese color, del que hablaremos más adelante. Pienso que esta norma tan elevada que Dios ha puesto para la traslación, con todo lo que implica, el mensaje evangélico protestante no lo puede alcanzar (dicho con todos mis respetos). Ni bautistas, ni metodistas, ni pentecostales pueden alcanzar la norma del mensaje de la traslación. Solamente el mensaje de la Iglesia Adventista del Séptimo Día puede hacerlo. Y creo de todo corazón que eso se alcanza al obtener la plena comprensión del mensaje de 1888, porque justamente ese mensaje fue el que Dios nos dio para obtener la victoria y vencer todo pecado, preparándonos así para la segunda venida de Jesús. Espero que comprendáis que ese es el propósito de este mensaje. Este mensaje es el método por el cual Dios quiere poner fin al pecado en el universo, comenzando primeramente por nuestro corazón. La única cuestión es: ¿Deseamos que Dios quite el pecado de nuestro corazón? ¿Queremos realmente ser uno con Dios? Ese es precisamente el punto principal en el mensaje del Día de la expiación. La palabra expiación, en inglés, viene a significar algo así como, "de una sola mente, de un mismo sentir", lleva la idea de "reconciliación", es decir: que no exista nada que se interponga entre nosotros y nuestro Creador. E. White dice: "¡Ojalá escudriñaseis vuestros corazones como si contaseis con la ayuda de una vela encendida, para descubrir y romper hasta los hilos más finos que os unen a los hábitos mundanales que apartan de Dios la mente! Rogad a Dios que os muestre cada práctica que aleje de él vuestros pensamientos y afectos" (MS, vol. II, p. 367). Números 15:37-41: "Y Jehová habló a Moisés, diciendo: Habla a los hijos de Israel, y diles que se hagan pezuelos (franjas) en los remates de sus vestidos, por sus generaciones; y pongan en cada pezuelo de los remates un cordón de cárdeno: Y serviros ha de pezuelo, para que cuando lo viereis, os acordéis de todos los mandamientos de Jehová, para ponerlos por obra; y no miréis en pos de vuestro corazón y de vuestros ojos, en pos de los cuales fornicáis: Para que os acordéis, y hagáis todos mis mandamientos, y seáis santos a vuestro Dios. Yo Jehová vuestro Dios, que os saqué de la tierra de Egipto, para ser vuestro Dios: Yo Jehová vuestro Dios" Dios instruyó a los hijos de Israel para que se cosieran franjas en sus vestidos. Estas franjas eran recordatorios de color azul (cárdeno), y cada vez que mirasen aquellas cintas azules en sus vestidos, recordarían el amor de Dios, los mandamientos de Dios, para guardarlos. Mateo 22:36-39: "Maestro, ¿cuál es el mandamiento grande en la ley? Y Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de toda tu mente. Este es el primero y el grande mandamiento. Y el segundo es semejante a este: Amarás a tu prójimo como a ti mismo" Se nos muestra aquí el amor ágape, libre de egoísmo. Cada vez que los hijos de Israel mirasen aquellas franjas de color azul en sus vestidos, tendrían que recordar la ley de amor de Dios, o sea, amor a Dios y al prójimo, tal cual está expresado en los Diez Mandamientos. Sus vidas estarían rodeadas del amor de Dios, de la ley de Dios. Os quiero recordar que cada vez que vosotros y yo miramos al cielo y vemos ese color azul maravilloso, eso nos ha de llevar a pensar en el amor de Dios que nos rodea por todas partes, como el azul del cielo abarca todo lo que vemos. Incluso en la naturaleza, podemos ver recordatorios constantes que Dios nos pone de su gran amor. 1 Pedro 1:6 y 7: "En lo cual vosotros os alegráis, estando al presente un poco de tiempo afligidos en diversas tentaciones, si es necesario, para que la prueba de vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual perece, bien que sea probado con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra, cuando Jesucristo fuere manifestado" Pedro, en estos versículos, compara la fe con el oro. ¿Hay oro en el cielo? ¿Dónde está el oro en el cielo? ¿Podéis responder? Vayamos a Apocalipsis 21:21. Leemos que "la calle de la ciudad era de oro puro, transparente como vidrio". Sugiero que los que caminen por aquella calle, deberán reflejar un carácter acorde con el color y el material de la calle. El oro es considerado como el más precioso de los metales. Nadie podrá transitar por esa calle de oro sin tener un carácter de esa misma cualidad. Nos hemos estado refiriendo a la antigua Babilonia (recordad la cabeza de oro de aquella estatua de Daniel 2), como la representación falsa de Satanás de la Nueva Jerusalén. Nueva York, y lo sucedido allí el pasado 11 de septiembre, es una pura reminiscencia de lo sucedido a la antigua Babilonia. Si puedo ampliaré este punto en algún otro tema. Creo que lo que sucedió en Nueva York tiene relevancia profética. Hay dos colores: el azul, representando la ley de amor y el carácter de Dios, y también el color amarillo del oro que representa la fe. ¿Qué sucede cuando mezclamos el azul y el amarillo? ¿Qué color aparece? --El verde. La mezcla del amarillo y el azul da como resultado el verde. Y el color del arco iris que está alrededor del trono es verde esmeralda. Allí está representado el carácter de Dios y su justicia, y cuando nosotros lo observamos y contemplamos en la misma naturaleza, podemos ver en todos los lugares verde. Un reflejo de la fe pura y el amor. ¿Qué nos quiere enseñar Dios en la naturaleza repleta de colores azul y verde? El evangelio, los cielos que revelan la gloria de Dios. Cada día, al salir a la calle, al mirar por la ventana, nos rodea el color azul del cielo y el verde de la naturaleza. Cuando somos tentados al desánimo, y cuando el diablo nos tiente con la mentira de que jamás podremos llegar al cielo, abramos nuestros ojos al cielo, a las montañas, a los árboles, a la creación, y recordemos que Dios ha puesto la naturaleza como un infatigable predicador sin palabras, que nos dice que donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia. Hay esperanza, nunca dudéis. La elevada norma que Dios ha puesto ante nosotros, la suple él mismo con la justicia de Cristo, la cual nos imputa, y actúa en nosotros. Esa ropa de justicia, es adecuada para cada uno de nosotros. "Los cielos cuentan la gloria de Dios, y la expansión denuncia la obra de sus manos... no hay dicho, ni palabras, ni es oída su voz... La ley de Jehová es perfecta, que vuelve el alma: el testimonio de Jehová, fiel, que hace sabio al pequeño. Los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran el corazón... Oh Jehová, roca mía, y Redentor mío" (Sal. 21). En Boston tenemos un centro comercial donde venden cosas caras. Algunas veces he visitado este centro comercial, y veo esa ropa de tanta calidad, esas camisas, trajes, calcetines, zapatos, etc. Pero hay algo curioso, y es que hay cierto tipo de prendas que son de talla única y se adaptan a todos los tamaños. Son elásticas y sirven para todos. Así que, sea que seáis delgados, gruesos, bajos o altos, ese tipo de prenda os quedará bien. Cuando tú y yo vemos nuestro propio pecado, la promesa es que Jesús va a quitar ese pecado, y el vestido de su justicia se adapta a cualquier talla, a cualquier persona, a cualquier pecador. Nunca permitáis que el diablo os desanime haciéndoos creer que el traje de justicia no es para vosotros. La Buenas Nuevas, por el contrario, son que Cristo os quita vuestra antigua ropa de injusticia, y os viste con una ropa que se adapta perfectamente a vosotros para que estéis preparados para las bodas del Cordero. Recordad, no obstante, que eso solamente sucede si en verdad lo deseáis. Dios está esperando una generación de personas que muestren por su fe que realmente están deseosas de ser trasladadas al cielo. Ojalá que esa generación nos incluya a ti y a mí. No por causa nuestra, sino por un Esposo que ha estado esperando durante tanto tiempo, y que está ansioso e impaciente para que llegue este gran día. Ojalá que avancemos en la fe, para que esa tierra prometida sea la nuestra, para gloria de Jesús. ¡Amén! Contemplar su gloria Tema nº 8 Estoy feliz de reencontrarme con vosotros, y es mi oración que sea que conozcáis o no el tema que voy a presentar, os signifique una gran bendición espiritual, y que sea realmente como pan fresco para todos. Hoy quisiera hablaros del Pan de Vida: de Jesús. ¿Hay acaso alguna otra cosa más interesante de la cuál hablar? --No, no hay nada tan sublime como Jesús. Y si en algo se centra el mensaje de 1888, es precisamente en Jesús. Llegamos hoy, pues, a un tema que es la base misma del mensaje de la justicia de Cristo dado en Minneapolis, en 1888. Hoy abordaremos el tema de la naturaleza de Cristo. Sé que acerca de este punto, en la geografía adventista, muchos dicen: "prefiero no hablar del tema". Por desgracia, para muchos es un tema polémico y no les ha aportado más que controversia. Y si alguno de vosotros albergáis este tipo de preocupaciones, quiero deciros que este tema de la naturaleza humana de Cristo no es de ninguna forma polémico. "La humanidad del Hijo de Dios es todo para nosotros". "Necesitamos comprender, hasta donde sea posible, la naturaleza verdaderamente humana de nuestro Señor" (Mensajes Selectos vol. I, p. 286; vol. III, p. 153). Durante décadas ha prevalecido la discusión constante en cuanto a qué tipo de naturaleza adoptó Jesús. Quiero recordaros algo que he venido repitiendo en varias ocasiones durante estas charlas, y es que existe un principio hermenéutico --o sea, un fundamento de interpretación-- que nos ayudará a comprender correctamente la naturaleza de Cristo. Y como creo que recordáis ya, ese principio es el ágape, el principio del amor. Cuando tú y yo comprendemos ese tipo de amor, sólo hay una conclusión a la que podemos llegar con sinceridad, en relación con la naturaleza de Cristo. Recordad también que cuando hablábamos del ágape decíamos que era un amor desprovisto de egoísmo y lleno de abnegación, un amor dispuesto a condescender hasta lo más bajo. Hay algo muy importante y digno de ser recordado. ¿Recordáis qué dice El Conflicto de los Siglos, p. 710? Lo hemos comentado anteriormente. Es una frase muy corta. E. White escribió: "El misterio de la cruz explica todos los demás misterios." Así que el tema de la naturaleza de Cristo puede ser explicado cuando uno comprende el amor de Dios manifestado en la cruz de Cristo. Aceptad este consejo: no intentéis explicar la naturaleza de Cristo al margen de la Cruz, ya que podríais terminar en un discurso totalmente legalista. Permitidme que os cuente una historia un poco triste. Hace ya unos años, en una reunión campestre en Boston, mi esposa y yo fuimos a la ciudad, y nos dirigimos a una librería adventista. Mi esposa entró. Yo me quedé fuera unos instantes. De pronto salió mi esposa y me dijo: "Has de entrar inmediatamente." El motivo es que dentro de la tienda estaba sucediendo algo. Al entrar comprobé que en plena tienda había dos hombres discutiendo enérgicamente y a viva voz. Estaban exaltados y gritaban desaforadamente. Se los podía oír por todo el edificio. ¿Podéis imaginar sobre qué tema estaban discutiendo? --Pues sí, discutían sobre la naturaleza de Cristo. Estaban a medio metro el uno del otro. Sus rostros reflejaban ira. Me acerqué a ellos, y presté atención durante unos momentos a lo que decían. Conocía a ambos. Y ellos se conocían también el uno al otro. Uno era miembro del personal docente del seminario, y el otro era un laico pero profundo estudioso y conocedor de la Biblia. Se señalaban uno al otro con el dedo. Finalmente me acerqué más y les dije: "Perdonen caballeros --llamarles caballeros en esos momentos era una evidente exageración-- ¿qué están haciendo?" Me miraron, y uno de ellos, que estaba especialmente irritado, se dirigió a mí, y en aquel momento pensé que me iba a decir que me ocupara de mis asuntos, pero antes que replicaran nada, les pregunté: "¿Qué creen que pensará la gente si les ve así?" Decidieron poner fin instantáneamente a la disputa. Uno de ellos tendió la mano al otro para reconciliarse. Pero el otro la rehusó, abandonando apresuradamente la tienda. Me dio la sensación de estar viendo a dos niños. Según mi comprensión de las Escrituras, podía estar de acuerdo con el punto de vista de uno de ellos. Pero al margen de qué posición defendieran, los dos estaban equivocados al 100%. ¿Triste verdad? Pues dejadme que os diga que estas confrontaciones suceden a menudo en las Escuelas Sabáticas y en otras reuniones. Lo que sucede en consecuencia es que las personas que tienen cargos de responsabilidad, juntamente con los dirigentes, al ver estos panoramas, concluyen: "Esto causa discusiones; es un tema polémico." Entonces no quieren saber nada del tema en sí, ni de los que comprenden la importancia que tiene. Os animo a no repetir jamás una escena como esa. Si sois siervos de Jesús, jamás os envolveréis en disputas. Vayamos ahora a la Biblia, y prestemos atención reverente a una de las más maravillosas lecciones de las Escrituras. Pero antes de leer quiero daros mi testimonio personal. Cuando descubrí a Cristo por primera vez en el mensaje de 1888 --hará unos quince años-- fue este tema precisamente el que conmovió mi corazón como ningún otro. Recuerdo cómo me hizo derramar lágrimas, y lo inspirador que fue para mí. Contemplé a Jesús como a Aquel que es "todo él deseable", el "señalado entre diez mil", aunque eso significó para mí una humillación. Viví un arrepentimiento mucho más profundo del que había experimentado hasta entonces. Conocer así a Jesús, subyugó de tal manera mi corazón que este tema que quizá vayáis a oír por primera o por enésima vez, cuando yo lo oí por primera vez, quebrantó mi corazón de gozo. Es mi deseo que conmueva también el vuestro. El primer capítulo de Mateo nos habla de la encarnación de Jesús, y no olvidemos que la cruz está también comprendida en la encarnación. Podríamos decir que la cruz y la encarnación son una y la misma cosa, constituyendo una la culminación de la otra. Quizá como adventistas no celebramos la Navidad, pero cada año por esas fechas, cuando pienso en la encarnación de Jesús, me emociono. Y es que una y otra vez me maravilla cómo es que Dios pudo venir a ser hecho hombre. Podemos apreciar que el ágape fue lo que lo motivó a descender al nivel de la creación, al nivel de la criatura. Y es que él se deleita en acercarse a sus criaturas tanto como le es posible. Una de las expresiones favoritas de los mensajeros de 1888, Jones y Waggoner, y también de la hermana White cuando iban a predicar a varios lugares, fue: "Sentimos la necesidad de presentar a Cristo, no como el Salvador que está alejado, sino cercano, a la mano" (EGW, Review and Herald, 5 Marzo 1889). Y queridos amigos y hermanos, las gratas Buenas Nuevas es que vosotros y yo tenemos a un Salvador a nuestro alcance, Uno que ha sido hecho en todo como nosotros, pero sin pecado. Mateo 1:21-23: "Dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados. Todo esto aconteció para que se cumpliera lo que dijo el Señor por medio del profeta: 'Una virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrás por nombre Emmanuel' (que significa: 'Dios con nosotros')" La Escritura no dice: "Dios aparte de nosotros", ni tampoco: "Dios contra nosotros", sino que el énfasis está en "Dios con nosotros". En Cristo mora corporalmente la plenitud de la Deidad, y Dios desea morar con sus criaturas por encima de toda cosa. Nos ha creado para tener una comunión eterna con él, para estar en eterna compañía con él. Dios se ha acercado y relacionado con nosotros mediante profetas y escritores inspirados, mediante hombres y mujeres consagrados, a fin de quitar de este mundo el problema del pecado, pero sobretodo trata y erradica el problema del pecado mediante su Hijo. Así pues, estudiemos cómo trata Jesús el problema del pecado. Romanos 8:3 y 4: "Lo que era imposible para la Ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado, y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne, para que la justicia de la Ley se cumpliera en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu" Pablo quiere decirnos que Jesús vino a ser hecho como nosotros en sustancia, a fin de que nosotros podamos ser hechos como él en carácter. Hemos leído que vino "en semejanza de carne de pecado." ¿Sabéis qué significa en el original griego la palabra "semejanza"? El significado es identidad: que es idéntico, que es homogéneo (griego: omóioma). Cristo vino a ser hecho en carne de pecado, que no es lo mismo que decir que él tenía carne de pecado, o naturaleza pecaminosa. Recordad, no decimos que él tenía naturaleza pecaminosa, sino que sobre su naturaleza divina e impecable tomó sobre sí nuestra naturaleza pecaminosa, porque ciertamente venía a redimir a la naturaleza pecaminosa. Y el original griego utiliza una palabra que quizá ya conozcáis: sarx. Se traduce por "carne", pero no en el sentido de carne de animal para comer (o vianda), sino en el sentido de la naturaleza misma de la carne. Es por eso que Pablo dijo en 1ª de Corintios 15:50 "que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios". Así pues, repetimos: Jesús, sobre su naturaleza impecable, tomó nuestra naturaleza pecaminosa (así lo afirmó E. White en Carta 67, 1902), y haciendo esto "condenó al pecado en la carne, para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu". Este es un maravilloso mensaje que nos habla de la posibilidad de victoria sobre el pecado, y me dice que podemos llegar a tener "la mente de Cristo" (1 Cor. 2:16). Y os recalco una y otra vez: nunca la obtenemos por lo que "hacemos", sino por lo que él hizo y continúa haciendo en nuestra mente y nuestro corazón. En el Nuevo Testamento se repite constantemente la idea de la identidad de Jesús con la naturaleza del hombre pecador, de su identidad con nuestra naturaleza pecaminosa. ¿Recordáis lo que decían los escribas y fariseos de Jesús? "Este a los pecadores recibe, y con ellos come" (Luc. 15:2). Jesús no había venido a llamar a justos al arrepentimiento. Él dijo que había venido a llamar a pecadores (vers. 7), y no podía llamar a los escribas y fariseos si ellos insistían en mantenerse alejados de él, aunque él estaba ciertamente "cercano, a la mano". Jesús se acercaba a los pecadores porque eso le causaba deleite, y aún hoy siente el mismo placer en acercarse a los pecadores. No es que esté conforme con sus pecados: ni los excusa ni los aprueba, pero está junto al pecador para que éste pueda comprobar cuán cercano esta Cristo de él. Es su Salvador. El pecador no lo merece, pero aún así Cristo es su Salvador y "ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros" (Hech. 17:27), con la finalidad de llamarnos desde cerca para que abandonemos nuestros pecados. E. White nos explica en su libro El ministerio de curación, que el método de Jesús es el único que tiene éxito para llegar a los pecadores y dar curación al alma. Cristo habitó entre pecadores a fin de hacerles bien, participó de sus necesidades y así ganó su confianza para poder decirles luego: "sígueme". Este sigue hoy siendo el único método eficaz. Si comprendéis el tema de la naturaleza de Cristo, comprenderéis el asunto del arrepentimiento corporativo: ambos temas guardan una estrecha relación, aunque todo comienza por entender primeramente el concepto del amor ágape. Hebreos 2:14: "Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo" Vemos una vez más el énfasis que pone la Escritura en el aspecto de la identidad. Haría falta mucha ceguera espiritual para no reconocer que esa declaración clave implica una identidad. Dice el texto: "por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo". El significado es que participó de lo mismo que sus hijos. He podido escuchar a un predicador adventista bien conocido que no simpatiza en absoluto con el concepto de que Cristo tomó sobre sí nuestra naturaleza humana pecaminosa. Este querido hermano sugiere que la traducción no es correcta, que el original griego no dice eso. Pero verdaderamente la traducción es correcta; el original quiere decir exactamente lo que está traducido. El énfasis, en el original griego, está en la frase "él participó de lo mismo", es decir: Cristo participó de la misma carne y sangre que sus hijos. Recordad: el amor ágape llevó a Cristo a identificarse con sus seres creados en la condición caída de estos. Se acercó a sus criaturas caídas tanto como era posible hacerlo. Existen otras maneras de concebir a Cristo, que lo mantienen tan alejado del ser humano como sea posible, mientras que yo ciertamente necesito a un Salvador que se acerque a mí, y no a uno alejado, en cuyo caso no podría tener esperanza. Por lo general, el que rechaza este punto de vista acerca de la humanidad de Jesús, rechaza también el concepto de la victoria sobre todo pecado en esta vida, y con esta naturaleza pecaminosa que tenemos. Veamos ahora las razones por las cuales Cristo vino a ser hecho como nosotros, pero sin pecado. Hebreos 2:15-18: "Y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre. Ciertamente no socorrió a los ángeles, sino que socorrió a la descendencia de Abraham. Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo. Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados" Primeramente, Pablo nos dice aquí la razón por la cual Cristo se hizo como nosotros: para redimir a la carne pecaminosa, Jesús debía tomarla sobre sí. En segundo lugar, nos dice que ha venido a socorrernos. Veámoslo también en Hebreos 4:14-16: "Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús, el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión. No tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro" La primera vez que vine a Europa, fue en 1989, estaba muy emocionado. Uno de mis estudios es la historia, especialmente la historia de Europa. Así que mi primer viaje a Europa fue inolvidable. Estuve allí unas dos semanas y media. La emoción era indescriptible. No obstante, la emoción se truncó de repente unos dos o tres días antes de acabar mis vacaciones. Fui a Ginebra, y desde allí llamé a mi casa, y pregunté por mis hermanos de iglesia. Me anunciaron algo muy triste: dos de mis queridos miembros de iglesia habían perdido a su hijo en un terrible accidente. Una especie de abeja muy peligrosa picó al hijo de este matrimonio. Algunas personas son alérgicas al veneno que tienen estos insectos, y después de haber sido picados, se les produce un grave problema en las vías respiratorias, y eso les provoca una asfixia mortal. El niño falleció unos diez minutos después de haber sido picado. Podéis imaginar lo destrozada que estaba la familia. Después de oír la noticia, tuve deseos irreprimibles de ir rápidamente para estar con ellos y tratar de consolarlos. Cuando finalmente pude llegar a Estados Unidos fui sin demora a su casa, y cuando los vi, los abracé e intenté consolarles como pude, traté de animarlos lo mejor que supe. Pero recuerdo muy vívidamente algo que sucedió. Parecían estar apreciando mi compañía y los esfuerzos que hacía para animarlos, cuando de pronto alguien llamó a la puerta. Entró una vecina y comenzó a hablarles, y cuando oí cómo les hablaba, comprendí que sus palabras y su compañía eran mucho más eficaces y consoladoras que las mías. Pude contemplar los lazos que los identificaban y los unían. No cabía duda alguna de que el ministerio de aquella vecina estaba siendo mucho más eficaz que el mío. ¿Sabéis por qué? Aquella vecina también había perdido a su hijo en un desgraciado accidente. Conocía por experiencia propia el valle de sombra de muerte que aquellos padres estaban recorriendo. La razón por la que tenemos un Sumo Sacerdote tan lleno de compasión y tan eficaz, es porque él ha sido tentado en todo punto como nosotros, pero sin haber cedido al pecado. Permitid que os diga algo que toca mi corazón. ¿Recordáis la historia de aquella mujer sorprendida en adulterio, que fue llevada temblorosa ante Jesús? Ella no esperaba otra cosa excepto ser condenada, tanto por los hombres que la arrestaron como por Jesús, y sabía quizá que todo terminaría en su propio terrible apedreamiento. La Escritura, en Juan 8:6, dice que los escribas y fariseos "querían tentar a Jesús para poder acusarle". Pero Jesús, cuando vio a esa mujer, le dijo: "Ni yo te condeno; vete, y no peques más" (vers. 11). ¿Por qué Jesús pudo ser tan compasivo con esta mujer, cuando las otras personas manifestaron únicamente su propia justicia? La respuesta es sencilla: Jesús sabía que sin el sostén y el apoyo de su Padre Celestial, él mismo podía haber caído en el mismo pecado que esa mujer. Jesús se puso en el lugar de esa mujer, y de alguna manera se vio a sí mismo en su situación. Supo que de no ser por el poder y la gracia de Dios, caería como ella cayó. Si adquirimos esa manera de pensar hacia los demás pecadores, eso nos transformará en eficaces ganadores de almas. En realidad esto tiene mucho que ver con el concepto del arrepentimiento corporativo. No nos podemos desvincular jamás del pecador, puesto que formamos parte de un mismo cuerpo, cuya cabeza es Cristo. Si uno goza, todos se gozan con él; si uno peca, todo el cuerpo queda afectado por ese pecado. Nunca podemos decir: "¡Oh, yo no tuve nada que ver con su alegría o con su dolor!", ni podemos decir con verdad: "Yo nunca habría caído en un pecado así". Esta es una profunda y maravillosa verdad. Jesús conoce la experiencia por la que estás atravesando. No está alejado de ti, sino cercano, a la mano. Él es tu gran Sumo Sacerdote, y ha ganado merecidamente esta distinción, ya que se hizo hombre como tú y fue tentado en todo como tú, aunque sin pecado. Podemos pues descubrir que tenemos un Sumo Sacerdote que nos ama y comprende mucho más profunda y personalmente de lo que habíamos imaginado. Sabe exactamente qué significa ser tentado intensamente. Podríamos decir que de alguna manera él tomó sobre sí mismo todo nuestro penoso equipaje, todo lo que teníamos y éramos. Gálatas 4:4 y 5: "Cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la Ley, para redimir a los que estaban bajo la Ley, a fin de que recibiéramos la adopción de hijos" Ahora relacionad este texto con el de Romanos 3:19: "Sabemos que todo lo que la Ley dice, lo dice a los que están bajo la Ley, para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios" Queridos amigos, el texto de Gálatas nos dice que estando nosotros bajo la ley, él nació bajo esa ley para redimirnos. Él estuvo en la misma situación en la que nos encontrábamos nosotros; tomó toda la carga, todo el equipaje, se hizo súbdito a la ley. ¿Recordáis la historia de Jacob, aquel sueño que tuvo en el que vio una escalera que iba del cielo a la tierra.? ¿Recordáis que en el sueño los ángeles subían y bajaban apresuradamente por aquella escalera? Génesis 28:12: "Y tuvo un sueño: Vio una escalera que estaba apoyada en tierra, y su extremo tocaba en el cielo. Ángeles de Dios subían y descendían por ella" ¿Sabéis quién es esa escalera ? Juan 1:51: "De cierto, de cierto os digo: 'Desde ahora veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subiendo y bajando sobre el Hijo del hombre" Pregunto: ¿De qué serviría una escalera que no tocara al suelo, que estuviera colgando en el aire por encima vuestro? ¿Cómo podría ayudaros a subir, una escalera así? No podéis subir por ella; es necesario que la escalera toque y se asiente bien en el suelo para poder ascender por ella hasta el cielo. Y es significativo que el gran Dios del cielo nos amó tanto, que estuvo dispuesto a venir y a descender hasta el mismísimo polvo y tierra, el polvo y la tierra de los cuales tú y yo estamos hechos, según Génesis 2:7: "Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra..." Todo esto me dice que el Señor, el gran Dios, descendió a tal grado de humillación por ti y por mí, que eso se vuelve para nosotros algo inimaginable, pero digno de contemplación y de estudio por la eternidad. Este es el verdadero amor; lo demás no es nada en comparación con eso. Cuando pienso en esto, me siento compungido, y me dan ganas de llorar. Oh, Señor, ¡me has amado tanto como para llegar a este grado en la humillación! Romanos 1:3: "...su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que era del linaje de David según la carne" Se nos dice aquí que Jesús fue hecho de la simiente de David según la carne. Eso nos recuerda la singular promesa que se nos da en Génesis 3:15: "Pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; esta te herirá en la cabeza, y tú la herirás en el talón" Aquí está la promesa de que el Mesías vendría, y nacería de mujer. No una mujer impecable, como la religión popular enseña hoy, sino que nació de una mujer con una naturaleza pecaminosa como la tuya y la mía, aunque ciertamente era una mujer bondadosa y ejemplar. Necesitamos recordar que si pensamos que Jesús no está cerca, sino alejado, entonces jamás podría haber condenado al pecado en la carne, y nunca podríamos imaginar siquiera que la justicia de la ley pudiera ser cumplida en nosotros. Juan 5:30: "No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo, así juzgo, y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del Padre, que me envió" Jesús tenía un combate constante, una lucha con la naturaleza pecaminosa que tomó sobre sí, una batalla con la carne. En el versículo leído vemos cómo él tenía una voluntad humana en necesidad de ser sometida a la del Padre. Él tenía un "yo". Leamos Juan 6:38: "He descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió" Durante toda su vida Jesús mantuvo su voluntad en constante sujeción a la de su Padre. Ni siquiera por un momento dejó de someterla a Dios Padre. Pero verdaderamente, fue tan tentado desde su interior como del exterior, tal como lo somos nosotros, porque como hemos dicho, vino y tomó nuestra naturaleza sobre sí mismo. Nunca dudéis que su vida fue de una lucha constante. Observad el clímax de esa lucha en el huerto del Getsemaní. Lucas 22:41-44: "Se apartó de ellos a distancia como de un tiro de piedra, y puesto de rodillas oró, diciendo: 'Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya'. Entonces se le apareció un ángel del cielo para fortalecerlo. Lleno de angustia oraba más intensamente, y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra" Su lucha era terrible e intensa. Su naturaleza, su "yo", combatía de tal manera para no ir a la cruz, que Lucas dice por inspiración que sudó sangre. Finalmente, dijo victorioso: "...no se haga mi voluntad, sino la tuya." Que Dios os bendiga. Contemplar su gloria Tema nº 9 Hoy trataremos acerca de los dos pactos. Es un tema tan y tan profundo, que es prácticamente imposible desarrollarlo en una sola sesión. Así que, si no lo termino hoy, procuraré hacerlo en la próxima reunión. Ahora concluiremos la predicación anterior relativa a la naturaleza de Jesús. Quisiera dedicar unos minutos a señalar la importancia de este tema. Desgraciadamente algunas personas dicen: 'Hay dos posiciones, y no sé cuál es la correcta'. Otros piensan que no habrá solución concreta acerca de este tema hasta que estemos en la eternidad. Este tipo de actitud me entristece, porque implica la idea de que el asunto no tiene ninguna importancia. ¿Habéis oído decir alguna vez a alguien: 'Ese tema no tiene demasiada importancia para mi salvación'? Una conclusión tal refleja una fe egocéntrica e indigna: "Mi salvación" no fue la mente de Jesús. Lo que a nosotros no nos parece importante, para Dios sí puede serlo. Es algo así como aquellos que se implican y participan en un tipo de adoración "muy moderna" conocida como "movimiento de celebración". Cuando asisto a cualquier congregación de celebración, siempre sostienen que "es bueno para mí" o "no es malo para mí". Pero la cuestión no es si es bueno o malo para mí, sino si glorifica o deshonra a Dios. Así pues, sobre el tema de la naturaleza de Jesús, debemos preguntarnos: ¿Cuál es la voluntad de Dios? ¿Qué es lo que lo glorifica? Recordad: esas son las preguntas adecuadas, y no, ¿qué necesito yo?, ¿cuál es mi manera de pensar?, o ¿qué me conviene más? Al asistir al culto de adoración, no importa si el pianista toca bien o mal, o si el predicador me gusta o no, mi gran objetivo debe ser adorar a Dios. Y viviendo así siempre recibiremos mucho más de lo que daremos. Nuestros servicios de adoración están actualmente amenazados de muerte, y no debido a la forma, sino debido al mensaje, ya que el auténtico mensaje del evangelio nunca puede aburrir, y sin embargo la mayoría de nuestros miembros están sumergidos en el aburrimiento y la monotonía espiritual. 1 Juan 4:1-3: "Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios, porque muchos falsos profetas han salido por el mundo. En esto conoced el Espíritu de Dios: todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne es de Dios; y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios; y este es el espíritu del Anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo" En este texto podéis ver que el tema de la naturaleza de Jesucristo es algo importantísimo. Cuando oigo a personas que dicen que no importa si Jesús vino en la carne humana después de la caída de Adán, y luego leo este texto, entiendo que sí que importa: que es un tema capital. Cuando no se tiene la comprensión correcta en este punto, prestamos un servicio muy deficiente a Dios. Y de acuerdo con lo que hemos leído, participamos del espíritu del anticristo. Ahora, quiero que quede clara una cosa: hay una comprensión correcta, y una incorrecta, y yo sé que estáis deseosos de formar parte de "todo espíritu que confiesa que Jesús ha venido en carne (mortal, pecaminosa, como la nuestra)", pero por favor, no se os ocurra ir al hermano que piensa de modo diferente y decirle que su espíritu es el del anticristo. Nadie debe juzgar a otro. En el texto hay verdaderamente una afirmación muy trascendente, y Dios desea ansiosamente que comprendamos este punto tan vital del evangelio: ¿A qué Cristo adoramos? Que vosotros y yo podamos apreciar su verdadero carácter, a fin de que podamos reflejar ese carácter y estemos listos para recibirlo cuando venga en gloria. E. White nos dice que es el esfuerzo capital de Satanás, o sea, uno de sus mayores esfuerzos, el evitar que veamos la belleza de Jesús, porque él sabe que cuanto menos contemplemos a nuestro Salvador tal como él es, menos poder habrá en nuestras vidas para vencer el pecado. Y aunque digamos que creemos en Cristo, Satanás triunfa, ya que no hay poder en nuestras vidas para reflejar su carácter. Satanás está entonces contento: podemos seguir guardando el sábado, podemos devolver el diezmo, e incluso podemos abstenernos de comer carne, queso, azúcar... es decir, podemos hacer lo correcto en "las formas", pero todas estas cosas pueden ser puro legalismo. No necesariamente, puesto que también es posible vivir así porque uno quiera glorificar verdaderamente a Cristo, y eso está muy bien. Pero dejar a un lado un tema tan solemne como ese nos mantendrá en nuestros pecados y evitará que conozcamos al Cristo verdadero. Así pues, nadie debe sentirse feliz diciendo: 'No entiendo el tema, y como no lo entiendo, no me interesa'. Que nadie se conforme con una comprensión deficiente del núcleo central del evangelio. 1 Juan 3:1 y 2: "Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no lo conoció a él. Amados, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal como él es" La promesa aquí, es que aquellos que estén vivos cuando Cristo venga, serán como él en carácter, en toda forma imaginable por causa del evangelio. Apocalipsis 19:7-9: "Gocémonos, alegrémonos y démosle gloria, porque han llegado las bodas del Cordero y su esposa se ha preparado. Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente (pues el lino fino significa las acciones justas de los santos). El ángel me dijo: 'Escribe: Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero'. Y me dijo: 'Estas son palabras verdaderas de Dios'" Todo esto me dice que Jesús va a tener una esposa que será como él en carácter, ya que él no se va a casar con cualquiera que sea distinto y piense de forma diferente a la suya. Jesús se casará con una esposa que piense como él, que tenga su mente, que haya vencido como él venció --por la fe--, y que haya pasado por la crucifixión del "yo". Cristo dice de los tales, que "menospreciaron sus vidas hasta la muerte" (Apoc. 12:11). Así, es mi oración para cada uno de vosotros, que podamos apreciar este maravilloso tema, y que este mensaje transforme nuestras vidas y que seamos más amantes, más amables y más fieles a la verdad. Ahora nos adentramos en otro tema: los pactos. Estoy seguro de que habéis oído hablar de los pactos. Sinceramente, me siento incapaz de desarrollar este tema en una sola predicación. Para el cristiano común, incluso para el adventista común, la idea misma de los pactos suele evocar el aburrimiento. Durante muchos años en mi camino como cristiano y adventista, no comprendí los pactos. Asistí a las clases de un profesor famoso en el seminario, y cierto día dijo a la clase: "la semana próxima estudiaremos el tema de los pactos", y yo me emocioné, porque en relación a este tema yo estaba aún en "Babilonia", ya que estaba en la más completa confusión --que es lo que significa Babilonia--. Así que me dije: "por fin podré salir de esa horrible confusión en cuanto a los pactos". Así, a la semana siguiente, en las clases me senté en primera fila. Allí estaba con mi bolígrafo y papel listos para tomar notas. Me sentía feliz pensando que por fin iba a comprender el tema de los pactos. Estuvimos durante toda la semana estudiando, y al final de aquella semana... ¡seguía en Babilonia! Pero el Señor nos dice: "salid de Babilonia", aunque yo no encontraba la forma. Me sentía chasqueado y confuso como nunca antes. Y no fue hasta que conocí el mensaje de 1888 cuando finalmente cobró sentido para mí el asunto de los pactos. El no comprender correctamente el tema de los pactos tal y como fue presentado en 1888, nos dejará sin defensa alguna a la hora de contrastar opiniones con nuestros hermanos evangélicos. Hay teólogos adventistas que predican por televisión, y que participan en debates televisivos con representantes de la comunidad evangélica en relación a la ley y el sábado; y para ser sincero con vosotros, pienso que debido a la interpretación típica y clásica del tema de los pactos de nuestros hermanos, verdaderamente los he visto en grandes apuros, y finalmente barridos por los opositores. Hoy quisiera compartir con vosotros algo que realmente tocó mi corazón en cuanto a los pactos. Mantened vuestras Biblias abiertas en la epístola a los Gálatas, y permitidme haceros una pregunta: ¿Cuantos de vosotros tenéis el libro, "Las Buenas Nuevas: Gálatas, versículo a versículo", de E.J. Waggoner? Os pregunto esto, porque os pido que hagáis todo lo posible por obtenerlo y estudiarlo cuanto antes. Debo confesaros que antes de leer este libro, encontraba la epístola a los Gálatas bastante aburrida. Pero gracias a Dios que al comprender el asunto de los pactos tal como está explicado por Waggoner en ese libro, vi nueva luz en esa epístola y ahora me parece fascinante. Gálatas 4:21-27: "Decidme, los que queréis estar bajo la Ley: ¿no habéis oído la Ley?, pues está escrito que Abraham tuvo dos hijos: uno de la esclava y otro de la libre. Pero el de la esclava nació según la carne; pero el de la libre, en virtud de la promesa. Lo cual es una alegoría, pues estas mujeres son los dos pactos; el uno proviene del monte Sinaí, el cual da hijos para esclavitud; este es Agar, pues Agar es el monte Sinaí, en Arabia, y corresponde a la Jerusalén actual, ya que esta, junto con sus hijos, está en esclavitud. Pero la Jerusalén de arriba, la cual es madre de todos nosotros, es libre, pues está escrito: '¡Regocíjate, estéril, tú que no das a luz; grita de júbilo y clama, tú que no tienes dolores de parto!, porque más son los hijos de la abandonada que los de la que tiene marido'" Hemos leído aquí que el apóstol Pablo se refiere a los dos pactos: uno es un pacto de "obras", y el otro, un pacto de "fe". Se utiliza la ilustración de Abraham. ¿Podéis imaginaros en el cielo junto a Abraham? Imaginad que estáis junto a él, y le preguntáis, ¿te diste cuenta de lo que hiciste?, ¿sabes que por tu incredulidad el mundo se ha sumergido en innumerables guerras (conflicto entre judíos y árabes)? Sabemos de sobras que no lo hizo intencionadamente. De hecho, nosotros hemos cometido ciertamente pecados iguales o mayores que ese. La elección que hizo Abraham de allegarse a Agar y engendrar a Ismael por la sugerencia de Sara, es una representación del pacto de las "obras". Sara, que fue la madre de Isaac --el hijo de la promesa-- es una representación del pacto de la "fe". Después de estudiar este tema, he descubierto que la palabra "pacto" en la Biblia en inglés aparece en unas 275 ocasiones. Y cada vez que aparece esa palabra, nunca se menciona como "nuestro pacto". Es decir, cuando hay un pacto, es el pacto de Dios, y tiene que ver con lo que él hace. Y quiero especificar algo: no es que Dios "hace", y luego nosotros "hacemos", no; es solamente lo que Dios hace: es el pacto del Señor, es su pacto. En la Biblia está escrito: "estableceré mi pacto contigo" (Gén. 6:18). Jamás se trata de nuestro pacto. Este es un concepto extremadamente importante. Hay más de un pacto mencionado en la Biblia. Hay un pacto entre superiores e inferiores (leed en 1 Sam. 11:1): en este versículo la persona de menor clase se compromete ante su superior según cierta alianza. Hay otro tipo de pacto en la Biblia, que significa un acuerdo al cual llegan dos personas del mismo estatus: es un pacto entre iguales. Hay otro tipo de pacto al cual nos referiremos hoy, y es un pacto que podríamos calificar como unilateral, en el cual el superior se compromete a sí mismo, se obliga a sí mismo, o promete al inferior alguna cosa. Un ejemplo clásico para esto lo encontramos en Génesis 15. Seguramente estáis ya familiarizados con este pacto: es el pacto de Dios a Abraham. Establezcamos claramente el hecho de que el pacto sobre el cual queremos poner toda nuestra atención, es equivalente a una promesa. Repito: pacto es igual a promesa. No es la típica imagen de dos personas poniéndose de acuerdo en algo. No sirve la ilustración de una persona poniéndose de acuerdo con el banco en la manera de pedir y pagar un crédito. Nosotros pedimos dinero al banco, y el banco nos adelanta ese dinero. Por lo tanto, el banco se ha comprometido a cumplir su parte al darnos ese dinero, y nosotros nos comprometemos también a pagar todos los plazos: se realiza, por decirlo así, un pacto entre ambas partes. Pero si fallamos en cumplir nuestra parte y no pagamos, se procede al embargo de bienes. ¿Sucede así en vuestro país? Estoy seguro de que sí. Pues bien, olvidad esa ilustración del pacto. El pacto bíblico no tiene nada que ver con la ilustración mencionada del banco. La hemos puesto como ejemplo de lo que NO es el pacto eterno, el pacto de la salvación. Mantened esto en vuestra mente. Es muy importante. Otro punto que quiero aclarar es que el pacto no es un asunto de cronología, sino de condición. Recordad muy bien esto, porque uno de los motivos por los que los adventistas se encuentran en apuros, es porque piensan que los pactos son una cuestión de tiempo cronológico en la historia. Pensar así hace imposible el defender la observancia de los diez mandamientos y el sábado en la era cristiana. Es una trampa muy peligrosa, ya que muchos dicen que el antiguo pacto forma parte del Antiguo Testamento, y el nuevo pacto tiene que ver con el Nuevo Testamento. Nosotros, como adventistas, no podemos estar de acuerdo con eso. Aunque muchos han reinventado una solución diciendo: "de Adán al Sinaí estaba vigente el nuevo pacto. Luego fue dada la ley en el Sinaí y entraron en el antiguo pacto, y así estuvieron hasta la cruz, y a partir de allí, vuelve otra vez el nuevo pacto." Hablan del pacto de Abraham, el pacto de Noé, etc, etc... ligándolos siempre al tiempo, a la cronología histórica. Pero el gran problema es que muchos adventistas están hoy bajo el antiguo pacto, porque verdaderamente se nos han enseñado los conceptos del antiguo pacto, e inconscientemente esos conceptos han sido presentados como si fueran el nuevo pacto, mientras que en realidad son el antiguo. Muchos de nuestros jóvenes están desanimados porque involuntariamente se les ha educado en los conceptos del antiguo pacto. Esos conceptos están impregnados a veces en las lecciones de Escuela Sabática, e incluso en los himnos del himnario adventista. Vayamos ahora al Antiguo Testamento, y veamos allí las glorias del nuevo pacto, o pacto eterno. ¿Sabéis?, el nuevo pacto o pacto eterno, es lo mismo que el Evangelio Eterno. El pacto en el que Dios se implica con nosotros, es una promesa. ¿Sabríais identificar en la Biblia dónde está ese pacto eterno, nuevo pacto o primer pacto? ¿Dónde aparece por primera vez ese pacto? Apocalipsis 13:8: "...Cordero que fue muerto desde la creación del mundo" Jesús fue el Cordero inmolado desde el principio del mundo. En el cielo mismo, el Padre y el Hijo entraron en un pacto. El pacto consistía en que si el hombre pecaba, Jesús sería el instrumento para hacer la expiación o reconciliación. Así pues, el pacto eterno tuvo lugar en el cielo; pero aquí en la tierra --quizá voy a sorprenderos , lo encontramos en Génesis 1, y no tiene mucho que ver con la raza humana. Génesis 1:20-23: "Dijo Dios: 'Produzcan las aguas seres vivientes, y aves que vuelen sobre la tierra, en el firmamento de los cielos'. Y creó Dios los grandes monstruos marinos y todo ser viviente que se mueve, que las aguas produjeron según su especie, y toda ave alada según su especie. Y vio Dios que era bueno. Y los bendijo Dios, diciendo: 'Fructificad y multiplicaos, llenad las aguas en los mares y multiplíquense las aves en la tierra'. Y fue la tarde y la mañana del quinto día" ¿Por qué digo que en estos versículos aparece ya el pacto eterno? Hemos leído en el versículo 22: "fructificad y multiplicaos". Aquí hay una orden dada a unos animales, y toda orden de Dios es una promesa. Es interesante: el primer pacto, la primera promesa, la primera orden, es dada a los peces del mar y a las aves. Luego vemos que en el sexto día, Dios repite este pacto: dice lo mismo a los animales terrestres, y luego ved los versículos 27 y 28: "Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Los bendijo Dios y les dijo: 'Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra y sometedla; ejerced potestad sobre los peces del mar, las aves de los cielos y todas las bestias que se mueven sobre la tierra" Dios dijo a Adán y Eva: fructificad y multiplicaos, y vemos que esa orden, esa promesa, se cumplió. Vosotros mismos sois un testimonio viviente de eso. En cierto sentido, Dios dio a Adán y Eva un pacto, justo en el mismo momento en que los creó, ya que en cada orden hay una promesa, y Dios nunca se vuelve atrás de sus promesas, porque en la promesa o pacto, hay vida. "Todas las promesas son en él 'sí', y en él 'amén', por medio de nosotros, para la gloria de Dios" (2 Cor. 1:20). En todo pacto hay una bendición, porque en cada pacto hay una promesa, y cuando Dios promete algo, está bendiciendo junto con la promesa. Dios cumple todas sus promesas y bendiciones en Cristo Jesús, ya que en él hay vida. ¿Recordáis cuando Isaac bendijo a Jacob en lugar de Esaú? Gén. 27:18-19, 24, 25-27, 35 y 38. Isaac le dijo a Esaú que no podía retirar la bendición que había dado a Jacob, porque Isaac comprendió el pacto o la promesa, y estaba actuando como representante de Dios. Cuando Dios da una promesa, nunca puede ser retirada o anulada. Dios se da a sí mismo, por lo tanto podéis fiaros. Es un concepto muy importante: Dios se ofrece como garantía para el cumplimiento de esa promesa o pacto. Este aspecto aparece ciertamente en Génesis 3:15: "Pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; esta te herirá en la cabeza, y tú la herirás en el talón". Dios da la promesa, y junto a ella, se da a sí mismo en la persona de su Hijo, el Mesías o Simiente que redimirá a la raza humana. Dios se implica totalmente en sus promesas. Este es otro ejemplo del amor ágape. Este pacto fue repetido también a Noé. Génesis 9:12-17: "Asimismo dijo Dios: 'Esta es la señal del pacto que yo establezco a perpetuidad con vosotros y con todo ser viviente que está con vosotros: Mi arco he puesto en las nubes, el cual será señal de mi pacto con la tierra. Y sucederá que cuando haga venir nubes sobre la tierra, se dejará ver mi arco en las nubes. Y entonces me acordaré de mi pacto con vosotros y todo ser viviente de toda especie; y no habrá más diluvio de aguas para destruir todo ser vivo. Estará el arco en las nubes; lo veré y me acordaré del pacto perpetuo entre Dios y todo ser viviente, con todo lo que tiene vida sobre la tierra'. Dijo, pues, Dios a Noé: 'Esta es la señal del pacto que he establecido entre mí y todo lo que tiene vida sobre la tierra'" La buena nueva es aquí que cuando Dios dio su promesa o pacto, no solamente la dio a Noé y a sus descendientes, sino que la dio también a los pájaros y a todo tipo de animales. No es preciso señalar que los animales son incapaces de prometer algo a cambio. Comprended este concepto: el asunto del nuevo pacto no tiene que ver con el factor tiempo, sino con la condición o estado de la mente. Y como sabéis, es Dios el que proporciona esa condición en nuestra mente. Lo único que Dios espera de nosotros es que recibamos la promesa o pacto: que creamos su palabra. Génesis 12:1-3: "Jehová había dicho a Abram: 'Vete de tu tierra, de tu parentela y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Haré de ti una nación grande, te bendeciré, engrandeceré tu nombre y serás bendición. Bendeciré a los que te bendigan, y a los que te maldigan maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra'" En estos versículos Dios promete a Abraham siete cosas. Cuando estéis tranquilos en vuestros hogares, las podéis contar. Dios prometió a Abraham el cielo. Las parejas de jóvenes, cuando se enamoran, se prometen uno al otro muchas cosas, si bien cumplir todas esas promesas suele resultar imposible. Pero en estos versículos vemos que Dios hace muchas promesas a Abraham: el cielo mismo. Dos preguntas para terminar: ¿Creyó Abraham la promesa? ¿Cumplió Dios la promesa? --Sí, ciertamente. No es tan difícil permanecer en la condición del nuevo pacto: Dios promete; tú y yo creemos, y la promesa se cumple. Con este concepto en la mente concluimos el tema, y en la próxima reunión lo desarrollaremos más ampliamente. Que Dios os bendiga. Contemplar su gloria Tema nº 10 Si Jesús estuviera aquí, seríamos capaces de estar días enteros escuchándole. Nos deleitaríamos tanto, que el tiempo no tendría importancia para nosotros. Nunca nos cansaríamos de oírlo. Volvamos al tema de los pactos. Quiero recordaros que al tratar de estos asuntos no estamos sino explorando la superficie de un gran océano cuya profundidad es insondable. En estas predicaciones más o menos genéricas, en las que no podemos profundizar demasiado, mi intención es la de estimularos a estudiar individualmente. La promesa bíblica es que aquellos que están sedientos y hambrientos de justicia, serán saciados. Espero que estas reuniones os motiven a un estudio personal más profundo. Dijimos anteriormente que cuando se trata del pacto de Dios, estábamos hablando de la promesa de Dios de darse a sí mismo, y eso --decíamos-- equivale al evangelio. Dios nunca nos pide que le prometamos a él nada. Nuestra vida, la vida de la raza humana reflejada a lo largo de todas las Escrituras, nos demuestra que el asunto de no prometer nada a Dios es algo realmente difícil para nosotros. Da la sensación de que vivir sin prometerle nada a Dios haya de ser algo demasiado fácil. Éxodo 19:1-6: "Al mes tercero de la salida de los hijos de Israel de la tierra de Egipto, en aquel día vinieron al desierto de Sinaí. Porque partieron de Rephidim, y llegaron al desierto de Sinaí, y asentaron en el desierto; y acampó allí Israel delante del monte. Y Moisés subió a Dios; y Jehová lo llamó desde el monte, diciendo: Así dirás a la casa de Jacob, y denunciarás a los hijos de Israel: Vosotros visteis lo que hice a los Egipcios, y cómo os tomé sobre alas de águilas, y os he traído a mí. Ahora pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. Y vosotros seréis mi reino de sacerdotes, y gente santa. Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel" Ese momento histórico es muy, muy importante. Hemos leído la maravillosa promesa que Dios da, consistente en que él haría de Israel un reino de sacerdotes y gente santa. Dios dijo: "si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, seréis mi especial tesoro..." Vemos, en los versículos 7 y 8, la respuesta del pueblo de Israel: "Entonces vino Moisés, y llamó a los ancianos del pueblo, y propuso en presencia de ellos todas estas palabras que Jehová le había mandado. Y todo el pueblo respondió a una y dijeron: Todo lo que Jehová ha dicho haremos. Y Moisés refirió las palabras del pueblo a Jehová" Ahora voy ha hacer una afirmación que quizá os cueste algo de creer y aceptar. No he encontrado ni un sólo pasaje bíblico en el que Dios instruya a los hijos de Israel --ni a nadie-- a que le obedezca. Repito: no he encontrado ningún pasaje bíblico en el que Dios nos pida que le obedezcamos. Difícil de creer, ¿verdad? Seguramente estéis pensando que mi afirmación carece de sentido... Seguramente estaréis buscando y encontrando ya algún texto bíblico para hacerme ver lo equivocado que estoy. ¿No es así? Sé que pensáis que ese tipo de textos que exhortan a la obediencia están por todas partes en la Biblia. ¿Alguien tiene una concordancia? --Por mucho que busquéis, no lo encontraréis. Os diré por qué. Dios nunca dijo: "obedecedme", si no que dijo muy frecuentemente: "dad oído a mi voz", "obedeced mi voz", etc. ¿Por qué dice Dios "obedeced mi voz", y no "obedecedme"? La palabra hebrea que se traduce "obedecer" es, shamar, y significa escuchar, dar oído, prestar atención, o simplemente oír. La Biblia dice, "si diereis oído a mi voz". Es la voz de Dios la que nos habla palabras, y en la palabra de Dios hay vida. La misma palabra tiene vida. "Por la palabra de Jehová fueron hechos los cielos, y todo el ejército de ellos por el espíritu de su boca" "Porque él dijo, y fue hecho; Él mandó, y existió" (Sal. 33:6, 9). Se nos dice aquí que todo fue creado por la palabra, y Jesús es esa palabra o Verbo. "En el principio era el verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios" (Juan. 1:1). Y Jesús nos trae la vida. "En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres" (vers. 4). Lo que Dios nos quiere decir, y lo que les quiso decir a los hijos de Israel, es esto: "si prestáis atención o escucháis mi palabra, y la creéis, tendréis vida, y en esa vida obtendréis la bendición de tenerme a mí". Y en Éxodo 19 se nos dice: "si shamar mi pacto", es decir, en el sentido amplio de la palabra: "si amáis esa palabra, si la cultiváis, si la apreciáis, si la guardáis..." Y sólo guardamos algo que consideramos de muchísimo valor, es decir: "si guardáis aquello que amáis --mi pacto-- por el gran valor que tiene para vosotros, seréis mi especial tesoro". Después de oír esto, los hijos de Israel dijeron: "todo lo que Dios ha dicho, nosotros lo haremos", y entraron así en la experiencia del antiguo pacto, porque Dios no les estaba pidiendo que prometieran nada a cambio. Dios sabe hoy, lo mismo que entonces, que todas nuestras promesas "son como telarañas". Nuestras intenciones pueden ser muy nobles, pero son deficientes y conducen a la esclavitud. Nuestra respuesta y la respuesta de Israel, debiera ser: "todo lo que Dios ha prometido, él lo hará". En el tiempo del Éxodo Dios tuvo que condescender, y vemos aquí de nuevo el concepto del ágape de Dios, al cual no le importa descender para encontrar a sus hijos. Durante cientos de años intentó enseñarles el concepto del nuevo pacto, el pacto eterno, el pacto de la promesa, el pacto de la fe. Pero Israel, la mayor parte del tiempo no lo entendió ni vivió a esa altura. Esdras 9. En estos tiempos, Israel se encontraba en una situación terrible: se estaban casando con paganos, transgredían el Sábado, etc. Y ahora ved la réplica de Israel a Dios: "Mas ahora, ¿qué diremos, oh Dios nuestro, después de esto? Porque nosotros hemos dejado tus mandamientos, los cuales prescribiste por mano de tus siervos los profetas, diciendo: La tierra a la cual entráis para poseerla, tierra inmunda es a causa de la inmundicia de los pueblos de aquellas regiones, por las abominaciones de que la han henchido de uno a otro extremo con su inmundicia. Ahora pues, no daréis vuestras hijas a los hijos de ellos, ni sus hijas tomaréis para vuestros hijos, ni procuraréis su paz ni su bien para siempre; para que seáis corroborados, y comáis el bien de la tierra, y la dejéis por heredad a vuestros hijos para siempre" (vers. 10-12). Israel admitía su problema. Admitían su pecado, pero ved la solución que ellos mismos proponían al problema, pensando que era la adecuada: "Ahora pues, hagamos pacto con nuestro Dios, que echaremos todas las mujeres y los nacidos de ellas, según el consejo del Señor, y de los que temen el mandamiento de nuestro Dios: y hágase conforme a la ley" (10:3). En el libro de Nehemías vuelve a estar la promesa hecha por el pueblo de Israel, quien dijo de nuevo: 'Señor, tienes razón, hemos permitido que nuestros hijos e hijas se casen con paganos, hemos menospreciado el Sábado, hemos pecado y sabemos que está mal, así que te prometemos que a partir de ahora ya nunca más cometeremos esos errores'. ¿Sabéis lo que pasó? En los capítulos 12 y 13 se nos explica que hay dos pecados que horrorizaban a Nehemías: seguían transgrediendo el Sábado, y continuaban casándose con paganos. Israel creyó estar rindiendo gran homenaje a Dios al hacerle maravillosas promesas de obediencia, pero no podían cumplir esas promesas porque --como hemos dicho-- nuestras promesas son tan débiles como telas de araña, o como cuerdas de arena (Nota: esta última es la expresión literal que E. White eligió en El Camino a Cristo, para ilustrar la inconsistencia de nuestras promesas). Queridos amigos, os animo a no entrar nunca en ese tipo de tratos con Dios. Por lo que más queráis, no le digáis a Dios que a partir de ahora asistiréis a todas las reuniones, que vais a orar más, que vais a estudiar más la Biblia levantándoos antes por la mañana y dedicándole tiempo. No. No hagáis ese tipo de promesas a Dios. Él no quiere eso, porque sabe que el espíritu está dispuesto, pero la carne es débil. En cambio, hay una forma en la que puede cumplirse todo lo anterior: "Porque si aquel primero fuera sin falta, cierto no se hubiera procurado lugar de segundo. Porque reprendiéndolos dice: He aquí vienen días, dice el Señor, y consumaré para con la casa de Israel y para con la casa de Judá un nuevo pacto; No como el pacto que hice con sus padres el día que los tomé por la mano para sacarlos de la tierra de Egipto: Porque ellos no permanecieron en mi pacto, y yo los menosprecié, dice el Señor. Por lo cual este es el pacto que ordenaré a la casa de Israel después de aquellos días, dice el Señor: Daré mis leyes en el alma de ellos, y sobre el corazón de ellos las escribiré; y seré a ellos por Dios, y ellos me serán a mí por pueblo" (Heb. 8:7-10). Recordad que en la promesa del nuevo pacto, o pacto eterno, es Dios quien os va a dar un nuevo corazón si vosotros lo deseáis y aceptáis. Nunca penséis que es vuestra misión el hacerle promesas a Dios. El nuevo pacto siempre ha existido, puesto que es el pacto eterno, es el pacto de la fe, esa fe que tuvo Abraham cuando Dios le prometió que tendría una descendencia tan numerosa como las estrellas del cielo, y ¿qué respondió Abraham a esa promesa? Dijo Amén, ¡Creo, Señor!, y eso le fue contado por justicia. Esas son las buenas nuevas del pacto. Dios está deseoso de tener una generación, un pueblo, que tome seriamente las promesas de Dios, que las crea al pie de la letra. Espero que vosotros y yo formemos parte de esa generación. No por nosotros mismos, sino por él y para él. Dios ha esperado demasiado tiempo ya para que se produzcan esas bodas del Cordero. Está esperando que su Esposa le diga: Amén. Aquí concluimos el asunto de los pactos. Quisiera, cambiando de tema, aportar algunas ideas acerca de unos puntos que me han planteado unos hermanos. El primero de ellos es el de cómo creó Dios a Lucifer, sabiendo que éste se iba a rebelar posteriormente. Creo que Dios lo hizo así porque siendo el Señor quien era y continúa siendo, no podía hacer de otra forma que crear a su imagen a un ser que gozase de libertad, ya que el amor lleva implícita la libertad. Y para Dios, que ama esa libertad, no hay nada más importante en todo el universo que respetar esa libertad. Y siendo quien era Dios, no podía haber obrado de otra forma. Quizá penséis que "mejor que no hubiese creado a un ser tal", pero entonces Dios hubiese tenido que crear algo así como robots, ya que si no crea a Lucifer hubiese creado algún otro ser, pero siempre con la capacidad de ejercer la libertad. Y como dije, crear con amor-libertad conlleva un riesgo, y si no hubiese sido Luzbel, quizá otro hubiese elegido rebelarse libremente. Ahora abordaremos otro punto que se me ha planteado en relación a lo sucedido el 11 de Septiembre y unas citas del Espíritu de Profecía. Quiero aclarar que yo no estuve allí el día del atentado. Verdaderamente lo sucedido ese día es algo muy próximo a lo que Ellen White describió en una visión. Seguramente lo habréis leído ya. Esta visión está en el libro Eventos de los últimos días, y está tomada del libro Joyas de los Testimonios, Tomo 3. En Estados Unidos la cita ha ido circulando por las iglesias. ¿Tenéis traducidos a vuestro idioma esos libros? Es asombroso el parecido que tienen las citas, con lo que sucedió en la realidad. Un pastor amigo me dijo que leyó esas citas en la iglesia, la semana siguiente a la tragedia, y un hermano muy destacado en la congregación le dijo que ya no volvería más a la iglesia porque se sintió dolido al escuchar todo lo relatado allí. Así que, ¿qué hacer con esos pasajes? ¡Son tan parecidos a la realidad! Incluso las secuencias del tiempo corresponden verdaderamente a los últimos días. Hay cosas descritas en esas citas que me llaman la atención. Primeramente, E. White describe un fuego que sería muy difícil de apagar, y ciertamente el fuego producido por las explosiones está tardando mucho tiempo en apagarse del todo (al iniciar mi viaje, aún no se había apagado). La segunda cosa que me llama la atención es que E. White hace una afirmación en la misma cita, y es en referencia a un episodio de guerra: escribió que las profecías de Daniel 11 estaban a punto de encontrar su cumplimiento. Esta última cita corresponde a la segunda sección de la visión. (3 JT, p. 280-283. La cita está reproducida al completo aquí ) Yo me pregunto: si América responde a ese ataque, ¿quién puede asegurar que no vuelva a haber nuevamente una respuesta contra América? ¿Quién sabe cómo acabará todo esto? Pero una cosa es segura: los acontecimientos dependerán de que Dios vea que tiene, o no tiene una Esposa preparada para recibirle cuando venga en las nubes. Digo esto porque deseo que recordéis que hace ya unos cien años hubo otra crisis en Estados Unidos, y el Congreso estuvo a punto de aprobar una ley dominical nacional. Sabemos que esa ley no fue finalmente aprobada, y la razón fue que, contra todo pronóstico, la Esposa no estaba preparada. No sé si la Esposa está ahora preparada, o no lo está. Alguien me dijo, en relación con la condición de la iglesia, que Dios se ha reservado a siete mil que no han doblado su rodilla ante Baal. Estamos viviendo en tiempos asombrosos. No recuerdo ningún otro tiempo en toda mi vida tan singular como este. Y soy ya algo viejo... Si estuvieseis hoy en Estados Unidos veríais que es un tiempo diferente a todos los demás. La situación me trae a la memoria aquel pasaje bíblico de Lucas 21:25 y 26: "Entonces habrá señales en el sol, y en la luna, y en las estrellas; y en la tierra angustia de gentes por la confusión del sonido de la mar y de las ondas: secándose los hombres a causa del temor y expectación de las cosas que sobrevendrán a la redondez de la tierra: porque las virtudes de los cielos serán conmovidas". Es bastante parecido a la situación actual, pero recordad: no hemos de mirar al mundo para saber lo que va a suceder, sino que el lugar adecuado a donde mirar es al Lugar Santísimo, donde Cristo está purificando a una iglesia. El estado externo de la iglesia manifiesta si permanece en armonía con lo que se realiza en el interior del Lugar Santísimo. Quiero decir algo muy breve antes de terminar, en relación con la problemática y dudas que algunos manifestáis acerca de la relación de nuestra iglesia con alguna tendencia ecuménica protestante-católica. Por lo que conocemos en las profecías, pienso que debiéramos huir de cualquier movimiento ecuménico, como si se tratase de la lepra. Os animo a orar por vuestros dirigentes para que Dios nos de sabiduría y no nos comprometamos en nada ilícito, en estas importantísimas horas de la historia. Por favor, orad por los dirigentes de vuestras iglesias, ellos lo necesitan y vosotros también. Que Dios os guarde. ¡Amén! Contemplar su gloria Tema nº 11 Hola amigos. Hoy hablaremos de un mensaje maravilloso que llega al corazón. Creo que no se ha entendido adecuadamente, y por eso suele ser mal recibido. Quizá, de todos los temas que se estudian en el 'Comité para el estudio de 1888', en su amplio temario, es el peor comprendido por parte de los hermanos que no simpatizan con este mensaje. Probablemente esto suceda debido a que los que amamos el mensaje de 1888 aún no lo hemos experimentado ni proclamado en la forma en la que debiéramos. La gente no quiere oír otro sermón: quiere verlo. Lo que tiene poder es aquello que los demás pueden ver en nosotros, y no lo que podamos decir. Recordad: una cosa es predicarlo, y otra es vivirlo. Y os aseguro que predicarlo no es la parte difícil. Marcos 1:14 y 15: "Mas después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios, y diciendo: El tiempo es cumplido, y el reino de Dios está cerca: arrepentíos, y creed al evangelio". Dios nos dice: "venid y razonemos". Es cierto que Dios apela a nuestro corazón, pero no deja por eso de apelar a nuestra inteligencia. Para llegar a nuestro corazón, Dios utiliza nuestra mente. Personalmente creo que el evangelio ha de ser algo lógico, razonable. Algunos prefieren pensar de esta forma: "No se puede explicar, simplemente créelo". Pero creo que Dios no espera eso de nosotros, sino más bien una fe inteligente, razonable. Así que trataré de apelar a la lógica al presentar este tema. Cierta vez estaba implicado en unas reuniones evangelísticas. En uno de los temas hice una referencia a la lógica, y alguien me interrumpió y me dijo: "Por favor, no recurra a la lógica cuando predique". Eso era en realidad una invitación a que fuera ilógico en mis presentaciones. ¿Os parece un buen consejo? Los que creemos en Jesús sabemos que Cristo no nos va a pedir nunca algo que él mismo no haya experimentado antes. ¿Nos va a pedir que hagamos algo que él mismo nunca haya hecho? --No, ciertamente. Si él os pide que abandonéis el pecado, es solamente porque él mismo rechazó todo pecado. Y si os pide que creáis es porque él creyó también; además, con una fe inquebrantable. Y si nos dice que tengamos fe, es porque él tuvo fe. Él vivió por la fe, y nos pide que nosotros también vivamos por la fe. Así pues, cuando leemos en Marcos 1:15: "arrepentíos, y creed en el evangelio", hemos de comprender que Cristo experimentó ambas cosas: el arrepentimiento y la fe. Todo esto es muy difícil de aceptar para algunos. Pero veamos qué dice la palabra de Dios, ya que nuestra lógica ha de estar basada en la Biblia. Hechos 19:4: "Y dijo Pablo: Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyesen en el que había de venir después de él, es a saber, en Jesús el Cristo". Mateo 3:1 y 2, 13-17: "En aquellos días vino Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea, y diciendo: Arrepentíos, que el reino de los cielos se ha acercado... Entonces Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado de él. Mas Juan lo resistía mucho, diciendo: Yo he menester ser bautizado de ti, ¿y tú vienes a mí? Empero respondiendo Jesús le dijo: Deja ahora; porque así nos conviene cumplir toda justicia. Entonces le dejó. Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. Y he aquí una voz de los cielos que decía: Este es mi Hijo amado, en el cual tengo contentamiento". La pregunta es: ¿Por qué tuvo Jesús que ser bautizado? A menudo, ya sea en el evangelismo o en estudios bíblicos, solemos decir que Jesús es nuestro ejemplo, y se bautizó precisamente para darnos ese ejemplo. Muchas veces en nuestras campañas evangelísticas damos énfasis al método bautismal adecuado (por inmersión). Y repetimos una y otra vez que el método por aspersión no es un bautismo auténtico, que no es bíblico. También decimos que bautizar a un bebé no es correcto. Ciertamente el bautismo correcto es por inmersión, y a una edad de discernimiento espiritual. Pero vayamos más allá que simplemente decir que era un ejemplo, y negarnos a ver nada más profundo. Lo que él hizo es más que un simple ejemplo en las formas. Ahora nos adentramos al centro mismo del tema de hoy. Jesús dijo a Juan: "Permite que así sea, porque conviene que así cumplamos toda justicia". Todos sabemos que Jesús no era un pecador, está claro que él no necesitaba lavar sus pecados mediante el bautismo. Sin embargo fue bautizado verdaderamente. Su bautismo no fue una forma desprovista de contenido, sino que cumplía "toda justicia" --lo contrario de un engaño. Pero sabemos que uno no va al bautismo sin haberse arrepentido antes. Lógicamente os preguntaréis: '¿Cómo pudo Jesús arrepentirse siendo que nunca pecó?' Bien, sabemos que Cristo nunca pecó, así que, por lógica, parecería no tener razón para ser bautizado; pero deberíamos comprender a partir de su bautismo de arrepentimiento, que Jesús atravesó cada uno de los pasos que tiene que dar una persona que ha de ser bautizada. Él recorrió cada una de las etapas. ¿Cuántos de vosotros habéis sido bautizados por inmersión? ¿Confesasteis vuestros pecados antes de bautizaros? ¿Le dijisteis a Jesús que estabais arrepentidos por vuestra anterior vida? ¿Le dijisteis que de ninguna forma queríais continuar con aquel tipo de vida? Recordad que cuando estudiamos el tema de la naturaleza de Cristo, la Biblia hace énfasis en la identidad de la naturaleza humana de Cristo con la nuestra. No es solamente que Cristo murió por nosotros, sino que murió en tanto en cuanto nosotros, como debe morir toda la raza humana (Rom. 6:10). Él fue el representante de toda la humanidad caída. Empezamos ahora a considerar el concepto corporativo. Sabéis que la Biblia ha sido escrita por personas con mentalidad oriental. No sé aquí, pero en Estados Unidos la mayor parte de la gente con la que hablo tiene una mentalidad diferente, occidental. No me estoy refiriendo a las películas de indios y vaqueros con esto de mente oriental y occidental. Hay una forma de pensar propia de la mentalidad hebrea oriental. Cristo se dio a sí mismo, se tuvo como representante de la raza humana. Y la Biblia nos dice virtualmente que se arrepintió, puesto que nos dice que pasó por el bautismo --de arrepentimiento-- de Juan el Bautista. Esto está implícito en las mismas palabras que describen ese bautismo de arrepentimiento que ministraba Juan. Os quiero dar unas referencias de E. White. Hay algunos que parecen no estar dispuestos a creer en lo que está escrito en la Biblia, a menos que la hermana White lo confirme. Espero que no sea vuestro caso, pero os leeré estas citas: "Después que Cristo hubo dado los pasos necesarios de arrepentimiento, conversión y fe en beneficio de la raza humana, vino a Juan para ser bautizado de él en el Jordán" (General Conference Bulletin, 1901, p. 36). "Cristo vino, no confesando sus propios pecados, sino que le fue imputada la culpabilidad como sustituto del hombre. Vino, no a arrepentirse en lo concerniente a él, sino en beneficio del pecador... como su sustituto, toma sobre sí sus pecados [los del hombre pecador], contándose con los transgresores, dando los pasos que se requieren del pecador; y haciendo la obra que debe hacer el pecador." (Review & Herald, 21 enero 1873). También en la Carta nº 69 de 1900 donde E. White dice que: "Cristo dio los pasos que un pecador debe dar antes de bautizarse, se arrepintió y confesó, no sus propios pecados, puesto que no tenía ninguno, sino por los pecados del mundo. De tal forma se identificó con el mundo que se arrepintió en favor de la raza humana". Este es un concepto maravilloso. Encierra un gran poder evangelístico. Pero, ¿cómo pudo Jesús sentir y pensar de esa forma? Recordemos que Jesús era hebreo, y tenía una mente oriental que venía directamente de Dios. La idea de la personalidad corporativa discurre por toda la Biblia y la impregna. Por ejemplo, el apóstol Pablo comprendió el principio del Antiguo Testamento del concepto corporativo, como demuestra el capítulo 12 de 1ª de Corintios, en relación a la iglesia como cuerpo. Él dijo que la iglesia es un solo cuerpo, una unidad corporativa. Los hebreos del Antiguo Testamento comprendieron este concepto porque comprendían la Deidad. Jesús oró a su Padre celestial al efecto de que sus seguidores fueran uno como su Padre celestial y él eran uno. ¿Cuántos de vosotros habéis oído hablar de un profesor que se llama Richard Davidson? Es el catedrático de Antiguo Testamento de la Universidad Andrews. Formó parte del 'Comité para la primacía del Evangelio'. En el diálogo que tuvo lugar durante años entre el 'Comité para el estudio del mensaje de 1888' y la Asociación General, él, como teólogo del Antiguo Testamento decidió estudiar este tema e investigar ese concepto. Más tarde escribió un maravilloso trabajo de unas 50 páginas que presentó al 'Comité para la primacía del Evangelio' sobre ese concepto de la personalidad corporativa o unidad corporativa. El pastor Wieland tiene una copia, por si quisierais leer este documento. Os lo recomiendo. Los judíos comprendieron hasta cierto punto el evangelio porque está muy relacionado con el aspecto corporativo. Primeramente, los judíos no se veían a sí mismos como individuos aislados, sino como formando parte de un todo. Quizá para nosotros es difícil comprenderlo, pero para ellos el tiempo, el antes y el después en ese todo, no significaba una gran diferencia a lo largo de la historia. Recordemos aquella cita del Deseado de todas la gentes que dice: "todos somos culpables de la muerte y crucifixión del Hijo de Dios" (p. 694). Aunque no estuviéramos personalmente allí, sabemos que toda la raza humana es culpable de la crucifixión. Trataré de daros un ejemplo... Tengo un amigo con el que estuve asociado durante algún tiempo, que es judío de nacimiento, y me explicó que este concepto es para él fácil de comprender. Según él, no ofrecía ninguna dificultad dado que al nacer él en un hogar judío, desde la infancia sus padres le enseñaron que aquello que experimentó Moisés y el pueblo de Israel al pasar el Mar Rojo, en realidad lo experimentó todo judío en todo tiempo, incluidos él y su familia. Es decir, él y los suyos estuvieron allí, por así decirlo. También se le enseñaba constantemente que en el Sinaí, cuando Dios dio la Ley al pueblo judío, él y su familia estuvieron allí. El judío comprende sin problemas el concepto de unidad corporativa del género humano. Hay partes del Antiguo Testamento en las que se nos dan muy claras evidencias de esto. Los profetas del Antiguo Testamento nos dan un claro testimonio. Por ejemplo, en el libro de Daniel capítulo 9, es interesante ver cómo Daniel, después de elevar esa gran oración de arrepentimiento, justamente después, se le dio la información, la explicación, de los 2300 días de Daniel 8:14. Leamos unos versículos de este interesante capítulo 9 (3-5, 8) de Daniel: "Y volví mi rostro al Señor Dios, buscándole en oración y ruego, en ayuno, y cilicio, y ceniza. Y oré a Jehová mi Dios, y confesé, y dije: Ahora Señor, Dios grande, digno de ser temido, que guardas el pacto y la misericordia con los que te aman y guardan tus mandamientos; Hemos pecado, hemos hecho iniquidad, hemos obrado impíamente, y hemos sido rebeldes, y nos hemos apartado de tus mandamientos y de tus juicios... Oh Jehová, nuestra es la confusión de rostro, de nuestros reyes, de nuestros príncipes, y de nuestros padres; porque contra ti pecamos". Como podéis ver en esta oración de arrepentimiento, Daniel no solamente confiesa los pecados de los que le eran contemporáneos, sino que también confiesa los de sus antecesores, padres, abuelos, etc. Observad que emplea continuamente el término nosotros. No dice ellos, sino nosotros. Hizo verdaderamente la función de profeta, identificándose él mismo con los pecados del pueblo, pecados en los que él no había participado personalmente. Él concebía a Israel como a un todo, como a una unidad desde las edades antiguas, sin tener en cuenta el tiempo. Y nosotros sabemos que los pecados de las generaciones pasadas no fueron diferentes de los de la generación actual. Si vamos al libro de Hebreos veremos que el autor del libro, en el capítulo 7, habla de Abraham, y emplea el mismo pensamiento al referirse a cómo Abraham pagó el diezmo a Melquisedec, (vers. 9 y 10): "Y, por decirlo así, en Abraham fue diezmado también Leví, que recibe los diezmos; porque aún estaba en los lomos de su padre cuando Melchisedec le salió al encuentro". Encontramos aquí nuevamente la idea del concepto corporativo. Leví pagó el diezmo en Abraham. Es decir, Leví, a pesar de no haber nacido todavía, dió los diezmos cuando Abraham los estaba dando. Los dio en Abraham, puesto que Leví aún no había nacido. O sea, lo que hizo Abraham lo estaba haciendo Leví en su seno, ya que Leví no había nacido todavía. Este concepto corporativo viene desde el mismo momento de la creación. Leamos en Génesis.2:7: "...Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un alma viviente". Este ser creado fue Adán, y el nombre de Adán no es simplemente un nombre propio, singular, de una sola persona, sino que significa "humanidad": todos los hombres. La Biblia quiere darnos a entender que todos nosotros estábamos en "Adán". Él era nuestro representante. Era la cabeza de la humanidad. Así pues, "por decirlo así", todos estábamos en él corporativamente. Vayamos ahora al Nuevo Testamento. Juan 5:28 y 29: "No os maravilléis de esto; porque vendrá hora, cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron bien, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron mal, a resurrección de condenación". Jesús está aquí refiriéndose a las dos resurrecciones; una antes del milenio, y otra después de él. Vayamos ahora a 1ª de Corintios 15:22: "Porque así como en Adán todos mueren, así también en Cristo todos serán vivificados". Hermanos, esto es absolutamente cierto. Todos resucitarán, ya sea antes del milenio (los salvos), o después (los perdidos). La cuestión es que todos, de igual forma en que estábamos en Adán y debiéramos morir; ahora, al estar en Cristo --"el postrer Adán"--, seremos resucitados. Todos sin excepción. Esta es la razón por la que Pablo escribe en 2ª de Corintios 5:14: "...si uno [Cristo] murió por todos [la raza humana], luego todos han muerto." Debido a que toda la raza humana estaba en Cristo, toda la raza humana murió la segunda muerte en él. Este es un tema sobrecogedor que impregna toda la Biblia. Hay muchos otros textos en la Escritura que nos muestran este aspecto. El problema es que nos falta tiempo para estudiarlos. Que todos estemos en Cristo, eso son buenas nuevas, porque ya todos nosotros morimos cuando él murió nuestra segunda muerte. Pero recordad que el concepto de la identidad corporativa es eso mismo, una identidad o identificación, y nosotros tenemos la oportunidad de identificarnos con Cristo como lo hizo Pablo al decir: "Con Cristo estoy juntamente crucificado..." (Gál. 2:20). ¿En qué sentido fue eso cierto? Pablo aceptó la muerte de cruz de Cristo, como representante y cabeza de toda la raza humana, de la cual él era miembro. Cristo murió por todos, "luego todos han muerto", y en ese "todos", Pablo se incluyó. ¿Qué significa realmente este concepto de arrepentimiento corporativo? Jesús se identificó de tal manera con la raza humana, que fue "Dios con nosotros". Hasta tal punto lo hizo, que vio el pecado de la raza humana como el suyo propio (puesto que se había hecho el representante de la raza caída). El pecado de toda la raza humana es un pecado al que personalmente jamás cedió, por la gracia de Dios Padre, que lo sostuvo en todo momento. En Estados Unidos tengo un buen amigo que ha pasado prácticamente la mitad de su vida en la cárcel. Estuvo encerrado en prisión, no por un crimen sino por varios. Estuvo encarcelado unos veinticinco años. No sé si también sucede aquí, pero en Estados Unidos, este amigo mío me explicaba que en la cárcel hay diferentes niveles de presidiarios. Por ejemplo: en prisión puedes ser una persona muy popular --eres de nivel alto-- si tu crimen fue matar a un policía. Se te considera como a un héroe, allí eres alguien. Los presidiarios tienen sus jerarquías, y matar policías es la más alta. Después están los ladrones de bancos, éstos también están en un muy buen lugar. Los asesinos tienen también una buena reputación entre los presos. Pero también están los de rango o nivel inferior. Los más despreciables, los peor tratados, son los violadores. Pero aún hay otros que están en un nivel inferior, estos aún son más bajos que los violadores y se los trata peor aún, son la última basura en la cárcel: son los que abusan física o sexualmente de los niños. Y es curioso, porque los que asesinaron policías, los ladrones de bancos, y los asesinos simplemente, miran por encima del hombro y desprecian a los violadores, como considerándose mejores que ellos de alguna forma. No es infrecuente que los violadores y pederastas sean asesinados en la cárcel. Algunas veces, cuando contemplamos un crimen repulsivo, decimos: '¡Cómo pudo hacerse algo tan horrible! ¡Yo nunca habría hecho algo así!' Pero gracias a Dios que esa no fue la actitud de Jesús hacia nosotros. Ved un ejemplo en Juan 8:11, cuando Jesús le dice a una mujer adúltera: "...ni yo te condeno". Él no la condenó, sino que tuvo para con ella palabras de simpatía y comprensión. Él sabía que en la propia fuerza de su carne, abandonado de la gracia de Dios, se hallaría cometiendo pecados como ese si las circunstancias fueran favorables. Esta es la razón por la cual las personas podían encontrar en Jesús a alguien que no les juzgaba ni condenaba, sino que estaba lleno de compasión y simpatía hacia las personas, en su condición de debilidad. Este tipo de actitud hacia el pecador, este tipo de amor, era como un imán, ejercía un tremendo magnetismo, un poder de atracción que le hacía el mejor evangelista que ha conocido el universo. Ellen G. White nos dice: "...cuando encontramos a alguien alejado de Cristo, debemos arrepentirnos en favor de aquella persona hasta que podamos llevarla a un arrepentimiento personal. Y una actitud tal erradica la justicia propia de nosotros." Y en mi forma de comprenderlo, creo que fracasar al ministrar de esta manera, es una constante barrera para el evangelismo. La Biblia nos habla también de la responsabilidad compartida, o corporativa. ¿Recordáis la historia de Acán --en Josué 7--, el que robó un manto babilónico? Su acto contaminó a todo Israel. El pecado de un hombre afectó a todo el pueblo; Dios atribuyó a todo Israel el pecado de Acán. A muchos quizá les parezca injusto, pero también es cierto lo contrario. Es decir, por la justicia de un solo Hombre, toda la raza humana fue reconciliada con Dios, (2 Cor. 5:19, 21; Rom. 5:8-11, 18 y 19), y en ese acto no tuvimos mérito ni presencia personal alguna; y sin embargo, hemos recibido la maravillosa bendición de la "justificación de vida". Apocalipsis 3:14-19: "Y escribe al ángel de la iglesia en Laodicea: He aquí dice el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios: Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Mas porque eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. Porque tú dices: Yo soy rico, y estoy enriquecido, y no tengo necesidad de ninguna cosa; y no conoces que tú eres un cuitado y miserable y pobre y ciego y desnudo; Yo te amonesto que de mí compres oro afinado en fuego, para que seas hecho rico, y seas vestido de vestiduras blancas, para que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas. Yo reprendo y castigo a todos los que amo: sé pues celoso, y arrepiéntete". Una mejor traducción de este último versículo sería, "sé celoso en tu arrepentimiento". Sigamos en los versículos 20-22: "He aquí, yo estoy a la puerta y llamo: si alguno oyere mi voz y abriere la puerta, entraré a él, y cenaré con él , y él conmigo. Al que venciere, yo le daré que se siente conmigo en mi trono; así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias". Comprenderlo correctamente hará que nunca abandonéis la iglesia. Esta iglesia es el remanente de Dios. Algunos dicen: 'Aquí hay un mensaje en el que Dios nos dice que nos vomitará de su boca. Debemos irnos, antes de que eso suceda.' Estoy seguro de que la mayoría sabéis que la traducción correcta del versículo 16 es: 'Me hacéis sentir mal, me producís náuseas'. La expresión, en el idioma griego, denota que Cristo aún no ha consumado el acto de "vomitar", ni profetiza que lo haya de consumar. Hay dos cosas que quisiera compartir con vosotros antes de terminar: Primeramente, destacar que el mensaje se dirige "al ángel de la iglesia de Laodicea", y vosotros sabéis ya que el ángel nos representa a nosotros los pastores, primeros ancianos, primeros diáconos, directores de departamentos varios; en fin, a todos los dirigentes de la iglesia, a nivel local y hasta la Asociación General. (Ver en Obreros evangélicos, p. 13 y 14, y en Hechos de los apóstoles, p. 468). Así que este es un mensaje dirigido especialmente a los dirigentes, más bien que un mensaje dirigido a los individuos personalmente. Segunda cosa que quiero destacar, es que Dios llama a ese ángel al arrepentimiento. De hecho, Dios le dice a ese ángel: "Sé celoso en tu arrepentimiento, arrepiéntete profundamente, concienzudamente". En relación con la historia de nuestra denominación, sabemos que en 1888, cuando este maravilloso evangelio fue presentado, Jesús vino mediante el Espíritu Santo, y la reacción de las personas que oyeron este mensaje no fue distinta a la actitud de los judíos hacia Jesús, cuando estuvo personalmente en esta tierra. E. White dice que "si Jesús hubiese estado allí en 1888, la mayoría de los delegados allí presentes, lo habrían tratado de la misma forma como lo trataron 1800 años atrás los judíos." E. White dice que "el Espíritu Santo fue insultado". A veces oramos y predicamos acerca de la Lluvia Tardía. Vemos a hermanos sinceros orando por ese derramamiento. Pero hemos de examinar nuestra historia y preguntarnos a nosotros mismos: '¿Estamos insultando aún hoy al Espíritu Santo?' No si lo insultaron nuestros hermanos en el pasado, sino nosotros hoy, como cuerpo, como iglesia. ¿Con qué derecho pedimos a Dios que derrame el Espíritu Santo, si no estamos arrepentidos? Y alguien podrá decir: 'Pero yo no estuve allí en 1888; no tuve nada que ver; ¿qué culpa tengo?' Dios nos dice que si nosotros repetimos los hechos de nuestros padres, su incredulidad, su orgullo espiritual, en ninguna forma somos diferentes de ellos. Y el hecho de que todo siga así, tan "tranquilo y relajado", evidencia que participamos del mismo espíritu. Aún más, si este mensaje "ha de ir acompañado del abundante derramamiento del Espíritu Santo" (TM p. 91 y 92), ¿dónde está dicho abundante derramamiento?, ¿no será que hay algo que anda mal durante hace ya muchos años? Si Jesús no ha venido aún, es precisamente porque nuestra generación no es mejor que la de ellos. Nosotros, como cuerpo, como iglesia adventista, como un todo, debemos responsabilizarnos y asumir esta culpabilidad. El llamamiento de las horas finales de la historia, es "arrepentíos". Amén. Contemplar su gloria Tema nº 12 Querría terminar esta serie con un tema muy querido para mí por causa de los muchos años que he dedicado al evangelismo, y por mi interés creciente en lo que está sucediendo en el lugar santísimo. Abramos nuestras Biblias en Apocalipsis 18:1: "Después de esto vi otro ángel que descendía del cielo con gran poder, y la tierra fue alumbrada con su gloria" Esta es una promesa que Jesús nos da mediante Juan el revelador. Llegará un tiempo en el que toda la tierra será alumbrada por su gloria. Sé que la mayoría sois adventistas veteranos, y sé que en muchas ocasiones os habréis preguntado cuándo llegarán estas cosas. Dijimos en una ocasión anterior que a nivel mundial la presencia adventista es prácticamente simbólica. Es decir: aún no estamos influyendo mucho en la sociedad. Todavía, según en qué lugares, no se nos conoce. En Estados Unidos gozamos de la llamada democracia. Cuando los americanos viajamos a Europa es cuando apreciamos la libertad religiosa que disfrutamos en América. En ella se respira una atmósfera absolutamente distinta. No dudo en ningún momento de que ha sido Dios quien lo ha dirigido así. Dios propició que en Estados Unidos existiera un ambiente apropiado para el desarrollo de la Iglesia Adventista. Aunque hace ya unos 150 años, estamos muy lejos de estar alumbrando la tierra con la gloria del conocimiento de Dios. Más de la mitad de los habitantes de Estados Unidos, o no nos conocen en absoluto, o nos conocen poquísimo. La única ocasión en la que en Estados Unidos se habló de los adventistas, fue cuando ocurrió el episodio de David Koresh en Waco (Texas). Así que, a pesar de todos nuestros hospitales, colegios, sanatorios e instituciones varias, aún somos relativamente desconocidos o confundidos con Testigos de Jehová o Mormones. Algunos adventistas en Estados Unidos, quizá también suceda aquí, dicen que cuando comience la persecución, las catástrofes, la profetizada ruina económica, etc, entonces la gente comenzará a ir a las iglesias. Después de la tragedia terrible del 11 de septiembre muchas de las iglesias se han vuelto a llenar, pero no así las adventistas. Por lo menos puedo hablar de las iglesias de Boston y alrededores. Ha habido un débil reavivamiento entre algunas pocas personas. Los dos sábados siguientes a la tragedia de las torres gemelas, ha asistido algún que otro miembro más. Pero de ninguna forma se puede decir que las iglesias adventistas se hayan llenado. Vemos pues que ni siquiera acontecimientos catastróficos de tal magnitud atraen a la gente a nuestras iglesias. Aún esas atroces desgracias son insuficientes para llenar nuestros templos. Quiero haceros una pregunta: ¿Creéis que son necesarios una terrible tragedia, o un derrumbamiento económico para que la gente se interese en el Señor? Si es así, ¿de qué sirve el poder del evangelio que vosotros y yo debemos representar ante el mundo? ¿Son malas nuevas lo que ha de llevar a las personas al Señor? Ciertamente Dios acogerá a aquellos que se vuelven a él en tiempos de penuria, bajo la presión del miedo o la desgracia. Sea cual sea nuestra motivación para ir a Jesús, la promesa es: "el que a mí viene, no lo echo fuera" (Juan 6:37). Lo cierto es que quizá la mayor parte van a Jesús por motivos egoístas, motivos que no son los adecuados. Pero me pregunto: ¿es tan débil e insuficiente el mensaje adventista, que es impotente para impresionar las mentes de las personas en tiempo de prosperidad y materialismo? He visto ese materialismo aquí en Europa, lo mismo que en Estados Unidos. Muchos hermanos dicen que es debido a ese bienestar, comodidad y materialismo, que la gente no se interesa en los asuntos espirituales. Y pregunto de nuevo: ¿es así como debiera ser?, ¿no debiera ser acaso el mensaje adventista tan poderoso que incluso superara al poder del materialismo? Dios desea que nuestro mensaje tenga mucho más poder que cualquier cosa en la tierra; que el evangelio de Cristo sea mucho más atractivo que cualquier cosa en esta vida. No debieran ser necesarios los desastres naturales o las catástrofes bélicas para que la gente acuda a Jesús. Hoy quisiera terminar esta serie temática con la visión de ese cuarto ángel iluminando toda la tierra con la gloria del conocimiento de Jehová. Jesús dijo: "y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo" (Juan 12:32). Abramos nuestras Biblias en Lucas 9:3: "Les dijo: 'No toméis nada para el camino: ni bastón, ni alforja, ni pan, ni dinero; ni llevéis dos túnicas" En general creemos que nos hallamos en la urgente necesidad de adquirir todo el equipo completo de material y accesorios, medios económicos y de todo tipo, para poder predicar el mensaje. En Estados Unidos, nosotros como iglesia gastamos fortunas en proveernos del equipo adecuado para el evangelismo mundial. Tenemos todo tipo de material informático, tenemos canales de televisión, radio, etc. Y no tengo nada en contra de todo esto, ya que yo mismo estoy actualmente trabajando en un programa de radio y televisión en Boston. Pero corremos el peligro de pensar que es imprescindible que antes de ponernos a trabajar hayamos de disponer de todos los medios y equipamientos. Pensar que es sumamente necesario tener el último grito en tecnología para poder difundir el evangelio, es una contradicción con el versículo leído de Lucas. Hay una interesante traducción de ese versículo. Jesús envió a sus discípulos de dos en dos como testigos suyos. Y una de las traducciones modernas dice así, "Jesús les dijo: no toméis ninguna clase de equipo con vosotros, mantenéos en lo sencillo. Vosotros sois el equipo". Recordad esto cuando intentéis ganar almas para Cristo. Es bueno tener todo el equipo, no hay nada en contra. Pero el poder para vuestro éxito está en el mensaje que vosotros mismos habéis experimentado. Romanos 1:16 y 17: "No me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree, del judío primeramente y también del griego, pues en el evangelio, la justicia de Dios se revela de fe y para fe, como está escrito: 'Mas el justo por la fe vivirá'" Nunca subestiméis aquello de lo que sois capaces bajo el poder del Espíritu Santo. Poco importa cual sea vuestra problemática o deficiencia, poco importa lo inteligentes que seáis o no seáis. Lo que verdaderamente cuenta es si vuestra vida ha sido transformada o no por el evangelio que predicáis. Podemos diseñar diferentes métodos para alcanzar a la gente, y ciertamente debemos hacerlo así. Pero la verdad del asunto es que no es ningún método en particular el que significará el éxito definitivo en llevar el evangelio a todo el mundo. No es un método el que terminará la obra, sino un mensaje. Se trata de un mensaje que va a alumbrar toda la tierra con la gloria de Dios. En el libro Testimonies vol. 1 hay una declaración que se aplica especialmente al estado de New England en Estados Unidos. La zona es Boston y alrededores. La cita dice: "Vi que cuando el mensaje progrese y se incremente, Dios abrirá el camino para que se cumpla mucho más de lo que actualmente puede cumplirse." E. White vio que cuando el mensaje creciese poderosamente, grandes cosas sucederían en New England, mucho más de lo que antes había acontecido. Supongo que de haber vivido en vuestro país hubiese dicho lo mismo. Podéis aplicar la cita al lugar en donde vivís. Permaneced en vuestro país, y permitid que el mensaje de la justicia de Cristo os impregne y penetre profundamente en vuestra alma, porque si así lo hacéis, Jesús promete que fluirá de vosotros como agua de vida. Leamos ahora en Joel 2:23 y 24: "Vosotros también, hijos de Sión, alegraos y gozaos en Jehová, vuestro Dios; porque os ha dado la primera lluvia a su tiempo, y hará descender sobre vosotros lluvia temprana y tardía, como al principio. Las eras se llenarán de trigo y los lagares rebosarán de vino y aceite" Como adventistas hemos escuchado y leído mucho acerca de la lluvia temprana y tardía. Cuando yo era un adolescente en la iglesia adventista --debería tener unos trece años--, recuerdo al maestro de Escuela Sabática hablar en cierta ocasión diciendo: "Queridos chicos, el evangelio ha sido llevado al 98% de los piases del mundo". Yo me decía: "Eso significa que Jesús va a regresar antes de que termine este trimestre de Escuela Sabática". Pero mirad: aún estamos aquí. Estoy seguro de que hemos sido tentados en alguna ocasión a preguntarnos: "¿Va a volver Jesús realmente?" Recuerdo que muchos de los adultos, cuando yo tenía trece años, reuniéndose en la iglesia para orar, decían: "Oh Señor, envíanos la lluvia tardía. Necesitamos la lluvia tardía a fin de poder terminar la obra." Quizá vosotros conozcáis también ese tipo de oración. Pero quizá también conozcáis una cita del Espíritu de profecía que dice que puede estar derramándose la lluvia tardía alrededor nuestro sin que nos demos cuenta, mientras que otros pueden estar recibiéndola a nuestro lado. Quizá tenemos la idea de que la lluvia tardía será algo así como una explosión de actividad visible en la iglesia. Sin embargo a mí me parece muy interesante lo que dijo un hermano: "Después de 1888, en el tiempo en el que comenzó el derramamiento de la lluvia tardía en Minneapolis, la mayor parte de la iglesia no se apercibió desgraciadamente de que el mensaje que allí se presentó era el comienzo del fuerte pregón o lluvia tardía." Poco tiempo después, en el seno de nuestra iglesia, comenzó a manifestarse un falso derramamiento del Espíritu Santo. Y en los últimos cien años hemos podido ver cuántas falsas manifestaciones del Espíritu Santo se han dado alrededor nuestro. El movimiento carismático es el precursor principal de esta actividad engañosa, y se está volviendo más y más prominente en la actualidad. Pero nunca olvidemos que esa es una de las falsas manifestaciones del Espíritu Santo. Como podéis ver en vuestras Biblias, cuando Dios dice que enviará "la primera lluvia con justa medida", en hebreo eso significa que Dios enviará "un enseñador, instructor, o maestro de justicia". El Espíritu de profecía nos dice que "Dios nos enviaría en los últimos días lluvias de gracia". Así que, cuando esta lluvia desciende con todo el poder, mucho más poder que cualquier día de lluvia que recordéis, esa lluvia no será causante de ningún tipo de excitación, nada que ver con gritar, caerse, parlotear sin sentido ni bailar a ritmo de rock en el culto de adoración. No. No es nada de eso. Todo tiene que ver con Cristo y su justicia, en el lugar santísimo. Tenemos la urgente necesidad de comprender en profundidad a Cristo y su justicia, y de lo que su vida y su muerte han cumplido ya por toda la raza humana. Esto nos ayuda a comprender más claramente la esencia misma de la naturaleza de Cristo. Así que, al ver a Jesús más claramente, entramos en los últimos pasos de la experiencia en el lugar santísimo junto a él. He descubierto algo interesante en estos últimos días. Las preguntas que parecen estar en la mente de todos los que últimamente se acercan a mí tienen que ver con el movimiento ecuménico y con la vida sin pecado. Apocalipsis 13:11: "Después vi otra bestia que subía de la tierra. Tenía dos cuernos semejantes a los de un cordero, pero hablaba como un dragón" Aquellos que vivirán sin pecado antes de que Jesús vuelva --y yo creo que habrá un grupo de personas que estará en esta particular categoría: los 144.000-- serán personas que habrán sido crucificadas con Cristo, y no habrán amado sus vidas hasta la muerte. Dice Jesús que son perfectos, dispuestos incluso a sacrificar su propia eternidad por amor a sus enemigos. Si ponéis toda vuestra atención en la vida sin pecado, en términos de lo que debéis o no debéis hacer, lo que debéis o no debéis comer, lo que debéis vestir o no vestir, ver o no ver... entonces os digo: tenéis una visión muy pobre de la grandeza de la perfección, porque los que estén viviendo en esos últimos días sin pecado, tendrán la mente de Cristo, ¿no os parece? Y la mente de Cristo es que él fue fiel hasta la muerte, y muerte de cruz. Cuando se llamó a Moisés al Monte Sinaí después de la apostasía de Israel, lo que allí experimentó Moisés es un anticipo de aquellos que vencerán en el tiempo del fin. Estarán completamente dispuestos, como lo estuvo Moisés, a que sus nombres fuesen borrados del libro de la vida; es decir, a perder hasta la eternidad si fuera necesario, por amor a los apóstatas y enemigos, y para que la gloria de Dios sea vindicada. A todos aquellos que estáis dedicados a la labor de "vencer el pecado": quiero elevar la norma ante vosotros, que es la cruz del Calvario. Y este mensaje dado en 1888 está destinado a ser el instrumento de Dios, llevando a los seguidores de Jesús a desembarazarse de todo pecado. Es el evangelio en el contexto del lugar santísimo, que nos purifica de todo pecado e iniquidad, de forma que la tierra pueda ser iluminada con la gloria del conocimiento de Dios, cuando vosotros y yo dejamos de resistir el maravilloso mensaje de Cristo y su justicia. Cuando veamos la gloria de Dios en el carácter de Jesús revelado en el lugar santísimo --y hemos de entrar en ese lugar por la fe--, ese carácter maravilloso será reflejado en su pueblo que ha seguido al Cordero por donde quiera que va; esto es, por el lugar santísimo. Pero recordad sobre todo esta vieja expresión que como adventistas solemos emplear, que dice que "cuanto más veamos la perfección de Jesús, más odiaremos y sentiremos nuestra propia imperfección y pecaminosidad, más indignos y miserables nos veremos, más y más nos daremos cuenta de que somos absoluta y completamente dependientes de Jesús y su justicia para nuestra salvación". Abrimos nuestras Biblias en Romanos 3, para contemplar otro aspecto de esta experiencia en el lugar santísimo del santuario celestial. Porque recordad: la expresión "lugar santísimo", más que darnos a entender la situación de un lugar, nos habla de una experiencia. Una experiencia mucho más íntima de lo que ninguna otra generación precedente haya podido tener. Recordad que el lugar santísimo tiene que ver con Dios mismo. Se nos dice que el mensaje preciosísimo de la justicia de Cristo, el mensaje de 1888, "abate en el polvo la gloria humana". Podemos tomar ejemplo de Isaías, que cuando vio la gloria de Dios, dijo, "¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre de labios inmundos, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, el Señor Todopoderoso." (Isa. 6:5) Leamos en Romanos 3:4: "¡De ninguna manera! Antes bien, sea Dios veraz y todo hombre mentiroso; como está escrito: 'Para que seas justificado en tus palabras, y venzas cuando seas juzgado'" Durante muchos años, al estudiar especialmente los salmos, había allí algo que me confundía. No podía entender cómo el salmista podía estar tan deseoso de que llegase el día del juicio. En prácticamente todos los salmos se percibe el deseo del salmista de que el juicio de Dios llegue pronto. Durante muchos años la idea de que mi nombre apareciera en los tribunales del gran juicio me atemorizaba, y aún más si me ponía a pensar que quizá no estaba preparado. ¿Os ha pasado alguna vez? Estoy seguro de que sí, ya que se nos ha enseñado que el juicio tiene que ver con nosotros, y que está centrado en nosotros. Pero lo que hemos leído en la cita de Romanos nos dice otra cosa; se nos dice allí que el juicio esta centrado y tiene que ver con Dios, la vindicación y defensa de Dios. Recordad que dijimos que tenemos la necesidad de conocer la forma en la que Dios trata con el problema del pecado, cómo él, que es un Dios de amor, está dispuesto a rebajarse y a condescender. Esta ha de ser una comprensión única y singular en nuestros conceptos adventistas. Es una parte de la revelación de Dios en el lugar santísimo. Y si habláis con alguien que no sea adventista de este atributo de humillación hasta lo sumo de Dios, pueden llegar a pensar que estáis locos. Pero hemos de entender que ellos vienen de las iglesias de Babilonia, y no entienden de esa humillación, no han entrado por la fe --desde 1844-- en el lugar santísimo, y para ellos se trata de cosas extrañas y sin sentido. Pero el versículo leído de Romanos nos lo explica, y no debemos estar preocupados. Dios llega a humillarse hasta tal punto, que viene voluntariamente a ser el Acusado. El Dios infinito, el Dios Todopoderoso del universo, se ha rebajado, ha descendido, hasta ser el que se sienta en el banquillo de los acusados en el juicio. Su mismo carácter es puesto a prueba, es expuesto ante todo el universo en el juicio. Esto es algo impresionante. Como muchos sabéis, tal como dice Apocalipsis 14:7: "la hora de SU juicio ha llegado", el griego nos da a entender que es Dios mismo el objeto del juicio, es él a quien se juzga. Entendemos, pues, que no solamente Dios es el que juzga, sino que también es el juzgado. Es juez, pero también acusado. Y todo el universo juzga a Dios, y a nosotros que somos sus testigos. Os animo hoy a que no penséis que sois vosotros los únicos a los que se va a examinar en este tiempo de juicio. El carácter de Dios es también expuesto ante todos, y nuestra función es la de ser testigos en favor de Dios ante todo el universo. Cuando vosotros y yo somos transformados por el evangelio de Cristo, el tener una compresión así del juicio nos libera de toda preocupación egocéntrica por lo que nos pueda pasar en el juicio, nos eleva a una esfera increíble acerca de lo que va a pasar con la reputación, el honor y la gloria de Dios ante todo el universo. Esto me provee de una motivación absolutamente distinta en relación al mensaje de la hora del juicio. Como nuestros pioneros comprendieron y enseñaron, Dios está esperando que mediante su pueblo remanente se produzca una vindicación final de su carácter. Os invito a que jamás olvidéis esto. Lamento profundamente que muchos adventistas, en lo que a su experiencia se refiere, estén saliendo del lugar santísimo, para volver y retroceder hacia el lugar santo. El Espíritu de profecía nos dice que aquellos que permanecen aún en el lugar santo después de 1844, incluido a aquellos que regresan del santísimo al santo, que se retiran de la experiencia del lugar santísimo la cual gozaron anteriormente y reniegan ahora, estos dos grupos elevan sus oraciones al lugar santo, y reciben luz, mucho poder, pero no obtienen el gozo que produce el amor. El amor que dejan de obtener es precisamente el ágape. ¿Sabéis quién responde las oraciones que se elevan al lugar santo, una ver que Cristo lo ha abandonado para pasar al segundo departamento? El mismísimo Satanás (PE 55 y 56, 255 y 256). Amigos, os exhorto por la verdad y la justicia de Cristo, por las maravillosas doctrinas que Dios ha confiado a nuestra iglesia adventista, a que permanezcáis en el lugar santísimo en vuestra experiencia. No por lo que pueda pasaros a vosotros si no lo hacéis, sino por el honor de Jesús vuestro Salvador y de vuestro Padre Celestial. ¿Por qué queremos que Jesús vuelva? Muchos diríamos: "porque estamos muy cansados", "porque estamos hartos de este mundo". Hace una semana una hermana en mi iglesia vino a mí después del servicio de culto y me dijo muy triste: "Pastor, sencillamente no puedo resistir lo que está sucediendo, todas estas tragedias en Estados Unidos me aplastan, me debilitan la fe, estoy deprimida". Las encuestas nos indican que desde el 11 de septiembre, siete de cada diez americanos están sufriendo una depresión profunda. Esta mujer vino a mí en esa condición, afligida completamente por la depresión. Añadió: "Cuando era jovencita y vivía en Italia, sufrí y pasé por la segunda guerra mundial. La ciudad en la que vivía fue completamente bombardeada por los aliados americanos varias veces. Mi vida ha sido horrible desde entonces. Y todo lo que está pasando ahora me recuerda las tragedias que viví en el pasado. No duermo de noche. Verdaderamente hoy puedo decir que estoy ansiosa de que Jesús regrese por segunda vez." Ciertamente esta es una motivación para que vuelva Jesús. Es verdad que ninguno queremos que se prolongue por más tiempo el sufrimiento y la muerte en la humanidad. Quisiéramos ver el final de tanto dolor. Pero es mucho más importante aún el pensar que es Cristo mismo el primer interesado en que todo esto termine. Todo aquel que experimente lo que nos proporciona Jesús desde el lugar santísimo, no entregará su vida a él motivado por las cosas buenas que finalmente obtendrá a cambio; es decir, no vivirá sostenido por la expectativa de la recompensa personal. Algunas veces, cuando compartimos la Palabra de Dios con la gente, sin darnos cuenta les proporcionamos toda clase de motivaciones egocéntricas para seguir al Señor. No sé si sucede en vuestro país, pero en América los evangélicos tratan de predicar a viva voz por las calles, plazas, y zonas muy concurridas. Si pasas cerca de ellos, se te acercan y te preguntan: "¿Eres cristiano?", y luego añaden: "si no lo eres, te perderás e irás al infierno". Terminan diciendo: "si no quieres ir al infierno, tendrás que aceptar a Jesús". Yo os pregunto: ¿es mentira lo que dicen? ¿Acaso no es cierto que si no aceptamos a Cristo nos vamos a perder? --Pues sí, tienen razón en eso. ¿Pero es esa la motivación adecuada para seguir a Jesús? ¿No os parece egocéntrica? ¿Dónde quedan los encantos incomparables de Jesús? Para poder ser trasladados debemos recibir la fe que va más allá de obtener nada a cambio, más allá de toda motivación egocéntrica. Erróneamente también puede predicarse la otra cara de la moneda. Es decir: "Si quieres estar en las mansiones celestiales, caminar por la nueva Jerusalén, no ponerte nunca enfermo, etc, etc... Tienes igualmente que aceptar a Jesús." Debo decir que eso también es cierto. Pero sigue siendo una motivación egoísta, pobre e insuficiente, indigna de lo que el Padre y el Hijo han dado para redimirnos. ¿Sabéis?, si vosotros y yo no estamos en el cielo, a Cristo se la va a quebrantar el corazón, eso será para él increíblemente doloroso. El nos lleva grabados en sus manos. "Porque la porción de Jehová es su pueblo; Jacob, la heredad que le tocó" (Deut. 32:9) Queridos hermanos, es Jesús el que ha de recibir la recompensa. La Escritura dice que es a Cristo al que se le dará el reino: "Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas lo sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará; y su reino es uno que nunca será destruido" (Dan. 7:14). Pero pregunto: ¿qué es un reino sin personas, sin gente? Amigos queridos, la recompensa de Jesús somos nosotros, su pueblo. Tú y yo. Así que, mi principal motivación para apresurar la venida del reino de Cristo a esta tierra, no es para que lo reciba yo, no es para que yo sea recompensado con su reino, sino para que él reciba lo que es suyo, su recompensa. Estoy esperando el regreso de Cristo a esta tierra hace muchos años, pero estoy seguro de que no he esperado más de lo que él ha esperado para regresar, y aún esta esperando todavía. Cristo nos espera hace ya más de dos mil años. Verdaderamente hay una demora terrible por parte de la esposa. Cristo, el Esposo amante, anhela verla preparada. Zacarías12:10-13:1: "Pero sobre la casa de David y los habitantes de Jerusalén derramaré un espíritu de gracia y de oración. Mirarán hacia mí, a quien traspasaron, y llorarán como se llora por el hijo unigénito, y se afligirán por él como quien se aflige por primogénito. En aquel día habrá gran llanto en Jerusalén, como el llanto de Hadad-rimón en el valle de Meguido. Esta tierra se lamentará, familia por familia; la familia de la casa de David por su lado, y sus mujeres aparte; la familia de la casa de Natán por su lado, y sus mujeres aparte; la familia de la casa de Leví por su lado, y sus mujeres aparte; la familia de Simei por su lado, y sus mujeres aparte; y así todas las otras familias, cada una por su lado, y sus mujeres aparte. En aquel tiempo habrá un manantial abierto para la casa de David y para los habitantes de Jerusalén, para la purificación del pecado y de la inmundicia" Cuando vosotros y yo permitamos que ese manantial abierto de la gracia --del que hemos leído en el último versículo-- nos revele a Jesús en la más completa y amplia visión de su muerte en el Calvario, vendrá sobre el pueblo de Dios un deseo, un espíritu de arrepentimiento tal como nunca se ha manifestado en la historia. Lloraremos por lo que nuestros pecados han hecho a Jesús, de la misma forma en que los padres lloran por la muerte de su hijo único (ver también Eze. 36:31-33). Se nos dice en esos versículos que ese espíritu vendrá en primer lugar sobre la casa de David. ¿Sabéis cuál es la casa de David? Los dirigentes y líderes del pueblo de Dios. Jerusalem representa a toda su iglesia. Es el deseo de Dios que esta maravillosa experiencia de arrepentimiento, que ha de impregnar toda la iglesia, comience por la casa de David. Os diré algo también: el arrepentimiento no es ningún concepto negativo; al contrario, es lo más positivo que uno puede imaginar, ya que es el reflejo de un corazón quebrantado y un espíritu contrito. Y todo esto es lo que el Esposo quiere ver en su esposa. Cuando Jesús vuelva, lo hará porque su esposa ha comprendido finalmente que todo en absoluto lo debe a su maravilloso Esposo. Me despido de vosotros, de esta serie de reuniones, con un último texto: "Jehová está en medio de ti; ¡él es poderoso y te salvará! Se gozará por ti con alegría, callará de amor, se regocijará por ti con cánticos" (Sof. 3:17) Como pastor, he participado y dirigido muchas bodas, he casado a muchas parejas. Algunas han sido ciertamente inolvidables. Una de esas bodas fue tan memorable, tan emocionante, que la novia se desmayó justo delante del altar. Justamente antes de pronunciar los votos matrimoniales, se desplomó con todo su precioso vestido. Quedó inconsciente. Una boda interesante y accidentada. En contraste, la última boda que dirigí es otra de las que tampoco olvidaré fácilmente. Casaba a una de mis sobrinas. En la recepción había una alfombra muy grande y larga con cientos de personas. Observé allí entre la multitud una barca repleta de regalos. Los invitados habían traído allí mismo los regalos para los novios. Pregunté: ¿que hace aquí la barca? ¿Sabéis qué respuesta me dieron? En los días de noviazgo, el novio invitó a mi sobrina a ir a un lago con la barca. Se llevaron comida y unas velas. Pasaron el día juntos navegando. Y allí, flotando en el lago en la barca, cuando se puso el sol al atardecer, y después de cenar a la luz de las velas, él le declaró su amor y le pidió matrimonio. Sinceramente, no conozco a muchas mujeres a las que no les gusten las bodas. En cuanto a la mayoría de los hombres, simplemente las soportan... Pero lo creáis o no, a mí me gustan. Y como os decía, lo que sucedió en esta boda fue algo impresionante. Era un día muy caluroso. Habría unos trescientos invitados. La ceremonia fue larguísima. Yo temía que alguien se desmayara como había pasado aquella otra vez. Había caballeros y damas de honor, los niños estaban muy bien colocados en fila en las escaleras del altar, la niñita que lleva las flores, los padres, etc... Era una ceremonia muy manida. A las mujeres del 'movimiento feminista para la liberación de la mujer' estoy seguro que todo este espectáculo no les gusta nada, pero a mí me gusta. ¿Sabéis por qué? Porque es bíblico. Volviendo a la historia de los novios os diré que mi sobrina, la novia, había planeado la ceremonia durante todo un año. Cada vez que la iba a visitar, me enseñaba un libro de anotaciones y apuntes referentes a los preparativos de la boda. Me enseñaba también revistas de vestidos, etc. En Estados Unidos eso es costumbre. Cada detalle de la ceremonia tiene su importancia. Y en esta boda estaba previsto hasta el más mínimo detalle. El novio, antes de ir a la iglesia para la ceremonia, debía ir a buscar a la novia. Van juntos a la iglesia, y el novio lleva de la mano a la novia al altar. Es una tradición muy típica en Estados Unidos que cuando el novio llega con la novia al púlpito ante el pastor, se dan la mano uno frente al otro. Pero mi sobrina y su novio no lo hicieron así. Avanzaron juntos, pero justo antes de llegar al altar se separaron frente a mí, y así se mantuvieron, uno a cada lado, a un metro de distancia el uno del otro. Se miraban. La música comenzó a sonar. Observé cómo se miraban, y vi cómo lloraban de felicidad. No había visto antes llorar a un esposo en una boda. Se miraban con lágrimas en los ojos, y a mí se me hizo un nudo en la garganta. Comprendían ahora que todos aquellos meses en los que habían trabajado planeando la boda, todos los detalles de los que habían tenido tanto cuidado, todo el tiempo dedicado, todo eso, quedaban ya atrás, y por fin había llegado el gran momento. Se sentían tan felices que lloraban de alegría. No eran lágrimas de tristeza, sino de gozo. Y como hemos leído en Sofonías, llegará el momento en el que el Novio, Jesús, se gozará al ver a su esposa; llorará, cantará de gozo, porque ese día por fin llegó. El día que él planeó desde "antes de los tiempos de los siglos", el día que le ha costado tanto empeño y sacrificio de preparar llegará al fin. Y creo que Jesús va a sentirse en ese día tan feliz, que llorará de gozo. Es mi oración que en vuestros ojos hayan también lágrimas de gozo al mirar el rostro más maravilloso que uno pueda imaginar, el de Jesús nuestro Salvador. Deseo que este día llegue pronto, no por nuestra causa, sino por la suya. Amén.