La Palabra se Hizo Carne

Capítulo 24

¿Qué Podemos Hacer Ahora?

Parece que hay culpa suficiente para cada uno. ¿Qué le diremos ahora al mundo? Es poco probable que los líderes mundiales Adventistas del Séptimo Día puedan lidiar razonablemente con un problema de esta magnitud, efectuando la tradicional declaración erudita de que no "estamos confortables" con las inclusiones hechas por el Dr. Froom. La seriedad y el alcance del mal entendido que ha sido creado, pareciera requerir un anuncio de que mientras reconocemos que el Dr. Froom y sus compañeros colocaron delante del mundo una declaración que ellos creían que estaba correcta, no obstante al continuar investigando y buscando han encontrado que sus conclusiones son insostenibles.

¿Qué le dirá el Dr. Martin al mundo? No presumiremos en hablar por él, pero parece ser algún tipo de declaración correctiva sería lo indicado. ¿Volvería entonces él a catalogar a los Adventistas del Séptimo Día como una secta? Esa pregunta tiene que ser resuelta en su propia conciencia. De mi parte, debo confesar que mis poderes de comprensión no son iguales al desafío de entender el pensamiento de un teólogo que leerá los siguientes versículos de la Biblia y entonces denunciará a los miembros de un grupo cristiano que desean aceptarlos tal cual como ellos están escritos, sin enmiendas, como una secta. (todos los énfasis en las declaraciones son míos).

"En relación a Su Hijo Jesús Cristo nuestro Señor, el cual fue hecho de la simiente de David de acuerdo con la carne". (Rom. 1:3)

"... Dios, enviando Su propio Hijo en semejanza de carne pecaminosa...". (Rom. 8:3)

"Porque tanto el que santifica como los que son santificados son todos de uno; por cuya causa Él no se avergüenza de llamarlos hermanos". (Heb. 2:11)

"Porque así como los hijos son participantes de carne y sangre, Él también semejantemente tomó parte de lo mismo...". (Heb. 2:14)"

... Él tomó sobre Sí la simiente de Abrahán". (Heb. 2:16)

"Por lo cual en todas las cosas debía ser hecho como Sus hermanos...". (Heb. 2:17)

"Porque no tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda ser tocado con el sentimiento de nuestras enfermedades, sino que en todos los puntos fue tentado, así como lo somos nosotros...". (Heb. 4:15)

"... fue hecho semejante a los hombres". (Fil. 2:7)

Aquellos que cuestionan si lo que Pablo está diciendo en (Rom. 8:3), en semejanza de carne pecaminosa, puede significar solamente una semejanza aparente y no una semejanza real, debieran ponderar cuidadosamente los resultados de aplicar consistentemente ese principio interpretativo a (Fil. 2:7). La batalla de la iglesia con esta pregunta en las controversias cristológicas de los primeros siglos de la era cristiana y con los últimos, rechaza firmemente la idea de una semejanza aparente y no real, y la cataloga como una cristología faltosa, resultante de un entendimiento errado de la palabra "semejante" que Pablo usa, y que no es compatible con la genuina fe cristiana. ¿Debiéramos aceptar agradecidos el principio interpretativo, de que la palabra griega "homóioma" significa una semejanza real y no solamente aparente, tal como lo vemos en (Fil. 2:7), y después rechazar el mismo principio, tal como lo vemos en (Rom. 8:3)?

La conclusión de que estos versos pudieran ser adecuadamente entendidos como queriendo significar que Cristo vino a la tierra en la naturaleza del hombre caído, en vez de hacerlo en la naturaleza no caída de Adán, no me parece ser una conclusión irrazonable, sino más bien una conclusión sectaria. Pero yo debo vivir con mi conciencia y dejar a otros que vivan con la suya.

¿Y qué debiera decirle la actual generación de Adventistas del Séptimo Día al mundo? Podemos evitar el dirigir una responsabilidad primaria declarando que nosotros no hicimos parte de las discusiones originales ni de sus conclusiones. ¿Pero cuál es nuestra responsabilidad ahora?

Corriendo el riesgo de ofender a los lectores no adventistas de este libro, me gustaría colocar una ilustración que yo creo que tendrá un significado para mis lectores Adventistas. Cuando nosotros Adventistas analizamos nuestra forma de entender el Sábado con los no adventistas, una de las preguntas que más comúnmente aparece es esta:

¿Y qué sucede con mi abuelo (o abuela, o padre, o madre, etc.)? Él (ella) fue un cristiano sincero, pero no guardó el Sábado. ¿Qué sucederá con él (ella)?

Muchas veces, hemos respondido la pregunta con una ilustración que es muy antigua, pero que aún es efectiva. Es más o menos así: Supongamos que su abuelo posee un negocio, y que en un lugar apropiado tiene un metro marcado sobre el mostrador, para vender sus géneros. Él ha vendido géneros de acuerdo con ese metro, durante los últimos veinte años. Entonces usted mismo entra a trabajar con él y vende géneros por otros diez años. Pero un día una cliente vuelve al negocio y se queja diciendo que el metro de género que ella le compró a usted, tiene solamente 95 centímetros y no un metro, como debiera tener.

Usted se indigna. Usted argumenta, con sentimiento, que su abuelo ha vendido géneros de acuerdo con ese metro durante 20 años, y que usted mismo lo ha hecho por otros 10 años, y que nunca, nadie, ha hecho tal reclamación antes. La cliente responde que ella no está impugnando la integridad moral ni de su abuelo ni la suya, sino que ella apreciaría que usted verificara si la marca que está sobre el mostrador es realmente un metro.

Entonces usted trae un metro desde otro lugar del negocio, lo pone sobre la marca del mostrador, y se lleva una tremenda sorpresa. Es verdad. ¡La marca sobre el mostrador tiene solamente 95 centímetros! El carpintero que colocó esa marca aparentemente cometió un grave error. Y ahora nosotros preguntamos:

¿Fue su abuelo culpable? No. Él nunca lo supo.

¿Es usted culpable? No. Usted no sabía.

Pero ahora, ¿cuál es su responsabilidad? ¿Cuántos centímetros más puede usted vender sin ser culpable?

La respuesta evidente salta inmediatamente. Ningún centímetro. Ni un único centímetro.

Tal como yo lo veo, las responsabilidades actuales de la comunidad de eruditos Adventistas del Séptimo Día son estas:

1.- Verificación de los descubrimientos de este trabajo. Las conclusiones de una persona no debieran ser aceptadas sin hacer preguntas, aun cuando estas sean mis conclusiones, a menos que corramos el riesgo de repetir la misma experiencia deplorable con la cual nos confrontamos ahora. Para facilitar este trabajo, he sido cuidadoso en incluir los números de las columnas de las revistas en mi documentación. Creo que el proceso de verificación puede así ser hecho en un tiempo relativamente corto.

2.- Cuando estos descubrimientos hayan sido verificados, debiera ser presentada una adecuada declaración correctiva al mundo.

3.- Debiera ser llevado a cabo un extenso proceso de re-educación dentro de la iglesia Adventista, sin demora. Las dimensiones de este problema están indicadas por el hecho de que la declaración errada fue primeramente preparada y publicada por profesores de seminario, y que ellos y sus sucesores la presentaron a los estudiantes, los cuales ahora la están enseñando en los Adventistas del Séptimo Día y la están predicando en las Iglesias Adventistas del Séptimo Día. De esta manera la confusión se ha complicado aún más. Pero yo creo que una adecuada corrección pudiera ser hecha dentro de un tiempo relativamente corto. Han transcurrido casi treinta años, hasta que hemos llegado al actual estado de tensión. Yo dudo que sean necesarios más de uno o dos años para dejar todo en orden nuevamente. Nuestros miembros de iglesias, hablando en forma general, no han sido cogidos por este mal entendido en comparación con lo que lo han sido nuestras comunidades en seminarios y colegios.

Pero será necesario que nosotros nos enfrentemos a una pregunta respetable: ¿Somos nosotros capaces de admitir de que se ha cometido un error? La naturaleza humana retrocede ante una responsabilidad semejante.

Consideremos, mientras luchamos con esta pregunta, el ejemplo de algunos de los líderes judíos del tiempo de Cristo. De acuerdo con un análisis de Ellen White, ellos primero rechazaron la historia del pastor relacionada con el nacimiento de Jesús, de sus convicciones, creyendo que no era verdad. Pero eventos posteriores los convencieron que tenía que ser verdad. Sin embargo, en vez de aceptar la humillación de admitir de que habían cometido un error, ellos escogieron crucificar a Cristo. Los seres humanos pueden llegar hasta eso, tratando de proteger sus reputaciones.

¿Somos capaces de admitir un error?

Piénselo, hermano catedrático, hermano profesor, hermano predicador. Piénselo.

Comentarios Especiales Para Miembros de Iglesia.-

Si ustedes que son miembros de la Iglesia Adventista del Séptimo Día están convencidos, como lo estoy yo, que la situación que tenemos por delante necesita ser corregida, por favor reflexione conmigo en relación a la manera en la cual la corrección pudiera ser llevada a cabo.

¿Podemos esperar que nuestros administradores tomen la delantera? Realmente no. Ellos son como los jinetes que llegan al círculo del circo colocando sus pies sobre las ancas de dos caballos diferentes. Naturalmente, su mayor preocupación es que ambos caballos permanezcan unidos. Iniciar una acción que ellos puedan identificar como peligrosa para la unidad de la iglesia, sería muy difícil para ellos.

¿Y nuestros pastores de iglesias? Ellos están entre una roca y un lugar duro. Aun cuando ellos puedan estar convencidos por las evidencias de que es necesaria una corrección, ellos también saben que si ellos tratan de iniciar un cambio sin un apoyo administrativo, ellos serán marcados como "problemáticos" y "divisivos", y esto puede ser un suicidio profesional.

¿Y nuestros educadores? De todos nuestros obreros, estos son los que están más envueltos en el problema. El error les fue transmitido a través de canales académicos, aparentemente con la aprobación administrativa. Ellos lo han traspasado a sus estudiantes. Los administradores y pastores tal vez puedan estar a un lado del problema, pero los educadores no pueden estarlo. Sus estudiantes colocan preguntas que ellos tienen que responder, y así ellos han hecho declaraciones públicas y por escrito, defendiendo Preguntas Sobre Doctrinas. Sería profundamente embarazoso para ellos retractarse ahora de esa posición.

Bien, ¿y quién más queda?

Usted.

Usted tiene libertad de acción. Usted no está impedido por las restricciones organizacionales que limitan las libertades de nuestros obreros contratados. Mi esperanza está en usted. Nuestra organización es democrática, y todos debiéramos movernos en forma unida.

A medida que voy escribiendo estas palabras (Marzo de 1986), el pueblo de Filipinas le ha mostrado al mundo un impresionante ejemplo de lo que se puede obtener a través de la opinión pública. No me entienda mal. No estoy sugiriendo que alguien vaya a la calle y comience a gritar por un cambio en el liderazgo, ya que esto no produciría ningún efecto. Pocos, si es que aparecen algunos, administradores estarían dispuestos a mover sus posiciones muy lejos de sus personas en un asunto de esta naturaleza.

¿Y qué podemos hacer entonces?

Educar, educar, educar (5T:590). La evidencia habla por sí sola. No es necesario un argumento. Ningún catedrático se atrevería a defender el procedimiento irregular en las declaraciones de Preguntas Sobre Doctrinas acerca de la humanidad de Jesús, y los registros de la historia no pueden ser negados. Nuestro problema es simplemente que no hemos sabido estas cosas. Hemos centralizado nuestra atención en los pensamientos de Calvino y Lutero y hemos negado nuestra propia historia teológica.

Y por favor, mi querido hermano, no entretenga sospechas de que el problema que tenemos por delante es una falta de integridad o de sinceridad. En el verano de 1985, un ministro Adventista de Australia habló en un seminario de la iglesia de Filipinas, donde yo estaba enseñando. Un estudiante le preguntó qué era lo que los ministros en Australia estaban enseñando en relación a la naturaleza de Cristo. A medida que escuchaba su respuesta, entendí que si la misma pregunta me hubiese sido hecha a mí diez años antes, yo habría dado exactamente la misma respuesta que él estaba dando. En efecto, él dijo:

Si usted quiere saber lo que estamos enseñando acerca de la naturaleza de Cristo, vea Preguntas Sobre Doctrinas.

Diez años antes, yo habría dado exactamente la misma respuesta. El punto que yo estoy tratando de establecer es este: hasta donde yo soy capaz de juzgar, yo no estaba siendo menos honrado ni menos sincero hace diez años atrás, de lo que lo soy hoy en día. Mi problema no era falta de sinceridad. Fue falta de información. Yo no me había dado ninguna oportunidad para examinar la evidencia. Yo creo que lo mismo es verdad en la mayoría de mis queridos obreros en la iglesia Adventista. No sospechemos, ni mucho menos nos acusemos, de no ser sinceros entre nosotros. Habiendo completado 40 años de servicio a la iglesia Adventista, quiero declarar aquí con convicción de que yo veo a los "obreros" de la Iglesia Adventista del Séptimo Día como siendo los individuos más sinceros y más dedicados que puedan ser encontrados en el mundo hoy en día. He contado como un privilegio vivir y trabajar entre ellos.

Entonces eduquemos, eduquemos, eduquemos. Dejemos que la evidencia hable por sí misma. Trate de evitar la argumentación. Cuando haya leído este libro, compártalo con alguien más. Emprésteselo a su pastor, y hágale saber cuántos queridos miembros están tan preocupados como usted lo está en relación a la pureza de nuestra fe. Deje que la evidencia trabaje como una levadura a través de toda nuestra iglesia. Cuando suficientes personas hayan visto la evidencia, podemos estar seguros que las cosas correctas serán hechas. No necesitamos entretejer dudas acerca de eso.

Yo estoy optimista acerca de esto. Yo creo que nuestra iglesia irá a corregir su curso y se encaminará para cumplir el destino que Dios le ha ordenado. He tenido la temeridad de predecir de que habrán por lo menos 100 millones de Adventistas del Séptimo Día esperando a nuestro Señor cuando Él venga. Pero ese es otro asunto. ¡Tengamos coraje en el Señor!