"Cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí" (Juan 15:26).
El Evangelio no es acerca de Jesús; el Evangelio es Jesús y lo que él enseñó. Las enseñanzas acerca de Jesús proveen el armazón para proclamar las "buenas nuevas", pero Jesús mismo constituye las "buenas nuevas". Jesús y sus enseñanzas no son el preludio del Evangelio, ¡ellos son el Evangelio! 1
Las "buenas nuevas" son de que en la maravillosa mente de Dios, uno de los miembros de la Deidad eligió venir a este planeta rebelde con sus manos extendidas, invitando a los hombres y mujeres de todas partes a regresar a la familia de Dios. Las "buenas nuevas" son que el Dios-que-llegó-a ser-hombre se "dio" a la familia humana para siempre, limitado eternamente por el tiempo y el espacio. ¿Con qué propósito? ¡Para mostramos cómo es Dios! (Juan 14:7).
Tal como lo veremos, al Revelador lo llamamos "Jesús"; al Revelado lo llamamos "Dios"; y la Persona mediante la cual la Deidad escogió "revelar" al Revelador a la raza humana es el Espíritu Santo.
Jesús hizo esto claro unas pocas horas antes de Getsemaní: "Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, que estará con vosotros para siempre. El es el Espíritu, que revela la verdad acerca de Dios" (Juan 14:16-17, TEV). Y más adelante: "El Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho" (Juan 14:26).
Y para asegurarse de que el punto era claro, añadió: "Cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí" (Juan 15:26).
Jesús dijo más adelante: "Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. El me glorificará; porque tomará de lo mió, y os lo hará saber. Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber" (Juan 16:13-15).
El Espíritu Santo es la contraparte de nuestro Señor. ¡ El Espíritu dirá y hará exactamente lo que Jesús diría y haría si estuviese presente hoy!
¿Cómo funciona todo esto? El Espíritu Santo le da a cada cristiano algún don especial: "Los dones son variados, pero el Espíritu es el mismo... La manifestación particular del Espíritu se le da a cada uno para el bien común" (1 Cor. 12:4, 7, Nueva Biblia Española).
El don de profecía
Uno de esos dones especiales es el don de "profecía" (1 Cor. 12:10; Efe. 4:11). Mediante el don de profecía el Espíritu Santo se vincula con ciertos hombres y mujeres, quienes luego comunican a otros la verdad acerca de Jesús. Esta es la descripción de trabajo del Espíritu: "hablar acerca" de Jesús mediante hombres y mujeres ungidos con este don llamados "profetas". Conocer a Jesús y qué puede él decimos acerca de Dios, es la información más esencial que necesita la familia humana, porque conocer "a Jesucristo... es la vida eterna" (Juan 17:3).
En el libro de Apocalipsis, el profeta Juan escribió sobre cómo este don estaba obrando en su propia vida: "La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar... a su siervo Juan, que ha dado testimonio de la palabra de Dios, y del testimonio de Jesucristo" (Apoc. 1:1-2).
Aquí vemos en acción el sistema divino de comunicación: El Revelador obrando mediante el Espíritu para revelar la verdad acerca de Dios a través de su profeta. En el capítulo 19 de dicho libro, el ángel que visitó a Juan le recordó que "el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía" (vers. 10).
El propósito del don de profecía es contar la historia de Jesús. El Agente motivador que inspira al profeta humano a contar la verdad sobre Jesús es el Espíritu Santo. En la taquigrafía bíblica, el espíritu de profecía es el "testimonio de Jesús".
Pedro comprendió el sistema divino de comunicación: "Ustedes no lo vieron [a Jesucristo], pero lo aman; ahora, creyendo en él sin verlo, sienten un gozo indecible, radiantes de alegría, porque obtienen el resultado de su fe, la salvación personal. Por esta salvación empezaron a interesarse y a investigar ciertos profetas que habían predicho la gracia destinada a ustedes. El Espíritu de Cristo que estaba en ellos les declaraba por anticipado los sufrimientos por Cristo y los triunfos que seguirían. Indagaban ellos queriendo saber para cuándo y para qué circunstancia lo indicaba, y se les reveló que aquel ministerio profético no miraba a ellos, sino a ustedes. Ahora, por medio de los que les trajeron la buena noticia [Evangelio], se lo ha comunicado el Espíritu Santo enviado del cielo. Los ángeles se asoman deseosos de verlo" (1 Ped. 1:8-12, Nueva Biblia Española).
Los genuinos profetas no están motivados por un capricho personal o por el afán de recibir una recompensa sino por el directo impulso del Espíritu de Cristo, el "Espíritu Santo enviado del cielo". En un sentido, el "espíritu de profecía" es el Espíritu de Cristo a través de su divino Ayudante, el Espíritu Santo, dado a conocer a los hombres y las mujeres mediante el profeta humano. En otro sentido, "el espíritu de profecía" es también el testimonio acerca de Cristo, el principal propósito del don de profecía.
Desde que Jesús regresó al cielo, esta fórmula simple y de dos filos es una de las pruebas más claras y seguras en cuanto a la genuinidad del reclamo de un "profeta". ¿Dice él o ella la verdad acerca de Jesús? ¿Lo hace en el espíritu de Jesús?
¿Por qué el nombre mismo de Jesús, a través de los años, ha suavizado la voz y calmado el corazón de gente de todos los continentes? Porque las personas recuerdan cómo han recobrado el valor y reavivado la esperanza, y cómo recibieron una nueva oleada de fuerza para asumir de nuevo los desafíos de la vida, y tienen presente de cuánto valor son para Jesús, quien dijo mediante el espíritu de profecía: "No temas, porque yo estoy contigo" (Isa. 41:10); "No te desampararé, ni te dejaré" (Heb. 13:5). Han aprendido por experiencia qué quiso decir él cuando declaró: "No los voy a dejar abandonados; volveré para estar con ustedes" (Juan 14:18, Versión Dios Habla Hoy).
Diciendo la verdad sobre Dios
¿Por qué tal confianza en un Hombre llamado Jesús que vivió durante sólo treinta y tres años en la antigua Palestina? Porque los hombres y las mujeres llegaron a conocerlo como su Creador que se hizo hombre. ¿Por qué? Porque él era el único en el universo que en forma convincente podía decir la verdad sobre Dios, el que había sido extremadamente mal representado por el gran rebelde y por muchos de los más grandes pensadores del mundo. Dios no era severo, arbitrario, implacable, como había sido retratado. Cuandoles pidió a los seres humanos una lealtad voluntaria, asimismo les mostró que él también, por naturaleza, era abnegado, y que el amor significa hacer por otros lo que ellos no pueden hacer por sí mismos, o lo que ni siquiera merecen.
¿Cómo fue revelado esto? Pablo contempló la magnífica revelación de Cristo como un "vaciamiento" de sus prerrogativas divinas cuando ingresó en la familia humana (Fil. 2). No lo hizo repentinamente, como un príncipe valiente que esgrime la espada de la justicia, sino lentamente en el seno de una mujer. No para ser honrado como un huésped especial, sino para ser mal comprendido y difamado debido a su integridad inequívoca y a su entrega absoluta a su misión.
¿Cómo puede explicarse que la única esperanza de la tierra llegó a ser el blanco del abuso vergonzoso de este planeta? "Vino a los suyos, pero los suyos no le recibieron" (Juan 1:11, Nácar-Colunga). Los cristianos no sólo están pasmados por esta monstruosa ingratitud, sino que se sienten extrañamente embargados de tristeza y decididos a que él encontrará una sincera acogida en sus vidas. Los cristianos están asombrados ante la condescendencia del Dios-Hombre, y este asombro se convierte en parte de una razón diaria para honrarlo en todo lo que hagan.
Tanto Sacrificio como Sumo Sacerdote
Cuando ellos contemplan a Jesús, lo ven al mismo tiempo como el Sacrificio y el Sumo Sacerdote. 2 En el Calvario, él hizo algo para destruir la "paga del pecado" que cambió para siempre nuestra relación con Dios: ¡él murió! ¡Jesús es la única Persona que alguna vez realmente ha muerto! Todos los demás seres humanos que han fallecido están ahora durmiendo, 3 excepto aquellos pocos que han sido resucitados o trasladados al cielo y que ahora están allí. 4 Solamente Jesús ha gustado la "muerte", de modo que todos los que lo convierten en el Señor de sus vidas jamás tendrán que "morir". "Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro" (Rom. 6:23). ¡Qué dádiva! ¡Mediante él nos escapamos de lo que merecemos!
¡Pero aún hay algo más! El vive ahora como nuestro Sumo Sacerdote. ¿Qué significa esto? El se yergue ante los seres celestiales y los mundos no caídos como un Hombre cuya alegre obediencia probó que Dios no había sido injusto al pedir de sus seres creados un acatamiento voluntario. ¡Satanás estaba equivocado! Y ellos vieron a este heroico Vencedor que pasó por la angustia inexpresable de ser "abandonado por Dios" en el Calvario, probando que Dios mismo se interesaba por su creación, que él era abnegado y la esencia del amor genuino. Todo el universo (más allá de los confines de la tierra) ve a Jesús de pie en el lugar santísimo del cielo como la respuesta de Dios a las mentiras de Satanás en cuanto a la Divinidad.
¿Qué vemos nosotros cuando pensamos en Jesús como nuestro Sumo Sacerdote? Lo vemos como el Mediador entre Dios y la humanidad pecadora. Lo vemos como nuestro Abogado que unifica la justicia y la misericordia, interceptando todas las acusaciones contra Dios y los creyentes (1 Juan 2:1). El es nuestro Intercesor, no sólo representándonos ante el Padre sino también intercediendo entre nosotros y el maligno (Heb. 4:16). 5
El apóstol Pablo lo expresó de esta manera: "Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión. Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro" (Heb. 4:14-16).
Toda persona necesita cada día esta clase de intercesión: la paz del perdón y el poder de la gracia intercesora. La presencia poderosa de Cristo, mediante el Espíritu Santo y los ángeles, llega a cada persona consagrada a él. Jesús se abre paso a través del poder con que Satanás ha mantenido cautiva a cada persona. Llega a las vías de su sistema nervioso. Fortalece la fuerza de voluntad del creyente. Está siempre listo para ayudar a los seres humanos a resistir el pecado, tanto los que vienen de adentro como los que proceden de afuera. Jesús simplemente comparte con nosotros el sistema de defensa por el cual él venció la tentación (Apoc. 3:21).
Demasiado a menudo, después de contemplar la condescendencia de Cristo como un Hombre acosado y finalmente crucificado, los creyentes consideran que su "dádiva" a la tierra ha terminado. Pero Dios no dio "a su Hijo unigénito" (Juan 3:16) sobre la base de un préstamo y arriendo temporario. El Creador de centenares de billones de ínsulas de galaxias, que caminó entre las estrellas e hizo girar universos en su órbita, se aprisionó dentro de su propia creación, ¡ no por apenas nueve meses, ni sólo por treinta y tres años, sino para siempre!
Esta clase de amor despierta amor. Y un reconocimiento que brota del corazón. Y una enorme consagración a este gran Amante, por encima de las más seductoras atracciones de este mundo.
Antes de que el profeta pueda decir la verdad acerca de Dios, como es conocida mediante Jesús, el profeta debe conocer a Jesús personalmente. La charla teológica es barata; la experiencia personal viene con un precio.
La devoción de Elena G. de White a Jesús
Elena de White respondió de todo corazón a este amor, e hizo de esto un tema sobresaliente en sus escritos. Doquiera uno se detiene en sus voluminosos libros y cartas a la familia, los amigos y los colaboradores, uno ve evidencias de su profundo amor por el Salvador. Muchos de aquellos cuyo primer contacto con los adventistas fue a través de los escritos de Elena de White han expresado asombro ante su clara conciencia y su profundo aprecio hacia las dimensiones del "Don" de nuestro Dios a este planeta rebelde.
Sus percepciones espirituales comenzaron temprano. En sus primeros años de la adolescencia, afectada profundamente por la predicación de Guillermo Miller, ella anhelaba una experiencia espiritual más profunda: "Mientras oraba, me abandonaron la carga y la agonía que durante tanto tiempo me habían oprimido, y la bendición de Dios descendió sobre mí como suave rocío. Di gloria a Dios por lo que sentía, pero deseaba más. Sólo la plenitud de Dios podía satisfacerme. Llenaba mi alma con un amor inefable hacia el Señor Jesús". 6
Sobre todas las cosas, Elena de White fueuna persona espiritual, llena de aprecio por su Salvador y Señor. Este sentido personal de la presencia de Dios la puso en contacto directo con Dios, permitiéndole a la Divinidad revelar mucho más de sí y de sus planes para este mundo. Su experiencia personal al responder al simple Evangelio precedió a la teología; Jesús fue la médula y el centro de todo su pensamiento teológico.
He aquí un ejemplo de cómo en ella el tema de exaltar a Jesús lo domina todo: "Será beneficioso contemplar la divina condescendencia, el sacrificio, la abnegación, la humillación, la resistencia que el Hijo de Dios encontró al hacer su trabajo por los hombres caídos. Al contemplar sus sufrimientos, bien podríamos adelantamos y exclamar: ¡Asom-brosa condescendencia! Los ángeles se maravillan, mientas con intenso interés observan al Hijo de Dios descendiendo paso a paso por el sendero de la humillación. Es el misterio de la piedad. Es la gloria de Dios encubrirse a sí mismo y sus caminos, no manteniendo a los hombres en ignorancia de la luz y el conocimiento celestiales, sino sobrepujando la más elevada capacidad de los hombres de conocer. La humanidad puede comprender en parte, pero eso es todo lo que el hombre puede llevar. El amor de Cristo sobrepasa el conocimiento. El misterio de la redención continuará siendo el misterio, la ciencia inagotable y el canto perdurable por la eternidad Bien puede la humanidad exclamar: ¿Quién puede conocer a Dios? Podríamos, como hizo Elias, envolvemos en nuestro manto y prestar atención a la suave y pequeña voz de Dios". 7
Elena de White caminó con Jesús en los tiempos buenos y en los malos. Escribiendo a su hijo William y a su joven esposa, Mary, habló del compañerismo que tuvo con su esposo Jaime y de su viaje juntos por la vida: "Estamos tratando de seguir humildemente en las huellas de nuestro querido Salvador. Necesitamos su Espíritu y su gracia a cada hora, o si no cometeremos errores crasos y peijudicaremos [a otros]". 8
Unas pocas semanas más tarde, durante un viaje muy penoso en un carruaje cubierto, desde Texas hasta Kansas, le escribió nuevamente a Mary: "Estoy agotada y me siento como si tuviese 100 años de edad... Mi ambición ha desaparecido; mi fuerza se ha acabado, pero esto no durará... Espero que por la luz animadora del rostro de mi Salvador, tendré la capacidad de rehacerme". 9
Contemplando la Navidad en 1880, ahora con 53 años, le escribió a una amiga: "La Navidad será dedicada a buscar a Jesús para que sea un huésped bienvenido en mi corazón. Su presencia alejará todas las sombras". 10
Elena de White escribió centenares de artículos tanto para la Review and Herald como para Signs of the Times. Casi cada artículo contenía alguna referencia a su Señor, quien había llegado a ser no sólo su fortaleza sino el gozo de su vida. A los 69 años, escribió: "Me encanta hablar de Jesús y de su incomparable amor... Sé que él es capaz de salvar a lo sumo a todos los que acuden a él. Su precioso amor es una realidad para mí, y las dudas expresadas por aquellos que no conocen al Señor Jesucristo, no tienen efecto sobre mí... ¿Cree usted que Jesús es su Salvador, y que él ha manifestado su amor por usted dando su preciosa vida para su salvación? Aférrese a Jesús como su Salvador personal. Acuda a él tal como usted está; entréguese a él; acójase a su promesa por la fe viviente, y él será para usted todo lo que usted desea". 11
Elena de White consideraba a Jesús como su Salvador y su mejor Amigo. 12Pero más que eso, él era su Señor. En Europa se le dijo que la gente seria más receptiva al mensaje adventista, "si nos explayamos en el amor de Jesús". Advirtieron que había "peligro de perder nuestras congregaciones si nos extendemos en las cuestiones más estrictas del deber y la ley de Dios".
Habiendo oído antes ese tipo de plática, escribió así en sus notas de viaje: "Hay una experiencia espúria que prevalece por todas partes. Muchos están diciendo continuamente, 'Todo lo que tenemos que hacer es creer en Cristo'. Aseveran que la fe es todo lo que necesitamos. En su sentido más pleno, esto es cierto; pero ellos no lo toman en el sentido más pleno. Creer en Jesús es considerarlo como nuestro Redentor y nuestro Modelo. Si moramos en él y él mora en nosotros, somos participantes de su naturaleza divina y hacedores de su palabra. El amor de Jesús en el corazón nos conducirá a la obediencia de todos sus mandamientos. Pero el amor que no va más allá de las palabras, es un engaño; no salvará a ningún alma. Muchos rechazan las verdades de la Biblia, a la par que profesan gran amor por Jesús; pero el apóstol Juan declara: 'El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él'. Mientras Jesús ha hecho todo en lo que respecta a méritos, nosotros tenemos algo que hacer en lo que respecta a cumplir con las condiciones".13
El tema del Gran Conflicto
En su instrucción teológica, la comprensión de Elena de White del tema predominante de la Biblia, el del Gran Conflicto, 14 iluminó la razón por la que Jesús se hizo hombre. Esta comprensión fundamental permeó todos sus escritos. Por ejemplo: "A fin de crecer en la gracia y en el conocimiento de Cristo, es esencial que meditéis mucho en los grandes temas de la redención. Debierais preguntaros por qué Cristo ha asumido la humanidad, por qué sufrió en la cruz, por qué llevó los pecados de los hombres, por qué fue hecho pecado y justicia para nosotros. Debierais estudiar para saber por qué ascendió al cielo en la naturaleza del hombre, y cuál es su trabajo para nosotros hoy... Pensamos que estamos familiarizados con el carácter de Cristo, y no comprendemos cuánto debe ganarse mediante el estudio de nuestro glorioso Modelo. Damos por sentado que sabemos todo sobre él, y sin embargo no comprendemos su carácter o misión". 15
"Escuchar' a Elena de White es como oír El Mesías de Händel, página tras página. "El Espíritu de Cristo" satura su ministerio. Consistencia, claridad y coherencia distinguen su devoción hacia su mejor Amigo. Más que todo lo demás, pareciera que Elena de White ayuda a satisfacer nuestra ansia humana de la gracia de Dios. En cartas personales, en artículos para revistas, y hablando a grandes auditorios, sus mensajes orientados hacia el tema de la gracia ensancharon el abrazo divino de gracia a los corazones necesitados y fatigados. Para aquellos que escuchan, Elena de White posee la marca más segura del "espíritu de profecía": ella testificó de Jesús.
Preguntas de estudio
1. ¿Por qué es un error distinguir entre Jesús y el Evangelio?
2. Si el Espíritu Santo es la Persona que "revela" los mensajes de Dios a los profetas, ¿por qué se habla de Jesús como el Revelador?
3. ¿Cuál es el propósito primario del "don de profecía"?
4. ¿Qué textos del Nuevo Testamento enseñan que Dios continúa hablando en los tiempos postapostólicos?
5. ¿Qué doble papel desempeña Cristo como nuestro Sumo Sacerdote?
6. Seleccione un capítulo ya sea de El camino a Cristo o de El Deseado de todas las gentes, y haga una lista de algunas cosas que le dice a usted en cuanto a Jesús.