A medida que hemos estudiado las expresiones de profunda convicción por parte de los administradores, editores y otros escritores de nuestra iglesia, como también por parte de los inspiradores mensajes a la iglesia remanente, que Cristo vino a esta tierra en la naturaleza caída del hombre, hemos visto que ellos estaban convencidos de que si Cristo no hubiese en la naturaleza humana del hombre caído
- Él no podría habernos entendido realmente,
- Él no podría haber sido nuestro ejemplo,
- Él no podría haber sido nuestro substituto,
- Él no podría haber sido nuestro sacerdote,
- Él no podría haber sido nuestro Salvador.
(Estos puntos serán examinados más detalladamente en el capítulo 21).
Yo no he encontrado ninguna voz disidente en esos puntos de vista. El consenso de opiniones parece ser completo. (La experiencia bizarra del movimiento de la Carne Santa en Indiana, cuyos líderes enseñaron resumidamente que Cristo tomó la naturaleza no caída de Adán, no fue en ningún sentido la voz de la iglesia).
Aun cuando exista la necesidad de que los que encuentren este trabajo, sea verificado por estudiosos competentes, yo creo que los resultados totales de mi búsqueda hasta este punto son impresionantes e impulsión adoras.
Expresado en términos de cantidad, hemos visto aproximadamente 400 citas de Ellen White, y no menos de 800 citas de otros escritores diciendo que Cristo vino a la tierra en la naturaleza humana del hombre caído. Entre estas hay por lo menos 200 citas que rechazan firmemente la idea de que Cristo vino en la naturaleza humana no caída de Adán. El gran total excede claramente las 1.200 declaraciones.
Expresado en términos de calidad, parece ser que la materia ha sido expuesta de una forma tan clara y en un número tan grande de diferentes expresiones, que una mal interpretación del propósito y del intento de los escritores no sería posible.
Es por estas razones que he informado con inmenso asombro la sorprendente declaración no histórica que viene a continuación, que hizo con que época de la claridad llegase a su ocaso e inaugurase la época de la confusión.
"... los Adventistas creen que Cristo, el "último Adán", poseyó, en Su parte humana, una naturaleza como aquella del "Primer Hombre Adán"...".[1]
(El primer Adán es necesariamente el Adán no caído).
Esta declaración del editor de la Review and Herald es perplejo (aturdidor) por dos razones. Primero, parece no tomar en cuenta, de modo alguno, nuestra historia. Segundo, su contexto es difícil de ser entendido. El hermano Nichol escribió un editorial hecho en dos partes, que fue publicado en las ediciones del 10 de Julio y del 17 de Julio de 1952, en respuesta a críticas en contra de los Adventistas con error diciendo que Cristo vino en la naturaleza pecaminosa del hombre y que era posible que Cristo pecase. En contra de esto ellos dijeron que Cristo vino con una naturaleza no pecaminosa y que era imposible que Él pecase.
La mayor parte de la defensa del hermano Nichol de nuestros puntos, está centrada en la pregunta si Cristo podía pecar. Él argumenta convincentemente de que Sus tentaciones, tal como se describen en las Escrituras, no serían reales si no fuese posible que Él pudiese pecar.
Pero cuando él vuelve su atención a la pregunta de la naturaleza humana de Cristo, entonces encontramos dificultades. La primera parte de su sentencia, mostrada anteriormente, afirma en términos incuestionables que Cristo tomó la naturaleza del primer Adán (no caída). Pero la última mitad de la misma sentencia parece retractarse de esta posición:
"... los Adventistas creen que Cristo, el "último Adán", poseyó, en Su parte humana, una naturaleza como el "primer hombre Adán", una naturaleza libre de cualquier mancha contaminadora de pecado, pero capaz de responder al pecado, y que esa naturaleza estaba en desventaja por los debilitantes efectos de cuatro mil años de incursiones pecaminosas en el cuerpo humano y en el sistema nervioso y ambiental".
Esta declaración desconcertante parece afirmar que Cristo tenía ambas naturalezas, tanto la naturaleza no caída del primer Adán, como la naturaleza debilitada por cuatro mil años de pecado. Esto crea preguntas en nuestra mentes.
Reconocemos que la humanidad puede tener una experiencia tan larga, comenzando con la naturaleza no caída de Adán y deteriorarse lentamente a través de cuatro mil años de pecado, hasta el tiempo de la encarnación. ¿Pero cómo puede un individuo tener una experiencia tan mitigante (atenuante)? ¿No tiene que entrar cada individuo, incluyendo Cristo, en la raza humana en un punto específico de tiempo, y, con excepción de algunas intervenciones milagrosas, acepta la naturaleza humana tal como la encuentra en aquel momento de la historia? ¿Cómo puede un individuo tener la naturaleza del Adán no caído, y que esa naturaleza pueda estar deteriorada por cuatro mil años de pecado?
¿Estamos encontrando aquí una sugestión de que Cristo pudiese tener realmente tres naturalezas en vez de las dos que normalmente Se le atribuyen, la humana y la Divina? ¿Debemos entender que Cristo tuvo en Su encarnación, (1) la naturaleza de Dios, (2) la naturaleza no caída de Adán, y (3) la naturaleza caída del hombre?
No estamos siendo grandemente ayudados al alargar el contexto incluyendo todo el editorial. El hermano Nichol cita correctamente las palabras de Pablo, de que Dios envió a "Su propio Hijo en semejanza de carne pecaminosa" (Rom. 8:3), y que Cristo "tomó sobre Sí la simiente de Abrahán" (Heb. 2:14).
Podemos concluir de esto que él está concordando con la posición histórica de la Iglesia en aplicar estas escrituras para probar que Cristo vino en la naturaleza caída del hombre. Pero entonces, en otras dos declaraciones él parece afirmar que Cristo por lo menos comenzó con la naturaleza no caída del primer Adán (El estudiante encontrará nuevamente esta extraña dialéctica).
Cualquiera que sea la marca a la que nos sintamos inclinados a darle a este editorial para lucidez y convicción, no podemos fallar en reconocer su significado histórico. Tan lejos como yo pueda haber descubierto, es el primer disentimiento del testimonio de nuestros ancestrales espirituales en relación a la naturaleza de Cristo. Pero no fue el último. A partir de este punto, la época de la claridad, cuando la iglesia habló con una única voz en relación a esta materia, será reemplazada por la época de la confusión, cuando la iglesia habla con dos voces.
Una sugestión más sobria en el editorial de Nichol, vista a la luz de los eventos subsecuentes, es esta:
"Como conclusión, una palabra de consejo para algunos de nuestros escritores y predicadores Adventistas puede ser la siguiente... Cuando hablamos de la mancha del pecado, los gérmenes del pecado, tenemos que recordar que estamos usando un lenguaje metafórico. Los críticos, especialmente aquellos que ven las Escrituras a través de ojos Calvinistas, leen en el término "carne pecaminosa" algo que la teología adventista no requiere. Así, si usamos el término "carne pecaminosa" en relación a la naturaleza humana de Cristo, como lo han hecho algunos de nuestros escritores, entonces estamos abiertos a las interpretaciones erróneas". (Ciertamente "mancha del pecado" y "gérmenes del pecado" pueden ser llamados de lenguaje metafórico. ¿Pero es "carne pecaminosa" solamente una metáfora, o es una severa realidad?).
Las implicaciones de este consejo deberían ser mantenidas en mente a medida que el estudiante considere los últimos intentos hechos por algunos Adventistas para presentar la Doctrina Adventista del Séptimo Día de Cristo de tal manera que fuese aceptable a los teólogos Calvinistas.
Nos gustaría que todos hayan recordado que el escritor Adventista que usó por primera vez el término "carne pecaminosa" a la naturaleza humana de Cristo fue Ellen White. Y también podemos querer que nos acordemos de este consejo de la mensajera inspirada del Señor a la Iglesia remanente:
"No debe haber ningún compromiso con aquellos que anulan la Ley de Dios. No es seguro apoyarse en ellos como consejeros. Nuestro testimonio no debe ser menos decidido ahora que anteriormente; nuestra real posición no es la de ser manto para agradar a los grandes hombres del mundo... No tenemos que mirar al mundo para aprender lo que tenemos que escribir y publicar o lo que tenemos que decir".[2]
El editorial de Nichol de Julio de 1952, fue, metafóricamente hablando, el Alfa. El Omega no se demoraría mucho en seguirlo.
Tenemos que mencionar aquí, sin embargo, que Kenneth Wood, que era Editor Asociado de la Review and Herald con Nichol, y lo sucedió como Editor, informa que en conversaciones y discusiones Nichol siempre apoyó firmemente el punto de vista de que Cristo vino a la tierra en la naturaleza humana del hombre caído (correspondencia privada). Esto pareciera indicar que él pudo el mayor énfasis en la última parte de su declaración, mientras que algunos de sus lectores pusieron el mayor énfasis en la primera parte.
Esto también puede explicar por qué Walter Martin declara que después de un cierto punto en su discusión con el grupo Adventista en Washington, Nichol no se le permitió más que participase en los procedimientos.[3]
Notas:
- Francis D. Nichol, Editor; Review and Herald, 10-07-1952, pág. 15, col. 2.
- 2MS:371. Del Boletín de la Conferencia General, 13 de Abril de 1891.
- Corrientes Adventistas, Julio de 1983, página 18.