Ellen White defiende a los mensajeros
Inmediatamente después que R. M. Kilgore y Uriah Smith trataran de poner fin a toda consideración relativa a la ley en Gálatas y la justicia por la fe, la mañana de aquel martes 23 de octubre de 1888, J. H. Morrison presentó la primera de sus -al menos- siete predicaciones. Sus primeros comentarios fueron similares a los de Kilgore y Smith. Sostuvo que los adventistas "siempre creyeron y enseñaron la 'justificación por la fe', siendo hijos de la mujer libre". "Alegó que se había forzado el tema" en la conferencia, y tenía "el temor de que la ley pudiera perder el importante lugar que le correspondía".[1] Se "opuso" a la discusión del tema, "porque no había ninguno" presente que le hubiera dedicado un "estudio especial", a pesar de lo cual, él se sentía "feliz por defender la verdad".[2] Según informa A. T. Jones, lo que presentó Morrison "era justicia mediante toda cosa y cualquier cosa, excepto por la fe".[3]
Se dio a Jones y Waggoner la oportunidad de responder, y al llegar su turno pasaron al frente "uno al lado del otro, con sus Biblias abiertas", alternándose en la lectura de dieciséis pasajes bíblicos, principalmente de los libros de Romanos y Gálatas. Esa fue su única respuesta, y sin mediar otra palabra o comentario volvieron a sus asientos. Durante toda su lectura "hubo quietud y silencio en la gran asamblea". La Biblia habló por sí misma.[4]
Considerando globalmente todo lo ocurrido durante las reuniones hasta aquel momento, Ellen White sintió que había hecho ya todo lo que podía para presentar la luz que el Señor le había dado. Decidió entonces "retirarse discretamente del encuentro" y dirigirse a Kansas City, lugar al que se le había invitado a predicar. Tenía "temor a estar en reuniones como esas", no fuera a terminar "leudada con el espíritu que prevalecía" de parte de aquellos cuyos corazones estaban "acerrojados por el prejuicio y la incredulidad". Aquella "noche pasó muchas horas" en oración. El asunto de la ley en Gálatas no era "más que una mota", y ella diría "amen" a cualquier camino que estuviera "de acuerdo con un 'Así dice el Señor'".[5]
Dios oyó sus oraciones, y en un "sueño o visión de la noche", una persona alta con porte de autoridad le dio un mensaje y le reveló que la voluntad de Dios para ella era que permaneciera en su "puesto del deber". Le recordó que el Señor la había levantado del lecho de su enfermedad en Healdsburg, y la había fortalecido para que acudiera a Mineápolis: "'El Señor te levantó para esta obra'".[6] Luego, "punto por punto", como "el resplandor de un relámpago", el mensajero le reveló muchas cosas, bastantes de las cuales, al menos por aquel tiempo, "no tenía libertad para escribir".[7]
El mensajero llevó a Ellen White a las casas donde se alojaban los hermanos. Todos aquellos hombres tuvieron una "oportunidad de ponerse de parte de la verdad recibiendo el Espíritu Santo que Dios envió en una efusión tan abundante de amor y misericordia". Pero "atribuyeron al fanatismo las manifestaciones del Espíritu Santo".[8] En consecuencia, los "malos ángeles" habían entrado en sus habitaciones "debido a que habían cerrado la puerta al Espíritu de Cristo y no quisieron prestar oído a su voz". "Los comentarios sarcásticos corrían entre unos y otros, ridiculizando a sus hermanos".[9]
En una de las casas "no se pronunció una oración" por dos semanas.[10] Hubo "ligereza, frivolidad, bromas, [y] chistes". "Se consideró a la envidia, los celos, la maledicencia, [y] el juzgar uno al otro, como siendo un don especial de discernimiento dado por Dios".[11] Sintieron que "Ellen White había cambiado"[12] y estaba ahora bajo la influencia de Jones y Waggoner, quienes "no eran dignos de confianza". Los hermanos dijeron que "no creían [que Ellen White] dijera la verdad cuando afirmaba no haber tenido conversaciones con W. C. White, el pastor Waggoner o el pastor Jones". "Se sintieron libres de hacer comentarios acerca de los testimonios del Espíritu Santo", pero "pensaron y dijeron cosas aún peores de los hermanos Jones y Waggoner".[13]
El mensajero dijo llanamente a Ellen White: "'Satanás ha cegado sus ojos y pervertido su juicio; y a menos que cada alma se arrepienta de éste, su pecado, de esa independencia no santificada que está insultando al Espíritu de Dios, caminarán en tinieblas. … No quieren que Dios manifieste su Espíritu y su poder, pues albergan un espíritu de burla y aversión a mi Palabra'". En consecuencia "ni siquiera uno de la compañía que acarició el espíritu manifestado en aquel encuentro volvería a tener una luz clara para discernir la preciosidad que les fue enviada del cielo, hasta que humillaran su orgullo y confesaran".[14]
El mensajero informó a Ellen White de que los hermanos estaban "ridiculizando a quienes Dios había suscitado para hacer una obra especial".[15] Jones y Waggoner "habían presentado al pueblo luz preciosa, pero el prejuicio y la incredulidad, los celos y las malas sospechas cerraron la puerta de sus corazones". "Tomó el control un espíritu satánico y se movió con poder en los corazones humanos que habían estado abiertos a las dudas y la amargura, la ira y el odio", y terminaron luchando "contra la luz y la verdad que el Señor tenía para su pueblo, para este tiempo".[16]
El espíritu satánico que trajo "ese estado de cosas … no fue una obra súbita". "Había estado ganando fuerza por años".[17] El mensajero dijo a Ellen White: "'No es a ti a quien están despreciando, sino a los mensajeros y al mensaje que yo envío a mi pueblo'".[18] Se le dijo que los hermanos no querrían oír su testimonio, y que virtualmente se tendría que "'mantener casi sola'". No obstante, se le prometió que Dios mismo sería su ayudador y la sostendría.[19]
A medida que el Señor revelaba a Ellen White lo que estaba teniendo lugar en Mineápolis, comenzó a comprender las dimensiones que había adquirido la rebelión. Dios le recordó al menos otros ocho eventos en la historia del mundo, con los que se podía establecer una comparación:
(1) El guía que me acompañaba me dio información acerca de la posición espiritual ante Dios de esos hombres que estaban pronunciando juicio sobre sus hermanos. … "Se consideró la envidia, los celos, la maledicencia, el juzgar uno al otro como siendo un don especial de discernimiento dado por Dios, cuando en realidad lleva el sabor del espíritu del gran acusador que día y noche acusa a los hermanos ante Dios".[20]
Se me llevó hasta la primera rebelión y vi las maniobras de Satanás, y sé algo sobre ese asunto que Dios ha abierto ante mí; ¿no debiera estar alarmada?[21]
(2) Se me han … mostrado las vidas, el carácter y la historia de los patriarcas y profetas que vinieron al pueblo con un mensaje de Dios. Satanás iniciaba algún informe falso, suscitaba alguna diferencia de opinión, o bien desviaba el interés hacia algún otro asunto a fin de que el pueblo quedara privado del bien que el Señor tenía para otorgarles. Y ahora en este caso [Mineápolis] se estaba posesionando de los corazones un espíritu tenaz, decidido, obstinado, y aquellos que habían conocido la gracia de Dios y habían sentido una vez el poder convertidor en sus corazones, estaban engañados, obsesionados, obrando bajo un engaño durante todo el encuentro.[22]
(3) Cuando me propuse abandonar Mineápolis, el ángel del Señor estuvo a mi lado y me dijo: "No lo hagas; Dios tiene una obra encomendada para ti en este lugar. El pueblo está actuando según la rebelión de Coré, Datán y Abiram. Te he colocado en la posición adecuada, la que no van a reconocer quienes no están en la luz; no oirán tu testimonio, pero estaré contigo; mi gracia y mi poder te sostendrán".[23]
(4) Oí las bromas, los comentarios sarcásticos dedicados a los mensajeros y al mensaje -esa doctrina que difería de sus ideas sobre la verdad; y se me dijo que había un testigo en cada habitación tan seguramente como lo había en aquella fiesta en el palacio de Belsasar junto a la adoración a los ídolos y el vino. En aquella ocasión el ángel escribió las palabras en las paredes del palacio; de igual forma había un testigo escribiendo en los libros del cielo las palabras duras de aquellos que no saben de qué espíritu son.[24]
(5) Así como los judíos rehusaron la luz del mundo, muchos de los que pretenden creer la verdad presente rehusarán la luz que el Señor va a enviar a su pueblo.[25]
Dijo mi guía: "Esto está registrado en los libros como si fuera contra Jesucristo. … Este espíritu lleva … la semejanza del … espíritu que animaba a los judíos a formar una confederación de duda, a criticar y a convertirse en espías de Cristo, el Redentor del mundo. …" Entonces se me informó que sería inútil tomar cualquier decisión que tuviera que ver con posiciones sobre puntos de doctrina, en cuanto a qué es verdad, o esperar cualquier espíritu de sincera investigación, debido a que se había formado una confederación para no permitir ningún cambio en las ideas sobre el punto o posición que hubieran recibido, más de lo que hicieron los judíos.[26]
Así es como sucedió en la traición, juicio y crucifixión de Jesús -todo eso pasó ante mí punto a punto.[27]
(6) El enemigo nos puede llevar a que tomemos posición contra la verdad … y en el espíritu de los judíos resistamos la luz que Dios envía. … Lo más terrible que podría sucedernos como pueblo es [caer en] el engaño fatal que ocasionó la ruina de Corazín y Betsaida.[28]
(7) Se agitaron sus bajas pasiones y tuvieron una oportunidad ideal para manifestar el espíritu de la turba. … no pude evitar que viniera a mi mente día tras día una imagen vívida de la forma en que fueron tratados los reformadores; cómo una pequeña diferencia de opinión parecía crear un frenesí de excitación. … Todo eso estaba prevaleciendo en aquel encuentro.[29]
La desconfianza, los celos, las malas sospechas, la resistencia al Espíritu de Dios que los caracterizaba, eran del mismo tipo que los dispensados a los Reformadores.[30]
Cuando los papistas entraron en controversia con los hombres que tomaron posición por la Biblia como prueba de toda doctrina, eso lo consideraron como un asunto que sólo la muerte podía solucionar. Pude ver cómo los corazones de nuestros hermanos acariciaban un espíritu similar. … [31]
(8) Aquella noche el ángel del Señor se puso junto a mi cama y me dijo muchas cosas. … Se me mandó que permaneciera en mi puesto del deber; [se me dijo] que había un espíritu que venía a tomar posesión de las iglesias que, de ser permitido, las separaría de Dios tan ciertamente como las iglesias que rechazaron luz que Dios les envió en mensajes de advertencia y de luz a fin de que pudieran avanzar en relación con su segunda venida a nuestro mundo [en 1844].[32]
Como reformadores, habían salido de las iglesias denominacionales, pero ahora estaban actuando de forma similar a como lo hicieron las iglesias. Esperamos que no hubiera necesidad de salir otra vez.[33]
El Señor reveló todas estas cosas a Ellen White cuando ella estaba a punto de abandonar Mineápolis. La revelación fue casi demasiado para ella:
Tras oír lo que oí, se me deshizo el corazón. … pensé en la crisis futura, y por un poco de tiempo me vencieron sentimientos que no puedo expresar con palabras. "Cuidad de vosotros mismos, porque os entregarán a los concilios, y en las sinagogas os azotarán; y delante de gobernadores y de reyes os llevarán por causa de mí, para testimonio a ellos. … El hermano entregará a la muerte al hermano, y el padre al hijo; y se levantarán los hijos contra los padres, y los matarán" (Marcos 13:9 y 12).[34]
Fue terrible que se estuviera rechazando la propia presencia de Jesús en el derramamiento del Espíritu Santo del que Ellen White había estado hablando durante años. Pero Dios no había renunciado; todavía había esperanza: "'El orgullo espiritual y la confianza propia cerrarán la puerta a fin de que no sean admitidos Jesús y el poder de su Espíritu Santo. Tendrían otra oportunidad para salir del engaño y arrepentirse, confesar sus pecados y convertirse para que él los sanara'".[35] Aunque había muy pocas esperanzas de que el Espíritu Santo se pudiera derramar en Mineápolis, el Señor no había terminado con su pueblo, y Ellen White se levantó con energía renovada para hacer frente al reto.
Un llamado al arrepentimiento
Más tarde en esa misma mañana del 24 de octubre, Ellen White asistió al encuentro ministerial. Tenía ciertas "cosas claras por decir" que "no se atrevería a retener". Reconoció las "tinieblas espirituales" que se cernían sobre el pueblo, y que los hermanos estaban siendo "movidos por un poder de abajo". Se preguntó "qué páginas de la historia estaba escribiendo el ángel registrador", ya que el espíritu de los hermanos dirigentes "casi había leudado la masa". Estando ante sus hermanos, "la angustia oprimía" su alma. De hecho, lo que tenía que decirles le ocasionó a ella "una mayor angustia" que a sus destinatarios. Mediante la gracia de Cristo "experimentó un poder divino convincente para prevalecer" ante sus hermanos, "esperando y orando para que el Señor les abriera los ojos cegados".[36] Se sintió "compelida a hablar con franqueza, y expuso ante ellos los peligros de resistir el Espíritu de Dios".[37]
Ellen White recordó a los hermanos que no se había hecho confesión alguna, por lo tanto, el Espíritu de Dios seguía apartándose del pueblo. Reprendió a quienes se quejaban de que las oraciones y charlas de ella fluyeran en "la misma corriente que el Dr. Waggoner", y de que éste "estuviera conduciendo" las reuniones. Mantuvo que no había tomado posición sobre la ley en Gálatas; que no había hablado con nadie sobre el tema y que no podía tomar posición de ninguno de ambos lados hasta haber "estudiado la cuestión". Llegó a sugerir que fue providencial que hubiera perdido el manuscrito de años atrás, pues el propósito de Dios era que "fueran a la Biblia y obtuvieran la evidencia de las Escrituras":
Nuestro encuentro está llegando ya a su fin, y no se ha hecho ni una sola confesión; no ha habido ni una apertura que permita al Espíritu de Dios descender. Estaba comentando de qué servía que nos reuniéramos aquí juntos y que vinieran aquí nuestros hermanos en el ministerio, si es solamente para apartar el Espíritu de Dios de su pueblo …
Si el hermano Kilgore hubiese estado andando junto a Dios, jamás habría transitado el terreno que ayer recorrió, ni habría hecho la afirmación que hizo, relativa a la investigación que se está realizando. [No habría dicho] que [Jones y Waggoner] no deben traer ninguna luz nueva ni presentar ningún argumento nuevo a pesar de haber estado manejando la Palabra de Dios por años; sin embargo, ellos [los hermanos en la dirección] no están dispuestos a dar una razón de la esperanza que hay en ellos, debido a que un hombre [Butler] no está aquí. ¿No hemos estado todos considerando ese tema? Nunca había estado tan alarmada como ahora. …
Cuando se me hizo pasar a través de toda la historia de la nación judía, y vi dónde tropezaron debido a no andar en la luz, se me hizo comprender dónde terminaríamos nosotros como pueblo, si rehusamos la luz que Dios nos quiere dar. Tenéis ojos y no veis, oídos y no oís. Ahora, hermanos, nos ha venido luz, y queremos estar allí donde podamos comprenderla, y Dios nos llevará uno a uno hacia él. Percibo vuestro peligro y os quiero advertir. …
Hermanos, queremos la verdad tal cual es en Jesús. Pero cuando viene algo que cierra las puertas para impedir que entren las olas de la verdad, oiréis mi voz allá donde me encuentre … porque Dios me ha dado luz y quiero dejarla brillar. Y he visto que preciosas almas que habrían abrazado la verdad, le han dado la espalda debido a la forma en que se la ha tratado; Jesús no estaba en ello. Y por eso os he estado rogando todo el tiempo: queremos a Jesús. ¿Cuál es la razón por la que el Espíritu de Dios no viene a nuestras reuniones? ¿Es debido a que hemos edificado una barrera a nuestro alrededor? Hablo decididamente porque quiero que os deis cuenta de cuál es vuestra situación. Quiero que nuestros hombres jóvenes tomen posición, no porque algún otro la toma, sino porque entienden la verdad por ellos mismos.[38]
Ellen White sabía que el Espíritu Santo estaba siendo retirado de las reuniones y del pueblo. De la misma forma en que los dirigentes judíos habían apartado al pueblo del mensaje que Jesús trajo, así en Mineápolis estaban apartando al pueblo de "la verdad tal cual es en Jesús".
Tan pronto como Ellen White acabó de abrir su corazón ante los delegados, J. H. Morrison volvió a hablar sobre la ley en Gálatas. Ellen White acababa de afirmar que no había tomado posición sobre el tema de Gálatas, que no era ella personalmente quien iba a decidir la cuestión, y había emplazado a todos a un estudio más profundo de la Biblia. A pesar de ello, Morrison citó varios fragmentos de la pluma de ella, escritos antes del encuentro, intentando probar que Ellen White apoyaba la misma posición de él, consistente en que el capítulo tres de Gálatas trataba sólo de la ley ceremonial. En las mentes de quienes sostenían el punto de vista de la ley ceremonial, eso demostraba no sólo que contaban con el apoyo del Espíritu de profecía, sino también que Jones y Waggoner estaban hablando contrariamente a la doctrina establecida. Eso probaba también, para las mentes de los hermanos dirigentes, que Ellen White había cambiado debido a la influencia de Jones, Waggoner y de su propio hijo W. C. White.[39]
Morrison leyó algunas citas de Sketches From the Life of Paul, donde Ellen White describe cómo los gálatas se aferraban a la ley ceremonial como una forma externa, mientras que al mismo tiempo desoían la ley moral:
El apóstol urgió a los gálatas … a abandonar las directrices falsas por las que se habían estado guiando, y a que volvieran a la fe que habían recibido. … Su religión consistía en una sucesión de ceremonias. …
Substituir la santidad del corazón y la vida por las formas externas de la religión sigue siendo tan agradable a la naturaleza irregenerada como en los días de los apóstoles. Por esa razón abundan los falsos maestros, y la gente recibe con avidez sus doctrinas engañosas. … En los tiempos apostólicos [Satanás] llevó a los judíos a exaltar la ley ceremonial y a rechazar a Cristo; actualmente induce a muchos profesos cristianos … a despreciar la ley moral. … Es el deber de todo fiel siervo de Dios resistir firme y decididamente a esos pervertidores de la fe, y exponer valientemente sus errores mediante la palabra de verdad. …
[Pablo] describe la visita que hizo a Jerusalem para tomar un acuerdo … relativo a si los gentiles debían someterse a la circuncisión y guardar la ley ceremonial. …
Emisarios del judaísmo … les indujeron a volver a guardar la ley ceremonial como algo esencial para la salvación. La fe en Cristo y la obediencia a los diez mandamientos se tenían como asuntos de importancia menor.[40]
Morrison parecía sentirse seguro de haber probado a partir de los escritos de Ellen White, que Gálatas capítulo tres tenía que ver solamente con la ley ceremonial; que fue sólo el hecho de aferrarse a la ley ceremonial -tras la muerte de Cristo- lo que llevó a los gálatas a la esclavitud. Cuestionó cómo podía abolirse la ley moral, siendo que fue solamente la ley ceremonial la que fue abolida. La insinuación parecía consistir en que la "nueva posición" de Jones y Waggoner -que la ley a la que se refiere Gálatas tres es la moral- era un desprecio a los diez mandamientos, y era su obligación, tanto como lo fue la de Pablo, "exponer sus errores".
Morrison terminó su presentación citando de la página 68 del mismo libro, donde Ellen White escribe sobre el yugo de servidumbre mencionado en Hechos 15:10 y en Gálatas 5:1. Morrison creía en ello estar clavando el último clavo en el féretro de la teología de Jones y Waggoner: "El yugo no era la ley de los diez mandamientos, como aseveran quienes se oponen a la vigencia de la ley; sino que Pedro se refería a la ley de las ceremonias, que quedó anulada y sin efecto por la crucifixión de Cristo".[41]
A Morrison le parecían muy convincentes esas declaraciones de Ellen White, y en diversas ocasiones se volvería a referir a ellas en los días sucesivos. Sin embargo, a Ellen White no le impresionaban ni le convencían las presentaciones de Morrison. Se quedaba a "oír a E. J. W[aggoner] todo el tiempo, pero se levantaba y salía antes que Morrison terminara su refutación".[42] Fue en ese punto en el tiempo cuando pudo hacer con sinceridad la reflexión: "Comencé a pensar que quizá nosotros no teníamos al fin y al cabo puntos de vista correctos sobre la ley en Gálatas".[43]
Tan pronto como terminó la última presentación de Morrison, y antes de que terminara el congreso de la Asociación General, éste regresó a su casa en Iowa, diciendo a J. S. Washburn en una conversación personal: "Van a intentar forzarme a reconocer que estoy equivocado, así es que me voy".[44]
La mañana del lunes 25 de octubre, Ellen White habló una vez más a los pastores presentes, recordándoles los incidentes de los días previos. "Fue a por Smith y el hermano K[ilgore]" por su implicación en la tentativa de poner fin a la discusión en curso. Desafortunadamente, sus comentarios en esta ocasión -como en otras cinco ocasiones en las que habló antes que se clausurara el congreso-, no quedaron registrados, o bien no se han conservado hasta hoy.[45]
Uriah Smith aporta una vislumbre de lo que sucedió en las reuniones de aquella mañana en uno de sus informes para la Review, aunque sin revelar la gran lucha que estaba teniendo lugar: "Entre las reuniones más interesantes e importantes están las devocionales de temprano en la mañana. Las exhortaciones de la hermana White han sido muy animadoras, al presentar el amor de Cristo y su disposición a ayudar. Está esperando derramar su Espíritu sobre su pueblo en medida abundante".[46] Una cosa es cierta: para Ellen White el tema subyacente era la voluntad divina de derramar su Espíritu Santo en dimensiones de lluvia tardía.
Ellen White volvió a predicar de nuevo el sábado. Siguiendo el ejemplo de Jones y Waggoner, no habló "improvisadamente, como solía hacer, sino principalmente leyendo de Gálatas, Efesios, Colosenses y otras epístolas. Lo hizo así, evidentemente, para responder a la contención de algunos relativa a que estaba bajo la influencia de Jones y Waggoner. Así pues, simplemente leyó de las Escrituras, lo que no se podía refutar". No obstante, hasta incluso eso fue tergiversado por unos pocos de los hermanos. Alguien afirmó. "La hermana White está en tinieblas y no habla con libertad".[47] Aun otro, sumándose al cuestionamiento de los Testimonios, dijo: "La hermana White no comprende sus propios testimonios". Pero todo ese cuestionamiento de los Testimonios era debido a que los "hermanos no estaban de acuerdo con ellos".[48]
Llamamiento a un estudio más profundo
Faltando sólo unos pocos días de congreso, Ellen White hizo una nueva súplica a los hermanos. Hizo un llamado para que todos estudiaran la Palabra de Dios en mayor profundidad, especialmente en relación con los temas discutidos. Advirtió nuevamente que en ausencia de un estudio tal, los hombres jóvenes en especial no debían tomar decisión alguna. Recordó a sus oyentes las advertencias que Dios le había dado en relación con los peligros a los que se enfrentaba la iglesia en aquel tiempo. Estaba viniendo al pueblo de Dios "el espíritu que controló a los fariseos", y un "espíritu combativo" estaba "tomando el lugar del Espíritu de Dios". Mencionó a J. H. Morrison calificándolo de "polemista".[49] Recordando a sus oyentes los errores cometidos por los judíos, Ellen White les imploró que no rechazaran la luz enviada del cielo:
Si cerráis vuestra comprensión a la luz que Dios os envía, entristeceréis al Espíritu de Dios. …
Dijo mi guía: "Hay todavía mucha luz que ha de brillar de la ley de Dios y del evangelio de justicia. Este mensaje, comprendido en su verdadero carácter y proclamado en el Espíritu, va a alumbrar la tierra con su gloria. … La obra final del mensaje del tercer ángel será asistida por un poder que enviará los rayos del Sol de justicia a todos los caminos y senderos de la vida"…
Pero Satanás obrará de tal modo en los elementos no consagrados de la mente humana, que muchos no aceptarán la luz de la forma en que Dios ha dispuesto. …
Os ruego: no cerréis la puerta del corazón por miedo a que os llegue algún rayo de luz. Necesitáis mayor luz. … Si vosotros mismos no veis la luz, cerraréis la puerta; si así lo decidís, podéis evitar que los rayos de luz lleguen al pueblo. …
Se me ha mostrado que Jesús nos revelará preciosas verdades antiguas en una nueva luz, si estamos dispuestos a recibirlas; pero se las debe recibir de la precisa manera en que el Señor disponga enviarlas. … Que nadie sofoque al Espíritu de Dios tergiversando las Escrituras … y no siga nadie un curso de acción injusto manteniéndose en las tinieblas, no queriendo abrir los oídos para oír y sin embargo sintiéndose libre para hacer comentarios, objetar y manifestar sus dudas sobre aquello a lo que no quiere dedicar tiempo para escuchar. …
Cuando los judíos dieron el primer paso en el rechazo a Cristo, dieron un paso peligroso. Cuando más tarde se acumuló la evidencia de que Jesús de Nazaret era el Mesías, fueron demasiado orgullosos como para reconocer que habían errado. Lo mismo sucede con los que rechazan hoy la verdad. No se toman el tiempo para investigar con sinceridad, con ferviente oración, las evidencias de la verdad, y se oponen a aquello que no entienden. Igual que los judíos, dan por sentado que tienen toda la verdad, y sienten algo así como desprecio hacia cualquiera que pudiera suponer tener ideas más correctas acerca de qué es verdad. Deciden que toda la evidencia aportada no tendrá para ellos más peso que una brizna, y dicen a otros que la doctrina no es verdadera; más tarde, cuando aprecian como luz la evidencia que fueron tan ávidos en condenar, tienen demasiado orgullo como para decir "estaba equivocado"; siguen acariciando la duda e incredulidad, y son demasiado orgullosos como para reconocer sus convicciones. Debido a eso dan pasos que conducen a resultados con los que jamás soñaron.[50]
En palabras de significado profético, Ellen White predijo el resultado inevitable de no apreciar la luz enviada del cielo, y en su lugar albergar el espíritu manifestado en Mineápolis. A menos que se la reconociera, aquella luz vendría a ser en el futuro una continua piedra de tropiezo:
Nadie debe permitirse cerrar las avenidas por las que ha de llegar al pueblo la luz de la verdad. Tan pronto como se intente hacer tal cosa se apagará el Espíritu, dado que ese Espíritu está en acción continuamente para dar nueva y mayor luz a su pueblo mediante su Palabra. …
El enemigo puede conducirnos a tomar una posición contra la verdad, debido a que esta no viene de la forma en que nos satisface; y resistiremos la luz que Dios envía con el mismo espíritu que los judíos engañados; y esa luz, en lugar de ser la bendición que el cielo dispuso que fuera para nosotros a fin de avanzar en espiritualidad y en el conocimiento de Dios, se convertirá en una piedra de tropiezo en la que estaremos continuamente cayendo. …
A menos que haya una búsqueda ferviente del Señor, a menos que haya una obra celosa de arrepentimiento, las tinieblas tomarán posesión de las mentes, y dichas tinieblas estarán en proporción con la luz que no se ha apreciado. Excepto que haya menos del yo y mucho más del Espíritu Santo que tome el control de las mentes y corazones de los hombres que han ocupado los rangos superiores, habrá un fracaso por su parte para caminar en armonía con la providencia que Dios decida; cuestionarán y pondrán en duda cualquier luz que el Señor pueda enviar, y se apartarán de las enseñanzas de Cristo, confiando en ellos mismos y en su supuesto conocimiento de lo que es la verdad. Muchos de entre quienes profesan creer la verdad presente rechazarán la luz que el Señor va a enviar a su pueblo, tal como rechazaron los judíos la luz del mundo. …
En esta conferencia estamos sembrando semillas que darán una cosecha, y los resultados serán tan duraderos como la eternidad. …
Espero que nadie salga de este encuentro repitiendo las falsas afirmaciones que han estado circulando por aquí, o llevando el espíritu que aquí se ha manifestado. No ha sido de Cristo; ha venido de otra fuente.[51]
Posición de Ellen White sobre la ley en Gálatas
Hay otro asunto importante del que Ellen White habló en esta, su última charla registrada en Mineápolis: su valoración de las presentaciones de Waggoner hasta aquel momento en el tiempo. En ese discurso dijo que algunas cosas que Waggoner presentó "no armonizan con la comprensión que yo había tenido de ese tema", y "algunas interpretaciones de la Escritura dadas por el Dr. Waggoner, no las veo correctas". Pero antes de llegar a una conclusión a propósito de esas declaraciones que tantas veces se han repetido, debemos leerlas en su contexto. ¿A qué se estaba refiriendo Ellen White cuando dijo estas cosas, y cómo debieran entenderse sus declaraciones?
El Dr. Waggoner nos ha hablado con claridad. Hay luz preciosa en lo que ha dicho. Algunas cosas presentadas en referencia a la ley en Gálatas, si comprendo plenamente su posición, no armonizan con la comprensión que yo había tenido de ese tema; pero la luz no perderá nada al ser investigada, por lo tanto, suplico por causa de Cristo que os acerquéis a los Oráculos vivientes, y que busquéis a Dios con oración y humildad. …
Quiero tener humildad de mente, y estar dispuesta a recibir instrucción como un niño. El Señor ha tenido a bien darme gran luz, sin embargo, sé que está dirigiendo a otras mentes y que abre ante ellas los misterios de su Palabra, y quiero recibir todo rayo de luz que Dios me envíe, aunque venga a través del más humilde de sus siervos.
De una cosa estoy segura: como cristianos no tenéis derecho a albergar sentimientos de enemistad, rudeza y prejuicio contra el Dr. Waggoner, quien ha presentado sus puntos de vista de una forma llana y franca, tal como es propio de un cristiano. Si está en el error, debéis … procurar mostrarle a partir de la Palabra de Dios dónde no está en armonía con sus enseñanzas. …
Algunas interpretaciones de la Escritura dadas por el Dr. Waggoner yo no las veo correctas. Pero creo que es totalmente sincero en sus puntos de vista, y respetaré sus sentimientos y lo trataré como a un caballero cristiano. No tengo razón para pensar que no es tan estimado por Dios como lo es cualquiera de mis hermanos, y lo consideraré como un hermano cristiano por tanto tiempo como no haya evidencia de que es indigno. El hecho de que sostenga sinceramente algunos puntos de vista sobre la Escritura que difieran de los vuestros o los míos no es razón por la que debiéramos tratarlo como un ofensor o un hombre peligroso, haciéndolo objeto del criticismo injusto. …
Hay algunos que desean que se tome ya una decisión respecto a cuál es el punto de vista correcto sobre el tema en discusión. …
Sé que sería peligroso denunciar la posición del Dr. Waggoner como totalmente errónea. Eso complacería al enemigo. Aprecio la belleza de la verdad en la presentación de la justicia de Cristo en relación con la ley, tal como el doctor ha presentado ante nosotros. Muchos de vosotros decís que es luz y verdad. Sin embargo, nunca antes lo habíais presentado en esa luz. ¿No es posible que, mediante ferviente escudriñamiento de las Escrituras con oración, haya visto todavía mayor luz en algunos puntos? Lo que se ha presentado armoniza perfectamente con la luz que Dios ha tenido a bien darme durante todos los años de mi experiencia. …
Incluso si es verdadera la posición que hemos sostenido sobre las dos leyes, el Espíritu de verdad no aprobará medidas para defenderla tales como las que tantos de vosotros emplearíais. El espíritu que asiste a la verdad debe ser tal que represente al Autor de la verdad.[52]
Al citarla en su debido contexto, se verá claramente que los comentarios de Ellen White citados más arriba no se pueden entender como una afirmación global relativa a las enseñanzas de la justicia por la fe, sino referidas a algunos de sus puntos de vista sobre la ley en Gálatas, si es que ella comprendía plenamente su posición. Ellen White no estaba dando un cheque en blanco para que los hermanos pudieran descartar cualquier cosa en la que no estuvieran de acuerdo con las presentaciones de Waggoner. Para gran preocupación de ella, muchos estaban haciendo precisamente eso mismo. El tema controvertido todo el tiempo había sido la ley en Gálatas capítulo 3: la ley añadida (puesta) y nuestro tutor para llevarnos a Cristo, y Ellen White todavía no había tomado posición en el asunto.
Al margen de la postura que Ellen White hubiera podido sostener en el pasado en relación con la ley en Gálatas, su postura había sido conformada de acuerdo con la luz que había recibido en 1856, cuando fue dirigida para que aconsejara a J. H. Waggoner, que por entonces estaba presentando el tema. Pero no era posible encontrar ese Testimonio escrito a J. H. Waggoner, y Ellen White tampoco era capaz de recordar qué fue lo que se le mostró. Cuando Butler le informó por primera vez en 1886 que Jones y Waggoner estaban hablando y escribiendo del tema de la ley en Gálatas, y que se había suscitado una controversia, inmediatamente envió consejo relativo a cualquier diferencia de opinión, pero la carta nunca llegó. En la segunda carta que Ellen White envió a Jones y Waggoner, les dijo que años antes había visto que los puntos de vista de J. H. Waggoner "no eran correctos". Pero la cuestión "no estaba clara y distinta" en su mente, ni era capaz de "comprender el asunto" en aquel momento.[53]
Sólo unas pocas semanas después, tras haber tenido "ciertos sueños impresionantes", Ellen White había escrito a Butler afirmando: "Estoy perpleja, pues soy incapaz de recordar lo que se me mostró en referencia a las dos leyes. No puedo recordar cuáles fueron la precaución y advertencia dadas al pastor [J. H.] Waggoner. Pudo tratarse de un consejo referido a no hacer prominente esa idea en aquel tiempo, pues había gran peligro de desunión".[54]
Temprano en el congreso de la Asociación General de 1888, Ellen White se había incluido junto a los hermanos, al afirmar que Jones y Waggoner "pueden diferir de nosotros". En el mismo discurso relató que su "guía" le había informado en 1887 que "'ninguno [Butler y Waggoner] tenía toda la luz sobre la ley; ninguna de las dos posiciones era perfecta'".[55]
Más adelante en el congreso pudo decir en total sinceridad que "todavía no había tomado posición", y no "estaba dispuesta a tomar posición" del lado que fuera, antes de haber "estudiado la cuestión". Eso estaba en contraste con la actitud de J. H. Morrison y los hermanos, que querían decidir la cuestión allí y entonces, creyendo que Ellen White había sido influenciada por Jones y Waggoner, y que había tomado la posición de ellos. Fue en este punto donde Ellen White indicó que fue providencial haber perdido el manuscrito, pues Dios quería que los hermanos fueran a la Biblia "y obtuvieran de la Escritura la evidencia" para sustentar su posición.[56]
Cuando se hizo un movimiento para intentar poner fin a la discusión sobre Gálatas, Ellen White afirmó: "Por vez primera comencé a pensar que quizá nosotros no teníamos al fin y al cabo puntos de vista correctos sobre la ley en Gálatas, pues la verdad no requería un espíritu como ese para defenderla".[57] Unos pocos días después que hubiera acabado el congreso, Ellen White volvió a afirmar que sus puntos de vista "no habían cambiado", pero añadió: "Si es que teníamos la verdad sobre ese tema, los hermanos fracasaron en ser santificados mediante ella".[58]
Algunos meses más tarde repitió que "no tenía una postura diferente", pero añadió: "La luz no vendrá hasta que como pueblo estemos espiritualmente en una condición diferente".[59] Ellen White aclaró muchas veces que el tema no era "una preocupación" para ella; que no era una doctrina fundamental, un "hito", y que no se lo debía convertir en una "prueba".[60] No obstante, cuando en 1889 vio continuar el espíritu de Mineápolis contra Jones y Waggoner, proclamó valientemente al liderazgo: "Temo por vosotros, y temo por vuestra interpretación de cualquier escritura que se haya demostrado en un espíritu tan anticristiano".[61] "Que Dios me libre de vuestras ideas sobre la ley en Gálatas, si recibir tales ideas me hace tener un espíritu tan anticristiano".[62]
No fue sino hasta ocho años después de la asamblea de 1888, cuando Ellen White expuso plenamente lo que el Señor le había revelado: que la ley en Gálatas capítulo 3 se refería a ambas: la ley moral y la ceremonial.[63]
Por lo tanto, queda claro que las declaraciones de Ellen White en su sermón de noviembre en la asamblea de 1888, no son lo que algunos las han hecho ser.[64]
Sus declaraciones sobre cuestiones relativas a las enseñanzas de Waggoner se referían específicamente al tema de la ley en Gálatas. Todos los puntos de vista de Waggoner no armonizaban con la comprensión de Ellen White, si es que ella lo comprendía correctamente. Añadió, no obstante, que sabía que el Señor estaba dirigiendo a otras mentes, y "les abre los misterios de su Palabra". Por su parte estaba "deseando ser instruida", incluso si la instrucción llegaba desde "el más humilde de sus siervos", Waggoner y Jones.[65]
Cuando hizo el comentario de que "algunas interpretaciones de la Escritura dadas por el Dr. Waggoner yo no las veo correctas", el contexto era la ley en Gálatas. Sólo unos momentos después, exclamó: "Aprecio la belleza de la verdad en la presentación de la justicia de Cristo en relación con la ley, tal como el doctor ha presentado ante nosotros. … Lo que se ha presentado armoniza perfectamente con la luz que Dios ha tenido a bien darme". Reprendió a muchos de los hermanos por decir: "Es luz y verdad", y no obstante, no haber presentado nunca la verdad previamente de esa forma.[66]
Justamente unos pocos días antes del último mensaje registrado de Ellen White en el congreso de Mineápolis, W. C. White había escrito una carta a su esposa. En ella señalaba el hecho de que Ellen White apoyaba a Waggoner en "mucho" de lo que enseñó estando con los hermanos, mientras que ellos sentían que las enseñanzas de Waggoner estaban en desacuerdo con los Testimonios. Los hermanos pensaban que W. C. White había promocionado los puntos de vista de Waggoner y había confundido e influenciado a su madre a fin de que adoptara una posición nueva y falsa. Podía demostrar la falsedad de esa acusación, escribió W. C. White:
La madre ha hecho mucho trabajo arduo. Ahora mismo está algo desanimada, pues es un tiempo de oscuridad. Mucho de lo que enseña el Dr. W[aggoner] está en línea con lo que ella ha visto en visión, y ha hablado repetidamente contra el "espíritu de fariseísmo" que aplastaría y condenaría todo lo que él dice como si fuera erróneo. Algunos consideran que apoya todos sus puntos de vista, y [jirón en el papel] parte de sus enseñanzas está en desacuerdo con [jirón en el papel] y con sus Testimonios, dicen? [jirón en el papel] mi esfuerzo por promocionar los puntos de vista del Dr. W. [jirón en el papel] la ha desviado del asunto real y la ha llevado a adoptar una posición contraria a la suya propia.
Puedo demostrar que todo eso es falso. [Yo] pueda tener alguna vez una oportunidad [jirón en el papel] Jonás que ha traído la tormenta a la mente de muchos, tendrán [jirón en el papel] resultados de que habrán de responder. Soy decididamente impopular, y no lamento que así sea.[67]
Hoy debiéramos ser cuidadosos en cómo empleamos declaraciones de Ellen White, W. C. White o de cualquier otro, a fin de determinar si las enseñanzas de Jones y Waggoner eran contrarias a los Testimonios. De no ser así, podemos construir un fundamento falso sobre el que juzgar a los dos mensajeros y al mensaje que el Señor les dio, cayendo inconscientemente en la misma categoría en que militaban los hermanos que se opusieron a ellos en Mineápolis hace unos cien años. Habiendo dicho esto, concedemos que Jones y Waggoner no eran infalibles, como no lo es ningún otro ser humano, incluyendo, según su propia declaración, a Ellen White.[68] El Señor envió un preciosísimo mensaje mediante Jones y Waggoner, del que Ellen White -dijo- estaba deseosa de aprender.[69] Cuando Jones y Waggoner necesitaron corrección, el Señor, mediante Ellen White, fue siempre muy específico en la corrección. Ellen White no extendió jamás "cheques en blanco" a fin de que otros pudieran emplearlos como excusa para condenar todo lo que no están dispuestos a creer de las enseñanzas de Jones y Waggoner.
Revisando Mineápolis
El domingo 4 de noviembre de 1888 marcó el final del congreso de la Asociación General de Mineápolis. El sábado anterior Ellen White había dado su último discurso. Jones, Waggoner y Ellen White se ponían de camino a Battle Creek, mientras que el resto de delegados se dirigía a sus campos respectivos. ¿Cuál fue el desarrollo y resultado del congreso de Mineápolis? ¿Qué efecto persistente tendría en la Iglesia Adventista del Séptimo Día? Los delegados se llevaron impresiones muy diferentes. Algunos sintieron que habían sido unas de las asambleas más provechosas a las que jamás asistieran, mientras que otros sentían que era el congreso más desafortunado. Algunos que abandonaron el congreso antes de que terminara, esparcieron informes muy sesgados y desalentadores en Battle Creek y en otros lugares por todo el país.
El día en que terminó la asamblea, Ellen White repasó la experiencia con esperanzada expectación, diciendo: "Creemos que este encuentro redundará en un gran bien. No conocemos el futuro, pero creemos que Jesús está al timón y no vamos a naufragar". Añadió, no obstante: "Hemos tenido el tira y afloja más duro e incomprensible que jamás conocimos en nuestro pueblo".[70]
A medida que Ellen White continuaba reflexionando en su experiencia en Mineápolis en los días que siguieron, su preocupación aumentó al continuar viendo el mismo espíritu manifestado por los hermanos. Cuando Dios le mostró la gravedad de lo que había tenido lugar en el congreso, se sintió angustiada ante las perspectivas. Mineápolis había sido la "experiencia más triste" de su vida. Las actitudes y la ceguera espiritual que manifestaron los hermanos habían chasqueado al Salvador "como cuando Cristo estuvo en forma humana en el mundo".[71] No es sólo que el trato que ella recibió en Mineápolis le produjo desánimo, sino que fue "una deshonra para Dios y una afrenta a su Espíritu".[72] El cielo valoró su conducta como abierta "rebelión", y como un "insulto al Espíritu de Dios".
Jones y Waggoner también habían sido maltratados, tanto en público como en privado. Los hombres habían estado buscando faltas en los "mensajeros y en el mensaje" y habían "afligido al Espíritu de Dios". Ese trato quedó "registrado … en los libros del cielo, como habiendo sido infligido a Jesucristo en la persona de sus santos".[73]
En su primera charla registrada en Mineápolis, Ellen White había dicho a los delegados que podían esperar el derramamiento del Espíritu Santo: "El bautismo del Espíritu Santo vendrá sobre nosotros en este mismo encuentro, si queremos que así sea".[74] Pero tal como en los días de los judíos, debido a su cuestionamiento y dudas, "apagaron el Espíritu de Dios",[75] así sucedió también en Mineápolis, "incluso el derramamiento del Espíritu de Dios [fue] tratado con desprecio".[76] El curso de acción que allí se siguió, fue de "crueldad hacia el Espíritu de Dios".[77] "Todos los reunidos en aquel encuentro tuvieron una oportunidad de colocarse del lado de la verdad recibiendo el Espíritu Santo que Dios envió en una efusión tan abundante de amor y misericordia. … [Pero] se atribuyeron al fanatismo las manifestaciones del Espíritu Santo".[78] En la que pudo ser una de sus declaraciones más inquietantes respecto a 1888, Ellen White citó Zacarías 13:6, aplicándolo a lo que tuvo lugar en Mineápolis: "Cristo fue herido en casa de sus amigos".[79]
Lo que siguió a la asamblea de 1888 tendría un alcance tan vasto como la propia eternidad. Pero de igual forma en que Jesús no quiso revelar "prematuramente a los judíos el resultado de su prejuicio e incredulidad", tampoco quiso revelar entonces los resultados de lo que sucedió en Mineápolis. Lo iría haciendo con el paso del tiempo.[80] La historia de aquel encuentro "pasó a la eternidad con la carga de su registro", y "cuando se siente el tribunal de juicio y se abran los libros, aparecerá el registro de una historia que a muchos de los que estuvieron en la asamblea no les resultará agradable".[81]
¿Fue realmente tan grave la rebelión en Mineápolis? ¿Fue rechazado el Espíritu Santo en su poder como lluvia tardía? ¿Fueron más que unos pocos, quienes rechazaron el mensaje que se presentó? ¿No hubo grandes reavivamientos tras la asamblea de Mineápolis? Revisaremos esas cuestiones en los capítulos que siguen.
Notas: