Herido en casa de sus amigos

Capítulo 10

¿Otro profeta? Acusaciones de fanatismo

3. Mensajeros vencidos por la tentación

Una de las formas en las que siempre ha obrado Satanás es procurando traer descrédito al mensaje de Dios mediante los fracasos de sus mensajeros. Ese fue también el caso en la evolución posterior de 1888, no solamente con la desviación de la fe de Jones y Waggoner, sino también en la aceptación por parte de Jones y Prescott de Anna Rice como segunda profetisa para la iglesia remanente. (El episodio de Anna Rice será tratado en detalle en la serie El retorno de la lluvia tardía. Aquí daremos sólo un breve resumen).

Durante el verano de 1892 Ellen White escribió al menos dos cartas en las que mencionó la posibilidad de que Jones y Waggoner pudieran ceder a la tentación. Escribiendo a O. A. Olsen a propósito de la continua oposición al preciosísimo mensaje, Ellen White preguntó: "Si los mensajeros del Señor, tras haberse mantenido valientemente por la verdad por un tiempo, caen bajo la tentación y deshonran a Aquel que les ha encomendado su obra, ¿será eso prueba de que el mensaje no es verdadero?" Su respuesta fue un enfático: "No, ya que la Biblia es verdadera... El pecado por parte del mensajero de Dios haría que Satanás se alegrara, y que triunfaran los que han rechazado al mensajero y al mensaje".

Pero Ellen White indicó también dónde recaería una gran parte de la culpa: "Siento gran pena en el corazón al ver con qué presteza se critica una palabra o una acción del pastor Jones o del pastor Waggoner. Cuán rápidamente muchas mentes ignoran todo el bien que se ha hecho mediante ellos en los años recientes, y no ven evidencia de que Dios está obrando mediante esos instrumentos. Van a la caza de algo que condenar"[1].

Ellen White expresó pensamientos similares en una carta a Uriah Smith: "Los pastores Jones o Waggoner pueden ser vencidos por las tentaciones del enemigo". Pero una vez más, Ellen White previó los tristes resultados para aquellos que estaban ya luchando contra el mensaje enviado del cielo. Si ocurriera que Jones y Waggoner cayeran, "eso no probaría que no tenían mensaje de Dios, o que la obra que hicieron fuera todo un error. Pero si tal cosa ocurriera, cuántos tomarían esa posición, y entrarían en un engaño fatal debido a no estar bajo el control del Espíritu de Dios… Sé que esa es precisamente la posición que muchos tomarían si alguno de esos hombres cayera"[2].

Escribiendo justo antes del inicio de las asambleas de la Asociación General de 1893, Ellen White volvió a abordar ese tema: "No es la inspiración del cielo lo que lleva a uno a entregarse a la sospecha, acechando la oportunidad y lanzándose ávidamente a ella para demostrar que esos hermanos que difieren de nosotros en alguna interpretación de la Escritura no son sanos en la fe. Hay peligro en que tal curso de acción produzca el preciso resultado que están procurando evitar, y en gran medida la culpabilidad descansará sobre los que están al acecho del mal". No fue la oposición del mundo, sino "la oposición en nuestras propias filas [la que] ha impuesto sobre los mensajeros del Señor [Jones y Waggoner] una tarea extenuante y probatoria, ya que han debido hacer frente a dificultades y obstáculos que no debieron existir"[3]. Todo lo dicho se debe tener en cuenta al analizar el episodio de Anna Rice Phillips.

Anna C. Phillips nació en Inglaterra el 6 de mayo de 1865. Cuando tenía seis años acompañó a su madre viuda a Cleveland, Ohio, lugar en el que conoció el adventismo en sus tempranos veinte años a través de Signs of the Times. Afectada por una mala salud, fue casi una inválida hasta experimentar una restauración completa en respuesta a la oración, en el encuentro campestre de Mt. Vernon durante el verano de 1891. Habiendo recuperado la salud y en su nueva capacidad para pensar y estudiar más eficazmente, Anna decidió por sugerencia de G. A. Irwin asistir a la Escuela Bíblica de Chicago, de tres meses de duración, que comenzó en noviembre de 1891[4].

E. J. Waggoner, Miss Parmelee, J. N. Loughborough, W. W. Prescott y G. B. Starr estaban por entonces relacionados con aquella escuela de Biblia[5]. Anna tuvo en la escuela una experiencia tan positiva al final de los tres meses, que quiso ser obrera bíblica. Recibió llamados de la Asociación de Ohio y también del pastor Rice, un pastor de Oregón, Utah. Tras mucha deliberación, decidió ir al oeste, pero al llegar a Utah en la primavera de 1892 fue recibida con mucha frialdad por el hermano Rice. En lugar de emplearla como obrera bíblica en el área, la puso a trabajar en su casa más bien como empleada doméstica, apropiándose para su uso personal del salario y los materiales bíblicos de ella. Aunque la hermana Rice la trató muy bien y recomendaría finalmente la adopción de Anna en la familia Rice, temía a su esposo y se limitaba a seguir sus indicaciones.

Tales condiciones continuaron durante varios meses hasta agosto, cuando Anna tuvo su primer sueño o visión relativa al propio hermano Rice. Anna describe así el evento y lo que resultó después: "Tuve una lucha al respecto, no sabiendo qué hacer. Se lo dije a la Sra. Rice, quien me aconsejó que lo escribiera y que pusiera el asunto en oración, dándoselo después al Sr. Rice, y si era la voluntad del Señor que lo recibiera, lo prepararía para tal cosa. Hice así, y después de uno o dos días se lo entregué. Él dijo que era todo cierto, y pareció significar un cambio en su labor". Al poco tiempo a Anna le "vino más" material, que compartió verbalmente con la hermana Rice con intención de hacérselo saber igualmente al marido de ella. El consejo y la corrección tenían un carácter eminentemente práctico, y siendo aceptado obró inmediatamente un cambio en el hermano Rice y familia. Comenzó a hacer culto familiar, a leer los Testimonios, a vivir más comprometidamente el mensaje de la salud, a acostarse a "las diez, en lugar de a la una o las dos", y a madrugar en lugar de levantarse a medio día; también a tratar con mayor amabilidad a su esposa.

Aunque su vida vino a ser más apacible, esa condición no duró mucho para Anna, ya que al poco tiempo el hermano Rice compartió los sucesos recientes con el hermano Harper de California y con el hermano Lamb y Shaffer de Salt Lake. Pronto Harper quiso que Anna Rice dejara su trabajo en Utah, que comenzara a dar consejos por escrito y que viajara con él a California. Quiso incluso hacerse una foto con ella, lo que parecía ser el colmo. Anna Rice rehusó todo ese proceder. Durante meses estuvo totalmente angustiada debido a que el hermano Rice y otros la empujaban a escribir sus sueños, de forma que los pudiera compartir con otros[6].

Fue en aquel tiempo cuando Anna "se sintió tan impresionada" que "tuvo que hablar con algunos de los hermanos dirigentes a fin de recibir orientación y consejo". En sus propias palabras, "el 14 de diciembre del 92 partí hacia Chicago"[7]. Es muy importante observar la secuencia de los eventos y la fecha de llegada de Anna Rice, puesto que los reavivamientos de los encuentros campestres de 1892 ya habían tenido lugar, y habían comenzado el colegio de Battle Creek y los reavivamientos de la semana de oración. Se habían publicado ya dos Testimonios importantes de Ellen White: 1/ Special Testimonies to Our Ministers nº 2, indicando que era tiempo de orar para el derramamiento del Espíritu Santo, que "aguarda nuestra demanda y recepción". Se publicó a principios de noviembre[8], y 2/ su artículo del 22 de noviembre en la Review, confirmando el comienzo del fuerte pregón del tercer ángel "en la revelación de la justicia de Cristo"[9]. A. T. Jones y muchos de los hermanos habían llegado ya a las mismas conclusiones respecto a la lluvia tardía y el fuerte clamor. Después del artículo de Ellen White del 22 de noviembre en la Review, Jones había predicado "dos discursos emocionantes y provechosos" a una audiencia atestada en el tabernáculo de Battle Creek, el 26 de noviembre. El primero de ellos trataba sobre la lluvia tardía y el fuerte pregón, mostrando que es ahora "el deber y privilegio de la iglesia pedir al Señor la lluvia en este tiempo". El segundo "fue sobre la 'justicia de Cristo', que el cristiano se asegura mediante la fe en él"[10].

Así, cuando Anna Rice llegó a Chicago, a la escuela bíblica, a mediados de diciembre, todos los eventos referidos habían tenido ya lugar, de forma que ni ella ni sus "visiones" podían ser de modo alguno responsables de los movimientos providenciales que ocurrieron previamente a su llegada. De hecho, parece obvio que el diablo estaba procurando desencadenar una situación que trajera descrédito y frustrara los genuinos movimientos del Espíritu Santo que por entonces se estaban desarrollando. Por desgracia, el afán por desacreditar esos movimientos genuinos en nuestra historia adventista ha venido siendo un hecho hasta el día de hoy.

Nota 12: Tal como se verá, el episodio de Anna Rice juega un papel principal en la tesis que mantiene George Knight sobre 1888 y lo que siguió. Hay alusiones al incidente de Anna Rice diseminadas por sus numerosos libros relacionados con la historia de 1888, pero aportando detalles escasos y distorsionados. Aparentemente, su propósito al citar ese episodio es desacreditar a Jones (y a Prescott), especialmente durante los eventos de 1892 y 1893. Una de las primeras pretensiones que Knight se ha esforzado en establecer es que la idea de Jones y Prescott acerca del fuerte pregón y la lluvia tardía fue el resultado de aceptar a Anna Rice como segunda profetisa.

En 1987 Knight escribió lo siguiente en su biografía de Jones: "Jones había sido confidente de Anna desde el principio". El primer testimonio que ella dio aludía a él como siendo una autoridad en la iglesia, y en la última mitad de diciembre de 1892 ella procuró validar su llamado profético mediante la aprobación de él"[11]; original sin cursivas). En las notas al final, Knight referencia la carta de Anna Rice a Ellen White en la que se proporciona la fecha exacta de diciembre en la que viajó a Chicago para ver a Jones y a los otros hermanos.

Dos años más tarde Knight hace la siguiente declaración en su nuevo libro: "[Una] quinta cosa de la que podemos estar seguros, es que A. T. Jones ya había aceptado a Anna Rice… como segunda profetisa adventista antes de que comenzaran las reuniones [de 1893]… A finales de 1892 la señorita Rice había viajado a Chicago para investigar si era una profetisa verdadera"[12]; original sin cursivas). Knight cambia su fraseología referida al viaje de Anna, de "la última mitad de diciembre de 1892" a "finales de 1892" y omite la referencia a la carta de Anna Rice que proporciona la fecha específica.

Aproximadamente una década después, en su libro para responder a todas las preguntas sobre 1888, Knight hace un ajuste aún mayor en su descripción de la fecha de los viajes de Anna: "En algún momento de 1892 Rice comenzó a tener experiencias visionarias. Era lógico que se preguntara si eran genuinas. Como resultado, en la última mitad de 1892 viajó de la costa oeste a Chicago para encontrarse con Jones a fin de determinar si era una verdadera profetisa"[13]. En sus declaraciones, Knight ha ido desde "la última mitad de diciembre" a "finales de 1892", y ahora a "en la última mitad de 1892", para especificar cuándo fue Anna Rice a ver a Jones. ¿Por qué?

Las siguientes declaraciones de Knight en su mismo libro, proveen una pista que explica su (falaz) porqué: "La declaración de Ellen White del 22 de noviembre sobre el fuerte pregón sería el 'texto' dominante de aquellas reuniones [la asamblea de la Asociación General de 1893]. Pero la crisis dominical y la declaración de Ellen White sobre el fuerte pregón no fueron las únicas razones por las que los que fomentaron los reavivamientos (Jones y Prescott) estaban emocionados con la lluvia tardía. Habían recibido también un testimonio de una mujer a la que ya habían aceptado como profetisa"[14]. En la siguiente página Knight continúa su línea de pensamiento: "Al poco tiempo de que Jones hubiera aceptado la obra de Anna en 1892, Ellen White irrumpió con su declaración de que el fuerte pregón ya había comenzado. Era lógico que Jones valorara las visiones de Anna rice a la luz de esa declaración y llegara a la conclusión de que había comenzado la lluvia tardía"[15].

Así, parece que Knight mueve a propósito la fecha del viaje en el que Anna Rice se encontró con Jones -desde finales de diciembre hasta al menos primeros de noviembre- a fin de poder substanciar su tesis, consistente en que los reavivamientos de 1892 y 1893 estuvieron primariamente basados en el fanatismo y excitación de Jones y Prescott después de haber aceptado a Anna Rice como segunda profetisa, y consecuentemente, habiendo malinterpretado la declaración de Ellen White del 22 de noviembre en la Review relativa al fuerte pregón. ¿Qué licencia tiene George Knight para esa falta evidente de honestidad en su tergiversación de la historia adventista? ¿Puede ser esta la única ocasión en que haya intentado cambiar nuestra historia adventista? ¿Pudiera ser que Knight haya pervertido esa historia simplemente a base de contarla y recontarla de forma irreflexiva traicionado por su prejuicio, sin ser necesariamente un asunto de deshonestidad consciente?

A. T. Jones y J. N. Loughborough eran los instructores principales en la escuela bíblica cuando llegó Anna. No obstante, Jones estuvo allí sólo hasta el final de la semana, de forma que pudiera regresar a Battle Creek a tiempo para el inicio de la semana de oración, el 17 de diciembre[16]. Anna afirmó haber relatado su "experiencia al hermano A. T. Jones y al hermano Loughborough, preguntándoles qué pensaban y qué debía hacer yo". Ambos le aconsejaron que escribiera sus experiencias, "diciendo que el test estaría en los escritos". Por aquel mismo tiempo Anna escribió también a S. N. Haskell, presidente de la Asociación de California, y con anterioridad a F. M. Wilcox, enviándole un documento para su posible publicación en la guía de estudio de la escuela sabática para los niños. Pero cuando los hermanos Harper, Lamb y Shaffer supieron que había ido a Chicago en lugar de quedarse a trabajar en Utah y California, dijeron a Anna que estaba "poseída por un demonio". Fueron asimismo a la casa de Rice y escribieron a Haskell, denunciándola a ella y a sus visiones. Tan vehementes fueron sus acciones, que parecían no lograr otra cosa excepto validar los sueños de Anna, por los que ahora se la perseguía"[17].

Aunque A. T. Jones se fue de Chicago, Anna permaneció en la escuela bíblica seis o siete semanas hasta su clausura. Aunque se la había animado a que escribiera sus sueños mientras estaba en la escuela, no lo hizo sino hasta mediados de enero de 1893, momento en el que escribió una experiencia personal y sueño que había tenido, que la había ayudado a confiar más plenamente en Dios. J. N. Loughborough, aunque era un veterano en la obra y estaba familiarizado con movimientos fanáticos desde los años tempranos del adventismo, no tuvo reparos en leer el relato de Anna a toda la clase bíblica el martes 17 de enero, que fue el último día de la escuela bíblica. Así, mientras que los hermanos Harper, Lamb y Shaffer presentaban a Anna en la peor luz posible, ella afirmaba que los hermanos Loughborough, Johnson, Haskell, Jones y "algunos otros" la estaban animando. Es interesante, desde luego, el hecho de que en su abundante correspondencia con Ellen White un año más tarde, Anna nunca mencionó a Prescott en los detalles de los eventos[18].

Nota 15: No parece existir evidencia primaria de que Prescott hubiera "aceptado" a Anna Rice como profetisa anteriormente a la asamblea de 1893. Si bien George Knight parece haber reconocido eso en algunos de sus libros tempranos sobre 1888, años después decide añadir a Prescott a la lista, en A User-Friendly Guide to the 1888 Message (1998): "Contrariamente a esa interpretación, los hechos indican que Jones y Prescott habían sido 'engañados' anteriormente a las reuniones de 1893… Debemos enfatizar una vez más que ni Jones ni Prescott eran guías totalmente fiables en cuestiones del Espíritu Santo en el tiempo de las reuniones de 1893" (128; cursivas en original). "Es importante observar, no obstante, que Jones y Prescott tenían otras razones para creer que la lluvia tardía había comenzado en el tiempo de la asamblea de la Asociación General de 1892. Después de todo, por aquel mismo tiempo tenían en su posesión testimonios de una segunda profetisa adventista que esperaban poder emplear para traer el derramamiento del Espíritu Santo antes que terminara la sesión"[19].

Haskell escribió a Ellen White a comienzos de enero de 1893, y junto con varias páginas dedicadas a otros asuntos mencionó a Anna Rice. Haskell afirmó que el artículo que había leído, enviado por Anna al departamento de Escuela Sabática, "era muy bueno, y no se le podía encontrar falta alguna; pero se pensó que no sería apreciado, y en consecuencia, no fue publicado". Pero Haskell también había recibido informes negativos del hermano Harper. En opinión de Haskell, Anna era una cristiana ingenua, inofensiva y ferviente", pero basándose principalmente en el informe de Harper, "la observaba con cierto grado de sospecha"[20]. No obstante, en toda la correspondencia de Ellen White a Haskell en lo que quedaba del año 1893, ella nunca mencionó la situación de Anna Rice.

Si bien A. T. Jones había animado a Anna a que escribiera lo que se le había mostrado, enviándole a él una copia, ella no hizo tal cosa sino hasta el 7 de febrero de 1893. Incluso entonces, mientras que Jones estaba predicando en la asamblea pastoral el 5 de febrero, al final de su presentación en la que había comparado los eventos de Pentecostés con el tiempo de la lluvia tardía, leyó de Joel capítulo 2: "Después de esto derramaré mi espíritu sobre todo ser humano, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones. También sobre los siervos y las siervas derramaré mi espíritu en aquellos días" (Joel 2:28-29). Basándose en el hecho de que Pedro había citado esa profecía en Hechos 2:17-18 en el tiempo de Pentecostés, y en razón de los tiempos en los que estaban viviendo, Jones proclamó confiadamente: "¡Gracias al Señor: él no va a contentarse por mucho más tiempo teniendo un solo profeta! Tendrá más. Ha hecho una maravillosa obra con uno, y siendo así, ¿qué es lo que no va a lograr en este mundo cuando tenga muchos de ellos?" Jones estaba claramente anticipando el cumplimiento de Joel capítulo 2, si bien Ellen White le invitaría posteriormente a ser cauto en una interpretación tan amplia de esa profecía, dado que no todos los que "profetizaran" tendrían necesariamente el oficio de profeta[21].

Dos días después, el 7 de febrero, Anna Rice escribió una nota a A. T. Jones y le envió el primero de los dos "testimonios". Pero ese primer testimonio consistía en lo que le había sido "mostrado" relativo al hermano y hermana Rice en agosto de 1892, y tenía primariamente una naturaleza personal. Aunque Jones pudo sentirse inclinado a pensar que dicho "testimonio" era genuino basándose en los resultados habidos en la familia Rice que Anna le había referido previamente, es improbable que hubiera pensado en compartir públicamente en la asamblea ese "testimonio" tan personal[22].

Finalmente, el 21 de febrero, exactamente dos semanas antes de que terminara la asamblea de la Asociación General, Anna Rice escribió el segundo "testimonio" y lo envió a A. T. Jones. Aquel particular "testimonio" era de naturaleza mucho más general, e iba dirigido a toda la iglesia. Llamaba al arrepentimiento y la reforma, a poner de lado la mundanalidad y a preparase para la segunda venida apoyando la causa[23]. Con toda probabilidad fue ese testimonio el que, de acuerdo con C. McReynolds, Jones quiso leer en la sesión de la Asamblea de la Asociación General de 1893, pero O. A. Olsen se opuso a eso cuando Jones lo solicitó[24].

Nota 20: George Knight tergiversa una vez más los hechos y la secuencia de eventos en la asamblea, en su biografía de Jones: "A mitad de la asamblea, [Jones] había recibido un testimonio [de Anna Rice] que quería desesperadamente presentar a los delegados reunidos. No obstante, O. A. Olsen le había prohibido leerlo públicamente. En consecuencia, Jones no pudo anunciar que estaban por venir grandes cosas. 'Gracias al Señor' -dijo a los delegados cuando llevaban aproximadamente una semana de reuniones- '¡él no va a contentarse por mucho más tiempo teniendo un solo profeta!...'"[25]. Hay, no obstante, un gran problema: Jones no recibió un "testimonio" de Anna Rice sino hasta después de haber predicado su sermón el 5 de febrero, y no hay evidencia, ni siquiera en las referencias que da Knight, de que Jones hablara con O. A. Olsen antes del 21 de febrero, tras haber recibido la segunda carta de Rice. Tampoco existe evidencia primaria de que Jones procurara "desesperadamente" presentar carta alguna a la asamblea. ¿Qué le mueve a tergiversar o recomponer los hechos?

Pareciendo no querer dejar pasar una sola oportunidad de presentar a Jones en la peor luz posible, Knight resume el incidente en estos términos: "Los adventistas pueden estar agradecidos porque en la asamblea de 1893 no se diese carta blanca a Jones [permitiéndosele leer la carta de Anna Rice], puesto que por aquel tiempo, él no era un guía totalmente fiable. Su 'reavivamiento de la lluvia tardía' podía haber conducido al adventismo por caminos realmente extraños, y pudo haber cambiado la naturaleza de la Iglesia Adventista del Séptimo Día acercándola al pentecostalismo que por entonces se estaba desarrollando. (En ese sentido, es digno de mención que la última afiliación religiosa de Jones sería la de un grupo de pentecostales guardadores del sábado que hablaba en lenguas. Nunca pudo escapar a su inclinación por lo carismático)"[26].

En relación con las conclusiones de Jones basadas en Joel 2, es interesante ver lo que el propio Knight dice respecto al texto, especialmente tras haber denigrado a Jones: "La iglesia ha de estar alertada de caer en el error opuesto si se manifiestan los dones espirituales de nuevo en su medio. No es imposible, por ejemplo, que Dios reactive el genuino don de profecía para desafiar o corregir la tradición o la autoridad administrativa. De hecho, basándonos en Joel 2:28-32, parece que podemos esperar incluso el don profético en el futuro. En un tiempo como ese, la experiencia de Jones y Prescott en 1894 será de especial valor"[27]. Pero ¿cómo podríamos beneficiarnos de "la experiencia de Jones y Prescott" si los historiadores tergiversan descaradamente los hechos relativos al evento de Anna Rice?

Knight hizo declaraciones similares en una presentación en la asamblea de la Asociación General del año 2000 en Toronto: "Si yo fuera el diablo, haría que los adventistas estuvieran temerosos del Espíritu Santo. Demasiados entre nosotros tememos el pentecostalismo cuando pensamos en el tema del Espíritu Santo… Hace algunos años, en una presentación en la asamblea de la Asociación General, observé que los adventistas no creen realmente las 27 doctrinas fundamentales. Especialmente la referida a los dones espirituales. Creemos en el don espiritual, más bien que en los dones espirituales, y la mayor parte de nosotros restringimos ese don a una persona que ha reposado tranquila en su tumba en los últimos 85 años. ¿Qué sucedería si estando en el púlpito recibiera de repente el don de lenguas, un don genuino? Podría ser expulsado. ¿Qué sucedería si tuviera el auténtico don de profecía? Probablemente se crearía un comité masivo para estudiar la situación en los siguientes diez años. He de admitir que el simple hecho de hablar de esas cosas me pone nervioso, porque no es posible controlar al Espíritu. Por otra parte, en Joel 2 tenemos la promesa del derramamiento espiritual en los últimos días, derramamiento espiritual que con toda probabilidad dividirá a la iglesia por la mitad. ¿Cuánto pensamos realmente acerca del Espíritu Santo y el derramamiento de la lluvia tardía?[28]. Pero ¿es posible que el diablo haya provocado ya un trastorno aún mayor en nuestras filas, debido a la tergiversación de nuestra propia historia?

Aunque A. T. Jones y otros pudieron haber considerado en aquel tiempo que Anna Rice era un cumplimiento de la profecía bíblica relativa a que Dios iba a dar visiones a los jóvenes y las jóvenes, no existe evidencia creíble de que sus presentaciones -que le fueron asignadas con seis meses de antelación- o las manifestaciones del Espíritu Santo en la asamblea pastoral y de la Asociación General fueran motivadas o influenciadas por una creencia tal, o mediante la influencia de Anna Rice. De igual forma, no existe evidencia de que los reavivamientos de 1892 o 1893 fueran fruto de extremismo, excitación o fanatismo causado por la creencia en los testimonios de Anna Rice.

Nota 21: No obstante, George Knight procura establecer eso como si fuera un hecho, varias veces en su libro A User-Friendly Guide to the 1888 Message: "Pero la crisis dominical y la declaración de Ellen White sobre el fuerte pregón no fueron las únicas razones por las que los que fomentaron los reavivamientos (Jones y Prescott) estaban emocionados con la lluvia tardía. Habían recibido también un testimonio de una mujer a la que ya habían aceptado como profetisa.

46. ¿Qué parte tuvo la excitación en torno a Anna Rice en las expectativas de lluvia tardía en 1893? Anna Rice (a veces llamada Anna Phillips) jugó un papel significativo en las expectativas de 1893, incluso si pocos han comprendido la parte que desempeñó. Su influencia, no obstante, no fue directa, sino que llegó mediante agentes como A. T. Jones y W. W. Prescott" (125; cursivas en original).

Unas páginas más adelante, Knight continúa con pensamientos similares: "47. ¿Qué tipo de atmósfera impregnaba las reuniones de la asamblea de la Asociación General de 1893? Estaba cargada con la inmediata anticipación de la segunda venida. Jones y Prescott fueron especialmente exuberantes en las reuniones. Con la crisis de la ley dominical, la declaración de Ellen White del fuerte pregón y la revelación de un nuevo profeta en la mano, estaban seguros de estar en los últimos días de la historia de la tierra" (129).

Knight reitera los mismos pensamientos hacia el final de su libro: "Pero tal como vimos en la cuestión nº 40 y 46, las impresiones de Jones de que Dios estaba derramando la lluvia tardía derivaban en gran parte de su falsa creencia en Anna Rice como segunda profetisa adventista. Un don tal difícilmente avala sus pretensiones de lluvia tardía" (152). Pero cualquiera que lea el General Conference Bulletin será inmediatamente capaz de decidir si las pretensiones de Knight son correctas, o si son increíbles manipulaciones de la historia adventista.

Tampoco hay evidencia alguna de que W. W. Prescott estuviera promoviendo los testimonios de Rice en aquel tiempo; tal cosa pareció no suceder sino hasta después de las reuniones de la asamblea[29].

Durante el verano de 1893, Jones y Prescott dieron pasos tendentes a promover los pocos "testimonios" que Anna Rice había escrito; aunque L. T. Nicola declaró más tarde que "excepto por las menciones frecuentes del deber de 'conocer la voz por nosotros mismos', apenas se dijo algo respecto a los testimonios de Rice"[30]. No obstante, Jones citó partes de ellos en un par de encuentros campestres, aunque sin nombrarla ante la audiencia.

El episodio de Anna Rice alcanzó un punto crítico el 30 de diciembre de 1893 en el tabernáculo de Battle Creek. Después de haber leído de Home Missionary Extra "The Call from Destitute Fields"[31], de Ellen White, Jones leyó a partir de lo que él llamó "un testimonio no publicado" que era de hecho el "testimonio" que Anna Rice le había enviado el 21 de febrero durante la asamblea de la Asociación General. Jones informó que el "testimonio no publicado leído insistía en una completa separación del mundo y la mundanalidad, del orgullo y de los adornos exteriores; que debía llevarse una vestimenta sencilla y especialmente 'arrancar' el oro, etc, en lugar de llevarlo sobre el cuerpo 'tal como hacen los paganos'". A resultas de ambas lecturas siguió un servicio de reavivamiento en el que las personas comenzaron a quitarse el oro y las joyas, dándolas para la causa de Dios[32]. Setenta personas pidieron el bautismo como resultado de la reunión de reavivamiento, aumentando hasta 150 en la siguiente semana. La noche del sábado siguiente W. W. Prescott dirigió el servicio de alabanza en el tabernáculo, que estaba "lleno hasta su máxima capacidad" durante el servicio bautismal[33].

Una experiencia como esa parecía probar la validez de los "testimonios" de Anna. Prescott continuó también promoviéndolos de una forma sutil durante una serie de reuniones sobre "El Espíritu de Profecía en la iglesia", en los meses de enero y comienzos de febrero de 1894. Lo hizo presentando la idea de que todos debían tener el don de profecía, no ejerciendo necesariamente ellos mismos el don, sino siendo capaces de discernir el don allí donde se manifestara[34]. Pero el movimiento se detuvo repentinamente cuando llegó un testimonio de Ellen White al buzón de correo de A. T. Jones a mediados de febrero. Ellen White intentó poner las cosas en su debido orden:

He recibido cartas de algunos en América, afirmando que ha apoyado las revelaciones de Anna [Rice], y que las lee a las personas, dándoles la impresión de que está leyendo testimonios de Ellen White… Lo espurio y la falsificación están en el campo, y las mentes han de estar bajo el control constante del Espíritu de Dios a fin de distinguir la falsificación de lo genuino…

Dios lo ha usado a usted y al hermano Waggoner de una forma especial para hacer una obra especial, y yo he sabido eso. He puesto toda mi influencia de su lado debido a que estaban haciendo la obra de Dios para este tiempo. He hecho todo cuanto me fue posible hacer en Jesucristo para permanecer a su lado y ayudarle en toda forma; pero me entristezco mucho cuando veo cosas que no puedo apoyar, y me siento afligida al respecto…

No sean ahora incautos, ni usted ni el pastor Waggoner; no avancen asuntos que no son apropiados y que no armonizan con el propio mensaje que Dios ha dado. Si se desviaran incurriendo en algún error, se pondría en entredicho la obra que el Señor me ha encomendado, tanto como la que ambos han estado haciendo, que ha estado siempre bajo la sospecha y oposición de parte de cierta clase. Si ustedes cometieran algún error, ellos se sentirán justificados en sus ideas previas y en sus celos, en su actitud de acecho y sospecha"[35].

Nota 28: Junto a la carta precedente enviada a Jones, Ellen White incluyó una copia de su carta del 23 de diciembre escrita a "Brethren and Sisters" en California, que había sido enviada con el propósito de clarificar la confusión en la que estaban acerca de los testimonios de Anna Rice[36].

A. T. Jones se arrepintió inmediatamente, no habiéndose siquiera alejado de la oficina postal antes de compartir con O. A. Tait la carta de reproche de Ellen White. El sábado siguiente Jones leyó a la congregación en el tabernáculo de Battle Creek porciones del testimonio que Ellen White acababa de enviarle. Fue presto en reconocer: "'Me he equivocado, y lo confieso'"[37].

Nota 29: El relato de Adams, escrito 55 años después, resulta ser fiel en casi todo respecto al contrastarlo con todas las evidencias primarias, excepto porque afirma que ocurrió en el mes de abril en lugar de febrero, que es cuando Jones recibió la primera carta de Ellen White. Ver también: Tim Poirier, "Some Key Correspondence Relating to the Reception of Ellen White's Testimonies Regarding Anna Phillips", en Document File 363a, Ellen G. White Estate, Loma Linda Branch Office. Escribiendo a Ellen White poco tiempo después, O. A. Olsen informó que se le "dijo que cuando el hermano Jones recibió su comunicación, rompió a llorar como un niño"[38].

También F. M. Wilcox afirmó que "cuando el pastor Jones recibió las cartas, se sintió verdaderamente mal"[39].

Nota 31: Desgraciadamente, en ocasiones se han ignorado las veces en que Jones se arrepintió inmediatamente tras haber recibido consejo de Ellen White por errores cometidos, y se ha proyectado en su temprana experiencia el resentimiento contra ella que sólo en sus últimos años desarrolló. El caso de A. T. Jones está representado falsamente de ese modo en una carta alojada en Ellen G. White Estate que fue escrita a William Armstrong en 1923. Si bien la carta es más veraz en su descripción de algunas de las actitudes de Jones en sus años tardíos, presenta incorrectamente lo que siguió al episodio de Anna Rice: "La prueba de que A. T. Jones perdió el buen espíritu de Dios que había albergado hasta entonces [1893] quedó patente en su apoyo a Anna Phillips [Rice] como profetisa. Hizo tal cosa en reuniones públicas en el tabernáculo. Cuando la hermana White lo reprobó por ello según una visión que el Señor le dio en Australia, se volvió contra la hermana White y tiró todos los preciosos volúmenes escritos por el Testimonio de Jesús… Para mí, hermano Armstrong, eso no fue la obra del Espíritu de Dios"[40].

Es también desafortunado que cuando se menciona a A. T. Jones en la literatura moderna, frecuentemente se acompañe de un breve comentario despectivo, gracias en parte a los años que llevan presentándolo negativamente algunos historiadores adventistas. Este es el informe de un ejemplo de ese tipo de representación falsa, que tuvo lugar en la celebración del reciente 150 aniversario de la organización formal adventista: "Bill Knott, redactor y editor ejecutivo de las revistas Adventist Review y Adventist World… disertó sobre las vidas y carreras eclesiásticas de Hull, adventista sólo por seis años, y de A. T. Jones, cuya implicación se extendió por décadas, e incluyó algunos de los roles más influyentes en la iglesia. No obstante, a pesar de toda su energía y destreza, 'la mente que nunca pudo captar los matices de gris rehusó igualmente recibir el consejo de alguien que se apellidara White', explicó Knott, refiriéndose al abundante consejo que la co-fundadora adventista Ellen White dio a Jones"[41]. Otro ejemplo típico se encuentra en un devocional anual, "Lecturas matinales para adultos", publicado para España en 2015: "Desde los orígenes del movimiento adventista, ha habido personajes que se han concentrado en el rechazo y los ataques contra el ministerio profético de Elena White: Dudley M. Canright, John H. Kellogg, Albion F. Ballenger, Alonzo T. Jones, Ronald L. Numbers y Walter T. Rea, entre otros. Todos han tratado de desacreditar a Elena White negando la revelación e inspiración del Espíritu Santo en sus escritos"[42]. Paradójicamente, ese mismo año, en España se prefirió publicar ese libro devocional, en lugar del que se proporcionó al resto del mundo hispanohablante: Maranatha, el Señor viene, cuya autora es la supuestamente atacada / defendida Ellen White.

Esa artillería indiscriminada dirigida contra Jones no añade mucho a las pretendidas "frescas perspectivas en la historia eclesiástica del adventismo", ni tiene en cuenta las veces en que Jones se arrepintió prestamente tras recibir consejo de Ellen White. ¿Por qué esa inclinación a presentar a Jones en la peor luz posible?

Pero Jones se no paró ahí en su arrepentimiento, sino que hizo todo cuanto pudo para corregir personalmente el error que había cometido. Tras haber recibido el Testimonio de Ellen White "detuvo inmediatamente la circulación de los testimonios de Rice, pidiendo que fueran devueltos y quemados"[43]. Jones se dirigió asimismo a varios de los hermanos dirigentes en la iglesia de Battle Creek, comunicándoles que "Ellen White había condenado la obra de Anna Rice". Se dispuso a hacer pública la totalidad del Testimonio que Ellen White le había enviado, pero le pareció prudente recabar primeramente el consejo de los hermanos dirigentes durante el consejo de primavera, a fin de evitar "causar un mal mayor al intentar remediar el asunto, del que hizo al promover los testimonios" de Rice[44].

W. W. Prescott respondió de igual forma cuando se le pasó una copia de la carta de Ellen White estando él en Walla Walla, Washington, a finales de febrero. S. N. Haskell informó de que Prescott "aceptó inmediatamente el Testimonio y dijo: 'Ahora mismo me dispongo a deshacer en la medida de los posible todo cuanto haya hecho en su favor'"[45].

Nota 34: La carta de Ellen White llegó el día en que Prescott había planeado leer uno de los testimonios de Rice a la facultad y estudiantes del colegio Walla Walla, cambiando sus planes de forma correspondiente. Ver también S. N. Haskell a Ellen White, 9 marzo 1894).

Tanto Jones como Prescott escribieron cartas a Ellen White pidiendo disculpas por los problemas que habían causado, solicitándole consejo y evidencias en los testimonios de Rice que debieran haberlos alertados de los peligros.

Nota 35: Desgraciadamente no parecen conservarse esas cartas de Jones y Prescott a Ellen White. No obstante, se las menciona o referencia en las cartas siguientes: Ellen G. White a W. W. Prescott y A. T. Jones, Carta 68, 16 abril 1894; en Manuscript Releases, vol. 14, 184; Ellen G. White a A. T. Jones, Carta 38, 14 abril 1894; en The Kress Collection, 33; A. T. Jones a Anna C. Rice, 24 mayo 1894.

Debe observarse que Jones y Prescott no fueron los únicos en recibir el consejo de Ellen White. La propia Anna Rice, la señora Rice y hasta cierto punto el pastor J. D. Rice, aceptaron el reproche de Ellen White: "Las supuestas visiones de Anna Rice cesaron inmediatamente. Más tarde fue una fiel obrera bíblica y sirvió por muchos años a la denominación"[46].

Glen Baker llega a declarar que "el pastor Jones y Anna Rice podían fácilmente haberse culpado mutuamente, pero nunca lo hicieron; al contrario, mantuvieron su amistad por muchos años. Tras aceptar la reprensión de Ellen White, el pastor Jones escribió al menos dos cartas de apoyo y consuelo a Anna para fortalecer su fe y asegurarle su amistad. Tal demostración de amabilidad indudablemente la ayudó a mantenerse durante aquel período difícil y contribuyó a que viniera a ser una obrera de éxito para la iglesia"[47].

George Knight presta también atención a la forma en que Jones trató a Anna Rice tras aquel episodio: "Jones demostró ser una persona verdaderamente responsable y atenta ante la mayor víctima de todo el episodio: Anna Rice… Le mostró lo mejor de él, no sólo como persona solícita, sino también como cristiano valiente"[48]. No obstante, ante una respuesta en defensa de Jones, en una revisión del citado libro por parte de Dennis Hokama, Knight muestra sus auténticas intenciones: "[Hokama] no captó mis sospechas de que Jones consoló a Rice, no tanto por galantería, como por el hecho de que nunca desaprovechaba la ocasión para una confrontación pública… Jones medró en las causas impopulares durante toda su carrera"[49].

Ellen White recordó posteriormente a Jones la forma en que él había expresado "profundo pesar por la parte" que había desempeñado en ese movimiento imprudente, acudiendo a ella en busca de "instrucción", a fin de "poder evitar siempre errores como aquel"[50].

Ellen White respondió en parte la cuestión de no haber encontrado "sentimientos particularmente objetables" en los testimonios de Rice, afirmando que "no había nada muy evidente en lo escrito". Continuó diciendo que "vendrán engaños, y tendrán un carácter tal, que si fuese posible engañarían a los mismos elegidos. Si en esas manifestaciones hubiera inconsistencias marcadas y declaraciones mentirosas que fueran evidentes, no habrían sido necesarias las palabras provenientes de los labios del gran Maestro"[51]. Reconoció también a Jones que "en esas visiones y sueños parece haber muchas cosas correctas, una repetición de lo que ha estado en el campo por muchos años, pero", continuó, "pronto se introduce una jota aquí, un pequeño error allá, una simple semillita que se arraiga y florece, y en consecuencia muchos resultan contaminados". De esa forma intentaba Satanás introducir sus engaños en la iglesia, al mismo tiempo que podía socavar y desacreditar la obra de reavivamiento y reforma instigada por la manifestación genuina del Espíritu Santo. Jones y Prescott procurarían ahora deshacer y eliminar la confusión que habían causado.

Por desgracia no todo se podía deshacer, incluyendo el reproche que sufriría la obra encomendada a Jones, Waggoner y también a Prescott. Ahora, esa "cierta clase" que "siempre se había mantenido en las sospechas y la oposición", según predijo Ellen White, se iba a "sentir justificada en sus antiguas ideas y celos, en su actitud de acecho y sospecha"[52]. En contraste, algunos hombres, tales como F. M. Wilcox y S. N. Haskell no dudaron en reconocer que eran igualmente vulnerables a la equivocación[53]. Haskell sugirió incluso que si Prescott y Jones, que carecían de la experiencia de los primeros años del adventismo, hubieran podido consultar con Uriah Smith u otros hermanos veteranos, no habrían cometido la equivocación[54]. No obstante, J. N. Loughborough, que era uno de los pioneros veteranos, apoyó inicialmente a Anna Rice. Uriah Smith, por otra parte, era uno de los hermanos que estaba en tal estado de oposición a Jones, Waggoner y Prescott, que al enterarse de la situación y del reproche de Ellen White, lo recibió con alborozo, declarando que "'le alegraba ver que ese asunto de Jones recibía una patada en el hocico'"[55]. En Battle Creek no pocos compartían esos sentimientos.

F. M. Wilcox expresó su preocupación porque ese error de Jones y Prescott fuera aprovechado como una excusa para continuar la "lucha" contra los principios de la justicia por la fe y la libertad religiosa que Jones había enseñado. Wilcox afirmó que muchos estaban ya razonando de ese modo sólo dos semanas después que Jones recibiera la carta de reproche de Ellen White[56]. O. A. Olsen expresó una preocupación similar a W. C. White, afirmando que "cualquier equivocación cometida por [Jones y Prescott] es magnificada por los del otro bando… y por supuesto, el enemigo va a aprovecharse todo lo que pueda de tales asuntos"[57]. Olsen informó también a Ellen White que le parecía que "nada podría complacer más a Satanás en este momento concreto, que destruir la fuerza" del poderoso testimonio de Jones y Prescott[58].

S. N. Haskell expresó a Ellen White pensamientos similares: "No creo que haya dos personas que lamenten más profundamente que Jones y Prescott lo sucedido. Creo que se han arrepentido sinceramente y han hecho todo cuanto estuvo a su alcance para contrarrestar su influencia lo mejor que han sabido. Espero sinceramente desde lo profundo de mi alma que nuestros hermanos no se lancen sobre ellos dos"[59]. Ellen White respondió a tales preocupaciones escribiendo una respuesta de quince páginas a S. N. Haskell para intentar evitar esa temida reacción:

No tengo más que tiernos sentimientos hacia [Anna Rice]. Estoy realmente apenada por ambos, el hermano Prescott y el hermano Jones… Hoy tengo más confianza en ellos de la que he tenido en el pasado, y creo plenamente que Dios será su ayudador, su consuelo y esperanza…

Tengo los sentimientos más amables hacia nuestros hermanos que han cometido esa equivocación, y quisiera decir que a quienes menosprecian a los que aceptaron el reproche se les va a permitir que atraviesen una prueba que hará manifiesta su propia debilidad personal y sus defectos de carácter. Los hermanos Jones y Prescott son los mensajeros escogidos por el Señor, amados por Dios. Han cooperado con Dios en la obra para este tiempo. Si bien no puedo apoyar sus errores, estoy en simpatía y unión con ellos en su obra general… Esos hermanos son embajadores de Dios. Han sido rápidos en captar los brillantes rayos del Sol de justicia, y han respondido impartiendo la luz celestial a otros. Si es que han temido rehusar aquello que tenía apariencia de ser luz, si se han adherido en demasía a lo que era engañoso creyendo que era el consejo de Dios, ¿debiera alguien disponerse a señalar su falta, a criticarlos o a quejarse, siendo que ahora reconocen que no fueron tan cuidadosos como debieron ser para distinguir la tendencia de un testimonio que tenía la apariencia de ser divino?[60].

Ellen White sugirió también que aquella experiencia podía demostrar ser de gran beneficio para Jones, Prescott y para otros que habían puesto a estos "donde sólo Dios debe estar". Algunos habían aceptado demasiado fácilmente todo cuanto se les dijera sin estudiarlo ni buscar con esmero el consejo de Dios para ellos mismos. Pero cuando Ellen White comparó las acciones de Jones y Prescott con las de quienes habían estado luchando contra la verdad por tanto tiempo, para nada excusó la continua rebelión de estos últimos:

¿Van a endurecerse en su resistencia a la luz y disculpar su dureza de corazón -que no les ha traído más que tinieblas y el desagrado de Dios- aquellos que han estado rechazando de forma manifiesta la luz, rehusando aceptar al Espíritu Santo debido a que algunos otros hermanos que han recibido la luz del Espíritu Santo de Dios han dado un paso equivocado?...

En la presentación del mensaje actual se ha tenido que pelear cada centímetro de terreno, y algunos no se han reconciliado con la providencia de Dios, quien ha seleccionado a los hombres adecuados para llevar este mensaje especial. Preguntan: ¿Por qué no ha escogido a los hombres que han estado por años en la obra? La razón es porque él sabía que esos hombres que tenían una gran experiencia no habrían hecho la obra según el camino de Dios y según él ha dispuesto. Dios ha escogido a los precisos hombres que él quería, y tenemos razón para estarle agradecidos porque esos hombres hayan llevado adelante la obra fielmente y por ser los portavoces de Dios. El Señor les ha enviado ahora un aviso debido a que no han visto todas las cosas claramente, debido a haberse puesto en peligro, ... gracias al Señor porque no resistieron el mensaje de advertencia que el Señor vio oportuno enviarles, y de esa forma no han cometido el grave error de quienes han estado resistiendo por años el Espíritu de Dios…

No saquen ventaja del error de sus hermanos quienes han sido negligentes en recibir la luz y la verdad; no los señalen con el dedo ni hablen palabras vanas debido a que los escogidos de Dios han sido demasiado vehementes en sus ideas y han llevado ciertos asuntos con demasiada determinación. Necesitamos una vehemencia tal, pues nuestra obra no es una obra pasiva, sino agresiva…

Los agentes escogidos de Dios se habrían alegrado en asociarse con los hombres que se mantuvieron alejados de ellos, cuestionando, criticando y oponiéndose. Si hubiera existido unión entre esos hermanos, tal como Cristo enseñó que debía haber entre sus discípulos, se habrían evitado algunas equivocaciones y errores que han ocurrido. Pero si los hombres que debieron emplear su influencia en hacer avanzar la obra han estado obrando para impedirla y han ocurrido equivocaciones que no se habrían dado en caso de haberse mantenido en sus puestos del deber, ¿a quiénes tendrá Dios por responsables de esos últimos errores? -Precisamente tendrá por responsables a quienes debieron haber estado recogiendo luz, y en unión con los centinelas fieles en estos días de peligro. Pero ¿dónde estuvieron? -En la posición de quienes no reciben luz para ellos mismos e interceptan la luz que Dios quisiera enviar a otros[61].

Por consiguiente, la culpa recaía en quienes habían estado luchando contra la verdad por tanto tiempo, que de otra forma hubieran sido capaces de beneficiar con su experiencia a Jones y Prescott. Un asunto, no obstante, preocupaba a Ellen White más que cualquier otro: el de identificar las manifestaciones verdaderas del Espíritu Santo con el fanatismo, intentando excusar una actitud como esa debido al error de Jones y Prescott:

Lo que es esencial para la promulgación de la verdad es el don del Espíritu Santo, que ha de guiar, conducir y guardar el alma del poder engañoso de Satanás en estos últimos días de trampa y engaño. El Espíritu Santo ha de hacer en favor de las inteligencias humanas una obra que las mentes comprenden aún escasamente. Ante nuestra vista se han de abrir nuevos aspectos de la verdad. Se aprecian muy escasamente las riquezas de la palabra de Dios. A menos que el Espíritu Santo haga su obra en el corazón humano, el carácter no se desarrollará según la similitud divina…

Como en el día de Pentecostés, el bautismo del Espíritu Santo llevará a un reavivamiento de la religión verdadera, a la visitación de ángeles y a la realización de muchas obras maravillosas. Vendrán a nuestro medio inteligencias celestiales y los hombres hablarán movidos por el Espíritu Santo de Dios. Pero si el Señor obrara entre los hombres tal como lo hizo en el día de Pentecostés y después de él, muchos que ahora hacen profesión de creer la verdad saben tan poco sobre la operación del Espíritu Santo, que clamarían: "Cuidado con el fanatismo". Dirían de quienes estuvieran llenos del Espíritu: "Estos hombres están borrachos con vino nuevo"… El gran pecado de quienes profesan ser cristianos es que no abren el corazón para recibir el Espíritu Santo. Cuando las almas anhelan a Cristo y procuran ser uno con él, aquellos que están satisfechos con una forma de piedad exclaman: "Tened cuidado, no vayáis a los extremos"…

Sé que el Señor ha obrado con su propio poder en Battle Creek. Que nadie procure negar eso, ya que al hacer tal cosa pecará contra el Espíritu Santo. El hecho de que pueda haber necesidad de avisar y precaver a cada uno para que camine atentamente y en oración a fin de que la influencia engañosa del enemigo no los aparte de la Biblia, no debe hacer suponer que Dios no va a manifestar su poder entre su pueblo creyente… "Después de esto vi otro ángel que descendía del cielo con gran poder, y la tierra fue alumbrada con su gloria". Algunas almas verán y recibirán la luz; pero quienes han estado por largo tiempo resistiendo la luz debido a que esta no vino precisamente de acuerdo con sus ideas, estarán en peligro de llamar tinieblas a la luz, y luz a las tinieblas[62].

Tristemente, nada de lo que dijo Ellen White detuvo en aquel tiempo a algunos que continuaban expresando su opinión de que los reavivamientos de 1892 y 1893, con sus manifestaciones del Espíritu Santo, fueron simplemente resultado del fanatismo y la excitación. Y desgraciadamente, esa sigue siendo la noción que se expresa y promueve hoy.

Nota 49: George Knight ha venido repitiendo esa acusación por más de veinticinco años, afirmando que el reavivamiento de 1892-1893 estuvo basado en la excitación fanática, como resultado de que Jones y Prescott interpretaron falsamente la declaración de Ellen White del 22 de noviembre, que a su vez fue consecuencia de aceptar a Anna Rice como profetisa: "Fueron Jones y Prescott, y no la Sra. White, quienes suscitaron la excitación de 1893 hasta alcanzar grandes proporciones mediante una exégesis de la declaración que ella hizo en noviembre de 1892, según la luz de la interpretación de ellos relativa a la formación de la imagen de la bestia en el verano de 1892… [Uno] se enfrenta al hecho brutal de que el fácilmente excitable Jones no era un líder totalmente fiable en 1893. Incluso si tenía un mensaje oportuno centrado en Cristo, también había aceptado visiones de Anna Rice y habría presentado sus testimonios como un estímulo para el reavivamiento en su mensaje del fuerte pregón de la asamblea de la Asociación General de 1893 si Olsen no le hubiera impedido hacerlo… Nunca debemos olvidar que tenía el problema perenne del extremismo… Tras la debacle de Rice, Ellen White llamaría al adventismo a huir de enfocarse en la excitación y a regresar al evangelio de la salvación tal como se lo encuentra en la Biblia"[63].

"Esa conclusión nos retrotrae a la declaración de Ellen White del 22 de noviembre de 1892, que dice que el fuerte pregón comenzó en 1888. Dado que esa cita sirvió como punto focal a la excitación de la lluvia tardía en los encuentros de 1893, merece un análisis detenido… Un segundo asunto… 'la ahora famosa declaración' del 22 de noviembre no la hizo 'famosa' Ellen White, sino Jones, Prescott y sus seguidores de aquellos días sobre el significado de la declaración del fuerte pregón… Uno queda con la inconfundible impresión de que la 'ahora famosa declaración' fue tremendamente exagerada en la excitación de aquellos tiempos"[64].

"Desgraciadamente, el exuberante Jones leyó equivocadamente aquella declaración: confundió el fuerte pregón (un mensaje) con la lluvia tardía (el poder para impulsar el mensaje) y orquestó toda una excitación escatológica en la asamblea de la Asociación General de 1893. Parte de la razón de la excitación de Jones es que había aceptado ya a Anna Rice como a una segunda profetisa adventista, y por consiguiente el ministerio de ella como señal del derramamiento del Espíritu Santo. Desgraciadamente ella demostró ser una falsa profetisa, pero tal cosa no resultó evidente antes que Jones y Prescott hubieran agitado el adventismo al respecto en 1893 y 1894. Jones, en su entusiasmo característico, había fallado no sólo en discernir el problema de Anna Rice sino también en la no tan sutil diferencia entre el fuerte pregón y la lluvia tardía"[65].

"Contrariamente a esa interpretación [de que 1893 marcó la retirada del don celestial de la lluvia tardía], los hechos indican que Jones y Prescott habían estado 'engañados' antes del comienzo de las reuniones de 1893… Hemos de volver a enfatizar que ni Jones ni Prescott eran guías totalmente fiables en asuntos del Espíritu Santo en el tiempo de las reuniones de 1893. Si bien desconocemos todas las razones para la demora en la segunda venida, aparentemente no fue un rechazo de la versión de A. T. Jones de la lluvia tardía en 1893"[66].

4. Se llama fanatismo al derramamiento del Espíritu Santo

De entre todas las tácticas que Satanás empleó para descarrilar el comienzo de la lluvia tardía y el fuerte pregón, sus planes demoníacos conocieron el mayor éxito al incitar a los que ocupaban puestos de responsabilidad a que identificaran los reavivamientos de la semana de oración en 1892 y del congreso de la Asociación General en 1893 como meros resultados de la excitación fanática, del extremismo y del fanatismo. Identificar la obra del Espíritu Santo con el fanatismo en Minneapolis en 1888 había traído cuatro años de lucha, conflicto, rebelión y demora. Ahora el llamado al arrepentimiento de Laodicea había sido visitado por manifestaciones del Espíritu Santo, especialmente durante 1892 y 1893. Responder a tales manifestaciones con las mismas acusaciones de excitación, extremismo y fanatismo demostraría ser desastroso para el movimiento remanente de Dios.

Uriah Smith, J. H. Kellogg y muchos otros hicieron acusaciones como las señaladas en contra de los reavivamientos[67]. Probablemente unos cuantos compartieron el mismo punto de vista, favorecido porque algunos, como Stanton y Caldwell, habían tomado una posición extrema al llamar Babilonia a la iglesia en 1893. Algunos adoptaron aquella acusación de fanatismo al ver la mundanalidad que siguió a los reavivamientos de 1892-1893. Otros repitieron acusaciones similares en 1894 debido al error de A. T. Jones y Prescott de promover las visiones de Anna Rice. No obstante, muchos otros simplemente continuaban aprobando aquellas acusaciones que ya venían albergando desde hacía tiempo en su rebelión continuada contra Jones, Waggoner y ahora Prescott, y contra el mensaje de la justicia por la fe enseñado desde 1888. Ellen White dio respuesta a todas esas excusas.

En julio de 1893 J. H. Kellogg se quejó a W. C. White respecto a los eventos de antes y durante la asamblea de la Asociación General de 1893, junto a sus continuas preocupaciones relativas a Jones, Waggoner y Prescott. Declaró que "por un corto período previo a la asamblea hubo un tiempo de mucha excitación y sensacionalismo entre los estudiantes del colegio, y las cosas se desarrollaron por cierto tiempo bajo una fuerte presión". Por supuesto, Kellogg "no promovió un esfuerzo parecido" en el sanatorio, dado que "nunca había visto resultados positivos en ese tipo de obra, y el resultado en el colegio no superaba lo que era habitual". En respuesta a la condición espiritual decadente en el colegio, Kellogg ofreció a White su propia opinión sobre la causa: "Estoy seguro de que cuando se ha calentado el acero hasta el rojo blanco tras someterlo a la plena fuerza del horno y el fuelle, es muy difícil calentarlo aún más. Es imposible mantener un interés religioso perpetuamente en el calor febril. Tiene que darse una reacción". En realidad Kellogg consideraba los movimientos de los pasados meses como el resultado de la excitación y el fanatismo[68].

Pero el postulado de Kellogg se debía en parte a la tensión continuada que existía entre él y los hermanos en el ministerio respecto a la obra médico-misionera. En su carta a W. C. White aprovechó también la oportunidad para expresar su desagrado con parte del contenido de cartas que había recibido recientemente, tanto de W. C. White como de la madre de este, que le habían advertido por su actitud negativa hacia Jones, Waggoner y Prescott. Por ejemplo, en enero de 1893 Ellen White había expresado claramente a Kellogg sus preocupaciones: "Mi hermano, no me agrada que tenga esos sentimientos hacia los hermanos Waggoner, Jones y Prescott. Si esos hombres hubieran tenido la cooperación de nuestros hermanos en el ministerio y estos hubieran trabajado hombro con hombro con ellos, la obra habría avanzado en años respecto a donde ahora está. No complace al Señor que usted retenga los sentimientos que alberga en estos asuntos. Usted tiene una rama especializada de la obra, que es su parte en la viña, y la ha de cultivar de acuerdo con su habilidad. Y a esos hombres, Dios les ha asignado su obra"[69].

La respuesta de Kellogg a W. C. White se puede calificar de cualquier cosa, excepto de aceptación: "Lamento comprobar en su carta que de alguna forma tiene una impresión equivocada sobre mi influencia… No he sido un opositor a la obra del pastor Jones y el profesor Prescott… Nunca he estado del lado de la oposición. Por lo que me ha escrito, y por la carta de su madre, parece evidente que alguien les ha transmitido una falsa impresión respecto a mi posición… No me gusta que se me vea en una actitud de opositor, de amargo y celoso perturbador de la paz, cuando esa no es de forma alguna mi actitud. Puedo estar tan ciego como para no discernir los hechos. Si lo soy, estaré encantado de que se me señalen los hechos". Pero el problema es que tanto W. C. como Ellen White le habían señalado a Kellogg los "hechos", y él no había estado interesado en escucharles adecuadamente[70].

Nota 53: Dios había confiado al Dr. Kellogg un conocimiento práctico de la obra médico-misionera que debía contar con el soporte y sostenimiento de la iglesia. Él había hecho ocho presentaciones sobre la obra médico-misionera en la asamblea de la Asociación General de 1893. Pero presumiblemente su oposición a Jones, Waggoner y Prescott previamente a la asamblea le llevó a manifestar puntos de vista opuestos respecto al fuerte pregón, especialmente en su quinta y sexta presentaciones: "Luz especial sobre la obra médico-misionera". En ellas Kellogg expresó incredulidad en que el fuerte pregón pudiera haber comenzado, tal como Ellen White había declarado de forma inconfundible en noviembre del año anterior, debido a que la iglesia no se había implicado primeramente en la obra médico-misionera tal como él la estaba presentando"[71].

Como ha señalado el Dr. Bischoff, "el mensaje del evangelio es lo que lleva a la conversión, antes de que exista posibilidad alguna de que vivamos en armonía con la ley". Así, al considerar las referencias de Kellogg al fuerte pregón en la asamblea de 1893, "notamos confusión en el orden" de los eventos. Kellogg "no apreció como debiera la raíz del evangelio". Si bien "Kellogg reconoció correctamente una ausencia de benevolencia [obras] y observancia de la ley, dejó de ver la incredulidad en los mensajes del evangelio como siendo la razón misma de esa carencia". En consecuencia, la debilidad de Kellogg "al no confesar el comienzo del fuerte pregón, reveló incredulidad en la declaración explícita que EGW hizo el otoño precedente", al efecto de que "el fuerte pregón del tercer ángel ya ha comenzado en la revelación de la justicia de Cristo"[72]. Su "comprensión del significado de lo que ya había comenzado era tristemente deficiente", y su "fracaso en comprender el fundamento de la salvación [como] 'lo que es más importante que conozcamos', desvirtuó efectivamente la totalidad de su obra de benevolencia". El Dr. Bischoff concluye así: "Debemos afrontar el poder que hubo en el comienzo del fuerte pregón y reconocer que la falta de una respuesta de fe a aquel mensaje es lo que perpetúa la condición laodicense, ya que el fuerte pregón incluía una proclamación del mensaje a Laodicea" [73].

La resistencia de Kellogg al mensaje del fuerte pregón y subsecuentemente a los mensajeros, impidió la implementación de la obra especial que se le había asignado. Su tardanza en aceptar los reproches de Ellen White al respecto lo llevaría finalmente a la ruina. Exploraremos ese tema en mucho mayor detalle en la serie El retorno de la lluvia tardía. Mientras tanto, baste con desear que cuando abordamos hoy la tarea de promocionar la gran obra médico-misionera que Kellogg enfatizó, no lo hagamos tal como él lo hizo en 1893: procurando socavar el comienzo del mensaje del fuerte pregón de 1888.

Otros adolecían de una condición similar. Si es que los artículos de Ellen White en la Review del mes siguiente al encuentro de la Asociación General fueron indicativos de la causa real de los problemas en Battle Creek, Kellogg y otros no tenían dónde sustentar sus argumentos. Ellen White estaba preocupada por América, pero especialmente en Battle Creek, donde "se habían provisto para el pueblo ricos banquetes". Las personas sintieron convicción de tener que ser obreros con Dios, pero no se convirtieron necesariamente a esa idea. Se había presentado la verdad de aquel preciso tiempo, y había sido "testificada por el poder del Espíritu Santo. Se ha mostrado claramente que en la justicia de Cristo está nuestra única esperanza de tener acceso al Padre. Cuán simple, cuán claro se ha presentado el camino de la vida para quienes tienen la disposición a andar por él". Sin embargo, ¿haría alguna diferencia que se proporcionara mayor evidencia? ¿Significó la mayor evidencia una diferencia para los judíos?

¿Rompería las barreras interpuestas entre la verdad y el alma una evidencia mayor y manifestaciones más poderosas? -No. Se me ha mostrado que se ha dado evidencia suficiente. Quienes rechazan la evidencia que ya se ha presentado no resultarían convencidos por pruebas más abundantes. Son como los judíos… En nuestro día hay menos excusa para la terquedad e incredulidad de la que hubo para los judíos en los días de Cristo. No tenían a su disposición el ejemplo de una nación que hubiera sufrido la retribución por su incredulidad y desobediencia. Pero nosotros disponemos de la historia del pueblo escogido de Dios que se separó de él y rechazó al Príncipe de la vida…

Muchos dicen: "Si hubiera vivido en los días de Cristo, no habría tergiversado sus palabras ni habría interpretado falsamente su instrucción. No lo habría rechazado ni crucificado tal como hicieron los judíos"; pero eso se demostrará en la forma en que tratáis su mensaje y a sus mensajeros hoy. El Señor está probando hoy a las personas tanto como probó a los judíos en su día. Cuando envía sus mensajes de misericordia, la luz de su verdad, os está enviando el Espíritu de verdad, y si aceptáis el mensaje, aceptáis a Jesús. Quienes afirman que de haber vivido en los días de Cristo no habrían actuado como hicieron los que rechazaron su misericordia, van a ser probados hoy. Los que viven en nuestros días no son tenidos por responsables de los hechos de quienes crucificaron al Hijo de Dios; pero si con toda la luz que brilló sobre su pueblo en lo antiguo delineada ante nosotros volvemos a transitar su mismo camino, si acariciamos el mismo espíritu y rehusamos recibir reprensión y advertencia, nuestra culpabilidad se verá grandemente incrementada, y la condenación que cayó sobre ellos lo hará igualmente sobre nosotros, solamente que en una medida mayor, por cuanto nuestra luz es mayor en nuestro siglo de lo que lo fue en el suyo[74].

Una semana después, Ellen White concluyó su artículo comparando la historia de los judíos con el tratamiento dispensado modernamente a su mensaje y mensajeros. Citó muchas secciones de la súplica que hizo Cristo a los judíos desde la cresta de la colina mientras divisaba Jerusalem. No obstante, el clamor de Cristo fue desoído por los judíos incrédulos, quienes sólo vieron en él a un impostor. ¿Cuál sería el caso del pueblo remanente de Dios?

Los que están llenos de incredulidad pueden discernir las cosas más pequeñas que tengan una apariencia objetable, y contemplando el rasgo objetable pueden perder de vista toda la evidencia que Dios ha dado al manifestar su abundante gracia y poder al revelar preciosas gemas de verdad de la mina inagotable de su palabra. Pueden observar el átomo objetable bajo la lupa de su imaginación hasta convertir ese átomo en un mundo, desechando de su vista la preciosa luz del cielo. Pero en lugar de prestar atención a lo que les parece objetable, ¿por qué no traer ante el alma las preciosas cosas de Dios? ¿Por qué menospreciar las cosas de valor precioso mientras que se magnifica lo que carece de valor? ¿Por qué prestar tanta atención a lo que os parece objetable en el mensajero y despachar todas las evidencias que Dios ha dado a fin de que la mente se equilibre respecto a la verdad?

Teniendo ante nosotros la historia de los hijos de Israel, prestémosle oído y que no se nos encuentre cometiendo los mismos pecados, siguiendo en el mismo curso de incredulidad y rebelión[75].

Una incredulidad tal en el mensaje que Dios envió fue a menudo acompañada de acusaciones de excitación o fanatismo, lo que no logró sino empeorar la condición laodicense. Hacia octubre de 1893, Ellen White escribió a W. W. Prescott en respuesta a preocupaciones relativas al estado decadente del colegio y la obra en Battle Creek. Abordando la cuestión de cuán genuino fue el derramamiento del Espíritu Santo en la asamblea de la Asociación General de 1893, declaró inequívocamente que "todas las revelaciones de Dios en la asamblea, las reconozco como proviniendo de él. No osaré decir que esa obra fuera excitación y entusiasmo infundado. No, no. Dios se acercó a vosotros, y el Espíritu Santo os reveló que tenía un cielo lleno de bendiciones, incluyendo luz para alumbrar al mundo"[76].

Nota 56: La implicación aquí es el mensaje de Apocalipsis 18:1, en referencia al fuerte pregón bajo la dirección de la lluvia tardía.

Sin embargo Ellen White explicó la forma en que la mundanalidad había hecho incursión, habiendo tenido lugar una "reacción, y en las mentes de muchos quedó un sentimiento de desprecio, una impresión de que pudieron haber sido engañados, de que habían manifestado demasiado celo". Como es de suponer, tales ideas resultaron magnificadas a resultas de la influencia de quienes habían estado cuestionando todo el tiempo el movimiento:

Si se hubiera apreciado como era debido la manifestación del Espíritu Santo, habría cumplido para el receptor aquello que Dios había dispuesto: una buena obra en el perfeccionamiento del carácter a semejanza del de Cristo. Pero hubo una falta de consagración a Dios, una falta de abnegación y de humillación, y mediante una aplicación incorrecta y una malversación, se ha producido duda e incredulidad. Se llega incluso a cuestionar si la obra es de Dios, o si es una oleada de fanatismo. ¡Y Satanás está exultante![77].

Escribiendo poco tiempo después a Uriah Smith, quien había acusado él mismo de fanatismo a los reavivamientos de 1892-1893, Ellen White le advirtió estrictamente en contra de tomar un curso de acción como el suyo: "Se me han enviado informes escritos en relación a los movimientos del Espíritu de Dios en la última asamblea y en el colegio, que indican claramente que debido a que no se ha vivido a la altura de esas bendiciones, las mentes se han confundido, de forma que se ha llamado excitación a lo que fue luz del cielo. Me entristece que el asunto se perciba de esa manera. Debemos ser muy cuidadosos en no contristar al Espíritu Santo de Dios al atribuir a alguna clase de fanatismo lo que es la ministración del Espíritu Santo". Ellen White sabía que "Dios había obrado de una forma notable" y advirtió que nadie "se aventurara a decir que no se trata del Espíritu de Dios". De hecho, dio este consejo: "Estamos precisamente autorizados a creerlo y a orar por ello, pues Dios está más deseoso de dar el Espíritu Santo a quienes se lo piden, que los padres a dar buenas dádivas a sus hijos".

Ellen White explicó a Smith que Satanás había hecho caer en la tentación a muchos, que "podía sugerir a muchas mentes que la luz enviada del cielo era sólo fanatismo, excitación". Pero las condiciones de deterioro de Battle Creek no se debían "al fanatismo, sino a que quienes recibieron las bendiciones no habían anunciado las virtudes de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable". Ellen White estaba ahora preocupada porque cuando Dios envía su Espíritu Santo "están aquellos que no entienden sus movimientos ni cómo apreciar la gloria de Dios que brilla sobre ellos, y a menos que disciernan la obra del Espíritu de Dios, llamarán tinieblas a la luz, y elegirán las tinieblas antes que la luz". Ellen White lamentó una condición como esa: "He estado atemorizada, terriblemente atemorizada de que aquellos que sintieron los brillantes rayos del Sol de justicia -pues no tengo la menor duda de que recibieron el Espíritu Santo- llegaran a la conclusión de que las bendiciones celestiales de Dios son un engaño"[78].

En algunos artículos de la Review publicados a comienzos de 1894 se publicó el consejo de Ellen White relativo a la obra de la educación en Battle Creek. En esa serie de artículos, obviamente escritos en 1893, Ellen White continuó compartiendo el consejo de Dios relativo al riesgo de identificar las verdaderas operaciones del Espíritu Santo con el fanatismo, pero ahora ese consejo se dirigía a la iglesia entera. Indicaba que el "mundo" estaba esperando ver cuál sería "el resultado de la obra de reavivamiento que hubo en el colegio, en el sanatorio, en la oficina de la casa publicadora y entre los miembros de la iglesia en Battle Creek" en 1892 y 1893. Indicó que algunos estaban "ya cuestionando la obra que tan buena fue, y que debió ser altamente apreciada. La están mirando como si fuera cierto tipo de fanatismo". Admitió que no sería sorpresivo que hubiera algún fanatismo que el diablo intentara traer, "ya que dónde y cuándo el Señor obra en dar la bendición genuina, se revela también la falsificación"[79].

Pero el hecho innegable es que Dios había "dado el Espíritu Santo a quienes habían abierto la puerta de sus corazones para recibir el don celestial". No era ese el tiempo para "ceder a la tentación, creyendo que habían sido engañados". Ellen White estaba profundamente preocupada por cómo percibirían las pasadas manifestaciones maravillosas del derramamiento del Espíritu Santo en la iglesia en 1892 y 1893:

El pecado por el que Cristo reprendió a Corazín y Betsaida fue el pecado de rechazar la evidencia que les habría convencido de la verdad si se hubieran sometido a su poder. El pecado de los escribas y fariseos consistió en considerar la obra celestial que se había manifestado ante ellos según las tinieblas de la incredulidad, de forma que cuestionaron la evidencia que debió haberlos establecido en la fe, y consideraron sin valor las cosas sagradas que debieron haber apreciado.

Temo que se haya permitido al enemigo obrar en esas mismas líneas, de forma que algunos han llegado a ver como fanatismo el bien que emanó de Dios, las ricas bendiciones que él dio. Si continúa esa actitud, cuando el Señor haga brillar de nuevo su luz sobre las personas, estas desecharán la iluminación celestial, diciendo: 'Sentí eso mismo en 1893, y algunos en quienes he tenido confianza afirmaron que aquello era fanatismo'. ¿Acaso no van a estar prestos a denunciar las operaciones del Espíritu de Dios en el futuro aquellos que, habiendo recibido la rica gracia de Dios, toman la posición de que la obra del Espíritu Santo fue fanatismo?...[80]

Continuando en esa misma línea la siguiente semana, Ellen White explicó cómo Satanás llevaría a quienes habían experimentado el poder del Espíritu Santo en sus vidas a fracasar en su experiencia. Después les convencería de que no sirve de nada intentar "vivir una vida cristiana". Satanás sugeriría igualmente que "'la experiencia que pensasteis que era de Dios sólo fue el resultado de la emoción indebida y del impulso'". Tan pronto como se albergaran tales ideas, afirmó Ellen White, "comienzan a parecer plausibles, de forma que los que debieron obrar de otro modo, los que tuvieron una experiencia dilatada en la obra de Dios, secundan las sugestiones de Satanás y se contrista al Espíritu Santo". A continuación expresó una advertencia que es aplicable incluso hoy:

Que ni un solo rayo del cielo sea objeto de cuestionamiento y duda. El Señor os ha revelado con gran poder su gracia, misericordia y amor; y los que acusan a la obra de Dios de excitación indebida y la llaman fanatismo están ciertamente en un terreno peligroso. En caso de no desandar sus pasos, sus conciencias se volverán cada vez menos sensibles y tendrán una apreciación cada vez menor del Espíritu de Dios. Les resultará cada vez más difícil comprender el mensaje de Dios. ¿Por qué? -Porque están pecando contra el Espíritu Santo, y como resultado de su resistencia se colocan allí donde no pueden reconocer al Espíritu de Dios, están disponiéndose en contra de cualquier instrumento que Dios pueda usar para salvarlos de la ruina…

Es peligroso dudar de las manifestaciones del Espíritu Santo, puesto que si se duda de ese agente, no hay poder en reserva que pueda operar en el corazón humano. Los que atribuyen la obra del Espíritu Santo a los agentes humanos, afirmando que estaban animados por una influencia indebida, están separando sus almas de la fuente de bendición. Sea cual sea el pecado, si el alma se arrepiente y cree, se puede lavar la culpa mediante la sangre expiatoria de Cristo; pero quien rechaza las revelaciones del Espíritu de Dios y las atribuye a instrumentos humanos está en peligro de situarse allí donde no vendrán a él el arrepentimiento ni la fe.

Uno rehúsa permitir al Espíritu Santo que ablande su corazón, que lo enternezca y le traiga contrición, y lo que debiera haberlo suavizado se percibe como fanatismo; de esa forma es inducido a rechazar el don celestial. Cualquier plan que Dios pueda disponer para impresionar su corazón será tergiversado mediante esa sugestión de Satanás. El maligno interpone su sombra infernal entre el alma y Dios, y se percibe la obra de Dios como si fuera excitación y engaño. El Espíritu se esfuerza en vano, ya que toda la suficiencia del evangelio es incapaz de sojuzgar el alma y subsanar el error. El hábito de resistirse tiene un arraigo tal, ha interpretado por tanto tiempo la luz como siendo tinieblas y fanatismo, que la obra más manifiesta del Espíritu Santo se convierte para él, mediante su incredulidad, no en un sabor de vida, sino de muerte…

Siento un peso en el alma que no parece aligerarse, sino al contrario, según converso con hombres y mujeres responsables en Battle Creek. En la noche me veo dirigiendo los llamamientos más fervientes a quienes debieran estar mucho más avanzados de lo que ahora están, debido a la misericordia y la gracia que el Señor les ha concedido[81].

El consejo de Ellen White, enviado del cielo, no pudo llegar en mejor momento, dado que la iglesia adventista, particularmente en su sede principal en Battle Creek, habría de afrontar de nuevo el desafío en relación con el mensaje genuino enviado del cielo. No es de extrañar que se agravara el pesar del alma que afectaba a Ellen White.

Material extra sobre la falta de reconocimiento de la lluvia tardía:

"Si es así como reacciona cuando Dios envía el bien, puede estar seguro de que los reavivamientos serán escasos. Cuando venga el Espíritu de Dios se lo llamará 'fanatismo' como en el día de Pentecostés"[82].

"Algunos están esperando que la lluvia tardía efectúe por ellos la obra que Dios quiere que se efectúe ahora. Desarrollarán una frialdad que les impedirá reconocer la lluvia tardía. Finaliza su tiempo de gracia y son llevados a la tumba sin la preparación para su último cambio. No se prepararon para la cena de bodas del Cordero. ¿Qué eternidad espera a los de esta clase?"[83].

"Para nosotros es imposible predecir la forma precisa en que va a llegar esta luz adicional. Podría llegar de la forma más inesperada, de la forma en que no armonizara con las ideas concebidas por muchos… ¿Sería correcto cerrar toda avenida en nuestra escuela, de forma que los estudiantes no puedan tener el beneficio de esta luz? No había necesidad de la resolución"[84].

¿Pensáis que el Vigilante celestial no ve vuestra incredulidad y oposición? ¿Creéis que vuestro ridiculizar y vuestras palabras de burla no volverán a aparecer nunca ante vosotros? Hasta el derramamiento del Espíritu de Dios habéis tratado con desprecio, pronunciando sobre él vuestro juicio impío; y cuando han venido a vosotros los mensajes para que os convirtieseis a Dios, ¡cómo habéis malinterpretado y pervertido el significado de esas palabras!"[85].

"Los que viven justamente antes de la segunda venida de Cristo pueden esperar una gran medida de ese Espíritu Santo; pero si no velan y oran, volverán al mismo terreno de rechazar el mensaje de misericordia tal como hicieron los judíos en los días de Cristo. (Si es que Dios ha hablado alguna vez a través de mí, algunos de nuestros hombres en el liderazgo están volviendo al mismo terreno)"[86].

"Fue mediante la confesión y abandono del pecado, mediante la oración ferviente y la consagración de sí mismos a Dios como los primeros discípulos se prepararon para el derramamiento del Espíritu Santo en el día de Pentecostés. La misma obra, sólo que en mayor grado, ha de efectuarse hoy. Entonces, el agente humano solamente tenía que pedir la bendición y esperar que el Señor perfeccionara la obra en su favor. Es Dios quien comenzó la obra, y él la terminará, haciendo al hombre completo en Jesucristo… Sólo aquellos que están viviendo a la altura de la luz que poseen recibirán mayor luz. A menos que estemos diariamente avanzando en la ejemplificación de las virtudes cristianas activas, no reconoceremos las manifestaciones del Espíritu Santo en la lluvia tardía. Puede estar cayendo en corazones alrededor nuestro, pero no la discerniremos ni recibiremos"[87].

"¿En qué consiste la desgracia y la desnudez de quienes se sienten ricos y enriquecidos? -En la carencia de la justicia de Cristo. En su propia justicia, que está representada por los trapos de inmundicia; sin embargo, estando en esta condición, se felicitan por estar vestidos con la justicia de Cristo. ¿Puede haber un engaño mayor?"[88].

Se agrava el pesar del alma

La preocupación de Ellen White por Battle Creek -el corazón mismo de la obra- no se aligeraba con el paso de los meses. Durante el reavivamiento de la semana de oración en 1893, que había terminado el 30 de diciembre con la lectura del "testimonio no publicado" de Anna Rice, los miembros se desprendieron de sus pertenencias lujosas y se recogió una ofrenda cuantiosa destinada a acelerar la obra a nivel mundial. Las reuniones de reavivamiento culminaron con 142 bautismos el siguiente sábado en el tabernáculo. Para la mayor parte de ellos, aquella había sido su primera experiencia[89].

Después de haber llegado el consejo de Ellen White, según el cual Jones y Prescott se habían apresurado en demasía apoyando los "testimonios" de Anna Rice, algunos concluyeron que la totalidad del reavivamiento de la semana de oración fue el resultado del fanatismo, y en consecuencia reclamaron que se les devolvieran sus donaciones. Tal como F. M. Wilcox explicó a O. A. Olsen por carta, otros estaban poniendo en duda la legitimidad de la experiencia de su conversión -que había contribuido al gran número de bautismos-:

Un buen número de personas está comenzando a razonar que la gran ofrenda [recogida al final de la semana de oración] fue el resultado del testimonio de Anna Rice, y puesto que ahora se sabía que dicho testimonio era un fraude, habían sido influenciados erróneamente a hacer las donaciones, debiendo serles devueltas. Siguiendo ese razonamiento, algunos habían reclamado ya el retorno de los artículos que habían donado.

El peor aspecto de ese razonamiento es que siguiendo una lógica similar y sobre esa misma base, los que en aquella ocasión dieron el paso de servir al Señor, habían arrojado una nube sobre su experiencia religiosa, y ponían en duda el llamado del Señor a servirle. Es mi opinión que debiéramos ser muy rigurosos en este asunto, y si bien sostenemos que la obra realizada aquí vino de Dios, no se debe dar el crédito a los testimonios de la hermana Rice. El movimiento del último sábado no fue sino el resultado combinado de toda la semana de oración. Los miembros se aprestaron a un movimiento de avance, y no creo que debiera darse el crédito a los testimonios de la hermana Rice por lo que indudablemente habría sucedido de igual forma si estos no se hubieran leído[90].

L. T. Nicola estuvo de acuerdo en que las reuniones de la semana de oración tuvieron ya por resultado el reavivamiento, antes incluso de que se leyera el testimonio de Anna Rice: "La semana de oración progresó muy bien, habiéndose implicado con entusiasmo los dirigentes de los varios departamentos en el esfuerzo por acercarse al Señor. Se habían hecho reuniones especiales para los más jóvenes, se había hecho visitación casa por casa, se había evidenciado convicción en muchos de los jóvenes, se procuró recuperar a los que habían estado alejados y todo estaba en orden para el éxito de la reunión de reavivamiento[91].

O. A. Olsen alertó a Ellen White acerca del deseo de algunos de "recuperar sus contribuciones". Pero le dijo que "no se había hecho nada similar", ya que la labor de algunos hermanos había logrado "acallar el asunto"[92].

Antes incluso de que Ellen White fuera informada de que se estaban poniendo en cuestión las contribuciones aportadas y las conversiones experimentadas tras la semana de oración, fue movida a escribir consejo que respondería a tales reacciones. En su serie de artículos de la Review, escritos a finales de 1893, advirtió a quienes pudieran poner en cuestión la buena obra del Espíritu Santo en Battle Creek el año precedente, atribuyéndola al fanatismo. No obstante, reconoció que "no sería sorprendente que algunos" hablaran o actuaran sin discreción, "ya que dónde y cúando obra el Señor al dar una bendición genuina, se revela también la falsificación a fin de anular el efecto de la verdadera obra de Dios"[93].

Cuando Ellen White fue más consciente de la situación de Anna Rice en las semanas que siguieron, repitió el mismo consejo, afirmando que si le era posible, Satanás intentaría "mezclar la falsificación con lo genuino, de forma que en el esfuerzo por separar ambas, las almas estarían en peligro. Declaró: "Cuándo y dónde Dios obre, Satanás y sus ángeles están sobre el terreno"[94]. Escribiendo a Jones varias semanas después, Ellen White describió "la severa prueba de sufrimiento mental" que había atravesado al resultar "impresionada por la forma en que algunos se aprovecharían, poniendo así en peligro sus almas, al tomar la falsa posición respecto a la operación del Espíritu Santo en el agente humano" a resultas de la equivocación cometida por Jones y Prescott[95].

En una carta que envió a S. N. Haskell aquella misma semana, en la que defendía a los arrepentidos Jones y Prescott, Ellen White afirmó sin vacilación: "Sé que el Señor ha obrado mediante su propio poder en Battle Creek. Que nadie procure negarlo, ya que en tal caso pecará contra el Espíritu Santo". El que hubiera sido necesario "advertir y precaver a que todos velaran y oraran a fin de que la influencia engañosa del enemigo no los lograra apartar de la Biblia", no era razón para "suponer que Dios no va a manifestar su poder entre su pueblo creyente". Ellen White amonestó a "que no se resistiera ni un solo rayo de luz, que no se interpretara como tinieblas ninguna operación del Espíritu de Dios"[96].

Cuando se informó a Ellen White de que algunos estaban pensando en reclamar la devolución de sus donaciones depositadas en la ofrenda que se recogió en la clausura de la semana de oración, esta respondió en una carta dirigida a los hermanos en Battle Creek. Se refirió primeramente al derroche y ostentación de la "locura de la bicicleta" que ahora había afectado a Battle Creek, sugiriendo que incluso "las noticias que aparecían en nuestras revistas exaltando las bicicletas era mejor eliminarlas, y en su lugar incluir información sobre los campos en el extranjero". A continuación abordó el asunto de la gran ofrenda recolectada durante la semana de oración. No cuestionó los verdaderos movimientos del Espíritu Santo que habían motivado a dar con sacrificio a la causa, ni atribuyó tales movimientos al fanatismo:

América, y especialmente Battle Creek, donde ha estado brillando la mayor luz del cielo sobre el pueblo, puede convertirse en el lugar de mayor peligro y oscuridad debido a que no se continúa practicando la verdad ni caminando en la luz. ¿Cuál fue el significado del movimiento del pasado invierno [1893-1894] de desprenderse de las joyas y ornamentos? ¿Fue para enseñar a nuestro pueblo una lección? ¿Fue el Espíritu Santo quien los movió a hacer esas cosas y a utilizar el importe obtenido en el avance de la obra de Dios en el extranjero? ¿Ha estado Satanás contrarrestando el movimiento del Espíritu Santo en los corazones humanos a fin de que se produzca una reacción y se dé lugar a otro mal? La actual manifestación [de la locura de la bicicleta] es llamativamente inconsistente con ese movimiento de desprenderse de los ornamentos y desechar las indulgencias egoístas que absorben los recursos, la mente y los afectos, desviándolos hacia canales falsos…

Es tiempo de que se introduzca un orden de cosas diferente en Battle Creek; de otra forma los juicios de Dios caerán ciertamente sobre el pueblo. Su bendición ha reposado en gran medida sobre nosotros. ¿Ha logrado convertiros en obreros juntamente con él? ¿No está nuestro pueblo en Battle Creek demostrando a los incrédulos que no cree aquello que pretende defender? Dios los ha llamado a que abandonen toda clase de indulgencia egoísta. Dado que la iglesia ha recibido gran luz, está en peligro si no camina en ella y si no se pone las bellas vestiduras, se levanta y brilla; las tinieblas nublarán la visión, de forma que se verá como tinieblas lo que es luz, y como luz lo que son tinieblas[97].

Nota 70: En ocasiones se ha comprendido equivocadamente el consejo relativo a las bicicletas. En el tiempo en que se escribió aquella carta, las bicicletas costaban unos 150 dólares, una gran cantidad en aquella época. Sin embargo, muchos adventistas estaban comprándose bicicletas, de forma que "la moda invadió rápidamente Battle Creek… los ciclistas hacían carreras, ferias y desfiles. Una tarde de mayo de 1894 250 ciclistas desfilaron desde el campus hasta las afueras y la ciudad, decorando con banderas y farolillos de papel las ruedas de sus bicicletas"[98]. Todo ello mientras estaban llegando llamados mediante el Testimonio de Jesús a dar con sacrificio para sustentar la sufrida labor misionera alrededor del mundo. Fue en ese contexto en el que Ellen White escribió su carta a Battle Creek, en la secuela del episodio de Anna Rice que había suscitado acusaciones falsas contra la manifestación genuina del Espíritu Santo que había resultado en aquella ofrenda con sacrificio.

Notas:

  1. Ellen G. White a O. A. Olsen, Carta 19d, 1 septiembre 1892; en 1888 Materials, 1025-1026.
  2. Ellen G. White a U. Smith, Carta 24, 19 septiembre 1892; en 1888 Materials, 1044-1045.
  3. Ellen G. White a W. Ings, Carta 77, 9 enero 1893; en 1888 Materials, 1127-1128.
  4. Glen Baker, "Anna Phillips -A Second Prophet?" Adventist Review, 6 febrero 1986, 8; Anna C. Rice a Ellen G. White, 18 marzo 1894; en Document Files, Ellen G. White Estate, Loma Linda Branch Office.
  5. G. B. Starr, "The Central Bible School in Chicago", Review and Herald, 3 noviembre 1891, 686; Uriah Smith, "Close of the Conference", Review and Herald, 31 marzo 1891, 200.
  6. Anna C. Rice a Ellen G. White, 18 marzo 1894; en Document File 363, Ellen G. White Estate, Loma Linda Branch Office.
  7. Ibid., 15.
  8. Ellen G. White, "Power of the Holy Spirit Awaits our Demand and Reception", Manuscrito 20, 28 diciembre 1891; en Special Testimony to Our Ministers, nº 2, -1892- 24.
  9. Ellen G. White, "The Perils and Privileges of the Last Days", Review and Herald, 22 noviembre 1892; en 1888 Materials, 1073.
  10. "Editorial Notes," Review and Herald, 29 noviembre 1892, 752.
  11. From 1888 to Apostasy [1987], 108.
  12. Angry Saints [1989], 124.
  13. A User-Friendly Guide to the 1888 Message [1998], 125; original sin cursivas.
  14. Ibid., cursivas en original.
  15. Ibid., 126; original sin cursivas.
  16. J. N. Loughborough, "Chicago Training School", Review and Herald, 17 mayo 1892, 317; "Chicago Training School", Review and Herald, 18 octubre 1892, 656.
  17. Anna C. Rice a Ellen G. White, 18 marzo 1894; en Document File 363, Ellen G. White Estate, Loma Linda Branch Office.
  18. Ibid.
  19. Ibid., 112.
  20. S. N. Haskell a Ellen G. White, 4 enero 189[3]; Document Files, Ellen G. White Estate, Loma Linda Branch Office.
  21. A. T. Jones, "The Third Angel's Message, No. 7", General Conference Daily Bulletin, 5 febrero 1893, 153.
  22. Anna C. Rice a A. T. Jones, 7 febrero 1893; Anna C. Rice a Ellen G. White, 18 marzo 1894, 13; Anna C. Rice a Brother and Sister Rice, dado el 10 agosto de 1892, escrito en febrero de 1893; en Document File 363, Ellen G. White Estate, Loma Linda Branch Office.
  23. Anna C. Rice a A. T. Jones, 21 febrero 1893; Anna C. Rice a Ellen G. White, 18 marzo 1894, 13 y 23; en Document File 363, Ellen G. White Estate, Loma Linda Branch Office.
  24. C. McReynolds a L. T. Nicola, 22 marzo 1894.
  25. From 1888 to Apostasy, 98, cursivas en original.
  26. A User-Friendly Guide to the 1888 Message, 127.
  27. From 1888 to Apostasy, 115-116.
  28. "If I Were the Devil"; en .
  29. Ver notas 15 y 20 en este capítulo.
  30. L. T. Nicola a O. A. Olsen, 2 marzo 1894.
  31. Ellen G. White, "El llamado desde campos desatendidos", The Home Missionary Extra, lecturas de la semana de oración, noviembre 1893, 36-38.
  32. A. T. Jones, "Sabbath, Dec. 30, in Battle Creek," Review and Herald, 2 enero, 1894, 11.
  33. Reseña editorial, "What Hath God Wrought?", Review and Herald, 9 enero 1894, 32.
  34. Reseña editorial, Review and Herald, 30 enero 1894, p. 80; Reseña editorial, Review and Herald, 6 febrero 1894, 96.
  35. Ellen G. White a A. T. Jones, Carta 37, 14 enero 1894; en Manuscript Releases, vol. 14, 200-201, último párrafo no publicado, original sin cursivas.
  36. Carta 4, 1893; en Manuscript Releases, vol. 14, 189-199). Ver también: Glen Baker, "Anna Phillips -Not Another Prophet," Adventist Review, 20 febrero 1986, 8.
  37. W. M. Adams, "The Spirit of Prophecy Test", Review and Herald, 7 julio 1949, 10-11.
  38. O. A. Olsen a Ellen G. White, 29 marzo 1894; en Ellen G. White's Letters Received File.
  39. W. M. Adams, "The Spirit of Prophecy Test", Review and Herald, 7 julio 1949, 10-11; O. A. Olsen a Ellen G. White, 29 marzo 1894; F. M. Wilcox a Dan T. Jones, 27 febrero 1894.
  40. Carta a William Armstrong, 18 septiembre 1923; en Document File 53, Ellen G. White Estate, Loma Linda Branch Office.
  41. Mark A. Kellner and Elizabeth Lechleitner, "Adventist Leaders Hear Fresh Perspectives on Adventist Church History," Adventist World, junio 2013, 6-7.
  42. Pero hay un Dios en los cielos, 201, lectura para el 14 de julio; original sin cursivas.
  43. L. T. Nicola a O. A. Olsen, 2 marzo 1894.
  44. F. M. Wilcox a D. A. Robinson, 8 marzo 1894; en Document File 363a, Ellen G. White Estate, Loma Linda Branch Office.
  45. S. N. Haskell a Ellen G. White, 31 marzo 1894; en Ellen G. White Received Letters File.
  46. Glen Baker, "Anna Phillips -Not Another Prophet," Adventist Review, 20 febrero 1986, 10.
  47. Ibid.
  48. 1888 to Apostasy: The Case of A. T. Jones, 111-112.
  49. George R. Knight, "A Spark in the Dark: A Reply to a Sermonette Masquerading as a Critique, George Knight Answers Hokama", Adventist Currents, abril 1988, 44.
  50. Ellen G. White a A. T. Jones, Carta 242, 3 julio 1906; in The Kress Collection, 33.
  51. Ellen G. White a W. W. Prescott y A. T. Jones, Carta 68, 16 abril 1894; en Selected Messages, vol. 2, 94-95) {106-109}.
  52. Ellen G. White a A. T. Jones, Carta 37, 14 enero 1894; sección no publicada de la carta.
  53. F. M. Wilcox a N. Z. Town, 8 marzo 1894; S. N. Haskell a Ellen G. White, 26 mayo 1894; en Ellen G. White Received Letters File.
  54. S. N. Haskell a Ellen G. White, 20 abril 1894; en Ellen G. White Received Letters File.
  55. O. A. Tait a W. C. White, 7 octubre 1895: en W. C. White Received Letters File.
  56. F. M. Wilcox a A. T. Jones, 1 marzo 1894.
  57. O. A. Olsen a W. C. White, 31 mayo 1894; en W. C. White Received Letters File.
  58. O. A. Olsen a Ellen G. White, 16 abril 1894; en Ellen G. White Received Letters File.
  59. S. N. Haskell a Ellen G. White, 22 abril 1894; en Manuscript and Memories of Minneapolis, 275-276.
  60. Ellen G. White a S. N. Haskell, Carta 27, 1 junio 1894; en 1888 Materials, 1240, 1241-1242.
  61. Ibid., 1242, 1245-1248.
  62. Ibid., 1249-1251 y 1254-1255.
  63. From 1888 to Apostasy, 100-101; original sin cursivas.
  64. Angry Saints, 126-127; original sin cursivas.
  65. A Search for Identity, 109; original sin cursivas.
  66. A User-Friendly Guide to the 1888 Message, 128; original sin cursivas.
  67. Ver, por ejemplo, Gilbert M. Valentine, William Warren Prescott: Seventh-day Adventist Educator, Andrews University dissertation, 148.
  68. J. H. Kellogg a W. C. White, 17 julio 1893; en Manuscripts and Memories of Minneapolis, 264-265.
  69. Ellen G. White a J. H. Kellogg y esposa, Carta 86a, enero 1893; en 1888 Materials, 1147.
  70. J. H. Kellogg a W. C. White, 17 julio 1893; en Manuscripts and Memories of Minneapolis, 264-265 y 267.
  71. The Medical Missionary Extra, no. 1, marzo 1893, 19-34.
  72. 1888 Materials, 1073.
  73. "Reflections on Kellogg's View of the Loud Cry in His 1893 Talks" -reflexiones sobre el punto de vista de Kellogg sobre el fuerte pregón, en sus charlas de 1893- 2013; en , consultado el 4 de enero de 2014.
  74. Ellen G. White, "Address to the Church", Review and Herald, 11 abril 1893.
  75. Ellen G. White, "Address to the Church, -concluded-", Review and Herald, 18 abril 1893.
  76. Ellen G. White a W. W. Prescott, Carta 47, 25 octubre 1893; en Manuscript Releases, vol. 10, 346; original sin cursivas.
  77. Ellen G. White a W. W. Prescott, Carta 46, 5 septiembre 1893 y Carta 47, 25 octubre 1893; en Selected Messages, vol. 1, 132-133 {153-155}; y en "A Sheaf of Correspondence Between E. G. White in Australia and W. W. Prescott Regarding School Matters at Battle Creek, Particularly Sports and Amusements", Ellen G. White Estate Shelf Documents, No. 249a, 3-7, en , consultada 25 noviembre 2011.
  78. Ellen G. White a U. Smith, Carta 58, 30 noviembre 1893; en 1888 Materials, 1210-1213.
  79. Ellen G. White, "Was the Blessing Cherished?" Review and Herald, 6 febrero 1894.
  80. Ibid.
  81. Ellen G. White, "Peril of Resisting the Holy Spirit", Review and Herald, 13 febrero 1894.
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  84. Ellen G. White a R. A. Underwood, Carta 22a, 18 enero 1889; en 1888 Materials, p. 339.
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  86. Ellen G. White a Madison and Howard Miller, Carta 4, 23 julio 1889; en 1888 Materials, p. 406.
  87. Ellen G. White, "Pray for the Latter Rain", Review and Herald, 2 marzo 1897.
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  89. A. T. Jones, "Sabbath, Dec. 30, in Battle Creek", Review and Herald, 2 enero 1894, 11; Reseña editorial, "What Hath God Wrought?" Review and Herald, 9 enero 1894, 32.
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