Mensajera del Señor

Capítulo 10

La Pionera Americana y la Mujer Victoriana

"Ella se levantó de un lecho de enferma y dio sus primeros pasos, débiles y vacilantes, para llegar a ser una mujer victoriana y una profetisa adventista". 1

De todas las mujeres líderes de grupos sociales o religiosos del siglo XIX. Elena de White fue virtualmente única. Combinó las vigorosas características de la pionera norteamericana con las virtudes de la típica mujer victoriana.

Cómoda con los caballos

He aquí una mujer que en un tiempo había sido frágil, de 1,57 m de altura (cinco pies y dos pulgadas), que podía ensillar caballos y andar en ellos como la mayoría de los hombres. 2 Además de eso, basada en su propia experiencia, ella recomendó fuertemente que los varones debían aprender, ya sea en la casa o en la escuela, a "tender la cama, ordenar una pieza, lavar la loza, preparar una comida, lavar y remendar su ropa". Las niñas debieran "aprender a enjaezar y guiar un caballo, manejar el serrucho y el martillo, lo mismo que el rastrillo y la azada". 3

Acostumbrada a sufrir privaciones

Elena de White es más a menudo recordada como una poderosa oradora y una prolífica escritora, pero sus contemporáneos también la conocieron como una ama de casa competente y una madre alegre. Todo eso no era fácil en una época cuando no había electricidad o agua corriente. Tampoco lo fue cuando por varios años ni ella ni su esposo recibieron un ingreso regular. Y el no tener un "lugar fijo de residencia" hacía la vida sumamente difícil. 4

Hábil para la costura

Pero los White, con dos de sus hijos, sobrevivieron, como lo hicieron la mayoría de otras familias que tenían el espíritu pionero del siglo XIX. A lo largo de la mayor parte de su larga vida Elena de White se hizo la ropa. En cierta oportunidad escribió: "Las sábanas y las almohadas y mi ropa están en buena condición". 5

En un día de fines de noviembre de 1865, en Rochester, Nueva York, ella le escribió una nota a Jaime: "Anoche fue una noche fría. Temía dormir sola en un cuarto frío, pero mi hermoso y abrigado camisón estaba terminado, me lo puse y me sentí realmente cómoda... La costura está avanzando en forma decidida sin que eso represente en absoluto una carga para mí". 6

Un día típico

Al leer los diarios y cartas de Elena de White uno obtiene cierta comprensión de cómo era su vida diaria. En una carta de 1873 al pastor D. M. Canright y a su esposa, ella escribió, en parte, lo siguiente: "Por algún tiempo he sentido que debo escribirles, pero no he encontrado el tiempo. Me levanté a las cinco y media de la mañana, ayudé a Lucinda a lavar los platos, he escrito hasta que oscureció, y luego he hecho la costura necesaria, quedándome levantada hasta cerca de la media noche; sin embargo, no nos hemos enfermado. Después de haber escrito lo planeado para el día he lavado la ropa de la familia. Frecuentemente he estado tan cansada que empiezo a tambalear como una borracha, pero alabado sea el Señor, él me ha sostenido". 7

Compradora perspicaz

En cierto momento de su ocupado programa de actividades en Europa, Elena de White necesitó descansar de sus rigurosos compromisos de predicar y de escribir. Para distraerse, ella y Sara McEnterfer, su compañera de viaje, cosieron para ellas y para otras personas. Algunas mujeres, al notar que ella había comprado en forma económica y con buen gusto, a menudo querían que ella les ayudase a hacer sus compras. 8

Pero como en todas las cosas, aun en la costura, ella recomendó equilibrio y urgió a mantener las debidas prioridades. Hablando de las madres, escribió: "Consérvese alegre y animada. En vez de consagrar todo momento a interminables costuras, haga de la velada de familia una ocasión de grata sociabilidad, una reunión de familia después de las labores del día". 9

Jardinera entusiasta

Elena de White era una jardinera entusiasta no sólo para satisfacer las necesidades de verduras y fruta para la casa, sino también para hermosear el hogar con flores frescas. La época primaveral en Battle Creek (1859) avivó el entusiasmo por la horticultura de esta madre ocupada de 31 años de edad, con tres hijos. El 24 de marzo, un día frío y ventoso, se lee en su diario: "Me levanté temprano. Ayudé a mi esposo y al Hno. Richard [Godsmark] a llevar un arbusto de grosella para plantarlo en nuestro jardín".

El tiempo era más cálido el 30 de marzo y ella escribió: "Planté las frambuesas. Fui a Manchester en busca de plantas de fresa. Conseguí algunos arbustos de grosella... Despaché tres cartas".

Al día siguiente plantó "una cantidad de fresas". Dos semanas más tarde escribió: "Pasé la mayor parte del día haciendo un jardín para mis hijos. Me siento deseosa de hacerles el hogar tan agradable como pueda, para que el hogar pueda ser para ellos el lugar más placentero de todos". 10

Desde su pequeño hogar en Washington, Iowa, le escribió a Edson: "Estamos en medio de flores de casi toda descripción posible, pero lo más hermoso de todo es estar rodeados por todas partes de rosas de todos los colores, y tan fragantes. La reina de la pradera apenas se está abriendo, también la campana de Baltimore. Las peonías han sido muy hermosas y fragantes, pero ahora están decayendo rápidamente. Hemos tenido fresas por varios días". 11

Para Elena de White la atención del jardín significaba un trabajo agradable. Al escribir desde Oakland, California, a su esposo que estaba en Battle Creek, le contó de una nueva amiga que había compartido plantas para su jardín: "Planté todo en el jardín de la nueva casa a la luz de la luna y con la ayuda de la luz de un farol. Las dos Marías trataron de hacerme esperar hasta la mañana, pero yo no las escuché. Tuvimos una hermosa lluvia anoche. Me alegré entonces de haber perseverado en colocar mis plantas". 12

En 1881 los White estaban viviendo nuevamente en Battle Creek. Esta vez, al escribirle a Mary, su nuera, Elena de White quería algunas cosas de su jardín de Oakland: "Tengo que pedirte un favor. ¿Quisieras conseguir una caja pequeña y poner en ella raíces rosadas y retoños de clavellina, algunos tallos selectos de rosa, fucsias y geranios, y enviármela?"

Algunos días más tarde escribió nuevamente: "Tenemos una situación muy hermosa aquí en Michigan... He estado reuniendo arbustos y flores hasta que contamos con un buen jardín. Tengo una gran cantidad de peonías; espero conseguir clavellinas californianas. Deseo conseguir de la Hna. Rollin algunas de esas plantas verdes para los bordes... Ojalá tuviera algunas semillas de California". 13

Su interés prolongado e intenso en el jardín y la huerta la preparó para el desafío que enfrentó en Australia en la década de 1890. Cuando notó que mucho de su consejo para expandir el desarrollo de la agricultura caía en oídos pesimistas, declaró valientemente que los hombres del área estaban equivocados. En realidad, dijo, estaban dando "falso testimonio" concerniente a la tierra.

Ella enseñó el camino, por su ejemplo y por su exhortación visionaria. El resultado fue analizado en una carta escrita el 3 de febrero de 1896: "Tenemos el testimonio de que al cuidar los árboles y las verduras en la estación seca, obtendremos buenos resultados. Nuestros árboles están haciendo bien... Puedo testificar por experiencia que se ha dado falso testimonio sobre esta tierra. En los terrenos de la escuela hay tomates, calabazas, papas y melones... Sabemos que la tierra rendirá bien con el debido cuidado".

Pocos días más tarde escribió en su diario que se levantó a las 4:30 y estaba en el jardín alrededor de las 5:00, "revolviendo la tierra y preparando para plantar mis flores". Luego, con dos ayudantes, plantó 28 plantas de tomate. A la mañana siguiente estaba en la huerta "atando los árboles. Se coloca un manojo de pasto entre la estaca y el árbol para que el árbol no se lastime". 14

Viajera intrépida

El espíritu pionero de Elena de White probablemente se manifestó mejor en su notable itinerario de viajes. Yapara 1885, sólo 16 años después que se concretase la conexión transcontinental en Promintory, Utah, había cruzado los Estados Unidos desde California a Michigan por tren alrededor de 24 veces. Obviamente, estos viajes no se asemejaban para nada a lo que la gente hoy en día incluso puede recordar, ni tampoco se parecían al "romance" que la gente sentía por los viajes en ferrocarril en la primera mitad del siglo XX. 15

Los coches de madera para pasajeros, muy peligrosos cuando había accidentes, eran muy comunes y no fueron reemplazados por coches hechos enteramente de acero hasta 1907. "Los asientos tenían un respaldo derecho y cojines delgados, si es que los había. Una estufa de carbón proveía la única calefacción disponible; velas y lámparas de aceite proporcionaban la luz. Los vestíbulos en las plataformas abiertas ofrecían poca protección contra [las inclemencias] del tiempo cuando se caminaba de un coche a otro". 16 El maquinista "podía ser identificado tan fácilmente por su aroma a whisky como lo era un vendedor ambulante por su caja [de mercadería]". 17

Los primeros cuarenta años de los viajes por tren al Oeste fueron la "mejor época del minero, del vaquero, del ladrón de trenes y del hombre malo; usted podía encontrar a uno o a todos ellos usando los asientos de felpa o de tablillas de madera de los coches impulsados a vapor". Al viajar al Oeste "se enfrentaban privaciones y dificultades, [y la persona era] azotada por crueles inviernos y cocinada por tórridos veranos. La lluvia, cuando venía, era un torrente destructivo. Las sequías ocurrían a intervalos regulares... En 1874, con la mayor parte de la construcción de ferrocarriles detenida debido al pánico financiero de 1873, aparecieron las langostas, las que comieron todo lo que crecía desde el límite con Canadá basta el norte de Texas. Un tren de la línea Pacific Union quedó atascado en Kearney [Nebraska] por un amontonamiento de langostas de casi un metro (tres pies)". 18

En 1876 el tiempo normal de viaje entre la costa del Pacífico y Nueva York era de siete días y siete noches, con cambios de tren en Omaha y Chicago. 19

Tres veces Elena de White realizó el riesgoso viaje oceánico a Oregon (1878,1880, 1884), cuando los servicios al viajero eran todavía primitivos. La esposa de un obrero informó lo siguiente sobre la visita de la Sra. White en 1878, cuando tenía 50 años: "La Hna. White era tan ambiciosa cuando estuvo aquí, al considerar la obra que debía hacerse, que realmente parecía que había olvidado sus años. Su visita a Oregon fue de un beneficio sumamente valioso para la obra de la Verdad Presente [sic] aquí". 20

En 1852 los White dejaron Rochester, Nueva York, para realizar un viaje de dos meses a Nueva Inglaterra con un carruaje tirado por caballo. Jaime arregló el itinerario e informó a los adventistas mediante la revista de la iglesia lo relativo al tiempo y lugar en que podrían esperarlos. El horario era agotador. Un tramo de 160 kilómetros (100 millas) tomaba dos días. Pero con buen tiempo y sin inconvenientes, lograron cumplir con sus citas. Mientras iban traqueteando en un coche abierto, Jaime pensaba qué escribiría para la Review y Youth's Instructor. Cuando se detenían para permitir que Charlie, su caballo, comiese, él escribía los artículos "sobre la tapa de la cesta de la comida, o sobre la parte superior de su sombrero". 21

La experiencia de Elena de White al tratar de llegar a una cita en un campestre en WilliaMdsport, Pennsylvania, a comienzos de junio de 1889, ilustra bien su espíritu perse-verante y de pionera. Este fue el año de las lluvias fuertes y de la inundación de Johnstown. Muchos caminos y puentes de la ruta fueron barridos por el agua. El tren se movía lentamente desde Battle Creek. Cuando llegaron a Elmira, Nueva York, se les aconsejó que regresasen a la casa. Pero la Sra. White (ahora con 61 años) y Sara McEnterfer prosi-guieron su viaje. Cuando el tren no pudo continuar más, estas dos mujeres alquilaron un carruaje. Cuando el carruaje se vio obligado a detenerse, las mujeres caminaron, comple-tando los últimos 64 kilómetros (40 millas) en cuatro días.

Este viaje fenomenal está descrito en el informe de Elena de White a la Review and Herald del 30 de julio de 1889. En ese informe ella escribió: "Nos vimos obligadas a caminar [muchas] millas en este viaje, y parecía maravilloso que yo pudiese soportar la marcha como lo hice. Mis dos tobillos se habían fracturado hace años, y desde entonces siempre habían quedado débiles. Antes de salir de Battle Creek para Kansas, me había torcido uno de los tobillos y tuve que usar muletas por algún tiempo; pero en esta emergencia no sentí debilidad ni molestia, y viajamos sin contratiempos sobre rocas áspe-ras y resbaladizas". 22 En el campestre de WilliaMdsport, ella habló trece veces, incluyendo todas las reuniones matutinas, ¡y eso sin un sistema de amplificación!

Este espíritu perseverante, animoso y de pionera fue evidente, como de costumbre, cuando los White cruzaron el río Mississippi en diciembre de 1857. Treinta centímetros (un pie) de agua corrían por encima del hielo; otros carruajes se habían estancado, pero el grupo de los White siguió avanzando. En Iowa, en medio de vientos violentos y fríos, con sus caballos abriendo camino a través de nieve profunda, finalmente llegaron a su destino. 23

La dama Victoriana

Sin embargo, aunque Elena de White era un valiente ejemplo de la fuerte mujer pionera del siglo XIX, ella desplegaba las características de la dama victoriana. La in-vestigadora Kathleen Joyce señaló un pasaje ampliamente citado de Barbara Welter, quien enumeró cuatro virtudes por las cuales era juzgada la mujer victoriana: "... piedad, pureza, espíritu sumiso y dedicación a los asuntos domésticos. Reunáraoslas y veremos que significan madre, hija, hermana, esposa: mujer. Sin ellas, no importa que hubiese fama, logros o riqueza, todo era cenizas. Con ellas se le prometía a ella felicidad y poder". 24

Joyce agregó el área de "la salud y la atención médica de las mujeres" como otra característica especial de la mujer victoriana. Ella señaló que la trayectoria de Elena de White fue un constante equilibrio entre el cumplimiento de sus obligaciones victorianas (matrimonio, maternidad, ama de casa) y la respuesta a su llamado profético. "Su fragilidad, las visiones sobre las cuales no tenía control, su renuencia, particularmente en los primeros años, a aceptar una posición de liderazgo que requería de ella ser más que la amanuense de Dios, revelan un patrón particularmente femenino de la profecía religiosa. Era un patrón que reconciliaba la necesidad de las mujeres de ser siervas antes que patrones, y servía para reforzar la reconfortante percepción de las mujeres como vasos pasivos a través de los cuales Dios y los hombres llevan a cabo grandes logros. Por adherirse a este patrón, Elena de White se convirtió en el tipo de profetisa que la América victoriana podía tolerar". 25

La Sra. White manifestó una de las muchas características del modelo Victoriano por su uso frecuente de eufemismos. Por ejemplo, al referirse a las relaciones sexuales, ella usaba frases como "privilegio de la relación matrimoniar', 26 "privilegios matrimonialles", 27 y "el carácter... privado de la relación familiar". 28

Sus eufemismos Victorianos no eran fingidos. Ella fue siempre una esposa amante y devota que ganó y mantuvo la admiración de su esposo hasta el día que él murió. Pero ella entendía los principios de la salud mental y cómo debían establecerse las prioridades maritales. Sus frecuentes consejos a otros respecto a las relaciones matrimoniales nacieron no sólo gracias a la inspiración divina sino que fueron articulados en base a su experiencia personal. Ella no sólo abogó verbalmente en favor de la cortesía y la modestia cristiana, sino que las practicó con un esposo que la adoraba.

Por ejemplo, note la sugerencia que le hizo a Daniel T. Bourdeau, un nervioso joven de 26 años, en su noche de bodas. Bourdeau, ordenado como pastor a los 23 años de edad, buscó una esposa durante tres años. En 1861 se casó con Marion Saxby en Bakersfield, Vermont, y Jaime White ofició en la ceremonia en una casa particular. Jaime tenía 40 años y Elena 33, todavía una mujer joven. Debido a que el servicio religioso ocurrió tarde en el día, los novios aceptaron la invitación de su anfitrión de pasar la noche en su casa. Los White también quedaron como huéspedes.

Cuando Elena subió las escaleras para acostarse, vio a un joven muy nervioso que iba y venía frente a la puerta cerrada del dormitorio. Ella sospechó que había un problema. Amablemente le dijo al recién casado (según lo relató más tarde la flamante esposa en base a lo que le había contado su esposo): "Daniel, dentro de esa habitación hay una joven en la cama petrificada de temor. Vaya enseguida a su lado, y ámela y confórtela. Y, Daniel, trátela amablemente, trátela tiernamente, trátela con amor. Eso le hará bien".

Luego agregó: "¡También le hará bien a usted!" 29 He aquí una mujer victoriana cuyas prioridades eran correctas, y esa joven pareja permaneció para siempre agradecida.

En algunos otros aspectos, Elena de White era claramente diferente de la típica mujer victoriana. No usaba su fragilidad para obtener ventajas personales o atención especial, sino que se elevaba por encima de ella para el asombro de sus contemporáneos. Aunque respetuosa de Jaime, ella no practicaba la típica sumisión victoriana al esposo, ni intentaba satisfacer las expectativas sociales (meramente para ganar la aprobación masculina) o la domesticidad victoriana (para realzar su posición como mujer entre otras mujeres). En cumplimiento de su papel profético. esas "vir-tudes" victorianas asumieron un nuevo significado. La fragilidad física se convirtió en un desafío para conquistar la debilidad mediante la gracia de Dios, un logro que le dio creciente fortaleza y resistencia a medida que pasaban los años.

Aunque la sumisión a su esposo y la atención de las necesidades de su familia eran importantes, las responsabilidades proféticas de Elena de White fueron supremas en su vida. Mostró a todos que las responsabilidades religiosas no disminuyen las responsabilidades hogareñas. La vida para ella no estaba dividida en compartimentos, ya sea como profetisa o como ama de casa. Ella vio la vida como un todo: el cumplimiento de sus responsabilidades religiosas no disminuiría sus responsabilidades de esposa, madre y vecina.

Preguntas de estudio

1. ¿Cuáles son las características distintivas de la mujer "victoriana"?

2. ¿De qué maneras interesantes fue Elena de White una mujer pionera ejemplar?

3. ¿Cómo piensa usted que las habilidades de jardinería de Elena de White le ayudaron en su trabajo como escritora?

4. ¿Podría una mujer en el mundo de hoy ser al mismo tiempo "victoriana" y americana?