En la edición de Abril de 1957 de la revista Ministry, el estudiante encontrará un editorial anunciando un "nuevo hito" en la historia de nuestra iglesia. "Los hermanos Evangélicos en Cristo" (los Calvinistas) han aceptado nuestra posición en relación a la naturaleza humana de Cristo y han concordado en no clasificarlos más como "secta".
En la misma edición el estudiante encontrará dos artículos sobre la naturaleza de Cristo. Ambos le dan un gran énfasis al misterioso carácter de la encarnación de Cristo (la encarnación de Cristo es un misterio; declaraciones humanas no muy claras al respecto, también lo son. Estos dos misterios no deben ser confundidos, uno con el otro). Ambos afirman fuertemente la divinidad de Cristo. Ambos afirman fuertemente la humanidad de Cristo. Pero la voz clara del Adventismo en relación a Cristo tomando la naturaleza caída del hombre no se escucha más en ninguno de los dos, y uno afirma fuertemente que,
"Cuando el Dios encarnado entró en la historia humana y se hizo uno con la raza, es nuestro entender que Él poseyó la naturaleza no pecaminosa con la cual Adán fue creado en el Edén".[1]
Así el nuevo hito en la historia de la Iglesia Adventista resulta ser un rechazo directo de lo que ha sido el claro y consistente testimonio de la iglesia desde 1852 hasta 1952, cien años completos, en relación a la humanidad de Jesús.
Uno de los artículos nos insta a buscar atrás en el Espíritu de Profecía ocho páginas de declaraciones acerca de la naturaleza de Cristo, que debieran estar en la edición de Septiembre de 1956 de la revista Ministry. Siguiendo pacientemente todas estas instrucciones, buscamos esa edición, y encontramos, para nuestro asombro, un cabezal de párrafo que dice:
"III.- Tomó la naturaleza no pecaminosa de Adán antes de la caída".
Las citas de apoyo serán analizadas en detalle en las páginas que siguen. En este punto observaremos la metodología usada en estas tres presentaciones:
1.- Citas de sus escritos han sido cuidadosamente arregladas, y enfatizadas, para hacer parecer que Ellen White creía que Cristo tomó la naturaleza no caída de Adán, aun cuando ninguna de ellas diga exactamente eso.
2.- Las citas de sus escritos que se refieren a la "naturaleza caída" y a la "naturaleza pecaminosa" que están incluidas, están interpretadas como si quisiesen significar solamente Su naturaleza física, y nada más. El estudiante que ha leído el material de la Sección Tres, está preparado para decidir por sí mismo si éste fue el propósito aparente y el intento del escritor. Compare: "Él no solamente fue hecho carne, sino que Él fue hecho en semejanza de carne pecaminosa".[2]
3.- Se hace una explicación posterior diciendo que Ellen White quiso decir que Cristo tomó nuestra naturaleza caída vicariamente, pero no realmente.
Esta proposición tiene que ser considerada cuidadosamente. Que lo que uno hace por otro lo hace vicariamente. Los puntos importantes a ser recordados son que cuando algo se ha hecho por usted vicariamente, eso significa que usted no necesita hacerlo por usted mismo, ya que ha sido efectivamente hecho, sin pretexto (fingimiento).
Si yo le pago una multa a usted, vicariamente, usted no tiene que pagarla. Si yo acepto una obligación de cualquier tipo por usted, vicariamente, usted no tiene que aceptarla. Si Jesús paga el precio de sus pecados, vicariamente, usted no tiene que pagar el precio de sus propios pecados. En todos estos ejemplos vemos el uso correcto de la palabra vicario. Aquello que otro hace por usted, vicariamente, usted no necesita hacerlo por sí mismo. Esta es la manera correcta de usar la palabra. En ningún caso puede ser usada la palabra vicario para describir un desempeño pretendido en vez de un desempeño real.
Considere, entonces, la proposición de que Jesús ha tomado nuestra naturaleza caída, vicariamente. Entonces, usted debiera regocijarse en su libertad de tomar aquella naturaleza humana por sí mismo. Usted debiera regocijarse de que es su privilegio el andar por la vida con una naturaleza no caída, como aquella de Adán antes del pecado. ¿Pero es esto posible? ¿Tiene usted una naturaleza no caída? ¿O cree usted que su naturaleza caída aún está con usted, a pesar de la clara seguridad del significado de que Jesús la ha tomado por usted, vicariamente?
Hacer la pregunta es contestarla. ¿Quién de nosotros puede reivindicar una naturaleza no caída? ¿Cuán seriamente, entonces, podemos tomar esta seguridad de que Cristo ha tomado nuestra naturaleza caída, no realmente, sino vicariamente? Y recordemos, también, de que cuando es adecuadamente declarado de que algo se ha hecho por nosotros vicariamente, la cosa (o el asunto) tiene que ser realmente hecho, sin pretensiones (fingimientos) (Compare: "Cristo en realidad unió la ofensiva naturaleza del hombre con Su propia naturaleza sin pecado...". Ellen White, Review and Herald, 17-07-1900). ¿Y si Ellen White quiso decir que Cristo tomó nuestra naturaleza caída vicariamente, por qué, en sus diversas citas, nunca se acordó de decirlo?
En esta misma edición de Ministry (Septiembre de 1956), encontramos un largo editorial titulado: Humano - No Carnal. Es una declaración fuertemente apoyada diciendo que Cristo tomó la naturaleza no pecaminosa de Adán, antes de la caída. El estudiante debiera, si eso es posible, estudiar todo el artículo. Aquí podremos comentar tan solo algunos fragmentos. Después de enfatizar el misterioso carácter de la encarnación, el escritor se refiere al error, tal como él lo ve, de que unos pocos de nuestros hermanos han cometido un error en relación a la naturaleza de Cristo. Él propone que ellos han creído erró-neamente que Cristo asumió la naturaleza caída del hombre, debido a una lectura precipitada de dos o tres declaraciones de Ellen White:
"Una lectura precipitada de dos o tres declaraciones del Deseado de Todas las Gentes, sin las repetidas declaraciones que puedan contrabalancear el estudio, encontradas en muchos otros lugares, han llevado a algunos a concluir que Cristo, durante Su encarnación, participó de nuestra naturaleza corrupta y carnal, y que por eso no era diferente de ningún otro ser humano" (Editorial).
Nosotros observamos:
a) El estudiante que examina el material de la Sección Tres encontrará que es mucho más extenso que lo que aquí se afirma. No hemos encontrado declaraciones "contrabalanceadoras" a lo largo de todo nuestro exhaustivo estudio de los escritos de Ellen White.
b) El estudiante observará que Ellen White y sus compañeros usaron las palabras pecaminoso y naturaleza caída, en vez de carnal o naturaleza corrupta, cuando hablaban de la humanidad de Cristo.
c) El estudiante observará que Ellen White y sus compañeros creyeron que la humanidad de Cristo era como la nuestra en todas las cosas, excepto nuestros pecados. El artículo continua:
"De hecho, unos pocos han declarado que ese sería el caso para que Él fuese "tentado en todos los puntos así como lo somos nosotros", que hubiese tenido que compartir nuestra naturaleza corrupta y pecaminosa, para poder entender nuestras necesidades y simpatizar con la humanidad perdida. Superficialmente tal razonamiento suena de alguna manera plausible...".[3]
Nosotros observamos:
a) El estudiante notará el uso continuo de la palabra corrupta, siendo que Ellen White no la usó.
b) El estudiante encontrará en la Sección Tres abundantes evidencias de que el razonamiento "superficial" al cual él se refiere, es una fuerte característica de Ellen White.
"Si Él hubiese nacido con una naturaleza carnal, con todas sus debilidades hacia el mal, como es el caso con cualquier hijo e hija natural de Adán, entonces Él mismo habría necesitado un Salvador, y bajo ninguna circunstancia podría Él haber sido nuestro Redentor... en Él no había pecado, ya sea heredado o cultivado, como es común a todos los descendientes naturales de Adán".[4]
Nosotros observamos nuevamente que:
a) Los escritores Adventistas no aplican la palabra carnal a Jesús.
b) Lo esencial en el problema de los escritores se ve ahora que es la doctrina del pecado original definido como culpa heredada más debilidad heredada. Los Protestantes han estado divididos en este punto durante siglos. Aquellos que son Calvinistas insisten que todos los seres humanos heredan la culpa de Adán, juntamente con la debilidad. Aquellos que son Arminianos-Wesleyanos rechazan la doctrina de la culpa heredada y aceptan solamente la doctrina de la debilidad heredada. (Para comentarios en relación a la doctrina del pecado original, vea el Apéndice C al final de este Volumen). Los Adventistas del Séptimo Día nunca han creído en la doctrina de la culpa heredada (ver Eze. 18:20).
Por eso, los Adventistas del Séptimo Día nunca han creído que Cristo haya adquirido la culpa simplemente por haber nacido en la raza humana, como creen los Calvinistas. Y así los Adventistas del Séptimo Día no han necesitado, como lo han tenido que hacer los Calvinistas, idear una doctrina a través de la cual Cristo pudiese tomar la naturaleza no caída de Adán para poder escapar a esa culpa heredada.
"Cuando Él tomó sobre Sí la naturaleza humana no pecaminosa...".[5]
Nosotros observamos:
La firme y osada contradicción de las declaraciones de Ellen White de que Él tomó sobre Sí la naturaleza pecaminosa es moderada.
"Muchos años atrás apareció una declaración en el "Bible Readings for the Home Circle" (Lecturas Bíblicas para el Círculo del Hogar)(edición de 1915), la cual decía que Cristo vino "en carne pecaminosa". No sabemos cómo una declaración de este tipo pudo deslizarse dentro del libro".[6]
Nosotros observamos:
a) Es mucho más que una expresión; es un largo y muy razonado párrafo.[7] Sería real-mente difícil imaginar bajo qué circunstancias podría haber se "deslizado" dentro del libro.
b) El párrafo está en total armonía con las declaraciones publicadas por la iglesia, tal como se muestra en la Sección Tres.
"Pero cuando el libro fue revisado en 1946, esta expresión fue eliminada, ya que se reconoció que estaba fuera de armonía con nuestra verdadera posición".[8]
Nosotros observamos:
Habría sido bonito saber por quién fue definida nuestra "verdadera posición", y qué evidencia fue usada como base para esa definición. Aparentemente Ellen White y sus escritores amigos habían estado fuera de armonía con nuestra "verdadera posición" a través de toda la historia de la iglesia.
"No queremos tomar una expresión aislada y construir una doctrina sobre ella".[9]
Nosotros observamos:
Con esta declaración nosotros queremos concordar con todo nuestro corazón. El estudiante querrá recordar esta declaración a medida que observa el incesante uso de interpretaciones de algunos trechos de una carta privada a un pastor en Tasmania, la "Carta Baker", como siendo la autoridad absoluta a la cual cualquiera y todos las declaraciones de Ellen White están subordinadas, tanto en el editorial que estamos analizando, y en la otra literatura que promueve el punto de vista de que Cristo vino a la tierra en la naturaleza no caída de Adán. (Para un análisis de la Carta Baker, vea el Apéndice B al final de este Volumen). Consideraremos ahora el material que fue presentado en dos libros que fueron publicados en 1957).
Notas: