Mensajera del Señor

Capítulo 27

Principios de Salud/4 Principios y Normas

Principios y Normas

"Téngase siempre presente que el gran objeto de la reforma higiénica es asegurar el más alto desarrollo posible de la mente, el alma y el cuerpo.Todas las leyes de la naturaleza --que son las leyes de Dios-- han sido ideadas para nuestro bien. Su obediencia promoverá nuestra felicidad en esta vida, y nos ayudará a prepararnos para la vida futura". 1

Elena de White expuso ciertas pautas que ayudarían a todos a efectuar decisiones positivas y progresistas, especialmente con respecto a la reforma pro salud. El primer principio, que se aplica a todas las áreas de las responsabilidades cristianas, es que cada uno conozca por sí mismo cuál es su "deber conocido". En cualquier momento dado, un "deber conocido" puede no ser el mismo para dos personas, quienesquiera que sean. Sin embargo, resistirse a un "deber conocido", poco o mucho, revela el corazón de un rebelde, un problema más profundo que un asunto de dieta. 2

En 1893 Elena de White escribió: "Nadie puede creer con el corazón para la justicia y obtener así la justificación por la fe mientras continúe en la práctica de aquellas cosas que prohíbe la Palabra de Dios, o mientras descuide cualquier deber conocido". 3

Descuidar un "deber conocido" causará "debilidad y oscuridad, y nos someterá a una tremenda tentación". 4 En otras palabras, oír las instrucciones que Dios confirmó a través de Elena de White pero no incorporarlas a la vida de uno, abre la puerta a otras tentaciones y a las tinieblas espirituales.

El segundo principio es que debiéramos hacer lo mejor posible bajo toda circunstancia. Por ejemplo, en los días cuando no había suplementos nutricionales, o cuando no se podía conseguir fácilmente una variedad de vegetales y frutas, Elena de White sugirió que el jugo de uva en la mejor forma disponible era apropiado como un suplemento alimenticio para propósitos medicinales.5 Obviamente ella no estaba sugiriendo que debía usarse el vino como una bebida recreativa o como un elemento de la dieta regular de uno.

Cuando ella recomendó "vino doméstico" para propósitos medicinales, sabía que la persona enferma necesitaba las propiedades nutritivas de la uva, nutrientes que el cuerpo podría asimilar rápidamente. Considerando las circunstancias, si el vino doméstico contenía un poco de alcohol, aún proveería más beneficio que no tomándolo. En 1868, en uno de sus artículos de preguntas y respuestas, Jaime White escribió: "Durante el año pasado, la Sra. White ha tenido, en tres o cuatro ocasiones, una sensación de gran debilidad y mareo en la mañana... Para prevenir mareos penosos en esos momentos, ella, inmediatamente después de levantarse, tomaba un huevo disuelto en un poco de vino puro, doméstico, quizás una cucharada a la vez, y nunca pensó que esto tenía que ver con drogas, como ella usa el término en sus escritos, más que con el hombre en la luna. Durante el año pasado ella puede haber usado cerca de medio litro de vino (una pinta). El uso de vino se justifica sólo en casos extremos, y entonces permítase 'un poco de vino', para estimular suavemente a los que están sumidos en el abatimiento". 6

En Australia, durante la década de 1890, era difícil encontrar una dieta de calidad y la carne era el alimento más económico disponible. En cierta ocasión, cuando había enfermos en la casa de un vecino, la Sra. White recordó que "en la casa no había nada adecuado para comer. Y ellos rehusaron comer nada que nosotros les lleváramos. Habían estado acostumbrados a la carne. Creimos que debía hacerse algo. Le dije a Sara [McEnterfer]: 'Saque algunos pollos de mi casa y prepáreles un poco de sopa'... Pronto se recuperaron".

¿La lección? "Aunque nosotros mismos no usábamos carne, cuando pensábamos que era esencial para esa familia en su tiempo de enfermedad, les dimos lo que creíamos que necesitaban. Hay ocasiones en que debemos encontrar a la gente donde está". 7

Sin embargo, aquí nuevamente se necesita sentido común: el primero y el segundo principio considerados juntos debieran darles sabiduría a la persona que provee el cuidado de la salud y a la persona enferma.

El tercer principio es evitar "todo lo perjudicial" y el cuarto, "usar cuerdamente lo que es saludable". 8

El quinto principio pone énfasis en el dominio propio. "La excesiva indulgencia en comer, beber, dormir, y ver, es pecado". 9 La indulgencia propia se manifiesta a menudo "en el vestir" y en el "exceso de trabajo", con lo que se indica que la mente no está "bajo el dominio de la razón y la conciencia". 10

El sexto principio es que no debiéramos prescribir "un régimen [alimenticio] definido". 11 Obviamente, se dieron advertencias claras y precisas sobre ciertos alimentos malsanos. Pero al referirse a la dieta que debiera reemplazar los alimentos perjudiciales, Elena de White trazó pautas amplias, tales como "los cereales, las frutas carnosas, las oleaginosas y las legumbres". 12 ¿Por qué trazos amplios sin "líneas precisas"? Porque ella admitía que una dieta saludable debe reconocer diferencias individuales en cuanto al clima, la ocupación y las características físicas. 13

El séptimo principio revela una actitud solícita y compasiva: no debiera urgirse una dieta sin carne hasta tanto estén disponibles los sustitutos apropiados de la proteína y se comprendan las razones para la sustitución de la carne. 14

El octavo principio destaca la motivación que hay detrás de la reforma pro salud: la reforma pro salud no es un conjunto de deberes por los cuales impresionamos a Dios y ganamos su amor (legalismo). Antes bien, es una revelación más de un Dios amante en cuanto a cómo evitar mejor las circunstancias tristes que resultan de decisiones equivocadas. La reforma pro salud contiene esas instrucciones que apresurarán el desarrollo del carácter y una vida de servicio, lo que es el objeto de la redención y el propósito de la existencia. La reforma pro salud encama un sistema de elecciones que se entiende progresivamente a través de la experiencia. Por esta razón, el consumo de carne, por ejemplo, nunca ha sido una "prueba de discipulado" en la Iglesia Adventista. 15

El noveno principio está mejor expresado en la simple fórmula de Elena de White: "No me constituyo en criterio de ninguna otra persona". Ella no intentaba ser conciencia para otros, ni hacía "inspecciones" en las mesas de aquellos que seguían más lentamente la luz progresiva. 16

El décimo principio permea los nueve anteriores: Debemos razonar de causa a efecto, lo que está quizás mejor expresado en el consejo de Pablo: "Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará" (Gál. 6:7). 17

El " viaje" gradual de Elena de White

Tanto Jaime White como su esposa Elena comprendían que se necesitaba tiempo para responder "paso a paso" a una verdad mayor. 18La experiencia, el sentido común y una iluminación divina motivaron su principio repetido a menudo: "La reforma alimenticia debe ser progresiva". 19 Dios siempre ha usado este principio al revelar la verdad. 20

Visiones que la Sra. White recibió en 1848 y 1854 destacaban los efectos dañinos del tabaco, el café y el té. En la segunda visión se hicieron notar asuntos relacionados con la salud como la falta de limpieza corporal y la necesidad del dominio del apetito. 21 Elena de White declaró que en 1863 el Señor me presentó "el gran tema de la reforma pro salud", incluyendo el concepto de que el cuidado de la salud de uno es un deber espiritual. 22 Seis meses más tarde escribió: "Nuestra comida sencilla, tomada dos veces por día, es disfrutada con verdadero gusto. No tenemos carne, torta, ni ningún alimento concentrado sobre nuestra mesa. No usamos tocino, pero en su lugar tenemos leche, crema y algo de mantequilla. Preparamos nuestros alimentos sólo con poca sal, y hemos abandonado toda clase de especias. Desayunamos a las siete, y tomamos nuestro almuerzo a la una... Como la comida con mayor gusto que nunca antes". 23

