La Palabra se Hizo Carne

Capítulo 21

La Ligación Inevitable Entre la Naturaleza de Cristo y la Obra Salvadora de Cristo

¿Qué diferencia hace si Cristo tomó la naturaleza caída del hombre o la naturaleza no caída de Adán?

Esta pregunta fue respondida con mucha perspicacia por Gregorio Nacianceno en el cuarto siglo. Él estaba buscando una respuesta para otra pregunta acerca de la naturaleza de Cristo, diferente a la nuestra, pero al responderla, dejó un principio que se aplica a ambas preguntas:

Aquello que Él no asumió, Él no ha sanado.[1]

Desde aquella época hasta ahora ha habido testigos de la creencia de que Cristo vino en la naturaleza caída del hombre, y la mayoría de ellos la han visto en la misma perspectiva que lo hizo Gregorio.[2]

El estudiante encontrará una conveniente presentación histórica de estos testigos en "La Humanidad del Salvador" de Harry Johnson, Londres, The Epworth Press, 1962. Hacemos una pausa aquí solamente para hacer notar que la lista incluye algunos teólogos de los tiempos modernos, tales como: Karl Barth, J. A. T. Robinson, T. F. Torrance, Nels F. S. Ferre, C. E. B. Cranfield, Harold Roberts, Leslie Newbegin, Rudolf Bultmann, Oscar Cullman y Anders Nygren. No debemos, entonces, concluir que nuestros ancestrales espirituales apoyaron el punto de vista de que Cristo tomó la naturaleza caída del hombre, porque no eran muy brillantes. Muchos de los hombres en la lista anterior son tenidos hoy en día como gigantes intelectuales.

Tampoco podemos descartarlos como un grupo minoritario. Los nombres presentados en la Sección Tres incluyen Presidentes de la Conferencia General, Vicepresidentes, Secretarios, Presidentes de Unión, Editores de la Review and Herald, incluyendo a Uriah Smith, Lewellyn Wilcox, y, si, Francis Ni-chol, y editores de la Signs of the Times. Ellos eran líderes Adventistas de primera línea. Y ellos creían de la misma manera que lo hizo Gregorio.

Aquello que Él no asumió, Él no ha sanado.

Así como ellos lo vieron, si Cristo no hubiese venido en la naturaleza caída del hombre:

1.- Él no podría habernos entendido completamente.

"(Él) tomó nuestra naturaleza para que Él pudiese entender cómo simpatizar con nuestra fragilidad".[3]

"Él tomó nuestra naturaleza sobre Sí para que Él pudiese conocer nuestras pruebas y nuestras penas, y, conociendo todas nuestras experiencias, Él permanece como Mediador e Intercesor delante del Padre".[4]

"Un ángel no habría sabido cómo simpatizar con el hombre caído, pero... Jesús puede ser tocado con nuestras enfermedades".[5]

"Jesús vistió Su divinidad con humanidad para que Él pudiese tener una experiencia en todo aquello que pertenece a la vida humana".[6]

Es evidente que nadie que viva en la naturaleza no caída de Adán puede experimentar realmente lo que nosotros experimentamos. Así se creyó que era necesario que Cristo viniese en nuestra naturaleza caída para que Él pudiese realmente entendernos.

2.- Él no podría haber sido nuestro ejemplo en vivir una vida cristiana victoriosa.

"Jesús tomó sobre Sí mismo la naturaleza del hombre, para que Él pudiese dejar un padrón para la humanidad... nuestra naturaleza caída tiene que ser purificada...".[7]

"Él demostró el poder de la justicia sobre el pecado, en carne pecaminosa.[8]

"Y así como Jesús era en carne humana así Dios quiere que sean Sus seguidores".[9]

"Él vino en semejanza de carne pecaminosa para demostrar ante todas las partes en controversia que era posible que los hombres en la carne pudiesen guardar la ley".[10]

"Así como (el hombre) se aferra a la verdad de que Uno vivió en esta tierra y que poseía la misma naturaleza de él, que "fue tentado en todos los puntos así como lo somos nosotros, pero sin pecado", él entiende que existe una posibilidad para él".[11]

"En semejanza de carne pecaminosa Él condenó el pecado en la carne".[12]

3.- Él no podría haber sido nuestro sacrificio substitutivo.

"Cristo se hizo pecado por la raza caída...".[13]

"Cristo se humilló a Sí mismo hasta la humanidad, y tomó sobre Sí mismo nuestra naturaleza, para que... Él pudiese ser una piedra de apoyo para los hombres caídos".[14]

"El más alto regalo que el cielo podía otorgar fue dado para rescatar a la humanidad caída".[15]

"El divino Hijo de Dios, que había... venido del cielo y había asumido su naturaleza caída... para unir la raza caída con Él mismo".[16]

"... Él consintió en hacerse el substituto y la garantía del hombre caído...".[17]

"Si Él no hubiese sido completamente humano, Cristo no habría podido ser nuestro substituto".[18]

4.- Él no podría ser nuestro Sacerdote - Mediador.

"Él tomó nuestra naturaleza sobre Sí... y conociendo todas nuestras experiencias, Él permaneció como Mediador e Intercesor delante del Padre".[19]

"(Jesús) como "Juez" entre un Dios santo y nuestra humanidad pecaminosa, uno que "puede colocar Su mano sobre todos nosotros".[20]

"El Hijo de Dios fue hecho en semejanza de los hombres pecaminosos, para que Él pudiese ser un misericordioso Sumo Sacerdote".[21]

"... con Su brazo humano Cristo abraza la raza caída, y con Su brazo divino Él se aferra del trono del Infinito...".[22]

"Así Cristo desde la eternidad fue hecho el punto de ligación entre el cielo y la raza caída".[23]

"Él... vistió Su divinidad con humanidad... para que la divinidad pudiese aferrarse del poder de Dios a favor de la raza caída".[24]

"Jesús era Dios actuando en carne pecaminosa a favor del pecador".[25]

"Al asumir la carne pecaminosa... Jesús... hizo posible que Él ministrase a la carne pecaminosa...".[26]

"Nadie a no ser un ser humano - hecho en semejanza de carne pecaminosa - podría servir como Mediador a favor de los hombres pecaminosos".[27]

"Él no podría haber sido un Sacerdote hasta que Él viniese en semejanza de carne pecaminosa".[28]

5.- Él no podría haber sido nuestro Salvador - Redentor.

"... de la propia raza caída tiene que surgir el Libertador... el Hijo de Dios... permaneció, no donde Adán permaneció antes de la caída, sino donde el hombre está hoy...".[29]

"Cristo tomó sobre Sí las enfermedades de la humanidad degenerada. Solamente así podría Él rescatar al hombre de las más bajas profundidades de la degradación".[30]

"A través de Su humillación y pobreza, Cristo se identificaría a Sí mismo con las debilidades de la raza caída... La gran obra de la redención pudo ser llevada a cabo solamente si el Redentor tomase el lugar del Adán caído... El Rey de gloria se propuso humillarse a Sí mismo hasta la humanidad caída".[31]

"Este fue el único medio en el cual los hombres caídos podían ser exaltados... Fue en la orden de Dios que Cristo tomase sobre Sí mismo la forma y la naturaleza caída del hombre...".[32]

"... Cualquiera que salvase al hombre tiene que colocarse en el lugar del hombre. Él tiene que estar sujeto a la misma tendencia... a pecar... como hombre".[33]

"Pero para ser el Redentor del hombre, el Creador tiene que ser hombre. Él tiene que venir en "semejanza de carne pecaminosa". (Rom. 8:3)".[34]

"... Para poder elevar al hombre caído, Cristo tiene que alcanzarlo donde éste estaba".[35]

Es abundantemente claro, entonces, que nuestros ancestrales espirituales concordaron de todo corazón con Gregorio, el cual dijo:

Aquello que Él no asumió, Él no lo ha sanado".

La cristología, la naturaleza de Cristo, y la soteriología, la obra salvadora de Cristo, son inseparables y están íntimamente unidas. Cuando hablamos de una, inevitablemente hablamos de la otra. Cuando cambiamos una, invariablemente cambiamos la otra. Así los cristianos Arminianos y Wesleyanos, incluyendo los Adventistas del Séptimo Día, han creído que Cristo obedeció la ley de Dios en la carne (y naturaleza) del hombre caído para mostrar que nosotros, ejerciendo la misma fe y la misma dependencia de Dios que Él ejercitó, puede hacer exactamente la misma cosa.

Los cristianos Calvinistas, por otro lado, han creído que desde Cristo vino en la naturaleza no caída de Adán, Su obediencia a la ley de Dios no indica que nosotros podemos, aun a través de la fe en la dependencia de Dios, hacer exactamente la misma cosa. Ellos afirman resueltamente que el hombre no puede nunca, por ningún medio, dejar de pecar mientras dure esta vida. Tal como ellos lo ven, Dios hará alguna especie de milagro con ellos, de manera que dejarán de pecar, en el momento en que Él los lleve al Reino. Este es un concepto contra el cual Ellen White dejó fuertes advertencias:

"Los caracteres formados en esta vida determinarán el destino futuro. Cuando Cristo venga, Él no cambiará el carácter de ningún individuo".[36]

"(Satanás) está constantemente buscando engañar a los seguidores de Cristo con su fatal sofisma de que es imposible que ellos puedan vencer".[37]

"Que nadie diga, no puedo remediar mis defectos de carácter. Si usted llega a esta decisión, ciertamente fallará en obtener la vida eterna".[38]

No debiera ser una gran sorpresa para nosotros, entonces, cuando observamos que dentro de muy poco tiempo, así como van las tendencias teológicas, el aparecimiento entre los Adventistas del Séptimo Día de la idea Calvinística de que Cristo tomó la naturaleza no caída de Adán fue seguida por el aparecimiento entre nosotros de la idea Calvinística de que es imposible que el hombre deje de pecar. Causa y efecto son inexorables en la teología, como en cualquier otro campo.

Encerremos entonces esta sección con un apelo para que alguien escriba una disertación doctoral sobre las inter-relaciones de la Cristología y la Soteriología en los escritos de Ellen White. Hay mucho más material disponible. Su declaración clásica, que aparece en tantos lugares que he desistido de contarlos, dice más o menos así:

La majestad (Rey, Príncipe, Comandante) del Cielo dejó (descendió de) Su trono real, y dejando a un lado (despojándose a Sí mismo o, removiendo, etc.) Su manto real, vistió (se colocó, veló, cubrió, etc.) Su divinidad con humanidad (a menudo humanidad caída) y obedeció perfectamente a la santa ley de Dios, para mostrar (demostrar, probar, etc.) que el hombre caído, usando los mismos métodos que Él usó (fe, confianza, dependencia de Dios) pueden hacer exactamente la misma cosa.

Entonces, ¿qué diferencia hace si Cristo vino en la naturaleza no caída de Adán o en la naturaleza caída del hombre? Hace toda la diferencia, mi querido hermano.

Aquello que Él no asumió, Él no lo ha sanado.

La inevitable unión entre la naturaleza de Cristo y la obra salvadora de Cristo es admitida por personas virtualmente de todos los lados en este presente análisis. Testifique la siguiente predicción, que fue escrita en el año 1964, por - ¿está usted preparado para esto? - Robert Brinsmead:

"Aquellos que enseñan que Cristo tomó una naturaleza humana superior llegan a la conclusión lógica de que es imposible para el resto de la humanidad obedecer perfectamente la ley de Jehová en sus vidas... Aquellos que aceptan este "nuevo punto de vista" de la Encarnación, lógicamente se colocan al lado de Satanás en el gran conflicto sobre la ley, afirmando que Dios no ha hecho provisión para que nosotros le obedezcamos. Si el pueblo de Dios acepta este engaño, entonces no habrá un mensaje del tercer ángel, no habrá sellamiento de los santos, no habrá un término del misterio de Dios, no habrá una purificación del santuario, no habrá una comunidad de los santos preparada para vivir sin un Mediador, no habrá frutos de la cosecha, y no habrá un pueblo listo para la traslación, por lo menos tanto cuanto ellos están preocupados (envueltos).

Ellen White vio que Dios tenía tres pasos en la plataforma de la verdad (PE:258). Satanás ha retirado tres pasos de la plataforma. El primer paso es la enseñanza de que Cristo tomó la naturaleza humana del hombre tal como ésta era antes de la caída. Esto lleva al segundo paso - a la enseñanza de que el hombre no puede encontrar gracia para obedecer perfectamente la ley de Dios en su vida. Esto llevará inevitablemente al tercer paso - abandonar el Sábado. Este último paso tiene que seguir lógicamente la premisa original, porque será concedido que no podemos obedecer toda la ley todo el tiempo, entonces no hay punto en el Sábado que sea una prueba.[39]

No debiéramos dejar este tópico sin dirigir la atención de los estudiantes nuevamente al testimonio de Jones y Waggoner, los líderes del énfasis sobre la Justificación por la Fe en la Conferencia General de 1888. Ellos, con Prescott, sobrepasaron a muchos de sus contemporáneos en la profundidad y en la claridad de sus convicciones acerca de la salvación a través de la justicia de Cristo.

Ellos no fueron menos enfáticos y elocuentes en su enseñanza de que nuestro Señor vino a esta tierra en la naturaleza humana caída del hombre. La íntima conexión entre la naturaleza de Cristo y la obra salvadora de Cristo, fue claramente percibida y enérgicamente enseñada por estos tres líderes leales a la historia del Adventismo.

Lo mismo parece ser verdad en virtualmente todos aquellos que escribieron para nuestros diarios. Mientras deben haber habido hombres en el campo que pueden haber sido caracterizados por el lamento de Ellen White:

"Ha predicado la ley sin Cristo hasta que nuestros espíritus están tan secos como los montes de Gilboa", no hemos encontrado ninguna evidencia de que estas personas hayan escrito algún trabajo para nuestros diarios.

Algunos han aplicado esta declaración en lamentables generalizaciones que parecen atribuir esta deficiencia a toda nuestra iglesia. Yo recomendaría urgentemente que todas estas personas gasten algunas horas en los archivos, donde nosotros hemos pasado muchos días. Yo creo que emergerían con un entendimiento aumentado de la fe de nuestros padres, y una apreciación y un respeto más profundo por sus realizaciones (conclusiones).

La brillante luz del evangelio de la justificación por la fe en Cristo brilla desde esas páginas con un brillo que no se puede ocultar, y en toda nuestra investigación no encontramos un único artículo donde los "Montes de Gilboa" de Ellen White pudiesen ser aplicados.

Nuestra conclusión es que aquellos que describen muy a la rápida nuestra iglesia primitiva como "legalista" no han tenido el privilegio de examinar la evidencia publicada.

Notas:

  1. Johnson, pág. 129.
  2. Nota del traductor: Gregorio vivió entre 329-390; Padre de la iglesia, teólogo de Capadocia; fue el mejor orador sagrado de su época; son célebres sus sermones, modelos de oratoria.
  3. Ellen White, Review and Herald, 19-04-1870.
  4. Ellen White, Signs of the Times, 24-11-1887.
  5. Ellen White, Review and Herald, 01-10-1889.
  6. Ellen White, Signs of the Times, 30-09-1890.
  7. Ellen White, Signs of the Times, 11-01-1883.
  8. Alonzo T. Jones, Signs of the Times, 29-10-1896.
  9. Ellen White, Signs of the Times, 01-04-1897.
  10. Uriah Smith, Looking Unto Jesus, pág. 23.
  11. F. D. Nichol, Review and Herald, 01-03-1923.
  12. Ellen White, Review and Herald, 06-05-1875.
  13. Ellen White, Review and Herald, 06-05-1875.
  14. Ellen White, Review and Herald, 25-05-1886.
  15. Ellen White, Review and Herald, 11-12-1888.
  16. Ellen White, Signs of the Times, 23-09-1889.
  17. Ellen White, Review and Herald, 15-06-1891.
  18. Ellen White, Signs of the Times, 17-06-1897.
  19. Ellen White, Signs of the Times, 24-11-1887.
  20. Ellen White, Signs of the Times, 24-08-1891.
  21. T. M. French, Review and Herald, 15-07-1937.
  22. Ellen White, Signs of the Times, 18-04-1892.
  23. Stephen Haskell, Signs of the Times, 28-05-1896.
  24. Ellen White, Signs of the Times, 13-10-1898.
  25. Folleto de la Escuela Sabática, Segundo Trimestre, 1909, pág. 8.
  26. Folleto de la Escuela Sabática, Primer Trimestre, 1913, pág. 14.
  27. Asa T. Robinson, Review and Herald, 20-12-1923.
  28. J. E. Evans, Review and Herald, 24-03-1896.
  29. C. P. Bollman, Review and Herald, 31-01-1918.
  30. Ellen White, Signs of the Times, 03-12-1902.
  31. Ellen White, Review and Herald, 24-02-1874.
  32. Ellen White, Review and Herald, 31-12-1872.
  33. A. R. Bell, Signs of the Times, 11-11-1930.
  34. J. C. Stevens, Signs of the Times, 05-08-1941.
  35. Ellen White, 1MS:268.
  36. 4T:429.
  37. CS:489.
  38. PVGM:331.
  39. "La Encarnación de Cristo", La Naturaleza Humana de Adán versus la Naturaleza Humana Caída, pág. 7-8; Este libro me fue otorgado por Robert Wieland.