Reavivamiento y reforma al aceptar el mensaje preciosísimo
"El tiempo es precioso y hay un mensaje que ha de venir a este pueblo".[1] Así habló Ellen White a los ancianos de la iglesia de Battle Creek que habían venido a cuestionarla en diciembre de 1888 respecto a permitir que Jones predicara en el Tabernáculo. Ante la persistencia de Ellen White, no sólo se permitió que Jones hablara en el Tabernáculo, sino que por decisión del comité de la Asociación General (del que W. C. White era presidente), se autorizó a Jones para que impartiera clases en el seminario de Battle Creek.
A continuación de las reuniones de la semana de oración de diciembre en Battle Creek, Ellen White, A. T. Jones y E. J. Waggoner llevaron el precioso mensaje a las iglesias alrededor del país durante el año siguiente. En la primavera y verano que siguieron hubo tres asambleas pastorales. Jones y Waggoner, como predicadores principales, hablaron en diversos encuentros campestres durante el resto del verano junto a Ellen White. No fue sin lucha como se pudieron hacer reuniones de una u otra clase en las Asociaciones locales, pero Dios todavía quería derramar el Espíritu Santo a su iglesia languideciente. Los resultados de todas esas reuniones se publicaron en la Review, y sólo leyéndola es posible apreciarlos plenamente. La asamblea de la asociación General, a finales de octubre, coronaba las actividades del año.
Al examinar de cerca esos institutos y encuentros campestres habremos de dedicar también una atención especial a los mensajes que dieron Jones y Waggoner. Algunos historiadores modernos han sugerido que el mensaje de Jones y Waggoner de 1888 comenzó a cambiar dramáticamente en cuanto abandonaron Mineápolis: tras haber predicado allí lo que ellos llaman el evangelio de la Reforma (tal como lo entienden hoy muchos evangélicos), habrían virado ahora hacia la postura católico-romana sobre la justicia por la fe.[2]
South Lancaster, Massachusetts
En South Lancaster tuvieron lugar reuniones desde el 11 al 22 de enero, y según informa Ellen White, "hubo buenos frutos". La iglesia estaba "llena de quienes habían venido a recibir beneficio de las reuniones". No sólo estaban presentes muchos delegados de los estados del nordeste, sino que asistían también algunos recién convertidos. A. T. Jones "se esforzó muy fervientemente por el pueblo", predicando dos y hasta tres veces en el mismo día. Dijo Ellen White acerca del poder que asistía a las reuniones: "Tuvimos el mismo espíritu y poder que asistió a los mensajes del primero y segundo ángeles. … Sus siervos han pronunciado discursos fervientes en el poder del Espíritu de Dios en relación con la esperanza puesta ante nosotros en el evangelio. Se han presentado el amor de Jesús y la justicia de Cristo, y se los ve claramente; la mente los capta por la fe. … ¡Eso es alimento en el tiempo oportuno, de principio a fin!"[3] Durante las reuniones Ellen White se había sentido preocupada porque los presentes allí reunidos "cerraran los ojos a alguno de los preciosos rayos de luz del cielo" que Dios les estaba enviando:
Hay muchos que parecen sentir que tienen una gran obra que hacer por ellos mismos antes de poder acudir a Cristo para su salvación. Parecen creer que Jesús hará aparición al final mismo de su lucha y los ayudará dando el toque final a la obra de su vida. Parece resultarles difícil de entender que Cristo es un Salvador completo, y que es capaz de salvar hasta lo sumo a todos los que acuden a Dios mediante él.[4]
No obstante, los corazones se entregaban a medida que se presentaba el mensaje de verdad actual: "Sentimos la necesidad de presentar a Cristo como a un Salvador que no estaba alejado, sino cercano, a la mano. … Había muchos, incluso entre los pastores, que vieron la verdad tal cual es en Jesús en una luz en que nunca antes la habían visto. Vieron en el Salvador a quien perdona el pecado, al que es la Verdad y al que santifica el alma". En consecuencia, muchos resultaron "convencidos como transgresores a la luz de la ley". Se dieron cuenta de que "habían estado confiando en su propia justicia", que veían ahora como "trapos de inmundicia, en comparación con la justicia de Cristo". Ellen White describió el gozo que había en el cielo al propósito:
"Durante todas las reuniones, cuando las personas procuraron acercarse a Dios, ofrecieron obras dignas de arrepentimiento, confesando uno a otro en qué lo habían ofendido por palabra o acción. …
En los discursos se presentó el preciso mensaje que el Señor ha enviado para su pueblo de este tiempo. …
Tanto los alumnos como los profesores han participado abundantemente en las bendiciones de Dios. Se ha sentido en casi cada corazón la obra profunda del Espíritu de Dios. Los que asistieron a la reunión dieron el testimonio general de haber obtenido una experiencia que iba más allá de lo que habían conocido anteriormente. …
No he visto nunca avanzar una obra de reavivamiento con una consistencia tal, y sin embargo estar libre de toda excitación indebida. No hubo invitaciones ni conminaciones. No se llamó al pueblo a que pasara al frente, pero existió la solemne conciencia de que Dios había llamado, no a los justos, sino a los pecadores al arrepentimiento. … Parecíamos respirar la atmósfera misma del cielo. Los ángeles estaban ciertamente rodeándonos. … El Señor había visitado a su pueblo. Y había gozo en el cielo entre los ángeles, por los pecadores arrepentidos que habían regresado al Padre.[5]
Hubo reuniones el último sábado; A. T. Jones habló con "gran poder" en la reunión de la mañana, y Ellen White lo hizo con "gran libertad" por la tarde. Fue un "sábado preciosísimo" para sus almas:
Sentimos que estábamos respirando la atmósfera celestial, y Cristo fue realmente hallado por todos los que lo buscaron. Ese es ciertamente un maravilloso derramamiento del Espíritu de Dios, dándonos testimonio de lo que el Señor está deseoso de hacer por los suyos que van a creer en Jesús por sí mismos.[6]
Un año más tarde, durante una asamblea pastoral, Ellen White recordó a los hermanos lo que había sucedido en South Lancaster. Volvió nuevamente a compararlo con el poder que asistió al mensaje en 1844:
Los que estuvieron en South Lancaster el pasado invierno saben que la iglesia y el seminario fueron movidos por el Espíritu de Dios. Casi todos los estudiantes fueron llevados por la corriente celestial, y se dieron testimonios vivientes que no fueron sobrepasados ni siquiera por los de 1844 previos al chasco. Muchos aprendieron en South Lancaster lo que significa entregar sus corazones a Dios -lo que significa convertirse.[7]
Tales fueron los resultados del "derramamiento del Espíritu de Dios" sobre su pueblo: resultados que de no haber existido la rebelión se habrían producido en mucha mayor extensión entre los líderes en Mineápolis. Mirando retrospectivamente poco tiempo después de la experiencia en South Lancaster y otras reuniones tenidas aquel año, Ellen White recordó el privilegio de trabajar junto a Jones y Waggoner. A diferencia de las modernas caracterizaciones que se les han atribuido durante ese período de sus labores, Ellen White describió cómo obraba la mano del Señor:
He viajado de lugar en lugar asistiendo a reuniones en las que se predicaba el mensaje de la justicia de Cristo. Consideré un privilegio estar al lado de mis hermanos [Jones y Waggoner], y dar mi testimonio con el mensaje para aquel tiempo; y vi cómo el poder de Dios asistía al mensaje allí donde se lo predicaba. No podríais hacer creer a los de South Lancaster que no fue un mensaje de luz el que les vino. Confesaron sus pecados y se apropiaron de la justicia de Cristo. Dios ha puesto su mano en su obra.[8]
Chicago, Illinois
A final de marzo Jones viajó a Chicago para encontrase con Ellen White en dos semanas de encuentros. A diferencia de las reuniones en South Lancaster, donde las personas aceptaron prestamente el maravilloso mensaje, la mayoría de los presentes en Chicago eran pastores. Y "pasó una semana antes que hubiera una apertura en las reuniones. Pero desbordaron las bendiciones de Dios como en una ola de gloria". Los que asistían fueron "llevados al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo". Se hicieron sentir los "impulsos profundos del Espíritu de Dios", y lo mismo que en cualquier lugar donde se presentó el mensaje, "llevó a la confesión del pecado y a desechar la iniquidad".[9] Ellen White describió así aquellas reuniones:
El pastor A. T. Jones ha trabajado fielmente para instruir a los reunidos, y para partir el Pan de Vida para sus almas. Hemos lamentado que, no sólo toda iglesia adventista del séptimo día, sino toda iglesia, sea cual fuere su fe y doctrinas, no pudiera tener la preciosa luz de la verdad tal como ha sido tan claramente presentada. Sé que habría sido un rico banquete para muchas almas que no son de nuestra fe, el comprender el plan de salvación tan clara y simplemente definido. …
Hemos estado en la obra con fervor y tenacidad para animar la fe en nuestros hermanos. Eso parecía ser tan difícil como enseñar a un niño a dar sus primeros pasos por él mismo. … El Espíritu Santo ha estado convenciendo los corazones de hombres y mujeres.[10]
Nos sentimos profundamente agradecidos por la bendición de Dios que ha venido aquí a nuestra reunión … ¡cuán difícil fue educar a las personas para que miraran más allá de ellas mismas, a Jesús y a su justicia. …
Mi corazón se alegró cuando oí a la gente reconocer que estaban obteniendo una educación en la fe tal como nunca antes habían tenido. … Sus almas fueron liberadas, sus pecados perdonados, el amor de Jesús estaba en su corazón … [haciendo] evidente la obra del Espíritu Santo y de la gracia de Cristo en el alma. El sábado nos llegó como una alegría, una bendición. Dimos la bienvenida al sábado con corazones agradecidos, como el mejor sábado del que jamás gozáramos. …[11]
Ahora que ha venido la iluminación del Espíritu de Dios todos parecen estar aprendiendo deprisa. … Se podía cumplir mayor bien efectivo en un día que anteriormente en toda una semana. … Todos lamentan haber sido ignorantes por tanto tiempo de lo que constituye la verdadera religión … que es religión auténtica el depender enteramente de la justicia de Cristo y no de obras meritorias.[12]
No hubo "brotes de fanatismo, sino la paz y el gozo nacidos del cielo". Entre quienes hicieron confesiones de pecado figuraban algunos que se habían opuesto al mensaje en Mineápolis. Habiendo visto ahora los resultados de los "profundos impulsos del Espíritu de Dios" en los corazones de nuevos conversos, comenzaron a comprender algo de lo que se habían perdido en el congreso de la Asociación General. Hasta el hermano Kilgore vio "los errores que cometió en Mineápolis", llorando y alegrándose por su nueva experiencia. Escribiendo acerca de ella en la Review expresó gratitud por las reuniones: "Las labores de la hermana White y el pastor Jones fueron muy apreciadas por nuestros hermanos. El nítido y consistente esclarecimiento de la verdad de la justificación por la fe tal como la presentó el hermano Jones fue realmente alimento en el momento oportuno". No obstante, incluso tras las confesiones habidas Ellen White sabía que "un número mucho mayor" debió haber asistido a las reuniones en las que "el hermano Jones instruyó pacientemente al pueblo".[13]
Al terminar las reuniones en Chicago a primeros de abril, para Ellen White era obvio que se debía presentar este mensaje en los grandes encuentros campestres del verano. Se la había invitado a ir a Kansas en mayo para cooperar en tres semanas de reuniones de obreros seguidas por una de encuentro campestre. Tras las reuniones en Kansas debía asistir a un encuentro campestre en Williamsport, Pennsylvania. En una carta a su hijo, W. C. White, expresó su preocupación relativa a que los miembros en Iowa iban a perderse la bendición si ella permanecía por tanto tiempo atada a un lugar. Pero no había recibido invitación de los dirigentes de Iowa. ¿Por qué? Los hermanos Morrison y Nicola habían "dirigido la Asociación [de Iowa]" hasta que no quedó "en ella más que muy poca vida y alma":
Willie, estoy angustiada por el pobre rebaño en Iowa. ¿Qué han hecho para que se los deje sin visitar? El pecado del pastor no será castigado en las ovejas. Me duele el corazón al pensar en los que están trabajando por las iglesias en Iowa. ¿No se podrían organizar los encuentros campestres de forma que el hermano A. T. Jones pudiera venir conmigo a Iowa? Podríamos ir sin esperar a que esos pastores ciegos manifiesten sus deseos de que vayamos. Sabes que te dije que el pueblo me hizo una invitación votando a mano alzada para que asistiera al encuentro campestre en Iowa. Iré si se pueden hacer los arreglos para que el hermano Jones pueda acompañarme. …[14]
Creo que el pastor A. T. Jones debe asistir a nuestros grandes encuentros campestres, y dar a nuestro pueblo y también a los foráneos el precioso tema de la fe y la justicia de Cristo. Hay un diluvio de luz en ese tema, y si va solamente a las reuniones de colportores, ¿cómo va a llegar la luz a la mayoría? No es de esperar que ningún colportor pueda presentar este asunto en la luz en que él lo presenta.[15] Que él no asista a las reuniones campestres, pienso que equivale a robar a las iglesias la luz y el mensaje para el tiempo actual.
Que los foráneos comprendan que predicamos el evangelio tanto como la ley, y participarán de esos frutos y podrán hacer su decisión por la verdad.[16]
Ottawa, Kansas
Ellen White salió de Battle Creek el 6 de mayo y se dirigió al campamento en Ottawa, Kansas, donde ya estaban teniendo lugar reuniones de obreros. Se le había concedido el deseo de que A. T. Jones pudiera hablar, pero antes de haber estado sobre el terreno "la primera noche" comenzó a darse cuenta de "la verdadera condición de las cosas. Iowa tenía la levadura de Mineápolis, y su acción tendía a dejar sin efecto las labores del pastor A. T. Jones" y de ella misma.[17] "Algunos de los hermanos acudieron al lugar prestos a oponerse a los puntos de vista que el pastor Jones estaba presentando".[18] Era el "enemigo de Cristo y de toda justicia" quien había inspirado a aquellos hombres a que vinieran "equipados para leudar el campo con el mismo espíritu que fue tan prominente" en el congreso de la Asociación General.[19]
La "atmósfera era opresiva" y "el corazón [de Ellen White] estaba en una condición tal, que le resultaba difícil hablar al pueblo". Su "continua oración a Dios" era para que él le diera fuerza mental, física y espiritual, de forma que pudiera ser una bendición para el pueblo. Estaban presentes allí "las agencias poderosas que están continuamente en acción para oponerse a quienes son enviados con mensajes de advertencia, reproche o ánimo", de forma que quienes "debieran fortalecerse por la aceptación de la luz" "vienen a ser débiles al rechazarla".[20]
El día siguiente, el miércoles 8 de mayo, Ellen White asistió a la reunión temprano en la mañana y "llevó un testimonio decidido, suplicando a todos los presentes que no reeditaran Mineápolis y que no actuaran como describe Pablo en Hebreos 4:2". Les rogó "que humillaran sus corazones ante Dios, desechando sus pecados mediante el arrepentimiento y la confesión, y recibieran los mensajes que Dios les envía mediante sus siervos delegados". La mañana siguiente sintió que debía volver a hablar del asunto y ser "más explícita". Esta vez fue directa al corazón:
Fui motivada a hablar con mayor libertad en relación con el congreso de Mineápolis y con el espíritu que los hermanos trajeron a aquella conferencia. Sentí que no era ya suficiente expresarse en términos generales, refiriendo verdades a las que era fácil asentir, pero que no cortarían en profundidad las tablas del corazón de carne. La obra requerida demandaba más que palabras suaves, ya que Dios iba a poner su reprobación sobre cualquier cosa que tuviera sabor al mismo tipo de espíritu e influencia que se llevó a Mineápolis: dudas, cavilaciones, juegos de palabras, volverse atrás de los reproches certeros del Espíritu de Dios teniéndolos por fábulas vanas, ridiculizando, tergiversando e ironizando con las palabras.[21]
Ellen White describió lo que había estado pasando en Mineápolis; cómo los hombres habían caído "en un engaño, teniendo en las mentes falsas impresiones". Les dijo que "Jones y Waggoner habían presentado preciosa luz al pueblo, pero el prejuicio y la incredulidad" habían cerrado los corazones "a fin de impedir que entrara nada que proviniera de esa fuente". Explicó cómo estuvo a punto de abandonar el congreso, en cuyo momento vino a ella un "mensajero" y le dijo que permaneciera en su puesto. La llevó a las habitaciones y le mostró lo que se estaba diciendo contra ella, contra Jones y contra Waggoner. Explicó que se le había mostrado todo eso "como el resplandor de un relámpago", junto a la forma en que eso se comparaba con el trato que se le dio al pueblo de Dios a través de la historia del gran conflicto. Les dijo cómo había llegado a la iglesia el fariseísmo, cómo su obra había sido "menospreciada por casi todos" en el congreso; que "la rebelión fue popular" y que el "curso de acción fue un insulto al Espíritu de Dios".[22]
La predicación directa de Ellen White no quedó sin efecto. El hermano Hall, presidente de la Unión de Kansas, se puso en pie y declaró públicamente que lo que había dicho Ellen White era correcto. Su "'confianza en los testimonios'" quedó confirmada, pues él estuvo en "'una de las muchas habitaciones que ella había mencionado'". Había cometido el error de depositar su "confianza incondicional" en los "hermanos en el ministerio", mirándolos a ellos y creyendo lo que decían.[23] El hermano McReynolds también "dio testimonio de que la descripción que había dado Ellen White era certera al pie de la letra". Él ya había hecho confesión personalmente a Ellen White. Ahora la hizo de forma pública. Lástima que aquella reunión tuvo que terminar sin "poder ir más allá".[24]
Ellen White estaba exhausta. En ocasiones se sentía "grandemente deprimida en su espíritu" y tenía que "luchar contra la debilidad" hasta que podía tenerse en pie ante el pueblo y recibía fortaleza para hablar.[25] Aquel jueves de tarde habló de nuevo y quienes vinieron buscando una bendición la recibieron, pero "quienes vinieron para buscar faltas en alguien, cuyos corazones estaban atrincherados en la incredulidad, pensaron que la hermana White no habló con mucha energía".[26] Desde Mineápolis se habían esparcido rumores a propósito de que "'la hermana White confesó que algunos de sus comentarios en aquella asamblea habían sido erróneos, y que había manifestado un espíritu equivocado'". Las enérgicas declaraciones que había hecho aquella mañana habían zarandeado también la confianza de algunos en ella, incluyendo a J. S. Washburn.[27]
J. S. Washburn
J. S. Washburn era un pastor ordenado de Iowa. Sólo tenía 26 años de edad. Había asistido a la asamblea de Mineápolis y según su propio relato él estuvo junto a las "tres cuartas partes de los obreros que se dispusieron contra la nueva luz". Había acudido al encuentro de Mineápolis "prejuiciado en favor de la 'antigua' posición de la 'ley" en Gálatas, y estaba "en favor de Morrison y Butler". Creía que Jones y Waggoner estaban "socavando la fe", pero "no podía comprender cómo es que un hombre tan malo como ATJ[ones]" era capaz de orar de la forma en que lo hacía. Washburn "se dijo a sí mismo: 'ora como quien conoce al Señor'".[28]
Washburn estaba asociado con J. H. Morrison, junto a quien militaba, no sólo abiertamente en contra de Waggoner en Mineápolis sino también "en su menosprecio al Espíritu de Profecía". Cuando él y Morrison acudieron a Ellen White en Mineápolis, "ella rehusó darles consejo, [y] dijo: Hermanos, ¡mi consejo no tiene ningún peso en Iowa!'" Más tarde Washburn "decidió ir a buscarla a solas" y la "sencilla respuesta" que dio a su pregunta pareció tranquilizar hasta cierto punto su mente. J. H. Morrison, no obstante, decidió abandonar el congreso de Mineápolis antes que terminara, diciendo privadamente a Washburn: "'Van a intentar forzarme a reconocer que estoy equivocado, así es que me voy'".[29]
Durante el invierno de 1889 Washburn se debatió entre la duda y el desánimo: "'¡No tenemos profeta! Es imposible, si esos dos hombres [Jones y Waggoner] la influencian de esa forma', razonaba él". Sus propias reuniones evangelísticas fueron un fracaso. "Perdió la multitud" y bautizó solamente a cuatro o cinco en sus reuniones. Sus "dudas retornaron con fuerza". Una noche se arrodilló en el exterior y "oró desesperadamente". "Razonó que si este pueblo guardaba los mandamientos de Dios, tenía que tener también el Espíritu de Profecía. Pero eso era imposible si el profeta se dejaba llevar por la posición de dos hombres jóvenes. … 'Si hay Dios, que me haga creer', oró". Tal era la profundidad en la que Washburn había caído tras Mineápolis.[30]
Washburn y A. T. Jones coincidieron en el mismo tren camino del encuentro de Arkansas. Si bien Washburn tenía "dudas de que ATJ fuese 'sano'" y sentía que estaba "en el error junto a EJW[aggoner]", estaba no obstante muy impresionado por la reciente "victoria [de Jones] en Washington" en relación con el proyecto de ley dominical de Blair. Estando él mismo interesado en las leyes y la política, Washburn "se presentó a ATJ con cierto temor, [pero] encontró que [Jones] fue muy amigable y cortés". Washburn "aprendió a quererlo, fue con él al encuentro [de Kansas], pasó un fin de semana con él, [y] caminó río arriba y abajo junto a él, hablando mucho".[31]
A Washburn todo parecía irle bien en los encuentros de Kansas, hasta que llegó Ellen White y se presentó en las reuniones de temprano por la mañana, diciendo: "'No queremos aquí nada del espíritu de Mineápolis. Si J. H. M[orrison] y Henry Nicola no se arrepienten y se convierten, ¡nunca serán salvos!'" Washburn "quedó sorprendido al oírle hablar tan explícitamente de sus líderes en Iowa. '¡Está equivocada!'", pensó. Washburn estaba "de nuevo disgustado, y volvieron las antiguas dudas" junto al "espíritu de Mineápolis". Decidió entrevistarse con Ellen White y resolver el asunto de una vez por todas.[32]
Ellen White le respondió cortésmente y lo invitó a una visita. Washburn explicó su preocupación a Ellen White. Le dijo que "siempre había creído que era profetisa, pero le perturbaba el episodio de Mineápolis". Pensaba que Uriah Smith y Morrison "estaban en lo correcto". Ellen White le respondió: "'¿Sabe por qué J. H. M[orrison] abandonó prematuramente la conferencia?'" Entonces le dijo a Washburn "precisamente lo que J. H. M. le había dicho [a él], y la revelación de aquel conocimiento evidentemente sobrenatural relativo a la conversación privada y confidencial" que había tenido con Morrison, lo dejó sobrecogido. Se dio cuenta de que había Uno que revelaba secretos a Ellen White:
EGW le habló acerca de su guía en Europa, quien había extendido sus brazos afirmando: "En esta controversia se están cometiendo errores en ambas partes". Entonces EGW añadió: La "ley en Gálatas" no fue el asunto real en el congreso. ¡El asunto real fue la justicia por la fe! … "EJW[aggoner] puede enseñar la justicia por la fe más claramente de lo que puedo hacer yo", dijo EGW. "¡Cómo, hermana White!", dijo [Washburn], "¿quiere decir que E. J. Waggoner puede enseñarla mejor que usted, con toda su experiencia?" EGW replicó: "Sí, el Señor le ha dado a él luz especial sobre esa cuestión. He estado queriendo presentarla (más claramente), pero no podría haberla presentado con la claridad con que él lo hizo. Ahora bien, cuando él la presentó en Mineápolis, la reconocí".[33]
Washburn preguntó entonces a Ellen White si era infalible. Respondió así: "'No, por supuesto … no soy más que un ser humano sujeto a error'". Eso llevó a Washburn a preguntarle cómo podía estar seguro de que lo que escribía o decía venía "del Señor". Ellen White "no respondió inmediatamente" a eso por un tiempo que le pareció como "cinco buenos minutos". Washburn se sentía incómodo, pero cuando vino la respuesta, "lo confirmó por siempre respecto al Espíritu de Profecía":
"No he tenido una visión en varios años. (Sus visiones abiertas cesaron tras los primeros años, pero después tuvo visiones en la noche). Pero no me atreveré jamás a hablar o escribir como un testimonio, a menos que sepa que el Espíritu Santo controla mi mente".[34]
Washburn salió de aquella entrevista con Ellen White como "un hombre diferente, asegurado en su confianza en este movimiento y en su conducción divina mediante el Espíritu de Profecía".[35]
Por fin un avance
El viernes 10 de mayo por la mañana Ellen White habló de nuevo en el campamento de Ottawa "ante el pueblo reunido, en referencia a Mineápolis y a la forma en que los hermanos trataron a los siervos que el Señor les envió con los mensajes de verdad". Como resultado de su predicación "algunos dieron testimonio en relación con su experiencia en el congreso de Mineápolis". Y sin embargo, afirmó ella, "no parecimos avanzar".
El sábado de mañana A. T. Jones predicó sobre "buscad primeramente el reino de Dios y su justicia". Aunque ya había hablado veinte veces durante el encuentro campestre, se había referido principalmente al asunto de la libertad religiosa. Ahora, el sábado por la mañana, comenzó una serie sobre "el tema de la justificación por la fe, y muchos la recibieron como luz y verdad".[36] Jones dijo a los cientos de personas reunidas que era la justicia de Dios lo que necesitaban, "no valdrá ninguna otra cosa":
Sin embargo, debemos saber dónde buscarla, y cómo, ya que frecuentemente la buscamos en los sitios equivocados; por ejemplo, como muchos hacen, en la ley de Dios, obedeciéndola. … La justicia de Dios está en su ley, pero no le es revelada al hombre mediante la ley, Rom 1:16-17, la justicia de Dios se revela al hombre en el evangelio, no en la ley. …
Gálatas 2:21; "si la justificación se obtuviera por la ley, entonces por demás murió Cristo", por lo tanto, nuestra propia justicia es todo lo que podemos obtener a partir de la ley, y la justicia de Dios sólo puede venir mediante Jesucristo. ¿Qué es nuestra justicia? Isa 64:6. Nuestra justicia son trapos de inmundicia. Todos hemos pecado y hemos caído de la gloria de Dios. ¿Qué es pecado? Cuando Israel salió de Egipto, no conocían a Dios. … A fin de hacerles comprender su condición y lo que era el pecado … tomó una palabra que significa "errar la diana" … Así, cuanta más justicia de la ley tenga un hombre, peor es: más andrajoso. …
No es nuestra obediencia, sino la obediencia de Cristo la que vale para traernos la justicia. Por lo tanto, dejemos de procurar hacer la justicia de Dios en nuestra propia fuerza. Pongamos fin a eso. Desechadlo por siempre. Sea la obediencia de Cristo la que lo haga todo por vosotros y obtened la fuerza para tensar el arco, de forma que podáis hacer diana. …[37]
Si bien Jones se refería al hecho de que la justicia que necesita el hombre ha de venir de Cristo y no de la ley, de ninguna forma despreciaba la ley o la observancia de los mandamientos. Dejó claro que la razón por la que Cristo vino a la tierra como "un niño, y no como un hombre" fue para poder enfrentarse a "todas las tentaciones a las que un niño se enfrenta, [sin] jamás" pecar. Y es así como "todo niño puede estar en el lugar de Cristo y resistir en la fuerza de Cristo":
Ahora, si la justicia es el don de Dios y viene mediante el evangelio, ¿para qué sirve la ley? … La esperanza de toda la raza humana radica en el hecho de que la ley demanda perfección, dado que si [dicha ley] pudiera excusar un pecado en el más mínimo grado, nadie podría quedar nunca libre de pecado, pues la ley nunca daría a conocer ese pecado. En ese caso, no podría jamás ser perdonado, que es la única forma en que el hombre puede ser salvo. Va a llegar el día en el que la ley revele el último pecado; entonces seremos perfectos ante él, y salvos con salvación eterna. La perfección de la ley de Dios conlleva que nos va a mostrar todos nuestros pecados, y entonces hay a punto un perfecto Salvador, dispuesto a quitarlos todos ellos. Cuando Dios nos muestra todos nuestros pecados, no lo hace para condenarnos, sino para salvarnos, por lo tanto, es una prenda de su amor por nosotros.[38]
Ellen White dejó registrada en la Review su alegría al oír la predicación que Jones dio a un pueblo que no estaba habituado a escuchar buenas nuevas como aquellas:
En el encuentro de Kansas mi oración a Dios consistía en que se pudiera quebrantar el poder del enemigo, y que el pueblo que había estado en tinieblas pudiera abrir sus corazones y mentes al mensaje que Dios les enviaría. … Nuestro buen y misericordioso Señor ha sido presentado ante el pueblo revestido de los atributos de Satanás. … Muchos han estado viviendo en una atmósfera de duda, y para ellos parece casi imposible aferrarse a la esperanza puesta ante ellos en el evangelio de Cristo. …
El sábado se presentaron verdades que eran nuevas para la mayoría de la congregación. Del tesoro de la palabra de Dios se extrajeron cosas nuevas y cosas viejas. Se revelaron verdades que el pueblo a duras penas era capaz de comprender y apropiarse de ellas. La luz brillaba desde los oráculos de Dios en relación con la ley y el evangelio, en relación con el hecho de que Cristo es nuestra justicia, lo que parecía para las almas hambrientas de la verdad como luz demasiado preciosa para ser recibida. … El Señor presentó la verdad … en líneas claras, revelando el hecho de que sólo Cristo es la fuente de toda esperanza y salvación. "En él estaba la vida, y esa vida era la luz de los hombres. … Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros…".
