"Y leían en el libro de la ley de Dios claramente,y ponían el sentido, de modo que entendiesen la lectura" (Neh.8:8). "Animemos a todos a usar un lenguaje sencillo, puro y elevado. El habla, la pronunciación y la voz, cultive estos talentos, no bajo la dirección de algún famoso instructor mundano, sino bajo el poder del Santo Espíritu de Dios".1
Probablemente no ha habido un orador público que tuviese un comienzo más desfavorable que Elena Harmon, pero a fines de 1844 ella oyó la invitación: "Da a conocer a otros lo que te he revelado". Nada le causó más desesperación. Oraba para ser liberada de esta carga; hasta "deseaba la muerte". 2
¿Estaba siendo meramente modesta? ¿Su reticencia era motivada por la humildad cristiana? En cierta manera hemos de contestar "Sí"' a ambas preguntas, pero ella también era realista, así como cualquiera que conocía a esta "frágil" jovencita de 17 años, de apenas 36 kilogramos (80 libras). Sus contemporáneos no esperaban que viviese; sus problemas respiratorios parecían ser fatales. En sus propias palabras. "Era menuda y endeble, sin trato social y naturalmente tan tímida y apocada que me era muy penoso encontrarme entre personas desconocidas". 3
¿Qué ocurrió cuando Elena Harmon aceptó la primera invitación a relatar su visión en Poland, Maine? Movida por un sentido del deber, capaz de hablar sólo en un susurro, ella comenzó a comunicar "a los demás" lo que Dios le había revelado. Después de cinco minutos su "voz resonó clara y firme", y habló "con completa facilidad y soltura durante cerca de dos horas". 4 Cuando terminó, reaparecieron sus problemas vocales hasta la siguiente vez que se puso de pie ante el público para compartir su mensaje. Con cada nueva "restauración" de la fuerza y la soltura vocal, ella se sintió más segura que estaba siguiendo la senda del deber.
Desde ese comienzo nada promisorio, los setenta años de servicio público de Elena de White revelan un registro asombroso e imprevisto. Ella llegó a ser una oradora en demanda tanto por parte de los adventistas como de los no adventistas. Durante muchas décadas fue uno de los principales oradores en las sesiones de la Asociación General y posiblemente la oradora más deseada en los campestres de costa a costa. Los no adventistas escuchaban de a miles (los auditorios oscilaban de 20 a 20.000) y con gran aprecio sus sermones evangelísticos, mucho antes de que hubiera sistema público de megafonía. 5
¿Cómo lo hacía? Sin duda Dios le ayudó en forma especial cuando ella avanzó por fe en 1845. Ella tuvo otras experiencias similares a la que mencionaremos seguidamente, ocurrida en el campestre de Healdsburg, California, en octubre de 1882. Durante el verano ella se había agotado debido a sus muchos viajes y predicaciones, y al hecho de que había estado escribiendo vigorosamente. 6 Aunque confinada a su cama, pidió que la llevasen a una carpa grande para descansar en un sofá. Después que J. H. Waggoner terminó su sermón, ella le pidió a su hijo que la ayudase a llegar al púlpito.
Al recordar más tarde el incidente, ella escribió: "Durante cinco minutos estuve allí tratando de hablar y pensando que éste era el último discurso que debía hacer: mi discurso de despedida... De pronto sentí que un poder descendió sobre raí, como una descarga de electricidad. Pasó por mi cuerpo y llegó hasta la cabeza. Las personas dijeron que vieron claramente la sangre que afluía a los labios, los oídos, las mejillas, la frente".
Un comerciante de la ciudad se puso de pie y exclamó: "Estamos viendo un milagro que se realiza ante nuestros ojos. ¡La Sra. White ha sido sanada!"
El pastor Waggoner, el orador anterior de ese día, escribió en su informe a Signs: "Su voz y apariencia cambiaron, y durante algún tiempo habló con claridad y energía. Luego invitó a aquellos que deseaban dar el primer paso en su servicio a Dios y a los que estaban alejados en la apostasía, que pasasen adelante, y un número considerable respondió al llamado". 7
Estilo de oratoria
Según opinión general, las características vocales de Elena de White eran extraordinariamente agradables y poderosas. Un pastor, al informar sobre su experiencia en el Instituto Bíblico de 1874 en Battle Creek, escribió lo siguiente acerca de Jaime y Elena White: "Me atrevo a afirmar que ninguna persona de mente culta puede escuchar a cualquiera de los dos sin sentir la certeza de que Dios está con ellos. El estilo y el lenguaje de la Una. White es sumamente solemne e impresionante, e influye increíblemente sobre la congregación, elevándola siempre hacia el cielo". 8
L. H. Christian oyó por primera vez a Elena de White en Minneapolis en 1888. Escribió lo siguiente sobre esa experiencia: "Comenzó a hablar en una voz baja, agradable, melodiosa... hermosamente natural. Uno pensaría que estaba hablando a gente ubicada a un metro o metro y medio (cuatro o cinco pies) de donde ella estaba parada. Me preguntaba si el resto de la gente podría oírla. Más tarde, en la conferencia de 1905 en Takoma Park, Washington, D.C., después que hube entrado en el ministerio, tuve una oportunidad para probar su voz. Ella estaba de pie sobre una gran plataforma en el frente del lugar dirigiéndose a un auditorio de cinco mil personas, algunas de las cuales se hallaban en el mismo fondo de una gran carpa. Me senté en el frente y me dije a mí mismo, 'Nunca pueden oír en la parte de atrás lo que ella está diciendo'. Escurriéndome, caminé fuera de la carpa hasta la parte posterior, y cuando entré y me paré detrás de la gran multitud pude oír cada palabra y casi cada sílaba de cada palabra tan claramente como si estuviese en el frente.
"Con su magnífico don de oratoria y su capacidad para dominar al auditorio y conducirlo ya sea a pensar sólidamente o a experimentar las emociones más profundas, parecía totalmente segura como mensajera de Dios; sin embargo ella no hizo nada para llamar la atención sobre sí o para exaltar su autoridad. Estaba allí meramente como una portavoz del Señor, pensando sólo en su Palabra y procurando sólo exaltar a Jesús, de modo que pudiéramos verlo únicamente a él". 9
Para estudiantes de oratoria, el estilo de oratoria de Elena de White es una mina de continuos ejemplos de claridad, temperamento vigoroso y belleza. "Ella lograba claridad al escoger palabras y oraciones sencillas que se caracterizaban por su franqueza y que no se prestaban para ser malentendidas. Ganaba vigor en su expresión mediante la reiteración, los enlaces repetitivos, el clímax, la anáfora, el desafío y el dominio del lenguaje. Alcanzaba las cumbres más elevadas de belleza en sus imágenes descriptivas mediante los tropos y las figuras de lenguaje las cuales, aunque familiares y comunes, guardaban equilibrio con sus temas. A menudo había una cadencia agradable en el ritmo de su prosa que hacía eco de su familiaridad con el lenguaje de la Escritura". 10
S.P. S. Edwards, un médico, recordaba cómo Elena de White tenía tanto una "voz conversacional" como una "voz de hablar en público". En la conversación, ella era una mezzo soprano, un "tono dulce, no monótono, pero especialmente notable debido a la dulce sonrisa y al toque personal que ella ponía en lo que decía".
"Voz procedente del estómago"
La voz de oratoria de Elena de White, su "voz procedente del estómago", como la des cribió Edwards, era una "voz de contralto con un maravilloso poder persuasivo... Siempre podíamos oírla... No estoy seguro si era su voz lo que persuadía o el poder de las palabras que hablaba... Todos podían oír siempre... ya fuese un auditorio de 10.000 personas al aire libre o un corazón solitario en la intimidad de su propio cuarto". 11
En 1957-1959, Horace Shaw, profesor de oratoria por mucho tiempo en el Colegio Misionero Emanuel (ahora Universidad Andrews), elaboró una lista de 366 personas que habían oído hablar a Elena de White. Les pidió que recordasen sus modales en la plataforma, si el evento era público o privado, qué más les había impresionado y qué recordaban de su mensaje. También les pidió que describiesen la influencia de su oratoria sobre el auditorio. 12
Puesto que estos "oyentes" fueron entrevistados tarde en la vida, obviamente habían observado a la Sra. White en sus últimos años. Algunas frases típicas eran, "a los 82 años, doblegada por la edad", "pequeña y frágil", "estructuralmente baja... más bien regordeta pero no obesa".
De sus rasgos físicos, parece que su rostro era lo que por más tiempo se recordaba --"rasgos plenos y redondeados", "se asomaba ocasionalmente la más dulce sonrisa", "noté su nariz, pero pronto la olvidé-- al pensar que era realmente hermosa, digna", y que "el rostro parecía iluminarse".
El lenguaje de los ojos
Sus ojos, según los encuestados: "hermosos ojos marrones y de mirada distante", "ojos veraces", "mirada ferviente que parecía penetrar", "sus ojos eran grandes y se volvían más grandes si estaba dominada por el fervor o la emoción, y se achicaban cuando se sonreía".
Había un acuerdo general respecto al cabello de Elena de White: "usaba una red sobre su pulcro cabello", "estilo de peinado sencilio", "cabello oscuro y siempre partido y peinado hacia atrás con sencillez, y que terminaba en una trenza anudada en la nuca".
Veintinueve de esas personas se refirieron al material de su vestido, describiéndolo como "terciopelo o seda negro", "una vestimenta de dos piezas", "el vestido no parecía adornarla, ella parecía adornar al vestido". Para acentuar el color negro, la Sra. White a menudo usaba puños y cuello blancos. Otros accesorios que se mencionaron fueron "una cadena de reloj de oro" con un "reloj de plata en su bolsillo, y un sencillo prendedor".
Los centenares de personas que respondieron a esta encuesta recordaban por igual que la Sra. White usaba pocos gestos, sin agitar los brazos y las manos, con "un aplomo natural y delicado y modales suaves".
Ella predicaba con más frecuencia sin notas, aunque en algunas ocasiones leía de un manuscrito. Con la Biblia abierta, hablaba con vigor y lógica que cautivaba a su auditorio. 13 Un periodista de Detroit Post describió el hecho de observar uno de los sermones de la Sra. White como una experiencia "notable y emocionante": "Aunque su elocuencia y capacidad persuasiva eran bien conocidas por sus oyentes, no estaban aun preparados para la apelación poderosa e irrefutable que ella hacía. Parecía ciertamente inspirada mientras imploraba a los pecadores a que huyesen de sus pecados. El efecto de su oratoria magnética y de sus modales era sumamente notable". 14
Obviamente, la Sra. White oyó y vio esos comentarios sobre su extraordinaria capacidad como oradora. Ella le daba la gloria a Dios pero no siempre calificaba el fenómeno como un milagro. Aprendió cómo hablar estudiando los fundamentos de la proyección de la voz. Además de eso, escribió muchos consejos generales sobre la comunicación vocal efectiva, y muchas veces se dirigió específicamente a ministros que no sólo estaban arruinando sus voces sino también su salud debido a hábitos impropios de oratoria.
Ella abogaba para que la voz tuviese el soporte del diafragma, más la práctica de respirar profundamente: "El hablar desde la garganta, permitiendo que las palabras salgan del extremo superior de los órganos vocales irritándolos todo el tiempo, no es la mejor manera de preservar la salud o de aumentar la eficiencia de esos órganos... Si usted permite que sus palabras salgan desde abajo, ejercitando los músculos abdominales, podrá hablar a miles con tanta facilidad como puede hablar a diez". 15
Las instrucciones de Elena de White sobre el arte de hablar en público implicaban más que la capacidad de hablar a miles. Sobre toda otra cosa, era un asunto espiritual, especialmente para el ministro del Evangelio: "Quienes consideran que es poca cosa hablar con mala pronunciación están deshonrando a Dios". 16 "Realicen esfuerzos decididos para aprender a hablar correcta y enérgicamente los alumnos que se preparan para el servicio del Maestro, para que cuando conversen con otros acerca de la verdad, o cuando se dediquen al ministerio público, puedan presentar apropiadamente las verdades de origen celestial". 17
Para Elena de White, los métodos erróneos para hablar afectan directamente la salud del orador. Ella escribió: El "uso excesivo [de los órganos vocales]..., si esto se repite con frecuencia, no sólo dañará los órganos vocales sino también someterá a todo el sistema nervioso a una tensión indebida... La cultura de la voz tiene una parte importante en la cultura física, puesto que tiende a dilatar y fortalecer los pulmones, y así aleja la enfermedad". 18
A lo largo de los años, estudiantes concienzudos de todas las edades se han sentido agradecidos por los consejos de Elena de White sobre el arte de hablar en público. Su propia experiencia, que comenzó con un susurro ronco para convertirse en una oradora solicitada a menudo, le otorgó profunda autenticidad a sus principios. Estos principios expresados en temas como "El cristiano y su actitud correcta al hablar", "La educación de la voz", "Métodos efectivos para hablar en público", "El contenido de nuestros discursos", y "El uso de la voz en el canto", han sido reunidos en un libro titulado, La voz, su educación y uso correcto.19
Temas generales
¿Cuáles fueron los temas generales de la Sra. White? Sus mensajes públicos, de acuerdo con los oyentes, se concentraban en el gozo, en levantar a los abatidos, y en presentar los encantos de un Señor amante. La conclusión típica de un sermón sería algo como esto: "La vida es un conflicto, y tenemos a un enemigo que nunca duerme. El está vigilando constantemente para destruir nuestras mentes y desviamos de nuestro precioso Salvador, quien dio su vida por nosotros. ¿Elevaremos la cruz que se nos ha dado? ¿O permitiremos que nos domine una complacencia egoísta, y perderemos una eternidad de bendición?" 20
Elena de White predicaba más a menudo de Isaías en el Antiguo Testamento, y del Evangelio de Juan en el Nuevo. Los capítulos del Nuevo Testamento que usaba más a menudo eran Juan 15 ("Yo soy la Vid..."),2 Pedro 1 (la escalera del crecimiento cristiano), y 1 Juan 3 ("Mirad cuál amor..."). 21
Los pastores notaban que los mensajes de la Sra. White sobre los temas bíblicos más sencillos, como la conversión, la obra del Espíritu Santo y el amor de Dios, llegaban a ser momentos de inusual escudriñamiento del corazón que elevaban sus espíritus y los llenaban de valor y de un conocimiento más profundo. En la última sesión de la Asociación General a la cual asistió (1909), ya con 81 años, ella pidió hablar a los pastores, quienes podrían pensar en muchos temas sobre los cuales deseaban su opinión.
L. H. Christian informó que ella eligió Juan 3:1-5 como su texto, concentrándose en la frase, "Os es necesario nacer de nuevo". Los pastores estaban chasqueados al sentir que el tema no era apropiado; querían algo más sólido.
Sin embargo, después de dos minutos Christian se estaba diciendo: "Esto es algo nuevo. Esto es algo más profundo y elevado y grande que cualquier cosa que haya leído u oído sobre el tema del nuevo nacimiento, y del nuevo nacimiento como una experiencia diaria para el predicador".
Luego registró sus pensamientos ulteriores: "Nunca he oído antes ni después una presentación como la que ella nos hizo de la obra del Espíritu Santo en la transformación de la vida humana a la gloriosa semejanza de Cristo, que constreñía a hacer un examen de conciencia y que sin embargo era amable y hermosa. .. Cuando terminó su tema (duró menos de treinta minutos), nosotros los predicadores dijimos: 'Esto es lo mejor para nuestras almas que lo que jamás hayamos oído'. No fue crítico; no fue desalentador, no nos condenó; pero nos dio una vislumbre de las alturas de la excelencia espiritual que podríamos alcanzar y que deberíamos alcanzar si realmente fuéramos siervos de Cristo que hemos de conducir a la gente a una fe viviente en el Señor Jesús". 22
A menudo ocurrían fenómenos interesantes cuando Elena de White estaba en el púlpito. Ocasionalmente ella interrumpía su mensaje preparado y reconocía a personas que estaban en el auditorio y a quienes no había visto antes excepto en visión. En Bushnell, Michigan, el 20 de julio de 1867, Elena y Jaime White encontraron afuera, bajo los árboles, a un grupo espiritualmente sombrío. Jaime informó que poco después que su esposa comenzara a hablar, ella puso a un lado su Biblia y comenzó a dirigirse a aquellos que recientemente habían sido bautizados. Debido a que no los había visto antes, excepto en visión, "designó a cada hermano y hermana por su ubicación, como el que está junto a ese árbol, o el que está sentado junto a ese hermano o hermana de la Iglesia de Greenville o de la de Orleans, con quienes se había relacionado personalmente y a quienes llamaba por nombre".
Durante la hora siguiente, ella examinó los casos, uno por uno, declarando que dos años antes el Señor le había mostrado la condición de ellos, que mientras estaba leyendo su texto de la Biblia sus necesidades individuales fueron iluminadas "como un relámpago repentino en una noche oscura revela claramente cada objeto circundante".
¿Cuál fue la respuesta? Cada persona, cuando la Hna. White se dirigió a ella, se levantó y "testificó que sus casos habían sido descritos mejor que lo que ellos mismos podrían haberlo hecho". Se corrigieran errores y se manifestó una reforma que condujo a una iglesia vigorosa. 23
A veces Elena de White era arrebatada en visión mientras predicaba. En Lovett Grove, Ohio, a mediados de marzo de 1858, después que su esposo predicó un sermón fúnebre, ella estaba dando su testimonio sobre la gozosa esperanza del segundo advenimiento. Entonces, según escribió más tarde, "fui arrebatada en una visión de la gloria de Dios". Durante las dos horas siguientes ella permaneció en visión mientras que aquellos que se encontraban en ese atestado edificio escolar observaban con ávido interés. Esa visión de Lovett Grove ha llegado a conocerse como "la visión del gran conflicto". 24
Auditorios no adventistas
Los mensajes de Elena de White eran escuchados por auditorios no adventistas, quienes, a menudo por más de una hora, prestaban atención embelesados y con un sentimiento de gratitud. Un periodista de un diario cubrió una conferencia que ella dio en Battle Creek, Michigan, en 1887:
"Anoche, en la conferencia de la Sra. Elena G. de White, en el Tabernáculo, había una buena concurrencia incluyendo a una gran cantidad de nuestra gente más prominente. Esta dama le dio a su audiencia un discurso muy elocuente, el que fue escuchado con marcado interés y atención. Su exposición estuvo intercalada con hechos instructivos que había recogido en su reciente visita a países extranjeros, lo que demostró que esta dama talentosa, en adición a sus muchas otras raras habilidades, posee una gran capacidad para observar con cuidadosa atención y una notable memoria de detalles; esto unido a su fina presentación y a su capacidad de revestir sus ideas con un lenguaje escogido, hermoso y apropiado, hizo de su conferencia una de las mejores que haya sido presentada alguna vez por alguna dama en nuestra ciudad. Ojalá ella pueda pronto favorecer a nuestra comunidad con otro discurso; este es el ferviente deseo de todos los que asistieron anoche, y si ella lo hace, habrá una gran concurrencia". 25
A veces algunos han aseverado que la belleza, el vigor y el poder de los escritos de Elena de White se deben a sus ayudantes editoriales. Pero, ¿quiénes fueron los ayudantes editoriales que se interponían entre ella y sus audiencias? Ningún ayudante literario estuvo a su lado, "puliendo" su gramática "corrigiendo" los detalles, etc., mientras ella usaba "un lenguaje escogido, hermoso y apropiado".
Esta ''dama talentosa" con una "notable memoria de detalles" demostró, como ocurre con muchas otras personas públicas, que las habilidades de oratoria a menudo son diferentes de las técnicas para escribir que uno tenga. Los hábitos de redacción revelan a me nudo que la mente del autor va más rápido que lo que la pluma puede escribir; a pesar de todo, el autor sabe que lo que realmente interesa es el producto final, no las técnicas apresuradas que el autor usa para poner sus pensamientos en el papel.
Clifton L. Taylor, un profesor de Biblia a nivel universitario con larga experiencia, reflexionó sobre la ocasión cuando oyó por primera vez a Elena de White: "Toda mi vida había oído hablar de esta mujer, y deseado oírla y verla por mí mismo... Había oído declarar a sus críticos que sus escritos eran mayormente la obra de sus secretarias. Ahora observé que en sus discursos espontáneos sus declaraciones estaban llenas de expresiones exactamente iguales a las que había leído tantas veces en sus escritos... Mientras relataba sus diversas experiencias... me impresionó como alguien que estaba contenta de compartir con otros las riquezas y bendiciones que había recibido". 26
Comentarios hechos por periodistas seculares no se limitaban a las "talentosas" habilidades de oratoria de Elena de White. También incluían su mensaje directo: "Quisiera que todas las otras creencias religiosas que hay en Battle Creek fueran tan conforme a la moralidad como la de la Sra. White y sus adherentes. Entonces no tendríamos ningún antro infame de vicio, ninguna tienda de bebidas alcohólicas, ningún negocio de venta de tabaco, ningún garito de juegos de azar, no habría aire contaminado con las emanaciones de la bebida ni de ese destructor cruel del hombre, el tabaco". 27
La Sra. White disfrutaba al responder a las invitaciones de iglesias no adventistas. En 1880, después que hubo hablado en el campestre de Salem, Oregon (el que se realizó en la plaza de la ciudad), algunos metodistas se quedaron impresionados. Dirigentes de la iglesia le pidieron que les hablase el domingo siguiente. En una carta a Jaime, ella describió el evento: "El domingo de tarde la iglesia metodista, que se reúne en un magnífico edificio, estaba bien llena. Hablé a unas setecientas personas que escucharon con profundo interés. El ministro metodista me agradeció por el discurso. La esposa del ministro y todos los asistentes parecían muy complacidos". 28
En ese notable viaje de 1879 en que seguían en las huellas de los convoyes de carretas de antaño, Jaime y Elena White predicaron la mayor parte de las noches a aquellos que viajaban con ellos y a los que encontraban en el camino. Al escribir sobre cierta experiencia, ella dijo: "Anoche hablé a un centenar de personas reunidas en una respetable capilla protestante. Encontramos allí una excelente clase de personas... Tuve amplia libertad para presentarles el amor de Dios evidenciado al hombre en el don de su Hijo. Todos escucharon con el más profundo interés. El ministro bautista se levantó y dijo que esa noche habíamos oído el Evangelio y esperaba que todos hicieran caso de las palabras allí habladas". 29
Los dirigentes adventistas comprendían la contribución única que los White prestaban a sus diversas reuniones. Uriah Smith informó lo siguiente sobre el campestre en Sparta, Wisconsin, en 1876: "Aquí, como en Iowa, la presencia del Hno. y la Hna. White constituyó en gran medida la vida de la reunión; sus consejos y labores les dieron el tono a los ejercicios [espirituales] y al progreso de la obra. A veces se le pidió en forma especial a la Hna. White que dirigiera llamados poderosos y que realizara las descripciones más vigorosas de la vida de Cristo de la que pueden extraerse lecciones aplicables a la experiencia cotidiana del cristiano. Las mismas fueron de interés absorbente para toda la congregación. Estos siervos de la iglesia, aunque ahora de una experiencia tan prolongada y grande, todavía siguen creciendo en fuerza mental y espiritual, pese a todas sus labores cansadoras". 30
Una de las oradoras religiosas más capaces
Cuando Jaime murió en 1881, varios diarios registraron sus contribuciones. En esas apologías y reseñas biográficas se incluyeron comentarios sobre la Sra. White y su obra pública: "En sus labores ministeriales y educativas, su esposa, Elena G. de White, le ha ayudado admirablemente; ella es una de las escritoras y oradoras religiosas más capaces en el Oeste". 31
"En 1846 se casó con Elena G. Harmon, una mujer de extraordinarios talentos, quien ha sido una colaboradora en todo su trabajo y contribuyó grandemente al éxito de su esposo mediante sus dones como escritora y especialmente por su vigor como una oradora pública". 32
En 1878, a la edad de 50 años, Elena de White fue incluida en la página 108 de un libro de referencia, American Biographical History of Eminent and SelfMade Men of the State of Michigan, Third Congressional District (Historia biográfica norteamericana de hombres eminentes del estado de Michigan, que han triunfado por esfuerzo propio, Tercer Distrito Electoral): "La Sra. White es una mujer de una organización mental singularmente bien equilibrada. La benevolencia, la espiritualidad, la rectitud y el idealismo son sus rasgos predominantes. Sus cualidades personales son tales que le granjean el más cálido compañerismo de todos aquellos con quienes se relaciona, a quienes inspira con la máxima confianza en su sinceridad... A pesar de sus muchos años de labor pública, ella ha retenido toda la sencillez y honestidad que caracterizaron su juventud.
"Como oradora, la Sra. White es una de las más exitosas de las pocas damas que han llegado a destacarse como conferenciantes en este país, durante los últimos veinte años. Ha fortalecido sus órganos vocales por su constante uso hasta el punto de darle a su voz una rara profundidad y potencia. Su claridad y firmeza de articulación son tan grandes que, cuando habla al aire libre, frecuentemente se la oye con nitidez a una milla de distancia. Su lenguaje, aunque sencillo, siempre es vigoroso y elegante. Cuando se siente inspirada con su tema, con frecuencia es maravillosamente elocuente, y por horas mantiene hechizados a grandes auditorios sin una señal de impaciencia o cansancio.
"El tema de sus discursos siempre es de carácter práctico, y gira principalmente sobre deberes hogareños, la educación religiosa de los niños, la temperancia y temas semejantes. En ocasiones de reavivamientos, ella siempre es el orador más efectivo. Frecuentemente ha hablado a inmensos auditorios, en las ciudades grandes, sobre sus temas favoritos, y siempre ha sido recibida en forma muy favorable". 33
Preguntas de estudio
1. ¿Cuáles eran las principales características del estilo de oratoria de Elena de White?
2. ¿Cómo ayuda a la salud física la manera correcta de hablar?
3. ¿Qué pasajes bíblicos citaba más a menudo Elena de White?
4. ¿Cuál era el tema favorito de Elena de White, el que destacó a lo largo de todo su ministerio? Para encontrar indicios de ello, fíjese en el CD-ROM que contiene los escritos publicados de Elena de White.
5. Desde el punto de vista de la persuasión, ¿cómo usaba el lenguaje Elena de White para obtener la atención imparcial y favorable del público? Piense en ejemplos que reflejan sencillez, vigor de palabras bien escogidas, ilustraciones, etc.