"La luz está ahora brillando"
Al poco de llegar a Australia a comienzos de 1892, Ellen White escribiría a S. N. Haskell una de sus cartas más vehementes en relación con las implicaciones del preciosísimo mensaje de la justicia por la fe enviado al pueblo de Dios. Tras considerar todo lo que estaba ocurriendo en el mundo y en la iglesia, que apuntaba a la culminación de los eventos de los últimos días, expresó su deseo de que hubiera un pueblo iluminado y lleno de poder según la luz de Apocalipsis 18 que por entonces estaba brillando:
Mi corazón anhela que el pueblo de Dios despierte y vea cómo se ha obstaculizado la obra, incluso en este país, por falta de amor fraternal. La envidia, los celos y la exaltación del yo expulsarán a Jesús del corazón… Quiero que comprendan que están a prueba; Dios los está probando para saber si pueden ser miembros de su familia en el cielo…
¿Qué más puedo decir? Mi corazón está lleno a rebosar. Los únicos capacitados para esta obra son quienes están impregnados por el Espíritu Santo. Ha venido la luz. Ha estado brillando desde el trono de Dios la luz que ha de alumbrar toda la tierra con sus brillantes rayos. ¿No apreciaremos los preciosísimos privilegios puestos a nuestro alcance? ¿Avanzaremos en nuestra propia debilidad? ¿Caminaremos a la luz de las chispas de nuestra propia lumbre? Es el plan del Señor que esos privilegios y oportunidades signifiquen una obra especial en nuestro favor. ¿Caminaremos en la luz? ¿Propiciaremos que esa luz brille en el camino de otros? ¿Por cuánto tiempo vamos a chasquear a Jesús mediante una vida tibia e indecisa, destituida de amor? ¿Deberá el candelero ser retirado de su lugar? Cristo declara que lo será, a menos que 'nos arrepintamos y hagamos las primeras obras'…
Oh, si el Señor pudiera traer convicción y conversión a las almas, de forma que la luz que ahora está brillando no nos sea quitada debido a que no andamos en la luz ni sacamos a otros de la oscuridad. Siento intensamente esta frivolidad y ausencia de vida del pueblo de Dios. Les ruego que no descansen hasta que sus almas se enciendan totalmente con los brillantes rayos del Sol de justicia. Quienes no aprovechan la luz que poseen, no es solamente que dejarán de recibir mayor luz, sino que perderán la que ahora brilla sobre ellos. Lo mismo que Capernaúm, han sido exaltados hasta el cielo desde el punto de vista de los privilegios, [pero] a menos que respondan a la luz, serán dejados en completas tinieblas y no sabrán dónde están tropezando.
Os digo que Dios nos está probando ahora, precisamente ahora. Toda la tierra ha de ser alumbrada por su gloria. La luz está ahora brillando, y cuán difícil es para los corazones endurecidos aceptar a Jesús como su Salvador personal; cuán difícil salirse de la rodera de la religión legal; cuán difícil apropiarse del rico y gratuito don de Cristo.
Quienes no han aceptado este ofrecimiento, no comprenderán nada acerca de la luz que ha de llenar toda la tierra con su gloria. Que todo corazón busque ahora al Señor. Sea el yo crucificado, pues aguardan ricas y gloriosas bendiciones a todos los que se mantengan en contrición de alma. Jesús puede morar con ellos[1].
Nota 1: Esta porción de la carta de Ellen White a S. N. Haskell se ha mantenido sin publicar ¡por más 120 años! ¿Por qué? S. N. Haskell citó abundantemente a partir de esa sección de la carta en sus artículos mencionados más adelante. Quizá debieran también volverse a publicar.
Sólo en esa carta, Ellen White dijo en no menos de siete ocasiones, y expresándose en tiempo presente, que el fuerte pregón de Apocalipsis 18 ya había comenzado, y eso sólo pudo suceder mediante la dotación especial del Espíritu Santo. Escribiendo sólo unas pocas semanas después a S. N. Haskell, Ellen White continuó con el mismo tema:
¿Se va a levantar la iglesia poniéndose sus hermosas vestiduras: la justicia de Cristo? Pronto se va a ver quiénes son vasos de honra. 'Después de esto vi otro ángel que descendía del cielo con gran poder, y la tierra fue alumbrada con su gloria... [Apocalipsis 18:1-2]' '…Mas para vosotros, los que teméis mi nombre, nacerá el sol de justicia y en sus alas traerá salvación. Saldréis y saltaréis como becerros de la manada [Malaquías 4:1-2]'. Aquí se señala claramente quiénes serán vasos de honor y recibirán la lluvia tardía. Toda alma que continúa en pecado ante la luz que ahora está brillando, resultará cegada y aceptará los engaños procedentes de Satanás. Estamos ahora acercándonos al final de la historia de esta tierra…
Quienes no hayan aceptado este ofrecimiento, no comprenderán nada de la luz que llena toda la tierra con su gloria. Que todo corazón busque ahora al Señor. Sea el yo crucificado, pues aguardan ricas y gloriosas bendiciones a todos los que se mantengan con el alma contrita. Jesús puede morar con ellos. Se contempla el descenso del Espíritu Santo sobre la iglesia como perteneciendo al futuro, pero es el privilegio de la iglesia tenerlo ahora. Buscadlo, orad por él, creedlo. Lo necesitamos, y el cielo está esperando otorgárnoslo[2].
Después de la amonestación que envió a Haskell a fin de que tales pensamientos pudieran ser "presentados a otros"[3], este escribió una serie en seis partes para la Review, titulada: "Centinela, ¿qué de la noche?" En esos artículos, Haskell citaba profusamente a partir de las cartas que Ellen White le había enviado recientemente, en las que llamaba la atención de sus lectores a los eventos que estaban teniendo lugar en el mundo, a las evidencias del derramamiento de luz del Espíritu de Dios procedente del cielo y al comienzo del fuerte pregón.
En su primer artículo, Haskell resumió "tres eventos que estarían en conexión inmediata con la venida de Cristo" y que los adventistas del séptimo día habían estado esperando por más de cuarenta años. El primero era "la expansión de la verdad para testimonio a todas las naciones de la tierra". El segundo, "el fuerte pregón del mensaje del tercer ángel… que conferiría a la palabra de Dios un poder especial" en cumplimiento de la profecía de Apocalipsis 18:1. El tercero: "Llegaría un tiempo en el que comenzaría la persecución" en los Estados Unidos, debido a que los guardadores de los mandamientos "no adorarían a la bestia ni a su imagen". Haskell planteó entonces la pregunta: "¿Tenemos alguna indicación de que tales eventos están ocurriendo ahora?"[4]. Haskell respondería a esa pregunta en los varios artículos que se fueron publicando en las semanas sucesivas.
En su segundo artículo, Haskell trató sobre la expansión del mensaje del tercer ángel, primariamente a través de las publicaciones y el colportaje[5]. El tercer artículo retomaba el tema del segundo, relativo al fuerte pregón y la lluvia tardía. Señaló que la profecía de Apocalipsis 18:1 "se refiere a una luz y poder especiales que asisten a esa proclamación en su obra final. Cuando dicha luz viniera sobre el pueblo, la predicación del mensaje resultaría exitosa, de tal forma que su obra final se cumpliría en un breve período de tiempo". Pero más bien que venir "como un viento fuerte y estruendoso, como sucedió en el día de Pentecostés, y acompañado de cierta intervención milagrosa especial de la Providencia divina", los hombres y mujeres tenían ellos mismos el deber de obtener "una experiencia en las cosas de Dios, que los prepararía para recibir el derramamiento de su Espíritu Santo". De igual forma en que los discípulos tuvieron que recibir "luz acerca de la naturaleza de la obra" y tuvieron que poner sus corazones en la debida "condición para recibir el Espíritu de Dios", también tendría que hacerlo la iglesia remanente. Haskell mostró que el mensaje que entonces se estaba dando a la iglesia tenía por fin cumplir esa precisa obra, y basándose en las cartas que recientemente le enviara Ellen White, de las que reprodujo muchas citas, dedujo que eran una señal del comienzo del fuerte pregón y del tiempo de la lluvia tardía:
El primer movimiento necesario para preparar al pueblo para recibir el derramamiento del Espíritu de Dios es comprender que Cristo es nuestro Salvador personal, aplicarnos personalmente sus promesas y comprender que los testimonios de la inspiración está dirigidos personalmente a nosotros; y al hacer de esa forma una aplicación personal de las promesas que Dios nos hace estamos trayendo a Cristo al corazón, lo que nos preparará para participar en la obra final; en consecuencia, cuando nuestra atención se centra más particularmente en esa fase de la obra y se hace una aplicación personal de las promesas, eso es realmente el comienzo del fuerte pregón del mensaje del tercer ángel. Un testimonio posterior de Ellen White dice:
"¿Qué más puedo decir? Mi corazón está lleno a rebosar. Los únicos capacitados para esta obra son quienes están imbuidos con el Espíritu Santo. Ha venido la luz; ha estado brillando desde el trono de Dios… Os digo que Dios nos está probando ahora, precisamente ahora. Toda la tierra ha de ser alumbrada por su gloria. La luz está ahora brillando, y cuán difícil es para los corazones endurecidos aceptar a Jesús como a su Salvador personal; cuán difícil salirse de la rodera de la religión legal; cuán difícil apropiarse del rico y gratuito don de Cristo"[6].
Por lo tanto es evidente que nadie, excepto el que experimente esa morada del Salvador en su corazón, va a estar en la condición de poder recibir y participar en el fuerte pregón que ha de darse en el futuro inmediato. Eso es realmente el comienzo del mismo, y ¿acaso no está ahora teniendo lugar? ¿No se nos ha llamado más específicamente la atención a esa parte de la obra? Eso no disminuye la importancia de ninguno de los puntos de la verdad que se han venido predicando en los pasados cincuenta años, pero confiere una experiencia viviente y una vitalidad en la verdad que muchos en el pasado no han experimentado. Nuestra experiencia ha sido demasiado legal y formal. Ha habido mucho del espíritu farisaico y demasiado poco del enternecedor y subyugador Espíritu de Cristo. Ha sido demasiado prominente la justicia propia. Por consiguiente concluimos que incluso ahí no faltan evidencias de haber alcanzado el comienzo del fuerte pregón del mensaje del tercer ángel. ¿No hay límite al tiempo de la obra final? ¿Acaso no leemos que la obra será abreviada en justicia?... ¿Quién no es capaz de discernir, incluso en este movimiento de llamar especialmente la atención a nuestro pueblo sobre Cristo como un Salvador personal -quien imparte salvación en el presente- el "estruendo en las copas de las moreras"? Siendo así, ¿no "pediremos al Señor lluvia en la estación tardía"? Si hacemos así, la promesa es que "Jehová hará relámpagos y os dará lluvia abundante y hierba verde en el campo a cada uno" Zacarías 10:1. ¿No ha llegado el tiempo para eso? -Creemos que sí[7].
Haskell continuó su serie señalando al regreso de América al carácter perseguidor del romanismo, configurando de esa forma la imagen de la bestia[8]. Hizo también un repaso de los mensajes de los tres ángeles en la historia del adventismo[9]. Su serie terminó con un resumen del mensaje del tercer ángel, mostrando que el mundo estaba en la víspera misma de la segunda venida. Proclamó confiadamente que "el ángel poderoso ha descendido del cielo y ha comenzado a brillar la luz que va a alumbrar la tierra con la gloria de Dios". Teniendo presentes esas asombrosas realidades, Haskell declaró: "Ahora es el tiempo para que los centinelas alcen sus voces de advertencia y den a la trompeta un sonido certero, a fin de que el pueblo pueda estar preparado para el conflicto final"[10].
Reavivamientos en las reuniones campestres
Era imposible que conceptos tan solemnes como ese no acabaran llegando a los encuentros campestres y a las reuniones de la Asociación a lo largo del verano. Escribiendo acerca de sus experiencias en encuentros campestres, muchos dirigentes eclesiásticos y miembros expresaron pensamientos de gratitud por las bendiciones que Dios estaba derramando sobre ellos. O. A. Olsen, W. W. Prescott, A. T. Jones y otros se sintieron reconfortados por lo que presenciaban por entonces en los encuentros campestres: "Apreciamos una evidencia incontestable de que el mensaje está progresando. Si bien nos alegramos por lo que hemos visto respecto a cómo obra el Señor en su pueblo, estamos seguros de que es nuestro privilegio experimentar aún más abundantes aguaceros de la gracia divina"[11].
Después del encuentro campestre que tuvo lugar en agosto en Wichita, Kansas, O. S. Ferren informó que "se manifestó el poder de Dios" y que "la casi totalidad de la congregación se alegró porque Dios hubiera amado al mundo hasta el punto de dar a su Hijo unigénito". Las reuniones de alabanza que siguieron después, le llevaron a creer que verdaderamente "cayó sobre nosotros un aguacero de la lluvia tardía"[12].
O. J. Mason alabó al Señor tras el encuentro campestre de septiembre en Illinois del sur. Tras disfrutar de la predicación de J. N. Loughborough y de A. T. Jones, "muchos que habían estado en la duda y el desánimo comenzaron a abrazar las promesas de Dios, y a darse cuenta de que eran aceptos en el Amado". Después del encuentro hubo diecisiete bautismos, lo que llevó a Mason a "alabar al Señor por ese goteo de la 'lluvia tardía' que hemos disfrutado. Esperamos lluvias más copiosas a medida que nuestra fe se aferra más plenamente de sus promesas"[13].
El encuentro campestre de Michigan en Lansing fue "tal como nunca antes hubieron presenciado los adventistas del séptimo día". No solamente por ser el encuentro más concurrido y con el mayor número de personas en una reunión campestre, "sino por muchas otras consideraciones". J. N. Loughborough informó que "el gran poder del Señor estuvo allí de una forma más remarcable de lo que jamás había visto desde el tiempo en que asistí a las reuniones adventistas de 1843-1844". Sintieron "realmente que habían comenzado 'los tiempos del refrigerio' 'de la presencia del Señor', y que estábamos teniendo unas pocas gotas de la lluvia tardía"[14]. Algunos de los otros "hermanos veteranos, como Gurney, Whipple y otros, dijeron que se parecía a 1844 mucho más que cualquier cosa que hubieran visto desde entonces"[15].
La señorita Pebbles se expresó poéticamente acerca de cómo vivió aquel encuentro campestre: "Nos miramos maravillados, felices por ver brillar en los rostros de los demás ese mismo gozo que sentimos en nuestros propios corazones, y nos decimos: ¿Qué puede ser esto? ¿Es un pequeño aguacero de la lluvia tardía, un pequeño anticipo del refrigerio de la presencia del Señor que pronto va a venir? Nos preguntamos si ha existido una reunión como esta desde Pentecostés, tratando de imaginar lo que Dios tiene aún en su almacén para su pueblo"[16].
¿Qué fue lo que evocó descripciones como las que hicieron los asistentes al encuentro campestre? M. E. Kellogg nos da algunas pistas. La predicación de O. A. Olsen, A. T. Jones, W. W. Prescott, J. O. Corliss y otros, "no iba dirigida a complacer el oído o a exaltar el yo, sino a elevar a Jesucristo ante el pueblo y a declarar su evangelio que es 'poder de Dios para salvación para todo aquel que cree'". "Se presentó fielmente la solemnidad de este tiempo" y el consiguiente deber, en vista del rápido cumplimiento de la profecía. Pero había algo más que motivaba a la gente en su experiencia: "Si bien tal fue el caso durante el encuentro, especialmente en el sábado hubo un profundo escrutinio del corazón. Desde las diez y media de la mañana, la reunión continuó sin interrupción por cinco horas. El pastor Olsen tomó a su cargo la primera parte; a continuación se hizo una invitación para que pasaran al frente los que quisieran buscar nuevamente al Señor. Hubo cientos que respondieron a la invitación. Pastores y laicos vinieron juntos al frente; se hicieron confesiones, y hubo lágrimas de humilde contrición que su unían a otras de santo gozo"[17].
O. A. Olsen describió la reunión del sábado afirmando que "cuando se dio una oportunidad a los pecadores, a los apóstatas y a todos cuantos quisieran buscar de nuevo al Señor para pasar a los bancos delanteros, respondieron unos seiscientos. El poder de Dios descansó sobre la congregación. Se hicieron excelentes confesiones. Me pareció que en aquella reunión tuvimos algunas gotas de la lluvia tardía"[18]. Olsen reconoció no haber estado jamás "en una reunión donde se manifestara de tal forma el poder de Dios, sin embargo", exclamó, "no hubo excitación". Entre quienes pasaron al frente en aquella reunión "recordada por tanto tiempo", había "varios pastores"[19].
Uno de los pastores más prominentes en pasar al frente y hacer confesión fue H. Miller, quien había tenido protagonismo en la disensión e incredulidad que siguió a las reuniones de Minneapolis. Olsen describió a Ellen White lo que estaba sucediendo: "Primero habló por un momento e hizo ciertos reconocimientos; estaba quebrantado, pero era evidente que no había alcanzado el punto. Por supuesto, nos alegramos de ello. Tomó asiento; pero muy poco tiempo después se levantó nuevamente y dijo que no se sentía liberado. Entonces tomó el testimonio que usted le dio… y lo aceptó"[20]. Ellen White había enviado dos testimonios a Miller tres años antes, confrontándolo con el rechazo a la luz venida del cielo en Minneapolis, y declarando que debido a su fariseísmo, si hubiera vivido en el tiempo de Cristo se habría unido a quienes lo rechazaron"[21]. Ahora el hermano Miller reconocía y aceptaba todo eso.
Pero su confesión no terminó ahí. Delante de tres mil personas, tanto adventistas como visitantes, Miller se levantó de nuevo y "habló al hermano Jones, reconociendo los sentimientos que había albergado hacia él. Estaba muy quebrantado. Dijo que su gran problema era Miller [él mismo]. Por la gracia de Dios, echaría a Miller y dejaría entrar a Cristo". Una confesión tal, declaró Olsen, "tuvo un efecto maravilloso en la congregación… todos nos alegramos al oírla. He de decir que nunca antes vi a Miller tan quebrantado… pero Sra. White, el Espíritu de Dios está obrando, y el poder del Señor es muy grande"[22].
O. A. Olsen continuó informando a Ellen White acerca de cómo A. T. Jones había hablado dos veces los dos domingos, "explicando la situación actual y los acontecimientos del presente. No sé cómo describírselo, le diré simplemente que el poder de Dios descansaba sobre él; y una vez más, esa expresividad. Habló como quien tiene autoridad, no como los escribas".
Hubo unos dos mil asistentes a la reunión de clausura del domingo por la tarde, el 2 de octubre. Olsen afirmó que "jamás había asistido anteriormente a una reunión como esa, y nunca antes había presenciado una manifestación tal del poder de Dios". No obstante, una vez más aclaró que "no hubo excitación"[23]. Como en encuentros precedentes, la última reunión terminó con un tiempo dedicado a que los asistentes pudieran dar sus testimonios personales de alabanza. La congregación "simplemente se levantó en masa en toda la tienda y comenzó a hablar". Olsen dispuso que los pastores que estaban presentes se distribuyeran entre la congregación "y recogieran testimonios, cosa que hicieron, con el resultado de que había unos quince o veinte hablando a la vez. Si bien eso pudiera sugerir confusión, lo cierto es que no la hubo, sino que el espíritu de alabanza se hizo oír por toda la tienda como una sola voz"[24].
También M. E. Kellogg compartió su testimonio presencial: "La reunión de alabanza y despedida del domingo por la tarde, una vez terminada la predicación, no se pareció a nada que hubiéramos visto antes. El gran pabellón estaba atestado de hermanos y hermanas, y la práctica totalidad estaban llenos de alabanza a Dios. Los pastores se diseminaron por la congregación, y durante hora y media aproximadamente se habló de forma continua, habiendo muchos que lo hacían puestos en pie al mismo tiempo, siendo la única interrupción un versículo o un canto sagrado que momentáneamente unía las voces y los corazones. Era bueno estar allí. El pastor Loughborough dijo que desde 1844 no había visto nada semejante"[25].
Pero si bien Olsen pudo alegrarse con los resultados del encuentro campestre de Lansing, en su corazón continuaba habiendo una pesada carga: su preocupación por los pastores. Hacia la mitad del encuentro, Olsen describió la situación en una carta escrita a Ellen White: "En lo que respecta a los hermanos, en general están haciendo todo lo que cabría pedirles. Están recibiendo la palabra con el mejor ánimo. No hay en modo alguno la más mínima oposición. Lo que me preocupa es la condición del cuerpo pastoral. Me siento muy apesadumbrado, pues lo cierto es que el pueblo va más avanzado que el ministerio"[26]. La valoración de Olsen fue la misma al terminar las reuniones: "Mi mayor ansiedad se debe al ministerio. En muchos casos, el pueblo está yendo por delante de los pastores". Destacado entre quienes eran especial objeto de preocupación para Olsen estaba Uriah Smith, quien a pesar de vivir cerca "no había estado presente en el encuentro"[27].
Olsen compartió pensamientos similares con S. N. Haskell: "Lo que más me preocupa es que hay algunos de los hermanos dirigentes, especialmente los de Battle Creek, que no están recibiendo los beneficios que el Señor quisiera que reciban del actual derramamiento del Espíritu Santo. Cuánto me gustaría que el pastor Smith y muchos otros estuvieran aquí para participar de este buen encuentro campestre"[28]. Desgraciadamente, fueron muchos de esos líderes prominentes que habían escogido no asistir, los que dictaminaron que esos reavivamientos de 1892 y 1893 no fueron más que fruto de la excitación, el extremismo y el fanatismo[29].
Nota 30: Hoy existen todavía asunciones y actitudes similares. En el artículo de una revista que describe cuál fue el propósito principal al escribir su biografía sobre A. T. Jones[30], George Knight declaró sin rodeos: "He hecho todo lo que he podido para demostrar que Jones fue aberrante de principio a fin… El punto que he procurado comunicar es que durante el período del 'héroe´ Jones, este estuvo acosado por graves defectos de carácter, a pesar de cómo lo apoyó Ellen White"[31].
Adhiriéndose estrictamente a su agenda planeada, Knight no podía perder la oportunidad de intentar desacreditar a Jones, incluso escribiendo sobre el encuentro campestre de Lansing. Comentando sobre el informe de O. A. Olsen relativo a Jones y Prescott llorando de gozo cuando uno de los que hablaba explicaba su creciente experiencia en Cristo, Knight dirige otro ataque para desacreditar a Jones: "El carismático Jones, tal como era de esperar, era muy dado a las expresiones emocionales en religión. Durante el reavivamiento del encuentro campestre de Michigan, por ejemplo, Jones y Prescott lloraron de gozo en la plataforma y alabaron a Dios 'en voz alta por lo que Dios estaba haciendo'"[32].
El pastor Wayne Willey respondió a la biografía de Knight con pensamientos que pueden sernos de ayuda incluso hoy. El pastor Willey califica los escritos de Knight de "polémicos" y "sesgados": "Leyendo el libro de Knight pronto se hizo evidente que él había decidido escribir una biografía 'interpretativa', más bien que 'objetiva'… El controvertido propósito de Knight se hace muy evidente en su empleo profuso de términos cargados de prejuicio, tales como apostasía, anarquía, extremismo y panteísmo. Describe a Jones como siendo un extremista tal, que el lector hará bien en huir de cualquier cosa que lleve su nombre o conlleve la más leve semejanza con las enseñanzas de este. Knight no provee una explicación adecuada de cómo es posible que un tal 'extremista' o 'anarquista' pudiera ser durante quince años uno de los líderes más potentes en el adventismo. Al leer el libro me pregunto si Knight no escribió esta biografía con el propósito de desacreditar a Jones… Un Jones desacreditado limitaría la influencia de quienes hacen del 'mensaje de 1888' -las enseñanzas de Jones y Waggoner durante la década que siguió a la asamblea de la Asociación General de 1888- el estándar de la 'verdad presente'… Si bien hay… información útil en ese libro, tal información se aprecia tan 'sesgada' por la 'interpretación', que suscita cuestiones relativas a su confiabilidad o exactitud como biografía"[33].