En 1870 la Sra. White reveló más ampliamente cómo se estaban aplicando en su hogar los principios de salud. Ella se refirió a su "mesa bien provista en toda ocasión". Visitantes, esperados y no esperados, venían frecuentemente. Ella colocaba delante de todos alimento "sencillo y sin embargo sano" y "si alguien quiere más que esto, está en libertad de encontrarlo en otra parte. No pongo en mi mesa nada de mantequilla ni de came. Raramente hay torta allí. Por lo general tengo una provisión amplia de frutas, buen pan y hortalizas". No se colocaba azúcar en la mesa, aunque a veces se la usaba en la preparación [de la comida] en la cocina. 24

En un viaje por ferrocarril que los White hicieron en 1870, comieron a su hora habitual, la una de la tarde, "pan integral y una abundante provisión de fruta". 25

El mejor alimento disponible

¿Comió carne Elena de White después de 1863? Sí, pero no como parte regular de su dieta. Ella practicaba los principios generales que enseñaba a otros, como el de que uno debe usar el mejor alimento disponible considerando las circunstancias. Al estar fuera de la casa, ya sea viajando o acampando en condiciones austeras, décadas antes de que se inventaran los alimentos congelados, a menudo era difícil encontrar una dieta adecuada. Al no ser siempre posible obtener lo mejor, por cualquier razón que fuese, a veces se conformaba con lo bueno, lo mejor bajo las circunstancias.

En 1873, mientras estaban en un lugar elevado de las Montañas Rocallosas en una vacación combinada con trabajo, el grupo de los White no tuvo otra opción sino cazar y pescar para conseguir alimento. Ella escribió en su diario: "Nuestras provisiones habían estado muy escasas por algunos días. Muchos de nuestros víveres se habían terminado... Esperábamos con seguridad que llegasen alimentos tres días atrás, pero no ha llegado nada. Willie fue al lago en busca de agua. Oímos su escopeta y descubrimos que había cazado dos patos. Esto es realmente una bendición porque necesitamos algo con lo cual vivir". 26

Unas pocas semanas más tarde, después de llegar a California, ella informó que ya no comían came, aunque "habían comprado carne una vez para May Walling cuando ella estaba enferma, pero que desde entonces no hemos gastado un centavo en came". 27

Durante el lluvioso y nublado mes de enero de 1884, Elena de White pasó algún tiempo en el Retiro para la Salud de St. Helena, donde había más sol y calor. Pero el médico, el administrador y un cocinero no favorecían una cocina vegetariana. Ella escribió lo siguiente en cuanto a su experiencia: "Cuando llegué al Retiro, decidí no probar carne, pero difícilmente podía conseguir alguna otra cosa para comer, y por lo tanto comí un poco de came, la que causó una acción anormal del corazón. No era el tipo correcto de alimento...

"El uso de came mientras estuve en el Retiro despertó el viejo apetito, y después que regresé a casa, clamaba por ser complacido. Entonces resolví cambiar totalmente y bajo ninguna circunstancia comer came y estimular este apetito. Desde que regresé de ese lugar, ninguna porción de came o mantequilla ha estado sobre mi mesa. Tenemos leche, fruta. granos y vegetales.

"Por un tiempo perdí todo deseo de comer. Como los hijos de Israel, he anhelado la came. Pero rehusé firmemente comprar carne o cocinarla. Estaba débil y temblorosa, como lo estará todo aquel que subsiste con carne y es privado del estímulo. Pero ahora me ha vuelto el apetito. Disfruto del pan y la fruta, mi cabeza generalmente está despejada y mi fuerza está más firme. No tengo nada del agotamiento tan común en los consumidores de came. He recibido mi lección y espero haberla aprendido bien". 28

En 1888 la Sra. White escribió que "por años no [había]... comprado un solo centavo de té". Sin embargo, ella usaría algo de té "como medicina" "en casos de vómito severo". 29

En 1890, después de dos años de viaje en Europa, ella observó: "Donde puede obtenerse abundancia de buena leche y frutas, raramente existe una excusa para consumir alimento animal... En ciertos casos de enfermedad o de agotamiento puede pensarse que es mejor emplear algo de carne, pero debe ejercerse mucho cuidado en conseguir la carne de animales sanos... Cuando yo no podía obtener el alimento que necesitaba, a veces he comido un poco de carne; pero tengo cada vez más temor de hacerlo". 30

Elena de White, con su recargado programa de escribir y frecuentes presentaciones públicas, necesitaba la ayuda de un cocinero que atendiese a su familia numerosa. Ella no siempre podía obtener los servicios de un cocinero instruido en los principios de la reforma pro salud. En Australia, en la década de 1890, donde no era fácil o financieramente posible obtener fruta, vegetales, cereales y nueces, la came era el alimento disponible para la mayoría de las personas. Dos semanas después de llegar a Australia, ella expresó por escrito su petición: "Estoy sufriendo más ahora por falta de alguien que tenga experiencia en el área de cocinar, para que prepare cosas que yo pueda comer. El arte de cocinar en este país es en todo sentido deficiente. Quítese la came, la que raramente usamos--y no me atrevo a usarla aquí para nada--, y siéntese junto a sus mesas, y si usted puede mantener el vigor, posee una excelente constitución... Pagaría un precio mayor por un cocinero que por cualquier otra parte de mi trabajo". 31

Estando en Australia, ella llegó a un punto en el que declaró: "Yo he eliminado absolutamente la came de mi mesa". Por un tiempo había permitido que se sirviese algo de carne a los empleados y miembros de la familia. Desde ese momento en adelante [enero de 1894] quedó bien entendido "que ora sea que esté en casa o afuera, nada de esta clase ha de usarse en mi familia, o ha de ponerse sobre la mesa. He tenido muchas presentaciones sobre este tema en las horas de la noche". 32

Prácticas alimenticias de Elena de White después de 1900

¿Cuáles eran las prácticas alimenticias de la Sra. White en Elmshaven después de su regreso a los Estados Unidos en 1900? Una cantidad de cartas revelan la rutina diaria de ese hogar atareado con muchos empleados y miembros de la familia que comían juntos. Entre las características alimenticias del hogar de los White se hallaban las siguientes: 33

• El desayuno a las 7:30 a.m. y el almuerzo ala 1 :00 p.m., las horas más convenientes según fueron decididas por la numerosa familia.

• No came, no mantequilla, no queso, no "mezclas grasosas de comida"; "todos están satisfechos" con la crema de las dos vacas.

• Elena de White prefería vermicelli [fideos delgados] y tomates envasados cocinados juntos, lo cual comía con bizcochos tostados de marcado sabor a canela; frutas cocidas de varias clases enriquecían su comida principal. Otros artículos usados ocasionalmente incluían maíz seco cocinado con leche y pastel de limón.

• Todos los miembros de la familia numerosa [que le acompañaba] comían artículos que satisfacían mejor sus necesidades. (Elena de White decía que ella no se constituía en un criterio para los demás.)

• Cualquiera que deseaba comer a la noche estaba en libertad de hacerlo.

• Siempre se proveía una variedad de comida: sencilla, saludable y sabrosa.

¿Qué conclusiones extraeremos de esta trayectoria que ella recorrió paso a paso?

• Las principales visiones de salud de Elena de White, de 1863 y 1865, abarcaron todos los aspectos del mensaje de la reforma pro salud que ella recalcó hasta su muerte. Los cambios ocurridos a lo largo de los años en materia de énfasis en ciertos puntos sólo refinaron esos principios; no añadieron o sustrajeron nada de ellos. Con el transcurso del tiempo, aun los profetas deben dedicar tiempo para asimilar los principios revelados, tiempo para que la teoría se convierta en realidad en sus propias vidas. Ella recomendaba constantemente el principio, en la práctica como también en la enseñanza, de que cada uno que está consagrado a la verdad pasará de lo malo a lo bueno, de lo bueno a lo mejor, de lo mejor a lo óptimo. Tal fue su experiencia.

• Elena de White veía la diferencia entre sustancias patentemente dañinas (bebidas alcohólicas, puerco, tabaco, té y café) y aquellos artículos de la dieta que no eran saludables al consumirlos sin moderación (carnes limpias, leche, huevos, sal y azúcar). Algo de este conocimiento divinamente inspirado, especialmente respecto al puerco, le llegó como una sorpresa. Otros puntos se estaban discutiendo en el siglo XIX, pero en ningún otro lugar se encontraban todos los principios que ella adelantó en forma integrada en un programa práctico. En ningún otro lado se hallaban estos principios expresados con el propósito de preparar a un pueblo para la venida del Señor.

• Lo que puede parecer que son deslices en el viaje de ella de lo bueno a lo mejor (en la incorporación de principios de salud divinamente revelados a la práctica de su vida), puede ser bien entendido por aquellos que recuerdan su propio viaje desde lo bueno a lo mejor. Circunstancias que están más allá del control de uno y la ausencia de lo mejor dictan a menudo preferencias que no siempre son la elección preferida de uno. Aquellos que comprenden el Evangelio, aquellos que entienden que Dios sólo pide que hagamos lo mejor bajo las circunstancias que prevalecen, aquellos que entienden que la obediencia a un deber conocido no se hace para impresionar a Dios (legalismo) sino para honrarlo, tales personas comprenderán por qué en raras ocasiones y en circunstancias inusuales Elena de White comió algo de carne.

• Elena de White siguió el principio del tema del Gran Conflicto que se reflejó en el ejemplo de Cristo: la verdad nunca debiera ser impuesta. Siempre que tuvo una oportunidad apropiada, ella transmitió a otros los principios de la reforma pro salud como los había recibido: un sistema integrado y coor dinado de principios que aseguran la salud de la mente, el cuerpo y el alma. Fue clara y enérgica respecto a la relación de la salud con el crecimiento espiritual de uno y el destino eterno. Pero no obligó, amenazó o forzó a otros a hacer lo que sabía que deberían hacer; no podía ser conciencia o criterio para otros. Ese hecho, en sí mismo, revela la verdad acerca de Dios y nuestra responsabilidad mutua. 34

Ahora podemos comprender mejor qué quiso decir Elena de White cuando declaró lo siguiente en la sesión del congreso de la Asociación General de 1909: "Algunos aseveran que no he seguido los principios de la reforma pro salud conforme los ha preconizado mi pluma; pero puedo afirmar que he practicado fielmente dicha reforma. Los miembros de mi familia saben que ello es verdad". 35

En intentos modernos para comprender la historia, juzgamos demasiado frecuentemente el pasado por el presente, muy a menudo inadvertidamente. Los individuos del pasado deben ser juzgados en el contexto de sus circunstancias, no las nuestras. En un tiempo cuando no había refrigeradoras, cuando conseguir fruta y vegetales frescos dependía del lugar donde uno vivía y del tiempo del año, cuando raramente podían conseguirse los sustitutos de la carne antes de la introducción de la manteca de maní [cacahuete] y de los cereales secos (a mediados de la década de 1890), 36 en algunas ocasiones uno comía carne o no comía nada. En nuestros días, por lo menos en los países desarrollados, el consumo de carne raramente es una necesidad.

Rumores y acusaciones

¿Qué debiéramos deducir de los rumores y acusaciones que han circulado a lo largo de los años respecto a las propias decisiones dietéticas de Elena de White?

Jamón sobre la mesa de los White. Se ha informado que D. M. Canright, un ex predicador adventista hostil a nuestra iglesia, había dicho que vio a los White comer jamón en su propia casa. Probablemente tenía razón puesto que él "abrazó el sábado" por influencia de la predicación de Jaime White en 1859. Los primeros adventistas no comprendían la distinción entre carnes limpias e inmundas. A fines de la década de 1850, los White todavía comían carne de cerdo. 37 No fue sino hasta después de la visión de Otsego en junio de 1863 que ellos dejaron de comerla. 38 Entre 1859 y 1863, Canright habrá tenido muchas oportunidades para ver a los White comiendo carne de cerdo.

Durante toda su vida Elena de White fue una apóstata en cuanto al consumo de carne. Elena de White no sostuvo que después de la visión de Otsego sobre salud, en 1863, ella nunca volvió a comer carne. Antes de la visión, ella creía que "dependía de una dieta de carne para tener vigor". Debido a su condición física débil, especialmente por su tendencia a desmayarse cuando se sentía débil y mareada, pensaba que la carne era " indispensable ". 39 En realidad, en ese entonces ella era una gran "consumidora de came"; la came era su "principal artículo alimenticio". 40

Pero ella obró de acuerdo con la luz que recibió. Eliminó de inmediato "la came de" su "menú", junto con la mantequilla y la práctica de tener tres comidas por día. ¿Cuál fue el resultado? "Los antiguos desmayos y sensaciones de mareo me han abandonado". Años más tarde, a los 82 años de edad, ella pudo escribir: "Tengo mejor salud ahora, a pesar de mi edad, de la que tuve en mis días más jóvenes". 41

Sin embargo, como hemos estudiado antes (ver p. 312), Elena de White comía came ocasionalmente; en 1901 ella indicó que hubo ocasiones en el pasado cuando se "veía obligada a comer un poco de carne". 42 Condiciones de viaje difíciles, nuevas cocineras y emergencias médicas demandaban que se hiciesen ajustes razonables. En otras palabras, ella no era una fanática respecto al consumo de carne, especialmente en el consejo que daba a otros: "Nunca he sentido que era mi deber decir que nadie debe probar la carne bajo ninguna circunstancia. Decir esto... sería llevar las cosas a los extremos. Nunca he sentido que era mi deber hacer declaraciones categóricas. Lo que he dicho lo he dicho dominada por un sentido del deber, pero he sido cuidadosa en mis declaraciones, porque no quería dar ocasión para que nadie fuera conciencia de otra persona". 43

También es importante notar que Elena de White distinguía entre "carne" y "pescado". En 1876 ella le escribió a su esposo que estaba de viaje: "No hemos tenido una partícula de carne en la casa desde tu partida y mucho tiempo antes de que partieras. Hemos tenido salmón unas pocas veces. Ha sido más bien alto [en precio]". 44

En la Australia azotada por la pobreza a mediados de la década de 1890, ella reconoció que el pescado sería una parte apropiada de la dieta de los trabajadores que estaban construyendo el Colegio de Avondale. En una carta a su hijo Willie, escribió: "No podemos alimentarlos a todos, pero ¿quisieras por favor conseguimos bacalao y pescado seco de cualquier descripción, nada envasado? Esto le dará buen sabor a la comida" 45

Dos años después de su promesa personal en el campestre de Brighton (Australia) de no comer carne, la Sra. White le escribió a su sobrina no adventista, Mary Clough Watson: "Hace dos años llegué a la conclusión de que era peligroso usar la carne de animales muertos, y desde entonces no he comido carne en absoluto. Nunca se coloca en mi mesa. Uso pescado cuando puedo conseguirlo. Conseguimos hermosos pescados del lago de agua salada que hay aquí cerca. Tampoco uso té ni café. Como trabajo contra estas cosas, no puedo sino practicar lo que sé que es lo mejor para mi salud, y mi familia está en perfecto acuerdo conmigo. Tú ves, mi querida sobrina, que te estoy diciendo las cosas tal como son". 46

Ostras. Fannie Bolton,47 una ex ayudante literaria de la Sra. White, escribió que Elena de White, en una estación de ferrocarril, comió "grandes ostras blancas crudas con vinagre, pimienta y sal... Me sentí abrumada ante esta inconsecuencia y aturdida de horror. El pastor Starr se apresuró a sacarme de ahí e hizo toda suerte de excusas y justificaciones de la acción de la Hna. White; sin embargo, me quedé pensando en mi corazón, '¿Qué significa esto? ¿Qué ha dicho Dios? ¿Cómo se atreve ella a comer estas abominaciones? " 48

Cuando G. B. Starr oyó de esta carta, quedó estupefacto. Le contestó a W. C. White: "Sólo puedo decir que considero esto como el disparate más absurdo y falso que jamás haya visto o leído respecto a nuestra querida Hna. White.

"El evento simplemente nunca ocurrió. Nunca vi a su madre comer ostras o carne de cualquier clase, ya sea en un restaurante o en su propia mesa. La declaración de Fannie Bolton... es una mentira de primer orden. Nunca tuve dicha experiencia y es demasiada absurda como para que la crea cualquiera que haya conocido a su madre...

"Creo que toda esta carta fue escrita por Fannie Bolton en uno de sus momentos de mayor locura. 49...

"Cuando visitamos Florida en 1928, nos dijeron a la Sra. Starr y a mí que en un campestre Fannie Bolton declaró públicamente que había mentido respecto a la Hna. White, y que se arrepentía de ello". 50.

Aunque el informe de Fannie Bolton era falso, Elena de White pidió ostras en 1882 en una carta a Mary, su nuera: "Si puedes conseguirme una buena caja de arenques frescos, por favor hazlo. Estos últimos que Willie consiguió están amargos y viejos. Si puedes comprar... media docena de latas de tomates buenos, por favor hazlo. Los necesitaremos. Y si puedes conseguir unas pocas latas de buenas ostras, consíguelas". 51

¿Qué deducción sacaremos de este pedido de ostras? De acuerdo con Levítico 11, ¿no se considera que las ostras son inmundas? La respuesta a esa pregunta no era más clara para los adventistas en la década de 1880 que lo que era su actitud hacia el puerco en la década de 1850. 52

En 1883 W. H. Littlejohn, pastor del Tabernáculo de Battle Creek, atendía una columna de preguntas y respuestas en la revista o boletín de la iglesia. Al contestar si las ostras están incluidas entre los alimentos inmundos de Levítico 11, Littlejohn dijo: "Es difícil decidir con certeza si las ostras estarían con propiedad bajo la prohibición de Levítico 11:9-12... Sin embargo, por el lenguaje parecería como si pudieran estarlo". 53

En aquello sobre lo cual no recibían una instrucción directa por una visión, los adventistas, como cualquier otro, debían resolver poco a poco estas cuestiones de alimentos.

Elena de White era una hipócrita. Esta acusación se basa en el hecho de que Elena de White era lúcida y directa respecto al peligro de comer carne pero ocasionalmente comía alimentos con carne.

Su hijo William C. le escribió a G. B. Starr en 1933 que la familia White había sido vegetariana pero no siempre abstemios totales de alimentos con carne.

En 1894, Elena de White le escribió a un no adventista activo en la causa de la temperancia en Australia que había preguntado sobre la posición adventista en cuanto a ser "abstemios totales": "Me alegro de asegurarle que como denominación somos, en el sentido más pleno de la palabra, abstemios totales del uso de licores, vino, cerveza, sidra [fermentada], y también del tabaco y todos los demás narcóticos... Todos somos vegetarianos, muchos absteniéndose del uso de la carne como alimento, mientras que otros la usan sólo en el grado más moderado". 54 Muchas de las declaraciones más fuertes de Elena de White contra la carne fueron escritas después que ella hubo renovado su promesa de una abstinencia total en 1894.

Aquí notamos que para Elena de White un vegetariano no era necesariamente un abstemio total, sino alguien que no comía carne habitualmente. Aquí tenemos un ejemplo claro de la diferencia entre un principio y una norma o regla El vegetarianismo era una norma basada sobre un principio: debiéramos comer la mejor comida que se pueda conseguir dentro de las circunstancias. Los principios son declaraciones claras, siempre ciertas en toda circunstancia. Las normas o reglas pueden cambiar debido al tiempo, el lugar y las circunstancias. Las normas desarrollan los principios haciendo siempre lo mejor posible dentro de las circunstancias. Sólo la conciencia del individuo sabe cuándo se han concretado esas decisiones de hacer "lo mejor que uno pueda hacer".

Aplicando los principios.

Para Elena de White, los dos principios básicos en la reforma pro salud son "preservar la mejor salud" 55 y comer "lo que es más nutritivo" según están dadas las circunstancias. 56

Al aplicar estos principios, ella dijo en muchas ocasiones: "En los países donde abundan las frutas, los cereales y las nueces, la carne no es el alimento adecuado para el pueblo de Dios". 57

Ella usaba frecuentemente el término "principio", cuando expresaba sus puntos de vista sobre la reforma pro salud. Ella atribuía a "los principios de la reforma pro salud" 58 el hecho de que su salud personal hubiese mejorado tanto. Ella indicó que sus instrucciones sobre la reforma pro salud hacían hincapié en "principios generales". 59

Hacia el fin de su vida y al reflexionar en los años desde 1863, ella escribió: "Algunos informan que yo no he vivido a la altura de los principios de la reforma pro salud, tal cómo los he presentado con mí pluma. Pero puedo decir que hasta ahora, por todo lo que yo sépa, no me he apartado de esos principios". 60

Por esta razón, Elena de White aconsejó a los miembros de iglesia "a que evitaran el consumo de carne, no porque se considera un pecado comer carne [o sea, no es un principio], sino porque no es saludable [pero sí es una buena norma]." 61

Ella entendió claramente la diferencia entre principios inmutables y la condicionalidad de las normas. Note estos sabios consejos: "Los que entienden debidamente las leyes de la salud y que se dejan dirigir por los buenos principios, evitan los extremos, y no incurren en la licencia ni en la restricción. Escogen su alimento no meramente para agradar al paladar, sino para reconstituir el cuerpo. Procuran conservar todas sus facultades en la mejor condición posible para prestar el mayor servicio a Dios y a los hombres... En la reforma alimenticia hay verdadero sentido común. El asunto debe ser estudiado con amplitud y profundidad, y nadie debe criticar a los demás porque sus prácticas no armonicen del todo con las propias. Es imposible [en asuntos de alimen tación] prescribir una regla invariable para regular los hábitos de cada cual, y nadie debe erigirse en juez de los demás". 62

Antes del congreso de la Asociación General de 1901, algunos dirigentes se reunieron con Elena de White respecto a prácticas alimenticias. Sus observaciones fueron registradas por C. C. Crisler, su secretario: "Oh, cuánto me ha dolido que se arrojen obstáculos en el camino respecto a este tema. Algunos han dicho: 'La Hna. White come queso, y por lo tanto estamos en libertad de comer queso'. He probado queso una o dos veces, pero eso es un asunto diferente de convertirlo en parte de mi dieta. Una vez cuando estaba en Minneapolis, me senté junto a una mesa en la que había algo de queso. Estaba muy enferma en esa ocasión, y algunos de mis hermanos me dijeron que pensaban que si comía un poquito de queso, podría hacerme bien. Comí un pedazo pequeño y desde entonces se han informado a grandes congregaciones que la Hna. White come queso.

"Por años no he comido carne en mi casa. Pero no renunciéis al uso de la carne porque la Hna. White no la come. No daría un centavo por vuestra reforma pro salud si se basa en eso. Quiero que permanezcáis firmes en vuestra dignidad individual y en vuestra consagración ante Dios, con todo el ser dedicado a él... Quiero que penséis en estas cosas. No convirtáis a ningún ser humano en vuestro criterio". 63

Elena de White comprendía claramente la diferencia entre principio y norma. Su sentido común respecto a la reforma pro salud la convirtió en una persona físicamente más fuerte, más productiva, a medida que envejecía, una experiencia no corriente para muchos en sus días. Lejos de ser una hipócrita, ella enseñó el camino al integrar el principio con la práctica. Las prácticas alimenticias no eran una forma de penitencia ni un ritual por el cual podría ganarse la salvación. 64

Preguntas de estudio

1. ¿Cuáles son las diez pautas de Elena de White para mantener la reforma pro salud con un enfoque positivo y progresivo?

2.v¿Cuál es la diferencia entre ser un "abstemio total" y un vegetariano practicante?

3. Respecto a la reforma pro salud, ¿cómo distingue uno entre principios y normas?

4. ¿Por qué la práctica de ignorar un "deber conocido" es un síntoma de rebelión?

5. ¿Cómo explicamos el viaje gradual de Elena de White [de lo bueno a lo mejor] al incorporar sus propios principios de salud en su práctica diaria?

6. ¿Cómo pueden hacer una distintición entre principios y normas los reformadores serios de la salud? ¿Qué circunstancias posibles alteran las normas pero no los principios?