Herido en casa de sus amigos

Capítulo 12

Se demora el retorno de Cristo

En mayo de 1896 Ellen White volvió a enviar una carta extensa a O. A. Olsen. Le hizo partícipe de reproches y consejos venidos del cielo, relativos a su apoyo continuado a Harmon Lindsay y A. R. Henry como sus consejeros de confianza. Ambos estaban en rebelión abierta contra el mensaje de Minneapolis. Volvió a dar a entender que permitir que hombres como ellos ocuparan un lugar en el corazón de la obra, equivalía al pecado de Acán, y que tal cosa tendría en Battle Creek los mismos resultados que tuvo en Israel cuando intentaron conquistar Hai. Dio también a entender que Olsen había jugado el papel de Aarón, quien cedió ante el rebelde Israel y les hizo un becerro de oro. El propio Olsen había resultado influenciado, llegando "a ver las cosas tal como las veían los hombres que habían resistido al Espíritu Santo", quienes en su ceguera espiritual expulsaron al "Espíritu Santo de sus consejos, y después, bajo el poder y el nombre de la Asociación General, inventan reglamentos mediante los cuales compelen a los hombres a que se rijan según sus mismas ideas y no según el Espíritu Santo". Ellen White abordó a continuación el meollo del asunto y el significado de tales acciones. Satanás estaba intentando silenciar el fuerte pregón y retardar la segunda venida:

El pueblo de Dios ha de hacer resonar el mensaje del tercer ángel. Ha de crecer hasta venir a ser el fuerte pregón. El Señor tiene un tiempo señalado en el que va a terminar la obra, pero ¿cuándo es ese tiempo? -Cuando la verdad que ha de proclamarse en estos últimos días se predique por testimonio a todas las naciones, entonces vendrá el fin. Si el poder de Satanás puede irrumpir en el templo mismo de Dios y manejar las cosas a su voluntad, el tiempo de preparación se prolongará. Aquí está el secreto de los movimientos hechos para oponerse a los hombres [Jones y Waggoner] a quienes Dios ha enviado con un mensaje de bendición para su pueblo. Esos hombres han sido objeto del odio. Se ha despreciado a los hombres y al mensaje de Dios, tan ciertamente como el propio Cristo fue odiado y despreciado en su primera venida. Hombres en puestos de responsabilidad han manifestado los mismos atributos que Satanás[1].

Así, había una razón para las acciones de Satanás. Estaba implicado algo más que simples pecados individuales. Si los que ocupaban posiciones de liderazgo dirigían la obra por el camino equivocado, otros seguirían, la enfermedad se propagaría y finalmente se vería retardada la venida de Cristo.

Nota 2: Efectivamente, muchos hombres en la dirección estaban cometiendo pecado como individuos, pero los efectos de sus pecados tenían mucho mayor alcance en su influencia. Escribiendo en la década de 1890 sobre la nación judía, Ellen White dijo: "[Los escribas y fariseos] fueron responsables de rechazar a Cristo, con los resultados que siguieron. El pecado de una nación y la ruina de una nación se debieron a los dirigentes religiosos"[2]. ¿Pudo seguir vigente en su día el mismo principio? Eso no da licencia al laicado, o a los grupos disidentes, para señalar a la iglesia como Babilonia, pero evidencia la temible responsabilidad asociada al liderazgo, lo que es una buena razón para que lo sostengamos con nuestras oraciones y para que busquemos el Señor juntamente con ellos.

Tres meses más tarde Ellen White se expresó con incluso mayor franqueza en su carta a A. O. Tait en Battle Creek, a propósito de sus preocupaciones por Olsen y del efecto que estaban teniendo sus decisiones sobre la iglesia en su conjunto. Aunque "lo lamentaba mucho por el hermano Olsen", para ella era un misterio por qué "no había actuado según la luz proporcionada" mediante los Testimonios que le había enviado:

En sus viajes de un lugar a otro ha asociado con él como compañeros a hombres cuyo espíritu e influencia no se deben aprobar, y el pueblo que deposita en ellos su confianza resultará engañado. Pero a pesar de la luz puesta ante él por años en relación con este asunto, se ha aventurado a ir directamente en contra de la luz que el Señor le ha estado dando. Todo ello confunde su discernimiento espiritual y lo posiciona como un centinela infiel en relación al interés general y al avance saludable de la obra. Está siguiendo un curso de acción que va en detrimento de su discernimiento espiritual, y está llevando a otras mentes a ver los asuntos en una luz pervertida. Ha dado evidencia inconfundible de no considerar los testimonios que el Señor ha tenido a bien dar a su pueblo como dignos de respeto, o teniendo el peso suficiente como para influenciar su curso de acción.

Estoy afligida más de lo que puedo describir con la pluma. El pastor Olsen ha actuado ciertamente tal como hizo Aarón, en relación con esos hombres que han estado oponiéndose a la obra de Dios todo el tiempo desde la asamblea de Minneapolis. No se han arrepentido de su curso de acción en resistir la luz y la evidencia. Hace mucho escribí a A. R. Henry, pero no he obtenido de él ni una palabra en respuesta. He escrito recientemente a Harmon Lindsay y esposa, pero supongo que el asunto no le merecerá el suficiente respeto como para responderme.

Según la luz que a Dios ha placido darme, hasta que las labores efectuadas en el corazón de la obra no evidencien más latidos saludables, cuantos menos viajes largos haga el pastor Olsen junto a sus elegidos colaboradores: A. R. Henry y Harmon Lindsay, tanto mejor para la causa de Dios. Los campos alejados estarán mucho mejor sin sus visitas. La enfermedad en el corazón de la obra envenena la sangre, y de esa forma la enfermedad se propaga a los cuerpos que visita. Sin embargo, a pesar del estado enfermizo de las cosas en casa, algunos han sentido una gran necesidad de ir a todos los cuerpos de creyentes para ponerlos bajo sus alas paternales[3].

Nota 3: Después que Olsen fue relevado como presidente de la Asociación General, Ellen White continuó expresando preocupación por los tristes resultados de su fallo en transmitir el consejo que el cielo le envió. En una carta a I. H. Evans de finales de 1897, reveló cómo "me llegó luz del Señor al efecto de que el pastor Olsen había rechazado la confianza que se le había otorgado, y había fracasado en el cumplimiento de su deber de leer las cosas que yo le había enviado para aquellos que debieron disponer de ellas"[4]. Antes de enviar copias de la carta, Ellen White cambió la palabra "rechazado" por "descuidado", mostrando así una actitud todavía redentora hacia el expresidente que se había tenido que enfrentar a desafíos tan grandes.

Pero el "descuido" de los Testimonios por parte de Olsen no consistió simplemente en dejar de compartirlos con otros líderes, tal como se le había encomendado que hiciera -con la consecuencia de alimentar la rebelión continuada contra el mensaje y los mensajeros de Minneapolis-. Olsen también hizo un mal uso de algunos de los Testimonios que le fueron enviados, como resultado de las influencias negativas que lo rodeaban, y participó en la opresión hacia Jones y Waggoner. Todo ello mientras estaba dando la impresión de ser un fiel defensor de los mensajeros y del mensaje.

Tras haber sido enviado a Inglaterra en 1892, Waggoner se apercibió del hecho de que "los hermanos oficiales en América querían que abandonara América, pues no deseaban mi enseñanza ni mi influencia allí"[5]. Ellen White lo confirmó: se le "mostró" que "algunos en nuestro pueblo estaban muy complacidos de que [Waggoner] fuera quitado de la obra en Battle Creek al destinarlo a Inglaterra"[6]. Tristemente, la oposición no cesó después que Waggoner llegó a Inglaterra. Pronto se emprendieron acciones para impedir su obra también en el extranjero. Así lo explica Waggoner:

"Pero no pasó mucho tiempo antes que los hermanos en América se sintiesen insatisfechos con la situación aquí [en Inglaterra], y se hicieron esfuerzos para desarticular lo que se interpretó como mi impronta en este campo. Se creyó que D. A. Robinson estaba siendo demasiado influenciado por mí, y en consecuencia se lo destinó a la India, por ser 'el hombre perfecto para aquel lugar', etc, si bien él sabía bien que se lo envió, no porque se lo quisiera en la India, sino porque no se lo quería en Inglaterra (no estoy diciendo que los de Inglaterra no lo quisieran). Entonces vino H. E. Robinson, comisionado para deshacer mi influencia, y para 'marcar la tónica de la obra en Inglaterra'. Tenía las manos libres y el apoyo de la Asociación General"[7].

J. S. Washburn, quien trabajó por muchos años en Inglaterra junto a Waggoner, resumiría en una larga carta dirigida a Ellen White el papel que jugó O. A. Olsen como presidente de la Asociación General en su obra soterrada de procurar mantener a raya a Waggoner, y cómo afectaron sus acciones a toda la obra en Inglaterra:

"Se ha tergiversado a Waggoner y se ha obrado en su contra de manera solapada. El hermano Olsen ha hablado y escrito al hermano Hope y al hermano O. O. Farnsworth, y me habló a mí en contra de D. A. Robinson y del hermano Waggoner, sin embargo a ellos no se les dijo una sola palabra. Ha habido doble juego, perfidia y cosas que a mí me parecieron falsedad, hasta llegar a deshacerse del hermano D. A. Robinson, y todo ello en nombre del orden y la organización, siendo que en realidad había anarquía, y el hermano Waggoner ha sido cruelmente tergiversado y se lo ha tratado como a un hombre peligroso al que se debía vigilar, arrojando sospechas sobre todo cuanto hubiera dicho o enseñado -por parte de los líderes, no de D. A. Robinson-. Nadie hay que crea más firmemente en el verdadero orden y organización que el hermano Waggoner. Jamás le he oído pronunciar una palabra que pudiera indicar que no cree en el orden o la organización tal como la enseña la Biblia y los Testimonios. Pero él no cree en la política del doble juego ni en la tiranía.

Pero incluso antes que yo abandonara Washington D. C. y viniera a Inglaterra [1891], el hermano Olsen me dijo que Jones y Waggoner no eran hombres prácticos, sugirió que no eran sanos, y eso sucedía mientras los estaba enviando por todo Estados Unidos para que dieran cursos. En cuanto a si son prácticos y sanos o no, una cosa sé: que la doctrina que ellos y usted enseñan es vida y salvación para mí…

Me he referido a la forma en que el hermano Olsen hablaba a otros en contra de los hermanos Waggoner y D. A. Robinson mediante la intimación, mientras que no les decía nada directamente a ellos hasta que ellos le hablaron a él al respecto. El hermano Olsen tuvo conmigo una larga conversación sobre esas cosas antes de tenerla con ellos. Me sorprendieron algunas de las cosas que dijo. Afirmó que lo que hizo la Asociación General fue según la mente del Espíritu Santo: pidieron la dirección del Espíritu Santo y no se puede dudar que la tuvieron, por lo tanto, lo que hicieron fue lo correcto; no podía ser de otra manera. Esa es la doctrina de la infalibilidad papal, y así se lo hice saber…

Entonces enviaron a Inglaterra a H. E. Robinson, de la Asociación del Atlántico… el hermano Olsen les dijo que los enviaba a Inglaterra para poner 'a tono' la obra… [H. E. Robinson] continuó criticando al hermano Waggoner ante mí, recurriendo incluso a testimonios que le envió el hermano Olsen para que los empleara 'juiciosamente'. Dijo: Sea quien sea el que lleve la razón, sabemos que el Dr. Waggoner está equivocado en esto'"[8].

Si es que hubo alguna respuesta de Ellen White a la carta de Washburn, hoy no se tiene constancia de ella, pero un año después Ellen White respondió apoyando a Waggoner y simpatizando con él: "Cuánto me gustaría verlo y visitarlo. ¡He deseado tanto que nos visitara en Australia! Pero han pasado algunos años desde que consideré a la Asociación General como la voz de Dios, por consiguiente, no tengo deseos de escribir, si bien he estado por varias veces a punto de pedirle que haga una visita a Australia. ¿No le es posible? Por favor, escríbanos si le es posible.

Cuando supe que el hermano [H. E.] Robinson y esposa habían sido enviados a Inglaterra, me dije: Es un error. No tiene las calificaciones que lo harían útil y beneficioso en Europa, pues a menos que pueda regir, causará la ruina… ¿Quién lo puso en el poder? ¿Por qué lo pusieron en ese puesto? Ha dejado su marca en los sitios donde ha hecho un daño que no será fácilmente borrado. [Hermano Waggoner], el Señor lo ayude y fortalezca ante todas esas influencias.

¿Qué está haciendo ahora en Europa el pastor Olsen? Me entristece mucho. No puedo sentirme en unión con él, tal como fue antes el caso. No hizo un uso correcto de los Testimonios que me fueron dados para él. Dio impresiones equivocadas al seleccionar porciones de los Testimonios y al darles un uso abusivo, obviando los reproches dirigidos a él y a otros. No puedo depositar en él mi confianza. Ha oprimido a sus hermanos al traer elementos para contrarrestar a quienes Dios empleó para hacer su obra. ¿No juzgará Dios esas cosas? Espero que suceda alguna cosa que me dé una fe más firme de la que ahora tengo hacia Battle Creek y el curso de la obra de Dios en las instituciones allí"[9].

Un año después Ellen White volvería a tomar su pluma para escribir "palabras de consejo relativas al manejo de la obra de Dios". Llamó una vez más la atención a los tristes resultados de poner demasiada responsabilidad sobre el pastor Olsen, asesorado como estaba por consejeros faltos de conversión:

"En el propio corazón de la obra se estaba urgiendo el reconocimiento de principios erróneos. Se debieron haber expuesto todos los asuntos ante la gente. Debió haber una búsqueda del Señor en oración humilde. Entonces el Espíritu Santo habría sido su instructor. Pero las Asociaciones en general carecían de luz respecto a lo que se estaba haciendo. Había hombres asociados al pastor Olsen que lo dirigieron y le imbuyeron su espíritu. Faltando la reprensión, apareció la corrupción en el corazón de la obra. En nuestras instituciones se pervirtió la causa de Dios. Hubo exaltación del hombre a pesar del consejo que Dios estaba dando. Predominó la codicia. Los obreros se contaminaron por prácticas similares a las de Judas. No existe lenguaje capaz de describir el resultado de colocar en lugares santos a hombres infieles e inconversos"[10].

Sin ánimo de desacreditar la buena obra realizada por el pastor Olsen, de subestimar las pruebas severas a las que se vio sometido o de pronunciar juicio sobre él, y aún menos dejar de reconocer nuestras propias debilidades, debemos ser claros en que una evaluación deshonesta de nuestros errores como pueblo en el pasado, es la garantía de que hoy continúe nuestra ceguera laodicense. Muchos relatos históricos denominacionales sobre la presidencia de Olsen han procurado presentar esos años de su servicio como siendo de victoria y éxito plenos, ignorando los resultados eternos de su desprecio al consejo celestial. L. H. Christian describió con falsedad la presidencia de Olsen al afirmar que "el nuevo presidente electo de la Asociación General", junto a otros hombres poderosos, "inició series de reuniones de reavivamiento en todos los territorios de América" tras el encuentro de Minneapolis. Durante ocho años Olsen fue "en gran parte el responsable ante Dios por la enérgica obra de reavivamiento que se estaba llevando a cabo"[11]. Arthur W. Spalding siguió un curso similar en su descripción de los años "victoriosos" que siguieron a la asamblea de Minneapolis. De Olsen declaró simplemente que "ese espíritu calmado y amable fue extraordinariamente efectivo en unificar la iglesia durante los años cruciales de su presidencia, hasta 1897"[12].

A. V. Olson, con la ayuda de Arthur L. White y el White Estate, admite que hubo controversia después de las reuniones de Minneapolis, pero describe la presidencia de Olsen como caracterizada por la sumisión y apoyo al consejo del Espíritu de Profecía, lo que según él resultó en la victoria final: "El pastor Olsen fue un hombre temeroso de Dios, y su alma se apesadumbró por lo que vio y oyó en Battle Creek. Con la ayuda de Dios se esforzó por traer la paz y armonía. Apoyó gustosamente a Ellen White en sus esfuerzos nobles y persistentes para mejorar la situación, y se gozó con ella, tal como hemos visto en el capítulo precedente, cuando los hombres comenzaron a entregarse y a confesar sus errores"[13].

En las compilaciones de Ellen White que ha publicado White Estate aparecen pensamientos similares. En 1923 se publicó Testimonies to Ministers and Gospel Workers {Testimonios para los ministros}, que fue una de las primeras compilaciones publicadas tras la muerte de Ellen White. El libro incluye porciones de varios Testimonios enviados a Battle Creek en la década de 1890. En 1962 se publicó una tercera edición de Testimonies to Ministers con la adición de un "Marco histórico" de veintidós páginas escrito por Arthur L. White con el propósito expreso de proporcionar al lector conocimiento acerca de "las circunstancias que prevalecían en el momento en que los mensajes fueron escritos" {XI}. Si bien el libro contiene Testimonios escritos primariamente durante los años 1890 y 1915 -el año en que murió Ellen White-, la mayor parte del Marco histórico está centrado en asuntos relacionados con el congreso de la Asociación General de 1888 y lo que siguió en el cambio de siglo. Da la impresión de que el Marco histórico se escribió como respuesta al renovado y reciente interés por 1888 que desencadenó la entrega a la Asociación General de "1888 Rexaminado" { http://libros1888.com/Pdfs/1888-RE-Print.pdf }, de Robert J. Wieland y Donald K. Short. Es interesante observar que el "Marco histórico" de Testimonios para los ministros sigue muy de cerca los conceptos del libro de A. V. Olson: Through Crisis to Victory: 1888-1901, publicado en 1966. Eso es comprensible, puesto que Olson murió en 1963, y en ese momento el patrocinio del libro se transfirió al comité Ellen G. White Estate Board, del que Arthur L. White era secretario.

Toda esa información nos lleva a este punto: en el "Marco histórico", que aborda algunos de los problemas surgidos después de la asamblea de Minneapolis, se afirma lo siguiente respecto a O. A. Olsen, expresidente de la Asociación General: "Al pastor Olsen, que simpatizaba plenamente con el énfasis que se le estaba dando a la verdad relativa a la justificación por la fe, y que siempre había sido leal a los consejos del Espíritu de Profecía, le resultó difícil enfrentar algunos de los problemas que encontró en Battle Creek"[14]. Esos "algunos de los problemas" se atribuyen primariamente a sólo unos pocos hombres, a quienes el pastor Olsen "con la esperanza de contrarrestar esta mala influencia, puso a disposición de los ministros de la iglesia muchos de los mensajes de consejo que recibieron tanto él como otros dirigentes de Battle Creek en esa época crítica"[15]. Así, se presenta la presidencia de Olsen como caracterizando en última instancia un período positivo en el que sólo se cometieron algunos errores individuales por parte de unos pocos oponentes al mensaje de Minneapolis, que revirtió finalmente en una asamblea de la Asociación General de 1901 victoriosa.

LeRoy E. Froom fue bastante categórico al persistir en presentar conceptos similares en su obra histórica tan reconocida. No sólo escribió muy positivamente sobre la presidencia de Olsen, sino que procuró borrar toda sombra de duda al respecto: "El registro de la dirección espiritual de Olsen es diáfano y leal, y su definido apoyo y su invariable liderazgo en el amplio campo de la justicia por la fe está expuesto llanamente ante nosotros… Los años del liderazgo de Olsen están marcados por la lealtad y el avance… Comenzó un período de bendito reavivamiento y reforma… Muchos seguían estando en profunda perplejidad y ansiedad. Pero Olsen parecía percibir el significado espiritual de las cuestiones en liza y ejerció un liderazgo sosegado pero efectivo para su solución… Su espíritu tranquilo y amable contribuyó a unir la iglesia en aquel tiempo tan difícil, y a dar impulso al mensaje de Minneapolis en aquellos nueve años cruciales de su presidencia después de los años 88 -es decir, desde 1888 hasta 1897-. La suya fue una influencia sanadora, unificadora y útil, tras las tensiones del período tempestuoso… El mandato de Olsen fue un tiempo de despertar de la satisfacción y confianza propias laodicenses, una renovación propiciada por la aceptación creciente del mensaje de la justicia por la fe"[16].

Froom señaló asimismo los años 1890 como una década de gran reavivamiento, sin posibilidad de que el mensaje resultara frustrado en modo alguno: "Por lo tanto, no se puede decir con veracidad que Olsen rechazara personalmente o amortiguara el mensaje de la justicia por la fe, o que guiara, ayudara o influyera en ese sentido. Al contrario, los suyos fueron los años de firme avance inicial y propagación del mensaje mediante reavivamientos en colegios, iglesias, instituciones y encuentros campestres… No es posible malinterpretar todo eso como siendo un rechazo. Ciertamente fue todo lo contrario. Y Waggoner y Jones fueron, durante la década que siguió a 1888, los principales instructores bíblicos denominacionales -y eso por la acción del liderazgo de la iglesia. Eso no fue rechazo"[17].

Froom llegaría a decir que cualquier sugerencia de que hubiera existido un "rechazo del mensaje de Minneapolis", o bien un impacto negativo en el progreso del mensaje por parte del liderazgo de la Asociación "significa de hecho una difamación a esas personas fallecidas". Froom recordó también a sus lectores que el suyo no era el único "testimonio de entre los mejor informados". Hombres como "Oliver Montgomery, L. H. Christian, A. W. Spalding, A. V. Olson, Norval Pease, A. L. White, R. L. Odom y otros, incluyendo el que escribe, forman una unidad en rechazar la acusación de infidelidad a la verdad y deslealtad de parte de los líderes después de 1888"[18].

George R. Knight ha promovido esa misma posición por décadas, respecto al liderazgo de la Asociación General en la década de 1890: "De hecho, como hemos señalado ya previamente en varias ocasiones, las administraciones de la Asociación General de O. A. Olsen (1888-1897) y G. A. Irwin (1897-1901) hicieron todo lo que estuvo a su alcance para situar a Jones y Waggoner al frente del adventismo desde 1889 hasta el final del siglo. Por consiguiente, [Jones y Waggoner] no sólo fueron los oradores principales en todas las asambleas de la Asociación General durante toda la década de 1890, sino que tuvieron también amplio acceso a la denominación mediante sus publicaciones periódicas a través de las casas publicadoras… Es difícil imaginar administraciones más comprometidas con los mensajeros de 1888. Los oficiales de la Asociación General no han dado a otros teólogos en toda la historia de la denominación más prominencia que a Jones o Waggoner. Las administraciones posteriores a 1888 hicieron cualquier cosa menos rechazarlos"[19].

Pero las pretensiones de todos esos hombres juntos no pueden eliminar los Testimonios de Ellen White a los que todos ellos han tenido acceso, pero a los que han preferido no hacer caso. Si bien se impone la humildad al considerar los desafíos a los que Olsen se enfrentó y a las victorias que ganó, para nosotros hoy es de la mayor importancia evaluar de forma honesta sus fallos y los de los líderes y administradores de la iglesia durante esos años cruciales. Toda la deshonestidad que rodea nuestra historia, que intenta presentar un cuadro falsamente optimista de nuestro pasado e ignora el conjunto del Testimonio de Jesús, no hace otra cosa más que condenarnos a nuestra condición laodicense de creernos ricos y estar enriquecidos, no estando en necesidad de nada (Apocalipsis 3:17).

Desgraciadamente, la enfermedad contagiosa del rechazo e indiferencia hacia el mensaje preciosísimo se extendió desde el corazón de la obra en Battle Creek hasta casi cualquier otra área de la iglesia por todo el mundo. Una de las formas en que se propagó la oposición desde 1888, fue mediante la influencia de Uriah Smith como jefe de redacción de Review and Herald. Debido a todo lo bueno que Smith había logrado en los años precedentes, su antagonismo hacia el mensaje, e incluso hacia los Testimonios de Ellen White, resultó ser más perjudicial. En junio de 1896 Ellen White fue movida a escribir a Smith, haciendo un resumen de la controversia sobre la ley en Gálatas que había condicionado una gran parte de la oposición a Jones y Waggoner en 1888. Ellen White no sólo apoyó plenamente la posición de Jones y Waggoner sobre el ayo (guía) de Gálatas 3:24, sino que al contemplar retrospectivamente las grandes posibilidades de la sesión de Minneapolis desde la perspectiva del año 1896, pudo afirmar en términos inequívocos que se había privado a nuestro pueblo en gran medida del fuerte pregón y la lluvia tardía:

"La Ley ha sido nuestro guía para llevarnos a Cristo, a fin de que fuéramos justificados por la fe" [Gálatas 3:24]. En esa escritura, el Espíritu Santo está hablando mediante el apóstol especialmente de la ley moral. La ley nos revela el pecado y hace que sintamos la necesidad de Cristo y que corramos a él en busca de perdón y paz mediante el arrepentimiento hacia Dios y la fe hacia nuestro Señor Jesucristo.

La falta de voluntad para renunciar a opiniones preconcebidas y aceptar esta verdad, está en la base de una gran parte de la oposición manifestada en Minneapolis contra el mensaje del Señor mediante los hermanos Waggoner y Jones. Suscitando esa oposición, Satanás tuvo éxito en privar a nuestro pueblo, en gran medida, del poder especial del Espíritu Santo que Dios anhelaba impartirles. El enemigo evitó que obtuvieran esa eficiencia [lluvia tardía] que pudieron haber tenido para llevar la verdad al mundo, tal como la proclamaron los apóstoles tras el día de Pentecostés. Se resistió la luz que ha de alumbrar toda la tierra con su gloria [fuerte pregón], y por la acción de nuestros propios hermanos ha sido en gran medida mantenida lejos del mundo[20].

Nota 4: Esa carta de Ellen White dirigida a Uriah Smith fue transcrita por Marian Davis junto a la siguiente anotación: "Las páginas incluidas presentan unos pocos puntos que fueron expuestos anoche ante la hermana White, y que ella ha querido enviarle. Ha estado por varios días bajo los efectos de un resfriado y del exceso de trabajo, y hoy es incapaz de leer o escribir". Esa carta no se publicó hasta 1952, en "The Law in Galatians: Two Significant Statements", Review and Herald, 13 marzo 1952, 6.

Para mayor información relativa a la controversia de la ley en Gálatas, y para descripciones modernas de lo que ocurrió en 1888 y a continuación que traicionan la realidad, presentando un panorama de victoria y aceptación del mensaje, ver Ron Duffield, El retorno de la lluvia tardía, vol. 1, cap. 2, "La inminente lluvia tardía y fuerte pregón", 57-80; y cap. 6, "Tres respuestas", 169-186.

Es indudable que Ellen White declaró diáfanamente en 1896 que la lluvia tardía y el fuerte pregón que comenzaron en 1888, habían sido impedidos y finalmente malogrados por la acción de nuestros propios hermanos. Es evidente que una lluvia tardía abortada habría de llevar a una demora en la segunda venida de Cristo. Pero Ellen White no fue la única que reconoció los tristes resultados del asalto continuo y exitoso de Satanás al mensaje preciosísimo. Casi tres meses más tarde, O. A. Olsen resumiría en una carta dirigida a Prescott sus pensamientos relativos a las tinieblas que se habían asentado sobre Battle Creek y sus instituciones. A decir de Olsen, 1892 "fue un año remarcable en muchos aspectos". Durante aquel año gran parte de la oposición declarada contra la justicia por la fe "cedió, y nuestro pueblo y nuestro cuerpo ministerial en general aceptó esa verdad. Recuerde la maravillosa experiencia que tuvimos en el encuentro campestre de [Lansing] Michigan ese mismo año. Luego siguió el congreso de la Asociación General a comienzos del año 1893, que fue un encuentro remarcable. Por entonces se comenzó a propugnar que había comenzado la lluvia tardía, y que el mensaje avanzaba con un fuerte pregón".

Olsen continuó describiendo cómo "desde un punto de vista financiero" los años 1892 y 1893 fueron "los más favorables", y "hubo abundancia para todo cuanto fue necesario para el avance de la causa". Pero -recordó Olsen- "me parece que, mirando retrospectivamente, a partir de entonces [finales de 1893] las cosas se han venido poniendo del revés. Las tinieblas se han ido cerniendo cada vez más sobre la iglesia de Battle Creek, y las insinuaciones y dudas que varios han expresado, han calado en una vasta proporción de nuestro pueblo en varios lugares. Las contribuciones han caído continuamente en algunas líneas". Olsen no atribuyó esa disminución de los recursos a las "condiciones financieras del país" sino "al declive espiritual existente en la iglesia"[21]. Lamentablemente, Olsen aún no podía comprender la parte que sus propias acciones tuvieron en aquel declive espiritual.

En noviembre de 1896, y en respuesta a los sinceros reproches y explicaciones de Ellen White relativos a las tácticas de Satanás para retardar el retorno de Cristo, O. A. Olsen compiló una serie de cartas y mensajes de la pluma inspirada que hablaban muy directamente del maltrato que recibieron los derramamientos del Espíritu Santo desde la asamblea de Minneapolis. Todos los mensajes en el nuevo panfleto abordaban de alguna manera los resultados de atribuir las manifestaciones del Espíritu Santo al fanatismo[22].

En sus comentarios introductorios de Special Testimony to Battle Creek Church, Olsen afirmó que el panfleto contenía material de "la mayor importancia para la iglesia de Battle Creek y las instituciones localizadas aquí". Aunque en el pasado se habían recibido "mensajes de instrucción y advertencia muy solemnes e importantes", Olsen admitió que "esos mensajes no han recibido la cuidadosa atención que merecen, y no se ha realizado la reforma a la que apelaban". Ahora se presentaban de nuevo esos mensajes, dándoles la oportunidad de estudiarlos detenidamente: "Dios tiene en su almacén grandes bendiciones para su pueblo, y está presto a obrar en nuestro favor en Battle Creek de una forma notable. En diferentes momentos en el pasado, el Señor ha traído a su pueblo -y lo hemos testificado- el Espíritu de Dios derramado en gran medida; pero lejos de hacer el mejor uso de esas bendiciones y privilegios, ha existido un espíritu de apartarse de Dios, lo que ha traído tinieblas y mucha obra malvada". Olsen estaba suplicando que "todos buscaran al Señor de la forma más ferviente, confesaran el mal y se volvieran a Dios de todo corazón". Si hacían así, Olson aseguró que "Dios se acercará, y veremos manifestado en nuestro medio el poder glorioso de su salvación"[23].

Confesando los pecados como Daniel

A. F. Ballenger, quien había sido pastor adventista desde la década de 1880, trabajaba desde hacía algunos años en el departamento de Libertad Religiosa de la iglesia. En 1891 tuvo una experiencia de reconversión, y colaboró en reuniones de reavivamiento desde 1897 hasta 1900[24].

Nota 8: Existe cierta evidencia de que hacia el cambio de siglo Ballenger tomó algunas posiciones extremas en sus reuniones de reavivamiento "Recibid el Espíritu Santo"; no obstante, todavía en 1899, Ellen White disuadió a Ballenger de tomar una posición que derivaba hacia el activismo financiero más bien que evangelístico: "Dios es quien le ha señalado su obra. Su llamado es el del ministerio como evangelista, y en ningún caso debe frivolizar con sus responsabilidades morales"[25]. Lamentablemente, Ballenger comenzó a apartarse de la enseñanza fundacional adventista sobre el santuario tras el cambio de siglo, y poco tiempo después -pasado 1905- abandonó la iglesia.

Cuando Ballenger leyó en 1897 el recientemente publicado Special Testimony to Battle Creek Church, su corazón se conmovió profundamente. En un sermón que predicó en el tabernáculo de Battle Creek el 25 de septiembre de 1897, Ballenger llamó la atención de los cientos de adventistas allí reunidos al llamado bíblico de Ellen White al arrepentimiento que el panfleto contenía. En referencia a la oración de Daniel en el capítulo 9, Ballenger sugirió que esa era "la oración que debía elevar cada uno de los que lamentaban el sufrimiento de la causa en Battle Creek". En el capítulo 9, Daniel había orado por sus pecados y por los pecados de su pueblo, reconociendo al mismo tiempo el castigo de los setenta años de desolación a resultas de los cientos de años de rebelión[26].

Continuando con su sermón, Ballenger llamó la atención a una declaración de Ellen White que se había publicado pocos meses antes en la Review, en la que amonestaba a la iglesia a que "ore más fervientemente que ahora, en el tiempo de la lluvia tardía, para que puedan caer sobre nosotros lluvias de gracia"[27]. Ballenger sintió que no había nada más cierto que ese hecho, pero al mismo tiempo reconoció también que "es igualmente cierto que el Espíritu no va a ser ahora derramado allí donde no exista confesión sincera y abandono del pecado". Pero cuando Ballenger recordó algunas de las reuniones campestres en el pasado, refirió la forma en que vinieron las grandes bendiciones cuando "los pastores y responsables humillaron sus corazones ante el Señor, y le suplicaron que quitara el reproche de sus centinelas". Ballenger esperaba ver toda "la iglesia, como un solo hombre, postrada ante el Señor, buscando el bautismo de su Espíritu", pero existía aún "pecado en el campamento". Dicho pecado, a decir de Ballenger y según dedujo del material de Ellen White que leyó, consistió en el trato dispensado al mensaje de Minneapolis y a las manifestaciones del Espíritu Santo desde aquel tiempo:

Hemos rechazado la bendición de la justicia por la fe; y cuando el Señor en 1893 comenzó a derramar su Espíritu sobre aquellos que habían aceptado la justicia de Dios por la fe, he aquí que se lo declaró fanatismo. El rechazo del bendito Consolador entonces, ha demostrado significar ruina y muerte desde aquel tiempo.

Pastores y obreros en los encuentros campestres han confesado que asistieron al congreso de la Asociación General y se alegraron al ver la manifestación del Espíritu, pero al ser advertidos por hombres de influencia en la denominación, y cuando estos les dijeron que eso era 'solamente excitación y fanatismo', quedaron perplejos y no supieron qué decir o qué pensar. Al regresar a sus campos de labor, los hermanos que había leído el Bulletin y estaban al corriente de las obras de Dios en aquel congreso de la Asociación, acudieron a ellos para saber más sobre el don precioso, pero entonces esos obreros les advirtieron a su vez a que desconfiaran de aquella manifestación del Espíritu por ser fanatismo, y los pobres hermanos y hermanas han estado oyendo dos voces en conflicto de parte de profesos centinelas del Señor. Como resultado, la trompeta ha dado un sonido incierto, y tanto el mundo como la iglesia han terminado por constatarlo. ¡Ojalá se arrepientan los de Battle Creek!...

Ese mensaje de justificación por la fe que por siete años se ha estado presentando en casa a los corazones de los hermanos, ¿viene, o no viene del Señor? ¿Quién está de parte del Señor? ¿Derramó el Señor su Espíritu en el congreso de la Asociación General en 1893?, ¿o bien se trató de excitación fanática? ¿Quién está de parte del Señor?[28].

Ballenger continuó diciendo que durante años "hemos prometido al mundo, en los cientos de miles de libros y periódicos que hemos distribuido y en los sermones predicados durante los últimos cincuenta años, que este mensaje cumpliría rápidamente su obra bajo el refrigerio de la lluvia tardía. Pero han ido pasando los años y el mundo no ha visto tal cosa". A la luz de esos hechos, Ballenger se dirigió a quienes pensaban que no se debía hablar de los pecados de la iglesia:

Habrá quienes objetarán a esta presentación del tema en este momento y lugar, aduciendo que no debiéramos hacer públicos los pecados del pueblo de Dios. Ya son públicos. De acuerdo con el Espíritu de Dios, "se está extendiendo la convicción por todo el mundo de que los adventistas del séptimo día están dando un sonido incierto a la trompeta, que están siguiendo el camino de los mundanos"[29].

Hermanos, nuestros pecados han llegado al [conocimiento del] mundo, y el siguiente informe que debiera llegar al mundo es que estamos confesando nuestros pecados. Si la iglesia de Battle Creek se humilla ante Dios con ferviente confesión del pecado, quisiera ver esa crónica impresa en cada periódico del mundo"[30].

A la luz de tales posibilidades, Ballenger concluyó: "Ahora todo adventista del séptimo día debiera, como Daniel, confesar sus pecados y el pecado de su pueblo"[31].

Nota 14: En 1902 Ellen White se haría eco de esos planteamientos relativos a la oración de Daniel, en el contexto de la obra en el Sur: "Hay necesidad de una oración como la que elevó Daniel. Si alguna vez hubo un pueblo en necesidad de elevar una oración como esa, es el adventista del séptimo día. ¡Hay entre ellos una tal confianza propia y presunción! El Señor ha estado enviando luz a su pueblo, pero no se ha prestado oído a los Testimonios"[32].

La Review informa que tras el sermón "se hizo un llamado para que se reunieran por la tarde los que quisieran dedicarse a Dios mediante la confesión y arrepentimiento, el reconocimiento de pecados personales y de los pecados del pueblo. Fue una gran sorpresa ver de nuevo a casi toda la congregación… y hubo un ferviente deseo de reconciliarse con Dios"[33].

Nota 15: Entre algunos historiadores parece darse un esfuerzo por desacreditar la totalidad del movimiento "Recibid el Espíritu Santo" que Ballenger puso en marcha el verano de 1897, debido al fanatismo que apareció en los últimos años. Ver, por ejemplo, Bert Haloviak, "Pioneers, Pantheists, and Progressives: A. F. Ballenger and Divergent Paths to the Sanctuary"[34].

Pero Ballenger no fue el único que percibió que en 1893 se había fracasado en recibir lo que Dios tenía en reserva para su pueblo. Otros más llegaron a esa conclusión, y durante los años que siguieron la expresaron abiertamente. En 1898 E. A. Sutherland afirmaría insistentemente que "la lluvia tardía habría venido en 1893 si nuestro pueblo hubiera avanzado en toda la verdad"[35].

En 1899, la Conferencia de la Unión de Australasia invitó al recién elegido presidente de la Asociación General, A. Irwin, a Avondale College, donde predicó un conmovedor sermón sabático sobre la segunda venida. Irwin sugirió que si los adventistas hubieran seguido la providencia divina, "habríamos estado infinitamente más avanzados en el mensaje de lo que estamos hoy". Hablando acerca de la declaración sobre el fuerte pregón y los decepcionantes resultados que hubo -en la carta de Ellen White del 22 de noviembre de 1892-, Irwin declaró que no fue Dios, sino "nosotros, quienes cometimos las equivocaciones":

"Tuvimos algunas gotas de la lluvia tardía al año siguiente [1893] de ser escrito el testimonio. Eso se hizo resonar de una parte a otra del país de Estados Unidos. No me malinterpreten como si hubiera dicho que eso es todo cuanto hay respecto al fuerte pregón, pero eso fue el comienzo del mismo. Y si tuviéramos conciencia del terrible tiempo en que estamos viviendo, confesaríamos nuestros pecados y humillaríamos nuestros corazones ante Dios, de forma que el Espíritu de Dios pueda reposar poderosamente sobre nosotros. Entonces el fuerte pregón avanzaría desde este encuentro y no se detendría hasta haber terminado su obra. Quiero impresionar vuestras mentes con eso: el Señor nos dijo que ya había comenzado el fuerte pregón, y que ahora llevamos diez años en el fuerte pregón con el que ha de concluir la obra del evangelio. Si hubiéramos seguido desde ese tiempo, creo poder afirmar sin temor a equivocarme, que el mensaje habría terminado ahora en este tiempo"[36].

Ellen White, que asistía también a las reuniones, había tenido la oportunidad de responder a muchas de las "preguntas angustiosas" de Irwin relativas a la obra en América durante su estancia en Australia. Eso le había dado a ella la oportunidad para compartir su consejo en beneficio de los que estaban en el corazón de la obra. Es evidente que el sermón de Irwin armonizaba con las declaraciones que Ellen White había venido haciendo durante años, relativas a la demora en la venida del Señor como resultado de la incredulidad del pueblo de Dios[37].

Unos días después, el 17 de julio de 1899, S. N. Haskell -quien también estaba presente en la reunión- presentó una lección sobre el mensaje del tercer ángel. Haskell abordó el tema de la generación final y presentó las bien conocidas profecías de tiempo, así como los eventos del tiempo del fin que apuntaban al inminente retorno de Cristo. Retomando el tema de Irwin del fuerte pregón, Haskell preguntó: "¿Creéis que estamos en los últimos días? -Estamos en los últimos días de la ultimísima generación. Llevamos diez años en el fuerte pregón del mensaje del tercer ángel". Recordó entonces el congreso de la Asociación General de 1893, en el que se expresó el concepto de que Cristo podía haber regresado ya: "Hay un testimonio en el Bulletin, publicado en 1892, que dice: 'Si el pueblo de Dios se hubiese puesto a la obra como debía hacerlo tras el encuentro de Minneapolis en 1888, el mundo pudo haber sido advertido en dos años, y el Señor habría venido'". Desafortunadamente, o bien se equivocó Haskell en la fecha del Bulletin -debiera ser 1893-, o bien el taquígrafo la tomó mal, además de que se pusieron comillas a la afirmación de Haskell como si fuera una cita literal de Ellen White[38].

A pesar de lo anterior, resulta fácil comprender la idea: si se hubiera aceptado sin reservas el mensaje de 1888, el mundo habría quedado advertido en un corto período de tiempo y Cristo habría podido regresar. Haskell estaba probablemente recordando el sermón nº 15 de A. T. Jones en el congreso de la Asociación General de 1893, en el que citó varias declaraciones hechas por Ellen White desde 1890. En ellas se mencionaba el mensaje de Minneapolis y la falta de recepción en los "pasados dos años"[39]. Y estaba también recordando la declaración recién recibida de Ellen White que se leyó en la asamblea cuatro días después, en la que decía: "Si cada soldado de Cristo hubiera cumplido su deber, si cada centinela en los muros de Sión hubiera dado un sonido certero a la trompeta, el mundo habría escuchado ya el mensaje de advertencia. Pero la obra lleva años de retraso"[40]. Es innegable que Ellen White hizo declaraciones similares, tanto antes como después de la asamblea de Minneapolis, indicando que Cristo habría podido regresar ya, tal como intentaba destacar Haskell en la sesión de la Asociación de Australasia en 1899.

Un ejemplo es cuando Ellen White escribió en 1894 que si "los que dicen tener una experiencia viva en las cosas de Dios hubieran cumplido su tarea asignada, el mundo entero habría sido advertido y el Señor Jesús habría venido a nuestro mundo con poder y gran gloria"[41]. Ellen White hizo otra declaración similar: "Si su pueblo hubiera llevado a cabo el propósito de Dios de dar su mensaje de misericordia al mundo, Cristo habría venido a la tierra y los santos ya habrían recibido la bienvenida en la ciudad de Dios"[42]. El recién publicado Desire of Ages {El Deseado de todas las gentes} presentaba también el mismo pensamiento: "Si la iglesia de Cristo hubiese hecho su obra como el Señor le ordenaba, todo el mundo habría sido ya amonestado, y el Señor Jesús habría venido a nuestra tierra con poder y gran gloria"[43].

Nota 25: Es desafortunado que en el Index to the Writings of Ellen G. White aparezca la declaración de Haskell de 1899 bajo el encabezado: "Citas atribuidas erróneamente a Ellen G. White", acompañada sólo de esta breve explicación: "El pastor S. N. Haskell aportó esta referencia de memoria en una predicación publicada en 1899. En 1892 no se publicó ningún Bulletin, ni se ha encontrado tal declaración en ninguna otra fuente, publicada o no"[44]. Habría sido de mayor ayuda si White Estate hubiera referido a los lectores directamente al Bulletin de 1893, junto con una simple explicación.

Haskell estaba probablemente familiarizado con todas esas declaraciones relativas a la demora en el regreso de Cristo, por consiguiente resumió las ideas de su sermón de 1899 diciendo: "Dios dispuso terminar la obra dependiendo de lo consciente que fuera su pueblo de la importancia y carácter sagrado de la obra, y según el celo que pusiera en ello"[45]. Pero tristemente, la obra no se había realizado y la venida de Cristo se había demorado todavía más.

La comprensión de Ellen White sobre la demora en el regreso de Cristo adquirió una nueva dimensión mientras estuvo en Australia poco antes del cambio de siglo. En una visión en la noche, el año 1898, se le dio la comprensión de que no estaría viva para poder ver la segunda venida de Cristo, sino que pasaría al descanso. A continuación se la animó a que hiciera todo lo que pudiera en la preparación de libros para generaciones futuras según el consejo y los Testimonios que había recibido. En 1913 W. C. White compartió el relato de su experiencia en la asamblea de la Asociación General:

Hace unos quince años, en una de las visiones que tuvo en la noche, se la trasladó desde un lugar muy oscuro a la luz brillante, y el padre [James White] estaba con ella. Cuando él la vio a su lado, exclamó con gran sorpresa: "¿También tú has estado allí, Ellen?" Ella siempre comprendió que eso significaba que el Señor la haría reposar en la tumba por un breve tiempo antes que él regresara. [Mi madre] se ha estado esforzando de acuerdo con eso. Frecuentemente ha recibido mensajes para que acelerara su obra -de preparar los libros- dado que no iba a disponer más que de un breve tiempo para hacerlo. Se ha esforzado en presentar sus escritos en forma de libro, de manera que pueda rendir un servicio a la iglesia[46].

G. B. Starr, quien trabajó junto a Ellen White durante sus años en Australia, informó años más tarde acerca de una experiencia relacionada que tuvo mientras conversaba con ella en algún momento posterior a 1897:

Un día, estando en casa de la hermana White en Sidney, New South Wales, Australia, un grupo de cinco o seis personas estaba conversando con ella, cuando alguien entre ellos preguntó: "Hermana White, ¿cree que vivirá hasta la venida del Señor?" A lo cual ella replicó: "Lo dudo mucho, pero el Señor no me lo ha revelado hasta ahora de forma definitiva". Continuaron preguntándole: "Pero suponga que muriera. ¿Cree que el Señor suscitaría a otros para que escribieran testimonios?" "Sólo puedo decirle" -respondió- "lo que el Señor me ha mostrado al respecto". Entonces le dijeron: "Eso es exactamente lo que querríamos saber". "Está bien", dijo ella: "El ángel del Señor abrió la Biblia en Zacarías 4:9, y señalando el versículo, dijo: 'Eso se aplica a ti y a tu obra'. 'Las manos de Zorobabel echarán el cimiento de esta Casa, y sus manos la acabarán. Así conocerás que Jehová de los ejércitos me envió a vosotros'". "¿Pero no significa eso que usted podría vivir hasta el final?" "No" -replicó- "no fue esa mi impresión: 'Sus manos [las de Dios] la acabarán'; creo que se refería a los escritos, en el sentido de que serían suficientes para guiar al pueblo de Dios hasta el final"[47].

Nota 28: Parece que Ellen White no dispuso de casa en Sidney sino hasta pasado febrero de 1897, momento en el que ocupó una habitación amueblada de alquiler, preparada para las ocasiones en que visitaba la ciudad[48].

G. B. Starr continuó citando la siguiente declaración de Ellen White, escrita en 1903: "Físicamente, siempre he sido como un vaso quebrado; y sin embargo, a mi edad avanzada el Señor continúa moviéndome mediante su Espíritu Santo para que escriba los libros más importantes que jamás se hayan presentado ante las iglesias y el mundo. El Señor está demostrando que puede actuar mediante vasos débiles. La vida que me permita tener, la emplearé para su gloria. Y, cuando él considere oportuno llevarme al descanso, sus mensajes tendrán todavía mayor fuerza vital que cuando vivía el débil instrumento mediante el cual fueron dados[49].

Una comprensión como esa de su vida mortal la llevó a un énfasis renovado cuando regresó a América tras pasar diez años en Australia. No sólo inició un esfuerzo más concertado para publicar más de su material inspirado, sino que presentó un llamamiento renovado a que se ofrecieran al pueblo las obras de los pioneros adventistas. En vista de la prolongada demora en el retorno de Cristo y de los desafíos formidables a los que la iglesia se enfrentaba hacia el cambio de siglo, Dios iba a reforzar los fundamentos a fin de que resistiera tales tempestades cuando "ninguno de los pioneros estuviera vivo"[50]. Sin embargo, todavía quedaba la esperanza de que tuviera lugar el reavivamiento y reforma a los que Dios había estado llamando en los quince años precedentes. ¿Traería la asamblea de la Asociación General de 1901 los cambios requeridos?

Notas:

  1. Ellen G. White a O. A. Olsen, Carta 83, 22 mayo 1896; en 1888 Materials, 1521-1525; original sin cursivas.
  2. Christ's Object Lessons, 305) {246}.
  3. Ellen G. White a A. O. Tait, Carta 100, 27 agosto 1896; en 1888 Materials, 1607-1608.
  4. Carta 51, 21 noviembre 1897; no publicada.
  5. E. J. Waggoner a A. G. Daniells, 24 julio 1903.
  6. W. C. White a A. G. Daniells, 30 mayo 1902.
  7. E. J. Waggoner a A. G. Daniells, 24 julio 1903.
  8. J. S. Washburn a Ellen G. White, 10 febrero 1897; en Manuscripts and Memories of Minneapolis, 302-303; porciones no publicadas.
  9. Ellen G. White a E. J. Waggoner, Carta 77, 26 agosto 1898; en Manuscript Releases, vol. 17, 216-217.
  10. Manuscript 91, 19 junio 1899; en Manuscript Releases, vol. 13, 183.
  11. The Fruitage of Spiritual Gifts [1947], 237, 220.
  12. Captains of the Host [1949], 367.
  13. Through Crisis to Victory: 1888-1901 [1966], 116.
  14. "Historical Forward," en Testimonies to Ministers and Gospel Workers, xxvi {"Marco histórico", en Testimonios para los ministros, XXVI}.
  15. Ibid., xxix {XXX}.
  16. Movement of Destiny [1971], 360-363.
  17. Ibid., 363-364.
  18. Ibid., 364 y 370.
  19. A User-Friendly Guide to the 1888 Message [1998], 145-150; cursivas en original.
  20. Ellen G. White a Uriah Smith, Carta 96, 5 junio 1896; en 1888 Materials, 1575; original sin cursivas; se ha añadido texto entre corchetes.
  21. O. A. Olsen a W. W. Prescott, 3 [30] agosto, 1896, 4-5; original sin cursivas.
  22. Special Testimony to Battle Creek Church -1896- incluía por entonces algunas cartas y manuscritos no publicados -hemos citado de casi todos ellos-: Ellen G. White a S. N. Haskell, Carta 38, 30 mayo 1896; Ellen G. White a O. A. Olsen, Carta 57, 1 mayo 1895; "Experience of the Golden Calf an Example for God's People Today", Manuscrito 16, 10 mayo 1896; Ellen G. White to Brethren in Responsible Positions in America, Carta 5, 24 julio 1895.
  23. O. A. Olsen, "Introductory remarks", 18 noviembre 1896, Special Testimony to Battle Creek Church, pamphlet no. 154, 1-2.
  24. Ver Don F. Neufeld, ed., "Ballenger, Albion Fox", Seventh-day Adventist Encyclopedia, vol. 10, 121. Para información relativa a la experiencia de la conversión de Ballenger, ver Ron Duffield, El retorno de la lluvia tardía, vol. 1, cap. 17, 467-501. Para un ejemplo de su obra junto a A. T. Jones en relación con la libertad religiosa, ver A. F. Ballenger, "Lessons From the Closing of the Marlowe Theater", General Conference Daily Bulletin, 6 marzo 1893, 487-489.
  25. Ellen G. White a A. F. Ballenger, Carta 90, 6 junio 1899; en Manuscript Releases, vol. 11, 47.
  26. A. F. Ballenger, "Who is on the Lord's Side?" Sermón dado en Battle Creek Tabernacle, sábado 25 septiembre 1897; en Review and Herald, 5 octubre 1897, 629.
  27. Ellen G. White, "Pray for the Latter Rain", Review and Herald, 2 marzo 1897; original sin cursivas.
  28. A. F. Ballenger, "Who is on the Lord's Side?" Review and Herald, 5 octubre 1897, 629.
  29. Una vez más, Ballenger estaba citando del panfleto de Ellen White Special Testimony to Battle Creek Church -1896-, 30.
  30. A. F. Ballenger, "Who is on the Lord's Side?" Review and Herald, 5 octubre 1897, 629.
  31. Ibid.
  32. Ellen G. White a A. G. Daniells, 16 noviembre 1902, no publicada; hay una declaración similar en Spalding and Magan Collection, 346.
  33. Reseña editorial, Review and Herald, 28 septiembre 1897, 634.
  34. Manuscrito no publicado, Office of Archives and Statistics, General Conference of Seventh-day Adventists, Washington, D.C.: junio, 1980), 2-10; George R. Knight, 1888 to Apostasy, 169-170. Ron Clouzet, en contraste, ofrece una visión más equilibrada: "Para ser veraz, mucho de lo que Ballenger compartió en aquellos años era enseñanza bíblica correcta -si bien algo extrema- y llevó a muchos a entregarse a Dios" (Adventism's Greatest Need: The Outpouring of the Holy Spirit, 190.
  35. E. A Sutherland, "The Illinois and Indiana Camp-Meetings", Review and Herald, 27 septiembre 1898, 622.
  36. G. A. Irwin, "Sermón", mañana de sábado, 8 julio 1899; en Australasian Union Conference Record, Special No. 1, 10 julio 1899, 10-12; original sin cursivas.
  37. Ellen G. White a S. M. I. Henry, Carta 96, 21 junio 1899; en Selected Messages, vol. 3, 51 {56}; Ellen G. White, "The Close of the Conference", Australasian Union Conference Record, 28 julio 1899, 13.
  38. S. N. Haskell, "Bible Study: The Third Angel's Message", Australasian Union Conference Recorder, Special No. 4, 17 julio 1899, 9-10.
  39. A. T. Jones, "The Third Angel's Message, No 15", General Conference Daily Bulletin, 23 febrero 1893, 359.
  40. Ellen G. White a W. Ing, Carta 77, 9 enero 1893; en General Conference Daily Bulletin, 419-420.
  41. Ellen G. White a Emma y Edson White, Carta 84, 14 noviembre 1894; en Manuscript Releases, vol. 16, 38). Esa misma declaración se repitió en la Review en fecha tan tardía como 1896 (Ellen G. White, "Whosoever Will, Let Him Come", Review and Herald, 6 octubre 1896.
  42. Ellen G. White, "The Loving Watchcare of Jesus", Union Conference Record -Australasian-, 15 octubre 1898.
  43. Ellen G. White, Desire of Ages -1898-, 633-634) {587}.
  44. Vol. 3, 3192; en , consultada el 30 de enero de 2012.
  45. S. N. Haskell, "Bible Study: The Third Angel's Message", Australasian Union Conference Recorder, Special No. 4, 17 julio 1899, 10.
  46. W. C. White, "Bible Study Hour: Confidence in God", 30 mayo 1913; en General Conference Daily Bulletin, 1 junio 1913, 219. Ver también Arthur L. White, The Later Elmshaven Years: 1905-1915, 445.
  47. G. B. Starr, Fifty Years With One of God's Seers; manuscrito no publicado [ -1928], 105.
  48. Ver Arthur L. White, The Australian Years: 1891-1900, 291.
  49. Ellen G. White, "The Time of the End", Manuscrito 122, 9 octubre 1903; en Manuscript Releases, vol. 8, 428.
  50. Fred Bischoff, "A Second Look at The Importance of the Adventist Pioneers, parte 4 (conclusión)", Lest We Forget, Fourth Quarter, 2001, 2; en .