Contrariamente a las pretensiones exageradas de Knight en el prefacio ("Una palabra al lector"), su nuevo y polémico libro A. T. Jones: Point Man on Adventism's Charismatic Frontier, no es una revisión de su anterior biografía From 1888 to Apostasy: The Case of A. T. Jones. Su nuevo libro, publicado en 2011 es más bien una reedición de From 1888 to Apostasy, con la agenda añadida de exponer "un aspecto especial prominente del hombre [A. T. Jones]", consistente en descubrir "sus creencias y personalidad carismática" (9). Dicha agenda se echa de ver en el primer capítulo, no mediante el aporte de ninguna evidencia adicional -dado que se trata de virtualmente el mismo material, párrafo a párrafo y casi palabra por palabra-, sino mediante un nuevo título del capítulo. En 1888 to Apostasy, ese capítulo se titulaba: "Jones, el hombre joven" (15); en A. T. Jones: Point Man on Adventism's Charismatic Frontier, se cambia el título de esta forma: "Carismático desde el principio" (17). También los comentarios de Knight relativos al encuentro campestre de Lansing se los encuentra bajo un nuevo título de capítulo: "Énfasis carismático desde el corazón: A. T. Jones en el pináculo del poder", donde Knight se esfuerza en asociar a Jones con el movimiento de la santidad del siglo XIX que tuvo lugar entre los evangélicos, y lo acusa de ser el instigador del movimiento adventista de la carne santa, ocurrido hacia el cambio de siglo. El episodio de Jones y Prescott llorando de alegría, lo interpreta como parte de la evidencia que demostraría esas acusaciones (193). Analizaremos en mayor detalle algunas de las acusaciones de Knight en ese libro -y en mucho mayor detalle- en la serie El retorno de la lluvia tardía.
El fuerte pregón y la justicia de Cristo
Predicando a los muchos miembros de iglesia en el corazón de la obra en Battle Creek a finales de octubre, O. A. Olsen expresó su alegría por los "tiempos de gran refrigerio" en los encuentros veraniegos, y procuró inspirar a sus oyentes con el pensamiento de que había comenzado el fuerte pregón: "Hemos estado por mucho tiempo hablando del fuerte pregón del mensaje del tercer ángel… Bien: ¿ha llegado el momento de que se haga audible ese fuerte pregón? ¿Ha llegado el momento en que debe darse la advertencia con fervor y poder? -Ciertamente ha llegado… Por consiguiente, dejad de esperarlo en el futuro; no lo esperéis en algún lugar lejano; daos cuenta de que está aquí, y de que eso tiene un significado"[34].
Otros expresaron un serio compromiso semejante respecto a la obra que quedaba por hacer, así como confianza en que había comenzado el fuerte pregón. El hermano P. L. Hill, escribiendo desde Nueva Zelanda el 16 de octubre de 1892, reconoció que "el desarrollo que ahora ha adquirido esta obra me induce a pensar que estamos en el fuerte pregón, o ingresando ahora mismo en él"[35]. A. P. Heacock, escribiendo a primeros de noviembre desde el sur -lugar en donde la obra avanzaba lentamente- se alegró "porque Dios, mediante su Espíritu, ha estado con nosotros, e incluso aquí se nos ha permitido sentir y ver algo del goteo de la lluvia tardía."[36]. Habiendo sido bendecido por la predicación de A. T. Jones en los encuentros campestres veraniegos, W. A. Colcord, secretario de la Asociación General, creía sin sombra de duda que el fuerte pregón había comenzado ya"[37].
Finalmente, a finales de noviembre se publicó en la Review un artículo de Ellen White en dos partes relativo a los peligros y privilegios de los últimos días. Entre las advertencias relativas a los esfuerzos de Satanás por aplastar la verdad de la Biblia y su práctica, Ellen White confirmó el comienzo del fuerte pregón y del derramamiento del Espíritu Santo:
Los días en que vivimos están cargados de acontecimientos y están llenos de peligro… Que todo quien crea en la pronta venida del Señor estudie las Escrituras como nunca antes, ya que Satanás está determinado a emplear cualquier posible estratagema para mantener las almas en las tinieblas y cegar las mentes a los peligros de los tiempos en que estamos viviendo… El tiempo de prueba está justo ante nosotros, pues el fuerte pregón del mensaje del tercer ángel ya ha comenzado en la revelación de la justicia de Cristo, el Redentor que perdona los pecados. Ese es el comienzo de la luz del ángel cuya gloria ha de alumbrar toda la tierra.
La obra de todo aquel a quien haya llegado el mensaje de advertencia es elevar a Cristo, presentarlo al mundo tal como es revelado en la tipología, en el bosquejo de los símbolos, tal como se manifiesta en las revelaciones de los profetas, tal como se revela en lecciones dadas a sus discípulos y en los maravillosos milagros realizados en favor de los hijos de los hombres. Escudriñad las Escrituras, porque ellas son las que dan testimonio de él.
Si habéis de prevalecer en el tiempo de angustia, tenéis que conocer a Cristo y apropiaros el don de su justicia, la cual imputa al pecador arrepentido[38].
Uno puede ser capaz de citar del Antiguo y del Nuevo Testamento, puede estar familiarizado con los mandamientos y promesas de la palabra de Dios; pero a menos que el Espíritu Santo interiorice la verdad en el corazón alumbrando la mente con luz divina, ninguna alma caerá sobre la Roca y será quebrantada, ya que es la agencia divina la que conecta el alma con Dios. Sin la iluminación del Espíritu de Dios no seremos capaces de discernir la verdad del error y caeremos ante las tentaciones magistrales y engaños que Satanás traerá al mundo…
Pero aunque el príncipe de las tinieblas obrará para cubrir la tierra con tinieblas y a la gente con gran oscuridad, el Señor manifestará su poder para convertir. Se debe realizar en el corazón una obra similar a la que tuvo lugar en ocasión del derramamiento del Espíritu Santo en los días de los primeros discípulos, cuando predicaban a Jesús y a este crucificado. Muchos se convertirán en un día, ya que el mensaje avanzará con poder…
La obra del Espíritu Santo es inconmensurablemente grande. Es de esa fuente de la que manan poder y eficiencia hacia el obrero de Dios; y el Espíritu Santo es el Consolador, como presencia personal de Cristo en el alma. Quien mira a Cristo con la fe sencilla de un niño, es hecho participante de la naturaleza divina mediante la agencia del Espíritu Santo. Al ser guiado por el Espíritu de Dios, el cristiano puede saber que es hecho completo en Aquel que es la cabeza de todas las cosas. Tal como Cristo fue glorificado en el día de Pentecostés, así lo va a ser en la obra final del evangelio, cuando prepare a un pueblo para resistir en la prueba final, en el conflicto final de la gran controversia…
Así sucedió en el tiempo de la lluvia temprana; pero la lluvia tardía será más abundante. El Salvador de los hombres será glorificado y la tierra será alumbrada con el brillo reluciente de los rayos de su justicia. Él es la fuente de luz, y a través de las puertas abiertas de par en par ha estado brillando luz sobre el pueblo de Dios, a fin de que lo exalten en su glorioso carácter ante los que están asentados en las tinieblas…
¡Ojalá humillemos como pueblo nuestros corazones ante Dios, y le supliquemos por el poder del Espíritu Santo! Si viniéramos con humildad y contrición de alma ante el Señor, él respondería a nuestras peticiones, ya que está más deseoso de darnos el Espíritu Santo que los padres de dar dádivas a sus hijos[39].
Escribiendo en respuesta a la declaración de Ellen White, O. A. Tait informó sobre la creciente convicción relativa a la obra que quedaba por hacer bajo el fuerte pregón, bajo el derramamiento del Espíritu Santo: "Actualmente parece descansar sobre los hermanos la fuerte impresión de que hemos alcanzado una crisis importante en la historia del mensaje, y que cada uno que esté ahora conectado con Cristo sentirá la preocupación de obrar por las almas… Hermanos y hermanas, el mensaje está creciendo, y la Review de la pasada semana nos informa en lenguaje inconfundible de que el 'fuerte pregón' ya ha comenzado. En testimonios recientes se nos dice asimismo que el Espíritu Santo 'aguarda nuestra demanda y recepción'. ¿Quién es incapaz de ver que la lluvia tardía está a punto de ser derramada sobre nosotros en gran medida? ¿Estamos preparados para recibirla?[40].
O. A. Tait no sólo se refirió al reciente artículo de Ellen White en la Review, que afirmaba que ya había comenzado el fuerte pregón, sino también a "testimonios recientes" que especificaban que el Espíritu Santo "aguarda nuestra demanda y recepción". Tait se estaba evidentemente refiriendo a un folleto reciente que O. A. Olsen había compilado, en el que citaba declaraciones de Ellen White que anteriormente no se habían publicado. Bajo el encabezamiento: "El poder del Espíritu Santo aguarda nuestra demanda y recepción", se citaba el siguiente Testimonio:
Precisamente antes que Jesús dejara a sus discípulos para ir a las mansiones celestiales, los animó con la promesa del Espíritu Santo. Esta promesa nos pertenece a nosotros tanto como a ellos, y sin embargo, ¡cuán raramente se presenta ante el pueblo o se habla de su recepción en la iglesia! Como consecuencia del silencio sobre este importantísimo asunto, ¿acerca de qué promesa sabemos menos, por su cumplimiento real, que acerca de esta rica promesa del don del Espíritu Santo, mediante el cual será eficaz toda nuestra labor espiritual? La promesa del Espíritu Santo es mencionada por casualidad en nuestros discursos, es tocada en forma incidental, y eso es todo. Se han presentado detenidamente las profecías, se han expuesto las doctrinas; pero lo que es esencial para la iglesia a fin de que crezca en fortaleza y eficiencia espiritual, para que la predicación sea acompañada por la convicción y las almas sean convertidas a Dios, ha sido mayormente excluido del esfuerzo ministerial. Este tema ha sido puesto a un lado, como si se hubiera reservado algún tiempo futuro para su consideración. Se han presentado ante nuestro pueblo otras bendiciones y privilegios hasta despertar en la iglesia el deseo de conseguir la bendición prometida por Dios; pero ha quedado la impresión de que el don del Espíritu Santo no es para la iglesia ahora, sino que en algún tiempo futuro será necesario que la iglesia lo reciba. Esta bendición prometida, reclamada por la fe, traería todas las demás bendiciones en su estela, y ha de ser dada liberalmente al pueblo de Dios…
La iglesia se ha contentando por mucho tiempo con una medida escasa de la bendición de Dios; no ha sentido la necesidad de reclamar los elevados privilegios comprados para ella a un costo infinito… El poder de Dios aguarda su demanda y recepción[41].
Nota 38: Pero no fue solamente ese folleto recientemente publicado el que expresó el pensamiento de que el Espíritu Santo aguardaba "su demanda y recepción". Un artículo publicado en la Review sólo una semana antes de la bien conocida declaración de Ellen White del 22 de noviembre, expresaba pensamientos similares:
"El tema que Cristo decidió abordar en su último discurso a los discípulos fue el del oficio del Espíritu Santo. Abrió ante ellos un amplio campo de verdad. Debían recibir sus palabras por la fe, y el Consolador, el Espíritu Santo, haría que recordaran todas las cosas. El consuelo que Cristo daba en su promesa, radicaba en el hecho de que la influencia divina estaría hasta el fin con sus seguidores. Pero hoy no se acepta ni cree dicha promesa, y en consecuencia no se la aprecia ni se ve su cumplimiento en la experiencia de la iglesia. La promesa del don del Espíritu de Dios se deja como no mereciendo sino una pequeña consideración por parte de la iglesia. No se impresiona a las personas con ella, y el resultado no es otro que el que cabía esperar: la sequía espiritual, las tinieblas espirituales, el declive espiritual y la muerte. La mente y el alma se ocupan con asuntos menores, pero falta el poder divino que es necesario para el crecimiento y prosperidad de la iglesia, que en caso de poseerlo trae con él todas las demás bendiciones, sin embargo, se nos ofrece en plenitud infinita. Por tanto tiempo como las iglesias se conformen con cosas pequeñas, están descalificadas para recibir las grandes cosas de Dios. Pero ¿por qué no tenemos hambre y sed del don del Espíritu Santo, dado que es el medio por el que se puede mantener puro el corazón? El Señor ha dispuesto que el poder divino coopere con el esfuerzo humano. Es totalmente esencial que el cristiano comprenda el significado de la promesa del Espíritu Santo justamente antes de la segunda venida de nuestro Señor Jesús. Hablad de él, orad por él, predicad acerca de él, pues el Señor está más dispuesto a dar el Espíritu Santo que los padres a dar regalos a sus hijos. 'De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna'.
Estamos viviendo en los últimos días, cuando se acepta y cree el error del carácter más engañoso, mientras que se descarta la verdad. El Señor tendrá a ambos, pastores y pueblo, por responsables de la de luz que brilla en nuestro día. Dios llama a todos los que hacen profesión de creer la verdad presente a que obren diligentemente en atesorar las preciosas joyas de la verdad, colocándolas en su lugar en el marco del evangelio. Que brillen en toda su divina belleza y hermosura a fin de que la luz se abra camino en medio de las tinieblas morales. Eso no se puede cumplir sino con la ayuda del Espíritu Santo; pero con su ayuda podemos hacer todas las cosas. Cuando estamos poseídos por el Espíritu Santo, nos aferramos por la fe al poder infinito"[42].
El hecho de que los adventistas creyeron de forma general que el fuerte pregón es el efecto inmediato de la lluvia tardía, los llevó lógicamente a creer que si había comenzado el fuerte pregón, la inseparable lluvia tardía debía haberlo hecho también. Pero como sucede con el amanecer, su comienzo no resiste la comparación con la plenitud, y de ahí el consejo de buscar su derramamiento pleno.
Basado en el estudio de la Biblia, en la investigación histórica, en los testimonios de Ellen White de los cuatro años precedentes, en los eventos mundiales que se aceleraron en el mismo período y en la propia convicción creciente de muchos de sus hermanos, A. T. Jones había llegado a las mismas conclusiones. Después del artículo de Ellen White del 22 de noviembre en la Review confirmando lo que ellos ya sospechaban, Jones predicó "dos discursos conmovedores y provechosos" a una audiencia desbordante en el tabernáculo de Battle Creek. "La primera versó sobre la 'lluvia tardía' (Zac 10:1), mostrando que, dado que 'el fuerte pregón del tercer ángel ya ha comenzado', tal como afirmó la hermana White en su artículo de la última semana en la Review, ha llegado 'el tiempo de la lluvia tardía', y es ahora el deber y privilegio de la iglesia pedir al Señor lluvia en este tiempo, y él formará nubes brillantes y derramará lluvias copiosas de bendiciones espirituales que está esperando enviar sobre su pueblo. El segundo discurso trató sobre 'la justicia de Cristo' que el cristiano asegura mediante la fe en él"[43].
Tal como habían enseñado la Biblia, el Espíritu de Profecía y otros pioneros adventistas, el fuerte pregón y la lluvia tardía estuvieron inseparablemente unidos, y Jones los presentó correctamente de esa forma, unidos al mensaje de la justicia por la fe.
Nota 40: En un evidente nuevo intento por desacreditar a A. T. Jones y minimizar el significado de los eventos de 1892-1893, George Knight plantea la pregunta: "¿Hay en los escritos de Ellen White, tal como aparece en las publicaciones de algunos adventistas, una conexión sólida entre la justicia por la fe y los eventos finales?... Según la extensa investigación doctoral de Ralph Neal, la declaración sobre el fuerte pregón hecha en 1892 es la única ocasión en los escritos posteriores a 1888 en la que 'se refirió a la justicia por la fe… en conexión con los eventos finales". Knight continúa afirmando que "estamos una vez más ante un caso en el que algunos de los intérpretes de Ellen White con interés en el mensaje de 1888, influenciados por las presentaciones de los extraviados Jones y Prescott… han desarrollado un énfasis que no está presente en los escritos de ella, pero que sí armoniza con la propia agenda de ellos"[44].
Respecto a la conexión que hace Jones entre la lluvia tardía y el fuerte pregón, Knight afirma: "Proyectar en la cita [de Ellen White] conceptos pertenecientes a la lluvia tardía y retomarlo como un texto central en la historia adventista es ir más allá de los hechos en ambos sentidos: del propio pasaje, y de todo el cuerpo de sus escritos. Es cierto que A. T. Jones recurrió mucho a esa declaración sobre el fuerte pregón, pero eso no implica que estuviera en lo correcto". En otro lugar Knight alega que la declaración de Ellen White del 22 de noviembre [de 1892] fue magnificada de forma "enormemente desproporcionada en la excitación de aquellos tiempos" por parte de Jones y Waggoner[45]. Lo cierto es que la comprensión de Jones y de decenas de otros adventistas sobre el fuerte pregón y la lluvia tardía no se basó solamente en esa declaración del 22 de noviembre. Ellen White no hizo sino confirmar lo que muchos creían y estaban enseñando ya, A. T. Jones incluido.
George Knight da su peculiar interpretación a la declaración de Ellen White del 22 de noviembre, pretendiendo que el fuerte pregón constituye simplemente los distintivos adventistas -la ley, el sábado, etc- junto con el mensaje del evangelio de 1888, que resulta ser simplemente "verdades del cristianismo evangélico"[46]. En otro lugar Knight insiste en que "el concepto de justificación por la fe -de la predicación de Jones y Waggoner- con el que [Ellen White] estuvo de acuerdo" "es el mismo que enseñan los evangélicos"[47], y en definitiva, "lo que enseñaban los predicadores de la santidad"[48]. Según Knight, los adventistas aceptaron ese mensaje evangélico, pero siguen esperando la "lluvia tardía del poder del Espíritu Santo" 120 años después[49]. Es virtualmente imposible encontrar a un solo pionero adventista que dejara de ver la conexión inseparable entre la lluvia tardía y el fuerte pregón de la forma en que la vio Jones, y que en su lugar aceptara las propuestas actuales que George Knight ha venido enseñando por más de treinta años.
Un día después de publicarse el artículo del 22 de noviembre en la Review, Ellen White escribió una carta muy ferviente al presidente O. A. Olsen, referida primariamente al ministerio. La ilustración de las diez vírgenes era un símbolo apropiado para aquel tiempo. Escribió: "Cinco de ellas fueron sabias y cinco necias. La gran verdad bíblica es vivificante, y si se la practica, hará a los hombres sabios para salvación; pero la aceptación del Espíritu Santo no es percibida como una necesidad positiva". Muchos en el ministerio se habían beneficiado de los privilegios de las asambleas pastorales en los pocos años precedentes, sin embargo no habían absorbido la verdad, y en consecuencia no podían darla a otros: "Algunos la alaban como si fuese un caballo o una vaca que estuvieran inspeccionando para su posible compra si las condiciones les satisfacen. Es necesario llevar la verdad a la experiencia de la propia vida, de forma que el poder del Espíritu Santo more permanentemente, santificando el alma día tras día y preparando, moldeando y perfilando el carácter según el modelo divino". Los hombres se sentían satisfechos llevando sus propias vestimentas seculares, en lugar de "la vestidura de la justicia de Cristo, un don gratuito que se da a todos", y mediante ese acto no podían haber ofendido a Jesús de una forma más marcada:
Pero es esencial que la gran y magna verdad: la impartición del Espíritu Santo, entre en contacto e impregne las cosas pequeñas y aporte la poderosa motivación de la santidad, delineando en términos claros los principios amplios reguladores del carácter y la conducta cotidiana, revelando a Cristo al mundo… A menos que el Espíritu Santo esté con el obrero, sus esfuerzos resultarán vanos. ¿Acaso no hemos tenido las verdades más ennoblecedoras y elevadoras? ¿Qué más podríamos tener, que no hayamos tenido? Y se nos presentan de la forma más simple, a fin de que los más ignorantes e indoctos puedan comprenderlas…
El perdón de los pecados, las iniquidades y las transgresiones pertenecen a este tiempo en un sentido especial. Estamos en el día antitípico de la expiación y toda alma debiera estar ahora humillándose ante Dios, procurando el perdón de sus transgresiones y pecados, y aceptando la gracia justificadora de Cristo;… ¡Qué verdades poseemos! Llenas de poder, y no es posible controvertir esas doctrinas de la Biblia. No hay verdad en el cielo o en la tierra capaz de afectar a ciertas personas, aunque se la pudiera presentar con todo el poder y con pureza y hermosura incomparables, debido a que el corazón no quiere llevar a la práctica esos sentimientos santos. La verdad que hemos desplegado ante nosotros en estos pocos años recientes es inmensa en su importancia, alcanza hasta el cielo e implica la eternidad".
Nota 41: Fred Bischoff ha rastreado la frase "alcanza hasta el cielo e implica la eternidad", señalando que es la "madre" o fuente de treinta declaraciones similares hechas entre 1892 y 1913: "En una carta de 1892, Ellen White empleó términos expansivos de espacio y tiempo para describir la magnitud de las verdades que Dios nos dio. Esa carta está claramente enraizada en la luz venida en los años que rodearon Minneapolis. Ellen White continuó empleando términos descriptivos similares en los siguientes veinte años, para referirse a los principios de la palabra de Dios". Se puede consultar la investigación del Dr. Bischoff sobre esa expresión de Ellen White en www.scripturefirst.net
Satanás y su confederación del mal han hecho todo esfuerzo por encubrir, por confundir las mentes a fin de dejar sin efecto las preciosas y gloriosas verdades de la palabra de Dios. Estamos viviendo en tiempos singularmente solemnes, y en el tiempo mismo en que el pueblo de Dios debiera estar despierto, siendo que muchos están dormidos o espiritualmente muertos …
Estamos ahora en la misma frontera de la Canaán celestial. Conocéis el caso del antiguo Israel. Satanás obró con sus tentaciones mediante sus agentes, y el libertinaje hizo incursión en el campamento con actitud osada y desafiante. Sólo los castigos más severos lograron poner fin al decidido avance de la impureza y el crimen. Pues bien, nosotros estamos ahora en la frontera de la Canaán celestial, y quienes no aprovechan todas las ventajas, toda la luz y las evidencias de la verdad que brilla ante ellos como pueblo, los que no están purificando sus corazones al vivir a la altura de tales ventajas, son como los habitantes de Sodoma y como el mundo antediluviano. Están caminando según la imaginación de sus propios corazones. ¡Qué culpabilidad recae sobre quienes toman esa elección!...
Oh, ¿por qué se demoran? ¿Por qué no aferrarse ahora, sin la más mínima demora? ¿Por qué no los aterroriza el temor a que sea demasiado tarde para ellos [y sean hallados] sin el aceite necesario para sus lámparas?... El final está cerca. Estamos en la frontera misma del mundo eterno, ¡cuánta tardanza, cuánta dilación en asegurarse el aceite de la gracia para llenar las lámparas que se están apagando! Dios asista a los pecadores en Sión[50].
En consecuencia, aunque el fuerte pregón había comenzado a resultas del derramamiento del comienzo de la lluvia tardía, Satanás estaba procurando que el pueblo de Dios se volviera atrás desde la misma frontera con Canaán. Su medio más efectivo fue obrando a través de algunos en el ministerio. Pero una vez más, Dios procuraría de toda forma posible alcanzar a su pueblo.
Notas: