Encuentro laico Estivella Capítulo 1 - Dos evangelios ¿Por qué vale la pena vivir, y hasta morir por la fe adventista? ¿Qué la diferencia de la fe de cualquier otra denominación cristiana? ¿En qué es su teología única, singular? No es el sábado. No es el estado de los muertos. No es la segunda venida de Jesús. Esas, junto a otras enseñanzas fundamentales, las compartimos al menos con alguna otra denominación. Y todas ellas las hemos recibido de otros que nos precedieron. Son importantes, pero ninguna de ellas es una contribución propia y exclusiva del adventismo. Lo esencial, la enseñanza única y singular en el adventismo, es la comprensión de cómo se salva y restaura la persona mediante la vida, la muerte y la intercesión de Cristo, y cómo ese proceso honra y vindica a Dios en el gran conflicto de los siglos. Es el plan de la salvación, y os puede sorprender, porque "salvación" es aquello en lo que se centran todas y cada una de las confesiones. Escucharéis hablar de ella en cualquier emisión dominical religiosa. ¿Cómo ser salvo? ¿Cómo opera la justicia por la fe? Nuestra comprensión de la salvación es lo que hace único y especial al adventismo. Esa comprensión la podemos resumir en una sola palabra: santuario. Es la redención comprendida a partir de la totalidad de la Biblia, sin exclusión de un solo libro --desde Génesis hasta Apocalipsis-- a la luz del gran conflicto de los siglos entre Cristo y Satanás. Es la justificación por la fe enmarcada en el tiempo del fin, entendida de forma paralela y consistente con la verdad de la purificación del santuario, que significa la resolución del conflicto al demostrarse la justicia y misericordia de Dios en la salvación de los redimidos y en la erradicación del mal. Todo eso está comprendido en lo que la Biblia llama el 'mensaje de los tres ángeles'. Fuera del adventismo no hay quien lo comprenda o predique. Si nosotros no lo creemos, lo vivimos y lo predicamos, desaparece el adventismo (aun pudiendo perdurar el nombre). Es así de trascendente. De hecho, el adventismo nació y ha vivido siempre amenazado por tomar posición bíblica sin compromisos ni apego a tradiciones o mayorías. El adventismo no apareció buscando la sonrisa del mundo, sino la aprobación de Dios. No sólo estuvo amenazado desde el exterior, sino también desde el interior, lo que es razón para alarmarnos doblemente y mantenernos en guardia. Os invito a valorar el contraste entre el evangelio popular y el verdadero, ilustrado en dos árboles. El de hojas amarillas (a la izquierda) representa el evangelio popular; el de hojas verdes (a la derecha), representa el verdadero evangelio. Cada uno de los evangelios se edifica sobre una base diferente (ilustrada bajo la hierba) que analizaremos al final. Partiendo desde el primer escalón avanzaremos por los pasos lógicos que cada uno de los dos evangelios opuestos va dando, hasta llegar a los resultados visibles en la copa de cada uno de los árboles. Capítulo 2 - Qué es el pecado ¿Por qué prestar atención a algo tan negativo como el pecado? ¡No es nuestro tema favorito! Pero: ¿qué pensarías de un médico que, sin examinarte, sin siquiera escuchar cuál es tu problema, te extiende una receta con el tratamiento, o bien te indica una intervención quirúrgica? En ausencia de un diagnóstico certero, ¡olvida toda posibilidad de encontrar el tratamiento eficaz! Llamarás su nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados (Mateo 1:21). Es una declaración tan sencilla como profunda, y pone en evidencia toda desviación del evangelio. El verdadero evangelio siempre salva del pecado, no en el pecado. • ¿Qué es el pecado? • ¿En qué consiste el pecado del que nos salva el evangelio de Cristo? • ¿Cuál es el pecado que nos hace culpables? • ¿En qué consiste el pecado que trae la condenación? Si no comprendemos qué es el pecado, todo el resto en nuestra comprensión acerca de Cristo y del evangelio estará equivocado. En el panorama cristiano actual hay básicamente dos comprensiones diferentes del pecado, que llevan a dos evangelios diferentes. Por supuesto, no hay dos evangelios: uno de ellos ha de ser un falso evangelio, y es vital distinguir claramente entre ambos. Capítulo 3 - Salvador cercano, a la mano (Lectura: Filipenses 2:5-11) El esquema circular de Sísifo representa el paradigma del falso evangelio. Sísifo, ese personaje mitológico griego, tenía la misión imposible de hacer rodar una gran piedra cuesta arriba de una montaña hasta llevarla a la cima, pero no llegando nunca a ella. Cuando le faltaba poco, la piedra caía rodando por la pendiente, y ese era el momento para re-emprender el arduo trabajo de hacerla subir de nuevo. Ese es el patrón repetitivo que representa el tipo de experiencia modelo para el cristiano, según el evangelio popular. El evangelio que nos propone el mundo carece de poder. Está presidido por las malas nuevas de la derrota como única perspectiva posible. Es como si Dios, en la lucha contra la tentación, nos dijera: 'Inténtalo, pero sabiendo que nunca lo vas a lograr. Esfuérzate por mover esta gran piedra (que es la herejía agustiniana de tu pecado original). Aunque nunca lo logres, al menos el esfuerzo hará que estés en mejor forma que si no lo intentaras'. En Apocalipsis 3:21, en el mensaje que Jesús dirige a Laodicea, leemos: "Al que venciere... como yo he vencido". ¿Es así como venció Cristo, esforzándose y fracasando siempre? Así responde la versión babilónica del evangelio: 'Eso no se aplica a Cristo, ya que él estuvo exento de cargar el pecado original', es decir: tuvo una naturaleza única, singular, superior a la nuestra por herencia'. Pero si eso es así, ¿por qué declara el Testigo fiel: "Al que venciere... como yo he vencido"? Responder a eso es de importancia vital, como ilustra esta declaración: Nadie diga: No puedo remediar mis defectos de carácter. Si llegáis a esta conclusión, dejaréis ciertamente de obtener la vida eterna (PVGM 266.2). Imaginad que vuestra hija adolescente tiene su primera cita a solas con alguien que la corteja. Le decís: 'Hija mía, cuando salgas esta noche, he de informarte que a pesar de tus mejores esfuerzos por ser fiel, acabarás sucumbiendo y haciendo las cosas que no quieres hacer, y serás incapaz de hacer lo correcto que desearías y que te hemos enseñado desde que eras una niña. Lucha por evitarlo, pero no tengas la actitud farisaica de creer que lo vas a lograr'. Imaginad esta otra escena: un misionero llama a una puerta en la casa de un poblado, y dice a quien le abre: 'Tengo un evangelio maravilloso que compartir con usted. Si sigue al Dios de esta Biblia, errará el blanco continuamente, y su carne reinará a pesar de sus mejores intenciones por cambiar de vida'. ¿No es de esperar que nos responda así?: --Gracias. No necesito ese evangelio. Precisamente eso que usted me ofrece es lo que ha venido siendo mi experiencia hasta ahora. Aun una tercera escena: imaginad que os invito a una excursión en autocar. El destino es maravilloso, aunque la carretera es peligrosa y el autocar tiene fallos en los frenos y en la dirección. Es prácticamente imposible que evitemos tener un accidente: antes o después nos precipitaremos por algún barranco, pero estad confiados: en el fondo de cada precipicio hay una ambulancia esperándoos, nunca fallará en atenderos. ¿Os apetece acompañarme en ese viaje? • ¿Estamos llamando a la gente a que salga de Babilonia, para predicarles el evangelio de Babilonia? • ¿Qué evangelio estamos enseñando a nuestros jóvenes? • ¿Qué evangelio estamos dando al mundo? • ¿A qué "excursión" estamos invitando a las personas? Hoy vamos a comenzar con un regalo del Señor especial para el sábado, y especial para nuestra iglesia. Yo fui en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta, que decía: Yo soy el Alpha y Omega, el primero y el último. Escribe en un libro lo que ves, y envíalo a las siete iglesias que están en Asia; a Éfeso, a Smirna, a Pérgamo, a Tiatira, a Sardis, a Filadelfia y a Laodicea (Apocalipsis 1:10-11). La revelación de Apocalipsis es un regalo sabático. El Señor se la dio a Juan "en el día del Señor". En los capítulos 2 y 3 leemos, en cada una de las seis iglesias: Al que venciere, daré a comer del árbol de la vida... El que venciere, no recibirá daño de la muerte segunda... Al que venciere, daré a comer del maná escondido... Y al que hubiere vencido, y hubiere guardado mis obras hasta el fin, yo le daré potestad sobre las gentes... El que venciere, será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida... Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios... Hasta llegar a la séptima, Laodicea --la nuestra--, a la que da la clave de la victoria: Al que venciere, yo le daré que se siente conmigo en mi trono; así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono (3:21). No es posible hablar de la justicia por la fe sin centrarnos en Aquel que fue justo por la fe. "Así como yo he vencido": ¿cómo venció Jesús?, ¿fue la vida de Jesús, la de un Dios hecho hombre que posee justicia por sí mismo, que ejerce la omnipotencia, la omnisciencia, la presciencia, etc?, ¿o bien Cristo venció por la fe, tal como hemos de hacer nosotros? Esta podría ser una respuesta rápida: Cristo vivió por la fe, puesto que "todo lo que no es de fe, es pecado" (Romanos 14:23) y "sin fe es imposible agradar a Dios" (Hebreos 11:6), y desde luego, Cristo siempre agradó a Dios. "Yo hago siempre lo que le agrada" (Juan 8:29), fue su testimonio. Veámoslo en mayor detalle: Haya, pues, en vosotros este sentir [mente] que hubo también en Cristo Jesús (Filipenses 2:5). El Señor nunca nos pediría algo imposible. ¿Quién conoció la mente del Señor? ¿Quién lo instruirá? Pues bien, nosotros tenemos la mente de Cristo. (1 Corintios 2:16) Este texto resume todo lo que os quiero decir: 'Haya en vosotros la mente de Cristo'. Una vez la tengamos, no digo que se habrán acabado nuestros problemas, pues Cristo los tuvo (y muchos). Pero sabremos cómo tomar decisiones, sabremos mantener siempre la actitud adecuada. Necesitamos la mente de Cristo. Orad por ella. Damos un salto hasta los versículos 10 y 11 de Filipenses 2: Para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, en la tierra y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre. Es un resumen del desenlace final del gran conflicto de los siglos. Y entre el versículo 5 y estos que acabamos de leer encontramos lo que es crucial para la resolución del conflicto de los siglos. Va a llegar el día en que toda rodilla se doblará reconociendo la justicia de Dios. Dios habrá dado respuesta a toda posible cuestión relativa a su justicia, amor y misericordia. El plan de Dios en la salvación de la raza caída y en su trato con el mal no está enfocado a vencer en el sentido de fuerza, sino a convencer. Dios va a convencer a todo el universo --rebeldes incluidos--, de forma que el pecado, la rebelión, no se levantará por segunda vez. El universo habrá quedado asegurado contra la rebelión por la eternidad. Por las edades eternas vamos a tener la misma libertad de elección, esa característica con la que Dios ha dotado a los seres inteligentes, moralmente responsables. No es que Dios habrá pulsado un botón en nuestro cerebro para desactivar esa función (el libre albedrío, la libertad de elección). No habrá manipulado a nadie para hacer imposible que se rebele, si tal fuera su decisión. Dios podría haber puesto fin al problema del pecado pulsando ese "botón" en la mente de Lucifer, o de Adán y Eva. Pero Dios es un Dios de amor, y el amor sólo puede existir en el terreno de la libertad. A fin de preservar la libertad de elección que formó parte de su plan original al crear a los hombres, previó el plan de la redención. Pero ese plan divino no está sólo enfocado a nuestra salvación, sino también a la preservación del universo por la eternidad. En Cristo, y en quienes tengan la mente de Cristo, Dios va a responder a todo interrogante para toda mente en el universo, en el gran conflicto cósmico. Finalmente, cada uno de los seres creados capaces de decidir moralmente tendrá que reconocer que Dios es justo. Eso incluye también a aquellos que se rebelaron y decidieron persistir definitivamente en su rebelión contra él. Algunos de entre ellos habrán hecho profesión de cristianismo. Fueron a la tumba "creyendo" un falso evangelio y confiando en un falso Cristo. Habrían podido conocer al verdadero, pero eso demandaba ciertos sacrificios que no quisieron asumir. También ellos tienen que saber por qué no pueden estar en el cielo. Han de saber que si Dios los llevara allí, en presencia de un Dios santo y de seres santos, eso sería para ellos un tormento eterno. Esa es la razón por la que van a ser resucitados de sus tumbas --en la segunda resurrección--. Han de saber que reciben la sentencia más misericordiosa posible para ellos, que consiste en poner fin a su existencia, ya que se sentirían miserablemente infelices en la presencia de Dios, siendo que eligieron evitarla en su vida, al rechazar el conocimiento del verdadero Cristo. Espero con impaciencia ese día en que el propio Satanás comparecerá ante el trono de Dios y se postrará voluntariamente sobre sus rodillas, confesando delante de todo el universo: 'Estoy equivocado, y tú tienes razón. Reconozco tu justicia y tu victoria. Lo más misericordioso que puedes hacer conmigo es poner fin a mi existencia'. La pureza, la paz y la armonía del cielo serían para él suprema tortura. Sus acusaciones contra la misericordia y la justicia de Dios están ya acalladas. Los vituperios que procuró lanzar contra Jehová están ya acallados. Los vituperios que procuró lanzar contra Jehová recaen enteramente sobre él. Y ahora Satanás se inclina y reconoce la justicia de su sentencia (Maranatha 343; MSV 357.1). El universo volverá entonces a ser armonioso y seguro. Pero eso está todavía en el futuro. Al menos faltan mil años para que suceda. Los versículos 6 y 7 nos hablan de la encarnación de Dios Hijo. Él, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo [Se despojó: Ekenosen, se vació de sí mismo] (Filipenses 2:6-7). ¿De qué se vació? Antes vamos a decir de qué NO se vació: --De su amor. Aun vacío de otros atributos, el Dios Hijo seguía poseyendo la plenitud de la divinidad (Colosenses 2:9), puesto que "Dios es amor". Y ese amor se manifestó en justicia y misericordia, especialmente tal como las vemos a raudales en las escenas finales de la vida de Jesús en esta tierra: el Getsemaní y el Calvario. Así, de su esencia, que es el amor, no se vació. ¿De qué se vació entonces? 1. Se vació de su omnipotencia. Juan 5:30. Una declaración muy extraña y sorprendente: No puedo yo hacer nada por mí mismo (ver también el versículo 19). ¿Quién era Cristo? ¿Comenzó a existir cuando nació en Belén? ¿Cuál es su nombre en el Antiguo Testamento, antes de tomar la naturaleza humana? --Jehová (o Yavé). 'Yo, Jehová, no puedo hacer nada por mí mismo'... Suena muy extraño. ¿Encontráis algo parecido en el Antiguo Testamento? En Génesis, Dios Hijo habló, y apareció el mundo, la luz, todos los seres que lo pueblan, etc. Pero cuando viene a morar con nosotros como Hijo del hombre, declara que no puede hacer nada por sí mismo. También dijo: No busco mi voluntad, sino la voluntad del Padre, que me envió (Juan 5:30, ver también 6:38). Habríamos esperado que dijera: 'Busco mi voluntad, y la voluntad de mi Padre, pues ambas coinciden'. ¡Pero no dijo eso! En ocasión de la tempestad en el lago, cuando calmó la tormenta: No confiaba en la posesión de la omnipotencia. No era en calidad de "dueño de la tierra, del mar y del cielo" como descansaba en paz. Había depuesto ese poder y aseveraba: "No puedo yo de mí mismo hacer nada". Jesús confiaba en el poder del Padre; descansaba en la fe --la fe en el amor y cuidado de Dios--, y el poder de aquella palabra que calmó la tempestad [y echó fuera demonios, y sanó a leprosos...] era el poder de Dios (DTG 302.5). La aclamación "¡Calla, enmudece!", fue en realidad una oración de Jesús que el Padre respondió. Así fue también en la resurrección de Lázaro (Juan 11:41 y 43). ¿Cómo realizó Jesús sus milagros? --No por su propio poder inherente (como Jehová), ya que ese poder lo había depuesto. ¿Por qué hizo así? Porque era nuestro sustituto, y porque había de darnos ejemplo a vosotros y a mí, que no poseemos de forma inherente esos poderes sobrenaturales. Los israelitas conocían ya bien de lo que es capaz Dios, mediante sus prodigios y milagros en el Antiguo Testamento. Ahora Jesús les mostraría de lo que es capaz el hombre cuando está en completa dependencia de Dios. Si bien es cierto que Jesús fue la perfecta revelación del Padre. El Señor Jesús no vino a nuestro mundo para revelar lo que podía hacer un Dios, sino lo que podía hacer un hombre por medio de la fe en el poder de Dios. (7CBA 941) En todo lo que hacía, Cristo cooperaba con su Padre. Siempre se esmeraba por hacer evidente que no realizaba su obra independientemente; era por la fe y la oración cómo hacía sus milagros. (DTG 493.2) Examinad los milagros de Cristo. Cuesta encontrar uno sólo que no haya sido replicado de alguna forma por algún protagonista de la historia sagrada de quien nadie dudará que nació con naturaleza caída: leer la mente (2 Reyes 6:12), modificar la meteorología (2 Reyes 20:11), hacer flotar lo que no puede flotar sobre el agua (2 Reyes 6:6), resucitar muertos, sanar enfermos, dividir las aguas, alimentar milagrosamente a las personas, etc. 2. Por obvio, no nos detendremos en el hecho de que se vació de su gloria. 3. Es también claro que se vació de su omnipresencia. Dijo a los discípulos que les convenía que él se fuera, pues entonces les enviaría al Consolador, la tercera persona de la Divinidad, y así gozarían de la presencia del Señor sin las limitaciones de la humanidad de Jesús. A diferencia de Jesús, el Espíritu Santo podría estar en cualquier parte a la vez (Juan 16:7). 4. Se vació de su sabiduría. Jesús crecía en sabiduría, en estatura y en gracia para con Dios y los hombres (Lucas 2:52). Es fácil imaginar a Jesús creciendo en estatura y en edad, pero ¿cómo "crecía en sabiduría" (conocimiento)? ¿Puede un Dios que posee el conocimiento absoluto crecer en sabiduría? Aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia (Hebreos 5:8). Puesto que él adquirió saber como nosotros podemos adquirirlo, su conocimiento íntimo de las Escrituras nos demuestra cuán diligentemente dedicó sus primeros años al estudio de la Palabra de Dios (DTG 51; 50.3). Su madre fue su primera maestra humana. De labios de ella y de los rollos de los profetas, aprendió las cosas celestiales. Las mismas palabras que él había hablado a Israel por medio de Moisés, le fueron enseñadas sobre las rodillas de su madre (DTG 50.2). Jesús debió preguntar a su madre: '¿Por qué guardamos el sábado de puesta de sol a puesta de sol?' Y su madre debió responderle: 'Porque Jehová nos mandó que guardáramos el sábado para recordarlo como al único Dios y Creador'. ¡Y ahí estaba Jehová, en la falda de María! ¡Él mismo había reposado el primer sábado de la creación, y lo había santificado! También era él quien había proclamado el cuarto mandamiento en el Sinaí, pero ahora lo aprendía en la naturaleza, en la Escritura y en las rodillas de su madre. El que había hecho todas las cosas, estudió las lecciones que su propia mano había escrito en la tierra, el mar y el cielo (DTG 51; 50.3). Así crecía el Niño en sabiduría. No tenemos por qué pensar que Cristo conociera sobre la ciencia más de lo que era el saber común de la humanidad en sus días. La estructura celular de la materia orgánica, la estructura atómica de la materia, los virus, bacterias, o la propia rotación de la tierra alrededor del sol, son asuntos todos ellos conocidos por el hombre muy recientemente. Y sin embargo, es él quien lo había creado todo con su infinita sabiduría y el poder de su palabra (Juan 1:1-3). ¡Qué gran condescendencia para el Autor de toda sabiduría y conocimiento, aceptar esa drástica limitación, al ingresar en nuestra raza para vivir en la condición del hombre y no avergonzarse de llamarnos hermanos! Aquí hay una lección para nosotros. A veces queremos saber una cosa más de lo que Dios nos ha revelado; queremos especular sobre aquello que Dios no ha dispuesto que sepamos. ¿El resultado? --Las divisiones. Que en nosotros aprendáis á no saber más de lo que está escrito, hinchándoos por causa de otro el uno contra el otro (1 Corintios 4:6). Estudiemos con interés lo que Dios nos ha revelado. En aquello en lo que Dios ha guardado silencio, guardemos también nosotros silencio. No nos avergüence decir: --No lo sé. Todo acto de la vida terrenal de Cristo se realizaba en cumplimiento del plan trazado desde la eternidad. Antes de venir a la tierra el plan estuvo delante de él, perfecto en todos sus detalles. Pero mientras andaba entre los hombres, era guiado, paso a paso, por la voluntad del Padre (DTG 121.1). A los doce años Jesús fue llevado al interior del tempo y contempló los sacrificios. Allí comenzó a comprender su misión. No pudo haberla comprendido con anterioridad: ni los rabinos ni su madre le pudieron haber enseñado que habría de morir en la cruz por los pecados del mundo, odiado y entregado por su propio pueblo. Mientras contemplaba las víctimas sacrificadas en aquella Pascua, el Espíritu Santo debió llevar su mente a un pasaje de Isaías que Jesús conocía bien: Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como un cordero fue llevado al matadero (53:7). Jesús debió reflexionar de modo parecido a como lo hace Hebreos 10:5-7: Entrando en el mundo dice: 'Sacrificio y ofrenda no quisiste, mas me diste un cuerpo. Holocaustos y expiaciones por el pecado no te agradaron". Entonces dije: "He aquí, vengo, Dios, para hacer tu voluntad". Durante siglos los sacerdotes habían efectuado esos sacrificios de animales "no discerniendo el cuerpo del Señor" (1 Corintios 11:29). Ahora lo contemplaba aquel Niño de doce años discerniendo. El Espíritu Santo le dijo: 'Esa es tu misión. ¡TÚ ERES EL CORDERO!' Todo cambió para Jesús a partir de entonces. "En los negocios de mi Padre me conviene estar", afirmó, en referencia a su Padre celestial. A sus doce años, el niño Jesús reafirmaba el compromiso que había adquirido desde el principio del mundo con el Padre, en aquel maravilloso consejo de paz del que nos habla Zacarías 6:12-13. Cuando Jesús contemplaba las ofrendas que se traían como sacrificio al templo, el Espíritu Santo le enseñó que su vida sería sacrificada por la vida del mundo (YI, 12 diciembre 1895). Por primera vez el niño Jesús miraba el templo. Veía a los sacerdotes de albos vestidos cumplir su solemne ministerio. Contemplaba la sangrante víctima sobre el altar del sacrificio. Juntamente con los adoradores se inclinaba en oración mientras que la nube de incienso ascendía delante de Dios. Presenciaba los impresionantes ritos del servicio pascual. Día tras día veía más claramente su significado. Todo acto parecía ligado con su propia vida. Se despertaban nuevos impulsos en él. Silencioso y absorto, parecía estar estudiando un gran problema. El misterio de su misión se estaba revelando al Salvador (DTG 57.4). ¡Por entonces, un Salvador de doce años! Su mente pura y tierna debió sin duda recordar la Escritura: Un niño nos ha nacido, hijo nos ha sido dado, y el principado sobre su hombro. Se llamará su nombre "Admirable consejero", "Dios fuerte", "Padre eterno", "Príncipe de paz" (Isaías 9:6). Jesús no conoció su misión por sabiduría inherente sobrenatural ni por instrucción secular. La conoció por la fe, mediante el Espíritu Santo hablando a su corazón. ¿Cómo habéis de conocer vuestra misión? --Por la fe, cuando el Espíritu Santo habla a vuestro corazón. Es un asunto personal entre Dios y vosotros. No es una cuestión de vista, sino de fe. Por la fe vivió Cristo su vida entera. 5. Se vació de su presciencia (conocimiento del futuro). En todo el capítulo 13 de Marcos, Jesús había estado revelando lo que sucedería en el mundo entre su ascensión y su segunda venida, y en el versículo 32 declara: Pero de aquel día y de la hora nadie sabe, ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre. Jesús estaba afirmando que no sabía cuándo iba a volver. Al menos, no el día ni la hora. ¿Cómo sabía el resto de cosas que les estaba revelando (las señales en el sol, la luna y las estrellas, etc)? --De la forma en que lo saben los profetas: por revelación. Leemos que el Apocalipsis es la revelación de Jesucristo, que Dios le dio (Apocalipsis 1:1). Jesús estuvo dispuesto a vivir desconociendo aquello que el Padre no le quiso revelar, a fin de compartir la experiencia del hombre, que desconoce el futuro. No es imprescindible que sepamos lo que haremos el año próximo. Para aquel que vive por la fe, basta al día su afán. En el Calvario, el Salvador no podía ver a través de los portales de la tumba. La esperanza no le presentaba su salida del sepulcro como vencedor ni le hablaba de la aceptación de su sacrificio por el Padre. Temía que el pecado fuese tan ofensivo para Dios que su separación resultase eterna (DTG 701.2). Cristo había dicho: "Destruid este templo, y en tres días lo levantaré" (Juan 2:19). Había dado instrucciones a sus discípulos relativas a su posterior encuentro con ellos, después de haber resucitado. Pero en Getsemaní sucedió algo nuevo y diferente. Tal era su estado de postración, que por tres veces habría caído a tierra, de no ser porque sus discípulos lo sostuvieron. ¿Qué le estaba sucediendo al intrépido Carpintero que había estado recorriendo a pie toda Galilea sin haber dado hasta entonces señales de desfallecimiento? ¿Qué fue lo que hizo que todo cambiara en la perspectiva de Jesús? --Dejó de experimentar la presencia del Padre. El Padre le retiró su presencia sostenedora; no airado, no enfadado, sino porque el pecado oculta a Dios de la vista, y Jesús estaba llevando "en su cuerpo, sobre el madero" vuestros pecados y los míos (1 Pedro 2:24). El Padre tuvo que velar su presencia y ocultarse en la oscuridad: Bajó los cielos, y descendió; y oscuridad debajo de sus pies. Y cabalgó sobre un querubín, y voló: Voló sobre las alas del viento. Puso tinieblas por escondedero suyo, su pabellón en derredor de sí; oscuridad de aguas, nubes de los cielos (Salmo 18:9-11). Estaba allí, pero de una forma en que Jesús no podía percibir. De ahí su clamor: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? (Mateo 27:46). Todo cambia cuando uno deja de sentir la presencia de Dios. Lo que antes era cierto y claro en la mente, se vuelve ahora incierto y nebuloso. Ahora Jesús ha de enfrentarse a la cruz solamente con la memoria de sus anteriores 33 años. Tiene que enfrentar un futuro incierto apoyándose totalmente en el pasado. No puede apoyarse en el presente. Eso fue terrible para Cristo, tanto más a como lo es para nosotros hoy. Por tres veces rogó Jesús que pasara aquella amarga copa de sus labios, si era posible. Evidentemente, no fue posible. A la luz del Salmo 22, algo así debió cruzar la mente de Cristo: 'Padre, estoy aquí porque tú me has enviado, y ahora no puedo ver tu rostro. Judas me ha traicionado. Pedro me ha negado. Todos mis discípulos me han abandonado. El pueblo que vine a salvar me está clavando en la cruz, y ahora siento que también tú me has abandonado. No siento que vaya a volver a la vida. Ya no estás aquí. No me estás confortando. Los ángeles ya no me están confortando. Sólo veo oscuridad y muerte'. Al sentir el Salvador que de él se retraía el semblante divino en esta hora de suprema angustia, atravesó su corazón un pesar que nunca podrá comprender plenamente el hombre (DTG 701.1). "Nunca", ni siquiera en la eternidad futura, podremos comprender "plenamente" la inmensidad del don de Cristo. Será el objeto de nuestro estudio y deleite por siempre, y nunca agotaremos el tema. En aquella hora terrible Cristo no fue consolado por la presencia del Padre. Pisó solo el lagar y del pueblo no hubo nadie con él (DTG 702.1). En ocasiones como esas Satanás nos suele tentar así: 'Eres un pecador demasiado grande, demasiado reincidente. ¡Estás tan perdido! Nunca vas a salir de esta situación. No hay esperanza ni retorno. Tu caso es desesperado'. Y quizá alguien en nuestro entorno próximo se preste gustoso a sugerirnos: "Maldice a Dios y muérete" (Job 2:9). ¿Cuál era la muerte que Jesús estaba sufriendo por nosotros? ¿De qué muerte nos salva? ¿Cuál es la muerte que es la paga del pecado? La respuesta a esas tres preguntas sólo puede ser esta: la muerte segunda, la muerte eterna (no lo que la Biblia llama "sueño"). ¿Hay en esa muerte, que es la paga del pecado, alguna esperanza de resurrección? Aun las dudas asaltaron al moribundo Hijo de Dios. No podía ver a través de los portales de la tumba. Ninguna esperanza resplandeciente le presentaba su salida del sepulcro como vencedor ni la aceptación de su sacrificio de parte de su Padre. El Hijo de Dios sintió hasta lo sumo el peso del pecado del mundo en todo su espanto. El desagrado del Padre por el pecado y la penalidad de este, la muerte, era todo lo que podía vislumbrar a través de esas pavorosas tinieblas. Se sintió tentado a temer que el pecado fuese tan ofensivo para los ojos de Dios que no pudiese reconciliarse con su Hijo. La fiera tentación de que su Padre le había abandonado para siempre, le arrancó ese clamor angustioso en la cruz: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?" (2TI 189.2). Jesús, en la cruz, tiene que luchar entre dos cosas, lo mismo que nosotros cuando enfrentamos la prueba: ha de debatirse entre la fe y los sentimientos. Esa es la batalla de la vida en nuestra naturaleza caída. En la hora de la prueba no esperéis que vuestros sentimientos concuerden con la fe. Los sentimientos contrarios a la fe forman parte de nuestra naturaleza caída. Vuestros sentimientos os dirán que Dios os ha abandonado, que no os puede perdonar ni ayudar. Pero nunca os fieis de vuestros sentimientos. Tened fe en lo que dice Dios en su Palabra: Mi siervo eres tú; te escogí, y no te deseché. No temas, que yo soy contigo; no desmayes, que yo soy tu Dios que te esfuerzo: siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia (Isaías 41:10). En nuestra lucha en esta naturaleza caída habrá un conflicto permanente entre los sentimientos y la fe. Lo mismo sucedió con Cristo, quien venció en ese conflicto por la fe, no por un conocimiento sobrenatural que él poseyera del futuro. En su agonía mortal, mientras entregaba su preciosa vida, tuvo que confiar por la fe solamente en Aquel a quien había obedecido con gozo... Mientras se le denegaba hasta la brillante esperanza y confianza en el triunfo que obtendría en lo futuro, exclamó con fuerte voz: "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu" (2TI 190.1). Sus últimas palabras dan testimonio del triunfo absoluto de la fe. Él es el autor y consumador de la fe. La actitud de Cristo fue esta: 'Tú decides, Padre. Sea lo que sea que tú decidas, lo acepto gustoso. Si vas a resucitarme, me pongo en tus manos. Si decides que debo morir y desaparecer por la eternidad, lo acepto'. Nos amó más que a su propia vida. Nos amó con un amor más fuerte que la muerte. Más fuerte que la muerte eterna. Es un pecado permanecer sereno y desapasionado ante él. Las escenas del Calvario despiertan la más profunda emoción. Tendrás disculpa si manifiestas entusiasmo por este tema (2TI 192.1). Comprender a Cristo en su humillación, en su condescendencia, hace que lo amemos de una forma en que el afán de recompensa o el temor al castigo jamás lo lograrán. Hace que le entreguemos el corazón enteramente, y que no haya sacrificio lo bastante grande como para que no lo asumamos con gozo por su causa. "El amor de Cristo nos constriñe". En el Antiguo Testamento encontramos una sombra, un pálido reflejo de un amor como ese (Éxodo 32:32). Moisés estuvo dispuesto a que su nombre fuese borrado del libro de la vida si Dios no podía perdonar a su pueblo, procurando evitar así que su Nombre fuera deshonrado. ¡Eso no significaba morir tres días! Y Moisés estuvo dispuesto a eso. Fue una figura adecuada de Cristo. En Romanos 9:3 encontramos algo parecido en Pablo. Lo anterior debiera hacernos reflexionar en la popular idea de que lo más importante es nuestra seguridad de sentirnos salvos. ¿Fue sentirse salvo lo más importante para Cristo? ¿Lo fue para Moisés? Es significativo que los que resistan la marca de la bestia y su imagen, los que constituyan la última generación de creyentes, se distinguirán por entonar el cántico del Cordero y el cántico de Moisés (Apocalipsis 15:3). Un falso Cristo. La mayoría del mundo cristiano dirá que es falso todo lo que hemos venido considerando hasta aquí. Por ejemplo, H. Melvill insistió en que Cristo se despojó solamente de su gloria. Preguntad a otros cristianos cómo hizo Jesús sus milagros. Veréis que la mayoría os responderá sin dudar: --¡Porque era Dios! Preguntadles cómo pudo vivir 33 años sin pecar jamás, y os responderán: ¡Porque era Dios, y Dios no puede pecar! Efectivamente, según Santiago 1:13, Dios no puede ser tentado. La fuerza de la tentación radica en el engaño. Si pudiéramos ver el final desde el principio, nosotros tampoco podríamos ser tentados. El perfecto conocimiento no puede ser tentado. Sólo la fe puede ser tentada y probada. Alguien que lo sabe todo y que lo ve todo no puede ser engañado. Si Cristo vivió como Dios, nunca pudo ser tentado. ¿Creéis que el evangelicalismo, con su visión distorsionada de la humanidad de Cristo, y con su doctrina de la inmortalidad natural del alma, puede comprender la profundidad del sacrificio de Cristo? Según ellos, Cristo no pasó en el Calvario por la experiencia de la muerte eterna, sino que fue sostenido por el perfecto conocimiento de su triunfo y resultado final; y al clamar "Consumado es" simplemente pasó al paraíso junto con su Padre. Muchos hablan sin cesar de la "relación salvífica" con Cristo a modo de panacea, pero ¿es posible tener una "relación salvífica" con el falso Cristo, y no reconocer al Cristo verdadero? A la luz de Mateo 7:22-23 no parece imposible: Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre lanzamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les protestaré: Nunca os conocí; apartaos de mí, obradores de maldad. Ya veis que tenemos un mensaje que dar al mundo, y no sólo al mundo pagano. Multitudes están adorando a un falso Cristo que no puede salvar, puesto que nunca existió. Es el Cristo del que se dice representante el obispo de Roma, pero no el Cristo real. No es el que vivió bajo la luz del sol de Nazaret hace dos mil años, sino el que el cristianismo popular escolástico ha creado en los despachos bajo la luz artificial de su doctrina pagana predilecta del pecado original, que exige en Cristo una exención y lo separa de nosotros. Al alejar a Cristo del resto de la humanidad, el cristianismo popular tuvo que encontrar a mediadores entre Cristo y nosotros. La virgen María sirvió ese propósito durante un tiempo, hasta que también a ella la declararon ascendida corporalmente al cielo, a la diestra de Dios. También ella, habiendo tomado al nacer una naturaleza única, singular y superior a la nuestra, y habiendo ascendido al cielo, quedaba lejos del resto de la humanidad. "San" Pedro, "San" Pablo y el resto de los "santos" llenaron entonces el vacío. Puesto que ellos habían comenzado en el terreno cenagoso en el que nosotros estamos, podían comprendernos, encomendarnos a la virgen, y esta a Cristo. ¿Dice eso la Biblia? ¿Cuántos mediadores hay? Hay un Dios, asimismo un mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre (1 Timoteo 2:5). ¿Por qué? --Porque nuestro Salvador comenzó exactamente en el terreno cenagoso en el que nosotros estamos. Jesús no fue creado del polvo de la tierra como el Adán inmaculado, sino que nació "de mujer" (Gálatas 4:4) como todos nosotros. Tomó una naturaleza afectada por las mismas limitaciones que la nuestra, sin exenciones. No hubo trampa ni favor para él. Su naturaleza humana era "idéntica a la nuestra" (3MS 145.4). Nacimiento milagroso de Jesús. Es cierto que su nacimiento fue sobrenatural, milagroso. Es importante que comprendamos dónde está el milagro del que nos habla la Biblia. Es importante comprender eso, porque algunos evocan otro 'milagro' añadido, que en realidad no es más que un eufemismo para presentar en palabras menos objetables el dogma de la inmaculada concepción, aplicado a Cristo. Pablo, en Romanos, presenta en estos términos al Protagonista del evangelio: Evangelio que se refiere a su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que era del linaje de David según la carne, que fue declarado Hijo de Dios con poder según el Espíritu de santidad (Romanos 1:3-4). El original griego resulta aquí de ayuda, porque se trata de dos oraciones paralelas que expresan la dualidad de Cristo en su encarnación: • versículo 3: Del linaje (spermatos) de David según la carne (kata sarka). • versículo 4: Hijo de Dios con poder según el Espíritu (kata pneuma). Descendiente de David según la carne, e Hijo de Dios según el Espíritu. El milagro ("con poder") del que nos habla la Biblia está en el versículo 4, no en el 3. En Lucas 1:35 leemos: El ángel le dijo [a María]: --El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que va a nacer será llamado Hijo de Dios. Esas palabras no se refieren a ningún ser humano, excepto al Hijo del Dios infinito (5CBA, 1103). De ningún otro ser humano se puede decir que haya sido hijo de Dios según el Espíritu (kata pneuma) desde el nacimiento. Jesús fue engendrado del Espíritu Santo (Mateo 1:20). Es el milagro de los milagros. Ninguno de los que estamos aquí podemos decir que hemos venido del cielo, como fue el testimonio de Cristo (Juan 3:13 y 3:31). Como dijo Ellen White, la encarnación del Hijo de Dios es un misterio y siempre lo será. Cuando nosotros nos convertimos, también somos nacidos del Espíritu, y también se trata de un milagro. Pero en nuestro caso el milagro se produce sólo después que adquirimos la capacidad de decidir, una vez que conocemos el evangelio y nos entregamos a Dios. Para entonces ya hemos desarrollado una mente de pecado, lo que nunca sucedió con Jesús. Pero observad que la diferencia no está en una naturaleza humana diferente a la nuestra, exenta de algo (versículo 3). Ese sería otro milagro del que la Biblia no nos habla. La diferencia está en que Jesús, siendo el eterno Dios Hijo, desde antes de nacer, había sometido ya su voluntad al Padre, a fin de encarnarse y llevar a cabo el plan de la redención de la raza caída (versículo 4). ¿Cómo podemos saberlo? En Hebreos 10:5-7 leemos: Por lo cual, entrando en el mundo dice: "Sacrificio y ofrenda no quisiste, mas me diste un cuerpo. Holocaustos y expiaciones por el pecado no te agradaron". Entonces dije: "He aquí, vengo, Dios, para hacer tu voluntad, como en el rollo del libro está escrito de mí". Por lo tanto, cuando afirmamos que Jesús tomó nuestra naturaleza humana, y cuando decimos que fue tentado en todo como lo somos nosotros, no estamos diciendo que él fuera como nosotros; y no sólo porque nunca pecó: Primeramente, junto a su humanidad, él poseía la plenitud de la divinidad (aun habiéndola velado, habiéndose vaciado de sus prerrogativas). Es decir: era Dios. En segundo lugar, al unir su divinidad con la humanidad, él vino como un Ser cuya voluntad había sometido ya previamente al Padre. Vino con nuestra carne, pero no con nuestra mente. De ahí que se nos invite a recibir la mente de Cristo. Así, el versículo 4 de Romanos 1 describe el gran milagro. Aquí está el misterio de la piedad: aun viniendo como Hijo de Dios según el Espíritu, "lo santo que nacerá" (Lucas 1:35) vendría "en el cuerpo de nuestra bajeza" (Filipenses 3:21; DTG 14.4); es decir, de la herencia de David según la carne (kata sarka), una herencia degradada por la transgresión de Adán y por miles de años de pecado perpetuado en la raza humana. Está claro que hay un milagro único, irrepetible, en el Hijo de Dios viniendo a este mundo según el Espíritu (versículo 4). ¿Hay otro milagro, o exención, en el tipo de descendencia que tomó de David "según la carne"? (versículo 3). Debido a su apego al dogma del pecado original, el cristianismo popular ha tenido que añadir otro milagro adicional, que consiste en negar la realidad del versículo 3. A fin de "proteger" a Jesús de una naturaleza entendida equivocadamente como pecado, que lo habría contaminado, se ha evocado ese otro "milagro", que no es más que una variación del dogma de la inmaculada concepción (en este caso no de María, sino de Jesús), consistente en una exención parcial, una transgresión divina en la ley de la herencia. En realidad, equivale a afirmar que 'NO fue del linaje de David según la carne'. Es curioso cómo un texto bíblico que afirma claramente que Cristo fue "del linaje de David según la carne", después de ser procesado por el teólogo, acaba diciendo exactamente lo contrario: que Cristo NO fue del linaje de David según la carne (!) Lo mismo sucede con el texto de Hebreos 4:15, que afirma llanamente que Cristo fue "tentado en todo según nuestra semejanza", pero después de pasar por la explicación del teólogo viene a decir que él NO fue tentado en todo según nuestra semejanza (!) Ese es ciertamente otro "milagro", otro "misterio", pero no precisamente el misterio de la piedad: Indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne (1 Timoteo 3:16). Observad la consecuencia: Si Cristo nació tomando una naturaleza humana diferente y superior a la nuestra (exenta de las tendencias al mal), es inevitable concluir que por tanto tiempo como tengamos la naturaleza que tenemos, no podremos vencer como él venció. Esa es una limitación permanente en esta tierra, y deja sin significado el ministerio de Cristo del borramiento de los pecados en el lugar santísimo del santuario celestial, lo que equivale a dejar sin significado el adventismo. Ese ministerio es precisamente el que está desarrollando Cristo en el lugar santísimo del santuario celestial ahora mismo, mientras hablamos. En contraste, la diferencia que nos hace ver Romanos 1:1-4 consiste en que Jesús fue guardado por el Espíritu Santo desde que nació. Eso no significa para nosotros una limitación permanente, pues lo mismo puede suceder cuando lo aceptamos, en la experiencia del nuevo nacimiento. Nuestra victoria no ha de esperar a la segunda venida, cuando tendremos una carne como la que tuvo Cristo, puesto que esa carne --esa naturaleza que él tomó-- ya la tenemos, y es en esa carne en la que Cristo venció. El secreto no está en que 'haya en vosotros la carne que hubo en Cristo' (ya la hay), sino en que 'haya en vosotros la mente que hubo en él'. ¿Os parece que lo anterior significa una ventaja para Cristo? No sé si habíais pensado alguna vez en esto: nosotros disponemos de la gracia en sus dos vertientes: para el perdón del pecado, y para la victoria sobre el pecado. Pero Cristo sólo disponía de la gracia para la victoria: no para el perdón. Estuvo, en cierto sentido, como estaremos nosotros una vez terminado el tiempo de prueba: sin mediador. Pero además él llevaba nuestros pecados, los de todo el mundo, en su cuerpo, sobre el madero (1 Pedro 2:24). Un solo pecado, y Cristo habría caído inexorablemente en la esclavitud, y nos habríamos perdido todos. Para él no había una segunda oportunidad. Toda la tierra y todo el universo dependían de la ofrenda perfecta del Cordero inmaculado. No es extraño que el canto de los redimidos por la eternidad sea: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la bendición, y la honra, y la gloria, y el poder para siempre jamás (Apocalipsis 5:13). Ojalá que ese sea ya el cántico de tu corazón. Tendencias pecaminosas. La "exención" que el evangelio popular evoca en la naturaleza humana tomada por Cristo, la refiere principalmente a la lucha contra las tendencias pecaminosas de nuestra naturaleza. ¿Se expresó E. White claramente al respecto de si Jesús tuvo que contender contra esas tendencias que definen el estado caído de nuestra naturaleza? En 1944, William Johnsson (redactor de Review and Herald), anunció en nuestra revista el descubrimiento tardío de una carta escrita por E. White en 1903. Debido a haber sido mal archivada, no se había sabido antes de su existencia. Se clasificó con la referencia K-303. Uno de los párrafos se refiere a la humanidad de Cristo. Ella misma añadió posteriormente puntualizaciones a esa carta intercalando términos explicativos, lo que indica la reflexión y esmero con los que trataba ese tema. El párrafo dice así (las puntualizaciones que añadió ella misma aparecen entre los símbolos < y >): Cuando Cristo anunció por primera vez a la hueste celestial su misión y obra en el mundo, declaró que abandonaría su posición de dignidad y revestiría su santa misión asumiendo la semejanza de hombre, cuando en realidad era el Hijo del Dios infinito. Y cuando llegó el cumplimiento del tiempo, descendió desde su trono de alto mando, depuso sus ropajes reales y su corona regia, vistió su divinidad con humanidad, y vino a esta tierra a ejemplificar lo que la humanidad debe hacer y ser para vencer al enemigo y sentarse con el Padre en su trono. Viniendo de la forma en que lo hizo, como hombre, con todas las malas tendencias de las que el hombre es heredero, , hizo posible el ser abofeteado por las agencias humanas inspiradas por Satanás, el rebelde que fue expulsado del cielo. ¿Naturaleza caída, o naturaleza inmaculada? Esto nos lleva a considerar en qué tipo de naturaleza se encarnó Jesús. Romanos 8:3: Lo que era imposible a la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado, y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne. Veis que figura tres veces la palabra "carne": las mismas veces que la palabra "pecado". "Carne" es uno de los términos peor entendidos en toda la Biblia. "Carne" no significa en el Nuevo Testamento nada parecido al tejido blando que cubre los huesos. De forma consistente --no ocasional--, "carne" (excepto cuando se la emplea en el sentido de vianda), significa naturaleza caída: todo el ser, el cuerpo y también el cerebro (incluyendo las emociones, impulsos, instintos y tendencias heredadas). Ved, por ejemplo, Gálatas 5:16-25: Digo pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis la concupiscencia de la carne. Porque la carne codicia contra el Espíritu, y el Espíritu contra la carne: y estas cosas se oponen la una a la otra, para que no hagáis lo que quisieres. Mas si sois guiados del Espíritu, no estáis bajo la ley. Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, disolución, Idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, banqueteos, y cosas semejantes a estas... Porque los que son de Cristo, han crucificado la carne con los afectos y concupiscencias. Se nos ordena que crucifiquemos la carne, con los afectos y las concupiscencias. ¿Cómo lo haremos? ¿Infligiremos dolor al cuerpo? No, pero daremos muerte a la tentación a pecar. Debe expulsarse el pensamiento corrompido. Todo intento debe someterse al cautiverio de Jesucristo (CPI 244.3; HC 112.2). Los que son de Cristo viven como Cristo vivió: crucificando, negando --no cediendo-- a las tendencias de la naturaleza humana caída, de la "carne". Velad y orad, para que no entréis en tentación: el espíritu a la verdad está presto, mas la carne enferma (Mateo 26:41). Vestíos del Señor Jesucristo, y no hagáis caso de la carne en sus deseos (Romanos 13:14). Podéis leer Romanos 8:3, y casi cualquier otro texto, sustituyendo "carne" por "naturaleza caída" (o pecaminosa), y tendréis el sentido correcto. Así lo hacen algunas traducciones modernas de la Biblia. ¿Qué significa "condenó el pecado en la carne"? --Significa que venció el pecado en naturaleza caída, en naturaleza pecaminosa: en vuestra "carne" y la mía. A algunos les preocupa la palabra "semejanza" en Romanos 8:3. En griego es homoioma. Significa 'de la misma clase', 'del mismo tipo o substancia'. Es la palabra de la que deriva nuestra voz "homogéneo". No es simplemente 'parecido'. Lo mismo que Hebreos 2:11, 14 y 17, el texto enfatiza la identificación de Cristo con nosotros, los hijos de Adán. Veamos qué significa en Filipenses 2:6-8. Se anonadó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres (versículo 7). "Semejante": la misma palabra en griego y en nuestro idioma. ¿Significa que Cristo se pareció a un hombre? ¿Significa que tenía una apariencia similar a la nuestra? ¿O significa que era un ser humano como nosotros lo somos, de la misma sustancia, de la misma clase? Era el Hijo de María; era de la simiente de David de acuerdo con su ascendencia humana. Se declara que era hombre, enteramente el hombre Cristo Jesús (5CBA 1105). Su naturaleza humana era creada; ni aun poseía las facultades de los ángeles. Era humana, idéntica a la nuestra (3MS 145.4). Si en Filipenses 2:7 "semejante a los hombres" significa "hombre", en Romanos 8:3, "semejanza de carne de pecado" ha de significar igualmente "carne de pecado". Difícil de aplicar a la situación de Adán previa a la caída, ¿no os parece? Siendo en forma de Dios, no tuvo por usurpación ser igual a Dios; sin embargo, se anonadó a sí mismo tomando forma de siervo (versículos 6-7). ¿Qué significa "en forma (morfe) de Dios" en el versículo 6? ¿Significa que era parecido a Dios? --No. Significa que era Dios (griego: isos). Por lo tanto, ¿qué significa "en forma (morfe) de siervo"? --Significa que tomó la condición de siervo. Pero hay más en Filipenses: "siervo" es una traducción discutible. El original dice "esclavo" (doulou). ¿Cabe decir de Adán, tal como Dios lo creó, que era un esclavo? ¿Cuándo cayó Adán en la esclavitud? --Después de haber pecado. Aunque sólo existiera ese texto en el todo el Nuevo Testamento, bastaría para que supiéramos cuál fue la condición de la naturaleza humana que Cristo tomó al nacer. Ese texto demuestra que Cristo aceptó la gran ley de la herencia, recibiendo al nacer todo lo que nosotros recibimos sin ninguna exención: ni física, ni mental, ni moral (así lo afirmó E. White). ¿Cómo opera esa ley? La condición física y mental de los padres se perpetúa en su posteridad. Este es un asunto que no se considera debidamente. Cuandoquiera que los hábitos de los padres contraríen las leyes físicas, el daño que se infligen a sí mismos se repetirá en las generaciones futuras (HC 153.1). Ambos padres transmiten a sus hijos sus propias características, mentales y físicas, su temperamento y sus apetitos. Con frecuencia, como resultado de la intemperancia de sus padres, los hijos carecen de fuerza física y poder mental y moral (PP 604; 544.4). Por regla general, cada individuo intemperante que engendra hijos, transmite sus inclinaciones y tendencias malvadas a su descendencia... Los miembros de la generación actual son débiles en sus capacidades físicas, mentales y morales. Toda esta miseria se ha acumulado de generación en generación debido a que el hombre caído quebranta la ley de Dios... El tabaco y el licor entontecen y corrompen a quienes los usan. Pero el mal no se detiene allí. El que usa estas sustancias transmite temperamentos irritables, sangre contaminada, intelectos debilitados, y debilidad moral a sus hijos... La raza humana gime bajo el peso de la aflicción acumulada debido a los pecados de generaciones pasadas (4T 33.4-34.3). Los padres pueden haber transmitido a sus hijos tendencias al apetito y la pasión, las que harán más difícil la obra de educar e instruir a estos hijos para ser estrictamente temperantes y para que tengan hábitos puros y virtuosos (3T 622.2). ¿Tentación o pecado? Esas tendencias al apetito y la pasión, ¿son tentaciones, o son pecado? Una vez hayáis resuelto eso, lo habréis resuelto todo. El falso evangelio necesita confundir para perpetuar el engaño: confunde naturaleza (lo recibido por herencia), con carácter (decisiones, lo que nos hace moralmente responsables); pero su confusión no termina ahí. Necesita también confundir la tentación con el pecado. Esas tendencias presentes en la naturaleza con la que nacemos son algo malo, pero no son pecado, no son fruto de ninguna elección individual, no conllevan culpa ni responsabilidad. Los niños de padres alcohólicos son más susceptibles que otros de convertirse en alcohólicos. ¿Es más fácil que caigan en el alcoholismo? --Sí. ¿Cuándo pecan?, ¿al nacer? --No. Pecan si escogen ceder a esas tendencias, que en ellos son más fuertes. Pero por fuertes que sean las tendencias, son tentación, no son pecado. Aunque él [Cristo] tenía toda la fuerza de la pasión de la humanidad, nunca cedió a la tentación de hacer un solo acto que no fuera puro, elevador y ennoblecedor (ST 21 noviembre 1892). En nuestra propia fortaleza nos es imposible negarnos a los clamores de nuestra naturaleza caída. Por su medio Satanás nos presentará tentaciones. Cristo sabía que el enemigo se acercaría a todo ser humano para aprovecharse de las debilidades hereditarias y entrampar mediante sus falsas insinuaciones a todos aquellos que no confían en Dios. Y recorriendo el terreno que el hombre debe recorrer, nuestro Señor ha preparado el camino para que venzamos (DTG 98.1). Hemos leído: "En nuestra propia fortaleza, nos es imposible negarnos a los clamores de nuestra naturaleza caída. Por su medio, Satanás nos presentará..." ¿Cuál es la siguiente palabra? --"Tentaciones". ¡Pero el mundo cristiano dice: pecado! El cristianismo popular afirma que "los clamores de nuestra naturaleza caída" son pecado. La Biblia y el Espíritu de profecía dicen: --No. Son tentación. Hay en la cita tres conceptos equivalentes: (a) "clamores de la naturaleza humana", que equivale a. (b) "tentaciones", y que equivale a. (c) "debilidades hereditarias". Ninguno de los tres equivale a pecado. Sigue así: "Y recorriendo el terreno que el hombre debe recorrer, nuestro Señor ha preparado el camino para que venzamos". ¿Qué terreno es ese que Cristo ha recorrido? --El mismo que habéis de recorrer vosotros y yo: clamores de una naturaleza caída, tentaciones, debilidades hereditarias. Ese es el camino que Cristo recorrió: no sólo naturaleza caída, sino ¡clamores de esa naturaleza caída! Clamores desde su interior, tal como nosotros los sentimos. El párrafo de 'El Deseado' que acabamos de considerar termina con estas palabras de Jesús a nosotros: "Tened buen ánimo --dice; --yo he vencido al mundo". ¿A qué se refería, al decir: "He vencido al mundo"? ¿Qué es lo que había vencido? --"Los clamores de nuestra naturaleza caída", y precisamente lo hizo recorriendo el terreno que vosotros y yo recorremos. No hay duda de que nuestro Salvador "padeció siendo tentado" (Hebreos 2:18). ¿Podéis apreciar hasta dónde condescendió Cristo para poder estar cercano a cada uno en la tentación, en su experiencia, para poder abrir un camino nuevo mediante su "carne"? ¿No os parece verdaderamente que Cristo es el Deseado, el señalado entre diez mil, todo él codiciable? ¿Hubo algo que dejara de hacer para rescatarnos? ¿No os parece que es digno de adoración ahora y por la eternidad? Conclusión. Como pueblo de Dios nuestro camino se ha alejado del ideal en los últimos 140 años. Previamente a 1888 habíamos olvidado los encantos incomparables de Cristo en su condescendencia y humillación. No lo hicimos el centro de nuestra vida y predicación. En 1888 rechazamos en gran medida el mensaje de la justicia por la fe, siendo un rasgo destacado y consubstancial del mismo la naturaleza humana caída que Cristo tomó en su encarnación. Se trataba del mensaje que el Señor nos envió, en su gran misericordia, mediante los pastores Jones y Waggoner, que significaría el derramamiento del Espíritu Santo en la lluvia tardía, el fuerte pregón y la venida de Jesús. Pero aún estamos aquí. En 1957 cambiamos nuestra posición sobre la naturaleza humana de Cristo, y en consecuencia dejó de tener sentido el ministerio de Cristo en el lugar santísimo para borramiento del pecado. Escribimos un libro, Questions on Doctrine, que ha sido considerado como la ortodoxia adventista, y que ha sido leído, estudiado, publicado y republicado hasta el día de hoy. Barnhaus y Martin, los dos portavoces evangélicos que dialogaron con nuestros dirigentes en dieciocho encuentros de uno a tres días de duración, en tres sesiones diarias, no tuvieron ningún reparo en jactarse por escrito y públicamente por haber conseguido hacer que cambiara la teología de toda una denominación: la nuestra, mediante su diálogo ecuménico con tres de nuestros representantes: L.E. Froom, W.E. Read y R.A. Anderson, los autores de Questions on Doctrine (Eternity, septiembre 1956, p. 6, 7, 43 y 45), en español Preguntas sobre Doctrina (ver aquí: 'Bifurcación: Preguntas sobre Doctrina' una revisión histórica de Herbert Douglass sobre el episodio mencionado). A cambio de no ser considerados una secta, mediante la publicación de ese libro y otras maniobras, se introdujo por la puerta de atrás la nueva posición (sin haber sido nunca votada por la asamblea de la Asociación General). Eso produjo en el adventismo la división más profunda y penosa de nuestra historia hasta el día de hoy, y una de sus consecuencias fue la aparición de multitud de ministerios independientes como reacción. Esa serie de desviaciones en el adventismo cristalizó en la instauración de una nueva teología en el adventismo, promocionada por Desmond Ford en la década que siguió. El Instituto de Investigación Bíblica adventista (Biblical Research Institute) escribió en 1989: La iglesia mundial nunca ha visto esos temas [naturaleza de Cristo, naturaleza del pecado] como esenciales para la salvación ni para la misión de la iglesia remanente... No puede haber firme unidad en la iglesia mundial del pueblo remanente de Dios mientras haya segmentos que sostengan y agiten esas posiciones, tanto en América del Norte como en las divisiones transoceánicas. Esos temas deben ser dejados de lado, y no urgidos ante nuestro pueblo como asuntos necesarios. Esa increíble recomendación del BRI se convirtió de facto en una advertencia, y en ocasiones hasta en una amenaza para quienes se opusieron a la "nueva marca" en el adventismo. ¿Se siguió oficialmente esa "recomendación"? --No. Sin embargo, sirvió para silenciar a quienes han querido defender la postura histórica adventista, acusándolos de ser ellos los causantes de división. Desde entonces se han ido publicando y promocionando libros con respaldo oficial, que presentan exclusivamente la nueva postura sobre el pecado y la naturaleza humana de Cristo, que armonizan con las que sostiene el cristianismo popular, y que son opuestas a las que el Señor nos dio en el mensaje de 1888. Es como si los promotores de la nueva postura hubieran dicho: 'Sea razonable. Piense como yo'. La incursión del dogma del pecado original, la falsa concepción sobre la humanidad tomada por Cristo, la devaluación de la verdad de la purificación del santuario, de la inspiración de la Biblia y también el cuestionamiento de la autoridad de E. White han llevado a nuestra iglesia a una situación en la que muchos se preguntan qué necesidad existe de que sigamos como pueblo separado del resto de la cristiandad, siendo que no tenemos ningún mensaje distinto que dar. Ese panorama os puede parecer hoy más bien deprimente, pero no olvidéis que somos el antitipo del antiguo pueblo de Israel, lo que significa que casi nada debiera sorprendernos. Dios enderezará lo torcido; él nos apartará del mundo, nos santificará en la verdad (Juan 17:17). Apocalipsis 19:7 nos habla de victoria completa, aunque eso implique antes un tremendo zarandeo. No hay para el Señor un problema demasiado complejo, y él lo va a solucionar, pero estad seguros de estar de su parte en todo momento y defended la verdad en amor. No todo es negativo en el pueblo de Dios. En púlpitos de nuestras iglesias se está predicando el evangelio verdadero en su poder y belleza. Pastores y laicos lo están predicando y viviendo. Hay un despertar entre hermanos en casi todas las iglesias. Hay jóvenes que están luchando valientemente las batallas del Señor. No dudéis ni por un momento que Dios se ha reservado sus "siete mil" que no han doblado la rodilla. Aunque nos gustaría que fueran más visibles, están ahí, y son lo que el Señor necesita para llevar a cabo su obra de reavivamiento y reforma en nuestro pueblo. Recordad que somos hechos espectáculo al mundo, a los ángeles y a los hombres (1 Corintios 4:9). Estudiad y orad como nunca antes, comenzad en vosotros mismos la obra del arrepentimiento, reavivamiento y reforma. Demostrad la victoria sobre el enemigo, no sólo con vuestras palabras, sino especialmente con vuestras vidas. Sed la sal de la tierra. Sedlo en cada una de vuestras familias y en cada una de vuestras iglesias. Esta es la obra del Señor, y es la iglesia del Señor. Él la bendecirá con el derramamiento del Espíritu Santo cuando aceptemos de corazón y vivamos el mensaje que él nos envió en su gran misericordia para alumbrar toda la tierra con su gloria. Lo ha prometido, y lo cumplirá. Ojalá sea en nuestra generación. El santuario será purificado, Cristo vencerá. El Dios de paz quebrantará presto a Satanás debajo de vuestros pies, y entraremos en el gozo de nuestro Señor. Es el propósito de Dios que la verdad se ponga al frente para que sea tema de examen y discusión a pesar del desprecio que se le haga. Tiene que agitarse el espíritu del pueblo (DMJ 31.4). La humanidad del Hijo de Dios es todo para nosotros. Es la cadena áurea que une nuestra alma con Cristo, y mediante Cristo con Dios. Esto ha de ser nuestro estudio... El estudio de la encarnación de Cristo es un campo fructífero que recompensará al escudriñador que cava profundamente en procura de la verdad oculta (1MS 286; 244.1). Por lo tanto, hermanos santos, participantes del llamado celestial, considerad al Apóstol y Sumo sacerdote de la fe que profesamos, a Jesús" (Hebreos 3:1). Hacer esto tal como indica la Biblia: considerar a Cristo continua e inteligentemente tal como él es, lo transformará a uno en un cristiano perfecto, puesto que "contemplando somos transformados" (E.J. Waggoner, Cristo y su justicia, 5). Capítulo 4 - Debilidades inocentes de Melvill Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas son salidos en el mundo. En esto conoced el Espíritu de Dios: todo espíritu que confiesa que Jesucristo es venido en carne es de Dios: y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo es venido en carne, no es de Dios: y este es el espíritu del anticristo, del cual vosotros habéis oído que ha de venir, y que ahora ya está en el mundo (1 Juan 4:3-4). La encarnación de Cristo es la doctrina fundamental del cristianismo. Es lo que lo diferencia del paganismo, de la religión judía, del islamismo, etc. Ninguno de estos admitirá que Dios tiene un Hijo, y aun menos que haya venido a nacer en este mundo combinando su naturaleza divina con la humana. La moderna Babilonia tiene una perversión para cada doctrina, para cada verdad. Por ejemplo, tiene una falsificación del Vicario de Cristo en la tierra (que según la Biblia es el Espíritu Santo); tiene una falsificación del evangelio, una falsificación del único Mediador, una falsificación de la ley y del día de reposo, una falsificación de la doctrina de la destrucción de los malvados, de la naturaleza mortal del ser humano, una falsificación de la verdad sobre el pecado y en definitiva una falsificación para cada verdad. ¿Será concebible que la doctrina central del cristianismo: la encarnación de Cristo, Satanás la haya dejado sin falsificar, de forma que el cristianismo apóstata la mantenga en su pureza? Es impensable. Ahora bien, la moderna Babilonia no ha negado nunca que Dios se hiciera hombre en Jesucristo: defiende que Jesucristo fue 100% divino y 100% humano. Por lo tanto, la doctrina del "anticristo" a propósito de que Jesucristo no haya venido en carne ha de ser un asunto más sofisticado, más refinado que simplemente la negación de su encarnación. Pero aunque no niegue globalmente el hecho de la encarnación, ha de tener que ver con ella, ya que la advertencia de Juan relativa al anticristo se refiere específicamente al hecho de haber venido "en carne": Todo espíritu que no confiesa que Jesucristo es venido en carne, no es de Dios: y este es el espíritu del anticristo. 1. La doctrina pagana. ¿Cuál es la doctrina básica del paganismo acerca de Dios? ¿Admite la posibilidad de que Dios se haga "carne"? Cuando Nabucodonosor requirió de su gabinete de expertos que adivinase e interpretara aquel sueño que no podía recordar, ¿cuál fue la respuesta de los sabios caldeos? Los Caldeos respondieron delante del rey, y dijeron: No hay hombre sobre la tierra que pueda declarar el negocio del rey: además de esto, ningún rey, príncipe ni señor, preguntó cosa semejante a ningún mago, ni astrólogo, ni Caldeo. Finalmente, el negocio que el rey demanda, es singular, ni hay quien lo pueda declarar delante del rey, salvo los dioses cuya morada no es con la carne (Daniel 2:10-11). La única forma en que un dios podía ser dios, es si "su morada no es con la carne". Para ser dioses, habían de estar tan separados de los hombres como el cielo y la tierra. Para la antigua Babilonia, el rasgo más destacable de un dios, lo esencial, era que no morase con la carne. En contraste, la noción divina consiste en que "El Verbo fue hecho carne y habitó entre nosotros" (Juan 1:14). Es decir, su morada fue con la carne. 2. El romanismo. ¿Cuál es la doctrina básica acerca de Dios que el romanismo heredó del paganismo? ¿Cuál es su noción acerca de Cristo? Leámoslo del cardenal Gibbons, en su Faith of our Fathers, página 198-199: Afirmamos que la Segunda Persona de la Bendita Trinidad, el Verbo de Dios, quien, en su naturaleza divina es, desde la eternidad, engendrado del Padre, consubstancial con él, fue, venido el cumplimiento del tiempo, engendrado de nuevo, y nacido de la virgen, tomando así para él mismo, del vientre materno de ella, una naturaleza humana de la misma substancia que la de ella. En la medida en que el sublime misterio de la encarnación puede verse reflejado en el orden natural, la bendita virgen, bajo la cobertura del Espíritu Santo, comunicando a la Segunda Persona de la adorable Trinidad, tal como hacen las madres, una verdadera naturaleza humana de la misma substancia que la de ella, es realmente y en verdad su madre. Puesto que se especifica y enfatiza que Jesús tomó la naturaleza humana de la misma substancia que su madre, bastará examinar cuál fue la naturaleza que tomó María según Roma, para saber cuál es la naturaleza que atribuye a Cristo. Esta es la solemne e "infalible" doctrina de la inmaculada concepción de María, definida en un artículo de fe por el papa Pío IX hablando ex catedra el 8 de diciembre del 1854: Por la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los benditos apóstoles Pedro y Pablo, y por nuestra propia autoridad, declaramos, pronunciamos y definimos que la doctrina que sostiene que la muy bendita Virgen María, en el primer instante de su concepción, por una especial gracia y privilegio del Dios Todopoderoso, debido a los méritos de Jesucristo, el Salvador de la humanidad, resultó preservada de toda mancha de pecado original, ha sido revelada por Dios, y por lo tanto, debe ser creída firme y resueltamente por todos los fieles. Debido a ser [María] muy diferente del resto de la humanidad, se le comunicó la naturaleza humana, pero no el pecado... Theodoret, un padre que vivió en el siglo V, afirma que María "sobrepasó en mucho a los querubines y serafines en gloria"... Teodoro, patriarca de Jerusalén, dijo en el segundo concilio de Nicea que María "es verdaderamente la madre de Dios, y virgen antes y después de dar a luz; y fue creada en una condición más sublime y gloriosa que todas las naturalezas, sean intelectuales o corporales" (De Nativitate Christy, citado en las obras de San Cipriano, 216-217). Así, tenemos la naturaleza de María definida como siendo "muy diferente del resto de la humanidad", "más sublime y gloriosa que todas las naturalezas". Puesto que Cristo tomó "para él mismo, del vientre materno de ella, una naturaleza humana de la misma substancia que la de ella", esa es la condición de la naturaleza que Cristo tomó, según Roma. ¿Cómo se llegó allí? Mediante la doctrina del pecado original. Según esa doctrina, todo ser humano nace condenado por la culpa del pecado de Adán y Eva. El pecado es su naturaleza, más allá de lo que piense, diga o haga la persona. Una vez aceptado el error del pecado original, es imprescindible evocar una exención, una transgresión divina en la ley de la herencia para la encarnación de Cristo. En caso contrario, el que el Hijo de Dios tomara la naturaleza humana caída lo convertiría automáticamente en pecador. De esa forma Roma ha logrado ser fiel a su legado pagano, y alejar a Cristo de los hombres tanto como sea posible. De ahí la necesidad de la mediación de la virgen y los santos. En contraste, en Hebreos 2:11 leemos que "el que santifica [Cristo] y los que son santificados [nosotros], de uno son todos: por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos". Y dado que Cristo es uno con la raza humana, es imposible que se necesite o que exista un mediador entre Cristo y los hombres, ya que "el mediador no es de uno" (Gálatas 3:20). Es decir, puesto que Cristo se ha hecho uno con la humanidad, no es posible que haya mediador entre el ser humano y Cristo. El mediador ha de mediar entre dos, como mínimo. Si el que santifica y los santificados hubieran tenido una naturaleza diferente, habría sido necesario un mediador entre Cristo y los hombres, lo que queda excluido a la luz de Hebreos 2:11. ¿Cómo hace la religión católico-romana para trasladar al cristianismo su noción pagana de un Dios que no mora en la carne? Mediante un "milagro". Un milagro parece algo muy cristiano, salvo que el cristianismo no es una religión inventada, sino revelada. Revelada por Dios en la Biblia. Y la Biblia no habla en ningún sitio de ese supuesto milagro que definen como una rotura --una especie de transgresión-- divina de la ley de la herencia, mediante la cual María quedó exenta de la plenitud de la naturaleza humana caída que posee el resto de la humanidad. Pero la diana de esa doctrina no es cómo afecta a María, sino cómo afecta a Jesús. En realidad, tiene por finalidad el que Cristo posea esa misma naturaleza única, singular, superior (de María), agraciada por el supuesto milagro o exención. La Biblia, en contraste, insiste en que Cristo fue de la "simiente de David según la carne" (Romanos 1:3), de la "simiente de Abraham" (Hebreos 2:16), participando de la misma "carne y sangre" que "los hijos" (Hebreos 2:14). La diferencia no está en lo que tomó por nacimiento, sino en lo que hizo: no pecó. Es importante ver que según la idea católico-romana tanto la virgen como Jesucristo podían sentir hambre, sed, fatiga, pena, tristeza, y otros achaques de la humanidad que no afectaran a la esfera moral. Así se podía conservar la apariencia de aceptar lo que dicen versículos como Romanos 1:3; Hechos 2:30, 2 Timoteo 2:8, etc. En otras palabras: su humanidad estaba sólo afectada por debilidades inocentes. 3. El protestantismo. ¿Mejoró las cosas el protestantismo? Avanzó en la comprensión del evangelio, pero significó sólo un avance parcial en la Reforma. Llevó consigo el equipaje de doctrinas del romanismo que no son bíblicas: el dogma del pecado original, el falso día de reposo, el infierno y la inmortalidad natural del alma entre otras. Esas doctrinas que tomó del romanismo, a su vez el romanismo las había tomado del paganismo. ¿Qué hizo el protestantismo con la doctrina pagano-católico romana sobre la encarnación de Cristo? El protestantismo no acepta el dogma papal de la inmaculada concepción de María; no cuenta con la mediación de una virgen ni de los santos, pero tiene teólogos, y alega igualmente "una especial gracia y privilegio del Dios Todopoderoso". Acepta un "milagro" equivalente, que no consiste en que Dios Hijo se encarnara revistiendo su naturaleza divina con la humana, sino en otro "milagro" adicional: curiosamente el mismo evocado por el romanismo, consistente en que Cristo tomó sólo parcialmente la naturaleza caída que había en el mundo gracias a una exención, gracias a una transgresión divina de la ley de la herencia que permitiría que la naturaleza humana de Cristo resultara afectada sólo por las debilidades inocentes, y eso por idéntico motivo: habiendo aceptado la doctrina aberrante del pecado original, había que librar como fuera a Jesús de esa naturaleza caída que de haberla tomado en su integridad habría significado que era un pecador. Y también con el mismo resultado: alejar a Cristo de los hombres al separarlo de la experiencia del ser humano común ante la tentación, que queda sustituida por una formalidad legal o judicial (forense). Es el equivalente a la inmaculada concepción de María, sólo que una generación más tarde. Es la inmaculada concepción de Cristo. Un "milagro" del que la Biblia no dice nada, una exención inventada, que se hace imprescindible tras haber aceptado el error del pecado original. Obsérvese la secuencia: Pecado original à exención milagrosa en la naturaleza humana tomada por Cristo à sólo debilidades inocentes à Cristo alejado, que no puede ser tentado en todo como nosotros, que no puede socorrernos en aquello que precisamente más necesitamos, ya que él fue sólo tentado en las debilidades inocentes à Imposibilidad de victoria sobre el pecado en el hombre con naturaleza caída. 4. El adventismo. Durante los primeros cien años de nuestra historia (hasta 1950) repudiamos el dogma del pecado original, reconocimos que Cristo tomó en su encarnación una naturaleza caída, pecaminosa, "con todo su pasivo" (DTG 92.1), y que permaneció en ella manteniendo perfectamente su santidad, siendo tentado en todo como nosotros y venciendo "en semejanza de carne de pecado" (Romanos 8:3) a fin de posibilitar que esa experiencia se reproduzca en nosotros mediante su gracia, y podamos vencer como él venció (Apocalipsis 3:21). Eso es historia indiscutible. Cuanto más se ha investigado, más incontestable ha resultado esa realidad histórica. Está en las hemerotecas, y es de insensatos negarla o ponerla en duda. Llegó 1888 y Dios envió a los pastores Jones y Waggoner, quienes expresaron con poder y claridad como nunca antes la verdad de la encarnación de Cristo en nuestra naturaleza actual, haciéndola parte esencial y prominente de su presentación de la justicia por la fe al exaltar y dirigir el foco de atención hacia Aquel que fue justo por la fe. Un sábado, Ellen White se encontraba en una gira en South Lancaster acompañada de Jones y Waggoner, junto a quienes se proponía dar al pueblo adventista aquello que la mayor parte de los dirigentes no parecían estar dispuestos a recibir ni permitir que se predicara. Escribió: El sábado por la tarde muchos corazones fueron tocados, y muchas almas fueron alimentadas del pan que viene del cielo. Después del sermón tuvimos una hermosa reunión de testimonios. El Señor vino muy cerca y convenció a las almas de su gran necesidad de gracia y amor. Sentimos la necesidad de presentar a Cristo como un Salvador que no está lejos, sino cerca, al alcance de la mano (3MS 205). El Señor nos envió aquel mensaje a fin de que se pudiera consumar la obra final, y pudiera regresar Cristo. Significaba traslación. En el Congreso de Estados Unidos de América estaba a punto un proyecto de ley dominical nacional (en los Estados ya estaba implantada, y había hermanos en cárceles, o multados por no obedecerla). Parecía que todo estaba a punto. Pero nosotros no lo estábamos. Rechazamos el mensaje. No al 100%, pero sí "en gran medida" (1MS 276). Habiendo rechazado la luz, la prolongada sequía llevó al hambre espiritual, y hacia 1950 fuimos en busca de la aceptación del mundo evangélico, relacionándonos con él e importando su doctrina del pecado original y de la naturaleza humana de Cristo afectada por la gran exención, por una transgresión divina de la ley de la herencia que convierte en una falsedad su nacimiento de María, y que admite en su naturaleza humana solamente las debilidades inocentes (hambre, cansancio, sueño, tristeza, pena, etc). L.E. Froom, R.A. Anderson y W.E. Read escribieron el libro Preguntas sobre doctrina (R&H, 1957). Incluía algunos fragmentos de escritos de Ellen White tomados aisladamente, sacados de su contexto, interrumpidos en lugares estratégicos, y colocados bajo encabezados "convenientes", que de esa forma parecían demostrar la tesis del libro mediante ese procedimiento infame. Se trataba de convencer a nuestros amigos evangélicos de que ya estábamos viendo por fin como ellos esa doctrina de la encarnación de Cristo (también la expiación), que estábamos en armonía con su concepción heredada del romanismo, que habíamos abandonado esa doctrina que tanta alarma les había causado por verla apartada de la "tradición protestante" en nuestra literatura oficial anterior a esos diálogos ecuménicos, y que ahora estaba siendo convenientemente corregida. Al mismo tiempo los autores de Preguntas sobre doctrina tenían el difícil cometido de intentar tranquilizar a los miembros de nuestra iglesia asegurándoles que no habíamos cambiado nuestra teología. Cuando se levantaron voces entre nosotros para protestar por ese fraude colosal fraguado a espaldas del conocimiento de la membresía y no habiendo sido presentado ni aprobado en sesión alguna de la asamblea de la Asociación general, se tachó de fanáticos y causantes de desunión a quienes levantaron la voz. Muchos comenzaron a reaccionar con alarma ante el cambio introducido de esa forma tan subrepticia. Se produjo la mayor controversia a nivel mundial en nuestra denominación y comenzaron a aparecer como reacción ministerios independientes y una cierta sima entre laicos y el cuerpo ministerial, de quien había partido mayoritariamente la iniciativa de aquel diálogo ecuménico y el cambio en nuestra teología que de él derivó: la "nueva marca", como se le llamaba al princpio. Como era de esperar, no se pudo engañar a todos durante todo el tiempo. Para ver el testimonio presencial del pastor Herbert Douglass, por entonces editor del Comentario Bíblico Adventista, consultar su libro Bifurcación, disponible para libre descarga en www.libros1888.com. Ante esa lamentable situación, el 'Biblical Research Institute' publicó en 1989 una increíble exhortación a guardar silencio al propósito, a no promocionar ninguna de las dos posturas enfrentadas sobre la naturaleza de Cristo y del pecado. Parecía lo más conveniente conservar una apariencia de unidad. Ese acuerdo sirvió para silenciar a quienes defendían la postura clásica adventista, la que presenta la Biblia, Ellen White y los mensajeros de 1888. En contraste, la nueva postura, la que está en armonía con el paganismo, el romanismo y el protestantismo apóstata, se ha venido enseñando en la mayoría de nuestros seminarios sin restricción. Junto a eso se han venido publicando oficialmente libros que defienden casi exclusivamente la nueva postura, lo que explica que hoy haya una impresión muy extendida al efecto de que representa la "ortodoxia" arraigada y aprobada por el adventismo. Naturalmente, esa impresión sólo se puede sustentar en la ignorancia o en la tergiversación de la verdad bíblica y de nuestra historia. Atendiendo al simple recuento de hechos históricos, el panorama no puede ser más triste, porque el mensaje que el Señor nos envió en 1888 era el comienzo del derramamiento de la lluvia tardía, y por toda apariencia la resistencia que abortó esa maravillosa bendición continúa en el presente mediante el rechazo a lo que estuvo en el núcleo central del mensaje de 1888: la victoria de Cristo sobre el pecado, ganada en una naturaleza humana caída como la nuestra; la realidad de una mente santa en carne de pecado, no sólo enfrentando el frío y el cansancio físico, sino "los clamores de nuestra naturaleza caída", ese terreno que Cristo tuvo que recorrer lo mismo que nosotros (DTG 98.1). Desde esa época se ha comenzado a señalar diferencia en todos los textos en los que la Biblia destaca "semejanza" (entre la naturaleza tomada por Cristo y la nuestra), y en años recientes se ha propuesto una forma refinada de la doctrina de la inmaculada concepción, que consiste en afirmar que las declaraciones de Ellen White se deben entender según la comprensión de H. Melvill, conocido predicador anglicano (1798--1871) cuyos libros poseía y leía Ellen White, y de quien tomó palabras y expresiones. Pero precisamente aquello que Ellen White desechó de las predicaciones de Melvill, aquello que no incorporó en sus escritos, es lo que se nos invita actualmente a que aceptemos. Es decir, se pretende que debiéramos entender las declaraciones de Ellen White a la luz de la comprensión de Melvill sobre la encarnación de Cristo. Melvill basó su teología en el dogma del pecado original. Como no podía ser de otra manera, evocó igualmente el supuesto "milagro", exención o transgresión divina de la ley de la herencia, que él definió como una interposición del Espíritu Santo, y terminó concluyendo que Cristo tomó una naturaleza exenta de la degradación moral que afecta a las nuestras. Afirmó que la naturaleza humana tomada por Cristo estuvo afectada solamente por el hambre, la sed, el cansancio, el sueño, la tristeza, etc.: lo que él llamó "debilidades inocentes". ¿A qué recuerda esa secuencia? Es un calco de la doctrina del papado --del anticristo-- sobre la naturaleza humana de Cristo. Es su digna heredera. ¿En qué se diferencia la doctrina de la inmaculada concepción de Melvill --la inmaculada exención de Melvill--, de la postura del anticristo relativa a la naturaleza humana de Cristo? ¿Acaso no es esa, disfrazada y refinada, precisamente la falsificación pagano-papal-protestante (apóstata) de la doctrina principal del cristianismo, que es la encarnación de Cristo? ¿Nos ha llamado el Señor a dar el mensaje "salid de Babilonia", mediante la predicación de la misma doctrina que acuña Babilonia? ¿Nos ha advertido contra el anticristo a fin de que prediquemos su misma doctrina acerca de la encarnación de Cristo? Es pertinente señalar aquí que Ellen White jamás utilizó la expresión "debilidades inocentes". Tampoco aceptó la herejía agustiniana del pecado original ni la teoría de la exención mediante una transgresión divina de la ley de la herencia, fundamentos en los que basa H. Melvill su visión de la naturaleza humana tomada por Cristo. Y ciertamente, Ellen White no aceptó la inmortalidad natural del alma, que era para Melvill una premisa básica esencial en toda su teología, un fundamento irrenunciable. Ellen White tomó expresiones de otros, pero supo qué tomar, y qué desechar. Tomó palabras y frases, pero no la teología de otros. Como verdadera profetisa que fue, la fuente de inspiración de los conceptos de verdad que presentó no se encontraba en ningún mortal falible, sino en el Espíritu Santo, que no es influenciable por los vaivenes de la interpretación humana. Extraña invitación, la que se nos hace a que entendamos la encarnación de Cristo a la luz de alguien que sostuvo que la gran esperanza del cristiano es que finalmente su alma inmortal pueda liberarse de su cuerpo mediante la muerte, saliendo así de la cárcel del pecado (que Melvill identificó con la naturaleza humana caída). Entre las herejías que tuvieron que combatir Pablo y Juan se encuentra la de los docetistas, del griego dokéo, que significa 'parecer', 'tener apariencia', 'ser semejante a'. Los docetistas eran un grupo de gnósticos que tenían la creencia de que la materia es intrínsecamente mala, especialmente la carne. Su creencia los llevó a negar que Cristo se encarnara realmente. Sostenían que sólo aparentó ser un hombre. Según ellos, fue solamente parecido a los hombres. Es muy significativo que emplearan Filipenses 2:7 para dar a "semejante" el sentido de "diferente": lo mismo que se enseña hoy en muchos de nuestros seminarios. La creencia errónea del romanismo y el protestantismo apóstata consistente en que la naturaleza humana caída es pecado, les hace rechazar que Cristo la pudiera tomar realmente sin exención. ¿Es eso diferente al caso del docetismo? Los docetistas del tiempo de Juan creían que la carne que había en el mundo cuando Cristo vino era equivalente a pecado. En correspondencia, inventaron la teoría de la semejanza / apariencia. El cristianismo apóstata del mundo de hoy cree que la carne que había en el mundo cuando Cristo vino es equivalente a pecado. En correspondencia ha implementado la teoría de la exención parcial, que recurre igualmente a la idea de "semejanza", reinterpretándola como diferencia. Es imposible no reconocer el paralelismo. Leamos de nuevo las palabras de Juan: En esto conoced el Espíritu de Dios: todo espíritu que confiesa que Jesucristo es venido en carne es de Dios: y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo es venido en carne, no es de Dios: y este es el espíritu del anticristo, del cual vosotros habéis oído que ha de venir, y que ahora ya está en el mundo (1 Juan 4:2-3). Muchos engañadores son entrados en el mundo, los cuales no confiesan que Jesucristo ha venido en carne. Este tal el engañador es y el anticristo (2 Juan 1:7). Presentar a Cristo "como un Salvador que no está lejos, sino cerca, al alcance de la mano" (3MS 205) tal como hicieron Ellen White, A.T. Jones y E.J. Waggoner, resultaba ofensivo para algunos, tal como la propia mensajera del Señor señaló: "Bien", dice el frío y formal profesor: "Eso es hacer a Cristo demasiado como un ser humano", pero la Palabra de Dios nos autoriza a sostener precisamente esas ideas. Es la falta de esa apreciación práctica y definida de Cristo lo que impide a tantos tener una experiencia genuina en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Esa es la razón por la que muchos están temiendo, dudando y lamentándose. Las ideas sobre Cristo y el plan de la salvación son vagas, aburridas y confusas (YI 19 julio 1894). Es así como las ideas que tantos conciben como ortodoxia adventista han venido a resultar tan vagas, aburridas y confusas como para haber propiciado que se abran las puertas al movimiento emergente, que se está demostrando tanto o más vago y confuso, aunque ya no tan aburrido, sino trágicamente "divertido". Me refiero a la incursión de prácticas meditativas provenientes del romanismo medieval y del espiritismo refinado de la Nueva Era y el misticismo oriental, implementado en programas de apariencia inocente ("formación espiritual", "iglesias iCor", "iFollow", "One Project", etc). Podemos vivir sin el favor del evangelicalismo y del catolicismo, y decididamente sin la ayuda del espiritismo; pero no sin la aprobación del Señor, quien nos encomendó un mensaje único y singular que no se encuentra precisamente en el bagaje de las iglesias caídas. Si Dios tiene alguna nueva luz que comunicar permitirá que sus escogidos y amados la comprendan sin necesidad de que su mente sea iluminada oyendo a aquellos que están en tinieblas y error (PE 124.2). Veamos algunos escritos de Ellen White, puestos en contraste con la teoría de la inmaculada concepción de Melvill, de la rotura en la herencia, de la supuesta transgresión divina de esa ley: Habría sido una humillación casi infinita para el Hijo de Dios revestirse de la naturaleza humana aun cuando Adán poseía la inocencia del Edén. Pero Jesús aceptó la humanidad cuando la especie se hallaba debilitada por cuatro mil años de pecado. Como cualquier hijo de Adán, aceptó los efectos de la gran ley de la herencia. Y la historia de sus antepasados demuestra cuáles eran aquellos efectos. ¿Acaso Ellen White, por "aquellos efectos" se estaba refiriendo a las debilidades inocentes?, ¿se estaba refiriendo al frío, hambre, sed, fatiga, tristeza, demostrados en "la historia de sus antepasados"? ¿Fueron esos los grandes problemas de David, de Rahab o de Manasés? ¿Se refiere quizá a las penas, pero no a las tentaciones? Sigue así: Mas él vino con una herencia tal para compartir nuestras penas y tentaciones, y darnos un ejemplo de una vida sin pecado (DTG 32.3). ¿Se refiere a tentaciones al cansancio, al hambre, etc? Difícilmente, ya que especifica que participó de nuestra herencia con el propósito de "darnos un ejemplo de una vida sin pecado". Analicemos esta otra declaración: En nuestra humanidad, Cristo había de resarcir el fracaso de Adán. Pero cuando Adán fue asaltado por el tentador, no pesaba sobre él ninguno de los efectos del pecado. Gozaba de una plenitud de fuerza y virilidad, así como del perfecto vigor de la mente y el cuerpo. Estaba rodeado por las glorias del Edén, y se hallaba en comunión diaria con los seres celestiales. No sucedía lo mismo con Jesús cuando entró en el desierto para luchar con Satanás. Durante cuatro mil años, la familia humana había estado perdiendo fuerza física y mental, así como valor moral; y Cristo tomó sobre sí las flaquezas de la humanidad degenerada (DTG 91.3). Parece no haber aquí ninguna exención, ninguna transgresión divina de la ley de la herencia. Pero quizá la declaración esté necesitada de alguna aclaración o matización posterior de parte de la mensajera del Señor. Y en efecto, Ellen White hizo esa aclaración adicional a continuación. Veamos cómo sigue un párrafo más adelante: Si en algún sentido tuviésemos que soportar nosotros un conflicto más duro que el que Cristo tuvo que soportar, él no podría socorrernos. Pero nuestro Salvador tomó la humanidad con todo su pasivo. Se vistió de la naturaleza humana con la posibilidad de ceder a la tentación. No tenemos que soportar nada que él no haya soportado (DTG 92.1). Obsérvese el uso que hizo Ellen White de los absolutos: de las palabras "todo" y "nada" en las frases precedentes. ¡Cuesta imaginar una refutación más exacta y categórica de la teoría de la exención inmaculada de Melvill! Veamos aun otra declaración en 'El Deseado': En nuestra propia fortaleza nos es imposible negarnos a los clamores de nuestra naturaleza caída. Por su medio, Satanás nos presentará tentaciones. Cristo sabía que el enemigo se acercaría a todo ser humano para aprovecharse de las debilidades hereditarias y entrampar, mediante sus falsas insinuaciones, a todos aquellos que no confíen en Dios. Y recorriendo el terreno que el hombre debe recorrer, nuestro Salvador ha preparado el camino para que venzamos (DTG 98.1). Tampoco vemos ahí exención. Jesús recorrió "el terreno que el hombre ha de recorrer", que es negarse a las tentaciones que Satanás nos presenta mediante "los clamores de nuestra naturaleza caída". ¡Qué contraste el del segundo Adán cuando fue al sombrío desierto para hacer frente sin ninguna ayuda a Satanás! Desde la caída, la raza humana había estado disminuyendo en tamaño y en fortaleza física, y hundiéndose más profundamente en la escala de la dignidad moral, hasta el período del advenimiento de Cristo a la tierra. Y a fin de elevar al hombre caído, Cristo debía alcanzarlo donde estaba. Él tomó la naturaleza humana y llevó las debilidades y la degeneración del hombre. El que no conoció pecado, llegó a ser pecado por nosotros (1MS 314.2). A la luz de la siguiente declaración, toca a nosotros decidir si Ellen White compartió la teoría de una naturaleza humana en Cristo afectada sólo por las debilidades inocentes de Melvill: Pensad en la humillación de Cristo. Tomó sobre sí la naturaleza caída y doliente del hombre, degradada y contaminada por el pecado (Ellen White, 4CBA 1169). Revestido del manto de la humanidad, el Hijo de Dios descendió al nivel de los que deseaba salvar. En él no había engaño ni pecado; siempre fue puro e incontaminado. Sin embargo, tomó sobre sí nuestra naturaleza pecaminosa (Review and Herald, 22 agosto 1907; Desde el corazón, 38). ¿Qué significa "pecaminosa"?, ¿qué siente hambre, fatiga, calor y frío? Suponer que la naturaleza humana tomada por Cristo estuviera exenta de todo lo que no sea "debilidades inocentes" lo aparta infinitamente de nosotros al dar a su naturaleza humana un poder que es imposible que tengamos en nuestros conflictos con Satanás. Nuestra auténtica lucha está en lo que no son precisamente debilidades inocentes. No tenemos un Pontífice que no se pueda compadecer de nuestras flaquezas; mas tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado (Heb 4:15). En nuestras conclusiones cometemos muchos errores debido a nuestras opiniones equivocadas acerca de la naturaleza humana de nuestro Señor. Cuando nosotros le damos a su naturaleza humana un poder que es imposible que el hombre tenga en sus conflictos con Satanás, destruimos el carácter completo de su humanidad (3MS 158.1). La humanidad del Hijo de Dios es todo para nosotros. Es la cadena áurea que une nuestra alma con Crist. Capítulo 5 - En qué consiste ser adventista ¿Qué significa ser adventista del séptimo día? Dennis Priebe-LB, 2014 • ¿Qué espera Dios de nosotros?, ¿qué espera de ti y de mí? • ¿Qué espera de este movimiento? • ¿Qué espera de su pueblo remanente? Aunque la verdad es sólo una (Uno), siempre ha habido una verdad presente, adecuada y especial para cada circunstancia y para cada época. Pensad en el mensaje dado a Noé. ¿Qué os parece si Noé hubiera decidido que, a fin de hacer crecer la iglesia, predicaría sobre el amor de Dios de forma genérica, así como sobre la virtud de una vida bondadosa, pero omitiendo el mensaje de la inminencia del diluvio? Imaginad que su predicación hubiera consistido en el anuncio de la preciosa venida del Mesías en un futuro indefinido. Eso, aun siendo verdad eterna, ¿habría significado el cumplimiento de su misión? ¿Se habría realizado el propósito para el que Dios lo llamó? Recordad las palabras de Jesús en Mateo 24: Como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del hombre. ¿Qué significa ser adventista, sino precisamente esperar, estar preparándonos y estar preparando al mundo para la inminencia de la venida del Hijo del hombre? ¿Sería posible que de alguna forma hayamos perdido de vista el objetivo y propósito original de nuestro movimiento y el mensaje que nos ha sido encomendado? Cuando Cristo derramaba su preciosa vida en la cruz, pagando la penalidad por los pecados de la raza humana hace dos mil años, la salvación quedó asegurada para todo aquel que eligiera aceptarlo como a su Salvador. No hay cuestión. No hay letra pequeña. El Salvador pudo asegurar al ladrón arrepentido: "De cierto te digo hoy, estarás conmigo en el paraíso". ¿Había alrededor de la cruz algún miembro de la Iglesia adventista del séptimo día, o alguna delegación de ella? --No. No lo había. Ni uno solo. Jesús pudo realizar esa maravillosa obra sin nosotros. No necesitaba nuestra denominación para eso. Simplemente nos alegramos de que lo hiciera. Hemos recibido a través de otros cristianos que nos precedieron esa certeza de la salvación en Cristo, esa preciosa herencia. Cuarenta días después, Jesús regresó al cielo para iniciar una nueva obra no menos maravillosa: su mediación en el lugar santo del verdadero santuario en el que habría de ministrar los beneficios de su sacrificio en favor de todo el que quisiera recibirlos. Esa inauguración del ministerio sumo-sacerdotal vino marcada en la tierra por el derramamiento de la lluvia temprana en Pentecostés. ¿Había aquel día, en el aposento alto, algún miembro de la Iglesia adventista orando por el derramamiento de la lluvia temprana? --Tampoco. Ni uno solo. Dios hizo esa obra también sin nosotros. No necesitaba para eso al pueblo adventista. ¿Para qué nos necesita entonces? ¿Por qué nos llamó como pueblo separado? ¿Cuál es nuestro sentido profético? Vamos a leer algún texto que, de no haber existido, tampoco habríamos existido nosotros como pueblo. Apocalipsis 14. El mensaje de los tres ángeles --o tres mensajeros-- volando por en medio del cielo, alcanzando a toda nación, tribu, lengua y pueblo. Leemos el versículo 7 (el primero de los tres ángeles): Temed a Dios, y dadle honra; porque la hora de su juicio es venida; y adorad a aquel que ha hecho el cielo y la tierra y el mar y las fuentes de las aguas. 'Ha venido la hora de su juicio'. Históricamente, ¿cuándo vino esa hora? --En 1844. Eso marcó un gran cambio para siempre. ¿Cuándo comenzó a darse el movimiento adventista? --Por ese tiempo: alrededor de 1844. ¿No os parece razonable que ese cambio en el ministerio sumo-sacerdotal de Cristo, desde la mediación en el lugar santo hacia la purificación del santuario y el borramiento de los pecados en el santísimo, esté en el centro de nuestra razón de existir como pueblo separado? El Señor me mostró en visión, hace más de un año, que el hermano Crosier tenía la verdadera luz sobre la purificación del santuario; y que era su voluntad que escribiese la exposición que nos hizo en el Day-Star Extra del 7 de febrero de 1846. Me siento plenamente autorizada por el Señor para recomendar ese Extra a todo santo (Una palabra a la manada pequeña, publicado en 1847). El santuario en el cielo es el centro mismo de la obra de Cristo en favor de los hombres. Concierne a toda alma que vive en la tierra. Nos revela el plan de la redención, nos conduce hasta el fin mismo del tiempo y anuncia el triunfo final de la lucha entre la justicia y el pecado. Es de la mayor importancia que todos investiguen a fondo estos asuntos, y que estén siempre prontos a dar respuesta a todo aquel que les pidiere razón de la esperanza que hay en ellos (Ev 165.3). La correcta comprensión del ministerio del santuario celestial es el fundamento de nuestra fe (Ev 165.1). El pueblo de Dios debería comprender claramente el asunto del santuario y del juicio investigador. Todos necesitan conocer por sí mismos el ministerio y la obra de su gran Sumo Sacerdote. De otro modo les será imposible ejercitar la fe tan esencial en nuestros tiempos, o desempeñar el puesto al que Dios los llama (CS 479.1; granate, 542). La gran controversia entre el bien y el mal, entre Cristo y Satanás, el gran conflicto de los siglos, el conflicto cósmico, se ha venido desarrollando por mucho tiempo. Satanás ha estado guerreando contra Dios y sus caminos, acusándolo de ser un tirano y de haber diseñado un plan de salvación que no es justo, amante ni posible. ¿Dónde tuvo Satanás un mayor éxito en sus acusaciones? --No entre los filisteos, los edomitas o los griegos, sino precisamente en su pueblo escogido, en los que lo representan. Ahí encontró siempre su mejor munición: '¡Míralos, los que creen en ti y te representan! Mira lo que están diciendo, lo que están haciendo... Tu plan no funciona. Es un fraude, un fracaso' --asevera Satanás. En el pueblo de Israel las cosas iban francamente mal. En lugar de volverse a Dios, se volvían a los pueblos que los rodeaban, y hacían como ellos. Llegaron a sacrificar sus hijos a los ídolos que se fabricaron. El Señor tuvo que permitir la cautividad de los setenta años a fin de llevar al arrepentimiento a su pueblo remanente. Tan mal les iba, que el profeta Daniel tuvo que ver y oír en visión algo que nos interesa mucho, ya que es otro de esos textos que de no existir, tampoco existiríamos nosotros: Daniel 8:13. Se trata de una pregunta: Oí un santo que hablaba; y otro de los santos dijo a aquél que hablaba: ¿Hasta cuándo durará la visión del continuo sacrificio, y la prevaricación asoladora que pone el santuario y el ejército para ser hollados? Una pregunta más bien larga y críptica. Vamos a simplificarla: '¿Hasta cuándo estará Satanás predominando en la batalla? Estamos cautivos. El templo está destruido. No tenemos un lugar para adorarte. ¿Va a triunfar Satanás? ¿Es ya demasiado tarde? ¿Se acabó todo?' Podemos estar infinitamente agradecidos por la respuesta (versículo 14): Hasta dos mil y trescientos días de tarde y mañana; y el santuario será purificado. 'Daniel, ten mucha paciencia. No hay aquí ningún arreglo rápido posible. Va a tomar mucho más tiempo que el período de tu vida. Pero afirmo que Satanás no va a triunfar. Será derrotado. Va a tomar mucho tiempo, una gran lucha y un gran dolor, pero finalmente el santuario será purificado'. • Santuario: el modo en que Dios trata con el problema del pecado. • Purificado: se puede traducir como restaurado, vindicado, justificado, purificado. Por la respuesta que Dios da en Daniel 8:14 podemos estar seguros de que el plan de Dios de la salvación, que está basado en su carácter --su ley, su amor que se manifiesta en justicia y misericordia--, quedará vindicado ante el universo. Las acusaciones de Satanás serán demostradas falsas. Dios vencerá y convencerá. Leamos ahora en Romanos 3:4. Como está escrito: Para que seas justificado en tus dichos, y venzas cuando de ti se juzgare. Se está refiriendo a Dios. Antes hemos leído. La hora de su juicio es venida. Puede significar más de lo que solemos pensar. Solemos entender que nosotros hemos de ser juzgados, lo cual es cierto. Pero en Romanos vemos que es el propio Dios quien se somete al escrutinio del universo, quien es "juzgado" por los habitantes del universo que él ha creado. Dios va a exponer su sistema, su carácter, él mismo, a fin de que el universo decida quién es el Verdadero y quién el falso en el conflicto de los siglos. Nadie aquí dudará que el Verbo, cuando se hizo carne y habitó entre nosotros como Hijo del hombre, vindicó maravillosamente el carácter de Dios (Padre), pero permanece la cuestión: ¿Pueden los seres humanos caídos, pecaminosos, participar en esa vindicación? ¿Pueden ser parte sustancial de la respuesta divina al problema del pecado? En Hebreos 10:12-13 leemos: [Cristo] habiendo ofrecido por los pecados un solo sacrificio para siempre, está sentado a la diestra de Dios, esperando lo que resta, hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies. Ved en Romanos 16:20 la clave que da Pablo acerca de cómo va a suceder que los enemigos de Cristo sean puestos por estrado de sus pies: El Dios de paz quebrantará presto a Satanás debajo de vuestros pies. No quedó todo resuelto cuando Cristo vino. De haber sido así, no habrían pasado ya dos mil años en espera de su segunda venida. Todo el Cielo está esperando oír cómo vindicamos la ley de Dios (RH, 16 abril 1901). Dios ha llamado a su iglesia en este tiempo, como llamó al antiguo Israel, para que se destaque como la luz en la tierra. Por la poderosa hacha de la verdad --los mensajes de los ángeles primero, segundo y tercero--, la ha separado de las iglesias y del mundo para colocarla en sagrada proximidad a sí mismo. La ha hecho depositaria de su ley, y le ha confiado las grandes verdades de la profecía para este tiempo (2JT 156.1). Si hubo alguna vez un pueblo que necesitase un aumento constante de la luz del cielo, es el pueblo que, en este tiempo de peligro, Dios llamó a ser depositario de su santa ley y a vindicar su carácter delante del mundo (5TI 696.2). Hay algo en Apocalipsis 14 que solemos pasar por alto en relación con el mensaje de los tres ángeles. No solemos prestar atención a lo que lo precede. En los primeros cinco versículos, inmediatamente antes del mensaje de los tres ángeles, se describe a un grupo: el de los 144.000. Leemos el versículo 5: En sus bocas no ha sido hallado engaño; porque ellos son sin mácula delante del trono de Dios. Ahí están realmente los que tienen la paciencia de los santos, guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús. Sólo un grupo así: sin engaño, libre de toda hipocresía, sin mancha ante el trono de Dios, puede proclamar eficazmente el triple mensaje. ¡Salid de Babilonia! ¡Huid de entre los caldeos! ¡Anunciadlo con voz de alegría, publicadlo, llevad la noticia hasta lo último de la tierra! Decid: "¡Redimió Jehová a Jacob su siervo!" (Isaías 48:20). La redención de Jacob, su siervo, es paralela con la predicación que invita a salir de Babilonia. Sólo es posible dar el mensaje de los tres ángeles "con voz de alegría", cuando su pueblo --Jacob-- está redimido. No podemos invitar eficazmente a que los hijos de Dios salgan de Babilonia, a no ser que los acoja un pueblo redimido en el que no encuentren traza alguna de la "Babilonia" que dejaron. Quizá la razón por la que el mensaje no ha tenido el efecto deseado y esperado, es porque quienes lo predicamos distamos de estar en la situación descrita en los versículos 1-5, y en consecuencia, el fruto no ha venido siendo hasta ahora exactamente el descrito en el versículo 12. Ahí está el desafío. ¿Va a ser Dios capaz de cumplir su promesa de tener un pueblo que lo represente en carácter? ¿Va a ser capaz de producir un pueblo que lo honre en la víspera del fin del tiempo de prueba?, ¿un pueblo que perdure en las últimas plagas, y que resista el último gran ataque de Satanás en la imposición de la marca de la bestia? Sólo un pueblo como ese puede dar el triple mensaje con poder. Hasta ahora lo hemos venido predicando por 150 años. Cuando nosotros mismos lo vivamos plenamente, cuando sea nuestra experiencia y seamos totalmente transformados por él, el mundo habrá de reconocer que ahí hay algo diferente; diferente al resto del mundo cristiano. El mensaje avanzará entonces con el poder de la lluvia tardía, y Cristo no tardará en regresar. ¿Será Dios capaz de tener un pueblo en esa situación? Esa es la cuestión. El honor de Dios, el honor de Cristo, están comprometidos en la perfección del carácter de su pueblo (DTG 625.2). Observad: no es una cuestión de si nos salvamos o nos perdemos. Tiene que ver con el honor de Dios. No se trata de nuestro honor, y no se trata de nuestra capacidad para lograr la perfección del carácter. Nosotros no tenemos ningún honor, y ninguna capacidad para lograr eso. Sólo la Divinidad --Padre, Hijo y Espíritu Santo-- la tiene. Ved el desafío. Satanás dice: 'No: Dios no es capaz de lograrlo. Nunca ha podido'. Y es cierto que hasta ahora ningún pueblo ha sido capaz de cumplir plenamente la misión que Dios le asignó. Ha habido casos esporádicos: Enoc, Job, Abraham, Elías, Daniel, etc, pero nunca hasta ahora un pueblo. Pero, aunque no haya sucedido hasta ahora --y aunque tarde--, Dios ha prometido: El santuario será purificado. Cuando Dios promete algo, su promesa debe cumplirse para que se pueda mantener su honor, y ciertamente va a suceder. El camino de Dios será vindicado en su pueblo, cuando le permitamos que complete en nosotros la obra que él comenzó. Si Dios es capaz de hacerlo, vence en la gran controversia. Si no lo es, fracasa. Es así de simple. Y esa gran controversia se riñe en ti y en mí, en nosotros, en su pueblo, ante la vista del mundo y del universo. Esa es la lección que enseña el libro de Job. ¿Cómo vindicamos el nombre de Dios, y cómo no lo vindicamos? Todos los que violan los mandamientos de Dios ... sostienen el aserto de Satanás de que la ley es injusta y no puede ser obedecida. Así secundan los engaños del gran adversario y deshonran a Dios (DTG 275.1). ¿Qué hacemos cada vez que desobedecemos a Dios? --Damos crédito a Satanás en sus acusaciones contra la ley (el carácter) de Dios. El enemigo puede desafiar así a Dios: 'Tu pueblo no puede obedecer. Lo pueden hacer temporalmente, pero no todo el tiempo. Son como yo. Si los salvas a ellos, me has de salvar también a mí'. Considerad, por ejemplo, el mandamiento de Jesús de poner la otra mejilla cuando nos hieren. Pensamos: 'Eso es imposible de cumplir. Si lo hago, no habrá fin al perjuicio que voy a sufrir'. Pero en el escenario del conflicto de los siglos, lo que realmente estamos diciendo es: 'Satanás es más razonable que Dios. Su camino (ámate a ti mismo, ¡defiéndete a ti mismo!) me parece más lógico. Me siento cómodo con él. El camino de Dios es demasiado difícil. Es injusto. No es razonable'. Con esa, nuestra mente carnal, estamos depositando el voto en la urna que reúne y consagra las acusaciones de Satanás contra Dios. Debemos odiar el pecado, no porque si pecamos nos perdemos. El escenario del gran conflicto hace que el pecado abarque y trascienda mucho más que nuestra propia salvación. Realmente tiene que ver con si es Dios o Satanás quien va a triunfar en la gran controversia. Cuando pierdo el dominio propio y cedo a la ira, estoy votando por Satanás; lo estoy secundando en su acusación de que la ley de Dios es demasiado exigente, es imposible de cumplir y en consecuencia, Dios es un tirano. Si los que esconden y disculpan sus faltas pudiesen ver cómo Satanás se alegra de ello y los usa para desafiar a Cristo y sus santos ángeles, se apresurarían a confesar sus pecados y a renunciar a ellos (CS 479.4). Ved cuál debe ser nuestra motivación para confesar y renunciar al pecado: no es el temor a perdernos ni el deseo de salvarnos. No está ahí hablando de la aparición de una conciencia culpable como razón para confesar y abandonar nuestros pecados, de forma que no perdamos la vida eterna. No es esa la motivación. Cuando pecamos, deshonrando a Dios, y estamos votando a favor de que Satanás siga matando de hambre o de SIDA a los bebés en África, estamos votando porque este mundo continúe así, con sus guerras, sus catástrofes, su desigualdad y sus abusos. Por eso debemos odiar, confesar y abandonar el pecado. ¿Recordáis qué hizo Moisés inmediatamente antes de matar al egipcio que disputaba con un israelita? Éxodo 2:12: Miró a todas partes, y viendo que no había nadie... Si antes de emprender alguna acción habéis de mirar "a todas partes" para estar seguros de que nadie os está observando, es muy probable que lo que os proponéis hacer no honre a Dios. Cuando miramos a todas partes y no vemos a nadie, siempre nos equivocamos, porque todos, pero especialmente los adventistas, tenemos vigilantes. Si pudierais ver a los ángeles puros con los ojos fijos en vosotros mientras observan para ver de qué manera glorifica a su Maestro el cristiano (2TI 155.1). Los ángeles puros no están observándonos a la caza de algún error o pecado nuestro. ¡Hay quien se encarga de eso! Están ávidos por descubrir cómo honramos a Dios. Están de nuestra parte. Están deseosos de que vindiquemos a Dios. Necesitamos orar como hizo Eliseo en Dotán, en favor de su siervo atemorizado (2 Reyes 6:16-17), de forma que los ojos de nuestra fe sean abiertos y podamos ver "el monte... lleno de gente de a caballo y de carros de fuego", y que "más son los que están con nosotros, que los que están con ellos". Necesitamos orar para que el Señor nos haga percibir lo que es real, aunque nuestros sentidos no lo puedan ver. Eso es fe. Ciertamente, no todos los que nos vigilan son amigables. Seguimos leyendo en la misma cita: ...o si pudierais verificar con qué aires de triunfo se regocijan y se burlan los ángeles malos al señalar toda senda torcida, para citar después las Escrituras que han sido violadas de esa manera, y comparar vuestra vida con la Biblia que profesáis seguir, pero de la cual os habéis apartado, os asombraríais y alarmaríais (Id.). Es doloroso leer eso. Los siervos de Satanás citan las Escrituras que hemos estado violando, y desprecian los caminos de Dios y el poder del evangelio gracias a esa munición que les proporcionamos. Si los ojos de los tales pudieran abrirse, verían a Satanás en triunfo infernal, regocijándose acerca de ellos y riéndose de la locura de aquellos que aceptan sus sugestiones y caen en sus lazos (PE 268.1). ¿Queremos que sea esa nuestra contribución a la resolución del conflicto de los siglos? Satanás y sus ángeles toman nota de todos los actos mezquinos y codiciosos de aquellas personas, y los presentan a Jesús y a sus santos ángeles, diciendo en tono oprobioso: "¡Estos son seguidores de Cristo! ¡Se están preparando para ser trasladados!" (PE 268.2). El evangelio que durante siglos ha predicado el cristianismo popular a miles y miles de personas ha podido salvar muchas almas para el reino de Dios, pero nunca propiciará la segunda venida de Cristo. No puede vindicar el nombre de Dios, puesto que el mensaje predicado por el cristianismo popular contiene una negación de la ley de Dios, ¡que es su esencia, su carácter! Y el carácter de Dios no puede ser vindicado mediante el rechazo a su ley o mediante la ignorancia. Eso sólo puede vindicar a Satanás. Hay una diferencia entre el hecho de que una persona pueda ser salva, incluso en la ignorancia, y el que pueda vindicar a Dios. Eso nunca puede lograrlo la ignorancia. Dios ha salvado, y va a salvar a tantas y tantas personas que tuvieron una visión deficiente e incluso distorsionada de su carácter; pero nunca puede ser vindicado mediante una comprensión deficiente o distorsionada de su carácter. Y si no puede ser vindicado, no se puede resolver el conflicto de los siglos. Un ejemplo: la comprensión de Dios que tenían la mayor parte de los reformadores era la de Uno que predestina a la mayoría de las personas a ser torturadas por el fuego del infierno por la eternidad sin fin. Su concepto era el de un Dios que condena a un bebé que nunca cometió maldad, y lo envía al infierno por haber nacido con naturaleza pecaminosa. Esa distorsión no impidió que el mensaje de salvación llegara a muchos. Ahora bien: ¿puede vindicar eso a Dios?, ¿acaso no vindica más bien a Satanás? Dios nos ha llamado a vindicar su nombre --su carácter-- ante el universo. Nuestra misión es especial, es singular, es única. Tiene que ver con la vindicación o purificación del santuario, con el ministerio de Cristo en el lugar santísimo, con el borramiento de los pecados en nuestros corazones, con el sellamiento y el fin del tiempo de prueba, con la preparación para recibir a Cristo en su segunda venida. Leemos en Amós 4:12: Prepárate, Israel, para venir al encuentro de tu Dios. La venida de Cristo no puede suceder en cualquier momento que Dios disponga. ¿Decimos con esto que Dios no es soberano? Ciertamente lo es, y en su soberanía ha determinado que no regresará de esa forma, sino de esta otra (en lo que respecta al tiempo): Cuando el carácter de Cristo sea perfectamente reproducido en su pueblo, entonces vendrá él para reclamarlos como suyos. Todo cristiano tiene la oportunidad no sólo de esperar, sino de apresurar la venida de nuestro Señor Jesucristo (PVGM 47.5). La primera venida de Cristo, y también 1844, fueron acontecimientos cuyo tiempo estaba claramente especificado en las profecías. Aun sin comprender plenamente su significado, hubo creyentes que supieron la fecha y presenciaron esos acontecimientos. No sucede lo mismo con la segunda venida de Cristo. Él no puede venir hasta que su esposa se haya preparado. Leemos en Apocalipsis 19:7-9: Gocémonos, alegrémonos y démosle gloria, porque han llegado las bodas del Cordero y su esposa se ha preparado. Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente (pues el lino fino significa las acciones justas de los santos). Esa es nuestra misión: hacer resonar el llamado a las bodas del Cordero. Encontramos ahí la justicia de Cristo brillando en su pureza, sin mancha ni defecto, representada en esas vestiduras de lino fino, limpio y resplandeciente, dadas a la esposa. Eso no nos habla de una mera transacción legal, de un simple cambio de status en los libros del cielo; sino de justicia impartida, conferida, manifestada eficazmente en las vidas de los creyentes. Ahora podemos comprender la causa de la demora en la segunda venida: Jesús ha tenido que lentificar sus pasos para ponerse a la par con nuestro lento avance, incluso con nuestro retroceso. Lo hace porque le importamos infinitamente, porque se preocupa de nosotros, porque somos lo más valioso para él. En 1 Mensajes selectos, 77 leemos cómo Dios habría podido enviar el mensaje del tercer ángel a la manada pequeña poco después de 1844, si no se hubieran dispersado y desanimado, y Cristo hubiera podido regresar entonces. Nos envió el fuerte pregón del tercer ángel en 1888: El fuerte pregón del tercer ángel ya ha comenzado en la revelación de la justicia de Cristo, el Redentor que perdona los pecados. Este es el comienzo de la luz del ángel cuya gloria llenará toda la tierra (1MS 425.3, escrito en 1892). En su gran misericordia el Señor envió un preciosísimo mensaje a su pueblo mediante los pastores Waggoner y Jones... invitaba a la gente a recibir la justicia de Cristo, que se manifiesta en la obediencia a todos los mandamientos de Dios... Es el mensaje del tercer ángel, que ha de ser proclamado en alta voz y acompañado por el abundante derramamiento de su Espíritu (TM 91.2). Pero nuevamente nuestra respuesta impidió que Cristo viniera. Esa es la razón por la que hoy estamos aquí. La demora está durando ya más de cien años. La falta de voluntad para renunciar a opiniones preconcebidas y aceptar la verdad fue la principal base de la oposición manifestada en Minneapolis contra el mensaje del Señor expuesto por los hermanos Waggoner y Jones. Suscitando esa oposición, Satanás tuvo éxito en impedir que fluyera hacia nuestros hermanos, en gran medida, el poder especial del Espíritu Santo que Dios anhelaba impartirles. El enemigo les impidió que obtuvieran esa eficiencia que pudiera haber sido suya para llevar la verdad al mundo, tal como los apóstoles la proclamaron después del día de Pentecostés. Fue resistida la luz que ha de alumbrar a toda la tierra con su gloria, y en gran medida ha sido mantenida lejos del mundo por el proceder de nuestros propios hermanos (1MS 276.1). Algunos dicen hoy que el mensaje dado en 1888 y en los años que siguieron era defectuoso. Se han escrito varios libros recientemente para intentar demostrar eso (De 1888 a la apostasía, etc). Os sugiero que no lo creáis ni por un momento. Ya veis por lo que hemos leído, que la causa del fracaso en vindicar a Dios, y la causa del éxito de Satanás, no fue que el mensaje fuera defectuoso, sino que fue rechazado. Ellen White declaró que rechazar al mensaje y los mensajeros equivalía a rechazar a Cristo. Otros dicen que ya hemos aceptado el mensaje que Dios nos dio en 1888. Veamos si tal es el caso. Hay una sola forma de saber si el evangelio que estamos predicando coincide con la luz que Dios, "en su gran misericordia", dio a los pastores Jones y Waggoner. Consiste en leer la literatura de ellos y comparar lo que escribieron / predicaron, con lo que estamos escribiendo / predicando ahora. Es la única forma de saber si estamos predicando el evangelio en su pureza, o bien la versión degradada que es comúnmente predicada por el protestantismo caído, que no tiene noción alguna del conflicto de los siglos ni de la purificación del santuario, y que menosprecia la ley de Dios. Waggoner y Jones, los mensajeros con credenciales del cielo que Dios escogió para darnos el mensaje que constituiría el fuerte pregón y se acompañaría del derramamiento del Espíritu Santo, fueron con toda probabilidad los autores que, después de Ellen White, más literatura produjeron en la Iglesia adventista: artículos en revistas, panfletos y libros. En el sitio web www.libros1888.com hay un listado parcial de sus obras (sólo las traducidas al castellano). Pero es posible que en la librería de vuestra iglesia no se exponga ni un solo libro o artículo de ellos. ¿Os parece una buena señal de haber aceptado el mensaje que Dios nos envió a través de aquellos mensajeros suyos? Sería maravilloso que hubiéramos aceptado ese mensaje, pero entonces no estaríamos aún aquí. Ved cuáles han sido siempre los frutos de la escasez de evangelio y de Espíritu Santo: La incredulidad, la mundanalidad, la falta de consagración y las contiendas entre el profeso pueblo de Dios nos han mantenido en este mundo de pecado y tristeza tantos años (1MS 78.2, escrito en 1883). Comparad esa situación con la del grupo de los 144.000 descrito en Apocalipsis 14:1-5. Leemos en Hechos 17:30-31: Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó. Nuestra ignorancia no puede hoy ser excusada, ni pasar sin consecuencias. a/ Nadie, ni siquiera los discípulos de Cristo, comprendió lo que sucedía en la cruz mientras estaba sucediendo. Pero el Señor lo pudo explicar más tarde (en el camino a Emaús, en las epístolas del Nuevo Testamento, etc.). b/ Nadie, ni siquiera los que estaban esperando a Jesús, pudieron comprender lo que estaba sucediendo en 1844 mientras Jesús pasaba del lugar santo al santísimo del santuario celestial, en su nueva misión del borramiento de los pecados y la purificación del santuario. Pero el Señor nos lo pudo explicar más tarde. c/ Pero Cristo no puede consumar su obra en el lugar santísimo sin que lo comprendamos mientras está sucediendo. Lo hemos de comprender ahora, mientras dura el tiempo de prueba. Si nuestra comprensión fuese deficiente y el Señor tuviera que explicarlo más tarde, más tarde sería demasiado tarde. Recordad: "Como en los días de Noé". Una vez que se cerró la puerta y comenzó a llover, era demasiado tarde para comprender. Si es importante reconocer que nuestra ignorancia o nuestros conceptos erróneos sobre Dios y su obra presente en el santuario nunca pueden permitir que él vindique su carácter en nosotros, debemos igualmente reconocer que el éxito de nuestra misión no depende simplemente de una mera comprensión intelectual de las doctrinas, ni tampoco de la correcta exposición de las mismas en la obra evangelística. Todo ello es necesario, pero el éxito de nuestra misión consiste en dar gloria a Dios al ejemplificar su carácter en nuestras vidas. En Cristo estaba la vida, y su vida era la luz del mundo. Nosotros también hemos de alumbrar al mundo con el conocimiento del carácter de amor de Dios mediante nuestras vidas, no sólo mediante nuestras palabras; unas vidas que han de reflejar la belleza del carácter de Dios para gloria suya. Leemos en Mateo 5:16: Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras obras buenas, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. Está escrito en Ezequiel 36:23: Santificaré mi gran nombre, profanado entre las naciones, el cual profanasteis vosotros en medio de ellas. Y sabrán las naciones que yo soy Jehová, dice Jehová, el Señor, cuando sea santificado en vosotros. En Efesios 3:10 leemos: Para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales. Dios tiene en la tierra una iglesia que está ensalzando la ley pisoteada y presentando al mundo el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo ... por la iglesia se manifestará finalmente la revelación final y completa del amor de Dios al mundo que ha de quedar iluminado por su gloria ... En el mundo existe solamente una iglesia que esté actualmente en la brecha, reparando el muro, reedificando las ruinas (TM 50.1). Satanás sabe que la única posibilidad que tiene de continuar, es destruyendo o paralizando la misión y mensaje propios de nuestro movimiento. No le preocupa el cristianismo genérico: ese sirve a sus propósitos y puede continuar, ya que nunca propiciará la venida de Cristo ni la destrucción de Satanás. El adventismo es su gran amenaza, y procurará mantenernos en una situación en la que nunca avancemos en el cumplimiento de nuestra misión. Lo hace tendiéndonos trampas, de las que citaré unas pocas: a/ La mundanalidad, o simplemente los cuidados de esta vida. b/ Un falso evangelio: la quimera de salvarnos por nuestra obediencia, o bien lo contrario: la quimera de la salvación, no de nuestros pecados, sino en ellos. Recordad Baal-Peor. Una forma en la que el diablo puede mantenernos paralizados y neutralizar nuestra misión, es incitándonos a contraer compromisos con las iglesias caídas que nos impidan predicar efectivamente el último mensaje de Apocalipsis 18:1-4: Vi otro ángel que descendía del cielo con gran poder, y la tierra fue alumbrada con su gloria. Clamó con voz potente, diciendo: '¡Ha caído, ha caído la gran Babilonia! Se ha convertido en habitación de demonios, en guarida de todo espíritu inmundo y en albergue de toda ave inmunda y aborrecible, porque todas las naciones han bebido del vino del furor de su fornicación... Y oí otra voz del cielo, que decía: "¡Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados ni recibáis parte de sus plagas!" c/ El espíritu de amargura contra la iglesia o sus dirigentes humanos. "El Espíritu y la esposa dicen: Ven". Cualquier disociación imaginable entre el Espíritu y la esposa es un grave error. d/ La neutralidad de una pretendida postura moderada (no ir "a los extremos", mantenerse en el centro). Ahora, en esta terrible crisis, en la presencia de los sacerdotes idólatras y el rey apóstata, permanecían neutrales [se refiere al pueblo de Israel junto a Elías, en el Carmelo]. Si Dios aborrece un pecado más que otro, del cual su pueblo es culpable, es el de no hacer nada en caso de una emergencia. La indiferencia y la neutralidad en una crisis religiosa son consideradas por Dios como un grave delito, igual al peor tipo de hostilidad contra Dios (3TI 311.1). Cualquiera de esas trampas significa el éxito de Satanás. Si logra que caigamos en alguna de ellas, pasaremos al descanso, y nuestros hijos o nuestros nietos se volverán a hacer las mismas preguntas: ¿Quiénes somos los adventistas? ¿Por qué nos llamó Dios como un pueblo separado, siendo que durante siglos el protestantismo ya había estado predicando la justificación por la fe? ¿Por qué estamos todavía aquí? ¿Qué va a hacer posible que este mundo de pecado tenga un final? Y alguien se alegrará así: 'Lo he conseguido. Lo que logré con los judíos, lo que logré con el cristianismo primitivo, con la iglesia mayoritaria en la Edad Media, lo que logré con los seguidores de Lutero, lo he logrado también con los adventistas. ¡Sé cómo perpetuarme!' No permitamos que la ignorancia, la cobardía, el desánimo o el sueño de la tibieza nos aparten de nuestro propósito como pueblo. Todos y cada uno hemos sido parte del problema. Permitamos que el Señor nos convierta en parte de la solución. Estemos en guardia y no perdamos de vista a Cristo. Sigámoslo dondequiera que va: sigámoslo en su obra de borramiento del pecado en el lugar santísimo del santuario celestial, que no puede ser purificado antes que lo sean nuestros corazones en esta tierra. Creamos las promesas de Dios. Permitamos que se cumplan en nosotros y en nuestro pueblo. Seamos la generación que demuestre la verdad de Dios, y que permita el pronto regreso de Jesús a fin de que él reciba su recompensa, porque "el Cordero es digno". Dicho de otro modo: seamos adventistas del séptimo día. Nos despediremos con dos promesas, que en realidad, son una misma: El que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo (Filipenses 1:6). El santuario será purificado (Daniel 8:14).