Ha Habido Una Voz Entre Nosotros
Hemos visto que existió un relacionamiento casi simbiótico entre los escritos de Ellen White y los escritos de nuestros líderes, a través de la mayor parte de la historia de nuestra iglesia. Lo que ella escribió ellos lo creían. Ellos lo internalizaban, se apropiaban de ello, y lo expresaban de nuevo en sus propios escritos. Hubo una voz entre ellos que era más que humana, y ellos estaban convencidos de eso. Transmitía mensajes enviados a ellos en infinita misericordia provenientes del Dios vivo y amante. Ellos se regocijaban que esa voz estuviese entre ellos. Ellos volvían a contar alegremente las pruebas de la iglesia en las cuales la voz los había guiado a ultrapasar con seguridad. Ellos se consideraron a sí mismos como los más privilegiados de todos los grupos religiosos, porque la voz estaba entre ellos.
Ellos no mal interpretaron las advertencias acerca del uso de los dones espirituales. Ellos reconocieron que los consejos del Espíritu de Profecía serían de ningún significado para aquellos que no entendiesen la doctrina bíblica de los dones espirituales, pero ellos usaron los consejos libremente como una ayuda para entender su propia teología.
Cuando terminaba la preparación de este manuscrito para su publicación, he vuelto nuevamente a los Estados Unidos, de un término de servicio en ultramar, y he sido privilegiado al ver un vídeo de un análisis antiguo entre el Dr. Walter Martin y el Dr. William Johnson, en el programa Ankerberg. Dos impresiones diferentes han permanecido en mí: primera, se me ha recordado nuevamente el principio de que los debates se ganan usando trampas, y no por la evidencia. Espero encontrar tiempo para escribir más a respecto de eso. Segunda, me puse muy triste por el espectáculo que el teólogo hizo con la pregunta:
¿Usted cree que Ellen White es infalible?
Pidiendo repetidamente una respuesta.
¿Sería posible que no haya habido ningún teólogo en esta tierra que no sepa que la palabra infalible puede ser correctamente aplicado solamente a Dios? Ningún ser humano que haya vivido sobre esta tierra ha sido infalible. Ningún ser humano será nunca infalible. Si algún mensajero inspirado ya sea del Antiguo Testamento o del Nuevo Testamento fuese desafiado con la pregunta: ¿Es usted infalible?, él habría respondido simplemente: "No". Y basar la aceptación o rechazo de sus mensajes en su respuesta a esa pregunta, sería establecer un nuevo nivel de lo absurdo.
La pregunta importante y relevante es si los profetas de la Biblia y/o Ellen White dijeron la verdad cuando informaron que Dios les había dado información para ser compartida con nosotros. Yo creo que hay abundante abundancia para probar que tanto los profetas de la Biblia y Ellen White dijeron la verdad. Dejemos que otros los desafíen con la pregunta: ¿Es usted infalible? Si acaso así lo desean. Yo preferiría no tener ninguna participación en tales absurdos.
Cuando yo era un muchacho en crecimiento, mi padre a veces me enviaba mensajes los cuales eran entregados por mi hermana mayor. En algunas ocasiones yo respondí un poco descuidadamente, haciéndole la pregunta desafiante a mi hermana: ¿Eres tú el jefe?
Ella me miraba pensativamente y decía: "Ya veremos acerca de eso". De esta manera yo aprendí algunas cosas: (1) A mi padre no le gustó la sugestión de que si él tenía algo que decirme, él mismo tendría que entregarme el mensaje personalmente. Parecía que él sentía que estaba dentro de los límites de sus prerrogativas el hacer uso de un mensajero si a él se le ocurría que así podía ser. (2) Mi padre fue aún menos simpático con mi desafiante pregunta hecha al mensajero: ¿Eres tú el jefe? Él tenía unas palabras para esto. Él las llamaba una pregunta "experta tipo Alec". Él desalentaba fuertemente el uso de esas preguntas. Yo estimo conveniente prestar atención a su consejo.
También estimo conveniente prestar atención a lo que Dios escogió para decirme a través de un mensajero escogido. Yo no voy a cuestionar Su derecho de usar un mensajero, ni tampoco voy a tratar de restringirlo en relación a la materia contenida en el mensaje. Estas son Sus prerrogativas, no mías. Y yo ciertamente no voy a desafiar al mensajero con una pregunta "experta tipo Alec" diciéndole: "¿Es usted infalible?".
Existen preguntas válidas para hacérselas a los mensajeros. Es conveniente esperar que todos los mensajeros, que tienen mensajes importantes, tengan credenciales, con las cuales puedan "certificar" que sus mensajes provienen de Dios. Esto incluiría: (1) La no contradicción con otros mensajes de mensajeros credenciados anteriormente; (2) Pureza ética y moral; (3) Evidencia de influencias sobrenaturales; (4) Consistencia; (5) Precisión de la predicción, etc.
La lista podría aumentar, pero ya ha quedado suficientemente limitada. Pocos, si es que existen algunos, de los mensajeros autoproclamados de nuestra era podrían siquiera alcanzar estas calificaciones.
Ellen White podía y lo hizo. Los primeros Adventistas se preocuparon primero con sus credenciales, su certificación como mensajera de Dios. Cuando estuvieron satisfechos de que ella era una mensajera auténtica, ellos aceptaron con gratitud la información que ella les traspasó, viéndola como una luz de un mundo mejor.
Ellos no trataron, como algunos lo hacen hoy, de escribir una línea entre materias de fe y materias de procedimiento. Ni tampoco presumieron en decirle a Dios en qué materias Él debía enviarles información y en qué materias Él no debía hacerlo. Ellos dejaron eso a Su discreción.
