Llamado a prepararse, y advertencia a no condenar la lluvia tardía
Durante la década de 1880 Ellen White comenzó a expresar mayor urgencia en sus declaraciones referidas al fuerte pregón y la lluvia tardía. Se acercaba un mensaje que alumbraría realmente la tierra con su gloria. Ellen había hablado acerca del plan de Dios de enviar a hombres sencillos para que hicieran esa gran obra que suscitaría un "interés religioso" mucho mayor que el de la Reforma del siglo XVI. El mensaje sería mucho más que una simple reedición de la predicación evangélica común en aquellos días. Ellen White habló también sobre "el fuerte pregón espurio" que Satanás enviaría para tratar de desviar las mentes del verdadero mensaje para "este" tiempo. Para ella, dichas manifestaciones eran una de las "mayores evidencias" de que el fuerte pregón venía de camino:
Pocos serán los hombres grandes que tomarán parte en la obra solemne del fin… puede ser que bajo un exterior algo áspero y no muy llamativo se revele el brillo de un carácter cristiano genuino…
Dios ha de llevar a cabo una obra en nuestros días que muy pocos anticipan. Levantará y exaltará en nuestro medio a aquellos que son enseñados por la unción de su Espíritu en vez de por la enseñanza de las instituciones científicas del mundo… Dios revelará que él no depende de mortales doctos y vanidosos.[1]
Dios está despertando a una clase para que dé el fuerte pregón del mensaje del tercer ángel. [se cita Hechos 20:30] El propósito de Satanás es ahora suscitar nuevas teorías para desviar la mente de la obra verdadera y del mensaje genuino para este tiempo. Estimula las mentes a que den falsas interpretaciones de la Escritura, un fuerte pregón espurio, a fin de que cuando venga el mensaje auténtico no pueda tener su efecto. Esa es una de las mayores evidencias de que pronto se va a oír el fuerte pregón, y la tierra va a ser alumbrada por la gloria de Dios.[2]
El ángel que se une en la proclamación del tercer mensaje ha de alumbrar toda la tierra con su gloria. Se llama aquí la atención a una obra caracterizada por su alcance mundial y por su poder insólito. El movimiento adventista de 1840-1844 fue una manifestación gloriosa del poder de Dios… en este país hubo el mayor interés religioso del que se haya podido tener constancia desde la Reforma del siglo dieciséis; pero ha de ser más que excedido por el poderoso movimiento bajo el fuerte pregón del tercer ángel. La obra será similar a la del día de Pentecostés… Miles de voces darán el mensaje por toda la tierra. Hay milagros, se sana a los enfermos, y siguen a los creyentes señales y prodigios. Satanás también obra mediante prodigios mentirosos, hasta el punto de hacer descender fuego del cielo a la vista de los hombres. De esa forma los habitantes de la tierra han de tomar su decisión.[3]
Durante el verano de 1885 se inició un reavivamiento en Healdsburg, California, mediante los esfuerzos evangelísticos de E. P. Daniells. El profundo escrutinio del corazón y el arrepentimiento habían traído la maravillosa manifestación del Espíritu de Dios, que se reveló en amor y unidad entre muchos miembros. Algunos de los obreros veteranos (J. H. Waggoner y J. N. Loughborough) se levantaron y pusieron fin a la reunión, etiquetándola como "engaño" y "fanatismo". Cuando Ellen White, que se encontraba de viaje en Suecia, oyó lo que había sucedido, envió varias cartas de advertencia.
Lo que había comenzado en Healdsburg era precisamente el tipo de obra que toda iglesia necesitaba. Cierto, Satanás enviaría siempre una falsificación, pero a menos que hubiera un cambio, los hombres "condenarían la obra de la lluvia tardía":
A partir de las cartas recibidas tengo razones para juzgar que se ha comenzado una buena obra en Healdsburg. Los que la creyeron equivocada y la condenaron, cometieron, creo, uno de los mayores errores…
Hermanos, es tiempo de que lleguen a toda iglesia adventista del séptimo día en nuestra tierra reavivamientos similares al que ha conmovido la iglesia de Healdsburg. En caso contrario, la iglesia no estará preparada para recibir la lluvia tardía. Se debe efectuar una obra en favor de los miembros individuales de la iglesia. Confesarán el uno al otro… Dondequiera comience esa obra y allí donde se haga visible, se pondrá en acción el poder de Satanás: habrá envidia, celos, malas sospechas…
Allí donde se dé lo genuino, aparecerá con toda seguridad una falsificación…
El motivo por el que ahora insisto tanto en esto es porque van a darse movimientos notables del Espíritu de Dios en las iglesias, si es que somos el pueblo de Dios. Y mis hermanos pueden levantarse, y en su deseo de frenar cualquier cosa de ese estilo, poner sus manos en la obra de Dios y prohibirla. Sé de lo que estoy hablando…
Tenemos una fe limitada y corazones pecaminosos, y Dios no puede obrar por nosotros con poder, ya que de hacerlo así… seríamos incapaces de distinguir la obra de Dios de su falsificación.[4]
Respecto al reavivamiento en Healdsburg, no armonizo con su forma de tratar este asunto. No voy a negar que hubiera algunos fanáticos que ejercieran presión. Pero si en el futuro se comporta de la forma en que lo ha hecho en ese particular, puede estar seguro de una cosa: va a condenar la obra de la lluvia tardía cuando venga. Porque en ese tiempo va a ver evidencias mucho mayores de fanatismo.
Allí donde se haga un esfuerzo en la obra de Dios, Satanás estará presente a fin de hacerse notar, pero ¿será entonces la labor de los pastores extender el brazo y decir: Esto no debe continuar, debido a que no es la obra de Dios?...
No tengo confianza en el juicio del pastor J. H. Waggoner en estos asuntos… Si esa es la forma en que se comporta cuando Dios envía el bien, no dude que serán escasos los reavivamientos. Cuando venga el Espíritu de Dios, se lo llamará fanatismo, tal como pasó el día de Pentecostés…
Dios ha escogido a hombres para efectuar una cierta obra. Sus capacidades mentales pueden ser limitadas, pero entonces se hace más evidente que es Dios quien obra. Su predicación puede no ser elocuente, pero eso no es evidencia de que no tenga un mensaje de Dios.[5]
Por aquel mismo tiempo, Butler, el presidente de la Asociación General, adoptó medidas para "restringir la obra en el encuentro campestre de Nueva York", debido a la escasez de fondos. Ellen White reaccionó de forma similar a como lo había hecho en el caso de Healdsburg. A menos que hubiera un cambio de actitud, los hombres iban a impedir la obra del Espíritu Santo:
Nunca tome la determinación de limitar y reducir la obra, a menos que esté convencido de que el Espíritu del Señor lo induce a hacerlo… A menos que los que pueden ayudar en Nueva York despierten y comprendan cuál es su deber, no reconocerán la obra de Dios cuando se oiga el fuerte pregón del tercer ángel. Cuando resplandezca la luz para iluminar la tierra, en lugar de venir en ayuda del Señor, desearán confinar la obra para que se conforme a sus propias ideas estrechas. Permítame decirle que el Señor actuará en esa etapa final de la obra en una forma muy diferente de la acostumbrada, contraria a todos los planes humanos. Habrá entre nosotros personas que siempre querrán controlar la obra de Dios y dictar hasta los movimientos que deberán hacerse cuando la obra avance bajo la dirección de ese ángel que se une al tercero para dar el mensaje que ha de ser comunicado al mundo. Dios empleará formas y medios que nos permitirán ver que él está tomando las riendas en sus propias manos. Los obreros se sorprenderán por los medios sencillos que utilizará para realizar y perfeccionar su obra en justicia.[6]
Preparación necesaria
Al mismo tiempo que Ellen White escribía cartas advirtiendo en contra de medidas que impidieran la obra del Espíritu Santo, expresaba también en muchas cartas y artículos la gran necesidad de preparación para recibir la lluvia tardía. Tal como describen sus escritos tempranos, eso incluía la purificación del templo del alma en relación con la obra de Cristo en el santuario celestial (Dan. 8:14). Cuando viniera la lluvia tardía, traería luz, de forma que los que estuvieran preparados y recibieran la luz, proclamarían los mandamientos de Dios y el testimonio de Jesucristo. Ese mensaje del tercer ángel no se daría mediante el debate, sino mediante las impresiones profundas del Espíritu Santo. Obsérvense algunas declaraciones de Ellen White:
El tercer ángel, volando por en medio del cielo y pregonando los mandamientos de Dios y el testimonio de Jesús, es una representación de nuestra obra. El mensaje no pierde nada de su fuerza mientras el ángel avanza en su vuelo, ya que Juan lo ve aumentando en fuerza y poder hasta que toda la tierra queda alumbrada con su gloria… Pronto se moverá con gran voz, y la tierra será llena de su gloria. ¿Estamos preparándonos para este gran derramamiento del Espíritu de Dios?[7]
Es con un intenso anhelo, como miro al tiempo cuando se repetirán los eventos del día de Pentecostés con un poder todavía mayor que en aquella ocasión. Juan afirma: "Vi otro ángel descender del cielo teniendo grande potencia; y la tierra fue alumbrada de su gloria" … Miles de voces recibirán el poder para proclamar las verdades maravillosas de la palabra de Dios. La lengua tartamuda se soltará y el tímido se hará fuerte para dar un poderoso testimonio de la verdad. Que el Señor pueda ayudar a su pueblo a purificar el templo del alma de toda contaminación, y a mantener una conexión con él tan estrecha como para ser participantes de la lluvia tardía cuando se derrame.[8]
Al llegar la lluvia tardía sobre el pueblo de Dios, tenéis que tener una preparación para actuar de inmediato, puesto que aquellos cuyos vasos están limpios y cuyas manos están libres precisamente al venir la lluvia, captan la luz que viene de arriba y se levantan todos ellos para proclamar los mandamientos de Dios y el testimonio de Jesucristo.[9]
El Señor señala y envía a pastores, no sólo a predicar, puesto que esa es una pequeña parte de su obra, sino a ministrar, a educar a las personas para que no sean combativas, sino ejemplos de piedad… Algunos se han… educado como polemistas, y las iglesias que están bajo su cuidado demuestran el carácter de su obra… Ese gran asunto que está tan cercano, barrerá a los que Dios no ha señalado, y habrá un ministerio puro, verdadero y santificado que estará preparado para la lluvia tardía.[10]
¿Va a continuar año tras año esa indiferencia? ¿Va a triunfar siempre Satanás, y va a resultar chasqueado Cristo en sus siervos que ha redimido a un precio infinito? Aguardamos con interés el tiempo en el que se va a derramar la lluvia tardía, esperando con confianza un día mejor en el que la iglesia será investida de poder de lo alto y estará así preparada para realizar con mayor eficiencia la obra por Dios. Pero la lluvia tardía nunca va a refrescar ni vigorizar las almas indolentes que no están ejercitando el poder que Dios les ha dado ya.[11]
La ley en Gálatas
Mientras Ellen White estaba aconsejando a dirigentes y miembros al efecto de que se prepararan para la lluvia tardía, previniéndoles en contra de emprender acciones que obstaculizaran la obra necesaria, se suscitó una controversia en Battle Creek. Aparentemente tenía relación con la ley en Gálatas, pero iba mucho más allá que eso. Se trataba en realidad de una controversia sobre la justificación por la fe, sobre el evangelio mismo. ¿Cómo comenzó, y qué implicaba? El resto del capítulo está dedicado a responder a esas cuestiones.[12]
En Gálatas 3:19, el apóstol Pablo escribió sobre la "ley" que fue "puesta" (en algunas versiones: "añadida"), y en el versículo 24 sobre "la ley … nuestro tutor", que sirvió "para llevarnos a Cristo". ¿A qué ley se refieren esos versículos?, ¿a la ley ceremonial, o a la ley moral de los diez mandamientos? Los pioneros en el adventismo durante la década de 1850, incluyendo a James White, J. N. Andrews, Uriah Smith y Joseph Bates, habían sostenido que la ley a la que se refería Pablo en el capítulo 3 de Gálatas era la ley de los diez mandamientos. Pero esa postura había cambiado.
Los protestantes dispensacionalistas de aquellos días estaban proclamando enfáticamente que el hombre vivía ahora en la dispensación de la gracia, propia del nuevo testamento, y recurrían a textos como Gálatas 3:19 y 24 para demostrar que los diez mandamientos habían quedado totalmente abolidos. Eso había propiciado un cambio en el pensamiento de muchos adventistas, que querían refutar tales argumentos explicando que Gálatas 3 se refería a la ley ceremonial. No obstante, en 1854, J. H. Waggoner (el padre de E. J. Waggoner), publicó un folleto titulado: "La ley de Dios: un análisis del testimonio de ambos Testamentos". Cuando ese folleto adoptó la posición de que la ley a que alude Gálatas 3 es solamente la ley de los diez mandamientos, otros adventistas se opusieron, y se suscitó una controversia.
En Battle Creek hubo varios días de encuentros en los que, según Uriah Smith, la postura de J. H. Waggoner se demostró errónea. James y Ellen White asistieron a esas reuniones, y al poco tiempo Ellen White tuvo una visión relativa al asunto de la ley. Escribió entonces de forma inmediata a J. H. Waggoner afirmando que su posición no debía hacerse prominente. Como consecuencia de aquella visión, James White retiró el libro de J. H. Waggoner de la venta. Según Uriah Smith, J. H. Waggoner solicitó repetidamente que se imprimiera de nuevo el folleto, pero James White replicó: "'No, hasta que revise su postura sobre la ley'".[13]
La controversia sobre la ley en Gálatas quedó aparcada durante casi treinta años, hasta mitad de la década de 1880, cuando entraron en escena A. T. Jones y E. J. Waggoner. El 1 de octubre de 1883, un año después de su experiencia en el encuentro campestre, Waggoner comenzó a compartir su nueva fe enseñando clases de Biblia en el seminario de Healdsburg, que había abierto el 11 de abril de 1882. De alguna forma encontró también el tiempo para pastorear la iglesia Adventista del Séptimo Día de Oakland, así como para ayudar a su padre en la edición de Signs of the Times. A. T. Jones llegó a California en 1884, tomando el relevo de las responsabilidades docentes de Waggoner en el otoño de 1885, y asistiendo también en la edición de Signs.[14] Además de sus otras responsabilidades, Jones era pastor de una de las iglesias locales.[15] Cuando J. H. Waggoner se fue a Europa en 1886, A. T. Jones y E. J. Waggoner vinieron a ser jefes de redacción de Signs, una posición que Jones conservó hasta 1889 y Waggoner hasta 1891, año en el que fue enviado a Inglaterra. Ambos vinieron a ser también jefes de redacción de American Sentinel, Waggoner hasta 1890 y Jones hasta 1897, año en que entró a formar parte del comité ejecutivo de la Asociación General.
Aunque Jones y Waggoner trabajaban juntos como redactores de Signs, estudiaban separadamente, llegando con frecuencia a las mismas conclusiones. Por consiguiente, en sus artículos en Signs, sus clases en el seminario y sus predicaciones en las iglesias locales, el mensaje subyacente era el mismo. Jones lo describe así:
Cada uno de nosotros hacía el estudio individual de su Biblia, enseñanza y predicaciones. Nunca en toda nuestra vida pasamos una sola hora estudiando juntos el tema o los temas que fuera. Sin embargo, resultábamos estar en perfecto acuerdo en las verdades de la Biblia todo el tiempo. Por ejemplo: Un sábado, el hermano Waggoner estaba en un encuentro campestre, lejos de Oakland, mientras que yo predicaba en su iglesia de Oakland. Mi tema fue la "justicia por la fe". El sábado siguiente, él estaba de regreso y predicó en su iglesia de Oakland mientras que yo lo hacía en San Francisco. El domingo por la mañana, cuando acudí a trabajar a la oficina de "Signs", pregunté al hermano Bollman: "¿Qué predicó ayer el hermano Waggoner?" Me respondió: "Lo mismo que usted el sábado anterior". Le pregunté: "¿Cuál fue el texto clave?" Me respondió: "El mismo que usted empleó". Le pregunté: "¿Qué línea de razonamiento siguió?, ¿qué ilustración?" Me respondió: "La misma que usted".[16]
Durante el verano de 1884, E. J. Waggoner escribió diez artículos sobre la ley y el evangelio, y la mutua relación entre ambos. En su artículo del 11 de septiembre de 1884 en Signs, trató más específicamente sobre la ley en Gálatas, y lo hizo separándose de la posición adventista aceptada, consistente en que dicha ley a la que alude Gálatas 3 es la ley ceremonial.[17] Fue durante el año escolar de 1884-1885 cuando E. J. Waggoner comenzó a presentar su posición en el seminario Healdsburg.[18] Aunque a algunos les complacía lo que Waggoner escribía y enseñaba, a otros les inquietó mucho. Uriah Smith, jefe de redacción de Review, y G. I. Butler, presidente de la Asociación General, fueron quienes expresaron más abiertamente sus inquietudes.
En la primavera de 1885, antes de que Ellen White y W. C. White partieran hacia Inglaterra, E. J. Waggoner habló con W. C. White sobre las preocupaciones que él tenía a propósito de sus escritos en Signs y sus clases en el seminario. Su primera preocupación consistía en estar produciendo artículos que "estuvieran en conflicto con lo que escribía el pastor Canright".[19] D. M. Canright era uno de los evangelistas más prominentes del momento. Había debatido exitosamente con muchos opositores al adventismo y había escrito también numerosos libros, incluyendo Las dos leyes, que fue publicado por primera vez en 1876. En ese libro, Canright tomó la misma posición que Uriah Smith y G. I. Butler sobre la ley en Gálatas.
La segunda preocupación que Waggoner compartió con W. C. White se refería a la controversia sobre la ley en Gálatas, en la que su padre había estado implicado años antes. W. C. White expresó su "opinión libremente, consistente en que [E. J. Waggoner] y los editores de Signs debían enseñar lo que creían ser la verdad", incluso si entraba en "conflicto con algunas cosas escritas por el pastor Canright y otros"; ahora bien, en relación con la antigua controversia, debía "evitarla si era posible". W. C. White aconsejó también a Waggoner que publicara "artículos sobre los temas que había presentado en el seminario".[20] E. J. Waggoner siguió su consejo y continuó presentando la ley y el evangelio a través de las páginas de Signs y la guía de estudio de la escuela sabática trimestral, así como en sus clases en el seminario y en los encuentros campestres locales.
No pasó mucho tiempo antes que las enseñanzas y escritos de A. T. Jones y E. J. Waggoner suscitaran un debate. A principios de 1886, G. I. Butler visitó la universidad de Healdsburg, y allí se le informó de que Jones y Waggoner habían hecho "esfuerzos denodados" para "impresionar las mentes de los estudiantes de teología" con la idea de que "la ley añadida" citada en Gálatas era la "ley moral de los diez mandamientos". Butler expresó gran inquietud por aquella situación, puesto que a su entender, el asunto había quedado resuelto ya años atrás. Además, la postura adoptada por E. J. Waggoner era contraria a la de James White, Uriah Smith, D. M. Canright y él mismo. En una carta a Ellen White le recordó que años atrás ella había recibido luz sobre el particular, "al efecto de que [la ley en Gálatas] tenía relación con el sistema reparador [ceremonial], más bien que con la ley moral".[21]
En respuesta a la carta de Butler, Ellen White envió inmediatamente una carta a Jones y Waggoner, "protestando porque actuaran de forma contraria a la luz que Dios nos había dado a propósito de las diferencias de opinión". Esa carta, no obstante, jamás llegó (ni se la ha encontrado hasta el día de hoy). En consecuencia, Jones y Waggoner continuaron presentando sus puntos de vista.[22] Durante el verano, Waggoner publicó incluso en Signs una serie en nueve partes, específicamente sobre el capítulo tercero de Gálatas. En sus artículos, Waggoner tomó la posición de que el "tutor" de Gálatas 3:24 "no podía de manera alguna referirse a la ley ceremonial".[23]
Después de haber leído la nueva serie en Signs, y no obteniendo respuesta de Ellen White personalmente, Butler volvió a escribirle de nuevo, protestando contra el proceder de Waggoner. Según Butler, Waggoner estaba provocando un "gran debate" al presentar puntos de vista no aceptados por "tres cuartas partes de la denominación". Butler urgió de nuevo a Ellen White a que dilucidara la cuestión, afirmando que se sentía "impresionado a escribir un breve comentario sobre la epístola a los Gálatas", e implicaba que él creía que la ley a que hacía referencia el capítulo tres de Gálatas era solamente la ley ceremonial.[24]
El 16 de noviembre de 1886, Butler volvió a escribir a Ellen White, diciéndole que esperaba "que llamase al orden a nuestros buenos hermanos de Signs" en el próximo congreso de la Asociación General, "por su forma de proceder en relación con algunos de los puntos debatidos de nuestra fe; la ley en Gálatas". Butler se apresuró a hacer exactamente eso.
Congreso de la Asociación General de 1886
Tan pronto como comenzó, el 18 de noviembre, Butler pasó a los delegados su "breve comentario" sobre la epístola a los Gálatas en la forma de un folleto de veinticinco páginas, titulado: La ley en el libro de Gálatas: ¿Es la ley moral, o se refiere al sistema de leyes peculiar de los judíos? Aunque sin mencionarlos por nombre, el folleto no era más que una refutación escrita contra Jones y Waggoner, a quienes aludía personalmente con frecuencia, así como a sus posiciones "minoritarias" y a su "tan cacareada doctrina de la justificación por la fe".[25]
Butler llevó también el tema a la atención del comité teológico de la Asociación General. Redactó varias resoluciones con el propósito de suprimir la publicación de puntos de vista contrarios a la posición "sostenida por una gran mayoría de nuestro pueblo" a menos que tales puntos de vista hayan sido previamente "examinados y aprobados por los hermanos dirigentes de experiencia".[26] Todas las resoluciones de Butler, excepto una, fueron aprobadas en el comité por el voto de la mayoría. No obstante, Butler reprodujo todas sus resoluciones en un artículo de la Review, incluyendo la que no había sido aprobada, que censuraba a Jones y a Waggoner por su curso de acción.[27] Como diría W. C. White más tarde: "Ha existido por parte de algunos el deseo de que los pastores Jones y Waggoner sean condenados sin ser escuchados".[28]
El 16 de diciembre Butler volvió a escribir a Ellen White de manera más enfática que antes. Le recordó que no había recibido respuesta alguna sobre la ley en Gálatas, y que la iglesia había estado esperando "por años oír [de ella] al propósito". El 28 de diciembre Butler escribió una vez más a Ellen White, mencionándole el asunto de los artículos en Signs, que en sus propias palabras, "estaban en oposición a los principios de nuestra fe". Evidentemente, a medida que el tiempo pasaba, el asunto se iba convirtiendo en su mente en algo inmensamente importante. Quizá en un último intento por hacer que Ellen White se pronunciara sobre el asunto, Uriah Smith, redactor de la Review, publicó un antiguo artículo en el que Ellen White afirmaba explícitamente: "Que el juicio individual se someta a la autoridad de la iglesia".[29]
Respuesta de Ellen White
Finalmente, a comienzos de 1887 (y tras haber sido importunada por Butler durante casi un año), Ellen White escribió de nuevo a Jones y Waggoner, enviando copias a Smith y Butler. En su carta les manifestó que no había leído ningún material escrito por ninguna de las partes representando las diferentes posiciones sobre la ley en Gálatas. Mencionó varias veces su frustración por no haber sido capaz de encontrar lo que había escrito años atrás sobre aquel tema.[30] Creía recordar que se le había mostrado que "la postura [de J. H. Waggoner] en relación con la ley era incorrecta", y ahora, no habiendo podido encontrar ese material, su mente no tenía "claridad" sobre el tema, pues no podía "comprender el asunto". Expresó su gran preocupación por ver a las "dos publicadoras mayores contendiendo". Afirmó incluso que Jones y Waggoner tenían "demasiada confianza en ellos mismos, y eran menos cautos de lo que debieran", y que temía que E. J. Waggoner hubiera "cultivado" un gusto por los "debates y la controversia" semejante al de su padre. Especialmente en este tiempo, "debiera reprimirse cualquier cosa semejante a diferencias" y procurar la unidad. Muchos discursos y artículos en las publicaciones eclesiásticas eran "sobre temas controvertidos" y "como la ofrenda de Caín, carecían de Cristo". A Ellen White le preocupaba también que los que no eran "estudiosos de la Biblia" tomaran posición sobre el tema sin el estudio suficiente; "sin embargo, pudiera no ser verdad". Si "esas cosas" tuvieran que llegar al Congreso de la Asociación General, "rehusaría asistir":
Tenemos un mensaje de ámbito mundial. Los mandamientos de Dios y el testimonio de Jesucristo son el centro de nuestra obra. Tener unidad y amor unos por otros es la gran obra que ahora debemos llevar adelante…
La gran obra de instrucción viene desde el lugar santísimo. Cristo oficia en el santuario. No lo seguimos en el santuario como debiéramos. Tiene que haber una purificación del alma aquí en la tierra, en armonía con la purificación de Cristo en el santuario celestial. Entonces veremos más claramente de la forma en que somos vistos. Conoceremos como somos conocidos.
Es la impresión profunda del Espíritu de Dios lo que se necesita para actuar en el corazón y moldear el carácter… El poco conocimiento impartido podría ser cien veces mayor si la iluminación santa del Espíritu de Dios equilibrara la mente y el carácter. Se trae demasiada poca mansedumbre y humildad a la obra de buscar la verdad como a un tesoro escondido, y si se enseñara la verdad tal como es en Jesús, habría cien veces más poder… pero todo está tan mezclado con el yo, que resulta imposible impartir la sabiduría de lo alto.[31]
La carta de Ellen White pareció tomar por sorpresa a Jones y Waggoner, pero sirvió para un buen propósito. Jones dio las gracias a Ellen White por su carta, afirmando que "se empeñaría en aplicarse su testimonio", y que "lamentaba en verdad" haber tenido "una parte en cualquier cosa que tendiera a crear división o producir daño de la forma que fuera a la causa de Dios". Compartió también su visión del asunto, dado el terreno de base de la controversia sobre la ley en Gálatas. Nunca supo acerca de una carta que le fuera enviada anteriormente al propósito, como tampoco sobre el testimonio enviado hacía años a J. H. Waggoner. Se ofreció gustoso a publicar cualquier luz que Ellen White tuviera al propósito en Signs. Aclaró asimismo que no había permitido que el tema se discutiera en sus clases en el seminario, diciendo a los estudiantes que no iba a intentar decir qué [punto de vista] era el correcto. …":
Les he dicho que busquen el evangelio de Cristo en Gálatas, más bien que discutir la ley en él… Creí que si mantenían a Cristo y al evangelio ante sus mentes, podían estar seguros de que estaban en el buen camino sea cual fuere la decisión que se adoptara finalmente sobre la ley. Estando Cristo ante ellos, no podía ver cómo podrían extraviarse. No obstante, creo haberles dicho que pensaba que encontrarían allí las dos leyes y el evangelio -la justificación por la fe- sustentándolo todo.[32]
Waggoner expresó puntos de vista similares. Desde el verano de 1885 no había enseñado en el seminario, por lo tanto, no había estado presentando sus puntos de vista a los estudiantes. Nada sabía sobre un testimonio escrito a su padre, ni que Ellen White hubiera "hablado sobre el particular". De haberlo sabido, "el caso habría sido distinto". Además, los puntos de vista que había enseñado eran "diferentes" a los que su padre sostuvo. Había creído estar ayudando al avance de la verdad, pero ahora lamentaba "haberse dado demasiada prisa en presentar puntos de vista que podían ser causa de controversia". Había aprendido una lección que nunca olvidaría:
Deseo fervientemente que llegue pronto el momento en el que todo nuestro pueblo vea las cosas de forma unánime… Lamento de verdad los sentimientos que han existido y existen entre las dos oficinas. Creo que lo cierto es que no se originaron aquí, y que mucho de lo que se siente en el Este se debe a un malentendido por parte de ellos acerca del estado real de las cosas aquí, y de los motivos de quienes están aquí; pero no quisiera que interprete eso como una disculpa. Sé muy bien que aquí se ha permitido que surja un sentimiento de crítica, y no estoy pensando en nadie fuera de mí mismo. Tal como veo ahora ese espíritu de crítica, que surge del peor tipo de orgullo, lo aborrezco, y nada quiero de él. Estoy determinado a que, a partir de ahora, ninguna palabra de mi parte, sea en público o en privado, tienda a desvirtuar al obrero que sea en la causa de Dios.[33]
Jones y Waggoner hicieron más que escudriñar sus propios corazones y arrepentirse. Waggoner cumplió su palabra de no desvirtuar "al obrero que sea en la causa de Dios". The Gospel in the Book of Galatians, la respuesta de Waggoner al folleto de Butler en setenta y una páginas, aunque estaba fechado el 10 de febrero de 1887, no se imprimió hasta el congreso de la asociación General de 1888, y solamente tras la recomendación de Ellen White de que hubiera juego limpio.[34]
Pero la respuesta de G. I. Butler fue muy diferente. Habiendo recibido una copia de la carta enviada a Jones y Waggoner, se "alegró", interpretando que Ellen White finalmente había tomado posición con él y con Uriah Smith. Esperaba que Ellen White hiciera ahora una declaración pública sobre la "ley puesta" [o "añadida"], ya que "la ley puesta es, o bien la [ley] moral, o la del sistema ceremonial". Butler se expuso a problemas posteriores al afirmar que, si se demostraba que su posición era incorrecta, no "tendría confianza" en su "propio juicio", no conocería la "dirección del Espíritu", y eso lo "incapacitaría totalmente para desempeñar la parte que fuera en el liderazgo" de la obra. Butler permitió también que se manifestaran sus verdaderos sentimientos hacia Waggoner. Lo vio como habiendo heredado "algunas de las cualidades de su padre", afirmando que "en todos sus artículos editoriales aparece el sello de Waggoner".[35]
Butler señaló que contrariamente a Waggoner, quien había publicado sus artículos en Signs, él había rehusado publicar sus propios "puntos de vista sobre la ley en Gálatas en la Review", olvidando quizá que acababa de publicar un artículo agresivo en el número del 22 de marzo.[36] No pasaría mucho tiempo antes que la alegría de Butler se convirtiera en amargo chasco.
1886 visto retrospectivamente
Antes de que aquella carta que tanto alegró a Butler llegara a Ellen White -por entonces en Suiza- el Señor abrió ante ella la verdad sobre los eventos del año precedente. No sólo tuvo "sueños impresionantes"; también se había tomado el tiempo para leer el material de Butler, que no logró impresionarla. Escribió entonces a Butler diciéndole que quizá el testimonio que había dado hace años a J. H. Waggoner se refería a hacer prominente el asunto en aquel tiempo (1856), y no implicaba una condena a su posición. Los adventistas no debían creer que conocían "toda la verdad que proclama la Biblia". Si no se podía demostrar cierto punto, no debían ser "orgullosos, negándose a descartarlo". Lejos de amonestar a que Waggoner sometiera sus puntos de vista a quienes ostentaban la autoridad, Ellen White afirmó que ahora era de justicia que él tuviera una oportunidad similar a la de Butler:
No quiero que emplee ahora las cartas que le he enviado para concluir que sus ideas son totalmente correctas y las del Dr. Waggoner y el pastor Jones totalmente incorrectas… Creo que usted es demasiado incisivo. Y cuando eso va seguido por la publicación de un folleto con sus puntos de vista, tenga por seguro que no puedo sentir que esté obrando correctamente en este punto, a menos que dé la misma libertad al Dr. Waggoner… He tenido algunos sueños impresionantes que me han hecho sentir que usted no está caminando totalmente en la luz… No quiero ver fariseísmo entre nosotros. El asunto se ha presentado tal plenamente ante el pueblo por parte de usted, tanto como del Dr. Waggoner, que ahora se lo debe abordar en discusión abierta con franqueza e imparcialidad … Usted ha puesto en circulación su folleto; ahora es de justicia que el Dr. Waggoner tenga idéntica oportunidad a la suya… Creo que a fin de escapar a los peligros de estos últimos días habremos de tener más del Espíritu de Dios.[37]
Los "sueños impresionantes" a los que se refería Ellen White, le fueron presentados en "figuras y símbolos, pero con posterioridad [le] fue dada la explicación…"[38] Así, con el paso del tiempo el consejo de Ellen White se fue adaptando a las circunstancias, en la medida en que iba comprendiendo de forma más definida lo que había sucedido, y lo que se le había revelado mientras estaba en Suiza en 1887. Era evidente que el Señor estaba procurando advertir a la iglesia de los grandes peligros que se avecinaban. Estaba a punto de impartirse aquella luz que tenía que alumbrar toda la tierra con su gloria, pero el espíritu de los judíos estaba tomando posesión de la iglesia. Ellen White compartió a finales de 1888 lo que se le había revelado:
En la noche me fue presentada la conferencia [de 1886]. Mi guía dijo: "Sígueme; tengo cosas que mostrarte". Me llevó al punto de ser una espectadora de las escenas que sucedieron en aquel encuentro. Se me mostró la actitud de algunos pastores, usted [Butler] en particular, en aquel encuentro, y puedo decir con usted, mi hermano, que fue una conferencia terrible.
Mi guía tenía entonces muchas cosas que decir, que dejaron en mi mente una impresión indeleble. Sus palabras eran serias y solemnes. Abrió ante mí la condición de la iglesia en Battle Creek… necesitaban la "energía de Cristo"… Estaba ante nosotros un tiempo de prueba, y el fariseísmo que en gran medida había tomado posesión de los que ocupaban posiciones importantes en la obra de Dios iba a resultar en grandes males…
Extendió [entonces] sus manos hacia el Dr. Waggoner y hacia usted, pastor Butler, y vino a decir esto: "Ninguno [de los dos] tiene toda la luz sobre la ley; ninguna de las posiciones es perfecta".[39]
Durante el congreso en Battle Creek [1886], cuando se estaba examinando la cuestión de la ley en Gálatas, fui llevada a cierto número de casas donde oí comentarios muy poco cristianos y críticas de parte de los delegados. Entonces se pronunciaron estas palabras: "Han de tener la verdad tal como es en Jesús, en caso contrario no será una verdad salvífica para ellos. …" Cuando los hombres finitos dejen de interponerse en el camino … entonces Dios obrará en nuestro medio como nunca antes lo ha hecho. … Los judíos, en los días de Cristo, en ejercicio de su propio espíritu -de autoexaltación- impusieron reglas rígidas y exacciones, eliminando así toda posibilidad de que Dios pudiera obrar en las mentes, … No sigáis su camino. Dad a Dios la oportunidad de hacer algo en favor de quienes le aman, y no les impongáis normas y reglamentos que, de seguirse, los dejarán destituidos de la gracia de Dios tal como sucedía a las montañas de Gilboa, donde no caía el rocío ni la lluvia.[40]
Hace dos años, estando en Suiza, se me llamó la atención en la noche. … Me pareció estar en el Tabernáculo de Battle Creek, y mi guía dio instrucciones relativas a muchas cosas en la conferencia [de 1886] …: "El Espíritu de Dios no ha tenido una influencia controladora en este encuentro. Está sobreviniendo a nuestro pueblo el espíritu que controlaba a los fariseos, a quienes Dios había favorecido en gran manera. … Sólo hay unos pocos, incluso entre quienes pretenden creer en él, que comprenden el mensaje del tercer ángel, y sin embargo ese es el mensaje para este tiempo. Es verdad actual. …"
Mi guía dijo: "Hay todavía mucha luz que ha de brillar a partir de la ley de Dios y del evangelio de justicia. Este mensaje, comprendido en su verdadero carácter y proclamado en el Espíritu, alumbrará la tierra con su gloria. … La obra final del mensaje del tercer ángel será asistida por un poder que hará llegar los rayos del Sol de justicia a todos los caminos y sendas de la vida…"[41]
Hace dos años [1886] Jesús fue afligido y herido en la persona de sus santos. El reproche de Dios está sobre todo lo que tenga un carácter de dureza, falta de respeto, y falta de amor y simpatía del hermano hacia el hermano. Si se aprecia esa carencia en los hombres que son centinelas en nuestras conferencias, centinelas de nuestras instituciones, el pecado es mayor en ellos que en aquellos a quienes no se han confiado tan grandes responsabilidades.[42]
Se acercaba rápidamente el año monumental de 1888 y el congreso de la Asociación General de Mineápolis. Verdaderamente, el Señor quería, mediante esas visiones en 1886, advertir y preparar a su iglesia para lo que había de venir. En el contexto de los sueños que Ellen White tuvo en Suiza, escribió muy seriamente acerca del "mayor temor de Satanás". Dicho temor se refería a que el pueblo de Dios "despejara el camino", de forma que pudiera derramarse la lluvia tardía. Satanás procuraría impedir esa bendición obrando desde dentro de la iglesia, pero no podría parar la lluvia tardía si es que el pueblo de Dios estaba preparado para recibirla:
La mayor y más urgente de todas nuestras necesidades es la de un reavivamiento de la verdadera piedad en nuestro medio. … Debe haber esfuerzos fervientes para obtener las bendiciones del Señor, no porque el Señor no esté dispuesto a conferirnos sus bendiciones, sino porque no estamos preparados para recibirlas. …
Tenemos mucho más que temer de enemigos internos que de externos. Los impedimentos para el vigor y el éxito provienen mucho más de la iglesia misma que del mundo. … La incredulidad fomentada, las dudas expresadas, las tinieblas abrigadas, animan la presencia de los malos ángeles y despejan el camino para los planes de Satanás. …
No hay nada que Satanás tema tanto como que el pueblo de Dios despeje el camino quitando todo impedimento, de modo que el Señor pueda derramar su Espíritu sobre una iglesia decaída y una congregación impenitente. Si se hiciera la voluntad de Satanás, no habría ningún otro reavivamiento, grande o pequeño, hasta el fin del tiempo. Pero no ignoramos sus maquinaciones. Es posible resistir su poder. Cuando el camino esté preparado para el Espíritu de Dios, vendrá la bendición. Así como Satanás no puede cerrar las ventanas del cielo para que la lluvia venga sobre la tierra, así tampoco puede impedir que descienda un derramamiento de bendiciones sobre el pueblo de Dios. Los impíos y los demonios no pueden estorbar la obra de Dios, o excluir su presencia de las asambleas de su pueblo si sus miembros, con corazón sumiso y contrito, confiesan sus pecados, se apartan de ellos y con fe demandan las promesas divinas.[43]
En una predicación anterior, publicada en Review el 10 de mayo de 1887, Ellen White expresó pensamientos similares. Era tiempo de aprestarse para la lluvia tardía; de prepararse para el fuerte pregón:
Mis hermanos y hermanas, recordemos que tenemos aquí la evidencia de que Dios va a obrar. No debéis confiar en poder alguno que no sea el del Señor Dios de Israel. Pero si albergáis enemistad en vuestros corazones, no podéis esperar que Dios permita que esa bendición descanse sobre vosotros. Nadie podrá entrar en la ciudad de Dios con cualquier cosa que contamine. Hemos de estar preparados para la lluvia tardía. La tierra va a ser alumbrada con la gloria del tercer ángel, --no un pequeño rincón solamente, sino toda la tierra. Podéis pensar que se pierde la obra que ahora estáis haciendo; pero yo os digo que no es así. Cuando el mensaje avance con un fuerte pregón, los que oyen ahora la verdad pasarán al frente y obrarán con gran poder.[44]
¿Estaría el pueblo de Dios preparado para la lluvia tardía? ¿Serían capaces de resistir? Intentaremos responder a esas cuestiones al analizar la sesión de la Asociación General de Mineápolis en los capítulos que siguen.
Notas: