Herido en casa de sus amigos

Capítulo 1

La lluvia tardía del Espíritu Santo

"No hay nada que Satanás tema tanto", escribió Ellen White en 1887 mientras se encontraba en Europa, como que "el pueblo de Dios despeje el camino retirando todo obstáculo, de forma que el Señor pueda derramar su Espíritu Santo en una iglesia languideciente y en una congregación impenitente"[1]. Por casi cuarenta años el adventismo había estado esperando los "tiempos del refrigerio" (Hechos 3:19), cuando se derramaría sobre la iglesia la lluvia tardía. Esta capacitaría y daría poder al mensaje del fuerte pregón de Apocalipsis 18 para que se esparciera eficazmente por el mundo.

En una de sus primeras visiones se dijo a Ellen White que "la lluvia tardía, el refrigerio de la presencia del Señor, el fuerte pregón del tercer ángel", capacitaría al pueblo de Dios para "proclamar poderosamente la verdad" en medio de las circunstancias más probatorias[2]. La lluvia tardía y el fuerte pregón, si bien distintos entre sí, jamás se los puede separar -siendo la lluvia tardía la causa, y el fuerte pregón el efecto. Más bien que ser simplemente un poder divino acrecentado, la lluvia tardía -tal como sucedió en Pentecostés- traerá un incremento de luz y comprensión. Si se lo acepta, si se lo recibe en el corazón y se lo experimenta, ese mensaje que trae luz y poder dará al fuerte pregón la capacidad y el poder para envolver toda la tierra con el mensaje del evangelio de la gracia abundante de Dios para el tiempo del fin. Ellen White reiteraría esas conexiones muchas veces en los años que siguieron a la asamblea de Minneapolis:

Cuando desciende del cielo el poderoso ángel vestido con la panoplia del cielo y da fuerza al tercer ángel, sienten el poder del mensaje. Caen sobre ellos los aguaceros celestiales. La lluvia tardía llena sus vasos[3].

Quienes siguen la luz no tienen por qué albergar ansiedad por temor a que al producirse el derramamiento de la lluvia tardía no sean bautizados con el Espíritu Santo. Si hemos de recibir la luz del glorioso ángel que va a alumbrar la tierra con su gloria, asegurémonos de que nuestros corazones están limpios, vacíos del yo y vueltos hacia el cielo, a fin de estar listos para la lluvia tardía[4].

Tenemos ahora las invitaciones de la misericordia a convertirnos en vasos para honra, y en tal caso no necesitamos preocuparnos respecto a la lluvia tardía; todo cuanto debemos hacer es mantener limpio el vaso y puesto boca arriba, listo para la recepción de la lluvia celestial, y mantenernos orando: 'Que la lluvia tardía llene mi vaso. Que brille sobre mí la luz del ángel glorioso que se une con el tercer ángel. Dame una parte en la obra, permíteme dar voz a la proclamación, permite que colabore con Jesucristo[5].

Cuando se derramó el Espíritu desde lo alto [en el día de Pentecostés], la iglesia quedó inundada de luz, pero Cristo era la fuente de dicha luz; su nombre estaba en toda lengua, todo corazón estaba lleno de su amor. Tal sucederá cuando alumbre toda la tierra con su gloria el ángel que desciende del cielo teniendo grande poder[6].

Otros, escribiendo en el contexto de 1888 y los años siguientes, han expresado esas mismas conexiones. A. G. Daniells, expresidente de la Asociación General, afirmó que los escritos de Ellen White emplazaban claramente "la visitación de la lluvia tardía junto al fuerte pregón, la revelación de la justicia de Cristo y la inundación de la tierra con la luz del mensaje del tercer ángel… Se verá que todos esos eventos están íntimamente asociados y operan simultáneamente… La aparición de uno señala la de todos los demás"[7].

Leroy Froom, escribiendo sobre el mensaje de 1888, llegó a sugerir que la "lluvia tardía" era un "sinónimo del fuerte pregón" debido a la conexión estrecha e inseparable existente entre ambos[8]. Seventh-day Adventist Encyclopedia, al describir la secuencia de eventos del tiempo del fin, afirma que "a su vez, la lluvia tardía capacita a la iglesia para llevar testimonio en el 'fuerte pregón' y para mantenerse firme en el último gran tiempo de angustia"[9].

Woodrow Whidden resume tales ideas en su biografía de E. J. Waggoner: "El fuerte pregón es una expresión que los adventistas del séptimo día invocan frecuentemente para describir el papel de la iglesia remanente puesta en pie para proclamar eficazmente el último mensaje de misericordia y advertencia al mundo. Ese será el efecto inmediato del poder del Espíritu Santo en la lluvia tardía"[10].

Nota 10: Si bien esa observación de Whidden es válida, el resto de su biografía sobre Waggoner adolece en gran parte del mismo abordaje editorial cuestionable que lastra la biografía de George Knight sobre A. T. Jones. Es difícil escapar a la constatación de que ambos autores estaban más interesados en promover su teología evangélica particular, que en ser honestos con nuestra historia adventista[11].

Este punto parece claro: el fuerte pregón no puede comenzar sin que haya comenzado previamente la lluvia tardía, sin que esta haya dotado al fuerte pregón de su luz y poder transformadores. Ambos van de la mano. La aparición de uno señala la presencia del otro.

Se acerca el congreso de la Asociación General de 1888

Estando en Europa entre 1885 y 1887 sólo unos meses antes de la asamblea de Minneapolis, a Ellen White se le hizo saber la importancia de los eventos que pronto tendrían lugar en la iglesia. Se le dijo: "Hay todavía mucha luz que ha de brillar a partir de la ley de Dios y del evangelio de justicia. Ese mensaje, comprendido en su verdadero carácter y proclamado en el Espíritu, va a alumbrar la tierra con su gloria… La obra final del mensaje del tercer ángel será asistida de un poder que esparcirá los rayos del Sol de justicia por todos los caminos y veredas de la vida". Pero se le mostró también que el "espíritu que controló a los fariseos está asentando en este pueblo que ha sido altamente favorecido por Dios". Esa condición permitiría a Satanás "obrar sobre los elementos no consagrados de la mente humana", y muchos "no querrían aceptar la luz según los cauces que Dios había dispuesto"[12].

Esas vislumbres acerca de la condición del pastorado en la iglesia hicieron que Ellen White se sintiera "terriblemente temerosa de asistir a nuestra asamblea (1888)"[13], situación que describiría en una carta circular dirigida a los hermanos dirigentes calificándolo como "el encuentro más importante al que jamás hayáis asistido"[14]. Con una asistencia estimada de unos 500, incluyendo a 96 delegados en representación de unos 27.000 miembros en todo el mundo, los resultados de aquel encuentro de líderes de iglesia habrían de tener un impacto perdurable en el movimiento adventista[15]. No obstante, desde "el principio mismo" de las reuniones, Ellen White discernió un "espíritu que le preocupó"[16]. A sólo dos días de haber comenzado el congreso, declaró con entusiasmo que "si así lo queremos, en este encuentro vendrá sobre nosotros el bautismo del Espíritu Santo"[17]. Pero tras haber hecho frente a actitudes farisaicas y a disensiones surgidas durante la asamblea pastoral que precedió al congreso de la Asociación General, no pudo por menos que preguntar: "¿Cómo nos va a encontrar el tiempo de la lluvia tardía?"[18].

Ellen White pronto supo algo que expresó en esta frase: "El espíritu e influencia de los pastores que en general han acudido al encuentro, es el de descartar la luz"[19], y afirmó también: "La oposición, más bien que la investigación, está a la orden del día"[20]. Cuando el Señor obró en medio de ellos, "algunos no recibieron la bendición. Habían tenido el privilegio de escuchar la más fiel predicación del evangelio, y habían oído el mensaje que Dios había dado a sus siervos para que se lo transmitieran a ellos, con sus corazones encadenados". En lugar de alegrarse en el mensaje dado por Alonzo T. Jones y Ellet J. Waggoner, "dedicaron sus facultades a encontrar defectos en los mensajeros y en el mensaje, y contristaron al Espíritu de Dios". Sin embargo, aquellos que "recibieron el mensaje, quedaron maravillados con la presentación de los dones gratuitos de Jesucristo"[21].

El pastor G. B. Starr, que posteriormente compartiría diez años con Ellen White en Australia, fue uno de los que recibió ricas bendiciones en Minneapolis, donde se enfatizó "el tema de la justicia por la fe". Allí había sido testigo de cómo Ellen White "diariamente ejercía su influencia en palabras decididas de apoyo a la presentación de este tema". Starr recordaría también con posterioridad que ella "afirmó que eso marcó el comienzo de la lluvia tardía y el fuerte pregón del mensaje de los tres ángeles" [22].

F. H. Westphal, quien llegó cuando la asamblea ya había comenzado[23], se gozó también en el mensaje, que resultó ser "dulce música para mi alma". Regresó a su casa en Wisconsin "y dijo a la iglesia que la lluvia tardía había comenzado"[24]. Mientras que de una parte Ellen White se sintió compelida en Minneapolis a pronunciar palabras de apoyo a Jones y Waggoner, y al mensaje que enseñaron, de la otra se le dio instrucción para que expresara los "peligros de resistir al Espíritu de Dios"[25]. Como resultado de su apoyo a Jones y Waggoner, muchos pensaron que había "algo equivocado en su testimonio" y en la posición y obra que Dios le había asignado en la asamblea. "Fue despreciada por casi todos. La rebelión fue popular". Un curso de acción como ese, declaró, fue "un insulto al Espíritu de Dios"[26]. En la que pudo ser una de sus declaraciones más dramáticas respecto a 1888, Ellen White citó Zacarías 13:6 y lo aplicó a la forma en que se habían tratado en Minneapolis sus Testimonios inspirados dados en defensa del mensaje y los mensajeros: "Cristo fue herido en casa de sus amigos"[27].

En fecha tan temprana como 1885, Ellen White había advertido acerca de que cuando vinieran a la iglesia los "más notables movimientos del Espíritu de Dios", "se levantarán hermanos que, pretendiendo que todo se haga a su modo, manipularán la obra divina y la prohibirán"[28]. De hecho, afirmó que era posible que "cuando venga el Espíritu de Dios, se lo llame fanatismo, tal como sucedió en el día de Pentecostés"[29]. Esas temibles posibilidades se cumplieron en Minneapolis en 1888.

En los meses y años que siguieron a Minneapolis, Ellen White afirmó que "todos los reunidos en aquel encuentro tuvieron la oportunidad de posicionarse del lado de la verdad recibiendo el Espíritu Santo que Dios envió en un rico manantial de amor y misericordia. Pero… las manifestaciones del Espíritu Santo fueron atribuidas al fanatismo"[30]. Tendría que declarar apenada: "Satanás tuvo éxito en impedir que fluyera hacia nuestros hermanos, en gran medida, el poder especial del Espíritu Santo que Dios anhelaba impartirles"[31]. Tras el cambio de siglo, fue "instruida acerca de que la terrible experiencia en la asamblea de Minneapolis es uno de los capítulos más tristes en la historia de los creyentes en la verdad presente"[32].

Una oportunidad para el pueblo

Pero Dios es misericordioso. Las lluvias del cielo no cesarían antes de que el pueblo hubiera tenido la oportunidad de recibir el preciosísimo mensaje. En una de las últimas reuniones de la asamblea pastoral previa al congreso de Minneapolis, Ellen White hizo la pregunta: "¿De qué sirve que nos reunamos juntos y que acudan nuestros hermanos en el ministerio, si están aquí sólo para mantener al Espíritu de Dios alejado del pueblo? Si los pastores no quieren recibir la luz, quiero dar al pueblo una oportunidad; quizá ellos puedan recibirla"[33]. Fiel a su palabra, Ellen White, junto con A. T. Jones y E. J. Waggoner y otros, llevaron el precioso mensaje a las iglesias alrededor del país en los meses que siguieron.

En el colegio adventista de South Lancaster, Massachussets, en enero de 1889, Ellen White, A. T. Jones y S. N. Haskell predicaron en diez días de reuniones en los que "se compartió la sencilla historia de la cruz". Ellen White describió posteriormente cómo "la gloria de Dios hizo presencia en aquel encuentro… pero no vino meramente a unos pocos, sino que en esta ocasión vino como una oleada sobre aquella congregación, y ¡qué gozo hubo entonces!"[34]. S. N. Haskell escribió que las reuniones estuvieron "caracterizadas por el derramamiento del Espíritu de Dios… De muchos se posesionó la solemne impresión de que se trataba de unas pocas gotas de lo que experimentarán quienes tomen parte en la conclusión de la obra -en el fuerte pregón del mensaje del tercer ángel que madurará el grano para la cosecha". Preguntó retóricamente: "¿Pudiera ser cierto que estamos realmente en medio del derramamiento del Espíritu Santo, que va a aumentar en poder y extensión hasta convertirse en el fuerte pregón del mensaje del tercer ángel?"[35]

Aquel año tuvieron lugar muchos otros encuentros campestres, y por fin el congreso de la Asociación General de 1889 en el que Ellen White, Jones y Waggoner compartieron el mensaje con resultados similares. Muchos conocieron una nueva experiencia al escuchar y aceptar de corazón el mensaje presentado. Pero muchos otros, incluyendo a algunos de los hermanos en la dirección, continuaron luchando contra el mensaje y los mensajeros. Mientras asistía al encuentro campestre de Kansas, Ellen White escribió agudas observaciones a quienes continuaban con su obstinada resistencia: "¿No consideráis que el Vigilante celestial discierne vuestra incredulidad y oposición? ¿Creéis que no vais a tener que enfrentaros a vuestras palabras de ridiculización y burla? Habéis tratado con desprecio hasta el derramamiento del Espíritu de Dios, pronunciando sobre él vuestro juicio impío"[36].

La asamblea de la Asociación General de 1889 comenzó con un espíritu diferente a la precedente de 1888. Durante el primer fin de semana de reuniones muchos dieron "testimonio de las bendiciones recibidas durante el año transcurrido, de la bendita luz que habían recibido y atesorado, que era la justificación por la fe". Eso llevó a Ellen White a declarar que "el Espíritu del Señor estaba entre nosotros"[37]. Informó a su nuera, Mary White, de que "hasta aquí no se ha oído una sola voz de oposición. Parece prevalecer la unidad". No obstante, añadió: "Al mismo tiempo, hay un cierto número de personas que aparentemente continúan donde estuvieron en Minneapolis"[38].

Pero hacia el final de la asamblea a Ellen White se le dieron advertencias del peligro que se avecinaba, debido a los planes que se estaban trazando rápidamente para poner la obra bajo el control de quienes persistían en su oposición al mensaje enviado por Dios. Ella era consciente de que se debía hacer algo; en caso contrario "muchos no estarán preparados para recibir la luz del ángel enviado desde el cielo para alumbrar toda la tierra con su gloria". Comprendió que no estarían preparados para "el tiempo de la lluvia tardía, para recibir la gloria de Dios" si "albergaban raíces de amargura procedentes de la asamblea de Minneapolis". Llegó al punto de afirmar que "Baal, Baal", sería la elección resultante de la "infidelidad a Dios" que estaba incursionando en nuestras filas:

La religión de muchos entre nosotros será la del apóstata Israel, puesto que prefieren su camino y desechan el del Señor. La verdadera religión, la única religión de la Biblia, que enseña el perdón mediante los méritos de un Salvador crucificado y resucitado, que presenta la justicia por la fe del Hijo de Dios, ha sido menospreciada, se ha hablado en su contra, se la ha ridiculizado. Se la ha denunciado por llevar a la excitación y el fanatismo[39].

Notas:

  1. Ellen G. White, The Church's Great Need", Review and Herald, 22 marzo 1887.
  2. Ellen G. White, Primeros escritos, 271; noviembre 1857.
  3. Ellen G. White, "The Necessity of Receiving the Holy Spirit", Signs of the Times, 1 agosto 1892; original sin cursivas.
  4. Ellen G. White, "The Necessity of Receiving the Holy Spirit", Signs of the Times, 1 agosto 1892; original sin cursivas.
  5. Ellen G. White, "Work and Baptism of Holy Spirit Needed", Manuscrito 35, 26 septiembre 1891; en Manuscript Releases, vol. 1, 179; original sin cursivas.
  6. Ellen G. White a Uriah Smith, Carta 25b, 30 agosto 1892; en 1888 Materials, 1017; original sin cursivas.
  7. A. G. Daniells, Christ Our Righteousness -Washington, D.C.: Review and Herald Pub. Assn., 1926-, 59 y 62.
  8. Leroy E. Froom, Movement of Destiny -Washington, D.C.: Review and Herald Pub. Assn. 1971-, 651.
  9. Don F. Neufeld, ed., "Latter Rain", Seventh-day Adventist Encyclopedia -Washington, D. C.: Review and Herald Pub. Assn., 1995 2nd rev. ed.-, vol. 10, 905; original sin cursivas.
  10. Woodrow W. Whidden II, E. J. Waggoner: From the Physician of Good News to Agent of Division -Hagerstown, MD: Review and Herald Pub. Assn., 2008-, nota al final, 211; original sin cursivas.
  11. Ver comentarios adicionales en la nota 30 del capítulo 3.
  12. Ellen G. White, "To Brethren Assembled at General Conference", Manuscrito 15, noviembre 1888; en 1888 Materials, 165-166.
  13. Ellen G. White, "Remarks After Reading an Article", Manuscrito 26, octubre 1888; en 1888 Materials, 154.
  14. Ellen G. White a Brethren Who Shall Assemble in General Conference, Carta 20, 5 agosto 1888; en 1888 Materials, 38.
  15. Roger Coon, "Minneapolis/1888: The 'Forgotten' Issue", Transcript of Loma Linda University Lecture, 23-25 octubre 1988, Ellen G. White Estate, Shelf Document, 7.
  16. Ellen G. White, Manuscrito 24, diciembre 1888; en 1888 Materials, 206.
  17. Ellen G. White, "Morning Talk", Manuscrito 6, 11 octubre 1888; en 1888 Materials, 72.
  18. Ellen G. White, "Remarks After Reading an Article", Manuscrito 26, octubre 1888; en 1888 Materials, 162.
  19. Ellen G. White a G. I. Butler, Carta 21, 14 octubre 1888; en 1888 Materials, 86; original sin cursivas.
  20. Ellen G. White, "To Brethren Assembled at General Conference", Manuscrito 15, noviembre 1888; en 1888 Materials, 170; original sin cursivas.
  21. Ellen G. White, "Experience Following Minneapolis Conference", Manuscrito 30, junio 1889; en 1888 Materials, 368.
  22. G. B. Starr, "Sixty-Two Years in the Highest University", manuscrito no publicado, 8; en Document File 496, Ellen G. White Estate, Loma Linda Branch Office.
  23. "Eighth Day's Proceedings", General Conference Daily Bulletin, 26 octubre 1888, 1.
  24. F. H. Westphal a L. E. Froom, 28 abril 1930; en L. E. Froom, Movement of Destiny, 262.
  25. Ellen G. White, "Light in God's Word", Manuscrito 37, n.d., 1890; en 1888 Materials, 829.
  26. Ellen G. White to Children of the Household, Carta 14, 12 mayo 1889; en 1888 Materials, 314; original sin cursivas.
  27. Ellen G. White a J. Fargo, Carta 50, 2 mayo 1889; en 1888 Materials, 296.
  28. Ellen G. White a W. C. White, Carta 35, 17 noviembre 1885, no publicada.
  29. Ellen G. White a J. N. Loughborough, J. H. Waggoner, E. J. Waggoner, A. T. Jones; Carta 76, abril 1886; en Manuscript Releases, vol. 21 y 148; original sin cursivas.
  30. Ellen G. White a O. A. Olsen, Carta 81, 31 mayo 1896; en 1888 Materials, 1565.
  31. Ellen G. White a Uriah Smith, Carta 96, 6 junio 1896; en 1888 Materials, 1575.
  32. Ellen G. White a C. P. Bollman, Carta 179, 18 noviembre 1902; en 1888 Materials, 1796.
  33. Ellen G. White, "Morning Talk," Manuscrito 9, 24 octubre 1888; en 1888 Materials, 151-152.
  34. Ellen G. White, "Sermon at Ashfield, Australia, Camp-meeting", Manuscrito 49, 3 noviembre 1894; en Manuscript Releases, vol. 5, 234.
  35. S. N. Haskell, "The General Meeting at South Lancaster, Mass.", Review and Herald, 29 enero 1889, 73.
  36. Ellen G. White a Children of the Household, Carta 14, 12 mayo 1889; en 1888 Materials, 320.
  37. Ellen G. White, "Diary", Manuscrito 22, octubre 1889, sección fechada el 20 de octubre; en 1888 Materials, 454.
  38. Ellen G. White a Mary White, Carta 76, 29 octubre 1889; en 1888 Materials, 450.
  39. Ellen G. White a la Asociación General, Carta 24, octubre 1889; en 1888 Materials, 442 y 445.