La Palabra se Hizo Carne

Capítulo 11

1895 - 1896 El Contexto Inmediato de la Carta Baker

Para que la carta Baker pueda ser vista tan claramente como sea posible dentro de su propio contexto inmediato, tenemos que concentrar nuestra atención en esta sección en el periodo envuelto por los años 1895-1896. Fue alrededor del término del año 1895 que Ellen White le escribió una carta desde Australia al pastor W. L. H. Baker en Tasmania, una carta que sería usada por otros, después de su muerte, para cambiar la posición cristológica de la Iglesia Adventista del Séptimo Día.

Queda claro a través de los registros que este periodo de 24 meses, 1895-1896, constituyeron un "hito" en el análisis cristológico dentro de la Iglesia Adventista del Séptimo Día y su testimonio hacia el mundo. Hemos notado que en 1895-1896 el Australian Bible Echo publicó la opinión de que Cristo había venido a la tierra en la naturaleza humana caída (carne pecaminosa) en:

Dos declaraciones de Ellen White;

Dos editoriales en páginas frontales;

Una declaración de Alonzo T. Jones;

Una declaración de W. W. Prescott; y

El texto completo de un sermón de Prescott en el cual él afirma esa opinión 22 veces, y dos veces él rechaza el punto de vista de que Cristo hubiese venido a la tierra en la naturaleza humana no caída de Adán.

Mientras tanto, al mismo asunto se le estaba dando un extenso tratamiento en otro lugar. En Ene-ro de 1895, una declaración de William Covert y otra de J. H. Durland fueron publicadas en la Review and Herald. En Febrero, los delegados de la iglesia pidieron una reunión de la Conferencia General en el tabernáculo de Battle Creek, Michigan. Aquí ellos escucharon una serie de mensajes de W. W. Prescott durante los cuales él declaró por lo menos en 20 oportunidades que Cristo había venido a la tierra en la naturaleza caída (carne pecaminosa) del hombre.

Esta convicción era compartida y reforzada por Alonzo T. Jones, quien, en una serie de charlas acerca del Mensaje del Tercer Ángel tocó el mismo punto más de 90 veces (vale la pena notar que Jones usó varias líneas de un estudio avanzado de Ellen White que aún no había sido publicado en el Deseado de Todas las Gentes para apoyar estas declaraciones acerca de la naturaleza de Cristo).

Estos mensajes fueron copiados por estenógrafas y fueron enviados a todos los miembros de la iglesia a través del General Conference Bulletin. Durante los siguientes meses de 1895 varias declaraciones adicionales (por Prescott, Starbuck y Durland) fueron publicadas en la Review and Herald y en la Signs of the Times.

Ellen White no pudo haber llegado al final del año 1895, cuando le escribió la carta a Baker, sin estar consciente de estos eventos. Y cuando W. W. Prescott trajo el mismo mensaje, con gran énfasis, a la reunión de Armadale en Australia en Octubre-Noviembre de 1895, los registros dicen claramente que ella se regocijó en escucharlo y lo comentó en términos inequívocos. Ella misma había estado expresando los mismos pensamientos en cartas y manuscritos a través de los últimos años, como también en los manuscritos del Deseado de Todas las Gentes, el cual ella estaba preparando para ser publicado.

En 1896, junto con 20 declaraciones de Ellen White y varias de J. E. Evans, Stephen Haskell, etc., la Review and Herald publicó una serie de artículos de W. W. Prescott en los cuales él afirmaba su convicción acerca de la naturaleza humana de Jesús, por lo menos 20 veces.

Así que los testimonios combinados de los diversos conferencistas de la iglesia, incluyendo Ellen White, durante este periodo de dos años, 1895-1896, deben haber sido por lo menos 250 declaraciones diciendo que nuestro Señor vino a esta tierra en la naturaleza humana caída del hombre.

Hablando en términos cronológicos, vemos estos dos años, con un gran énfasis en un análisis cristológico, como el contexto inmediato a la carta Baker. No podemos declarar con certeza cuánto de este análisis llegó a los oídos de W. L. Baker, pero no podemos dudar que la mayor parte, sino todo, fue conocido por Ellen White. Y sería muy extraño que Baker no haya sabido absolutamente nada.

Los registros no indican que en cualquier otro par de años en la historia de la iglesia se le prestase tanta atención al asunto de la naturaleza de Cristo, como en los años 1895-1896, ni tampoco dan ninguna evidencia de alguna divergencia sobre el asunto. Por eso la pregunta que tenemos que considerar ahora es si el énfasis colocado en las interpretaciones de algunas líneas de la carta Baker reflejan exactamente y adecuadamente el tenor y el consenso de este análisis cristológico, o si a través del uso hecho de estas interpretaciones de la carta Baker el cuadro ha sido distorsionado, y la infeliz impresión creada ha sido que Ellen White se ha contradicho a sí misma. Examinemos pues las evidencias.

1895: "Él estaba vestido con un cuerpo como el nuestro...".[1]

"... Él vino al mundo en semejanza de carne pecaminosa...".[2]

"... Cristo vino en semejanza de carne pecaminosa, vistiendo Su divinidad con humanidad".[3]

"Él tomó sobre Sí la semejanza de carne pecaminosa, y fue hecho en todos los puntos como Sus hermanos...".[4]

"Él se degradó (inclinó) para tomar la naturaleza humana, para estar apto para alcanzar al hombre donde éste estaba".[5]

"... (Él) se humilló a Sí mismo de tal manera que pudiese alcanzar al hombre en su condición caída y desamparada...".[6]

"Él vino como un niño indefenso, llevando la humanidad que nosotros llevamos".[7]

"Qué símbolo más extraño aquel de Cristo semejante a una serpiente que los mordía. Este símbolo fue levantado en una estaca, y ellos tenían que mirar y ser sanados. Así Jesús fue hecho en semejanza de carne pecaminosa".[8]

"Jesús asumió la humanidad para que Él pudiese tratar la humanidad... haciendo con que todos pudiesen sentir que Su identificación con su naturaleza e intereses es completo".[9]

"Él vino como un niño indefenso, llevando la humanidad que nosotros llevamos. "Así como los hijos participaron de carne y sangre, Él también participó de lo mismo"... En Su humanidad Él entendió todas las tentaciones que le sobrevendrían al hombre".[10]

"... Él... sufrió cada fase de prueba y tentación con las cuales la humanidad es acosada".[11]

"Así Jesús fue hecho en semejanza de carne pecaminosa".[12]

"Con la naturaleza humana sobre Él... Él tiene que ser como Sus hermanos en todos los puntos en relación a la carne y a las tentaciones, y sin embargo vivir sin pecado. En la carne Él tiene que ser tan débil como ellos... Él tiene que saber el poder del pecado... en carne pecaminosa... en carne pecaminosa... en carne pecaminosa... la debilidad de la carne pecaminosa...".[13]

"Así Jesús era de la carne de David, y sujeto a todas las enfermedades de la carne".[14]

"Entonces (Dios) predicó a Cristo en la carne - una vida - presentándolo delante de los hombres, bajo las mismas circunstancias bajo las cuales ellos vivían, y en la misma carne en las cuales ellos vivían...".[15]

"... es porque los hijos eran participantes de la carne y sangre que Él mismo también tomase parte de la misma carne y sangre...".[16]

"... la Divinidad se había manifestado, fue puesta en la humanidad, vestida con un cuerpo; vestida con carne, nuestra carne... ¿cómo tomó Él sobre Sí esa naturaleza, aquella carne y sangre? Él lo hizo a través del nacimiento, naciendo de una mujer...".[17]

"... Cristo tomó nuestra carne... fue cuando Jesús Cristo tomó nuestra naturaleza humana y nació de una mujer, que la humanidad y la divinidad se unieron".[18]

"... Jesús Cristo se hizo carne y sangre, el pariente más próximo a cada uno de nosotros... Él... tomó parte de nuestra misma carne y sangre".[19]

"... la carne que Él tomó y en la cual Él habitó fue nuestra carne... Él tomó nuestra carne...".[20]

"... ¡la condescendencia de Jesús Cristo en venir aquí y habitar en nosotros! Para tomar nuestra carne, nuestra carne pecaminosa...".[21]

"... ese cuerpo de carne fue un cuerpo de carne pecaminosa (Rom. 8:3)...".[22]

"... Jesús Cristo vino, y al tomar nuestra naturaleza, nuestra carne pecaminosa... Él se unió a Sí mismo con la carne pecaminosa...".[23]

"... Él tomó la carne pecaminosa, carne que es usada para propósitos pecaminosos, y en esa carne pecaminosa, Él dio Su pensamiento, Él se reveló a Sí mismo... fue en carne pecaminosa que Él fue revelado...".[24]

".. Aun cuando Jesús Cristo tomó la carne pecaminosa, la carne en la cual nosotros pecamos,... Dios podía mantenerlo a Él sin pecar en esa carne pecaminosa. Así es que aun cuando Él se manifestó en carne pecaminosa, Dios a través de Su Espíritu y del poder que habitaba en Él, lo mantuvo sin pecar en esa carne pecaminosa... (Dios) hizo una revelación perfecta de Su mente en esa carne pecaminosa...".[25]

"... la gracia de Dios fue capaz de revelar en carne pecaminosa el carácter de Dios... Aun en carne pecaminosa pudo ser, a través de la gracia de Dios, revelado el carácter Divino no dañado por el pecado... en carne pecaminosa se reveló perfectamente el carácter de Dios... Para mostrar... que Dios no requirió de la humanidad, aun en carne pecaminosa, nada más que lo que podía ser entregado a través de la gracia de Dios en Jesús Cristo...".[26]

"... el poder que mantuvo a Jesús Cristo en Su vida en carne pecaminosa, es para usted y es para mí".[27]

"Para enfrentar a Satanás fue necesario enfrentarlo en la carne caída del hombre. Así cuando Jesús tomó Su permanencia en la carne, no fue la carne que el hombre tenía antes de caer, sino que era la carne pecaminosa que el hombre tenía después de la caída... Él vino para salvar a los pecadores, por eso Él tenía que tomar la carne de los pecadores... Él tenía todas las debilidades de la carne que nosotros tenemos. La carne que Él tomó tenía los mismos deseos que nuestra propia carne tiene...".[28]

"El pensamiento particular que será el tema de nuestro estudio ahora es aquel que se encuentra en el verso 11, capítulo dos de Hebreos: "Porque el que santifica y los que son santificados, de uno son todos". Es el hombre de este mundo, hombre pecaminoso, a quien Cristo santifica. Él es el Santificador. Y Él y estos son todos de uno.

En esta parte del capítulo usted se acordará que estamos estudiando el hombre. En el capítulo uno, como hemos visto, se muestra el contraste entre Cristo y los ángeles, con Cristo sobre los ángeles como Dios. En el capítulo dos el contraste es entre Cristo y los ángeles, con Cristo bajo los ángeles. Dios no ha puesto en sujeción de los ángeles el mundo futuro del cual estamos hablando. Él la ha puesto en sujeción del hombre, y Cristo es el hombre. Por eso Cristo se hizo hombre; Él tomó el lugar del hombre; Él nació como el hombre nace. En Su naturaleza humana, Cristo vino del hombre del cual todos nosotros hemos venido; de tal manera que la expresión en este verso, "todos de uno", es la misma que "todos desde uno", como queriendo decir que todos venimos de uno. Un hombre es la fuente y la cabeza de nuestra naturaleza humana. Y la genealogía de Cristo, como siendo uno de nosotros, llega hasta Adán. Vea (Luc. 3:38).

Es verdad que todos los hombres y todas las cosas son de Dios; pero el pensamiento en este capítulo es el hombre, y Cristo como hombre. Nosotros somos los hijos del primer hombre, y así es Cristo de acuerdo con la carne. Nosotros estamos ahora estudiando a Cristo en Su naturaleza humana. El primer capítulo de Hebreos es Cristo en Su naturaleza divina. El segundo capítulo es Cristo en naturaleza humana. El pensamiento en estos dos capítulos está claramente emparentado con aquel de (Fil. 2:5-8):

"Haya, pues, en vosotros este pensamiento que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no pensó que fuese un robo el ser igual con Dios; sino que se hizo a Sí mismo sin reputación, y tomó sobre Sí la forma de siervo, y fue hecho en semejanza de los hombres; y siendo encontrado en la forma de hombre, se humilló a Sí mismo, y fue obediente hasta la muerte, aun la muerte de cruz".

En ese pasaje Cristo es colocado en las dos formas. Primero, siendo en la forma de Dios, Él tomó la forma del hombre. En Hebreos, en los dos primeros capítulos, no es la forma, sino la naturaleza.

Repito: en el segundo capítulo de Filipenses tenemos a Cristo en dos formas, la forma de Dios y la forma del hombre. En Hebreos, en los dos primeros capítulos, tenemos a Cristo en las dos naturalezas, la naturaleza de Dios y la naturaleza del hombre. Usted puede tener algo en la forma del hombre que puede no ser de la naturaleza del hombre. Usted puede tener un pedazo de piedra en la forma de hombre, pero eso no es la naturaleza del hombre. Jesús Cristo tomó la forma del hombre, eso es verdad; y Él hizo aún más que eso, Él tomó la naturaleza del hombre.

Leamos ahora (Heb. 2:14): "Así que, por cuanto los hijos (los hijos de Adán, la raza humana) son partícipes de carne y sangre, Él de la misma manera participó de lo mismo". "De la misma manera" significa en esta sabiduría, en este camino, en un camino como este del cual se está hablando. Por eso Cristo tomó la carne y la sangre en un camino como nosotros las tomamos. ¿Pero cómo tomamos nosotros la carne y la sangre? Por nacimiento y también a través de Adán. Él tomó la carne y la sangre también a través del nacimiento; y también a través de Adán. Porque está escrito: Él es "la simiente de David de acuerdo con la carne" (Rom. 1:3). Mientras David lo llama Señor, él también es el hijo de David. (Mat. 22:42-45). Su genealogía llega hasta David; pero no para allí. Llega hasta Abrahán; porque Él es la simiente de Abrahán. Él tomo sobre Sí la simiente de Abrahán, como consta en el verso 16 del capítulo dos de Hebreos. Pero Su genealogía no para en Abrahán; ella va hasta Adán. (Lucas 3:38). Por eso Él que santifica entre los hombres, y ellos que son santificados entre los hombres son todos de uno. Todos vienen de un hombre de acuerdo con la carne, son todos de uno. Así desde el lado humano, la naturaleza de Cristo es precisamente nuestra naturaleza.

Miremos ahora hacia el otro lado nuevamente para una ilustración de esta unidad, para que podamos ver la fuerza de esta expresión que Él y nosotros somos todos de uno.

Por otro lado, sin embargo, en el primer capítulo de Hebreos, él es de la naturaleza de Dios. El nombre "Dios" que Él lleva le pertenece por el mismo hecho de Su existencia; le pertenece "por herencia". Como ese nombre le pertenece completamente porque Él existe, y tan ciertamente como Él existe; y como le pertenece por naturaleza, es cierto que Su naturaleza es la naturaleza de Dios.

También, en el primer capítulo de Juan, verso uno, está escrito: "En el comienzo estaba la Palabra, y la Palabra estaba con Dios". Esa palabra "con" no expresa la realidad del pensamiento tan bien como otra. El alemán puso una palabra allí que define mejor el Griego que lo que lo hacemos nosotros en inglés. Entonces dice, "En el comienzo era la Palabra, y la Palabra estaba junto con (del alemán "bei": al lado de, junto con) Dios". Literalmente, "la Palabra era de Dios". Y eso es verdad. La palabra griega lleva la misma idea de que mi brazo derecho es mío, de mí cuerpo. El griego por lo tanto es literal, "En el comienzo la Palabra era Dios".

Esto simplemente ilustra desde ese punto de vista el hecho de lo que Él es en este otro punto de vista. Porque desde el lado divino, Él fue de Dios, de la naturaleza de Dios, y fue realmente Dios, de tal manera que desde el lado humano Él es del hombre, y de la naturaleza del hombre, y realmente humano.

Veamos (Juan 1:14): "Y la Palabra fue hecha carne, y habitó entre nosotros". Esto nos cuenta la misma historia que hemos leído aquí en los primeros dos capítulos de Hebreos. "En el principio era la Palabra, y la Palabra era de Dios, y la Palabra era Dios". "Y la Palabra fue hecha carne, y habitó entre nosotros", carne y sangre como la nuestra.

¿Qué tipo de carne es? ¿Qué tipo de carne es que este mundo la conozca? Justamente la carne que tú y yo poseemos. Este mundo no conoce ninguna otra carne de hombre, y no ha conocido ninguna otra desde que ha existido la necesidad de que Cristo viniera. Por eso, como este mundo solamente conoce esa carne que nosotros tenemos, tal como es ahora, es ciertamente verdadero que cuando "la Palabra fue hecha carne", Él fue hecho justamente la carne que nosotros tenemos. No puede ser de otra manera.

Nuevamente: ¿Qué tipo de carne es nuestra carne, tal como es en ella misma? Vamos al capítulo 8 de Romanos, y leamos donde la naturaleza humana de Cristo se encuentra con la nuestra, y es como la nuestra en ese respecto ya que la nuestra es carne pecaminosa. (Rom. 8:3) = "Lo que la ley no pudo hacer, en lo que era débil por la carne, Dios enviando a Su propio Hijo" lo hizo.

Había algo que la ley no pudo hacer, y que Dios, enviando a Su propio Hijo, lo hizo. ¿Pero por qué era que la ley no pudo hacer lo que quería, y qué es lo que se requería? Era débil debido a la carne. El problema estaba en la carne. Era esto lo que hacía con que la ley fallara en sus propósitos en relación con el hombre. Entonces Dios envió a Cristo para que hiciese lo que la ley no podía hacer. Y habiendo fallado la ley en sus propósitos, a causa de la carne, y no por causa de alguna carencia en sí misma, Dios tuvo que enviarlo a Él para ayudar a la carne, y no para ayudar a la ley. Si la ley hubiese estado en sí misma muy débil como para hacer lo que tenía que hacer, entonces lo que Él tendría que haber hecho era remediar la ley; pero el problema estaba con la carne, y por eso Él tenía que remediar la carne.

Es verdad que el argumento en estos días, viniendo de aquella enemistad que hay contra Dios, y que no está sujeta a la ley de Dios, y tampoco lo puede estar, es que la ley no puede hacer lo que tenía que hacer, y Dios envió a Su Hijo para debilitar la ley, de tal manera que la carne pudiese responder a las demandas de la ley. Pero si yo soy débil y usted es fuerte, y yo necesito ayuda, no me ayuda en nada hacer con que usted se vuelva tan débil como yo: yo continúo tan débil como antes. No hay ninguna ayuda en todo eso. Pero cuando yo soy débil y usted es fuerte, y usted puede traerme su fuerza a mí, eso sí me ayuda. La ley era suficientemente fuerte; pero su propósito no podía cumplirse a través de la debilidad de la carne. Por eso Dios, para suplir la necesidad, tiene que traerle fuerza a la débil carne. Él envió a Cristo para suplir la necesidad; y por eso Cristo tiene que hacerlo de tal manera que la fuerza pueda ser traída a nuestra propia carne, la que tenemos hoy día, para que el propósito de la ley pueda ser alcanzado en nuestra carne. Así está escrito: "Dios enviando a Su propio Hijo en semejanza de carne pecaminosa", para que "la justicia de la ley pueda ser completada en nosotros, que no caminamos tras la carne, sino tras el Espíritu".

Ahora, no se forme una idea errada de la palabra "semejanza". No es la forma; no es la fotografía; no es la semejanza en el sentido de una imagen; sino que es semejanza en el sentido de ser realmente como. La palabra "semejanza" aquí no es el pensamiento que está expresado en el segundo capítulo de Filipenses, donde es la forma, o la semejanza de la forma; pero aquí, en el libro de Hebreos, es semejanza en naturaleza, semejanza en carne tal como ella es en sí misma, Dios enviando a Su propio Hijo en aquello que es justamente como carne pecaminosa. Y para ser justamente como carne pecaminosa, tenía que ser carne pecaminosa; para ser hecho realmente carne, como ella lo es en este mundo, Él tenía que ser justamente esa carne que existe en este mundo, así como lo somos nosotros, y que es carne pecaminosa. Esto es lo que se dice en las palabras "semejanza de carne pecaminosa".

Esto se muestra también en (Heb. 2:9-10) = "Nosotros vemos a Jesús, el cual fue hecho un poco menor que los ángeles", no solo como el hombre fue hecho menor que los ángeles cuando Él fue creado.

El hombre era pecaminoso cuando Dios lo hizo un poco menor que los ángeles. eso era carne pecaminosa. Pero el hombre cayó desde ese lugar y condición, y se volvió carne pecaminosa.

Ahora vemos a Jesús, quien fue hecho un poco menor que los ángeles; pero no como el hombre fue hecho cuando fue hecho inicialmente un poco menor que los ángeles, sino como el hombre es desde que pecó, y se volvió aún más bajo que los ángeles. Ahí es donde vemos a Jesús. Leamos y veamos: "Vemos a Jesús quien fue hecho un poco menor que los ángeles". ¿Para qué? "Para los sufrimientos de la muerte". Entonces Cristo siendo hecho mucho menor que los ángeles y que lo que los hombres, es tanto menor que los ángeles como el hombre lo es desde que pecó y quedó sujeto a la muerte. Lo vemos a Él "coronado con gloria y honor; para que por la gracia de Dios pudiese probar la muerte por cada ser humano. Porque fue apropiado para Él, para quien son todas las cosas, y por quien son todas las cosas,

trayendo muchos hijos a la gloria, para hacer el capitán de su salvación perfecto a través de sufrimientos".

Por eso, como Él estuvo sujeto a sufrimiento y muerte, esto demuestra con suficiente fuerza que el punto al cual Cristo vino es inferior al de los ángeles; donde Él está; y donde "nosotros lo vemos", es el punto al cual el hombre llegó cuando él, en el pecado, llegó aún más debajo de lo que Dios lo había creado, aun un poco menor que los ángeles.

Nuevamente: el verso 16 dice "Ciertamente Él no tomó la naturaleza de los ángeles; sino que tomó sobre Él la simiente de Abrahán". Él no tomó sobre Él la naturaleza de los ángeles, sino que tomó sobre Él la naturaleza de Abrahán. Pero la naturaleza de Abrahán y la simiente de Abrahán es solamente naturaleza humana.

Nuevamente: "Porque en todas las cosas debía ser hecho como sus hermanos". ¿En cuántas cosas? En todas las cosas. Entonces en Su naturaleza humana no hay ninguna partícula de diferencia entre Él y usted.

Leamos las Escrituras. Estudiemos esto más a fondo. Quiero ver que lo entendamos. Vamos a leerlo nuevamente: "Son todos de uno". Él tomó parte de carne y de sangre de la misma manera en que nosotros tomamos parte de carne y de sangre. Él no tomó la naturaleza de los ángeles, sino la simiente, la naturaleza, de Abrahán. De donde, por estas razones, le pertenecen, le son apropiadas. Él debía ser hecho en todas las cosas como Sus hermanos. ¿Quiénes son Sus hermanos? La raza humana. "Todos de uno"; y por esta causa Él no se avergüenza de llamarnos, a usted y a mí, hermanos. "Porque en todas las cosas debía ser hecho como Sus hermanos".

Bien, entonces, en Su naturaleza humana, cuando Él estaba sobre la tierra, ¿era Él de algún modo diferente de lo que usted es en su naturaleza humana esta noche? (algunos en la congregación responden: "NO"). Me hubiera gustado escuchar que todos hubiesen dicho "NO", en voz alta. Ustedes todos son muy tímidos. La Palabra de Dios dice que, y nosotros también lo decimos, que es así; porque existe salvación justamente en eso. No, no es suficiente decirlo de esa manera: la salvación de Dios para los seres humanos reside justamente en eso. No tenemos que ser tímidos en relación a eso, en absoluto. Allí reside nuestra salvación, y hasta que lleguemos allá no estaremos seguros de nuestra salvación. Es ahí que ella está. "En todas las cosas debía ser hecho como Sus hermanos". ¿Para qué? Oh, "para que Él pudiese ser un Sumo Sacerdote misericordioso y fiel en las cosas pertenecientes a Dios, para hacer reconciliación por los pecados del pueblo. Porque en lo que Él mismo había sufrido siendo tentado, Él está apto para ayudar a aquellos que son tentados". ¿Ven ustedes que nuestra salvación depende justamente de eso? ¿No ven ustedes que es justamente ahí donde Cristo viene hasta nosotros? Él vino a nosotros justamente donde somos tentados, y fue hecho como nosotros justamente donde nosotros somos tentados; y ese es el punto donde nosotros Lo encontramos a Él, el Salvador viviente contra el poder de la tentación.

Ahora el verso 14 del cuarto capítulo de Hebreos: "Viendo entonces que tenemos un gran Sumo Sacerdote, que entró en el cielo, Jesús, el Hijo de Dios, aseguremos nuestra profesión. Porque no tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda ser tocado con los sentimientos de nuestras enfermedades; sino que fue tentado en todos los puntos así como nosotros lo somos".

Él no podría haber sido tentado en todos los puntos como yo lo soy, si Él no fuese en todos los puntos así como yo soy. Por eso debía ser hecho en todos los puntos como yo soy, si es que Él me va a ayudar donde yo necesito ayuda. Yo sé que justamente ahí es donde yo la necesito. Y oh, yo sé que es justamente ahí donde yo la consigo. ¡Alabado sea el Señor! Ahí es donde Cristo está, y es ahí donde está mi ayuda.

"No tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda ser tocado", aquí hay dos negativas; NO tenemos un Sumo Sacerdote que NO pueda ser tocado. ¿Y qué es lo que tenemos por el lado afirmativo? Tenemos un SS que PUEDE ser tocado con los sentimientos de nuestras enfermedades, mis enfermedades, vuestras enfermedades, nuestras enfermedades. ¿Siente Él mis enfermedades? Sí. ¿Siente Él vuestras enfermedades? Sí. ¿Qué es una enfermedad? Debilidad, incertidumbre, vacilación - debilidad - eso es suficientemente expresivo. Tenemos muchas debilidades. Todos tenemos muchas debilidades. Nosotros sentimos nuestras debilidades. Gracias al Señor, hay Uno que también las siente, si, no solamente las siente, sino que es tocado con los sentimientos de ellas. Hay más cosas en esa palabra "tocado" que simplemente que Él es alcanzado con los sentimientos de nuestras debilidades, y que siente como nosotros sentimos. Él siente como nosotros sentimos, eso es verdad, pero más allá aun, Él es "tocado"; esto es, Él es tiernamente afectado; su simpatía es agitada. Él es tocado hasta la ternura y afectado a la simpatía, y Él nos ayuda. Eso es lo que se dice en las palabras, "tocado con los sentimientos de nuestras enfermedades". ¡Gracias al Señor por un Salvador así!

Pero lo digo nuevamente, Él no puede ser tentado en todos los puntos como lo soy yo, a menos que Él sea en todos los puntos así como yo soy. Él no puede sentir como yo siento a menos que Él esté donde yo estoy, y en la manera en que yo lo soy. En otras palabras, Él no puede ser tentado en todos los puntos como yo lo soy, y sentir lo que yo siento, a menos que Él sea yo mismo nuevamente. La palabra de Dios dice: "En todos los puntos así como lo somos nosotros".

Estudiemos esto un poco más. Existen cosas que lo tentarán a usted fuertemente, que lo van a atraer fuertemente, y que para mí no son más que un zafiro en un día de verano. Algo me va a atraer fuertemente a mí, y tratará de sobrepasarme, pero que no lo afectará a usted de ninguna manera. Lo que a uno lo tienta fuertemente puede no afectarlo a usted en lo más mínimo. Lo que a uno lo tienta fuertemente puede no afectar a otro. Entonces, para que me pueda ayudar, Jesús tiene que estar donde Él pueda sentir lo que yo siento, y ser tentado en todos los puntos donde yo puedo ser tentado y donde no tengo ningún poder en absoluto. Pero como las cosas que me tientan a mí pueden no afectarlo a usted en nada, y las cosas que lo afectan a usted pueden no afectarme a mí, Cristo tiene que permanecer donde usted y yo estamos, para poder enfrentar todas las tentaciones de nosotros dos. Él tiene que sentir todo lo que usted enfrenta y que no me afecta a mí, y también todo aquello que yo enfrento y que no lo afecta a usted. Él tiene que tomar el lugar de nosotros dos. Así es.

Entonces está el otro hombre. Existen cosas que lo tientan para derribarlo, y que no me afectan ni a mí ni a usted. Entonces Jesús tiene que tomar todos los sentimientos y mi naturaleza, su naturaleza (la suya, de usted) y también la del otro hombre, de tal manera que Él puede ser tentado en todos los puntos así como lo soy yo, y en todos los puntos como usted lo es, y en todos los puntos así como lo es el otro hombre. Pero cuando usted y yo, y el otro hombre, somos tomados por Él, ¿cuántos son abrazados por Él? Él abraza a toda la raza humana.

Y esta es exactamente la verdad. Cristo estaba en el lugar, y tenía la naturaleza, de toda la raza humana. Y en Él se encuentran todas las debilidades de la humanidad, de tal manera que cada hombre en la tierra que puede ser tentado, encuentra en Jesús Cristo poder contra la tentación. Porque cada alma que está en Jesús Cristo tiene victoria contra todas las tentaciones, y alivio (desahogo) de ella. Esa es la verdad.

Veámoslo ahora desde otro punto de vista. Hay uno en el mundo, Satanás, el dios de este mundo, quien está interesado en que nosotros seamos tentados tanto cuanto sea posible; pero él no tiene que emplear mucho de su tiempo ni de su poder tentando de manera que cedamos.

Ese mismo estuvo aquí, y él estaba particularmente interesado en hacer con que Jesús ceda a la tentación. Él tentó a Jesús en cada punto en que me ha tentado a mí para que peque; y todo lo que hizo fue en vano. Él falló totalmente en hacer con que Jesús consintiera en pecar en ningún punto sobre los cuales yo puedo ser tentado.

Él también tentó a Jesús en cada punto donde él lo ha tentado a usted, para que usted peque; y él también falló totalmente ahí. Eso me lleva a mí y a usted entonces; y Jesús ha vencido en todos los puntos tanto para mí como para usted.

Pero cuando él tentó a Cristo en todos los puntos en que él nos ha tentado a mí y a usted, y falló allí, como realmente falló completamente, él tuvo que tentarlo (a Jesús) más allá aun. Él tuvo que tentarlo en todos los puntos en que el otro hombre ha sido tentado, para hacerlo ceder. Satanás también hizo esto, y también allí fue totalmente derrotado.

Entonces Satanás trató, y realmente lo hizo, de tentar a Jesús en todos los puntos en que me ha tentado a mí; y en todos los puntos en que lo ha tentado a usted; y también en todos los puntos en que tentaría al otro hombre. Consecuentemente tenía que tentar a Jesús en cada punto en que es posible hacer con que una tentación crezca en cualquier ser humano de la raza humana.

Satanás es el autor de todas las tentaciones, y él tenía que tentar a Jesús en todos los puntos en los cuales es posible tentar a cualquier ser humano. Él también tenía que tentar a Jesús en cada punto en el cual es posible que Satanás mismo encontrase una tentación. Y en todo eso falló todo el tiempo. ¡Gracias al Señor!

Más que eso: Satanás no solamente tenía que tentar a Jesús en todos los puntos en que me tentaría a mí, sino que tenía que tentar a Jesús con un poder muy superior al que jamás usaría conmigo. Él nunca tendría que tentarme muy duro, ni tampoco usar mucho de su poder tentador, para hacer con que yo ceda. Pero tomando los mismos puntos en los cuales me ha tentado a mí y me ha hecho pecar, o que jamás haya usado para tentarme hasta hacerme pecar, él tuvo que tentar a Jesús en esos mismos puntos mucho más poderosamente de lo que nunca lo hizo conmigo, hasta que yo pecase. Él tuvo que tentar a Jesús con todo su poder tentador que poseía - ese es el diablo que yo estoy queriendo mostrarles - y también falló. ¡Gracias al Señor! De tal manera que yo estoy libre en Cristo.

Él tuvo que tentar a Cristo en todos los puntos en que él jamás tentó a alguien, o jamás lo haya tentado a usted, y tuvo que tentarlo con todo su poder que tenía; y falló nuevamente. ¡Gracias al Señor! De tal manera que usted es libre en Cristo. Él también tuvo que tentar a Cristo en todos los puntos que le afectan al otro hombre, y también con todo su poder satánico; y también falló. ¡Gracias al Señor! Y en Cristo el otro hombre es libre.

Por eso tuvo que tentar a Jesús en cada punto en que jamás la raza humana ha sido tentada, y falló; él tentó a Jesús con todo el conocimiento que él tenía, y con toda la astucia que tenía, y falló; y tuvo que tentar a Jesús con todo su poder en cada punto en particular, y también falló.

Aquí hay entonces una falla triple - sí, completa - una falla del diablo en todo. En la presencia de Cristo, Satanás es absolutamente dominado; y en Cristo nosotros somos conquistadores de Satanás. Jesús dijo, "el príncipe de este mundo vino, pero no tiene nada en Mí". En Cristo, entonces, escapamos de él. En Cristo encontramos en Satanás un enemigo completamente derrotado y exhausto.

Eso no quiere decir que no tengamos más luchas que enfrentar. Pero sí quiere decir, y decirlo enfáticamente y llenos de regocijo, que en Cristo peleamos la batalla de la victoria. Fuera de Cristo, peleamos, pero es para pura derrota. En Él nuestra victoria es completa. Pero, oh, no olviden esta expresión: ¡es en Él!

Entonces, como Satanás ha agotado todas las tentaciones que él conoce, o que posiblemente conoce, y ha agotado todo su poder también en la tentación, ¿qué es él? En la presencia de Cristo, ¿qué es él? Sin ningún poder. Y cuando él nos encuentra en Cristo, y nos encuentra y nos acosa, ¿qué es él? Sin ningún poder. ¡Alabado y magnificado sea el Señor!

Regocijémonos en esto; porque en Él somos victoriosos; en Él somos libres; en Él Satanás es sin ningún poder contra nosotros. Seamos agradecidos por eso. En Él nosotros somos completos".[29]

"... y en consideración a lo que dijimos la noche pasada de cómo Él se hizo uno de nosotros, encontramos que fue por nacimiento de la carne. Él es "la simiente de David de acuerdo con la carne". Él no tomó la naturaleza de los ángeles, sino que la naturaleza de la simiente de Abrahán; y Su genealogía va hasta Adán...

... de tal manera que todas las tendencias para pecar que están en la raza humana vinieron de Adán. Pero Jesús Cristo sintió todas estas tentaciones; Él fue tentado en todos estos puntos en la carne que Él derivó de David, de Abrahán, y de Adán. En Su genealogía existen una cantidad de caracteres puestos en marcha tal como fueron vividos en los hombres; y ellos no eran justos. Manases está ahí, quien fue el peor rey de Judea, e hizo con que Judea fuese peor que los impíos; Salomón está ahí, con la descripción de su carácter que consta en la Biblia; David está ahí; Rahab está ahí; Judá está ahí; Jacob está ahí; todos están ahí tal cuales ellos fueron. Ahora Jesús vino de acuerdo a la carne al final de esa línea de descendencia humana. Y existe también una cosa que se llama herencia...".[30]

"... ahora esa ley de la herencia que viene desde Adán en la carne hasta Jesús Cristo es ciertamente igual a cualquiera de nosotros; porque Él fue uno de nosotros. En Él habían cosas que venían desde Adán; en Él habían cosas que venían desde David, desde Manases, desde el comienzo hasta Su nacimiento.

Así en la carne de Jesús Cristo, no en Él mismo, sino en Su carne - nuestra carne que Él tomó en la naturaleza humana - existían exactamente las mismas tendencias a pecar que existen en usted y en mí... Y así siendo en semejanza de carne pecaminosa, Él condenó el pecado en la carne...

... Eso es simplemente decir que todas las tendencias a pecar que existen en la carne humana estaban en Su carne humana, y a ninguna de ellas le permitió siquiera aparecer; Él las conquistó (venció) todas. Y en Él todos nosotros tenemos victoria sobre todas ellas...".[31]

"... nosotros no somos más responsables por estas tendencias que están en nosotros de lo que somos responsables por el hecho de que el sol brilla; pero cada hombre en la tierra es responsable por estas cosas cuando aparecen en acciones abiertas en él; porque Jesús Cristo ha hecho provisión contra su aparecimiento abierto...".[32]

"... Jesús Cristo, el segundo hombre, tomó nuestra naturaleza pecaminosa...".[33]

"... y Cristo habiendo tomado nuestra naturaleza humana en todas las cosas en la carne, ... En todos los puntos debía Él ser hecho como Sus hermanos; y Él es nuestro hermano en la relación sanguínea más cercana...".[34]

"... Él lo ha demostrado en mí carne, que Él se ha inclinado, se inclinó completamente, para escuchar mi llanto...".[35]

"... débil como nosotros, pecaminoso como nosotros - simplemente como nosotros - Él caminó a través de este mundo, y nunca pecó. Él era pecaminoso como nosotros, débil como nosotros, desvalido (desamparado) como nosotros...

... el misterio de Dios no es Dios manifestado en carne no pecaminosa. No hay ningún misterio en que Dios se manifieste en carne no pecaminosa; eso es suficientemente natural. ¿No es el propio Dios sin pecado? ¿Existe entonces algo como para que nos maravillemos de que Dios se haya manifestado a través o en carne sin pecado? ¿Existe algún misterio en que Dios manifieste Su poder y Su justicia a través de Gabriel, o a través de un brillante serafín o de un querubín? No; eso es suficientemente natural. Pero lo maravilloso es que Dios puede hacer eso a través o en carne pecaminosa. Ese es el misterio de Dios, Dios manifestado en carne pecaminosa.

En Jesús Cristo en la medida en que Él lo fue en carne pecaminosa, Dios ha demostrado ante el universo que Él puede tomar posesión de carne pecaminosa para manifestar Su propia presencia, Su poder, y Su gloria, en vez de que el pecado se manifieste en sí mismo...".[36]

El estudiante observará en este pasaje una expresión imprudente de Jones, "Él era pecaminoso como nosotros...". Esto es muy diferente a decir que Él tuvo una naturaleza pecaminosa como la nuestra pero nunca pecó, lo cual Jones dijo varias veces.

El lector atento y equilibrado, viendo esta expresión rodeada de declaraciones de que Cristo nunca pecó, no malinterpretará las intenciones del escritor, pero verá esto como un ejemplo de palabras imprudentes. Sin embargo, no podemos esperar realmente que todos los lectores sean tan atentos y equilibrados. Una expresión como esta, sacada de su contexto, puede llegar a ser muy dañina. De tal manera que evitemos cuidadosamente el uso inadvertido de este tipo de expresiones.

"... respondamos entonces, y sumerjámonos en Él, para que Dios aún se manifieste en carne pecaminosa...".[37]

"Cristo se ha aliado a Sí mismo con cada alma en la tierra; Él se ha unido a Sí mismo con cada ser humano, con cada uno en carne pecaminosa...".[38]

"... la falsa idea de que Él es tan santo de que sería impropio en Él el hecho de llegar cerca de nosotros, y ser poseído por una naturaleza como la nuestra, pecaminosa, depravada, una naturaleza humana caída. Por eso es que María tiene que haber nacido inmaculada, perfecta, sin pecado, y mayor que los querubines y que los serafines; y entonces Cristo tiene que haber nacido de tal manera que tomara su naturaleza sin pecado en forma total de ella. Pero hizo con que Él quedara aún más lejos de nosotros de lo que lo están los querubines y los serafines, y en una naturaleza no pecaminosa.

Pero si Él no se acerca más a nosotros sino que en una naturaleza sin pecado, eso es sumamente lejos; porque yo necesito a alguien que esté mucho más cercano a mí que lo que eso representa. Yo necesito a alguien que me ayude, que sepa algo a respecto de mi naturaleza pecaminosa; porque esa es la naturaleza que yo tengo; y eso es lo que el Señor hizo. Él se hizo uno de nosotros".[39]

"Así en Su verdadera santidad, Cristo pudo venir, y vino, hasta el hombre pecaminoso en carne pecaminosa, donde este hombre pecaminoso está. Así en Cristo, y solamente en Cristo, se encuentra la hermandad del hombre. Todos en realidad son uno en Cristo Jesús nuestro Señor.

Algunos han encontrado, y todos pueden hacerlo, en los Testimonios la declaración de que Cristo no tiene "las mismas pasiones" que nosotros tenemos. La declaración está ahí; cada uno puede encontrarla ahí, desde luego".[40]

"Ahora en relación a que Cristo no tenga "las mismas pasiones" que nosotros: en las Escrituras se lo muestra siempre como nosotros, y con nosotros conforme a la carne. Él es la simiente de David de acuerdo a la carne. Él fue hecho en semejanza de carne pecaminosa; no en semejanza de mente pecaminosa. No coloquen Su mente en esto. Su carne fue nuestra carne; pero la mente era "la mente de Cristo Jesús". Por eso está escrito: "Que esta mente esté en ti, la cual también estuvo en Cristo Jesús".[41]

"... ahora Jesús Cristo viene al mundo, tomando nuestra carne...".[42]

"Ahora la carne de Jesús Cristo fue nuestra carne, y en ella había todo lo que hay en nuestra carne, todas las tendencias a pecar que están en nuestra carne estaban en Su carne, atrayéndolo a Él para que consintiese en pecar. Supongamos que Él hubiese consentido en pecar en Su mente; ¿Qué hubiera pasa-do? Entonces Su mente se habría corrompido, y entonces Él habría tenido pasiones iguales a las nuestras...".[43]

"... Por eso Jesús Cristo vino en la misma carne que nosotros, pero con una mente que mantuvo su integridad contra cada tentación, contra cada aliciente a pecar, una mente que nunca consintió en pecar; no, nunca en la menor sombra concebible de un pensamiento...".[44]

"... Jesús Cristo vino en esta carne a Sí mismo, el Glorioso, Aquel que hizo los mundos, la Palabra de Dios, Él mismo fue hecho carne, y Él era de nuestra carne; y Él, aquel Divino, que estaba en el cielo, estuvo en nuestra carne pecaminosa. Sin embargo aquel Divino, cuando estuvo en carne pecaminosa, nunca manifestó ni siquiera una partícula divina Suya para resistir las tentaciones que estaban en esa carne, sino que se vació a Sí mismo...

... Jesús Cristo, el Divino, el Infinito, vino en Su persona divina en esta misma carne nuestra, y nunca permitió que Su poder divino, Su propio poder, sea manifestado en algo al resistir estas tentaciones y seducciones y atracciones de la carne.

¿Qué es lo que había ahí entonces que conquistó el pecado, y Lo mantuvo sin pecar? Fue el poder de Dios, el Padre, que Lo mantuvo...

... el propio Cristo, que hizo los mundos, estuvo todo el tiempo en esa carne pecaminosa, vuestra y mía, que Él tomó...".[45]

"Ahora leo algunas líneas de "Vida de Cristo" (más tarde se tituló "El Deseado de Todas las Gentes").

"Para poder llevar a cabo la gran obra de la redención, el Redentor tuvo que tomar el lugar del hombre caído...

... cuando Adán fue asaltado por el tentador, él no tenía ninguna mancha de pecado. Él permaneció delante de Dios en la fuerza de la perfecta humanidad, todos los órganos y las facultades de su ser estaban completamente desarrolladas y armoniosamente balanceadas; y él estaba rodeado con cosas bellas, y tenía una comunión diaria con los santos ángeles. Qué contraste con este ser perfecto presentó el segundo Adán, al entrar al desolado desierto para luchar con Satanás. Por cuatro mil años la raza habisa estado decreciendo en tamaño y fuerza física, y deteriorándose en poder moral; y para elevar al hombre caído, Cristo tiene que alcanzarlo donde éste estaba. Él asumió la naturaleza humana, llevando las enfermedades y la degeneración de la raza. Él se humilló a Sí mismo a lo más bajo del dolor humano, para que Él pudiese simpatizar con el hombre y rescatarlo de la degradación en la cual el pecado lo había sumergido.

... Cristo tomó la humanidad con todas sus debilidades. Él tomó la naturaleza del hombre con la posibilidad de ceder a la tentación, y Él descansó sobre el poder divino para no caer...".[46]

"... Él fue nuestras carnes pecaminosas, y ahí estaban todas estas tendencias a pecar siendo agitadas en Su carne para hacerlo consentir a pecar. Pero Él mismo no se mantuvo libre de pecar. Si así lo hubiese hecho habría estado manifestándose a Sí mismo contra el poder de Satanás, y esto habría destruido el plan de salvación...".[47]

"... Por eso Cristo vino en nuestra carne, y el Padre habitaba con Él... Cristo vino en esa carne pecaminosa, pero no hizo nada de Sí mismo contra la tentación y el poder del pecado en la carne. Él se vació a Sí mismo, y el Padre trabajó en carne humana contra el poder del pecado, y Lo mantuvo libre de pecar...".[48]

"Cristo se vació a Sí mismo, para que Dios pudiese manifestarse en la carne, en carne pecaminosa;...".[49]

"... hemos estudiado durante varias lecciones el hecho de que Él en la naturaleza humana fue igual a nosotros;...".[50]

"... Él ha probado Su habilidad para tomarnos y cumplir Su propósito en relación a la naturaleza humana, en relación a la carne pecaminosa tal como es en este mundo...".[51]

"... Dios ha colocado delante de nosotros en Cristo toda Su arte (habilidad) en carne pecaminosa. En Cristo Él la ha completado, y la ha colocado como Su mano derecha. Ahora Él nos dice a nosotros: "Miren eso. Eso es lo que Yo estoy dispuesto a hacer con la carne pecaminosa...".[52]

"... cuando Él estuvo sobre la tierra, Él estuvo en nuestra carne humana pecaminosa... Esto es lo mismo que ya vimos en un estudio anterior, que Dios manifestado en la carne, Dios manifestado en carne pecaminosa, es el misterio de Dios; no Dios manifestado en carne no pecaminosa, sino que en carne pecaminosa. Esto es, Dios habitará de tal manera en nuestra carne pecaminosa hoy, que aun cuando esa carne sea pecaminosa, su pecaminosidad no será sentida o percibida, ni lanzará ninguna influencia sobre otros; Dios habitará de tal manera en carne pecaminosa que a pesar de toda la pecaminosidad de la carne pecaminosa, Su influencia, Su gloria, Su justicia, Su carácter, se manifestará donde quiera que la persona vaya. Esto fue precisamente el caso con Jesús en la carne...".[53]

"Vino un segundo Adán, no como el primer Adán, sino como el primer Adán ha tenido sus descendientes en el tiempo en el cual él vino. El segundo Adán vino en el punto de la degeneración de la raza a la cual esta ha llegado desde el primer Adán".[54]

"El Señor Jesús entra en el campo abierto para enfrentar a Satanás, en carne humana en el punto en que la carne humana alcanzó en la degeneración en el momento cuando Él nació en el mundo. Entonces, en la debilidad de la naturaleza humana como era en el mundo cuando Él vino en carne, Él peleó la batalla".[55]

"Jesús Cristo vino al mundo en ese estado de debilidad de la carne humana, y en esa carne, como hombre, Él peleó la batalla con Satanás... Ahora cuando este segundo Adán viene en carne humana justo en el punto en que Satanás ha traído a toda la raza por el pecado, y ahí en todas estas debilidades entró en el combate, y Satanás nunca puede decir que eso no es justo... Él no puede hacerlo, porque Cristo permaneció en la debilidad de la carne a la cual Satanás ha traído al hombre. Cristo vino en la misma debilidad que Satanás ha traído a la raza...".[56]

"Jesús vino aquí al territorio de Satanás, y tomó la naturaleza humana en el punto en que el propio Satanás la ha traído".[57]

"Él puso a un lado el cuerpo de carne destruyendo la enemistad en la carne pecaminosa, conquistando todas las tendencias de la carne pecaminosa...".[58]

"En Su encarnación Él fue humano en el más amplio sentido, porque Él tuvo carne pecaminosa, con todas sus tendencias acumuladas para el mal...

No nos es imputado como pecado que nazcamos en carne pecaminosa, o que seamos tentados en esta naturaleza, porque Cristo voluntariamente asumió esta naturaleza y fue tentado en ella, pero sin pecado... Él asumió nuestra carne pecaminosa, con sus tendencias pecaminosas inherentes".[59]

"¿Cuál era la naturaleza de la carne que Él tomó?... Él tiene que haber tenido el mismo tipo de carne que nosotros tenemos... Jesús Cristo tomó "carne pecaminosa"... Si, lector, el bendito Hijo de Dios... tomó Su morada en carne con los mismos deseos que usted tiene en su carne".[60]

"... Nadie podrá nunca estar apto a explicar cómo el Hijo de Dios pudo dejar el cielo y venir a esta tierra y nacer como nace la humanidad caída... Él tiene que tomar la misma carne que el hombre tuvo después de la caída... Él no tomó la naturaleza de los ángeles, ni la del hombre antes de la caída... Si Él hubiese tomado la naturaleza de Adán antes de la caída, Él no habría estado bajo la sentencia de muerte que ha pasado sobre todo ser humano...

Él no poseyó las pasiones de nuestra naturaleza caída, provenientes de haber sido vencido por el pecado. Pero la carne que Él tomó luego habría tenido todas las pasiones que el pecado ha traído sobre nosotros si es que Él hubiese cedido. Él enfrentó al tentador en la debilidad, en carne pecaminosa, y la condenó de tal manera que ella no estaba en condiciones de vencerlo... Él tomó la carne pecaminosa para que pudiese someter las corrupciones de nuestra naturaleza".[61]

El domingo en la noche, 31 de Octubre de 1895, W. W. Prescott predicó un sermón en la reunión campal de Armadale, en Victoria, Australia. Ellen White escuchó este sermón, y sus otros sermones que lo siguieron, y quedó tan impresionada que ella expresó su gratitud por este mensaje en términos fervientes en diferentes cartas a diversas personas.

Como el White Estate aún no ha liberado todas estas cartas para que sean publicadas, yo no puedo informárselas a usted con una identificación específica, dándole la ubicación precisa de cada declaración. Pero yo puedo, sin embargo, decirle que si el estudiante examina el material que viene a continuación, encontrará disperso a lo largo del mismo, expresiones de aprobación del mensaje de Prescott como los que aparecen las próximas páginas:

Mensaje 19, 1895 -- Carta W-25, 1895 -- Review and Herald
Mensaje 23, 1895 -- Carta W-32, 1895 -- 06 de Enero de 1896
Mensaje 47, 1895 -- Carta W-83, 1895 -- (publicado y liberado)
Mensaje 52, 1895 -- Carta W-84, 1895

(Después de leer las expresiones de aprobación, el estudiante querrá leer el sermón de W. W. Prescott, el cual viene inmediatamente después).

"He estado escuchando un discurso dado por el Profesor Prescott. Fue un poderoso apelo al pueblo... Maggie Hare está anotando el discurso del Profesor Prescott y mis charlas, para que sean publicados. (Sus) sermones nunca parecerán ser los mismos, me temo, como cuando son dados por el propio predicador. Porque las palabras son dichas con la demostración del Espíritu, y con poder, y su rostro está encendido con la luz del sol del cielo. La presencia del Señor está en nuestro mensaje día a día.

La palabra obedecida es vida, y fe, y salvación para todos. "Si me amáis, guardad Mis mandamientos". Me siento tan agradecido por estas palabras; porque si no fuese posible para nosotros obedecer los mandamientos de Dios, estas palabras no habrían sido dichas... (énfasis mío) a través de Cristo Jesús dándonos gracia,... podemos guardar la ley de Dios.

El Señor ha visitado a Prescott en una manera especial y le ha dado un mensaje especial para el pueblo... la verdad fluye desde él en ricas corrientes, las personas dicen que la Biblia ahora les es una nueva revelación.

Aquellos que desde la reunión de Minneapolis han tenido el privilegio de escuchar las palabras dichas por los mensajeros de Dios, Alonzo T. Jones, Ellet J. Waggoner y W. W. Prescott... luz del cielo ha estado brillando. La trompeta ha sonado con el sonido correcto... Luz ha estado brillando sobre la justificación por la fe y la justicia imputada de Cristo.

El Señor ha enviado a Prescott, él no es un vaso vacío, sino lleno de tesoro celestial. Él ha presentado verdades en un estilo claro y simple, rico en alimento.

W. W. Prescott ha estado dando las palabras ardientes de la verdad como yo las he escuchado de alguien en 1844; la inspiración del Espíritu Santo está sobre él. Prescott nunca ha tenido tal poder al predicar la verdad.

Prescott ha estado derramando el Espíritu Santo desde que ha llegado aquí; nosotros distinguimos la voz del Pastor verdadero. La verdad derramada de sus labios como las personas nunca antes lo habían escuchado; las personas dicen que ese hombre es inspirado.

Prescott ha hablado muchas veces en el campamento de Armadale bajo inspiración del Espíritu Santo.

Las personas quieren copias impresas del mensaje de Prescott; ellos actuaron como un rebaño de ovejas con hambre, "clamaron por una copia". Ellos quieren leer y estudiar cada punto que ha sido presentado.

La mente de Prescott ha sido fructífera en la verdad; que Dios pueda guiarnos en toda la verdad".

"En la noche (del 31 de Octubre) el Profesor Prescott dio una lección valiosa, como oro precioso. La tienda estaba llena, y muchos quedaron afuera. Todos parecían estar fascinados con la palabra, a medida que él iba presentando la verdad en líneas tan nuevas para aquellos que no eran de nuestra fe. La verdad fue separada del error, y hecha, a través del divino Espíritu, brillar como preciosas joyas. Se mostró que la perfecta obediencia a todos los mandamientos de Dios es esencial para la salvación de las almas. La obediencia a las leyes del reino de Dios revelan lo divino en lo humano, santificando el carácter.

El Señor está trabajando con poder a través de Sus siervos que están proclamando la verdad, y Él le ha dado al hermano Prescott un mensaje especial para el pueblo. El poder y el Espíritu de la verdad vienen de labios humanos en demostración del Espíritu y del poder de Dios. El Señor ha visitado al hermano Prescott de una manera extraordinaria (notable). Estamos seguros que el Señor lo ha dotado con Su Santo Espíritu, y la verdad está fluyendo de él en ricas corrientes.

No podemos hablar de todas las reuniones en particular, pero todas han sido caracterizadas por el espíritu de ir atrás de la verdad (en algunas personas).[62]

Las siguientes páginas contienen el sermón predicado por W. W. Prescott el domingo en la noche, del 31 de Octubre, en el campamento de Armadale en Victoria, Australia.[63]

Los itálicos y la numeración es mía. El estudiante querrá estudiar cuidadosamente tanto el sermón como los comentarios de Ellen White al respecto, en vista del hecho de que inmediatamente después de haber escuchado el sermón, ella escribió la famosa Carta Baker, cuya referencia está en la Sección III: El Uso de los Términos "Pasiones" y "Propensiones" en los escritos de Ellen White.

La Palabra se Hizo Carne, por el Profesor W. W. Prescott

"En el principio era la Palabra, y la Palabra era con Dios, y la Palabra era Dios". "Y la Palabra se hizo carne, y habitó entre nosotros". La Revised Version dice, "La Palabra se volvió carne".

El tema de la redención será la ciencia y el canto de las edades eternas, y bien puede ocupar nuestras mentes durante nuestra corta estada aquí. No hay ninguna porción de este gran tema que tenga una demanda tal en nuestras mentes para que podamos apreciarlo en algún grado, como el asunto que vamos a estudiar esta noche, "La Palabra se volvió carne y habitó entre nosotros". A través de Él se hicieron todas las cosas; ahora Él mismo se hace. Él que tenía toda la gloria con el Padre, ahora deja a un lado Su gloria y se hace carne. Él deja a un lado Su modo divino de existencia, y toma el modo humano de existencia, y Dios se hace manifiesto en la carne. Esta verdad es la verdadera fundación de toda verdad.

Una Verdad Provechosa.-

Y Jesús Cristo haciéndose carne, Dios siendo manifestado en la carne, es uno de las verdades más provechosas, una de las verdades más instructivas, en la cual la humanidad puede regocijarse.

Me gustaría estudiar en esta noche este asunto para nuestro beneficio personal y presente. Comandemos nuestras mentes al máximo, porque comprender que la Palabra se hizo carne, y habitó entre nosotros, demanda todos nuestros poderes mentales. Consideremos, primero, qué tipo de carne; porque este es el verdadero fundamento de este asunto en lo que se refiere a nosotros personalmente. "Así que, por cuanto los hijos son participantes de carne y de sangre, Él también asimismo tomó parte de lo mismo; que a través de la muerte Él pudiese destruir al que tenía el poder de la muerte, esto es, al diablo; y librar aquellos que a través del miedo a la muerte estaban todas sus vidas sujetos a servidumbre. Porque ciertamente no tomó sobre Sí la naturaleza de los ángeles; sino que Él tomó sobre Sí la simiente de Abrahán. Por lo cual en todos los puntos debía ser hecho como Sus hermanos, para que Él pudiese ser un misericordioso y fiel Sumo Sacerdote en las cosas pertinentes a Dios, para hacer reconciliación por los pecados del pueblo. Pues en cuanto Él mismo sufrió, siendo tentado, Él es apto para socorrer a aquellos que son tentados". (Heb. 2:14-18). Que a través de la muerte, siendo hecho sujeto a la muerte, tomando sobre Sí la carne de pecado, Él puede, con Su muerte, destruir a aquel que tiene el poder de la muerte.

"Ciertamente Él no tomó sobre Sí la naturaleza de los ángeles; sino que Él tomó sobre Sí la simiente de Abrahán". El margen dice: "Él no se aferró de los ángeles, sino que de la simiente de Abrahán es que se aferró"; y una versión dice: "Él no ayudó a los ángeles". Vemos la razón en el siguiente verso: "Por lo cual en todos los puntos debía ser hecho como Sus hermanos, para que Él pudiese ser un misericordioso y fiel Sumo Sacerdote en las cosas pertinentes a Dios". "Ahora a Abrahán y su simiente fueron hechas las promesas. Él no dijo, y a las simientes, como si fuesen muchas; sino a una, y a tu simiente, la cual es Cristo". (Gal. 3:16). Ahora ciertamente, Él ayudó a la simiente de Abrahán haciéndose Él mismo la simiente de Abrahán. Dios, enviando a Su propio Hijo en semejanza de carne pecaminosa, y por el pecado, condenó al pecado en la carne; para que la justicia de la ley pueda ser revelada en nosotros, que caminamos tras la carne, sino que tras el Espíritu.

Así que usted ve que lo que declaran las Escrituras muy claramente es que Jesús Cristo tenía exactamente la misma carne que nosotros llevamos, carne de pecado, carne en la cual nosotros pecamos, carne, sin embargo, en la cual Él no pecó, pero Él llevó nuestros pecados en esa carne de pecado. No deje este punto a un lado. No importa cómo usted lo haya mirado en el pasado, mírelo ahora tal como él es en la palabra; y mientras más lo mire de esa manera, más razones tendrá para agradecerle a Dios de que así sea.

El Pecado Típico de Adán.-

¿Cuál era la situación? Adán había pecado, y Adán siendo la cabeza de la familia humana, su pecado fue un pecado típico. Dios hizo a Adán a Su propia imagen, pero por el pecado él perdió esa imagen. Entonces él tuvo hijos e hijas, pero él los tuvo en su imagen, no en la de Dios. Y así nosotros hemos descendido en la línea, pero todos a su imagen.

Durante cuatro mil años esto ha continuado así, y entonces Jesús Cristo vino, de la carne, y en la carne, nacido de una mujer, hecho bajo la ley; nacido del Espíritu, pero en la carne. ¿Y qué carne podía Él tomar sino era la carne que había en ese tiempo? No solamente eso, sino que era la misma carne que Él había decidido (planificado) tomar; porque, vea usted, el problema era ayudar al hombre a sacarlo de la dificultad en la cual él había caído, y el hombre es un agente moral libre. Él tiene que ser ayudado como un agente moral libre. La obra de Cristo tiene que ser, no para destruirlo, no para crear una nueva raza, sino para rescatar al hombre, para restaurar en él la imagen de Dios. "Vemos a Jesús, que fue hecho un poco menor que los ángeles a través del sufrimiento de la muerte, coronado con gloria y honra; para que Él a través de la gracia de Dios pudiese probar (experimentar) la muerte por cada hombre". (Heb. 2:9)

Una Raza Incompleta, Desamparada.-

Dios hizo al hombre un poco menor que los ángeles, pero el hombre cayó mucho más bajo debido a su pecado. Ahora él está muy separado de Dios; pero él tiene que ser traído nuevamente de vuelta. Jesús Cristo vino para hacer esa obra, y para hacerla, Él vino, no donde el hombre estaba antes de caer, sino que donde el hombre estaba después de caer. Esta es la lección de la escalera de Jacob. Ella descansaba en la tierra en la cual estaba Jacob, pero la parte más alta alcanzaba el cielo. Cuando Cristo viene para ayudar al hombre para sacarlo del hoyo, Él no viene al borde del hoyo y mira hacia abajo, y dice, ven aquí, y Yo te ayudaré. Si el hombre pudiese ayudarse y pudiese volver al punto del cual cayó, también podría hacer todo lo demás. Si él pudiese ayudarse a dar un paso, entonces podría ayudarse durante todo el camino; pero es porque el hombre está completamente arruinado, débil, y herido y quebrado en pedazos, de hecho, totalmente desamparado, que Jesús Cristo desciende justamente hasta donde él está, y lo encuentra ahí. Él toma su carne y se hace un hermano con él. Jesús Cristo es un hermano para nosotros en la carne; Él nació en la familia.

"Porque Dios amó al mundo de tal manera, que Él dio a Su Hijo unigénito". Él tenía solamente un Hijo, y Él Lo dio. ¿Y a quién se lo dio? "A nosotros nos ha nacido un niño".

A Nosotros Se Nos Ha Dado Un Hijo.-

(Isa. 9:6). El pecado ha hecho un cambio aun en el cielo; porque Jesús Cristo, a causa del pecado, ha tomado sobre Sí mismo la humanidad, y hoy día Él lleva esa humanidad, y Lo hará durante toda la eternidad. Jesús Cristo se hizo el Hijo del hombre y también el Hijo de Dios. Él nació en nuestra familia. Él no vino como un ser angelical, sino que nació en la familia, y creció en ella; Él fue un niño, un joven, un hombre joven, un hombre en la plenitud de su vida, en nuestra familia. Él es el Hijo del hombre, en relación a nosotros, llevando la carne que nosotros llevamos.

Adán fue el representante de la familia; por eso su pecado fue un pecado representativo. Cuando Jesús Cristo vino, Él vino para tomar el lugar en el cual Adán falló. "Y así está escrito, el primer hombre Adán fue hecho un alma viviente; el último Adán fue hecho un espíritu vivificante".( 1 Cor. 15:45). El segundo Adán es el hombre Cristo Jesús, y Él descendió para unir a la familia humana con la familia divina. Se dice que Dios es el Padre de nuestro Señor Jesús Cristo, del cual se nombra toda la familia en el cielo y en la tierra. Jesús Cristo, el Hijo del Dios viviente, vino Él mismo hasta esta parte de la familia, para que Él pudiese ganarla de vuelta nuevamente, para que pudiese ser una familia reunida en el reino de Dios.

Una Familia Reunida En El Reino De Dios.-

Él vino y tomó la carne de pecado que esta familia había colocado sobre sí misma a través del pecado, y les trajo (forjó) la salvación, condenando el pecado en la carne.

Adán falló en su lugar, y por la ofensa de uno muchos fueron hechos pecadores. Jesús Cristo se dio a Sí mismo, no solamente por nosotros, sino que en nosotros, uniendo a Sí mismo a la familia, para que Él pudiese tomar el lugar del primer Adán, y como cabeza de la familia ganada y traída de vuelta, que estaba perdida por causa del primer Adán. La justicia de Jesús Cristo es una justicia representativa, tal como el pecado de Adán fue un pecado representativo, y Jesús Cristo, siendo el segundo Adán, reunió en Sí mismo a toda la familia.

Pero desde que el primer Adán tomó su lugar, ha habido un cambio, y la humanidad es una humanidad pecaminosa. El poder de la justicia se ha perdido. Para redimir al hombre del lugar en el cual él había caído, Jesús Cristo viene, y toma la misma carne que ahora lleva la humanidad; Él viene en carne pecaminosa, y toma el caso donde Adán fue tentado y falló. Él se hizo, no un hombre, sino que Él se hizo carne; Él se hizo humano, y reunió a toda la humanidad en Sí mismo, la abrazó en Su mente infinita, y permaneció como el representante de toda la familia humana.

Adán fue tentado al principio en el asunto del apetito. Cristo vino, y después de un ayuno de cuarenta días el diablo Lo tentó para que usase Su poder divino para alimentarse a Sí mismo. Y noten, fue en carne pecaminosa que Él fue tentado, no en la carne en la cual Adán cayó. Esta es una verdad maravillosa, pero yo estoy maravillosamente agradecido de que así sea. Se concluye inmediatamente que por nacimiento, habiendo nacido en la misma familia, Jesús Cristo es mi hermano en la carne, "por lo cual Él no se avergüenza de llamarlos hermanos" (Heb. 2:11). Él ha venido a la familia, identificado Él mismo con la familia, es tanto padre de la familia y hermano de la familia. Como padre de la familia, condenando el pecado en la carne, uniendo la divinidad con la carne de pecado. Jesús Cristo hizo la conexión entre Dios y el hombre, para que el espíritu divino pudiese descansar sobre la humanidad. Él hizo el camino de la humanidad.

Él Ha Llevado Nuestras Penas.-

Y Él vino bien cerca nuestro. Él no está un paso alejado de nosotros. Él "fue hecho semejante a los hombres" (Fil. 2:7). Él ahora está hecho en semejanza del hombre, y al mismo tiempo Él mantiene Su divinidad; Él es el divino Hijo de Dios. Y así, por Su divina unión de Sí mismo con la humanidad, Él restaurará al hombre a la semejanza de Dios. Jesús Cristo, al tomar el lugar de Adán, tomó nuestra carne. Él tomó nuestro lugar completamente, para que nosotros pudiésemos tomar Su lugar. Él tomó nuestro lugar con todas sus consecuencias, y eso significa muerte, para que nosotros podamos tomar Su lugar con todas sus consecuencias, y eso es vida eterna. "Porque Él lo hizo pecado por nosotros, el que no conoció pecado, para que nosotros pudiésemos ser hechos justos de Dios en Él". (2 Cor. 5:21). Él no era un pecador, pero Él invitó a Dios para que Lo tratara como si fuese pecador, para que nosotros, que somos pecadores, pudiésemos ser tratados como si fuésemos justos. "Ciertamente Él llevó nuestras penas y sufrió nuestras aflicciones; y sin embargo nosotros lo estimamos como golpeado, castigado de Dios, y afligido". (Isa. 53:4). Las aflicciones que Él llevó eran nuestras aflicciones, y es realmente correcto que Él se identificó de tal manera con nuestra naturaleza humana que llevó en Sí mismo todas las aflicciones y todas las penas de toda la familia humana. "Él fue herido por nuestras transgresiones, Él fue contundido por nuestras iniquidades; el castigo de nuestra paz estaba sobre Él y con Sus azotes somos sanados". Lo que era contusión para Él, era sanidad para nosotros, y Él fue contundido para que nosotros fuésemos sanados. "Todos como ovejas nos hemos descarriado; nos hemos apartado cada uno por su propio camino; y el Señor ha colocado sobre Él la iniquidad de todos nosotros". (Isa. 53:6). Y entonces Él murió porque sobre Él fue colocada la iniquidad de todos nosotros. No había pecado en Él, pero los pecados de todo el mundo fueron colocados sobre Él. Contemplen al Cordero de Dios, que cargó los pecados de todo el mundo. "Y Él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino que también por los pecados de todo el mundo". (1 Juan 2:2).

El Precio Pagado Por Cada Alma.-

Yo quiero que sus mentes se apoderen de la verdad, que, no importa si un hombre se arrepiente o no, de todas maneras Jesús Cristo ha llevado sus penas, sus pecados, sus aflicciones, y se le invita a que las deje en Cristo. Si cada pecador en este mundo se arrepiente con toda su alma, y se vuelve a Cristo, el precio ha sido pagado. Jesús no ha esperado a que nosotros nos arrepintamos, para que entonces Él muriese por nosotros. "Mientras aun éramos pecadores, Cristo murió por nosotros". "En esto hay amor, no que nosotros hayamos amado a Dios, sino que Él nos amó, y envió a Su Hijo para que sea la propiciación por nuestros pecados". Cristo ha muerto a favor (en beneficio) de cada alma aquí; Él ha llevado vuestras penas y ha llevado vuestras aflicciones; Él simplemente nos pide a nosotros que las dejemos con Él, para que Él las lleve.

Cristo Nuestra Justicia.-

Más aún: cada uno de nosotros estaba representado en Cristo Jesús cuando la Palabra fue hecha carne y habitó entre nosotros. Todos nosotros estábamos ahí en Jesús Cristo. Todos estábamos representados en Adán después de la carne; y cuando vino Cristo como el segundo Adán, Él se colocó en el lugar del primer Adán, y así todos estamos representados en Él. Él nos invita a permanecer en la familia espiritual. Él ha formado esta nueva familia, de la cual Él es la cabeza. Él es el nuevo hombre. En Él tenemos la unión de lo divino y de lo humano.

En esa nueva familia, cada uno de nosotros está representado. "Y como yo pueda decirlo, también Leví, quien recibió diezmos, pagó los diezmos a Abrahán. Porque él aún estaba en los lomos de su padre, cuando Melquisedec lo encontró". Cuando Melquisedec salió para encontrar a Abrahán que volvía del despojo, Abrahán le pagó un diezmo de todo. Leví aún estaba sobre los lomos de su padre Abrahán; pero puesto que él era un descendiente de Abrahán, lo que hizo Abrahán, las Escrituras dicen que Leví lo hizo en Abrahán. Leví descendía de Abrahán de acuerdo con la carne. Él aún no había nacido cuando Abrahán pagó el diezmo; pero en lo que Abrahán pagó el diezmo, él también lo pagó. Es exactamente así en esta familia espiritual. Lo que Cristo hizo como cabeza de esta nueva familia, nosotros lo hicimos en Él. Él fue nuestro representante; Él se hizo carne; Él se hizo nosotros. Él no se hizo simplemente un hombre, sino que Él se hizo carne, y cada uno que nace en Su familia estaba representado en Jesús Cristo cuando Él vivió aquí en la carne. Vean, entonces, que todo lo que Cristo hizo, cada uno que se ha ligado a sí mismo con esta familia se le ha dado crédito, como si hubiese sido hecho en Cristo. Cristo no fue un representante fuera de él, desligado de él; sino así como Leví pagó el diezmo en Abrahán, cada uno que después ha nacido en esta familia espiritual, hizo lo que Cristo hizo.

El Nuevo Nacimiento.-

Vean lo que esto significa en relación a los sufrimientos vicarios. No es que Jesús Cristo vino desde afuera, y simplemente se puso en nuestro lugar como un extraño (intruso); sino que uniéndose Él mismo con nosotros a través del nacimiento, toda la humanidad fue reunida en la cabeza divina, Jesús Cristo. Él sufrió en la cruz. Entonces fue toda la familia en Jesús Cristo que fue crucificada. "Porque el amor de Cristo nos constriñe; porque nosotros juzgamos, que si uno muere por todos, entonces todos estaban muertos", o como lo dice la Revised Standard Version: "Todos murieron". (2 Cor. 5:14). Lo que nosotros queremos en nuestra experiencia es entrar en el hecho de que nosotros morimos en Él. Pero mientras es verdad que Jesús Cristo pagó todo el precio, llevó cada pena, era humanidad en Sí mismo, sin embargo también es verdad que ningún hombre recibe beneficio de eso, a menos que reciba a Cristo, a menos que él nazca de nuevo. Solamente aquellos que han nacido dos veces pueden entrar en el reino de Dios. Aquellos que han nacido en la carne, tienen que nacer de nuevo, nacer en el Espíritu, para que aquello que Jesús Cristo hizo en la carne, nosotros podamos sacar provecho de eso, de que realmente estemos en Él.

La obra de Cristo es la de ofrecer el carácter de Dios en nosotros, y en el interim Dios mira hacia Cristo y Su carácter perfecto, y no sobre nuestro carácter pecaminoso. En el mismo momento en que nosotros nos vaciamos a nosotros mismos, o dejamos que Cristo nos vacié, del egoísmo, y creemos en Jesús Cristo y Lo recibimos como nuestro Salvador personal, Dios mira sobre Él como siendo realmente nuestro representante personal. Entonces Él no nos ve a nosotros y nuestros pecados; Él ve a Cristo.

Nuestro Representante En Las Cortes Del Cielo.-

"Porque hay un Dios, y un mediador entre Dios y el hombre, el hombre Cristo Jesús". (1 Tim. 2:5). Hay un hombre en el cielo ahora - el hombre Cristo Jesús - llevando nuestra naturaleza humana; pero no es más una carne de pecado; es glorificada. Habiendo venido aquí y habiendo vivido en una carne de pecado, Él murió; y cuando murió, murió al pecado; y cuando vive, Él vive delante de Dios. Cuando Él muere, Se libera a Sí mismo de la carne de pecado, y es llevado glorificado. Jesús Cristo vino aquí como nuestro representante, anduvo el camino de vuelta al cielo en la familia, murió ante el pecado, y fue llevado glorificado. Él vivió como el Hijo del hombre, creció como el Hijo del hombre, ascendió como el Hijo del hombre, y hoy, Jesús Cristo, nuestro propio hermano, el hombre Cristo Jesús, está en el cielo, viviendo para interceder por nosotros.

Él ha estado en cada una de nuestras experiencias. ¿Será que Él no sabe lo que significa la cruz? Él fue al cielo por el camino de la cruz, y Él dice, "Ven". Eso es lo que Cristo ha hecho al hacerse carne. Nuestras mentes humanas permanecen espantadas ante el problema. ¿Cómo podemos nosotros expresar en lenguaje humano lo que ha sido hecho por nosotros, cuando "la Palabra se hizo carne, y habitó entre nosotros"? ¿Cómo podemos expresar lo que Dios nos ha dado? Cuando Él dio a Su Hijo, Él dio el regalo más precioso del cielo, y Él Lo dio no para llevárselo nuevamente. Por toda la eternidad el Hijo del hombre llevará en Su cuerpo las marcas que el pecado le hizo; para siempre Él será Jesús Cristo, nuestro Salvador, nuestro Hermano. Eso es lo que Dios ha hecho por nosotros al darnos a Su Hijo.

Cristo Identificado Con Nosotros.-

Esta unión de lo divino y lo humano ha traído a Jesús Cristo muy cerca de nosotros. No hay nadie que esté muy abajo como para que Cristo no esté con él. Él se identificó a Sí mismo completamente con la familia humana. En el juicio, cuando las recompensas y los castigos sean distribuidos, Él dice, "En la medida en que lo han hecho a uno de estos hermanos menores Míos, Me lo han hecho a Mí". Una versión dice, "en la medida en que lo han hecho con uno de estos Mis pequeños hermanos, a Mí me lo han hecho". Él es nuestra cabeza; y cuando en cualquier parte del cuerpo cae alguna punzada de dolor, la cabeza siente aquella punzada de dolor. Él se ha unido a Sí mismo con nosotros, uniéndonos así con Dios; porque leemos en Mateo: "Vean, una virgen tendrá un niño, y tendrá un hijo, y Lo llamarán Emanuel, lo cual se interpreta como, Dios con nosotros".

Unidad En Cristo.-

Jesús Cristo se unió a Sí mismo con la familia humana, para que Él pudiese estar con nosotros estando en nosotros, así como Dios estuvo con Él estando en Él. El verdadero propósito de Su obra fue que Él pudiese estar en nosotros, y que, como Él representaba al Padre, así los hijos, el Padre, y el Hermano mayor pudiesen estar unidos en Él.

Veamos cuál fue Su pensamiento en Su última oración: "Que todos puedan ser uno; como Tu, Padre, eres en Mí, y Yo en Ti, que ellos también puedan ser uno en nosotros". "Y la gloria que Tú Me diste, Yo se las he dado a ellos; para que puedan ser uno, así como nosotros somos uno; Yo en ellos, y Tú en Mí, para que ellos puedan ser hechos perfectos en uno; y que el mundo pueda saber que Tú Me has enviado a Mí, y los has amado como Tú Me has amado a Mí. Padre, Yo quiero que ellos también, a quienes Tú Me diste, sea conmigo donde Yo estoy, y que puedan ver Mí gloria, la cual Tú Me has dado; porque Tú Me has amado antes de la fundación del mundo. Oh Padre justo, el mundo no Te ha conocido; pero Yo Te he conocido, y estos han sabido que Tú Me has enviado a Mí. Y Yo les he declarado Tu nombre a ellos, y aun lo declararé". Y las últimas palabras de Su oración fueron: "Que el amor con el cual Tú Me has amado pueda estar en ellos, y Yo en ellos". (Juan 17:21-26). Y cuando Él estaba ascendiendo, Sus palabras de despedida a Sus discípulos fueron: "He aquí, Yo estoy contigo todo el camino, aun hasta el fin del mundo". (Mat. 28:20). Estando en nosotros, Él está con nosotros todo el camino, y para que esto sea posible, que Él pueda estar en nosotros, Él vino y tomó nuestra carne.

Este también es el camino en el cual la santidad de Jesús opera. Él tenía una santidad que lo capacitó a venir y habitar en carne pecaminosa, y glorificar la carne pecaminosa a través de Su presencia en ella; y eso es lo que Él hizo, de tal manera que cuando Él fue levantado de entre los muertos, Él fue glorificado. Su propósito fue que habiendo purificado la carne pecaminosa a través de Su presencia habitando en ella, Él puede ahora venir y purificar la carne pecaminosa en nosotros, y glorificar la carne pecaminosa en nosotros. Él "puede cambiar nuestro cuerpo vil, para que pueda ser transformado en Su cuerpo glorioso, de acuerdo a la obra a través de la cual Él es apto aun para someter todas las cosas sobre Sí mismo". (Fil. 3:21). "Porque a los que antes conoció, Él también los predestinó, para que sean conformados a la imagen de Su Hijo, para que Él pudiese ser el primogénito entre muchos hermanos". (Rom. 8:29).

La Elección De La Gracia.-

Déjenme decirles que en esta idea está ligada toda la cuestión de la predestinación. Existe una predestinación; es una predestinación de carácter. Es una elección; es una elección de carácter. Cada uno que cree en Jesús Cristo es un elegido, y todo el poder de Dios está atrás de esa elección, para que él pueda llevar la imagen de Dios. Llevando esa imagen, él está predestinado por toda la eternidad en el reino de Cristo; pero todo aquel que no lleva la imagen de Dios está predestinado a la muerte. Es una predestinación de Dios en Jesús Cristo. Cristo provee el carácter, y lo ofrece a cualquiera que crea en Él.

El Corazón y La Vida Del Cristianismo.-

Entremos en la experiencia que Dios nos ha dado a Jesús Cristo para habitar en nuestra carne pecaminosa, para trabajar en nuestra carne pecaminosa para conseguir lo que Él consiguió cuando estuvo aquí. Él vino y vivió aquí para que nosotros pudiésemos reflejar a través de Él la imagen de Dios. Este es el corazón del cristianismo. Cualquier cosa contraria a esto no es cristianismo. "Amados, no le crean a cualquier espíritu, sino que prueben los espíritus, si es que son de Dios; porque muchos falsos profetas han venido al mundo. En esto conoced el Espíritu de Dios: cada espíritu que confiese que Jesús Cristo ha venido en la carne es de Dios; y cada espíritu que no confiese que Jesús Cristo ha venido en la carne no es de Dios". (1 Juan 4:1-3). Ahora, eso no puede significar simplemente en saber que Jesús Cristo estuvo aquí y vivió en la carne. Los demonios tienen ese conocimiento. Ellos saben que Cristo ha venido en la carne. La fe que viene a través del Espíritu de Dios dice: "Jesús Cristo ha venido en mí carne; yo Le he recibido". Ese es el corazón y la vida del cristianismo.

La dificultad con la cristiandad de hoy es que Cristo no habita en los corazones de aquellos que profesan Su nombre. Él es un extraño, uno que está mirando desde lejos, como un ejemplo. Pero Él es más que un ejemplo para nosotros. Él nos hizo conocer a nosotros cuál es el ideal de Dios para la humanidad, y entonces Él vino y vivió frente a nosotros, para que nosotros pudiésemos ver qué es ser a la imagen de Dios. Entonces Él murió, y ascendió a Su Padre, enviando Su Espíritu, Su propio representante, para vivir en nosotros, para que la vida que Él vivió en la carne nosotros podamos vivirla nuevamente. Esto es cristianismo.

Cristo Tiene Que Habitar En El Corazón.-

No es suficiente hablar de Cristo y de la belleza de Su carácter. Cristianismo sin Cristo habitando en el corazón no es cristianismo genuino. Solamente es cristiano genuino aquel que tiene a Cristo habitando en su corazón, y solamente podemos vivir la vida de Cristo si lo tenemos a Él habitando en nosotros. Él quiere que nosotros nos apoyemos en la vida y en el poder del cristianismo. No se satisfagan con cualquier otra cosa. No le hagan caso a cualquiera que os lleve por otro camino. "Cristo en vosotros, la esperanza de gloria", Su poder, Su presencia habitando en nosotros, eso es cristianismo. Eso es lo que nosotros necesitamos hoy; y yo soy agradecido de que existen corazones que están deseando esa experiencia, y que la reconocerán cuando venga. No hace ninguna diferencia cuál es su nombre o cuál ha sido su denominación. Reconozca a Jesús Cristo, y déjelo habitar en usted. Siguiendo Su comando (guía), podemos saber cuál es la experiencia del cristianismo, y qué es habitar en la luz de Su presencia. Yo les digo, esta es un maravillosa verdad. El lenguaje humano no puede colocar más en el pensamiento o en lenguaje humano que lo que está dicho en estas palabras: "La Palabra se hizo carne, y habitó entre nosotros". Esta es nuestra salvación.

El objeto en estas observaciones no es apenas establecer una línea de pensamiento. Es traer una nueva vida a nuestra alma, y abrir nuestras ideas de la Palabra de Dios y del don de Dios, para que podamos estar aptos para aferrarnos de Su amor por nosotros. Nosotros lo necesitamos. Nada menos que eso alcanzará lo que tenemos que alcanzar, el mundo, la carne, y el maligno. Porque el que es por nosotros es más poderoso que el que es contra nosotros. Que tengamos en nuestras vidas diarias a Jesús Cristo, la Palabra" que "se hizo carne".

El estudiante observará que durante este único sermón Prescott le dijo a la gente 25 veces que Cristo vino en carne pecaminosa, o su equivalente en otras palabras. Si su sermón duró 45 minutos, lo que sería un sermón normal en una reunión campal de la época, eso significaría que en media, cada dos minutos, a lo largo de todo el sermón, él les recordó a las personas que Cristo vino en carne pecaminosa. Dos veces les dijo que Cristo NO vino en la naturaleza no caída de Adán.

Ellen White se regocijó al oír este mensaje y lo comentó en términos inconfundibles. Luego después que ella escribió la famosa carta Baker, que algunos están ahora interpretando para probar que ella creía que Cristo vino en la naturaleza no caída de Adán.

Ella escuchó este sermón y lo comentó antes de escribir la carta Baker. Las siguientes páginas incluyen 20 declaraciones hechas por ella acerca de la naturaleza de Cristo, después de haber escrito la carta Baker, aun durante el año 1896, y otras 35 declaraciones de otros líderes de la iglesia.

1896: "Cristo, el unigénito del Padre, asumió la naturaleza humana, vino en semejanza de carne pecaminosa para condenar el pecado en la carne".[64] "Cristo, el Hijo de Dios sin mancha, honró a la humanidad tomando sobre Sí mismo la naturaleza caída del hombre".[65]

"(Él) vistió Su divinidad con humanidad para levantar a la raza caída...".[66]

"... Cristo ha unido al hombre caído con el Dios infinito".[67]

"Vestido en las vestiduras de la humanidad, el Hijo de Dios descendió al nivel de aquellos que Él quería salvar... Él tomó sobre Sí mismo nuestra naturaleza pecaminosa. Vistiendo Su divinidad con humanidad, para que Él pudiese asociarse con la humanidad caída...".[68]

"No fue una humanidad imaginaria (como para que creyesen que era un hombre, pero no siéndolo en verdad) la que Cristo tomó sobre Sí mismo. Él tomo la naturaleza humana y vivió en la naturaleza humana... Él estaba rodeado de enfermedades...

Justamente aquello que usted puede ser, Él lo fue en la naturaleza humana. Él tomo nuestra enfermedades. Él no solamente fue hecho carne, sino que Él fue hecho en semejanza de carne pecaminosa".[69]

"... Él se humilló a Sí mismo para hacerse un miembro de la familia terrestre... y un hermano para cada hijo e hija de nuestra raza caída".[70]

"La mente humana no puede concebir la profundidad de ese amor que induce al Hijo de Dios a dejar las glorias del cielo, y que el riesgo de perder todo, tomar sobre Sí la naturaleza, y con ella la maldición del pecado, para que Él pudiese redimir a la raza caída".[71]

"¿Pero quién guardó los mandamientos? Jesús Cristo. ¿Y quién puede hacerlo nuevamente, aun en carne pecaminosa? Jesucristo".[72]

"El segundo Adán no vino donde el primer Adán estaba cuando falló, sino que en el punto en que la humanidad estaba al final de cuatro mil años de degeneración; no en la posición de poder y gloria en la cual la raza estaba envuelta al final de este largo periodo de reinado del pecado... hecho "en todos los puntos" como hombre pecaminoso...".[73]

"Es nuestro estudio ahora traer la totalidad con la cual Jesús Cristo se identificó a Sí mismo con la familia humana la cual Él vino a salvar...".[74]

"... así como Él vino a salvarnos a nosotros y a levantarnos, "Él también semejantemente tomó parte de lo mismo", la misma carne y la misma sangre...".[75]

"... Jesús Cristo se identificó a Sí mismo con nosotros, al compartir nuestra carne y sangre y haciéndose uno con nosotros, un miembro de la familia humana, tal como lo somos nosotros".[76]

"Las Escrituras no nos dejan en la incerteza en relación a qué tipo de carne y sangre fue esta... Dios enviando a Su propio Hijo en semejanza de carne pecaminosa... La carne que Jesús Cristo tomó cuando Él vino aquí fue la única carne que cualquiera podía tomar naciendo de una mujer, y esa fue la carne de pecado".[77]

"Él (Jesús Cristo) no tomó la semejanza del hombre de la manera en que Adán era antes de la caída, sino que Él descendió al mismo plano al cual el hombre había caído... y tomó sobre Sí mismo la carne de pecado".[78]

"... nosotros encontramos al divino Salvador justamente donde está la humanidad caída...".[79]

"... tomando sobre Sí mismo todas las condiciones de la humanidad caída...".[80]

"... Él voluntariamente tomó el lugar de la debilidad con nosotros".[81]

"Él tomó un lugar donde Él no obtuviese ninguna fuerza de ninguna otra manera que aquella que está abierta para nosotros".[82]

"... Cristo Jesús... en nuestra carne...".[83]

"... el hombre Cristo Jesús en nuestra humanidad...".[84]

"Nosotros Lo hemos encontrado (a Cristo) como nuestro hermano en la carne, habiendo sido hecho en todas las cosas como uno de Sus hermanos...". [85]

"Jesús Cristo... vino en nuestra propia humanidad...".[86]

"Él (Jesús) vino aquí y se juntó a Sí mismo a nuestra carne...".[87]

"... (Él) entró con todas las condiciones de nuestra humanidad caída...".[88]

"... Cristo vino... para vivir en la carne de pecado...".[89]

"Esto es hecho posible por el hecho que Jesús Cristo vivió en nuestra carne".[90]

"Él (Jesús) tomó la humanidad como nosotros la encontramos hoy, caída, pecaminosa".[91]

"Las Escrituras enfatizan la manera de Su (Jesús) nacimiento... nacido de la simiente de David...".[92]

"Cristo habitó en un cuerpo justamente como el nuestro...".[93]

"... Dios enviando a Su propio Hijo en semejanza de carne pecaminosa... Ella (la ley) se cumplió en Él, para que pudiese ser cumplida en nosotros".[94]

"... Cristo vino en esta misma carne nuestra...".[95]

"Cristo vino aquí y forjó todo esto en nuestra carne...".[96]

"Jesús Cristo... que vino como el Hijo del hombre en nuestra carne...".[97]

"... Él no pudo ser sacerdote hasta que Él vino en semejanza de carne pecaminosa".[98]

"Él no vino a este mundo a tomar sobre Sí mismo la condición de Adán, sino que Él descendió aún más bajo, para alcanzar al hombre tal como él es, debilitado por el pecado, poluído en su propia iniquidad".[99]

"Cristo... no tomó sobre Sí mismo la naturaleza de los ángeles, o aun la del hombre cuando éste fue creado, sino nuestra naturaleza caída...".[100]

"Él vivió nuestra vida en naturaleza pecaminosa, sin pecado...".[101]

"Así Cristo desde la eternidad fue hecho la conexión entre el cielo y la raza caída".[102]

"Él demostró el poder de la justicia sobre el pecado, en carne pecaminosa".[103]

"Cristo en Su humanidad, sujeto a todas las condiciones y limitaciones de la humanidad...".[104]

Durante los años 1895 y 1896 Ellen White ha estado colocando los toques finales del "Deseado de Todas las Gentes", el cual ella planeaba publicar en dos volúmenes. El 06 de Mayo de 1896, ella le escribió a su hijo Edson, diciéndole que el primer volumen estaba listo[105]. En los primeros capítulos del Deseado de Todas las Gentes, los cuales estaban en el primer volumen, ella había escrito:

"Él (Dios) Lo dio (a Cristo) a la raza caída".[106]

"Habría sido una humillación casi infinita para el Hijo de Dios revestirse de la naturaleza humana, aun cuando Adán poseía la inocencia del Edén. Pero Jesús aceptó la humanidad cuando la especie se hallaba debilitada por cuatro mil años de pecado. Como cualquier hijo de Adán, aceptó los efectos de la gran ley de la herencia. Y la historia de sus antepasados terrenales demuestra cuáles eran aquellos efectos. Mas él vino con una herencia tal para compartir nuestras penas y tentaciones, y darnos el ejemplo de una vida sin pecado".[107]

"A pesar de que los pecados de un mundo culpable pesaban sobre Cristo, a pesar de la humillación que implicaba el tomar sobre sí nuestra naturaleza caída, La voz del cielo lo declaró Hijo del Eterno".[108]

"Satanás había señalado el pecado de Adán como prueba de que la ley de Dios era injusta, y que no podía ser acatada. En nuestra humanidad, Cristo había de resarcir el fracaso de Adán. Pero cuando Adán fue asaltado por el tentador, no pesaba sobre él ninguno de los efectos del pecado. Gozaba de una plenitud de fuerza y virilidad, así como del perfecto vigor de la mente y el cuerpo. Estaba rodeado por las glorias del Edén, y se hallaba en comunión diaria con los seres celestiales. No sucedía lo mismo con Jesús cuando entró en el desierto para luchar con Satanás. Durante cuatro mil años, la familia humana había estado perdiendo fuerza física y mental, así como valor moral; y Cristo tomó sobre sí las flaquezas de la humanidad degenerada. Únicamente así podía rescatar al hombre de las profundidades de su degradación.

Muchos sostienen que era imposible para Cristo ser vencido por la tentación. En tal caso, no podría haberse hallado en la posición de Adán; no podría haber obtenido la victoria que Adán dejó de ganar. Si en algún sentido tuviésemos que soportar nosotros un conflicto más duro que el que Cristo tuvo que soportar, él no podría socorrernos. Pero nuestro Salvador tomó la humanidad con todo su pasivo. Se vistió de la naturaleza humana, con la posibilidad de ceder a la tentación. No tenemos que soportar nada que él no haya soportado".[109]

"Así como la imagen de la serpiente destructora fue alzada para sanar al pueblo, un ser "en semejanza de carne de pecado" iba a ser el Redentor de la humanidad".[110]

"Jesús fue hecho en todo semejante a sus hermanos. Se hizo carne, como somos carne. Tuvo hambre y sed, y sintió cansancio. Fue sostenido por el alimento y refrigerado por el sueño. Participó de la suerte del hombre, aunque era el inmaculado Hijo de Dios. Era Dios en la carne. Su carácter ha de ser el nuestro. El Señor dice de aquellos que creen en él: "Habitaré y andaré en ellos; y seré el Dios de ellos, y ellos serán mi pueblo.'

Cristo es la escalera que Jacob vio, cuya base descansaba en la tierra y cuya cima llegaba a la puerta del cielo, hasta el mismo umbral de la gloria. Si esa escalera no hubiese llegado a la tierra, y le hubiese faltado un solo peldaño, habríamos estado perdidos. Pero Cristo nos alcanza donde estamos. Tomó nuestra naturaleza y venció, a fin de que nosotros, tomando su naturaleza, pudiésemos vencer. Hecho "en semejanza de carne de pecado," vivió una vida sin pecado. Ahora, por su divinidad, echa mano del trono del cielo, mientras que por su humanidad llega hasta nosotros. El nos invita a obtener por la fe en él la gloria del carácter de Dios. Por lo tanto, hemos de ser perfectos, como nuestro "Padre que está en los cielos es perfecto".[111]

Sus intérpretes han propuesto que en la mitad de estos eventos publicados en 1895-1896 Ellen White supo que un pastor Baker en Tasmania, una isla al sur de Australia, estaba enseñando que Cristo había venido en la naturaleza humana del hombre caído y que le escribió una carta urgente con el propósito de corregirle su error, cerca del final del año 1895.

Esto podría haber parecido un maravilloso esfuerzo dirigido en la dirección errada. Si la enseñanza estaba errada que necesitaba ser corregido, ¿no serían las páginas de la Review and Herald y de Signs of the Times y del Bible Echo el lugar apropiado para que apareciese esa corrección? ¿Y no serían los prominentes líderes de la iglesia que estaban públicamente promulgando ese error, las personas a quienes las cartas correctivas debieran ser enviadas? ¿Y no sería la propia participación de Ellen White en la promulgación de ese error en sus artículos y en El Deseado de Todas las Gentes la que requiriese una cuidadosa explicación? ¿Qué se habría conseguido al dirigir una carta correctiva a un pastor en Tasmania si se ignoraba la continuación de la publicación del error en la Review and Herald, en Signs of the Times, y en el Bible Echo, y dejando el Deseado de Todas las Gentes sin corregir? ¿Y por qué habría ella ignorado el extenso análisis del asunto a través de Alonzo T. Jones y W. W. Prescott en la Conferencia General en Febrero de 1895?

Fue después de 50 (raros) años que fue escrita la carta Baker, que la iglesia se enteró de eso. Si hubiera sido la intención enviarla como una advertencia a la iglesia, entonces fue una falla muy triste, una falla que Ellen White podría haber corregido antes que ella muriese en 1915, veinte años después de que la carta fue escrita.

Si el pastor Baker creía (lo cual yo no lo dudo), que Cristo vino a la tierra en la naturaleza humana, pareciera que, como dicen los antiguos, que él habría llegado a esa opinión bien honestamente. El pastor Baker no tuvo falta de oportunidades para conocer ese particular punto de vista.

Él era miembro de la Iglesia Adventista del Séptimo Día en IOWA y dejó aquel estado en 1882 para asociarse con la obra de publicaciones en la Pacific Press en Mountain View, California (yo he recogido el material de apoyo para esta sección de la Enciclopedia Adventista del Séptimo Día). Como un adventista de Iowa él debiera haber estado alerta en relación al trabajo evangelístico conducido en ese estado por J. H. Waggoner, cuya fuerte opinión de que Cristo vino a la tierra en la naturaleza caída del hombre y que fue publicada en su libro, La Expiación. Él habría tenido la oportunidad de leer ese libro.

Como un lector de la Review and Herald él habría tenido la oportunidad de examinar 13 declaraciones de que Cristo vino a la tierra en la naturaleza caída del hombre que fueron publicadas en ese diario por Ellen White durante los años 1870-1882.[112]

En 1881 J. H. Waggoner sucedió a James White como editor de Signs of the Times, el nuevo diario misionero para los estados del Oeste y que se imprimía en la Pacific Press en California. En 1882 Baker fue llamado para asistir a Waggoner en la obra de publicaciones, y continuó su asociación con la Pacific Press hasta 1887. Durante este periodo de cinco años él estuvo asociado con el editor J. H. Waggoner durante los años 1882-1885; con su hijo, editor asociado y posteriormente editor, Ellet J. Waggoner, durante los años 1884-1887, y con el editor asociado y posteriormente coeditor, Alonzo T. Jones, durante los años 1885-1887. Las fuertes convicciones de Ellet J. Waggoner y Alonzo T. Jones de que Cristo vino a la tierra en la naturaleza caída del hombre han sido informadas en las páginas precedentes.

Si Baker se había tomado la molestia de leer el diario que estaba siendo publicado con su asistencia, él habría tenido la oportunidad de considerar 5 declaraciones publicadas en Signs of the Times por Ellen White durante los años 1882-1887, de que Cristo vino a la tierra en la naturaleza caída del hombre, sin mencionar sus 6 declaraciones publicadas en la Review and Herald durante esos mismos años.[113]

En 1887 Baker fue llamado a conectarse con la obra de publicaciones en Australia, donde el Bible Echo, un diario misionero había comenzado con J. O. Corliss y S. N. Haskell en 1886, y que estaba aún en su infancia. No está claro cuándo dejó la obra de publicaciones para liderar las actividades de la iglesia en Tasmania, pero él fue un contribuyente ocasional para el Bible Echo por algunos años. Las fuertes convicciones de Haskell de que Cristo vino a la tierra en la naturaleza caída del hombre también han sido informadas en las páginas anteriores.

Hubo un interim durante el cual el presidente de la recién formada Conferencia Australiana, G. C. Tenney, también sirvió como editor del Bible Echo. Para un resumen de las fuertes convicciones de Tenney de que Cristo vino a la tierra en la naturaleza caída del hombre, vea las editoriales del 15-05-1889 y 03-06-1889 (colocadas en las páginas 24-25). Entonces la obra editorial fue asumida por W. A. Colcord. Sus fuertes convicciones de que Cristo vino a la tierra en la naturaleza caída del hombre aparecieron muy luego en la página frontal de las editoriales.[114]

Comenzando en Octubre de 1890, una serie de 9 avisos de J. H. Waggoner sobre La Expiación publicado en el Bible Echo recomendaban ese volumen a la reciente iglesia Australiana (200 miembros). Durante los años 1892-1895 treinta y un avisos recomendaban el libro de Ellet J. Waggoner Cristo y Su Justicia, sobrepasando por un amplio margen el espacio para propaganda otorgado a cualquier otra publicación. Hemos visto que ambos de estos libros traen claras y fuertes declaraciones de que Cristo vino a la tierra en la naturaleza caída del hombre.[115]

Y finalmente, durante los años 1892-1895 Baker habría tenido la oportunidad de examinar 8 declaraciones de que Cristo vino a la tierra en la naturaleza caída del hombre que fueron publicadas en el Bible Echo bajo la firma de Ellen White.

Pareciera, entonces, que el pastor Baker tuvo más que una amplia oportunidad de conocer la opinión de que Cristo vino a la tierra en la naturaleza caída del hombre.

Como la visión (punto de vista) habría venido con la recomendación de los más altos líderes de la iglesia, tanto de América como de Australia, y también por parte de Ellen White, no sería sorprendente si él la hubiese aceptado. Habría sido aún mucho más sorprendente si no lo hubiese hecho. Pero cierta-mente habría quedado mucho más sorprendido de haber recibido una carta de Ellen White, amonestándolo contra esa visión (punto de vista), como algunos ahora están insistiendo en que así fue.

Cuando los estudiantes mediten a respecto de estas materias, ellos mismos pueden sentirse inclinados a concordar con Robert Wieland, cuyas conclusiones fueron que creer en esta interpretación propuesta de la carta Baker, es torcer la credulidad hasta el máximo. Es difícil entender cómo una propuesta así, pudo alguna vez ser tomada en serio.

Para una sugestión alternativa a respecto de cuál podría haber sido el problema del pastor Baker, por lo cual le fue llamada la atención, vea el Apéndice B al final de este libro. Para sugestiones en relación a los principios hermenéuticos envueltos, vea las páginas siguientes. Para el texto completo de la carta en sí misma, vea el Apéndice A al final de este libro.

Sugestiones en relación a la carta Baker.-

El estudiante debiera considerar los principios hermenéuticos (reglas de la evidencia) que están envueltos.

a) El uso de palabras por parte del escritor, o el significado de la declaración de un escritor, tiene que ser aclarado por otros usos y declaraciones del mismo escritor, si eso fuese posible.

b) La propia Ellen White solicitó que miremos sus obras publicadas como para descubrir sus creencias (5T696 en inglés). Ella no publicó la carta Baker.

c) No debemos colocar una interpretación en las palabras de un escritor que lo fuerce a contradecirse a sí mismo. Tenemos que proceder con la premisa de que el escritor no se contradice a sí mismo, hasta que encontremos una evidencia absoluta, inconfundible, de lo contrario.

d) El estudiante tiene que colocar la carta Baker, con sus declaraciones acerca de propensiones, en el contexto general de las declaraciones de Ellen White acerca de la naturaleza de Cristo, lo cual llega a casi 400 citas en esta compilación.

e) El estudiante tiene que colocar la carta Baker en el contexto específico del tiempo en que fue escrita, luego después de la reunión campal en Armadale, en 1895, donde W. W. Prescott dijo que Cristo no tomó la naturaleza no caída de Adán, sino que tomó la naturaleza caída del hombre, lo que hizo con que Ellen White diese expresiones de aprobación, que parecen no tener paralelo en sus escritos.[116]

f) El estudiante debiera examinar cuidadosamente aquellas declaraciones de Ellen White acerca de la naturaleza de Cristo que fueron hechas después que la carta Baker fue escrita, lo cual llega a 110 en esta compilación, más aproximadamente 60 en sus manuscritos no publicados.

g) El estudiante debiera examinar de cerca las diversas declaraciones de escritores inspirados en relación a la naturaleza de Cristo, que aparecieron en la Review and Herald y en Signs of the Times, en estrecha proximidad a los escritos de Ellen White, y que hicieron libre uso de los términos "propensiones", "inclinaciones", "susceptibilidades", "tendencias", etc., al describir la naturaleza humana de Cristo. No encontramos ninguna intimación en su escritos de que ella estuviese descontenta (molesta) con estos términos al ser aplicados a Cristo.

Y ella no era indiferente a lo que fue escrito en los trabajos de la iglesia. Cuando aparecían artículos en la Review and Herald afirmando que existen diferentes grados de inspiración, ella reaccionaba rápidamente con una firme carta correctiva. Y cuando una desavenencia acerca del libro de Gálatas fue llevada al papel, ella nuevamente reaccionó rápidamente con algunas firmes cartas correctivas.

h) El estudiante debiera preguntarse a sí mismo si las explicaciones ofrecidas algunas veces, de que Ellen White trató de decir solamente que el cuerpo de Cristo, o la naturaleza física, era como la del hombre caído, parece ser su propia intención o una colocada en sus escritos por otros.

i) El estudiante debiera preguntarse a sí mismo si el concepto de Ellen White acerca de la íntima correlación entre cuerpo, mente y personalidad permitiría la creencia de que Cristo pudo aceptar los resultados de cuatro mil años de degeneración del cuerpo y de la mente sin que esto afectase Su naturaleza humana.

j) El estudiante debiera pesar cuidadosamente las implicaciones de la ligación cristológica-soteriológica en los escritos de Ellen White.[117]

k) El estudiante debiera observar que la carta Baker no dice que Cristo vino en la naturaleza no caída de Adán, sino más bien se interpreta que esté diciendo eso.

l) El estudiante no debiera fallar en comprender el significado completo de la amonestación de Ellen White a Baker:

... Que cada ser humano esté alerta (advertido, avisado) en hacer a Cristo totalmente (enteramente, del todo) humano, como si fuese uno de nosotros mismos...

Divino-humano y enteramente humano son polos opuestos en su significado. Puede no haber una naturaleza divina en un Cristo que es enteramente humano, como si fuese uno de nosotros mismos.[118]

Notas:

  1. Ellen White, Review and Herald, 05-02-1895, pág. 81, col. 3, BV227.
  2. Ellen White, Signs of the Times, 07-03-1895, pág. 147, col. 1, BV188.
  3. Ellen White, Signs of the Times, 11-04-1895, pág. 227, col. 2, BV198.
  4. Ellen White, Signs of the Times, 16-05-1895, pág. 292, col. 2, BV207.
  5. Ellen White, Review and Herald, 03-12-1895, pág. 769, col. 2, BV313.
  6. Ellen White, Review and Herald 17-12-1895, pág. 802, col. 1, BV318.
  7. Ellen White, Mensaje 21, 1895.
  8. Ellen White, Carta 55, 1895.
  9. Ellen White, General Conference Bulletin 1895, pág. 338, col. 2.
  10. Ellen White, Mensaje 21, 1895, pág. 3.
  11. Ellen White, Mensaje 35, 1895, pág. 1.
  12. Ellen White, Carta 54, 1895, pág. 25.
  13. William Covert, Review and Herald, 14-01-1895, pág. 18, col. 1-2.
  14. J. H. Durland, Review and Herald, 22-01-1895, pág. 51, col. 1.
  15. W. W. Prescott, Presidente del Colegio, Presidente de la Conferencia, Vice-Presidente de la Conferencia General, Editor de la Review and Herald, Review and Herald, 19-02-1895, pág. 114, col. 3.
  16. W. W. Prescott, General Conference Bulletin, 1895, pág. 9, col. 1.
  17. W. W. Prescott, General Conference Bulletin, 1895, pág. 9, col. 2.
  18. W. W. Prescott, General Conference Bulletin, 1895, pág. 10, col. 1.
  19. W. W. Prescott, General Conference Bulletin, 1895, pág. 11, col. 1.
  20. W. W. Prescott, General Conference Bulletin, 1895, pág. 24, col. 2.
  21. W. W. Prescott, General Conference Bulletin, 1895, pág. 25, col. 2.
  22. W. W. Prescott, General Conference Bulletin, 1895, pág. 26, col. 2.
  23. W. W. Prescott, General Conference Bulletin, 1895, pág. 108, col. 1.
  24. W. W. Prescott, General Conference Bulletin, 1895, pág. 200, col. 2.
  25. W. W. Prescott, General Conference Bulletin, 1895, pág. 319, col. 2.
  26. W. W. Prescott, General Conference Bulletin, 1895, pág. 384, col. 1.
  27. W. W. Prescott, General Conference Bulletin, 1895, pág. 384, col. 2.
  28. J. H. Durland, Signs of the Times, 12-09-1895, pág. 5, col. 3, BV238.
  29. Alonzo T. Jones, General Conference Bulletin, 1895, pág. 230-235.
  30. Alonzo T. Jones, General Conference Bulletin, 1895, pág. 266, col. 1.
  31. Alonzo T. Jones, General Conference Bulletin, 1895, pág. 266, col. 2 y pág. 267, col. 1.
  32. Alonzo T. Jones, General Conference Bulletin, 1895, pág. 267, col. 2.
  33. Alonzo T. Jones, General Conference Bulletin, 1895, pág. 269, col. 1.
  34. Alonzo T. Jones, General Conference Bulletin, 1895, pág. 299, col. 1.
  35. Alonzo T. Jones, General Conference Bulletin, 1895, pág. 300, col. 1.
  36. Alonzo T. Jones, General Confe-rence Bulletin, 1895, pág. 302, col. 2 y pág. 303, col. 1.
  37. Alonzo T. Jones, General Conference Bulletin, 1895, pág. 303, col. 2.
  38. Alonzo T. Jones, General Conference Bulletin, 1895, pág. 309, col. 2.
  39. Alonzo T. Jones, General Conference Bulletin, 1895, pág. 311, col. 1.
  40. Alonzo T. Jones, General Conference Bulletin, 1895, pág. 312, col. 1.
  41. Alonzo T. Jones, General Conference Bulletin, 1895, pág. 327, col. 1.
  42. Alonzo T. Jones, General Con-ference Bulletin, 1895, pág. 327, col. 2.
  43. Alonzo T. Jones, General Conference Bulletin, 1895, pág. 328, col. 2.
  44. Alonzo T. Jones, General Conference Bulletin, 1895, pág. 328, col. 2.
  45. Alonzo T. Jones, General Conference Bulletin, 1895, pág. 330, col. 1-2.
  46. Alonzo T. Jones, General Conference Bulletin, 1895, pág. 332, col. 2 y pág. 333, col. 1.
  47. Alonzo T. Jones, General Conference Bulletin, 1895, pág. 349, col. 1.
  48. Alonzo T. Jones, General Conference Bulletin, 1895, pág. 349, col. 2.
  49. Alonzo T. Jones, General Conference Bulletin, 1895, pág. 350, col. 1.
  50. Alonzo T. Jones, General Conference Bulletin, 1895, pág. 365, col. 2.
  51. Alonzo T. Jones, General Conference Bulletin, 1895, pág. 367, col. 2.
  52. Alonzo T. Jones, Ge-neral Conference Bulletin, 1895, pág. 368, col. 1.
  53. Alonzo T. Jones, General Conference Bulletin, 1895, pág. 377, col. 2.
  54. Alonzo T. Jones, General Conference Bulletin, 1895, pág. 436, col. 2.
  55. Alonzo T. Jones, General Conference Bulletin, 1895, pág. 446, col. 2.
  56. Alonzo T. Jones, General Conference Bulletin, 1895, pág. 447, col. 1.
  57. Alonzo T. Jones, General Conference Bulletin, 1895, pág. 448, col. 1.
  58. Alonzo T. Jones, General Conference Bulletin, 1895, pág. 496, col. 2.
  59. J. H. Star-buck, Signs of the Times, 19-09-1895, pág. 6, col. 1-2.
  60. J. H. Durland, Signs of the Times, 26-09-1895, pág. 6, col. 2.
  61. J. H. Durland, Signs of the Times, 10-10-1895, pág. 5, col. 2, BV245.
  62. Review and Herald, Battle Creek, Michigan, 07 de Enero de 1896.
  63. Fue publicado en el Bible Echo el 06 de Enero de 1896, en las páginas 4 y 5, Volumen II, Nº1; y el 13 de Enero de 1896, página 12, Volumen II, Nº2.
  64. Ellen White, Signs of the Times, 02-07-1896, pág. 408, col. 1, BV304.
  65. Ellen White, Review and Herald, 29-09-1896, pág. 613, col. 1, BV397.
  66. Ellen White, Review and Herald, 10-11-1896, pág. 709, col. 2, BV408.
  67. Ellen White, Signs of the Times, 10-12-1896, pág. 773, col. 2-3, BV344.
  68. Ellen White, Review and Her-ald, 15-12-1896, pág. 789, col. 2, BV421.
  69. Ellen White, Carta 106, 1896.
  70. Ellen White, Mensaje 58, 1896, pág. 4.
  71. Alton V. Farnsworth, Review and Herald, 21-01-1896, pág. 35, col. 2.
  72. W. W. Prescott, Review and Herald, 28-01-1896, pág. 56, col. 3.
  73. Alonzo T. Jones, Review and Herald, 18-02-1896, pág. 105, col. 1.
  74. W. W. Prescott, Review and Herald, 10-03-1896, pág. 152, col. 2.
  75. W. W. Prescott, Review and Herald, 10-03-1896, pág. 152, col. 3.
  76. W. W. Prescott, Review and Herald, 10-03-1896, pág. 152, col. 3.
  77. W. W. Prescott, Review and Herald, 10-03-1896, pág. 152, col. 3.
  78. W. W. Prescott, Review and Herald, 10-03-1896, pág. 152, col. 3.
  79. W. W. Prescott, Review and Herald, 17-03-1896, pág. 168, col. 2.
  80. W. W. Prescott, Review and Herald, 24-03-1896, pág. 185, col. 3.
  81. W. W. Prescott, Review and Herald, 24-03-1896, pág. 185, col. 3.
  82. W. W. Prescott, Review and Herald, 24-03-1896, pág. 185, col. 3.
  83. W. W. Prescott, Review and Herald, 24-03-1896, pág. 186, col. 2.
  84. W. W. Prescott, Review and Herald, 24-03-1896, pág. 186, col. 2.
  85. W. W. Prescott, Review and Herald, 07-04-1896, pág. 217, col. 3.
  86. W. W. Prescott, Review and Herald, 07-04-1896, pág. 218, col. 1.
  87. W. W. Prescott, Review and Her-ald, 07-04-1896, pág. 218, col. 1.
  88. W. W. Prescott, Review and Herald, 07-04-1896, pág. 218, col. 1.
  89. W. W. Prescott, Review and Herald, 07-04-1896, pág. 218, col. 1.
  90. W. W. Prescott, Re-view and Herald, 07-04-1896, pág. 218, col. 2.
  91. W. W. Prescott, Review and Herald, 14-04-1896, pág. 232, col. 1.
  92. W. W. Prescott, Review and Herald, 14-04-1896, pág. 232, col. 1.
  93. W. W. Prescott, Review and Herald, 21-04-1896, pág. 248, col. 3.
  94. W. W. Prescott, Review and Herald, 21-04-1896, pág. 249, col. 1.
  95. W. W. Prescott, Review and Herald, 21-04-1896, pág. 249, col. 1.
  96. W. W. Prescott, Review and Herald, 21-04-1896, pág. 249, col. 1.
  97. W. W. Prescott, Review and Herald, 21-04-1896, pág. 249, col. 2.
  98. W. W. Prescott, Review and Herald, 24-03-1896, pág. 179, col. 3.
  99. Stephen Haskell, Presidente de Conferencia, Misionero, Educador, Consejero, Signs of the Times, 02-04-1896, pág. 5, col. 1, BV280.
  100. Stephen Haskell, Signs of the Times, 09-04-1896, pág. 7, col. 3, BV282.
  101. W. H. Glenn, Editor Asociado de Signs, Signs of the Times, 14-05-1896, pág. 5, col. 1, BV293.
  102. Stephen Haskell, Signs of the Times, 28-05-1896, pág. 4, col. 3, BV295.
  103. Alonzo T. Jones, Signs of the Times, 29-10-1896, pág. 4, col. 1.
  104. Folleto de la Escuela Sabática, Cuarto Trimestre, 1896, pág. 11-12.
  105. Carta 150, 1896.
  106. Pág. 25.
  107. Pág. 32.
  108. Pág. 87.
  109. Pág. 91-92.
  110. Pág. 146.
  111. Pág. 278.
  112. También debe haber tenido la oportunidad de leer las declaraciones similares en el libro Dones Espirituales, Volumen I, pág. 25 (1858) y en Dones Espirituales, Volumen IV, pág. 115 (1864). (Ver página 17).
  113. Él habría tenido la oportunidad de leer (y puede haber leído las pruebas) sus 3 declaraciones similares en Testimonios Para la Iglesia, Volumen V, pág. 204, 346 y 746, ya que se volumen fue publicado por la Pacific Press en 1882.
  114. Ver páginas 26-27.
  115. Ver páginas 17 y 21.
  116. Ver año 1895 en la compilación de este capítulo, y vea las declaraciones que fueron escritas en todo ese año, y en el año 1896.
  117. Ver capítulo 21.
  118. Ver página xyz.