Mensajera del Señor

Capítulo 7

Características Personales

"Confía en Jehová, y haz el bien; y habitarás en la tierra, y te apacentarás de la verdad. Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón" (Sal. 37-3-4).

En base a su propia experiencia y a sus visiones, Elena de White destacó primariamente durante su vida el objetivo de obtener y representar un cuadro exacto del carácter de Dios. Ella vio correctamente que las grandes divisiones religiosas a lo largo del tiempo y especialmente dentro del cristianismo procedían de una comprensión inadecuada de Dios.

Sensibilidad espiritual

En su adolescencia y juventud, Elena fue víctima de los errores prevalecientes que permeaban varias iglesias dentro del protestantismo. Por ejemplo, la comprensión errónea del carácter de Dios --y consecuentemente del plan de salvación--estaba a la raíz de su confusión de adolescente "respecto de la justificación y la santificación". 1

Además, como a ella se le había enseñado que la soberanía y la justicia de Dios eran temas centrales del cristianismo, tenía poca paz espiritual y un desconocimiento casi total de un Dios amante. 2

La doctrina del castigo eterno, un aspecto central del pensamiento calvinista que se concentraba en la soberanía de Dios a expensas de la responsabilidad humana, le causó una profunda angustia a la joven Elena, como lo hace con cualquiera que se pregunte en cuanto a un Dios que castigaría a los pecadores para siempre. 3

Una teología claramente enfocada. Cuando la luz divina le ayudó a Elena a leer la Biblia sin ser impulsada por los conceptos erróneos prevalecientes que dominaban las iglesias contemporáneas, la verdad acerca de Dios llegó a ser cada vez más clara. Sus escritos pronto se concentraron en la pregunta clave referente al gran conflicto entre Dios y Satanás: ¿Cómo es realmente Dios? 4 ¿En quién se puede confiar, en Dios o en Satanás?

Un cuadro claro del carácter de Dios. Junto con una teología bien enfocada que captó el tema principal de la Biblia vino un cuadro fresco y cautivante de Dios que la condujo a una relación profunda y dinámica con su Señor amante y bondadoso. 5

En ocasión del tercer Concilio Misionero Europeo en Basilea, Suiza, el 22 de septiembre de 1885, ella presentó una de sus charlas características para obreros: "Me siento muy agradecida esta mañana que podemos encomendar el cuidado de nuestras almas a Dios como a un fiel Creador. A veces el enemigo me importuna cruelmente con sus tentaciones y oscuridad cuando estoy por hablar a la gente. Tengo tal sensación de debilidad que me parece imposible pararme ante la congregación. Pero si yo me rindiera ante esos sentimientos y dijera que no podría hablar, el enemigo ganaría la victoria. No me atrevo a hacer esto. Prosigo adelante con firmeza, tomo mi lugar en el pulpito y digo: 'Jesús, te entrego mi alma indefensa; tú no permitirás que la confusión me domine'; y el Señor me da la victoria... ¡Oh, si yo pudiera impresionar a todos con la importancia de ejercer fe momento tras momento y hora tras hora!... Si creemos en Dios, estamos armados con la justicia de Cristo; nos hemos aferrado a su fortaleza... Queremos hablar con nuestro Salvador como si él estuviera precisamente a nuestro lado". 6

• Temas de gran trascendencia como la justificación por la fe, la importancia del ejercicio sereno y calmo de la razón en la respuesta del cristiano al Evangelio, y la responsabilidad de que haya "gente preparada" para completar la comisión evangélica en los últimos días fueron claramente definidos por escrito y experimentados en la necesidad que ella tenía diariamente de perdón y poder. 7

Confianza cuando el futuro era incierto. Elena de White fue un ejemplo de alguien que confiaba en Dios aun cuando las circunstancias externas parecían adversas. Un pasaje suyo en una carta a Jaime, su esposo, escrita desde Washington, Iowa, el 2 de julio de 1874, es representativo de lo que aparece en centenares de cartas y en sus muchos libros: "Se nos permite caminar por vista tanto como podamos, pero cuando ya no podemos ver claramente el camino, necesitamos entonces colocar nuestra mano en la de nuestro Padre celestial y permitir que él nos conduzca. Hay emergencias en la vida de todos en las que no podemos ni ser guiados por nuestra vista ni confiar en la memoria o en la experiencia. Todo lo que podemos hacer es simplemente confiar y esperar. Honraremos a Dios confiando en él porque él es nuestro Padre celestial". 8

El amor, su principio motivador. La clara comprensión que Elena de White tuvo del amor la diferenció de la mayoría de otros escritores religiosos, anteriores o posteriores a su tiempo. El amor (agápe) como un principio, no un sentimiento mezclado con la esperanza de recibir una recompensa o un favor, impregnó sus escritos. Por ejemplo: "El amor es un principio activo; nos recuerda continuamente lo bueno de los demás, refrenándonos de acciones desconsideradas para que no fallemos en nuestro objetivo de ganar almas para Cristo. El amor no busca lo suyo. No impulsará a los hombres a buscar su propia comodidad y a halagar el yo. Es el respeto que le rendimos al yo lo que tan a menudo impide el crecimiento del amor". 9

Religión práctica (teología aplicada). La religión práctica era otro tema que lo saturaba todo en los sermones y escritos de Elena de White. Para ella, la religión era más que una fuente de sentimientos. Si la religión no motiva a una persona a acercarse a otros a fin de ayudarles, sin esperar que se recibirá ganancia, es inútil. Si la religión no cambia a una persona de modo que él o ella lleve el "fruto del Espíritu" (Gál. 5:22) y refleje el carácter dé Jesús, el profeso cristianismo de tal persona carece de sentido.

Para Elena de White, el cristianismo práctico no era optativo; estaba estrechamente ligado con la preparación para la vida eterna. Al escribir a una mujer que tenía serios defectos, ella declaró: "A menos que esto sea vencido ahora, nunca lo será, y la Hna. King no tendrá parte con el pueblo de Dios, ni un hogar en su reino celestial. Dios no puede llevarla al cielo como usted es. Echaría a perder ese lugar pacífico y feliz.

"¿Qué puede hacerse por usted? ¿Piensa usted esperar hasta que Jesús venga en las nubes de los cielos? ¿La hará totalmente nueva cuando él venga? Oh, no. Esto no se hará entonces. La preparación apropiada debe realizarse aquí; todo el trabajo de labrar y tallar [el carácter] debe ocurrir aquí en la tierra, en las horas de prueba. Usted debe ser labrada aquí; el último golpe debe ser dado aquí". 10

Relación entre la religión y la salud. Elena de White comprendía bien la relación entre la religión y la salud de la mente y el cuerpo, y el hecho de que el bienestar de uno afecta directamente la salud del otro. Su comprensión particular de este tema estaba muy adelantada al pénsamiento de su tiempo. Por ejemplo: "La religión pura y sin mácula no es un sentimiento, sino la realización de obras de misericordia y amor. Esta religión es necesaria para la salud y la felicidad. Entra en el templo contaminado del alma y con un látigo echa a los intrusos pecaminosos... Con ella entran la serenidad y la compostura. Aumentan el poder físico, mental y moral, porque la atmósfera del cielo, como un agente viviente y activo, llena el alma". 11

El capítulo "La cura mental", en El ministerio de curación, es reconocido por muchos como algo que abre nuevos horizontes. Se inicia con este párrafo: "Muy íntima es la relación entre la mente y el cuerpo. Cuando una está afectada, el otro simpatiza con ella. La condición de la mente influye en la salud mucho más de lo que generalmente se cree. Muchas enfermedades son el resultado de la depresión mental. Las penas, la ansiedad, el descontento, remordimiento, sentimiento de culpabilidad y desconfianza, menoscaban las fuerzas vitales, y llevan al decaimiento y a la muerte". 12

Su comprensión de la causa del sufrimiento y la muerte. Los consejos de Elena de White respecto a la causa del sufrimiento y la muerte fueron no sólo profundos sino que además han resistido la prueba de un siglo como un fiel reflejo de la mente de Dios. Ella sostenía que "la enfermedad, el padecimiento y la muerte son obra de un poder enemigo. Satanás es el que destruye; Dios el que restaura". 13

¿Cuál es, entonces, la causa de la enfermedad? Una respuesta que ella dio fue: Las leyes de Dios han sido violadas, ya sea por los antepasados de uno o por uno mismo. Ella fue inequívoca: "Al curar las enfermedades, Cristo decía muchas veces a los enfermos: 'No peques más, porque no te venga alguna cosa peor' (Juan 5:14). Así les enseñaba que habían atraído su dolencia sobre sí al transgredir las leyes de Dios, y que la salud no puede conservarse sino por medio de la obediencia". 14

El sufrimiento, a diferencia de la enfermedad debida al descuido de las leyes físicas, es también causado por Satanás y no es el resultado de la deliberada intervención de Dios. En muchas ocasiones ella reforzó la enseñanza de Jesús sobre este punto. En 1883 escribió lo siguiente concerniente a un pequeño grupo de nuevos creyentes en Ukiah, California: "Nuestros corazones se alegran cuando vemos a este pequeño grupo de conversos a la verdad avanzar paso a paso, cada vez más firmes en medio de la oposición. Están conociendo mejor el aspecto del sufrimiento que tiene la religión. Nuestro Salvador les advirtió a sus discípulos que serían despreciados por causa de su nombre. 'Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo' ". 15

Sus enseñanzas respecto a la causa de la muerte, como también del sufrimiento, procedían del cuadro total de la gran controversia entre Dios y Satanás: "Es verdad que todo sufrimiento es resultado de la transgresión de la ley de Dios, pero esta verdad había sido falseada. Satanás, el autor del pecado y de todos sus resultados, había inducido a los hombres a considerar la enfermedad y la muerte como procedentes de Dios, como un castigo arbitrariamente infligido por causa del pecado". 16

Rápida para ver sus propios errores. Elena de White era rápida para confesar sus errores y pedir perdón. Conocía bien la paz del perdón y prontamente liberaba a otros del peso del remordimiento y la culpa. En base a su propia experiencia y reflejando la instrucción divina, ofreció este consejo: "No es digno de alabanza hablar de nuestras debilidades y desalientos. Que cada cual diga: 'Siento mucho haber cedido a la tentación; mis oraciones son muy débiles y mi fe muy frágil. No tengo excusa que explique por qué mi vida religiosa está tan atrofiada. Pero estoy tratando de lograr un carácter perfecto en Cristo. He pecado, y sin embargo amo a Jesús. He caído muchas veces, no obstante lo cual él ha extendido su mano para salvarme. He hablado con él acerca de todas mis equivocaciones. He confesado con vergüenza y pesar que lo he deshonrado. He mirado a la cruz y dije: El sufrió todo esto por mí. El Espíritu Santo me ha mostrado mi ingratitud, mi pecado de exponer a Cristo a la vergüenza. El que no conoció pecado ha perdonado mi pecado. Me invita a participar de una vida más elevada, más noble, y yo prosigo hacia lo que está delante de mí' ". 17

Incansable ganadora de almas. Sus contemporáneos conocían a Elena de White como una incansable ganadora de almas. Observaban su vida diaria; recibían sus fervorosas cartas. Sus vecinos y compañeros de viajes recibían bendiciones gracias a sus solícitas iniciativas. De hecho, su interés constante y alegre en el bienestar espiritual de los demás llegó a ser una característica definitoria de su vida. Ella nunca se vio como una autora "en una torre de marfil", distante de la guerra espiritual sobre la que ella escribió.

A lo largo de su vida, jóvenes y ancianos encontraron a Jesús a través de su ministerio personal. Uno de sus contemporáneos escribió en las postrimerías de su vida: "Mi recuerdo de la Hna. White es que nunca en mi vida he conocido a una mujer que pareciese tan completamente consagrada al Señor Jesús. El parecía ser su amigo personal a quien ella conocía y amaba, y en quien confiaba. Encontraba gran gozo en hablar de Jesús; y todas las personas más jóvenes estaban de acuerdo en que por lo menos allí había una dama joven que vivía muy cerca del Señor y quien, en su manera práctica y sincera, trataba con todo su corazón de seguir a Jesús". 18

Un viaje que los White hicieron a Vergennes, Michigan, en junio de 1853, se recuerda por algo más que por haberse "perdido" en un camino que le era muy familiar al conductor de su carruaje. Hacia el atardecer, después de un largo día de haber andado perdidos, sin comida ni agua, Jaime y Elena White se alegraron mucho al encontrar una solitaria cabaña de troncos y a la dueña de casa. Mientras reponían sus fuerzas, la Sra. White le habló a su hospitalaria anfitriona acerca de Jesús y le dio un ejemplar de su primer libro, Experience and Views (Experiencia y opiniones). Por años los eventos de ese día parecieron no sólo agotadores sino carentes de sentido. Pero en 1876, en un campestre en Lansing, Michigan, la ama de casa de aquella cabaña de troncos que había conocido a los White más de veinte años antes, tomó la mano de Elena de White y le recordó su primer encuentro. Más aún, presentó a la Sra. White a un grupo de adventistas, todos los cuales habían comenzado su nuevo compañerismo con el Señor después de leer Experience and Views . La dueña de casa les había contado a sus vecinos dispersos en cuanto a esta dama viajera que "le habló de Jesús y de las bellezas del cielo, y cuyas palabras fueron dichas con tal fervor que se sintió encantada, y nunca las había olvidado". 19

Llamados en los campestres

Los llamados de Elena de White en los campestres se volvieron legendarios en todo el país. Por ejemplo, en 1884, a la edad de 56 años, habló en cuatro campestres. Uriah Smith, director de la revista de la iglesia, informó en la Review sobre la reunión en Jackson, Michigan, y mencionó que en varias ocasiones entre 200 y 350 personas se adelantaron para orar en respuesta a los llamados de ella. "Había un profundo sentimiento [religioso], y aunque no había nada emocional ni fanatismo, se manifestaba la obra del Espíritu de Dios sobre los corazones", escribió Smith. 20

Durante su visita a Inglaterra en 1885, se la invitó a Elena de White a hablar a un auditorio de 1.200 personas en la municipalidad de GriMdsby. Su tema fue, "El amor de Dios". Más tarde ella escribió: "Traté de presentar las cosas preciosas de Dios de tal manera que elevara sus mentes de la tierra al cielo. Pero sólo podía exhortar y suplicar, y elevar a Jesús como el centro de atracción, y destacar que la recompensa eterna del vencedor será un cielo de dicha y felicidad". 21

En 1885 Cecile Dahl, una noruega, tradujo para la Sra. White mientras hacían una gira de seis semanas por Alemania y los países escandinavos. La Srta. Dahl era una de las muchas personas a quien la oradora había conducido al Señor.

Elena de White estaba siempre lista para compartir la verdad acerca de Dios y la salvación, aun cuando esto requiriese una respuesta agresiva. En un viaje por mar junto a la costa desde San Francisco a Portland en junio de 1878, ella alcanzó a oír a otro pasajero, un pastor, que decía que "era imposible que algún hombre guardara la ley de Dios; que el hombre nunca la guardó y nunca podrá hacerlo... Ningún hombre alcanzará el cielo por guardar la ley. La Sra. White es todo ley, ley; ella cree que debemos ser salvos por la ley, y que nadie puede salvarse a menos que guarde la ley".

Percibiendo la injusticia de la acusación, Elena de White consideró que el grupo que estaba escuchando a este ministro debía oír las correcciones necesarias. Cuando encontró un momento apropiado, le dijo al ministro: "Esa es una falsa declaración. La Sra. White nunca ha sustentado esa posición".

Luego desarrolló la verdad bíblica de la ley como un espejo que nos permite ver el pecado y a Jesús como el Abogado que nos perdona. "Pastor Brown, por favor nunca vuelva a repetir la declaración errónea de que no dependemos de Jesucristo para la salvación sino que confiamos en la ley para ser salvos. Nunca hemos escrito una palabra a tal efecto, ni de ninguna manera hemos enseñado una teoría tal. Creemos que ningún pecador puede ser salvo en sus pecados (y el pecado es la transgresión de la ley), mientras que usted enseña que el pecador puede salvarse mientras transgrede a sabiendas la ley de Dios".

Al recordar este incidente para un artículo de Signs, Elena de White se refirió a las palabras de Cristo en el Sermón del Monte: "Cristo aquí muestra el objetivo de su misión: Mostrarle al hombre mediante su ejemplo, que él podría ser enteramente obediente a la ley moral, y regular su vida por sus preceptos. Mostrar que la ley fue exaltada y hecha honorable por Jesucristo". 22

En 1895, dos días después de cumplir 68 años, Elena de White estaba hablando al auditorio de un campestre en Hobart, Tasmania, y concluyó uno de sus sermones con un llamado al altar. Gran parte de la concurrencia se adelantó. Pero ella no se sentía satisfecha. Estaba buscando almas. Dejó la plataforma y fue a los asientos de atrás donde cinco jóvenes se hallaban sentados. En su manera sosegada, los invitó a dar sus corazones al Señor, Los cinco lo hicieron y mientras pasaron adelante en su decisión de hacer de Jesús su Maestro, varios otros jóvenes se les unieron, 23

Claras prioridades. Se puede juzgar a las personas por sus "deseos". Elena de White reiteró a menudo su "lista de deseos": "Quiero ser como él. Deseo practicar sus virtudes". 24 "Deseo estar entre aquellos que tendrán sus nombres escritos en el libro, que serán rescatados. Quiero la recompensa del vencedor". 25 "Deseo que mi tesoro esté en el cielo". 26

"Quiero ser como él; deseo estar con él por las edades sin fin de la eternidad". 27 "Deseo conocer más y más de la palabra de Dios y de sus obras". 28 "Deseo tener un hogar con los bienaventurados y quiero que tú tengas un hogar allí". 29

Confianza permanente. En los últimos años de su octava década dé vida (un logro no común a comienzos de este siglo), Elena de White todavía desempeñaba un papel activo en la preparación de libros. Se movía con facilidad en su casa de ElMdshaven y podía subir y bajar las escaleras sin ayuda. A menudo se la podía oír cantando un antiguo himno adventista, "La Tierra Mejor", escrito por William H. Hyde; Hyde compuso las palabras después de haber oído a Elena describir una visión que había recibido en la primavera de 1845. Ella a menudo se detenía en la última parte:

"Estaremos allí, dentro de muy poco estaremos allí.

"Nos uniremos a los santos y bienaventurados.

"Tendremos la palma, el manto, la corona,

"Y descansaremos por siempre". 30

El 13 de febrero de 1915, Elena de White tropezó y se cayó en el pasillo. Las radiografías revelaron una "fractura intracapsular del fémur izquierdo en la unión de la cabeza y el cuello", una lesión muy dolorosa, especialmente sin contar con los medicamentos modernos para aliviar el dolor. Cuando se le preguntaba en cuanto al dolor, ella respondía: "No es tan doloroso como podría ser, pero no puedo decir que es confortable". Semanas más tarde, cuando se le preguntó nuevamente cómo se sentía, ella replicó: "He tenido un buen día... de a ratos". Lo que hacía la diferencia era su prolongado hábito de caminar con el Señor. 31

La última visión

Elena de White recibió su última visión el 3 de marzo de 1915. Al resumir la visión, le dijo a su hijo W. C. White: "Hay libros de viral importancia los cuales ni miran nuestros jóvenes debido a que no son tan interesantes para ellos como alguna lectura livia na... Debiéramos escoger para ellos libros que los estimulen a una vida sincera y los guíen a estudiar la Palabra de Dios... Yo no espero vivir mucho tiempo. Mi obra está casi hecha. Decid a nuestra juventud que deseo que mis palabras la estimulen a aquella manera de vida que ha de ser más atrayente a las inteligencias celestiales y que su influencia sobre otros sea la más ennoblecedora.

"No tengo seguridad de que mi vida dure mucho tiempo, pero siento que soy acepta al Señor... He sentido que era imperativo que la verdad se viera en mi vida y que mi testimonio alcanzase a la gente. Deseo que hagáis todo lo que podáis para colocar mis escritos en manos de la gente en tierras extranjeras. .. Siento que es mi deber especial decir estas cosas". 32

Unos pocos días antes de su muerte, una amiga notó que estaba animada. He aquí su respuesta: "Me alegra de que usted me ha encontrado así. No he tenido muchos días tristes... El Señor ha dispuesto y me ha guiado en todas estas cosas, y confío en él. El sabe cuándo terminará todo".

La visitante le dijo: "Sí, terminará pronto y la encontraremos en el reino de Dios, y 'hablaremos allí juntos', tal como usted escribió en una de sus últimas cartas".

A lo cual ella replicó: "Oh, sí, casi parece demasiado bueno para ser cierto, ¡pero es cierto!"

Sus últimas palabras a su hijo y a Sara, su enfermera, fueron: "Yo sé en quién he creído".33

Capacidad mental

Aunque no fue una mujer con una educación formal, Elena de White utilizaba cada oportunidad que tenía para aumentar su conocimiento y comprensión de las cosas. Notamos anteriormente el trauma que sufrió debido a la cicatriz en su rostro (pp. 48,62-63), cosa que, dijo ella más tarde, me afectó "por el resto de mi vida". 34 Ella nunca pudo reanudar su asistencia a la escuela; sin embargo, su ansia innata de conocimiento la condujo a reunir una biblioteca personal y de trabajo, que, en el momento de su muerte, tenía un total de más de 800 volúmenes. 35 Cuando vivía en Battle Creek, usaba frecuentemente la biblioteca de la Review and Herald Publishing Company.

Como madre y esposa, ella y su esposo leían para sí y a sus hijos libros sólidos como History of the Reformation of the Sixteenth Century (Historia de la Reforma del siglo XVI), de D'Aubigné. 36

Elena era una ávida lectora de revistas religiosas. Después que Uriah Smith, por largo tiempo director de la Review and Herald, había completado la lectura de las revistas que llegaban a su oficina, se las pasaba a ella para que se mantuviese al día de las nuevas tendencias políticas y religiosas. 37

La magnitud impresionante de su producción literaria, unida a sus centenares de sermones que fueron transcritos, indican que ella poseía facultades mentales extraordinarias. Aunque a menudo se encontraba bajo presiones extremas de tiempo, como también rodeada de circunstancias desfavorables, ella aún era capaz de presentar mensajes lógicos y atrayentes, tanto en persona como por escrito.

Experiencias emocionales

Elena de White era una mujer excepcionalmente sensible, abierta a todas las emociones humanas. Su habilidad para verbalizar sus diversas experiencias indica una capacidad fuera dé lo común para empatizar con otros, ya sea que la experiencia fuese triste o elevadora.

Siempre fue amante de lo hermoso, y su respuesta emotiva a los Alpes espectaculares, a las Montañas Rocallosas de Colorado, a una puesta de sol en Noruega, o a la catedral de Milán, revela una profunda apreciación de la belleza que satura sus escritos.

En el verano de 1873, por ejemplo, los White buscaban en Colorado un período de descanso esperado desde hacía tiempo. Ella hizo las siguientes reflexiones: "Amo los cerros y montañas y los bosques de árboles vigorosos siempre verdes. Amo los arroyos, las rápidas corrientes de agua suavísima que vienen burbujeando sobre las rocas, a través de hondonadas, en la ladera de las montañas, como si cantaran gozosas alabanzas a Dios...

"Aquí en las montañas tenemos una vista de la puesta de sol más soberbia y gloriosa que jamás hayamos tenido el privilegio de contemplar. El hermoso cuadro del crepúsculo, pintado por el gran Artista Maestro sobre el lienzo cambiante de los cielos, despierta en nuestros corazones amor y la más profunda reverencia hacia Dios". 38

Después de una temprana puesta de sol invernal en Noruega, ella escribió: "Fuimos favorecidos con una vista de la más gloriosa puesta de sol que jamás haya sido mi privilegio contemplar. No hay un lenguaje adecuado para pintar su belleza. Los últimos rayos del sol poniente, plateados y áureos, purpúreos, ambarinos y de color carmesí, esparcían su gloria oblicuamente sobre el cielo, volviéndose cada vez más brillantes, elevándose más y más en los cielos, hasta que pareció que las puertas de la ciudad de Dios habían quedado entreabiertas, y que a través de ellas destellaban fulgores de la gloria interior". Se requirieron dos páginas para registrar esta gloriosa experiencia. 39

Conoció el desánimo

Elena de White conoció la desolación del desánimo mientras cumplía su papel como mensajera de Dios. A lo largo de su vida, el desánimo se combinaba a veces con una depresión temporaria. No cabe duda de que la debilidad física, la condición del corazón y los problemas respiratorios la hicieron susceptible al desaliento. Y el hecho de ser una mensajera del Señor, luchando a la vanguardia de sus contemporáneos en el campo de batalla del conflicto cósmico, también incitaba los constantes ataques de Satanás. ¿Qué actitud tenía hacia esta sombra oscura que tantas personas han sobrellevado desde el comienzo del tiempo? Los consejos que dio a otros que estaban desanimados, aun sumidos en depresión, vienen empapados, por así decirlo, con sus propias pruebas personales.

A través de su ministerio Elena de White hizo frente tanto al fuego del fanatismo como al hielo de la indiferencia. 40 Sus palabras de consejo, a menudo de reproche, fueron frecuentemente combatidas con el chisme y la calumnia. Esto la afectaba físicamente. Ella informó lo siguiente sobre su experiencia cuando tenía sólo 18 años y aún se encontraba muy disminuida físicamente: "El desaliento me abrumaba intensamente y la condición del pueblo de Dios me llenaba de tanta angustia que por dos semanas quedé postrada por la enfermedad". 41

Aquellos que leen sus cartas y las anotaciones de su diario tienen el privilegio de casi "escuchar" el latido de su corazón mientras registraba su reacción a esos momentos de desánimo ocasionados por diversas causas. ¡La manera como ella hizo retroceder la "sombra infernal" del maligno puede ser precisamente la información que algún lector necesite hoy!

En 1847, aunque con ocho meses de embarazo, Elena le escribió una carta animosa a José Bates y le informó que "mi salud está muy bien". Luego le abrió el corazón: "Ultimamente he tenido muchas pruebas; a veces el desánimo me ha sobrecogido tan firmemente que me parecía imposible librarme de él. Pero gracias a Dios, Satanás aún no ha obtenido la victoria sobre mí, y por la gracia de Dios nunca lo hará. Conozco y siento mi debilidad, pero me he aferrado al brazo fuerte de Jehová, y puedo decir hoy que sé que mi Redentor vive, y que si él vive yo también viviré". 42

¿Pruebas? Pocas personas han conocido los tiempos difíciles que enfrentaron los White. Estos dirigentessiervos habían recibido una comisión divina, y no se atrevían a desviarse a una vida de objetivos corrientes.

Imagínese la siguiente situación. Una joven familia en el invierno de 1847-1848 (Henry nació el 26 de agosto de 1847) trataba de predicar y escribir a medida que Dios abría el camino, y al mismo tiempo estaban resueltos a ser independientes financieramente. Jaime, a los 26 años, acarreaba piedra para el ferrocarril cerca de Brunswick, Maine, hasta que sus manos estaban ensangrentadas. También cortaba leña, trabajando largas horas por 50 centavos diarios. Con un "presupuesto" limitado, Elena, ahora con 20 años, sólo podía comprar menos de medio litro de leche por día para ella y Henry. Y después tuvo que prescindir de la leche por tres días a fin de poder comprar un trozo de tela para hacerle a Henry una sencilla prenda de vestir.

Llegó el día cuando "sus provisiones se acabaron". Jaime caminó cinco kilómetros de ida y otros tantos de vuelta bajo la lluvia para pedirle el salario a su empleador o las provisiones tan necesarias. Cuando regresó con un saco de provisiones, Elena se sintió muy abatida: "Al verlo entrar en casa, muy fatigado, sentí desfallecer el corazón. Mi primer pensamiento fue que Dios nos había desamparado. Le dije a mi esposo: '¿A esto hemos llegado? ¿Nos ha dejado el Señor?' No pude contener las lágrimas, y lloré amargamente largo rato hasta desmayarme".

En otras palabras, "Señor, ¿por qué es tan dura la vida cuando nos hemos consagrado sin reservas a tu causa?"

A través del relato que ella hizo de esta experiencia, obtenemos una vislumbre de cómo ella salía de la profunda fosa del desánimo. Ella lamentó que se había hundido tan bajo; luego se recordó a sí misma que su primer deseo era "seguir a Cristo y ser como él; pero a veces desmayamos bajo las pruebas y nos mantenemos a la distancia de él. El sufrimiento y las pruebas nos acercan a Jesús. El horno consume la escoria y abrillanta el oro". 43

En Rochester, Nueva York, a fines de junio de 1854, la Sra. White tenía siete meses de embarazo con su tercer hijo. Pero enfrentaba diariamente otros problemas. Obreros claves en Rochester estaban muriendo de tuberculosis. Jaime, su esposo, parecía también estar hundiéndose, no sólo con síntomas de tuberculosis sino por la falta de simpatía de los compañeros de trabajo, más la tensión causada por sus compromisos habituales de viajes, predicaciones y redacción de artículos. ¡Trate de imaginarse la plena gama de preocupaciones que enfrentaba la joven esposa y madre'

"Las pruebas se tomaban más intensas a nuestro alrededor. Teníamos muchas preocupaciones. Los ayudantes de oficina se alojaban con nosotros, y nuestra familia ascendió a un total de quince a veinte personas. Las conferencias grandes y las reuniones de sábado se realizaban en nuestra casa. No teníamos sábados tranquilos, porque algunas de las hermanas generalmente se quedaban todo el día con sus niños. Por lo general nuestros hermanos no tenían en cuenta los inconvenientes, el trabajo y los gastos adicionales que nos imponían. Cuando uno tras otro de los ayudantes de oficina llegaban a casa enfermos necesitando atención adicional, temía que nos hundiríamos bajo la ansiedad y el trabajo. A menudo pensé que no podríamos aguantar más; sin embargo, las pruebas aumentaban".

¿Qué hace una joven madre de dos niños, con un embarazo de siete meses, bajo tales circunstancias? "Con sorpresa descubrí que no estábamos abrumados. Aprendimos la lección de que podíamos sobrellevar mucho más sufrimiento y pruebas que lo que en un tiempo pensábamos que era posible. El ojo vigilante del Señor estaba sobre nosotros para ver que no fuésemos destruidos... Si la causa de Dios hubiera sido sólo nuestra, quizá hubiéramos temblado. Pero estaba en las manos de Aquel que podía decir: Nadie es capaz de arrebatármela de las manos. Jesús vive y reina". 44

En las semanas que precedieron a la Asociación General de 1888, en Minneapolis, Elena de White se sentía agobiada por la "incredulidad y resistencia a las reprensiones" que prevalecían contra su ministerio, mucho de lo cual se desarrolló mientras ella estaba en Europa, de 1885 a 1887: "Los hermanos parecen no ver más allá del instrumento... También se me había dicho [en visión] que el testimonio que Dios me había dado no sería recibido, porque los corazones de aquellos que habían sido reprobados no estaban en un estado de humildad como para que pudiesen ser corregidos y recibir reprensión".

El desánimo parecía abrumarla, y se enfermó gravemente. Al recordar el evento, escribió: "No sentía deseos de recuperarme. No tenía fuerzas ni aun para orar, y no deseaba vivir. Mi deseo era descansar, sólo descansar; quietud y descanso. Mientras estuve sufriendo de postración nerviosa por dos semanas, albergué la esperanza de que nadie suplicase al trono de gracia en mi favor. Cuando vino la crisis, tuve la impresión de que moriría Ese era mi pensamiento. Pero esa no era la voluntad de mi Padre celestial. Mi labor todavía no había concluido".

La respuesta al desánimo

¿Cómo respondía Elena de White a ese desánimo que parecía aplastarla? Como lo había hecho muchas veces en el pasado: "Caminar por fe contra todas las apariencias era precisamente lo que el Señor me requería que hiciese". 45

"Caminar por fe contra todas las apariencias". Tal fue el consejo que se dio a sí misma a lo largo de su vida y que a menudo expresó en sus consejos a otros. En un mensaje matutino en la Asociación General de Minneapolis, el 19 de octubre de 1888, ella habló en base a su propia experiencia, la que había resistido la prueba: "Usted dirá, '¿Cómo puedo yo hablar de la fe, cómo puedo tener fe cuando las nubes, la oscuridad y el abatimiento vienen a mi mente? Siento que no puedo hablar de la fe; siento que no tengo nada de fe para hablar'. ¿Pero por qué se siente usted de esa manera? Es porque le ha permitido a Satanás que proyecte su oscura sombra en medio de su camino y no puede ver la luz que Jesús esparce sobre el mismo. Pero otro dice: 'Yo soy muy franco. Digo exactamente lo que siento y hablo exactamente como pienso'. ¿Es esa la mejor manera de actuar? No. Dios quiere que nos eduquemos a nosotros mismos de modo que hablemos las palabras debidas: palabras que serán una bendición para otros, que esparcirán rayos de luz sobre sus almas". 46

Uno se pregunta si los cristianos, después de largos años de servir a Dios y confiar en él, crecen en su experiencia espiritual hasta el punto de estar por encima de los momentos oscuros cuando se ven las nubes más bien que el sol. Pensemos en cuanto a Jesús en el Getsemaní. O en las vidas de personas piadosas. Lo que han aprendido a través de los años es cómo luchar contra las sombras infernales del diablo. Cuando Elena de White tenía 87 años, C. C. Crisler, uno de sus secretarios, le escribió a William, su hijo: "Ella dice que no desea hablar mucho acerca de tener valor continuamente, aunque ella lo tiene; y agrega que el mismo hecho que los miembros de la casa se despierten a veces oyéndola repetir las promesas de Dios y reclamándolas como suyas, es una prueba de que todavía tiene sus propias batallas que pelear contra Satanás". 47

Un camino solitario

La soledad, sin embargo, y no el desánimo, fue una frecuente compañera de Elena, una soledad que no estaba ni frecuente ni necesariamente revestida de desánimo. La naturaleza de su asignación divina parecía requerir que Elena de White recorriese su camino sola Lo admirable es que no se la conocía como una reclusa melancólica Su familia la consideraba como la alegría del hogar; sus vecinos y compañeros de trabajo la recuerdan como su fuente de aliento.

Los profetas, por la naturaleza de su tarea, entregan más reproches que alabanzas. Esto fue cierto con la Sra White. Y no todos los destinatarios reciben bien los mensajes de corrección o reprensión. Han de esperarse malos entendidos y resentimientos.

Además, el hecho de estar a la vanguardia en casi todos los proyectos y empresas de la iglesia desde un mismo comienzo requirió una enorme fuerza emocional, que pocas personas poseen. Conducir a un grupo de hombres y mujeres de recia voluntad por nuevos caminos de la organización de la iglesia, desarrollar instituciones médicas y educacionales importantes, y ayudar a toda una denominación a navegar en medio de controversias teológicas difíciles: todo esto invitaba a los malos entendidos y a las desavenencias.

Podemos entender fácilmente a Elena de White cuando escribió en 1902: "He estado sola en esta tarea, absolutamente sola, con todas las dificultades y todas las pruebas relacionadas con la obra. Sólo Dios podía ayudarme".48

Cuando estuvo en Europa a la edad de 59 años, y habiendo perdido a su esposo cinco años antes, trató activamente de colocar la obra europea sobre una base sólida y unida. Ahí se presentaba un desafío que intimidaría, como en efecto ocurrió, al dirigente más fuerte. En una carta al presidente de la Asociación General, ella escribió: "Le diré que estos pasajes duros en mi experiencia me hacen desear el clima de California y el refugio de un hogar. ¿Tengo yo algún hogar? ¿Dónde está?" 49

En la secuela del Congreso de la Asociación General en Minneapolis, en 1888, Elena de White atravesó probablemente por su experiencia de más profunda soledad. Escribiendo abiertamente a Uriah Smith, declaró: "Mis hermanos han bromeado, cavilado, criticado, comentado, reprobado, tomado y escogido un poco y rechazado mucho hasta que los testimonios no significan nada para ellos. Les añaden cualquier interpretación que escogen en su propio juicio finito y están satisfechos. Si me hubiese atrevido, yo habría abandonado este campo de batalla hace mucho tiempo, pero algo me ha detenido. Pero dejo todo esto en las manos de Dios. Me siento abandonada por muchos de mis hermanos; no me entienden a mí, ni mi misión, ni mi trabajo, porque si entendieran, nunca podrían haber seguido el curso de acción que siguieron". 50

En medio de todo, Elena de White experimentó gozo interior y felicidad. Ella instó a otros, por palabra y por ejemplo, a juntar las rosas e ignorar las espinas. 51 En la revista de la iglesia escribió: "Representemos la vida cristiana como realmente es; hagamos el camino alegre, atractivo, interesante. Podemos hacer esto si lo queremos. Llenemos nuestras mentes de cuadros vividos de asuntos espirituales y eternos, y al hacerlo así ayuda remos a convertirlos en una realidad para otras mentes". 52

La soledad, aun la frustración y el desánimo, no debieran silenciar a un cristiano alegre. Durante un tiempo de dificultades en la década de 1860, cuando los White estaban en Dansville, Nueva York, buscando ayuda para los problemas físicos de Jaime, Elena registró en su diario una conversación anterior: "Es la falta de religión genuina lo que produce melancolía, abatimiento y tristeza... Un servicio a medias, amando el mundo, amando el yo, amando las diversiones frívolas, dan como resultado un siervo tímido y cobarde. Los tales siguen a Cristo en forma muy distante. Un servicio a Jesús hecho de corazón y voluntariamente produce una religión luminosa. Aquellos que siguen a Cristo muy de cerca no han estado desalentados". 53

Las personas pueden ser felices aunque padezcan de soledad. La capacidad de Elena de White para manifestar esta verdad impregna el registro histórico y confirma su declaración en Great GriMdsby, Inglaterra, en 1886:

"Yo no espero recibir toda mi felicidad en el más allá. Experimento felicidad ya a lo largo de mi camino. Sin embargo, tengo pruebas y aflicciones; pero fijo la mirada en Jesús. Es en los lugares estrechos y difíciles donde él está precisamente a... [nuestro] lado, y podemos comulgar con él, y colocar todas nuestras cargas sobre Aquel que las lleva todas y decir: 'Oh Señor, no puedo llevar por más tiempo estas cargas' ". 54

Preguntas de estudio

1. ¿Cuáles fueron los pasos en la trayectoria del pensamiento de Elena de White que le ayudaron a formar un cuadro correcto de Dios como su Amigo?

2. ¿Cómo relacionó Elena de White la creencia teológica con la vida personal de un creyente?

3. ¿Cómo describiría usted la comprensión que tenía Elena de White de la relación entre la salud y la vida espiritual de uno?

4. ¿Qué comprensión profunda tuvo Elena de White de la causa del sufrimiento y la muerte?

5. ¿Cómo explica usted la notable carrera de escritora que tuvo Elena de White. considerando que su educación formal terminó a los nueve años?