Prescott estaba frente a los reunidos en Battle Creek. Aquella tarde de martes a finales de enero de 1893 se desplegaban ante él cuarenta años de historia laodicense. Gran parte del material que Ellen White escribió sobre el mensaje a Laodicea había pasado por las manos de Prescott, trayendo convicción y arrepentimiento a su propio corazón, como expresó en más de una ocasión[1]. A la luz de toda esa historia y de su contexto, Prescott continuaría ahora presentando su serie sobre la promesa del Espíritu Santo y la necesidad de prestar oído al mensaje dirigido a Laodicea.
Prescott sintió que el único mensaje que podía dar aquella noche, para sí mismo y para todos los presentes, consistía en "comenzar a confesar nuestra pecaminosidad a Dios en un espíritu humilde, con profunda contrición ante él, arrepintiéndonos celosamente". Había llegado el tiempo "cuando ha comenzado a brillar la luz: luz que ha de alumbrar la tierra con su gloria", y solamente se permitiría participar en la obra final a quienes hubieran "limpiado de toda contaminación sus almas; es decir, a los que se hayan arrepentido de sus pecados, de forma que Dios los haya quitado":
Desconozco ciertamente cómo va a suceder, pero a veces me parece que va a haber algo que nos despierte a la forma en que Dios ve el pecado, a la forma en que él nos ve a nosotros. Pero hemos rechazado la advertencia del Espíritu y la instrucción que ha dado, así como los testimonios que nos ha enviado vez tras vez al respecto: "Arrepiéntete y haz las primeras obras, pues si no te arrepientes, pronto vendré a ti y quitaré tu candelabro de su lugar". Esa ha sido la advertencia durante años: ¡Arrepiéntete!, ¡arrepiéntete!, ¡arrepiéntete! Pero no hemos escuchado ese testimonio, sino que hemos llegado al punto en el que decimos: "Soy rico, me he enriquecido y de nada tengo necesidad". Sin embargo, afirmo que si alguna vez hubo una compañía necesitada, es esta…
Soy consciente de estar expresándome con mucha llaneza, pero no lo hago sin antes haber recapacitado y orado. Hablo así porque estoy convencido de que este es el mensaje de Dios a nuestras almas, a la mía y a las vuestras. Sé que es el tiempo para que nos arrepintamos celosamente a fin de que el derramamiento especial del Espíritu de Dios pueda venir sobre nosotros sin destruirnos. Si no hacemos de esto un asunto de ferviente oración, afirmo que eso va a significar simplemente muerte para vosotros y para mí…
No podemos venir a esta asamblea pastoral y de la Asociación día tras día de forma despreocupada. Es tiempo de que cada uno tiemble fervientemente por la salvación de su propia alma… Hay una obra individual que debemos hacer cada uno de nosotros en relación con esta asamblea, que consiste en un solemne escrutinio del corazón ante Dios, tomando su palabra y arrepintiéndonos a fin de poder recibir ese poder…
Encuentro placer en que nos reunamos juntos, en escuchar esas instrucciones y explicaciones de la palabra de Dios. Es para mí un gran gozo. Pero os digo que podemos acudir e irnos de aquí, semana tras semana, año tras año, y no alcanzar la mente de Dios relativa a este tiempo[2].
Estaban ciertamente viviendo en un tiempo solemne. Tan pronto como Prescott terminó su disertación, A. T. Jones retomó de nuevo su tema relativo al mensaje del tercer ángel. Continuó exponiendo los acontecimientos habidos en los Estados Unidos, en cumplimiento de la profecía bíblica al estar estableciéndose una imagen de la bestia (Apoc 13 y 14). Y en el tiempo mismo de 1892 en que se estaba fraguando esa imagen, llegó palabra en confirmación de que el "fuerte pregón" del tercer ángel había empezado a resonar. ¿Cómo podían escapar a la conclusión de que "el fuerte pregón tiene lugar ahora, en este tiempo"?
Jones terminó su sermón citando parte de la carta de Ellen White a Uriah Smith del verano precedente: "Suponed que la atención se desviara de todas las diferencias de opinión, y diéramos oído al consejo del Testigo Fiel. Cuando en el pueblo de Dios se humillen las almas ante él buscando individualmente el Espíritu Santo de todo corazón, se oirá de labios humanos un testimonio tal como el que está representado en esta escritura: 'Después de esto vi otro ángel que descendía del cielo con gran poder, y la tierra fue alumbrada con su gloria'. Habrá rostros radiantes por el amor de Dios, habrá labios tocados por el fuego sagrado, que digan: 'La sangre de su Hijo Jesucristo nos limpió de todo pecado'"[3].
La tarde del jueves Prescott continuó el tema en el punto donde lo había dejado la noche precedente, en la que había procurado fomentar la convicción de que era necesario un arrepentimiento profundo. Lo mismo que sucedió con Job y con los que oyeron las palabras de los discípulos en el día de Pentecostés, "una vislumbre de la gloria y pureza de Jesucristo" llevó al aborrecimiento del yo pecaminoso. Esa fue también la experiencia de Esdras, siervo de Dios, quien se sintió convencido de pecado mientras procuraba llevar a Israel a orar de todo corazón por sus pecados y por los de la nación. ¿Cuál fue la experiencia de los reunidos en Battle Creek en 1893?
Se nos da ahora instrucción al efecto de que los siervos de Dios "entre la entrada y el altar lloren los sacerdotes ministros de Jehová, y digan: 'Perdona, Jehová, a tu pueblo, y no entregues al oprobio tu heredad'". Pero pienso que al considerar ese asunto, antes de poder hacer eso, debiéramos llorar por nosotros mismos. Examinad el registro de los pasados tres o cuatro años y ved primeramente lo que Dios ha estado haciendo por nosotros, para ver después dónde estamos ahora. Dios ha tratado a su pueblo de la forma más remarcable… ¿Qué vamos a hacer cuando Dios nos envía palabra aquí y ahora, a propósito de que está esperándonos impacientemente? Ha estado esperando por tres años, ¿no es así? Por lo tanto, ¿va a retirarlo ahora? -No. Ha dicho: Esperaré un año más, y si no lleva fruto, lo dejaré ir. ¿Cuánto tiempo hace desde que Dios comenzó a enviar de una forma tan especial esta luz, esta instrucción y este reproche a mí y a vosotros? Rememorad: -cuatro años. Es el cuarto año tras Minneapolis y vamos camino del quinto.
Afirmo que nos enfrentamos a algo terriblemente solemne y me quedo sin palabras. Pero desde el fondo de mi alma puedo decir simplemente que hemos alcanzado un tiempo terrible y solemne. Dios ha estado esperándonos y enviándonos reprensión por cuatro años…
No es mi intención procurar que nadie se alinee con ese pensamiento, pero siento que es mi deber presentar esas cosas con la mayor claridad posible, y permitir que el Espíritu de Dios efectúe su propia obra sobre nuestros corazones. Eso es todo cuanto puedo hacer… Estoy simplemente exponiendo hechos ante vosotros, cuando afirmo que si esta noche Dios hiciese que brillasen en nuestros corazones rayos adicionales de su Espíritu, no podríamos regresar a casa tranquilamente y dormir como si nada extraordinario hubiera sucedido y seguir con la rutina habitual[4].
Prescott los había retrotraído amablemente a Minneapolis y a los pecados que pendían todavía sobre ellos como pueblo. ¿Tendrían un pleno sentido de las implicaciones y de lo que estaba en juego? ¿Apreciarían el tiempo extra que se les concedía para el arrepentimiento? Prescott advirtió que no era tiempo para decir: "'Señor, si he pecado, lo lamento'. Ahora, cuando Dios nos envía palabra positiva de que hemos pecado, es un insulto para el alto Cielo que le digamos: 'Si he pecado'. Con eso estamos diciendo que si no he pecado, él es un mentiroso, ya que ha enviado palabra afirmando que lo he hecho".
Haciendo una comparación entre actitudes evasivas como esas en la oración de arrepentimiento y la oración que elevó Daniel, Prescott declaró fervorosamente: "No veis al gran Daniel, a quien el Señor había dicho 'tú eres muy amado', confesando el pecado con un 'si' condicional. De ninguna manera". Daniel había confesado cabalmente sus pecados y los pecados de su pueblo: "'Hemos pecado, hemos cometido iniquidad, hemos actuado impíamente, hemos sido rebeldes y nos hemos apartado de tus mandamientos y de tus ordenanzas. No hemos obedecido a tus siervos los profetas'". Prescott comparó la confesión de Daniel por el desprecio de Israel hacia las advertencias de los profetas del Antiguo Testamento, con la declaración de Ellen White posterior a Minneapolis: "'Algunos critican al mensaje y los mensajeros. Se atreven incluso a rechazar las palabras de reproche que Dios les envía mediante su Espíritu Santo'".
Declaraciones como esa llevaron a Prescott a concluir que "el hecho es, o al menos a mí me lo parece, que nos hemos acostumbrado de tal modo a la idea de apreciar o despreciar esas cosas al pairo de nuestros intereses, que hemos perdido del todo la noción de la santidad de la Palabra de Dios y de su mensaje. Es algo terrible el despreciar la palabra y el mensaje de Dios, y no obstante, nos hemos a costumbrado a hacer tal cosa. ¿Por qué? Porque el pecado está allí y porque Dios no envía males inmediatamente sobre nosotros cuando despreciamos esas advertencias".
A quienes pudieran preguntarse qué debían confesar, Prescott los refirió a una declaración contenida en Obreros evangélicos: "'Somos tan responsables por los males que pudimos haber evitado en otros mediante la reprobación, la advertencia y mediante el ejercicio de la autoridad parental o pastoral, como si fuéramos culpables de realizar los actos nosotros mismos'". Esa declaración casi levantó de su silla a Prescott: "Si Dios no tiene misericordia de nosotros, ¿qué nos espera?... ¿Qué alegaremos ante Dios? ¿Acaso no estaremos obligados a reconocer, como Esdras: "Confuso y avergonzado estoy para levantar, oh Dios mío, mi rostro hacia ti"? Prescott había llamado fielmente la atención del liderazgo de la Iglesia Adventista a las oraciones de Esdras, Daniel y Ezequiel en su arrepentimiento por sus pecados y por los de su propia nación. ¿Estaba Dios llamando también a su pueblo remanente laodicense a un tipo semejante de oración?[5]
El sábado 4 de febrero, S. N. Haskell predicó un sermón en el tabernáculo de Battle Creek, que se encontraba "atestado hasta su máxima capacidad", de forma que los retrasados tuvieron que acomodarse en el espacio improvisado de las escaleras. Haskell predicó "con su libertad y poder habituales" mientras la congregación le oía disertar sobre el mensaje del plan de la salvación[6]. Refiriéndose a la responsabilidad de llevar entonces ese mensaje del evangelio al mundo, Haskell afirmó: "El tiempo en el que vivimos ahora es el del derramamiento del Espíritu de Dios. ¿Cuál es, pues, nuestro deber?... Nuestra obra es tomar el evangelio y llevarlo a todas las partes de la tierra". Tras leer largas porciones de un testimonio de Ellen White, Haskell declaró: "Hermanos, estamos viviendo en el tiempo más solemne que jamás haya existido desde que Adán cayó. Estamos viviendo en las escenas finales de la historia de este mundo, y llama a nuestra puerta la pregunta: '¿Cuál va a ser nuestra parte?... No hemos recibido aún ese Espíritu que quiere darnos. Tiene que producirse un cambio en nuestros corazones, o de lo contrario jamás entraremos en el reino de los cielos"[7].
La tarde del sábado tuvo lugar en la sacristía al este del tabernáculo una reunión multitudinaria compuesta por los hermanos visitantes, pastores, licenciados y otros obreros. Habiendo comenzado a las 14:30, se extendió "hasta la puesta del sol, [y estuvo] casi llena de testimonios de confesión y humildad, aunque caracterizada por mucha fe, esperanza y amor". De acuerdo con lo que escribió E. W. Whitney a su iglesia en Colorado, el resultado de la predicación y testimonios compartidos en los días precedentes pareció ser este: "Mientras que se presenta con poder y en demostración del Espíritu la doctrina de 'la justicia de Cristo' como siendo la justicia que debemos poseer por la fe, no se descuidan los asuntos importantes del arrepentimiento y las buenas obras".
Escribiendo también a propósito de las reuniones sabáticas, M. B. Duffie declaró que "estuvo presente el poder de Dios, y a partir de lo que se ha dicho creemos que cuando esos hermanos regresen a sus respectivos campos de labor, lo harán investidos con el Espíritu del Maestro… Estamos ciertamente teniendo un tiempo pentecostal aquí en Battle Creek, y disfrutan del refrigerio de gotas de la lluvia tardía que están descendiendo ahora sobre su pueblo"[8].
Haskell continuó en la mañana siguiente con su serie sobre el estudio de la Biblia. Tras haber leído comentarios de un artículo de Ellen White en la Review relativo a las bendiciones del Espíritu Santo descansando sobre el buscador diligente de la verdad, Haskell dijo: "Por lo tanto, hermanos, si resultamos chasqueados y no recibimos el Espíritu, ¿de quién será la culpa? -Nuestra. ¿Por qué no lo recibiremos? -Porque dejamos de buscarlo". Haskell continuó describiendo cómo les fue dado el Espíritu Santo a los discípulos en Pentecostés para que tomara el lugar de la presencia personal de Jesús, y fue derramado sobre ellos porque sabían que sus pecados habían sido perdonados. Así habría de suceder también en la lluvia tardía: "Dios ha prometido bendiciones a su pueblo. Son aquellos cuyos pecados han sido perdonados, y que conocen a su Salvador, los que tienen una plenitud que no habían recibido antes. Es el derramamiento del Espíritu de Dios. Es el fuerte pregón del mensaje del tercer ángel. El primer paso es tener un corazón limpio de pecado. Cuando el corazón es limpiado por la sangre de Cristo, avanzaremos en el cumplimiento de la obra que Dios nos ha encomendado"[9].
Aquella tarde, R. C. Porter, hablando acerca de los 144.000 y de la generación del tiempo del fin, citó extensamente el artículo de Ellen White en la Review del 22 de noviembre de 1892: "Que todo aquel que haga profesión de creer que el Señor viene pronto estudie las Escrituras como nunca antes, ya que Satanás está determinado a procurar cualquier medio posible para mantener en las tinieblas a las almas y cegar las mentes a los peligros de los tiempos en que vivimos. Tome todo creyente su Biblia con oración ferviente a fin de ser iluminado por el Espíritu Santo respecto a qué es la verdad, de forma que pueda conocer mejor a Dios y a Jesucristo a quien ha enviado. Buscad la verdad como a un tesoro escondido y chasquead al enemigo. El tiempo de prueba está precisamente ante nosotros, pues el fuerte pregón del tercer ángel ya ha comenzado…" Siguiendo de todo corazón ese consejo, Porter amonestó así a sus oyentes: "Debiéramos estar orando a Dios por su Espíritu Santo. No podemos salir de esta asamblea de la Asociación General para seguir haciendo lo mismo que hicimos antes que viniéramos aquí. ¿Estamos estudiando la Biblia con ferviente oración? ¿Estamos orando para que Dios dirija las mentes de los instructores? Si no lo estamos haciendo, estamos en un terreno peligroso. El fuerte pregón 'ha comenzado'. ¿No debiera eso hacernos despertar?"[10].
Esa misma tarde, A. T. Jones continuó su serie sobre el mensaje del tercer ángel. Dijo a sus oyentes que lo que les había estado predicando todo el tiempo, lo habría predicado exactamente del mismo modo a quienes "jamás habían oído sobre la Iglesia Adventista del Séptimo Día". Trazando un paralelismo entre los discípulos en Pentecostés y la situación actual de la iglesia del último tiempo, Jones les lanzó este desafío: "Debiéramos estar reuniéndonos en grupos para orar por el Espíritu Santo". Les recordó también "que cuando el pueblo de Dios busca individualmente y de todo corazón su Espíritu Santo se oirá de labios humanos un testimonio que cumple la palabra: 'Vi otro ángel que descendía del cielo teniendo gran poder, y la tierra fue alumbrada con su gloria'". Lógicamente se suscitaba la pregunta: ¿estaban orando por el derramamiento del Espíritu Santo?
Tenemos la palabra del Señor confirmando que cada día ascienden oraciones. ¿Están las vuestras entre ellas? ¿Están las mías? Ha de llegar el día en que ascienda la última oración requerida para recibir esa bendición. ¿Qué sucederá entonces? -Vendrá. Se producirá la efusión y será derramado el Espíritu Santo como en el día de Pentecostés. Observad: la palabra asegura que mientras las "oraciones están ascendiendo diariamente a Dios" en reclamo de su promesa, "no se pierde ni una sola de esas oraciones elevadas con fe". Ahí está la bendición de esa promesa. Cuando Dios nos dice que oremos por alguna cosa, eso nos abre las puertas de par en par para que podamos orar en la perfecta confianza de que la recibiremos. Nada hay que pueda impedir que esa oración sea acogida allí. ¿Qué significa para nosotros su palabra? -Que no se pierde ni una sola de esas oraciones elevadas con fe.
Uno de estos días se habrá elevado la última de esas necesarias oraciones y será derramada la bendición. ¿Quiénes la recibirán? Aquellos que elevaron sus oraciones a Dios al respecto. Poco importa si quien oró se encuentra por entonces en el centro de África y el derramamiento ocurre aquí en Battle Creek: la recibirá, puesto que mediante nuestras oraciones queda abierta una comunicación entre nosotros y la fuente de la bendición, y si mantenemos ese canal abierto mediante nuestras oraciones, cuando sea derramado el Espíritu alcanzará el lugar desde el que fueron elevadas[11].
Esas poderosas presentaciones se extendieron más allá de la audiencia de aquella sala. Una reseña editorial en la Review anunciaba que "se han publicado ahora varios números del Conference Bulletin, y en vista de las excelentes y extraordinarias reuniones que estamos teniendo en nuestra asamblea pastoral…" No obstante, se advertía a los lectores acerca de que los ejemplares desaparecían tan pronto, "que rápidamente se va a agotar el almacén". Esa respuesta indicaba que "el Espíritu de Dios se está manifestando de una forma notable en nuestras reuniones, y estamos haciendo todo lo que podemos para dar a nuestro pueblo el beneficio de ellas mediante el Bulletin"[12].
