El Retorno de la Lluvia Tardía

Capítulo 1

Los primeros años

Definiendo, perfilando y anticipando la lluvia tardía y el fuerte pregón

El año 1844 marcó el final de los 2.300 años de Daniel 8:14 -el período profético más largo de la Biblia- y fue la culminación del gran clamor adventista de media noche. Tristemente, ese año marcó el que quizá sea el mayor chasco en la historia de la iglesia cristiana, para quienes estaban esperando ansiosamente el retorno del Señor. Después de 1844, cuando muchos de los creyentes chasqueados continuaron su estudio, el Señor reveló más verdades bíblicas, que vinieron a convertirse en las doctrinas -hitos- fundamentales de la iglesia adventista del séptimo día.[1]

Fue durante ese tiempo, antes que se adoptara el nombre denominacional y tuviera lugar la organización básica (entre 1860 y 1863), cuando el Señor reveló verdades relativas a la lluvia tardía y el fuerte pregón. Ellen G. Harmon, quien se casó con James White en 1846, había sido escogida por Dios como mensajera del pueblo remanente, y el Señor reveló mediante sueños y visiones lo que pronto iba a sobrevenir en la tierra.

Empezamos considerando algunas de las declaraciones tempranas que Ellen White hizo a propósito de la obra del Espíritu Santo, la lluvia tardía y el fuerte pregón. En febrero de 1845 recibió una visión que describía el final de los 2300 días, y a Cristo entrando en su obra final en el lugar santísimo para la purificación del santuario.[2] A Ellen White se le mostró la participación del pueblo de Dios en la purificación del santuario, y su gran necesidad del Espíritu Santo en el proceso. Se le mostraron también las tentativas de Satanás por engañar y frustrar la obra que estaba teniendo lugar allí:

Vi al Padre levantarse… entró en el lugar santísimo, al interior del velo, y se sentó. Entonces Jesús se levantó del trono, y la mayoría de los que estaban prosternados se levantó con él… Alzó entonces su brazo derecho, y oímos su hermosa voz decir: "Aguardad aquí; voy a mi Padre para recibir el reino; mantened vuestras vestiduras inmaculadas, y dentro de poco volveré de las bodas y os recibiré a mí mismo"… Él entró en el carro y fue llevado al lugar santísimo, donde estaba el Padre sentado. Allí contemplé a Jesús, el gran Sumo sacerdote, de pie delante del Padre… Los que se levantaron con Jesús elevaban su fe hacia él en el lugar santísimo, y rogaban: "Padre mío, danos tu Espíritu". Entonces Jesús soplaba sobre ellos el Espíritu Santo. En ese aliento había luz, poder y mucho amor, gozo y paz.

Me di vuelta para mirar la compañía que seguía postrada delante del trono [lugar santo] y no sabía que Jesús la había dejado. Satanás parecía estar al lado del trono, procurando llevar adelante la obra de Dios. Vi a la compañía alzar las miradas hacia el trono y orar: "Padre, danos tu Espíritu". Satanás soplaba entonces sobre ella una influencia impía; en ella había luz y mucho poder, pero nada de dulce amor, gozo ni paz. El objeto de Satanás era mantenerla engañada, arrastrarla hacia atrás y seducir a los hijos de Dios. Vi a uno tras otro abandonar la compañía que estaba orando a Jesús en el lugar santísimo, yéndose y uniéndose a los que estaban ante el trono [lugar santo], e inmediatamente recibieron la influencia impía de Satanás.[3]

Unos años más tarde, Ellen White escribió acerca de las "glorias del cielo" que el Señor le había revelado en su adolescencia. La luz que tenía que alumbrar toda la tierra con su gloria fue enviada directamente de Jesús, y tenía que manifestarse a través de su pueblo. En los años que siguieron identificaría esa luz como la propia lluvia tardía:

Estando en mi misma adolescencia, el Señor quiso abrir ante mí las glorias del cielo…. Miré al mundo tal como estaba en densas tinieblas… y comencé a ver haces de luz, como estrellas que punteaban toda esa oscuridad. Y entonces vi que se añadían una luz tras otra, y así a través de todas esas tinieblas morales aumentaban las luces semejantes a estrellas. Y el ángel dijo: "Esos son los que creen en el Señor Jesucristo, y están obedeciendo las palabras de Cristo. Son la luz del mundo"… Vi entonces que aumentaba el brillo de esos pequeños haces de luz, brillando del este y del oeste, del norte y del sur, y alumbrando a todo el mundo…

Vi que los rayos de luz venían directamente de Jesús para formar esos preciosos haces de luz en el mundo.[4]

Tan tempranamente como en 1850, le fue mostrado a Ellen White que la lluvia tardía vendría pronto con gran poder, pero no todos la recibirían. Satanás estaba impidiendo a la gente su necesaria preparación:

Veis demasiado lejana la venida del Señor. Vi que la lluvia tardía venía como el clamor de media noche, y con diez veces su poder.[5]

Vi que muchos descuidaban la preparación necesaria, esperando que el tiempo del "refrigerio" y la "lluvia tardía" los preparase para sostenerse en el día del Señor y [para] vivir en su presencia. ¡Oh! ¡Y a cuantos vi sin amparo en el tiempo de angustia![6]

La lluvia tardía iba a resaltar las verdades o hitos fundamentales que Dios había revelado después de 1844. En la siguiente declaración, Ellen White predijo que la lluvia tardía traería una mejor comprensión del sábado. Eso iba claramente más allá de la comprensión y enseñanza de los Reformadores del siglo XVI. Era luz acrecentada procedente del trono de Dios:

Vi que apenas hemos captado y comprendido un poco de la importancia del sábado, en comparación de lo que debemos captar y comprender acerca de su importancia y de su gloria. Vi que no sabíamos todavía lo que era subir a las alturas de la tierra para ser alimentados con la heredad de Jacob. Pero cuando venga el refrigerio de la presencia del Señor y la gloria de su poder, sabremos lo que es ser alimentados de la herencia de Jacob y subir a las alturas de la tierra. Entonces veremos el sábado en toda su importancia y gloria.[7]

Condición Laodicense

Pero, ¿estaba el incipiente pueblo adventista preparado para la lluvia tardía? Ya en 1852, Ellen White escribió declaraciones que identificaban al pueblo adventista como laodicense, por más que acabara de separarse de otras iglesias:

Muchos que profesan estar esperando la rápida venida de Cristo, se están conformando a este mundo… Son fríos y formalistas como las iglesias nominales de las que hace tan poco tiempo se separaron. Las palabras dirigidas a la iglesia laodicense describen perfectamente su condición.[8]

En 1857, Ellen White escribió un artículo para la Review describiendo lo que se le había mostrado recientemente en visión a propósito de la cadena de eventos que precedería la segunda venida de Cristo. Se produciría un zarandeo entre el pueblo de Dios, causado por aquellos que se levantaran contra el testimonio directo del Testigo verdadero a los laodicenses. Los que quisieran entrar en una experiencia más profunda con Cristo y aceptaran el mensaje a Laodicea, llegarían a la unidad, estarían preparados para el conflicto final y predicarían la verdad con poder. Se trataba de la lluvia tardía y del fuerte pregón, que encolerizaría a los impíos y haría que tomaran medidas contra el pueblo de Dios:

Pregunté cuál era el significado del zarandeo que yo había visto, y se me mostró que lo motivaría el testimonio directo que exige el consejo del Testigo fiel a los laodicenses. Tendrá su efecto en el corazón de quien reciba el testimonio, y lo llevará a exaltar la norma y a expresar claramente la verdad. Algunos no soportarán este testimonio directo. Se levantarán contra él, y eso causará un zarandeo entre el pueblo de Dios…

Dijo el ángel: "¡Escucha!" Pronto oí una voz que sonaba como muchos instrumentos musicales, en acordes perfectos, dulce y armoniosa. Superaba cualquier música que jamás hubiera oído. Parecía estar tan llena de gracia, compasión y gozo santo, elevador… Mi atención se dirigió entonces hacia la compañía que había visto antes, que había sido fuertemente zarandeada… Estaban vestidos con una armadura desde la cabeza a los pies. Se movían en perfecto orden, firmes como una compañía de soldados…

Oí cómo los que estaban vestidos con la armadura proclamaban la verdad con gran poder… Los sinceros a quienes se había impedido que oyeran la verdad, se aferraban ahora fervientemente a la verdad proclamada. Había desaparecido todo temor a sus familiares… Pregunté qué había causado aquel gran cambio. Un ángel respondió: "Es la lluvia tardía. El refrigerio de la presencia del Señor. El fuerte pregón del tercer ángel…"

Mi atención se volvió hacia los malvados o incrédulos. Estaban todos agitados. El celo y el poder en el pueblo de Dios los había excitado y encolerizado… Vi que se adoptaban medidas contra esta compañía que tenía el poder y la luz de Dios.[9]

La visión del gran conflicto

Durante el fin de semana del 13 y 14 de marzo de 1858, James y Ellen White asistieron a reuniones en Lovett's Grove, Ohio. La tarde del domingo, James dirigió un funeral en el edificio de la escuela donde se habían tenido las reuniones el sábado. Cuando hubo terminado de hablar a toda la audiencia, Ellen se levantó, sintiendo que el Espíritu del Señor la urgía a dar un testimonio, y comenzó a hablar palabras de consuelo a los enlutados. Mientras hablaba fue arrebatada en visión, y durante dos horas de revelación divina el Señor abrió ante ella "el gran conflicto de los siglos entre Cristo y Satanás". Escribiendo posteriormente sobre ello, Ellen White declaró que, si bien el tema en sí no era nuevo, ahora lo iba a poner por escrito:

En la visión de Lovett Grove, la mayor parte de lo que había visto diez años antes concerniente al gran conflicto de los siglos entre Cristo y Satanás fue repetido, y se me instruyó a que lo escribiera. Se me mostró que, aunque tenía que luchar contra los poderes de las tinieblas, pues Satanás haría grandes esfuerzos para impedir esta tarea, debía poner mi confianza en Dios, y que los ángeles no me abandonarían en el conflicto.[10]

Durante los casi cinco meses que siguieron a la experiencia de Lovett's Grove, Ellen White se dedicó a escribir la visión y la publicó en forma de libro. A comienzos de septiembre de 1858 estaba terminado el volumen 1 de Spiritual Gifts bajo el título: El gran conflicto entre Cristo y sus ángeles, y Satanás y sus ángeles.[11] Por entonces Ellen White tenía solamente treinta años, pero durante los más de cincuenta años que siguieron, aquel pequeño libro de sólo 219 páginas se expandiría hasta un total de 3.602 páginas en la serie de cinco libros del conflicto de los siglos, en la que sólo el quinto y último de los libros llevaría el título original y abarcante de El conflicto de los siglos. Ese tema global del gran conflicto vendría a ser el contexto fundacional en el que se comprenderían todas las doctrinas adventistas, incluyendo la lluvia tardía y el fuerte pregón. Tal había sido ya el caso previamente a 1858, pero recibiría un énfasis creciente durante el resto del ministerio de Ellen White:

La visión en Lovett's Grove, Ohio, que tuvo una tarde de domingo a mediados de marzo de 1858, fue de la mayor importancia. En ella se presentó el tema del gran conflicto entre Cristo y sus ángeles, de una parte, y Satanás y los suyos de la otra, estando en continuidad y en estrecha relación con la cadena de eventos que abarcaría seis mil años. Esa visión ha colocado a los adventistas en una posición singular, con posturas claras respecto a la obra de la Providencia en la historia de nuestro mundo -un punto de vista bien diferente del que sostienen los historiadores seculares, que ven los eventos de la historia como la interacción de actos realizados por los hombres, a menudo pareciendo el producto de la casualidad o de los procesos naturales. Dicho de otro modo: la visión y lo que rodea al gran conflicto de los siglos provee una filosofía de la historia que da respuesta a muchas preguntas, y que en predicción profética proporciona seguridad acerca de la victoria final del bien sobre el mal.[12]

En los años posteriores a la visión de 1858, la preocupación creciente de Ellen White consistió en escribir lo que el Señor le mostró (y continuó mostrándole) a propósito del gran conflicto. Sus declaraciones relativas al fuerte pregón y la lluvia tardía tomarían igualmente un significado nuevo. En muchas de sus declaraciones, Ellen White relacionó Apocalipsis 18 -la luz que ha de alumbrar toda la tierra con su gloria- con ambas: la lluvia tardía y el fuerte pregón. La luz precedería y seguiría al ángel de Apocalipsis 18. Esa luz iba a ser enviada desde el cielo para contrarrestar la corrupción de las iglesias desde 1844, para ayudar a unir al pueblo de Dios en el mensaje y para prepararlo para resistir en el tiempo de angustia:

Entonces vi a otro ángel poderoso con la comisión de descender a la tierra, unir su voz con el tercer ángel, y dar poder y fuerza a su mensaje. Al ángel le fueron impartidos gran poder y gloria, y cuando descendió, la tierra quedó alumbrada por su gloria. La luz que precedía y seguía a este ángel penetró en todo lugar… La obra de este ángel… se añade a la última gran obra del mensaje del tercer ángel, incrementándose hasta el fuerte pregón… Vi una gran luz descansar sobre ellos, y se unieron en el mensaje y proclamaron sin temor y con gran poder el mensaje del tercer ángel… Vi que ese mensaje finalizaría con poder y fuerza que excederían en mucho al clamor de media noche.[13]

Fui llevada al tiempo en el que el mensaje del tercer ángel estaba finalizando. El poder de Dios había asistido a su pueblo. Habían cumplido su obra y estaban preparados para la hora de prueba que estaba ante ellos. Habían recibido la lluvia tardía, o refrigerio de la presencia del Señor, y había revivido el testimonio viviente. La última gran amonestación había resonado por doquiera, y había provocado y encolerizado a los habitantes de la tierra que no querían recibir el mensaje.[14]

Cuando los miembros del cuerpo de Cristo se acerquen al tiempo de su último conflicto, "el tiempo de angustia de Jacob", crecerán a la medida de Cristo y serán participantes en gran medida de su Espíritu. Cuando el tercer ángel aumente hasta hacerse un fuerte pregón, y asistan a la obra final un gran poder y gloria, el pueblo de Dios participará de esa gloria. Es la lluvia tardía, que los reaviva y refuerza para pasar por el tiempo de angustia. Sus rostros brillarán con la gloria de esa luz que asiste al tercer ángel.[15]

En 1859, Ellen White escribió en relación con la dureza de corazón que estaba impidiendo que el testimonio a los laodicenses efectuara su obra. El celoso arrepentimiento trae la presencia de Jesús y prepara la iglesia para el fuerte pregón del tercer ángel.[16]

Eso era sinónimo de la lluvia tardía. Pero, ¿entraría el "pueblo de Dios" en esta obra? Ellen White se refirió muchas veces, en la década de 1860, a la condición de la iglesia. Era necesaria una obra individual, si es que el pueblo había de estar preparado para recibir la lluvia tardía y el fuerte pregón. Siguen declaraciones sucesivas hasta el final de la década de 1860:

Se me mostró que el testimonio dado a los laodicenses se aplica al pueblo de Dios actual, y que la razón por la cual no ha efectuado una obra mayor es por la dureza de sus corazones. Pero Dios ha dado tiempo al mensaje para que efectúe su obra. El corazón debe ser purificado de los pecados que durante tanto tiempo han mantenido afuera a Jesús… Cuando se lo presentó por primera vez, llevó a un examen profundo del corazón. Hubo confesión de pecados y el pueblo de Dios se despertó en todas partes. Casi todos creían que este mensaje terminaría en el fuerte pregón del tercer ángel. Pero como no vieron efectuarse la poderosa obra en un corto tiempo, muchos perdieron el efecto del mensaje. Vi que este mensaje no efectuaría su obra en el término de unos pocos meses. Ha sido dado para despertar al pueblo de Dios, para mostrarle sus reincidencias y para conducirlo a un celoso arrepentimiento, para que sea bendecido por la presencia de Jesús y esté preparado para el fuerte pregón del tercer ángel… Si se hubiera prestado oído pleno al consejo del Testigo fiel, Dios habría obrado con gran poder en favor de su pueblo… Los que resisten en cada punto, que soportan cada prueba y vencen al precio que sea, han prestado oído al consejo del Testigo fiel y recibirán la lluvia tardía, estando así preparados para la traslación.[17]

Los ministros y los hermanos no están preparados para el tiempo en el que viven, y casi todos los que profesan creer en la verdad presente no están en condiciones de comprender la obra de preparación para este tiempo… están totalmente incapacitados para recibir la lluvia tardía… Satanás… los hará naufragar en la fe al fijar sobre ellos algún agradable autoengaño. Piensan estar bien cuando en realidad están totalmente mal.[18]

El pueblo de Dios no está preparado para el fuerte clamor [pregón] del tercer ángel. Sus hijos tienen una tarea que hacer por sí mismos que no debieran dejar que Dios haga por ellos. Él ha dejado esa obra para que ellos la lleven a cabo. Es una obra individual; nadie puede hacerla por otro.[19]

Se me mostró que, si los miembros del pueblo de Dios no hacen ningún esfuerzo de su parte, sino que esperan que el refrigerio venga sobre ellos y les quite sus defectos y corrija sus errores; si dependen de eso para ser limpiados de contaminación de la carne y el espíritu, y ser preparados para participar en el fuerte pregón del tercer ángel, serán hallados faltos. El refrigerio o poder de Dios viene únicamente sobre los que se han preparado para recibirlo, al hacer la obra que Dios les ordena; a saber, limpiarse de toda impureza de la carne y el espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios.[20]

Nada cambió en la década de 1870, en lo referente a las promesas de Dios. Él seguía prometiendo limpiar a hombres y mujeres de toda contaminación, de forma que fueran capaces de reconocer y recibir la lluvia tardía y proclamar el mensaje del tercer ángel con un fuerte pregón. Es de esta forma como el fuerte pregón y la propia lluvia tardía desempeñarían una parte en ayudar a los miembros de iglesia a crecer en carácter y en la preparación para resistir en el conflicto final:

A medida que los miembros del cuerpo de Cristo se acercan al tiempo de su conflicto final, crecerán en él y poseerán caracteres simétricos. A medida que el mensaje del tercer ángel crece hasta ser un fuerte pregón, asistirán la obra final un gran poder y gloria. Es la lluvia tardía que reaviva y fortalece al pueblo de Dios para que atraviese el tiempo de la angustia de Jacob del que hablan los profetas. Se reflejará sobre ellos la gloria de esa luz que asiste al tercer ángel. Dios guardará a su pueblo durante ese tiempo de peligro.[21]

El Señor continuó poniendo en James y Ellen White la responsabilidad de que ella publicara más sobre el gran conflicto, pero eran tiempos de actividad frenética, y Satanás estaba más que dispuesto a provocar demoras. El esfuerzo continuado por establecer el orden eclesiástico ocupó buena parte de la temprana década de 1860. En mayo de 1863 se reunió en Battle Creek "la primera sesión oficial de la Asociación General", que "marcó la constitución de la estructura organizativa del adventismo del séptimo día".[22] Sin embargo, eso no puso fin a los dolores de crecimiento de un movimiento en progreso. Los disturbios y la guerra civil que afligían a Estados Unidos por aquel tiempo requerían igualmente tiempo y atención.[23] La necesidad extrema de la reforma pro-salud y el recién erigido Western Health Reform Institute en Battle Creek, además de los desafíos de quienes trajeron el fanatismo, resultaron agotadores para James y Ellen. Ellos mismos no estaban exentos de enfermedad, habiendo sufrido James cuatro apoplejías entre 1865 y 1873, que requirieron de Ellen un tiempo y dedicación especiales que la apartaron de su importante labor de escribir.[24] Ellen no era solamente una esposa, sino también una madre que en septiembre de 1860 estaba dando a luz a su cuarto hijo, John Herbert. Tres meses después moriría su hijo menor, al que acompañaría el mayor, Henry, en diciembre de 1863.[25]

Esos ejemplos representan solamente una pequeña muestra de las pruebas a las que se enfrentaron James y Ellen White durante aquellos años de labor extenuante en favor de la iglesia de Dios del último tiempo. Finalmente se publicó en noviembre de 1870 el volumen 1 de The Spirit of Prophecy, que cubría la historia desde la Creación hasta el reinado de Salomón. En 1876 se publicó el volumen 2, dedicado a la vida, enseñanzas y milagros de Cristo. Siguió el volumen 3 en 1878, cubriendo el resto de la vida de Cristo hasta su crucifixión. Pero el libro que tanto pesó en el corazón de Ellen White fue el volumen 4, que vendría finalmente a ser El conflicto de los siglos.

El Señor quería que Ellen y James quedaran liberados de sus otras labores, de forma que pudieran dedicar tiempo a escribir más plenamente los temas del gran conflicto. Viviendo en Battle Creek, donde James era editor de la Review, no les quedaba tiempo para esa obra. Su plan era mudarse el verano de 1881 al Oeste de California, donde Ellen pudiera dedicar más tiempo a escribir. James también sentía un peso en su corazón por presentar más plenamente el tema de la redención:

La primavera y la primera parte del verano de 1881 las pasamos juntos en nuestro hogar de Battle Creek. Mi esposo esperaba arreglar sus asuntos de tal manera que pudiéramos ir a la costa del Pacífico y dedicarnos a escribir. Él sentía que habíamos cometido un error al permitir que las necesidades aparentes de la causa y los pedidos de nuestros hermanos nos urgieran a realizar un trabajo activo en la predicación, siendo que debiéramos haber estado escribiendo. Mi esposo quería presentar en forma más plena el tema glorioso de la redención, y por años yo había contemplado el plan de preparar libros importantes. Ambos sentíamos que mientras nuestras facultades mentales estuvieran vigorosas debíamos completar esos libros; que era un deber que teníamos para con nosotros mismos y para la causa de Dios, el que descansáramos del ardor de la batalla y diéramos a nuestro pueblo la luz preciosa de la verdad que Dios había abierto ante nuestras mentes.[26]

Habíamos proyectado dedicar el próximo invierno a escribir [1881]. Mi esposo había dicho: "No nos desviemos de nuestro propósito. Creo que hemos cometido un error al permitir que las necesidades aparentes de la causa y los ruegos fervientes de nuestros hermanos nos urgieran a una labor activa en la predicación, siendo que deberíamos haber estado escribiendo… Tengo la seguridad de que estamos ante una crisis. Hemos de preservar nuestras capacidades físicas y mentales para el servicio en el futuro. Hace tiempo que se debiera haber presentado más plenamente a nuestro pueblo el tema glorioso de la Redención; pero he cedido cuando se me llamó al campo de labor para asistir a encuentros campestres, y he quedado exhausto hasta el punto de ser incapaz de ponerme a escribir".[27]

Cuadro original titulado "El camino a la vida"

En algún momento, en la temprana década de 1870, el Dr. M. G. Kellogg diseñó y adquirió los derechos de autor de un cuadro de 48 x 61 cm que representaba el plan de la salvación, al que puso por título: El Camino a la vida. "El cuadro llevaba por subtítulo: 'Del paraíso perdido al paraíso restaurado'. Desarrollaba en términos pictóricos y de forma alegórica el relato de la caída y restauración del hombre, comenzando en las puertas del Edén". El cuadro iba acompañado de un folleto descriptivo. Se vendía a través de Review and Herald.[28] A Jame White le pareció "una gran ayuda para los evangelistas adventistas en sus esfuerzos por presentar adecuadamente la relación entre la ley y el evangelio".[29] En 1876, James White decidió mejorar el cuadro y producir un nuevo folleto descriptivo del que imprimió 2.000 copias, que se venderían a través de Review y Signs.[30] Pero el tema destacado en el cuadro eran los Diez Mandamientos colgando de dos ramas bajas de un árbol gigante que ocupaba el centro del cuadro. Si bien la cruz aparecía en la escena, no tenía la misma prominencia que la ley suspendida del árbol.

Cuadro modificado, titulado: "Cristo, el Camino a la vida"

Cuatro años después James emprendió otra revisión de la litografía, mostrando un progreso en su comprensión en la representación de la cruz, que pasaba ahora a ocupar el lugar central y prominente en el cuadro. Escribiendo a su esposa a comienzos de 1880, James afirmó: "Tengo también un bosquejo del nuevo cuadro: He aquí el Cordero de Dios. Difiere de El Camino a la vida en estos puntos: se ha suprimido el árbol de la ley y se ha agrandado a Cristo en la cruz, situándolo en el centro".[31] En enero de 1881 James fue a la ciudad de Nueva York para ver a Thomas Morgan, a quien se consideraba el mejor artista del mundo, a fin de conseguir un grabado en acero de El Camino a la vida. Animado por el potencial del nuevo cuadro, James planeó publicar después un libro que lo acompañara, ampliando la explicación del plan de la salvación, que estaba ya en la imprenta. Había pensado titularlo: Cristo, el Camino a la vida: Del Edén perdido al Edén restaurado.[32] Pero el cuadro El Camino a la vida no era el único indicativo de un cambio de énfasis en la mente de James.

Predicad más a Cristo[33]

En febrero de 1881 James White expresó su deseo de que los pastores adventistas dedicaran más tiempo a predicar a Cristo. Pero ellos mismos necesitaban tener más que una teoría sobre Cristo; debía haber un "Cristo morando en el interior". Fiel a sus propias palabras, James comenzó a enfatizar a Cristo en todas sus predicaciones y en sus intercambios con otros. Este fue el resultado de prestar mayor atención a Cristo:

Muchos sienten en el alma un deseo indecible de Cristo, y quien escribe es uno de ellos. Algunos nos hemos dedicado a los negocios, el trabajo, las preocupaciones, dejando relegado a Cristo en la mente y los afectos. Para otros todo ha sido una teoría, centrándose en la ley y los profetas, la naturaleza y destino del hombre y los mensajes, destituidos en un grado alarmante de Cristo morando en el interior…

Nuestros predicadores necesitan que se los anime más. Han de predicar más a Cristo y debieran saber más de él, de quien dependen todas nuestras posibilidades de éxito aquí y después en el Cielo.[34]

Pasé dos veranos con él [James White] en Colorado. Durante los últimos meses… estuve con él unas ocho semanas; por lo tanto, he tenido las mejores oportunidades para conocerlo bien… En los viajes que hemos realizado juntos mencionaba frecuentemente los errores que creía haber cometido en su vida. Cuando orábamos juntos a solas, él lloraba a cuenta de dichos errores y suplicaba por gracia para ser un verdadero cristiano. Me lo comentaba a menudo de forma privada, y hablaba también de ello vez tras vez en casi todas sus predicaciones aquella primavera y verano: sentía que tenía que ser más amable con sus hermanos y manifestar mayor compasión hacia quienes erraban, que tenía que cultivar un mayor amor por Cristo y más paciencia en sus pruebas… Como todos recordarán, allí donde predicó en los últimos meses, hizo prominente la fe en Cristo y el amor sin límites de Dios.[35]

Desde finales de junio y durante todo el mes de julio de 1881 James y Ellen White continuaron su ministerio en Battle Creek. James seguía siendo el jefe de redacción de Review. Iban a menudo a una arboleda cercana a su casa para dedicar un tiempo a la oración. Ellen White recordó posteriormente uno de aquellos episodios:

Mientras íbamos al lugar acostumbrado de oración, [James] se detuvo súbitamente; su rostro estaba muy pálido, y dijo: "Siento en mi espíritu una gran solemnidad. No estoy desanimado, pero siento que está a punto de producirse cierto cambio en asuntos que me conciernen a mí y a ti. ¿Qué sucedería si no hubieras de vivir? ¡Eso es imposible! Dios te ha encomendado una obra. Pero espero que te tomes un tiempo de descanso, a fin de recuperarte de esta condición debilitada. [Mi impresión de cambio inminente] es tan persistente, que me siento ansioso pensando qué va a terminar por ser. Tengo una sensación de peligro, y junto con ella viene un anhelo indescriptible de la bendición especial de Dios, una seguridad de que todos mis pecados han sido lavados en la sangre de Cristo. Confieso mis errores, y te pido perdón por toda palabra o acto que te haya causado dolor. No tiene que haber nada que obstaculice nuestras oraciones. Todo ha de estar en paz entre nosotros, y entre nosotros y Dios.

Allí confesamos cada uno al otro nuestros errores en un espíritu de humildad, y a continuación elevamos una ferviente súplica por la gracia y bendición de Dios. Mi esposo permaneció inclinado algunos minutos después que hubimos terminado de orar. Cuando se levantó, su rostro denotaba ánimo y felicidad. Alabó al Señor, afirmando que sentía la seguridad del amor de Cristo…

Pronunció entonces unas palabras de oración ferviente: "Tú, oh Dios, tienes una obra por efectuar en la tierra; una obra tan grande, que en nuestra debilidad temblamos al contemplarla en su magnitud. Pero si nos das fuerzas, asumiremos la labor encomendada a nuestras manos y la llevaremos adelante. Procuraremos mantener la vista apartada del yo, y magnificar el poder de la gracia en cada palabra y acto de nuestra vida. La nuestra es una responsabilidad solemne. ¿Cuál va a ser nuestro registro en el día de Dios? Te alabaré, Señor, pues soy totalmente tuyo, y tú eres mío".[36]

No mucho tiempo después, James comenzó a imaginar los posibles efectos sobre la obra en Battle Creek si es que él y Ellen se mudaban a la costa Oeste. Ellen "le urgió a que viera la importancia de buscar un campo de labor donde permanecer libres de las cargas que inevitablemente recaían sobre nosotros en Battle Creek". En respuesta, James se refirió a varios asuntos que demandaban atención antes que pudieran partir -deberes a los que cualquiera está obligado. Luego preguntó con intensa preocupación:

"¿Dónde están las personas capaces de hacer esta obra? ¿Dónde están los que manifestarán un interés altruista en nuestras instituciones, y que se pondrán del lado de lo recto, sin dejarse afectar por ninguna influencia con la que entren en contacto?" Manifestó con lágrimas su ansiedad por nuestras instituciones en Battle Creek. Dijo: "He dedicado mi vida a la edificación de estas instituciones. Abandonarlas sería como recibir la muerte. Son como mis hijas, y no puedo retirar de ellas mis afectos. Son los instrumentos de Dios para llevar a cabo una obra específica. Satanás procura estorbar e invalidar todos los recursos mediante los que obra el Señor para la salvación de los hombres. Si el gran adversario logra moldear estas instituciones de acuerdo con las normas del mundo, habrá cumplido su propósito. Mi mayor preocupación consiste en tener a la persona adecuada para el lugar adecuado. Si los que ocupan posiciones de responsabilidad manifiestan un poder moral débil, y si son vacilantes en sus principios y se inclinan hacia el mundo, hay muchos que seguirán su conducción. Las influencias malignas no deben prevalecer. Prefiero morir antes que ver estas instituciones mal dirigidas o alejadas del propósito para el que fueron creadas".[37]

Muerte de James White

James estaba decidido. Preferiría morir antes que vivir para ver degradarse aquella obra de Battle Creek por la que había empeñado su alma y su vida. Pocos días después, cuando viajaba en un carruaje junto a Ellen de camino hacia una reunión campestre, James se resfrió y enseguida empeoró gravemente. Hacia el final de la semana era evidente que, excepto que el Señor lo sanara, James iba camino del sepulcro. Fue entonces, mientras Ellen White estaba sentada al lado de su esposo moribundo, cuando el Señor dio a Ellen una promesa para el futuro de la obra:

Al sentarme, teniendo en mi mano la de mi esposo moribundo, supe que Dios estaba a la obra. Sentada allí, a su lado en la cama mientras él sufría de una fiebre tan elevada, me fue presentada una clara cadena de luz: A los obreros se los entierra, pero la obra prosigue. Tengo obreros que se harán cargo de esta obra. No temas. No te desanimes. Irá adelante.

Allí comprendí que tendría que asumir una obra y tomar una carga más pesada aún que la que nunca antes llevara. Allí mismo prometí al Señor que permanecería en mi puesto del deber, y así he procurado hacer. Hago, hasta donde me resulta posible, la obra que Dios me ha encomendado, en la comprensión de que Dios traería a su obra un elemento del que aún no disponíamos.[38]

El Señor levantaría a otros que traerían a la obra un elemento que aún no había existido. Después de morir James, la propia Ellen White estuvo a punto de morir. Cuando por fin se recuperó, buscó la voluntad de Dios para su vida. Recibió respuesta en un interesante sueño. Su obra de escribir era de la máxima importancia: debía compartir por escrito lo que Dios le había mostrado años atrás, y debía darlo a conocer a las personas. Se le mostró también que al pueblo de Dios se le habrían de otorgar más joyas de preciosa luz:

"[Sueños de Ellen White sobre James, después de la muerte de este]- Unos días después de haber estado suplicando al Señor por luz sobre mi deber, en la noche soñé que estaba en el carruaje, conduciéndolo, sentada al lado derecho. El padre [James White] estaba en el carruaje, sentado a mi izquierda. Estaba muy pálido, pero calmado y dueño de sí. 'Hola, Padre', exclamé. '¡Que feliz estoy por tenerte una vez más a mi lado! He sentido que se fue la mitad de mí. Padre, te vi morir. Te vi enterrado. ¿Se ha apiadado el Señor, permitiendo que vengas a mí de nuevo, y que podamos trabajar juntos como solíamos hacer?'

Él miró muy triste, y dijo: 'El Señor sabe lo que es mejor para ti y para mí. Mi labor era muy querida para mí. Hemos cometido un error. Hemos respondido a invitaciones urgentes de nuestros hermanos para ir a reuniones importantes. No tuvimos valor para negarnos…'

'Ahora, Ellen, volverá a haber invitaciones como las que se hicieron, con el ruego de que asistas a reuniones importantes tal como sucedió en el pasado. Pero presenta ese asunto ante Dios y no respondas a las más fervientes invitaciones. Tu vida pende de un hilo, por así decirlo. Debes tener un tranquilo reposo, debes permanecer libre de toda excitación y de preocupaciones negativas. Podíamos haber hecho una gran labor durante años, escribiendo acerca de temas que las personas necesitan y sobre los que teníamos luz que podíamos presentarles: algo que otros no podían hacer. Por lo tanto, puedes dedicarte a la obra en cuanto recobres las fuerzas, como va a ser el caso, y puedes hacer mucho más con la pluma que con la voz'.

Me miró fijamente, y me dijo: 'No vas a desoír estas advertencias, ¿verdad que no, Ellen?... Debimos mudarnos antes a la costa del Pacífico, dedicando nuestro tiempo y energía a la escritura. ¿Lo harás ahora? ¿Retomarás la pluma y escribirás estas cosas que por tanto tiempo hemos anticipado en cuanto te recuperes, sin prisa, pero sin pausa? Hay importante material que la gente necesita. Haz de eso tu prioridad. Alguna vez tendrás que hablarles, pero evita las cargas que nos han agotado'.

'Bien', dije: 'James, quédate siempre conmigo y trabajemos juntos'. Me respondió: 'Estuve demasiado tiempo en Battle Creek. Hace más de un año que tenía que haber ido a California, pero quería ayudar en la obra de las instituciones en Battle Creek. Fue un error. Tienes un corazón sensible. Estarás inclinada a cometer los mismos errores que yo. Tu vida puede ser de utilidad a la causa de Dios. ¡Oh, qué preciosos temas me habría dado el Señor para que los presentara ante el pueblo, gemas de luz preciosa!' Me desperté, ¡pero ese sueño me parecía tan real!"[39]

Una vez que Ellen White se recuperó tras la muerte de James, se mudó a Healdsburg, California, en procura de descanso y quietud, para poder retomar por fin su trabajo en el volumen cuarto: El conflicto de los siglos.[40] A primeros de agosto de 1882, Ellen White compró una casa de dos plantas en Powell Street, en las afueras de la ciudad. A finales de aquel mes, estando en Oakland, enfermó gravemente durante varias semanas. Cuando comenzó a recuperarse, pidió que la llevaran a Health Retreat, en St. Helena, pero no mejoró allí. Al acercarse las fechas del encuentro campestre de California en Healdsburg, pidió que la llevaran a su casa en aquella misma ciudad. Esperaba haber recuperado la fortaleza suficiente para dar testimonio en el encuentro campestre. Tanto ella como su familia confiaban que aquel entorno contribuyera a la recuperación de su vitalidad y fuerzas.[41]

El encuentro campestre comenzó a primeros de octubre de 1882, en una arboleda a menos de un kilómetro de su casa. Aunque muy debilitada y a duras penas capaz de salir de la cama, a mediodía del primer sábado, dio instrucción para que se le preparara un lugar en la gran tienda, desde el que le fuera posible escuchar al predicador. Se le preparó un sofá en la gran plataforma para el predicador. Los que estaban cerca pudieron observar, no sólo su debilidad, sino también la palidez mortecina en su rostro. Al recordar aquella experiencia años más tarde, Ellen White explicó que no sólo la tienda estaba a rebosar, sino que "se diría que todo Healdsburg se había reunido allí".[42]

Milagroso

J. H. Waggoner, redactor de Signs of the Times, habló aquel sábado de tarde "acerca del comienzo y la obra temprana del mensaje, de su progreso y de su estado actual".[43] Se refirió también a señales indicativas de que el día del Señor estaba muy cercano. Al terminar su intervención, Ellen White se volvió a Willie y a la Sra. Ings, quienes estaban a su lado, y les dijo: "¿Me podéis ayudar a levantarme y a ponerme de pie mientras dirijo unas palabras?" Le ayudaron a llegar al púlpito. "Allí estuve por cinco minutos", recordó posteriormente, "intentando hablar, en la convicción de que lo iba a hacer por última vez: sería mi mensaje de despedida". Se estaba sujetando al púlpito con las dos manos:

De repente sentí que descendía sobre mí un poder, como una descarga de electricidad. Recorrió mi cuerpo, llegándome hasta la cabeza. Los que observaban aseguraron haber visto claramente cómo la sangre regresaba a mis labios, orejas, mejillas y frente.[44]

Todos en la audiencia la miraban con intenso interés. El Sr. Montrose, un comerciante de la ciudad, se puso en pie y exclamó: "¡Estamos presenciando un milagro ante nuestros ojos! ¡Se ha curado la Sra. White!" Ellen recuperó la fuerza de su voz, que se expresaba ahora en frases claras y firmes, y dio un testimonio como el que la audiencia nunca antes oyera. J. H. lo relató así en su informe en Signs:

Su apariencia y su voz cambiaron, y habló prolongadamente con claridad y energía. Invitó entonces a quienes quisieran implicarse en el servicio a Dios, y a quienes se habían alejado en sus reincidencias, a que pasaran delante. Un buen número respondió al llamado.[45]

Uriah Smith, que estaba presente allí, informó en Review and Herald que tras aquella curación milagrosa "fue capaz de asistir a reuniones… como de costumbre, y habló en seis ocasiones con la fuerza vocal y claridad de ideas acostumbradas".[46] Refiriéndose a esa experiencia, Ellen White dijo: "Es como si alguien hubiera resucitado… La población de Healdsburg iba a tener esa señal como testimonio de la verdad".[47] Aquel suceso, que pareció ser un punto de inflexión en su condición física, marcó el inicio de un ministerio enérgico. Al referirse a la enfermedad que había arrastrado por dos meses, explicó que esperaba que se fuera curando gradualmente. Pero lo hizo de forma instantánea:[48]

Mi pluma ha reposado por dos meses; pero estoy profundamente agradecida por poder volver a escribir de nuevo. El Señor me ha dado una evidencia adicional de su misericordia y amorosa bondad al restituirme la salud una vez más. En mi reciente enfermedad estuve muy cerca del sepulcro; pero las oraciones del pueblo del Señor obraron en mi favor…

El primer sábado del encuentro sentí que debía salir a la plataforma, donde me encontraría con el Divino Sanador… Las personas me vieron en mi debilidad, y muchos confirmaron que por toda apariencia era una perfecta candidata para la tumba. Casi todos los presentes observaron el cambio que tuvo lugar en mí mientras me dirigía a ellos… El poder divino ha hecho en mí una gran obra, lo que me llena de alegría. Pude trabajar día tras día en el encuentro, y en varias ocasiones hablé por más de hora y media. Todo mi sistema fue dotado de fuerzas y vigor renovados. Tomó posesión de mi alma un nuevo flujo de emociones, una fe nueva y más elevada…

Antes de mi enfermedad, creía tener fe en las promesas de Dios; sin embargo, yo misma estoy sorprendida por el gran cambio que se ha obrado en mí, que excede en mucho a mis expectativas. Soy indigna de esa manifestación del amor de Dios. Tengo motivos para alabar más intensamente a Dios, para andar en mayor humildad ante él y para amarlo más fervientemente que nunca antes. He sido puesta bajo una mayor obligación de dar al Señor todo lo que hay en mí. Debo hacer a los demás partícipes del bendito resplandor que él ha permitido que brille sobre mí.[49]

Promesa cumplida

En la reunión campestre de Healdsburg de 1882 hubo más de un milagro.

El joven E. J. Waggoner, de 27 años de edad, asistió al encuentro campestre en el que Ellen White fue sanada milagrosamente. E. J. Waggoner nació en 1855 de padres adventistas. Creció en Michigan y se graduó posteriormente en la universidad de Battle Creek, lugar donde conoció a Jessie Moser, con quien se casó. Waggoner dejó entonces Battle Creek para titularse en medicina, lo que sucedió el 1878 en Nueva York, en la universidad del hospital Long Island, en Brooklyn.[50] Después de haberse graduado como médico, Waggoner volvió a trabajar en el Sanatorio de Battle Creek hasta cerca de 1880, cuando se mudó a California. Fue allí, en la reunión campestre de Healdsburg de 1882, donde Waggoner tuvo una más que notable experiencia.

Sentado algo apartado del cuerpo de la congregación en la gran tienda un sombrío sábado de tarde, Waggoner oía a Ellen White predicar sobre "el evangelio y la gracia divina" con "extraordinaria fuerza en su voz, y con claridad de pensamiento", como dijo Uriah Smith.[51] Waggoner describiría más tarde su experiencia como una realidad comparable a la de Pablo en el camino a Damasco. Esa experiencia lo guiaría el resto de su vida en el estudio de la Biblia, y lo prepararía para llevar el mensaje de la gracia divina a una iglesia que languidecía en su condición laodicense. Dios había cumplido sin duda la promesa que hizo un año antes a Ellen White, y estaba llamando a otros obreros para que tomaran el lugar de James White. Estaba también poniendo en sus corazones el mismo deseo de presentar a Cristo en toda la Biblia, y de dar un cuadro completo del plan de la salvación y de la justicia por la fe. Waggoner escribió a propósito de esa experiencia en varias ocasiones a lo largo de su vida:

Hay ciertas escenas que son como hitos en mi experiencia, comenzando por mi primera convicción de pecado al sentir la reprobación del Espíritu, seguida por la revelación de Cristo crucificado por mí, mientras usted [Ellen White] predicaba en el encuentro campestre de Healdsburg de 1882. Eso ha sido como una luz en mi camino que me ha guiado en todo mi estudio de la Biblia, y que ha brillado cada vez más intensamente.[52]

Fue durante una predicación suya [Ellen White], hace veintidós años [1882], cuando recibí la luz que ha sido la gran bendición de mi vida, y que me ha guiado en el estudio de la Biblia por tanto tiempo como la he mantenido ante mi vista. Por lo tanto, siempre he tenido una evidencia particular del hecho de que Dios la ha empleado a usted para una obra especial en su causa.[53]

Hace muchos años, en una tarde sombría y lluviosa, estaba sentado en una carpa en la que una sierva del Señor estaba presentando el evangelio de su gracia; no queda en mí recuerdo de una sola palabra, del texto o los textos que empleó la predicadora, y nunca he sido consciente de haber escuchado una sola palabra, pero en mitad del discurso tuve una experiencia que fue el momento decisivo en mi vida. De repente brilló una luz a mi alrededor, y se iluminó la carpa como si luciera el sol del mediodía. Vi a Cristo crucificado por mí, y me fue revelado por vez primera en mi vida el hecho de que Dios me amaba, y de que Cristo se dio personalmente por mí. Todo fue por mí. Si es que pudiera describir mis sentimientos, no serían comprendidos por quienes no han vivido una experiencia similar, y para los tales no hay necesidad de mayor explicación. Creo que la Biblia es la palabra de Dios, escrita por hombres santos que fueron inspirados por el Espíritu Santo, y supe que aquella luz que me había sobrevenido fue una revelación directa del cielo; por lo tanto, supe que en la Biblia encontraría el mensaje del amor de Dios a los pecadores individuales. Resolví entonces que dedicaría el resto de mi vida a encontrarlo allí y a darlo a conocer a otros. La luz que brilló sobre mí aquel día procedente de la cruz de Cristo, ha sido mi guía en todo mi estudio de la Biblia; allí donde haya investigado en el Sagrado Libro, he encontrado a Cristo revelado como el poder de Dios para salvación de las personas, y nunca he encontrado otra cosa distinta a esa.[54]

Por aquel tiempo, Cristo me fue presentado como 'claramente crucificado' [Gál. 3:1] ante mis ojos. Estaba sentado algo apartado del cuerpo de la congregación, en la gran carpa del encuentro campestre de Healsdburg la tarde de un sábado lluvioso… Todo cuanto puedo recordar es lo que vi. De repente brilló una luz a mi alrededor, y la carpa quedó más iluminada que si hubiera brillado en ella el sol del mediodía. Vi a Cristo colgando de la cruz, crucificado por mí. En aquel momento tuve mi primer conocimiento positivo, que me inundó como un diluvio, de que Dios me amaba, y de que Cristo murió por mí. Dios y yo éramos los únicos seres de los que era consciente en el universo. Entonces supe, por haberlo visto, que Dios estaba en Cristo reconciliando el mundo a sí; se trataba de todo el mundo con todo su pecado. Estoy seguro de que la experiencia de Pablo en el camino a Damasco no fue más real que la mía… Tomé al punto la resolución de que estudiaría la Biblia a la luz de aquella revelación, a fin de poder ayudar a otros a ver la misma verdad.[55]

Fue muy poco tiempo después de aquella experiencia cuando, por providencia de Dios, Waggoner se encontraría con A. T. Jones, y juntos traerían un "mensaje preciosísimo" a la iglesia. Era la voluntad de Dios que, una vez se hubiera aceptado el mensaje de la lluvia tardía, llegara pronto al mundo entero como un fuerte pregón.

A. T. Jones nació en 1850, y a diferencia de Waggoner, no creció en un hogar adventista. Se enroló en el ejército a los veinte años y sirvió allí catorce meses antes que cayera en sus manos cierta literatura adventista.[56] El 8 de agosto de 1874 Jones se bautizó en Walla Walla, Washington. Había estado por semanas "buscando fervientemente al Señor", y hacía pocos días que había recibido una "evidencia clara del perdón de los pecados".[57] Después de su conversión y bautismo, se asoció inmediatamente con I. D. Van Horn en la obra evangelística y la implantación de iglesias en el Noroeste. En 1887 se casó con Frances Patton y el año siguiente fue ordenado pastor. No pudiendo obtener mayor formación en Battle Creek, Jones tuvo que basar su educación en su avidez por la lectura. Pronto vino a ser uno de los más leídos entre los defensores de la libertad religiosa.[58]

Pocos meses antes del encuentro de Healdsburg, Ellen White escribió palabras que encierran un gran significado, a la vista de las experiencias de conversión de Jones y Waggoner. Dios iba a escoger a hombres a quienes él mismo instruiría, más bien que depender de las escuelas de aquel tiempo:

Pocos serán los hombres grandes que tomarán parte en la obra solemne del fin… puede ser que bajo un exterior algo áspero y no muy llamativo se revele el brillo de un carácter cristiano genuino…

Dios ha de llevar a cabo una obra en nuestros días que muy pocos anticipan. Levantará y exaltará en nuestro medio a aquellos que son enseñados por la unción de su Espíritu en vez de por la enseñanza de las instituciones científicas del mundo… Dios revelará que él no depende de mortales doctos y vanidosos.[59]

Ellen White escribió también acerca de la gran necesidad que tiene la iglesia del derramamiento del Espíritu Santo para hacer efectiva su obra. Pero, ¿cuál era la condición de su pueblo? El Testigo verdadero seguía llamando al arrepentimiento. La reincidencia se había cronificado, y se hacía necesario un verdadero reavivamiento. Sólo podría remediar la situación el poder vivificador del Espíritu Santo obrando mediante el evangelio:

Debemos orar por el derramamiento del Espíritu con tanto fervor como lo hicieron los discípulos en el día de Pentecostés. Si ellos lo necesitaban en aquel tiempo, nosotros lo necesitamos más hoy día. La oscuridad moral cubre la tierra como un paño mortuorio. Están desviando las mentes de los hombres toda clase de falsas doctrinas, herejías y engaños satánicos. Sin el Espíritu y el poder de Dios, trabajaremos en vano intentando presentar la verdad.[60]

El Señor no nos ha cerrado el cielo, pero nuestro propio comportamiento extraviado nos ha separado de Dios…

¿Escucharéis al Testigo fiel que os aconseja procurar el oro probado en el fuego, la vestidura blanca y el colirio? El oro es la fe y el amor; la vestidura blanca es la justicia de Cristo; el colirio es el discernimiento espiritual que os habilitará para rehuir los ardides de Satanás, para notar el pecado y aborrecerlo, para ver la verdad y obedecerla.[61]

Hay demasiado poco del Espíritu y del poder de Dios en la obra de los atalayas. El Espíritu que caracterizó aquella maravillosa reunión el día de Pentecostés, está esperando manifestar su poder sobre los hombres que están interpuestos entre los vivos y los muertos como embajadores de Dios. El poder que conmovió al pueblo tan fuertemente durante el movimiento de 1844 se ha de manifestar una vez más. El mensaje del tercer ángel avanzará, no en tono silencioso, sino con gran clamor.[62]

Nada que no sea la influencia vivificadora del Evangelio puede ayudar al alma. Orad para que las poderosas energías del Espíritu Santo, con todo su poder vivificador, recuperador y transformador, caigan como un choque eléctrico sobre el alma paralizada, haciendo pulsar cada nervio con nueva vida, restaurando todo el ser, de su condición muerta, terrenal y sensual a la sanidad espiritual. Así llegaréis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo escapado a la corrupción que reina en el mundo por la concupiscencia; y en vuestras almas se reflejará la imagen de Aquel por cuyas heridas somos sanados.[63]

Dios no había abandonado a su pueblo. Había cumplido la promesa que hizo a Ellen White. Estaba preparando a obreros que traerían "un elemento nuevo a la obra, que no habíamos tenido antes".[64] Obreros que serían capaces de "predicar más a Cristo", a fin de que se proclamara el "mensaje preciosísimo" de "un Cristo que mora en el interior", tan vital para el pueblo de Dios. Eso, con el propósito de que la iglesia y el mundo "pudieran saber más de Aquel de quien dependen todas nuestras esperanzas y éxito aquí, y el Cielo después".[65] En el cielo se habían trazado planes a fin de que "las poderosas energías del Espíritu Santo" pudieran descender pronto sobre la iglesia, reavivando las almas paralizadas.?

Notas:

  1. Ellen White resumiría con posterioridad esos hitos como siendo: el cumplimiento del tiempo en 1844, la esperanza de la segunda venida, la purificación del santuario, los mensajes de los tres ángeles, los mandamientos de Dios, la fe de Jesús, el sábado como séptimo día y la no inmortalidad de los malvados. Ver Ellen G. White 1888 Materials, p. 518.
  2. Ver Arthur L. White, Ellen G. White: The Early Years, (Hagerstown, MD: Review and Herald Pub. Assn., 1985) p. 127, (en lo sucesivo, The Early Years).
  3. Ellen G. White, Early Writings, pp. 55-56 {Primeros escritos, pp. 55-56, visión de 1845}. El último párrafo figuraba en la edición de 1851 de A Sketch of the Christian Experience and Views of Mrs. E. G. White, pero no se incluyó en la edición de 1882 al publicarla como Primeros escritos. La cita original se puede encontrar en: Broadside #1, "To the Little Remnant Scattered Abroad", 6 abril 1846, párrafo 7. En el libro El conflicto de los siglos, Ellen White escribió: "La venida de Cristo como nuestro sumo sacerdote al lugar santísimo para la purificación del santuario, según señala Daniel 8:14… está también representada por la venida del esposo a la boda, que Cristo describió en la parábola de las diez vírgenes de Mateo 25… Los que siguen a Cristo por la fe en la gran obra de la expiación, reciben los beneficios de su mediación en favor de ellos; pero no se benefician de ella quienes rechazan la luz que revela esa obra de ministración" (pp. 426, 430, edición de 1888; original sin cursivas).
  4. Ellen G. White, Gospel Workers, pp. 378-379, edición de 1892 (el párrafo no está incluido en la traducción de ese libro al español), y Selected Messages, vol. 1, p. 76 {Mensajes selectos, vol. 1, pp. 86-87, traducción revisada}. Ellen White tuvo esa visión siendo adolescente, o a finales de la década de 1840.
  5. Ellen G. White, Spalding and Magan Collection of Unpublished Manuscripts, (Payson, AZ: Leaves-Of-Autumn Books, 1985), p. 4, escrito en septiembre de 1852. El CD Complete Published Ellen G. White Writings (edición de 1999), reproduce esta declaración tal como aparece en Spalding and Magan Collection. No obstante, el CD Ellen G. White Writings Comprehensive Research Edition (edición de 2008) añade dos palabras entre corchetes: "Veis demasiado lejana la venida del Señor. Vi que la lluvia tardía venía [tan repentinamente] como el clamor de media noche, y con diez veces su poder". Eso queda confirmado por lo que dijo A. T. Jones en el congreso de la Asociación General de 1893: "Otro testimonio que nunca ha pasado a la imprenta afirma que ésta [manifestación del poder de Dios] vendrá tan repentinamente como lo hizo en el año 44, y 'con diez veces su poder'" {"El mensaje del tercer ángel nº 7", General Conference Daily Bulletin, 5 febrero 1893, p. 152 http://libros1888.com/Pdfs/atj1893n07.pdf}.
  6. Ellen G. White, Early Writings, p. 71 {Primeros escritos, p. 71. Visión del 14 mayo de 1851; corchetes añadidos}.
  7. Ellen G. White a la hermana Harriet, Carta 3, 11 agosto 1851; en Selected Messages, vol. 3, p. 388 {Mensajes selectos, vol. 3, p. 443}.
  8. Ellen G. White, "To the Brethren and Sisters", Review and Herald, 10 junio 1852, p. 21.
  9. Ellen G. White, "The Future", Review and Herald, 31 diciembre 1857, p. 59. Algunas de las imágenes de aquel "ejército" que se le mostraron a Ellen White son similares a las mencionadas en el capítulo dos de Joel. Obsérvese también que Ellen White no separa la lluvia tardía del fuerte clamor. Esa declaración aparece en la compilación Last Day Events bajo el epígrafe: "The Latter Rain Will Produce the Loud Cry" (Ellen G. White, Last Day Events [Nampa, ID: Pacific Press, 1992], pp. 186-187) {Eventos de los últimos días, pp. 190-191}.
  10. Ellen G. White, Life Sketches of Ellen G. White (Mountain View, CA: Pacific Press, 1915), p. 162 {Notas biográficas de E. G. de White, p. 178}.
  11. Esto se publicaría posteriormente junto a otro material, bajo el título: Early Writings {Primeros escritos}.
  12. Arthur L. White, Ellen G. White: The Early Years (Washington, D.C.: Review and Herald Pub. Assn., 1985), p. 366.
  13. Ellen G. White, Spiritual Gifts, vol. 1, reimpresión del facsímil (Washington, D.C.: Review and Herald Pub. Assn., 1945), pp. 193-196, escrito en 1858. La expresión: "La luz que precedía y seguía a este ángel" es simbología tomada de Joel 2:3.
  14. Ibid., p. 197, escrito en 1858.
  15. Ellen G. White, "The Future", Review and Herald, 27 mayo 1862, p. 202.
  16. El hecho de que Dios estuviera dispuesto a finalizar esa obra en 1859 no niega, no obstante, la necesidad del mensaje enviado en 1888 mediante Jones y Waggoner. Ese tenía que ser la culminación del mensaje a Laodicea, a fin de que el pueblo pudiera resultar "favorecido con la presencia de Jesús". La luz que ha de alumbrar toda la tierra con su gloria, es el mismo mensaje para todo tiempo.
  17. Ellen G. White, Testimonies, vol. 1, pp. 186-187, escrito en 1859 {Testimonios para la iglesia, vol. 1, pp. 171-173; traducción revisada}.
  18. Ibid., p. 466, escrito en 1865 {Testimonios para la iglesia, vol. 1, pp. 410-411}.
  19. Ibid., p. 486, escrito en 1865 {Testimonios para la iglesia, vol. 1, p. 427; traducción revisada}.
  20. Ibid., p. 619, escrito en 1867 {Testimonios para la iglesia, vol. 1, pp. 536-537; original sin cursivas; traducción revisada}.
  21. Ellen G. White, "Jacob and the Angel", Signs of the Times, 27 noviembre 1879.
  22. Arthur L. White, Ellen G. White: The Progressive Years (Hagerstown, MD: Review and Herald Pub. Assn., 1986), p. 33.
  23. Ibid., pp. 34-72.
  24. Ibid., pp. 73-238, 381.
  25. Ibid., pp. 70-72; The Early Years, pp. 24-31.
  26. Ellen G. White, Life Sketches, p. 247 {Notas biográficas, pp. 273-274}.
  27. Uriah Smith, Last Sickness and Death of James White (Battle Creek, MI: Review and Herald Press, 1881), p. 54.
  28. LeRoy E. Froom, Movement of Destiny, pp. 182-183.
  29. "History of the Way of Life Pictures", Ellen G. White Estate, Shelf Document, n.d., p. 2.
  30. James White, "Way of Life", Review and Herald, 14 diciembre 1876, p. 192.
  31. James S. White a Ellen G. White, 31 marzo 1880, en "History of the Way of Life Pictures", Ellen G. White Estate, Shelf Document, n.d. p. 2.
  32. "History of the Way of Life Pictures", p. 2. El anhelo de James White no pudo cumplirse en su vida, dado que murió el 6 de agosto de 1881. Ayudada por sus hijos, Ellen White llevó a cabo el plan de su esposo, y en 1883 tenía los derechos de copia de una hermosa y flamante placa de acero grabado que situaba a Cristo en el centro del plan de la salvación (Ibid.). Desde junio de 1884 el grabado estuvo disponible junto al librito que lo acompañaba, escrito en "danés, sueco, alemán, francés e inglés" ("Christ the Way of Life", Review and Herald, 5 junio 1884, p. 350. James Edson White reprodujo el cuadro en su libro The Coming King (Battle Creek, MI: Review and Herald Pub. Assn., 1898), p. 56.
  33. La inspiración e información valiosa que puso en marcha la investigación que sigue surgió de una conversación telefónica con Raymond Joseph, en enero de 2010.
  34. James White, "Eastern Tour", Review and Herald, 8 febrero 1881, p. 88.
  35. D. M. Canright, "My Remembrance of Elder White", Review and Herald 30 agosto 1881, p. 153.
  36. Ellen G. White, Manuscrito 6, septiembre 1881; en Uriah Smith, A Sketch of the Last Sickness and Death of Elder James White, pp. 47, 48.
  37. Ellen G. White, Testimonies, vol. 1, pp. 106-107 {Testimonios para la iglesia, vol. 1, p. 104}.
  38. Ellen G. White, Manuscrito 9, "Responding to New Light", 3 febrero 1890; en 1888 Materials, 540; original sin cursivas. La declaración se hizo muchos años después, cuando Ellen White estaba predicando a los reunidos en Bible School, Battle Creek, Michigan. Refiriéndose a su experiencia de 1881, relacionó esta promesa que Dios había hecho, con el mensaje que Jones y Waggoner estaban presentando, y que tantos estaban rechazando. Ver también capítulo 13.
  39. Ellen G. White a W. C. White, Carta 17, 12 septiembre 1881, pp. 2?4; en Manuscript Releases, vol. 10, pp. 38-40.
  40. El volumen 4 de Spirit of Prophecy no iba a estar terminado hasta octubre de 1884. Nueve meses después, el 25 de julio de 1885, Ellen White, junto con su hijo W. C. White y algunos otros, se dirigió a Europa para una estancia de dos años, de la que regresó en julio de 1887. Estando en Europa y aprovechando que se encontraba en la tierra de la Reforma, retomó una vez más su labor de revisar y ampliar el cuarto volumen (ver Arthur White, The Lonely Years, pp. 249, 291, 374). Dios estaba preparando ese libro: El conflicto de los siglos, para una amplia distribución en Estados Unidos y por todo el mundo. La edición de 1888 de El conflicto de los siglos se publicó justo a tiempo para hacer frente a la crisis de la ley dominical en América. Retomaremos ese relato en el capítulo 3.
  41. El siguiente párrafo y sección están tomados de Arthur L. White, The Lonely Years, pp. 203-205.
  42. Ellen G. White, Carta 82, 28 febrero 1906; en Daughters of God: Messages Especially for Women (Silver Spring, MD: Review and Herald Pub. Assn., 1998), p. 219.
  43. J. H. Waggoner, Signs of the Times, 26 octubre 1882.
  44. Ellen G. White, Carta 82, 28 febrero 1906; en Daughters of God, p. 220.
  45. J. H. Waggoner, Signs of the Times, 26 octubre 1882.
  46. Uriah Smith, "Close of the California Campmeeting", Review and Herald, 31 octubre 1882, p. 680.
  47. Ellen G. White, Carta 82, 28 febrero 1906; en Daughters of God, p. 220.
  48. Arthur L. White, The Lonely Years, p. 205.
  49. Ellen G. White, "My Health Restored", Signs of the Times, 2 noviembre 1882, p. 484.
  50. Clinton Wahlen, Selected Aspects of Ellet J. Waggoner's Eschatology and Their Relation to His Understanding of Righteousness by Faith, Master's Thesis, Andrews University, julio 1988, p. xiii. Clinton afirma: "Todas la Fuentes publicadas son inexactas al decir que EJW se graduó en medicina en Bellevue Medical College, aunque parece que tomó una clase allí". Ver también: Pearl W. Howard a L. E. Fromm, 17 enero 1962, p. 1 en Document File 236, Ellen G. White Estate, Silver Spring, MD.
  51. Uriah Smith, "Close of the California Campmeeting", Review and Herald, 31 octubre 1882, p. 680. El hecho de que Ellen White fue sanada el 7 de octubre de 1882, y que no mencione nada acerca del día lluvioso (probablemente niebla o lluvia, muy frecuentes en octubre) me lleva a suponer que la experiencia de Waggoner tuvo lugar el 14 de octubre de 1882, que fue el segundo sábado del encuentro campestre.
  52. E. J. Waggoner a Ellen G. White, 22 octubre 1900, en Document File 236b, E. G. White Estate Branch Office, Del Webb Memorial Library, Universidad de Loma Linda.
  53. E. J. Waggoner a Ellen G. White, 3 noviembre 1903, Ibid.
  54. E. J. Waggoner, The Everlasting Covenant (International Tract Society, 1900), p. V {El pacto eterno, http://libros1888.com/Pdfs/HistPacEt.pdf y http://libros1888.com/pactoeterno.htm}.
  55. E. J. Waggoner, "Confession of Faith", 16 mayo 1916. George Knight, comentando este evento, afirma que el "panteísmo fue la extensión de dos principios que se desarrollaron a partir de la experiencia de su conversión en 1882". En primer lugar, Waggoner "había expandido su deseo, desde encontrar a Cristo en cualquier parte de la Biblia, a encontrarlo en cualquier parte en general". Y en segundo lugar "la raíz de ese problema fue su determinación de 'estudiar la Biblia a la luz' de su experiencia subjetiva en 1882, en lugar de evaluar esa experiencia según la Biblia" (A User-Friendly Guide to the 1888 Message, p. 142). Malcolm Bull and Keith Lockhart expresan pensamientos parecidos: "La doctrina de la perfección se propagó mediante miembros de iglesia tales como E. J. Waggoner, cuya experiencia fue similar a la de americanos contemporáneos que asistían a reuniones campestres del movimiento de la Santidad. El entusiasmo de Waggoner estaba fundado en una experiencia que tuvo en un encuentro campestre en Healsdburg, California" (Seeking a Sanctuary: Seventh-day Adventism and the American Dream [San Francisco: Harper and Row Publishers, 1989], p. 77. En su segunda edición -2007-, p. 91). Es inevitable preguntarse, a la luz de los eventos milagrosos de 1882, así como de las numerosas declaraciones de apoyo por parte de Ellen White hacia Waggoner en los años subsiguientes, cómo se pueden hacer hoy declaraciones como las citadas. ¿Es cierto -tal como algunos autores insinúan- que Waggoner tuvo un defecto fatal en la experiencia de su conversión, y que el mensaje que el Señor envió por medio de él era igualmente defectuoso por estar basado en la experiencia que tuvo aquel día?
  56. "Jones, Alonzo T", SDA Encyclopedia, vol. 10, p. 832.
  57. A. T. Jones, American Sentinel (no denominacional), julio 1923, p. 3; en George R. Knight, 1888 to Apostasy, p. 15.
  58. Marlene Steinweg, "A. T. Jones: Editor, Author, Preacher", Lest We Forget, 4th Quarter, 1997, p. 2.
  59. Ellen G. White, Testimonies, vol. 5, pp. 80, 82, escrito 20 junio 1882 {Testimonios para la iglesia, vol. 5, pp. 76, 78}.
  60. Ellen G. White, Testimonies, vol. 5, p. 158, escrito en 1882 {Testimonios para la iglesia, vol. 5, p. 147}.
  61. Ibid., pp. 217, 233, escrito en 1882 {Testimonios para la iglesia, vol. 5, pp. 201, 216}.
  62. Ibid., p. 252, escrito en 1885 {Testimonios para la iglesia, vol. 5, p. 233}.
  63. Ibid., p. 267, escrito en 1885 {Testimonios para la iglesia, vol. 5, p. 248}.
  64. Ellen G. White, Manuscrito 9, "Responding to New Light", 3 febrero 1890; en 1888 Materials, p. 540.
  65. James White, "Eastern Tour", Review & Herald, 8 febrero 1881, p. 88.