La reunión inaugural de la decimotercera asamblea de la Asociación General tuvo lugar en Battle Creek, Michigan, el viernes 17 de febrero de 1893. A la asamblea asistían 120 delegados, de entre los cuales sólo seis no estuvieron presentes en aquella primera reunión. Además de la delegación de diversas partes del continente norteamericano, estaban presentes representantes de Australia, Gran Bretaña, Europa central, Escandinavia y África del sur[1]. La asamblea pastoral y la de la Asociación General, que duraron tres semanas cada una, "estuvieron tan estrechamente relacionadas, que difícilmente se podría reconocer una distinción entre ambas. El General Conference Bulletin de 1893 incluía informes exhaustivos de las dos en sus 524 páginas a doble columna"[2]. La asamblea de la Asociación General continuaría teniendo reuniones devocionales cada mañana exceptuando los sábados, y dos reuniones de estudio de la Biblia por las tardes en las que enseñarían primariamente W. W. Prescott y A. T. Jones[3].
En la tarde de la reunión inaugural de la sesión de la Asociación General, A. T. Jones retomó el tema de las vestiduras blancas, señalando "la diferencia entre la creencia satánica y la fe de Jesucristo, entre la justificación por las obras camuflada como si fuera justificación por la fe… y la auténtica justificación por la fe". Ese estudio había conducido al tema que iba a estar ante ellos ya todo el tiempo: "Que hemos de poseer la enseñanza de la justicia de acuerdo con la justicia. Eso puede solamente lograrse, tal como hemos visto, según la idea de Dios sobre la justicia, y no según la nuestra; y a fin de tener la idea de Dios sobre la justicia y no la nuestra, debemos poseer la mente capaz de comprenderla, que no es otra que la mente de Cristo".
Comparando de nuevo los diferentes tipos de justificación por la fe, Jones quiso poner la fe y las obras en sus respectivas esferas: "Aquel que está tan ansioso y lleno de temor porque no se le permita tener obras que realizar, porque se vayan a destruir todas sus obras, si Cristo mora en su corazón, encontrará obras por hacer. Hermanos, no estéis ansiosos acerca de las obras; encontrad al Señor Jesucristo, y encontraréis labor; más de las que podéis realizar. (Congregación: 'Amén'). Pero el problema viene cuando las personas fijan sus mentes en las obras, obras, obras, en lugar de fijarlas en Jesucristo a fin de obrar, pervirtiéndolo así todo". Jones concluiría su comparación citando de El camino a Cristo:
Leamos ahora esta palabra, y será la mejor conclusión para el tema de esta noche. El Camino a Cristo, p. 71: "El corazón que más plenamente descansa en Cristo será el más ardiente y activo en el trabajo para él". Amén. (Congregación: 'Amén'). Nunca olvidéis eso. Jamás penséis que quien decide reposar totalmente en Jesucristo será una persona física o espiritualmente ociosa. Si su vida demuestra una ociosidad tal, es porque no está en absoluto reposando en Cristo, sino en sí mismo.
El corazón que más plenamente descansa en Cristo será el más ferviente y activo en el servicio a él. Tal es la auténtica fe; una fe que traerá sobre vosotros el derramamiento de la lluvia tardía; nos traerá a vosotros y a mí la enseñanza de la justicia de acuerdo con la justicia -la viva presencia de Jesucristo- a fin de prepararnos para el fuerte pregón y para que llevemos el mensaje del tercer ángel de la única forma en que desde esta asamblea podemos llevarlo[4].
Nota 4: Dado que el Bulletin se publicaba diariamente -excepto los sábados- para la asamblea de la Asociación General, permitiendo que las actas del día anterior estuvieran disponibles el día siguiente para los delegados, debido a condicionantes de tiempo algunas de las presentaciones se imprimieron aparentemente varios días después que fueron dadas. El viernes 17 de febrero, que es la fecha atribuida a esta presentación, lo es en base al calendario publicado en la página 246 del Bulletin, que encaja más exactamente con otras decisiones sobre procedimientos de la Asociación que con la fecha de impresión del 20 de febrero. Todas las presentaciones subsecuentes aquí referenciadas, seguirán el mismo criterio de fechado.
El sábado por la mañana O. A. Olsen dio el sermón de las 11. Estaba profundamente impresionado con "la importancia y responsabilidad ligadas a esta convocación de nuestro pueblo". Era ese "con diferencia, el congreso más importante de toda la historia de nuestra denominación", afirmó Olsen. La forma en que se estaban cumpliendo las profecías de Apocalipsis 13 y 14, junto a "la apertura de la situación que estamos viendo avanzar en todo lugar en el mundo, nos dicen que esta convocación reviste un interés más que ordinario". No obstante, Olsen temía "que muchos que habían tenido una relación nominal con la verdad no apreciaran plenamente esas cosas. Si lo hicieran, las verían como nunca antes. Habría una renuncia al yo, un aferrarse al poder divino, y se procuraría una relación vital con Dios que no se detendría ante nada. Oramos para que eso pueda quedar cada vez más impresionado en todo corazón".
Olsen declaró que "el Señor se nos ha acercado en nuestros consejos y reuniones de estudio de la Biblia, y nuestras almas se han alegrado al desplegarse ante nuestro entendimiento la palabra de Dios". No obstante, sabía que había una gran necesidad de obreros consagrados que reconocieran su total dependencia de Dios:
Pero ha existido un gran problema entre nosotros como individuos, y se nos ha expuesto claramente en el mensaje a Laodicea. Nos hemos sentido tan ricos y enriquecidos, y hemos percibido un tal grado de eficiencia por nuestra parte, que no hemos reconocido nuestra necesidad de Dios. ¡Ojalá en cada corazón pudiera asentar la percepción de la pobreza de su alma! Tal es la cualidad redentora, hermanos. "Bienaventurados los pobres en espíritu", dice el Salvador. Cuando venimos a reconocer que no poseemos nada; cuando confesamos sinceramente: "Soy desgraciado, pobre, ciego y desnudo", entonces hay ayuda y luz disponibles. Nuestra bondad, sabiduría y habilidad son nada, pero Dios puede obrar, y lo hará. Ahora bien, ¿con quiénes va a obrar?, ¿en favor de quiénes lo va a hacer?, ¿a quiénes va a mostrar su poder? -A aquellos cuyo corazón sea perfecto ante él. Se trata de un corazón vacío del yo, un corazón que ha hecho una entrega a Dios sin reservas, habiéndolo sometido todo a él, habiéndolo puesto todo sobre su altar[5].
El sermón de Olsen tocó muchos corazones. En la reunión de oración que tuvo lugar en el tabernáculo se hicieron algunas confesiones, incluso por errores cometidos en Minneapolis.
La tarde del lunes Jones continuó con su serie, desvelando dónde se encontraba la mente natural del yo en la religión de obras del paganismo, en el papado y en la moderna imagen de la bestia, que incorpora también el espiritismo. Esos mismos grupos estaban descritos en Apocalipsis 16 como el dragón, la bestia y el falso profeta. La única cura para las obras tibias que aquejan a la verdadera iglesia del último tiempo, son los remedios que se le ofrecen gratuitamente:
Lo primero que dice es: "Yo conozco tus obras", y lo último: "Sé, pues, celoso y arrepiéntete". ¿Estáis ahora dispuestos a arrepentiros de vuestras obras? ¿Lo estáis realmente? ¿Estáis dispuestos a admitir que las obras que habéis realizado no son tan buenas como las que Jesús hubiera hecho si hubiera estado aquí, en lugar de vosotros? (Una voz: "Sí. Mil veces sí"). Bien. ¿Cuánto bien van a haceros esas obras? ¿Son perfectas? ¿Son justas?...
No olvidéis la vestidura que debemos comprar; esa vestidura confeccionada "en el telar del cielo, no tiene ni una sola hebra de invención humana". Por lo tanto, si vosotros y yo hemos incluido aunque sea una sola hebra de nuestra propia invención en esa vida que hemos profesado vivir en Cristo, hemos arruinado la vestidura. Hermanos, ¿suponéis que vosotros y yo hemos estado andando en los pasados quince o veinte años de forma tan absolutamente perfecta como para no haber incluido nunca una hebra de invención humana en nuestros caracteres y en nuestro proceder? (Congregación: "No"). Así pues, podemos arrepentirnos por ello, ¿no os parece? (Congregación: "Sí")…
¿Cuál es nuestra condición? Sabéis bien que nuestros esfuerzos al efecto no han logrado gran cosa. Cada uno ha procurado hacer lo mejor que podía; y sabéis por vosotros mismos que eso ha sido más descorazonador que cuanto hayáis procurado hacer jamás en este mundo. Sabéis que hemos tenido que gemir y clamar, debido a que nos hemos dado cuenta de que no podemos hacerlo suficientemente bien como para enfrentarnos al juicio (Una voz en la congregación: "Ni siquiera nos satisfaría a nosotros mismos"). Efectivamente. Pudimos ver nuestra propia desnudez al procurar hacer lo mejor que sabíamos para cubrirnos a nosotros mismos. Sabéis que es así. Así lo afirma el Señor, ¿no es cierto' (Congregación: "Sí"). ¿No es ya tiempo de que confesemos: "Señor, es así"?...
El Señor desea que estemos cubiertos; quiere cubrirnos de forma que no aparezca la vergüenza de nuestra desnudez. Quiere que tengamos su perfecta justicia, según su propio ideal perfecto de la justicia. Quiere que poseamos ese carácter que resistirá la prueba del juicio sin contratiempo, cuestión o duda. Aceptémoslo de él como el bienaventurado y gratuito don que es[6].
Cuando Jones comenzó su presentación la noche siguiente, procuró impresionar las mentes de sus oidores con el hecho de que, si bien había leído profusamente los Testimonios y El camino a Cristo, aquellas verdades se encontraban en la Biblia. De hecho, el propósito del Espíritu de profecía era "propiciar que veamos que está en la Biblia, y obtenerlo de ella". Jones afirmó: "Voy a evitarlos [Testimonios y El camino a Cristo] de forma consciente, no porque pudiera haber algo equivocado en emplearlos, sino porque lo que queremos, hermanos, es encontrarlo en la Biblia". Jones recurrió ahora a uno de los libros del momento sobre la santidad y clarificó de dónde no procedían sus ideas religiosas:
He observado un fenómeno parecido en otra área. El libro The Christian's Secret of a Happy Life [el secreto cristiano para una vida feliz] parece tener una gran influencia en muchos. He conocido a personas que han leído ese libro y que han obtenido considerable beneficio a partir de su lectura, según su propia percepción, proporcionándoles luz y un gran aliento. No obstante, son incapaces de encontrar eso en la Biblia y de obtenerlo a partir de ella. Hermanos, quiero que cada uno de vosotros comprenda que hay en la Biblia mucho más sobre el secreto cristiano para una vida feliz, que en diez mil copias de ese libro. (Congregación: "¡Amén!"). Creo haberlo visto por primera vez hace unos cinco o seis años. Alguien que lo estaba leyendo me preguntó si lo conocía. Le respondí que no. Me preguntó si lo querría leer, a lo que respondí afirmativamente. Y así lo hice, pero no sin darme cuenta de que había encontrado mucho más sobre el secreto cristiano para una vida feliz en la Biblia, que en aquel libro. Quisiera que cada uno aprendiera a encontrar directamente en la Biblia lo que esta contiene. (Congregación: "Amén"). Si el libro es útil para ayudar a las personas a encontrar ese secreto en la Biblia, bien está; pero sé que ese libro no contiene nada que la Biblia no ponga al alcance de cualquiera sobre el secreto cristiano para una vida feliz.
En cierta ocasión oí a alguien decir que yo había obtenido mi luz a partir de ese libro. Aquí está el Libro del que obtuve mi secreto cristiano para una vida feliz (sosteniendo en alto la Biblia), y de ninguna otra parte. Y lo obtuve antes de haber leído el otro libro, incluso antes de saber sobre él. Así sucederá a todo el que lea la Biblia y la crea[7].
Nota 7: En su libro Ellen White's World, que trata de los tiempos en los que vivió Ellen White, George Knight intenta implicar a A. T. Jones en los aspectos fanáticos del "movimiento de la santidad" de aquellos días, afirmando: "El Adventismo del Séptimo Día no ignoraba el desarrollo del movimiento de la santidad. Por ejemplo, [el libro] Christian's Secret of a Happy Life, de Hannah Whitall Smith, fue citado por A. T. Jones en la asamblea de la Asociación General de 1893, se lo anunció en Review and Herald y lo vendieron las dos casas editoriales adventistas de América del Norte. Además, Jones indicó en 1898 que aprobaba muchas de las ideas de los líderes en Inglaterra del movimiento de la santidad sobre la vida cristiana" (99). Por supuesto, Knight no proporciona referencia alguna de sus muchas alegaciones, y parece esperar que sus lectores den por buena su palabra y crean que Jones promovió el libro de Hannah Smith en la asamblea de la Asociación de 1893.
En su libro From 1888 to Apostasy, Knight presenta otra letanía de acusaciones similares: "Jones y sus colegas estaban bien al corriente de las tendencias en el amplio mundo religioso. Los adventistas, por ejemplo, estaban familiarizados con [el libro] Christian's Secret of a Happy Life, de Hannah Whitall Smith. Jones lo comentó en la asamblea de la Asociación General de 1893, y la Review le hizo una publicidad llamativa en 1896. Por aquel tiempo, tanto Pacific Press como Review and Herald Publishing Association comercializaban el libro, que vino rápidamente a convertirse en un clásico [del movimiento] de la santidad. En 1898 Jones indicó también que había estado estudiando por dos o tres años el movimiento de Keswick (el principal grupo de la santidad en Inglaterra) y las ideas de Frederick B. Meyer. Las enseñanzas de ellos acerca de la vida cristiana, sugirió [Jones], no eran sino buenas ideas adventistas con nombres imaginativos. Incluyó también extractos frecuentes de The King's Messenger (una revista de la santidad relacionada con el metodismo) en la Review. The King's Messenger fue con diferencia la revista no adventista más citada durante su período como editor" (168).
Pero cualquier lector imparcial y no prejuiciado del Bulletin se dará cuenta de que la referencia de Jones a los libros de Hannah Smith significó cualquier cosa, menos una recomendación o promoción de los mismos. Además, Jones no tuvo nada que ver con el anuncio del libro en la Review en 1896, que tuvo lugar mientras Uriah Smith era el editor. Tampoco tuvo nada que ver con la comercialización del libro por ambas casas publicadoras. El libro de Hannah Smith no se publicitó jamás en la Review durante el tiempo en que Jones fue editor -1897 a 1901-, detalle que Knight omite.
La referencia que hace Knight de la mención del movimiento de Keswick por parte de Jones consiste en un solo párrafo en una única reseña editorial en la Review, que una vez más fue cualquier cosa excepto una promoción de tal movimiento: "En Christian Living se está magnificando mucho el llamado 'movimiento Keswick'. Se lo llama de ese modo por tener su origen en Keswick, Inglaterra. El Dr. F. B. Meyer, de Londres, que ha estado últimamente en Estados Unidos, y tan al oeste como en Chicago, es uno de sus principales expositores. Lo hemos estado observando por dos o tres años, y estudiando lo que sus principales exponentes y amigos dicen que es. Y sabemos personalmente que todo lo que pretende ser en la vida cristiana, ha sido por años la enseñanza positiva de los Adventistas del Séptimo Día… Toda esa enfatización de 'movimientos' especiales, 'vida cristiana superior', etc., está afectada por una comprensión rematadamente equivocada de en qué consiste realmente la vida cristiana"[8]. Es decir: Jones y su equipo habían estado vigilando aquello durante un par de años para ver en qué consistía.
Cinco meses más tarde, Jones volvería a mencionar el movimiento de Keswick al final de uno de sus artículos cortos sobre David y la armadura de Saúl: "Si el cristiano que ha estado procurando imitar el movimiento de Keswick, el movimiento de la Armada de Salvación, o ha aspirado a ser un Moody, un Meyer o algún otro obrero de éxito, acudiera al Señor en busca de dirección, sería capaz de hacer más con su humilde honda que con todos los métodos de los mejores hombres de la tierra. Un método humano no se lo considera de valor hasta que ha demostrado su validez al ponerlo en acción. En ocasiones no es el método humano lo que le da el éxito, sino el poder de Dios que capacita al hombre para diseñar métodos exitosos. Quienes estudian esos métodos humanos pero desconocen el poder de Dios, fracasan en obtener resultados satisfactorios"[9]. Una vez más, no hay aquí -contrariamente a lo que Knight sugiere- promoción alguna del fanatismo del movimiento de la santidad de Keswick.
La revista The King's Messenger que Knight menciona es una publicación periódica trimestral que fundó y distribuía Virginia Knight Johnson in 1896, una integrante de la Primera Iglesia Metodista. El propósito primario de la revista era llamar la atención a la obra de Johnson en la creación de un hogar refugio para mujeres jóvenes en Texas que hubieran sido o estuvieran siendo empujadas a la prostitución
Por cierto, Herbert E. Douglass toma una postura diferente a la de Knight (quien pretende que el mensaje de Jones procedió del libro de Hannah Smith): "Además, sus [Ellen White] mensajes demuestran claramente que ese 'precioso mensaje' [de Jones y Waggoner] no era la mera recuperación del acento Metodista del siglo XVI tal como el representado en [el libro] Christian's Secret of a Happy Life, de Hannah Whitall Smith… [Ellen White] vio ciertos aspectos del 'precioso mensaje' como siendo frescos, oportunos, formando parte de la luz acrecentada que ella llamó "verdad presente"[12]. También Ron Clouzet aporta otra opinión valiosa respecto al movimiento de Keswick, en una sección del capítulo que trata del reavivamiento y reforma, titulado "el último reavivamiento de alcance mundial": "Ese movimiento de la santidad apareció como reacción al cansancio creciente de creyentes sinceros ante una religión legalista, árida, intelectual, muy parecida a la que estaban experimentando los adventistas del séptimo día en las décadas de 1870 y 1880…Quizá Dios estaba preparando al mundo de forma que su pueblo remanente pudiera dar la última advertencia en el poder del Espíritu antes del retorno de Cristo"[13]. Tristemente, el "pueblo remanente" no estuvo dispuesto a compartir ese mensaje que él mismo había fracasado en aceptar plenamente, encontrándoselo demasiado a menudo en oposición a los mensajeros que Dios envió.
Una cosa es cierta: el esfuerzo persistente de Knight por situar a Jones en la esfera del movimiento fanático de la santidad en el tiempo de la asamblea de la Asociación General de 1893 carece de soporte histórico. De la misma forma en que el odio hacia Jones hace 120 años llevó a unos cuantos a procurar desacreditarlo, tal parece ser el caso con Knight en nuestros días.
Jones procedió ahora a resumir las conclusiones a las que hasta aquí había llegado en el estudio del mensaje del tercer ángel: "Por lo tanto, la lluvia tardía es la justicia de Dios, su mensaje de justicia, el fuerte pregón; eso precisamente, y ha de descender del cielo; estamos ahora en el tiempo de ella, hemos de pedirla y recibirla. Por consiguiente, ¿qué puede impedir que recibamos ahora la lluvia tardía? (Congregación: 'La incredulidad')". Con el fin de hacer ver que la incredulidad había venido siendo un problema perenne, Jones leyó entonces a partir de "Danger in Adopting a Worldly Policy" (el peligro de adoptar un proceder mundano), un panfleto que tuvo su origen en la visión de Salamanca de Ellen White en noviembre de 1890: "'Pero no todos están siguiendo la luz. Algunos se están desviando de la senda segura, que es a cada paso un camino de humildad. Dios ha encomendado a sus siervos un mensaje para este tiempo… No voy a repetir ahora ante vosotros las evidencias dadas en los pasados dos años (ahora cuatro) acerca de cómo ha obrado Dios mediante sus siervos escogidos; pero se os ha revelado la evidencia presente de su obra, y ahora estáis en la obligación de creer'".
"Creer, ¿qué?", preguntó Jones; "¿Cuál es el mensaje al que hace referencia como habiendo sido dado por Dios a sus siervos para este tiempo? (Congregación: 'El mensaje de justicia'). -El mensaje de la justicia de Jesucristo. Es ese un testimonio que ha sido objeto de desprecio, rechazo y crítica por dos años, y desde entonces han pasado otros dos. Pero ahora se ha revelado la evidencia presente de la forma en que Dios obra, y ¿qué nos dice ahora a cada uno de nosotros? -'Ahora estáis en la obligación de creer' el mensaje". Jones pasó a continuación a compartir las bendiciones personales de ese mensaje y las maravillosas posibilidades de aceptarlo entonces y allí:
No hace mucho tiempo me dijo una hermana que en época anterior a estos últimos cuatro años había estado lamentándose por su estado, y se había estado preguntando si llegaría alguna vez el momento en que el Señor regresaría, si es que tenía que esperar hasta que su pueblo estuviera preparado para encontrarse con él. Me dijo que a pesar de haber puesto el mayor empeño -y creía haberse esforzado como nadie en el mundo-, no estaba progresando al ritmo requerido para que el Señor pudiera regresar en un tiempo razonable de la forma que fuera; y que le era imposible imaginar cómo habría de darse el regreso del Señor.
Eso la había preocupado; no obstante me dijo que cuando los que regresaron de Minneapolis afirmaron: "La justicia del Señor es un don, podemos tener la justicia del Señor como un don, y podemos tenerla ahora", "¡eso me llenó de gozo!, me trajo luz, porque ahora veía que el Señor podría regresar muy pronto. Siendo que es él mismo quien nos pone el ropaje, nos viste, nos da el carácter, preparándonos así para el juicio y para el tiempo de angustia, comprendí ahora que el Señor podría regresar con la prontitud que él deseaba". "Y -añadió la hermana-, eso me trajo alegría, y he estado siempre feliz desde entonces". Hermanos, eso a mí me hace también feliz todo el tiempo.
Hoy eso es muy significativo. Sabéis que todos hemos estado en esa misma condición. Sabéis que hubo un tiempo en el que nos sentamos y clamamos por no ser capaces de hacer el bien requerido según nuestra propia estimación sobre la práctica del bien; y mientras que por un lado esperábamos el pronto regreso del Señor, por otro lado temíamos que fuera demasiado pronto... ¿cómo íbamos a llegar a estar preparados alguna vez? Gracias al Señor porque él puede prepararnos. (Congregación: "Amén"). Él mismo proporciona las vestiduras de boda. El director del festejo proveía siempre las vestiduras de boda. El Señor es ahora el Director de la cena de bodas, y va a regresar muy pronto. Nos dice: "Aquí está la vestidura que os calificará para ocupar ese lugar". Algunos no podrán asistir a esa fiesta por no ir provistos de las vestiduras de boda, pero el Señor las ofrece ahora a todos como un don gratuito, por lo tanto ¿de quién sería la culpa si alguien no las llevara?
W. W. Prescott siguió a Jones con su séptima presentación sobre el Espíritu Santo. La terminó diciendo que quizá habían estado esperando una bendición externa, siendo que en realidad estaba allí mismo: "Me ha parecido como si al dedicarnos a este estudio, algunos de nosotros estuviéramos esperando algo que vendría después, no tomando las bendiciones que están aquí mismo. Están tan llenas de luz, gloria y poder como posible sea. El Señor quiere que recibamos su Espíritu ahora mismo; quiere que nuestros corazones estén en todo momento dispuestos a recibirlo. El corazón se abre mediante la confesión y arrepentimiento de nuestros pecados, mediante un espíritu de contrición, un sentido permanente de indignidad y no envaneciéndonos cuando nos da su gracia y su poder. Y hemos de recibir el Espíritu en esa plenitud que propicie que nos alegremos todo el tiempo en el Señor"[14].
Confesiones sinceras
No quedaron sin resultados las presentaciones dadas en la asamblea pastoral y en la de la Asociación General, que señalaban a dirigentes de iglesia y laicos el mensaje a Laodicea, llamándolos al arrepentimiento y reforma. I. D. Van Horn, cuñado de A. T. Jones, había sido uno de los muchos que se habían opuesto muy enérgicamente al mensaje en Minneapolis y en los años siguientes. De hecho, I. D. Van Horn se encontraba entre los hermanos que regresaron a sus habitaciones en la asamblea de 1888 para criticar al mensaje y los mensajeros.
Ellen White describiría en diversas ocasiones la forma en que su mensajero celestial la llevó a esas habitaciones, en las que "oyó burla, críticas, mofa y risas. Atribuyeron al fanatismo las manifestaciones del Espíritu Santo"[15]. Se hizo escarnio de los Testimonios de Ellen White, "se presentó en la luz más ridícula" a W. C. White[16], pero los hermanos "pensaron y dijeron peores cosas de los hermanos Jones y Waggoner"[17].
Nota 12: En una carta a L. E. Froom, Meade MacGuire refiere cómo recordó G. B. Starr aquellos eventos: "Otra interesante experiencia que el pastor [G. B.] Starr me refirió fue un incidente ocurrido en Minneapolis en 1888. Se alquiló el sótano que había bajo un gran edificio, donde se alojó en la noche a un número de delegados. Se dividió la habitación mediante una gran cortina; el pastor Starr y su esposa durmieron en una parte, mientras que cuatro o cinco pastores se alojaban en la otra. Una noche el pastor Jones había pronunciado un poderoso discurso, que el pastor Starr y su esposa apreciaron muchísimo. Regresaron a su habitación profundamente impresionados, y tras haber orado se acostaron. Al poco rato regresaron el resto de pastores, que venían hablando y riendo, y más bien ridiculizando las afirmaciones del pastor Jones. Uno de ellos, el pastor C,. se refirió a Jones mediante un término despectivo (he olvidado cuál fue) que sorprendió al matrimonio Starr. No lo mencionaron a nadie, pero en la mañana siguiente Ellen White tomó la palabra, y durante su discurso hizo observaciones relativas a la actitud de algunos de los obreros. Creo que fue el episodio en que un ángel la llevó de habitación en habitación. En todo caso, finalmente señaló al pastor C. y dijo: Pastor C., estoy avergonzada de usted por haber llamado '______' a alguien que está dando un mensaje del Señor. Era la misma palabra que el pastor Starr había oído pronunciar a aquel pastor la noche precedente"[18].
Aunque aparentemente ninguno de los numerosos Testimonios y cartas llamando a la confesión y arrepentimiento enviados desde el encuentro de Minneapolis había tenido un efecto en Van Horn, este comenzó a verse de forma diferente en el encuentro de 1893 en Battle Creek. Cuando vio "tanto del poder de Dios reposando sobre los hermanos Jones, Prescott y Haskell a medida que desplegaban ante mí la luz y gloria del mensaje tal como debía ahora ser llevado al mundo", Van Horn comprendió que "el arrepentimiento y la confesión eran el único camino para salir del pecado y las tinieblas". En la reunión de oración del anterior sábado de tarde Van Horn confesó el "gran perjuicio [que causó] en Minneapolis, y el que había seguido causando todo el tiempo desde entonces" hasta el encuentro de la Asociación en 1893. Van Horn explicó con posterioridad que en su misericordia Dios lo estaba preparando para recibir una mayor reprensión.
Tres días después de su sábado de confesión, Van Horn recibió un Testimonio de Ellen White enviado el 20 de enero desde Australia. Regresando aquel atardecer a su habitación, lo leyó "tres veces con muchas lágrimas, aceptándolo al pie de la letra"[19]:
Querido hermano Van Horn,… Quiero dirigirle unas palabras para decirle algunas cosas que afligen mi corazón. Usted se me representa como quien no está caminando ni obrando en la luz, tal como usted supone que está haciendo. El Señor ha presentado ante mí vez tras vez el encuentro de Minneapolis. Algunos no disciernen sino muy débilmente los acontecimientos que allí tuvieron lugar, y la misma bruma que rodeó sus mentes en aquella ocasión no se ha despejado por acción de los brillantes rayos del Sol de justicia…
Sé que los pastores Smith, Butler y Van Horn se han estado perdiendo los más ricos privilegios del esclarecimiento celestial debido a que el espíritu y las impresiones albergados antes del encuentro de Minneapolis y acariciados en gran medida desde aquel tiempo los mantuvieron en una posición en la que, al llegar el bien, lo tuvieron en muy poca apreciación…
¿Tuvo el Espíritu divino algo que ver con su prejuicio en Minneapolis?, ¿tuvo algo que ver con el espíritu que motivó allí a la acción? -No. Dios no estuvo en esa obra. Fui llevada de habitación en habitación, de entre las que ocupaban nuestros hermanos en aquel encuentro, y oí aquello de lo que un día cada uno se sentirá terriblemente avergonzado, quizá sólo en el juicio, en el que toda obra aparecerá en su verdadera luz. En la habitación que usted ocupaba había un Testigo que oyó cada comentario, la gesticulación impía, la sátira, el sarcasmo, la astucia; el Señor Dios del cielo se sintió disgustado con usted y con todos los que participaron en el festejo y en el espíritu duro e implacable. Se ejerció una influencia satánica. En consecuencia, algunas almas se perderán.
¿Por qué no recibió el testimonio que el Señor le envió mediante la hermana White? ¿Por qué no ha armonizado con la luz que Dios le ha dado? ¿Ha de continuar con ese espíritu hasta que acabe el tiempo de gracia? ¿No hay nada que pueda suponer una evidencia para usted respecto a dónde está obrando Dios? ¿Es incapaz de discernir quién tiene el mensaje para dar al pueblo en este tiempo?...
Si el pastor Smith estuviera caminando en la clara luz, daría a la trompeta un sonido certero en perfecta armonía con el ángel de Apocalipsis 18, que ha de alumbrar la tierra con su gloria. Ahora es el tiempo en el que podemos esperar un mensaje precisamente como el que nos ha estado llegando…
Está brillando la luz; no se va a eclipsar, ni puede hacerlo. Continuará brillando cada vez más hasta el día perfecto; pero quienes cierran los ojos para no ver y los oídos para no oír, y endurecen sus corazones a fin de no recibir los rayos de la luz celestial, serán dejados en las tinieblas; y el que anda en tinieblas no sabe dónde va. Cree estar transitando por caminos seguros, pero engaña a su propia alma[20].
Esas palabras, tan cortantes como amantes, tuvieron un profundo efecto en Van Horn. Después de haber leído la carta "se inclinó ante el Señor en oración, confesándolo todo. Escuchó mi súplica ferviente, y en lugar de la amargura del alma, me dio paz y alegría". La mañana siguiente Van Horn asistió a la reunión matinal pastoral en la que presidía O. A. Olsen, quien leía frecuentemente los Testimonios que recibió de Ellen White. Van Horn hizo ahora "una confesión más ferviente y extensa" por el perjuicio causado ante los hermanos que conocían su curso de acción. Se alegró de que dicha confesión "trajo gran luz y bendición a mi alma. Ahora vuelvo a ser un hombre libre gracias al Señor, habiendo encontrado el perdón y la paz"[21]. S. N. Haskell informó a Ellen White acerca de que las reuniones matinales habían "sido excelentes, muchos están viniendo a la luz". Compartió la forma en que "el hermano Van Horn hizo una buena confesión, tal como la que jamás oí con anterioridad. Conmovió a toda la congregación"[22].
Escribiendo a Ellen White después de la asamblea de la Asociación, Van Horn continuó confesando la rebeldía de su curso de acción precedente y compartió con ella la nueva libertad que había reencontrado al dar oído al mensaje dirigido a Laodicea:
Acepto de todo corazón esa comunicación de su mano como siendo un Testimonio del Señor. Me revela la triste condición en la que he estado desde el encuentro de Minneapolis. Ese reproche del Señor es justo y verdadero. Desde que me llegó, veo como nunca antes el gran pecado que implica rechazar la luz. Y lo ha hecho doblemente pecaminoso mi obstinada voluntad disponiéndose por tanto tiempo en contra de la luz que ha brillado tan claramente sobre mí. No me daba cuenta de cuán grande era la oscuridad que me envolvía, y cuán fuertemente atrapado estaba por el poder de Satanás, hasta que recibí esa muestra del amor de Dios hacia mí, la cual abrió mis ojos.
Ahora estoy sinceramente avergonzado por mi parte en el "festejo", en la "sátira", el "sarcasmo" y la "astucia" en los que tan gravemente incurrimos yo mismo y otros en la misma habitación en el encuentro de Minneapolis. Estuvo muy mal, totalmente mal, y debió desagradar al Señor, quien lo presenció todo. Quisiera que pudiera ser borrado de mi memoria…
Ahora comienzo a ver cuánto he perdido en estos cuatro años de tinieblas e incredulidad. Me voy a apresurar a comprar el "oro", las "vestiduras blancas" y el "colirio", a fin de poder estar ante mis hermanos, no en mi propia fuerza con algunos discursos preparados, sino con la justicia de Cristo y con las ricas provisiones de su gracia, a fin de darles "alimento a tiempo". Me pondré en pie, y en el temor del Señor avanzaré en la luz acrecentada del mensaje. Caminaré humildemente ante el Señor y acogeré su presencia en mi corazón a fin de obtener poder a partir de él -quien posee todo el poder- para resistir a Satanás, evitar sus trampas y ganar por fin la victoria[23].
Viviendo en el tiempo de la lluvia tardía
El jueves 23 de febrero W. W. Prescott comenzó las reuniones vespertinas con su presentación sobre el Espíritu Santo. Tras haber estudiado ese tema por casi cuatro semanas, Prescott se sintió "profundamente ansioso acerca de nuestra obra ahora". Habían estudiado lo que podría impedir "recibir un grado inusitado de derramamiento del Espíritu de Dios. Se dieron testimonios muy cercanos, que se oyeron aquí y allá, y parecieron causar una honda impresión en las mentes y corazones". Aunque apreció muchísimo la bendición que habían recibido juntos, y la presencia de Dios y su Espíritu con ellos, "no obstante, estaría muy chasqueado si este encuentro termina sin un derramamiento del Espíritu de Dios más pleno del que hayamos experimentado anteriormente"[24].
Prescott recordó a su audiencia que cuando los discípulos recibieron ese derramamiento del Espíritu tras diez días de ferviente búsqueda mediante la confesión de pecados, humillando sus corazones ante Dios, contemplando concienzudamente a Jesucristo y siendo cambiados a su imagen, entonces tuvieron el poder para la obra que el Salvador les había encomendado". Entonces los discípulos salieron con poder, y multitudes fueron convertidas en un día. Tuvieron poder sobre los espíritus malignos y sobre las enfermedades, sanaron a los enfermos y Dios obró muchas señales y prodigios. "No quisiera que se perciban esas cosas como si se tratara de un cuento de hadas", comentó Prescott. "Hemos de ver repetida esa misma experiencia". Prescott abordó ahora una vez más la experiencia de los pasados cuatro años:
Dios quiere sellar un pueblo para el reino: pero el pueblo que ha de ser sellado para ese reino y que esté listo para la traslación debe estar constituido por aquellos en quienes more Cristo; deben ser los que reciben la justicia y el carácter de Cristo. Pero cuando recibimos la justicia de Cristo en su plenitud, de la forma precisa en que Dios quiere que la recibamos, junto con ella viene la plenitud del Espíritu: se produce el derramamiento del Espíritu. De nada serviría que orásemos sin cesar por el derramamiento del Espíritu al margen de la justicia y el carácter de Cristo. ¡Pensad en cómo este asunto ha estado aquí entre nosotros por tres o cuatro años, y en qué hemos estado haciendo todo este tiempo! Dios quería derramar su Espíritu sobre su pueblo hace años; pero eso no lo podemos arreglar ahora: no añadamos a ese tiempo otro día más.
¿Qué puedo decir al respecto? Estamos aquí reunidos. Es tan claro como A, B, C, que la justicia es el don de Dios; que todo cuanto pide de nosotros es que nos entreguemos y lo recibamos para abrir la puerta. ¿Cómo? -Mediante la confesión y el arrepentimiento, cerrando a Satanás todas las puertas y abriendo de par en par la puerta a Cristo, aceptándolo en simplicidad. Ninguna diferencia hace nuestra edad o nuestro estatus; si somos o no pastores, si somos licenciados o no: estamos todos a un mismo nivel. Vosotros y yo tenemos que recibirlo de la misma forma: como niñitos, dando gracias a Dios por ello continuamente y alegrándonos por ello todo el tiempo…
¿Se os acurre alguna razón por la que no hubiéramos de saber algo al respecto esta noche? He estado pensando en ello de esta manera: si fuéramos capaces de poner fin a todo el cuestionamiento de unos hacia los otros, entre el hermano A y el hermano B, respecto a si lo ha aceptado o se ha opuesto, si dejáramos de estar al acecho y nos sentáramos aquí con la sencillez de un niño, tan felices por saber que es así, lo podríamos recibir…
Sus discípulos estuvieron orando por ello diez días fervientemente y sin cesar, confesando el pecado, arrepintiéndose y mirando todo el tiempo a Cristo. ¿Por qué no habríamos de obtenerlo del mismo modo? En la asamblea nos quedan sólo diez días. Hermanos, ¿acaso no es tiempo de que nos dispongamos a esa misma obra? ¿No están esas cosas claras para toda mente? ¿En qué consiste la justicia y lo que el Señor quiere hacer por nosotros en este encuentro? ¿No estamos a diez días de que termine, y no debiéramos buscar al Señor como nunca antes lo hicimos?"[25]
Tras el discurso de Prescott, A. T. Jones continuó su serie y comenzó la presentación leyendo una carta que había recibido "hace algún tiempo, del hermano Starr en Australia". Con toda probabilidad G. B. Starr debió enviarle aquella carta tras las reuniones de la semana de oración en Australia, a principios de enero. La carta no aportaba nueva información, sino que confirmaba lo que ya habían descubierto en su estudio de la Biblia y los escritos de Ellen White:
"La hermana White afirma que desde el encuentro de Minneapolis hemos estado en el tiempo de la lluvia tardía". Eso es precisamente lo que hemos visto en nuestro propio estudio de esas lecciones, ¿no os parece? Hermanos, ¿cuánto tiempo más va esperar el Señor antes que la recibamos? Ha estado procurando durante estos cuatro años que recibamos la lluvia tardía, ¿cuánto tiempo más esperará? El tema se fusiona al del hermano Prescott, cuya predicación viene a ser el principio de la mía. Él ha hecho aquí un llamamiento para que cada uno haga lo que todos debieran haber hecho hace cuatro años.
Y la cuestión es que se va a hacer alguna cosa. Los que busquen al Señor de esa manera, los que reciban su mensaje de esa manera, obtendrán lo que él quiere dar. Los que no procedan así serán dejados a ellos mismos, y una vez que eso suceda, habrá sucedido para siempre. Esa es la situación temible en este encuentro; es lo que confiere a nuestra convocación su carácter solemne. El peligro consiste en que alguno de los que hay aquí lo haya resistido por cuatro años, o quizá no por tanto tiempo, y que deje ahora de venir al Señor de la forma en que podría recibirlo, fracasando así en tomarlo de la forma en que el Señor lo da y siendo pasado de largo. El Señor tomará una decisión; de hecho, en esta asamblea vamos a tomarla nosotros. ¿De qué lado os encontraréis?[26].
Nota 20: La evidencia interna indica que esta presentación siguió a la octava de Prescott mencionada anteriormente. Jones citó de Gálatas 3, tal como había hecho Prescott (383 y 387).
Las palabras de Jones fueron ciertamente solemnes; pero una vez más, el concepto de que habían estado "en el tiempo de la lluvia tardía desde Minneapolis" no estaba basado en la carta que envió G. B. Starr desde Australia. La referencia de Starr a la declaración oral de Ellen White no hizo más que confirmar lo que ellos habían descubierto ya mediante el estudio de la Biblia y muchas otras declaraciones de Ellen White.
G. B. Starr se referiría a esos hechos durante los años que seguirían. Escribiendo para la Review muchos años después, Starr indicó que en el congreso de la Asociación General de 1893 "la sierva del Señor hizo una declaración a propósito de que la presentación de la justicia de Cristo", tal como les fue dada, "marcó el comienzo del fuerte pregón del mensaje del tercer ángel, y unió con el tercer ángel ese otro ángel mencionado en Apocalipsis 18:1, cuya gloria alumbraría toda la tierra". Esas declaraciones verbales hechas en el encuentro de 1888, declaró Starr, "quedaron pronto plasmadas por escrito e impresas"[27]. En un manuscrito no publicado que describía sus años de trabajo codo con codo junto a Ellen White, Starr hace observaciones similares: "La hermana White estaba presente y ejerció diariamente su influencia en palabras de apoyo decidido a la presentación de ese tema [de la justicia por la fe]. Afirmó que eso marcó el comienzo de la lluvia tardía y el fuerte pregón de los mensajes de los tres ángeles"[28].
Eso armoniza ciertamente con otras declaraciones publicadas de Ellen White. Hacia finales de 1892, O. A. Olsen imprimió un panfleto conteniendo algunas declaraciones de Ellen White no publicadas hasta entonces. Bajo el encabezamiento: "The Power of the Holy Spirit Awaits Our Demand and Reception" (el poder del Espíritu Santo aguarda nuestra demanda y recepción) se citaba parte del siguiente testimonio:
Cristo, el gran Maestro, tuvo una infinita variedad de temas para elegir, pero del que más se ocupó fue de la dádiva del Espíritu Santo. Cuán grandes cosas predijo para la iglesia debido a ese don. Sin embargo ¿cuál es el tema que menos se trata ahora? ¿Qué promesa es la que menos se cumple? Ocasionalmente se da un discurso sobre el Espíritu Santo, y luego se deja el tema para una consideración posterior…[29].
Justo antes de separarse de sus discípulos para ir a las cortes celestiales, Jesús los animó con la promesa del Espíritu Santo. Esa promesa nos pertenece tanto como a ellos, y sin embargo, cuán rara vez se la presenta ante el pueblo y cuán poco se habla de su recepción en la iglesia. Como consecuencia de ese silencio sobre este importantísimo tema, ¿cuál es la promesa de la que menos sabemos en términos prácticos de su cumplimiento, que esta rica promesa del don del Espíritu Santo, cuya eficiencia ha de ser dada a toda nuestra obra espiritual? La promesa del Espíritu Santo aparece de forma casual en nuestros discursos, se la cita de forma incidental, eso es todo. Se han abordado las profecías, se han expuesto doctrinas, pero aquello que es esencial para la iglesia a fin de que pueda crecer en fortaleza espiritual y eficiencia, a fin de que la predicación pueda traer convicción y las almas se conviertan a Dios, se ha dejado en gran medida fuera del esfuerzo ministerial. Ese tema se ha puesto a un lado como si se fuera a tener en consideración en algún tiempo futuro. Se han presentado ante el pueblo otras bendiciones y privilegios hasta haber despertado en la iglesia el deseo por lograr la bendición que Dios ha prometido; pero en lo referente al Espíritu Santo se ha dejado la impresión de que ese don no es para la iglesia ahora, sino que en algún tiempo en el futuro será necesario que la iglesia lo reciba. Si se la pide con fe, esta bendición prometida traerá todas las demás bendiciones con ella, y será concedida abundantemente al pueblo de Dios…
La iglesia se ha conformado por mucho tiempo con una pequeña parte de la bendición de Dios; [sus miembros] no han sentido la necesidad de alcanzar los exaltados privilegios comprados para ellos a un precio infinito. Su fuerza espiritual ha sido débil; su experiencia, de un carácter empequeñecido y deficiente, y están descalificados para la obra que el Señor quisiera que hicieran. Son incapaces de presentar las verdades grandes y gloriosas de la santa palabra de Dios que convencerán y convertirán las almas mediante la agencia del Espíritu Santo. El poder de Dios aguarda que se lo pida y reciba. Los que siembran las santas semillas de verdad obtendrán una cosecha de gozo[30].
En 1897 Ellen White amonestó a la iglesia así: "Oremos más fervientemente que ahora con corazones contritos, en el tiempo de la lluvia tardía, para que puedan caer sobre nosotros lluvias de gracia"[31]. Dos años más tarde recordaría a los hermanos que "hace años vino el tiempo para que descendiera el Espíritu Santo de una forma especial sobre los obreros fervientes y abnegados de Dios"[32]. En la asamblea de la Asociación General de 1893 estaban ciertamente viviendo "en el tiempo de la lluvia tardía", tal como había declarado Ellen White según el informe de G. B. Starr.
Nota 27: George Knight cuestiona la declaración de G. B. Starr, aduciendo que "la fuente de esa información no fue Ellen White, sino Starr"[33].
La cuestión era si darían realmente oído al consejo del Testigo Fiel y se arrepentirían, de forma que los aguaceros pudieran ser derramados sobre ellos. Algunos habían hecho tal cosa y recibieron gran bendición personal. Pero ¿qué sucedería con la iglesia en general?
Notas: