Respuesta de los líderes al Espíritu Santo y a la luz recibida
Congreso de la Asociación General de Mineápolis, 1888
El congreso de la Asociación General de 1888 comenzó el miércoles 17 de octubre, a las 9:30. La controversia que había ensombrecido la asamblea pastoral no contribuyó a crear una atmósfera favorable en el congreso de la Asociación General. Por desgracia, eso no fue más que el comienzo.
Cuando Jones y Waggoner llegaron a la iglesia aquel primer día, llamó su atención una gran pizarra colocada en el frente, en la que estaban escritas dos propuestas antagónicas. La una decía: "Se acuerda -Que la ley en Gálatas es la ley ceremonial", junto a la cual aparecía el nombre de J. H. Morrison. La segunda decía: "Se acuerda -Que la ley en Gálatas es la ley moral", junto a la cual había un espacio para que Waggoner pusiera su firma. Waggoner rehusó hacer tal cosa, declarando que no había venido a debatir. Además, su postura consistía en que no obtenemos la justicia por la ley, sino por la fe, sin importar que se tratara de la ley moral o de la ceremonial.[1]
Waggoner había comenzado dos días antes su serie de al menos nueve presentaciones, presentando la relación de la ley con la justicia de Cristo. Según su comprensión, el tema era mucho más amplio que a cuál de las leyes se refería el libro de Gálatas. Solamente después de haber dado las primeras seis presentaciones sobre la justicia por la fe entró más específicamente en el tema de Gálatas, y aun entonces lo argumentó en el contexto de la justicia por la fe.[2]
Es evidente que la controversia en 1888 iba más allá de la ley en Gálatas. Si bien el tema central era la justicia por la fe y su relación con otras verdades bíblicas, había una estrecha relación con muchos otros temas, incluyendo la libertad religiosa, la organización de la iglesia, la educación, las publicaciones y la obra médico-misionera. En las páginas que siguen examinaremos algunas de las enseñanzas de Jones y Waggoner, pero antes de avanzar será bueno que presentemos un resumen del "mensaje de 1888".
El mensaje de 1888
En primer lugar, debemos comprender que el "mensaje" que el Señor envió mediante Jones y Waggoner no estaba confinado al año 1888 ni al congreso de la Asociación General. Al contrario, como veremos en los capítulos que seguirán, ese mensaje fue presentado en gran medida durante el congreso de la Asociación General, y fue proclamado en la década que siguió. En segundo lugar, debemos comprender que si bien carecemos de una transcripción exacta de lo que Jones y Waggoner presentaron en Mineápolis, podemos reconstruir un concepto justo y preciso de lo que enseñaron antes, durante y después del congreso.[3]
Tanto Jones como Waggoner eran escritores prolíficos de libros y artículos para publicaciones de la iglesia. A partir de sus escritos sabemos lo que enseñaron antes del congreso, incluyendo The Gospel in Galatians, que Waggoner escribió en 1887, y que se entregó a los delegados que asistían al congreso de 1888. Sabemos también a partir de sus escritos lo que enseñaron después del congreso, incluyendo el libro Cristo y su justicia, que Waggoner publicó en 1890, y que está basado en las notas que tomó Jessie F. Moser-Waggoner de las presentaciones de Waggoner en el congreso de la Asociación General de 1888.[4]
Tenemos también a nuestra disposición más de 1.800 páginas de correspondencia, manuscritos y sermones de Ellen White relativos al episodio de Mineápolis, que se encuentran en los cuatro volúmenes: The Ellen G. White 1888 Materials. Además de eso, está: Manuscripts and Memories of Minneapolis: casi 600 cartas de varios participantes en relación con las reuniones de 1888. Incluida en esa colección hay copias de informes denominacionales y de revistas, tales como 1888 General Conference Daily Bulletin, el diario de R. Dewitt Hottel y los cuadernos de notas de W. C. White, que contiene anotaciones tomadas durante las reuniones.[5]
Al examinar lo que enseñaron Jones y Waggoner debemos recordar antes que nada y por encima de todo que estaban presentando doctrinas bíblicas a partir de la propia Biblia.[6] Ellen White confirmó ese abordaje, declarando que "la Biblia ha de ser nuestra norma en toda doctrina y predicación",[7] ya que "sólo ella puede proporcionar un conocimiento correcto de la voluntad de Dios".[8] Además, "la Biblia y la Biblia sola, guardada en el corazón y bendecida por el Espíritu de Dios, puede hacer al hombre justo y puede mantenerlo justo".[9] Ellen White comprendió que la Biblia no estaba estancada, sino que era un "libro progresivo"[10] cuyas "verdades gloriosas" se debían "presentar claramente ante los seguidores de Cristo".[11] Esas "verdades de la Biblia conectadas con el gran plan de la redención" estarían "desplegándose continuamente, expandiéndose, y desarrollándose", ya que la Biblia es "divina, como su Autor".[12]
Esas verdades de la Biblia que Jones y Waggoner presentaron estaban en armonía con los inequívocos hitos adventistas. Ellen White enumeró siete de ellos en el contexto del mensaje de 1888: "El cumplimiento del tiempo en 1844 … la purificación del santuario que está ocurriendo en el cielo, y que tiene una estrecha relación con el pueblo de Dios en la tierra, [también] los mensajes del primer, segundo y tercer ángeles, desplegando la bandera que lleva la inscripción: 'Los mandamientos de Dios y la fe de Jesús' … La luz del sábado del cuarto mandamiento [y] la no-inmortalidad de los malvados". Ellen White sugirió que Jones y Waggoner habían dado a esos hitos un "nuevo ímpetu".[13] Es cierto que los presentaron en un contexto diferente: el de "la verdad tal cual es en Jesús".[14] En particular, presentaron el evangelio: "La justificación por la fe en la justicia de cristo", es decir, el hito de la justicia de Jesús en relación con la ley, mano a mano junto al hito de los mandamientos de Dios. Eso, declaró Ellen White, constituye "el mensaje del tercer ángel".[15]
Los adventistas del séptimo día habían proclamado "los mandamientos de Dios", pero no "la fe de Jesús" con una prominencia equivalente. Se "había hablado de ella, pero no se la había comprendido". Se la había "pasado por alto y se la había tratado con indiferencia y descuido", de forma que no ocupaba la posición prominente que Dios había dispuesto.[16] La ley de Dios carece de poder sin la "fe de Jesús", dado que dicha fe "implica más de lo que se suele suponer".[17] Así, el tema real en Mineápolis era el propio plan de la salvación.
Hacia el final del congreso de la Asociación General, Waggoner escribió que uno de los temas principales en discusión era "la ley y el evangelio en sus varias relaciones, bajo la denominación general de justificación por la fe".[18] Años más tarde, Ellen White escribió la que es probablemente su declaración más conocida en relación con el mensaje de 1888. En ella encontramos un resumen confiable de los aspectos más específicos de ese precioso mensaje:
En su gran misericordia el Señor envió un preciosísimo mensaje a su pueblo por medio de los pastores Waggoner y Jones. Este mensaje tenía que presentar en forma más destacada ante el mundo al sublime Salvador, el sacrificio por los pecados del mundo entero. Presentaba la justificación por la fe en el Garante; invitaba a la gente a recibir la justicia de Cristo, que se manifiesta en la obediencia a todos los mandamientos de Dios. Muchos habían perdido de vista a Jesús. Necesitaban dirigir sus ojos a su divina persona, a sus méritos, a su amor inalterable por la familia humana. Todo el poder es colocado en sus manos, y él puede dispensar ricos dones a los hombres, impartiendo el inapreciable don de su propia justicia al desvalido agente humano. Este es el mensaje que Dios ordenó que fuera dado al mundo. Es el mensaje del tercer ángel, que ha de ser proclamado en alta voz y acompañado por el abundante derramamiento de su Espíritu.
El exaltado Salvador ha de aparecer … sentado en el trono, para dispensar las inapreciables bendiciones del pacto. … Cristo está intercediendo por la iglesia en los atrios celestiales. …
A pesar de nuestra indignidad, siempre hemos de tener en cuenta que hay Uno que puede quitar el pecado y salvar al pecador. …
Dios entregó a sus siervos un testimonio que presentaba con contornos claros y distintos la verdad como es en Jesús, que es el mensaje del tercer ángel. …
Este … testimonio … presenta la ley y el evangelio, vinculando ambas cosas en un conjunto perfecto. (Véase Romanos 5 y 1 Juan 3:9 hasta el fin del capítulo). …
Esta es precisamente la obra que el Señor ha dispuesto que el mensaje que él ha dado a sus siervos realice en la mente y en el corazón de todo agente humano. Es la vida perpetua de la iglesia el que sus miembros amen a Dios en forma suprema, y amen a los demás como se aman a sí mismos. …
Descuidad esta gran salvación, que ha sido mantenida ante vosotros durante años, despreciad esta gloriosa oferta de justificación por medio de la sangre de Cristo, y de santificación mediante el poder purificador del Espíritu Santo, y no quedará más sacrificio por el pecado, sino una horrenda expectación de juicio y de hervor de fuego.[19]
El centro de este mensaje era el "exaltado Salvador", tanto en su naturaleza divina como humana. Presentaba al Salvador como poseyendo un "amor inalterable" que tomó la iniciativa para salvar a "toda la familia humana". Su "sacrificio por los pecados del mundo entero" cumplió algo en favor de todo ser humano, y de no ser negado y despreciado, llevaría a la "justificación por la fe en el Garante". Quienes ejercitaran esa fe genuina iban "a recibir la justicia de Cristo, que se manifiesta en la obediencia a todos los mandamientos de Dios". Eso se cumpliría mediante "las inapreciables bendiciones del pacto"; no del viejo pacto, sino del nuevo, en el que la ley queda escrita en el corazón. De esa forma, la humanidad no necesita seguir en esclavitud al pecado, pues Cristo condenó al pecado en la carne, pudiendo "quitar el pecado y salvar al pecador". La santificación, por consiguiente, no es otra cosa que experimentar continuamente la justificación por la fe, y es claramente una parte de la justicia por la fe.
Una nueva motivación toma ahora el lugar del temor al castigo y del afán de recompensa, puesto que el que "amen a Dios en forma suprema, y amen a los demás como se aman a sí mismos" es su más elevada motivación. En resumen, esa es "la verdad como es en Jesús, que es el mensaje del tercer ángel", uniendo el concepto bíblico de la justicia por la fe con la verdad singular de la purificación del santuario celestial. Quien tenga siempre presentes esas buenas nuevas, encontrará que le resulta más fácil salvarse que perderse.
Era ese mismo mensaje el que debía ser "proclamado en alta voz" -el fuerte pregón- "y acompañado por el abundante derramamiento de su Espíritu": la lluvia tardía.[20] Pero, ¿cómo fue recibido ese mensaje? Volvamos ahora al Congreso de la Asociación General.
Votos y resoluciones
Al continuar las presentaciones de Waggoner durante la primera semana del congreso, el prejuicio y la oposición no hicieron más que aumentar. La mañana del jueves 18 de octubre presentó el tema de la "justificación por la fe en Cristo". Dijo que la "libertad en Cristo es siempre libertad del pecado, y que alejarse de Cristo en favor de otros métodos [distintos] de justificación, trae siempre la esclavitud". Tanto él como Ellen White hicieron un llamamiento a los hermanos "ancianos y jóvenes a buscar a Dios, a dejar de lado todo espíritu de prejuicio y oposición, y a esforzarse por llegar a la unidad de la fe".[21]
El viernes 19 de octubre, Waggoner comparó el libro de Romanos con el de Gálatas a fin de mostrar que "la auténtica controversia [en los días de Pablo] versaba sobre la justificación por la fe en Cristo". Dijo también que el "pacto y las promesas hechas a Abraham son el pacto y las promesas que se nos hacen a nosotros". La implicación era que se estaba dando una vez más aquella misma controversia que hubo en los días de Pablo.[22] Butler creía que sobre-enfatizar el evangelio era una amenaza para la ley, mientras que Waggoner creía que tanto la ley como el evangelio resultaban amenazados por una mentalidad legalista. Como dijo uno de los delegados: "El asunto era justicia por la fe versus justicia por las obras".[23]
Uriah Smith tuvo la oportunidad de hablar más tarde aquel mismo día, y expresó su opinión consistente en que "Romanos no tenía ninguna referencia a Gálatas". Sintió asimismo que había "peligro en la posición de Waggoner".[24]
El sábado, Ellen White habló a los reunidos en la asamblea acerca del progreso en la vida cristiana. Mencionó las excusas que la gente ponía para no vencer el pecado en sus vidas, pero -dijo- Cristo había venido para hacer libres a los hombres. Su sacrificio era suficiente para traer victoria: "Él viene y me imputa su justicia en su perfecta obediencia". Afirmó que cuando se tienen reuniones y la verdad "impresiona las mentes, Satanás trae las dificultades". Habló de la "condición de incredulidad" de los judíos cuando Cristo estuvo en la tierra y durante el tiempo de Elías. El pueblo de Dios había endurecido tanto su corazón que no podría ser "impresionado con la verdad" ni sería "susceptible a las influencias del Espíritu de Dios". Ellen White hizo entonces la aplicación para el presente, refiriéndose en estos términos a los líderes que estaban ante ella:
Quiero deciros aquí cuán terrible es que hagáis tal como hicieron ellos cuando Dios trae luz y es impresionada en vuestro corazón y espíritu. Dios retirará su Espíritu a menos que se acepte su verdad. …
La raza humana es aceptada en el Amado. Su gran brazo humano rodea a la raza, mientras que su brazo divino se aferra al trono del Infinito y abre para el hombre todo el cielo. Las puertas están hoy abiertas de par en par. Cristo está en el santuario celestial y vuestras plegarias pueden llegar hasta el Padre. Cristo dice: Si me fuere, os enviaré al Consolador, y cuando tenemos al Espíritu Santo lo tenemos todo. …
Por lo tanto, debemos entrar por la fe en el santuario con él, debemos comenzar la obra en el santuario de nuestras almas. Debemos limpiarnos de toda contaminación.[25]
Mientras avanzaba en su presentación, Ellen White sintió que "el Espíritu del Señor estaba descansando, no sólo sobre [ella], sino sobre el pueblo". Después de la reunión muchos dieron testimonio de que había sido el día más feliz de su vida. Ella supo que "estaba en la asamblea la presencia del Señor Jesús" para bendecir al pueblo, y que esa "revelación especial del Espíritu de Dios tenía un propósito: sofocar las dudas, revertir la marea de incredulidad que los corazones y mentes habían admitido en relación a la hermana White y la obra que el Señor le había asignado".[26] ¿Lograría aquella "sesión de refrigerio" revertir la marea?
La mañana del domingo, Ellen White dio una corta charla devocional; su tema fue: "un pueblo escogido". Se refirió a la "elevada norma" a la que Dios había llamado a su pueblo. La única forma en que se podía alcanzar, era apartando la vista del mundo y poniéndola en las "cosas celestiales". Es sólo a partir de la luz que brilla desde la cruz del Calvario … como podemos comprender cualquier asunto en el maravilloso tema de la redención". Refiriéndose a la ley, y haciéndose eco de lo que Waggoner había dicho antes en la sesión, Ellen White afirmó que la ley moral nos llevaba a Cristo:
Nuestra obra es anunciar las virtudes de aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable. ¿Cómo lo hemos de hacer? Mostrando al mundo que somos un pueblo guardador de los mandamientos al andar en armonía con la ley de Dios; no perdiendo nunca de vista su bondad y amor, y haciendo que todo en nuestras vidas esté subordinado a las demandas de su Palabra. De esa forma seremos representantes de Cristo, revelando en nuestras vidas una copia de su carácter.
"Pero" -dirá alguien- "yo creía que los mandamientos eran un yugo de esclavitud". Es sólo a quienes quebrantan la ley, a quienes parece un yugo de esclavitud. Para los guardadores de la ley, es vida, alegría, paz y felicidad. La ley es un espejo donde podemos mirar y discernir los defectos de nuestros caracteres. ¿No debiéramos estar agradecidos porque Dios haya provisto un medio por el que podemos descubrir nuestras deficiencias?
No hay en la ley poder para salvar o perdonar al transgresor. ¿Qué es, entonces lo que la ley hace? Lleva al pecador arrepentido a Cristo. Pablo afirma: "[No he rehuido] anunciaros y enseñaros, públicamente y por las casas, testificando a judíos y a gentiles acerca del arrepentimiento para con Dios y de la fe en nuestro Señor Jesucristo" (Hechos 20:20-21). ¿Por qué predicó el arrepentimiento? Porque se había transgredido la ley de Dios. Los que han transgredido la ley se deben arrepentir. ¿Por qué predicó la fe en Cristo? Porque es Cristo quien ha redimido a los pecadores de la penalidad de la ley. La ley señala el remedio para el pecado: el arrepentimiento hacia Dios y la fe en Cristo. ¿Qué tiene de extraño que Satanás quiera deshacerse de la ley?[27]
En la reunión de la tarde, que trataba sobre la educación, se propuso tomar una resolución al efecto de "que no se enseñe nada en nuestro seminario de Battle Creek que sea contrario a lo que se ha enseñado en el pasado, o bien que sea aprobado por la comisión de la Asociación General". Esas propuestas las hicieron los hermanos para intentar impedir que Jones y Waggoner presentaran a la Asociación General doctrinas que los hermanos habían presentado en el pasado, así como para impedirles presentar nuevas ideas en el futuro.[28] G. I. Butler tenía una parte en eso, ya que había esparcido el informe de que padres de diversos estudiantes del seminario de Healdsburg enviarían a sus hijos a otra parte mientras se enseñaran allí los puntos de vista de Jones y Waggoner.[29] La propuesta pretendía también evitar que Jones presentara sus puntos de vista a los alumnos del seminario de Battle Creek, donde se había acordado que comenzara a enseñar a principios de año.[30]
Ellen White estaba presente en la reunión, y pidió que se hiciera una segunda lectura de la propuesta. A continuación preguntó por qué nunca antes se había propuesto o votado una resolución como esa. Obtuvo el silencio por respuesta. Ellen White tensó la situación preguntando directamente a Uriah Smith, el secretario, si tenía conocimiento de que se hubiera sometido a consideración una resolución como esa anteriormente, en cualquier reunión previa. Smith parecía dubitativo. Ellen White señaló entonces el "'peligro de restringir la obra del Señor'". El Señor le había revelado que la propuesta era un error y era peligrosa, y amonestó a los hermanos a que "'se abstuvieran de votarla'". W. C. White lo vio como una "obsesión por la ortodoxia", así es que luchó tenazmente junto a su madre [contra aquella resolución], y finalmente logró que quedara "en vía muerta".[31] Describiendo el incidente con posterioridad Ellen White aclaró por qué era tan peligroso votar de aquella forma:
Declaré que custodiaba los valores y no podía permitir que pasara aquella resolución, [ya que] tenía que venir una luz especial al pueblo de Dios a medida que se acercaba a las escenas finales de la historia de esta tierra. Tenía que venir otro ángel del cielo con un mensaje, y toda la tierra sería alumbrada con su gloria. Era para nosotros imposible determinar el modo en que vendría esa luz adicional. Podía venir de forma muy inesperada, de un modo en que no armonizaría con las ideas que muchos habían concebido. No es en absoluto improbable ni contrario a los métodos y obrar de Dios, el que envíe luz a su pueblo a través de canales inesperados. ¿Estaba bien que se cerrara toda avenida en nuestros seminarios, de forma que los alumnos quedaran privados del beneficio de aquella luz? La resolución quedó descartada.[32]
Desgraciadamente, el consejo de Ellen White pudo hacer muy poco para detener la secuencia de eventos. Incluso después de haber puesto las "cosas claras", R. A. Underwood "urgió a que se hiciera efectiva la resolución".[33] Con las palabras pronunciadas por Ellen White todavía resonando en sus oídos, se tomó el voto. Uno de los hombres votó en favor de la resolución levantando ambas manos.[34] Aunque la resolución no se aprobó, aquel evento dejó clara una cosa: incluso habiendo tenido aquella reunión de sábado bendecida por el Espíritu sólo un día antes, muchos de los hermanos habían perdido la confianza en Ellen White y sus testimonios: "Tan pronto como vieron que Ellen White no estaba de acuerdo con todas sus ideas ni armonizaba con las proposiciones y resoluciones a votar … la evidencia que habían recibido tuvo tan poco peso para algunos, como las palabras que Cristo pronunció en la sinagoga de los nazarenos".[35]
Aquel atardecer Ellen White dio su consejo en un discurso público. Habló de la necesidad de recibir el nuevo "maná fresco del cielo", y de la necesidad de un "amor como el de Cristo", del que tanto carecía aquel congreso. Habló en contra de las "chanzas y bromas", de la "maledicencia", y de convertir a sus hermanos en "objeto de burla". Empleando el lenguaje de Apocalipsis 5 habló nuevamente contra el intento que se había hecho de aprobar aquella resolución; había "llegado el tiempo en el que se debe desplegar el libro (pergamino) ante el mundo mediante los mensajeros de Dios":
Ha llegado el tiempo en el que se debe desplegar el libro ante el mundo mediante los mensajeros de Dios. A quienes instruyen en nuestros seminarios nunca se los debe restringir, diciéndoles que deben enseñar solamente lo que se ha venido enseñando hasta entonces. Fuera con esas restricciones. Existe un Dios, que es quien da el mensaje que su pueblo hablará. … El evangelio se debe cumplir de acuerdo con los mensajes que Dios da. Lo que Dios da a sus siervos para que prediquen hoy, puede no haber sido verdad presente hace veinte años, pero es el mensaje de Dios para este tiempo. …
Dios está presentando a las mentes de hombres divinamente escogidos preciosas gemas de verdad apropiadas para nuestro tiempo. Dios ha rescatado esas verdades de la compañía del error, y las ha colocado en el marco apropiado. … [36]
Los que no han estado hundiendo la pala más y más profundamente en la mina de la verdad, no apreciarán belleza en las cosas preciosas que se han presentado en esta conferencia. Una vez que la voluntad se ha puesto en obstinada oposición a la luz dada, es difícil ceder, incluso bajo la evidencia convincente que ha habido en esta conferencia. … Jesucristo ha estado en cada dormitorio en que os habéis entretenido. ¿Cuántas oraciones ascendieron al cielo desde esas habitaciones? …
Hacemos bien en recordar que Cristo es la luz del mundo, y que desde la Fuente de toda luz están siendo constantemente reflejados nuevos rayos de luz. …
Hubo un tiempo en el que Israel no podía prevalecer ante sus enemigos. Eso se debía al pecado de Acán. Dios declaró: "No estaré más con vosotros si no hacéis desaparecer el anatema de en medio de vosotros". Dios es el mismo hoy. Si los que pretenden creer la verdad acarician pecados contaminadores, descansará sobre la iglesia la desaprobación de Dios, y no la levantará hasta que los miembros hagan todo lo que esté en su mano para mostrar su odio hacia el pecado y su determinación para expulsarlo de la iglesia. Si se permite que los celos, las malas sospechas y la maledicencia hallen un lugar en la iglesia, tal iglesia está bajo el desagrado de Dios. Permanecerá espiritualmente malsana hasta que sea limpiada de esos pecados, ya que hasta entonces Dios no puede revelar su poder para fortalecer y elevar a su pueblo y darle la victoria. …
Oh, cuánto necesitamos todos el bautismo del Espíritu Santo.[37]
Aunque Ellen White no era plenamente consciente del nivel que había alcanzado aquella maledicencia, había visto ya lo suficiente como para pronunciarse contra ella. Durante las presentaciones de Waggoner se habían producido numerosas interrupciones por comentarios descorteses. Aunque Waggoner era de baja estatura, se lo podía oír perfectamente. Sin embargo, alguien gritó burlonamente: "No lo vemos". Hubo "notable antagonismo", y algunos incluso "giraron las cabezas cuando apareció Waggoner". Todo eso tenía el propósito de herir a Jones y Waggoner, y lo consiguió.[38]
G. I. Butler había estado enviando mensajes "telegrafiados desde Battle Creek", amonestando a los hermanos a que se mantuvieran fieles a los hitos, y a que "hicieran que el pueblo tomara una decisión" sobre los puntos controvertidos que se sometían a consideración.[39] Cuando Ellen White vio el espíritu manifestado contra Jones y Waggoner, "que parecía ser contagioso", sintió profunda pena de corazón. Ella y W. C. White se esforzaron "fervientemente" en que los "hermanos en el ministerio" se reunieran en una habitación desocupada para orar juntos; sin embargo, no tuvieron éxito "más que en dos o tres ocasiones". Pero como pronto descubriría Ellen White, había incluso más que eso cocinándose entre bastidores.[40]
Finalmente, temprano en la mañana del lunes, Ellen White escribió el asunto para que sus palabras "no se pudieran malinterpretar", y lo presentó por la tarde ante una buena representación de los "hombres responsables en el liderazgo". Les dijo que había "oído por primera vez las posiciones del pastor E. J. Waggoner" y que estaba infinitamente agradecida a Dios, pues "supe que era el mensaje para el tiempo [presente]". "A lo largo de toda la presentación de sus puntos", E. J. Waggoner se había conducido "en un buen espíritu, un espíritu cristiano". A diferencia de quienes se oponían a sus enseñanzas, Waggoner había elegido expresarse "con franqueza, sin alusiones personales, sin atacar ni ridiculizar a nadie. Había abordado el tema como debe hacerlo un caballero cristiano, con cortesía y amabilidad", no con el "estilo propio de los debates". Ellen White dijo que "[incluso] los que sostenían posiciones antagónicas reconocieron que eso fue así".[41]
Ellen White lamentó que no estuviera en su charla un número mucho mayor de personas, pues "algunos comenzaron a ver las cosas en una luz diferente" después de haberla oído. Tras haber hablado un cierto tiempo, tuvo la oportunidad de responder algunas cuestiones acerca de las cuales escribió más tarde:
En aquella ocasión se hicieron preguntas: "Hermana White, ¿cree usted que el Señor tiene luz nueva y mayor para nosotros como pueblo? Respondí: "Con toda seguridad. No es sólo que crea eso, sino que puedo hablar con conocimiento de causa. Sé que hay luz preciosa que se ha de desplegar ante nosotros si es que somos el pueblo que ha de prevalecer en el día de la preparación de Dios".
Entonces preguntaron si creía que sería mejor dejar el asunto como estaba, después que el hermano Waggoner hubiera afirmado sus posiciones sobre la ley en Gálatas. Respondí: "De ninguna manera. Queremos [escucharlo] todo de ambos lados de la cuestión". Pero dije que era un espíritu irrazonable el que había visto manifestarse en el encuentro. …
Alguien señaló: "Si nuestros puntos de vista sobre Gálatas no son correctos, entonces no tenemos el mensaje del tercer ángel y se echa por la borda nuestra posición; nuestra fe se queda en nada". Dije: "Hermanos, es lo mismo que os he estado diciendo. Esa afirmación no es cierta. Es extravagante y exagerada. Si se repite en la discusión de este tema, me sentiré en la obligación de exponer este asunto ante los reunidos y de decirles que esa afirmación es incorrecta, sea que oigan o que dejen de oír. … Se ha estado introduciendo entre nosotros un espíritu de fariseísmo contra el que levantaré mi voz allí donde haga su aparición. …"
Un hermano dijo también: "Quizá usted cree que no se debiera decir nada del otro lado del asunto". Mi hijo Willie y yo hablamos decididamente a propósito de que no podíamos dejar el asunto así de modo alguno, sino que queríamos que se expusiera toda la evidencia de ambos lados de la cuestión, pues todo lo que queremos es la verdad, la verdad de la Biblia, para presentarla ante nuestro pueblo.[42]
Temprano en la mañana siguiente, el martes 23 de octubre, se convocó una reunión a la que no se invitó ni a Ellen White ni a su hijo. Se afirmó que "la hermana White se oponía a que se tomara en consideración el otro punto de vista" (!) Alguien entre los presentes acudió rápidamente a W. C. White y le explicó lo que estaba sucediendo, aconsejándole que fuera allí. Cuando llegó, se estaba presentando un "cuadro muy penoso del caso" "que despertaba gran simpatía hacia los hermanos" por sentir que estaban "maniatados y privados de una oportunidad para presentar sus ideas". W. C. White presentó el tema "en la luz correcta", y habló en defensa de su madre, "quien estaba tan deseosa … de oír todo lo que tuviera que decirse del otro punto de vista sobre el tema". Informó a los hermanos la forma en que "ella había hablado decididamente en la comisión pastoral la noche precedente".[43]
Más adelante aquella mañana, J. H. Morrison, presidente de la Asociación de Iowa y un polemista brillante, tenía que hablar para presentar el otro lado de la cuestión. Los hermanos de la Asociación General lo habían escogido para refutar la posición de Waggoner y defender la posición tradicional mayoritaria sobre la ley en Gálatas. Inmediatamente antes de que Morrison se levantara para hablar a la "congregación mixta" en la abarrotada iglesia de Mineápolis, R. M. Kilgore pidió que se le permitiera hablar. "Habló en lenguaje decidido e inequívoco", insistiendo "una y otra vez en que deploraba la introducción de ese asunto" de la "ley en Gálatas" y de la "justicia por la fe" mientras el pastor Butler "estaba enfermo y no podía estar presente para manejar el asunto". "Afirmó de forma enfática que era una actitud cobarde" tratar aquel asunto, mientras que el "mejor cualificado para manejarlo" "no se encontraba presente".[44] Kilgore adujo que "nunca hubo una oportunidad" tal como la que tuvo E. J. Waggoner, a quien se permitió presentar sus nuevos puntos de vista.[45] Kilgore presentó entonces una moción para que se pusiera fin a la "discusión sobre el tema de la justicia por la fe" hasta que Butler pudiera estar presente.[46]
Siguió inmediatamente Uriah Smith, haciendo "observaciones del mismo orden", todas ellas "calculadas para crear simpatía" hacia la posición que ellos sostenían.[47] Hablando de la forma en que lo haría en los años que seguirían, Smith afirmó: "Estoy plenamente de acuerdo con tres cuartas partes de lo que presenta el hermano W[aggoner]",[48] y habría podido disfrutar realmente con las presentaciones de Waggoner como siendo de "primera categoría",[49] de no ser por algo de por allí abajo que aún estaba por venir, y que consideraba erróneo.[50] En ese momento, Ellen White, que estaba sentada en la plataforma, se puso en pie y al serle concedida la palabra, dijo: "'Hermanos, esta es la obra del Señor. ¿Es la voluntad del Señor que su obra espere al pastor Butler? El Señor quiere que su obra avance, y no que espere a hombre alguno'". Nadie replicó a sus palabras.[51]
Ellen White estaba "sorprendida" y "estupefacta" por lo que oía aquella mañana. El lenguaje no podía "expresar su pesar y angustia" de alma. Mientras estaba en Europa le había sido presentada la "experiencia futura" de la iglesia adventista "en figuras y símbolos, pero la explicación" se le había dado después, y ahora reconocía ante sus ojos el cumplimiento de aquellas cosas. No tenía "sombra de duda o cuestión alguna al respecto", pues "conocía la luz presentada" por Jones y Waggoner "en líneas claras y distintas". Pero había una cosa que sí se cuestionaba: "Por vez primera comencé a pensar que al fin y al cabo quizá no habíamos sostenido la posición correcta sobre la ley en Gálatas, pues la verdad no requería un espíritu tal para sustentarla".[52]
Ese no fue el final de la presión para votar oficialmente sobre el tema de la ley en Gálatas y la justicia por la fe, que era el verdadero tema de fondo. Ellen White afirmó que tanto ella como W. C. White tuvieron que "vigilar en cada particular para evitar que se emprendieran acciones o se aprobaran resoluciones que resultaran perjudiciales para la obra en el futuro". Satanás parecía tener el poder para obstaculizar la obra de Ellen White "en un grado increíble", y sin embargo, pudo decir: "Tiemblo al pensar en lo que habría podido ser este encuentro si no hubiéramos estado aquí".[53] Hacia el final de la conferencia, Ellen White habló una vez más en contra de dilucidar la cuestión mediante un voto:
Hay algunos que quieren que se decida de una vez cuál es la posición correcta sobre el tema en cuestión. Dado que eso complacería al pastor B[utler], se recomienda que el asunto se decida ya. Pero, ¿están las mentes preparadas para una decisión como esa? No podría aprobar ese proceder. … En el ambiente de fuerte agitación que ahora existe, no están preparados para tomar decisiones acertadas. …
Los mensajes procedentes de vuestro presidente en Battle Creek están calculados para provocaros a que toméis decisiones apresuradas y posiciones decididas; pero os advierto en contra de obrar así. Ahora no estáis calmados; hay muchos que no saben qué creen. Es peligroso tomar decisiones sobre cualquier punto controvertido sin haber considerado antes de forma desapasionada todos los aspectos de la cuestión. La emotividad conducirá a movimientos apresurados. …
No es prudente para ninguno de estos hombres jóvenes el comprometerse mediante una decisión en este encuentro, en el que la oposición, más bien que la investigación, están a la orden del día.[54]
Un año más tarde Ellen White habló del peligro que habrían supuesto para la "obra de Dios" tales resoluciones en el caso de haber sido aprobadas: "Hace un año [1888] se trajeron a la conferencia propuestas de resolución que, en caso de haber sido aceptadas, habrían restringido la obra de Dios. Jóvenes inexpertos urgieron ciertas resoluciones que nunca debieron haber recibido la aprobación de la conferencia. … Si no se hubieran propuesto algunas de las resoluciones que fueron aprobadas habría sido mejor, pues quienes las presentaron no estaban en la luz, sino en las tinieblas".[55]
En el congreso de la Asociación General de 1893 A. T. Jones habló acerca de los eventos solemnes de 1888, cuando se hicieron "tres esfuerzos directos" por parte de quienes pretendían mantenerse en los hitos, para votar en contra del mensaje enviado por Dios. La razón por la que dichos esfuerzos no prosperaron es porque el ángel del Señor, hablando a través de Ellen White, dijo: "'No lo hagáis'":
Algunos de los que estuvieron tan abiertamente contra esto [el mensaje de la justicia de Cristo] en aquel tiempo [encuentro de Mineápolis] y votaron a mano alzada en contra, desde ese tiempo les he oído decir "amén" a afirmaciones que eran tan abierta y decididamente papales como las enunciaría la propia iglesia papal. …
No hace diferencia alguna si se trata de un credo escrito, o de la idea de alguien que se quiere aprobar mediante un voto en la Asociación General. … Y hay personas aquí que recuerdan un tiempo -hace cuatro años- y un lugar -Mineápolis- donde se hicieron tres esfuerzos directos para conseguir que eso mismo se impusiera sobre el mensaje del tercer ángel mediante un voto de la Asociación General. A lo que alguien creía se le da la categoría de hito, luego se vota que nos mantengamos en los hitos -sea que conozcas o no cuáles son los hitos-; y luego avanza y acuerda guardar los mandamientos de Dios y cantidad de otras cosas que debes hacer. Y todo eso pasó como si fuera justificación por la fe. ¿Acaso no se nos indicó entonces que el ángel de Dios dijo: "No deis ese paso; no comprendéis lo que encierra"? "No puedo tomar el tiempo para explicaros lo que encierra, pero el ángel dijo: No lo hagáis". El papado estaba en ello. Eso es lo que el Señor estaba intentando decirnos para que lo comprendiésemos.[56]
Así fue como el Señor empleó a Ellen White, casi privada de todo soporte humano, para impedir un rechazo oficial mediante propuesta o voto de aquel mensaje que él había enviado a la Iglesia Adventista del Séptimo Día hace más de cien años. Se trataba precisamente del mensaje que ha de ser "proclamado en alta voz y acompañado por el abundante derramamiento de su Espíritu": el fuerte pregón y la lluvia tardía.[57]
La única razón por la que esas propuestas y votos no se aprobaron y no quedaron registrados, es porque Ellen White sabiamente los prohibió. De forma clara, algunos de los delegados pretendieron aprobar un voto tal de rechazo, si bien ninguno de esos incidentes quedó reflejado en Review and Herald o en General Conference Daily Bulletin.[58]
Como resultado de la actitud que adoptó en aquella ocasión, los hermanos "perdieron la confianza en la hermana White". "No estaba de acuerdo con todas las ideas de ellos, ni armonizaba con las propuestas y resoluciones sometidas a voto". Habló contra su forma de "tratar a … A. T. Jones y E. J. Waggoner". Aseguró haber "oído por primera vez" los puntos de vista de Jones y Waggoner, a los que podía "responder de todo corazón". Debido a todo ello, los hermanos pensaron que había "sido influenciada" y había "cambiado", y por consiguiente "no creían" en ella".[59] Tristemente, los mismos que anunciaron que los mensajes de Jones y Waggoner iban a "quebrantar la confianza" en los testimonios,[60] estaban "dejando sin efecto el testimonio del Espíritu de Dios".[61] Cuando Ellen White comprendió cómo estaban las cosas en Mineápolis aquel martes de octubre de 1888, decidió irse, pero el Señor tenía todavía una labor asignada para ella allí. Debía mantenerse en su puesto.
Notas:
- Norval F. Pease, "The Truth as it is in Jesus: The 1888 General Conference Session", Adventist Heritage, Spring 1985, pp. 5-6.
- Ver: Ron Graybill, "Elder Hottel goes to General Conference", Ministry, febrero 1988, pp. 19-21; Clinton Wahlen, "What Did E. J. Waggoner Say at Minneapolis?" Adventist Heritage, invierno 1988, pp. 22-37 (este artículo se ha tomado de la tesis de Wahlen; ver nota nº 5); L. E. Froom, Movement of Destiny, p. 243.
- Algunos han pretendido que el "mensaje preciosísimo" fue solamente lo que se presentó en 1888, sugiriendo que incluso "para Ellen White el mensaje de 1888 es el mensaje de 1888 más bien que el de 1893 o 1895" (George R. Knight, A User-Friendly Guide to the 1888 Message, pp. 165-166). Según Roy Adams, el hecho de que carezcamos de una transcripción exacta de sus presentaciones en Mineápolis es "'una de las mejores cosas que le sucedió al mensaje de 1888'". Además, "no podemos estar seguros de lo que estaba incluido de forma precisa en el apoyo de Ellen White" a Jones y Waggoner (The Nature of Christ, p. 31-32). La conclusión a la que pretenden que lleguemos mediante sus insinuaciones, es a la de que las declaraciones de apoyo de Ellen White se referían sólo a las presentaciones de Jones y Waggoner en Mineápolis, un mensaje de cuyo contenido no podemos estar seguros. La realidad, no obstante, es que no se nos ha dejado sin una evidencia más que suficiente.
- L. E. Froom informa de que los mensajes de Waggoner de 1888 fueron tomados a mano, disponiendo de cartas de Jessie F. Moser-Waggoner que así lo afirman. Según Froom, las notas que tomó Jessie de los estudios de Waggoner fueron posteriormente editadas e impresas en forma de libro. Froom incluye The Gospel in Creation (1893-1894), y The Glad Tidings (1900) en la lista de libros que derivaron de esas notas manuscritas (Jessie Waggoner a L. E. Froom, 16 abril 1930; en Movement of Destiny, pp. 189, 200-201). Debemos no obstante recodar que si bien su comprensión básica de Gálatas y Romanos, los pactos, la naturaleza humana y divina de Cristo y el tema central de su comprensión sobre la justicia por la fe no cambiaron de forma substancial, hacia 1900, algunos de los detalles en esos temas quedaron definidamente afectados por sus ideas panteístas. Por lo tanto, no es correcto pretender que sus libros tardíos reflejan los conceptos exactos que presentó en Mineápolis. Debemos también recordar que la tesis primaria en el libro Movement of Destiny, de Froom, consistió en intentar probar que el tema principal de Waggoner en Mineápolis fue los atributos divinos de Cristo (Ibid.). Jessie F. Moser-Waggoner, la esposa de E. J. Waggoner, era la secretaria corresponsal de International Sabbath School Association, y asistió al congreso de la Asociación General de 1888. Además de transcribir a mano las presentaciones de E. J. Waggoner, dio también una charla informal el martes 23 de octubre: "Cómo estudiar la lección" (General Conference Daily Bulletin, 24 octubre 1888 p. 2-3; en Manuscripts and Memories, p. 373-374).
- Los mejores resúmenes de la cadena de acontecimientos y del contenido del propio mensaje de Waggoner en Mineápolis se los puede encontrar en: Clinton Wahlen, Selected Aspects of Ellet J. Waggoner's Eschatology and Their Relation to His Understanding of Righteousness by Faith, 1882-1895; y en Paul E. Penno, Calvary at Sinai: The Law and the Covenants in Seventh-Day Adventist History. George Knight afirma que "Manuscripts and Memories contiene sólo una pequeña porción de los documentos existentes que arrojan luz sobre aquellas reuniones" (A User-Friendly Guide to the 1888 Message, p. 53). Quizá se debiera publicar más al respecto.
- Ellen G. White, Manuscrito 9, 24 octubre 1888, "Morning Talk", y Manuscrito 22, octubre 1889, "Diary Entries"; en 1888 Materials, pp. 153, 463.
- Ellen G. White, Manuscrito 9, 24 octubre 1888, "Morning Talk", y Manuscrito 22, octubre 1889, "Diary Entries"; en 1888 Materials, pp. 153, 463.
- Ellen G. White a G. I. Butler, Carta 21, 14 octubre 1888; en 1888 Materials, p. 93.
- Ellen G. White a G. I. Butler y esposa, Carta 18, 11 diciembre 1888; en 1888 Materials, p. 194.
- Ellen G. White, Manuscrito 16, enero 1889, "The Discernment of Truth"; en 1888 Materials, p. 259.
- Ellen G. White a H. Miller, Carta 5, 2 junio 1889; en 1888 Materials, p. 333.
- Ellen G. White, Manuscrito 27, 13 septiembre 1889; en 1888 Materials, p. 434. Desgraciadamente, los que se opusieron a Jones y Waggoner lo hicieron basándose en su comprensión de verdades bíblicas que ellos sentían necesidad de defender. Ellen White vio que los hombres podían albergar "conceptos erróneos, no sólo sobre los testimonios, sino sobre la propia Biblia", lo que los llevó a "denunciar a otros y a emitir juicio sobre sus hermanos". Eso -dijo- se debía al "espíritu de fariseísmo" que había entrado en la iglesia (1888 Materials, p. 312). Hombres entrenados como polemistas estaban en "continuo peligro de manejar la Palabra de Dios engañosamente". "Cambiarían el significado de la palabra de Dios" al citar "media frase" para hacer que se "conformara a sus ideas preconcebidas" (1888 Materials, pp. 167, 573). George Knight hace un buen trabajo al describir el llamamiento de Ellen White a estudiar más la Biblia, y a su apoyo a Jones y Waggoner en ese sentido (A User-Friendly Guide to the 1888 Message, pp. 60-62). A pesar de lo anterior, condena a quienes aceptan su mensaje basado en la Biblia al afirmar: Lo que es "un error peligroso" es leer "la Biblia a través de los ojos de Jones y Waggoner". Knight continúa así: Ellen White "apoyó a ambos hombres porque condujeron el adventismo de retorno a Cristo y a la Biblia, no porque tuvieran la última palabra en teología, ni siquiera porque tuvieran una teología con la que ella estuviera plenamente de acuerdo" (Ibid., pp. 79, 179). Debemos reconocer que Jones y Waggoner no eran infalibles. Pero, ¿por qué enviaría Dios un "mensaje preciosísimo" llevando de regreso a los adventistas a Cristo y a la Biblia, si al mismo tiempo los mensajeros que él envió tenían problemas teológicos peligrosos con los que Ellen White estaba en desacuerdo? Ese fue el mismo argumento de quienes se opusieron a Jones y Waggoner hace más de 120 años. No se opusieron a Jones y Waggoner por estar conduciendo al adventismo de regreso a "Cristo y a la Biblia", sino que manifestaron creer ya previamente en todo eso. Lo que rechazaron fue la "luz que Dios envió, debido a que no coincidía con sus ideas" (1888 Materials, p. 226).
- Ellen G. White, Manuscrito 13, n.d. 1889, "Standing by the Landmarks"; en 1888 Materials, p. 518.
- Ellen White empleó repetidamente la expresión "la verdad tal cual es en Jesús" para describir el mensaje de 1888. 1888 Materials la cita cuarenta y dos veces. Estos son algunos ejemplos: pp. 267, 566, 1120, 1126, 1338, 1547.
- Ellen G. White, Manuscrito 24, diciembre 1888; en 1888 Materials, pp. 211, 217.
- Ibid., pp. 217, 212.
- Ellen G. White, Manuscrito 30, junio 1889; en 1888 Materials, pp. 375, 367.
- E. J. Waggoner, "Editorial Correspondence", Signs of the Times, 2 noviembre 1888, p. 662; en Manuscripts and Memories, p. 413.
- Ellen G. White a O. A. Olsen, Carta 57, 1 mayo 1895; en Testimonies to Ministers, pp. 92-98 {Testimonios para los ministros, pp. 91-97}.
- Ibid. Para una exposición más detallada de diez verdades destacadas del mensaje de 1888, ver Apéndice A.
- General Conference Daily Bulletin, 19 octubre 1888, p. 2; en Manuscripts and Memories, p. 359.
- General Conference Daily Bulletin, 21 octubre 1888, p. 1; en Manuscripts and Memories, p. 361. Paul Penno afirma con acierto: "No se puede insistir demasiado en que el mensaje de la justicia por la fe de E. J. Waggoner estaba construido en conexión con su comprensión de la ley y los pactos. Tergiversar, descontar o rechazar cualquier aspecto de ese trío equivale a tergiversar el mensaje de 1888. La ley en Gálatas nunca podía ser un hito, pero era de importancia crítica para comprender el plan de la salvación de Dios por los siglos" (Calvary at Sinai, p. 114).
- L. E. Froom, Movement of Destiny, p. 255.
- Ron Graybill, "Elder Hottel goes to General Conference", Ministry, febrero 1988, p. 20; y Manuscripts and Memories, p. 424.
- Ellen G. White, Manuscrito 8, 20 octubre 1888, "Sabbath Talk"; en 1888 Materials, pp. 124-125, 127.
- Ellen G. White, Manuscrito 24, diciembre 1888; en 1888 Materials, p 207. Ellen White manifestó que su "corazón se alegró al oír los testimonios dados tras el discurso del sábado. Dichos testimonios no hacían referencia al predicador, sino a la luz y la verdad" (Manuscrito 8a, 21 octubre 1888, "Talk to Ministers"; en 1888 Materials, p. 143).
- Ellen G. White, Manuscrito 17, 21 octubre 1888; en 1888 Materials, pp. 123-131. Comentarios como ese demuestran que Ellen White apoyó las presentaciones de Waggoner sobre la "ley y el evangelio". Ver resumen de la serie de Waggoner en nueve partes, en: Paul Penno, Calvary at Sinai, pp. 106-114.
- L. E. Froom, Movement of Destiny, pp. 253-254. Uno puede lógicamente preguntarse si tal resolución no fue en parte sugerida debido a que Ellen White se estaba pronunciando en términos claramente favorables a las posiciones de Waggoner.
- G. I Butler a Ellen G. White, 1 octubre 1888: en Manuscripts and Memories, p. 91.
- W. C. White a Mary White, 24 noviembre 1888; en Manuscripts and Memories, p. 127; y L. E. Froom, Movement of Destiny, pp. 253-254.
- Ibid., y W. C. White a Mary White, 3 noviembre 1888; en Manuscripts and Memories, p. 123.
- Ellen G. White a R. A. Underwood, Carta 22, 18 enero 1889; en 1888 Materials, p. 239.
- Ibid.
- L. E. Froom, Movement of Destiny, p. 254. Esa propuesta de resolución no se nombra en General Conference Bulletin ni en Review and Herald. En consecuencia, no son fuentes válidas para determinar si se tomó un voto. Ellen White protestó contra una resolución como esa por habérsele mostrado "muchas cosas" que "no podía presentar en aquel tiempo ante la conferencia, pues no estaban preparados para eso" (Manuscrito 5, 1890, "Results of Studying Harmful Textbooks"; en Manuscript Releases, vol. 19, p. 74). De haberse aprobado una acción como aquella, la implicación habría sido que en las clases del seminario de Battle Creek hasta entonces sólo se había venido enseñando la verdad, pero tal no había sido el caso. Cuatro años antes, el propio G. I. Butler había enseñado el error junto a sentimientos equivocados a propósito de "diferentes grados" de inspiración en las Escrituras. Había incluso publicado una serie de diez artículos en Review (del 15 enero al 3 de junio de 1884), que dictaban sentencia sobre la Palabra de Dios, "seleccionando ciertas cosas como inspiradas y desacreditando otras como no inspiradas". A Ellen White se le mostró la infidelidad y escepticismo que resultarían en consecuencia, incluso al tratar los testimonios de la "misma forma" (Ellen G. White a R. A. Underwood, Carta 22, 18 enero 1889; en 1888 Materials, pp. 238-239).
- Ellen G. White, Manuscrito 24, diciembre 1888; en 1888 Materials, p. 207.
- 36. Durante muchos años se ha procurado inculcar la idea de que el mensaje de 1888 no era diferente al de los Reformadores: cristianismo básico. L. H. Christian afirmó: "¿Cuál fue la enseñanza sobre la justicia por la fe que predominó en el gran reavivamiento adventista [1888], tal como enseñó y enfatizó la Sra. White y otros? Fue la misma doctrina que habían estado enseñando Lutero, Wesley y otros siervos de Dios" (The Fruitage of Spiritual Gifts [1947], p. 239). A. W. Spalding comentó: "El mayor acontecimiento de la década de los ochenta en la experiencia de los adventistas del séptimo día fue la recuperación o reformulación y nueva concienciación de su fe en la doctrina básica del cristianismo" (Captains of the Host [1949] p. 583). A. L. White declaró: "La valoración del mensaje de la justicia por la fe presentado en 1888 como siendo un mensaje más maduro y desarrollado, y más práctico que el que habían predicado los pioneros del mensaje, o incluso el apóstol Pablo, carece de toda base y dista de ser exacta" (A Further Appraisal of the Manuscript "1888 Re-examined" [General Conference Report, 1958] p. 2). N. F. Pease afirmó: "¿Dónde se encontraba la doctrina de la justificación por la fe en 1888 y en los años precedentes? En los credos de las iglesias protestantes de aquellos días. … Las mismas iglesias que estaban rechazando el mensaje adventista y la ley de Dios, estaban sosteniendo, al menos en las formas, la doctrina de la justificación por la fe" (By Faith Alone [1962], pp. 138-139). Leroy Froom, autor principal en Questions on Doctrine (Preguntas sobre doctrina), y la fuerza impulsora de las reuniones con los calvinistas Barnhouse y Martin, dijo esto: "No nos hemos dado mucha cuenta de esos movimientos espirituales paralelos -de organizaciones y hombres fuera del movimiento adventista- que tienen el mismo objetivo y énfasis, y que surgieron en una época similar. … El impulso vino manifiestamente de la misma Fuente. Y en el calendario, la justicia por la fe vino [a nosotros] en el año 1888. Por ejemplo, las renombradas conferencias Keswick de Inglaterra se fundaron para 'promover la santidad práctica' … Se podrían enumerar fácilmente cincuenta hombres en las últimas décadas del siglo XIX y las tempranas del XX … que dieron ese mismo énfasis general" (Movement of Destiny [1971], pp. 319, 320; original incluye cursivas). Desmond Ford ha sido muy categórico en este punto: "[Pregunta:] Algunos han afirmado que la teología de los predicadores E. J. Waggoner y A. T. Jones del siglo XIX era más avanzada que la teología de la Reforma. ¿Está de acuerdo en eso? … [Respuesta:] Los predicadores Waggoner y Jones de la famosa conferencia de Mineápolis de 1888 tenían los primeros destellos de la luz que irradió al mundo romano en el primer siglo, y a Europa en el sexto, … Desgraciadamente, ninguno de los dos fue claro en puntos importantes, como la distinción entre justificación y santificación" (Australian Signs of the Times, febrero 1978, p. 30). Robert Brinsmead sigue la misma línea de pensamiento: "En períodos especiales en nuestra historia el evangelio ha luchado por emerger en la comunidad adventista. El año 1888 marcó un período tal. … Waggoner tenía luz para la comunidad adventista en la justificación. Pero se podía encontrar mejor material sobre la justificación por la fe entre los eruditos protestantes de aquellos días" (Judge by the Gospel: A Review of Adventism [1980], pp. 14-15). David McMahon se hace eco del mismo pensamiento: "E. J. Waggoner no había recuperado plenamente el mensaje protestante de la justificación por la fe en 1886. Mucho menos aún había recuperado el mensaje de Pablo sobre la justificación. … Si es que Dios usó a Waggoner para traer la luz del evangelio a la iglesia, entonces no le estaba dando a la comunidad adventista el pleno brillo, ni siquiera de la luz imperfecta de la Reforma. Los que comparan los tanteos tempranos al evangelio que hizo Waggoner con la clara doctrina sobre la justificación que postularon los mejores eruditos protestantes del siglo XIX, se sorprenderán" (The Myth and the Man [1979], p. 63). George Knight ha promovido ese mismo punto de vista en muchos de sus libros: "El valor de su mensaje consistió en combinar las dos mitades de Apocalipsis 14:12. No sólo enseñaron los mandamientos de Dios, sino que predicaron la doctrina de la fe que habían proclamado los predicadores de la santidad. Así, desde la perspectiva de Ellen White, la importancia del mensaje de 1888 no era cierta doctrina especial adventista sobre la justificación por la fe que desarrollaran Jones y Waggoner, sino casar el adventismo con las creencias cristianas básicas sobre la salvación" (A User-Friendly Guide to the 1888 Message [1998], pp. 108-109; original incluye cursivas). Si bien los primeros autores mencionados en las citas precedentes parecieron tomar esa posición motivados por defender la iglesia de la acusación de haber rechazado el mensaje, los últimos parecen hacerlo primariamente motivados por su promoción de la Reforma calvinista y el evangelicalismo. Otros, no obstante, han reconocido algo más en el mensaje de 1888: "La unión profunda [de la ley y la gracia] … fue la notable contribución [de Ellen White] a la crisis de 1888 sobre la salvación por la fe. Además, sus mensajes [Ellen White] demuestran claramente que ese 'precioso mensaje' no era un mero redescubrimiento del énfasis del siglo XVI, ni un tomar prestado el deje metodista del siglo XIX. … En el énfasis de 1888 se estableció un vínculo que unía la aplicación personal de la salvación por la fe con la obra culminante de Cristo en el lugar santísimo. … La 'revelación de la justicia de Cristo' de 1888 fue sólo 'el comienzo de la luz del ángel cuya gloria llenará toda la tierra' (Apoc 18:4)" (Herbert E. Douglass, Messenger of the Lord, [1998], pp. 197, 198). Douglass rebate las pretensiones de los historiadores modernos, al afirmar: "El otro intento de re-escribir la historia [desde la década de 1950] ha consistido en la persistente reticencia a revisar la desviación teológica que tuvo lugar cuando las publicaciones denominacionales y los seminarios teológicos comenzaron a opinar que la contribución clave de la asamblea de la Asociación General de 1888 consistió en que por fin los adventistas habían recuperado el así llamado énfasis de los Reformadores protestantes en la 'justicia por la fe'. ¡Nada podría estar más lejos de la verdad! Esa línea de razonamiento, allí donde se la enseñe o predique, envenena el genuino estudio de aquella remarcable asamblea. Además, ha cerrado la puerta a lo que Ellen White denominó "el preciosísimo mensaje": un mensaje que prepararía a un pueblo para la traslación. Algún día se desbloqueará esa puerta" (A Fork in the Road, [Coldwater, MI: Remnant Publications, Inc., 2008], p. 85; {Bifurcación, p. 75 http://libros1888.com/Pdfs/bifurcacion.pdf}. Clinton Wahlen responde a la opinión de David McMahon consistente en que la teología de Waggoner no era más que un intento por resucitar el evangelio de la Reforma (tal como la interpretan sus modernos seguidores): "Además, los intentos de rastrear la teología de EJW[aggoner] hasta figuras de la Reforma como Lutero, carecen también de base" (op. cit., p. 63). Robert Wieland y Donald Short expresaron pensamientos similares en relación con el mensaje de 1888: "La justicia por la fe es, desde 1844, 'el mensaje del tercer ángel en verdad'. Por lo tanto, es mayor que lo enseñado por los reformadores, y que lo que las iglesias populares de nuestros días entienden. Es un mensaje de gracia abundante que es consistente con la verdad única adventista de la purificación del santuario celestial, una obra que depende de la plena purificación de los corazones del pueblo de Dios en la tierra" (1888 Re-Examined, [1987], p. iv) {1888 Rexaminado, p. 4, en: http://libros1888.com/Pdfs/1888-RE.pdf}. Ellen White lo había expresado claramente antes del congreso de Mineápolis en su nueva publicación El conflicto de los siglos: "En los días de Lutero había una verdad presente -una verdad de especial importancia para aquel tiempo. Hoy hay una verdad presente para la iglesia. … Pero la verdad no es deseada hoy por la mayoría, más de lo que lo fue por los papistas que se opusieron a Lutero" (pp. 143-144, edición de 1888). Si bien es cierto que los Discípulos y los Reformadores del siglo XVI pusieron el fundamento sobre el que descansaba el mensaje de 1888, el mensaje propiamente adventista -presentando la segunda venida y el mensaje de la hora de su juicio- fue un mensaje que "no predicaron" Pablo ni los Reformadores (Ibid., p. 356). Pero el mensaje adventista no sólo iba a traer verdades que nunca se habían predicado hasta entonces; era también el propósito de Dios que "grandes verdades que no han sido vistas ni oídas desde el día de Pentecostés, han de brillar desde la palabra de Dios en su pureza nativa" (Ellen G. White, Fundamentals of Christian Education, p. 473). Por lo tanto, el mensaje de 1888 estaba compuesto por ambas cosas: (1) "verdad presente" que Pablo y los Reformadores no predicaron, y que Dios no había enviado siquiera "veinte años antes" y (2) verdad "rescatada"; la que no había sido discernida ni conocida desde el día de Pentecostés. Ambos aspectos del mensaje de 1888 estaban fundados sobre el mensaje de los Reformadores, pero implicaban mucho más. Lo triste del asunto es que los que rechazaron el mensaje de la verdad presente que el Señor envió mediante Jones y Waggoner estaban rechazando también verdades fundamentales que Pablo y los Reformadores enseñaron, lo mismo que sucede con quienes pretenden hoy hacernos retroceder hasta un evangelio de la Reforma distorsionado.
- Ellen G. White, Manuscrito 8a, 21 octubre 1888; en 1888 Materials, pp. 133-144.
- L. E. Froom, Movement of Destiny, pp. 244, 245, 260; citas de F. H. Westphal, W. H. Edwards, y Jessie Moser-Waggoner.
- Ellen G. White, Manuscrito 13, 1889; en 1888 Materials, p. 516.
- Ellen G. White, Manuscrito 24, diciembre 1888; en 1888 Materials, p. 218, original sin cursivas. G. B. Starr recuerda una de esas reuniones de oración en Mineápolis: "La hermana White convocó un gran grupo de pastores para una reunión especial de oración. Junto a otros, la propia hermana White oró fervientemente por la bendición de Dios sobre la conferencia. En medio de su oración se detuvo repentinamente por un corto período de tiempo, posiblemente un minuto; entonces terminó su oración completando la frase interrumpida. Ninguno de los que estábamos presentes oyendo la oración y su interrupción notamos que estuviera sucediendo alguna cosa especial. Pero más tarde, el pastor W. C. White me informó que le tomó seis semanas escribir lo que había visto en aquellos sesenta segundos. El Espíritu de Dios le había mostrado en un flash, en rápida sucesión, la vida y obra de muchos de los pastores que estaban arrodillados a su alrededor. Los vio en sus casas; vio el espíritu que manifestaban como cristianos. Los vio en el púlpito sagrado y oyó la forma en que presentaban las preciosas verdades del mensaje para este tiempo" (G. B. Starr, "Fifty Years With One of God's Seers", manuscrito no publicado, pp. 150-152; en Document File 496, Ellen G. White Estate, Silver Spring, MD.
- 41. Ellen G. White, Manuscrito 24, diciembre 1888; en 1888 Materials, 219-222, original sin cursivas. En completo contraste con la descripción que hace Ellen White de la conducta de Waggoner en las reuniones, Woodrow Whidden ofrece lo siguiente a partir de su investigación: "Willie White recordaría después (en 1930, 42 años después del congreso) que 'la pomposidad y egotismo' de Jones y Waggoner 'parecían fuera de lugar en aquellos hombres tan jóvenes' en el congreso de Mineápolis. La suya es la evaluación más dura de la que hay registro. … Cuando alguien, según se informa, le gritó [a Waggoner] por su baja estatura, no tenemos registro de ninguna réplica vengativa, o de que exhibiera ninguno de sus posibles rasgos de personalidad poco deseables como característica decisiva en sus presentaciones" (E. J. Waggoner, p. 105, original sin cursivas). De esa forma se contraponen declaraciones de Willie relativas a Waggoner, con las declaraciones inspiradas de Ellen White, como si tuvieran un peso equivalente. Hay que decir en favor de Whidden que parece reconocer el contraste: "Las observaciones de Ellen White relativas a la conducta de Waggoner, declaradas públicamente en la propia asamblea de Mineápolis, parecen reflejar mejor su actitud y conducta" (Ibid.). George Knight, a quien Whidden nombra como fuente de sus citas, declara bajo el epígrafe "conflictos de personalidad", que "los hombres jóvenes no ayudaron nada. Como dijo W. C. White (quien participó en la conferencia): 'La pomposidad y el egotismo' de Jones y Waggoner 'parecían fuera de lugar en aquellos hombres tan jóvenes', e hizo mucho para que se desarrollara el prejuicio y sentimiento en su contra. Jones -señaló- era especialmente jactancioso" (From 1888 to Apostasy, p. 33). ¿Qué debemos hacer, al ser confrontados con tales diferencias entre la valoración de Ellen White y la de su hijo Willie White? ¿Se las debe considerar como poseyendo la misma autoridad? Hecha esa reflexión, hay que señalar otro problema mayor a propósito del valor de esa cita: Willie White nuca escribió tal carta. La escribió D. E. Robinson, quien nació en 1879 y no estuvo presente en el congreso de Mineápolis. Este escribió a Taylor Bunch mientras era empleado y se encontraba indexando en White Estate en 1930. Taylor Bunch venía de terminar la semana de oración de otoño en Pacific Union College. En ella había comparado el movimiento adventista con los viajes de Israel desde Egipto a Canaán. En las reuniones había comparado la experiencia de Cades-Barnea de Israel con la experiencia del adventismo en 1888, atribuyendo "la prolongada demora en la venida de Cristo" al rechazo del que fue objeto en 1888, así como al rechazo del comienzo de la lluvia tardía (The Exodus and Advent Movements, pp. 107, 168). Robinson percibió como una ofensa la comparación hecha por Bunch y se esforzó por defender a la iglesia de lo que él interpretaba como ataques gratuitos que llevarían solamente a que se formaran más grupos disidentes. Fue ese episodio el que desencadenó también las respuestas escritas de A. T. Robinson (el padre de D. E. Robinson), y C. McReynolds (Manuscripts and Memories, pp. 136- 142; ver también capítulo 3, nota nº 40). Se puede encontrar una copia de la carta original de D. E. Robinson en Document File 371, en Ellen G. White Estate, en Silver Spring, MD. En algún momento se re-escribió la carta de Robinson, eliminando un párrafo que clarificaba que él era el autor, y en su lugar se escribió a lápiz A. L. White. Posteriormente se borró A. L. White y se remplazó por W. C. White en la que parece ser letra de A. L. White. La copia original de esa carta re-escrita se puede encontrar en Document File 331, y es la carta que se ha reproducido en Manuscripts and Memories, pp. 333-335, atribuyéndola a W. C. White (Tim Poirier, de White Estate, ha verificado esos hallazgos). Parece que esa carta falsamente atribuida a W. C. White, no salió a la luz hasta aparecer como "Apéndice D" en Thirteen Crisis Years: 1888-1901, in 1981. Ese libro fue una reimpresión del libro de A. V. Olson: Through Crisis to Victory: 1888-1901, publicado primeramente en 1966. Ahora bien, Olson murió en 1963, tres años antes que se publicara su libro, momento en el que fue puesto bajo el patrocinio del comité de Ellen G. White Estate, siendo A. L. White su secretario. La reimpresión de 1981 se publicó bajo los mismos auspicios. En el Apéndice D, Arthur White afirma que W. C. White escribió la carta a fin de atajar "la conjetura infundada de la pluma y los labios de uno [Taylor Bunch] que por entonces [congreso de Mineápolis] era un niño de tres años", y que había presentado una distorsión tal de la historia, y un augurio tal" (Thirteen Crisis Years, p. 331). El párrafo eliminado de la carta original de D. E. Robinson era el número seis, que dice: "He estado leyendo todos los manuscritos y cartas que están aquí en el archivo, que tienen que ver con el encuentro de Mineápolis de 1888. El último sábado, por una feliz coincidencia, estábamos juntos los pastores W. C. White y C. McReynolds, y mi padre, y tuve el privilegio de escucharles dar sus resúmenes del encuentro y lo que lo siguió. Según lo que he leído y los relatos de ellos, mi reconstrucción del encuentro sería algo como lo que sigue". Si bien no debemos atribuir ninguna intención malévola a D. E. Robinson, ni siquiera a A. L. White -quizá ambos creyeron defender a la iglesia de lo que interpretaban como acusaciones infundadas- hemos de reconocer que sólo el padre de mentira puede tejer una telaraña como esa en la que hoy ha venido a resultar, distorsionando así lo que sucedió realmente en 1888. Mi sugerencia es que Satanás odia hoy nuestra historia de 1888 tanto como odiaba las posibilidades que Dios tenía previstas para entonces. Es cierto que ambos hombres pudieron estar influenciados por la caída de Jones y Waggoner en sus últimos años, pero eso no da licencia para lo que se ha escrito solapadamente sobre las personalidades de Jones y Waggoner. En un capítulo posterior se considerarán más detalles de la situación mencionada anteriormente.
- Ellen G. White, Manuscrito 24, diciembre 1888; en 1888 Materials, pp. 221-222.
- Ibid.
- Ibid.
- W. C. White, "Notes Taken at Minneapolis"; en Manuscripts and Memories, p. 424.
- R. T. Nash a General Conference of SDA, 25 junio 1955, "The Minneapolis Conference: And the Issues Concerning the Presentation of the Message of Righteousness by Faith: An Eyewitness Account"; en Manuscripts and Memories, p. 354, en adelante "An Eyewitness Account". Parece que R. T. Nash publicó posteriormente esa carta con algunas modificaciones en forma de folleto, bajo el título: "An Eyewitness Report of the 1888 General Conference at Minneapolis" (Highland CA: Privately Publ., 1955), en adelante "An Eyewitness Report".
- Ellen G. White, Manuscrito 24, diciembre 1888; en 1888 Materials, p. 221.
- W. C. White, "Notes Taken at Minneapolis"; en Manuscripts and Memories, p. 424.
- Uriah Smith a Ellen G. White, 17 febrero 1889; en Manuscripts and Memories, p. 154.
- A. T. Jones a Brother Holmes, 12 mayo 1921; en Manuscripts and Memories, p. 329.
- R. T. Nash, "An Eyewitness Account", 25 junio 1955; en Manuscripts and Memories, p. 354. A Ellen White le preocupaba que Butler tuviera una unión especial solamente con quienes apreciaban su trabajo y su "manera de hacer", pero mirara "con recelo" a "muchos que [eran] mucho más aptos" debido a que no se sentían "obligados a recibir sus impresiones e ideas de seres humanos [que] actuaban, hablaban y pensaban como ellos, convirtiéndolos de hecho en poco menos que máquinas" (1888 Materials, pp. 89-90). La humildad de mente y la modestia habían abandonado a Butler: "Cree que su posición le da un poder tal, que su voz es infalible" (Ibid., p. 183). En consecuencia, Ellen White advirtió: "No debiéramos pensar que los pastores Butler o Smith son los guardianes de las doctrinas de los adventistas del séptimo día, y que nadie deba atreverse a expresar una idea que difiera de las de ellos" (Ibid., p. 188). "Es debido a que se les ha animado a mirar a un hombre que piense en lugar de ellos -a ser su conciencia- por lo que son ahora tan ineficientes e incapaces de estar en su puesto del deber como fieles centinelas de Dios" (Ibid., 974). Butler sentía que el consejo que le había dado Ellen White, que tan contrario le parecía a lo que había dicho con anterioridad, era la causa de su enfermedad (ver también capítulo 5, nota nº 23). Le llevó también a su renuncia como presidente de la denominación antes de terminar la conferencia, y a la dimisión de Uriah Smith como secretario de la Asociación General poco tiempo después ("General Conference Committee Minutes", 16 noviembre 1888).
- Ellen G. White, Manuscrito 24, diciembre 1888; en 1888 Materials, pp. 221-223, original sin cursivas.
- Ellen G. White a Mary White, Carta 82, 4 noviembre 1888; en 1888 Materials, pp. 182, 184. Otra resolución que se aprobó contrariamente al consejo de Ellen White tenía que ver con lo que hoy llamamos colportaje. El 1 de noviembre de 1888, R. A. Underwood presentó una moción consistente en que antes de "animar a una persona a que entrara en la obra bíblica o en el ministerio" se debía requerir que tuviera una "experiencia práctica en el campo del colportaje". Ellen White se opuso a una "regla absoluta" como esa, pero a pesar de todo lo que dijo contra esa resolución, "se la aprobó". Una vez aprobada pasó al registro de Review and Herald en las actas del 2 de noviembre de 1888 (Manuscripts and Memories, p. 409; 1888 Materials, pp. 239-240). Más de un año después Ellen White seguía hablando en contra de ella: "La resolución que se aprobó en Mineápolis, que requería que los hombres jóvenes colportaran antes de otorgarles una licencia, fue un error" (General Conference Committee Minutes", Ninth Meeting, 16 julio 1890). Curiosamente, ese "mismo requerimiento está todavía en las guías de procedimientos de 1988" a pesar de que "en la práctica no se aplica de forma consistente" (Roger Coon, Transcripción de disertación en la universidad de Loma Linda, 23-25 octubre 1988, "Minneapolis/1888: The 'Forgotten' Issue", p. 16).
- Ellen G. White, Manuscrito 15, noviembre 1888; en 1888 Materials, pp. 164, 165, 170.
- Ellen G. White, Manuscrito 6, 4 noviembre 1889, "Issues at the Gen. Con. of 1889"; en 1888 Materials, p. 472.
- 56. A. T. Jones, "The Third Angel's Message No. 11" y "The Third Angel's Message No. 12", General Conference Daily Bulletin, 13, 14 febrero 1893, pp. 244, 265; {En español: http://libros1888.com/Pdfs/atj1893n11.pdf y http://libros1888.com/Pdfs/atj1893n12.pdf}. Catorce años después, A. T. Jones volvió a referirse a esas tentativas de voto: "En Mineápolis, en 1888, la 'administración' de la Asociación General hizo lo posible por comprometerse mediante un voto de la Asociación General al pacto de 'Obedece y vive', a la justicia por las obras" (God's Everlasting Covenant [n.p. 1907], p. 31).
- Ellen G. White, Testimonies to Ministers, p. 92; {Testimonios para los ministros, p. 92}.
- 58. Hay al menos seis publicaciones modernas negando que se intentara tomar cualquier acción o voto. Arthur White, como representante del comité de fideicomisarios de Ellen G. White Estate, escribió en una "introducción histórica" que "no se tomó ningún acuerdo con respecto a los temas bíblicos considerados" en Mineápolis (Testimonies to Ministers [1962], p. xxiv) {Testimonios para los ministros, p. xxiv}. A. V. Olsen afirma enfáticamente: "Desgraciadamente, en algunas mentes existe hoy la impresión de que la sesión de la Asociación General rechazó en 1888 oficialmente el mensaje de la justicia por la fe que allí se presentó. Esa es una grave equivocación. No se tomó acuerdo alguno mediante voto de los delegados, aceptándolo o rechazándolo. La aceptación o rechazo por parte del pueblo presente en la asamblea fue un asunto individual" (Through Crisis to Victory [1966], p. 36). N. F. Pease se hace eco del mismo pensamiento: "Algunos han sostenido que la 'denominación' rechazó la justicia por la fe en 1888. En primer lugar, no se tomó acuerdo alguno al respecto; y más importante aún, la justicia por la fe en Cristo la aceptan o rechazan los individuos, no los grupos" (The Faith that Saves [1969], p. 41, original incluye cursivas). L. E. Froom afirma enfáticamente: "En Mineápolis el liderazgo delegado no tomó voto alguno rechazando la enseñanza de la justicia por la fe. Ciertamente la conferencia no tomó voto alguno sobre el particular". Froom emplea incluso una "declaración personal dictada" por R. A. Underwood -el preciso hombre implicado en el intento de que se tomaran resoluciones en la conferencia de 1888- para demostrar que "nunca se tomó un voto favorable o contrario a la justicia por la fe" (Movement of Destiny [1971], pp. 370, 256). A. L. White hace el aserto: "En lo relativo a establecer posiciones, no se tomó ninguna acción oficial a propósito de las cuestiones teológicas discutidas. El testimonio uniforme relativo a la actitud hacia el asunto de la justicia por la fe consiste en que hubo reacciones diversas. … El concepto de que la Asociación General, y por lo tanto la denominación, rechazó el mensaje de la justicia por la fe en 1888 es infundado, y no hizo aparición hasta cuarenta años después" (The Lonely Years [1984], pp. 395, 396). Pero Taylor Bunch, "cuarenta años después", no dijo que la "denominación" hubiera rechazado el mensaje, sino que habló acerca del efecto que tuvo el rechazo de muchos líderes sobre la iglesia en general: "El mensaje de la justicia por la fe se predicó con poder durante más de diez años, durante los cuales la crisis de Mineápolis estuvo presente ante los líderes. Ese mensaje trajo el comienzo de la lluvia tardía. … ¿Por qué no continuó cayendo la lluvia tardía? … Fue rechazada por muchos y pronto murió en la experiencia del pueblo adventista, y el fuerte pregón murió con ella. … Justo antes del fin, el pueblo adventista revisará su historia pasada y la verá en una nueva luz. … Debemos reconocer y confesar los errores de nuestros padres y ver en ello que no los repitamos, demorando aún más de esa forma el triunfo final del movimiento adventista" (The Exodus and Advent Movements [1928, 1937], pp. 107, 168, original sin cursivas). También Norman R. Gulley ha expresado sus puntos de vista sobre las reuniones de Mineápolis, afirmando: "La GC [Asociación General] no tomó ninguna acción oficial de rechazo al mensaje de Cristo y su justicia" ("The 1888 'MOVEMENT' Understood Within its Historical Context", [documento no publicado], 1998). Hay que reconocer inmediatamente que todos los autores citados anteriormente son en cierto sentido técnicamente correctos al señalar que nunca hubo una "acción oficial" ni se "tomó un voto" contra la "justicia por la fe". En otras palabras, ningún individuo o grupo de dirigentes se levantó y sugirió que se tomara un voto "contra el mensaje de la justicia por la fe". ¿Por qué habrían de hacer tal cosa? ¡Todos ellos aseveraban creer en el mensaje de la justicia por la fe! No obstante, muchos que aseveraban creer en el mensaje de la justicia por la fe rechazaban enérgicamente el mensaje que presentaron Jones y Waggoner, y estaban prestos a aprobar resoluciones, emprender acciones y/o votar contra él. Sin embargo, Ellen White identificaría después ese mensaje como siendo en verdad el mensaje del tercer ángel, el mensaje del fuerte pregón y de la lluvia tardía. De forma similar, tampoco encontramos evidencia de que la nación judía tomara ninguna acción oficial ni votara "crucificar al Mesías". ¿Por qué iban a hacer una cosa así, si estaban anhelando que viniera el Mesías? Lo que hicieron, no obstante, fue rechazar y crucificar a Jesús de Nazaret, que creyeron ser un impostor, una falsificación y un peligro para su religión y seguridad nacional. Y mientras que los discípulos proclamaban la verdad acerca de Jesús bajo el poder de Pentecostés, la nación judía rehusaba admitir siquiera la espeluznante realidad de sus acciones. En relación con nuestros historiadores modernos, Leroy Moore coloca sus pretensiones en el contexto que les corresponde: "Tampoco emprendió nunca la iglesia una acción oficial contra el mensaje de Mineápolis. Pero uno puede ser técnicamente correcto y sin embargo estar muy equivocado. … El rechazo corporativo a la verdad precede siempre al voto que sea, y no es menos real por el hecho de haber evitado el voto, tal como fue el caso en Mineápolis ante la insistencia de Ellen White y la vigilancia de W. C. White" (Adventism in Conflict [Hagerstown, MD: Review and Herald Pub. Assn.], p. 86, original sin cursivas). Es de agradecer que George Knight admita que se procuraron las votaciones, pero fueron bloqueadas: "… la facción Butler-Smith-Morrison trató de forzar una votación para establecer la postura correcta -el credo- sobre la relación entre la ley y el evangelio. Como Jones lo expresaría más tarde: 'En Mineápolis, en 1888, la "administración" de la Asociación General hizo lo posible por comprometerse mediante un voto de la Asociación General al pacto de "Obedece y vive", a la justicia por las obras' (God's Everlasting Covenant 31). La tentativa fracasó, pero no se puede tomar a la ligera al considerar que Ellen White dijo al finalizar la conferencia: 'Willie y yo tuvimos que vigilar en cada particular para evitar que se emprendieran acciones o se aprobaran resoluciones que resultaran perjudiciales para la obra en el futuro' (EGW to MW, 4 noviembre 1888)" (A User-Friendly Guide to the 1888 Message, p. 56. Ver también, pp. 54, 58, 139). No obstante, uno tiene derecho a preguntarse cómo pudieron los hermanos responsables tratar de forzar un voto contrario al mensaje, y al mismo tiempo recibir el crédito de Knight por haber aceptado el mensaje (Ibid., pp. 119, 139, 147). Para más declaraciones de Ellen White relativas a "resoluciones", ver: 1888 Materials, pp. 114, 182, 238-240, 258, 302, 581, 941, 954, 1186, 1403, 1410, 1435, 1583, 1584, 1601, 1617.
- Ellen G. White a W. M. Healy, Carta 7, 9 diciembre 1888, y Manuscrito 24, diciembre 1888; en 1888 Materials, pp. 186, y 207, 217, 224.
- G. I. Butler a Ellen G. White, 1 octubre 1888; en Manuscripts and Memories, p. 89.
- Ellen G. White, Manuscrito 24, diciembre 1888; en 1888 Materials, p. 224.