En el otoño de 1892, el presidente del colegio de Battle Creek, W. W. Prescott, se reunió con su facultad por primera vez antes de iniciarse el año lectivo. Basado en el desarrollo de los recientes movimientos de la ley dominical en Estados Unidos y en la consecuente intensificación del mensaje adventista durante el verano precedente, la facultad sintió "que había llegado el tiempo en el que debía producirse un cambio en nuestra obra". Ahora parecía que "un nuevo poder asistiría a cada rama de la obra", y ese cambio "debía ser tan manifiesto en la obra educativa como en cualquier otra línea". Asuntos que en los años anteriores habían merecido gran atención, pasaban ahora a ocupar un lugar menos relevante, y finalmente comenzaron a presentar ante la comunidad de estudiantes la situación de los eventos mundiales y su "necesidad especial a la vista de tales acontecimientos". Se aprovechó de la mejor forma posible toda oportunidad para la consecución de tales fines, pero como suele suceder, el diablo emplearía cualquier medio para hacer descarrilar esas nobles aspiraciones.
Las cosas continuaron así hasta mediados de noviembre -antes del artículo de Ellen White del 22 de noviembre en la Review-, tras lo cual se llamó a Prescott para que participara en la dedicación de los seminarios Union College y Walla Walla. No obstante, antes de ir, Prescott dijo a la facultad "que quedaba una labor por hacer antes que llegara la semana de oración [del 17 al 24 de diciembre]; de lo contrario, el colegio quedaría en gran medida privado de la bendición que Dios había dispuesto para aquella ocasión". Se hizo un decidido esfuerzo "por buscar a Dios en procura de su bendición especial, a fin de que su obra se llevara de forma que respondiera a la mente del Espíritu". Como sucede siempre en esos casos, el enemigo pareció esforzarse en crear conflicto en el colegio[1].
El día de acción de gracias, dos parejas jóvenes -uno de sus miembros varones era sobrino de Prescott- trazaron planes para darse un paseo clandestino en trineo sin permiso ni supervisión. Faltando sólo dos semanas para la semana de oración y por temor a afectar la moral de los estudiantes, la facultad decidió demorar la acción y orar pidiendo consejo, con el sentimiento de que "se avecinaba una crisis y había una necesidad especial de ayuda de parte de Dios". El cuerpo estudiantil se sorprendió. Dos días después de la decisión facultativa, los dos varones implicados, sin haberse consultado entre ellos, acudieron a distintos facultativos en busca de consejo. Ambos dieron su corazón al Señor aquella tarde[2]. Prescott describiría más tarde lo sucedido en estos términos:
Si bien el hecho era desconocido para los otros estudiantes en aquel momento, parecía constituir una señal que invitaba a un cambio general. Durante la hora de estudio vespertino, estando en sus respectivas habitaciones, a los estudiantes pareció moverles un espíritu al que no se pudieron resistir, de forma que salieron de sus habitaciones en busca de ayuda. Algunos experimentaron por un tiempo una gran angustia mental. Los profesores que estaban disponibles se pusieron inmediatamente a la labor de ayudar a quienes lo solicitaban, y durante varias horas no hubo nada más que ocupara la atención de profesores y estudiantes. Sin ninguna planificación previa se formaron reuniones de alabanza en habitaciones privadas y en el salón, y uno tras otro se entregaron a los impulsos del Espíritu.
Hubo algunos casos de un marcado interés. Los estudiantes… llegaron a una profunda convicción de pecado, y aceptaron gozosos la ayuda ofrecida mediante el perdón de sus pecados y la paz que deriva de creer en Cristo como su Salvador personal. Aquella obra continuó hasta la media noche, y terminó con cantos elevados de todo corazón[3].
El siguiente día llegó una carta de Ellen White destinada a W. W. Prescott. No estando presente su esposo, la señora Prescott decidió leer porciones de la carta al cuerpo de estudiantes, en el servicio que tenían en la capilla el día siguiente. Algunas frases parecían encapsular poderosamente el evangelio: el cristiano estaría "satisfecho recibiendo sin merecerlo", escribió Ellen White; el amor eterno de Dios era un "don gratuito y eterno"[4].
Nota 4: No hay certeza respecto a qué cartas recibió la Sra. Prescott, pero en una carta posterior el profesor Prescott menciona que el material se escribió el 26 de octubre de 1892. Si es que se trata de una carta dirigida solamente a Prescott, a día de hoy no se conserva. La única carta que se conoce de esa fecha, que hubiera podido ir dirigida también a él, tenía por destinatario a O. A. Olsen, presidente de la Asociación General: es la Carta 19e, 1892.