Ellos tampoco inventaron doctrinas inverosímiles en relación a los grados de inspiración o de inspiración parcial, lo cual desafía todos los intentos de definición. ¿Cómo deberíamos leer un mensaje inspirado parcialmente? ¿Deberíamos relacionar párrafos alternados como inspirados y no inspirados? ¿O sentencias alternadas, o palabras alternadas? ¿Son acaso todas las palabras impares de una sentencia inspiradas, y todas las pares no inspiradas? ¿O viceversa? ¿Debiéramos dividir cada palabra con una línea horizontal y dejar la parte superior como siendo inspirada y la parte inferior como no inspirada? ¿O son aquellas partes del mensaje que concuerdan con mi manera de pensar inspiradas, y las otras partes no son inspiradas?
Aún no he encontrado una persona que estuviese preparada para darme una definición adecuada de lo que es inspiración parcial. ¿Usted ya la ha encontrado?
Ellen White apropiadamente desaconsejó todas esas tentativas inútiles. "Esta obra es de Dios o no lo es", dijo ella. "Los Testimonios son del Espíritu de Dios o entonces lo son del diablo".[1] Así ella reguló firmemente la posibilidad de que ellos pudiesen haber sido de su propia mente.
Yo puedo entender cómo personas inspiradas pueden dar diferentes cometidos. Isaías no fue enviado a Nínive. A Jeremías no le fue dado el objetivo de construir un arca. Ellen White, juntamente con los profetas Gad e Ido y la hija de Felipe el evangelista (y otros) no les fue asignado el objetivo de adicionar porciones a la Biblia. Pero cada uno tuvo su propia tarea, y cada uno en el cumplimiento de esa tarea compartieron igualmente el don de la inspiración. Esto yo lo puedo entender. La inspiración parcial no la puedo ni definir ni entender.
Los primeros Adventistas aceptaron la información que Dios les enviaba a través de Sus mensajeros escogidos y fueron tremendamente beneficiados a través de su uso. Así podemos ser nosotros. Tal vez no sea una coincidencia que las áreas del mundo donde nuestra iglesia es más débil hoy día, sean también las áreas donde los mensajes de Ellen White son menos apreciados. Los primeros Adventistas mantuvieron los escritos de Ellen White en gran estima.
Pero en nuestro tiempo continuas demandas por una educación más avanzada han traído cambios. Más y más uso se hace del pensamiento de los teólogos, menos y menos de los inspirados consejos de los mensajeros escogidos por Dios para la iglesia remanente. No es inusual hoy en día, en los corredores de nuestras instituciones escolares, escuchar las siguientes protestas:
¡Ellen White no era una teóloga!
La validez de esta declaración tal vez dependa de una definición de lo que es un teólogo. ¿Decimos que ella no fue un teólogo porque ella no concurrió a ningún seminario teológico? Tampoco lo hizo Jesús, ni los apóstoles, ni los profetas.
¿Porque ella no obtuvo ningún grado teológico? Tampoco lo hizo Jesús, ni los apóstoles, ni los profetas.
¿Porque ella no analizó religión en términos estudiados, abstractos o filosóficos? Tampoco lo hizo Jesús, ni los apóstoles, ni los profetas. (De los doce apóstoles originales, yo exceptúo al apóstol Pablo, el cual era altamente educado).
¿Porque ella no fue aceptada como una teóloga por los teólogos de su tiempo? Tampoco lo hizo Jesús, ni los apóstoles, ni los profetas.
¿Cuántos, podemos suponer, de los hombres que escribieron las Escrituras serían admitidos como miembros de sus selectas fraternidades por los teólogos de los tiempos modernos?
¿Moisés, Isaías y Pablo? Probablemente. ¿Daniel y Juan? Posiblemente. Ciertamente Marcos no estaría entre los escogidos. Probablemente tampoco Mateo ni Lucas. ¿Pedro? Bien, tal vez si, tal vez no. ¿Amos, Oseas, Joel? Usted debe estar jugando.
Pero dijeron la verdad acerca de Dios. Y así lo hizo Ellen White. Su entendimiento de la voluntad de Dios y el propósito para Su pueblo fue insuperable. Su conocimiento de la escritura era profundo.
En lo que a mí respecta, Ellen White es la mejor teóloga que el mundo ha visto después del apóstol Pablo, por la simple razón de que ella es la primera teóloga inspirada que el mundo ha visto después del apóstol Pablo. Calvino, Lutero, Wesley, etc., hicieron sus grandes contribuciones y también cometieron grandes errores. Ella de alguna manera evitó sus errores y dio un testimonio solamente en la pureza de la verdad.
La fragilidad de una compilación, como esta, es su brevedad. El estudiante que tome el tiempo para estudiar las citas aquí presentadas, en su contexto, las encontrará apoyadas por un grande e introspectivo uso de las Escrituras. Los puntos de vista cristológicos de Ellen White no eran extra bíblicos. Ellos eran enfáticamente guiados y basados en las Escrituras.
Ella misma fue advertida, y pasó la advertencia para nosotros, de que "El último gran engaño de Satanás, será el de hacer con que los testimonios del espíritu de Dios no tengan ningún efecto".[2]
Yo invito al estudiante, a comparar el uso hecho de sus escritos por aquellos que están promoviendo doctrinas Calvinistas entre nosotros, con la declaración anterior, y entonces saque sus propias conclusiones.
Ha habido una voz entre nosotros, y esa voz aún puede ser escuchada, tal vez no tan claramente como una vez lo fue. Pero si queremos escuchar, aquella suave y persistente voz, ella nos sacará del desierto de la confusión, en el cual nos encontramos en estos momentos.
"La naturaleza de Dios, cuya ley ha sido transgredida, y la naturaleza de Adán, el transgresor, se juntaron en Jesús, el Hijo de Dios, y el Hijo del hombre".[3]
Notas: