La Palabra se Hizo Carne

Capítulo 2

La Circunstancia de la Búsqueda

En el verano de 1983, el curso que se iba a graduar en teología del Seminario Adventistas del Séptimo Día del Lejano Este, solicitó que yo condujera un servicio eclesiástico especial para ellos. Las lecciones de la Escuela Sabática relacionadas con el tema de la naturaleza humana de Cristo, habían creado preguntas y análisis en sus países de origen, y ellos esperaban encontrarse con estas preguntas cuando volviesen a sus respectivos campos de trabajo. Me pidieron que compartiera con ellos los resultados de mi investigación sobre ese tema.

Yo les presenté los resultados de mis propios estudios que yo había hecho hasta ese entonces, y agregué aun alguna información que me había sido enviada por otras personas. Entonces, comprendiendo que todos nuestros esfuerzos hasta aquel instante habían sido fragmentarios, que nos habíamos dedicado a analizar solamente a una pequeña parte de la gran masa de evidencias, resolví dedicar tanto tiempo como fuese posible a un examen más profundo de las declaraciones acerca de la naturaleza de Cristo emitidas no solamente en los libros y artículos publicados por Ellen White, sino que también en los escritos de otros líderes adventistas que han editado y han contribuido con sus artículos en los más importantes diarios de la iglesia a través de los años.

Esta fue una de las experiencias más provechosas. La búsqueda trajo a la luz una gran cantidad de material a respecto del tema, del cual yo ni siquiera me había imaginado que pudiese existir. Aparentemente la humanidad de Jesús había sido mirada como una doctrina fundamental de una tremenda importancia por nuestros pioneros de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, y ellos daban su testimonio a respecto de eso frecuentemente y con una claridad inconfundible.

También fue una sorpresa agradable descubrir que la mayoría, si no todas, las preguntas teológicas que ahora están recibiendo atención por parte de la iglesia, habían sido cuidadosa y completamente Examinadas por nuestros ancestrales espirituales, los cuales, aun cuando no hayan poseído un grado académico, eran incuestionablemente competentes en las Escrituras.

Un tercer punto de interés que descubrí tal vez de una manera muy triste, es que hasta mediados de 1950 la mayor parte de los escritos teológicos de nuestra iglesia fueron hechos por los administradores de nuestra iglesia, los cuales aceptaron la responsabilidad de ser competentes en teología, como siendo parte de sus deberes administrativos.

Pareciera ser que ellos consideraron la teología tan importante que decidieron no confiársela a los estudiantes de teología. Tal vez hayan actuado en forma correcta.

Sin embargo, me gustaría enfatizar que aun cuando los resultados de mi búsqueda me han impedido a no concordar con algunos teólogos Adventistas del Séptimo Día, no es mi intención impugnar ya sea su sinceridad o su integridad.