El Retorno de la Lluvia Tardía

Capítulo 7

Regreso a Battle Creek

La crisis de libertad religiosa en América y en la iglesia

Cuando el mensaje enviado del cielo se presentó al pueblo después del congreso de Mineápolis, siguieron muchos reavivamientos. No obstante, la continua oposición a Jones, Waggoner y Ellen White dificultó grandemente la obra, y finalmente fue retirado el abundante derramamiento del Espíritu Santo. J. H. Morrison y algunos otros delegados en el congreso, se ausentaron prematuramente y regresaron a Battle Creek llevando con ellos "informes considerablemente sesgados" de "carácter desalentador".[1] Informaron de que A. T. Jones "era un maniático, y que parecía que se les fuera a romper el corazón si los demás no coincidían con sus puntos de vista". Muchos creían en la "doctrina de la infalibilidad de los autores de Battle Creek". Uriah Smith, G. I. Butler y otros eran incapaces de imaginar siquiera la posibilidad de estar en el lado equivocado de la controversia.[2]

Al regresar a Battle Creek, Ellen White supo de los muchos informes que habían traído de Mineápolis con la intención de que el pueblo creyera que "'la hermana White debe haber cambiado'", y que "'había cambiado el carácter'" de su testimonio. Dirigiéndose a los reunidos en Battle Creek tuvo la oportunidad de "aclarar su posición, pero no se produjo ni una palabra en respuesta, de parte de los hombres que debieron haber estado con [ella]. … Ni uno se atrevió a decir: 'Estoy con usted, hermana White. Cuente con mi apoyo'". Aunque algunos le "estrecharon la mano" después de la reunión y se tranquilizaron al oír "la verdad del asunto", hubo "un buen número que se aferró a sus malas sospechas y se atuvo a las representaciones distorsionadas que se habían hecho. … Aparentemente prefirieron creer los informes falsos".[3] Cuando se ausentaba de Battle Creek, Ellen White solía hablar en el Tabernáculo el primer sábado tras su regreso. Se le invitó a que hiciera tal cosa, pero debido a que "eran tan fuertes las impresiones" de que había cambiado, dos ancianos de la iglesia, los hermanos Amadon y Sisley, le preguntaron el sábado de mañana sobre qué tema pensaba hablar. Ellen White comprendió bien la intención de aquel requerimiento y reprendió a los ancianos, pidiendo que también a A. T. Jones se le diera una oportunidad de predicar "el mensaje que Dios le había dado":

"Hermanos, dejad ese asunto con el Señor y con la hermana White, ya que ni él ni ella necesitan que los hermanos les dicten respecto a qué tema va a presentar ante ellos. En Battle Creek estoy en casa … y no pedimos permiso para tomar el púlpito en el Tabernáculo. Lo considero como un derecho que Dios me ha otorgado. Pero está el hermano Jones, que no puede sentir como yo lo hago, y que esperará una invitación de su parte. Debe cumplir su deber al respecto, despejándole el camino".

Los ancianos afirmaron que no se sentían libres de invitarle a hablar hasta haber consultado al hermano Smith, para saber si él lo aprobaba, ya que el pastor Smith era más anciano que ellos. Respondí: "Pues hacedlo de una vez, porque el tiempo es precioso y hay un mensaje que ha de venir a este pueblo; el Señor requiere de vosotros que despejéis el camino".[4]

Después de una semana sin invitación para que Jones hablara al pueblo, Ellen White mandó preguntar a los ancianos de la iglesia cuál era la razón de la demora. "Prescott, Amadon y Sicily [Sisley] dieron un testimonio unánime" de que el hermano Smith "'había decidido que no era lo mejor invitarlo [a Jones], debido a que tomaba posiciones radicales, y llevaba demasiado lejos el asunto de la reforma nacional'". Smith sentía que "Jones era exagerado en sus expresiones, que tomaba una posición extrema, y de ninguna manera pensaba que invitarlo a hablar fuera lo mejor". Al escuchar la respuesta de ellos, Ellen White "se sintió profundamente revuelta e indignada ante los esfuerzos persistentes por cerrar la puerta a todo rayo de luz del cielo". Dio "un testimonio muy explícito" que duró unos quince minutos, y "fue franca y enérgica como nunca antes". "Les dijo muy abiertamente lo que pensaba sobre un complot como ese":[5]

Respondí: Si el pastor Smith toma esa posición, con seguridad Dios lo apartará del camino, ya que Dios no le ha dado a él autoridad para decidir qué ha de venir al tabernáculo de nuestro propio pueblo, y qué no. Si mantiene esa posición, buscaremos un auditorio en la ciudad y el pueblo podrá oír las palabras que Dios ha dado al hermano Jones para que les hable.[6]

Les expliqué algo a propósito de cómo se habían desarrollado las cosas en Mineápolis, y les hice saber la posición que tomé, que el fariseísmo había estado a la obra, leudando el campo aquí en Battle Creek y afectando a las iglesias adventistas del séptimo día. …

Al pueblo que había sido bendecido con gran luz, preciosas oportunidades y privilegios, le sobrevino la debilidad y ceguera espirituales. Como reformadores, salieron de las iglesias denominacionales, pero ahora están actuando de forma similar a como lo hicieron las iglesias [en 1844]. Esperamos que no haya necesidad de una nueva salida.[7]

Por si no bastara con mantener a Jones apartado del Tabernáculo, "se tomaron medidas para echarlo del seminario por temor a que hubiera algo discordante con lo que se había venido enseñando". En abril de 1888 el comité de la Asociación General había sugerido el nombramiento de A. T. Jones para enseñar en el seminario de Battle Creek,[8] "y aunque había venido al Este con la expectación de enseñar en el seminario, parecía que no habría plaza para él". Cuando en la asamblea de Mineápolis no se aprobó la resolución para restringir lo que se podía enseñar en el seminario, el comité de administración del seminario, dirigido por Uriah Smith, se dio cuenta de que "no se había acordado ninguna acción formal a propósito de que A. T. [Jones] enseñara". En consecuencia, "votaron emplear a U. Smith y F. D. Starr para dar clases de Biblia" en lugar de él.

Sin embargo, al poco tiempo el comité de la Asociación General propuso que F. D. Starr fuera a Indiana, dado que allí "había mucha necesidad de un hombre", y una vez más aconsejó al seminario que "se entrevistara con Jones", dado que había venido al Este aconsejado por ellos. Un comité especial formado por tres: G. I. Butler, Uriah Smith y W. W. Prescott (presidente del seminario de Battle Creek), tuvo una "larga conferencia con el pastor Jones", y ¡vaya conferencia fue aquella! El comité insistió en que les asegurara "de forma positiva que, en caso de ser empleado para participar en las clases, no enseñaría a sabiendas ninguna opinión contraria a la que el comité quisiera que se enseñara".[9] Aquello que no lograron que se votara en Mineápolis, se lo imponían ahora directamente a Jones.

Ellen White se indignó ante tales acciones. Poco tiempo después preguntó si todos aquellos intentos de mantener a Jones fuera del seminario y del Tabernáculo eran inspirados por el Espíritu de Dios. Ella misma respondió: "Ciertamente el espíritu que os inspiraba no provenía de Dios, sino de otra fuente". Esa situación la llevó a hacer esta reflexión: "Cuán pocos comprenden o intentan averiguar los misterios del rechazo de los judíos y el llamamiento a los gentiles".[10]

Libertad religiosa

La charla de quince minutos de Ellen White a los ancianos en el Tabernáculo no quedó sin resultados. El hermano Amadon "reaccionó y concertó fechas para las tardes de sábado y domingo", de forma que Jones pudiera hablar en el Tabernáculo. Según W. C. White, Jones habló de libertad religiosa y "lo hizo realmente bien". Estaban allí algunos ciudadanos prominentes, incluido el juez Graves, y Ed. Nichols, a quienes "gustó mucho". Las presentaciones de Jones se imprimieron en el Daily Journal de Battle Creek, y se distribuyeron "2.300 Journals".[11] Debido al interés suscitado, a Jones se le permitió continuar sus presentaciones en el Tabernáculo. Mientras que los líderes de la iglesia hablaban en términos despectivos del mensaje de Jones y de su forma de presentarlo, una publicación mundana lo elogiaba por ambas cosas. El Daily Journal de Battle Creek describía en estos términos su tercera reunión:

Las multitudinarias y embelesadas audiencias que han asistido a esas conferencias son un indicador del gran interés que ha suscitado en nuestros ciudadanos, en elogioso reconocimiento de la habilidad y elocuencia con que se ha abordado el tema. El Sr. Jones, en su tercer tema, habló por más de dos horas, manteniendo a la audiencia en concentrado suspense todo el tiempo.[12]

La semana siguiente Jones acompañó a Ellen White a Potterville, en Michigan, donde se tuvieron encuentros del 22 al 27 de noviembre. El hermano Van Horn había invitado a Ellen White, quien asistió gustosamente esperando que su presencia contribuyera a disipar el prejuicio existente contra Jones y Waggoner. En las reuniones matinales, "cuando sólo nuestros hermanos estaban presentes", Ellen White habló en términos claros de la asamblea de Mineápolis, "afirmando la luz que el Señor ha tenido a bien dar[me] en advertencias y reproches para su pueblo". Advirtió a los hermanos acerca del peligro de convertirse en "enanos en las cosas espirituales" como resultado de estar poniendo su confianza "en un hombre": G. I. Butler. Los hombres se estaban separando de Dios al rendir homenaje a seres humanos. Ellen White habló también de la atmósfera que los había rodeado, de sus risas, bromas y chanzas.[13]

A. T. Jones dio tres discursos en Potterville, similares a los que había dado en Battle Creek, "dos de los cuales se referían a nuestra nación, a los asuntos inminentes relacionados con la iglesia y el estado, junto a la advertencia -el mensaje del tercer ángel- que debe darse a nuestro pueblo". Aunque I. D. Van Horn informó en la Review que "no hubo manifestación de levedad o ligereza", y que el testimonio cotidiano de Ellen White "evidentemente dictado por el Espíritu de Dios, añadió mucho al interés y poder del encuentro",[14] la evaluación de ella sobre el encuentro fue bien diferente. Hablando en terminología de lluvia tardía declaró llanamente que su curso de acción en Mineápolis había sido de "crueldad hacia el Espíritu de Dios", y "les rogó que se detuvieran allí mismo donde estaban". Había esperado que las reuniones en Potterville hicieran una diferencia, "pero la posición de los pastores Butler y Smith los influenciaron a que no efectuaran cambio alguno, sino a seguir donde estaban. No se hicieron confesiones. Terminó el bendecido encuentro. Muchos resultaron fortalecidos, pero la duda y las tinieblas envolvieron a algunos más que nunca antes. El rocío y los aguaceros de gracia del cielo que ablandaron muchos corazones, no regaron sus almas".[15]

Ellen White tenía sobrada razón para estar preocupada. A lo largo de la década de los 80, la legislación dominical y la persecución por violar la ley dominical habían aumentado en fuerza y extensión, pero justo ahora, en el tiempo en que los adventistas del séptimo día debieran estar vivamente interesados en tales temas, muchos estaban entretenidos cavilando sobre las doctrinas e ignorando los asuntos de libertad religiosa en juego.

Entre 1885 y 1887, sólo en Arkansas, unos veinte guardadores del sábado habían sido acusados de profanación del domingo y multados con 500 dólares cada uno de ellos. En 1887, el Partido Prohibicionista y la Unión de Mujeres para la Temperancia Cristiana hicieron causa común con la Asociación para la Reforma Nacional en su deriva para establecer leyes dominicales como un modo de mejorar la moralidad americana. A principios de 1888, el bien conocido cardenal católico romano James Gibbons reunió fuerzas junto a muchos protestantes para apoyar una petición del congreso en favor de legislación nacional dominical. Ese movimiento dominical tuvo un clímax el 21 de mayo de 1888, cuando el senador H. W. Blair introdujo una propuesta de ley en el Senado de los Estados Unidos para promover la observancia del "día del Señor … como día de adoración religiosa". Sólo unos pocos días después Blair presentó una propuesta de enmienda a la constitución de Estados Unidos, así como cristianizar el sistema de enseñanza pública nacional. Esta era la primera vez que se presentaba ante el congreso una legislación de ese carácter, desde el establecimiento del movimiento adventista en la década de 1840.[16]

En medio de aquellos movimientos titánicos, que fueron interpretados como cumplimiento de la profecía bíblica, había tenido lugar en Mineápolis una de las mayores controversias en la historia de la Iglesia Adventista. Allí, "las manifestaciones del Espíritu Santo" que habría preparado a un pueblo para resistir en tiempos como aquellos, "fueron atribuidas al fanatismo".[17] Ellen White había dicho intencionadamente en la conferencia: "Debido a que las ideas de algunos no están exactamente de acuerdo con las suyas propias en cada punto de doctrina … la gran cuestión de la libertad religiosa de la nación, que ahora implica tanto, es para muchos un asunto de pequeña importancia".[18] A Ellen White le perturbó también en gran manera ver la oposición contra Jones y Waggoner resultante de la controversia en Mineápolis. Dado que ambos estaban tan activamente implicados en la labor de iglesia por la libertad religiosa, el prejuicio habido contra ellos se propagaría con toda probabilidad a ese aspecto tan importante de la obra.

Jones y Waggoner eran coeditores de American Sentinel (la revista mensual denominacional sobre libertad religiosa iniciada en 1886), y seguramente eran los escritores y educadores más versados y activos sobre el tema. A ambos se les pidió que leyeran la nueva edición de El conflicto de los siglos, de Ellen White, para "aportar minucioso criticismo y correcciones" antes de su publicación en 1888.[19]

Además, la predicación de Jones sobre el tema recibió una buena acogida de parte de "ciudadanos prominentes" cuando habló desde el Tabernáculo. Como primer adventista en comparecer ante el Senado de Estados Unidos (testificando ante el Comité para Educación y Trabajo en contra de la propuesta de ley dominical de Blair el 13 de diciembre de 1888), sus esfuerzos fueron igualmente objeto de encomio. Si bien Jones se había formado en gran parte de forma autodidacta, no habiendo tenido la oportunidad de asistir a ninguna universidad adventista, su defensa de la libertad de conciencia y libertad religiosa ante el Senado fue impresionante. Los argumentos que presentó allí fueron similares a los que había compartido desde el Tabernáculo, pero durante los noventa minutos que se le concedieron para hablar, sólo el presidente (el senador Blair) lo interrumpió en ciento sesenta ocasiones. A pesar de ello, el Señor dio a Jones las palabras apropiadas, y aquella propuesta de legislación murió con el final del quincuagésimo congreso.[20]

Reavivamiento en la semana de oración

Sólo dos días después de la comparecencia de Jones en el Senado de Estados Unidos, regresó este a Battle Creek para participar junto a Ellen White en las reuniones de la semana de oración previstas entre el 15 y el 22 de diciembre. Previamente a la semana de oración Ellen White advirtió desde el púlpito del Tabernáculo y mediante las páginas de la Review acerca de la "crisis que se acerca". Lamentó que "no era según disposición divina, que la luz" se había mantenido apartada del pueblo, "la precisa verdad presente que necesitaban" para aquel tiempo. Se había impedido el derramamiento del Espíritu de Dios que tenía que prepararlos para aquella crisis. Ellen White comprendió la falta de disposición del pueblo de Dios, y que muchos se habían "sentado en calmada expectación de ese evento" durante años. Era tiempo para "la acción, no para la indolencia y el estupor espiritual":

Hay una gran crisis ante el pueblo de Dios. Muy pronto nuestra nación va a intentar imponer sobre todos la observancia del primer día de la semana como día sagrado. … Entre el pueblo de Dios guardador de los mandamientos tiene que haber mayor espiritualidad y una mayor consagración a Dios. …

A menos que ascendáis a una actitud más elevada y santa en vuestra vida religiosa, no estaréis listos para la aparición de nuestro Señor. … Habiéndoles concedido gran luz, Dios espera un celo, devoción y fidelidad en correspondencia, de parte de su pueblo. Ahora bien, van a darse tinieblas, incredulidad y ceguera proporcionales si no se aprecia la verdad y se actúa en consecuencia. …

Si nuestro pueblo continúa en la actitud apática en la que ha estado, Dios no puede poner sobre ellos su Espíritu. No están preparados para cooperar con él. No se dan cuenta del peligro que amenaza, y no están despiertos ante la emergencia. …

El mensaje del tercer ángel incluye más de lo que muchos suponen. ¿Qué interpretación dais al pasaje que habla de un ángel que desciende del cielo y toda la tierra queda iluminada por su gloria? No es este un tiempo en el que nuestra inactividad pueda ser excusada. …

Es necesario despertar al pueblo respecto a los peligros del tiempo actual. Los centinelas están dormidos. Llevamos años de retraso.[21]

En un sermón que dio el 8 de diciembre en Battle Creek, Ellen White suplicó al pueblo: "Preparaos para la semana de oración, humillando los corazones ante Dios". Advirtió que estaban "acercándose al fin del tiempo de gracia" y que quedaba por hacer una gran obra en favor de Dios. Había llegado el tiempo en el que se debía llamar la atención del pueblo "al santuario en el cielo". Dijo que Dios estaba "obrando por su pueblo" a fin de "que no fuera dejado en las tinieblas". Él quería ungirles los ojos para que pudieran "discernir entre las obras de los poderes de las tinieblas y los movimientos del Espíritu de Dios".[22]

En un artículo impreso para la semana de oración, Ellen White escribió acerca de la crisis que se avecinaba, y dijo llanamente al pueblo: "Hemos estado dormidos, y nuestras lámparas se están apagando. … El mensaje a Laodicea es aplicable al pueblo de Dios en este tiempo. Están diciendo: 'Soy rico y me he enriquecido, y no tengo necesidad de nada'". Advirtió a los hermanos acerca del "grave pecado" del fariseísmo que había asentado en su medio, llevándolos a sentir "que somos justos, y que todos nuestros actos son meritorios, siendo que distamos mucho de albergar el espíritu correcto hacia Dios o hacia nuestros hermanos". En su resistencia al mensaje que trajeron Jones y Waggoner habían "convertido a un hombre en ofensor por una sola palabra".[23]

Al comenzar la semana de oración, Ellen White trató de llamar la atención de los hermanos a la realidad de cuáles eran sus sentimientos respecto a Jones y Waggoner, y a la obra que estaban haciendo en favor de la libertad religiosa. Por más que pretendieran otra cosa, sus acciones hablaban más fuerte que sus palabras. Las advertencias en American Sentinel no habían repercutido en el pueblo como se requería, debido a que no habían gozado de la recomendación unánime de los que ocupaban puestos de dirección. Como resultado, la iglesia estaba "muy retrasada en su preparación para la obra", de forma que las bendiciones de Dios "se habían retirado":

Mediante el Sentinel se podría haber hecho mucho, de no haberse puesto en acción influencias contrarias con el fin de obstaculizar. Incluso aunque no se pueda decir nada en contra, las acciones revelan la indiferencia habida al respecto. …

Sentinel ha sido, según disposición divina, una de las voces que ha hecho resonar la alarma a fin de que el pueblo pueda oír, comprender el peligro y realizar la obra requerida en el tiempo actual. … Se ha escuchado la voz del Testigo verdadero en reprobación, pero no se la ha obedecido. …

Que todo obrero de Dios comprenda la situación y presente ante nuestras iglesias el Sentinel, explicando sus contenidos y urgiendo a actuar según las advertencias y hechos que contiene. … Que los sentimientos no santificados no lleven a nadie a resistir las exhortaciones del Espíritu de Dios.

La palabra de Dios no guarda silencio respecto a este tiempo significativo, y todos los que no resistan a su Espíritu la comprenderán. … Durante años han estado ante nosotros los mensajes de luz, pero ha habido influencias obrando indirectamente para dejar sin efecto las advertencias que han venido mediante el Sentinel y los "Testimonios", y mediante otras agencias que el Señor envía a su pueblo. No os interpongáis en el camino de esa luz.[24]

Esas exhortaciones expresadas en las páginas de la Review, junto a mensajes dados en la semana de oración, comenzaron a dar resultados. Ellen White, A. T. Jones y J. O. Corliss "trabajaron fervientemente, hablando en el sanatorio temprano en las mañanas, en la capilla de las oficinas. … y en el Tabernáculo". Jones habló sobre el asunto actual de la enmienda religiosa, pero según Ellen White, "el tema principal objeto de consideración fue la justificación por la fe, y esa verdad llegó al pueblo de Dios como alimento en el momento oportuno. Fueron presentados los oráculos vivientes de Dios en una nueva y preciosa luz". El mensaje que se dio "no fue solamente los mandamientos de Dios -una parte del mensaje del tercer ángel- sino [también] la fe de Jesús, que incluye más de lo que se suele suponer". Así, Ellen White pudo proclamar gozosa: "Se ha presentado ante el pueblo la verdad tal cual es en Jesús, acompañada por energía divina, y tenemos razón para alabar a Dios".[25]

El mensaje de la justicia por la fe se lo reconoció como teniendo la mayor importancia, al presentarlo en el contexto de la libertad religiosa y de la libertad de conciencia, el fundamento mismo sobre el que se basa el gobierno de Dios. El "Espíritu Santo" reveló el "significado profundo" de esas verdades, relacionándolas con "movimientos nuevos y sorprendentes en el desarrollo de la enmienda religiosa a la constitución". Eso otorgó a las reuniones "un interés inusual, al aplicar claramente la profecía" a su propio tiempo.[26]

El mensaje aportado "tuvo un efecto maravilloso en quienes lo oyeron. Hubo muchos que no eran de nuestra fe, que quedaron profundamente impresionados con la importancia de hacer algo y hacerlo ya, en la batalla por la libertad religiosa". Ellen White pudo proclamar con franqueza: "Dios ha enviado mensajeros [Jones y Waggoner] que han estudiado sus Biblias para averiguar lo que es verdad, y han estudiado los movimientos de quienes han tenido una parte en el cumplimiento de la profecía al traer al frente la enmienda religiosa. … ¿No va a levantarse voz alguna en clara advertencia que ponga en pie a las iglesias ante el peligro?" Ellen White vio que venía pronto el tiempo en el que los que no eran de nuestra fe, como resultado de ese mensaje, "pasarían al frente, se vestirían con toda la armadura de Dios, y exaltarían [su] ley, se adherirían a la fe de Jesús y defenderían la causa de la libertad religiosa".[27]

Debido al interés creado en las reuniones de la semana de oración, incluso entre visitantes y pacientes del sanatorio, continuaron durante un mes otras reuniones en varios lugares de Battle Creek. Escribiendo poco tiempo después acerca de aquella experiencia, Ellen White expresó su alegría ante la perspectiva de ver brillar la luz del cielo sobre el pueblo, con sus resultados positivos:

Muchos buscaron al Señor con contrición de alma, confesando los pecados y. … Los que hasta aquí habían estado casi destituidos de la fe, discernieron su sencillez y resultaron capacitados para aferrarse a las promesas de Dios. … Su fe se dirigió a Cristo, nuestra justicia. …

En el seminario hubo reuniones que fueron interesantísimas. El Espíritu del Señor vino a los corazones y se efectuó una preciosa obra en la conversión de las almas. No se ha sentido ni manifestado excitación. La obra se ha realizado mediante las impresiones profundas del Espíritu de Dios. … A medida que uno tras otro de esos alumnos del seminario de Battle Creek, hasta entonces ignorantes de la verdad y de la gracia salvífica de Dios, se comprometían en la causa de Cristo, ¡qué gozo había en las cortes celestiales! … y los obreros … expresaron gratitud a Dios. …

Hubo reuniones en el … sanatorio (hospital). … Hubo muchos cuyas mentes habían sido oscurecidas por la duda, pero la luz recibida por la explicación de las Escrituras fortaleció su fe mientras se revelaba la verdad a las mentes y corazones, en una luz en que nunca antes la habían visto. … Comprendieron algo acerca de cuánto deshonraron a su Hacedor con su incredulidad. … Lamentamos profundamente que [las reuniones] no continuaran por más tiempo. …

Hubo reuniones con los obreros de la casa publicadora. … Se recibieron muchos testimonios valiosos, y mi corazón se alegró al ver a quienes habían estado conectados con la obra publicadora por un período de treinta años, gozarse como lo hacen los recién convertidos en su primer amor. Expresaron su alegría y gratitud de corazón por los sermones que predicó el hermano A. T. Jones. Vieron la verdad, bondad, misericordia y amor de Dios como nunca antes los habían visto. Humillaron sus corazones, confesaron sus pecados y quitaron todo lo que había separado sus almas de Dios; el Señor había puesto una canción nueva en sus labios, alabanzas a su nombre. … ¡Cuánto deseamos que toda alma venga a la libertad de los hijos de Dios! ¿Llegará a aborrecer el maná que tan dulce ha sido para sus almas, alguno de los que han gustado el Pan de Vida en estas reuniones?[28]

Fue así como se extendieron por la iglesia las bendiciones de la semana de oración. Se hicieron confesiones. Quienes habían robado a Dios en diezmos y ofrendas confesaron su mal e hicieron restitución, y muchos que nunca antes habían sentido que Dios perdonara sus pecados, fueron bendecidos por Dios. Todos esos preciosos frutos evidenciaron la obra de Dios".[29] Incluso comenzaron a reconocer su pecado algunos que habían estado luchando recientemente contra los mensajeros que Dios había enviado. Durante una de las reuniones de oración, W. W. Prescott se levantó para dar un testimonio. "Intentó hablar, pero su corazón estaba demasiado rebosante. Estuvo allí cinco minutos en completo silencio, llorando. Al comenzar a hablar, dijo: 'Soy feliz por ser cristiano'. Hizo muchas observaciones notables. Su corazón parecía quebrantado por el Espíritu del Señor".[30]

Contemplar al presidente del seminario en un estado tal de contrición tuvo su efecto en otros. Ellen White "invitó a quienes no habían aceptado la verdad, y a quienes no tenían evidencia de su aceptación por Dios, a que pasaran al frente. Parecía que toda la compañía se había puesto en movimiento". Aquella noche "muchos más dieron preciosos testimonios acerca de cómo Dios había perdonado sus pecados y les había dado un corazón nuevo. Las palabras de verdad pronunciadas por el pastor Jones habían sido una bendición para sus almas".[31]

Uno de los hermanos que había estado personalmente presente durante la semana de oración describió así los esfuerzos consagrados de Jones durante las reuniones: "El hermano A. T. Jones ha tomado a su cargo la mayor parte de la predicación. Cuánto me gustaría que pudieras haber escuchado algunos de sus sermones. … Creo que algunos de ellos son tan buenos como los que jamás haya oído. Son todos ellos nuevos. Es original en su predicación, y en su enseñanza práctica se muestra muy afectuoso y siente profundamente todo lo que dice".[32] No es sorprendente que Ellen White declarara: "Dios ... ha encomendado a estos hombres [Jones y Waggoner] una obra que hacer, y un mensaje que llevar, que es verdad presente para este tiempo. … Allí donde va este mensaje, lleva buenos frutos".[33]

El Espíritu de Dios, contristado

Sería maravilloso poder terminar aquí este capítulo, pero la historia no permite hacer tal cosa. Si bien muchos en Battle Creek estaban recibiendo bendiciones del cielo mediante las labores de Jones y Waggoner, la oposición seguía siendo acerba. Ellen White se pudo alegrar debido a "que por fin hubo una apertura al hermano Jones, pero no fue agradable tener que disputar cada centímetro en procura de privilegios y ventajas para poder presentar la verdad ante el pueblo". Al comenzar la semana de oración, Ellen White "deseaba que aquellos que habían considerado una virtud disponerse en contra de la luz y la evidencia, reconocieran la obra del Espíritu de Dios, desecharan su incredulidad y vinieran a la luz". Sabía que "a menos que hicieran así, su camino se oscurecería, ya que la luz, cuando no se la confiesa, reconoce y aprovecha, se convierte en tinieblas para quienes la rechazan". Cuanto más tardaran en reconocer la luz que habían despreciado, más iba a costarles "retroceder y reunir los rayos. … es peligroso el primer paso dado en la senda de la incredulidad y rechazo de la luz":

Hubo preciosa verdad y luz presentadas ante el pueblo, pero los corazones obstinados no recibieron bendición. No pudieron gozarse en la luz que, de haberla recibido, habría traído libertad, paz, fortaleza, valor y gozo a sus almas. …[34] Dios estaba a la obra, pero quienes habían estado siguiendo su propio curso de acción … se sintieron más confirmados y determinados a resistir. ¿Qué nombre daremos a ese elemento? Es rebelión, como en los días de Israel. …

El Señor vino a nuestro medio, pero algunos no recibieron la bendición. Tuvieron el privilegio de oír la más fiel predicación del evangelio, y escucharon con corazones acerrojados el mensaje que Dios había dado a sus siervos para que les comunicasen. No se volvieron al Señor ... sino que dedicaron todas sus capacidades a buscar faltas en los mensajeros y en el mensaje, y entristecieron al Espíritu de Dios. …

Se pronuncia un ay sobre una incredulidad y criticismo tal como los manifestados en Mineápolis y en Battle Creek. … La evidencia proporcionada a cada paso, de que Dios estaba a la obra, no ha cambiado la actitud manifiesta por aquellos que desde el principio mismo siguieron un curso de incredulidad que fue ofensivo para Dios. Mediante esa barrera que ellos mismos levantaron, tal como hicieron los judíos, procuraban de alguna manera fortalecer su incredulidad y dar la impresión de que estaban en lo correcto. …

Apartaos del camino, hermanos. No os interpongáis entre Dios y su obra. Si vosotros mismos no tenéis parte con el mensaje, despejad el camino a quienes la tienen…

Satanás se está esforzando al máximo por mantener engañados a quienes creen en la verdad presente. … a fin de que quienes aceptaron la verdad impopular, quienes tuvieron gran luz y privilegios, albergen el espíritu que impregnará al mundo. Incluso si lo es en menor grado, sigue siendo el mismo principio que cuando tiene el poder controlador sobre las mentes, llevando a ciertos resultados. … El resultado es el mismo que con los judíos: una fatal dureza de corazón.[35]

En el corazón mismo de la obra en Battle Creek hubo oposición a la luz enviada del cielo.[36] Los hermanos, en lugar de preparar el camino para el fuerte pregón y la lluvia tardía, se estaban interponiendo entre Dios y su obra. Ese mismo espíritu que lleva a los mundanos a aprobar leyes que restringen la libertad de conciencia, estaba también activo en la Iglesia Adventista del Séptimo Día. A menos que algo cambiara, el resultado sería un endurecimiento fatal del corazón.

Podemos estar agradecidos porque a pesar de que fue entristecido el Espíritu de Dios en Mineápolis y en Battle Creek, el Señor no abandonó a su pueblo. La incredulidad, el criticismo y la resistencia fueron prevalentes entre los hermanos dirigentes, sin embargo, el pueblo esparcido por el país tenía que tener una oportunidad de oír el mensaje preciosísimo. En los capítulos que siguen veremos los resultados de oír y recibir el mensaje.

Notas:

  1. W. C. White a O. A. Olsen, 27 noviembre 1888; en Manuscripts and Memories, p. 129.
  2. W. C. White a J. H. Waggoner, 27 febrero 1889; en Manuscripts and Memories, p. 136.
  3. Ellen G. White, Manuscrito 30, junio 1889, "Experience Following Minneapolis Conference"; en 1888 Materials, pp. 354-355. Al Manuscript Release No. 1216, tal como aparece en la página 354 de 1888 Materials, se le añadió una nota al pie con la intención de minimizar la descripción que hace Ellen White del impacto de aquel evento. Da la impresión de que se anime al lector, más bien que a tomar las palabras de Ellen White por lo que dicen, a que lea porciones del libro de A. V. Olson Through Crisis to Victory: 1888-1901, cuyo título habla por sí mismo (De la crisis a la victoria: 1888-1901). Se debe no obstante recordar que A. V. Olson murió en 1963, tres años antes de que se publicara su libro, que en aquel momento pasó a estar bajo el patrocinio de Ellen G. White Estate Board, siendo su secretario A. L. White.
  4. Ibid., pp. 355-356.
  5. Ver: Ellen G. White a R. A. Underwood, Carta 22, 18 enero 1889, Manuscrito 30, junio 1889, y Ellen G. White a Uriah Smith, Carta 20, 6 enero 1891; en 1888 Materials, pp. 241, 356, 847. Ver también: W. C. White a Mary White, 24 noviembre 1888; en Manuscripts and Memories, p. 127. Este es un caso típico de los que estaban luchando contra Jones porque les parecía que era un extremista en lo relativo a la reforma nacional o libertad religiosa, y también contra el apoyo inequívoco que Ellen White le prestó. Hoy dirigen contra Jones acusaciones similares quienes pretenden que era un extremista en su lucha por la libertad religiosa. Pero Ellen White no apoyó las acusaciones de Smith en 1888, ni parece probable que hubiera apoyado las que se le hacen hoy por parte de quienes representan con falsedad toda su obra como siendo reprobable.
  6. Ellen G. White a Uriah Smith, Carta 20, 6 enero 1891; en 1888 Materials, pp. 847, 848.
  7. Ellen G. White, Manuscrito 30, junio 1889; en 1888 Materials, pp. 356-357.
  8. "Minutes of the General Conference Committee", Quinta reunión, 5 abril 1888.
  9. W. C. White a Mary White, 24 noviembre 1888; en Manuscripts and Memories, pp. 126-127; y "Battle Creek College Board Minutes", 22 noviembre 25, 1888.
  10. Ellen G. White, Manuscrito 16, enero 1889; en 1888 Materials, p. 259.
  11. W. C. White a Mary White, 24 noviembre 1888; en Manuscripts and Memories, p. 127.
  12. Battle Creek Daily Journal, 11 diciembre 1888, p. 3.
  13. Ellen G. White, Manuscrito 30, junio 1889; en 1888 Materials, pp. 357-359.
  14. I. D. Van Horn, "The Michigan State Meeting", Review and Herald Extra, 11 diciembre 1888, p. 780.
  15. Ellen G. White, Manuscrito 30, junio 1889; en 1888 Materials, p. 360.
  16. Para una información general sobre esos eventos, ver: A. T. Jones, The Sentinel Library, 15 septiembre 1889; W. A. Blakely, American State Papers Bearing on Sunday Legislation, (Washington, D.C.: The Religious Liberty Association, 1911); Eric Syme, A History of SDA Church-State Relations in the United States (Mountain View, CA: Pacific Press, 1973).
  17. Ellen G. White a O. A. Olsen, Carta 81, 31 mayo 1896; en 1888 Materials, p. 1565.
  18. Ellen G. White, Manuscrito 24, diciembre 1888; en 1888 Materials, p. 210.
  19. W. C. White a C. H. Jones, 18 mayo 1887; en A. L. White, The Lonely Years, p. 438. Es probable que Jones o Waggoner escribieran notas relativas a los eventos actuales a propósito de la libertad religiosa, que quedaran incluidos en el apéndice de la edición de 1888 de El conflicto de los siglos. En la página 565, Ellen White afirma: "El catolicismo está ganando terreno en todo lugar". Una nota al pie refiere al lector al apéndice para más información. En la página 573, Ellen White afirma que "en los movimientos que están ahora en progreso en Estados Unidos a fin de asegurar el soporte del estado a las instituciones y usos de la iglesia, los protestantes están siguiendo los pasos de los papistas". Refiere de nuevo al lector al apéndice para información adicional que no se encontraba en la edición de 1884 del volumen 4 de Spirit of Prophecy. Según White Estate, es muy probable que Jones o Waggoner escribieran aquellas notas del apéndice. Ambas notas fueron eliminadas en la edición de 1911, probablemente por no representar ya eventos actuales. Lo importante es que la edición de 1888 de El conflicto de los siglos fue producida para aquel preciso momento (1888), para alertar a sus lectores acerca de lo que estaba teniendo lugar en Estados Unidos y en el mundo. Ellen White confiaba en la obra de Jones y Waggoner hasta el punto de permitir que la aportación de ellos se incluyera en el apéndice. Es también un hecho, que Dios estaba enviando un preciosísimo mensaje para preparar a la iglesia para compartir ese mismo mensaje con el mundo. Tristemente, la edición de 1888 de El conflicto de los siglos terminó durmiendo en los almacenes de Review and Herald por casi dos años, primariamente debido a la oposición al mensaje y a los mensajeros.
  20. Ver: The Sentinel Library, 15 septiembre 1889. ¿Es posible que nosotros, los adventistas, no seamos conscientes de la deuda que tenemos con Dios por haber enviado a A. T. Jones en defensa de la iglesia tanto como de la nación, en relación con la libertad religiosa? No obstante, uno no puede apreciar la obra de Jones en favor de la libertad religiosa sin haber leído primero sus obras, muchas de las cuales han sido reimpresas (primariamente por parte de ministerios independientes de la iglesia organizada). Se ha venido desarrollando un interés renovado. La revista Liberty reimprimió recientemente uno de los discursos de Jones sobre el particular, titulado: "What is Patriotism in the United States", y la distribuyó a su lista de suscriptores. Cada año, NARLA [The North American Religious Liberty Association] concede la medalla A.T. Jones a uno de los suyos que haya ejemplificado mejor la contribución de Jones al campo de la libertad religiosa. Eso incluye la disposición a hablar la verdad con poder, dedicando sus talentos a la tarea práctica de investigar, escribir, hablar y organizar en pro del avance de la libertad, y mostrar en la acción una dedicación al principio evangélico de la libertad religiosa" (http://religiousliberty.info/article.php?id=11, 10 marzo 2010).
  21. Ellen G. White, "The Approaching Crisis", Review and Herald Extra, 11 diciembre 1888, p. 4. En A User-Friendly Guide to the 1888 Message, George Knight presenta la idea de que "a los adventistas del séptimo día no les pasó desapercibido el significado profético de las proposiciones de ley de Blair"; que "el tenor intensamente emocional de los participantes en el congreso de la Asociación General de 1888" fue en gran parte debido al "hecho de que los adventistas sentían … que se enfrentaban ya al final del tiempo". Así, "no es difícil ver por qué algunos de los dirigentes adventistas reaccionaron de forma violenta y emocional" a lo que Jones y Waggoner estaban presentando (pp. 32-33). Ellen White, no obstante, aporta otra perspectiva más equilibrada. Muchos adventistas pudieron ser conscientes a un nivel intelectual de los eventos que estaban sucediendo, pero los centinelas estaban "dormidos", "desapercibidos", y no "se dieron cuenta del peligro que amenazaba" (op. cit., p. 4).
  22. Ellen G. White, "David's Prayer", Sermón, 8 diciembre 1888, Review and Herald, 18 diciembre 1888, pp. 786-787.
  23. Ellen G. White, "Our Duties and Obligations", Review and Herald, 18 diciembre 1888, pp. 794-795.
  24. Ellen G. White, "The American Sentinel and Its Mission", Review and Herald, 18 diciembre 1888, p. 791.
  25. Ellen G. White, "Revival Work in the Battle Creek Church", Review and Herald, 12 febrero 1889, pp. 106-107. El "mensaje de 1888" que presentaron Jones y Waggoner estaba muy estrechamente relacionado con el tema de la libertad religiosa y con la obra del Espíritu Santo preparando a un pueblo para permanecer en el día de Dios. El hecho de que las leyes dominicales estuvieran más próximas a su imposición que en cualquier otro tiempo en la historia de América era una evidencia poderosa y convincente de que Dios había comenzado a derramar la lluvia tardía -el mensaje de Cristo, nuestra justicia- y que el fuerte pregón estaba a punto de resonar con un poder sin precedentes.
  26. Ibid.
  27. Ellen G. White, Manuscrito 30, junio 1889; en 1888 Materials, pp. 378-379. No debemos olvidar que el gran adversario ha obrado por cerca de 1.500 años mediante la iglesia papal, no sólo para anular la ley de Dios, sino también para pisotear la fe de Jesús y para anular la libertad de conciencia: "El papado responde perfectamente a las necesidades de todas esas personas. Es adecuado a dos clases de seres humanos que abarcan casi a todo el mundo: los que quisieran salvarse por sus méritos, y los que quisieran salvarse en sus pecados. Tal es el secreto de su poder". La iglesia católica también "anatematizó 'a los que sostienen la libertad de conciencia y de cultos' así como también 'a cuantos aseveran que la iglesia no puede emplear la fuerza'" (Ellen G. White, Great Controversy, pp. 572, 564) {El conflicto de los siglos, pp. 629, 620}. Los mensajes de los tres ángeles contrarrestan tal falsedad proclamando los mandamientos de Dios y la fe de Jesús, y preservando la libertad de conciencia para todos, del que el sábado es una señal.
  28. Ellen G. White, "Revival Work in the Battle Creek Church", Review and Herald, 12 febrero 1889, pp. 106-107. Arthur L. White afirma que la semana de oración prevista para el 15 al 22 de diciembre, de hecho "duró un mes" (The Lonely Years, p. 420).
  29. Ellen G. White, Manuscrito 30, 30 junio 1889; en 1888 Materials, p. 367.
  30. Ellen G. White, Manuscrito 25, "Diary", diciembre 1888; en Arthur L. White, The Lonely Years, p. 421.
  31. Ibid.
  32. Dan T. Jones a J. W. Watt, 1 enero 1889. Esa descripción dada por A. T. Jones es muy distinta de las que hacen muchos de los historiadores modernos. Ver también nota nº 6 del capítulo 6.
  33. Ellen G. White, Manuscrito 24, noviembre 1888; en 1888 Materials, p. 228.
  34. Esa descripción es casi idéntica a la que hace Ellen White en Primeros escritos, cuando habla de los que siguieron a Cristo al lugar santísimo y le rogaron: "'Padre mío, danos tu Espíritu'. Entonces Jesús soplaba sobre ellos el Espíritu Santo. En ese aliento había luz, poder y mucho amor, gozo y paz" (p. 55).
  35. Ellen G. White, Manuscrito 30, 30 junio 1889; en 1888 Materials, pp. 366-369, 378-379, 381.
  36. En Battle Creek se dieron otros factores que contribuyeron a que algunos no pudieran oír y recibir el mensaje presentado. Se había planificado un programa de navidad en el que muchos de los niños irían disfrazados. Ellen White expresó su inquietud en las notas de su diario del 24 de diciembre: "Hubo mucha planificación en el sanatorio, y muchos no estuvieron presentes [en la semana de oración] por ese motivo" (Manuscrito 25, diciembre 1888, no publicado). Ellen White expresó su preocupación por la gran cantidad de "tiempo y trabajo" invertidos en preparar aquel programa: "Mientras se hacían esos esfuerzos laboriosos para preparar las representaciones estaban teniendo lugar reuniones del más profundo interés, que debieron centrar la atención y que demandaban la presencia de toda alma a fin de no perder algo del mensaje que el Señor les había enviado". Percibiendo el tiempo profético en que estaban viviendo y el mensaje de verdad presente que se estaba dando, Ellen White urgió a los maestros a que discernieran la luz a fin de poder transmitirla a los niños: "Que los maestros de escuela sabática estén plenamente impregnados del espíritu del mensaje para este tiempo, llevando ese mensaje a toda su labor. … Labor para salvarlos [a los niños], señalándoles a Jesús, quien los amó de tal manera que dio su vida por ellos. Repetidles la preciosa seguridad que Dios mismo les dio (cita Éxodo 34:6-7). Jesús debe presentarse a los niños con sencillez, como el Salvador que perdona los pecados y ofrece tras el velo la sangre de su expiación. … Decidles que es en vano como pueden tratar de hacerse mejores a ellos mismos y prometer enmendarse, ya que eso no quitará ni una sola mancha de pecado; por el contrario, la forma de obtener un sentido del pecado y el verdadero arrepentimiento es entregarse tal como son a la declarada misericordia y amor que Dios ha revelado" (Carta 5, 26 diciembre 1888; Manuscript Releases, vol. 19, pp. 300-305).