El Retorno de la Lluvia Tardía

Capítulo 6

Tres respuestas

Aceptar, asentir, rechazar ¿Cuáles fueron las consecuencias?

Uno de los mayores puntos de controversia que rodea todavía el congreso de la Asociación General de 1888 es si el mensaje que envió el Señor hace más de 120 años fue aceptado por los que estaban reunidos en Mineápolis, y si, como resultado, lo presentaron al mundo. N. F. Pease escribió: "Si uno estudia los registros de aquellos años en busca de evidencia de la aceptación, la puede encontrar. Por otra parte, quien busque evidencia del rechazo, también encontrará lo que busca".[1] Por lo tanto, ¿qué hacer con esa evidencia aparentemente contradictoria? ¿Fue Mineápolis una gran victoria? ¿O se retiró el Espíritu Santo y se retardó el retorno de Cristo? ¿Se nos aplica hoy todavía el mensaje a Laodicea, y tiene implicaciones relativas a 1888? ¿Tuvo la iglesia una oportunidad justa de considerar el mensaje libre de oposición? ¿O bien fue resistida aquella luz por parte los hermanos dirigentes, y mantenida en gran medida lejos de nuestro pueblo, y por lo tanto, "en gran medida ha sido mantenida lejos del mundo"?[2] Aunque esas preguntas serán objeto de especial atención en el resto de este libro, en este capítulo les prestaremos una primera consideración.

Desde la experiencia de 1888 ha habido entre nosotros una tendencia como pueblo a sentirnos satisfechos por haber aceptado y experimentado el mensaje de la justicia por la fe. Sin embargo, desde la década de 1920, cuando esa idea de la aceptación comenzó a ser cuestionada por algunos de los hermanos en el liderazgo, ha habido un esfuerzo más determinado por defender la tesis de la aceptación mediante los escritos de varios líderes e historiadores denominacionales. Así, se representa Mineápolis como una "gloriosa victoria", como "el comienzo de un gran despertar espiritual" entre los adventistas, supuestamente causado por "el efecto tardío del gran reavivamiento de Mineápolis".[3] Se lo ve como el "mayor evento de la década de los ochenta", momento en el que "la iglesia se puso en pie mediante el reavivamiento del mensaje de la justificación por la fe".[4] Se nos ha pedido que creamos que "los obreros adventistas de base y el laicado aceptaron las presentaciones en Mineápolis y fueron bendecidos".[5]

Como vimos con anterioridad, gran parte de la culpa por la oposición a Jones y Waggoner se ha hecho recaer en las supuestas "personalidades" problemáticas de ellos mismos.[6] Se nos ha dicho que fueron sólo "ciertos hombres en el liderazgo [quienes] resistieron la enseñanza" de la justicia por la fe.[7] "La disensión consistió en gran parte en un conflicto de personalidades que no fue causado por diferencias irreconciliables en la doctrina, sino por el egoísmo, el orgullo y la dureza de corazón".[8] Y se afirma: "Percibimos que fueron los rencores suscitados por las personalidades, mucho más que las diferencias en las creencias, lo que causó la dificultad". "De una parte se consideraba a Waggoner como un advenedizo engreído, y a Jones como a un bárbaro". Se pretende que Jones y Waggoner fueron "los progresivos, que clamaron 'Cristo lo es todo' … dieron evidencia de que no estaban totalmente santificados". "Fracasaron en mostrar el amor y la humildad que imparte la justicia por la fe". No sólo eso: "La enseñanza extremada de Jones y Waggoner es observable todavía" hoy. Se dice de Jones que "era agresivo, y a veces estrepitoso, y proveía justa causa al resentimiento".[9] Era un hombre "anguloso, de paso renqueante y posturas y gestos toscos". El asunto no acaba ahí: Jones era "abrupto por naturaleza", y "cultivaba un habla peculiar".[10] Waggoner, por su parte, "gustaba de la contienda" y junto a Jones, "presentaba una verdad que impedía al Espíritu Santo traer a las reuniones su presencia que produce convicción y conversión".[11]

Como iglesia hemos educado a nuestros jóvenes para que crean que "Ellen White no tomó posición por ninguna de las partes" en conflicto. Sus "sermones habían apoyado las posiciones de Jones y Waggoner sobre la justicia por la fe, pero no tomó partido con ellos. … Si bien el congreso de Mineápolis aparentaba ser deprimente y alarmante, resultó ser una gran victoria para la iglesia. … Una nueva experiencia alcanzó a los dirigentes, y la iglesia hizo rápidos progresos en todas las ramas de la obra, cerca y lejos, al tomar conciencia del énfasis que se debe dar a la justicia por la fe".[12] Se afirma, en resumen: "Los trece años entre Mineápolis (1888) y el congreso de la Asociación General de 1901 fueron … un período sobre el que la Providencia pudo pronunciar la palabra victoria".[13]

En respuesta a más agitación relativa a 1888 en la década de 1950, ha habido por parte de algunos una tendencia aún mayor a proclamar que "la denominación en su conjunto, y en particular su liderazgo, no rechazó el mensaje y provisiones de la justicia por la fe, en y posteriormente a 1888". Ciertos autores nos han dicho que "los 'algunos' que rechazaron resultan ser menos de veinte, de entre más de noventa [delegados]: menos de una cuarta parte … la mayor parte de aquellos veinte hicieron confesión, por lo que dejaron de ser 'rechazadores' para venir a ser aceptadores".[14] Si bien hay disposición a admitir que algunos lucharon inicialmente contra el mensaje, se pregunta: "¿Significa eso que la iglesia en su conjunto, o incluso su liderazgo, rechazó el mensaje de 1888? -En absoluto. Algunos lo rechazaron: una minoría".[15] Se nos dice, al fin y al cabo: "Los registros contemporáneos no sugieren un rechazo denominacional".[16] "'Algunos', no todos, 'despreciaron la luz'. … Es falso afirmar categóricamente que 'la iglesia adventista del séptimo día rechazó el mensaje de 1888'".[17]

"La denominación", se nos asegura, "recibió el mensaje del fuerte pregón en 1888". Waggoner, Jones y Ellen White mantenían una "opinión unánime sobre el hecho de que la iglesia había aceptado el mensaje de 1888 de la justicia por la fe", al menos "a nivel intelectual". Jones y Waggoner, se afirma, "fueron cualquier cosa, menos rechazados por parte de la administración subsiguiente a 1888. … No existe tal cosa como un rechazo corporativo o denominacional, lo que convierte la teoría [del rechazo] en la mayor falacia".[18] Además, se hace la aseveración: "Finalmente, la mayoría de los que se habían opuesto al mensaje cambiaron su actitud y lo aceptaron. … Es importante comprender lo que sucedió en Mineápolis, porque algunos pretenden hoy que la iglesia rechazó el mensaje de Mineápolis y llaman al arrepentimiento corporativo. … Mineápolis (1888) fue un punto de inflexión en la historia de la iglesia adventista del séptimo día. Mediante Waggoner y Jones, apoyados por Ellen White, la iglesia fue salvada de una comprensión incompleta del evangelio".[19]

Habiendo pasado más de 120 años desde el congreso de Mineápolis, debemos preguntarnos si el mensaje que el Señor envió fue plenamente aceptado en 1888; y de ser así, ¿por parte de quién? ¿Qué tuvieron que decir sobre el tema los propios participantes en aquel gran evento? ¿Es aceptar el mensaje "a nivel intelectual" una aceptación genuina? Y quizá más importante: si realmente se aceptó aquel mensaje, al margen de los números en cada bando, ¿por qué estamos aún aquí esperando que regrese el Señor?

Tres respuestas al mensaje

La declaración a la que recurren quizá con mayor frecuencia los que intentan demostrar la tesis de la aceptación, es la que hizo A. T. Jones en la asamblea de la asociación General de 1893: "Hacia 1893 Jones afirmó que 'algunos lo aceptaron; otros lo rechazaron totalmente', mientras que 'otros procuraron mantenerse a medio camino' (1893 GCB 185)".[20] Esa cita parcial, tomada de una de las predicaciones de Jones, ha sido empleada para definir tres respuestas al mensaje de 1888. Mientras que por una parte se ha sugerido que "no es posible establecer … el número relativo en cada uno de los grupos", por la otra se han expresado opiniones muy decididas en cuanto a su proporción. Se ha publicado ampliamente la idea de que "menos de una cuarta parte" rechazó realmente el mensaje de forma rotunda, y aquellos que así lo hicieron, se arrepintieron en su mayor parte en unos pocos años. Con ello se trasmite la idea de que sólo un pequeño porcentaje -de entre el 10 y el 15%- rechazó inicialmente el mensaje, y que de entre quienes lo componían, la mayoría se arrepintió y pasó a apoyarlo.[21]

Se ha dicho también que el resto de hermanos que no rechazaron el mensaje, o bien lo aceptaron de todo corazón, o bien estuvieron indecisos hasta decantarse finalmente por apoyarlo con fuerza. Según eso, concluyen que se deben clasificar ambos grupos como habiendo aceptado el mensaje: [Ellen White], su hijo, y Jones y Waggoner estuvieron todos ellos de acuerdo en que la iglesia aceptó en gran medida el mensaje, al menos a nivel intelectual".[22]

Otras declaraciones a las que se suele recurrir al intentar ponderar la respuesta global al mensaje, son las de Ellen White. Ella utiliza la palabra "algunos" para identificar a quienes se opusieron al mensaje. La conclusión expresada es la misma: que los "algunos" que rechazaron o se opusieron al mensaje representaban únicamente una pequeña proporción. Pero, ¿clarificó Ellen White sus declaraciones, y dio algún otro de los participantes una indicación acerca de la composición de cada uno de esos grupos? ¿Podemos saber hoy de forma fehaciente si es que alguna vez se aceptó plenamente el mensaje?

En primer lugar debemos recordar que fue primariamente el liderazgo de la iglesia el que se reunió en Mineápolis, si bien su respuesta se replicaría de forma significativa en toda la denominación. Ese punto resulta fundamentado por el testimonio de G. I. Butler, quien dos años previamente al congreso de la Asociación General de 1888 dijo a Ellen White que los puntos de vista que Jones y Waggoner estaban presentando eran "posiciones que no creían dos tercios o tres cuartas partes de la denominación". En una carta extensa escrita justo antes de la asamblea de 1888, Butler explica por qué era así: la posición "sostenida por la mayoría de nuestros pastores" era contraria a la posición de Jones y Waggoner.[23]

Parece razonable que esos pastores que se adherían a la posición de Butler fueran los que se opusieron al mensaje de Jones y Waggoner. J. S. Washburn, que estuvo presente en Mineápolis, apoyó esa conclusión, afirmando que "tres cuartas partes de los obreros se pusieron en contra de la nueva luz".[24]

A. G. Daniells confirmó que el mensaje fue rechazado por la mayoría: "El mensaje nunca ha sido recibido, proclamado, ni se le ha dado libre curso como debiera haber sido. … La división y el conflicto que se suscitó entre los líderes debido a la oposición al mensaje de la justicia de Cristo produjo una reacción muy desfavorable. El pueblo llano resultó confundido y no sabía qué hacer".[25] R. T. Nash, quien asistió también a las reuniones de Mineápolis, sostuvo la misma idea: "Muchos de los que asistieron a las reuniones en aquel congreso saben lo que sucedió en la conferencia de aquel encuentro. Cuando se elevó a Cristo como única esperanza de la iglesia y de todos los hombres, el predicador se encontró con una oposición unida de parte de casi todos los pastores veteranos. Intentaron poner fin a esa enseñanza de los pastores Waggoner y Jones".[26]

C. McReynolds recordaba que "el espíritu de debate y controversia escaló muy alto y … la conferencia terminó con una sombra oscura sobre muchas mentes. … Lo lamento por cualquiera que estuviera en el congreso de Mineápolis de 1888 y no reconozca que hubo oposición y rechazo al mensaje que el Señor envió a su pueblo en aquel tiempo".[27] Taylor G. Bunch expresó lo mismo: "Según algunos de los asistentes al congreso de Mineápolis dos buenos tercios de los presentes, o bien se opusieron al mensaje de la justicia por la fe, o lo temieron".[28] El propio A. T. Jones definió la proporción de quienes rechazaron inicialmente el mensaje en Mineápolis: "No puedo ahora nombrar a ninguno que aceptara allí definida y abiertamente la verdad de la justicia por la fe".[29]

Si bien es cierto que en diversas ocasiones Ellen White empleó la palabra "algunos" para describir al grupo de líderes que rechazaron activamente el mensaje, también ella clarifica el significado. Por ejemplo, en 1890 escribió que "algunos que debieran haberse alineado en la clara luz de este tema [justificación por la fe] estaban obrando del lado del enemigo en la cuestión". En el párrafo siguiente clarifica la declaración anterior, señalando que la posición de Jones y Waggoner "se percibe como errónea por parte de muchos hombres, y claman: 'Peligro, fanatismo', siendo que no hay herejía ni fanatismo".[30]

Escribiendo acerca de las condiciones de la iglesia inmediatamente antes del congreso de la Asociación General de 1888, Ellen White aclaró que "muchos manifestaron una resistencia firme y tenaz contra cualquier cosa que interfiriera con sus propias ideas personales, su propio curso de acción. … No eran muchos los que estaban en una posición ante Dios en la que fueran capaces de discernir las necesidades de sus propias almas".[31]

Durante la misma asamblea expresó ya su preocupación porque "el espíritu e influencia de los pastores que en general han venido a este encuentro, es descartar la luz".[32] Se dio cuenta de que había "muchos pastores que nunca habían estado convertidos".[33] Dijo llanamente a los delegados: "Por la luz que Dios me ha dado, puedo decir que ni la mitad de quienes profesan creer en la verdad presente tienen una comprensión cabal del mensaje del tercer ángel".[34]

Las declaraciones de Ellen White no estaban basadas en su propia evaluación personal de la asamblea. El mensajero celestial le había dicho: "'Hay sólo unos pocos, de entre quienes pretenden creerlo, que comprenden el mensaje del tercer ángel'". En consecuencia, podía decir a los reunidos en aquel encuentro: "¡Cuán pocos toman el mensaje como lo que verdaderamente es, y lo presentan al pueblo en su poder! Para muchos tiene poca fuerza". Había rogado a los dirigentes jóvenes que no se comprometieran mediante un voto en aquella conferencia "en la que la oposición, más bien que la investigación, [estaba] a la orden del día".[35] Ellen White podía ver que la "envidia, malas sospechas, los celos, habían estado obrando como la levadura, hasta que toda la masa parecía haber sido leudada".[36] Expresó pensamientos similares inmediatamente después de la asamblea: "¡Qué páginas para la historia estaba escribiendo el ángel registrador! La levadura había ciertamente hecho su gran trabajo, y casi leudó la masa".[37]

Refiriéndose a cómo fue rechazado su testimonio en Mineápolis, Ellen White volvió a identificar una mayoría: "Les dije llanamente que casi todos despreciaron la posición y obra que Dios me dio en la conferencia. La rebelión fue popular". Un mensajero celestial le había dicho que tendría que "estar casi sola".[38] Cuando posteriormente dio su testimonio en Battle Creek, la respuesta fue similar: "No hubo ni uno de mis hermanos que tuviera el valor moral de ponerse de mi lado y desdecirse o confesar que había seguido un curso de acción erróneo, y que había juzgado mal a sus hermanos y a mí".[39] Los dirigentes que estaban haciendo una obra para "trastornar la fe del pueblo de Dios" no fueron unos pocos; fueron "los pastores Butler, Farnsworth, Smith y muchos otros".[40] Así, como resultado de la oposición, Ellen White pudo afirmar con rotundidad: "Ni uno entre cien comprende por sí mismo la verdad bíblica sobre este tema [la salvación] que es tan necesaria para nuestro bien presente y eterno".[41]

Asentimiento mental equivale a rechazo

Como se ha mencionado ya, se ha sacado buen rédito de la declaración de Jones relativa a las tres respuestas diferentes al mensaje de 1888. A User-Friendly Guide to the 1888 Message sugiere que en la búsqueda de respuesta a la cuestión de si el mensaje fue aceptado, "debiéramos permitir que los proponentes del mensaje den su propia opinión".[42] Es un sabio consejo. Más bien que decidir por nosotros mismos que los que "intentaron mantenerse a medio camino", aceptando el mensaje sólo "a nivel intelectual", fueron de hecho "aceptadores del mensaje", debiéramos dejar que sean los proponentes del mensaje quienes den su propia opinión. El hecho es que Jones clarificó su frecuentemente mal empleada declaración, en lo que respecta a cuál de los bandos pertenecen los que aceptaron de forma sólo "intelectual":

Sé que algunos lo aceptaron allí; otros lo rechazaron totalmente. … Otros intentaron mantenerse a medio camino y recibirlo de esa manera; pero esa no era la forma de recibirlo, hermanos, no es así como se lo recibe. Creyeron tomar una posición moderada … estarían dispuestos a ponerse del lado hacia el que se decantase finalmente la marea; estarían dispuestos a ir allí donde fuera el cuerpo. … hablarían favorablemente de él una vez que todo fuera favorable; pero en la fiereza de ese espíritu -ese espíritu que se describió allí como un espíritu de persecución-, cuando tal espíritu se levantara en su fiereza e hiciera guerra contra el mensaje de la justicia por la fe, en lugar de mantenerse noblemente en el temor de Dios, declarando ante el ataque de que era objeto: 'Es la verdad de Dios y la creo de corazón', comenzaron a ceder y en tono de disculpa se excusaron ante quienes lo estaban predicando.[43]

Cuando se lo presentó hace cuatro años, y siempre a partir de entonces, algunos lo aceptaron tal como fue dado, y se gozaron por las nuevas de que Dios tenía una justicia que pasaría el juicio. … Otros no querrían tener nada que ver con él, sino que lo rechazarían completamente. Otros parecieron adoptar una postura intermedia. No lo aceptaron totalmente, ni lo rechazaron tampoco abiertamente. Decidieron … ir con la multitud, si es que la multitud iba por ese camino. Y esa es la forma en la que esperaban recibir la justicia de Cristo y el mensaje de la justicia de Dios. Otros descontaban del mensaje el cincuenta por ciento deliberadamente, y consideraban que eso era la justicia de Dios. Y de esa forma, entre la entrega y aceptación abierta y voluntaria, hasta el rechazo positivo y deliberado, en medio de ambos ha habido desde entonces los que han aceptado compromisos; y quienes han adoptado esa posición de compromiso no están esta noche mejor preparados para discernir el mensaje de la justicia de Cristo, de lo que estuvieron hace cuatro años.[44]

No hay duda de que Jones vio a quienes intentaron "mantenerse a medio camino" como habiendo cedido a un compromiso, que a la postre no hacía diferencia alguna en relación con los que habían rechazado abiertamente el mensaje de la justificación por la fe. El propio Waggoner habló acerca de la pretensión de que todos creían en la justificación por la fe, afirmando varios años después: "Decimos que creemos en la justificación por la fe. Por supuesto, creemos. Todos creemos eso, pero ¿creemos realmente? Lo tenemos por escrito, y protestaríamos ante cualquier insinuación de que no lo creemos. … [pero] ¿de qué me sirve decir que creo en el Señor Jesucristo, cuando estoy actuando de forma exactamente contraria a como él indica? … ¿De qué sirve que diga que creo en la justificación por la fe, cuando no estoy permitiendo que la justicia y sus frutos se manifiesten en mi vida? Aquí está el problema con una gran parte de nuestra concepción sobre la justificación por la fe".[45]

Ellen White fue todavía más enfática en que había muy poca diferencia entre quienes rechazaron la luz abiertamente y los que meramente asintieron. Había advertido a los delegados en Mineápolis, de que "un mero asentimiento a … esta verdad no nos salvará. … Estamos perdiendo una gran medida de la bendición que podríamos tener en este encuentro debido a que no damos pasos al frente en la vida cristiana".[46] Dijo asimismo que, como resultado, "algunos se volverán atrás de la luz, y otros irán a un estancamiento en el crecimiento espiritual".[47] Les dijo llanamente: "Si no estáis avanzando, estáis retrocediendo".[48]

Muchos de los delegados admitieron que lo que estaban presentando Waggoner y Jones era "luz y verdad", sin embargo, ellos nunca antes lo habían presentado de esa manera.[49] Eso llevó a Ellen White a la conclusión que sigue: "Hay un mayor número de quienes profesan creer la verdad para este tiempo, que están representados [en la Biblia] como quienes oyen las palabras de Cristo pero no las hacen, que el de los que oyen y hacen diligentemente sus palabras".[50] La "fe de Jesús" ha sido "pasada por alto y se la ha tratado con indiferencia y descuido. … Pero muy pocos han respondido, excepto por un asentimiento a los testimonios dados al propósito".[51]

Un mero asentimiento mental al mensaje que presentaron Jones y Waggoner tuvo también por resultado que se trataran con un desprecio casi total los Testimonios de Ellen White: "Los mensajes que traigo no encuentran respuesta en muchos corazones. En algunos corazones despiertan una resistencia determinada, como … la … de los judíos".[52] Sin embargo, declaró:

Me habría hecho menos daño la oposición decidida. Una falta de fe como esa en los mensajes que Dios me ha encomendado llevar, significa incredulidad para todo intento y propósito … y muchos prestan un mero asentimiento a la verdad, no siendo santificados por ella. No representan a Cristo. … Este engaño toma posesión del corazón y la mente de una forma tan efectiva, que los afilados dardos del Señor no atraviesan la coraza de justicia propia con la que están revestidos. … Esta es la clase a la que más costó al Salvador levantar. … Tal sucede con muchos en esta generación.[53]

Debiera quedar claro que un asentimiento mental a la verdad es poco mejor, o quizá aún peor, que la rebelión abierta. Hay abundante evidencia al respecto.[54] Si clasificamos a quienes asintieron al mensaje que presentaron Jones y Waggoner como habiéndolo aceptado, ¿no estamos acaso falseando lo que realmente sucedió en la historia de nuestra iglesia? De acuerdo con Ellen White, los que asintieron a la verdad estuvieron en el mismo bando que los que se rebelaron abiertamente. Por lo tanto, cuando permitimos que Ellen White hable por ella misma, queda claro que la mayoría de los que estaban en los puestos de dirección rechazó el mensaje de 1888 en Mineápolis.[55] ¿Cuánto cambiaría eso en los días que seguirían?

Aquella misma mañana el Señor reveló a Ellen White lo que estaba realmente teniendo lugar en Mineápolis. Le encomendó asimismo que no se fuera, sino que se mantuviera en su puesto. Fiel a ese encargo, más tarde aquella misma mañana dijo a los hermanos en el liderazgo: "Si los pastores no quieren recibir la luz, quiero dar al pueblo una oportunidad; quizá ellos quieran recibirla".[56] Los aguaceros del cielo no se iban a retirar sin haber dado antes una oportunidad al pueblo para que recibiera el mensaje enviado del cielo. Había llegado el tiempo para que el mensaje llegara al pueblo. ¿Cuál sería el resultado? Lo veremos en los siguientes capítulos.

Sede del congreso de la asociación general de mineápolis en 1888.

Notas:

  1. N. F. Pease, The Faith That Saves, p. 43.
  2. Ellen G. White a Uriah Smith, Carta 96, 6 junio 1896; 1888 Materials, p. 1575.
  3. L. H. Christian, The Fruitage of Spiritual Gifts, pp. 219, 237, 245.
  4. A. W. Spalding, Captains of the Host, pp. 583, 602.
  5. "A Further Appraisal of the Manuscript '1888 Re-examined'" (Takoma Park, Washington, D.C.: General Conference 1958) p. 11.
  6. No obstante, la conclusión de que la oposición se debió en gran parte a las personalidades de Jones y Waggoner se ha construido sobre declaraciones hechas por autores que no estuvieron presentes en la conferencia de 1888, y que se han citado uno al otro a fin de sustentarla. Una vez que determinado autor lanza una declaración, otro la cita y así sucesivamente, hasta crearse una especie de círculo de autoridad. Por ejemplo, en 1945, N. F. Pease cita del manuscrito no publicado de A. T. Robinson de 1931 --"Did the Seventh-day Adventist Denomination Reject the Doctrine of Righteousness by Faith?" (Manuscripts and Memories, pp. 336-337; ver también Nota 43 del Capítulo 3)-en relación con la controversia de Mineápolis. Pease afirma entonces que "esa situación desafortunada fomentó un espíritu de prejuicio contra los hombres, que en muchas mentes oscureció los asuntos que estaban realmente implicados" ("Justification and Righteousness by Faith in the Seventh-day Adventist Church Before 1900", p. 52). En 1949, A. W. Spalding, en su libro (Captains of the Host, pp. 690-691, 602), no sólo citó a A. T. Robinson, sino que afirmó estar en deuda con la tesis doctoral de 1945 de N. F. Pease "por sus referencias a diversas autoridades, así como por su inspiración general". Spalding tenía mucho que decir a propósito de las personalidades de Jones y Waggoner: "Realmente el conflicto giraba en torno a personalidades, tanto como a la predicación. Jones, y especialmente Waggoner, eran hombres jóvenes. … Jones era agresivo, y en ocasiones estrepitoso, proveía causa justa para el resentimiento … Muchos otros vacilaban divididos entre las posiciones mantenidas previamente y sus reparos personales hacia los mensajeros. … Los conservadores … etiquetaban a los nuevos maestros [Jones y Waggoner] como radicales, subversivos, indisciplinados" (Ibid., pp. 592, 593). Posteriormente, en 1962, Pease publicó su tesis y citó profusamente a Spalding al caracterizar las personalidades de Jones y Waggoner: "En 1949 Arthur Spalding publicó un volumen sobre historia denominacional. … En referencia a Jones y Waggoner dice: '… Jones era un hombre imponente, anguloso, de paso renqueante y posturas y gestos toscos. … No sólo era abrupto por naturaleza, sino que cultivaba un habla peculiar'" (By Faith Alone, pp. 208, 209). En 1966, A. V. Olson cita a Spalding en una Nota que provee descripciones adicionales de las personalidades de Jones y Waggoner: "'El conflicto', escribió Arthur W. Spalding, '… giraba en torno a las personalidades, tanto como a la predicación. Jones, y … Waggoner … eran objeto del resentimiento de no pocos hombres veteranos. … Jones era agresivo, y en ocasiones estrepitoso, proveía causa justa para el resentimiento por sus presentaciones enérgicas'". (From Crisis to Victory, p. 44). El libro de Olson incluye un "Apéndice B" en el que A. L. White, comentando las personalidades de Jones y Waggoner, cita el mismo párrafo empleado por Pease y Olson, que se encuentra originalmente en Spalding: "Jones era un hombre imponente, anguloso, … abrupto por naturaleza …'" (Ibid. 303). En su segundo libro, publicado en 1969, Pease vuelve a referirse al libro de Olson a propósito de la asamblea de 1888 en general, y particularmente en referencia al resultado de la asamblea, según interpretación de Olson (The Faith That Saves, pp. 34-41). En 1971, L. E. Froom cita la tesis de Pease, así como su libro publicado después, By Faith Alone, como fuente autorizada (The Movement of Destiny, pp. 608-610, 760). Froom también cita y copia fragmentos de Spalding (Ibid. 239, 260, 605), y se refiere a Olson, dando fe de su "representación fiable y exacta de ese período particular" (Ibid. 76, 610-612). En su biografía de Waggoner, David McMahon se refiere a Pease, Spalding, Olson y Froom en varias ocasiones para sustentar sus puntos de vista (The Myth and the Man 7, 9, 12, 13, 23, 26, 76, 86). En su biografía de Jones, George Knight cita a Spalding a propósito de la personalidad de Jones (From 1888 to Apostasy, p. 16). En el segundo capítulo de su libro, Roy Adams menosprecia a Jones, Waggoner y a su supuesto mensaje, citando en no menos de doce ocasiones From 1888 to Apostasy, de George Knight como principal prueba. Adams no cita ni una sola vez a Ellen White en su capítulo, excepto repitiendo fragmentos escritos por Knight (The Nature of Christ, pp. 29-36). Si todo lo anterior parece confuso, ¡es porque realmente lo es! Ese tipo de investigación "circular" a propósito de las personalidades de Jones y Waggoner deja realmente mucho que desear. ¿Se convierte una declaración en autorizada y exacta, debido a que un autor la escribe, y muchos otros la toman y la repiten? Y ¿dónde, en toda esta investigación, están las declaraciones de Ellen White sugiriendo que el rechazo al mensaje se deba atribuir a las personalidades de Jones y Waggoner?
  7. "A Further Appraisal of the Manuscript '1888 Re-examined'", p. 11.
  8. General Conference of Seventh-day Adventists, The Story of Our Church, p. 247.
  9. A. W. Spalding, Captains of the Host, pp. 599, 593, 601, 592.
  10. N. F. Pease, By Faith Alone, pp. 208, 209.
  11. Norman R. Gulley, "The 1888 'MOVEMENT' Understood Within its Historical Context", pp. 1, 2.
  12. General Conference of Seventh-day Adventists, The Story of Our Church, pp. 246, 247.
  13. A. V. Olson, Through Crisis to Victory 1888-1901, p. 7.
  14. LeRoy E. Froom, Movement of Destiny, pp. 370, 369.
  15. Marjorie Lewis Lloyd, Too Slow Getting Off (Washington, D.C.: Review and Herald, 1973) p. 19.
  16. A. L. White, The Lonely Years, p. 396.
  17. Steve Wohlberg, The 1888 Message for the Year 2000, pp. 22, 108.
  18. George R. Knight, A User-Friendly Guide to the 1888 Message, pp. 115, 147, 182, 148, 150 (cursivas en original). Al ser acusados por hablar de "rechazo denominacional", Robert Wieland y Donald Short respondieron afirmando: "Nunca hemos declarado que 'la denominación' rechazara el comienzo de la lluvia tardía. Simplemente hemos citado la evidencia de Ellen White a propósito de que el liderazgo la rechazó, y la mantuvo 'en gran medida' apartada de la iglesia en su conjunto, de forma que 'la denominación' no tuvo nunca una oportunidad justa para aceptarla (cf. 1 SM 234, 235) {Mensajes selectos, vol. 1, p. 276}" (1888 Re-examined, p. 173) {1888 Rexaminado, en http://libros1888.com/Pdfs/1888-RE.pdf}.
  19. Gerhard Pfandl, "Minneapolis, 1888: An Adventist Watershed", Adventist World- NAD, junio 2010, p. 39.
  20. George R. Knight, A User-Friendly Guide to the 1888 Message, p. 145.
  21. LeRoy E. Froom, Movement of Destiny, p. 369.
  22. Ibid.; Para declaraciones similares publicadas, ver: George R. Knight, A User-Friendly Guide to the 1888 Message, p. 182; A. V. Olson, Through Crisis to Victory, p. 38; A. L. White, The Lonely Years, p. 396.
  23. G. I. Butler a Ellen G. White, 23 agosto 1886, y 1 octubre 1888; en Manuscripts and Memories, pp. 21, 98, original sin cursivas.
  24. "Interview with J. S. Washburn, at Hagerstown, Md., 4 junio 1950", p. 2.
  25. A. G. Daniells, Christ Our Righteousness, pp. 47, 50-51, original sin cursivas.
  26. R. T. Nash, An Eyewitness Report, p. 4, original sin cursivas. Ver también: Manuscripts and Memories, p. 352.
  27. C. McReynolds, "Experience While at the General Conference in Minneapolis, Minn. in 1888", Document File 189; en Manuscripts and Memories, pp. 341, 342, original sin cursivas.
  28. Taylor G. Bunch, The Exodus and Advent Movements, p. 90, original sin cursivas.
  29. A. T. Jones a C. E. Holmes, 12 mayo 1921; en Manuscripts and Memories, p. 328, original sin cursivas.
  30. Ellen G. White a O. A. Olsen, Carta 116, 27 agosto 1890; en 1888 Materials, p. 703, original sin cursivas.
  31. Ellen G. White, Manuscrito 2, 7 septiembre 1888; en 1888 Materials, pp. 49, 50, original sin cursivas.
  32. Ellen G. White a G. I. Butler, Carta 21, 14 octubre 1888; en 1888 Materials, p. 86, original sin cursivas.
  33. Ellen G. White, "Morning Talk", 18 octubre 1888, Review and Herald, 8 octubre 1889; en 1888 Materials, p. 117, original sin cursivas.
  34. Ellen G. White, "Morning Talk", 19 octubre 1888, Signs of the Times, 11 noviembre 1889; en 1888 Materials, p. 120, original sin cursivas.
  35. Ellen G. White, Manuscrito 15, noviembre 1888; en 1888 Materials, pp. 165-166, 170, original sin cursivas. A propósito de nuestra verdadera condición, parece que la evaluación de un mensajero del cielo debiera tener más peso que la de cualquier otro ser humano.
  36. Ellen G. White a Mary White, Carta 82, 4 noviembre 1888; en 1888 Materials, p. 183, original sin cursivas.
  37. Ellen G. White, Manuscrito 24, diciembre 1888; en 1888 Materials, p. 225, original sin cursivas.
  38. Ellen G. White to Children, Carta 14, 12 mayo 1889; en 1888 Materials, pp. 315, 316, original sin cursivas.
  39. Ellen G. White a J. Fargo, Carta 50, 2 mayo 1889; en 1888 Materials, p. 297, original sin cursivas.
  40. Ellen G. White a O. A. Olsen, Carta 20, 7 octubre 1890; en 1888 Materials, p. 717, original sin cursivas.
  41. Ellen G. White, "Camp-Meeting at Rome, N. Y." Review and Herald, 3 septiembre 1889, original sin cursivas.
  42. George R. Knight, A User-Friendly Guide to the 1888 Message, p. 145.
  43. A. T. Jones, "Third Angel's Message No. 9", General Conference Daily Bulletin, 7 febrero 1893, p. 185; {http://libros1888.com/Pdfs/atj1893n09.pdf}.
  44. A. T. Jones, "Third Angel's Message No. 11", General Conference Daily Bulletin, 13 febrero 1893, pp. 243-244; {http://libros1888.com/Pdfs/atj1893n11.pdf}.
  45. E. J. Waggoner, "Organization Talks", The Daily Bulletin, 26 febrero 1899, p. 86.
  46. Ellen G. White, "Charla matinal", 18 octubre 1888, Review and Herald, 8 octubre 1889; en 1888 Materials, p. 117, original sin cursivas.
  47. Ellen G. White a G. I Butler, Carta 21, 14 octubre 1888; en 1888 Materials, p. 95, original sin cursivas.
  48. Ellen G. White, Manuscrito 8, 20 octubre 1888; en 1888 Materials, p. 124, original sin cursivas.
  49. Ellen G. White, Manuscrito 15, noviembre 1888; en 1888 Materials, p. 164, original sin cursivas.
  50. Ellen G. White, Manuscrito 21, noviembre 1888; en 1888 Materials, p. 181, original sin cursivas.
  51. Ellen G. White, Manuscrito 24, diciembre 1888; en 1888 Materials, p. 212, original sin cursivas.
  52. Ellen G. White, Manuscrito 22, "Diary Entries", enero/febrero 1890; en 1888 Materials, p. 579, original sin cursivas.
  53. Ellen G. White a Uriah Smith, Carta 40, 31 diciembre 1890; en 1888 Materials, pp. 795-796, original sin cursivas. Seguir el camino de los judíos es un error fatal. "En el tiempo de Cristo, el mayor engaño de la mente humana consistía en creer que un mero asentimiento a la verdad constituía la justicia. En toda experiencia humana, un conocimiento teórico de la verdad ha demostrado ser insuficiente para salvar un alma. … El que desee conocer la verdad debe estar dispuesto a aceptar todo lo que ella revele. … El vacilar y ser tibio en obedecer la verdad, es elegir las tinieblas del error y el engaño satánico" (Ellen G. White, Desire of Ages, pp. 309, 312-313) {El Deseado de todas las gentes, p. 275, 279}. Y la verdad debe ser puesta en práctica: "Pero la verdad no es verdad para quienes no la practican. La verdad es verdad solamente para vosotros, cuando la vivís cotidianamente, mostrando al mundo lo que han de ser los que son salvos finalmente" (Ellen G. White, General Conference Bulletin, 3 abril 1901, p. 24).
  54. Durante el verano de 1882, Ellen White escribió un Testimonio-exhortación mientras estaba en Healdsburg, California, pidiendo que se leyera en todos los encuentros campestres de aquella área. En su exhortación amonestaba a los miembros de iglesia a que tuvieran una conexión real con Cristo, no simplemente un asentimiento: "Hay gran diferencia entre una supuesta unión y una conexión real con Cristo por la fe. Una profesión de fe en la verdad pone a los hombres en la iglesia, pero esto no prueba que tienen una conexión vital con la vid viviente. Se nos da una regla por la cual se puede distinguir al verdadero discípulo de aquellos que aseveran seguir a Cristo, pero no tienen fe en él. Una clase da fruto, la otra no es fructífera" (Testimonies, vol. 5, pp. 228-229) {Testimonios para la iglesia, vol. V, p. 212; original sin cursivas, traducción revisada}. Sólo unos pocos meses antes del congreso de Mineápolis, Ellen White trazó la diferencia entre la profesión y la verdadera condición de uno: "La muerte espiritual ha sobrevenido al pueblo que debiera manifestar vida y celo, pureza y consagración, y la más ferviente devoción por la causa de la verdad. Los hechos que conciernen a la condición real del profeso pueblo de Dios hablan más alto que su profesión, y evidencian que algún poder ha roto el cable que lo anclaba a la Roca eterna, y que va a la deriva por el mar, sin mapa ni brújula. ¿Qué debe hacerse? El Testigo fiel señala el único remedio" ("How Do We Stand?" Review and Herald, 24 julio 1888, original sin cursivas).
  55. Aunque está muy claro que una mayoría rechazó el mensaje en Mineápolis, será bueno que recordemos que si bien una minoría de ángeles en el cielo (una tercera parte) se rebeló y siguió a Satanás, el universo está todavía lidiando con los resultados de aquella rebelión.
  56. Ellen G. White, Manuscrito 9, "Morning Talk", 24 octubre 1888; en 1888 Materials, p. 152, original sin cursivas.?