Herido en casa de sus amigos

Capítulo 11

Acán en el campamento

Lo que más tinieblas había traído a la iglesia fue dar la espalda a la luz enviada del cielo, y a continuación atribuir al fanatismo lo que fue obra del Espíritu Santo. Archibald R. Henry y Harmon Lindsay fueron los representantes más destacados de esa persuasión desde la asamblea de Minneapolis. A. R. Henry ingresó en la Iglesia Adventista en 1882, y poco tiempo después fue llamado para asistir como tesorero en la administración financiera de la Asociación Publicadora de la Iglesia Adventista en Battle Creek. Sus responsabilidades se multiplicaron pronto, de forma que en los años siguientes asumió los cargos de tesorero de la Asociación General; presidente, vice-presidente, auditor y tesorero, así como fideicomisario y miembro del Comité Ejecutivo de la Asociación de la Conferencia General. Simultáneamente fue "miembro de los comités de la casi totalidad de instituciones médicas y educativas en los Estados de centro-oeste"[1].

Harmon Lindsay, quien era también administrador financiero, sirvió en cargos muy similares junto a A. R. Henry para la Asociación General y muchas otras instituciones adventistas durante las décadas de 1880 y 1890[2]. Aunque ni Lindsay ni Henry eran pastores o teólogos, su influencia, para bien o para mal, tuvo un enorme impacto en el conjunto de la iglesia tras la asamblea de Minneapolis, debido a los muchos cargos que ostentaban. Su influencia afectó a las decisiones que se tomaron en las áreas financieras, en la administración, educación, publicaciones, colportaje, obra médica, evangelismo y organización en general, así como en las discusiones teológicas a las que hizo frente la iglesia durante los años en que ejercieron. El hecho de que ambos dudaron de los Testimonios y del llamado profético de Ellen White, y que ejercieron todo el tiempo su constante influencia para socavar el mensaje de Minneapolis y sus mensajeros, A. T. Jones y E. J. Waggoner, añadió gravedad a la situación de ambos.

En el congreso de la Asociación General de 1891, A. R. Henry se incorporó al Comité Ejecutivo de la Asociación de la Conferencia General, formado por 21 miembros encargados de la obra en todo el mundo. Ellen White había advertido por años en contra de establecer una "confederación" que condujera la iglesia en una dirección equivocada, y a tal efecto había hecho esfuerzos denodados en la asamblea de 1891[3].

A los diez días de haberse clausurado el congreso de la Asociación General, el Comité de las Misiones en el Extranjero votaría enviar a Ellen White a Australia, junto con sus asistentes y con W. C. White[4].

Antes de abandonar Battle Creek por última vez, previamente a su salida para Australia, Ellen White hizo llegar al presidente de la Asociación General, O. A. Olsen, Testimonios que abordaban los "males existentes" en el corazón de la obra. Ahora, en noviembre de 1894, Ellen White le recordó a Olsen que le había encomendado "que hiciera una obra muy fiel en la lectura de los Testimonios a aquellos a quienes concernían". Pero Olsen "no siguió las directrices, y se fueron acumulando las mismas cosas a sus rasgos objetables" en las juntas y reuniones de los comités de líderes de iglesia:

No leyó a los concernidos los Testimonios que señalaban claramente sus errores. En esto ha fallado en el cumplimiento de su deber como presidente de la Asociación General. Usted me ha sido presentado en las reuniones de los comités, oyendo las declaraciones y decisiones de hombres resueltos y de corazón endurecido que no estaban bajo la influencia controladora del Espíritu de Dios. Usted sabía que esas decisiones no estaban de acuerdo con la voluntad de Dios, sin embargo no protestaba contra ellas, y en consecuencia permitía que se aprobaran como si hubieran recibido su beneplácito. De ese modo las cosas se han desarrollado según la voluntad y el impulso de hombres que se oponen a la voluntad de Dios y que están trayendo un orden de cosas que Dios no puede aceptar ni aprobar.

Pensó que podría abordar esos asuntos presentando los principios generales en sus discursos, y esperó que fuera el mejor método de corregir los errores. Pero usted debiera haber hablado en las juntas y comisiones de cargos. No se debiera haber permitido que los principios erróneos implementados se materializaran en prácticas erróneas debido a que usted prefirió preservar su paz, o hizo una protesta tan débil, que aquellos que estaban siguiendo la mala práctica asumieron que usted les apoyaba. La aprobación que les dio con su silencio fortaleció sus manos en la obra impía[5].

La preocupación de Ellen White por las condiciones de Battle Creek y de los dirigentes de la obra no parecía más que incrementarse con el cambio de año. Escribiendo una vez más a O. A. Olsen en 1895, Ellen White continuaría expresando sus preocupaciones relativas a la dirección que estaba tomando la Asociación General:

Se ha desplegado una red para comprometer la Asociación, una red de la que la gente nada sabe y de la que muy pocos sospechan. La condición de las cosas está atándole las manos y está impidiendo la obra. Pronto desembocará en crisis. Todavía no se me ha revelado plenamente la situación, pero esto sé: la administración de las finanzas se ha desarrollado en gran medida bajo principios erróneos. Aunque se ha supuesto que todo era prosperidad, hay peligro.

Ha asociado con usted a hombres que no tienen una conexión viviente con Dios. Usted teme ejercer su criterio por miedo a que se produzca una explosión. Por eso estoy tan entristecida. He escrito cosas que no me atrevería a enviarle si no hubiera personas con un carácter decidido y firme, que permanecerán a su lado como fieles compañeros para apoyarlo. Los dos hombres [A. R. Henry y H. Lindsay] que han estado especialmente asociados con usted, en su presente condición espiritual no tienen parte en planear ni llevar adelante la obra de Dios en ninguna de sus diversas líneas. Si pudieran verse tal como Dios los ve, y cayeran bajo la roca y fueran quebrantados, habría un gran cambio en ellos. Harían confesiones para librar sus almas de toda influencia corruptora.

Esos hombres están diciendo en su corazón: "Mi Señor se tarda en venir", y ese pensamiento no sólo se revela en la acción, sino también en las palabras[6].

Pero no era sólo que estuvieran viviendo como si el Señor tardara en venir: estaban oprimiendo a sus hermanos todo el tiempo. En su carta a Olsen, Ellen White abordó ahora ese tema de cómo se había tratado el mensaje de Minneapolis y los dos mensajeros, Jones y Waggoner, y cómo se los seguía tratando incluso entonces: "Algunos han estado cultivando el odio contra los hombres que Dios ha comisionado para llevar un mensaje especial al mundo. Comenzaron en Minneapolis esa obra satánica. A continuación, cuando vieron y sintieron la demostración del Espíritu Santo testificando que el mensaje venía de Dios, lo odiaron todavía más". Los que estaban en el rechazo "se manifestaban celosamente en contra del entusiasmo y el fanatismo". Incluso a la propia fe "que clama a Dios en procura de alivio al sufrimiento humano -fe que Dios ha ordenado que ejerza su pueblo- se la llama fanatismo". ¿Cómo se había tratado el mensaje del fuerte pregón que trajo las manifestaciones del Espíritu Santo?

¿Cuál es el mensaje que se debe dar en este tiempo? Es el mensaje del tercer ángel. Pero esa luz que ha de alumbrar todo el mundo con su gloria ha sido despreciada por algunos que dicen creer la verdad presente. Vigilen dónde pisan. Quiten el calzado de sus pies, pues están pisando terreno santo. Sean cuidadosos en su indulgencia con los atributos de Satanás y en su desprecio a las manifestaciones del Espíritu Santo. No sé si algunos han ido ya demasiado lejos como para volver y arrepentirse…

Sin embargo muchos han escuchado la verdad hablada en demostración del Espíritu, y no sólo han rehusado aceptar el mensaje, sino que han odiado la luz. Estos hombres participan en la ruina de las almas. Se han interpuesto entre la luz enviada del cielo y el pueblo[7].

En su carta a Olsen, Ellen White continuó recordándole la historia de Acán, en la que el pecado de un hombre tuvo resultados devastadores sobre la nación de Israel en su conjunto. Ellen White declaró: "Cuando usted aprueba o lleva a cabo las decisiones de hombres que, como usted sabe, no están en armonía con la verdad y la justicia, debilita su propia fe y disminuye su deseo de estar en comunión con Dios. Parece estar oyendo lo que se le dijo a Josué: '¡Levántate! ¿Por qué te postras así sobre tu rostro? Israel ha pecado, y aun han quebrantado mi pacto, el que yo les mandé… Anatema hay en medio de ti, Israel'". La aplicación parece obvia: Olsen estaba permitiendo que el pecado de Acán estuviera en el campamento, al mantener en puestos relevantes de la obra a quienes eran abiertamente opuestos a los mensajeros y al mensaje enviado por Dios, y al fallar en transmitirles el consejo inspirado proveniente del cielo. ¿Sería diferente el resultado?

Inmediatamente a continuación de esos comentarios, Ellen White compartió uno de sus pensamientos más conocidos relativos al mensaje de Minneapolis, uno que define su significado y contenido, y que contrasta llamativamente con el trato que se le estaba dando al mensaje:

En su gran misericordia el Señor envió un preciosísimo mensaje a su pueblo mediante los pastores Waggoner y Jones. Ese mensaje tenía que elevar ante el mundo de forma más prominente al Salvador, el sacrificio por los pecados del mundo entero. Presentaba la justificación mediante la fe en el Garante; invitaba a la gente a recibir la justicia de Cristo, que se manifiesta en obediencia a todos los mandamientos de Dios. Muchos habían perdido de vista a Jesús. Necesitaban dirigir sus ojos a su divina persona, a sus méritos y a su amor invariable por la familia humana. Todo el poder es puesto en sus manos a fin de poder dispensar ricos dones a los hombres, impartiendo el don incalculable de su propia justicia al agente humano desvalido. Ese es el mensaje que Dios ordenó que fuera dado al mundo. Es el mensaje del tercer ángel, que ha de ser proclamado con voz potente [fuerte pregón], y asistido por el derramamiento de su Espíritu en copiosa medida [lluvia tardía][8].

¡Ellen White no podía haberlo expresado con mayor claridad! El "preciosísimo mensaje" era nada menos que el propio mensaje del fuerte pregón, que debía ser asistido precisamente por la lluvia tardía. Pero en la continuación de su larga carta a Olsen, que iba dirigida a los líderes en América, declaró inequívocamente que incluso en 1895 se estaba tratando con desprecio el mensaje del fuerte pregón y la lluvia tardía:

Voy a advertir a los que por años han estado resistiendo la luz y acariciando un espíritu de oposición. ¿Por cuánto tiempo vais a odiar y despreciar a los mensajeros de la justicia de Dios? Dios les ha dado su mensaje. Llevan la palabra del Señor. Hay salvación para vosotros, pero solamente mediante los méritos de Jesucristo. Una vez tras otra se os ha ofrecido la gracia del Espíritu Santo. En medio de vosotros se ha derramado abundantemente luz y poder de lo alto. Hubo evidencia suficiente para que todos pudieran discernir a quiénes reconocía el Señor como sus siervos. Pero los hay que desprecian a los hombres y al mensaje que llevaban. Los han tachado de ser fanáticos, extremistas y efusivos. Permitidme que profetice sobre vosotros: A menos que os deis prisa en humillar vuestros corazones ante Dios y confeséis vuestros pecados, que son muchos, veréis demasiado tarde que habéis estado luchando contra Dios. Mediante la convicción que trae el Espíritu Santo -aunque ya demasiado tarde para la reforma y el perdón- veréis que esos hombres contra los que habéis hablado han sido como señales en el mundo, como testigos de Dios. Entonces daríais el mundo entero si pudierais redimir vuestro pasado y ser hombres justos y celosos, movidos por el Espíritu de Dios para elevar vuestra voz en solemne advertencia al mundo, y como ellos, ser tan firmes al principio como la roca. El Señor entiende cómo estáis dando la vuelta a las cosas. Avanzad un poco más tal como habéis venido haciendo en vuestro rechazo a la luz del cielo, y estaréis perdidos…

Si rechazáis a los mensajeros delegados de Cristo, rechazáis a Cristo. Descuidad esta gran salvación que ha sido traída ante vosotros por años, despreciad esta gloriosa oferta de justificación mediante la sangre de Cristo y de santificación mediante el poder purificador del Espíritu Santo, y no quedará más sacrificio por los pecados, sino una horrenda expectación de juicio y de hervor de fuego[9].

Al menos un tema parece quedar corroborado en las cartas de Ellen White desde Minneapolis a propósito de quienes continuaban oponiéndose a la luz: seguían atribuyendo la obra del Espíritu Santo al fanatismo. Y los resultados fueron funestos.

Seis meses después, escribiendo a comienzos de 1896 a "los hermanos que ocupan puestos de responsabilidad en la obra", Ellen White escribiría nuevamente palabras de advertencia a quienes estaban manifestando "desprecio hacia las manifestaciones de su Espíritu Santo". Les recordó que "el Consolador se ha de revelar, no de una cierta forma específica y precisa que los hombres puedan prever, sino según el orden de Dios; en el tiempo y forma inesperados que honren su propio nombre". Se debía tener eso bien presente, ya que Dios "se había revelado a sí mismo una vez tras otra de la forma más notable en Battle Creek" derramando sobre ellos el Espíritu Santo.

A continuación, en una de las que quizá sea la declaración más significativa de Ellen White en el período siguiente a 1888, se volvió a referir a las grandes donaciones hechas en relación con las manifestaciones del Espíritu Santo en Battle Creek, y con la incredulidad que siguió: el episodio más notable acaecido durante el tiempo de Anna Rice a finales de 1893. Esa declaración tiene un interés especial a la vista de algunas de las afirmaciones que hoy hacen ciertos historiadores adventistas:

Dios se ha revelado a sí mismo una vez tras otra en Battle Creek de la forma más notable. Ha dado allí una gran medida de su Espíritu Santo a los creyentes. En ocasiones ha venido inesperadamente, y entonces ha habido emociones profundas en los corazones y las mentes; una renuncia a los propósitos egoístas y un traer a la tesorería muchas cosas que os convencisteis de que Dios prohibía que tuvierais. Esas bendiciones se extendieron a muchos, pero ¿por qué no continuó esa obra dulce y santa en las mentes y los corazones? A algunos les molestó ese derramamiento, y manifestaron sus propias disposiciones naturales. Dijeron: Se trata sólo de excitación; no es el Espíritu Santo; no son aguaceros celestiales de la lluvia tardía. Hubo corazones llenos de incredulidad que no bebieron del Espíritu, sino que albergaron amargura en sus almas.

El Espíritu Santo obró en muchas ocasiones, pero quienes resistieron al Espíritu de Dios en Minneapolis estaban esperando otra oportunidad para volver de nuevo a sus andadas, dado que su espíritu era el mismo. Posteriormente, cuando se acumuló evidencia sobre evidencia, algunos se convencieron, pero quienes no fueron enternecidos y sometidos por la obra del Espíritu Santo, proyectaron su interpretación sobre cada manifestación de la gracia de Dios y han perdido mucho. Su corazón, su alma y sus palabras han afirmado que esa manifestación del Espíritu Santo era fanatismo y engaño. Se mantuvieron como una roca mientras las olas de la gracia fluían sobre ellos y a su alrededor, pero eran repelidas por sus corazones endurecidos y malvados que resistieron la obra del Espíritu Santo. Si lo hubieran recibido, los habría hecho sabios para salvación, los habría hecho hombres más santos, preparados para hacer la obra de Dios con habilidad santificada. Pero todo el universo celestial contempló el trato ignominioso dispensado a Jesucristo, representado por el Espíritu Santo. Si Cristo hubiera estado ante ellos, lo habrían tratado de forma similar a como los judíos trataron a Cristo.

¿Qué fue lo que movió a las personas en Battle Creek cuando humillaron sus corazones ante Dios y expulsaron sus ídolos? En los días de Cristo, cuando él proclamó su misión, todos dieron testimonio y se maravillaron ante las palabras de gracia que procedían de su boca. Pero comenzó a actuar la incredulidad susurrada por Satanás, y dijeron: "¿No es este el hijo de José?"[10].

A pesar de los errores de Jones y Prescott en el episodio de Anna Rice, Ellen White no excusó a quienes pretendían que los movimientos del Espíritu Santo fueron el resultado del fanatismo. Sin embargo, hoy, 125 años después, incluso mientras "celebramos" 1888, existe un eco de esos mismos sentimientos: 'Se trata sólo de excitación; no es el Espíritu Santo; no son aguaceros celestiales de la lluvia tardía'.

Nota 11 (aunque se ha presentado este material en el capítulo precedente, vuelve a tener aquí especial relevancia):

George Knight ha venido repitiendo esa acusación por más de veinticinco años, afirmando que el reavivamiento de 1892-1893 estuvo basado en la excitación fanática, como resultado de que Jones y Prescott interpretaron falsamente la declaración de Ellen White del 22 de noviembre, que a su vez fue consecuencia de aceptar a Anna Rice como profetisa: "Fueron Jones y Prescott, y no la Sra. White, quienes suscitaron la excitación de 1893 hasta alcanzar grandes proporciones mediante una exégesis de la declaración que ella hizo en noviembre de 1892, según la luz de la interpretación de ellos relativa a la formación de la imagen de la bestia en el verano de 1892… [Uno] se enfrenta al hecho brutal de que el fácilmente excitable Jones no era un líder totalmente fiable en 1893. Incluso si tenía un mensaje oportuno centrado en Cristo, también había aceptado visiones de Anna Rice y habría presentado sus testimonios como un estímulo para el reavivamiento en su mensaje del fuerte pregón de la asamblea de la Asociación General de 1893 si Olsen no le hubiera impedido hacerlo… Nunca debemos olvidar que tenía el problema perenne del extremismo… Tras la debacle de Rice, Ellen White llamaría al adventismo a huir de enfocarse en la excitación y a regresar al evangelio de la salvación tal como se lo encuentra en la Biblia"[11].

"Esa conclusión nos retrotrae a la declaración de Ellen White del 22 de noviembre de 1892, que dice que el fuerte pregón comenzó en 1888. Dado que esa cita sirvió como punto focal a la excitación de la lluvia tardía en los encuentros de 1893, merece un análisis detenido… Un segundo asunto… 'la ahora famosa declaración' del 22 de noviembre no la hizo 'famosa' Ellen White, sino Jones, Prescott y sus seguidores de aquellos días sobre el significado de la declaración del fuerte pregón… Uno queda con la inconfundible impresión de que la 'ahora famosa declaración' fue tremendamente exagerada en la excitación de aquellos tiempos"[12].

"Desgraciadamente, el exuberante Jones leyó equivocadamente aquella declaración: confundió el fuerte pregón (un mensaje) con la lluvia tardía (el poder para impulsar el mensaje) y orquestó toda una excitación escatológica en la asamblea de la Asociación General de 1893. Parte de la razón de la excitación de Jones es que había aceptado ya a Anna Rice como a una segunda profetisa adventista, y por consiguiente el ministerio de ella como señal del derramamiento del Espíritu Santo. Desgraciadamente ella demostró ser una falsa profetisa, pero tal cosa no resultó evidente antes que Jones y Prescott hubieran agitado el adventismo al respecto en 1893 y 1894. Jones, en su entusiasmo característico, había fallado no sólo en discernir el problema de Anna Rice sino también en la no tan sutil diferencia entre el fuerte pregón y la lluvia tardía"[13].

"Contrariamente a esa interpretación [de que 1893 marcó la retirada del don celestial de la lluvia tardía], los hechos indican que Jones y Prescott habían estado 'engañados' antes del comienzo de las reuniones de 1893… Hemos de volver a enfatizar que ni Jones ni Prescott eran guías totalmente fiables en asuntos del Espíritu Santo en el tiempo de las reuniones de 1893. Si bien desconocemos todas las razones para la demora en la segunda venida, aparentemente no fue un rechazo de la versión de A. T. Jones de la lluvia tardía en 1893"[14].

Ellen White escribió también pensamientos similares a Harmon Lindsay, quien en 1896 continuaba guerreando contra el mensaje de Minneapolis, todavía bajo el mandato de O. A. Olsen. Ellen White le dirigió palabras del cielo: "'[Harmon Lindsay] no puede ahora ver la luz del Espíritu Santo que ha sofocado en su alma. Ha quedado tan ciego como los judíos, quienes cerraron sus ojos para no poder ver y sus corazones para no poder sentir. Ha llamado fanatismo a las manifestaciones del Espíritu. Sus labios finitos han expresado sentimientos que revelan la acción del poder que obra en él. Su percepción está pervertida hasta el punto de llamar tinieblas a la luz y luz a las tinieblas'"[15].

Escribiendo a S. N. Haskell un mes después, Ellen White declaró que "la iglesia necesita convertirse", y que los "representantes de la iglesia" necesitaban, en contrición de corazón "suplicar fervientemente que el Espíritu Santo sea derramado sobre nosotros desde lo alto". No obstante, debían orar también a fin de poder "tener discernimiento para comprender que proviene de Dios", ya que -advirtió-: "algunos han tratado al Espíritu como a un huésped inoportuno, rehusando recibir el rico don, rehusando reconocerlo, dándole la espalda y condenándolo como fanatismo"[16].

En un artículo escrito pocos días antes sobre la historia de la idolatría en Israel y el becerro de oro, Ellen White pidió a los que estaban en el corazón de la obra en América: "Revisad vuestra experiencia" de los años precedentes y ved si se os pueden aplicar las palabras 'Bien hecho': "¿Habéis tenido miedo del Espíritu Santo?", preguntó. "En ocasiones ha venido con una influencia omnipresente a la escuela en Battle Creek, y a las escuelas en otras localidades. ¿Lo reconocisteis?" A continuación, en una declaración más bien retórica, escribió: "Si habéis restringido y habéis repelido al Espíritu Santo de Dios de ese modo, os suplico que os arrepintáis a la mayor brevedad posible".

Ellen White conocía a "ese Huésped celestial", y sabía que el "Espíritu Santo estaba reposando sobre los jóvenes". Pero algunos "corazones eran tan fríos y oscuros… [que] fue retirada la luz de Dios". Nada tiene de extraño que Ellen White sintiera "indignación de espíritu porque en nuestras instituciones se hubiera honrado tan poco al Dios viviente… No se reconoce ni respeta el Espíritu de Dios; los hombres han pronunciado juicio sobre él, se han condenado sus operaciones como fanatismo, entusiasmo y excitación indebida"[17].

Notas:

  1. Don F. Neufeld, ed., "Henry, Archibald R.," Seventh-day Adventist Encyclopedia, vol. 10, 581.
  2. Ibid., 789. Ver también Seventh-day Adventist Year Book para los años comprendidos entre 1888 y 1898.
  3. "Afternoon Meeting", General Conference Daily Bulletin, 19 marzo 1891, 163; White Estate, "Confederation and Consolidation: Seventh-day Adventist History and the Counsels of the Spirit of Prophecy", 6 abril 1977; en Document File 24, Ellen G. White Estate, Loma Linda Branch Office. Ver también Ellen G. White, 1888 Materials, 278, 322, 581, 650, 797, 826, 848, 903, 917, 951, 1017, 1033, 1161, 1227, 1262, 1360, 1383, 1392 y 1582.
  4. "Proceedings of the Board of Foreign Missions", General Conference Daily Bulletin, 13 abril 1891, 256. Para mayor información sobre el exilio de Ellen White a Australia, ver Ron Duffield, El retorno de la lluvia tardía, vol. 1 y 2.
  5. Ellen G. White a O. A. Olsen, Carta 58, 26 noviembre 1894; en 1888 Materials, 1316-1317.
  6. Ellen G. White a O. A. Olson, Carta 57, 1 mayo 1895; en 1888 Materials, 1322-1323.
  7. Ibid., 1325-1326 y 1335-1336.
  8. Ibid., 1336-1337; se ha añadido texto entre corchetes.
  9. Ibid., 1341-1342.
  10. Ellen G. White a Brethren Who Occupy Responsible Positions in the Work, Carta 6, 16 enero 1896; en 1888 Materials, 1478-1479; original sin cursivas.
  11. From 1888 to Apostasy, 100-101; original sin cursivas.
  12. Angry Saints, 126-127; original sin cursivas.
  13. A Search for Identity, 109; original sin cursivas.
  14. A User-Friendly Guide to the 1888 Message, 128; original sin cursivas.
  15. Ellen G. White a H. Lindsay, Carta 63, 20 abril 1896; en 1888 Materials, 1505.
  16. Ellen G. White a S. N. Haskell, Carta 38, 30 mayo 1896; en 1888 Materials, 1540.
  17. Ellen G. White, "Experience of the Golden Calf an Example for God's People Today", Manuscrito 16, 10 mayo 1896; en Manuscript Releases, vol. 19, 113-114; original sin cursivas.