Se mide el templo de Dios y sus moradores
La década de 1880 fue un tiempo solemne, no sólo por lo que estaba sucediendo en el mundo, sino por lo que ocurría en la iglesia, "el templo de Dios".[1] A la vista de la solemnidad de la hora, Ellen White escribió muchas cartas desde Europa, aconsejando y advirtiendo a los hermanos en América. Durante aquel tiempo concentró su atención y energías en la obra literaria. Era su intención terminar de revisar el volumen 1 de la serie Spirit of Prophecy, que después vendría a ser Patriarcas y profetas. No obstante, su atención se dirigió pronto al volumen 4 de la serie Spirit of Prophecy, que ahora se llama El conflicto de los siglos. Hacían falta nuevas matrices para la reimpresión del libro, y parecía la ocasión propicia para ampliarlo, ahora que se encontraba en medio de la historia de la Reforma en Europa. Para el tiempo en que lo terminó, se habían añadido al libro más de doscientas páginas. El nuevo material incluía algunas declaraciones relativas a la lluvia tardía:
De igual forma en que se dio la "lluvia temprana" en el derramamiento del Espíritu Santo en la eclosión del evangelio, para hacer que brotara la preciosa simiente, así también será dada la "lluvia tardía" en su cierre, para la maduración de la cosecha. [Se citan: Oseas 6:3, Joel 2:23, Hechos 2:17 y 21]. La gran obra del evangelio no ha de concluir con una menor manifestación del poder de Dios que la que marcó su inicio. … Aquí están los "tiempos del refrigerio" que Pedro esperaba cuando dijo: "Arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados [en el juicio investigador]; pues que vendrán los tiempos del refrigerio de la presencia del Señor, y enviará a Jesucristo, que os fue antes anunciado [Hechos 3:19-20]".[2]
Antes de regresar a América en 1877, Ellen White envió una copia a Jones y Waggoner del manuscrito ampliado del volumen 4, pidiéndoles que ejercieran "un cuidadoso criticismo en las correcciones y en todo el asunto". Esa ocasión pudo muy bien enriquecerlos con nuevas ideas relativas a la libertad religiosa en la que Jones se vería pronto especialmente implicado, al tener que enfrentarse desventajosamente a la propuesta de ley dominical del senador H. W. Blair. Desgraciadamente, debido a la controversia relativa a Jones y Waggoner que pronto haría aparición, a muchos se les negaría la oportunidad de leer El conflicto de los siglos, al menos por un tiempo.[3]
Se acerca el congreso de 1888
Durante la primavera y el verano de 1888 tuvieron lugar varios eventos que tendrían repercusión en la asamblea pastoral de Mineápolis y en el congreso de la Asociación General previsto en octubre. A comienzos de 1888, W. C. White escribió al pastor Butler sobre el Instituto que precedería al congreso de la Asociación General, y "propuso cuatro o cinco líneas de trabajo, entre las cuales figuraban las obligaciones de los cargos eclesiásticos, métodos nuevos y avanzados de presentar el mensaje, estudio de las doctrinas bíblicas, nuestra labor en la libertad religiosa y una o dos líneas más". En una de sus cartas de respuesta, Butler escribió en referencia a las próximas asambleas "con una lista de los temas que él esperaba que se tomasen en consideración". Entre ellos "destacó los diez reinos y la ley en Gál[atas]".[4]
En junio, W. C. White se encontró con otros pastores de California y obreros de Signs y Pacific Press, incluyendo a Jones y Waggoner, durante unos días de estudio bíblico en "Camp Necessity", en las montañas al este de Oakland. Se dedicó cierto tiempo a revisar los temas de los diez reinos y la ley en Gálatas, incluyendo el folleto de Butler que se había distribuido en el congreso de la Asociación General de 1886, así como la respuesta de Waggoner al mismo, que todavía no se había impreso. W. C. White refiere la pregunta que hizo Waggoner, y la respuesta que él le dio:
Al final de nuestro estudio, el pastor Waggoner nos preguntó si sería correcto que publicara su MSS [manuscrito] y lo entregara a los delegados en el próximo congreso de la Asociación General, tal como el pastor Butler había hecho con el suyo. Nos pareció correcto, y le animamos a que imprimiera quinientas copias.[5]
Debido a que W. C. White creía que ya se habían decidido los temas de discusión en la próxima asamblea [pastoral] y congreso de la Asociación de octubre, mencionó su correspondencia con Butler tanto a Jones como a Waggoner en las sesiones de estudio bíblico que sostuvieron en Camp Necessity. Pero cuando Jones y Waggoner llegaron a Mineápolis preparados para presentar sus temas, Butler había "olvidado" su carta a W. C. White. No pasó mucho tiempo antes que se esparciera el rumor de que los temas a discutir eran una "sorpresa" para los que estaban en Battle Creek, y que se habían elegido según "presiones de los que procedían de California".[6]
En septiembre, justo antes de la asamblea pastoral y el congreso de la Asociación General, había también un encuentro campestre en Oakland, California. A diferencia de los estudios bíblicos dados unos meses antes, donde pastores y obreros habían estudiado de forma conjunta, esta vez hubo un espíritu amargo de oposición contra Jones y Waggoner. Posteriormente W. C. White describió así la situación:
En el encuentro campestre de California se manifestó un espíritu muy amargo por parte de algunos contra los pastores Waggoner y Jones, instigado en parte, presumo, por las alusiones personales en el folleto del pastor Butler; y en parte por un viejo resentimiento de familia contra el pastor Waggoner padre. Tuvimos un consejo de pastores en el que se criticó casi cada frase de esos hermanos que tuviera relación directa o remota con la cuestión de Gálatas. Pero los hermanos que se oponían a sus enseñanzas no estaban dispuestos, ni a examinar calmadamente el asunto, ni a dejarlo a un lado. Preferían el proceso de despedazado, eso que tanto detesto.[7]
En aquel mismo tiempo, Ellen White escribió acerca de la gran necesidad entre los adventistas de escudriñar las Escrituras por sí mismos, no sólo a fin de conocer la verdad, sino también de poderla poner en práctica. El 5 de agosto envió una carta circular a los "hermanos que se reunirán en el congreso de la Asociación General". No escatimó palabras al subrayar la importancia de la reunión que tendría lugar, ni de los grandes peligros a los que se enfrentaba la iglesia:
Tenemos la impresión de que este encuentro será el más importante de todos a los que hayáis asistido jamás. Este debiera ser un tiempo de ferviente búsqueda del Señor y de humillar los corazones ante él.
Se debe dejar de lado toda ambición egoísta, y debéis suplicar a Dios que haga descender sobre vosotros su Espíritu tal como sucedió con los discípulos reunidos en el día de Pentecostés. …
Hermanos míos, sois soldados de Cristo; estáis en una contienda agresiva contra Satanás y su hueste; pero son dolorosas para el Espíritu Santo vuestras malas sospechas de unos contra otros, y el que permitáis que vuestra imaginación sea controlada por el poder del gran acusador.[8]
Pero a fin de que pudiera darse ese derramamiento de la lluvia tardía del Espíritu Santo tal como sucedió "en el día de Pentecostés", tenía que haber unidad entre los hermanos. Eso se daría cuando estudiaran la Biblia juntos y vivieran según la luz que les había sido revelada:
Espero que veáis este [congreso que va a tener lugar] como una preciosísima oportunidad para orar y compartir juntos. … La verdad no puede perder nada al ser investigada minuciosamente. Permitid que la palabra de Dios hable por ella misma. …
Se me ha mostrado que hay muchos de nuestros pastores que dan por sentadas las cosas y no las investigan por ellos mismos según un estudio detenido y crítico de las Escrituras, [para saber] si están creyendo el error o la verdad. … Prefieren que otros estudien las Escrituras en su lugar; y toman la verdad de labios de ellos como un hecho seguro. … Que cada uno se despoje de la envidia, de los celos, de las malas sospechas, y que ponga su corazón en unión estrecha con Dios. …
Nuestro pueblo debe comprender individualmente la verdad de la Biblia más plenamente, pues serán llamados a comparecer ante concilios. …
Una cosa es asentir a la verdad, y otra distinta es, mediante la investigación cuidadosa como estudiantes de la Biblia, saber qué es verdad.
Se nos ha advertido contra nuestros peligros. … y ahora es el tiempo de esforzarse en la preparación para hacer frente a las tentaciones y emergencias que se ciernen ante nosotros. Si las almas son negligentes en traer a su vida la verdad y ser santificados por ella a fin de poder dar razón de la esperanza que hay en ellos con temor y humildad, serán arrastrados por alguno de los múltiples errores y herejías, y perderán sus almas. … Muchos, muchos se perderán debido a no haber estudiado sus Biblias puestos de rodillas, con ferviente oración a Dios a fin de que la interiorización de la palabra de Dios pueda traer luz a su entendimiento. …
No debemos fijar nuestras ideas, interpretando después todas las cosas de forma que apoyen nuestra idea.[9]
Dios estaba procurando preparar a los asistentes al congreso de la Asociación General para la gran bendición que tenía en su almacén. Sin embargo, en el mes siguiente a enviar aquel consejo, Ellen White cayó en un estado de "desánimo" del que creyó que "ya no iba a salir más". ¿Qué causó aquella depresión que se prolongó por más de dos semanas? Desde su estancia en Europa el Señor había estado poniendo sobre ella responsabilidades, no sólo relativas a casos individuales, sino a la iglesia en general. "Sintió remordimiento" y perdió sus "ganas de vivir" por no haber sido capaz de despertar a sus "hermanos y hermanas a que vieran y sintieran la gran pérdida que estaban sufriendo al no abrir sus corazones para recibir los brillantes rayos del Sol de justicia".[10] Sus "fuerzas la abandonaron" y no esperaba que nadie orase por su recuperación:
Se me había instruido acerca de los muchos males que se habían estado introduciendo entre nosotros mientras estuve en Europa … Se me indicó también que el testimonio que Dios me había dado no sería recibido. … Satanás había estado a la obra, tanto en el Este como en el Oeste de las Montañas Rocosas, a fin de dejar sin efecto los mensajes de reprensión y advertencia, las lecciones de Cristo y los mensajes de consuelo. El maligno estaba determinado a bloquear la luz que Dios tenía para su pueblo. … Muchos manifestaron una fuerte y firme resistencia contra cualquier cosa que interfiriera con sus ideas personales. … Esto hizo recaer sobre mí las más pesadas cargas que fuera capaz de soportar.[11]
Ellen White no sólo estaba preocupada por las prácticas propias del mundo del negocio que estaban entrando en la iglesia, sino que estaba particularmente preocupada por la "falta de amor y de compasión de unos por los otros":
He estado despierta noche tras noche con una sensación [tal] de agonía por el pueblo de Dios, que me envolvían las gotas de sudor hasta que caían. Me fueron presentadas algunas cosas terriblemente impresionantes. … Allí vi escritos diferentes nombres, personas y pecados. Había pecados de todas las clases: egoísmo, envidia, orgullo, celos, malas sospechas, hipocresía y lascivia, odio y homicidio en el corazón debido a dicha envidia y celos. Esos pecados estaban entre los pastores y el pueblo. Fue pasando página tras página. … y una voz dijo: Ha llegado el tiempo en el que la obra en el cielo es de incesante actividad en favor de los habitantes de este mundo. Había llegado el tiempo en el que se medirían el templo y sus adoradores. … Eso es lo que vi, … Después de eso sucedieron algunas cosas que me causaron gran tristeza, y fue entonces cuando me hundí bajo ese peso.[12]
El Señor aún tenía una obra para Ellen White. La levantó en respuesta a una "sesión especial de oración" y requirió de ella que "anduviera por fe, en contra de todas las apariencias". Fue "fortalecida" para emprender el viaje al encuentro campestre de Oakland y para dar allí su testimonio. "El Espíritu de Dios la urgió a que hiciera llamamientos enérgicos" a los hermanos que iban a asistir al congreso de la Asociación General. Les "urgió a que se humillaran ante Dios y recibieran la seguridad de su gracia para ser bautizados con el Espíritu Santo, a fin de que pudieran estar en la condición de impartir luz". La "influencia del Espíritu de Dios vino a la reunión", los corazones fueron quebrantados y se hicieron confesiones. Por desgracia, no todo fue bien en el encuentro campestre. Ellen White no sabía acerca del concilio de pastores que tuvo lugar durante aquel encuentro campestre en el que, según W. C. White, Jones y Waggoner fueron sometidos al "proceso de despedazado". Tampoco sabía que W. M. Healey, un pastor de California, había enviado una carta a G. I. Butler advirtiéndole de un complot en la costa Oeste que iba a socavar los hitos de la fe. Ellen White comentaría posteriormente:
Poco imaginaba, cuando hacía esos llamamientos solemnes, que uno de los presentes en aquellas reuniones había escrito una carta afirmando cosas que creía ser verdaderas, pero que no lo eran, y que nos precedió, creando una barrera de dificultad al poner en pie de guerra contra todo lo que viniera de quienes cruzaran las Montañas Rocosas. …
Satanás empleó su influencia a fin de que aquella carta hiciera una obra que resultara en la pérdida de almas. … Pregunté al pastor Butler si el hermano [Healey] no le había escrito ciertas cosas. Dijo que sí. Le pregunté si me permitiría ver la carta. Quise saber cuál fue el testimonio que dio, que logró crear un estado de cosas como el que encontramos en Mineápolis. Me dijo que había quemado la carta, pero había dejado una impronta indeleble en su mente y en las mentes de otros. …[13]
Quedaba así establecido el escenario para el congreso de la Asociación General. ¿Cómo iba a "reaccionar el pueblo de Dios en el tiempo de la lluvia tardía?" Esa era la cuestión -como enseguida veremos- que ocupaba, no sólo el corazón de Ellen White, sino el de todo el cielo.
Mineápolis 1888
El 10 de octubre comenzó la asamblea pastoral, que duró siete días. Siguió el congreso de la asociación General, que duró hasta el 4 de noviembre. El número de asistentes quizá rondara los 500, incluyendo a 96 delegados que representaban a 27.000 miembros de iglesia alrededor del mundo.[14] Ellen White, que hacía tan poco tiempo se había recuperado tras estar al borde de la muerte, llegó a tiempo para las reuniones inaugurales. Ellen White hablaría "unas veinte veces" a los reunidos en la recién construida iglesia adventista de Mineápolis. Desafortunadamente, hoy sólo se conservan once de sus presentaciones.[15]
En su informe editorial de la inauguración de la asamblea, Uriah Smith enumeró los temas que se habían propuesto para discusión: "Un abordaje histórico de los diez reinos, la divinidad de Cristo, la curación de la herida mortal, la justificación por la fe, hasta dónde hemos de llegar en el uso de la sabiduría de la serpiente, y la predestinación. Sin duda se presentarán otros temas".[16]
Ellen White no tardó mucho en expresar la importancia capital de aquellas reuniones, basada en lo que se le había mostrado desde su estancia en Europa. "Tenemos mucho más que temer de enemigos internos que de externos" en cuanto a impedir el derramamiento de la lluvia tardía. El gran temor de Satanás consistía en que el pueblo de Dios despejara el camino para el bautismo del Espíritu Santo que Dios estaba dispuesto a derramar.[17] El jueves 11 de octubre Ellen White dio la charla matinal. "Desde el mismo principio" de la asamblea había discernido un "espíritu" que la "apesadumbraba".[18] ¿Iban a estudiar los allí reunidos como verdaderos creyentes en la Biblia, y recibirían el Espíritu Santo?
Ahora que estamos aquí reunidos, queremos sacar el mayor provecho a nuestro tiempo. … pero demasiado a menudo permitimos que pasen [las oportunidades], sin darnos cuenta del beneficio tal como debiéramos. …
Si es que alguna vez necesitamos que el Espíritu Santo esté con nosotros, si necesitamos predicar en demostración del Espíritu, es precisamente en este tiempo. …
En este mismo encuentro vendrá sobre nosotros el bautismo del Espíritu Santo si así lo deseamos. Buscad la verdad como se busca un tesoro escondido. …
Comencemos aquí mismo en este encuentro, y no esperemos hasta haber llegado a su mitad. Queremos el Espíritu de Dios aquí y ahora; lo necesitamos y queremos que se revele en nuestros caracteres.[19]
En los meses y años que siguieron, Ellen White se refirió en varias ocasiones al bautismo del Espíritu Santo que fue derramado sobre los discípulos en Pentecostés, y que Dios quería impartir en Mineápolis. Ese "bautismo del Espíritu Santo" no era más que otra forma de referirse a la "lluvia tardía":
Lo que necesitamos es el bautismo del Espíritu Santo. Sin él no estamos más preparados para ir al mundo de lo que estaban los discípulos tras la crucifixión de su Señor. Jesús conocía su destitución, y les indicó que esperaran en Jerusalem hasta que fueran dotados de poder de lo alto.[20]
Hoy habéis de tener vuestros vasos purificados, a fin de que estén preparados para el rocío celestial, para los aguaceros de la lluvia tardía, pues dicha lluvia tardía vendrá, y la bendición de Dios llenará toda alma que se haya purificado de toda contaminación. Nuestra tarea hoy es entregar a Cristo nuestras almas a fin de estar listos para el tiempo del refrigerio de la presencia del Señor--listos para el bautismo del Espíritu Santo.[21]
Debemos orar para que sea impartido el Espíritu como remedio para las almas enfermas de pecado. La iglesia necesita convertirse. ¿Por qué no nos postramos ante el trono de la gracia como representantes de la iglesia, y con corazón quebrantado y espíritu contrito suplicamos fervientemente que se derrame sobre nosotros el Espíritu Santo desde lo alto? …
Inmediatamente antes de dejarlos, Cristo dio a sus discípulos la promesa: "Recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo: …"
Los discípulos regresaron a Jerusalem … y esperaron, preparándose … hasta que vino el bautismo del Espíritu Santo".[22]
La noche del viernes 12 de octubre, "cuando comenzaba el sábado", los delegados se reunieron una vez más en la iglesia de Mineápolis para oír predicar al pastor Farnsworth. Predicó "un discurso bien sombrío, hablando de la gran maldad y corrupción en nuestro medio, y refiriéndose a las apostasías entre nosotros, y no había luz, ninguna alegría, ningún ánimo espiritual en ese discurso. Había un pesimismo generalizado entre los delegados del encuentro".[23]
La tarde del sábado 13 de octubre se le dio a Ellen White un "testimonio con la intención de animar". Habló de la "importancia de mantenerse mucho más en el tema del amor de Dios" y dejar "de lado lo sombrío". Exclamó de todo corazón: "No habléis de la iniquidad y maldad que hay en el mundo, sino más bien elevad vuestras mentes y hablad de vuestro Salvador". Amonestó a sus oyentes así: "Si bien podemos tener que dar un testimonio directo a fin de lograr la separación del pecado y la iniquidad, no queremos estar martilleando por siempre sobre esa cuerda". Su sermón tuvo un efecto "muy feliz", pues ambos, "creyentes e incrédulos, dieron testimonio de que el Señor los había bendecido".[24]
El domingo y lunes 14 y 15 de octubre, Ellen White dedicó tiempo a responder a una carta de treinta y nueve páginas que había recibido de G. I. Butler el viernes.[25] En su carta, Butler mencionaba que había estado enfermo y en cama muchas veces en los dieciocho meses precedentes por "agotamiento nervioso", del que culpaba a la carta que Ellen White le escribió el 5 de abril de 1887, en la que les advertía a él y a Smith acerca de su trato a Jones y Waggoner. Butler creía que no iba a recuperarse hasta haber expresado sus "sentimientos plenamente". Llegó hasta los detalles en la repetición de su principal inquietud ante Ellen White: toda la cuestión de la controversia de la ley en Gálatas, que en su opinión arrastraba desde la década de 1850. Hasta donde él podía ver, había "simplemente dos posiciones" sobre la ley añadida, siendo su posición que era la ley ceremonial y la de Waggoner que eran los diez mandamientos. Describió a Jones y a Waggoner como a "jóvenes polluelos" que estaban dando problemas por todo el país. Estaban "demoliendo" la fe del pueblo en la obra de la iglesia, y abriendo la puerta a que se descartaran "antiguas posiciones de fe". Su obra llevaría, no sólo a la pérdida de confianza en los "mismos testimonios", sino también a la pérdida de almas que "abandonarían la verdad por ese motivo".[26]
Butler mencionó una carta que había recibido hacía algunas semanas, de "dos miembros prominentes de State Conference Committee, en una de las Asociaciones del Pacífico Norte", afirmando que, si se iban a enseñar las posiciones de Jones y Waggoner en el seminario Healdsburg, "sus jóvenes … serían enviados a otra parte". Butler lo recalcó, diciendo a Ellen White: "La forma en que se ha desarrollado este asunto tenderá a afectar seriamente la prosperidad de su seminario de Healdsburg".[27]
Ellen White vio aquella carta como "una curiosísima colección de acusaciones y cargos" contra ella, pero fue capaz de escribir con toda calma: "Esas cosas no me alteran. Creo que estaba cumpliendo mi deber".[28] En sus cartas recordó a Butler la historia de la controversia sobre la ley en Gálatas según el punto de vista que se le había proporcionado desde el cielo, incluyendo el "terrible encuentro" de 1886. Le recordó que su guía celestial había advertido acerca de la prueba que estaba ante ellos y de los grandes males que derivarían del "fariseísmo" que había "tomado posesión" de quienes ocupaban "posiciones importantes en la obra de Dios". Le señaló que intentar controlar la obra de Dios tendría como resultado impedirla:
El espíritu y la influencia de los pastores que en general han venido a este encuentro [1888] es el de desechar la luz. …
El espíritu que ha prevalecido … no es de Cristo. … Que no haya una opresión de conciencia tal como la que se ha manifestado en estas reuniones. …
Tras la obra de esta noche se levantarán imaginaciones falsas, malentendidos crueles e injustos que obrarán en cada iglesia como la levadura y cerrarán los corazones al esfuerzo del Espíritu de Dios. … La influencia de este encuentro tendrá un alcance tan grande como la eternidad. …
Los que han determinado una cierta forma en que ha de llegar la luz, dejarán de recibirla, pues Dios obra a su propia manera.[29]
El Señor me ha hecho saber que hay hombres en puestos de responsabilidad que se están interponiendo directamente en el camino de la obra de Dios en favor de este pueblo, por creer que la obra se debe efectuar, y la bendición ha de venir, de cierta forma que ellos han determinado. …
No tengo ninguna vacilación en afirmar que a este encuentro se ha traído un espíritu que no es el de buscar con el fin de obtener luz, sino el de poner barricadas en el camino, no sea que llegara un rayo [de luz] a los corazones y mentes del pueblo mediante algún otro canal que no sea el que habéis decidido que es el apropiado.[30]
Ellen White no sólo escribió su respuesta a Butler aquella mañana del lunes el 15 de octubre, faltando sólo dos días para que comenzara el congreso de la Asociación General. Es muy probable que expresara sus preocupaciones en un discurso a los delegados.[31] Habló de las "responsabilidades solemnes" que había llevado desde que regresó de Europa. Les refirió cómo le había descrito Jesús la condición del pueblo de Dios, al decirle que "había llegado el tiempo en que iban a medirse el templo y sus adoradores". Exclamó con toda sinceridad: "Me siento terriblemente atemorizada por venir a nuestra conferencia". Hacia la conclusión de su charla, Ellen White hizo un llamamiento solemne:
Es ya tiempo en que debiéramos despertar del sueño para buscar al Señor de todo corazón, y sé que será hallado por nosotros. Sé que todo el cielo está a nuestra disposición. Tan pronto como amemos a Dios con todo nuestro corazón y a nuestro prójimo como a nosotros mismos, Dios obrará por nuestro medio. ¿Cómo nos sostendremos en el tiempo de la lluvia tardía? ¿Quién espera tener parte en la primera resurrección? ¿Vosotros, que habéis estado acariciando el pecado y la iniquidad en el corazón? Ese día fallaréis.[32]
El cielo estaba esperando derramar la lluvia tardía mediante un mensaje preciosísimo, mientras el pueblo que tenía que recibirla dormía en la iniquidad y el pecado, y albergaba un espíritu contencioso.
Espíritu combativo en la asamblea
Gran parte del espíritu contencioso que se estaba haciendo presente en las reuniones, y del que escribió Ellen White, tenía que ver con un asunto menor: la controversia sobre los cuernos. Tiempo atrás, en 1884, la Asociación General había comisionado a A. T. Jones para que escribiera una serie de artículos basados en la historia, sobre "puntos que demostraran el cumplimiento de la profecía".[33] Eso llevó a Jones a un estudio más profundo del libro de Daniel, y mientras examinaba la postura que se sostenía comúnmente en el adventismo a propósito de los diez reinos de Daniel 7 tal como aparecen en el libro Daniel y Apocalipsis, de Uriah Smith, se dio cuenta de que uno de los reinos se había identificado de forma equivocada. Jones escribió dos veces a Smith, pidiéndole evidencia de la postura histórica y emplazándolo a que examinara la evidencia recién descubierta. Smith no respondió a la primera carta de Jones, y cuando finalmente lo hizo a su segunda carta, dijo que no tenía tiempo para ese menester. Como resultado, Jones publicó sus puntos de vista en Signs of the Times sin que Smith pudiera criticarlos, y le envió una copia en octubre de 1886.
Uriah Smith respondió airado, diciendo a Jones que ahora tendría que contraatacar mediante la Review, dado que Jones había esparcido sus puntos de vista "difundiéndolos mediante el papel". Smith temía mucho que miles de opositores a los adventistas "notaran inmediatamente el cambio" en una doctrina sostenida por cuarenta años, y alegarían que dejando pasar el tiempo suficiente, los adventistas habrían de reconocer que "estaban equivocados en todo".[34] Jones respondió afirmando que la batalla real por la verdad estaba aún en el futuro. Pronto, debido a la crisis dominical, "cada punto" de la doctrina y creencias adventistas iban a ser "analizados y cuestionados … por los grandes de la tierra". Por lo tanto, cuando se dieran los mensajes de los tres ángeles, los adventistas necesitarían una "mejor razón" que esta para su fe en la profecía bíblica: "'Lo hemos predicado por cuarenta años'".[35]
Se debe decir en favor de Jones, que W. C. White, tras escuchar su posición, dedicó cierto tiempo en el verano de 1888 a estudiar el tema de los diez cuernos, y llegó a la conclusión de que "el pastor Jones disponía de mayor evidencia histórica para su posición que el pastor Smith".[36] Eso, no obstante, cambió poco las cosas, y cuando se llevó el tema a la asamblea de 1888, se hizo presente un espíritu muy hostil.
Justo antes de la asamblea de 1888, Butler había etiquetado a Jones de alborotador, por traer una interpretación "contraria a la fe establecida por mucho tiempo en nuestro pueblo … hace cuarenta años".[37] Durante la propia asamblea Jones se hizo acreedor de una crítica creciente y de falsas acusaciones en su contra, y el lunes 15 de octubre la situación se agravó en la reunión de las diez de la mañana. Smith declaró que era "totalmente innecesario" prestar atención al tema de los diez cuernos que tendía sólo al mal. Dijo que la antigua posición había "resistido la prueba por 40 años", y que Jones estaba "derribando antigua verdad". Afirmó que por su parte "no iba a permanecer sentado en calma, viendo cómo manos despiadadas demolían las piedras fundacionales de nuestro mensaje". Smith no se detuvo aquí; continuó hablando falsamente al afirmar que "estaba en desventaja debido a que él no sabía que se abordaría el tema". Con algo de ironía añadió entonces que alguien "parecía saberlo, y había traído bibliografía con fuentes de información".[38]
Finalmente, el miércoles, en la clausura de la asamblea, antes del propio congreso de la Asociación General, Smith intentó forzar un voto para decidir el asunto de los diez cuernos. Waggoner bloqueó aquel voto sugiriendo que no se "decidiera hasta no haberlo investigado con detenimiento".[39] A pesar del bloqueo al voto, Smith proclamó la victoria de su posición en un artículo editorial de la Review, afirmando: "El sentimiento de los delegados parecía … estar abrumadoramente del lado de los principios establecidos de interpretación, y de la antigua posición. Queda por ver si eso va a suponer alguna diferencia o no para quienes están urgiendo la nueva posición".[40] Lo que Smith dejó de mencionar es que los delegados habían votado que "todos deben estudiar fielmente la cuestión durante el año". W. C. White vio el artículo editorial de Smith como una tergiversación, y anunció públicamente que "estaba calculado para engañar".[41]
Era comprensible que Jones y Waggoner quisieran defenderse después de dos años de tergiversación y acusaciones falsas. El martes 16 de octubre Jones tomó de nuevo el tema de los diez cuernos y replicó a Smith "en términos nada ambiguos". Explicó a todos por qué había traído la "bibliografía". Comentó acerca de las cartas habidas entre Smith, Waggoner y él mismo, demostrando que el tema sometido a consideración no se había traído por sorpresa. Para subrayar su argumento exhortó a los delegados a "no culparlo a él de lo que Uriah Smith no sabía". Ellen White estaba presente en la reunión y, consciente del significado de lo que estaba teniendo lugar, dijo a Jones: "Menos incisivo, hermano Jones, menos incisivo".[42]
Ellen White supo que estaba controlando a los hermanos un espíritu que rechazaría la "luz". Cualquier paso en falso que pudieran dar Jones o Waggoner proveería la excusa para que los hermanos continuaran en su estado de rebeldía. La declaración de Jones fue un detalle de tan poca importancia al compararlo con toda la controversia que estaba teniendo lugar, que Ellen White nunca mencionó el incidente en ninguno de sus escritos, ni existe tampoco informe escrito alguno de la Asamblea pastoral de 1888 que lo mencione. W. C. White, quien tomó notas de aquella misma reunión, registró la explicación de Jones acerca de su investigación desde 1884 y de por qué "vino preparado con bibliografía", pero no registró la declaración de Jones ni la supuesta advertencia de Ellen White.[43]
La gran necesidad
Antes que terminara la semana Ellen White habló en diversas ocasiones más a los reunidos en Mineápolis. Sabía que se estaban "perdiendo en gran medida la bendición" que podían haber recibido en la asamblea, y que redundaría en "una pérdida eterna". No debían "sentirse satisfechos" con su "propia justicia, contentándose en ausencia de las impresiones profundas del Espíritu de Dios":
Hermanos y hermanas, en este tiempo hay gran necesidad de humillarnos ante Dios, a fin de que venga a nosotros el Espíritu Santo, …
Que Dios nos asista a fin de que su Espíritu pueda hacerse manifiesto entre nosotros. No debiéramos esperar hasta llegar al hogar para obtener la bendición del Cielo. … Los que han estado por largo tiempo en la obra han estado demasiado satisfechos esperando que los reaviven los aguaceros de la lluvia tardía.[44]
A fin de que la lluvia tardía lo pudiera reavivar, el pueblo de Dios necesitaba guardar una "relación correcta con él". No se podía aferrar a la "duda e incredulidad", pues de ser así, el enemigo "tomaría el control de sus mentes", lo que siempre tiene por resultado "una gran pérdida". Satanás estaba procurando que sucediera tal cosa en el tiempo mismo en que Dios estaba midiendo su templo:
Cristo está aquí esta mañana; hay ángeles, y están midiendo el templo de Dios y a los que adoran en él. La historia de este encuentro va a llegar a Dios, pues se toma un registro de cada reunión; en los libros del cielo se anota el espíritu manifestado, las palabras pronunciadas y las acciones realizadas. Todo se transfiere a los registros con tanta fidelidad como sucede con nuestros rasgos en la placa pulida del artista.[45]
Ellen White habló de medir "el templo de Dios y a los que adoran en él". Estaba usando terminología de Apocalipsis 11 y de Isaías 40 al 42, así como de los sueños que tuvo en el verano precedente.[46] No eran sólo los individuos los que se medían, sino la iglesia de forma corporativa. Podemos preguntarnos: ¿Cuál debió ser el registro que tomó el cielo durante esos encuentros solemnes? ¿Estaba el pueblo de Dios preparado para prevalecer?
Había finalizado la asamblea pastoral y había comenzado el congreso de la Asociación General. ¿Sería diferente el registro de este último? Intentaremos dar respuesta a esa cuestión en el próximo capítulo.
Notas: