"Cuando vio Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero, diciendo: Dadme también a mí este poder, para que cualquiera a quien yo impusiere las manos reciba el Espíritu Santo. Entonces Pedro le dijo: Tu dinero perezca contigo... Tu corazón no es recto delante de Dios. Arrepiéntete" (Hech. 8: 18-22).
Tratar con motivos es una tarea ingrata, aun para un profeta. En las actividades relacionadas con la lesia es el conflicto de los motivos el que surge con más frecuencia, ya sea por el mal uso del poder o por la distribución de fondos. La situación en Battle Creek en la década de 1890 provee un ejemplo probado de cómo hacer frente a ambos tipos de problemas. La deuda denominacional había aumentado dramáticamente debido a la rápida expansión del sanatorio, el colegio y la casa publicadora. Además, el desarrollo de las empresas de Kellogg, incluyendo la escuela médica, el orfanatorio y un asilo de ancianos, drenaba pesadamente los recursos adventistas.
Dirigentes con motivos seculares
En la distante Australia, en 1896, Elena de White se sentía consternada por la super-centralización de poder y el aumento enorme de la deuda que aparejaba toda esta expansión. Para ella, agregar un edificio tras otro no le daba "a la obra" el correcto "carácter". Lo que se necesitaba no era más poder y edificios en Battle Creek sino que los dirigentes de la iglesia comprendiesen que "sus propios caracteres necesitaban la gracia transformadora de Cristo", 1 lo cual los capacitaría para representar a Cristo. Dos dirigentes, A. R. Henry, tesorero de la Review and Herald Publishing Association, y Harmon Lindsay, tesorero de la Asociación General, eran su principal motivo de preocupación. Ambos ejercían mucha influencia cuando se tomaban decisiones denominacionales.
Henry, quien había sido banquero antes de llegar a ser adventista, fue invitado a Battle Creek en 1882 para ayudar en el desarrollo de la casa publicadora. En 1883 se le pidió también que fuese tesorero de la Asociación General, cargo que mantuvo hasta 1888 cuando Lindsay llegó a ser el tesorero. Simultáneamente durante este período y en adición a esas dos responsabilidades importantes, Henry era miembro de las juntas directivas de casi todas las instituciones médicas y educativas de la denominación en los estados del centro y del oeste del país. 2
Lindsay, aunque perspicaz para los asuntos de negocios, tenía una personalidad menos contundente que Henry. O. A. Olsen, presidente de la Asociación General, lo describía como alguien que "dice poco abiertamente pero rezonga mucho". Sin embargo, había sido tesorero de la Asociación General anteriormente en 1874-1875. Sus años ininterrumpidos de participación en el desarrollo del sanatorio y del colegio, como también su control de las finanzas denominacionales mientras otros empleados de la Asociación General iban y venían, le daban una razón comprensible para sentir su poder. 3
Cuando nuevos presidentes asumían su cargo, era muy natural para ellos dirigirse a los tesoreros "de experiencia" en busca de consejo. El pastor Olsen, un hombre tolerante y bondadoso, trataba de mitigar los "discursos no cristianos" y el duro regateo que caracterizaban los negocios denominacionales. Sólo después que llegaron algunas declaraciones muy vigorosas de Elena de White él se separó de Henry y Lindsay y llamó a otros hombres para que ocupasen sus lugares. Muchas cartas de la Sra. White a Olsen, estando ella en Australia, recalcaban y advertían contra los principios seculares que dominaban los asuntos de negocios en las instituciones de Battle Creek. Ella escribió: "Temo y tiemblo por las almas de los hombres que están en lugares de responsabilidad en Battle Creek... Si sus obras no ejercieran una influencia mayor que simplemente sobre ellos mismos, podría respirar más tranquila; pero sé que el enemigo está usando a hombres que se encuentran en puestos de confianza y que no están consagrados a la obra e ignoran qué clase de espíritu los posee. Cuando me doy cuenta que hombres asociados con ellos están también ciegos [espiritualmente] y no ven el daño que se está haciendo por el precepto y el ejemplo de esos agentes no consagrados, siento que no puedo guardar silencio. Tengo que escribir, porque sé que el molde que estos hombres le están dando a la obra no está de acuerdo con las instrucciones de Dios". 4
Aunque Elena de White simpatizaba con el pastor Olsen, no escatimó palabras de amonestación: "Yo sentía que a usted se lo estaba atando de pies y manos, y que se sometía mansamente a esa situación". Debido a que Dios le estaba iluminando la mente, ella veía lo que otros no podían ver claramente: "Las cosas se están desviando por rumbo equivocado". Ella vio, detrás de los razonamientos superficiales, que había dirigentes que estaban actuando "como si estuvieran en el lugar de Dios,... tratando a sus semejantes como si éstos fueran máquinas. No puedo respetar su sabiduría ni tener fe en su cristianismo".
Luego, escribiendo en forma específica, declaró: "El Señor me ha presentado sus peligros [de Henry]. No espero otra cosa sino que él diga como siempre lo ha hecho: 'Alguien le ha estado contando a la Hna. White'. Esto muestra que no tiene fe en mi misión o en los testimonios, y sin embargo el Hno. Olsen lo ha convertido en su mano derecha". 5
En 1896 el pastor Olsen hizo un esfuerzo serio para cambiar el secularismo extendido que prevalecía entre obreros adventistas en Battle Creek. En la casa publicadora estaban A. R. Henry, Clement Eldridge y Frank Belden, y otros que insistían en sus ideas seculares. Junto con el secularismo, Olsen estaba "inquieto" por la "incredulidad, el escepticismo y la indiferencia que manifiesta nuestro pueblo respecto al don dé profecía". 6
Desviados hada un rumbo equivocado
Algunos de los asuntos particulares que se habían "desviado hacia un rumbo equivocado" eran los salarios desproporcionados que se les estaba pagando a los ejecutivos de la casa publicadora (y querían más salario), la negativa persistente a proveer aumentos por mérito a los obreros, el sentimiento de desconfianza entre los obreros y la administración respecto a la paga del trabajo a destajo, el fracaso en mantener un programa de entrenamiento sistemático para los aprendices, el no promover a las personas dentro de la organización, el nombramiento de supervisores que carecían de idoneidad espiritual, el fracaso en realizar obra evangelística entre la cantidad sustancial de obreros no adventistas, la reticencia a reducir la cantidad de trabajo comercial o aun inspeccionar los trabajos ofensivos, y el fracaso en proveer dependencias sanitarias. 7
Otro ejemplo importante del proceder falso y despótico de los ejecutivos de la casa publicadora era el de su relación con los autores. Elena dé White fue específica: "En el pasado los publicadores se han colocado en el lugar de Dios, para dictar, controlar, administrar como querían y enseñorearse sobre la heredad de Dios. Han hecho una obra engañosa al tratar con los autores. He sido llevada a concilios privados y he oído los planes que se han expuesto. Los hombres se han ingeniado para hacerle creer a un autor que su obra no tiene valor, y que ellos no desean tener nada que ver con el libro. El autor no tiene recursos. Siente que sus manos están atadas. Los hombres hablan y piensan en cuanto a todo el proceso, y tienen éxito en hacerle aceptar sus condiciones, en que tome los derechos de autor que ellos ofrecen respecto al libro.
"El trato hecho con [Frank Belden] no fue honrado ni justo en todos sus aspectos. No se le hizo justicia. El esfuerzo realizado para vencer la resistencia [del Hno. Bell] y obtener posesión de sus libros, ha sido un espectáculo lamentable, porque lo ha arrinconado entre la espada y la pared. Los cerebros de los hombres han sido comprados y vendidos ". 8
La Sra. White aconsejó: "Que los autores no sean instados a entregar ni a vender sus derechos de los libros que han escrito. Que reciban una parte justa de las ganancias producidas por su obra; y que ellos consideren sus recursos financieros como un legado de Dios que deben administrar de acuerdo con la sabiduría que él les imparta ". 9
Sus consejos respecto a principios comerciales correctos que reflejen el modelo cristiano han llegado a ser un tesoro valioso para los adventistas. En sus escritos se delinea claramente la diferencia entre el espíritu cristiano y el espíritu secular, egoísta. 10
Clara respuesta a los disidentes
Case y Russell. H. S. Case y C. P. Russell, los primeros disidentes que se levantaron en la naciente Iglesia Adventista (siete años antes que se organizase la primera asociación local en Michigan, en 1861), lanzaron en 1853 dos acusaciones contra los White: (1) que se estaban enriqueciendo a través de la revista de la iglesia, y (2) que se estaba colocando a Elena de White por encima de la Biblia. Ofendidos por el consejo que la Sra. White les dirigió, lanzaron una nueva revista, Messenger of Truth (Mensajero de la Verdad), en 1854, para suplantar la Review and Herald. En esa revista imprimieron sus alegatos contra la confiabilidad de la Sra. White. También acusaron a Jaime de usar donaciones [de los hermanos] para empresas privadas y de lucrar mediante transacciones con los miembros de iglesia porque él vendía Biblias a un precio mayor que el que había pagado por ellas (después de haberlas comprado al por mayor y de haberlas despachado desde la ciu-dad de Nueva York). Pronto otros miembros desconformes de la iglesia se les unieron a Case y Russell.
En junio de 1855, Elena de White tuvo una visión pública en Oswego, Nueva York. Les dijo a los miembros en la reunión que no debían distraerse más con el grupo de Messenger, que pronto los disidentes estarían peleando entre sí y que en breve tiempo nuestra propia feligresía se duplicaría. 11
Stephenson y Hall. Coincidentemente con el grupo de Messenger en Michigan, otro grupo disidente se estaba formando en Wisconsin bajo el liderazgo de J. M. Stephenson y D. P. Hall, ex ministros del Movimiento Millerita. Estos dos hombres habían reactivado una posición doctrinal sustentada por algunos milleritas, a saber, que Cristo, en su segundo advenimiento, reinaría por mil años en la tierra; durante este lapso continuaría el tiempo de prueba mientras los judíos jugaban un papel prominente en la conversión de las naciones.
Debido a que Jaime White no imprimía los puntos de vista de estos disidentes en la revista de la iglesia, Stephenson y Hall se aliaron con el grupo de la revista Messenger, con sede en Michigan, en octubre de 1854; esto fue un gran chasco para Jaime porque él pensaba que tenía la confianza de ellos. En noviembre de 1855, en el primer congreso celebrado en Battle Creek después del traslado desde Rochester, Nueva York, la Sra. White tuvo una visión que animó a los que estaban preocupados por el grupo de la Era-Venidera encabezado por Stephenson y Hall. En esa visión ella reveló cómo estos dos hombres se habían convencido anteriormente de la integridad de sus visiones, pero que en un estudio más amplio descubrieron que su teología de la Era-Venidera no armonizaba con ciertas visiones. Ella vio más allá de sus palabras "suaves" y de sus engaños. Su consejo a la creciente iglesia fue: "La iglesia de Dios debiera avanzar hacia adelante, como si no existiesen tales personas en el mundo ". 12
¿Qué ocurrió con estos disidentes? Ya para 1858, después de discusiones internas, todos se habían ido por caminos separados. Stephenson adoptó doctrinas aun más extrañas; se involucró en un "divorcio deshonroso" y terminó en un hospicio, como un imbécil en el momento de su muerte. Hall se dedicó a inversiones en bienes raíces y eventualmente sufrió una bancarrota que lo condujo a la pérdida de la razón. 13
Moses Hull. El trágico caso de Moses Hull revela cómo una persona puede desatender advertencias bondadosas dadas por Elena de White sólo para su propio perjuicio. Hull se unió a la iglesia en 1858 y pronto se convirtió en un predicador adventista influyente, que aparecía a menudo en los concilios generales de la iglesia. Pero pocas semanas después de predicar un sermón evangelístico el 20 de septiembre de 1863, se unió a los espiritistas. ¿Qué pasó?
Durante los dos años previos a su deserción, Elena de White lo había advertido respecto a su egoísmo, codicia, falta de habilidades administrativas y una confianza presuntuosa en su propia capacidad. 14 En 1862 había estado discutiendo públicamente con espiritistas, disfrutando de su éxito al conseguir que algunos de sus oyentes adoptasen el cristianismo. Pero en cierta ocasión, sin que lo acompañase ningún adventista, participó en un debate en Paw Paw, Michigan, un fuerte centro espiritista. Excesivamente confiado en su propia capacidad, pronto encontró--usando sus propias palabras-- que su "lengua. . . parecía tan gruesa como mi mano, y lo que yo a menudo había usado antes como un argumento me pareció que no tenía sentido. Estaba derrotado". 15
Dos semanas más tarde, el 5 de noviembre de 1862, Hull se dio cuenta de su problema y pidió a los White y a M. E. Cornell que viniesen a su casa en Battle Creek para orar por él. Durante la sesión de oración, Elena de White recibió una visión. Ella escribió lo siguiente sobre esa revelación: "Se me mostró la condición del Hno. Hull. Se hallaba en un estado alarmante. Su falta de consagración y de piedad vital lo dejaron a la merced de las sugestiones de Satanás... No tiene conciencia de su peligro... Me fue presentado como estando al borde de un horrible abismo, listo para saltar. Si da el salto, será definitivo; quedará decidido su destino eterno... Nunca un hombre debiera ser enviado solo para combatir con el espiritismo". 16
Entonces los White llevaron a Hull con ellos en un circuito de predicación en Michigan, con la esperanza de que un compañerismo estrecho lo ayudase a liberarse de su cautiverio.
El 6 de junio de 1863, Elena de White le envió otro mensaje a Moses Hull. Ella analizó parte de su problema: "Cuando usted debiera estar estudiando su propio corazón, está ocupado en leer libros. Cuando por fe debiera acercarse a Cristo, usted está estudiando libros. Vi que todo su estudio será inútil a menos que se estudie fielmente a sí mismo. A usted le falta sobriedad y seriedad en el púlpito... Cuando está tratando los temas más solemnes, a menudo presenta algo cómico para crear una sonrisa, y esto frecuentemente destruye la fuerza de todo su discurso... No se sienta halagado por comentarios que miembros necios e insensatos puedan hacer respecto a sus esfuerzos. Si ellos alaban su predicación, que eso no lo enorgullezca". 17
Pero tres meses más tarde, Hull dio el salto a ese "horrible abismo". Se convirtió en un conferenciante y escritor para los espiritistas. 18
Stanton en Montana. Mientras Elena de White estaba en Australia, A. W. Stanton, un inquieto laico de Montana, publicó una compilación de las declaraciones de la Sra. White que parecían respaldar su posición de que la Iglesia Adventista había apostatado y se había convertido en Babilonia. Llegó a la conclusión de que era tiempo de dejar de apoyar financieramente a la iglesia organizada y "salir de ella". 19
Además, Stanton había enviado un intermediario a Elena de White en Australia con la esperanza de obtener su apoyo. Podría haber ahorrado su dinero porque ella ya había escrito sus comentarios a Stanton el 23 de marzo de 1893. Su repaso de la enseñanza bíblica respecto a lo que Juan el Revelador quiso decir por "Babilonia" era sencillo y convincente. Escribió con franqueza: "Si usted está enseñando que la Iglesia Adventista del Séptimo Día es Babilonia, está equivocado. Dios no le ha dado ningún mensaje tal para compartir... Presumo que algunos puedan engañarse por su mensaje, porque están llenos de curiosidad y deseo de alguna cosa nueva ". 20
Adicionalmente, ella escribió cuatro artículos para la Review titulados, "La Iglesia Remanente no es Babilonia". Más tarde fueron republicados en Testimonios para los ministros. 21
En esta serie de artículos la Sra. White expresó claramente su congoja por aquellos que tomaban selecciones de sus escritos, haciéndolos aparecer como que estaban respaldando la posición particular del compilador. Ella escribió: "Al tomarse libertades injustificables han presentado al pueblo una teoría que es de carácter engañoso y destructivo. En tiempos pasados, muchos otros han hecho esto mismo, haciendo parecer que los Testimonios sostenían posiciones insostenibles y falsas ". (Ver principios hermenéu ticos, pp. 389-391.)
Luego les recordó a sus hermanos de iglesia: "Hay asuntos en los Testimonios que se han escrito no para el mundo en general, sino para los creyentes hijos de Dios ". Concordó en que existen males en la iglesia y seguirán existiendo hasta el fin, sin embargo "la iglesia ha de ser en estos postreros días luz para un mundo que está contaminado y corrompido por el pecado. La iglesia, debilitada y deficiente, que necesita ser reprendida, amonestada y aconsejada, es el único objeto de esta tierra al cual Cristo concede su consideración suprema ". 22
El consejo escrito de Elena de White detuvo el movimiento de Stanton tan rápidamente como se había desarrollado. Antes de ello, a fines de la década de 1880, ella había analizado la anatomía de la apostasía y las estrategias de Satanás:
• "Obra sobre las mentes para excitar [fomentar] los celos y la desconformidad para con aquellos que están a la cabeza de la obra.
• "Luego se ponen en duda los dones; y por supuesto, más tarde tienen poco peso y las instrucciones dadas por medio de las visiones son despreciadas.
• "Luego sigue el escepticismo en cuanto a los puntos vitales de nuestra fe, los puntales de nuestra posición.
• "A continuación la duda en cuanto a las Santas Escrituras y
• "La marcha descendente hacia la perdición ".
La Sra. White continuó su examen: "Cuando se ponen en duda los Testimonios en los cuales se creía una vez y se renuncia a ellos, Satanás sabe que los seducidos no se detendrán con esto, y él redobla sus esfuerzos hasta lanzarlos en abierta rebelión, que se vuelve incurable y acaba en la destrucción ". 23
La voz, no siempre bienvenida
Afirmar que los detractores de Elena de White eran sólo los disidentes, los dirigentes carismáticos que reavivaron errores teológicos una vez olvidados, o los predicadores en las iglesias populares sería escribir nuevamente la historia. El consejo, y a voces la reprensión, no siempre son bienvenidos, no importa a quién se den. Si ella hubiera ofrecido solamente alabanzas, habría sido aclamada como la portadora de un buen juicio singular. Pero ella compartió la carga de los genuinos profetas de las Escrituras.
Desde los primeros días de su ministerio profético ella tuvo que contender con hombres y mujeres obstinados cuyos motivos egocéntricos y puntos de vista no autorizados por la Biblia debían denunciarse. 24
En 1869, teniendo 41 años, Elena de White tuvo nuevamente que contender con la calumnia, los rumores y la desinformación. Al rememorar las giras que hacía por los campestres, ella escribió: "Las mentiras de absoluta malicia y enemistad, la pura fabricación de iniquidad expresada y puesta en circulación para derrotar la proclamación de la verdad, eran impotentes para afectar las mentes de aquellos que estaban realmente deseosos de saber qué es la verdad. No dudaba ni por un momento que el Señor me había enviado para que las almas honestas que habían sido engañadas pudieran tener una oportunidad para oír por sí mismas qué clase de espíritu poseía la mujer que había sido presentada al público bajo una luz tan falsa a fin de que la verdad no tuviera ningún efecto ".
En esa carta ella destacó un punto que es siempre relevante: "Ninguno está obligado a creer. Dios da suficiente evidencia para que todos puedan decidir bajo el peso de la evidencia, pero nunca ha quitado ni nunca quitará toda ocasión [oportunidad] para dudar, nunca forzará la fe". 25
Más tarde, en octubre de 1869, los ataques maliciosos fueron tan prominentes que se nombró un comité de dirigentes, integrado por J. N. Andrews, G. H. Bell y Uriah Smith, para investigar las acusaciones lanzadas contra Jaime y Elena White. El comité pidió todas las evidencias que pudieran reunirse para sustanciar los alegatos.
Tras la abierta invitación del comité, unas pocas semanas más tarde los White también solicitaron en la contratapa de la Review: "Sugerimos que aquellos que saben de cosas en la conducta general de la Sra. White y mía, durante el período de nuestras labores públicas, que son dignas de ser expuestas, o indignas de cristianos y de maestros del pueblo, que sean tan amables de darlas a conocer inmediatamente a la oficina". 26
El 26 de abril de 1870, el informe en forma de panfleto estaba listo para su distribución. Los miembros de iglesia de todas partes tenían ahora en sus manos la evidencia que probaba que las calumnias, rumores y desinformación carecían de fundamento. El informe no fue impugnado.
En la Review, comenzando a fines de 1869 y siguiendo hasta bien avanzado el año 1870, Jaime White escribió 25 artículos en la primera página sobre "Nuestra Fe y Esperanza, o Razones por las que Creemos como lo Hacemos". J. N. Andrews, entonces director de la Review, continuó con un editorial de veinte proposiciones respecto al uso de las visiones de Elena de White.
Andrews escribió lo siguiente sobre el uso de los escritos de Elena de White como una "prueba": "Existen... hombres que en la providencia de Dios tienen una oportunidad de familiarizarse con la obra especial del Espíritu de Dios, de modo que reconocerán que su luz es clara, convincente y satisfactoria. Consideramos que para tales personas los dones del Espíritu son claramente una prueba". 27
En 1880 se publicó el Testimonio N.° 29. 28 Mucho del consejo estaba dirigido al gueto adventista en desarrollo en Battle Creek. Algunos de los miembros de la iglesia de Battle Creek, que no estaban dispuestos a aceptar los reproches y el desafio, acudieron a los periódicos locales para expresar sus senti-
Battle Creek, como también en Lansing, Chicago y Detroit, junto con los ciudadanos de Battle Creek, pudieron también leer los escrutadores mensajes de Elena de White. Y los periódicos aman los conflictos.
Uriah Smith pidió al Journal de Battle Creek que tuviese la cortesía de imprimir una réplica, lo cual fue concedido, para exponer algunas de las mentiras. Pocos días más tarde, el corresponsal Henry Willis escribió en el Journal: "Quisiera que todas las otras creencias religiosas en Battle Creek fueran tan leales a la moralidad como la Sra. White y sus adherentes. Entonces no tendríamos guaridas infames del vicio, ni negocios que ofrecen bebidas alcohólicas, ni locales que venden tabaco, ni infiernos con juegos de azar; ni aire contaminado con los vapores del licor o el humo de ese mortal destructor del hombre, el tabaco". 29
En 1883, al notar que Uriah Smith y otros parecían tener una actitud indiferente hacia su trabajo, Elena de White pidió una reunión con los empleados de la casa publicadora. 30
Más tarde ella informó parcialmente las observaciones que hizo en esa reunión del 20 de agosto: "Se pondrán en circulación los informes más extravagantes, incongruentes, respecto a mi posición, mi trabajo y mis escritos. Pero aquellos que han tenido una experiencia en este mensaje y que han llegado a familiarizarse con el carácter de mi obra, no serán afectados por esas cosas a menos que se aparten de Dios y se corrompan por el espíritu del mundo. Algunos serán engañados a causa de su propia infidelidad. Quieren creer una mentira. Algunos han traicionado responsabilidades sagradas, importantes, y esta es la razón por la que vagan por los laberintos de la duda... Hay algunos que incluso están vinculados con nuestras instituciones que corren gran peligro que su fe naufrague... Satanás obrará en forma encubierta, en su mane ra más engañosa, en estas ramas de la obra de Dios...
"Durante cuarenta años Satanás ha hecho sus esfuerzos más decididos para interceptar este testimonio a fin de que no llegue a la iglesia; pero ha continuado año tras año para advertir al errante, desenmascarar al engañador y animar al desalentado. Mi confianza está en Dios". 31
Los consejos y llamados de Elena de White a D. M. Canríght
La experiencia de Elena de White con D. M. Canright ilustra bien su interés por la gente como también los tristes resultados cuando rechazan su consejo. Los esposos White reconocieron tempranamente la capacidad de Canright para el ministerio, que era superior al promedio. El pronto llegó a ser un evangelista y polemista sobresaliente. Pero a menudo se desanimaba y se requería que los White y otros dirigentes le dedicasen una atención personal cercana para mantenerlo concentrado en la misión. 32
En 1882 Canright renunció a la predicación y se dedicó a trabajos agrícolas. En una carta a un amigo en 1884 dijo que ya no tenía más confianza en las visiones de Elena de White. "No tengo sentimientos negativos contra ninguno de ellos [obreros destacados de la iglesia], excepto la Sra. White. Ciertamente le tengo mucha aversión... Pero ellos son buenos hombres después de todo, y nunca me opondré a ellos voluntariamente". 33
En respuesta a las instancias de sus amigos, Canright asistió al campestre de Jackson, Michigan, en septiembre de 1884. Allí confesó una vez más su error ante mil personas y declaró que las nubes de la oscuridad se habían alejado. Buscó humildemente el perdón de Elena de White. En la Review del 7 de octubre de 1884, él publicó toda la historia que lo condujo a su rechazo de Elena de White, citando un testimonio tras otro que él pensaba que eran demasiado severos o inexactos. Pero ahora había cambiado su manera de pensar. Escribió: "Quiero decirles a mis amigos de todas partes que ahora no sólo acepto, sino creo que los testimonios son de Dios. Conociendo la oposición que he sentido hacia ellos, este cambio en mis sentimientos es más asombroso para mí que lo que puede ser para otros". 34
Durante 1885 y los primeros meses de 1886, casi cada número de la revista de la iglesia tenía artículos vigorosos, lógicos, escritos por Canright. Su artículo, "A Aquellos que Están en el Castillo de la Duda", fue quizás el más sólido de todos; en él repasó su propia experiencia, afirmando pilar tras pilar con evidencias en favor de las doctrinas de la Iglesia Adventista y la validez del ministerio de Elena de White. 35 Dedicó el verano al evangelismo agresivo, escribió cartas amigables a la Sra. White en Europa, y se pensaba bien de él en toda la denominación.
Sin embargo, dirigentes claves conocían las debilidades de Canright como también sus puntos fuertes. Cuando G. I. Butler, no Canright, fue escogido presidente de la Asociación de Michigan en 1886, Canright aparentemente hizo su decisión. En enero de 1887 le dijo a Butler que no sería más un adventista del séptimo día. En marzo, ahora predicando para los bautistas, comenzó su campaña para retractarse de todas sus múltiples confesiones y afirmaciones en favor de la fe adventista que había hecho vez tras vez durante años. 36 Canright no podía aceptar consejo. La voz del Señor a través de su mensajera no era bienvenida, aunque a menudo lo había afirmado públicamente.
Rechazada en 1888
Hemos notado anteriormente que muchos rechazaron a Elena de White en el congreso de la Asociación General de 1888, en Minneapolis. 37 Su exhortación a levantar los ojos por encima del legalismo en el que tantos se habían deslizado inconscientemente cayó en muchos oídos sordos. Pocos días después del congreso ella escribió: "Desde que dejé la costa del Pacífico las cosas no han sido fáciles para mí. Nuestra primera reunión no se asemejó a ninguna de las que yo alguna vez asistí en la Asociación General... Mi testimonio fue ignorado y jamás en toda mi vida se me trató como en el congreso [de 1888]". 38
En 1890 ella escribió: "Hermanos, me estáis urgiendo a ir a vuestros campestres. Debo deciros claramente que el curso de acción que se siguió hacia mí y mi trabajo desde el congreso de la Asociación General en Minneapolis--vuestra resistencia a la luz y las advertencias que Dios ha dado por mi intermedio--, ha hecho mi trabajo cincuenta veces más difícil que lo que de otro modo hubiera sido... Me parece que habéis desechado la palabra del Señor como indigna de vuestra atención... Mi experiencia desde el congreso en Minneapolis no ha sido muy alentadora. Le he pedido al Señor que me dé diariamente sabiduría y que no me sienta totalmente descorazonada y vaya a la tumba con el corazón quebrantado como ocurrió con mi esposo". 39
Aunque fue mal recibida en Minneapolis, Elena de White permaneció impertérrita. Sus escritos en la década de 1890 inculcaron a la iglesia, a quienquiera que escuchase, la voz de Dios haciendo clara la plenitud del Evangelio eterno (Apoc. 14:6-7). 40
Ahora podemos ver qué había detrás del fuerte deseo de los líderes de que Elena de White dejase los Estados Unidos para ir a Australia. Los temblores que siguieron al "terremoto" denominacional de la década de 1890, motivados por el fuerte apoyo que ella le dio a A. T. Jones y E. J. Waggoner, su desaprobación igualmente fuerte de las actitudes entre muchos de los dirigentes de la iglesia, más su profunda percepción y sus claros mensajes que afectaban el plan de acción de los administradores en el área de finanzas que estaban a cargo .de la Asociación General y de la casa publicadora, tuvieron mucho que ver con la "urgencia" de que ella fuese enviada a Australia
En 1896 ella escribió al presidente de la Asociación General: "No era del Señor el que nos fuéramos de los Estados Unidos. No reveló que su voluntad era que yo dejase Battle Creek. El Señor no planeó esto, pero permitió que todos ustedes avanzasen de acuerdo con vuestra imaginación... Se nos necesitaba en el corazón de la obra, y si vuestra percepción espiritual hubiese discernido la verdadera situación, ustedes nunca habrían consentido con los pasos que se dieron. Pero el Señor leyó los corazones de todos. Había una disposición tan grande para que partiésemos, que el Señor permitió que esto ocurriese. Aquellos que estaban cansados de los testimonios dados quedaron sin las personas que los daban. Nuestra separación de Battle Creek fue para que los hombres saliesen con la suya y siguiesen su camino, el que pensaban que era superior al camino del Señor... Cuando el Señor me presentó este asunto tal como realmente era, no abrí mis labios a nadie, porque sabía que nadie discerniría el asunto en todos sus alcances". 41
Anteriormente había escrito en su diario del 5 de agosto de 1891: "Esta mañana mi mente se siente ansiosa y preocupada respecto a mi deber. ¿Podrá ser que la voluntad de Dios es que vaya a Australia? Esto me afecta en gran manera No tengo luz especial en cuanto a dejar los Estados Unidos para ir a ese país distante. No obstante, si supiese que ésta era la voz de Dios, iría. Pero no puedo comprender este asunto. Algunos de los que llevan responsabilidades en los Estados Unidos parecen ser muy persistentes en que mi obra especial debiera consistir en ir a Europa y Australia". 42
Pero ella fue, estableciendo un buen ejemplo para que todos lo imiten al responder a las decisiones de los líderes de la iglesia. A medida que pasaba el tiempo, ella descubrió, como lo hizo José, que "no me enviasteis acá vosotros, sino Dios" (Gén. 45:8). A pesar de no ser apreciada por los hombres en el corazón del liderazgo denominacional, una vez más Elena de White encaró el cumplimiento del deber con una determinación de hierro.
Pero con cada crisis, parece que algunos olvidan la manera en que han sido conducidos en el pasado. Por ejemplo, durante el año crítico de 1903, cuando todo Battle Creek--adventistas y el público en general-- estaban consternados respecto a las propuestas y planes de mudar la Asociación General y la casa publicadora, el consejo de Elena de White fue inequívoco, tan claro como el sol del mediodía en un día sin nubes: "¡ Mudaos! " Pero el capellán del sanatorio, Lycurgus McCoy, encabezó a la multitud que resistía los cambios. No creía que los líderes de la denominación tenían suficiente perspicacia comercial para haccr esas decisiones tan trascendentes. Además, aunque McCoy consideraba que Elena de White era sincera, no "creía que eí Señor le había hablado sobre este asunto, aunque ella lo creyera". 43
La tenue alabanza de McCoy ha sido repetida a menudo a través de los años. Aquellos que han enfrentado desafíos, pensando que cada ocasión nueva es "diferente" de los problemas del pasado, pueden haber tenido tiempo o no de ver claramente la relevancia de Elena de White.
En base a la historia bíblica es evidente que los profetas no sustentan una posición electiva; no son "llamados" a su cargo por el grupo al cual sirven. En una forma especial el profeta está fuera de la puerta burocrática o institucional. Los profetas hebreos comprendían este papel único, a veces para su gran infortunio. Cuando el profeta confronta a la iglesia institucionalizada, se pone en marcha cierta dinámica humana que a menudo hace que se trate al profeta como alguien "mal recibido".
El profeta percibe la posible inhumanidad de la burocracia y las rigideces inherentes y posibles irregularidades del institucio nalismo. Los que están dentro de la estructura institucional perciben a menudo al profeta como alguien que exaspera con sus desafíos vigorosos, sus consejos penetrantes o su franca reprensión. Para quienes están motivados por cualquier cosa que no sean los principios más puros, el profeta es siempre mal recibido.
A lo largo del ministerio de setenta años de Elena de White, muchos escucharon su voz gozosamente. Su consejo se autentificó a sí mismo. Cuando la voz inquietante de la profetisa incomodó sentimientos no consagrados, relativamente pocos líderes y miembros encontraron excusas para rechazarla. Cuando los dirigentes de la iglesia prestaron atención a la voz, el Movimiento Adventista prosperó. 44
Preguntas de estudio
1. ¿De qué manera Elena de White usa el término "carácter" al describir la obra en Battle Creek a comienzos del siglo XX?
2.¿Qué se quiere decir por liderazgo "secular"?
3.Cuando la gente se familiariza con los escritos de Elena de White, ¿de qué maneras son los escritos una prueba?
4. ¿Cuáles son los rasgos de personalidad que caracterizaban a D. M. Canright en su papel de liderazgo como un ministro adventista?
5. ¿Quiénes fueron algunos de los disidentes prominentes del siglo XIX? ¿Cuáles fueron sus principales quejas? ¿Se justificaban estas quejas? ¿Qué les ocurrió a los apóstatas?
6. ¿Cuál es el problema básico de la apostasía?