Herido en casa de sus amigos

Capítulo 14

Sin olvidar Minneapolis

Comenzado el siglo XX continuaron resurgiendo recordatorios de Minneapolis. En julio de 1912 el expresidente de la Asociación General, G. A. Irwin, llamó la atención de los lectores de la Review a las siete iglesias de Apocalipsis. En la historia de esas siete iglesias se podían rastrear las fuerzas en lucha del bien y del mal. Ninguno de los contendientes había cambiado sus tácticas para ganar los corazones de los hombres. La salvación en el pecado o mediante las buenas obras humanas, había estado siempre en el "fundamento de todas las religiones paganas, y sigue siendo el principio del papado", declaró Irwin. El mensaje de la justificación por la fe, de la otra parte, había sido siempre el "secreto de la vida victoriosa". Y era esa predicación del mensaje de la justificación por la fe la que había marcado el comienzo del fuerte pregón sobre el que Ellen White había escrito en noviembre de 1892. ¿Cuál había sido la historia del aquel mensaje? Irwin daría una respuesta:

Si en esta denominación la predicación de la justicia por la fe como un mensaje especial fue el comienzo del fuerte pregón y de la "luz del ángel cuya gloria ha de llenar toda la tierra", es evidente que Dios no había dispuesto que ese mensaje cesara hasta que toda la tierra fuese alumbrada con la gloria del Señor.

Que el mensaje no avanzó como era deseable, es evidente a partir de las siguientes declaraciones de la sierva del Señor: "Las iglesias son tibias… Muchos que han profesado creer el mensaje del tercer ángel han perdido de vista la doctrina de la justificación por la fe".

Sin duda, en la mente del lector se suscitará la pregunta de por qué un mensaje de tan vital importancia para las personas, un mensaje que fue el comienzo del fuerte pregón, pudiera perderse de vista. La respuesta a esa pregunta se encuentra en la siguiente declaración de la misma autora: "El enemigo del hombre y de Dios no quiere que se presente esa verdad claramente, ya que sabe que si el pueblo la recibe plenamente, su poder cesará. Si puede controlar las mentes de forma que la duda, la incredulidad y las tinieblas marquen la experiencia de quienes pretenden ser hijos de Dios, él los puede vencer tentándolos".

Cuando el mensaje de la justificación por la fe (que la sierva del Señor dijo ser "el mensaje del tercer ángel en verdad") se comenzó a predicar en esta denominación, el enemigo se agitó sobremanera e hizo un gran esfuerzo para evitar que se extendiera…

Es perfectamente seguro… afirmar que llevamos años de retraso respecto a donde hubiésemos podido y debido estar en el progreso de esta obra … y cuando leo que solamente "aquellos que estén vestidos con la justicia de Cristo permanecerán en aquel día firmes por la verdad y el deber", y que "todos aquellos que hayan confiado en su propia justicia se alinearán bajo la bandera del príncipe de las tinieblas", estoy persuadido de que ha llegado plenamente el tiempo para que el mensaje de la justificación por la fe vuelva a ser de nuevo prominente en esta denominación"[1].

Para Irwin era evidente que el mensaje de la justificación por la fe no había cumplido lo previsto cuando fue dado en 1888. Casi veinticinco años después, el Señor seguía esperando.

En 1924, nueve años tras la muerte de Ellen White, el Ministerial Association Advisory Council votó que el pastor A. G. Daniells, expresidente de la Asociación General, hiciera una compilación de los escritos de ella sobre el tema de la justificación por la fe. Cuando comenzó su "investigación exhaustiva", se "sorprendió y sobrecogió ante la solemne obligación que descansaba" sobre él. Ese estudio del tema de la justificación por la fe a partir de los escritos de Ellen White llevó a Daniells a la "firme convicción" de que su instrucción presentaba "dos aspectos: primariamente, el gran y sorprendente hecho de que por la fe en el Hijo de Dios los pecadores pueden recibir la justicia de Dios; y secundariamente, el propósito y providencia de Dios al enviar el mensaje específico de recibir la justicia de Dios por la fe a su pueblo congregado en la asamblea de la Asociación General en la ciudad de Minneapolis, Minnesota, en 1888"[2].

Citando del artículo de Ellen White en la Review del 22 de noviembre de 1892, y de Primeros escritos, 85-86, Daniells concluyó: "Sitúa la visitación de la lluvia tardía junto al fuerte pregón, la revelación de la justicia de Cristo y la inundación de la tierra con la luz del mensaje del tercer ángel". Para Daniells era evidente que "el comienzo o inicio de todos esos eventos ocurre al mismo tiempo. La aparición de uno es indicativa de que aparecerán todos"[3]. Pero en la investigación de Daniells de los siguientes treinta y ocho años desde el mensaje de Minneapolis, llegó a una conclusión dolorosa:

¡Cuán triste, cuán profundamente lamentable es que ese mensaje de la justicia de Cristo tuviera que hacer frente, en el momento en que vino, a la oposición de hombres fervientes y bien intencionados en la causa de Dios! El mensaje no ha sido nunca recibido ni proclamado, ni se le ha dado libre curso tal como se debiera, a fin de transmitir a la iglesia las inconmensurables bendiciones que conlleva. Las reprensiones dadas son indicativas de la gravedad de haber ejercido una influencia [contraria] como esa. Tales palabras de reproche y amonestación debieran ser objeto de la más atenta consideración en este tiempo [1926]…

¡Ojalá que todos hubiéramos escuchado como debíamos, tanto las advertencias como los llamados, tal como se nos dieron en aquella aparentemente extraña pero impresionante manera, en el congreso de 1888! ¡Cuánta incertidumbre se habría podido eliminar, cuánto vagar, cuántas derrotas y pérdidas se hubieran podido evitar! ¡Cuánta luz, bendición, triunfo y progreso habríamos recibido![4].

Sólo unos pocos años después que se imprimiera el libro de Daniells, Taylor Buch, pastor, profesor de Biblia y autor, publicó un panfleto titulado: Forty Years in the Wilderness in Type and Antitype (cuarenta años en el desierto, en tipo y antitipo), donde expresó puntos de vista similares respecto a la lluvia tardía y el fuerte pregón[5]. En dicho panfleto Bunch presenta los paralelismos entre la Iglesia Adventista del Séptimo Día y los hijos de Israel en su viaje de Egipto a Canaán. Ayudado por su esposa, Taylor Bunch presentó las semanas de oración del otoño y primavera en Pacific Union College durante el año escolar 1930-1931. En ellos expuso el tema a partir de su panfleto[6]. Varios años después, en 1937, Bunch presentó una serie similar de treinta y seis sermones en el tabernáculo de Battle Creek durante los servicios vespertinos del sábado. Esos sermones se publicaron en forma de libro bajo el título: The Exodus and Advent Movement in Type and Antitype (El movimiento del Éxodo y el movimiento adventista en tipo y antitipo). Iban "especialmente dirigidos a quienes los habían escuchado [en las reuniones de oración], y también debido a las peticiones de pastores y otros obreros bíblicos que desean tenerlos"[7].

En sus estudios, Buch fue más detallado que Daniells. Al llegar a las experiencias de Cades-Barnea del antiguo Israel, lo aplicó al congreso de la Asociación General de Minneapolis en 1888 y a lo que siguió después, al vagar de la iglesia por el desierto. Bunch declaró que "se predicó con poder el mensaje de la justicia por la fe por más de diez años, durante el período de tiempo en que se mantuvo ante los dirigentes la crisis de Minneapolis". Citando del artículo de Ellen White en la Review del 22 de noviembre de 1892, Bunch declaró que el "mensaje trajo el comienzo de la lluvia tardía… ¿Por qué no continuó cayendo la lluvia tardía? Porque dejó de predicarse el mensaje que la trajo. Muchos la rechazaron y pronto desapareció de la experiencia del pueblo adventista, y el fuerte pregón murió con ella. Puede solamente comenzar de nuevo cuando el mensaje que la trajo vuelva a revivir y sea aceptado". De igual forma en que Israel, estando en la frontera misma con Canaán tuvo que confrontar su pasado, así también el adventismo del séptimo día -sugirió Bunch- ha de "adquirir una visión" de su pasado:

"Justo antes del fin, el pueblo adventista revisará su historia pasada y la verá en una nueva luz. Debemos estudiar y comprender los antitipos de las dos experiencias de Cades-Barnea del antiguo Israel y sacar provecho de los errores de nuestros padres, especialmente durante la crisis de 1888. Hemos de reconocer y confesar los errores de nuestros padres, y asegurarnos de no repetirlos, demorando así todavía más el triunfo final del movimiento adventista. Se debe revisar y estudiar la historia del pasado a la luz de esos errores y sus consecuencias en la prolongada demora de la venida de Cristo. Una visión como esa resolverá muchas cuestiones enrevesadas y fortalecerá en gran manera nuestra fe en el liderazgo divino del movimiento adventista"[8].

Después de la semana de oración de Bunch en Pacific Union College, el otoño de 1930, las noticias no tardaron en llegar a Elmshaven, donde estaba por entonces White Estate. D. E. Robinson, un miembro del equipo de White Estate, envió una carta a Bunch en respuesta. Si bien escrita en términos cordiales, manifestó su desacuerdo y disgusto por algunos de los paralelismos y conclusiones de Bunch en su comparación del antiguo Israel con el movimiento adventista[9].

Nota 9: La carta fue escrita por D. E. Robinson, quien nació en 1879 y no estuvo presente en la asamblea de Minneapolis. Escribió a Taylor Bunch mientras formaba parte del equipo de White Estate (hacia 1930 su tarea allí consistía en la indexación). A Robinson le pareció ofensiva la comparación de Bunch, y procuró defender la iglesia de lo que a él le parecían ataques injustificados que no lograrían más que la proliferación de más grupos disidentes. Fue ese episodio el que suscitó asimismo respuestas escritas de A. T. Robinson (padre de D. E. Robinson) y de C. McReynolds[10].

Se puede encontrar la copia de la carta original de D. E. Robinson en Document File 371, en White Estate, Silver Springs, MD. En algún momento, la carta de Robinson se modificó, retirando un párrafo que identificaba a D. E. Robinson como el autor de la misma, y escribiendo en su lugar A. L. White. Posteriormente se borró el nombre de A. L. White y se reemplazó por W. C. White, según una caligrafía que parece ser la de A. L. White. La copia original de esa carta modificada se puede encontrar en Document File 331, y es la que se ha publicado en Manuscripts and Memories of Minneapolis 1888, 333-335, atribuyéndola a W. C. White (ha verificado esos hallazgos Tim Poirier, miembro del equipo de White Estate).

Esa carta falsamente atribuida a W. C. White, parece no haber salido a la luz hasta que se la hizo figurar en el "Apéndice D" de Thirteen Crisis Years: 1888-1901, en 1981. Ese libro fue una reimpresión del libro de A. V. Olson Through Crisis to Victory: 1888-1901, publicado por primera vez en 1966 bajo el auspicio de Ellen G. White Estate Board, del que A. L. White era secretario. La reimpresión de 1981 se publicó bajo ese mismo auspicio. En el Apéndice D, Arthur White afirma que W. C. White escribió la carta para abordar "las conjeturas infundadas por parte de los labios y la pluma de uno [Taylor Bunch] que en aquel tiempo [de la asamblea de Minneapolis] tenía tres años", y que presentó "una distorsión tal de la historia y un pronóstico de esa índole"[11].

Si bien no debemos atribuir ninguna intención maliciosa a D. E. Robinson ni tampoco a A. L. White -quizá ambos creían estar defendiendo a la iglesia de lo que consideraban falsas acusaciones-, hemos de reconocer que sólo el padre de mentira es capaz de tejer esa tela de araña en la que se ha convertido hoy el tema, distorsionando lo que sucedió realmente en 1888 y años siguientes.

Eso marcó para el adventismo el comienzo de una era caracterizada por el negacionismo hacia las acusaciones de rechazo en 1888 y en los años que siguieron, y ocasionó una demora en el retorno de Cristo[12].

Escritas para nuestra admonición

Se nos ha dado la Biblia para que aprendamos lecciones a partir de sus historias inspiradas, lecciones que son aplicables a nuestro propio día. En Levítico capítulo 26, Moisés registró para los hijos de Israel las promesas de bendiciones o de maldiciones, según siguieran o se desviaran de Dios y sus consejos. Entre la lista de las bendiciones aparece la lluvia temprana y la tardía, pero entre las maldiciones se declara que el cielo será como hierro y la tierra como bronce (26:4 y 19). En el caso de que cayeran sobre la nación las maldiciones, en ese mismo capítulo están enumerados los remedios inspirados: "Y los que queden de vosotros decaerán en las tierras de vuestros enemigos por su iniquidad; y por la iniquidad de sus padres decaerán con ellos. Y confesarán su iniquidad, y la iniquidad de sus padres por su prevaricación con que prevaricaron contra mí; y también porque anduvieron conmigo en oposición, yo también habré andado en contra de ellos y los habré hecho entrar en la tierra de sus enemigos; y entonces se humillará su corazón incircunciso y reconocerán su pecado. Entonces yo me acordaré de mi pacto con Jacob, y asimismo de mi pacto con Isaac, y también de mi pacto con Abraham me acordaré, y haré memoria de la tierra" (26:39-42; original sin cursivas).

Así, a fin de ser restaurado a su tierra, Israel tendría que confesar y reconocer sus propios pecados, tanto como los pecados de sus padres que ellos habían perpetuado, reconociendo que todo eso combinado había traído sobre ellos su castigo y cautividad en una tierra extraña. El libro de Deuteronomio reitera esos mismos conceptos que le fueron repetidos a Israel antes de cruzar el Jordán y poseer la tierra prometida (Deut 9:1-29; 11:13-21; 12:3-8; 28:1-68; 30-32). Salomón repitió asimismo esas verdades bíblicas con ocasión de la coronación en el templo durante su reinado (2 Crón 6:12-40; 7:1-15).

No más de un siglo después que Salomón muriera, encontramos a Elías llamando al pueblo a que abandone la adoración a Baal que había sido finalmente la causa de que en la tierra no hubiera rocío ni lluvia, tal como había anunciado Moisés. En respuesta a las acusaciones del rey de que era Elías el causante de los problemas en Israel, el profeta respondió que el culpable era "tú y la casa de tu padre" (1 Reyes 18:18).

Vemos al rey Ezequías en procura de reavivamiento y reforma para Judá, según las advertencias de Levítico y Deuteronomio: "Les dijo [Ezequías]: '¡Oídme, levitas! Santificaos ahora, y santificad la casa de Jehová, el Dios de vuestros padres; sacad del santuario la impureza. Porque nuestros padres se han rebelado y han hecho lo malo ante los ojos de Jehová nuestro Dios; porque le dejaron, apartaron sus rostros del tabernáculo de Jehová y le volvieron las espaldas... Por eso nuestros padres han caído a espada, y nuestros hijos, nuestras hijas y nuestras mujeres fueron llevados cautivos" (2 Crón 29:5-9). Es interesante observar que Ellen White afirma que los líderes del tiempo de Ezequías estaban procurando "pedir perdón por los pecados de la nación"[13].

Tras haber leído el libro de Deuteronomio, el rey Josías reconoció que Judá estaba en grave peligro, "por cuanto nuestros padres no han guardado la palabra de Jehová haciendo conforme a todo lo que está escrito en este libro" (2 Crón 34:1-30). En consecuencia, confesó su pecado y el pecado de sus padres, e hizo cuanto pudo para evitar el castigo pronunciado por Dios en los escritos de Moisés.

Jeremías, quien previó la inminente destrucción de Jerusalem, reconoció que la prostitución o adoración a Baal había provocado el cumplimiento de las maldiciones: "Alza tus ojos a las alturas y ve si hay algún lugar donde no te hayas prostituido. Junto a los caminos te sentabas para ellos como un árabe en el desierto, y con tus fornicaciones y tu maldad has contaminado la tierra. Por esta causa las aguas fueron detenidas y faltó la lluvia tardía. Te has mostrado como una prostituta, y no has querido avergonzarte" (Jer 3:2-3). Esto es lo que buscaba su llamado: "Reconoce pues tu maldad, porque contra Jehová tu Dios te has levantado … porque pecamos contra Jehová, nuestro Dios, nosotros y nuestros padres, desde nuestra juventud y hasta este día, y no hemos escuchado la voz de Jehová nuestro Dios" (3:13 y 25).

Ellen White confirma que Jeremías estaba siguiendo el consejo de Deuteronomio: "Y en adición a estas súplicas admirables [Jer 3:12-14, 19 y 22], el Señor dio a su pueblo errante las palabras mismas con las cuales podían dirigirse a él. Habían de decir: 'He aquí nosotros venimos a ti… porque pecamos contra Jehová nuestro Dios, nosotros y nuestros padres, desde nuestra juventud y hasta este día; y no hemos escuchado la voz de Jehová nuestro Dios'… Jeremías llamó su atención repetidas veces a los consejos dados en Deuteronomio. Más que cualquier otro de los profetas, recalcó las enseñanzas de la ley mosaica y demostró cómo esas enseñanzas podían reportar las más elevadas bendiciones espirituales a la nación y a todo corazón individual"[14]. Cuando llegó finalmente la destrucción, Jeremías se lamentaría así: "Nuestros padres pecaron y han muerto, pero nosotros llevamos su castigo … ¡Ay ahora de nosotros, porque hemos pecado!" (Lam 5:7 y 16).

Daniel reconoció que Judá había sido deportado a Babilonia en cumplimiento de las maldiciones pronunciadas en Deuteronomio. Por consiguiente, oró confesando sus pecados y los pecados de sus padres, y reconoció la justicia del castigo que se les había aplicado: "A causa de nuestros pecados y por la maldad de nuestros padres, Jerusalén y tu pueblo son el oprobio de todos los que nos rodean" (Dan 9:16).

Cuando terminó el cautiverio de los setenta años, Dios dispuso el retorno de los judíos a su tierra. Pero tal cosa no ocurrió hasta que hubo confesión y reconocimiento de los pecados que los habían llevado al exilio: "Zorobabel y sus asociados conocían estas escrituras [Deut 28 y Deut 4] y muchas otras parecidas; en el cautiverio reciente habían tenido evidencia tras evidencia de su cumplimiento. Y ahora, habiéndose arrepentido de los males que habían atraído sobre ellos y sus padres los castigos predichos tan claramente por Moisés; habiendo vuelto con todo su corazón a Dios y renovado su pacto con él, se les había permitido regresar a Judea para que pudieran restaurar lo que había sido destruido"[15].

Cuando Nehemías supo que Jerusalem seguía estando en ruinas, elevó la oración de Levítico y Deuteronomio: "Cuando oí estas palabras me senté y lloré, hice duelo por algunos días, ayuné y oré delante del Dios de los cielos. Y le dije: 'Te ruego, Jehová, Dios de los cielos, fuerte, grande y temible, que guardas el pacto y tienes misericordia de los que te aman y observan tus mandamientos; esté ahora atento tu oído y abiertos tus ojos para oír la oración de tu siervo, que hago ahora delante de ti, día y noche, por los hijos de Israel, tus siervos. Confieso los pecados que los hijos de Israel hemos cometido contra ti; sí, yo y la casa de mi padre hemos pecado. En extremo nos hemos corrompido contra ti y no hemos guardado los mandamientos, estatutos y preceptos que diste a Moisés, tu siervo. Acuérdate ahora de la palabra que diste a Moisés, tu siervo, diciendo: 'Si vosotros pecáis, yo os dispersaré por los pueblos''" (Neh 1:4-8).

Ellen White confirma que Nehemías fue fiel y "confesó sus pecados y los pecados de su pueblo… Véase Deuteronomio 4:29-31. Esta promesa había sido dada a los hijos de Israel por intermedio de Moisés antes que entrasen en Canaán; y había subsistido sin cambio a través de los siglos. El pueblo de Dios se había tornado ahora a él con arrepentimiento y fe, y esta promesa no fallaría"[16]. Nehemías dirigiría llamados similares al arrepentimiento, tal como aparecen en el capítulo 9 del libro que lleva su nombre. También Ellen White confirma una vez más lo implicado en aquellos eventos: "Día tras día, al escuchar las palabras de la ley, el pueblo se había convencido de sus transgresiones y de los pecados que había cometido la nación en generaciones anteriores. Vieron que, por el hecho de que se habían apartado de Dios, él les había retirado su cuidado protector y los hijos de Abrahán habían sido dispersados en tierras extrañas; y resolvieron procurar su misericordia y comprometerse a andar en sus mandamientos… Cuando el pueblo se postró delante de Jehová confesando sus pecados y pidiendo perdón, sus dirigentes le alentaron a creer que Dios, según su promesa, oía sus oraciones. No sólo debían lamentarse y llorar arrepentidos, sino también creer que Dios los perdonaba. Debían demostrar su fe recordando sus misericordias y alabándole por su bondad"[17].

Unos 500 años después entraría en escena Juan el Bautista con su mensaje directo venido del cielo a fin de preparar el camino al Señor: "Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado" (Mat 3:2). "Con el espíritu y poder de Elías, denunciaba la corrupción nacional y reprendía los pecados imperantes". También "proclamaba la venida del Mesías e invitaba al pueblo a arrepentirse"[18]. Pero aunque muchos escucharon su llamado al arrepentimiento y en sus corazones quedó preparado el camino para aceptar al Mesías, Israel -como nación- escogería a Barrabás en lugar de al Mesías.

Nota 16: Es interesante observar que mientras Zacarías, el padre de Juan el Bautista, estaba cumpliendo su turno semanal en el servicio del templo en Jerusalem en el tiempo en que se anunció el nacimiento, era deber del sacerdote oficiante orar "por el perdón de los pecados públicos y nacionales, y por la venida del Mesías"[19]. Es igualmente interesante el hecho de que Zacarías era descendiente de Abías el sacerdote, quien había participado en los servicios bajo el mandato de Nehemías, cuando los habitantes de Jerusalem se congregaron para arrepentirse por sus pecados y por los pecados de sus padres (Lucas 1:5; Nehemías 10:1 y 26; 12:4).

Tras la crucifixión de su propio Mesías, los discípulos dedicaron diez días al ayuno y la oración, arrepintiéndose de sus pecados y de los pecados de su nación, que había traicionado a Jesús. Solamente después de haber atravesado ese proceso tal como el cielo había dispuesto, estuvieron preparados para el derramamiento pentecostal del Espíritu Santo. Su predicación la misma mañana, en la que llamaban al arrepentimiento por los pecados de la nación, trajo tres mil almas a la fe cristiana (Hechos 1 y 2).

Tres años y medio después, Esteban intentó instruir a los líderes de la nación judía acerca de la autenticidad de Cristo como verdadero Mesías, y procurando así evitar la inminente destrucción de Jerusalem. Llamó su atención a los pasados errores de la nación, que la llevaron a crucificar a Cristo. A pesar de la gran paciencia de Dios y del llamado final al arrepentimiento por los pecados de ellos y de su nación, sellaron su tiempo de prueba con la muerte de Esteban. Mediante su terquedad y orgullo nacional, los líderes judíos hicieron recaer sobre sí mismos y sobre su nación toda la sangre justa derramada sobre la tierra, desde Abel hasta Zacarías el profeta, y ahora también del propio Mesías (Hechos 7; Mat 23; 35-36).

Nota 17: Refiriéndose a la destrucción de Jerusalem, Ellen White escribió lo siguiente en relación a los pecados de los padres: "Los hijos no fueron condenados por los pecados de sus padres; pero cuando, conociendo ya plenamente la luz que fuera dada a sus padres, rechazaron la luz adicional que a ellos mismos les fuera concedida, entonces se hicieron participantes de los pecados de los padres y colmaron la medida de su iniquidad"[20].

Nuestro caso

Se dice del ángel de la iglesia de Laodicea del último tiempo, que es "desventurado, miserable, pobre, ciego y… desnudo", mientras que pretende ser "rico", haberse "enriquecido" y no estar en necesidad de nada (Apoc 3:17). El llamado al ángel de Laodicea ha estado resonando por más de 150 años. El Señor ha dejado claro que de ser oído el mensaje, la obra sería abreviada en justicia. Cristo habría podido regresar antes de 1888. Pero no habiendo sucedido tal cosa, en 1888 se envió el remedio divino a la iglesia: el mensaje preciosísimo. Pero cuando muchos de nuestros padres se rebelaron contra el mensaje, añadieron ese pecado a la condición de Laodicea. El rechazo a admitir tal cosa en los años que siguieron, no hizo más que empeorar la situación. Identificar la manifestación del Espíritu Santo con el fanatismo puso fin a lo que había sido el comienzo de la lluvia tardía y el fuerte pregón. Pero el orgullo denominacional ha impedido que admitamos que el comienzo de la lluvia tardía fue efectivamente abortado, y que ha habido una prolongada demora como resultado de nuestros pecados y de los pecados de nuestros padres.

La respuesta al llamado al arrepentimiento que hizo Taylor Bunch fue, por parte de algunos en los puestos de dirección, de defensa. Y esa defensa ha venido creciendo continuamente hasta nuestro día. Cuando veinte años después los pastores Donald K. Short y Robert J. Wieland declararon que era necesario reexaminar 1888 y señalaron el llamado al arrepentimiento que hace el Testigo Fiel y Verdadero, la respuesta oficial se volvió más maliciosa. Han transcurrido setenta y siete años desde que Taylor Bunch presentara su serie de sermones en Battle Creek. Recientemente hemos celebrado 150 años de la existencia de la Iglesia Adventista del Séptimo Día[21]. Hemos celebrado también los 125 años desde el congreso histórico de la Asociación General de 1888, momento en el que Ellen White señaló que se había dado el comienzo del fuerte pregón y el derramamiento del Espíritu Santo como el comienzo del rocío de la lluvia tardía.

Parece que algunos quisieran que la celebración de esos 125 años señalara el momento a partir del cual pusiéramos 1888 por fin a descansar. Otros, dudando seriamente de que hechos como esos debieran ser objeto de celebración, se están preguntando: ¿Dónde está la lluvia tardía? ¿Qué ha causado la prolongada demora? ¡Las promesas de Dios no pueden haber cambiado! Pero si la lluvia tardía ha de volver a nosotros como pueblo, tal como vino a la asamblea de Minneapolis y en los años que siguieron, ¿cómo podría suceder eso sin que reconozcamos los cargos laodicenses que se nos hacen por nuestros pecados y por los pecados de nuestros padres, y reconociendo en ellos la causa de la prolongada demora? ¿Cómo vamos a responder, si no hemos aprendido las lecciones del pasado, o si hemos tergiversado nuestra historia a fin de encontrar un acomodo a la tibieza de nuestras pretensiones denominacionales? ¿Por cuánto tiempo continuaremos hiriendo a Cristo en casa de sus amigos?

Las palabras de Ellen White resuenan hoy con tanta fuerza como cuando las escribió en 1892: "No tenemos nada que temer por el futuro, excepto que olvidemos la forma en que el Señor nos ha conducido, y sus enseñanzas en nuestra historia pasada"[22]. Es la oración de este autor, que el libro que tiene entre sus manos nos ayude a comprender mejor nuestra historia.

Notas:

  1. G. A. Irwin, "The Message for This Time", Review and Herald, 4 julio 1912, 5.
  2. A. G. Daniells, Christ Our Righteousness -Washington, D.C.: Ministerial Assn. of Seventh-day Adventists, 1926-, 5-7.
  3. Ibid., 56, 59 y 62.
  4. Ibid., 47 y 69.
  5. Taylor G. Bunch, Forty Years in the Wilderness: In Type and Antitype -ca. 1928-.
  6. Ver The Advent Review and Sabbath Herald, 21 marzo 1931, 24-25.
  7. Taylor G. Bunch, The Exodus and Advent Movements in Type and Antitype -facsímil publicado privadamente, cir. 1937-, i.
  8. Ibid., 107 y 168.
  9. D. E. Robinson a Taylor G. Bunch, 30 diciembre 1930; en Manuscripts and Memories of Minneapolis 1888, 333-335.
  10. Manuscripts and Memories of Minneapolis 1888, 136-142.
  11. Thirteen Crisis Years: 1888-1901, 331.
  12. Ver A. T. Robinson, "Did the Seventh-day Adventist Denomination Reject the Doctrine of Righteousness by Faith?" 30 enero 1931; C. McReynolds, "Experience While at the General Conference in Minneapolis, Minn. in 1888", n.d., 1931; todo ello en Manuscripts and Memories of Minneapolis 1888, 333-342.
    N. F. Pease, "Justification and Righteousness by Faith in the Seventh-day Adventist Church Before 1900" -tesis doctoral no publicada, 1945; L. H. Christian, The Fruitage of Spiritual Gifts -Washington, D.C.: Review and Herald Pub. Assn., 1947; A. W. Spalding, Captains of the Host -Washington, D.C.: Review and Herald Pub. Assn., 1949.
    General Conference of Seventh-day Adventists, "First General Conference Committee Report", 4 diciembre 1951, en A. L. Hudson, A Warning and its Reception -publicado privadamente, n.d.; General Conference of Seventh-day Adventists, The Story of Our Church -Mountain View, CA: Pacific Press Pub. Assn., 1956; General Conference of Seventh-day Adventists, "Further Appraisal of the Manuscript '1888 Re-Examined'", septiembre 1958, en A. L. Hudson, A Warning and its Reception -publicado privadamente, n.d.
    A. W. Spalding, Origin and History of Seventh-day Adventists -Washington, D.C.: Review and Herald Pub. Assn., 1962); N. F. Pease, By Faith Alone (Mountain View, CA: Pacific Press Pub. Assn., 1962; A. V. Olson, Through Crisis to Victory 1888-1901 -Washington, D.C.: Review and Herald Pub. Assn., 1966; N. F. Pease, The Faith That Saves -Washington, D.C.: Review and Herald Pub. Assn., 1969.
    Leroy E. Froom, Movement of Destiny -Washington, D.C.: Review and Herald Pub. Assn., 1971; Desmond Ford, The Doctrinal Decline of Dr. E. J. Waggoner: Its Relationship to the Omega Apostasy -en Adventist Heritage Center, Andrews University, Berrien Springs, MI, 1970s.
    Bert Haloviak, "Ellen White and A. T. Jones at Ottawa, 1889: Diverging Paths from Minneapolis", -Archives of the General Conference Seventh-day Adventists, Washington, D.C., 1981; A. L. White, Ellen G. White: The Lonely Years -Washington D.C.: Review and Herald Pub. Assn., 1984; George R. Knight, From 1888 to Apostasy: The Case of A. T. Jones -Washington, D.C.: Review and Herald Pub. Assn., 1987; Arthur J. Ferch, Ed., Towards Righteousness by Faith: 1888 in Retrospect -New South Wales: South Pacific Division of Seventh-day Adventists, 1989; George R. Knight, Angry Saints: The Frightening Possibility of Being Adventist Without Being Christian -Washington, D.C.: Review and Herald Pub. Assn., 1989.
    Roy Adams, The Nature of Christ: Help For a Church Divided Over Perfection (Hagerstown, MD: Review and Herald Pub. Assn., 1994); Woodrow W. Whidden, Ellen White on Salvation -Hagerstown, MD: Review and Herald Pub. Assn., 1995; George R. Knight, A User-Friendly Guide to the 1888 Message -Hagerstown, MD: Review and Herald Pub. Assn., 1998.
    George R. Knight, A Search for Identity: The Development of Seventh-day Adventist Beliefs -Hagerstown, MD: Review and Herald Pub. Assn., 2000; Woodrow W. Whidden, E. J. Waggoner: From the Physician of Good News to Agent of Division -Hagerstown, MD: Review and Herald Pub. Assn., 2008).
  13. Ellen G. White, Prophets and Kings, 333 {246}.
  14. Ibid., 410; original sin cursivas {301-302}.
  15. Ibid., 569-570; original sin cursivas {417}.
  16. Ibid., 629-630; original sin cursivas {464}.
  17. Ibid., 665-666; original sin cursivas {490-491}.
  18. Ellen G. White, The Desire of Ages, 104 {80}.
  19. Ibid., 99 {74}.
  20. The Great Controversy, 28 {27}.
  21. Mark A. Kellner and Elizabeth Lechleitner, "Adventist Leaders Hear Fresh Perspectives on Adventist Church History", Adventist World, junio 2013, 6-7.
  22. Ellen G. White to Brethren of the General Conference, Carta 32, 19 diciembre 1892; en "Council Meeting", General Conference Daily Bulletin, 29 enero 1893, 24.