La Palabra se Hizo Carne

Capítulo 1

¿Qué Fue Hecho Carne?

¿Fue "Logos" o fue "Dabar"?

El Nuevo Testamento fue, desde luego, escrito en Griego, y el apóstol Juan escribió su evangelio en ese idioma. Al hacerlo de esa manera, él usó un término Griego "Logos", el cual ha ocasionado gran discusión.

"Al principio era el Verbo (logos)... El Verbo (logos) era con Dios, y el Verbo (logos) era Dios". (Juan 1:1-2)

"Y el Verbo (logos) fue hecho carne, y habitó entre nosotros..." (Verso 14)

¿Cuál es entonces el problema? ¿No debiéramos esperar que Juan usase un término Griego, ya que él está escribiendo en ese idioma?

Claro que sí. Pero el término Logos en Griego está tremendamente cargado de implicaciones culturales.

Logos, como término técnico, parece haberse originado con los Estoicos, los cuales lo usaron para querer decir Sabiduría Divina como siendo la fuerza integradora del universo.[1]

Esto ha llevado a algunos estudiantes a concluir que Juan había sido fuertemente influenciado por el pensamiento y la filosofía Griega, de tal manera que él estaba escribiendo que era el logos Griego el que había venido a la tierra en la persona de Jesús Cristo (los estudiantes encontrarán un completo estudio acerca del pensamiento Griego en relación a logos, en el Diccionario Teológico Kittel).

Otros estudiantes, sin embargo, han llegado a la conclusión que mientras los lectores Griegos del evangelio de Juan pudieran haber apreciado su reconocimiento de los méritos del logos, habrían sido confrontados con la declaración del verso 14: "Y el Verbo (logos) se hizo carne...".

Para la mente Griega, imbuida con el dualismo de los filósofos, una transformación de este tipo era impensable, ya que logos es espiritual, y por eso es bueno, y carne es físico, y por ello intrínsecamente vil, corrupto y malo. Este es el fondo del dualismo "alma buena en cuerpo vil" de la teología cristiana medieval, el concepto de alma inmortal, etc.

Para la mente Griega, la declaración "El Verbo se hizo carne", sería más o menos lo mismo que decir "Lo bueno se hizo malo".

Existe aún otra posibilidad. No había ninguna necesidad de que Juan sacase de la cultura Hebrea el concepto de un Verbo (Palabra) desencarnado, sin cuerpo, que habría introducido un cambio significativo al hacerse carne.

En el mismo corazón de la cultura y de la tradición Hebrea estaba el trono de la misericordia, en el Lugar Santísimo del santuario, protegido por las alas de los querubines, de donde emanaban brillantes rayos de la gloria de Dios, y de donde se escuchaba en ocasiones supremamente importantes la Palabra audible, la dabar (forma principal), que daba consejo y guiaba a Israel.

El término dabar, usado primeramente para describir la Palabra desencarnada, eventualmente vino a ser usado en relación al lugar desde donde la palabra era escuchada, el santo Shekinah. Los traductores de la King James, tratando de verter este concepto fielmente al inglés, invocaron la palabra oráculos para traducir la palabra dabar (forma principal).

"Y el consejo de Ahitofel, que él daba en aquellos días, era como si un hombre hubiese consultado el oráculo de Dios...". (2 Samuel 16:23)

"Y los sacerdotes trajeron el arca del pacto del Señor hasta su lugar, en el oráculo de la casa, en el Lugar Santísimo, aun hasta debajo de las alas de los querubines". (1 Reyes 8:6)

"Escucha la voz de mis súplicas, cuando lloro delante de ti, cuando levanto mis manos hacia tu santo oráculo". (Salmo 28:2; 1 Reyes 6:5, 16, 19, 20-23; 2 Crónicas 4:20)

Releer todas estas escrituras, usando el término "palabra" (o verbo) cada vez que aparece el término "oráculo", proveerá un sentido de profundidad del significado del término "palabra" (verbo) que viene del pensamiento Hebreo. Fue esa divina y beneficiente palabra que era escuchada desde el lugar donde ningún cuerpo, ni ninguna carne era vista, el santo Shekinah, el lugar más reverenciado en todo Israel. Cuán profundamente significativo era entonces para los Israelitas, para los Judíos de los tiempos de Juan, cuando leían su evangelio:

"Al principio era el Verbo (Palabra)..."
(Desde luego, nosotros lo sabemos)
"Y el Verbo (Palabra) estaba con Dios..."
(Si, si. Nosotros lo sabemos)
"Y el Verbo (Palabra) era Dios..."
(Sin duda. Nosotros lo entendemos así)
"Y el Verbo fue hecho carne"
(¿Qué? Realmente está queriendo decir eso? ¿Puede eso ser verdad? ¿Puede ser que esa gloriosa, amorosa y guiadora palabra, la presencia de la Shekinah, se transforme realmente en carne? ¿Es eso lo que Jesús es? ¡Gloria a Dios!)

Entonces tenemos que dejar sabiamente a un lado la filosofía Griega en sus dos dimensiones. Nuestro Señor Jesús Cristo no es logos; Él es dabar. Y la carne que lleva la humanidad, y que Jesús asumió, no lleva la carga de la corrupción intrínseca y de la vileza que le atribuye la filosofía Griega. Nosotros no somos helenísticos; nosotros somos Cristianos.

"...La carne en sí misma no puede actuar contrariamente a la voluntad de Dios".[2]

Notas:
  1. 5CBA: 894.
  2. HAd:127.