Herido en casa de sus amigos

Capítulo 5

La asamblea pastoral de 1893

A pesar de respuestas tan negativas de parte de algunos que ocupaban puestos clave en el liderazgo, las manifestaciones del Espíritu Santo continuaron durante el trascendental año 1893. El 27 de enero se inició una asamblea pastoral de tres semanas, seguida por la asamblea de la Asociación General, desde el 17 de febrero hasta el 9 de marzo. O. A. Olsen consideró muy importante la asamblea que tendría lugar: "Probablemente la más importante de todas las que ha tenido nuestro pueblo". En consecuencia, se esperaba que "cada Asociación local estuviera representada por una delegación tan plena como correspondía a todas las circunstancias, y que los delegados estuvieran presentes también en la asamblea pastoral". Una vez más la mayoría del liderazgo de la iglesia alrededor del país y del mundo, junto a "numerosos pastores y laicos" asistiría y esperaría con expectación los beneficios y bendiciones que Dios tenía en reserva. No es de extrañar que Olsen pidiera "a nuestro pueblo en todo lugar que hicieran de la próxima asamblea pastoral y de la Asociación General un tema especial de oración, a fin de que pudiera estar presente la bendición de Dios en abundancia"[1].

En agosto de 1892 el consejo de la Asociación General había seleccionado, entre otros, a S. N. Haskell, J. N. Loughborough, R. A. Underwood, A. T. Jones, W. W. Prescott, R. C. Porter y O. A. Olsen, asignándoles temas para las disertaciones bíblicas que habrían de darse a los cientos de adventistas procedentes de todo el mundo que se reunirían en Battle Creek[2]. Se planearon dos sesiones diarias -al final de la mañana y por la tarde- en las que se darían dos lecciones bíblicas en cada sesión de la asamblea pastoral. La sesión de la tarde continuaría en la asamblea de la Asociación General, lo que proveería un tiempo abundante en el que estudiar la Biblia juntos durante las seis semanas de encuentro[3].

Ellen White, quien estaba en Australia separada miles de kilómetros, tenía muy presente Norteamérica y el próximo congreso de la Asociación General. Ese importantísimo encuentro iba a reunir una vez más al liderazgo de la Asociación General: a delegados, pastores, jefes de colportores, instructores bíblicos y laicos de todo el país y del mundo. No queriendo desaprovechar la oportunidad de llevar el consejo del Señor ante la gran asamblea del liderazgo adventista, Ellen White dijo a E. J. Waggoner que había sido movida a escribir "unas 200 páginas de material escrito a mano[4].

De esa forma, aun estando ausente Ellen White, se podría leer y oír la voz de Dios mediante el Espíritu de Profecía ante todos los reunidos en el corazón de la obra. Se leyeron varias veces Testimonios completos durante aquellas seis semanas, y cada uno de los diversos predicadores tuvo abundante consejo de verdad actual a su disposición, para emplearlo en sus lecciones bíblicas. S. N. Haskell informó cómo a resultas de ello, "en esta [asamblea de la] Asociación [General] creo que se están empleando los Testimonios más de lo que usted hubiera hablado de haber estado presente. Ha habido un buen número de conversiones. Algunos son de la ciudad y a duras penas habían oído un solo sermón. Sintieron la convicción por sus pecados y no pudieron parar hasta haber entregado a Dios sus corazones, y a continuación fueron a sus vecinos y les dijeron lo que el Señor había hecho por ellos"[5].

Nota 5: Fiel a su intención confiesa en la biografía sobre A. T. Jones[6], George Knight insinúa que se debe culpar a Jones por la gran cantidad de material de Ellen White empleado en la asamblea de la Asociación General. Knight prepara el terreno mediante varias acusaciones preliminares que intentan probar el uso inadecuado que habría hecho Jones de los escritos de Ellen White durante toda su vida: "El error más básico en la adhesión de Jones a los escritos de Ellen White en los años 1890 consistió en su posición en relación con la Biblia. En las asambleas de la Asociación General de 1893 utilizó pasajes de sus escritos como 'textos' sobre los que basar sus sermones, una práctica que él aprobaba cuando se trataba de 'predicar a nuestro propio pueblo', pero no al dirigirse a no-adventistas. Cuatro años después se refirió a los escritos de la Sra. White como a la 'Palabra'. Las asambleas de la Asociación General de 1893 vieron mucha predicación a partir de los escritos de Ellen White. Haskell observó que habían oído más de ella en su ausencia que si hubiera estado en persona. Eso cambiaría del todo en 1895. Al inicio de la crisis de Anna Rice en 1894, Ellen White había aconsejado a Jones y a otros que no se apoyaran demasiado en los dones, sino que regresaran a la Biblia. A resultas de eso, el General Conference Bulletin de 1895 es notable por la ausencia del recurso a Ellen White como una autoridad, especialmente en la primera mitad de las reuniones[7].

En primer lugar, Jones empleó la palabra texto en dos ocasiones para describir el material de Ellen White que planeaba leer para aquella tarde en particular: "Esta noche voy a tomar un texto que permanecerá al menos durante una semana. Se trata de una declaración bien conocida por todos, creo. Dice así…"[8]. "Ahora, hermanos, recordad que ayer tomé un texto que debía permanecer una semana. Hoy quiero leer otro pasaje en la misma línea"[9]. Jones no estaba aquí exponiendo sus puntos de vista sobre la inspiración; simplemente estaba empleando un término común para referirse a un "pasaje" o "texto" del cual estaba leyendo. El diccionario Webster de 1868 define la palabra como "discurso o composición sobre el cual se escribe una nota o comentario". Todos los estudiantes manejan "libros de texto", obviamente en la mayoría de los casos sin una conexión específica con la Biblia. Una búsqueda rápida de palabras en los escritos de Jones demuestra que empleó la palabra texto en más de 500 ocasiones, pero lo hizo citando documentos de cualquier fuente, incluido al propio papa[10].

Respecto al uso que hizo Jones de los Testimonios al "predicar a nuestro propio pueblo", se impone que le permitamos expresarse por sí mismo para ver si está justificada la acusación de Knight. Hablando en la asamblea de la Asociación General de 1893 -la citada por Knight- Jones dijo esto: "Esta noche vamos a comenzar con el pensamiento que estaba ante nosotros allí donde nos detuvimos la tarde pasada. [Dijimos] que ahora procederíamos a estudiar este tema tal cual está en la Biblia. Podría dedicar el tiempo a leerlo todo de los Testimonios y de El camino a Cristo. Podría predicar a partir de ellos, tanto como de la Biblia sobre el particular. Pero encuentro esta dificultad: los hermanos parecen sentirse muy satisfechos con lo que leemos en estos [testimonios] y no van a la Biblia para encontrarlo allí. Para eso es para lo que están los Testimonios y El camino a Cristo; nos han de llevar a que veamos que está en la Biblia, de forma que lo obtengamos a partir de ella. Así, los evitaré a propósito, no porque pudiera haber algo equivocado en utilizarlos, sino porque lo que queremos, hermanos, es encontrarlo en la Biblia y saber dónde está en ella… Cuando salimos a predicar este mensaje a personas que nada saben sobre los Testimonios, les hemos de decir que la Biblia lo enseña así, y sólo a partir de ella les podemos enseñar. Si estuviéramos predicando a nuestro propio pueblo, el uso de los Testimonios y de todas esas otras ayudas sería muy apropiado, pero incluso entonces, si sus mentes se vuelven hacia ellos y estos no los llevan a la propia Biblia, entonces esa utilización de los Testimonios no es la que el Señor ha dispuesto como uso correcto de los Testimonios"[11]. Es evidente que, contrariamente a las estrambóticas afirmaciones de Knight, en 1893 Jones estaba ya procurando llevar al pueblo de regreso a la Biblia.

En segundo lugar, en 1897 Jones presentó una serie de charlas sobre el Espíritu de Profecía. Durante su primera reunión, y antes de comenzar a leer un Testimonio, Jones hizo el siguiente comentario: "Comenzaré y terminaré con la Palabra. Aquí hay algo que nos dice qué debemos hacer cuando venimos a sitios como este: 'Si el Señor está en medio de vuestras convocaciones contemplando vuestro orden, amor y temor, y cómo tembláis ante su palabra, entonces estáis preparados para hacer su obra libres de egoísmo [Ellen G. White, 1888 Materials, 1394]'… Así, si el Señor está en medio de vuestras convocaciones contemplando vuestro orden, amor y temor, y cómo tembláis ante su palabra, entonces estáis preparados para hacer su obra[12].

Resulta obvio que el uso que hace Jones del término Palabra está tomado del Testimonio del que estaba leyendo. Fue Ellen White quien empleó inicialmente el término para describir sus propios escritos como siendo palabra de Dios, no Jones, quien se limitaba a citarla. Se pueden encontrar muchos otros ejemplos en los que Ellen White emplea expresiones similares: "Se me mostró que existía un descuido tan grande de la Palabra de Dios presentada en los testimonios de su Espíritu Santo, que el Señor trastornaría y visitaría a Battle Creek con sus juicios"[13]. "Dios les ha estado hablando mediante su Palabra, a través de sus testimonios, mediante su Espíritu. ¿Por qué no le prestan oído?"[14]. "Los testimonios llevan el sello de Dios o el de Satanás… Por sus frutos los conoceréis. Dios ha hablado. ¿Quién ha temblado a su palabra?"[15]. Una vez más, las acusaciones de Knight no sólo resultan ser infundadas, sino deshonestas y engañosas.

Tal como se puede apreciar en los ejemplos precedentes, Knight insinúa -también falsamente- que Jones es culpable por el abundante material de Ellen White que se leyó en la asamblea de la Asociación General de 1893. En realidad fue ella quien, estando ausente, vio la necesidad de enviar ese abundante material. Respecto a las afirmaciones de Knight relativas al asunto de Anna Rice, al empleo que hizo Jones de los Testimonios en la asamblea de la Asociación General de 1895, y respecto a si esos eventos llevaron a un cambio en el punto de vista sobre la autoridad de Ellen White, responderemos a esas acusaciones detalladamente en un futuro inmediato en la serie El retorno de la lluvia tardía.

Por el momento podemos concluir este punto mencionando el consejo que Ellen White dio a Jones en 1908, después que este hubo dado la espalda a la validez de la inspiración y a la autoridad de su don: "Se me ha instruido que emplee esos discursos suyos impresos en los General Conference Bulletin de 1893 y 1897, que contienen poderosos argumentos relativos a la validez de los Testimonios, y que corroboran el don de la profecía entre nosotros. Se me mostró que esos artículos serían de ayuda para muchos, especialmente para los que han venido recientemente a la fe y no están familiarizados con nuestra historia como pueblo. Para usted será una bendición leer de nuevo esos argumentos a los que dio forma el Espíritu Santo"[16]. Es evidente que la autorizada e inspirada Ellen White vio algo en los sermones de Jones de 1893 y 1897 que el prejuiciado Knight no ve.

La mañana del viernes 27 de enero se congregó la asamblea pastoral en el tabernáculo de Battle Creek, Michigan, con más de trescientos nuevos asistentes. Aunque a Uriah Smith se le había asignado la primera serie de lecciones sobre "El estudio de la Biblia", había dimitido poco tiempo antes de comenzar la asamblea, y se había nombrado a S. N. Haskell para que ocupara su lugar[17]. Haskell comenzaba ahora sus lecciones sobre la importancia del estudio personal de la Biblia, no para "encontrar un argumento que esgrimir en contra de alguien", sino a fin de "recibir la palabra de Dios para nuestro propio beneficio". A continuación, J. N. Loughborough presentó su primera lección sobre el Espíritu de Profecía en el contexto de la temprana historia adventista, y "se centró particularmente en su efecto de fomentar la unidad entre los creyentes"[18]. Es difícil imaginar una mejor forma de iniciar la asamblea pastoral de 1893, que con esos dos temas.

En la primera semana, por pedido del Comité de la Asociación General, W. W. Prescott tuvo la ocasión de leer ante un auditorio repleto en el tabernáculo de Battle Creek uno de los Testimonios que se había recibido recientemente de Ellen White.

Nota 8: El tabernáculo de Battle Creek, edificado a finales de los años 1870, estaba calculado para albergar a 3.200 personas, pero podía llegar hasta las 3.600 si se incluían el santuario, las alas y la galería[19].

Ellen White estaba procurando despertar a los reunidos en Battle Creek a su responsabilidad de apoyar los esfuerzos misioneros alrededor del mundo. Más bien que dedicar dinero a un órgano de tubos para el tabernáculo, debían dar ofrendas con sacrificio para la edificación de iglesias en otros lugares tales como Australia, que disponía sólo de una casa para las reuniones. Debía darse al mundo el mensaje de verdad presente "tal como es en Jesús". Dios los estaba llamando a la acción:

Hermanos y hermanas en Battle Creek que tenéis esas preciosas verdades ante vosotros: os pido que penséis en las muchas, muchas almas que están en necesidad de escuchar el mensaje del amor redentor…

¿Cómo pueden los que han estado en la fe por largo tiempo, como es el caso en Battle Creek, gastar cada vez más en su propio disfrute cuando conocen por la representación actual las grandes necesidades de la obra en los países extranjeros?...

Toda la tierra ha de ser alumbrada con la gloria de la verdad de Dios. El Señor no va a cerrar el tiempo de gracia hasta que se haya dado el mensaje de advertencia con mayor claridad… Sin embargo, el mensaje será abreviado en justicia. El mensaje de la justicia de Cristo ha de resonar de un extremo al otro del mundo. Es la gloria de Dios que clausura la obra del tercer ángel.

¿Están los de Battle Creek dormidos? ¿Están paralizados? ¿Va a moverlos a la acción la luz que ha estado brillando en nuevos y claros rayos, uno tras otro? Habéis esperado por largo tiempo los prodigiosos y sorprendentes eventos que han de tener lugar justo antes de la venida del Hijo del hombre en las nubes del cielo con poder y gran gloria. Ahora os pregunto: ¿Estáis preparados para dar a la trompeta un sonido certero? ¿Estáis seguros de estar conectados con Dios y de vivir en la luz de su rostro?...

El Señor viene; las escenas de la historia de esta tierra están llegando rápidamente a su fin y nuestra obra no está terminada. Hemos estado esperando ansiosamente la cooperación del agente humano para el avance de la obra. Todo el cielo, si es que puedo emplear la expresión, está impaciente esperando que el hombre coopere con los agentes divinos en la obra de salvar a las almas[20].

Una vez más, como había hecho Ellen White en muchas otras ocasiones, conectó los eventos del fin y el fuerte pregón con el mensaje de la justicia de Cristo que entonces estaba brillando sobre la iglesia.

Nota 10: Esa simple declaración basta para refutar a quienes pretenden que lo que escribió Ellen White el 22 de noviembre de 1892 en la Review es la única ocasión en que relacionó explícitamente la enseñanza de la justicia por la fe con los eventos de los últimos tiempos[21].

La tarde del lunes 30 de enero, W. W. Prescott comenzó su serie de disertaciones sobre la "Promesa del Espíritu Santo". Desde el mismo momento en que se le asignó ese tema, se esforzó por ver cómo se lo podía "estudiar de la forma más práctica". Su plan consistía en "avanzar dando pasos sencillos enfocados a recibir el Espíritu Santo, y una vez recibido, él mismo nos enseñaría sobre sí mismo más de lo que podríamos aprender de otra forma".

Hacia el final de sus presentaciones Prescott leyó Apocalipsis 18:1, seguido de fragmentos del artículo que Ellen White escribió en la Review del 22 de noviembre, en el que confirmaba en términos inconfundibles el comienzo del fuerte pregón y el tiempo para el derramamiento del Espíritu Santo: la lluvia tardía. "El fuerte pregón y la lluvia tardía van juntos", declaró Prescott. "Habiendo llegado el tiempo para el fuerte pregón, ha llegado también para la lluvia tardía y la estamos pidiendo… El Señor ha estado desde hace mucho tiempo esperando darnos su Espíritu. Ahora mismo está anhelando impacientemente que nos pueda ser otorgado. ¿Cuánto más tiempo habrá de esperar? Hemos solido referirnos al Pentecostés como la ocasión en que el Señor llevó a cabo su mayor obra en favor de su pueblo. Pero ahora ha comenzado una obra que será mayor que la de Pentecostés, y aquí están los que la van a ver. Es aquí y ahora cuando hemos de ser equipados para la obra".

Prescott leyó también de Historical Sketches, donde Ellen White declaró que la Escritura es nuestra única salvaguarda y que la "indulgencia de un pecado conocido causará debilidad y tinieblas, y nos abocará a la fiera tentación". A la luz de esa afirmación, Prescott amonestó en estos términos: "Debemos vencer la disposición a pecar, o de lo contrario no podemos recibir la lluvia tardía. La luz que ha de alumbrar la tierra con su gloria ya ha comenzado a brillar. ¿Qué significa eso para nosotros en la práctica? Significa que está aquí el tiempo del zarandeo y que Dios va a hacer una separación en su propio pueblo. A quienes no tengan a Jesús viviendo en ellos, no se les permitirá tomar parte alguna en la obra de Dios cuando crezca hasta convertirse en un fuerte pregón"[22].

La mañana siguiente S. N. Haskell leyó la misma cita del fuerte pregón en el artículo de Ellen White del 22 de noviembre, en su presentación sobre el estudio de La Biblia. "Observad lo siguiente", señaló Haskell, "'ya que es la obra de cada uno a quien haya llegado el mensaje de advertencia, el elevar a Jesús, presentarlo al mundo tal como está revelado en los tipos, tal como está reflejado en los símbolos, manifestado en las revelaciones de los profetas, tal como se lo descubre en las lecciones dadas a sus discípulos y en los maravillosos milagros obrados en favor de los hijos de los hombres. Escudriñad las Escrituras, porque ellas son las que dan testimonio de él'. Quisiera saber cuánto de la Biblia resulta excluido de eso". Haskell sabía que si aceptaban a Cristo habitando en sus almas, él sería en ellos "una cisterna de aguas que manaría para vida eterna. Entonces estamos preparados para estudiar las Escrituras, que son el Espíritu de revelación que se nos ha dado; y eso nos capacitará para resistir en la tormenta que está por venir"[23].

No fueron sólo los diversos predicadores quienes recordaron a los asistentes a la asamblea pastoral en Battle Creek que había comenzado el fuerte pregón, sino también las diversas publicaciones periódicas de la iglesia. Por ejemplo, W. A. Colcord, escribiendo en la edición de enero de Home Missionary en referencia al mismo artículo de Ellen White en la Review, hizo la pregunta perspicaz: "¿Por qué el fuerte pregón ha comenzado por una obra que se ha de realizar en nosotros, en lugar de con una obra que hayamos de realizar nosotros? ¿Por qué comenzó con 'la revelación de la justicia de Cristo, el Redentor que perdona los pecados' entre nosotros, tal como ha declarado Ellen White en la Review del 22 de noviembre de 1892, más bien que comenzar con nuestro fuerte pregón al mundo por la caída de Babilonia?" La respuesta de Colcord a esas preguntas debiera interesarnos aún hoy: "Pero la respuesta es fácil. El Señor sabía que nosotros mismos estamos en necesidad de ser hechos idóneos antes de estar en disposición de efectuar la obra que él nos ha asignado. Vio que necesitamos saber lo que es en realidad el evangelio -el poder de Dios para salvación-, antes de poder predicar el evangelio eterno a otros con poder y demostración del Espíritu"[24].

La tarde del martes, W. W. Prescott introduciría una nueva dimensión en su discurso, que vendría a convertirse en el gran tema para el resto de la asamblea pastoral de la Asociación General, un tema que no iba a estar presente sólo en sus discursos, sino también en los de todos los demás predicadores. Cuando Prescott comenzó su segunda presentación, señaló por qué el Espíritu Santo había ungido o sellado a Cristo para su obra: fue debido a que él había "amado la justicia y odiado la maldad" (Hebreos 1:9). Sin embargo, ese odio hacia el pecado no le había impedido efectuar la obra para la que vino al tomar el lugar del pecador. Ahora, en el mismo final del tiempo durante el "derramamiento especial del Espíritu" o tiempo del sellamiento, "queremos saber qué impide que se produzca inmediatamente", preguntó Prescott. "Afirmo que la presencia del pecado y la práctica de la iniquidad es lo que lo impide", fue su respuesta.

Pero Prescott estaba también seguro de que "es totalmente imposible que por nosotros mismos separemos nuestros pecados de nosotros. Dios puede efectuarlo. Él puede quitar de nosotros el pecado, pero no hará tal cosa en contra de nuestra voluntad. Cuando nos muestra que eso es pecado y que lo quiere quitar de nosotros, debemos dar nuestro consentimiento; en caso contrario, no será quitado". Prescott aludió a continuación a la experiencia de los discípulos y a las lecciones que quedan por aprender:

¿Cuál fue la experiencia de los discípulos en preparación para ese derramamiento? Leamos una breve cita al respecto:

"Durante diez días oraron los discípulos antes que viniera la bendición pentecostal. Se necesitó todo ese tiempo para que pudieran comprender lo que significaba ofrecer una oración eficaz, acercarse más y más a Dios, confesar sus pecados, humillar sus corazones ante el Señor, contemplar a Jesús por la fe y ser transformados a su imagen"[25].

Os pido ahora que penséis en esto: los discípulos habían estado tres años y medio con Cristo y lo habían visto tras la resurrección, se habían sentado a hablar con él, pero no habían recibido aún el Espíritu Santo, e incluso después de la ascensión, antes que viniera sobre ellos esa bendición especial, fueron necesarios diez días de confesión y arrepentimiento para no resultar consumidos por dicha bendición.

Si tal fue el caso con ellos, ¿qué diremos de nosotros? Para mí, el rasgo peor de nuestra situación es precisamente el que señala el mensaje a Laodicea, y lo peor de todo es que no lo vemos así. Ahora, si somos incapaces de verlo, tomemos la palabra de Dios al pie de la letra, afirmemos que es tal como dice y persistamos en ello. Hemos pecado, hemos cometido iniquidad y no hay nada bueno en nosotros. Acerquémonos más y más a Dios diariamente mediante el arrepentimiento y la confesión, y Dios se acercará a nosotros con misericordia y perdón. Este es el punto en el que quisiera detenerme ahora especialmente: la razón por la que el derramamiento especial del Espíritu de Dios no viene sobre su pueblo es porque está en necesidad de arrepentirse, en caso contrario sería consumido por el mismo[26].

La nueva dimensión a la que Prescott estaba procurando llamar la atención de sus oyentes era el mensaje a Laodicea: ese sería uno de los temas principales en la asamblea pastoral y en la sesión de la Asociación General en 1893. Antes de proseguir con la presentación de Prescott hemos de repasar brevemente lo que implicaba el mensaje a Laodicea y cuándo comenzó a aplicarse a los creyentes adventistas.

El mensaje a Laodicea

El hecho de que el mensaje a Laodicea se aplicara a la Iglesia Adventista del Séptimo Día no era algo nuevo. Tan pronto como en 1852, años antes de que la Iglesia se organizara oficialmente, Dios procuró llamar la atención de su pueblo a ese mensaje. A lo largo de años después del chasco de 1844, los adventistas guardadores del sábado aplicaron el mensaje Laodicense a los adventistas nominales guardadores del domingo[27]. Pero eso comenzó a cambiar cuando Ellen White indicó que como pueblo, la Iglesia Adventista del Séptimo Día era "fría y formal, como la iglesia nominal de la que se separó hace poco tiempo. Las palabras dirigidas a la iglesia de Laodicea describen perfectamente su condición actual"[28].

En julio de 1856, James White expresaría por última vez la posición de que Filadelfia, la sexta iglesia de Apocalipsis 3, describía a los adventistas del séptimo día[29]. Tras una serie de eventos aquel verano, también él comenzó a darse cuenta de que Laodicea, la séptima iglesia, se aplicaba mejor a nuestra iglesia. Publicaría su punto de vista en diversos artículos en la Review[30], conectando incluso el paciente llamar a la puerta del "Testigo Fiel" de Apocalipsis 3 con el "Amado" de Cantares capítulo 5: "'Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él y cenaré con él y él conmigo'. Cuán descuidados habéis sido algunos de vosotros con los reproches y advertencias que el querido Salvador ha dado para vuestro bien. Lo habéis menospreciado y echado fuera, de forma que sus cabellos están mojados por el rocío de la noche. Abridle el corazón. Que vuestros endurecidos corazones se quebranten delante de él. Permitidle entrar"[31].

Ellen White observaría aquel mismo verano que se había producido un cambio en "el profeso y peculiar pueblo de Dios" desde 1844. Apreció "la conformidad con el mundo, la falta de disposición a sufrir por causa de la verdad… [y] una gran falta de sumisión a la voluntad de Dios" como causa del problema. Trazó incluso paralelismos entre los hijos de Israel tras abandonar Egipto y el pueblo adventista que esperaba la pronta llegada a la Tierra Prometida[32]. En febrero de 1857 Ellen White tendría su primera visión que relacionaba el mensaje a Laodicea con el pueblo adventista. Su "estado actual de tibieza" se debía a "una mente mundanal, egoísmo y codicia, espíritu de crítica y falta de orden en la iglesia"[33].

En noviembre de 1857, Ellen White recibió la visión más abarcante de todas las que había tenido hasta entonces en relación con las trascendentes ramificaciones del mensaje a Laodicea. Le fueron mostrados dos grupos de personas: los que estaban procurando activamente el arrepentimiento y la purificación, y los que eran descuidados e indiferentes. Eso ilustraba las dos respuestas al mensaje a Laodicea, lo que llevaría a un zarandeo entre el pueblo de Dios: "Pregunté cuál era el significado del zarandeo que yo había visto, y se me mostró que lo motivaría el testimonio directo que exige el consejo del Testigo fiel a la iglesia de Laodicea... Algunos no soportarán este testimonio directo, sino que se levantarán contra él. Esto es lo que causará un zarandeo en el pueblo de Dios". Cuando Ellen White preguntó acerca del gran cambio que habían experimentado los que ahora agonizaban y oraban, llevaban la armadura y pregonaban "la verdad con gran poder", el ángel respondió: "Es la lluvia tardía, el refrigerio de la presencia del Señor, el fuerte pregón del tercer ángel". Así, los que aceptaron el mensaje a Laodicea se lo tomaron a pecho, se arrepintieron y recibieron poder y luz mediante la lluvia tardía y el mensaje del fuerte pregón. Entonces fueron capacitados para "expresar claramente la verdad" del mensaje del fuerte pregón al mundo. Tal cosa llevaría al rápido cumplimiento de los eventos finales y a la segunda venida de Cristo[34]. Dado que todos los eventos finales dependían de la respuesta al mensaje a Laodicea, que no es más que el profundo arrepentimiento, Ellen White afirmó que se trataba del más "solemne testimonio del que pende el destino de la iglesia"[35].

Los artículos de James White y los Testimonios de Ellen White durante los años 1856-1857 cambiaron vidas. Desde la pequeña iglesia le llovieron cartas al jefe de redacción de la Review confesando que el mensaje había retumbado en casa. Comenzó un poderoso reavivamiento en el adventismo[36]. Desde noviembre de 1856 hasta diciembre de 1857 se publicaron 348 artículos, Testimonios o comunicados editoriales en Review and Herald sobre el mensaje a Laodicea -en su mayoría procedentes de laicos-, un porcentaje muy alto si se tiene en cuenta que por entonces la totalidad de la iglesia estaba compuesta por unos 2.500 miembros[37]. Ellen White afirmó que "a medida que este mensaje afectó al corazón, llevó a una profunda humillación ante Dios. Fueron enviados ángeles en toda dirección para preparar para la verdad los corazones incrédulos. La causa de Dios comenzó a crecer y su pueblo comprendió su posición"[38]. Así, comenzaron a producirse reavivamientos en las grandes ciudades entre otras iglesias cristianas, no sólo en América, sino en todo el mundo, a medida que los ángeles preparaban los corazones de la gente para el mensaje del fuerte pregón[39].

Tristemente, los creyentes adventistas no caminaron a la par de los movimientos de Dios. Hacia 1859 Ellen White declararía enfáticamente que "el mensaje a Laodicea no ha cumplido ese celoso arrepentimiento que esperaba ver entre el pueblo de Dios". En consecuencia, el mensaje seguía aplicándose a la condición de los adventistas en aquel tiempo, y la razón por la que "no cumplió una mayor obra, es por la dureza de sus corazones". Dios había concedido más de dos años al mensaje para que efectuara su obra, pero ¿cuál había sido el resultado?

El corazón debe ser purificado de los pecados que durante tanto tiempo han mantenido fuera a Jesús. Este solemne mensaje hará su obra. Cuando fue presentado por primera vez indujo a un profundo examen del corazón. Hubo confesión de pecados y el pueblo de Dios se despertó en todas partes. Casi todos creían que este mensaje terminaría en el fuerte pregón del tercer ángel. Pero como no vieron efectuarse la poderosa obra en un corto tiempo, muchos perdieron el efecto del mensaje. Vi que este mensaje no efectuaría su obra en el término de unos pocos meses. Ha sido dado para despertar al pueblo de Dios, para mostrarle sus yerros y para conducirlo a un celoso arrepentimiento, para que sea bendecido por la presencia de Jesús y esté preparado para el fuerte pregón del tercer ángel… Si se hubiera dado oído plenamente al consejo del Testigo Fiel, Dios habría obrado con gran poder en favor de su pueblo…

Muchos actuaron por sentimientos, no por principios y fe, y este mensaje solemne y temible los conmovió. Obró en sus sentimientos y excitó sus temores, pero no realizó la obra que Dios quería que realizase. Dios lee el corazón. A fin de que sus hijos no se engañen a sí mismos, les da tiempo para que pase la excitación; luego los prueba para ver si quieren obedecer el consejo del Testigo Fiel… Los que resisten en cada punto, que soportan cada prueba y vencen al precio que sea, han dado oído al consejo del Testigo Fiel, recibirán la lluvia tardía y estarán así preparados para la traslación"[40].

Ellen White lamentó la "larga noche de penumbra", sin embargo reconoció que Dios postergó su venida misericordiosamente "porque si el Señor viniera, muchos serían hallados desapercibidos. El deseo de Dios de que su pueblo no perezca ha sido la razón de la larga demora"[41]. Ahora bien, esa declaración no atribuyó a Dios culpa por la demora, ni negó el llamamiento que Dios hace para que Laodicea se arrepienta antes de que él pueda regresar. De hecho, el fracaso en dar oído a ese llamamiento fue la razón por la que el destino eterno de su pueblo estuvo en peligro. Si hubiera regresado sin demora, ¿cuántos de los que vivían se habrían salvado?

En 1873 Ellen White escribió en la Review una serie de artículos -en cuatro partes- sobre la iglesia laodicense[42]. Declaró que el mensaje del Testigo Fiel no había cumplido su propósito. El pueblo continuaba adormecido en sus pecados, mientras se cuestionaba por qué los Testimonios los acusaban continuamente de apostasía y pecados gravosos: "Amamos la verdad; estamos prosperando; no estamos en necesidad de esos testimonios de advertencia y reproche". Pero esa respuesta demostró que la razón principal por la que el pueblo de Dios se encontraba en una situación de ceguera espiritual es debido a que "no quieren recibir la corrección. Muchos han despreciado los reproches y amonestaciones que se les dirigieron. El Testigo Fiel condena la condición tibia del pueblo de Dios, que confiere a Satanás gran poder sobre ellos en este tiempo de espera y vigilancia".

A Ellen White se le mostró que la "incredulidad en los testimonios de advertencia, ánimo y reproche" estaba "alejando la luz del pueblo de Dios". Animó a los pastores a que no descuidaran el mensaje a los laodicenses, que no era un mensaje suave: "El Señor no les dice: 'Estáis bastante bien; habéis soportado castigos y reproches que nunca merecisteis; habéis sido innecesariamente desalentados por la severidad; no sois culpables de los males y pecados por los cuales se os reprendió'. El Testigo Fiel declara que cuando suponéis que estáis realmente en una buena condición de prosperidad, estáis en necesidad de todo"[43].

Si bien la condición laodicense es una enfermedad individual, tiene también implicaciones comunitarias. La iglesia en su conjunto sufrió, aquejada por la dolencia. En pocos lugares fue más evidente que en el centro de la obra en Battle Creek. En 1875 Ellen White describiría así la situación:

Al igual que el corazón humano impele la sangre de vida hacia todas las partes del cuerpo, así también la administración en ese lugar, que es la sede central de nuestra iglesia, afecta a todo el cuerpo de creyentes. Si el corazón físico está sano, también lo está la sangre que envía por todo el sistema; pero si esa fuente es impura, todo el organismo cae enfermo por el veneno que lleva el fluido vital. Así sucede con nosotros. Si el corazón de la obra se corrompe, toda la iglesia sufre en consecuencia, con sus distintas ramas e intereses esparcidos por toda la faz de la tierra. La obra capital de Satanás se encuentra en la sede central de nuestra fe. Él no ahorra esfuerzos para corromper a hombres que ocupan cargos de responsabilidad, y para persuadirlos a que sean infieles a sus diversos cometidos. Insinúa sus sospechas y celos en las mentes de aquellos cuyo oficio consiste en realizar fielmente la obra de Dios. Mientras Dios está probando a esos siervos, preparándolos para sus puestos, Satanás hace lo indecible para engañarlos y seducirlos, para que no sólo se destruyan a sí mismos, sino que influyan en otros y los lleven a obrar el mal y perjudicar la gran obra. Recurre a todos los medios a su alcance para hacer que se tambalee la confianza que el pueblo de Dios debe depositar en la voz de advertencia y reprobación por medio de la cual Dios desea purificar la iglesia y hacer prosperar su causa. El plan de Satanás es debilitar la fe del pueblo de Dios en los Testimonios"[44].

Esa es la razón por la que el mensaje a Laodicea va dirigido al "ángel de la iglesia" -al liderazgo-, cuya respuesta e influencia afectará a toda la comunidad. Esa es la razón por la que Satanás se esforzó tanto en hacer descarrilar la obra del Testigo Fiel y Verdadero que vino al corazón de la obra en Battle Creek. Y su odio nunca se dirigió a la iglesia remanente en mayor intensidad que respecto a los mandamientos de Dios y el testimonio de Jesucristo, que es el Espíritu de Profecía (Apoc. 12:17; 19:10).

En 1882, a Ellen White se le mostró nuevamente que "la incredulidad en los testimonios" crecía silenciosamente "a medida que el pueblo se aparta de Dios. Ha penetrado en nuestras filas por todo el campo"[45]. El fariseísmo se infiltraría en la iglesia en las décadas de 1870 y 1880 mediante una falsa defensa de la ley que menoscabaría tanto la ley como el evangelio. Hacia 1886 Ellen White recibió la advertencia siguiente: "Había ante nosotros un tiempo de prueba, y vendrían grandes males como consecuencia del fariseísmo que en gran medida ha tomado posesión de los que ocupan puestos importantes en la obra de Dios"[46]. Hacia 1888 escribiría que "el fariseísmo había estado haciendo su obra de leudar el campo aquí en Battle Creek, y resultaron afectadas las iglesias adventistas del séptimo día"[47].

Esas condiciones continuarían, demorando inevitablemente el retorno de Cristo. En 1883 Ellen White dedicó una mirada retrospectiva a los cuarenta años que siguieron al chasco de 1844 y a la obra que Dios había dispuesto que su pueblo "cumpliera en la tierra". Se debía dar el mensaje del tercer ángel, se debía dirigir la mente de los creyentes a la obra expiatoria de Cristo en el santuario, se debía efectuar la reforma del sábado, debía advertirse al mundo mediante el fuerte pregón y su pueblo debía ser purificado mediante la obediencia a la verdad, capacitándolo para estar sin falta en la segunda venida de Cristo. Pero se había dado una gran demora, de la que Dios no era responsable:

Si los adventistas, después del gran chasco de 1844, se hubieran aferrado a su fe y hubieran permanecido unidos según la providencia de Dios abría el camino, recibiendo el mensaje del tercer ángel y proclamándolo al mundo con el poder del Espíritu Santo [lluvia tardía], habrían visto la salvación de Dios, el Señor hubiera obrado con poder mediante sus esfuerzos, la obra se habría terminado y Cristo habría venido ya para recibir a su pueblo dándole su recompensa…

Durante cuarenta años, la incredulidad, la murmuración y la rebelión impidieron la entrada del antiguo Israel en la tierra de Canaán. Los mismos pecados han demorado la entrada del moderno Israel en la Canaán celestial. En ninguno de los dos casos fallaron las promesas de Dios. Es la incredulidad, la mundanalidad, la falta de consagración y las contiendas entre el profeso pueblo de Dios, lo que nos ha mantenido en este mundo de pecado y tristeza tantos años[48].

En 1884 Ellen White llevó nuevamente a sus lectores a la "historia del antiguo Israel" a modo de "notable ilustración de la experiencia pasada del cuerpo adventista". Afirmó una vez más que Cristo "habría venido para la redención de su pueblo" si un movimiento adventista unido hubiera recibido la luz y el poder de Dios, y hubiera proclamado al mundo el mensaje de advertencia"[49]. Repetiría de nuevo esos mismos pensamientos en El conflicto de los siglos, publicado en la primavera de 1888[50]. Pero el hecho de que el Señor estuviera dispuesto a terminar la obra antes de 1888 no niega la necesidad del mensaje que él envió mediante Jones y Waggoner en el congreso de la Asociación General de Minneapolis. Este fue el mensaje culminante a Laodicea: el comienzo del mensaje de la lluvia tardía y el fuerte pregón. De haber tenido mensajeros dispuestos, Dios habría enviado el mensaje con anterioridad[51]. Lo cierto es que el mensaje que ha de alumbrar toda la tierra con su gloria es el mismo mensaje para todo tiempo. El mensaje que Dios envió mediante Jones y Waggoner habría sido el mismo antes que ellos entraran en escena, y será el mismo cuando vuelva de nuevo al pueblo adventista antes del regreso de Cristo.

Nota 40: Comentando sobre la declaración de Ellen White, George Knight se esfuerza por llegar a estas conclusiones: "En 1883, Ellen White afirmó que Jesús pudo haber venido poco tiempo después de 1844, lo que tiene sorprendentes consecuencias para quienes magnifican la teología de Jones, Waggoner o Prescott en 1888, 1893 o 1895. Es clara la implicación de que Cristo hubiera podido regresar antes de 1888 -es decir, antes que Jones y Waggoner predicaran su interpretación del evangelio. Debido a ello, no es útil apoyarse demasiado en su característica teología. Lo importante no es su mensaje ni tampoco la particular interpretación que hicieron del evangelio, sino el propio evangelio"[52]. El problema consiste en que "el propio evangelio" fue interpretado en forma diferente por Uriah Smith, G. I Butler y muchos otros en la era de 1888, y es malinterpretado por los evangélicos y por la cristiandad católica hoy. Sólo valdrá el evangelio que contiene los remedios divinos del Testigo fiel y verdadero. El propio mensaje que Dios dio a Jones y Waggoner -y que Ellen White apoyó- es el que importa. Dios está esperando que se proclame hoy ese mismo mensaje del evangelio.

Dicho mensaje está contenido en el llamado al arrepentimiento que se hace a Laodicea.

En consecuencia, en 1888, "en su gran misericordia el Señor envió un preciosísimo mensaje a su pueblo por medio de los pastores Waggoner y Jones. Este mensaje tenía que presentar en forma más destacada ante el mundo al sublime Salvador, el sacrificio por los pecados del mundo entero. Presentaba la justificación por la fe en el Garante; invitaba a la gente a recibir la justicia de Cristo, que se manifiesta en la obediencia a todos los mandamientos de Dios"[53]. Pero Ellen White definió también el mensaje de la justificación por la fe como "la obra de Dios que abate en el polvo la gloria del hombre, y hace por el hombre lo que éste no puede hacer por sí mismo. Cuando los hombres ven su propia insignificancia, están preparados para ser vestidos por la justicia de Cristo"[54]. No es maravilla que Satanás "no quiera que se presente claramente esta verdad; pues sabe que si se la recibe plenamente, su poder será quebrantado"[55]. Y así, mediante actitudes farisaicas, contiendas, incredulidad y duda respecto a los Testimonios del Espíritu de Profecía, Satanás mantuvo a la iglesia cautiva en un estado laodicense.

En diciembre de 1888, inmediatamente después del encuentro de Minneapolis, Ellen White repitió una vez más que "el mensaje a Laodicea es aplicable al pueblo de Dios en este tiempo". La indiferencia a todo el consejo de Dios, una pérdida de celo por la verdad y el desprecio hacia "la luz contenida en los 'Testimonios'" eran parte de la causa[56]. Pero a medida que fue prestando atención al mensaje a Laodicea durante el tiempo de los encuentros campestres del verano de 1889, relacionó los remedios divinos con el mensaje de Minneapolis[57].

En agosto de 1890, tras casi dos años de batallar en favor del precioso mensaje de la justicia por la fe, expresaría la condición de declive generalizado en la iglesia: "Desde el tiempo del encuentro de Minneapolis he visto el estado de la iglesia laodicense como nunca antes. He oído la reprensión de Dios hacia quienes se sienten tan satisfechos, a quienes no conocen su destitución espiritual… Como los judíos, muchos han cerrado sus ojos para no ver". Dios había propiciado que brillara la luz en las filas del adventismo, sin embargo, aquellos que "aseveraban creer la verdad" pero que no actuaban según ella, tanto como quienes "despreciaban la gracia divina", constituían las vírgenes necias. El llamado del Testigo fiel y verdadero adquiría ahora un mayor significado del que jamás tuviera anteriormente.

El estado de la iglesia, representado por las vírgenes necias, se lo describe también como el estado laodicense…

Los que comprenden su necesidad de arrepentimiento hacia Dios y fe en nuestro Señor Jesucristo tendrán contrición de alma y se arrepentirán por su resistencia al Espíritu del Señor. Confesarán su pecado al rehusar la luz que el Cielo les ha enviado tan misericordiosamente y abandonarán el pecado que contristó e insultó al Espíritu del Señor. Humillarán el yo y aceptarán el poder y la gracia de Cristo, reconociendo los mensajes de advertencia, reproche y ánimo"[58].

Al poco tiempo de haber llegado a Australia -en diciembre de 1891- Ellen White volvió a elevar su voz, señalando al pueblo de Dios la elevada vocación a la que fue llamado: "Jesús no nos buscó a vosotros y a mí porque fuéramos sus amigos, ya que estábamos alejados de él y enemistados con Dios. Fue mientras éramos aún pecadores cuando Cristo murió por nosotros. Pero ha prometido darnos su Espíritu Santo a fin de que seamos asimilados a su propia naturaleza, cambiados a su imagen". A continuación, Ellen White proclamó los remedios divinos ofrecidos a la iglesia laodicense, y que obrarán en ella tal cambio: "Comprad fe y amor, los preciosos y bellos atributos de nuestro Redentor, que nos capacitarán para encontrar el camino a los corazones de quienes no lo conocen, que están fríos y separados de él mediante la incredulidad y el pecado. Él nos invita a comprar de él vestiduras blancas, que son su gloriosa justicia, y colirio a fin de poder discernir las cosas espirituales. ¿No abriremos la puerta de nuestro corazón a ese Visitante celestial?"[59].

En numerosas cartas que escribió el año siguiente, Ellen White continuaría presentando el mensaje a Laodicea como siendo el mensaje para aquel tiempo. En una carta dirigida a Uriah Smith hacia finales de agosto de 1892, Ellen White lo confrontó una vez más por su continuo antagonismo hacia A. T. Jones y por escribir artículos en su contra en la Review. Le dijo a Smith que "Dios otorga a su pueblo grandes bendiciones al darle pastores fieles y rectos". Dios estaba capacitando a esos mensajeros "con su Espíritu Santo para que clamen a voz en cuello y no se detengan, para que eleven su voz como una trompeta", dando un mensaje decidido de advertencia a su pueblo "a fin de que puedan despertar y experimentar convicción de sus pecados y ser llevados al arrepentimiento y la reforma". Pero mientras que esos mensajes se estaban dando, otros se esforzaban "por contrarrestar la obra de Dios mediante sus agentes escogidos".

Ellen White terminó su carta dirigiendo la atención de Smith al llamado del Testigo Fiel y Verdadero: "Debiéramos prestar oído al consejo del Testigo Fiel y Verdadero. Cuando el pueblo de Dios humilla su alma ante él, buscando individualmente su Espíritu Santo de todo corazón, se oirá procedente de labios humanos un testimonio como el que representa esta escritura: 'Después de esto vi otro ángel que descendía del cielo con gran poder, y la tierra fue alumbrada con su gloria'"[60]. Las implicaciones eran evidentes: Smith seguía esforzándose por contrarrestar la obra de Jones y Waggoner, y el mensaje que Dios había enviado mediante ellos. Responder al llamado del Testigo Fiel y Verdadero implicaba arrepentirse y aceptar sus remedios, lo que desembocaría en la lluvia tardía y el fuerte pregón en su plenitud. Ellen White enviaría la carta a Smith por mano de A. T Jones, acompañando copia para O. A. Olsen[61].

En septiembre, Ellen White escribiría nuevamente a Uriah Smith. Esta vez fue todavía más explícita respecto al mensaje a Laodicea y su relación con el mensaje de Minneapolis:

La palabra de Dios no puede obrar eficazmente en el corazón cuando es excluida mediante la incredulidad. El mensaje que los mensajeros han estado proclamando es el mensaje a la iglesia de Laodicea [se cita Apocalipsis 3:14-20]. Ese mensaje no ha tenido la influencia que debiera sobre las mentes y corazones de los creyentes. Debe presentarse ante los hombres el verdadero estado de la iglesia, y estos deben recibir la palabra de Dios, no como algo que los hombres hubieran originado, sino como la palabra de Dios. Muchos han tratado el mensaje a los laodicenses, tal como les ha llegado, como si fuera la palabra del hombre. Aquellos que debieran haber sido los primeros en discernir y actuar en consecuencia por ser palabra de Dios, han puesto en duda al mensaje y a los mensajeros. Si hubieran recibido la palabra de Dios que les fue enviada, no estarían ahora en tinieblas…

El mensaje que nos han dado A. T. Jones y E. J. Waggoner es el mensaje de Dios a la iglesia laodicense, y ay de todo aquel que profese creer la verdad y sin embargo no refleje a otros los rayos dados por Dios. Pastor Smith, si usted no hubiera albergado prejuicio, si no le hubieran afectado los informes que le llevaron a cerrar su corazón para que no entrara lo que esos hombres han presentado; si hubiera hecho como los nobles bereanos y hubiera escudriñado la Escritura para ver si el testimonio de ellos concordaba con su instrucción, hubiera estado en terreno ventajoso y habría avanzado mucho más en su experiencia cristiana…

Las muchas y confusas ideas en relación con la justicia de Cristo y la justificación por la fe son el resultado de la postura que usted ha tomado hacia el hombre y hacia el mensaje enviado por Dios. Pero Jesús anhela otorgarle las más ricas bendiciones…

El mensaje a Laodicea ha estado resonando. Tome ese mensaje en todas sus facetas y proclámelo allí donde la Providencia abra el camino. La justificación por la fe y la justicia de Cristo son los temas que deben presentarse a un mundo que perece. ¡Ojalá pueda abrir a Jesús la puerta de su corazón![62].

Ellen White no pudo ser más clara; Jones y Waggoner habían sido enviados con el preciso mensaje que abriría las compuertas del cielo. De ser aceptado por el liderazgo y por los laicos, después llegaría a todo el mundo. Dos semanas antes, Ellen White escribió declaraciones parecidas a S. N. Haskell en una carta que trataba de los tiempos prodigiosos en los que por entonces estaban viviendo. Tras citar Apocalipsis capítulo 3, Ellen White volvió a expresar la gran necesidad de arrepentimiento, llegando a especificar que el Señor estaba a la puerta y llamaba mediante sus mensajeros delegados:

Hay una gran necesidad de arrepentimiento cuando consideramos la ocasión que hemos dado al mundo de dudar de la verdad del cristianismo. Siendo nosotros los que hemos tenido gran luz, hoy somos más culpables ante Dios que cualquier otro pueblo…

Esas advertencias e invitaciones no debieran verse más con fría indiferencia. A nuestras iglesias se les ofrecen las mercancías del cielo…

Vestidos de vuestra propia justicia os sentís en plenitud. Caminando según las chispas de vuestra propia lumbre, no discernís vuestros defectos de carácter. Necesitáis las vestiduras tejidas en los telares del cielo a fin de que vuestra desnudez no os confunda en el día de Dios. Estáis viviendo en un autoengaño culpable, puesto que os mantenéis al margen de la luz y los ricos tesoros de la gracia de Dios. Imagináis ser ricos cuando estáis en la bancarrota. Toda vuestra vida ha sido una mentira.

Abrid vuestras puertas, dice el Mercader celestial. Los llamamientos han sido casi en vano. Cada resquicio del corazón ha permanecido sellado. Los laodicenses satisfechos de ellos mismos han dejado a Jesús fuera. La mundanalidad, la propia justicia, el orgullo y la tibieza han atado por tanto tiempo a las almas con cadenas de incredulidad que ahora, cuando se oye la voz del Salvador mediante sus mensajeros, se añaden la rebelión y la obstinación del alma para agravar la culpabilidad. Ataviados en sus vestiduras inútiles de justicia propia, se sienten insultados al decirles que están desnudos. Se oye la voz del Salvador: "He aquí mediante mis mensajeros delegados yo estoy a la puerta y llamo". ¿Le dejaréis entrar? ¿Abriréis el corazón a la influencia sagrada de la gracia de Cristo que es enternecedora y que lleva a la sumisión? ¿Podéis mantener vuestro corazón cerrado ante su amor y las riquezas de su gracia? ¿Triunfará el mismo Satanás en vuestro terrible engaño de que no tenéis necesidad de nada?[63].

Nota 50: Como se ha señalado anteriormente, Ellen White había declarado que las ideas confusas sobre la enseñanza de la justicia por la fe eran el resultado de la oposición al mensaje de 1888. Dijo también que Jesús, mediante sus mensajeros delegados (Jones, Waggoner, etc), estaba a la puerta con los verdaderos remedios para la iglesia. Ahora, 125 años después, historiadores adventistas modernos como Desmond Ford, Burt Haloviak, George Knight y Woodrow Whidden nos informan de que fueron Jones y Waggoner quienes trajeron a la iglesia el mensaje de confusión, empezando en fecha tan temprana como el año 1889. Ver Ron Duffield, El retorno de la lluvia tardía, vol. I, 251-253.

Al comenzar a dibujarse en el horizonte la asamblea de la Asociación General de 1893, Ellen White llamó una vez más la atención del cuerpo pastoral al mensaje de Laodicea. "Estamos ciertamente viviendo en medio de los peligros de los últimos días", escribió Ellen White al principio de su carta de quince páginas. "Las iglesias habían seguido tratando con indiferencia" verdades que llevaban a un examen de conciencia. "La única esperanza para nuestras iglesias hoy es arrepentirse y hacer su primera obra". Suplicó a los "hermanos que van a reunirse en la asamblea de la Asociación General [de 1893] que den oído al mensaje enviado a los laodicenses. ¡Vaya condición de ceguera es la suya! Este tema se ha presentado una y otra vez ante vosotros, pero vuestra insatisfacción con vuestra condición espiritual no ha sido suficientemente profunda ni dolorosa como para obrar una reforma". Ellen White volvió entonces nuevamente al asunto del mensaje y mensajeros de Minneapolis. ¿Qué trato recibieron? Citaremos un fragmento considerable de esa carta:

Pregunto: ¿qué significado tiene la contención y la disputa entre nosotros? ¿Qué significa ese espíritu áspero y férreo que es evidente en nuestras iglesias e instituciones, y que tan anticristiano es? Tengo profunda tristeza de corazón por ver con qué presteza se critica una palabra o acción del pastor Jones o del pastor Waggoner. Cuán rápidamente pasan muchas mentes por alto todo el bien que se ha obrado mediante ellos en los años recientes, y no aprecian evidencia de que Dios está obrando mediante esos instrumentos. Van a la caza de algo que condenar, y su actitud respecto a esos hermanos que se han implicado celosamente en realizar buenas obras demuestra que el corazón alberga sentimientos de enemistad y amargura. Lo que se necesita es el poder convertidor de Dios en las mentes y corazones. Dejad de mirar a vuestros hermanos con recelo…

Nota 52: Sería imposible describir mejor la obra biográfica de algunos historiadores adventistas modernos en su procura actual por desacreditar a Jones y Waggoner. Sus obras biográficas evidencian ciertamente estar motivadas por el deseo de promocionar su agenda personal de teológica evangélica, más bien que por presentar un examen honesto e imparcial de la historia adventista.

Muchos se han convencido de haber estado contristando al Espíritu de Dios por su resistencia a la luz, pero aborrecieron morir al yo y postergaron la obra de humillar sus corazones y confesar sus pecados. No quisieron reconocer que fue Dios quien enviaba la reprensión, ni que la instrucción procedía del cielo, hasta que desapareciera cualquier sombra de incertidumbre. No anduvieron en la luz. Esperaban poder salir de la dificultad de alguna forma más fácil que mediante la confesión del pecado y Satanás los ha tomado, los ha tentado, y no tienen más que una fortaleza muy débil para resistirlo.

Se ha amontonado una evidencia tras otra, pero no han tenido la voluntad de reconocerlas. Mediante su actitud terca han demostrado la enfermedad del alma que les afectaba, ya que no existía evidencia que los pudiera satisfacer. La duda, la incredulidad, el prejuicio y la obstinación mataron todo amor en sus almas. Exigieron seguridad perfecta, pero eso no es compatible con la fe. La fe no descansa sobre la constatación, sino sobre la evidencia. La demostración no es la fe.

Si a los rayos de luz que brillaron en Minneapolis se les hubiera permitido ejercer su poder convincente sobre quienes tomaron posición contra la luz, si todos hubieran depuesto sus caminos y sometido sus voluntades al Espíritu de Dios en aquel tiempo, habrían recibido la más rica bendición, habrían chasqueado al enemigo y se habrían mantenido como hombres de fe, fieles a sus convicciones. Habrían tenido una rica experiencia. Pero el yo dijo: No. El ego no estaba dispuesto a resultar herido, sino que luchó por la supremacía.

Y cada una de esas almas será probada de nuevo en los puntos en que entonces fracasó. Tienen un juicio menos claro, menos sumisión, menos genuino amor hacia Dios y hacia sus hermanos ahora, que antes de la prueba en Minneapolis. Están registrados en los libros del cielo como hallados faltos. El yo y la pasión desarrollaron rasgos odiosos.

Desde aquel tiempo el Señor ha proporcionado evidencia abundante en mensajes de luz y salvación. No se les podía dar más tiernos llamamientos ni mejores oportunidades a fin de que pudieran hacer lo que debieron haber hecho en Minneapolis. La luz se ha estado retirando de algunos desde que comenzaron a caminar en las chispas de su propia lumbre. Nadie puede decir cuánto está en juego si se es negligente en cumplir con el llamado del Espíritu de Dios.

Va a llegar el tiempo en que muchos desearán todo y cualquier cosa posible para tener la oportunidad de dar oído al llamado que rechazaron en Minneapolis. Dios tocó los corazones, pero muchos cedieron a otro espíritu que los movía mediante sus pasiones desde lo bajo. Ojalá esas pobres almas hagan una obra cabal antes de que sea eternamente demasiado tarde. Nunca se presentarán mejores oportunidades, nunca tendrán sentimientos más profundos[64].

Notas:

  1. O. A. Olsen, "The Conference", The Review and Herald, 6 diciembre 1892, 768.
  2. "Minutes of the General Conference Committee, Third Meeting," 1 agosto 1892; en "Transcription of minutes of General Conference Committee, 1892 to 1896", 14-15, General Conference Archives, Silver Spring, MD.
  3. "Program for the Institute", General Conference Daily Bulletin, 27 y 28 enero 1893, 1.
  4. El doble, incluyendo las copias)" a América. Una "gran proporción [era] para su empleo en la [asamblea de la] Asociación [General]" (Ellen G. White a E. J. Waggoner, Carta 78, 22 enero 1893; no publicada.
  5. S. N. Haskell a Ellen G. White, 23 febrero 1893; en Manuscripts and Memories, p. 238.
  6. Ver capítulo 3, nota 39.
  7. 1888 to Apostasy, 230.
  8. 1893 GCDB, 30.
  9. Ibid., 69.
  10. American Sentinel, 23 mayo 1895, 164.
  11. 1893 GCDB, 358.
  12. 1897 GCDB, 3.
  13. PM, 172-173.
  14. 17MR, 229.
  15. 5T, 98.
  16. 9MR, 278.
  17. "General Conference Committee Minutes, First Meeting", 20 enero 1893; en "Transcription of Minutes of General Conference Committee, 1892 to 1896", 18, General Conference Archives, Silver Spring, MD.
  18. S. N. Haskell, "The Study of the Bible, No. 1"; J. N. Loughborough, "The Study of the Testimonies, No. 1", General Conference Daily Bulletin, 27 enero 1893, 2-3.
  19. Milton. R. Hook, Flames Over Battle Creek, 77 y 79.
  20. Ellen G. White a Brethren and Sisters in Battle Creek, Carta 2c, 21 diciembre 1892; en General Conference Daily Bulletin, 28 enero 1893, 12, 14-16; original sin cursivas. Ver también Testimonies, vol. 6, 19.
  21. Ver nota 40 del capítulo 3.
  22. W. W. Prescott, "Promise of the Holy Spirit, No. 1", General Conference Daily Bulletin, 30 enero 1893, 38-39; cursivas en original.
  23. S. N. Haskell, "The Study of the Bible, No. 4", General Conference Daily Bulletin, 31 enero 1893, 58.
  24. W. C. Colcord, "Why?" The Home Missionary, enero 1893, 1-2.
  25. Special Test., No. 2, p.19.
  26. W. W. Prescott, "The Promise of the Holy Spirit, No. 2", General Conference Daily Bulletin, 31 enero 1893, 62-65.
  27. R. L. Odom, "Philadelphians or Laodiceans? (Laodicean Church--1)", Review and Herald, 5 enero 1956, 4-5.
  28. Ellen G. White, "To the Brethren and Sisters", Review and Herald, 10 junio 1852.
  29. James White, "The One Hundred and Forty and Four Thousand", Review and Herald, 3 julio 1856, 76.
  30. Ver: R. L. Odom, "Who Are the Laodiceans? (The Laodicean Church--3)", Review and Herald, 12 enero 1956, 5-7.
  31. James White, "The Seven Churches", Review and Herald, 16 octubre 1856, 189 y 192.
  32. Ellen G. White, "The Two Ways", Testimonies, vol. 1, 128-129; 27 mayo 1856.
  33. Ellen G. White, "Be Zealous and Repent", Testimonies, vol. 1, 141-146; febrero 1857.
  34. Ellen G. White, "The Future", Review and Herald, 31 diciembre 1857; en Testimonies, vol. 1, 179-183. Ver también: Ellen G. White, Primeros escritos, 269-273.
  35. Ibid., 181 y 270. Ver también: Felix A. Lorenz, The Only Hope -Nashville, TN: Southern Pub. Assn., 1976-, 69.
  36. Lewis R. Walton, Morning's Trumpet -Bakersfield, CA: Self Published, 2001-, 138.
  37. Ron Clouzet, Adventism's Greatest Need: The Outpouring of the Holy Spirit -Nampa, ID: Pacific Press Pub. Assn., 2011-, 47.
  38. Ellen G. White, "The Laodicean Church", Testimonies, vol. 1, 186; 3 junio 1859.
  39. Ron Clouzet, Adventism's Greatest Need, 48-49; Lewis R. Walton, Morning's Trumpet, 138-141.
  40. Ellen G. White, "The Laodicean Church", Testimonies, vol. 1, 185-187; 3 junio 1859.
  41. Ellen G. White, "Testimony for the Church at Olcott, N.Y", Testimonies, vol. 2, 194; 12 junio 1868.
  42. Ellen G. White, "The Laodicean Church", Review and Herald, 16, 23 y 30 septiembre; 7 octubre 1873.
  43. Ibid., 16 septiembre 1873; en Testimonies, vol. 3, 254-255 y 257.
  44. Ellen G. White, "Faithful Reproofs Necessary", Testimonies, vol. 4, 211; 5 enero 1875.
  45. Ellen G. White, "The Testimonies Slighted", Testimonies, vol. 5, 76; 20 junio 1882.
  46. Ellen G. White a G. I. Butler, Carta 21, 14 octubre 1888; en 1888 Materials, 93.
  47. Ellen G. White, "Experience Following the Minneapolis Conference", Manuscrito 30, junio, 1889; en 1888 Materials, 356.
  48. Ellen G. White, Manuscrito 4, 1883; en Evangelism, 695-696.
  49. Ellen G. White, Spirit of Prophecy, vol. 4, 291; 1884.
  50. Ellen G. White, The Great Controversy, 1888 ed., 457-458.
  51. Ron Duffield, El retorno de la lluvia tardía, vol. 1, 40-43.
  52. Angry Saints, 126-128.
  53. Ellen G. White a O. A. Olsen, Carta 57, 1 mayo 1895; en Testimonies to Ministers, 91-92, y 1888 Materials, 1336.
  54. Ellen G. White a Brother and Sister Maxson, Carta, 12 octubre 1896; en Manuscript Releases, vol. 20, 117.
  55. Ellen G. White, "Camp-Meeting at Rome, N.Y." Review and Herald, 3 septiembre 1889
  56. Ellen G. White, "Our Duties and Obligations", Review and Herald, 18 diciembre 1888.
  57. Ellen G. White, "Christ and the Law", Manuscrito 5, Sermón, 19 junio 1889; en 1888 Materials, 341-345; "Camp-Meeting at Ottawa, Kansas", Review and Herald, 23 julio 1889.
  58. Ellen G. White, "The Righteousness of Christ", Review and Herald, 19 agosto 1892, 497; "The Righteousness of Christ, (concluded)", 26 agosto 1890, 513; en 1888 Materials, 695. Para el contexto amplio de ese artículo, ver Ron Duffield, El retorno de la lluvia tardía, vol. 1, 445-447.
  59. Ellen G. White, "Ye are Complete in Him", Sermón, 19 diciembre 1891; en Bible Echo, 15 enero 1892, 18.
  60. Ellen G. White a Uriah Smith, Carta 25b, 30 agosto 1892; en 1888 Materials, 1004 y 1008.
  61. Ellen G. White a A. T. Jones, Carta 16j, 2 septiembre 1892; en 1888 Materials, 1036; A.T. Jones a Ellen G. White, 8 octubre 1892; en Manuscript and Memories of Minneapolis, 226.
  62. Ellen G. White a Uriah Smith, Carta 24, 19 septiembre 1892; en 1888 Materials, 1051-1054.
  63. Ellen G. White a S. N. Haskell, Carta 30a, 5 septiembre 1892; no publicada.
  64. Ellen G. White a O. A. Olsen, Carta 19d, 1 septiembre 1892; en 1888 Materials, 1018, 1026-1031.