Informe de la Comisión de Primacía del Evangelio

Capítulo 1

Áreas de acuerdo

1. Énfasis en la iniciativa de Dios en la salvación. Estamos de acuerdo en que la salvación es siempre una iniciativa de Dios y que la Iglesia necesita dar este mensaje constantemente al mundo.

2. Énfasis en los méritos salvíficos de Jesús. Estamos de acuerdo en que Dios incondicionalmente hizo provisión para la salvación de todos.

3. Énfasis en la fe al aceptar el don divino de la Salvación. Estamos de acuerdo que por fe creemos, apreciamos, confiamos y recibimos la verdad objetiva de la salvación obrada por Dios. La experiencia de vida eterna empieza cuando los individuos ejercitan su fe en Cristo Jesús.

4. Énfasis en la conexión íntima que existe entre Salvación por la gracia, a través de la fe, con una vida transformada y en la observancia de todos los mandamientos de Dios.Estamos de acuerdo que el nuevo nacimiento se realiza en el preciso momento cuando una persona viene a Jesús y es justificada por la fe, y que en la experiencia del nuevo nacimiento, Dios por medio del Espíritu Santo da a los cristianos un corazón deseoso de vivir bajo la voluntad de Dios a través de su gracia impartida.

5. Énfasis en el Ágape. Estamos de acuerdo en la centralidad del Ágape (amor) en la vida del cristiano y de su papel fundamental en la vida cristiana.

6. Énfasis en la incapacidad de los seres humanos para hacer lo correcto por sí mismos. Estamos de acuerdo en que el ser humano es incapaz de hacer lo bueno por sí mismo o de iniciar su salvación personal.

7. Énfasis en la cercanía de Dios al pecador. Estamos de acuerdo en que las buenas nuevas son que Dios está de parte de los pecadores y no contra ellos, y que él se allega a ellos a través de Cristo Jesús.

8. Énfasis en llevar las personas a Cristo. Estamos de acuerdo en la importancia fundamental que tiene traer personas a Cristo como nuestra respuesta a la comisión evangélica.

9. Énfasis del arrepentimiento en el cuerpo de Cristo.Estamos de acuerdo en que por amor a y en compañerismo con el Cristo crucificado y resucitado, los creyentes cristianos experimentan una profunda identificación con los pecados de los demás, sabiendo que éstos podrían ser sus propios pecados sino fuera por la gracia del Salvador. Esa identificación nos conduce a llamar a los que no se han arrepentido a hacerlo y a una nueva vida en Cristo. También estamos de acuerdo en que cuanto más abarcante sea ese espíritu de identificación en el cuerpo de Cristo, tanto más intensamente será sentido y experimentado el derramamiento del Espíritu de Dios.

10. Rechazo del Universalismo.Estamos de acuerdo en rechazar el Universalismo, definido como la creencia de que todos se salvaran independientemente de su compromiso personal con el Señor.

11. Énfasis en la primacía de la Biblia en la formación del pensamiento cristiano. Estamos de acuerdo en que las enseñanzas de la Biblia representan el centro de cualquier proceso teológico.

12. Énfasis en el "preciosísimo mensaje" presentado por Jones y Waggoner.Estamos de acuerdo en que el estudio de ese preciosísimo mensaje es importante. Ellen White nos ha proporcionado un resumen de los elementos esenciales de ese mensaje en Testimonios para Ministros y Obreros Evangélicos, págs. 91-93:

"En su gran misericordia el Señor envió un preciosísimo mensaje a su pueblo por medio de los pastores Waggoner y Jones. Este mensaje tenía que presentar en forma más destacada ante el mundo al sublime Salvador, el sacrificio por los pecados del mundo entero. Presentaba la justificación por la fe en el Garante; invitaba a la gente a recibir la justicia de Cristo, que se manifiesta en la obediencia a todos los mandamientos de Dios. Muchos habían perdido de vista a Jesús. Necesitaban dirigir sus ojos a su divina persona, a sus méritos, a su amor inalterable por la familia humana. Todo el poder es colocado en sus manos, y él puede dispensar ricos dones a los hombres, impartiendo el inapreciable don de su propia justicia al desvalido agente humano. Este es el mensaje que Dios ordenó que fuera dado al mundo. Es el mensaje del tercer ángel, que ha de ser proclamado en alta voz y acompañado por el abundante derramamiento de su Espíritu.

El exaltado Salvador ha de aparecer en su obra eficaz como el Cordero inmolado, sentado en el trono, para dispensar las inapreciables bendiciones del pacto, los beneficios que pagó con su vida en favor de toda alma que había de creer en él. Juan no pudo expresar ese amor en palabras porque era demasiado profundo, demasiado ancho, e invitó a la familia humana a contemplarlo. Cristo está intercediendo por la Iglesia en los atrios celestiales, abogando en favor de aquellos por quienes pagó el precio de la redención con su propia sangre. Los siglos y las edades nunca podrán aminorar la eficacia de este sacrificio expiatorio. El mensaje del Evangelio de su gracia tenía que ser dado a la Iglesia con contornos claros y distintos, para que el mundo no siguiera afirmando que los adventistas del séptimo día hablan mucho de la ley, pero no predican a Cristo, ni creen en él.

La eficacia de la sangre de Cristo tenía que ser presentada al pueblo con poder renovado, para que su fe pudiera echar mano de los méritos de esa sangre. Así como el sumo sacerdote asperjaba la sangre caliente sobre el propiciatorio, mientras la fragante nube de incienso ascendía delante de Dios, de la misma manera, mientras confesamos nuestros pecados e invocamos la eficacia de la sangre expiatoria de Cristo, nuestras oraciones han de ascender al cielo, con la fragancia de los méritos del carácter de nuestro Salvador. A pesar de nuestra indignidad, siempre hemos de tener en cuenta que hay Uno que puede quitar el pecado y salvar al pecador. Cristo quitará todo pecado reconocido delante de Dios con corazón contrito. Esta fe es la vida de la Iglesia.