Las palabras leídas cautivaron los corazones de los jóvenes con maravilloso poder. A la facultad le pareció evidente que estaba pendiente de realizarse una obra mejor que las clases de formación académica, y decidió continuar con las reuniones de contenido religioso, cosa que hicieron por cuatro horas. Durante ese tiempo, "hubo entre cuarenta y cincuenta que dieron prácticamente sus primeros pasos en la vida cristiana". De los 350 estudiantes que había en la capilla, unos 300 participaron en la reunión, estando "cincuenta o más de ellos a la vez de pie". A la conclusión, la práctica totalidad del cuerpo de estudiantes se sintió apelado, lo que resultó en treinta bautismos. No obstante -puntualizó W. W. Prescott- "no hubo excitación, sino que se evidenciaron claramente los profundos impulsos del Espíritu de Dios"[5].
El reavivamiento se propagó desde el colegio a la comunidad de Battle Creek, a través de los estudiantes que compartían su nueva experiencia.
W. A. Spicer informó así: "Ha tomado posesión de los creyentes un espíritu de búsqueda del Señor para el derramamiento de su Espíritu Santo", especialmente en el colegio y en la oficina de la Review". Expresó su esperanza de que "todos pudieran experimentar algo de los goteos de la bendita lluvia tardía. Está 'aguardando nuestra demanda y recepción'"[6].
La Review destacó que "la obra no fue el resultado de ningún esfuerzo particular enfocado al reavivamiento, sino que pareció surgir en los lugares y en los corazones donde menos se habría esperado" a medida que las personas comprendían "el rápido cumplimiento de la profecía en nuestro país, y la evidencia de que había llegado el tiempo de dar el fuerte pregón"[7]. Se evidenció también que "esa misma obra está avanzando en otros lugares del campo, especialmente en Michigan. El refrigerio no ha de estar confinado a ninguna localidad"[8].
W. A. Colcord informó que el Señor había "estado bendiciendo maravillosamente a su pueblo", y que "la misma buena obra parece estar brotando y extendiéndose en otros lugares". Citando una carta escrita referente a las reuniones que se hicieron en Graysville, Tennessee, a comienzos de diciembre, el pastor J. W. Scoles dio testimonio de las bendiciones que recibieron jóvenes y mayores: "No puedo ponerme a describirlas, sólo diré que me parecieron lo más próximo a mi idea sobre el Pentecostés que cualquier otra cosa que haya experimentado jamás. No hubo el más mínimo espíritu de fanatismo, tampoco excitación, sino que parecía que pasara sobre y a través de toda la congregación una oleada tras otra de la gloria y el poder del Espíritu de Dios"[9].
W. C. Wilcox compartió la carta de un estudiante de 15 años que se había convertido justamente en aquellas reuniones. Escribiendo a casa tras aquella experiencia, compartió las buenas nuevas: "Padre, he entregado mi corazón al Señor… ¡Cuán agradecido me siento!... Sé que el Espíritu de Dios obró con poder el pasado sábado [10 de diciembre de 1892]. La lluvia tardía está aquí, y hemos tenido algo de ella en Graysville"[10].
Continuaron llegando otros informes procedentes de varios estados, así como de otros lugares en el mundo. H. W. Reed habló sobre reuniones que tuvieron lugar en el mismo tiempo, en Springville, Tennessee: "El poder y la gloria de Dios fueron mayores de lo que jamás hubiera percibido con anterioridad", proclamó. "La última parte de la reunión fue extremadamente gloriosa y continuó hasta bien entrada la noche. Ciertamente tuvimos algo de la lluvia tardía en aquella buena asamblea"[11]. M. C. Wilcox compartió informes desde tan lejos como Constantinopla, mostrando "la forma en que Dios está obrando en favor de su pueblo, y cómo está siendo derramado sobre su pueblo el Espíritu del Señor. 'Pedid a Jehová lluvia en la estación tardía…' Zac 10:1"[12].
Esa coyuntura no significó el final del reavivamiento, que continuó fortaleciéndose durante la semana de oración que se hizo del 17 al 24 de diciembre. Durante la misma se compartieron presentaciones vespertinas en las iglesias adventistas en todo el campo. Escribiendo pocos días antes que comenzara, O. A. Olsen advirtió a los miembros en todo lugar, a "que pusieran un esmero especial en reunirse, siempre que fuera posible, con la iglesia o compañía de guardadores del sábado más próxima durante ese período especial. Esperamos que en este tiempo sean derramadas sobre nuestro pueblo grandes bendiciones del Señor"[13].
En la noche en que se inició la semana de oración se compartió con el adventismo en todo el mundo la presentación de O. A. Olsen que se había escrito antes de noviembre[14]. En ella se llamó la atención de todos a los "últimos encuentros campestres y a otros encuentros generales" que aportaron la "evidencia de que el mensaje está creciendo, que está a punto de avanzar con poder, y que la tierra pronto va a ser alumbrada por su gloria". En consecuencia, "debían procurar y esperar el derramamiento del Espíritu Santo de Dios"[15].
Nota 15: El citado es uno de los numerosos ejemplos que demuestra la percepción reinante de haber llegado el tiempo del fuerte pregón y del comienzo de la lluvia tardía, antes de publicarse el artículo de Ellen White el 22 de noviembre en la Review.
Al acercarse el final de la semana de oración, el Colegio de Battle Creek hizo la última reunión en la capilla antes de la pausa invernal. Durante la sesión matinal de oración, W. W. Prescott, quien había regresado ya al campus tras sus viajes por el Este, sintió una profunda convicción de que debía hacer una confesión por algunos asuntos en el pasado. Teniéndose ante el cuerpo de los estudiantes, Prescott leyó una porción de un Testimonio recibido recientemente: "Rompiendo a llorar, incluso mientras leía, el concienzudo Prescott confesó con franqueza su pasada timidez en responder a la 'nueva luz': la justicia por la fe"[16]. Aunque un año antes se había arrepentido por no haber aceptado decididamente el mensaje de Minneapolis, ahora se sintió movido a profundizar en su arrepentimiento[17].
Prescott declaró posteriormente que jamás había conocido una experiencia similar: "Parecía descansar sobre todo corazón un sentimiento tal de nuestra rematada pecaminosidad, de nuestra situación desgraciada y de la inmensa pecaminosidad del pecado, así como de nuestra necesidad de esa ayuda que viene al aceptar a Cristo y su plenitud. Personalmente nunca he conocido un horror de pecado como el que se posesionó de mí en aquella ocasión, y otros tuvieron el mismo sentimiento". Como resultado de la emotiva confesión de Prescott los estudiantes se conmovieron de nuevo y "aunque estaba previsto que las vacaciones comenzaran aquel mediodía, la reunión continuó hasta las seis de la tarde". Hubo confesiones por parte de profesores y estudiantes "y el Espíritu de Dios estuvo presente para dar testimonio del carácter de la obra". Tras un descanso de hora y media se "reanudaron las confesiones y testimonios, terminando finalmente a las diez y cuarto de la noche". Una vez más, Prescott fue categórico en que "no hubo nada semejante a un brote de fanatismo o cosa alguna que pudiera traer oprobio a la causa de Dios. Todos lo reconocieron como la obra del Espíritu, quien seguía siendo el Consolador mientras convencía de pecado"[18].
Después de la semana de oración, Prescott escribió un informe sobre todos los eventos que habían tenido lugar en el colegio, y lo compartió, no sólo con el equipo del colegio y de la facultad de Battle Creek, sino con educadores por todo el país. Prescott envió copia a Ellen White -que estaba en Australia-, expresando alegría por los tiempos providenciales de refrigerio: "Oímos informes procedentes de todos los sitios, indicando que Dios está obrando en favor de su pueblo de un modo muy especial. Estamos cobrando nuevas fuerzas, y oramos diariamente por la lluvia en la estación tardía"[19].
También Olsen escribió a Ellen White, informándole de cómo el Señor había estado obrando en Battle Creek "de un modo como jamás antes había visto. Un gran número de jóvenes se han vuelto al Señor y se han convertido en la oficina de la Review, en el Sanatorio y en el Colegio". Lo mismo que Prescott, Olsen fue contundente al afirmar que "no ha habido ninguna particular excitación, sino una obra ferviente y profunda. También la iglesia ha resultado grandemente edificada y animada. La semana de oración fue un tiempo precioso"[20].
Otros mantuvieron el mismo punto de vista. M. E. Kellogg escribió que creía que la influencia de la semana de oración, "con sus gotas de la lluvia tardía" se extendería "a los corazones y hogares de muchos que leyeran y oyeran sobre ella, hasta que se derramara en abundantes aguaceros sobre otros que de igual forma estuvieran preparados para ella"[21]. La Srta. Pebbles declaró que "hoy" había habido "alegría en el cielo entre los ángeles" por aquellos que fueron libertados del pecado. "Las notas finales del último mensaje de misericordia están sonando incluso ahora en la tierra", exclamó; "están cayendo más aguaceros copiosos de lluvia tardía"[22].
Una vez más la lluvia tardía no estuvo limitada a los que estaban en Battle Creek. R. C. Porter, compartiendo información relativa a su obra en los estados de Nueva Inglaterra, declaró que "el Señor se acercó mucho y todos los corazones participaron del refrigerio. El Señor está moviendo los corazones por todo el mundo. Comienzan a verse gotas del refrigerio de la lluvia tardía que hemos estado esperando. El mensaje comienza a crecer hasta convertirse en un fuerte pregón. Ahora es el momento de despertar del sueño"[23]. No obstante, escribiendo acerca de las reuniones de la semana de oración en la academia de South Lancaster, Porter fue también claro en que "no hubo excitación, sino que el Espíritu Santo estaba obrando eficazmente en respuesta a las oraciones de fe que ascendían de corazones creyentes. Casi todos los estudiantes dieron al Señor su corazón… Era realmente bueno encontrase allí, y cuando el tierno Espíritu de Cristo cayó sobre su pueblo, todos los corazones resultaron reconfortados, y fluyeron alabanza y gratitud de regreso al Dador de todos los bienes, a partir de corazones que se alegraban con un gozo que era indescriptible y estaba lleno de gloria"[24].
W. S. Lowry reconoció, en las reuniones de la semana de oración en Springville, Tennessee, que "nunca antes había presenciado un derramamiento del Espíritu Santo tal como el que tuvimos durante todo el tiempo de las reuniones". Las reuniones de oración que siguieron cada noche mejoraron continuamente, y nuca había visto "una libertad tan grande como la manifestada por todos los presentes. Se hicieron confesiones y se reavivaron las almas"[25].
Escribiendo desde Kalamazoo, Michigan, J. L. Edgar alabó al Señor porque "el tiempo del refrigerio ciertamente ha llegado, y las gotas de la lluvia tardía están cayendo sobre su pueblo". Según su informe, hubo "muy poca excitación"; más bien hubo "un sentido solemne de nuestra necesidad de buscar a Dios". J. W. Collie escribió acerca del resultado de la semana de oración en Owatonna, Minnesota, atestiguando del hecho de que "Dios envió lluvia en el tiempo de la lluvia tardía… Los padres y las madres dieron sus hijos al Señor, y los hijos se dedicaron ellos mismos a Dios"[26].
Una vez más, aquellos maravillosos eventos no quedaron confinados sólo a Estados Unidos. El pastor e instructor bíblico G. B. Starr informó desde Australia, donde Ellen White, A. G. Daniells y muchos otros obreros asistieron a las reuniones de la semana de oración, y después a la asamblea anual de la Asociación Australiana. En Melbourne "hubo buena asistencia, y vino luz y bendición a nuestras reuniones", recordó Starr. "Experimentamos las delicadas y preciosas influencias del Espíritu Santo"[27]. A. G. Daniells describió cómo Ellen White habló en varias ocasiones durante la semana, y el sábado "habló con mucho poder sobre los deberes del tiempo actual… Se elevaron fervientes oraciones al Señor en procura de 'lluvia en la estación tardía'. Aquellas peticiones fueron oídas, y vino sobre nosotros mucho de la bendición de Dios"[28]. Por aquel tiempo G. B. Starr escribió a A. T. Jones informándole de que "la hermana White afirma que hemos estado en el tiempo de la lluvia tardía desde la asamblea de Minneapolis"[29].
Nota 29: No obstante, George Knight, procurando refutar los eventos genuinos de 1892 y 1893, sugiere que son el resultado meramente de la excitación, extremismo y fanatismo creados por A. T. Jones y W. W. Prescott. Responde así al informe de G. B. Starr desde Australia: "Lo primero a destacar es que no fue Ellen White quien dijo que la lluvia tardía hubiera comenzado con la predicación del mensaje de la justicia de Cristo en Minneapolis. Ella dijo claramente que era el fuerte pregón. La conclusión de la lluvia tardía corresponde a hombres como Jones, Prescott y G. B. Starr. Esa interpretación fue favorecida por una confusión conceptual entre los dos términos, que es todavía prevalente entre los adventistas. Cuando Starr y otros leyeron u oyeron que la Sra. White dijo que el 'fuerte pregón' había comenzado en 1888, sustituyeron automáticamente 'lluvia tardía' como sinónimo. No fue Ellen White quien hizo la sustitución, sino sus intérpretes"[30].
Knight sostiene pretensiones similares en otros lugares: "¿Afirmó Ellen White que la lluvia tardía hubiera comenzado, sea en 1888 o alrededor de la asamblea de la Asociación General de 1893? ¡No, que nosotros sepamos en el registro de sus escritos! Por otra parte, ciertos predicadores, entre ellos A. T. Jones, G. B. Starr y W. W. Prescott transformaron la declaración que ella hizo en noviembre de 1892 de haber comenzado el fuerte pregón, en la idea de que había comenzado la lluvia tardía"[31]. Y sobre Jones y Prescott, Knight continúa diciendo: "Debemos enfatizar de nuevo que ni Jones ni Prescott eran guías totalmente confiables en asuntos del Espíritu Santo en el tiempo de las reuniones de 1893"[32].
Pero no hay razón para dudar acerca de lo que G. B. Starr informó como siendo una declaración verbal de Ellen White, puesto que fue por la propia disposición de Dios como estuvo trabajando con ella en Australia, y el carácter de su labor no da pie a cuestionar su veracidad. Por otra parte, la propia Ellen White confirmaría en publicaciones posteriores la validez de la declaración de Starr. Consideraremos en mayor detalle ese punto, en capítulos sucesivos de este libro. Por ahora baste citar que, mientras que Knight cuestiona la declaración de Starr sin prueba alguna en su contra, él mismo cita profusamente a Dan Jones como si fuera una autoridad a propósito de la posición de Ellen White sobre los pactos, contrariamente a las claras afirmaciones de ella misma al respecto[33]. Por cierto: las declaraciones de Dan Jones que Knight cita como siendo una fuente fidedigna, las hizo mientras Ellen White escribía de él que estaba "obrando… para el diablo"[34] y "no creía en los testimonios"[35]. Ellen White jamás escribió algo semejante de G. B. Starr. Para mayor información relativa a cómo se relacionó Dan Jones con el mensaje y los mensajeros, así como del uso que hace Knight de Dan Jones, ver: Ron Duffield, El retorno de la lluvia tardía, vol. 1, capítulo 15, especialmente Nota 60.
Tal anuncio no haría más que confirmar la misma conclusión a la que habían llegado muchos otros, incluido A. T. Jones.
Por desgracia, no todos se alegraron con el derramamiento del Espíritu Santo, ni estuvieron de acuerdo con las muchas declaraciones hechas a propósito de que habían comenzado el fuerte pregón y la lluvia tardía, que trajeron aquel reavivamiento y reforma a tantas vidas. Algunos de esos mismos "hermanos dirigentes" de Battle Creek -que habían decidido no asistir al encuentro campestre de Michigan varios meses antes y que no se beneficiaron del "derramamiento de su Espíritu"- decidieron ahora que el reavivamiento en Battle Creek era el resultado de la excitación, el extremismo y el fanatismo[36]. El historiador moderno Gilbert Valentine señala que "en el tiempo del reavivamiento de los estudiantes en el colegio de Battle Creek en diciembre de 1892, había, no obstante, un alto grado de alienación entre los dirigentes eclesiásticos. El reavivamiento en el colegio, que alcanzó proporciones dramáticas y resultó en treinta bautismos, fue etiquetado de mera excitación por parte de U. Smith y otros. Eso tuvo un efecto amortiguador en la obra"[37].
J. H. Kellogg, quien tenía entre sesenta y setenta trabajadores del sanatorio asistiendo al colegio, lo consideró meramente como "un tiempo muy excitante y sensacional". "No animó a un esfuerzo similar" en el sanatorio, debido a que "nunca había visto buenos resultados en ese tipo de obra"[38].
Tal como había hecho ya tras el encuentro campestre de Lansing, Michigan, O. A. Olsen informó con tristeza a Ellen White acerca de lo que él habría deseado ver por encima de todo en las labores de reavivamiento y reforma en el corazón de la obra: "Un mayor interés por parte de los hombres en posiciones de responsabilidad"[39]. Pero sería Ellen White quien explicara las razones de tal desinterés. En un artículo que se publicó el 13 de diciembre de 1892, expresó el temible resultado de rechazar la luz:
En el tiempo del fuerte pregón del tercer ángel, aquellos que han estado en cierta medida cegados por el enemigo, que no se han recuperado de la trampa de Satanás, estarán en peligro, ya que para ellos será difícil discernir la luz del cielo y estarán inclinados a aceptar la falsedad. Su experiencia errónea afectará a sus pensamientos, decisiones, propuestas y consejos. Las evidencias que Dios ha dado no serán evidencias para aquellos que han cegado sus ojos al elegir las tinieblas en lugar de la luz. Tras haber rechazado la luz, producirán teorías que ellos llamarán "luz", pero que el Señor llama "chispas encendidas por ellos mismos", y serán las que dirijan sus pasos[40].
Notas: