Herido en casa de sus amigos

Prefacio

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¡Pocos autores pueden decir que se hayan vendido 6.000 ejemplares de su primer libro! Tal ha sido el caso con El retorno de la lluvia tardía (vol. 1), de Ron Duffield, un libro de más de 500 páginas, ¡Y ESO EN AUSENCIA DE CUALQUIER PROMOCIÓN COMERCIAL!

Es evidente que algo en el título atrajo la atención. Y era de prever: hay muchos hoy que están esperando la prometida lluvia tardía del Espíritu Santo, ¡y con razón! Tristemente, la mayor parte de ellos cree que el simple hecho de unirnos en oración a nivel mundial indicará al Espíritu Santo que es el momento de venir y traer el poder prometido.

Lo cierto es que Dios no se presta a ese juego con nosotros. Se nos informa que la lluvia tardía comenzó en la era de 1888-1895, pero fue resistida "en gran medida" por la dirección de nuestra iglesia. Sé que eso no es fácil de aceptar, y que requiere ciertas explicaciones -que Ron Duffield abordó en el volumen 1-. Siendo que sólo unos pocos son conocedores del trato que recibió realmente Cristo hace unos 125 años por parte de los padres de nuestra propia iglesia, ¿no sería posible que lo sigamos hiriendo hoy todavía mediante nuestra ignorancia ingenua o voluntaria?

En el presente volumen Ron se centra en "aquello" que fue "resistido", y en cómo dicha resistencia puede muy bien continuar hasta el presente. En los años que han pasado desde que se publicó El retorno de la lluvia tardía, no he visto que nadie haya puesto en duda alguna de las numerosísimas evidencias aportadas respecto a lo que se predicó / enseñó entre 1888 y 1892, ni al porqué de la detención de la "lluvia tardía" desde aquellos fatídicos años hasta hoy.

Herido en casa de sus amigos nos enfrenta cara a cara con la realidad de los sufrimientos divinos que se intensificaron durante el episodio de 1888 y lo que siguió, y que continúa hasta nuestro día.

El subtítulo de este libro es: ¿Cuándo regresará la abortada lluvia tardía?

Es importante observar la relación entre esa lluvia tardía abortada y el mensaje a la iglesia de "Laodicea" en el libro de Apocalipsis.

¿Por qué es así? La descripción que hace el Señor de la iglesia de estos últimos días (Apocalipsis 3:14-22) presenta a los profesos seguidores de Cristo rehusando abrirle la puerta, resistiendo a Aquel que está a la puerta y llama -y vuelve a llamar- una década tras otra...

Laodicea es el pueblo Potemkin adventista. "Potemkin" ha significado por siglos algo que en apariencia es elaborado e impresionante, pero que en realidad carece de sustancia. Forma parte de la literatura rusa. Gregory Potemkin, líder notable de la armada y de la fuerza naval rusa, protagonizó hechos sobresalientes que incluían levantar falsos asentamientos habitados por felices pobladores a lo largo de las riberas del Dnieper, con el fin de impresionar a la emperatriz Catherine II durante su visita a Crimea en 1787. De esa forma, "pueblo Potemkin" ha venido a significar una construcción vacía o falsa -en sentido físico o bien figurativo- cuyo propósito es ocultar una realidad indeseable.

La descripción que hace el Señor de la iglesia de Laodicea (Apocalipsis 3:5-8) encaja muy bien en lo que significa "pueblo Potemkin".

En ningún momento de la historia ha tenido la Iglesia Adventista del Séptimo Día una apariencia más próspera que hoy: más primeras clases, más invitaciones e incluso mayor éxito relativo. Tampoco ha sido dirigida nunca por un número semejante de pastores y administradores de tan remarcable formación académica. No ha gozado nunca de un reconocimiento externo tal en lo relativo a su habilidad para fomentar un estilo de vida saludable.

Teológicamente, la mayor parte de sus miembros -ministros o laicos- siente que "de nada tengo necesidad". ¿Por qué habrían de pensar de otra manera? Disponen de todos los textos que demuestran qué día es el Sabat, o a dónde vamos al morir. Emplean los términos correctos, tales como expiación, justicia por la fe, lluvia tardía, etc. Gozan de registros personales sorprendentes si contamos la cantidad de encuentros evangelísticos a los que han asistido.

¿Cómo es posible que nuestro Señor diga: "Cuanto más te miro, más náuseas siento"? Por supuesto, el Señor no vomita, escupe ni desecha a los laodicenses. Simplemente está ante su puerta como un Caballero a la espera de que su pueblo denominado quiera oír, por embarazosa que sea esa situación, y más a medida que los años van pasando.

¡Qué formidable descripción verbal! ¡Dios, tratando de procurar la atención de esta iglesia que aparenta hacerlo todo bien y se enorgullece de ello! Pero él sigue llamando década tras década, esperando que alguien abra la puerta, permitiéndole traer la verdad, la paz y el gozo indescriptible a aquellos que se sienten hastiados del sentimiento de satisfacción por no estar ni fríos ni calientes.

¿Cuál es, pues, la gran carencia del pueblo Potemkin adventista? A pesar de cifras sorprendentes y de instituciones impresionantes, a pesar de una ingente cantidad de literatura procedente de las diversas casas publicadoras, a pesar de un sistema de educación escolar envidiable desde el parvulario hasta los grados superiores, a pesar de haber cada vez más pastores con graduaciones académicas, ¿qué es lo que realmente necesitamos?

¿Pudiéramos estar en peligro de construir nuestros propios pueblos Potemkin? Siendo que Jesús pudo haber regresado en el siglo XIX, ¿por qué estamos aún aquí?

Quizá algunos tengan ideas más positivas, tales como acudir a la puerta y atender la llamada del que quiere entrar y nos invita a derribar la fachada Potemkin que tan admirablemente hemos erigido.

¿Tenemos alguna clave relativa a lo que nos quiere decir? Ciertamente. Desde el propio jardín del Edén, él no nos ha dejado en la ignorancia de lo que quiere que sepamos. Nos ofrece "oro refinado en el fuego", "vestiduras blancas para vestirte" y "colirio para que veas".

Todo lo anterior es exactamente lo que Ron Duffield pregunta y responde en el primer volumen (El retorno de la lluvia tardía) y en este volumen intermedio (en espera del segundo volumen). Desde 1888, los adventistas hemos estado "gozando" de nuestro pueblo Potemkin. Este libro, junto al primer volumen y al próximo segundo, traerá a nuevos lectores al conocimiento de lo que el Caballero que llama a la puerta está tratando de decir a los adventistas en el siglo XXI.

Herbert Edgar Douglass

Yountville, CA, junio 2014