Herido en casa de sus amigos

Capítulo 2

1889-1891: Asamblea pastoral y de la Asociación General

La asamblea pastoral de 1889

El invierno siguiente, en la asamblea pastoral de 1889-1890 que tuvo lugar en Battle Creek, Ellen White haría un resumen de los resultados de los encuentros de la Asociación General de 1888 y de 1889: "Sé que [Cristo] tiene una bendición para nosotros. La tenía en Minneapolis, y la tenía en el tiempo [1889] del congreso de la Asociación General aquí [Battle Creek]. Pero no hubo recepción. Algunos recibieron la luz enviada al pueblo y se gozaron en ella. Hubo también otros que se mantuvieron en su posición anterior, y eso ha dado pie para que otros expresen incredulidad y se aferren a ella"[1].

La controversia continuó durante la asamblea pastoral de 1890, en la que volvieron a surgir una vez más los temas de los pactos y la ley en Gálatas. Hubo dos reuniones especiales en las que Ellen White, Jones y Waggoner dieron explicaciones con el propósito de traer reconciliación y resolver la controversia que había existido desde antes de Minneapolis y que había ocasionado que se dudara incluso de los propios Testimonios. Aquellas reuniones tuvieron un éxito limitado[2]. Si bien algunos llegaron a ver las cosas de otra manera, muchos persistieron en su curso malvado. Ellen White describió a los congregados allí cuáles serían los resultados finales del primer encuentro: "En el vestíbulo de la capilla [ayer] el poder de Dios estaba a punto de caer sobre nosotros. Por un poco de tiempo sentí como si pudiera mirar directamente a la gloria; pero el espíritu que allí había lo ahuyentó"[3]. Meses más tarde comentaría el desarrollo de la segunda reunión en una carta dirigida a Uriah Smith, redactor jefe de Review and Herald y oponente destacado al mensaje: "Estaba teniendo lugar la segunda reunión, el sábado en el despacho de la capilla, cuando el Espíritu del Señor se acercó a nosotros. Cristo llamó a la puerta pidiendo entrar, pero no hubo sitio para él, no se le abrió la puerta, y la luz de su gloria, tan cercana como estaba, se retiró"[4].

En un artículo publicado en la Review dos meses después de la asamblea pastoral, Ellen White continuó animando a los hermanos a que se entregaran completamente a Cristo. Era momento de elegir entre Cristo y Baal, no de "dudar entre depender de la justicia de Cristo o depender de tu propia justicia". Dios había enviado un mensaje de "verdad y justicia", y estaba llamando a todos a "exaltar a Jesús". Sin embargo, muchos se estaban apartando del mensaje y criticando a los mensajeros -Jones y Waggoner-, situación que de no cambiar traería temibles resultados:

Dios ha suscitado a sus mensajeros para que hagan su obra para este tiempo. Algunos han abandonado el mensaje de la justicia de Cristo para criticar al hombre y sus imperfecciones, aduciendo que no presentan el mensaje de verdad con toda la gracia y pulcritud deseables. 'Tienen demasiado celo, son demasiado efusivos, hablan de forma demasiado positiva, y el mensaje que de otra forma traería sanación, vida y consuelo a muchas almas agotadas y oprimidas, es en cierto modo excluido'… Cristo ha registrado toda la habladuría implacable, orgullosa y burlona dirigida contra sus siervos, como si lo hubiera sido contra él mismo.

No se comprenderá el mensaje del tercer ángel; aquellos que rehúsan caminar en su gloria acrecentada dirán que la luz que ha de alumbrar la tierra con su gloria es una luz falsa. La obra que se hubiera podido realizar, quedará pendiente debido a los que rechazan la verdad por su incredulidad. A vosotros que os oponéis a la luz, os suplicamos que os apartéis del camino del pueblo de Dios"[5].

Nota 5: El mismo criticismo existe aún hasta el día de hoy respecto a Jones y Waggoner, y se lo encuentra en los escritos de diversos especialistas en la historia de nuestra iglesia que han tratado el tema de la asamblea de 1888 y lo que siguió[6].

Escribiendo al presidente de la Asociación General -O. A. Olsen- el verano de 1890, Ellen White compartió lo que se le había mostrado acerca de los males existentes en muchas de las Asociaciones por todo el país. El espíritu de resistencia que se había manifestado "ante la presentación de la justicia de Cristo como nuestra única esperanza, ha contristado al Espíritu de Dios", afirmó. Le ocasionó una profunda tristeza "ver que aquellos que debieran haber dado a la trompeta un sonido certero… para preparar al pueblo para el día del Señor" se dispusieron como vigilantes para impedir el camino. Satanás vio que era "el momento para dar un golpe", y aquellos que debieran haber permanecido en apoyo de la luz de la verdad, se opusieron al mensaje mismo enviado por Dios. El mensaje enviado a través de A. T. Jones y E. J. Waggoner fue "percibido por muchos como erróneo, y clamaron: 'Peligro, fanatismo', siendo que no hay herejía ni fanatismo"[7].

La asamblea pastoral de 1890-1891 trajo mejores resultados; se hicieron algunas confesiones (que en el caso de muchos no fueron muy duraderas). Ellen White se alegró de que en aquella "sesión de minucioso escrutinio de las Escrituras" los corazones de los asistentes "no fueron aherrojados imposibilitando que los rayos de luz penetraran en las cámaras oscuras de la mente y que el poder santificante limpiara y refinara el templo del alma". Ella testificó que durante aquel tiempo especial de estudio en la asamblea, hubo momentos "en los que no hubo cuestionamiento en la clase, sino que el Consolador, el Espíritu Santo de Dios, efectuó su obra". Muchos de los estudiantes dieron testimonios preciosos, y "salieron a la labor confiando en que la agencia del Espíritu Santo los hiciera eficientes"[8].

También E. J. Waggoner se alegró junto a Ellen White. A principios de enero de 1891 afirmó "que allí había una atmósfera completamente diferente de la que hubo en la asamblea pastoral" del año precedente[9]. No obstante, esa misma noche el Señor mostró a Ellen White "muchas cosas que estaban ocurriendo en Battle Creek, en el propio corazón de la obra, que son contrarias a los principios que la palabra de Dios define claramente". Se estaba estableciendo un complot que obstaculizaría el plan divino, ante lo cual Ellen White declaró: "Se insulta a Dios"[10]. Así, Satanás estaba obrando para contrarrestar lo que Dios procuraba hacer mediante la manifestación de su Espíritu Santo.

La noche en que terminó la asamblea pastoral, Ellen White habló sobre "asuntos que me impresionaban profundamente". Se refirió al temor que expresaban algunos que no habían estado presentes en la asamblea, quienes opinaban que "había peligro de llevar el tema de la justificación por la fe demasiado lejos, y de no centrarse suficientemente en la ley". Pero ella no veía "causa para la alarma", y consideraba que tales temores "eran injustificados". La Biblia, y sólo la Biblia había sido el tema de investigación en la asamblea. Sin embargo, de entre aquellos que no habían asistido, muchos tenían una religión "fría, glacial"; los "corazones de no pocos permanecen aún carentes de ternura y sometimiento"[11].

Asamblea de la Asociación General de 1891

Ellen White llevó la misma carga a la asamblea de la Asociación General de 1891 que tuvo lugar del 5 al 24 de marzo. Hablando a un numeroso auditorio reunido en el tabernáculo de Battle Creek, Ellen White se refirió a la "luz acrecentada" que Dios tenía para ellos, y a las grandes bendiciones que "vienen con la recepción de esa luz". Pero cuando vio a sus propios hermanos "encendidos por el odio contra los mensajes y los mensajeros de Dios", pensó en "escenas similares en la vida de Cristo y de los reformadores". Tristemente, "la recepción dada a los siervos de Dios en las edades pasadas es la misma que reciben hoy aquellos a través de los cuales Dios está enviando preciosos rayos de luz. Los dirigentes del pueblo siguen hoy el mismo curso de acción que los judíos". Trazando un paralelismo entre la forma en que los judíos trataron a Cristo y la forma en se habían tratado el mensaje y mensajeros de 1888, Ellen White se refirió al pecado contra el Espíritu Santo y a los tristes resultados de atribuir la obra de Dios al fanatismo:

[Cristo] dice a sus seguidores que todo tipo de pecado y blasfemia pueden ser perdonados si se cometieron en la ignorancia. En su gran ceguera podían pronunciar palabras de insulto y burla contra el Hijo del hombre, y a pesar de ello, permanecer todavía dentro de los límites de la misericordia. Pero cuando el poder del Espíritu de Dios descansó sobre sus mensajeros, estaban pisando tierra santa. Ignorar al Espíritu de Dios, acusarlo de ser el espíritu del diablo, los puso en una situación en la que Dios no tenía poder para alcanzar sus almas. Ningún poder en ninguna de las provisiones divinas podía alcanzarlos a fin de corregir a los errantes.

Algunos en Battle Creek van a alcanzar sin duda ese punto si es que no cambian su curso de acción. Se van a colocar en una situación en la que ninguno de los medios ordenados por Dios va a ser capaz de enderezarlos… Levantar la voz contra Cristo, atribuyendo su obra a los agentes satánicos, y las manifestaciones del Espíritu Santo al fanatismo, no es en sí mismo un pecado causante de condenación, pero el espíritu que lleva a los hombres a hacer esas aserciones los sitúa en una posición de resistencia obstinada en la que son incapaces de ver la luz espiritual. Algunos nunca regresarán, nunca humillarán sus corazones reconociendo sus errores, sino que, como los judíos, seguirán continuamente haciendo aserciones que confundirán a otros…

En este tiempo se ha resistido por largo tiempo la luz procedente del trono de Dios como si fuera algo objetable. Se la ha considerado tinieblas y se la ha etiquetado de fanatismo: algo peligroso de lo que hay que apartarse. De esa forma los hombres se han convertido en postes indicadores que señalan la dirección equivocada. Han seguido el ejemplo establecido por el pueblo judío… Si todos los que hacen profesión de creer la verdad presente hubieran abierto sus corazones para recibir el mensaje y el espíritu de verdad, que es la misericordia, justicia y amor de Dios, no se habrían congregado alrededor de unas tinieblas tan densas como para no discernir la luz. No habrían llamado fanatismo y error a las operaciones del Espíritu Santo"[12].

Volvió a abordar el mismo tema en la última noche de la asamblea de la Asociación General. Algunos habían exhibido "un espíritu farisaico de prejuicio y de crítica", y tan pronto como cedieron a eso, "los ángeles santos se fueron". Ellen White observó que poseían "en gran medida el mismo espíritu que se hizo patente en la asamblea de Minneapolis". Sus mentes estaban todavía en 1891 bajo el mismo engaño que en 1888. Muchos seguían "consintiendo el escepticismo y la infidelidad", y rehusaban aceptar el mensaje que Dios había enviado. Ellen White abordó ahora la pretensión de que el propio mensaje era fanatismo:

En la obra de reavivamiento que ha estado avanzando aquí durante el pasado invierno no hemos visto fanatismo, pero os diré lo que yo he visto: he visto a hombres que estaban tan seguros de sí mismos, tan tercos, que sus corazones estaban rodeados de tinieblas. Toda la luz que el Cielo les ha enviado misericordiosamente la interpretan como oscuridad…

Si se hubieran recibido los brillantes rayos del Sol de justicia, habrían alumbrado el templo del alma, habrían expulsado a los compradores y vendedores, las opiniones orgullosas y la pasión de la carne. Pero hay algunos que han criticado y despreciado, e incluso se han rebajado a ridiculizar a los mensajeros a través de quienes el Señor ha traído poder[13].

En la organización eclesiástica se propagaron actitudes tan negativas como esas hacia el mensaje de 1888. A Ellen White se le mostraron los peligros que iban a amenazar la iglesia mediante "la formación de un complot que haría que Battle Creek viniera a ser como Roma", afectando así a la obra en todo el mundo[14]. Hombres en posiciones de responsabilidad que no iban a "andar en la luz" que Dios estaba enviando, "trajeron el desastre a la causa y reproche al pueblo" mediante su funesta influencia[15].

Diez años más tarde, Ellen White haría una mirada retrospectiva al congreso de la Asociación General de 1891, y escribió que "el Espíritu y el poder de Dios vinieron a nuestro encuentro, testificando que Dios estaba dispuesto a obrar por su pueblo si este se disponía a trabajar"; sin embargo, los hermanos simplemente "asintieron a la luz". Hubo aquellos "conectados con nuestras instituciones, especialmente con la oficina de Review and Herald y la Asociación [General], que trajeron elementos de incredulidad, de forma que no se actuara según la luz dada". Eso llevó a una condición de cosas tal, que el poder de Dios no se pudo manifestar en el seno de su pueblo[16].

En medio de los llamamientos de Ellen White a aceptar el mensaje de 1888 y a reconsiderar cambios organizativos necesarios en la asamblea de la Asociación General de 1891, se fraguó un plan para enviarla a Australia junto a sus asistentes y a su hijo W. C. White [17]. Años después ella dejaría claro que el Señor no estuvo en su salida de América. Pero fuerzas poderosas en el corazón de la obra estaban muy determinadas a que ella se fuera. Como sucede siempre, el Señor no forzó las cosas, sino que permitió a su pueblo elegir su propio camino:

El Señor no estuvo en nuestra salida de América. No reveló que fuera su voluntad que yo abandonara Battle Creek. No planeó tal cosa, sino que os dejó a todos vosotros proceder según vuestras propias ideas. El Señor habría dejado a W. C. White, a su madre y a sus asistentes en América. Éramos necesarios en el corazón de la obra. Si vuestra percepción espiritual hubiera discernido cuál era la verdadera situación, jamás habríais consentido las acciones emprendidas. Pero el Señor lee los corazones de todos. Había un deseo tan grande de que nos fuéramos, que el Señor permitió que tal cosa sucediera. Los que estaban hartos de los testimonios traídos, lograron librarse de las personas que les molestaban. Nuestra separación de Battle Creek sirvió para permitir que los hombres siguieran su propia voluntad y camino, que ellos estimaban superior al camino del Señor[18].

Estando ausente Ellen White, no es sólo que la rebelión contra el mensaje de 1888 continuó por años esparciéndose entre muchos que ocupaban puestos clave en el liderazgo, sino que afectó también al consejo que el Cielo había dado relativo a casi cualquier otra área del movimiento adventista. Un desdén tal hacia el consejo del Cielo desembocaría en desafíos formidables para la iglesia al poco tiempo de regresar Ellen White a América, en 1901.

No obstante, no todo fueron tinieblas en la asamblea de la Asociación General de 1891. Tal como fue el caso en las asambleas de 1888 y 1889, el Espíritu Santo estaba velando sobre el pueblo remanente de Dios, procurando alumbrarlo y darle poder para los tiempos turbulentos que pronto vendrían sobre él y para prepararlo para llevar el mensaje del fuerte pregón al mundo. Cada día temprano, entre las 5:30 y las 6:30, se hacían reuniones de pastores. El Daily Bulletin anunció que la mayoría de los asistentes salieron con el "sentimiento de haber recibido una bendición especial de Dios, y que podían regresar a sus campos de labor confiados en que su Espíritu asistiría sus labores en el futuro más de lo que había hecho en el pasado". Tal evidencia parecía indicar que Dios estaba "esperando bendecir grandemente a su pueblo, que tan pronto como se colocaran en la correcta relación con él, aquellos poderes de la gracia divina caerían sobre ellos enterneciendo sus corazones y dándoles poder para la proclamación de las verdades del evangelio"[19]. Dios quería verdaderamente derramar la lluvia tardía para dar luz y poder a su pueblo.

Ellen White tenía el mismo sentimiento. Asistió a todas las reuniones matinales con la excepción de tres de ellas, y pudo hablar "en gran libertad a los pastores". Declaró confiadamente que el Señor había estado en medio de ellos y que habían "visto su salvación". De hecho, sintió que nunca había asistido a reuniones "donde se manifestara tanto del Espíritu del Señor en el estudio de su palabra, como en aquella ocasión". Aquellas reuniones "tuvieron un carácter solemne. Hubo sentimientos profundos, acción de gracias y alabanzas ofrecidas a Dios por su preciosa bendición otorgada en el estudio de su palabra"[20]. Algunos que habían ido a aprender dieron testimonio de cómo finalmente habían llegado a creer que Cristo realmente "había perdonado sus pecados". Ellen White expresó gozo porque aunque se hubiera "aprendido en la undécima hora", no era demasiado tarde para "enmendar los errores". Amonestó a todos a que "expulsaran cada partícula de la raíz de amargura" que se había "implantado en tantos corazones" desde la asamblea de Minneapolis[21].

Hubo también otras reuniones en las que estaba previsto que se compartiera el mensaje de la verdad presente. Debido a que tantos habían resultado bendecidos mediante la escuela pastoral que tuvo lugar en los meses previos a la asamblea de la Asociación General, se invitó ahora a todos a que asistieran a reuniones diarias de una hora de estudio de la Biblia "a fin de dar al mayor número posible algunos de los beneficios de aquella escuela"[22]. W. W. Prescott y E. J. Waggoner serían los ponentes principales para predicar cada mañana a las 9. No obstante, debido al "gran interés manifestado por la iglesia de Battle Creek, los estudiantes del Colegio y los asistentes del Sanatorio, así como otros en la oficina de la Review", se cambió el horario a las 7 de la tarde "a fin de acomodar a todos"[23].

La primera semana, W. W. Prescott presentó una serie sobre "el tema de la Biblia y la palabra inspirada de Dios". Su énfasis consistió en que "no pueden existir grados de inspiración. Aceptamos la totalidad de la Palabra como viniendo igualmente del Señor". Continuó haciendo ver que "tan pronto como decidimos que una parte de Escritura es más inspirada que otra, tenemos una Biblia hecha por el hombre, que es realmente inútil como norma del bien y del mal". Una visión defectuosa como esa de las Escrituras estaba llevando a "una fe dubitativa" y privaba a las personas de su "fuente de poder"[24].

Resulta evidente que Prescott estaba respondiendo a las falsas enseñanzas de, entre otros, el expresidente de la Asociación General, G. I. Butler, quien no solamente había escrito una serie de artículos en la Review en los que presentaba el concepto de que sólo ciertas partes de las Escrituras eran realmente inspiradas[25], sino que también enseñó ese mismo punto de vista en el colegio de Battle Creek[26]. Se habían aplicado idénticos conceptos -erróneos- al Espíritu de Profecía, a los escritos de Ellen White, despojándolos de su plena inspiración y autoridad. Ellen White respondió afirmando que "el Señor no inspiró los artículos sobre la inspiración publicados en la Review, ni tampoco aprobó que se los presentara ante nuestra juventud en el colegio"[27]. El rechazo al consejo dado por Dios en Minneapolis a través de Ellen White se debía en parte a teorías como esa, que estaban "anulando su efecto"[28].

El comienzo del fuerte pregón

Tras la serie de Prescott siguió una serie de dieciséis presentaciones sobre el libro de Romanos por parte de Waggoner, que se extendió hasta el final de la asamblea de la Asociación General. Su tema fue la "justificación por la fe" basada en los primeros ocho capítulos, "que fueron considerados en orden consecutivo". W. A. Colcord percibió que "todos los presentes apreciaron grandemente el estudio de la Biblia, que constituyó un asunto muy provechoso para la asamblea"[29].

En su última presentación del libro de Romanos la noche de la clausura del congreso, Waggoner proclamó que "el poder de la palabra de Cristo obra también justicia en nosotros. La predicación de la cruz de Cristo presenta al hombre la vida y la inmortalidad. Es la predicación de la cruz de Cristo la que advierte a los hombres contra la destrucción. Nos libra de las trampas del mundo y nos da acceso a la gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios". Ese había sido su tema en las dieciséis presentaciones: presentar a Cristo en todas las doctrinas distintivas adventistas:

Mientras nos mantenemos leales al mensaje del tercer ángel y a todas las doctrinas que nos distinguen del mundo, propongámonos no saber nada, excepto a Jesucristo y a Jesucristo crucificado: él es el poder de Dios para salvación. Es el evangelio eterno, que preparará a los hombres para el juicio que ha comenzado ya. Y ciertamente, si ese primer ángel declaró: "Temed a Dios y dadle honra, porque la hora de su juicio es venida", cuánto más habríamos de declarar ese mensaje -el evangelio eterno- ahora, cuando el juicio no es ya que esté por venir, sino que está a punto de concluir.

Doy gracias a Dios por estar revelándonos las verdades de su palabra, y por habernos mostrado que el mensaje del tercer ángel es el evangelio pleno de Jesucristo nuestro Señor. ¿Por qué sabemos mucho más sobre la palabra de Dios? Porque Dios está revelando a Cristo a nosotros, y en nosotros. Todo cuanto sabemos sobre el poder de Cristo, lo sabemos por la palabra, y por ella somos limpiados del pecado. Nuestra fe se aferra a Cristo, quien viene a ser una realidad en nuestros corazones y vidas.

Cuando tenemos la fe firme en que Cristo habita en nosotros, podemos salir a obrar con poder en favor de otros y juntar nuestras voces con las de los ángeles del cielo; entonces el mensaje avanzará con un fuerte pregón. La razón por la que no lo ha hecho aún es porque no lo hemos captado en su plenitud. En el pasado muchos de nosotros no hemos tenido el corazón del mensaje, consistente en que Cristo lo es todo.

Cuando tenemos a Cristo, lo tenemos todo, y sabemos qué poder hay en él. Nos entregamos él; entonces el poder descansará sobre nosotros, la palabra que predicamos avanzará con poder y el fuerte pregón del mensaje del tercer ángel estará aquí. Esta noche me alegro en la confianza de que el fuerte pregón está ahora comenzando"[30].

Waggoner dio el verdadero significado del mensaje "Cristo lo es todo", un mensaje que se ha distorsionado modernamente en el mantra: "Jesús. Todo"[31]. Waggoner creía que una iglesia adventista llena de miembros que se gozasen y experimentasen el mensaje de la justicia por la fe, habría de ser una iglesia alumbrada y con el poder para dar ese mensaje al mundo con un fuerte pregón. Eso tendría lugar solamente a través del derramamiento de la lluvia tardía, que era en esencia el resultado de una experiencia acumulada con la lluvia temprana[32]. En marzo de 1891, Waggoner se pudo alegrar en la confianza de que por entonces estaba comenzando el fuerte pregón.

El poderoso mensaje del evangelio que Waggoner presentaba no sólo llegó a los de Battle Creek, sino que a través de las páginas del General Conference Bulletin encontró su camino hacia todo el mundo. A. G. Daniells testificó más tarde a propósito de que "en la asamblea de 1891, mientras los pastores que estaban predicando el mensaje daban esos sermones inspiradores", "las poderosas pulsaciones de sus reuniones en este tabernáculo se sintieron por todo el globo". En Australia se sintió el poder del mensaje. Cuando llegaron los Bulletin y comenzaron a leerlos, "sus corazones se conmovieron". Daniells recordaba haber "visto a nuestros hermanos sentarse a leer aquellos mensajes con lágrimas corriéndoles por las mejillas; los vi profundamente conmovidos por el poder que había en el mensaje, aun siendo sólo en su forma impresa en el Bulletin". Pero no fueron sólo sus compañeros en la obra quienes experimentaron un cambio en su vida: el propio Daniells fue verdaderamente bendecido:

Yo mismo lo sentí. Justamente antes de llegar los Bulletin, me sentí poderosamente llamado a este capítulo noveno de Romanos: "¿Qué, pues, diremos? Que los gentiles, que no iban tras la justicia, han alcanzado la justicia, es decir, la justicia que es por fe; mientras Israel, que iba tras una ley de justicia, no la alcanzó. ¿Por qué? Porque iban tras ella no por fe, sino dependiendo de las obras de la ley". Esa escritura estuvo dando vueltas en mi mente por días, antes de que llegaran los primeros Bulletin. Estaba siempre ante mi atención, y cuando llegaron los Bulletin y comenzamos a leer el mensaje, ¡oh!, ese mensaje se apoderó de nosotros. Nuestros hermanos solían levantarse muy temprano en la mañana, mucho antes que amaneciera, a tomar esos Bulletin y estudiar esas charlas y estudios bíblicos. Aunque su atención nunca antes se había dirigido al mensaje, al leer los Bulletin caían sobre sus rodillas y encontraban la justicia que viene por la fe"[33].

En junio de 1891, W. W. Stebbins animó a los lectores a suscribirse a la Review, y "a tantos más de nuestros periódicos como fuera posible", así como a "orar sin cesar, a beber la lluvia tardía, a magnificar el fuerte pregón del mensaje del tercer ángel en su avance alrededor del mundo". Animó también a sus hermanos a que asistieran a los próximos encuentros campestres y otros, porque -afirmó: "Es razonable creer que en un futuro muy próximo, en uno de nuestros encuentros multitudinarios, estando 'todos unánimes en un lugar', caerá sobre nosotros la lluvia tardía de forma remarcable. Ciertamente no se puede cuestionar que se ha oído ya un 'estruendo del cielo', el heraldo de un glorioso despertar". Sabía que es en esas convocaciones donde los miembros podían "captar más y más del espíritu del mensaje tal cual es hoy"[34].

No fue sólo en Estados Unidos donde se hizo evidente que el poder de Dios estaba obrando. Cuando P. T. Magan vio a cristianos en Rusia rompiendo con las tradiciones de la Iglesia Ortodoxa por aquel mismo tiempo y procurando mayor luz a partir de las Escrituras, supo que era sólo por el poder de Dios, quien estaba capacitándolos para que dieran esos pasos hacia delante. "Ciertamente", afirmó, "la obra final del evangelio comienza a avanzar con un 'fuerte pregón', y pronto será abreviado en justicia"[35].

S. McCullagh escribió que "parecía como si estuviéramos comenzando a recibir algunos de los aguaceros de la lluvia tardía" en algunas de las reuniones impresionantes que tuvieron lugar en Nueva Zelanda. "¿Por qué no habríamos de recibir ahora grandes bendiciones?", preguntó; "lo haremos, si vamos allí donde Jesús nos está llamando"[36].

Aquel verano, varias reuniones campestres en diversos lugares de Estados Unidos fueron calificadas como "la mayor reunión" que jamás hubo entre los adventistas. En el encuentro campestre de Ohio de finales de agosto, J. N. Loughborough, un veterano pionero adventista, compartió "fotos de los primeros tiempos y del poder que asistió la proclamación del primer mensaje". A. T. Jones y W. W. Prescott predicaron también en las reuniones, y el "asunto de la justicia por la fe fue el principal gran tema del encuentro".

L. A. Smith informó que jamás había "visto un campamento tan impregnado e imbuido del sentimiento de alabanza a Dios. En las tempranas reuniones matinales, en el culto familiar, en todo el resto de reuniones de oración, fue el tema de todo testimonio y el pensamiento de todo corazón"[37]. Loughborough, quien había participado en el clamor de media noche del movimiento millerita, dio testimonio de "que el encuentro campestre de Ohio fue lo más próximo a un derramamiento pentecostal del Espíritu de Dios que haya presenciado desde 1844. ¡Alabado sea su gran nombre! Cuando este querido pueblo se levantó en respuesta al llamado de la palabra de Dios para dedicarse a él, Dios vino realmente muy cerca"[38].

Aún no había pasado a los anales de la historia el año 1891, cuando Ellen White declaró que había comenzado el fuerte pregón. Predicando en el encuentro campestre de Lansing, Michigan, a comienzos de septiembre, proclamó que "el mensaje del tercer ángel está creciendo hasta convertirse en un fuerte pregón, y no debéis sentiros en libertad de descuidar el deber presente y no obstante albergar la idea de que en algún tiempo futuro vais a ser los recipientes de gran bendición". "Hoy", advirtió, "debéis tener vuestro vaso purificado, a fin de estar preparado para el rocío celestial, para los aguaceros de la lluvia tardía"[39].

O. A. Olsen sintió que el Señor dio a Ellen White "gran libertad y mucho poder cuando habló al pueblo". No creyó "haberla oído jamás hablar con mayor fuerza, claridad y poder de Dios, que en aquella ocasión". E. J. Waggoner y otros se esforzaron también en favor del pueblo, y "muchos que vinieron al encuentro habiendo tenido una experiencia incierta, salieron gozándose en el amor de Dios". Sin embargo, Olsen observó: "De modo alguno hubo especial excitación, sino que todo corazón fue profundamente conmovido y parecía haber un sentimiento remarcable de la presencia de Dios"[40].

En Michigan se animó a los adventistas a que asistieran a las reuniones generales durante los meses de invierno, en los que se dieron instrucciones valiosas "adecuadas para el tiempo actual". Considerando los eventos mundiales que estaban teniendo lugar en aquellos días, J. O. Corliss sugirió que por entonces estaban "llegando rápidamente al tiempo en el que era de esperar la lluvia tardía, y no sería de extrañar que en aquellos encuentros se hicieran sentir algunas gotas de ella"[41]. J. F. Ballenger expresó ideas similares en noviembre de 1891, afirmando que parecían "estar cayendo ya" gotas de la lluvia tardía, y oraba porque el "Señor aumente nuestra fe"[42].

Notas:

  1. Ellen G. White, "Sermón", Manuscrito 2, 16 marzo 1890; en 1888 Materials, 640.
  2. Ron Duffield, The Return of the Latter Rain, vol. 1 -Mt. Shasta, CA: 4th Angel Publishers, 3nd ed., 2014-, 317-416.
  3. Ellen G. White, "Sermon: Cherishing Faith, Not Doubt", Manuscrito 2, 16 marzo 1890; en 1888 Materials, 616.
  4. Ellen G. White a Uriah Smith, Carta 73, 25 noviembre 1890; en 1888 Materials, 734.
  5. Ellen G. White, "Living Channels of Light", Review and Herald, 27 mayo 1890, p. 321; en 1888 Materials, 673.
  6. Ver comentarios en la nota 30 del capítulo 3.
  7. Ellen G. White a O. A. Olsen, Carta 116, 27 agosto 1890; en 1888 Materials, 703.
  8. Ellen G. White a Brethren Fulton and Burke, Carta 3, 20 marzo 1891; en Manuscript Releases, vol. 3, 194.
  9. Ellen G. White, "Diary", Manuscrito 40, enero 1891; en Robert W. Olson, compiler, "The Salamanca Vision and the 1890 Diary", Ellen G. White Estate Document, 1983, 69.
  10. Ellen G. White, "Diary", Manuscrito 40, enero 1891, sección fechada 11 enero; en 1888 Materials, 877-878.
  11. Ellen G. White, "Christ Our Righteousness", Diary, Manuscrito 21, 27 febrero 1891; en 1888 Materials, 890 y 896; original sin cursivas.
  12. Ellen G. White "Article Read in the Auditorium of the Battle Creek Tabernacle to a Large Assembly, at the General Conference March 1891", Manuscrito 30, 1890, en 1888 Materials, 911- 912 y 915-916.
  13. Ellen G. White, "Our Present Dangers", Charla dada el 24 marzo 1891, General Conference Daily Bulletin, 13 abril 1891, 257 y 260; en 1888 Materials, 901 y 904.
  14. Ellen G. White a The General Conference Committee and the Publishing Boards of the Review and Herald and Pacific Press, Carta 71, 8 abril 1894; en The Publishing Ministry, 144.
  15. Ellen G. White a A. R. Henry, Carta 41, 16 mayo 1898; en 1888 Materials, 1663-1664.
  16. Ellen G. White, "Remarks at [the 1901] General Conference", General Conference Bulletin, 3 abril 1901, 23; en 1888 Materials, 1743.
  17. "Proceedings of the Board of Foreign Missions", General Conference Daily Bulletin, 13 abril 1891, 256.
  18. Ellen G. White a O. A. Olsen, Carta 127, 1 diciembre 1896; en 1888 Materials, 1622-1624. Para mayor información sobre el exilio de Ellen White a Australia, ver El retorno de la lluvia tardía, vol. 1 y 2.
  19. W. A. Colcord, "The General Conference", General Conference Daily Bulletin, 13 abril 1891, 251.
  20. Ellen G. White a Brethren Fulton and Burke, Carta 3, 20 marzo 1891; en Manuscript Releases, vol. 3, 194.
  21. Ellen G. White, "Our Present Danger", sermón dado en la Asociación General, 24 marzo 1891; en General Conference Daily Bulletin, 13 abril 1891, 261 y 257.
  22. "Ministers' School", General Conference Daily Bulletin, 6 marzo 1891, 4.
  23. "Bible Study", General Conference Daily Bulletin, 6 marzo 1891, 15.
  24. Reseña editorial, "Bible Study", General Conference Daily Bulletin, 6 marzo 1891, 15.
  25. G. I. Butler, "Inspiration, No. 1-10", Review and Herald, 8, 15, 22 y 29 enero; 5 febrero; 15 abril 22; 6, 27 mayo; 3 junio 1884, 24, 41, 57, 73, 89, 249, 265, 296, 345 y 361.
  26. Roger W. Coon, Inspiration/Revelation: What It Is and How It Works, White Estate Shelf Document, 73-74.
  27. Ellen G. White a R. A. Underwood, Carta 22, 18 enero 1889; en 1888 Materials, 238.
  28. Ellen G. White, "To Brethren Assembled at General Conference", Manuscrito 15, noviembre 1888; en 1888 Materials, 173-174. Ver también Ellen G. White a S. N. Haskell, Carta 14, 11 diciembre 1891; en 1888 Materials, 975-976.
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  31. The One Project, a través de su filosofía de iglesia emergente, expresa conceptos que son la falsificación del verdadero mensaje de 1888. Ver Ron Duffield, "The Emerging One Project?", presentación PowerPoint en diez partes, disponible contactando con el autor en theemergingoneproject@gmail.com.
  32. Percy T. Megan, "Our Future Work," Bible Echo and Signs of the Times, 15 febrero 1891, 60.
  33. A. G. Daniells, "Sermón, 14 abril 1901", General Conference Bulletin, 16 abril 1901, 272.
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