La Palabra se Hizo Carne

Apéndice B

Un Análisis de la Carta Baker

¿Cuáles eran los problemas en la experiencia del pastor W. L. H. Baker que hizo necesaria la carta con consejos por parte de Ellen White?

En relación a los consejos profesionales prácticos que ocupan la mayor parte de la carta, no necesitamos especular, porque ella le dijo a Baker:

Usted estaba deprimido y sintiéndose desanimado... Usted está considerando su trabajo casi como una falla...

Pero los intérpretes de Ellen White aparentemente sintieron que sus dos y pocas páginas de consejos cristológicos a Baker, no incluyeron una adecuada declaración del problema, de tal manera que se aventuraron a suplirle uno a ella. En esencia sería así:

Usted ha estado errando creyendo que Cristo vino a la tierra en la naturaleza humana caída del hombre.

Yo estoy sugiriendo que este esfuerzo, aun cuando sea bien intencionado, era totalmente desnecesario. Yo creo que la misma declaración de Ellen White sobre el problema es abundantemente clara y satisfactoria. Ella escribió:

Que cada ser humano esté alertado del terreno de hacer a Cristo totalmente humano, tal como uno de nosotros.

Tratemos de internalizar completamente esta declaración tomando cuidado que ninguna exégesis (colocando nuestro significado en el texto) sea mezclada con nuestra exégesis (obtener el significado del escritor del texto). Los siguientes puntos parecen estar fuera de cuestionamiento:

a) El mensaje es entendido como una advertencia.

b) La advertencia, aun cuando primariamente sea dirigida a Baker, es amplia como para incluir "cada ser humano".

c) El asunto principal de la advertencia es cristología, la doctrina de Cristo.

d) La advertencia no está limitada en su redacción ni a la naturaleza humana de Cristo ni a la naturaleza divina de Cristo. La escritora está hablando de Cristo en Su totalidad, el Cristo completo, el Cristo entero, el Salvador divino humano que es tanto Dios como hombre. Esto queda claro en la redacción de la sentencia misma, y por el contexto, en el cual se aconseja tener cuidado a menos que nosotros

... perdamos o oscurezcamos las claras percepciones de Su humanidad así como fueron combinadas con Su divinidad. (énfasis mío).

e) El contenido específico de la advertencia es que seamos cuidadosos para no presentar a Cristo a las personas como

1.- Totalmente humano

2.- Como uno de nosotros mismos.

Esta advertencia sigue muy de cerca las declaraciones de que el nacimiento de Cristo fue un milagro de Dios, y que la descripción de la Biblia de Cristo como Hijo de Dios no puede ser aplicada a ningún ser humano, a no ser a Cristo.

¿Necesitamos destacar que no existe espacio para una naturaleza divina en un Cristo que es totalmente humano?

¿Necesitamos destacar que no existe espacio para una naturaleza divina en un Cristo que en Su totalidad es como uno de nosotros mismos?

¿Por qué tenemos dificultades en reconocer que la advertencia de Ellen White a Baker era la de tomar cuidado en su fuerte énfasis en la humanidad de Cristo, lo cual hacía con que sus oyentes perdiesen de vista de la igualmente importante divinidad de Cristo, y de llegar a la conclusión de que pudiera haber pecado en la vida de Cristo?[1]

¿Es nuestra indecisión en aceptar el significado obvio en relación a la advertencia de la escritora debido a que no conseguimos concebir de cualquier creyente cristiano de que pudo haber pecado en la vida de Cristo?

Realmente han habido muchos grandes cristianos que han creído de que pudo haber pecado en la vida de Cristo. Generalmente han sido clasificados en dos grupos:

A.- Los así llamados Modernistas en la última parte del siglo 19 y en los comienzos del siglo 20. (Este término ha caído grandemente en desuso y ha sido reemplazado por el término más general Liberal). Ellos enseñaban que descubrimientos científicos habían hecho con que el registro bíblico del milagroso nacimiento de Cristo algo insostenible, y veían a Cristo simplemente como un buen y gran hombre, pero no como el Hijo de Dios. Ellos no dudarían en conceder la posibilidad de pecado en la vida de Cristo (a menos que también nieguen la realidad del pecado, como algunos lo han hecho). Estas personas fueron vigorosamente enfrentadas por los líderes Adventistas de la época y también por otros cristianos conservadores. Ellos eran vistos como siendo los mayores enemigos de Cristo y del evangelio. Sería difícil concebir que Baker haya continuado en el ministerio Adventista si él hubiese abrazado las doctrinas de los Modernistas.

B.- Los Adopcionistas de la historia antigua de la iglesia. Estos eran un cuerpo significativo de cristianos que creían que Cristo comenzó Su vida terrestre como un ser totalmente humano, tal como uno de nosotros, pero que fue eventualmente adoptado para que sea el Hijo de Dios. Ellos no habrían estado pre-ocupados acerca del pecado en la vida de Cristo durante el periodo anterior a Su adopción. Sus opiniones se encuentran en los escritos de los Padres de la iglesia, en relación a lo cual Ellen White alertó a Baker.

Mi análisis de la carta Baker, presentado en las próximas páginas, me ha llevado a la conclusión que el Adopcionismo fue el error contra el cual Ellen White estaba alertando a Baker. Me parece que la construcción colocada sobre esta carta por los intérpretes de Ellen White es completamente artificial y extraña, una construcción que puede solamente ser hecha ignorando las propias claras declaraciones del problema.

Es de conocimiento común que los pioneros de la iglesia Adventista vinieron de una gran variedad de antecedentes religiosos y teológicos, y que después de la gran desilusión de 1844, ellos dedicaron mucho tiempo y estudio en el desarrollo de una plataforma de la verdad de la Biblia, sobre la cual ellos pudieran unirse. En sus primeras conferencias bíblicas, ellos llegaron a un entendimiento común en relación a la naturaleza de Dios, la naturaleza del hombre, el Sábado, la justificación por la fe, etc. Pero no llegaron, sin embargo, a resolver con éxito todas sus formas diferentes de entender la naturaleza de Cristo.

Arrianismo.-

Aun en el cambio de siglo habían algunas voces entre nosotros que eran partidarios, de diversas maneras, en limitar la divinidad de Cristo (LeRoy Edwin Froom, Movimiento de Destino, 1971, pág. 148-166). Estos puntos de vista, generalmente hablando, caen dentro de la categoría de lo que los teólogos han llamado Arrianismo, seguidores de un cierto Ario quien era un fuerte partidario de opiniones similares en las grandes controversias cristológicas del cuarto siglo.[2]

De acuerdo con Ario, y de aquellos que apoyan su pensamiento, Cristo no tuvo una coexistencia con el Padre en algún punto en el tiempo, antes de la historia de este mundo. Cristo era visto como el mayor y el más supremo de los seres creados por Dios. De tal manera que Él no era "realmente Dios del Dios verdadero", sino que una forma inferior y menor de deidad.

Ellen White no usó el término técnico Arrianismo, pero ella testificó de la eterna deidad de Cristo en su gran obra El Deseado de Todas las Gentes de tal manera que los errores cristológicos específicos del Arrianismo fueron indudablemente rechazados. Así:

Desde los días de la eternidad el Señor Jesús Cristo era uno con el Padre...[3]

El nombre de Dios, dado a Moisés para expresar la idea de la presencia eterna, había sido afirmado como Suyo por el Rabino de Galilea. Él se había anunciado a Sí mismo como aquel auto-existente...[4]

En Cristo hay vida, original, no emprestada, no derivada.[5]

A la luz de estos claros testimonios, los errores cristológicos Arrianos se desvanecieron gradualmente, y dudo que exista algún estudiante Adventista del Séptimo Día que aun crea que Cristo fue un ser creado.

Adopcionismo.-

De la misma manera, sin identificar el error cristológico por su nombre técnico específico, Ellen White encontró la oportunidad para refutar los principios del Adopcionismo. Este era un punto de vista que creía que Cristo no era el Hijo de Dios al nacer, ni durante la primera fase de Su vida terrestre, sino que se hizo el Hijo de Dios por adopción. Esta idea fue enseñada en Roma durante los años 189-199 por un mercader de cueros de Bizancio llamado Teódoto.[6] Fue desarrollada y amplificada por Pablo de Samosata quien sirvió como Obispo de Antioquía desde el 260 hasta el 269. Debido a la fuerte influencia de Pablo, la opinión se hizo popular en las iglesias orientales y en las iglesias de Armenia, donde se mantuvo durante siglos.[7] En el siglo octavo fue sostenida por las iglesias occidentales por Elipando de España.[8]

Aun cuando habían matices de diferencias en los puntos de vista individuales entre los Adopcionistas, habían tres opiniones básicas que eran generalmente compartidas. La respuesta de Ellen White para una refutación de estas opiniones se encuentran no solamente en el Deseado de Todas las Gentes, sino que en un testimonio personal a W. L. H. Baker, un pastor que estuvo trabajando en el Distrito de Tasmania mientras Ellen White estaba viviendo en Australia y trabajando en el manuscrito del Deseado de Todas las Gentes.[9]

En esta interesante carta encontramos (1) una advertencia al pastor Baker acerca de gastar mucho tiempo leyendo, (2) una advertencia contra aceptar las tradiciones de los Padres (un término que cuando está escrito con mayúscula, como es el caso de la Carta, se refiere a los Padres de la iglesia) y (3) una advertencia acerca de enseñar teorías especulativas que no serían de beneficio para los miembros de la iglesia. Ella también presenta una refutación específica punto por punto de los errores del Adopcionismo.

I.- Punto de vista Adopcionista: Jesús no era el Hijo de Dios al nacer. Él nació de una mujer tal como lo hacen todos los hombres. Aun cuando Él pueda haber nacido de una virgen, este hecho no habría tenido ningún significado teológico. Él nació como hijo del hombre, no como el Hijo de Dios.

Ellen White le escribió a Baker:

Pero Jesús Cristo fue el unigénito Hijo de Dios... Su nacimiento fue un milagro de Dios; porque, dijo el ángel, "tú concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás Su nombre Jesús. Él será grande, y será llamado el Hijo del Altísimo: y el Señor Dios le dará el trono de su padre David; y él reinará sobre la casa de Jacob para siempre; y su reino no tendrá fin. Entonces le dijo María al ángel, ¿cómo podrá ser esto, si yo no he conocido un hombre? Y el ángel respondió y le dijo, el Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá: por ello aquella cosa santa que nacerá de ti será llamado el Hijo de Dios".

Estas palabras no se refieren a ningún ser humano, excepto el Hijo del Dios Infinito. Carta 8, 1895. (énfasis mío).

II.- Punto de vista Adopcionista: Jesús no era el Hijo de Dios durante la primera fase de Su existencia terrestre. Él fue un ser humano normal con exaltados conceptos de pureza y santidad, contra los cuales Él luchó heroicamente, pero Él no fue en ningún sentido divino. Durante esta fase de Su existencia, ya que Él era totalmente y exclusivamente humano, Él habría tenido las mismas propensiones a pecar, y manchas de corrupción, como la tienen todos los humanos. Él podría incluso haber sido vencido por la tentación y haber realmente pecado. Ninguna de estas cosas, en vista de Su heroica y continua lucha para alcanzar santidad, lo habrían descalificado en ser adoptado como Hijo de Dios en el clímax de Su progreso espiritual. Pablo de Samosata lo expresó así:

María no tuvo a la Palabra, porque María no existía antes de las edades. Sino que ella trajo un hombre a un nivel con nosotros mismos.[10]

Ellen White le escribió a Baker:

... que cada ser humano sea alertado del terreno de hacer a Cristo totalmente humano, tal como uno de nosotros mismos; porque no puede ser.

Nunca, de ninguna manera, deje la más mínima impresión sobre las mentes humanas de que una mancha de, o una inclinación a, corrupción hubo sobre Cristo, o de que Él de alguna manera cedió a la corrupción.

No Lo coloque delante de las personas como un hombre con propensiones a pecar.

Él pudo haber pecado, Él pudo haber caído, pero ni por un momento hubo en Él una propensión maligna.[11]

Esta expresión interesante, "ni por un momento" pareciera indicar que Ellen White estaba retrocediendo horrorizada debido al punto de vista anterior del Adopcionismo. Tal vez ellos pudiesen contemplar con ecuanimidad la posibilidad de propensiones malignas, corrupción, o aun pecado en la primera parte de la vida de Cristo, pero ella no podía hacerlo. Esto parece ser su preocupación principal en la carta al pastor Baker. En ella afirma varias veces que Cristo no pecó, mencionándolo en un total de diez veces, y condujo cuidadosamente la posibilidad aun de una única vez de ceder a la tentación por Su parte.

En ninguna ocasión hubo una respuesta a sus (de Satanás) múltiples tentaciones.[12]

III.- Punto de vista Adopcionista: Como un resultado de Su heroica lucha para alcanzar santidad, Jesús fue eventualmente adoptado para ser el Hijo de Dios. Habían diferentes opiniones en relación a cuándo sucedió esto. Algunos lo vieron como un proceso gradual, otros sienten que sucedió en el bautismo de Jesús, y aun otros en Su resurrección. Después de Su adopción, la humanidad se unió con la divinidad.

Ellen White le escribió a Baker:

El tiempo exacto cuando la humanidad se unió con la divinidad, no es necesario que nosotros lo conozcamos.[13]

Fuera de esta preciso y específico rechazo de los errores del Adopcionismo en su carta al pastor Baker, Ellen White se expandió en los temas de la divinidad y de la preexistencia de Cristo y de Su completa impecabilidad a través de toda Su vida en el Deseado de Todas las Gentes.

Algunos han estudiado la carta de Ellen White al pastor Baker, y, tal vez debido a una falta de familiaridad con los errores cristológicos del Adopcionismo que ella estaba rechazando tan fuertemente, han tenido dificultad con la expresión

... ni por un momento hubo en Él una propensión maligna.

Algunos han visto en esta evidencia que ella creía que Cristo asumió en Su encarnación la naturaleza de Adán antes de su caída. Otros, comparándola con sus comentarios al respecto en el Deseado de Todas las Gentes, han llegado a la infeliz conclusión de que ella hizo comentarios a ambos lados de ese caso en particular. Ninguna de las conclusiones es requerida por la evidencia. Una vez que se reconoce que la carta Baker es una refutación punto por punto del Adopcionismo, en el cual el pastor Baker aparentemente estaba envuelto a través de sus lecturas en la iglesia de los Padres, su línea de razonamiento en esa carta se hace cristalinamente claro. Y ciertamente no se nos requiere que usemos un fragmento de una carta personal a un pastor en Tasmania para compensar sus declaraciones en relación a la naturaleza humana de Cristo tal como se encuentran en el Deseado de Todas las Gentes, la cual claramente es su posición cristológica más clara y consciente enviada a todo el mundo. Hacer eso sería una hermenéutica cuestionable, para decir lo menos.

En relación a la naturaleza humana de Cristo, Ellen White, apartándose conscientemente de la cristología de la Reforma, tomó la misma posición que el teólogo suizo Karl Barth, y por la misma razón. Compare:

Karl Barth:

Carne (lo cual se hizo la Palabra) es la forma concreta de la naturaleza humana señalada (marcada) por la caída de Adán...

Pero no debe haber ningún debilitamiento ni oscurecimiento de la verdad salvadora de que la naturaleza que Dios asumió en Cristo es idéntica a nuestra naturaleza tal como la vemos a la luz de la caída. Si fuese de otra manera, ¿cómo podría Cristo ser realmente como nosotros? ¿Qué relación tendríamos con Él?

... Jesús no huyó del estado y de la situación del hombre caído, sino que la tomó sobre Sí mismo, la vivió y la llevó Él mismo como el eterno Hijo de Dios.[14]

Ellen White:

Habría sido casi una infinita humillación para el Hijo de Dios tomar la naturaleza humana, aun cuando Adán permaneció en su inocencia en el Edén. Pero Jesús aceptó la humanidad cuando la raza había sido debilitada por cuatro mil años de pecado.[15]

Y para elevar al hombre caído, Cristo tiene que alcanzarlo donde éste estaba. Él tomó la naturaleza humana, y llevó las enfermedades y la degeneración de la raza.[16]

Al tomar sobre Sí mismo la naturaleza del hombre en su condición caída, Cristo no participó en lo más mínimo en su pecado.[17]

Es la conclusión de este escritor que un uso cuidadoso de los principios hermenéuticos correctos harían imposible usar la carta Baker para compensar el libro el Deseado de Todas las Gentes. Una comparación de la naturaleza humana de Cristo con la naturaleza de Adán antes de la caída tan distinta de la naturaleza del hombre después de la caída, simplemente no fue el propósito de la escritora. Ella estaba aparentemente respondiendo a las necesidades de un problema completamente diferente, los infelices envolvimientos del pastor Baker con los errores cristológicos del Adopcionismo.

Y la evidencia ciertamente no requiere que acusemos a Ellen White de hablar a ambos lados del asunto en relación a la naturaleza humana de Cristo. Cuando los principios hermenéuticos apropiados son aplicados, sus escritos en ese particular son claros, consistentes, e inequívocos. Cualquiera y todas las tentativas para trazar una línea demarcatoria entre la naturaleza humana de Cristo y nuestra naturaleza humana puede ser destrozada a través de esta simple pero profunda declaración:

Justamente aquello que usted puede ser, Él lo fue en naturaleza humana.[18]

Notas:

  1. No nos olvidemos que esta advertencia está acompañada con por lo menos diez fuertes afirmaciones diciendo que Cristo nunca pecó, ni siquiera una única vez. Ver capítulo previo.
  2. Phillip Schaff, Historia de la Iglesia Cristiana, 1953, Volumen VIII, pág. 618-621.
  3. Página 19.
  4. Página 469.
  5. Página 530.
  6. Phillip Carrington, La Iglesia Cristiana Primitiva, 1957, Volumen II, pág. 415.
  7. Albert Henry Newman, Un Manual de la Historia de la Iglesia, 1933, Volumen II, pág. 379-380.
  8. H. R. Macintosh, La Persona de Jesús Cristo, 1962, pág. 223 y siguientes.
  9. Ellen White, Carta 8, 1895, no publicada. Sala del Patrimonio de la Librería de la Universidad de Loma Linda, California. Una parte aparece en el Comentario Bíblico Adventista del Séptimo Día, Washington, D. C., 1953, Volumen V, pág. 1128-1129.
  10. Newman, op. cit., Volumen K, pág. 199.
  11. Ídem.
  12. Ídem.
  13. Ídem.
  14. Karl Barth, Dogmatismos de la Iglesia, 1963, pág. 151-158.
  15. White, op. cit. , Pág. 49.
  16. White, Review and Herald, 28 de Julio de 1874.
  17. White, Comentario Bíblico Adventista del Séptimo Día, Volumen V, pág. 1131.
  18. Carta 106, 1896.