La Palabra se Hizo Carne

Apéndice C

¿Debiera Ser Adicionada la Doctrina del Pecado Original a la Teología ASD?

Ya que es de conocimiento común que la doctrina del pecado original de Agustín está siendo recomendada para ser adicionada a la teología de la iglesia Adventista del Séptimo Día, pareciera que un examen minucioso de esa doctrina debiera ser realizado por todos aquellos que comparten la preocupación por la pureza de la fe Adventista. Se requerirían muchos cambios en nuestra teología para poder adicionar la teología del pecado original, ya que la naturaleza de Dios, la naturaleza encarnada de Cristo, la naturaleza del hombre y la propia naturaleza de la salvación están envueltas en la doctrina Agustiniana.

Se requerirían cambios significativos en la querida doctrina de la justificación por la fe. El estudiante puede fácilmente verificar la cercana relación entre los conceptos del pecado original y la doctrina de la justificación de la fe al preguntar a los abogados de la así llamada "nueva teología" estas dos preguntas:

1.- ¿Porqué cree usted que es imposible para los cristianos parar de pecar, aun a través del poder de Cristo?

2.- ¿Porque cree usted que en la encarnación Cristo tuvo que tomar la naturaleza de Adán antes de la caída, en vez de haber tomado una naturaleza como la nuestra?

La misma respuesta será dada para ambas preguntas: debido al pecado original. Como la corrupción del pecado original permanece en todos los creyentes hasta su muerte, es imposible para ellos parar de pecar, aun a través del poder de Cristo. Y como la culpa heredada del pecado original hubiera descalificado a Cristo para que pudiera ser el Salvador del mundo, El tenía que ser protegido del pecado original asumiendo la naturaleza del Adán no caído.

El asunto principal en la actual discusión no es la doctrina de la justificación por la fe; es la doctrina del pecado original. Antes de tomar una decisión en el sentido de adicionar la doctrina del pecado original a la teología de la iglesia Adventista del Séptimo Día, los estudiantes cuidadosos del asunto, tendrán que examinar esa doctrina en su contexto histórico. Algunos resúmenes abreviados de los diversos debates sobre esta doctrina pueden encontrarse en libros standards de teología sistemática, como aquellos preparados por Berkhof, Shed, Strong y otros.[1] Para una búsqueda más completa yo les sugeriría los siguientes:

La Doctrina del Pecado, R. S. Moxon; George H. Doran Co., New York, 1922. , son desagradables para Dios. La opinión de los principales oponentes en la discusión, desde los tiempos de Agustín hasta nuestros tiempos, están aquí simple y claramente establecidos.

Las Ideas de la Caída y el Pecado Original, N. P. Williams, Longman´s, New York, 1927. Parecido al anterior, pero con más detalles en relación a las diversas opiniones.

Pecado Original; Henri Rondet, Alba House, New York, 1972. El mismo material visto desde la perspectiva de un escritor Católico Romano.

Una Guía para los Pensamientos de San Agustín, Eugene Portalie, Henry Regnery Co., Chicago, 1960. Un trabajo altamente interpretativo escrito por un Jesuita.

Cambiando Conceptos del Pecado Original, H. Shelton Smith, Scribners, New York, 1960. Una discusión detallada de los debates sobre el pecado original entre teólogos del continente Americano.

Estos libros son adecuados para darle al estudiante una comprensión general acerca de la naturaleza del debate y las posiciones de los diferentes teólogos Católicos y Protestantes, los cuales han combatido con la doctrina Agustiniana a través de los siglos.

Aurelio Agustín (354-450) nación en Tagaste, Africa del Norte, tuvo un padre pagano y una madre cristiana. Fue un estudiante brillante, y era excelente en filosofía y retórica, y sirvió eventualmente como profesor de retórica en Tagaste, Cartago, Roma y Milán. Bajo la influencia de Ambrosio de Milán, se hizo cristiano y después sacerdote, y finalmente obispo de Hippo en el norte de Africa. Sus habilidades en filosofía y en retórica hicieron de él un gigante en dialéctica en la iglesia de los padres de la iglesia.[2]

El tenía una naturaleza altamente pasional, y como estudiante en Cartago se dio entusiastamente a los vicios paganos que allí abundaban. "Estaba avergonzado de ser desvergonzado", escribió él en relación a esos años.[3] Tomó una concubina, la cual le dio dos hijos, y vivió con ella durante 15 años, abandonándola cuando comenzó a acercarse a la iglesia.[4] Era incapaz de controlar sus sentimientos, y sin embargo, tomó una segunda concubina y vivió con ella durante los dos años en que él estuvo escuchando las predicaciones de Ambrosio en Milán.[5] Finalmente al convencerse que era su deber como cristiano, abandonó esta segunda concubina y se entregó a las tensiones de la vida y a las frustraciones de un sacerdocio en celibato.

Dadas estas condiciones, no debiera sorprendernos el hecho de que él anunciara rápidamente al mundo un descubrimiento teológico muy profundo, de que existe en el hombre un mal inextirpable el cual hacía absolutamente imposible que él viviera sin pecar, aun a través del poder de Cristo, y que este mal inextirpable es, -¿ya lo adivinaron?- la concupiscencia, el deseo sexual. Posteriormente él extendió el término para incluir muchos de los otros problemas espirituales humanos, pero la concupiscencia siempre estaba en el corazón de ellas.

"... Agustín parecía obsesionado con las devastaciones que la sexualidad desenfrenada produce en el ser humano..."[6]

"La peor característica del Agustinianismo es la continua y excesiva atención que él le dio a la esfera del sexo".[7]

El se convenció que todos los deseos sexuales eran pecaminosos, aun dentro del matrimonio, y que el ideal tanto para los solteros como para los casados era la abstinencia total de la expresión sexual. El propio acto de la procreación de un hijo era necesariamente pecaminoso, decía él.

Como ahora él creía que la esperanza (o la fe) de salvación del hombre debe de alguna manera vencer la desventaja de un carácter que no podía verse libre de pecar, encontró necesario establecer alguna base para la esperanza (o fe). Finalmente descubrió que lo que estaba buscando se encontraba en la predestinación, los "decretos soberanos" de Dios. Si Dios, a través de Su irresistible decreto, había ordenado anticipadamente nuestra salvación, antes de que el mundo hubiese comenzado, entonces no tenemos que preocuparnos con las deficiencias de nuestros caracteres. Seremos salvos de cualquier manera, a través de la gracia de la justificación, simplemente porque Dios nos ha predestinado para que estemos entre Sus escogidos. Nada de lo que uno pueda o no pueda hacer, tendría algún efecto en el resultado final, nuestra salvación está asegurada, independientemente de mi vida y de mi carácter. En esta teología altamente artificial, Agustín encontró descanso para su atormentado espíritu.

Debiéramos sorprendernos en este punto, a respecto de lo que el mundo pudiera haber ganado en términos de un debate teológico conclusivo, si este altamente pasional y desesperadamente frustrado hombre, hubiese entendido que era la voluntad de Dios de que él tuviera una esposa, un hogar, una familia, de manera que sus sentimientos naturales pudiesen ser correctamente expresados. Pero infelizmente para el mundo, Agustín concibió que era la voluntad de Dios para él que fuera un sacerdote en celibato, y la consecuencia de esa obligación para una vida para la cual él no estaba obviamente calificado, a través del don de la continencia, quedaría escrito en forma desmedida en las páginas de la historia de la iglesia, ya que él era sin lugar a duda, el mayor dialéctico de sus tiempos.[8]

Ninguna de las dos doctrinas, predestinación y pecado original, fueron totalmente originarias de Agustín. Algunos escritores Católicos creen ver algún "germen" de estas ideas en los escritos de los primeros padres de la iglesia, más que lo que los Protestantes lo hacen, pero generalmente se concuerda de que él fue el primero que desarrolló estas doctrinas y sus implicaciones en un sistema[9], el cual incluye los siguientes puntos:

1.- Dios imputa la culpa del pecado de Adán a cada ser humano nacido en esta tierra, fuera de su debilidad moral heredada.

2.- La culpa del pecado original termina con el bautismo, pero la debilidad moral continua durante toda la vida.

3.- Debido a esta continua debilidad moral del pecado original, no es posible para los cristianos dejar de pecar, aun a través del poder de Cristo.

4.- Como Dios imputa la culpa del pecado de Adán a todos los niños, y esta culpa solo puede terminar con el bautismo, se concluye que todos los niños que mueran antes de ser bautizados están perdidos y condenados a las torturas perpetuas del fuego del infierno. Este horrible dogma era un problema, aun para su propio autor. Agustín trató de suavizar por algún tiempo el tremendo impacto, proponiendo que el castigo de los niños podía ser menos severo que aquel de los adultos. Apeló en forma desesperada por ayuda en relación con este problema a Jerónimo, pero sin resultados. Pero al final volvió con fanática determinación a las consecuencias lógicas de sus suposiciones teológicas, de que los niños no bautizados sufrirían totalmente las llamas torturantes del infierno a través de toda la eternidad.[10]

5.- Ya que la culpa del pecado original solamente termina con el bautismo, se concluye que todos los paganos no bautizados están perdidos y condenados a las llamas eternas.

6.- En una obvia contradicción consigo mismo, Agustín mantuvo la idea de que la soberanía de Dios que se expresase en Sus decretos de predestinación sería totalmente irresistible a la voluntad humana, aun cuando la voluntad humana permanezca totalmente libre. Tal como lo ha comentado Williams, en esta enseñanza Agustín estaba claramente tratando de huir con la liebre y al mismo tiempo estaba cazando con los perros.[11]

Agustín fue luego desafiado por Pelagio, un monje Inglés que se había trasladado a Roma, y que temperamentalmente era lo opuesto de Agustín. Para él la vida cristiana era aparentemente fácil, y estaba desconcertado por la apremiante necesidad de acomodación de Agustín en relación con el pecado, cuya acomodación él no veía ni necesaria ni bíblica. Infelizmente él reaccionó más allá de lo prudente y se fue al extremo de negar que ni la culpa o la debilidad provienen de Adán hacia sus descendientes.[12] Tal como él lo veía, cada niño nacido sobre la tierra tenía el mismo comienzo que Adán tuvo.

(El estudiante debiera acordarse, sin embargo, que tenemos muy poco material de la pluma del propio Pelagio. Mucho de nuestro entendimiento en relación a su manera de pensar ha sido obtenido estudiando los desafíos a esos puntos de vista escritos por sus oponentes, lo que siempre es un procedimiento un tanto precario).

Así fueron lanzadas las líneas básicas, y en eras sucesivas existiría la tendencia a identificar todos los puntos de vista en relación a este tema, en términos de su relación a los primeros puntos de vista de Agustín por un lado, o de Pelagio por el otro, llamándolos entonces Agustinianos, Pelagianos, Semi-Agustinianos o Semi-Pelagianos.

Para propósitos de clasificación, los historiadores se han generalmente referido a la posición de las iglesias del Este como Pelagianas, la posición de las iglesias medievales del Oeste como Semi-Pelagianas (o Semi-Agustinianas), y las iglesias Reformadoras de Calvino y Lutero como verdaderamente Agustinianas.

Ha habido un gradual retroceso de los puntos de vista extremos de Agustín en la iglesia del Oeste a medida que fueron siendo modificadas en varios aspectos por Juan Casiano de Gaul (360-395), Pedro Abelardo (1079-1142), Tomás de Aquino (1224-1274), Duns Scotas (1266-1308), y finalmente por el todo importante Concilio de Trento (1545-1563).

"Los puntos de vista Semi-Pelagianos fueron así definitivamente adoptados y permanecieron en la misma forma bajo el Concilio de Trento, y permanecieron con todo su poder persuasivo hasta la Reforma, cuando los Protestantes revivieron la antropología Agustiniana en las iglesias del oeste".[13]

Estos puntos de vista "Semi-Pelagianos" consistían en cambios como colocando más énfasis en la libertad de la voluntad humana, una modificación de las torturas de los niños, y una tendencia para definir el pecado original más en términos de debilidad que en términos de culpa.

Normalmente se concuerda en que Calvino y Lutero elevaron las doctrinas de Agustín a una altura muy superior a la que tenían en la iglesia católica en los tiempos de la Reforma.

"Calvino era esencialmente Agustiniano ..."[14]

"Hablando en general, los Reformadores estaban de acuerdo con Agustín.[15]

"Los Reformadores cayeron de vuelta en las teorías de Agustín".[16]

"... en la sección Reformada (influencia de Agustín) corría abruptamente y sorpresivamente hacia arriba, como los bordes de la silueta Matterhorn ..."[17]

Pero el implacable énfasis de los Reformadores sobre los extremos puntos de vista de Agustín originó una reacción entre los Protestantes, tal como había sucedido antes con los Católicos. Zwinglio de

Suiza (1484-1531) se rehusó a aprobar la doctrina de la predestinación de Agustín, y definió la doctrina del pecado original más en términos de debilidad que en términos de culpa. Arminio de Holanda (1560-1609) siguió el ejemplo de Zwinglio, así como también lo hizo el gran Juan Wesley de Inglaterra (1703-1769). Hasta aproximadamente 1750 los rígidos Puritanos de Nueva Inglaterra mantuvieron los puntos de vista Calvinistas (Agustinianos) en relación a la culpa heredada del pecado original, pero reacciones contra estos puntos de vista iniciaron una prolongada controversia que permanecieron por más de cien años en las congregaciones Calvinas, Reformadas y Presbiterianas de América.[18]

Así a través de los siglos, desde que Agustín lanzó su doctrina, un vasto depósito de literatura ha sido acumulado, mostrando los diferentes puntos de vista de sus defensores por un lado, y sus oponentes por el otro. Ha sido, sin lugar a dudas, uno de los debates más intensos de la historia del Cristianismo. El estudiante encontrará instructivo pasar algunas horas examinando este material.

Algunas observaciones generales son necesarias. Primero, debido a la insuficiencia de evidencia bíblica en relación al pecado original, los argumentos tienen la tendencia a ser filosóficos y no bíblicos, consistiendo de páginas y más páginas de un raciocinio desesperadamente humano, lo cual hace casi tedioso su lectura. Segundo, la existencia de enormes problemas impregna esta literatura, la mayor parte de la cual está dedicada a elaborar explicaciones tendientes a defender el carácter de Dios contra las implicaciones de la injusticia y de la crueldad. Es evidente que estas explicaciones han impuesto la ingenuidad de sus autores hasta el máximo.

Tercero, la insatisfacción de cada grupo de teóricos, con argumentos suministrados por otros seguidores de Agustín, es semejante a recordar las diferencias que existen entre los Adventistas del Séptimo Día y los seguidores del domingo. Algunos de los argumentos expuestos son simplemente increíbles y hablan elocuentemente de la desesperada adversidad de sus autores.

Los problemas que enfrentan aquellos que apoyan a Agustín son en verdad enormes. ¿Cómo pueden los hombres envolverse en las cosas erradas de un hombre que murió miles de años antes de que ellos hayan nacido? ¿Cómo puede un Dios justo imputar la culpa de un adulto sobre una inocente criatura? ¿Cómo puede un Dios justo consignar que los niños agonicen bajo las llamas de un fuego que nunca cesa de quemar? ¿Y si los hombres adquiere la culpa simplemente por el hecho de nacer en la raza humana, qué sucede cuando esa culpa descansa sobre Jesús en Su nacimiento?

Recordando nuestro envolvimiento en el pecado de Adán, los pros han argumentado que todos nosotros estamos presentes en el cuerpo de Adán cuando él pecó, contra lo cual los contra han replicado que si esto fuese verdadero, nosotros tendríamos que heredar los pecados de todos nuestros antecesores, y no solamente el de Adán, ya que nosotros estábamos igualmente presentes en todos sus cuerpos.

Los pros han argumentado que Adán tenía un pacto con Dios el cual nos envuelve a nosotros, y que él lo quebró, implicándonos de esa manera a nosotros. Los contras han respondido que las Escrituras no dicen nada a respecto de tal pacto, y que no puede haber pacto sin un acuerdo, en el cual nosotros nunca entramos y ni autorizamos a Adán para que lo negociara.

Los pros han argumentado que Adán nos representaba como nuestra cabeza o gobernante. Los contra han respondido que los súbditos de un gobernante no son responsables de sus crímenes persona-les, y que en ningún caso Adán cesó de ser gobernante mucho antes de que nosotros naciéramos.

Los pros, incluyendo algunos de nuestra propia iglesia, están argumentando que el hombre nace en un estado o condición (aun indefinido) que hace con que ellos reciban algo que es equivalente a la culpa pero sin heredarlo. Una declaración sistemática de este argumento sería:

A causa del pecado de Adán, todos los hombres nacen en (pero no lo heredan) un estado o condición (indefinida) la cual hace con que ellos caigan bajo los juicios y la condenación de Dios (pero no es culpa).

Para esta disposición maravillosa puedo solamente responder que el deseo de correr con la liebre mientras que al mismo tiempo cazamos con los perros, no murió junto con Agustín. Nacer en algo es heredarlo, y que en esos casos el hombre es considerado culpable bajo el juicio y la condenación de Dios, los juegos de palabras no tienen ningún valor.

En respuesta a las innumerables y horrorizadas protestas, que la doctrina del pecado original es una acusación blasfémica del carácter de Dios, la respuesta patética más común ha sido que lo que es injusto para los hombres puede ser justo para Dios, de manera que no tenemos que esperar que Dios tolere principios de justicia tal cual la entienden los seres humanos. ¿Pero acaso no nos ha invitado Dios a que evaluemos Su justicia?

Calvino y Lutero, ambos solicitaron refugio en la apelación de que no es apropiado para los seres creados hacer alguna pregunta acerca de justicia a nuestro Creador.[19]

Y para mantener a Cristo, el hijo de María, de ser contaminado por el pecado original, dos esquemas muy ingeniosos fueron inventados. Los teólogos Católicos proclamaron la doctrina de la inmaculada concepción, la cual dice que hubo un milagro especial que mantuvo a María libre del pecado original, de tal manera que ella no se lo transmitió a Cristo. Los Protestantes, para no quedar en desventaja, inventaron una doctrina un poquito diferente a la de la inmaculada concepción la cual dice que hubo un milagro especial que hizo posible que Cristo naciera como el hijo de María, pero que no heredó su naturaleza humana, sino que adoptó la naturaleza humana de Adán antes de la caída.

Los formales han dicho que ambos esquemas no son bíblicos, ya que las Escrituras no dicen nada a respecto de estos milagros, y que la humanidad de Cristo, la esperanza de nuestra salvación, es efectivamente destruida por ambas teorías. Fue básicamente por esta razón que nuestros pioneros rechazaron firmemente la doctrina que Cristo vino a esta tierra en la naturaleza no caída de Adán. Ellos nos ahorraron un envolvimiento en esta enorme controversia, siguiendo a Wesley, Arminio y Zwinglio, antes que a Calvino, Lutero y Agustín.

Ellos observaron que las Escrituras no apoyaban la doctrina del pecado original y que esta no soportaba una investigación profunda. La prueba A ha sido (Romanos 5:12)

"Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombre ..."

Observemos que hasta este punto tenemos una declaración de un hecho sin ninguna explicación. La explicación viene en la próxima cláusula:

"... por cuanto todos pecaron".

"Por cuanto" significa "a causa de". El versículo no dice que a causa de que todos han heredado la culpa de Adán. El dice que a causa de que todos han pecado. Es por eso que son culpables por ellos mismos y no necesitan pedirle emprestado algo a Adán. Considere también 1 Corintios 15:22=

"Así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados".

Los proponentes de la doctrina del pecado original tienen que separar el paralelismo natural entre "en Adán" y "en Cristo", y darle a estas dos frases un significado diferente. "En Adán" es tomado como queriendo decir un relacionamiento orgánico de la naturaleza, el cual el hombre necesita y sobre el cual él no tiene ninguna elección. Pero la frase "en Cristo", en vez de describir un significado similar, como el que requeriría un paralelismo natural, se le da un significado totalmente diferente. Todos sabemos que no estamos "en Cristo" a través de un relacionamiento natural u orgánico, sin ninguna capacidad de decisión por nuestra parte. Estamos "en Cristo", porque hemos escogido deliberadamente seguirlo, y de hacerlo nuestro Líder, Modelo y Guía. Esta es la única cosa que "en Cristo" puede significar.

Ciertamente es una lucha perdida tomar dos frases de las Escrituras que fueron colocadas por el escritor en una construcción paralela, y darles un significado totalmente diferente. El propósito del escritor es mejor preservado cuando ambas frases son leídas de la misma manera. "En Cristo" significa seguir e imitar a Cristo. "En Adán" significa seguir e imitar a Adán. No existe ninguna razón para decir que "en Adán" significa un relacionamiento natural no escogido, y que "en Cristo" significa lo contrario. Y finalmente, considere el (Salmo 51:5)

"En maldad he sido formado y en pecado me concibió mi madre".

Agustín entendió que aquí había una evidencia que el propio acto de la procreación de un hijo era pecaminoso, pero Pablo escribe en (Hebreos 13:4)

"Honroso sea en todos el matrimonio y el lecho sin mancilla". (RV-1995)

"El matrimonio es honorable en todo, y el lecho sin mácula". (KJV) (nota del traductor)

Y si tomamos el (Salmo 51:5) como una declaración del pecado original, eso contradice las palabras de David en el (Salmo 71:5-6)

"Porque tú, Señor Jehová, eres mi esperanza, seguridad mía desde mi juventud. En Ti he sido sustentado desde el vientre. Del vientre de mi madre Tú fuiste el que me sacó; para Ti será siempre mi alabanza".

Y en cualquier caso, como ha sido colocado, si David estaba hablando de un pecado personal, era el de su madre, no el de él. De manera que podemos ver mejor este verso como siendo una manera poética de expresar los pensamientos de Pablo, de que todos han pecado. Así no forzamos ninguna contradicción en las Escrituras.

El estudiante que haya estudiado Hebreos querrá examinar las palabras "en pecado" en el texto hebraico y en diferentes diccionarios. Podrá observarse que la preposición "en" es una traducción de un prefijo hebreo que consiste de una letra y de un suscrito, y que es usada en una gran variedad de disposiciones preposicionales. El significado puede ser en, entre, o aun sin, dependiendo del contexto. Algunos diccionarios colocan ocho diferentes traducciones de esta palabra (prefijo). Es evidente que una palabra así no puede proveer una base adecuada sobre la cual se pueda construir una doctrina teológica importante, tal como la doctrina del pecado original.

No he sido capaz de encontrar ningún uso del término pecado original en relación a culpa o debilidad imputada a nosotros por el pecado de Adán, en los escritos de Ellen White; pero sí he encontrado claras evidencias de que ella estaba familiarizada con el concepto y el uso hecho por ello:

"Existen muchos que murmuran en sus corazones contra Dios. Ellos dicen, "Hemos heredado la naturaleza caída de Adán, y no somos responsables por nuestras imperfecciones naturales". Encuentran faltas en los requerimientos de Dios, y se quejan que El demanda algo que ellos no tienen el poder de dar. Satanás hizo la misma queja en el cielo, pero esos pensamientos deshonran a Dios".[20]

Uno de los mayores énfasis en los escritos de Ellen White es su entendimiento de que el clamor que la ley de Dios no podía ser obedecida por Sus criaturas, fue el primer, grande, y más persistente ataque contra el carácter de Dios. El estudiante encontrará más referencias en DTG 29, DTG 69, DTG 117, DTG 308-309, DTG 311-313, DTG 618, ST 16/01/96 y ST 23/07/02, para mencionar solamente algunas. Su propia respuesta a esta reclamación está mejor colocada en sus propias palabras:

"Por eso él (Satanás) está constantemente buscando engañar los seguidores de Cristo con su FATAL SOFISMA de que es imposible para ellos vencer".[21]

"Que nadie diga, no puedo remediar mis defectos de carácter. Si llega a esta decisión, ciertamente fallará en obtener la vida eterna".[22]

Los Adventistas del Séptimo Día, por eso, históricamente han predicado la doctrina de la debilidad heredada, pero no una doctrina de culpa heredada. Cuando consideremos este asunto, haríamos bien en recordar que los sistemas teológicos pueden ser comparados con una malla en forma de cadena, esto es, un nido formado de eslabones metálicos unidos que están conectados con otros eslabones cerca de ellos. Existen pocas doctrinas aisladas, que no tengan conexión con otras doctrinas.

Así, aquellos que aceptan la doctrina del pecado original definida como culpa heredada, tendrán que desarrollar alguna doctrina de inmaculada concepción, para poder mantener lejos la culpa de alcanzar a Jesús. Habiendo hecho esto, tendrán que definir el papel de Cristo como nuestro ejemplo en armonía con esta separación de Su experiencia con la nuestra, lo cual a su vez lleva a la conclusión de que nosotros no podemos vencer la tentación como El lo hizo. Esto a su vez lleva a la conclusión que el hombre es salvo solamente por la justificación, ya que no le es posible parar de pecar. Y esto lleva a una doctrina de salvación a través de la manipulación, a través de la cual Dios efectuará un ajuste mecánico en el cerebro del hombre, para poder eliminar el pecado de su experiencia cuando El lleve al hombre al reino celestial.

Todo esto es contrario a la plataforma de la verdad desarrollada por nuestros pioneros bajo la guía del Espíritu Santo, y es extraño a la teología Adventista del Séptimo Día.

Para terminar esta sección, permítanme ofrecerles algunos pensamientos en relación al problema de la culpa, para que el estudiante pueda llevarlos en consideración:

Al comienzo de la historia del pecado en la experiencia humana, vemos una mujer mirando una fruta prohibida, tomándola en la mano, y comiéndosela. ¿Cuál, podemos preguntar, era más culpado? ¿El ojo por mirar, la mano por tomar, o la boca por comerla?

Hemos colocado la pregunta solamente para demostrar su falta de apelo a la razón. Ninguna persona inteligente le asignaría ninguna carga de culpa al ojo, a la mano o a la boca de Eva. Estos instrumentos carnales estaban todos bajo el control de la voluntad de Eva, y no podían hacer cualquier cosa a no ser obedecer. La opción de ejecutar otras cosas no estaba en ellos; ciertamente, ellos no poseían ningún equipo para escoger opciones. La elección y la decisión eran actos de la voluntad de Eva, y ella tendrá que cargar con la responsabilidad, con la culpa.

Nunca hubo alguna culpa en la carne de Eva.

La voluntad humana, que se ha colocado ella misma en oposición a la voluntad de su Creador Dios, es la culpable. Ellen White, con una percepción característica, escribe:

"... la carne por sí misma no puede actuar contrariamente a la voluntad de Dios".[23]

Si la carne no puede actuar contrariamente a la voluntad de Dios, entonces es cierto que la carne no puede ser culpada.

En la siguiente escena de esta tragedia cósmica, vemos a Adán mirando a la fruta, tomándola, y comiéndosela. ¿Deberíamos culpar al ojo, a la mano, a la boca, o a cualquier otra parte de la carne de Adán, como los genes o los cromosomas?

La respuesta puede solamente ser, NO. Fue la voluntad de Adán que pecó, y es la voluntad de Adán que debe cargar con la responsabilidad, la culpa.

Nunca hubo alguna culpa en la carne de Adán.

La carne de mi estómago desea comida. La distinción moral entre comer la comida de mi vecino y comer mi propia comida, no tiene ningún significado para mi carne. La voluntad debe direccionar la carne para que no coma la comida de mi vecino y de estar contenta con mi propia comida. Con cada necesidad, apetito, o deseo de la carne se mantiene el mismo principio. Todas las acciones voluntarias de la carne están controladas por las elecciones y las decisiones de la voluntad. Todas las acciones involuntarias están controladas por relaciones mecánicas. La carne no hace ninguna elección y tampoco toma ninguna decisión, aun en acciones voluntarias o involuntarias, por lo tanto no tiene ninguna responsabilidad, y ninguna culpa.

Nunca hubo alguna culpa en la carne de cualquier ser humano.

Cuan inútil, entonces, es el esfuerzo de descubrir por cuáles medios la culpa es transferida desde la carne hacia la carne; desde la carne de Adán hacia la carne de sus descendientes, o desde la carne de cualquier pariente hacia la carne de algún niño.

"... El hijo no llevará el pecado del padre" (Ezequiel 18:20)

La carne no puede transmitir a la carne aquello que la carne no tiene y no puede tener.

¿Y qué pasa entonces con la voluntad? ¿No es también carne? Aparentemente no.

Este es uno de los mayores misterios de la existencia humana. La carne (del cerebro) produce la voluntad, y entonces la voluntad aparentemente permanece separada de la carne y la controla, aun incluyendo la carne del cerebro.

La inspiración no nos ha revelado cómo esto puede ser, y la investigación científica no ha sido aún capaz de explicarlo. Sin embargo es claro y demostrablemente verdadero.

Que la carne del cerebro produce la voluntad no podemos dudarlo. Muchos ejemplos han probado que al ocasionarse algún daño a la carne del cerebro puede perjudicar, o aun destruir, la función de la voluntad. Estos ejemplos también indicarían que la "producción" de la voluntad por la carne del cerebro es un proceso continuo. La voluntad no dura más que el cerebro, o sobrevive a la destrucción del mismo. Así el cerebro continuamente produce la voluntad, lo cual a su vez controla continuamente (o debiera controlar) al cerebro.

Esto, puede ser observado en nuestra propia experiencia, y en las experiencias a nuestro alrededor. El control del pensamiento es de alguna manera practicado por todos. Y en cada experiencia donde la voluntad instruye al cerebro para comenzar a pensar de acuerdo con alguna pauta, o a parar de pensar de acuerdo a otra pauta, o a aceptar ciertas ideas, o a rechazar o a descartar ideas, vemos aquel misterioso fenómeno, la voluntad dando instrucciones a la carne del cerebro, la cual la está produciendo.

Decidí no pensar más en ese asunto.

Esa declaración simple y a veces bastante dura, refleja uno de los mayores misterios de la existencia humana, el control de la carne del cerebro por la voluntad, la cual está siendo producida por la misma carne del cerebro.

No, la voluntad no es carne. Para definir la voluntad en términos de su esencia o naturaleza parece no ser posible hasta hoy día, pero definirla en términos de su función es no solamente posible sino que instructivo. Esta es la aproximación que hace Ellen White sobre este asunto. Ella nos dice qué es lo que es la voluntad diciéndonos lo que ella hace:

"La voluntad es el poder gobernante en la naturaleza del hombre, trayendo todas las otras facultades bajo su control ... Es el poder de decisión ..."[24]

"... es la elección... el poder Real..."[25]

"Pero mientras Satanás puede pedir insistentemente, no puede compeler a pecar ... el tentador no puede nunca compelernos a que hagamos el mal ... La voluntad tiene que consentir ..."[26]

La carne del hombre, entonces, nunca ha sido culpable, nunca ha cargado la culpa, y nunca podrá trasmitir la culpa de una carne hacia otra carne. La transmisión de la culpa siempre ha estado y siempre estará de una voluntad a otra, y solamente a través del consentimiento para pecar de la voluntad recibidora.

Esto nos lleva, finalmente, a una definición: ¿Qué es, precisamente, culpa? Yo estoy proponiendo que la más útil y defendible definición es esta:

"Culpa es una asignación de responsabilidad entre la voluntad de un creador de la ley y la voluntad del transgresor de la ley".

Esta definición cuidadosamente evita asignar a la culpa cualquier cualidad mecánica, orgánica o intrínsecamente legal, por las siguientes razones:

1.- Aquellos que quisieran asignarle a la culpa cualidades mecánicas u orgánicas, lo cual haría posible que la culpa residiese en la carne y sea transmitida de una carne a otra a través de la herencia biológica, debe esforzarse por responder las preguntas acerca de la transmisión de la culpa hacia niños inocentes, la transmisión de la culpa al infante Jesús, etc., que ya han sido examinadas antes en este libro, y las preguntas más profundas que yacen al lado de estas: ¿Si realmente es así, quién lo hizo de esa manera? La responsabilidad inevitablemente cae sobre Dios.

2.- Aquellos que buscan evitar estas dificultades analizando el problema en términos casi legales (algunos aun evitan usar la palabra culpa, pero se refieren a un estado o condición que produce el mismo resultado) fallan en tratar adecuadamente las preguntas más importantes. ¿Si ese es el estado o condición del hombre, quién lo hizo así? ¿Quién estableció esas condiciones? Nuevamente la responsabilidad inevitablemente cae sobre Dios.

El problema compartido por ambos grupos es que su concepto de culpa y su transmisión contiene tantas y tan grandes injusticias, y aun crueldades, que simplemente no hará con que la responsabilidad caiga sobre Dios. Hasta ahora no se ha descubierto ningún camino efectivo que prevenga este resultado.

¿Por qué no dejar a un lado estos fútiles esfuerzos para prevenir responsabilidad para un concepto cruel e injusto de culpa llegando hasta el Creador del universo, resolviendo el problema aceptando un concepto de culpa en el cual no exista crueldad o injusticias? No tendremos entonces la necesidad de hacer esfuerzos para negar la realidad pretendiendo que Dios no es responsable por la asignación de culpa para con Sus criaturas creadas.

Si la voluntad del hombre está en el control de todas las otras facultades, y si Satanás no nos puede compeler (obligar) a que esa voluntad peque, se concluye que pecar es siempre una elección libre o decisión de una voluntad libre, la cual puede ser expresada ya sea por las actitudes interiores o por las exteriores, o por ambas.

Así no podrá nunca, entonces, existir cualquier cosa injusta o cruel al mantener la voluntad libre del hombre responsable por sus elecciones y decisiones, en especial si las inhabilidades humanas para realizar lo bueno que es deseado son alcanzadas o excedidas por la habilitadora gracia de Dios.

A medida que reflexionamos acerca de la naturaleza de la culpa, mantengamos en mente estas verdades básicas de la Biblia:

1.- Pecado es la transgresión de la ley. (1 Juan 3:4)

2.- Donde no hay ley, no hay pecado. (Romanos 4:15)

3.- Dios pasa por alto los tiempos de ignorancia. (Hechos 17:30)

Así la culpa no es colocada automáticamente por la violación de la ley de Dios. Pueden existir actos malos (errados) sin haber culpa, si el hecho es cometido por ignorancia y no por voluntad. El factor decisivo es la actitud de la voluntad del transgresor. ¿Quería él violar la ley de su Dios Creador? ¿O violó un precepto desconocido o no completamente entendido de la ley de Dios, mientras quería servir y obedecer a Dios? El Dios Creador lleva en consideración estas circunstancias atenuantes al decidir si lo asigna culpable o no.

Y es la voluntad del creador de la ley, el Dios Creador, quien decide si mantiene la voluntad del transgresor como responsable, o culpable.

Quítese de esta ecuación ya sea la decisión de la voluntad del transgresor para pecar o la decisión de la voluntad del creador de la ley en asignar responsabilidad por pecar, y la culpa no puede existir. La acción de ambas voluntades tienen que estar presentes.

Esta definición de culpa, entonces, parece ser exacta, justa, y razonable:

"Culpa es una asignación de responsabilidad entre la voluntad de un creador de la ley y la voluntad del transgresor de la ley".

Con esta definición de culpa no hay necesidad de elaborar defensas para el carácter de Dios. No necesitamos esforzarnos para explicar cómo un Dios de amor y justicia puede hacer con que guaguas sean responsables por el pecado de alguien que murió mucho antes de que ellos hubieran nacido, y los puna por el pecado que ellos no han cometido. No hay necesidad de explicar la condenación y la destrucción de personas por parte de Dios, en países paganos que siguieron toda la luz moral que brilló sobre sus caminos. Y no hay necesidad de construir elaborados esquemas para hacer con que la culpa de Adán no repose sobre el infante Jesús.

No puede haber pecado sin un acto de la voluntad del transgresor. No puede haber culpa sin un acto de la voluntad del creador de la ley. Cuando Ellen White hace referencia a una recepción de culpa, o una herencia de culpa de Adán, ella no deja el factor voluntad fuera del cuadro:

"Es inevitable que los hijos sufran por las consecuencias de los errores de sus padres, pero ellos no son castigados por causa de la culpa de los padres, excepto cuando ellos participan en sus pecados. Normalmente es el caso, sin embargo, que los hijos caminen en los pasos de sus padres. Por herencia y ejemplo los hijos se hacen partícipes de los pecados de sus padres. Las tendencias erradas, apetitos pervertidos, y morales envilecidas, como también enfermedades físicas y degeneraciones, son transmitidas como un legado del padre hacia el hijo, hasta la tercera y cuarta generación. Esta terrible verdad debiera tener un poder solemne para restringir al hombre de seguir el curso del pecado".[27]

"Estos queridos hijos recibieron de Adán una herencia de desobediencia, de culpa, y de muerte".[28]

Ellen White escribió en estricta conformidad con las definiciones del diccionario, y de acuerdo con los diccionarios una herencia es algo que puede ser retenido, rechazado, dividido, comprado, vendido o perdido, de acuerdo a las elecciones de la voluntad del que la recibe. Los conceptos Calvinísticos de culpa heredada como siendo algo que ningún ser humano puede evitar o escapar tendrían que ser descritos como una herencia de culpa biológica, o de carne para carne. En ese caso la herencia no puede ser rechazada o puesta a disposición por ningún medio, ya que estaría en la carne. No encontramos ese tipo de expresiones ni ese tipo de pensamientos en los escritos de Ellen White. Ella nunca describe la culpa o su transmisión en términos de carne, ni en términos de un estado o condición inevitable.

De acuerdo con las enseñanzas de Ellen White, y de la iglesia Adventista del Séptimo Día en general hasta años recientes, todos los niños nacidos en esta tierra, incluyendo Jesús, heredaron la naturaleza caída de Adán como debilidad, no como culpa. Llegado el instante en el tiempo en que la voluntad del niño escogía pecar, la culpa entraba en el cuadro.[29]

La voluntad del niño Jesús nunca escogió pecar, por lo tanto nunca experimentó la culpa. De acuerdo con Ellen White, esta posibilidad está abierta para todos:

"El ha demostrado que una obediencia continua (por toda la vida) es posible".[30]

"No hay excusa para el pecado".[31]

"Dejen que los niños tengan en mente que el niño Jesús tenía sobre Sí mismo la naturaleza humana, y tenía la semejanza de la carne pecaminosa, y fue tentado por Satanás como todo niño es tentado".[32]

Tan firmemente como Ellen White rechaza el concepto que nosotros inevitablemente heredamos la culpa de Adán, ella también rechaza el concepto que nosotros heredamos una debilidad tan grande por parte de Adán que el pecado es inevitable.

"Desde el pecado de Adán, el hombre en todas las edades se ha excusado a sí mismo del pecado, cargando a Dios con sus pecados, diciendo que no puede guardar Sus mandamientos".[33]

"Existen muchos que en sus corazones murmuran contra Dios. Ellos dicen, "Heredamos la naturaleza caída de Adán, y no somos responsables por nuestras imperfecciones naturales". Encuentran fallas en los requerimientos de Dios, y se quejan que El demanda lo que ellos no tienen el poder de dar. Satanás hizo la misma queja en el cielo, pero estos pensamientos deshonran a Dios".[34]

Finalmente, consideremos esta pregunta: ¿Conocemos alguna herencia inevitable que sea diferente a una herencia biológica?

Ya que esta es una pregunta tremendamente importante, definamos cuidadosamente los términos:

Por biológica entendemos algo que reside en la carne del hombre de tal manera que puede ser transmitida de carne para carne, de la carne del padre hacia la carne del hijo.

Por herencia entendemos algo que recibimos de nuestros ancestrales al instante de nacer.

Por inevitable entendemos algo a que ningún ser humano sobre la tierra puede escapar, ya que es una consecuencia siempre presente del que nació, sin ninguna excepción (excepto bajo la milagrosa intervención de Dios).

Con nuestras definiciones establecidas, volvamos a nuestra pregunta: ¿Conocemos alguna herencia inevitable que sea diferente a una herencia biológica?

Primero, es la herencia biológica, de carne para carne, realmente inevitable? Debemos concordar en que sí lo es. No hay manera que nosotros rechacemos las condiciones cromo somáticas que en nuestra propia concepción hicieron que tuviésemos ojos azules o cafés, cabellos rubios o negros, piel morena o blanca, etc. La herencia biológica parece ser toda, incondicionalmente inevitable.

Segundo, ¿existen otros tipos de herencia que también sean inevitables? No podemos concebir ninguna. Me gustaría que los estudiantes probasen esta proposición haciendo una lista de todos los tipos de herencias que se les venga a la memoria. Quedará inmediatamente claro que cada una y todas ellas pueden ser evitadas.

¿Una herencia en plata? No tenemos necesariamente que aceptarla o guardarla.

¿Una herencia de tierras o propiedades? Podemos rechazarla o disponer de ella.

¿Una herencia de ciudadanía en algún país? Podemos renunciar a ella.

Aunque la lista sea inmensamente larga, el resultado será siempre el mismo. Somos forzados a concluir de que no existe una herencia universal inevitable, a no ser la herencia biológica.

Al decir entonces de que la herencia de culpa de Adán es inevitable, y al decir en la misma sentencia que no es biológica, estamos contradiciéndonos ingenuamente a nosotros mismos. Una herencia no biológica inevitable simplemente no puede existir.

Se concluye, entonces, que si una guagua nace con la culpa heredada de Adán, esto se debería a una de estas dos razones, y solamente a estas dos razones:

1.- La herencia es biológica y por lo tanto inevitable. En este caso, generalmente se concibe que la responsabilidad cae sobre el Creador de la biología humana, el cual hizo la carne del hombre de tal manera que puede y lleva y transmite la culpa.

2.- La así llamada herencia se debe a la directa voluntad de Dios, reflejando una actitud administrativa por parte del Gobernador del universo, y por lo tanto es inevitable. En este caso la responsabilidad es obviamente e incuestionablemente de Dios, pero la palabra herencia tiene que ser redefinida, ya que la culpa viene de Dios, y no de los padres. Esto realmente no es una herencia genuina.

Aquellos que han tratado de inventar una tercera disposición a través de la cual el hombre nace (pero no lo hereda) en un estado o condición (indefinida) la cual inevitablemente lo coloca bajo el juicio y la condenación de Dios (pero no es culpa) ha solamente enlodado las aguas. Esto es tratar de describir algo como inevitable, pero que ni es biológico y tampoco es la voluntad aplicada de Dios, y esto es imposible. No existe algo así. Para seguir este argumento requiere que nos apartemos de razones y realidades, y tomemos un vuelo hacia el reino de la más pura fantasía.

Bajo el riesgo de ser aburrido, debemos parar para considerar este inusual uso de los términos estado y condición.

Estos, lo reconocemos, son ambos términos opuestos, que no tienen un significado específico a menos que sean usados en relación con otras palabras. Podemos hablar en estado de salud, o en una condición del tiempo o en una condición de la economía, pero no tiene significado hablar en un estado o en una condición, y punto. Estas palabras tienen que modificar algo, y no pueden modificarse a sí mismas. Esto puede parecerle a los estudiantes un absurdo técnico, pero el nivel en el cual los argumentos actualmente han sido colocados, nos fuerzan a recalcar que no existe estado de un estado, que no existe un estado de una condición, que no existe una condición de un estado, y que no existe una condición de una condición. Sin embargo cuando he buscado cuidadosamente encontrar en esos argumentos una respuesta a la pregunta esencial, ¿Estado de qué? ¿Condición de qué?, he encontrado nada más que esto:

"El pecado original es un estado o condición del pecado original".

No encuentro que esto sea muy provechoso. Describir la culpa o definir la culpa como podamos hacerlo, no veo ninguna manera como podamos escapar a la conclusión de que si no es una herencia biológica y no se aplica la voluntad de Dios, entonces no es inevitable.

No existe una herencia no biológica inevitable. Y si es la expresa voluntad de Dios, la palabra herencia es poco aplicable. Juicio sería el término más apropiado.

Esto no es problema para el Adventista, que no visualiza al Señor aplicando un juicio de culpa a pequeños infantes, incluyendo al infante Jesús. Este es un problema para los Calvinistas, y ha requerido que ellos inventen una teoría extra bíblica de que el Señor Jesús Cristo vino a esta tierra en la naturaleza humana no caída de Adán, para poder hacer con que la culpa de Adán no cayese sobre el infante Jesús.

Me gustaría muy respetuosamente y sin ser poco amable, sugerir que este es un problema de los Calvinistas, y no nuestro. No tenemos nada a ganar y mucho a perder aceptando en nuestra teología un problema artificial: la inevitable transmisión de culpa de Adán hacia todos sus descendientes, incluyendo Jesús; un problema que solamente puede ser resuelto a través de solución igualmente artificial: la doctrina de que Cristo vino a esta tierra en la naturaleza no caída de Adán.

Nuestra posición de que todos los seres humanos heredan la debilidad de Adán pero no heredan la culpa, estoy convencido, es lejos el mejor entendimiento de las Escrituras, y es el único entendimiento posible de los consejos inspirados que han llegado a nosotros a través de Ellen White, tal como este, uno de los más simples y claros, y sin embargo es una de las declaraciones más significativas:

"Aquello que tú puedes ser, El lo fue en la naturaleza humana".[35]

Notas:

  1. L. Berkhof, Systematic Theology (Grand Rapids, Wm. B. Eerdman´s Publishing Company, 1976); William G. T. Shedd, Dogmatic Theology (Grand Rapids, Zondervan Publishing House); Augustus Hopkins Strong, Systematic Theology (Old Tappan, Fleming H. Revell, 1975).
  2. N. P. Williams, The Ideas Of The Fall And Of Original Sin (New York, Longman, Green & Co., 1927), p. 320.
  3. Eugene Portalie, A Guide To The Thought Of St. Augustine (Chicago, Henry Regnery & Co., 1960), p. 7.
  4. Ibid.
  5. Portalie, op. cit., p. 13.
  6. J. N. D. Kelly, Early Christian Doctrines (New York, Harper & Bros., 1960), p. 365.
  7. Reginald Steward Moxon, The Doctrine Of Sin (New York, George H. Doran Co., 1920), p. 138.
  8. Ibid.
  9. Kelly, op. cit., pp. 361-369.
  10. Williams, op. cit., p. 376.
  11. Williams, op. cit., p. 370.
  12. Henri Rondet, Original Sin (New York, Ala House, 1972), pp. 123-132.
  13. Moxon, op. cit., p. 135.
  14. Strong, op. cit., p. 621.
  15. Berkhof, op. cit., p. 245.
  16. Moxon, op. cit., p. 165.
  17. Williams, op. cit., p. 424.
  18. H. Shelton Smith, Changing Conceptions Of Original Sin (New York, Chales Scribner´s Sons, 1955).
  19. Ellen White, Patriarcs and Prophets (Mountain View, Pacific Press, 1958), p. 42.
  20. Ellen White, "They That Have Done Good", Signs of the Times, August 29, 1892.
  21. Ellen White, The Great Controversy (Mountain View, Pacific Press, 1950), p. 489.
  22. Ellen White, Christ´s Object Lessons (Washington, Review and Herald Publishing Co., 1941), pág. 331.
  23. El Hogar Adventista:127.
  24. 5T: 513.
  25. Ministerio de Curación:318.
  26. DTG:125.
  27. PP: 306.
  28. Carta Baker, página 1.
  29. Ellen White atribuye la muerte de infantes a la separación del árbol de la vida, no a la culpa heredada. Vea la página 19.
  30. Manuscrito 1, 1892.
  31. DTG:311-312.
  32. YI: 23/08/94.
  33. Australian Signs of the Times, 14-09-1903.
  34. Signs of the Times, 29-08-1892.
  35. Carta 106, 1896.