Mensajera del Señor

Capítulo 8

Como la Conocieron Otros

"El amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo, seguid lo bueno. Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros. En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor; gozosos en la esperanza; sufridos en la tribulación; constantes en la oración; compartiendo para las necesidades de los santos; practicando la hospitalidad... Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres" (Rom. 12:9-13, 18).

¿Pradicaba Elena de White lo que predicaba? Sí. Otros la conocieron como una dirigente cristiana excepcional, plenamente madura y equilibrada. Aunque sujeta a las debilidades humanas, se la respetaba como alguien que practicaba las ideas progresistas, abarcantes, en permanente desarrollo, que constantemente le eran reveladas.

Frugalidad

Ella aprendió a sobrellevar y superar sus penurias financieras. Sus hábitos de prudencia [en el manejo del dinero] son bien conocidos.

Los White comenzaron el manejo de su casa siendo pobres. En 1848 dejaron a la familia Howland en Topsham, Maine, en cuya casa habían vivido en los cuartos de la planta alta, y partieron hacia Rocky Hill, Connecticut, para asistir a un congreso de adventistas que guardaban el sábado, el primero de los muchos congresos que vendrían. ¿Cómo planeaban pagar su viaje? Jaime había ganado diez dólares cortando madera; la mitad se gastó en preparar a la joven familia de tres miembros para el viaje, y la otra mitad en la transportación hasta Boston y la casa de Otis Nichols. Aunque no habían dicho una palabra sobre su situación financiera, la Sra. Mary Nichols les dio cinco dólares. Después de haber comprado los boletos de ferrocarril hasta Middletown, Connecticut, les sobraron 50 centavos. En los años que siguieron tuvieron que enfrentar muchas veces desafíos económicos similares. 1

A mediados del invierno de 1851 los White fueron invitados a hablar en un congreso en Waterbury, Vermont. Ya les habían prestado su fiel caballo, Charlie, y el coche a S. W. Rhodes y J. N. Andrews para que estos dos predicadores pudiesen cumplir con compromisos de predicación en Canadá y el norte de Vermont. En el camino los White encontraron a un creyente pobre a quien animaron a asistir al congreso. Para que eso fuese posible, le dieron su dinero para comprar los pasajes en tren a fin de ayudarle a comprar un caballo, de modo que los tres pudieran viajar juntos en un trineo. Pronto encontraron a otro creyente y le dieron cinco dólares para que pagase su pasaje en tren. Los White continuaron en el frío de Vermont en un trineo abierto sin una frazada o un cobertor de piel de búfalo. Elena escribió: "Sufrimos mucho". 2

En el verano de 1852 se estableció la oficina de publicaciones en Rochester, Nueva York. Todo el equipo de impresión más los escasos muebles de la casa fueron enviados desde Maine al oeste [Rochester, Nueva York] con dinero prestado. Los White instalaron la casa publicadora en su propia casa, no sólo el equipo de impresión sino las viviendas para todos los obreros. Nadie, excepto el capataz prensista, no adventista, recibía salario, fuera de un pequeño estipendio para la ropa y otros gastos que "se consideraban absolutamente necesarios". 3

Jaime trajo seis viejas sillar a la casa, entre las cuales no había dos iguales. Pronto agregó cuatro más, que no tenían los asientos. Elena hizo los asientos. Las papas y la mantequilla costaban demasiado; sus primeras comidas fueron servidas sobre una tabla colocada encima de dos barriles de harina. Elena declaró: "Estamos dispuestos a soportar privaciones con tal que la obra de Dios pueda avanzar". 4

La situación en el hogar mejoró a medida que pasaban los años. Tanto Jaime como Elena eran especialistas en arreglárselas con lo que tenían o en prescindir de lo que necesitaban. Sin embaigo, Jaime sabía que muchas veces Elena se sacrificaba demasiado. En 1874 le escribió a su hijo William, que estaba con su madre en Battle Creek: "Me alegré mucho al saber que estabas con tu madre. Cuida a tu querida madre con la mayor ternura. Y si ella desea asistir a los campestres del este, por favor ve con ella. Consigue una carpa que sea adecuada para ustedes; que todo esté en buenas condiciones: bolsos, frazadas, una silla portátil para Mamá, y no prestes atención a sus ideas de economía, de arreglárselas con lo menos posible".5

Elena de White enseñó por el ejemplo en Europa. Después de desembarcar en Calais, Francia, ella y sus compañeros de viaje descubrieron que un camarote para dormir en el tren a Basilea costaría 11 dólares por persona. Siempre frugales, decidieron arreglárselas en los asientos. Ella comentó: "Me hicieron una cama entre los asientos, encima de los bolsos y de cajas extensibles. Descansé algo, pero dormí poco... No lamentamos cuando la noche hubo pasado". 6

Desde Dansville, Nueva York, la Sra. White les escribió a sus hijos en 1865 respecto a la ropa para Edson: "La hechura costará demasiado si un sastre hace esos sacos. Si pueden conseguir a una buena mujer sastre en quien puedan confiar, contrátenla para hacer ambos sacos, si no pide demasiado". 7

En 1894 Elena de White se encontraba en Australia y tenía en ese entonces 66 años. Ese país estaba enfrentando luchas económicas, y vendrían tiempos aun peores. Y la Sra. White estaba cansada por muchas razones. Mientras se hallaba en Melbourne escribió: "Estoy cansada, cansada todo el tiempo, y antes de mucho debo encontrar un lugar de descanso en el campo... Este año quiero escribir y hacer ejercicio en forma prudente afuera, al aire libre".

Más tarde ella escribió: "Me estoy cansando mucho de mudarme. Esto me preocupa mucho, establecerme y luego levantar campamento, reunir manuscritos y luego desparramarlos, para después nuevamente juntarlos".

Poco después se trasladó a un suburbio de Sidney. "Descubrimos que hay muchas maneras de gastar dinero y muchas de ahorrarlo. Tenemos el armazón de un guardarropa con dos soportes verticales, con travesaños clavados a los mismos, y un estante en la parte superior. Arriba y detrás del estante está fijado un encaje sencillo y económico, aplicado sobre una batista económica de color azul o rojo. Este respaldo está arreglado con esmero, levantado y sujetado con seguridad a los postes de la cabecera del armazón de la cama". La mayor parte del resto del mobiliario se compró en remates. 8

En un viaje desde Melbourne a Geelong, 64 kilómetros al suroeste (40 millas), el grupo tomó una embarcación lenta por 18 peniques cada uno ($1,92), de ida y vuelta, en vez del viaje en tren, por ocho chelines cada uno (40 centavos). Más tarde la Sra. White escribió: "Un centavo ahorrado es tan bueno como un centavo ganado". 9

Generosidad

Elena de White era frugal porque deseaba ayudar tanto como le fuese posible a personas con dificultades financieras como también a la joven Iglesia Adventista del Séptimo Día con sus crecientes necesidades. 10

"Compartir" parece haber sido su segundo nombre. La manera como compartía su hogar con compañeros de trabajo y pastores que estaban en viaje, muchas veces sin saber cuán tos aparecerían a la hora de la comida, revela un espíritu generoso admirable. Después de inspirar y desafiar a otros a construir templos, casas publicadoras, instituciones de salud y escuelas, ella daba el ejemplo con donaciones sustanciales, a menudo tomando préstamos que se ingeniaba para pagar... con intereses. En 1888 en una reunión en Oakland, California, puede haber causado asombro su declaración de que ella y su esposo habían contribuido con $30.000 "a la causa de Dios", 11 en base a ahorros frugales y sabias inversiones.

En un sermón presentado en una sesión de la Asociación General en 1891, diez años después de la muerte de Jaime, ella escribió: "Por años no recibimos salario, excepto apenas lo suficiente para proveemos la comida y la ropa más simple. Nos sentíamos contentos de usar ropa de segunda mano, y a veces a duras penas temamos la comida suficiente para mantener la fuerza. Todo lo demás lo dábamos a la obra". 12

Su generosidad con su tiempo y sus escasos recursos llegó a ser un modelo para todos. John O. Corliss (1845-1923), quien por varios años vivió en la casa de los White antes de su bautismo en 1868, 13 escribió lo siguiente en cuanto a su estrecha relación con la Sra. White a través de los años: "Ella era muy cuidadosa en practicar en su vida las cosas que enseñaba a otros. Por ejemplo, en sus pláticas públicas se explayaba frecuentemente sobre el deber de cuidar a las viudas y huérfanos, citando Isaías 58:7-10 a sus oyentes. Ella ejemplificaba sus exhortaciones al llevar a los necesitados a su propia casa para darles albergue, comida y vestimenta. Recuerdo muy bien que en cierta ocasión tuvo como miembros de su familia a un niño y una niña y una viuda con sus dos hijas. Además, sé que ella ha distribuido entre los pobres ropa por valor de centenares de dólares, la cual ella compró con ese propósito". 14

Uno no puede repasar la historia de la Iglesia Adventista en Australia sin notar que Elena de White fue excesivamente generosa. En el año 1892 Australia se estaba hundiendo en una depresión económica. Había menos de 1.000 creyentes adventistas. Sin embargo, el constante lema de la Sra. White era "Avanzar", lo cual, al principio, significó fundar una escuela cerca de Melbourne. No había fondos, pero ella decidió usar $1.000 dólares de los derechos de autor de libros extranjeros vendidos en Norteamérica, fondos que ya estaban comprometidos para otro lugar. 15

Mientras se estaban levantando fondos en Parramatta para construir la primera iglesia de propiedad de los adventistas en Australia continental, Elena de White recibió un regalo de $45 dólares desde California. Era el deseo de sus amigos que ella tuviese una silla cómoda durante su dolorosa enfermedad. Pero ella rápidamente los puso en el fondo para el edificio de Parramatta, explicándoles a sus solícitos amigos que deseaba hacerles sentir que ellos también habían invertido algo en Australia. 16

Elena de White se mantuvo en el centro del mundo adventista en Australia, no sólo para dar aliento sino también para recaudar fondos. Una carta al Dr. J. H. Kellogg en 1896 ofrece una vislumbre de la lucha en curso en Australia, año tras año: "Tengo que mantenerme como un banco para mantener, pedir prestado y adelantar dinero. Me esfuerzo de todas maneras posibles para hacer el trabajo. Otros se animarán y harán algo cuando vean que tengo fe para ser la primera en hacer una donación. Aquí están todos nuestros obreros que deben ser pagados. Estoy sumamente endeudada en este país con aquellos que viven en otros países. Alguien nos envió mil ochocientos dólares, pero ya se han utilizado. Un préstamo de quinientos dólares de alguien en Africa, lo cual se ha utilizado de diferentes maneras que demandaban recursos para adelantar la obra. He obrado por fe". 17

En 1899, G. A. Irwin, presidente de la Asociación General, invitó a la Sra. White a regresar a Norteamérica para asistir a la siguiente sesión de la Asociación General en South Lancaster, Massachusetts. Ella replicó: "El 26 de noviembre cumplí 71 años. Pero ésta no es la razón por la cual les ruego no tener que asistir a su congreso... Hemos avanzado lentamente, colocando el estandarte de la verdad en todo lugar posible. Pero la escasez de medios ha sido un serio obstáculo... No nos aventuramos a mostrar la menor partícula de incredulidad. Avanzamos tan lejos como podemos ver, y luego vamos mucho más allá de lo que se ve, avanzando por fe...

"Nos despojamos de todo aquello de lo cual podemos privamos con respecto al dinero, porque las oportunidades son tantas y las necesidades tan grandes. Hemos pedido dinero prestado hasta que me he visto forzada a decir: No puedo donar más. Mis colaboradoras son las mejores jóvenes, las más fieles y consagradas que alguna vez podría hallar. He donado los salarios que se les tendría que haber pagado a fin de promover el avance de la obra. Cuando se hizo el último llamado, por primera vez mi nombre no estaba en la lista... No hay otra cosa que yo pueda hacer sino permanecer aquí hasta que se coloque la obra sobre un fundamento sólido". 18

Al terminar la última década del siglo XIX, la denominación estaba seriamente endeudada mayormente por haber ignorado el consejo de Elena de White. Aunque ella había expresado muy claramente su posición a los dirigentes de la iglesia en cuanto a las razones para evitar las deudas muy grandes, no los criticó ni se quejó. En cambio, presentó un plan. Propuso dar sus derechos de autora de Palabras de vida del gran Maestro (un libro próximo a publicarse en 1900) para ayudar a liquidar las deudas de las escuelas de la iglesia. Gracias a la cooperación de los miembros de iglesia en toda Norteamérica, esa donación rindió más de $300.000.

Cuando en 1906 los fondos de la iglesia estaban bajos, ella donó los derechos de autora de su libro El ministerio de curación (vendido en el este de los Estados Unidos) para la construcción del Sanatorio de Washington (actualmente el Hospital Adventista de Washington) en Takoma Park, Maryland19Todos los derechos de autora de El ministerio de curación se dedicaron a reducir las deudas de las instituciones médicas de la iglesia.

De 1914 a 1918, L. H. Christian fue presidente de la Unión del Lago, que abarca Wisconsin, Illinois, Indiana y Michigan. Se sintió impresionado por los muchos adventistas de edad avanzada en esos estados que atesoraban la memoria de Jaime y Elena White. Contaban cuán bondadosos y serviciales habían sido los White con los pobres en un tiempo cuando los primeros colonos a menudo carecían de alimento y refugio. A los hombres les gustaba recordar el liderazgo vigoroso de Jaime y cómo él le decía a su esposa: "Elena, las palabras son baratas; pero lo que cuenta es lo que tú y yo podemos dar. Es bueno simpatizar con esta gente, pero el resultado de nuestra simpatía está determinado por cuán profundamente ponemos las manos en los bolsillos".

En su libro The Fruitage of Spiritual Gifts (El fruto de los dones espirituales), Christian informó: "Lo que ella escribe en libros como El ministerio de curación y muchos de los Testimonios concerniente a nuestro deber hacia los necesitados y enfermos, lo ejemplificó espléndidamente en su propia vida. Este capítulo se extendería demasiado si recordase todas las cosas que estos viejos conocidos dijeron de la Hna. White. Nunca oí a alguno de ellos encontrar el menor defecto en ella". 20

Consagración al deber

Muchas virtudes nobles caracterizaron la vida notable de Elena de White, pero pareciera que la consagración al deber se destacó entre todas las demás. Doquiera que observamos en su larga vida, la consagración a su asignación divina ocupó la máxima prioridad.

El 10 de febrero de 1850, con tan sólo 22 años y un hijito pequeño, escribió esta carta: "Tendríamos que haberte escrito antes, pero no tenemos un lugar fijo donde estar; con la criatura de un lugar a otro, hemos viajado bajo la lluvia, la nieve y el viento. No pude encontrar tiempo para contestar ninguna carta, y a Jaime le consumió todo su tiempo el escribir para la revista y sacar el himnario. No tenemos muchos momentos de ocio". 21

Hallándose en Battle Creek en 1865, Elena de White sentía la indiferencia aun de sus amigos. Ser una fiel mensajera de Dios es siempre algo difícil, pero vivir cerca de aquellos que recibían los testimonios personales hacía aún más difícil la vida. Dios le había dado una visión especial de la vid languideciente que recibió un sostén especial; esto representaba la fortaleza que debía esperar de Dios mientras continuaba cumpliendo con su deber: "Desde ese momento me sentí segura en cuanto a mi deber y más libre que nunca para llevar mi testimonio a la gente". 22

¿Cómo entendía ella su deber? En 1873 Jaime White estaba sufriendo las consecuencias de varios derrames cerebrales, cuando la obra en Battle Creek requería su estable visión administrativa. Su esposa Elena, sabiendo que era necesario tomar decisiones inmediatas, llamó a los obreros principales para orar juntos. En su entrada del 5 de julio en su diario, ella escribió: "La salud de mi esposo empeoró. Tuvimos una sesión de oración en nuestra habitación. Llamamos a los hermanos y pasamos otro período en oración para comprender más claramente cuál era nuestro deber. Sentí que era mi deber ir al campestre de Iowa. Tuvimos dos sesiones de oración. Finalmente decidimos continuar [viaje] en el tren de la mañana".

En el campestre de Iowa, que estaba cerca de su hogar de retiro en Washington, Iowa, Jaime habló cuatro veces y Elena, cinco. Ambos se sentían renovados, pero a la vez más agotados. Les esperaban las reuniones de cuatro campestres en el lejano oeste. ¿Qué hacer ahora?

Salieron al huerto y oraron. Al relatar esta experiencia, la Sra. White continuó: "Nos sentimos muy ansiosos de saber cuál es nuestro deber. No queremos dar ningún paso equivocado. Necesitamos juicio santificado y sabiduría celestial para avanzar bajo el consejo de Dios. Clamamos a Dios por luz y gracia. Debemos tener la ayuda de Dios o pereceremos. Nuestro ferviente clamor es por la dirección del Espíritu Santo de Dios. No nos aventuramos a avanzar en ninguna dirección sin una luz clara". 23

En South Lancaster, Massachusetts, en 1889, era necesario considerar temas de inmensa importancia, especialmente para comprender cómo los hombres y las mujeres llegan a ser justos y permanecen justos delante de Dios. En un informe a la Review and Herald, ella escribió: "Todos tienen el privilegio de decir: 'Cumpliré las órdenes de mi Capitán al pie de la letra, con sentimiento o sin sentimiento. No aguardaré una sensación feliz o un impulso misterioso'. Diré: '¿Cuáles son mis órdenes? ¿Cuál es la línea de mi deber? ¿Qué me dice el Maestro? ¿Está abierta la línea de comunicación entre Dios y mi alma? ¿Cuál es mi posición ante Dios?' Tan pronto como nos encontremos en una correcta relación con Dios, comprenderemos nuestro deber y lo haremos: y no pensaremos que las cosas buenas que hacemos nos dan el derecho a la salvación". 24

En la mayoría de las situaciones los profetas aprenden su deber así como debe hacerlo cualquier otro hijo de Dios. Aun Jesús aprendió su deber cuando hubo ofrecido "ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente" (Heb. 5:7).

Con frecuencia las decisiones que se toman en cumplimiento del deber son sancionadas de manera convincente. En el húmedo calor do julio de 1881, en Battle Creek, Ele na de White sentía la necesidad de pasar algún tiempo en Colorado donde podría escribir en mejores condiciones. Pero las necesidades de Battle Creek, especialmente de la juventud, la abrumaban, y decidió permanecer allí. Uriah Smith escribió en cuanto a este incidente: "Al hacer esta decisión, sintió inmediatamente un marcado retomo de su vigor corporal y mental, lo que constituyó una buena evidencia de que esta determinación correspondía a su cumplimiento del deber". 25

Algunas de sus últimas palabras a los asistentes de una sesión de la Asociación General (1913) resumían su propia vida de consagración al deber: "Cuando el Señor interviene para preparar el camino ante sus ministros, es deber de éstos seguir su dirección. El nunca abandonará o dejará en la incertidumbre a aquellos que siguen su dirección con un íntegro propósito de corazón". 26

Arduos programas de trabajo

Sus exigentes programas de trabajo eran difíciles aun para hombres fuertes. Ya hemos notado sus agotadores planes de viaje bajo terribles condiciones meteorológicas. En aquellos primeros años, Elena y Jaime White permanecían despiertos pasada la medianoche, leyendo pruebas de impresión y doblando revistas, para luego enfrentar los interminables deberes de cada nuevo día. 27

Como un ejemplo de los deberes de la iglesia que se superponían como las tejas en un techo sobre Elena de White, podemos escoger lo ocurrido el 23 de junio de 1854. Con siete meses de embarazo, ella y Jaime regresaban a su casa en Rochester tras un ocupado viaje de siete semanas por Ohio, Michigan y Wisconsin. El viaje había incluido muchos compromisos de predicación, aconsejamiento a evangelistas respecto a mejores métodos de trabajo, viajes nocturnos por tren y un accidente ferroviario que incluyó la premonición de cambiar de vagones (su primer vagón quedó "muy destrozado").

Pero regresaron a tiempo para un congreso de cuatro días en su casa, con representantes del oeste de Nueva York, Pennsylvania y Canadá. Elena de White suspiró: "Regresamos... muy desgastados, deseando descanso. .. Sin descansar nos vimos obligados a participar en la reunión". 28

A lo largo de su vigoroso programa de predicaciones, viajes y su continua tarea de escribir, Elena de White supervisaba un ocupado horario doméstico. Como hemos notado antes (p. 75), ella generalmente tenía más huéspedes que miembros de su familia inmediata. Una entrada de su diario, correspondiente al 28 de enero de 1868 y escrita en su casa en Greenville, Michigan, es típica de lo que estamos diciendo: "El Hno. [J. O.] Corliss (un joven converso) me ayudó a preparar el desayuno. Todo lo que tocamos estaba congelado. Todo lo que estaba en el sótano estaba congelado. Preparamos nabos y papas congelados. Después de la oración, el Hno. Corliss fue al bosque cerca de lo de Thomas Wilson para conseguir leña. Jaime, acompañado por el Hno. [J. N.] Andrews, fue a Orleans, con la esperanza de regresar para la cena.

"Hice al homo ocho bandejas de panecillos, barrí los cuartos, lavé los platos, ayudé a Willie [de 13 años de edad] a poner nieve en la caldera, lo que requiere muchos baldes. No tenemos agua de pozo ni cisterna. Puse en orden mi ropero. Me sentía cansada; descansé unos pocos minutos. Preparé la cena para Willie y para mí. Justo cuando terminábamos,llegaron mi esposo y el Hno. Andrews. No habían cenado. Comencé a cocinar de nuevo. Pronto tenía algo para que comiesen. Ha sido así casi todo el día. No escribí una sola línea. Me siento triste por esto. Me siento sumamente fatigada. Mi cabeza está cansada". 29

Mientras se estaba construyendo la nueva casa de los White en Battle Creek, a fines de 1868, ellos tenían compromisos de reuniones en los estados del este. Jaime compartió con sus lectores de la Review and Herald el alivio que sintió al regresar a su casa el 30 de diciembre de 1868: "En Battle Creek encontramos que nos habían construido una casa cómoda y agradable, y que estaba parcialmente amueblada con efectos traídos de nuestra casa [de Greenville] en el condado de Montcalm. Este lugar realmente parece como si fuera nuestra casa. Aquí encontramos descanso en varios aspectos diferentes. Nos hemos cansado de reuniones, de viajar, de hablar, de visitar, y de los asuntos de negocio que conlleva una ausencia del hogar, viviendo, por así decirlo, en maletas casi una tercera parte del año. Aquí encontramos tranquilidad por el momento". Más adelante en el artículo hizo notar que les aguardaban sesenta cartas, ¡y todas ellas debían ser abiertas y contestadas ! 30

Campestres uno detrás del otro

Para Jaime y Elena White, los campestres parecían estar unidos, casi sin separación. Por ejemplo, el campestre de Kansas a fines de mayo de 1876, donde Elena se encontraría con Jaime. Ella estaba viniendo de la costa oeste, todo el tiempo ocupada en escribir el primer tomo sobre la vida de Cristo. Después de seis días de sufrimiento, el tren, en vez de llegar el viernes, vino con atraso. Ella llegó al lugar del campamento temprano el sábado de mañana, después de un viaje de 32 kilómetros (20 millas) en un carro rural sobre caminos ásperos. Jaime escribió sobre esto en la revista Signs of the Times: "Cansada, por supuesto, con poco sueño y temblando con un dolor de cabeza nervioso, toma el púlpito a las 10:30 a.m., y es maravillosamente sostenida en su esfuerzo".

Elena de White habló varias veces en las reuniones vespertinas y el martes de mañana se levantó a las 4:00 de la madrugada para una "preciosa reunión social de despedida". 31

Para el 4 de julio los White habían hablado muchas veces en los seis campestres. Antes de seguir viaje al campestre de Ohio, fueron rápidamente a su casa en Battle Creek para retomar aliento. Elena les escribió a William y Mary (casados a principios de ese año) describiéndoles la celebración del 4 de julio [el día patrio de los Estados Unidos]: "Algunas cosas fueron realmente interesantes y otras ridiculas, pero no puedo escribir. He estado bajo presión por tanto tiempo y ahora me doy cuenta de mi estado y no [ siento que] soy muy inteligente. Papá, Mary [Clough] o yo no podemos hacer nada ahora. Estamos débiles y sin cuerda como un reloj viejo". 32

Unos pocos días más tarde se dirigieron al este para la siguiente serie de campestres. En Norwalk, Ohio, 2.500 personas; en Groveland, Massachusetts, una asistencia aproximada de 20.000 personas (la mayor audiencia a la que Elena de White se dirigió). Al escribirle a William durante esta gira, ella le comentó como una madre: "Tu padre y tu madre están abrumados por el trabajo. Me veo vieja y agotada por la misma razón de que no tenemos descanso. Trabajamos duramente. Tu padre hace el trabajo de tres hombres en todas esas reuniones. Nunca vi aun hombre trabajar tan energéticamente, con tanta constancia, como tu padre. Dios le da una energía más que mortal. Si hay algún lugar difícil, tu padre lo toma". 33

Este programa de trabajo de 1876 no era inusitado. También fue característico el horario de predicación de 1880. Jaime no estaba bien; el exceso de trabajo le había provocado varios derrames cerebrales. Su deseo era envejecer elegantemente, pero era más fácil decirlo que hacerlo. Las circunstancias parecían despertar pensamientos y palabras ásperos, insensitivos. El viejo guerrero continuaba la lucha, deseando que otros llevasen la carga más eficientemente.

Mientras Elena de White estaba cumpliendo compromisos en campestres de la costa oeste, recibió un telegrama de Jaime en el que la instaba a unírsele para atender pedidos "desde Maine a Dakota, y de Michigan a Kentucky". A pesar de su recargado programa de asuntos que tenía que escribir, el 26 de julio ella y Lucinda Hall tomaron el "tren lento" hacia el este. El "tren lento" costaba menos, pero el viaje les requirió nueve días. Llegaron a Battle Creek el mediodía del miércoles. A las 8:00 p.m. ella y Jaime tomaron el tren para un viaje de dos horas a Jackson. Después de pasar la noche con amigos, partieron al día siguiente para Alma y llegaron antes de que oscureciera, justo a tiempo para que ella hablase en la reunión vespertina.

Pasaron los dos meses siguientes viajando, semana tras semana, a diferentes campestres. Estos incluían Maine, Massachusetts, Vermont, Nueva York, Ohio, Indiana y el campestre nacional en Battle Creek, Michigan, del 2 al 9 de octubre. En la mayoría de ellos permanecieron de tres a cinco días, pero siempre incluían el sábado y el domingo. Todo esto no se hacía en automóviles sobre carreteras pavimentadas, sino en esos trenes antiguos y otros vehículos tediosos; una hazaña que cansaría hoy día al más endurecido viajero que anda en los automóviles o autobuses más confortables. 34

A lo largo de esos años ocupados, Elena de White suplía anualmente a la Review and Herald y a Signs of the Times con veintenas de artículos. La escritura del tomo 4 del Spirit of Prophecy (Espíritu de profecía) (The Great Controversy Between Christ and Satan [El gran conflicto entre Cristo y Satanás]), aunque retrasada por sus muchos compromisos de predicación, siempre estaba en su mente.

Sin embargo, a comienzos de 1884, decidió completar este apremiante manuscrito: "Escribo cada día. Es mi intención tener completado mi libro el mes próximo y apenas puedo escribir una carta; este asunto me absorbe todo el tiempo". 35

Al escribir a Harriet Smith, la esposa de Uriah, ella redactó este toque personal: "Al escribir mi libro, me siento intensamente conmovida. Quiero que salga tan pronto como sea posible, porque nuestro pueblo lo necesita tanto. Lo completaré el mes próximo si el Señor me da salud como lo ha hecho [hasta el momento]. No he podido dormir por las noches, pensando en las cosas importantes que ocurrirán. Alo sumo duermo tres horas, y a veces cinco. Mi mente está tan profundamente conmovida que no puedo descansar. Siento que debo escribir, escribir, escribir, y no demorar".

Antes de que pudiese terminar, cumplió con tres compromisos de campestres. Durante las pocas semanas finales, le escribió a William para pedirle que le trajese "otra buena pluma fuente". 36

Sólo una profunda consagración al deber y energía provista divinamente, año tras año, pueden explicar setenta años de logros asombrosos bajo las más difíciles condiciones. 37

Cuidando el ejemplo personal

Mientras Elena estuvo en Europa (1885), alguien le dio un reloj de oro. Sin embargo, el asunto se convirtió en un tema de conversación; de modo que, antes de ser mal comprendida o de llegar a ser una piedra de tropiezo, lo vendió. 38

Valor y perseverancia

Dios puede darle mensajes a una persona, pero los profetas deben tener valor y perseverancia para cumplir sus tareas. Piense en esta niña de 17 años, frágil y demacrada, pobre y gravemente enferma, pero que enfrentaba un llamamiento a hablar en nombre de Dios. ¡ La idea les parecía absurda a la mayoría de sus adultos contemporáneos! En los años que siguieron, ella cumplió bien el papel de esposa y madre; sin embargo, por encima de todo lo demás, se entregó de lleno a su sagrado deber, a menudo llevando la delantera por lejos a sus amigos aun más cercanos. No es de asombrarse que escribiese: "Deseaba la muerte para librarme de la responsabilidad que sobre mí se amontonaba". 39 Sólo una persona con valor y perseverancia podría haberse entregado a esa tarea para su vida, y triunfar.

Es asombroso el cuidado que Elena de White le prodigó a su esposo, Jaime, cuando en 1866/1867 él estaba con su sistema nervioso agotado. El hecho de llevar a su esposo de 45 años, totalmente extenuado, al norte de Michigan a mediados del invierno, les parecía a todos algo temerario, aun al médico de los White y a los padres de Jaime que ahora vivían en Battle Creek. Todos sentían que ella, de casi 39 años, estaba sacrificando su vida; que por el bien de sus hijos y de la causa de Dios ella debía permitir que la naturaleza siguiera su curso. Todos creían que Jaime nunca se recuperaría. 40

Pero el valor y la perseverancia la impulsaron a responder: "Mientras él y yo tengamos vida, haré [sic] todo esfuerzo posible en su favor. Ese cerebro, esa mente noble y maestra, no será dejada en ruinas. Dios cuidará de él, de mí, de mis hijos... Aun nos verán uno junto al otro en el púlpito sagrado, hablando las palabras de verdad para vida eterna". 41

La estrategia y el esfuerzo asombrosos de Elena de White para restaurar la salud física y mental de su esposo se ha convertido desde entonces en un modelo para miles. Triunfaron el valor, la perseverancia y un amor imperecedero, y Jaime regresó para estar a la cabeza de quizás sus logros mayores en favor de la creciente iglesia. A lo largo de este extraordinario período como enfermera, confidente, físicoterapista y dietista de su esposo, la Sra. White mantuvo un programa recargado de compromisos de predicación y como escritora. El futuro de la Iglesia Adventista del Séptimo Día (como la conocemos ahora) estaba en las manos de esta valiente mujer en el norte de Michigan.

Pero al mismo tiempo estaban circulando en Battle Creek acusaciones turbulentas e infundadas, que habrían abrumado a casi cualquier otra persona. Elena las resistió valientemente. Al hacerlo, ella y Jaime se ganaron el profundo respeto y gratitud de la mayoría de las personas involucradas. 42 Muy pocas personas públicas han tenido que soportar calumnias tan a menudo como Jaime y Elena White.

En base a sus muchas transacciones comerciales, más de una vez se acusó a los White de enriquecerse en forma indebida. Cuán rápidamente se olvidaba su entrega de fondos sin paralelo a proyectos nuevos, que iban de edificios de iglesia, instituciones de salud y casas publicadoras a la más reciente institución educativa. Durante la mayor parte de su ministerio, Elena de White no reci bió salario. Por muchos años, los White cubrieron sus propios gastos de viaje. Absorbían todos los costos de los ayudantes domésticos que colaboraban atendiendo a sus muchos huéspedes y visitantes. Además, pagaban de sus fondos personales a los ayudantes editoriales. 43

Ya se han hecho frecuentes referencias a los desafíos relacionados con la salud física que Elena de White enfrentó casi continuamente a lo largo de su vida. Un ejemplo de su valor bajo condiciones difíciles ocurrió en Basilea, Suiza, el 15 de junio de 1886, cuando se preparaba para partir a Suecia. Estaba luchando con mucho dolor contra la pleuresía. En un artículo en la Review and Herald comentó lo siguiente: "Cada respiración me causaba dolor. Me parecía imposible viajar, especialmente de noche. Ir en un coche dormitorio. por sólo una noche, representaría un gasto adicional de diez o doce dólares, por lo que esto estaba descartado. Sin embargo era necesario que partiéramos de Basilea esa noche a fin de llegar a Orebro ¡Suecia antes del sábado". Así que partieron en un coche de segunda clase, llegando a Suecia el viernes de mañana.

Este tipo de valor y perseverancia demostraron la verdad de sus palabras escritas varios meses antes: "Cuando es mi deber, yo puedo hacer casi cualquier cosa". 44

Un ejemplo interesante de la perseverancia de Elena ocurrió cuando su hijo Willie tenía unos veinte meses. El niño estaba jugando con un barquito en la cocina, cerca de un balde grande lleno de agua para trapear el piso. La persona que lo cuidaba había salido de la habitación por un momento para conseguir leña para el fuego. Cuando regresó vio sólo un pequeño piecito que sobresalía del agua sucia. Sacó al niño del balde y luego gritó a su madre diciéndole que su hijo se había ahogado.

Se llamó a Jaime como también a un médico. Pero Elena estaba ocupada haciendo girar a Willie sobre el césped, haciendo que el agua saliese del cuerpo. Un vecino instó a Jaime a que sacara "ese bebé muerto de las manos de esa mujer".

"No --replicó--, es su hijo y nadie se lo quitará". Pasaron veinte minutos. Entonces Elena vio un movimiento en uno de los párpados y un pequeño movimiento en los labios. Pronto estaba en su cuna, envuelto en ropas calientes. La madre no se dio por vencida. Años más tarde, al hablar de Willie, dijo que Dios le había mostrado a ella que Willie había nacido para ser su ayudante después que su esposo muriese. Y así fue. 45

Valor al encontrarse sola

En 1881 Jaime White estaba declinando rápidamente. Más de cuatro derrames cerebrales lo habían dejado física y emocionalmente débil, y el exceso de trabajo consumía la fuerza que le quedaba. El 6 de enero la Sra. White escribió que estaba perpleja en cuanto a cómo ayudar a su esposo: "Papá se ha encontrado en tal estado mental que temí que peidería la razón. Pero está decidiendo renunciar a las responsabilidades de los asuntos de oficina y dedicarse a escribir. Espero que lo haga... A veces me siento tan perpleja y angustiada que anhelo la jubilación o la muerte, pero luego reúno nuevamente valor". 46

Pero su verdadera prueba de fortaleza provino de un evento inesperado. Hacia el mes de mayo se la estaba criticando tanto en Battle Creek que aun sus amigos más cercanos la trataban con creciente frialdad. ¿La crítica? ¡No se podía confiar en ella porque otros la manipulaban! ¿Cómo podía ser esto? Pronto ella se dio cuenta de la tensión entre su esposo y el Dr. Kellogg.

En sus momentos oscuros de depresión y paranoia, Jaime estaba usando los escritos de su esposa para socavar la influencia del presidente y el secretario de la Asociación General (G. I. Butler y S. N. Haskell, respectivamente). Desde otra dirección, J. H. Kellogg estaba atacando a Jaime White, quien a su vez ejercía represalias. ¿Cómo se realizaban todos estos ataques desagradables? Cada uno citaba palabras de Elena de White para sustanciar sus acusaciones mutuas y para alegar que las "citas" usadas por sus oponentes no eran palabras válidas "del Señor". Cada hombre estaba tratando de destruir la influencia de los otros, pero el verdadero daño estaba siendo inferido a Elena de White.

El 14 de junio ella les escribió a Willie y Mary en la Pacific Press, en Oakland, California: "Esta falta de armonía me está matando. Tengo que reservarme mi propio parecer y no confío en nadie [en Battle Creek]... Ahora, Willie, he escrito con toda libertad y en forma confidencial. Espero que el Señor te preservará con un buen equilibrio. Espero que no irás a los extremos en nada... y que no seas moldeado por la influencia de nadie, excepto por el Espíritu de Dios". 47

El sábado 16 de julio, Elena de White, con valor y candor, estaba lista para aclarar los malos entendidos. Les pidió a su esposo y al Dr. Kellogg que se reuniesen con ella en privado. Les leyó "una gran cantidad de páginas". A la tardecita del próximo martes convocó a los dirigentes denominacionales en Battle Creek y les leyó las mismas páginas que les había leído a Jaime y al Dr. Kellogg.

Los resultados fueron muy positivos. Su próxima carta a Willie y Mary era alegre, iluminadora y útil para otros que han enfrentado circunstancias similares: "¿Por qué los hombres llevan siempre las cosas a los extremos? No pueden detenerse cuando han llegado a un límite correcto, pero si la conducta de uno es cuestionada, no se sentirán satisfechos hasta que lo aplasten...

"Los mismos hombres que lo condenarían [a Jaime White] por la acritud de sus palabras y por ser dictatorial y dominante, lo son diez veces más, cuando se atreven a serlo, que lo que él lo ha sido jamás... Me he sentido abrumada y transida de dolor durante meses, pero le he entregado mi carga a mi Salvador y ya no seré más como una caña cascada. En la fuerza de Jesús afirmo mi libertad..."

La carta continuaba, haciendo notar que su mayor preocupación era de que las peleas internas entre dirigentes claves proyectarían una sombra sobre la validez de su ministerio profético: "He temido constantemente que las equivocaciones y errores de mi esposo serían relacionados con los testimonios del Espíritu de Dios y que mi influencia se vería grandemente afectada. Si presento un testimonio sencillo sobre errores existentes, ellos dirán, 'Ella está moldeada por el punto de vista y los sentimientos de su esposo'. Si repruebo a mi esposo, él sentirá que he sido severa y que otros me han instilado prejuicios contra él".

Entonces resumió su evaluación de estas dos reuniones: "Me he sentido inválida [en espíritu], pero no debiera estarlo por más tiempo. Debiera actuar con perfecta libertad. Ellos podrán pensar de mí lo que quieran. Yo les daré reprensiones, advertencias o aliento según el Señor me lo comunique. Sus preguntas y dudas no debieran afligirme más ni cerrar mis labios. Debo cumplir con mi deber en el temor de Dios y si ellos se sienten inquietos [por dudas acerca de "influencias" que yo pudiera ejercer sobre ellos], no debiera sentirme responsable por ello. Seguiré adelante en el temor de Dios". 48

Uriah Smith, un colaborador de Jaime White por treinta años, resumió la extraordinaria ocasión con un informe optimista: "¡Oh, que todos pudiesen ser facultados para prestar atención a las buenas palabras de consejo y admonición! Entonces el espíritu religioso se reavivaría en todos nuestros corazones y la causa de Cristo prosperaría en nuestro medio". 49

Sólo aquellos que estén seguros en cuanto a la misión de su vida y que sean suficientemente transparentes en su conducta como para que todos sus contemporáneos confíen en sus motivos, podrán enfrentar situaciones problemáticas con tanto valor como lo hizo Elena de White en Battle Creek, en julio de 1881.

Tacto

Mary y John Loughborough eran amigos cercanos de los White y ambas familias estaban enteramente consagradas a la misión adventista. Ambas habían sufrido la pérdida de un hijo en los primeros años de la década de 1860. Las dos jóvenes madres a menudo intercambiaban pensamientos y sentimientos. En junio de 1861, Mary (entre los veinte y treinta años) le escribió a Elena (ahora de 33 años), preguntándole su opinión en cuanto a la última moda: el uso de miriñaques [faldas con aros]. Después de compartir su consejo, Elena aprovechó la oportunidad para decir algo que no es fácil de decir: "Querida Mary, que tu influencia hable para Dios. Debes tomar la decisión de ejercer una influencia sobre otros que los eleve en su espiritualidad...

"Y Mary, tenme un poco de paciencia respecto a este asunto. Gon bondad fraternal y maternal deseo advertirte afectuosamente sobre otro punto. He notado a menudo que tú, delante de otras personas, le hablas a John en una manera dictatorial; el tono de tu voz suena impaciente. Mary, otros notan esto y me han hablado al respecto. Esto daña tu influencia...

"He dicho sobre este asunto quizás más de lo necesario. Por favor, vigila esto. No te estoy reprendiendo, recuerda, sino meramente advirtiéndote. Nunca le hables a John como si él fuese un niño. Tenlo en reverencia y otros lo tendrán en alta estima, Mary, y tú elevarás a otros.

"Procura tener una disposición espiritual. Estamos trabajando para la eternidad. Mary, sé un ejemplo. Te amamos como a uno de nuestros hijos, y deseo tanto que tú y John puedan prosperar... Por favor, Mary, escríbeme en forma detallada. Cuéntame tus alegrías, pruebas, chascos, etc. Con mucho amor, Elena G. de White". 50

Observamos un hermoso ejemplo del tacto paciente de la Sra .White mientras cuidaba a su esposo en el norte de Michigan en 1866/ 1867. Jaime se hallaba en un estado de profunda depresión tras sufrir un serio agotamiento nervioso debido a exceso de trabajo. Sentía que no tenía futuro. Elena, contrariamente a las opiniones de todos los demás, incluyendo los médicos, creía que la confianza en Dios, el ejercicio y una dieta apropiada le ofrecerían a su esposo su mejor posibilidad de recuperación. Cada día realizaban una larga caminata hasta que llegaron las primeras nieves del invierno. ¡Jaime usó los copos de nieve como una excusa para dejar de caminar!

No por mucho tiempo. Elena se dirigió al Hno. Root, con quien estaban parando, y le pidió que le prestase un par extra de botas. Entonces caminó penosamente algo más de un tercio de kilómetro (un cuarto de milla) en la nieve profunda. Al regresar le pidió a su esposo que efectuasen su caminata habitual. El replicó que nadie podría caminar con ese clima.

"Oh, sí, tú puedes --contestó Elena--. Con toda seguridad que puedes pisar en mis huellas".

Jaime, un hombre que tenía gran respeto por las mujeres, vio sus huellas, y esa mañana "realizó su caminata habitual". 51

Elena de White percibió que su esposo también necesitaba ejercitar su cerebro. Pero él no quería hablar a nadie fuera de la casa. De modo que ella ideó un plan lleno de tacto. Cuando llegaba una visita con preguntas difíciles, ella la invitaba rápidamente a pasar antes de que Jaime pudiera excusarse. Entonces decía: "Esposo, aquí está un hermano que ha venido para plantear una pregunta, y como tú puedes contestarla mucho mejor que yo, lo he traído para que te vea".

Jaime permanecía en el cuarto el tiempo suficiente para contestar la pregunta. Tales estratagemas mantenían activa su mente y él mejoró lentamente. Cuando se requirió liderazgo espiritual especial en Wright, Michigan, la iglesia local de los White, Elena proveyó mucho consejo, pero "fue cuidadosa de asegurarse de que su esposo tomara la iniciativa". 52

Más adelante, en 1867, la familia White se trasladó a su granja en Greenville, Michigan, nuevamente para ayudar a Jaime a recuperar su salud. Al preparar su huerta, la Sra. White le pidió al joven Willie que comprase tres azadas y tres rastrillos. Jaime se resistió a usar su rastrillo y azada, pero ella tomó sus herramientas y comenzó a trabajar, ampollándose las manos. Jaime la siguió a regañadientes, en forma mecánica. Pero pronto estaba atando los caballos al carro y comprando materiales para la casa. Dijo que estaba comenzando a dormir bien por la noche y a despertarse renovado cada mañana. La planificación, perseverancia y tacto de la fiel esposa estaban dando resultado, aunque lentamente.

Cuando llegó julio, el heno estaba listo para ser cortado. Jaime hizo arreglos con los vecinos para que cortasen el heno, esperando que viniesen más tarde a fin de hacinarlo para el invierno. Pero su esposa tenía un plan me jor. Fue a esos mismos vecinos y les dijo que se excusasen de hacer lo solicitado, a lo cual primero se resistieron.

Cuando Jaime llamó en busca de ayuda, todos los vecinos se excusaron diciendo que estaban demasiado ocupados. Jaime se sintió muy chasqueado, pero Elena, con optimismo típico, sugirió que ella y Willie rastrillarían el heno y lo echarían en el carro si Jaime lo acomodaba y conducía los caballos. ¿Pero cómo construirían el almiar?

Los vecinos se asombraron al ver a esta pequeña mujer de 1,55 m (cinco pies y dos pulgadas) pisando el heno y armando el almiar mientras su esposo echaba el heno desde el carro.

¿Qué estaba sucediendo con Jaime? El informó a los lectores de la Review. "He trabajado de seis a doce horas cada día, y disfrutado de un sueño bendecido de seis a nueve horas por noche... Mi trabajo ha sido trabajar con el heno, arar, nivelar la tierra alrededor de la casa, limpiar con la azada e instalar las alfombras". 53 El tacto y el espíritu valiente y resuelto de Elena estimularon a Jaime para que recuperase la salud.

Bondad

En muchas ocasiones Elena mostró su interés en los jóvenes. Por ejemplo, conoció a una nueva familia adventista en el campestre de Oregon celebrado a fines de junio de 1878. Su hija adolescente, Edith Donaldson, estaba ansiosa de adquirir una educación cristiana en el Colegio de Battle Creek. La Sra. White rápidamente sugirió que Edith regresase con ella a California y luego a Michigan. En una carta a su esposo, manifestó la bondad de su corazón. Al describir a Edith como una "niña excepcionalmente promisoria", escribió: "Quiero hospedarla en nuestra casa y darle toda la atención que necesita". 54

Elena de White recibió muchas cartas de quienes estaban sufriendo de alguna enfermedad o lamentando la muerte de seres queridos. Cuando la Asociación General envió a J. N. Andrews a Europa como el primer misionero oficial de la denominación, enviaron a un hombre que ya había perdido a su esposa y a dos hijos pequeños debido a enfermedades. Partió de los Estados Unidos con Mary, su hija de 12 años, y Charles, de 17. Cuatro años más tarde, en 1878, Mary murió de tuberculosis. Al unirse la temprana muerte de su esposa con la muerte de Mary, Andrews sintió que estaba aferrándose a Dios "con una mano entumecida". 55

Una de sus cartas más bondadosas

Elena de White le escribió a su amigo de mucho tiempo una de sus cartas más bondadosas, la cual incluía las siguientes palabras: "Hemos bebido la misma copa de tristeza, pero estuvo mezclada con gozo y descanso y paz en Jesús [Elena había perdido a dos hijos por enfermedad]... La nube de misericordia se mantiene sobre su cabeza aun en la hora más oscura, Los beneficios de Dios para nosotros son tan numerosos como las gotas de lluvia que caen de las nubes a la tierra reseca para regarla y refrescarla. La misericordia de Dios está sobre usted.

"Mary, querida y preciosa niña, descansa. Ella fue la compañera de sus dolores y frustradas esperanzas. No tendrá más aflicción o necesidad o angustia. Mediante el ojo de la fe, usted puede anticipar, en medio de sus dolores y angustias y perplejidades, que su Mary con su madre y otros miembros de su familia responderán al llamamiento del Dador de la vida y saldrán de su cárcel triunfando sobre la muerte y la tumba... Si usted es fiel, antes de mucho estará caminando con ellos por las calles de la Nueva Jerusalén…Si pudieran ser abiertos sus ojos, vería a su Padre celestial inclinado sobre usted con amor, y si pudiera escuchar su voz, sería en tonos de compasión hacia usted que está postrado por el sufrimiento y la aflicción. Manténgase firme en su fortaleza; hay descanso para usted.56

El Dr. John Harvey Kellogg creció como un hijo para Elena de White. Los White le ayudaron financieramente en sus estudios de medicina y lo apoyaron vigorosamente cuando él desarrolló la obra médica en Battle Creek. 57 Pero en 1904 el Dr. Kellogg había trazado un rumbo que podría potencialmente dividir la iglesia. En un mensaje dado en una reunión de los miembros y dirigentes de la Unión del Lago a fines de mayo de 1904, Elena de White habló de su simpatía hacia su viejo amigo, pero "a menos que cambie su curso, y tome un derrotero enteramente diferente, lo perderemos para la causa de Dios... He permanecido despierta noche tras noche, estudiando cómo podría ayudar al Dr. Kellogg... He pasado casi noches enteras en oración por él".

Hizo lo mejor posible para colocarse en la brecha entre el Dr. Kellogg y los dirigentes de la iglesia. Les escribió a los pastores A. G. Daniells y W. W. Prescott, informándoles que mediante una visión sabía que "ahora es nuestra hora para salvar al Dr. Kellogg".

Insistió en su argumento, emanado de un corazón bondadoso: "Ninguno de nosotros está al margen de la tentación. Hay un trabajo que el Dr. Kellogg tiene la preparación para realizar como ningún otro en nuestras filas puede hacerlo... Debemos atraerlo con todas nuestras fuerzas, sin hacer acusaciones, ni prescribir lo que él debe hacer, antes bien hacerle ver que no estamos dispuestos a permitir que alguien perezca". Luego preguntó: "¿No vale la pena intentarlo?" 58

Las cosas no evolucionaron como Elena de White había esperado. Las perspectivas de unidad eran sombrías. Sin embargo, ella le escribió al Pastor Daniells: "Si de alguna manera podemos hacerle bien [a Kellogg], mostremos que no queremos herirlo sino ayudarle. Evitemos todo lo que provocaría represalia. No demos lugar para una contienda". 59

Antes que esto, durante los días oscuros de la Guerra Civil, los adventistas se inclinaban a tomar la posición de no combatir en la guerra. Aunque los diversos gobiernos estatales, como también el federal, habían concedido reconocimiento a los adventistas como no combatientes, el asunto estaba lejos de ser claro entre los comandantes en el campo de lucha como también entre muchos jóvenes adventistas.

El 4 de mazo de 1865, Enoch Hayes, quien se había unido al ejército, fue desfratemizado de la "membresía de la Iglesia de Battle Creek. por un voto unánime de la iglesia". Cuando Elena de White se enteró de este voto, respondió con ese toque de bondad que caracterizó su ministerio. Expresó su convicción de que el joven no debía ser desfratemizado por seguir su conciencia y responder al llamado de su país. El resultado: Se rescindió el voto y el joven permaneció como miembro "regular y en buena regla". La bondad prevaleció. 60

Preguntas de estudio

1. ¿Cómo explica usted la notable confianza que hombres resueltos tuvieron tan temprano en el ministerio de Elena de White?

2. ¿Cómo respondería usted a la sugerencia de que Elena de White no vivía aquello por lo que abogaba?

3. Repase los eventos que motivaron la notable generosidad y frugalidad de Elena de White.

4. ¿Qué ejemplos daría usted que ilustran el valor y la perseverancia de Elena de White?

5. ¿De qué modo Elena de White usó de valor y sentido común en la rehabilitación de su esposo en el invierno de 1866-1867?