Probados de nuevo en el mensaje a Laodicea
El lunes 6 de febrero por la tarde A. T. Jones volvió a reunir todas las evidencias de que estaban viviendo en la presencia misma de los eventos que conducirían al retorno de Cristo. A partir de la Biblia y de los Testimonios se había presentado evidencia tras evidencia de que en aquel mismo tiempo debían "tener el único poder mediante el cual se podría dar el mensaje al mundo". Sin embargo Jones sugirió que el mayor peligro para aquella congregación y para el adventismo en cualquier lugar consistía en que no fueran capaces de ver las cosas de importancia vital que les concernían individualmente -es decir, cómo estaban sus propios corazones con Dios- y que en lugar de eso se concentraran en "las cosas que están fuera". Existía asimismo el peligro de que "abordaran esas cosas como si fueran una especie de teoría", en lugar de procurar "tener al Cristo viviente en el interior".
Cuando Jones abordó el tema en sus siguientes dos presentaciones, lo hizo con prudencia: "Para mí, esta disertación y la siguiente son las más temibles entre las que jamás me haya visto. No las he elegido yo, y las temo". Jones procuraba también llevar a sus oyentes al consejo del Testigo Fiel y Verdadero a la iglesia de Laodicea. Enfatizó la necesidad del arrepentimiento a fin de que se cumpliera la plenitud de la promesa de la lluvia tardía y el fuerte pregón. Relacionó también el llamado de Dios al arrepentimiento con los eventos de Minneapolis y el subsiguiente rechazo del derramamiento del mensaje preciosísimo de la justicia por la fe. Eso implicaría una obra monumental. Cuando Jones comenzó, a pesar de ser uno de los mensajeros mediante quienes Dios estaba llamando a la puerta, no se puso aparte de sus hermanos. Buscaría el arrepentimiento junto a ellos:
Os pido, para comenzar, que no me consideréis como a alguien separado de vosotros, como quien está por encima, como si os hablara desde un nivel superior, excluyéndome a mí mismo de las cosas que se vayan a presentar. Estoy con vosotros en todas estas cosas. Yo, de igual forma que vosotros, y en la misma medida, necesito como el que más en la tierra estar preparado para recibir lo que Dios nos tiene que dar. Así pues, os ruego que no me separéis de vosotros en esto. Y si veis faltas que habéis cometido, yo también veré faltas que cometí, y por favor, no me culpéis si presento lo que traiga a vuestra mente faltas que hayáis cometido; no me culpéis como si os estuviera juzgando o buscando faltas en vosotros. Presentaré simplemente los hechos, y vosotros que tenéis parte en ellos sabréis cada uno por sí mismo que es un hecho, de igual forma en que al concernirme a mí sabré que es un hecho en lo que a mí respecta. Lo que procuro, hermanos, es buscar a Dios junto a vosotros de todo corazón [Congregación: "Amén"] y despejar el camino de todo obstáculo, a fin de que Dios pueda darnos todo lo que tiene para nosotros[13].
Jones les recordó que durante las reuniones se había mantenido ante ellos el pensamiento de que había llegado el tiempo en el que "Dios ha prometido dar la lluvia temprana y tardía. Ha llegado el tiempo en que debemos pedirla y esperarla". Pero sólo se concedería la lluvia tardía y el fuerte pregón cuando fueran "de un corazón y una mente". En consecuencia, Jones declaró: "Si hay las diferencias que sea entre vosotros y cualquier otro en esta tierra -estén o no en esta asamblea-, es tiempo de que vosotros y yo las quitemos del camino". Una preparación como esa permitiría que Dios cumpliese sus promesas. Eso es lo que habían hecho los discípulos antes de Pentecostés, y a lo que llamaba el mensaje a Laodicea. La murmuración y las contiendas entre los hermanos eran obra del diablo, y se la debían dejar exclusivamente a él. Tenían que amar a los hermanos y defenderlos a fin de no resultar separados de Dios al volver las armas de combate uno contra otro. Para los adventistas del séptimo día había llegado el momento de confesar su condición:
Bien, hermanos, lo mejor que podemos hacer es ir directamente a ese mensaje a los laodicenses y reconocer la veracidad de cada una de sus palabras. Cuando nos dice que somos desgraciados, digámosle: "Así es, soy desgraciado, miserable, pobre; un perfecto mendigo, y nunca seré otra cosa en el mundo; soy ciego y no otra cosa; estoy desnudo y además no me doy cuenta de todo ello, lo ignoro, lo desconozco en absoluto de la forma en que debería conocerlo". Entonces le diré cada día y a cada hora: "Señor, ¡todo eso es cierto! Pero en lugar de mi desgracia, dame tu propia satisfacción; en lugar de mi miseria, dame tu consuelo; en lugar de mi pobreza, dame tus propias riquezas; en lugar de mi ceguera, sé tú mi vista; en lugar de mi desnudez, vísteme de tu propia justicia y enséñame tú aquello que no sé". [Congregación: "Amén"][14].
Jones terminó su presentación haciendo a todos un llamado a "estar hoy unidos, ya que esa es la obra que Dios quiere hacer en nosotros". Sus corazones no debían estar enfocados en la ambición por los puestos más elevados en la Asociación o en el Comité de la Asociación, sino en "'quién se va a esforzar más en ganar almas para la justicia'". Esa fue la mente de la iglesia primitiva cuando se derramó sobre ellos el Espíritu Santo: "'El Espíritu de Cristo los hizo uno. Tal es el fruto de estar en Cristo. Pero si la disensión, la envidia, los celos y contiendas son el fruto que estamos llevando, no es posible que estemos en Cristo'"[15].
La tarde siguiente, el martes 6 de febrero, R. C. Porter continuó su serie sobre la mente de Cristo, y también él llevó la atención de sus oyentes al mensaje de Laodicea según la luz del gran conflicto: "En las declaraciones que he leído se despliega la controversia entre Cristo y Satanás. Y hermanos, los principios que subyacen en el mensaje del tercer ángel son los que Dios tenía desde el principio mismo. Me gustaría hacéroslo ver a todos tal como Dios lo ha desplegado ante mi mente. Si pudiera lograrlo, ni una sola alma aquí dejaría de exclamar: 'Puedo ver que eso se aplica a mi caso'. Él dice: 'Yo conozco tus obras'. ¿De qué tipo de obras se trata? -Pobre, desgraciado, ciego y desnudo. ¿Conoce nuestra condición? -La conoce. ¿No convendría que reconociéramos: 'Estoy lleno de pecado y no hay nada bueno en mí'? Lo que él dice es cierto, incluso si yo, en mi ceguera, soy incapaz de verlo". El propio Porter había estado estudiando ese tema a la luz de la justicia de Cristo, a la luz de su amor, y ahora veía toda su vida pasada como "un fracaso, ya que todo lo que hice, lo hice por un principio equivocado, por un motivo incorrecto. Quiero deciros que todo cuanto ha dicho el Testigo Fiel y Verdadero, es verdadero en mi caso, y yo lo desconocía".
Tras comparar el poder de la fuerza empleada en el reino de Satanás, con el poder del amor que rige en el reino de Cristo, Porter terminó su disertación regresando a los eventos de Minneapolis:
¿Qué estamos haciendo en esta asamblea? Dios ha dicho que es el tiempo para congregarnos, orar y rogar a Dios por su bendición. Tiempo de buscar a Dios con todo nuestro corazón. Quisiera que pudierais verlo todos tal como yo lo veo ahora. Satanás es el acusador de los hermanos. Regresad a Minneapolis. ¿Hubo acusaciones contra los hermanos? Os pregunto en nombre de mi Dios de amor, ¿qué clase de consejos habéis estado teniendo? Es tiempo de que tengamos consejos de paz. Permitamos que haya en nosotros la mente que hubo en Cristo.
Agradezco a Dios, pues veo que la nube se va deshaciendo y estamos comenzando a ver que somos pobres, miserables, ciegos y desnudos. Cuando él nos muestra lo peor de nuestros casos, lo hace acompañado de benditas palabras de ayuda y salvación. Cuando él describe nuestra desnudez, lo hace tendiéndonos la bendita vestimenta de justicia para cubrir todos nuestros pecados. No quiere avergonzarnos. Pone sus brazos eternos sobre nosotros. ¡Ojalá pudiéramos ver lo que Dios quiere hacer por nosotros! Que él pueda abrir ante nosotros los consejos de paz. Es tiempo de que reconozcamos nuestras faltas unos a otros. Tenemos una obra por hacer, ¡ojalá Dios nos de sabiduría para la realización de todo deber! Hermanos míos, tengamos consejos de paz antes de que se pase el tiempo y sea demasiado tarde [16].
Aquella misma tarde Jones continuó su presentación donde la había dejado la noche anterior. Algunos habían estado evidentemente cuestionando algunos de sus comentarios en aquella presentación, ya que querían saber cómo se puede uno reconocer miserable, pobre, ciego y desnudo, y "al mismo tiempo gozarse en el Señor". Jones respondió así: "Pregunto de qué otra manera podría uno gozarse", excepto reconociendo su verdadera condición". Para exponer ese punto con mayor claridad, Jones citó una declaración de Ellen White en el Testimonio 31: "¿Estáis en Cristo? No, si no os reconocéis pecadores errantes, desvalidos y condenados". Jones expresó entonces esta conclusión: "Eso es lo que algunos de los hermanos dicen no poder ver. Dicen: 'No puedo ver cómo, si estoy en Cristo, me he de reconocer un pecador acabado y desvalido; creía que si estoy en Cristo debería dar gracias a Dios por ser bueno, libre de pecado, enteramente perfecto, santificado y todo eso'. ¿Por qué no?, él lo es. Cuando uno está en Cristo, él es perfecto, es justo, es santo y jamás yerra, y su santidad le es imputada, le es dada. Su fidelidad, su perfección, es mía, pero yo no soy eso".
Jones llevó a continuación a la audiencia de regreso a las primeras declaraciones de Ellen White sobre la condición laodicense y la obra que Dios estaba procurando realizar desde fecha tan temprana como el año 1859. Cuando se dio el mensaje por vez primera, hubo confesión de pecados y muchos sintieron que eso terminaría en el fuerte pregón. Pero cuando la obra no se realizó en un corto período de tiempo, muchos perdieron los efectos del mensaje. A Ellen White se le mostró que el mensaje no cumpliría su obra en unos pocos meses, sino que tenía por fin hacer consciente al pueblo de Dios de "'sus rebeliones y llevarlo a un arrepentimiento celoso, a fin de que pueda ser favorecido por la presencia de Jesús y estar preparado para el fuerte pregón del tercer ángel'". Y en aquel preciso tiempo en 1859, "'fueron enviados ángeles en todas las direcciones para preparar a los corazones incrédulos para la verdad'". A ese pensamiento, Jones replicó: "Así es como estamos [en 1893]. Mientras que el mensaje nos prepara para el fuerte pregón, Dios está enviando ángeles por doquier para preparar a las personas para la verdad. Y cuando salgamos de esta asamblea con el mensaje tal cual es ahora, la gente lo escuchará"[17].
Jones continuó con el tema del mensaje a Laodicea, citando fragmentos de varios Testimonios escritos en los años precedentes. Después de haber citado un testimonio escrito en 1885 en el que Ellen White decía: "[El mensaje] pronto avanzará con un fuerte pregón, y la tierra será alumbrada por su gloria", Jones dijo: "Ahora ha venido palabra al efecto, no de que avanzará pronto, sino de que ha 'comenzado' ya y 'avanza' con un fuerte pregón". Y alguien había leído ya previamente "que de igual forma en que Israel estaba ante la frontera de Canaán", así estaban en 1893. "¿Quién irá?", preguntó Jones: "Los que se esfuerzan en favor de una acción inmediata'. Esos son los que entrarán. Así lo dice Dios. Puede ser que los dubitativos y temerosos se tarden y causen un retardo a la obra de Dios; pero no temáis: Dios ha prometido que entraremos"[18].
Jones volvió ahora al mensaje de Minneapolis y lo comparó con la profecía de la lluvia tardía del libro de Joel, pero señalando la triste acogida que se dio al mensaje:
Recordaréis cuando la otra tarde leía el capítulo 2 de Joel… la nota al margen en la Biblia. ¿Lo recordáis? Entonces dije que volveríamos a aquella nota al margen posteriormente. Buscadla y leedla ahora en vuestras Biblias. Dice el versículo 23: 'Vosotros también, hijos de Sión, alegraos y gozaos en Jehová vuestro Dios, porque os ha dado la primera lluvia a su tiempo' ¿Qué dice en la nota marginal? 'Un instructor de justicia'. Os ha dado un instructor de justicia. ¿Cómo? -De acuerdo con la justicia. 'Y hará descender sobre vosotros lluvia'. Y ¿en qué consistirá? Cuando vino la primera lluvia, ¿en qué consistió? -En un 'instructor de justicia'. Y cuando él da la lluvia tardía, ¿en qué consistirá? -En un 'instructor de justicia'. ¿Cómo? -De acuerdo con la justicia. ¿No es precisamente eso lo que nos ha dicho el testimonio en ese artículo que se os ha leído en varias ocasiones? 'El fuerte pregón del tercer ángel', la lluvia tardía, ha comenzado ya 'en el mensaje de la justicia de Cristo'. ¿No es eso mismo lo que nos dijo Joel en su día? ¿No fue nuestra vista desviada, a fin de que no pudiéramos ver?...
Así pues, la lluvia tardía -el fuerte pregón-, de acuerdo con el testimonio y de acuerdo con la Escritura, es el 'instructor de justicia' de acuerdo con la justicia. Ahora, hermanos, ¿cuándo fue que este mensaje de la justicia de Cristo comenzó con nosotros como pueblo? (Uno o dos en la audiencia: 'Hace tres o cuatro años'). ¿Son tres, o son cuatro? (Congregación: 'Cuatro'). -Sí, cuatro. ¿Dónde fue? (Congregación: 'Minneapolis'). ¿Qué rechazaron entonces los hermanos en Minneapolis? (Algunos en la congregación: 'El fuerte pregón'). ¿Cuál es ese mensaje de justicia? El Testimonio nos ha dicho qué es: el fuerte pregón, la lluvia tardía. Siendo así, ¿qué rechazaron en Minneapolis los hermanos en esa terrible posición en la que estuvieron? Rechazaron la lluvia tardía, el fuerte pregón del mensaje del tercer ángel.
Hermanos, ¿no es bien triste? Por supuesto, los hermanos no sabían que estaban rechazando eso, pero el Espíritu del Señor estaba allí para decirles que lo estaban haciendo ¿no es así? Pero al rechazar el fuerte pregón -el 'instructor de justicia'-, el Espíritu del Señor estuvo allí mediante su profetisa, y nos dijo lo que estaban haciendo. ¿Qué sucedió entonces? Oh, entonces simplemente pusieron de lado a la profetisa, junto con lo otro. Eso fue lo que sucedió. Hermanos, es tiempo de que recapacitemos en estas cosas. Es tiempo de meditar seriamente, de pensar con detenimiento[19].
Así relacionó Jones la lluvia tardía con la enseñanza de la justicia por la fe, que es el fuerte pregón. Bien habría podido leer igualmente el cántico de Moisés en Deuteronomio 32: "Goteará como la lluvia mi enseñanza; destilará como el rocío mi razonamiento, como la llovizna sobre la grama, como las gotas sobre la hierba… Él es la Roca, cuya obra es perfecta, porque todos sus caminos son rectos. Es un Dios de verdad y no hay maldad en él; es justo y recto" (vers. 2 y 4).
Nota 20: A. T. Jones no fue el primero en identificar la lluvia tardía con el "instructor de justicia". Percy T. Magan lo había hecho en 1891: "Nuestra obra futura", Bible Echo and Signs of the Times, 15 febrero 1891, 60. Otros más lo habían hecho desde 1893: Taylor R. Bunch, "The Sealing and the Latter Rain", document no publicado, n.d., 13, en Document File, Ellen G. White Estate, Loma Linda Branch Office; Meade MacGuire, "The Early and Latter Rain--No. 2", Ministry Magazine, octubre 1939, 19; Jerry Finneman, "The Latter Rain is the Message of Christ and His Righteousness--Part 1", New England Pastor, noviembre/diciembre 2009, 11-12; Ron Clouzet, Adventism's Greatest Need: The Outpouring of the Holy Spirit, 180-181.
Jones describió asimismo con precisión el trato que se dio a Ellen White a consecuencia de posicionarse en favor del mensaje y los mensajeros.
Nota 21: El trato que se dio a Ellen White tras Minneapolis ha sido presentado, y lo seguirá siendo, en la serie El retorno de la lluvia tardía.
Jones continuó presentando, mediante la lectura de muchos más Testimonios, la forma en que algunos de los líderes criticaban "'el mensaje y los mensajeros'", hasta el punto de rechazar "'las palabras de reproche que Dios les envió mediante su Espíritu Santo'". Leyó partes de la carta de Salamanca escrita en noviembre de 1890, que mencionaba "'las evidencias dadas en los dos años pasados acerca de las acciones de Dios mediante sus siervos escogidos'". Jones señaló que ese consejo se refería de forma inconfundible al tiempo que siguió a Minneapolis. ¿Dónde había llevado eso al pueblo de Dios cuatro años después? Una vez más, Jones no se puso aparte de sus hermanos, sino que se incluyó con ellos:
Sabéis de quién se trató. No espero que ninguno de vosotros mire hacia algún otro. Cada uno sabe si estuvo en ello, o no. Y hermanos, ha llegado el momento de que aceptemos esta noche lo que entonces rechazamos. Ni una sola alma entre nosotros ha sido capaz de imaginar la maravillosa bendición que Dios tenía para nosotros en Minneapolis, y que habríamos estado disfrutando estos cuatro años, si los corazones hubiesen estado dispuestos a recibir el mensaje que Dios envió. Estaríamos cuatro años por delante; esta noche habríamos estado en medio de las maravillas del fuerte pregón. ¿No nos dijo el Espíritu de profecía allí, en aquel tiempo, que la bendición estaba rondando sobre nuestras cabezas? Bien, hermanos, lo sabéis. Cada uno por sí mismo -no se trata aquí de examinar a otro-, examínese a sí mismo. Cada uno sabe por sí mismo la parte que tuvo en aquello. Hermanos, ha llegado el momento de erradicar todo ese asunto…
Quiero leer dos párrafos de este testimonio que aún no se ha publicado:
"Las falsas ideas que camparon ampliamente en Minneapolis no han sido enteramente desarraigadas de algunas mentes. Los que no han hecho una obra concienzuda de arrepentimiento bajo la luz que Dios ha tenido a bien dar a su pueblo desde aquel momento, no verán las cosas con claridad, y se aprestarán a calificar como un engaño los mensajes que Dios envía"…
Ahora, este párrafo adicional en Special Testimonies:
"Los prejuicios y opiniones que prevalecieron en Minneapolis están lejos de haber muerto. Las semillas que fueron allí sembradas en algunos corazones están listas para revivir y dar una cosecha similar. Se han cortado las ramas, pero las raíces nunca se han erradicado y siguen llevando su fruto impío que envenena el juicio, pervierte las percepciones y ciega el entendimiento de aquellos con quienes os relacionáis a propósito del mensaje y los mensajeros. Cuando mediante una confesión cabal destruyáis la raíz de amargura, veréis luz en la luz de Dios. Sin esa obra concienzuda nunca limpiaréis vuestras almas".
Hermanos, ¿limpiaréis así vuestras almas y abriréis el camino del Señor para que envíe su Espíritu en el derramamiento de la lluvia tardía?[20].
Jones encontró en los Testimonios evidencia abundante de que el maltrato al mensaje de Minneapolis fue responsable de la demora en el fuerte pregón que se debía dar al mundo. Tras haber identificado el mensaje como si fuera un engaño, y habiéndolo tratado como tal, se requería ahora el arrepentimiento antes que la lluvia tardía pudiera derramarse en su plenitud. Tras haber leído la descripción que hizo Ellen White de la adoración a Baal como la religión que se había escogido y de cómo el verdadero mensaje de la justicia fue "'denunciado por llevar al entusiasmo y el fanatismo'", Jones hizo otro llamado al arrepentimiento. Era tiempo para tomar una posición decidida en favor del mensaje que Dios estaba enviando, y no de continuar intentando nadar entre dos aguas. No había terreno neutral:
Hermanos, no digo estas cosas con ánimo de encontrar faltas o de condenar. Las digo en el temor de Dios, para que cada uno de nosotros pueda saber dónde estamos. Si persiste todavía alguna de esas raíces de Minneapolis tras estos cuatro años, o si se ha cultivado algún resto de ellas durante estos cuatro años, asegurémonos aquí y ahora que las erradicamos totalmente y nos postramos a los pies de Cristo con esta confesión: "Soy desgraciado, miserable, pobre, ciego y desnudo, y no conozco mi condición." Ahí es donde estamos.
Sé que allí algunos lo aceptaron. Otros lo rechazaron totalmente. Vosotros también lo sabéis. Aún otros procuraron mantenerse a medio camino, y así es como lo obtuvieron. Pero esa no es la forma de recibirlo, hermanos. No es así como se lo obtiene. Creyeron que podían tomar una posición equidistante, y aunque no se puede decir exactamente que lo recibieran o que se comprometieran con él, sin embargo estarían dispuestos a ir allá donde el viento soplara finalmente. Allá donde fuese el cuerpo, estarían ellos también dispuestos a ir.
Desde ese tiempo otros han visto que Dios está haciendo avanzar el cuerpo y la causa en esa misma línea, y se han propuesto avanzar junto al cuerpo mientras vean que se mueve en esa dirección. Hermanos, necesitáis tener esa justicia de Jesucristo mucho más cerca de vuestro corazón que todo eso. Cada uno necesita tener la justicia de Dios más cerca de él, que simplemente sopesar las cosas y quedarse a medio camino: de hacer así, no conoceréis en absoluto la justicia de Dios.
Aun otros han sido aparentemente favorables, y estuvieron dispuestos a hablar en su defensa cuando todas las cosas iban en esa dirección. Pero cuando apareció aquel espíritu implacable -que fue descrito como perseguidor-, al irrumpir violentamente ese espíritu y guerrear contra el mensaje de la justicia por la fe, en lugar de mantenerse noblemente en el temor de Dios, y frente al ataque declarar: "Es la verdad de Dios y la creo con toda mi alma", comenzaron a ceder y a disculparse, excusándose en razón de los que lo estaban predicando, como si se tratara de un asunto meramente humano, teniendo en admiración a las personas por causa del provecho.
Hermanos, la verdad de Dios no necesita disculpas. El hombre que predica la verdad de Dios no necesita disculparse. La verdad de Dios requiere vuestra fe; eso es lo que pide. Todo cuanto necesita la verdad de Dios es que tú y yo la creamos, la recibamos en nuestros corazones y nos tengamos por ella frente a los ataques que pueda sufrir; y que se sepa que estáis con los mensajeros que Dios envía a predicar, no porque sean ciertas personas, sino porque Dios los envía con un mensaje[21].
En la presencia de Dios: un lugar solemne
La mañana siguiente, el presidente de la Asociación General -O. A. Olsen-, retomó el tema allí donde A. T. Jones lo había dejado la noche precedente. Basándose en las presentaciones que habían dado aquella mañana Prescott, Porter, Haskell, Underwood, Jones y otros, había un sentir general de que Dios se estaba realmente acercando. El mensaje a Laodicea estaba tocando los corazones, no obstante, no estaban dispuestos a cambiar, ni siquiera después de haberlos emplazado nuevamente ante Minneapolis. ¿Cómo iban a responder?:
Este lugar está cargado de solemnidad en aumento, debido a la presencia de Dios. Creo que ninguno de nosotros ha estado jamás en una reunión como la que estamos teniendo en esta ocasión. Verdaderamente el Señor se está acercando mucho y está revelando más y más cosas, cosas que antes no habíamos apreciado ni comprendido plenamente. Es también evidente que el mensaje del "Testigo Fiel" está siendo más apreciado que en el pasado. Nuestro gran problema ha sido que mientras que hemos venido siendo tal como declara el mensaje: pobres, miserables, ciegos y desnudos, no lo sabíamos. Pensábamos que teníamos la verdad, y por consiguiente, hemos dicho: "Soy rico, y estoy enriquecido, y no tengo necesidad de ninguna cosa". Todos estos años el Espíritu de Dios nos ha estado llamando y exponiendo cuál era nuestra condición; pero no hemos sido capaces de verla, no hemos estado dispuestos a reconocerla.
Anoche sentí una gran solemnidad [mientras A. T. Jones tenía su presentación]. El lugar se me hacía grandioso debido a la gran cercanía de Dios en el solemne testimonio que se nos dio. ¡Me alegra tanto que el Señor esté obrando! Espero grandes cosas a resultas de ello. A duras penas sé qué deciros esta mañana, pero hay algo que os voy a leer.
Algunos se pueden sentir disgustados por el hecho de que se haga referencia a Minneapolis. Sé que algunos se han sentido agraviados y probados ante cualquier alusión a aquel encuentro y la situación que allí se dio. Pero téngase presente que la razón por la que alguien pudiera sentirse así, es porque no haya sometido su espíritu. Tan pronto como nos sometemos plenamente y humillamos nuestro corazón ante Dios, el problema desaparece del todo. El simple hecho de que alguien se sienta agraviado, demuestra la existencia de la semilla de rebelión en su corazón.
Hermanos, Dios lo sabía todo sobre aquella reunión antes que la tuviéramos. Él está en esta obra. Él mismo es quien la dirige. Dios no puede manifestar su amor en este tiempo más efectivamente que revelándonos nuestros pecados. Como se ha dicho ya varias veces, es el pecado el que se interpone en el camino de las bendiciones de Dios. Se debe expulsar el pecado antes que pueda venir el Espíritu de Dios. Poco importa dónde esté o de quién se trate, si eres pastor desde hace muchos años, o si eres un pecador que acaba de despertar al primer sentimiento de culpa. El pecado es pecado allí donde esté, y debe ser eliminado antes que Dios pueda hacer morada, ya se nos ha dicho repetidamente que Cristo no entra en componendas con el pecado. No lo puede hacer.
Si en una ocasión fracasamos, el Señor nos llevará nuevamente al mismo terreno, y si volvemos a fallar, nos volverá a llevar. Si fallamos una tercera vez, el Señor volverá a llevarnos al mismo terreno una vez más. ¿Por qué nos lleva vez tras vez al mismo terreno? ¿Cuál es su propósito en ello? Es para que podamos aferrarnos a su gracia y venzamos. Él no quiere que nadie perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento. Por lo tanto, en lugar de exasperarnos porque el Señor nos lleve de nuevo al mismo terreno, démosle gracias y alabémoslo sin cesar, pues se trata de la misericordia y compasión de Dios. Cualquier cosa que no fuera eso significaría nuestra ruina y destrucción. En nosotros se debe desarrollar el carácter y la mente de Cristo, antes de estar listos para vivir con él. Por lo tanto, sea Dios alabado por interactuar con nosotros de forma tan fiel y directa.
La idea misma de que Dios está acercándose tanto a nosotros en este tiempo, y mostrándonos nuestro pecado en su verdadero carácter, es la indicación inconfundible de que tiene grandes bendiciones para otorgar a sus siervos. Sí, no hay nada más animador que eso[22].
Nota 24: Da la impresión de que Olsen estaba en total sintonía con los llamados al arrepentimiento que hicieron Jones y otros predicadores hasta ese momento en la asamblea. No parece haber evidencia alguna de que Olsen percibiera las presentaciones de Jones como siendo ataques "vehementes" contra los hermanos, tal como algunos historiadores adventistas han pretendido[23].
Pero Olsen no terminó ahí. Tras haber leído un testimonio de Ellen White, continuó expresando pensamientos similares a los de Jones en relación con el mero asentimiento a la verdad: "Como denominación, en teoría hemos creído en la doctrina de la 'justificación por la fe', y los que se implicaron en la temprana experiencia con el mensaje conocieron mucho de su poder. Pero al progresar la obra y crecer la causa, es un hecho que descansamos cada vez más en la teoría y menos en el poder de la verdad". Olsen continuó afirmando que los pastores podían presentar argumentos claros sobre el sábado y otras doctrinas, "pero en lo referente a llevar a los pecadores a Cristo, a predicar la muerte al pecado y a cómo tener una conexión vital con el cielo, eran incapaces, pues ellos mismos carecían de tal experiencia". Eso llevó a Olsen a concluir que la "justificación por la fe no es una teoría sino una experiencia"[24].
Los llamamientos solemnes de Olsen al arrepentimiento -junto a la constatación de que Dios tenía aún mayores bendiciones que otorgar- tuvieron un efecto positivo en los que asistían a las reuniones. Olsen escribió un informe muy alentador sobre la asamblea pastoral -hasta aquel momento- para las páginas de la Review. La asistencia había ido en aumento desde el primer día, y Olsen "a duras penas [encontraba] palabras para describir el profundo interés manifestado por todos los presentes. El Señor está viniendo muy cerca. El Espíritu de Dios está asistiendo de forma notable a quienes están dando instrucción". Olsen no tenía una sola palabra de crítica hacia los ponentes, "los pastores Haskell, Loughborough, Prescott, Jones y Porter", quienes "alcanzaron una profundidad mayor que en cualquiera de nuestras asambleas precedentes… En la santa palabra de Dios hay tesoros maravillosos, ojalá el Señor abra nuestro entendimiento a fin de que podamos contemplar las maravillas de su santa ley".
Olsen sintió que "la verdad de Dios nunca había parecido tan preciosa". Sabía que estaban viviendo en un tiempo de un interés extraordinario: "Nada puede ser más evidente que el hecho de que el mensaje está creciendo y está a punto de ir a todo el mundo con gran poder. Estamos seguros de que esta asamblea pastoral y la de la Asociación General que seguirá, marcarán una nueva era en el avance del mensaje del tercer ángel. Ahora es el tiempo en que el mensaje está comenzando a abrirse paso con un fuerte pregón, y corresponde a todo el que esté implicado relacionarse con Dios de forma que no sea dejado atrás en el rápido avance del mensaje… La luz de Dios está brillando cada vez más, y la verdad de Dios se está desplegando maravillosamente. Es de la mayor importancia para cada uno de nosotros, y en especial para los obreros, estar en una posición donde poder apreciar el rápido progreso de la verdad presente. De no suceder así, su labor será ineficiente". Olsen concluiría afirmando que "esta es la mejor ocasión, y la más preciosa que jamás hayamos tenido de este tipo. Si se busca a Dios con humildad de corazón y contrición de alma, vendrán grandes bendiciones a este pueblo y a sus siervos"[25].
La misma mañana en que Olsen hizo ese solemne llamado, R. A. Underwood predicó sobre el mayordomo fiel y la necesidad de dar con sacrificio. Algunos se habían visto forzados a dejar el ministerio, y otros fueron rechazados debido a la falta de fondos procedentes del diezmado fiel. Una de las mayores fuentes de ánimo para el pastor era una iglesia fiel y dadivosa, en demostración de que había aceptado de corazón ser propiedad de Cristo.
Refiriéndose al tiempo en el que estaban viviendo, Underwood citó con gozo el artículo de Ellen White en la Review del 22 de noviembre: "'El tiempo de prueba está precisamente ante nosotros, pues el fuerte pregón del tercer ángel ha comenzado ya en la revelación de la justicia de Cristo, el Redentor que perdona el pecado. Ese es el comienzo de la luz del ángel cuya gloria llenará toda la tierra…' Me alegra tanto saber que la revelación de la justicia de Cristo es el comienzo del ángel que ha de iluminar la tierra con su gloria". Underwood planteó entonces una importante pregunta: "Si ese es el 'comienzo', ¿acaso no hemos de recibir 'mucho más' -incluso en este encuentro- de la luz y bendición de ese ángel, al exaltar al Hijo del hombre? Ya han aparecido por aquí y por allí 'relámpagos' y 'lluvia' (Zac 10:1), sin embargo, ¡cuánto necesita la iglesia reseca una lluvia abundante: el derramamiento del Espíritu Santo sobre cada iglesia y sobre cada persona. Se nos ha dicho que Dios está esperando enviarnos su bendición. ¿Por cuánto tiempo va a esperar?"[26] La bendición vendría ciertamente cuando la iglesia reconociera, tal como hizo la iglesia apostólica, que no se pertenecían a ellos mismos, y con unidad de propósito creyera y se diera enteramente al Señor.
La tarde del jueves A. T. Jones retomó el mensaje a Laodicea. Lo que habían estado estudiando en las presentaciones precedentes, y que se les había presentado "de forma tan constante y plena" era "la palabra enviada a la iglesia de Laodicea". Aquel mensaje les había mostrado su condición, junto al hecho de que no conocían tal condición. Dicho mensaje no había venido solamente de A. T. Jones: "Los últimos días ha venido a nosotros de los cuatro puntos cardinales, ¿no es así? Ha venido de todo ángulo y por boca de todos los que han predicado, y el Señor, junto a los demás, nos ha hablado directamente en la palabra que se leyó ayer sobre el particular".
Si se confesaba que lo dicho por el Testigo Fiel era verdad -"no conoces que eres pobre, desgraciado, miserable, ciego y desnudo"- entonces, dijo Jones, "estaremos preparados para tomar ese consejo, apreciarlo y aprovecharlo", ya que es solamente a los tibios laodicenses a quienes va dirigido tal consejo. "Habiendo sido llevados a este lugar por la palabra y por el testimonio, y por toda forma en que el Señor ha tratado con nosotros en los días pasados en todas las disertaciones que se nos han dado, ahora se inclina a nosotros y nos aconseja. ¿No es así? Por lo tanto, hermanos, no seamos tan tardos en prestar oído a este consejo, como lo fuimos con el otro". Jones explicaría, noche tras noche, los remedios divinos que el Testigo Fiel ofrece. En la presente reunión se trató el oro refinado en fuego[27].
La tarde del viernes S. N. Haskell continuó su serie acerca de cómo estudiar la Biblia. Hacia el final de su presentación, en la que describió eventos en la vida de los discípulos, Haskell preguntó: "¿No habéis asistido nunca a una reunión, y una vez en ella surgió algo que no era muy agradable o placentero, y no sentisteis que si se os pidiera hacer lo requerido, lo haríais?" Ahora Haskell se refirió al encuentro de Minneapolis y a los Testimonios leídos recientemente al respecto:
Sabéis que allí tuvimos un encuentro, y ha habido muchísimas confesiones hechas en relación con dicho encuentro. Yo no hice mi confesión el otro día, pero creo que el testimonio me concernía. Simpatizaba con los puntos de vista presentados. Creo que tenían la verdad sobre el asunto discutido en aquel encuentro. Pero no se trataba de un encuentro para discutir puntos teológicos; no era eso lo que el Espíritu de Dios se proponía enseñarnos. Alguien dijo el otro día: "Yo no estaba de ese lado", y confesó haber estado en el lado equivocado. ¿Qué quería enseñarnos allí el Señor? Quería enseñarnos la justicia por la fe, y de haberla recibido, estaríamos mucho más avanzados en relación a cómo estamos ahora. No se trataba de discutir si el capítulo tercero de Gálatas se refiere a la ley moral o a la ceremonial. Uno ha dicho: "Eso es lo que yo pensaba". Por supuesto, y tuvimos esa idea en nuestras mentes precisamente tal como los discípulos tuvieron en su mente la forma en que Cristo regresaría, y no podían ver nada más, siendo incapaces de obtener la vida eterna que el Salvador quería que tuvieran.
Debemos acudir como niños a fin de obtener la luz y la verdad que Dios tiene para nosotros; y cuando el Señor nos lleva de nuevo por el mismo camino, podéis estar seguros, hermanos, que es para probar nuestro juicio, para ver si discernimos o no el Espíritu de Dios. Cuando Dios nos habla, dejemos de lado nuestras propias ideas, puntos de vista, caminos y planes, y vengamos como niños, tomando la palabra de Dios exactamente tal como él la revela en la sagrada Biblia mediante su Espíritu; y cuando recibimos su testimonio obtendremos esa misma bendición que Dios dispuso que su pueblo tuviera en el encuentro de Minneapolis. Desde luego, muchos se han sentido consternados desde entonces, de igual forma que los discípulos cuando se los envió al mar; pero ¿suponéis que Dios ha abandonado a su pueblo? -Nunca. Cuando los discípulos fueron enviados allí, su ojo los seguía[28].
Si bien Cristo no se había alejado de su iglesia, Haskell sabía, basado en los Testimonios que se leyeron en aquella asamblea, que de haberse aceptado el mensaje de Minneapolis habrían estado "mucho más avanzados" de lo que estaban. De hecho, Haskell recordaría posteriormente que si el mensaje hubiera sido aceptado, el mundo habría sido advertido y Cristo habría podido regresar en un tiempo breve[29].
La tarde del lunes 13 de febrero A. T. Jones continuó su disertación sobre los remedios divinos del Testigo Fiel a Laodicea. Aquella noche abordó el tema de las vestiduras blancas. "¿Qué significado tienen esas vestiduras?", preguntó Jones. (Congregación: 'La justicia'). La justicia, ¿de quién? (Congregación: 'De Cristo'). ¿Cuál es esa vestidura? (Congregación: 'La justicia de Dios'). ¿Qué debemos procurar? (Congregación: 'La justicia de Dios'). ¿Qué es justicia? (Congregación: 'La práctica del bien')".
Aquella práctica del bien armonizaba con el primer y segundo mandamiento, que consiste en amar a Dios de todo corazón y al prójimo como a uno mismo: "'De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas'". Así, la práctica del bien era la justicia de Dios manifestada en la vida de Cristo. "'Eso es lo que vamos a analizar en este estudio", dijo Jones.
A continuación fue a Joel capítulo 2, versículo 23. Jones se refirió nuevamente a la definición de lluvia tardía según el texto alternativo al margen:
¿Qué dice la traducción alternativa al margen, en lugar de "la primera lluvia"? "Un instructor de justicia". "Os ha dado la primera lluvia arregladamente". ¿Qué significa "arregladamente"? ¿Qué fue la lluvia temprana en Pentecostés? "Un instructor de justicia". "Os ha dado un instructor de justicia, según la justicia". "Y os enviará lluvia temprana y tardía, como al principio". ¿Qué será, pues, la lluvia tardía? -También "un instructor de justicia". ¿Según qué? (Congregación: 'Según la justicia'). ¿Cuál es otra expresión para la lluvia tardía? (Congregación: 'Derramamiento del Espíritu Santo'). ¿Qué otra expresión recordáis? (Congregación: 'Tiempos del refrigerio'). ¿Qué es la lluvia tardía con respecto al mensaje del tercer ángel? (Congregación: 'El fuerte pregón'). ¿Cuál es la lluvia tardía en relación con la caída de Babilonia? Es el otorgamiento de ese poder, de esa gloria con la que el ángel de Apocalipsis 18 alumbra la tierra[30].
A continuación Jones leyó a partir de un sermón de S. N. Haskell que figura en el General Conference Daily Bulletin del 31 de enero, en el que citaba el artículo de Ellen White en la Review:
"'El tiempo de prueba está precisamente ante nosotros, pues el fuerte pregón del tercer ángel ya ha comenzado en la revelación de la justicia de Cristo… Ese es el comienzo de la luz del ángel cuya gloria llenará toda la tierra'". A continuación citó del testimonio de W. W. Prescott leído el 28 de enero: "'El mensaje de la justicia de Cristo ha de resonar de una parte del mundo a la otra. Esa es la gloria de Dios que termina la obra del tercer ángel'". Juntando ambas declaraciones, Jones concluyó que "cuando alcanzamos el tiempo de la lluvia tardía, del fuerte pregón, del ángel que desciende del cielo con gran poder, todas esas cosas vienen juntas, tal como afirman las palabras del Señor. Se nos lleva simplemente al mismo punto al que llegamos en el estudio de los acontecimientos que están ante nosotros, y que nos llevaron a comprender lo que está por sobrevenirnos". Todo lo anterior apuntaba a la justicia de Cristo, que era el mensaje que había venido a la iglesia desde Minneapolis:
La lluvia tardía es el fuerte pregón del mensaje del tercer ángel: es el comienzo de ese mensaje glorioso que alumbra la tierra. Pero la lluvia tardía es la enseñanza de la justicia. ¿Cuándo nos vino ese mensaje de la justicia de Dios, como pueblo? (Congregación: 'Hace cuatro años'). ¿Dónde? (Congregación: 'En Minneapolis'). -Sí. Consideramos ese punto anoche…
Ese mensaje de la justicia de Cristo es el fuerte pregón. Es la lluvia tardía. Hemos estado ya orando en esta Asamblea por la lluvia tardía, ¿no es así? ¿Lo habéis estado haciendo? (Congregación: 'Sí'). ¿Qué estabais esperando, como respuesta a vuestras oraciones? ¿Estáis ahora preparados para recibir la lluvia tardía? Hemos estado aquí orando por ella. He aquí la relación: los testimonios nos dicen lo que es, y también lo hace Joel. Pregunto simplemente esto: ¿Estáis dispuestos a recibir la lluvia tardía? Es decir: ¿estáis dispuestos a recibir el mensaje divino de la justicia según la justicia? Veamos eso más detenidamente. Joel dice en la traducción alternativa marginal que se trata de un instructor de justicia: el que nos trae la enseñanza de la justicia según la justicia. ¿Qué idea trae sobre la justicia? (Congregación: 'La idea de Dios'). -No: trae mi idea... (Congregación: 'No'). ¡Sí, mi idea funcionará!... (Congregación: 'No'). ¿Por qué no? Si yo recibo la justicia de Cristo según mi idea, ¿acaso no bastará eso? ¿No es eso en lo que consiste recibir la lluvia tardía? ¿No es recibir la justicia de Cristo? (Congregación: 'No: eso sería su propia justicia'). Pero ese es precisamente el problema con muchos de los que han oído el mensaje de la justicia de Cristo de acuerdo con su propia idea de lo que es la justicia, y no han recibido en absoluto la justicia de Cristo[31].
Jones se refirió a continuación a los diferentes tipos de recepción que se había dado al mensaje en los pasados cuatro años. "Algunos lo aceptaron tal como fue dado, y se alegraron en las nuevas de que Dios disponía de una justicia que pasaría la prueba del juicio, que sería acepta ante él: una justicia muy superior a la que el ser humano pudiera manufacturar en años y años de ardua labor. Los hay que se han esforzado casi hasta el agotamiento en procura de un grado suficiente de justicia como para atravesar el tiempo de angustia y hallarse en paz con el Salvador cuando él regrese, pero no lo han alcanzado. Se sintieron tan aliviados al saber que Dios había confeccionado ya un manto de justicia y lo había ofrecido como un don gratuito a todo el que quisiera tomarlo, a todo aquel que respondiera ahora, en el tiempo de las plagas, en el tiempo del juicio y por toda la eternidad, que lo recibió gustosamente tal como Dios lo dio, y agradeció profundamente al Señor por ello". "Otros no quisieron tener nada que ver en absoluto: lo rechazaron totalmente". Hubo un tercer grupo formado por quienes "parecieron tomar una postura a medio camino. No lo aceptaron plenamente, ni lo rechazaron tampoco abiertamente. Prefirieron adoptar una postura intermedia y seguir a la multitud en el caso de que esta lo aceptara. Esa es la forma en la que esperaban recibir la justicia de Cristo y el mensaje de la justicia de Dios".
"Así, entre la entrega y aceptación abierta, franca y sin titubeos en un extremo, y el rechazo abierto, y declarado en el otro, se ha ido posicionando desde entonces una franja dispersa de personas acomodaticias", explicó Jones. ¿Estarían los que habían tomado una posición a medio camino mejor preparados para discernir en qué consistía el mensaje de la justicia de Cristo sin arrepentirse? El propio Jones había oído de labios de algunos que se habían opuesto abiertamente al mensaje desde el tiempo de Minneapolis, decir "'amén' a declaraciones que eran tan abierta y decididamente papales, que ni la propia iglesia papal las podría articular mejor". Jones dedicaría el resto de su presentación a comparar la idea humana sobre la justicia por la fe, con la idea de Dios[32].
Nota 33: Jones no estaba equivocado en su declaración, ya que la propia Ellen White había escrito, en el contexto de la controversia relativa al mensaje de Minneapolis: "Si la fe y las obras pudieran comprar el don de la salvación para alguien, entonces el Creador estaría en la obligación hacia la criatura. Se abre aquí una posibilidad de aceptar la falsedad como si fuera verdad. Si el hombre que sea puede merecer la salvación por alguna cosa que pueda hacer, se encuentra en la misma posición que el católico que hace penitencia por sus pecados. En tal caso la salvación sería en parte una deuda que es posible comprar efectuando un pago. Si el hombre no puede, mediante la buena obra que sea, merecer la salvación, entonces ha de ser enteramente por gracia que recibe el hombre siendo pecador, debido a que recibe a Jesús y cree en él. Es enteramente un don gratuito. La justificación por la fe está por encima de toda controversia. Y dicha controversia cesa tan pronto como queda establecido que los méritos de las buenas obras del hombre caído jamás pueden procurarle la vida eterna"[33].
La siguiente noche Jones continuó con el mismo tema, comparando declaraciones de El camino a Cristo con las de un libro aceptado oficialmente por la Iglesia Católica, titulado Catholic Belief. Jones leyó porciones de ambos libros, de manera que su audiencia pudiera disponer de las dos cosas: "la verdad de la justificación por la fe, y la falsificación de la misma -una al lado de la otra". Jones quería que vieran cuál era la idea católico-romana sobre la justificación por la fe, ya que él mismo había "tenido que hacerle frente entre profesos adventistas del séptimo día en los cuatro años precedentes. Esas cosas, esas mismas expresiones que contiene el libro católico que os traigo acerca de la justificación por la fe y de cómo obtenerla, son las mismas expresiones que profesos adventistas del séptimo día me han manifestado, haciéndolas pasar por justificación por la fe". Jones se preguntó justificadamente cómo podía entonces la iglesia "llevar un mensaje a este mundo, advirtiéndole contra la adoración a la bestia, si es que abrazamos en nuestra propia profesión las doctrinas de la bestia. ¿Será eso posible? (Congregación: 'No'). Por consiguiente, esta noche llamo vuestra atención a fin de que podáis verlo tal cual es".
Tras comparar varias declaraciones de El camino a Cristo y de Catholic Belief, Jones concluyó llevando a sus oyentes de nuevo a Minneapolis, donde se hicieron varios intentos de votar un credo sobre la justificación por la fe que era opuesto al mensaje enviado por Dios:
Según lo anterior [Catholic Belief], ¿qué es fe? -'La fe del credo'. Redactan simplemente una declaración a la que llaman doctrina de Dios; entonces la crees y haces lo mejor que puedes, y eso pasa por justificación por la fe. Sea que el credo esté redactado por escrito en algún lugar, o sea que se lo apruebe por votación en una asamblea de la Asociación General, no hace diferencia alguna en lo que respecta al principio: el credo está allí, y la aceptación del mismo constituye esa clase de fe. Hay aquí algunos que recuerdan la ocasión -hace cuatro años- y el lugar -Minneapolis-, en que se hicieron tres intentos directos por lograr precisamente eso, encorsetando así el mensaje del tercer ángel mediante un voto de la Asociación General. Lo que algunos consideran creencias, las establecemos como si fueran los hitos, y posteriormente votamos que nos vamos a mantener en los hitos, sea que sepamos cuáles son los hitos o que no lo sepamos. Después acordamos guardar los mandamientos de Dios y un cúmulo de otras cosas que vamos a hacer, y pasamos todo ello como si fuera justificación por la fe.
¿Acaso no se nos advirtió en aquella ocasión que el ángel del Señor dijo [mediante Ellen White]: "No deis ese paso; no comprendéis lo que eso implica"? No puedo tomar el tiempo en deciros lo que eso implica, pero el ángel dijo: 'No lo hagáis'. Allí estaba el papado. Eso es lo que el Señor estaba intentando decirnos y quería que comprendiéramos. El papado estaba en eso. Así ha sucedido con toda otra iglesia que haya salido del papado: corrieron durante un tiempo por la fe en Dios, y después establecieron alguna idea humana sobre la doctrina y votaron mantenerse en ella; votaron que esa sería la doctrina de la iglesia, de forma que "esa es la fe del credo", que se debe seguir mediante el propio esfuerzo.
¿Hay aquí alguien de los que estuvieron en aquella ocasión, que no vea ahora lo que entonces sucedió? Así, hermanos, ¿no es tiempo de desecharlo, puesto que nos priva de la propia vida? Nos va a privar de la vida. [Desecharlo] nos crucificará con Jesucristo. Causará una muerte tal al pecado como la que jamás soñamos en nuestras vidas. Quitará de nosotros esa mente papal, ese espíritu endurecido, para poner en su lugar la mente divina, tierna y amante de Jesucristo: [esa mente] que no quiere credo, ya que tiene al propio Cristo[34].
Nota 34: No son exagerados los comentarios de Jones relativos a los intentos de votación en la sesión de la Asociación General de 1888, y las actitudes papales exhibidas en aquella ocasión por parte de algunos[35].
Las vestiduras blancas ofrecidas por el Testigo Fiel están ciertamente "tejidas en el telar del cielo, y no tienen una hebra de invención humana"[36]. Ahora bien, ¿reconocería Laodicea su desnudez y gran necesidad de tales vestiduras blancas? Jones terminó su última disertación en la asamblea pastoral, que iría seguida de muchas más en la asamblea de la Asociación General.
Respuesta a la asamblea pastoral
La asamblea ministerial terminó con una nota triunfal. S. N. Haskell informó así a Ellen White: "Dios está ciertamente derramando su Espíritu Santo". "Los hermanos declararon que [la asamblea] había sido un éxito" y Haskell sintió que Dios le había concedido a él y a los otros ponentes "un grado de libertad" en sus presentaciones. Haskell no sintió necesidad de pormenorizar, toda vez que ella iba a recibir copias de los Bulletin. Mencionó, no obstante, un número de visitantes no adventistas que se habían convertido escuchando las presentaciones y los Testimonios de Ellen White que se leyeron: "Algunos en la ciudad, quienes a duras penas habían oído un sermón, sintieron convicción por sus pecados y no pudieron hallar descanso hasta no haber entregado a Dios sus corazones, yendo después a explicarles a sus vecinos lo que el Señor había hecho por ellos. Empezaron al punto a guardar el sábado, a pesar de no haber oído nunca un sermón sobre él ni haber leído nada al respecto"[37].
Bible Echo informó en términos parecidos, afirmando que el reverendo Simonds, de Independent Congregational Church en Battle Creek, solicitó una serie de reuniones en su iglesia. Los hermanos "'estaban intentando encontrar la forma de que fuera el pastor A. T. Jones una vez terminada la sesión de la Asociación General, pero el Sr. Simonds no quería esperar, así es que ha pedido al hermano Prescott que comience, para continuar después el pastor Jones tras la asamblea'". Así es como vino una invitación urgente del pastor de una de las iglesias populares más punteras, para escuchar la "Verdad". La revista Echo comprobó la veracidad de la escritura: "'El Señor ha hecho esto, y es cosa maravillosa a nuestros ojos'"[38].
G. C. Tenney, quien fue enviado a la asamblea pastoral y a la sesión de la Asociación desde Nueva Zelanda por solicitud de Ellen White, indicó en su informe que aquellas reuniones "se contaban entre las más importantes, y en muchos respectos ocupaban el primer lugar" al compararlas con cualquier otra asamblea. Tenney sintió que al avanzar en la investigación se accedió a "verdades más profundas y a un mejor conocimiento espiritual". "El Espíritu del Señor nos ha estado hablando", confesó Tenney, y los "predicadores pudieron imprimir una fuerza inusitada a las diversas líneas de pensamiento". Tras presentar un resumen de algunas de las series de predicaciones, Tenney declaró que las "reuniones habían sido en consecuencia un tiempo de bendición singular. Muchos se alegraron por las victorias ganadas mediante la fe en Cristo, y habiendo comenzado esta obra entre los pastores, hay motivos para esperar que no termine al terminar la asamblea, sino que lleve buen fruto en todas las partes del campo y en todos los estamentos del pueblo". Tenney sugirió también que los efectos se extenderían por todo el mundo mediante aquella concurrencia ampliamente representativa, cuando los obreros regresaran a sus casas[39].
O. A. Tait recordó a los lectores de la Review que si estaban interesados en obtener copias de las presentaciones de la asamblea pastoral tal como estaban publicadas en General Conference Bulletin, lo tenían que hacer inmediatamente. A pesar de haber advertido profusamente al respecto antes de que comenzaran las reuniones, y de haber decidido que no imprimirían más copias del Bulletin, vino un aluvión tal de solicitudes al comenzar la asamblea pastoral, que imprimieron 2.000 copias más. Pero a pesar de ello, casi se habían agotado. Por lo tanto, había llegado el momento de solicitar también el Bulletin correspondiente a la sesión de la Asociación, ya que Tait declaró que "hasta aquí el testimonio de todos es que este General Conference Bulletin es el más más importante de todos cuantos se hayan publicado jamás. Confiamos en que ninguno de nuestros amigos en el campo quede privado de ese beneficio"[40].
"La solemnidad que ha sobrecogido a todos los asistentes a la asamblea pastoral ha sido muy notable", escribió William Covert para la Review. En parte llegó a esa conclusión al hacer una entrevista al pastor Grant, un veterano que había experimentado el chasco de 1844. Grant expresó el pensamiento de que cuando llegaron a aquel tiempo en 1844, "creían que su obra había terminado. Habían confesado sus pecados y la lucha había terminado". Pero en la asamblea actual "nos parecía como si hubiera llegado la hora de su juicio, y realmente es así. Asociada a ese mismo pensamiento está la obra solemne de llevar el mensaje del juicio al mundo, con un enemigo enfurecido al que hacer frente. La pregunta es: '¿Quién se mantendrá fiel?'" Pero a pesar de toda esa solemnidad, Grant sentía que "en el Salvador hay un bendito reposo"[41].
Sin embargo, en medio de todos los comentarios positivos respecto a la asamblea pastoral y a la sesión de la Asociación General que la seguiría, continuaba existiendo la percepción de que no pocos permanecían en una actitud contraria hacia el mensaje y las reuniones. Haskell informó a Ellen White que, si bien muchos estaban "viniendo a la luz", algunos "todavía no lo han hecho, pareciendo no recibir la bendición tal como les sucede a otros". Haskell mencionó por nombre a Clement Eldridge (el capitán) y a Frank Belden[42]. Hasta el propio Dr. J. H. Kellogg, quien estaba en desacuerdo con Jones, Waggoner y Prescott, admitió que "cierto número de personas" "había estado en oposición al pastor Jones y su obra" en la asamblea pastoral[43].
O. A. Olsen lamentó que no todos los delegados asistieran a la asamblea pastoral desde su comienzo, afirmando: "No se dan cuenta de lo que están perdiendo"[44]. Olsen no explica el motivo por el que no estuvieron presentes los delegados, pero posteriormente dijo a Ellen White que Uriah Smith "continúa como antes". Y mientras que Olsen se alegraba del avance que en muchos se había producido, tuvo que reconocer que "mi alma continúa profundamente apenada por muchos que permanecen todavía en grandes tinieblas"[45].
El propio Uriah Smith escribiría acerca de la asamblea pastoral para la Review. Aunque su artículo aludía a muchos hechos, parecía faltarle el sentimiento de beneficio personal. Escribió acerca de las reuniones como "discurriendo con la exactitud de un reloj", y teniendo todos "el privilegio de asistir quien así lo deseara". Smith mencionó las reuniones vespertinas en las que hicieron sus presentaciones los pastores Haskell y Loughborough. Pero no "pretendo dar siquiera un resumen del asunto que se ha tratado", por estar reproducidas en el Bulletin. Por descontado, evitó citar a A. T. Jones, quien había presentado más de la mitad de las reuniones vespertinas[46]. Ejemplos semejantes de evidente continuidad en el prejuicio, son razones fundadas por las que Haskell informaría a Ellen White acerca de sus "grandes expectativas de que el hermano Smith resultase liberado, pero de alguna forma no fue el caso, hasta donde sé"[47].
Notas: