Mensajera del Señor

Un Vistazo General por el Autor

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Este libro fue escrito con dos propósitos en mente: (1) proveer a los adventistas del séptimo día una nueva apreciación de la vida y el testimonio de Elena G. de White, y (2) ofrecer material de investigación para cursos de colegios y seminarios sobre el don de profecía, especialmente según se manifestó en la vida y el ministerio de esta inspirada mensajera de Dios.

Algunas personas, careciendo de una clara comprensión de cómo funciona la revelación/inspiración, han permitido que "problemas" y críticas debiliten o destruyan su confianza en el singular ministerio de setenta años de la Sra. White. Con todo, millones de personas alrededor del mundo la consideran una dirigente religiosa inspirada, que marcó época. Han encontrado que su amor por Jesús se ha profundizado al dirigir ella sus mentes hacia la Biblia, su principal fuente de iluminación y gozo. Han descubierto que sus escritos proveen ideas claras, altamente motivadoras y precisas para llevar una vida saludable y disciplinada. Más importante aún, han encontrado en sus escritos percepciones coherentes de la historia bíblica de la salvación.

Así, en adición al doble propósito mencionado antes, este libro está escrito al menos para dos grupos: (1) aquellos que están inmensamente agradecidos por la pluma de Elena de White y desean aprender más acerca de ella, y (2) aquellos que tienen preguntas no resueltas sobre ciertos aspectos de su largo ministerio. Este libro expone abundantes razones para afirmar el aserto de ella de que es la mensajera de Dios; provee amplias evidencias como para satisfacer la mente más inquisitiva.

Certeza, autoridad y confianza

Este libro trata de cómo los jóvenes y los adultos encuentran certidumbre. ¿Hay alguna "autoridad" en algún lugar que pueda hablar con claridad, satisfaciendo la cabeza como también el corazón?

Los adventistas del séptimo día contestan, "¡Sí!; hay una Autoridad". Señalamos a Aquel que nos hizo, y lo llamamos Dios, el Dios que se comunica. Más aún, nos hizo capaces de responderle. Maravilloso pensamiento: ¡fuimos hechos para escuchar a nuestro amigable Hacedor! Y cuando escuchamos, oímos la verdad sobre quiénes somos, por qué existimos, y qué clase de futuro sin fin ha planeado él para nosotros, si seguimos escuchando.

¿Cómo "habla" Dios a los seres humanos? "Muchas veces y de muchas maneras", escribió Pablo en Hebreos 1:1 Por ejemplo:

. A través de sus obras creadas, las que nosotros llamamos "naturaleza".

. A través del Espíritu Santo, que establece contacto con la conciencia de cada persona.

. A través de Jesucristo, quien era Dios mismo.

Pero Dios hizo aun algo más. Sabía que miles de años antes de que Jesús viniese como hombre, los hombres y las mujeres necesitarían oír el lado divino de la historia del gran conflicto entre el bien y el mal.

El sistema de comunicación de Dios

Aun después de que Dios se hizo hombre, no podía estar en todas partes al mismo tiempo. Ni Jesús podía estar físicamente presente en todas partes después de su ascensión. De modo que para transmitir su mensaje, Dios añadió a su sistema de comunicarse a sí mismo un plan orientado muy humanamente: habló "muchas veces y de muchas maneras... por los profetas" (Heb. 1:1).

Este sistema de comunicación "por los profetas" fue bien reconocido a lo largo de los tiempos bíblicos. El pueblo de Dios aprendió por experiencia que les iba [mucho] mejor cuando escuchaban a los profetas: "Creed en Jehová vuestro Dios, y estaréis seguros; creed a sus profetas, y seréis prosperados" (2 Crón. 20:20). Más aún, sabían por experiencia que Dios no les permitiría marchar ciegamente hacia el futuro. "Porque no hará nada Jehová el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos los profetas" (Amós 3:7).

La comunicación divina mediante los profetas no estuvo confinada a los tiempos del Antiguo Testamento. Durante las últimas horas de nuestro Señor en la tierra, él prometió que esta línea de comunicación entre el cielo y la tierra siempre se mantendría abierta, mediante el Espíritu Santo, el Espíritu de verdad, su representante personal. Hoy, lo mismo que en los tiempos del Antiguo Testamento, el Espíritu Santo continúa hablando, no sólo a la conciencia de cada persona, sino mediante los profetas: "Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad" (Juan 14:1617). "Y él mismo constituyó a unos, apóstoles: a otros, profetas" (Efe. 4:11; ver también 1 Cor. 12:28).

¡El Espíritu de verdad es también el Espíritu de profecía! Esto significa que estos hombres y mujeres especialmente seleccionados, "movidos del Espíritu Santo, hablaron (de parte) de Dios" (2 Ped. 1:21, NácarColunga). Se le dijo a la iglesia que esperase que este sistema de comunicación de la verdad funcionaría hasta el regreso de Jesús.

Esta reseña bíblica enseña que Dios nunca quiso que los hombres y las mujeres estuviesen sin una certeza clara respecto al propósito de la vida. Especialmente durante las tensiones sin paralelo de los últimos días, nos aseguró que podíamos conocer la verdad sobre el futuro. Toda vez que los hombres y mujeres escuchan cuidadosamente a los profetas de Dios, "saben" que están escuchando la "verdad". La verdad lleva su propia autoridad porque apela y satisface nuestro anhelo de una certeza objetiva y una certeza subjetiva: el enlace de la cabeza con el corazón.

Este libro ayudará a contestar las siguientes preguntas: ¿Reúne Elena de White las características de un profeta? ¿Sobre qué base puede uno considerarla como autoridad en su papel de mensajera de Dios? Al examinar su ministerio activo de setenta años, ¿qué diferencia produjo su consejo en la determinación del curso y el desarrollo de la iglesia? ¿Cuál fue el efecto de su consejo dado a una serie de individuos? ¿Manifestó ella las características de coherencia y confiabilidad y, onsecuentemente, pasó la prueba de autoridad?

Consideraremos "el peso de la evidencia". Su largo ministerio y el fruto de sus labores constituyen un libro abierto. No se necesita una "evidencia" o un "argumento" artificial para apoyar su aseveración de que es una mensajera de Dios.

El propio principio permanente de Elena de White gobernará el viaje que hagamos juntos: "Los temas que presentamos al mundo deben ser para nosotros una realidad viviente. Es importante que al defender las doctrinas que consideramos como artículos de fe fundamentales, nunca nos permitamos emplear argumentos que no sean completamente plausibles. Los que no lo sean pueden servir pata reducir al silencio a un oponente, pero no hacen honor a la verdad. Debemos presentar argumentos cabales, que no sólo acallen a nuestros oponentes, sino que puedan soportar el examen más detenido y escrutador" (Obreros evangélicos, p. 314).

En el corazón mismo de la gran controversia entre Dios y Satanás, entre el bien y el mal, se encuentra el conflicto sobre la verdad, esto es, ¿quién tiene la razón sobre cómo administrar el universo, Dios o Satanás? La posición de Dios es que la verdad no necesita defensa, simplemente necesita ser vista y demostrada. Satanás, un "mentiroso, y padre de mentira" (Juan 8:44), presenta sus argumentos mediante el engaño.

Polemista ingenioso e insinuador taimado, Satanás apela al corazón egocéntrico para que sea el árbitro final de la "verdad". Una de sus herramientas más efectivas es suscitar dudas, haciendo que la persona vacile y postergue su entrega espiritual a Dios. Por esta razón, la alteración de la verdad en cualquier manera, proyectando sombras injustificadas sobre lo que pudiera no estar totalmente claro, es un acto inmoral. Es parte de un intento cósmico por oscurecer la verdad y contrariar a Dios.

Elena de White no podría ser más clara que cuando exhorta a ser francos y rechazar el temor al separar los hechos de las opiniones. Sabía que la fe está en peligro si uno fija límites a la investigación, temiendo que nuevos descubrimientos podrían inquietar la fe. Pero a menudo hizo claro el hecho de que la fe de uno también corre riesgo cuando se permite que la razón o los sentimientos marquen los límites de la fe. Para ella, la verdad debe honrarse a todo costo.

Cómo está organizado el libro

Este libro se divide en ocho secciones:

I. El Sistema de Comunicación de Dios (caps. 1 al 3).

II. La Verdadera Elena G. de White (caps. 4 al 12).

III. La Mensajera que Escucha (caps. 13 al 16).

IV. La Voz de un Movimiento (caps. 17 al 21).

V. Fomentando Conceptos Inspirados (caps. 22 al 31).

VI. Cómo Escuchar a la Mensajera (caps. 32 al 40).

VIl Cómo Evaluar las Críticas (caps. 41 al 44).

VIII. Continua Relevancia de la Mensajera de Dios (caps. 45 al 47).

Los capítulos 1 al 3 exploran brevemente la enseñanza bíblica sobre cómo Dios ha estado revelando las "buenas nuevas" (el Evangelio) de salvación a los habitantes de este mundo. Las "buenas nuevas" son la verdad acerca de Dios y de su manera de administrar el universo: un cuadro que contrasta agudamente con las mentiras y calumnias de Satanás. Dios es revelado mediante Jesucristo, el Revelador. El Espíritu Santo, mediante el "don de profecía", transmite la verdad como es revelada en Jesús.

Los capítulos 4 al 12 se concentrarán primeramente en las experiencias de la infancia y la adolescencia de Elena Harmon. Luego en su papel como la Sra. Elena G. de White --esposa, madre, vecina, ganadora de almas y personalidad pública--, examinando su vida en base a sus propios escritos como también considerando el punto de vista de aquellos que mejor la conocieron. Debido a que el pensamiento de uno al igual que el temperamento se determinan en gran medida por las influencias sociales, económicas y filosóficas de la época, notaremos brevemente las circunstancias prevalecientes entonces en el noreste de los Estados Unidos, y luego los factores nacionales que muy probablemente la afectaron mientras desarrollaba su asignación divina. También se estudiará su fascinante fusión de mujer victoriana y vigorosa pionera americana.

Los capítulos 13 al 16 observarán cómo el don profético funcionó en el ministerio de Elena de White. El trasfondo histórico de las décadas de 1840 y 1850 nos ayudará a comprender el clima desfavorable que existía para cualquiera que pretendiese tener visiones. No obstante, el fenómeno de las visiones de Elena de White proporcionó claridad y certeza a aquellos que querían una explicación bíblica de la experiencia de 1844.

Estudiaremos a Elena de White como una escritora y oradora,

• notando su desarrollo en materia de estilo y contenido mientras ella respondía a las circunstancias cambiantes y a una iluminación intensificada durante su ministerio de setenta años;

• indagando cómo ella empleó materiales de investigación --al igual que cualquier escritor lo haría y lo hace--, para ampliar y hacer más especifico el mensaje central que se le había comisionado que comunicase;

• notando la impresionante recepción que no adventistas le daban a sus palabras habladas y escritas.

• recordando su insólita habilidad de oratoria, a menudo sobrellevando circunstancias físicas que abrumarían a sus contemporáneos, o aun a cualquier persona hoy.

Los capítulos 17 al 21 explorarán la relación extraordinaria entre Elena de White y la iglesia con la cual llegó a estar tan íntimamente involucrada durante setenta años. Ninguna otra persona ha afectado tan directamente el crecimiento y la configuración de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, teológica e institucionalmente. Ella tuvo mucho que ver con la planificación estratégica de la iglesia. Su consejo era buscado desde Australia a Europa y a través de los Estados Unidos respecto al establecimiento de escuelas, instituciones de salud y casas publicadoras. Sus escritos llegaron a ser fanales de luz para ser ávidamente estudiados en generaciones posteriores.

Los capítulos 22 al 31 examinarán el papel de Elena de White como una formadora de conceptos. Tenía una habilidad única para sintetizar el claro mensaje profético con la experiencia humana y las ideas de otros. En base a esta síntesis desarrolló un cuerpo de pensamiento claramente integrado y coherente, con un fundamento bíblico fírme y sólido. Esta integración unificó su vasta contribución a principios prácticos de educación, evangelismo, organización y salud, por los cuales los adventistas del séptimo día han llegado a ser bien conocidos.

El tema del Gran Conflicto

Notaremos cómo ella usó ciertos principios de investigación mientras procesaba y transmitía la verdad. Su introducción a El conflicto de los siglos es instructiva: "Los grandes acontecimientos que marcaron los pasos de reforma que se dieron en siglos pasados, son hechos históricos harto conocidos y universalmente aceptados, que nadie puede ne gar. Esa historia la he presentado brevemente, de acuerdo con el fin y objeto de este libro y con la concisión que necesariamente debe observarse, condensando los hechos en forma compatible con una clara inteligencia de las enseñanzas consiguientes.

"En algunos casos cuando he encontrado que un historiador había reunido los hechos y presentado en pocas líneas un claro conjunto del asunto, o agrupado los detalles en forma conveniente, he reproducido sus palabras, no tanto para citar a esos escritores como autoridades, sino porque sus palabras resumían adecuadamente el asunto. Y al referir los casos y puntos de vista de quienes siguen adelante con la obra de reforma en nuestro tiempo, me he valido en forma similar de las obras que han publicado" (p. 14).

El principio organizador que reunió este material como un imán en su síntesis es el tema del Gran Conflicto. Viendo la Biblia como un todo y la relación de sus partes, Elena de White iluminó claramente los asuntos básicos referentes al carácter de Dios, la naturaleza del hombre, el surgimiento del pecado, y cómo Dios planea en última instancia tratar con este planeta rebelde.

La comprensión de Elena de White del tema del Gran Conflicto proveyó notable estabilidad y armonía durante el tiempo cuando la Iglesia Adventista desarrollaba su teología y estructura denominacional. Estableció el pensamiento central para ella para proveer aliento personal y corrección teológica en esas encrucijadas donde otros cuerpos religiosos generalmente se han fragmentado.

Bajo la sección 6, "Cómo Escuchar a la Mensajera", los capítulos 32 al 38 destacan cómo los hombres y mujeres debieran "oír" el mensaje de Elena de White. Cualquier estudio de documentos escritos, ya sean sonetos de Shakespeare o la Santa Escritura, implica una "hermenéutica", esto es, usar principios de interpretación que ayudarán al lector en la comprensión del autor. Examinaremos reglas de interpretación que nos ayudarán a determinar qué significó Elena de White para aquellos que la oyeron, y qué significan esos mismos escritos en tiempos modernos. Por ejemplo, una regla es considerar el tiempo, el lugar y las circunstancias cuando aplicamos sus consejos hoy. Los principios permanecen, pero su aplicación puede ser diferente al seguir esta regla hermenéutica.

Fundamental para comprender a Elena de White es nuestra necesidad mayor de comprender cómo Dios da sus mensajes a su pueblo mediante sus mensajeros. En años pasados, aquellos que habían creído que las palabras mismas son inspiradas, se han visto grandemente turbados por aparentes "errores" y "contradicciones" bíblicos. Esta misma confusión entre inspiración mecánica o dictado (cada palabra es precisamente como Dios la habló al profeta) e inspiración de pensamiento (Dios inspiró a los profetas, no sus palabras) ha turbado a muchos cuando leen los escritos de Elena de White. Notaremos cómo esta comprensión errónea del proceso de la revelación/inspiración ha creado dudas y críticas injustificadas contra Elena de White.

Un asunto igualmente importante es la relación entre los escritos de Elena de White y la Biblia. Procuraremos comprender términos tales como "niveles de inspiración", "revelación progresiva", "autoridad canónica" y "luz menor, luz mayor".

Los capítulos 39 y 40 considerarán cómo Elena de White escribió sus libros. Notaremos cómo se relacionó con sus ayudantes editoriales, y el papel de ellos en la producción de El camino a Cristo, El Deseado de todas las gentes y El conflicto de los siglos.

En los capítulos 41 al 43 evaluaremos las críticas de las que fue objeto Elena de White. Inevitablemente, los profetas serán criticados por sus contemporáneos, primariamente porque están muy a la vanguardia en la controversia de Dios con el mal. Ningún profeta bíblico tuvo una vida fácil al cumplir la tarea que se le había asignado. Este triste hecho ha conducido a la observación de que una generación mata a sus profetas, sólo para que la próxima levante monumentos en su honor.

Algunas críticas encuentran su fuente en la reacción perenne de aquellos que objetan la verdad que va en contra de su inclinación personal o del orgullo de su propia opinión. Ejemplos de tal rechazo se encuentran en las críticas sufridas por Jesús, Jeremías, Pablo y Elena de White.

Estos capítulos no intentan contestar cada alegato o crítica que ha sido dirigido contra Elena de White, pero notaremos varios tipos generales. Después de evaluar esas críticas, el lector será capaz de diferenciar entre el aspecto humano del recipiente terrenal y la autoridad del mensaje llevado por el recipiente (ver 2 Cor. 4:7).

El capítulo 44 estudia el problema de la "puerta cerrada", una fuente mayor de contención durante más de un siglo.

Cómo se evalúa a Elena de White

En la sección final, "Continua Relevancia de la Mensajera de Dios", plantearemos las siguientes preguntas: ¿Es Elena de White considerada como una mensajera que lleva el mensaje de Dios en los tiempos modernos? Su ministerio de setenta años, ¿establece sus credenciales como una mensajera divina? Notaremos cómo realizó ella su obra, tanto privada como públicamente, y consideraremos la relación virtualmente inseparable entre su ministerio y el desarrollo de la Iglesia Adventista del Séptimo Día.

Los adventistas generalmente han creído que Elena de White fue una mensajera de Dios. ¿Por qué los adventistas de sus días llegaron a esa conclusión, y por qué los adventistas desde su muerte han arribado a lo mismo?

En nuestras páginas finales preguntaremos: ¿Cuán relevante es Elena de White hoy en día? Ella murió en 1915. ¿Puede hablar en una forma significativa a una villa global transistorizada, en la que la información por el Internet va instantáneamente a operadores de computadoras en todo el planeta; donde la ciencia siempre parece tener una solución más, en el momento oportuno, para las necesidades del mundo? Aunque las circunstancias han cambiado drásticamente, y el mundo sociopolítico es marcadamente diferente, notaremos que los escritos de Elena de White hablan categóricamente a nuestros días y son crecientemente relevantes en este tiempo del fin.