Damos gracias al Señor de todo corazón por tener preciosa luz que presentar ante el pueblo, y nos alegramos por tener un mensaje para este tiempo, que es verdad actual.[39]
Pero no todo fue bien: "Hubo muchos testimonios dando fe de que apreciaban la luz y la verdad que se les había presentado. Pero tomar el lugar de aprendices parecía difícil para quienes habían estado moviéndose en una atmósfera de duda. Objetaban por nimiedades sin importancia. Estaba entre nosotros la levadura que se había llevado a la Asociación de Iowa". El domingo por la mañana Ellen White dio un "testimonio claro y penetrante", hablando "sobre las sospechas malvadas y anticristianas, y sobre las tergiversaciones que se habían hecho en Mineápolis". Habló contra el "pecado de nuestras dudas e incredulidad; que en cada congregación Satanás tenía sus agentes entre nosotros mismos, y a través de ellos podía obrar".[40]
El enemigo está a la obra mediante los que se han instalado en la duda y la incredulidad y no tienen bastante con mantenerse ellos mismos allí, sino que están fortaleciendo todo el tiempo a otros en la misma línea. … Según la luz que Dios me ha dado, jamás hubo una luz nueva que viniera del cielo para la que Satanás no encontrara algo que criticar. Eso mismo sucede hoy con algunos: objetarán por pequeñas cosas. Quieren luz, pero viene el enemigo tal como hizo con los hombres en Nazaret, y a pesar de que el Espíritu de Dios les dijo que Jesús era el ungido … permanecieron en la duda y la incredulidad. …
La naturaleza humana no ha mejorado en nada desde aquel tiempo. Sigue todavía siendo naturaleza humana. …
Ahora, hermanos, quiero deciros que cuando el Espíritu de Dios venga a nuestro medio, se abrirá camino en las mentes dispuestas a recibirlo. Pero si sus mentes no están abiertas a recibirlo, lo estarán para emitir juicio sobre el mensajero y las palabras pronunciadas. … Así es como sucedió en Mineápolis.
Es porque sé que ese mismo espíritu está aquí, y no debiéramos darle cabida ni por un momento. … Os quiero preguntar si os sentís satisfechos con vuestra frialdad, vuestra incredulidad y vuestro retroceso. ¿No habéis tenido bastante de eso? Si no es así, el diablo os dará todo lo que deseáis. …
Vemos que no estamos en una mejor condición que la del pueblo judío. …
Cristo, hablando a la gente de su tiempo, les dijo que habían cegado sus ojos y tapado sus oídos. … Se les había dado luz, pero no quisieron recibirla. Estaban sobre ellos las tinieblas y buscarían pequeñas faltas, apartando las mentes del pueblo de la verdad solemne que había para ellos. Ahora, ¿qué va a suceder en nuestro caso? … Queremos saber si vamos a tener la rica bendición del Señor descansando sobre nosotros, y si nos daremos cuenta de que él arroja su abundante luz y gloria sobre nosotros. Tal es mi oración.[41]
Tras la reunión de la mañana, con la mente agitada aún por los eventos de los meses anteriores, Ellen White comenzó una carta a sus hijos. Reflexionando sobre Mineápolis, donde "fue popular la rebelión" y hubo "un insulto al Espíritu de Dios", se refirió a quienes habían venido a las reuniones de Kansas "con el mismo espíritu que tan prominente fue en Mineápolis". Escribió sobre el sermón que dio el sábado A. T. Jones, que fue "luz y verdad" para muchos, pero para quienes "moraban en la atmósfera de la duda" era solamente algo sobre lo que poder "discutir". Luego, como si estuviera escribiendo a los hermanos dubitativos, Ellen White preguntó: "¿No comprendéis que el Vigilante celestial nota vuestra incredulidad y oposición? ¿Creéis que vuestro ridiculizar y vuestras palabras de mofa no se os volverán a presentar? Hasta el derramamiento del Espíritu de Dios habéis tratado con desprecio, pronunciando sobre él vuestro juicio inicuo; y cuando os han llegado mensajes para que os convirtáis a Dios, de qué forma habéis malinterpretado y pervertido el significado de esas palabras".[42]
Afortunadamente también había buenas nuevas que compartir. Al final de la charla que Ellen White dio el domingo por la mañana "hubo una apertura en la reunión". El hermano Porter, un pastor de Iowa, se puso en pie para hablar. No había asistido al congreso de Mineápolis, pero sí al encuentro de Kansas, donde estuvo "'en completas tinieblas'" y con un "'espíritu combativo'". Ahora podía decir con gozo: "'Estoy convertido. Veo la luz'". Todo lo que antes había estado rodeado de tinieblas "'quedó claro tal como A. T. Jones lo ha presentado'".
Cuando terminó de hablar Porter "se levantó el joven Washburn y habló bastante extensamente. Dijo que en Mineápolis fue uno de los que pensaba que el testimonio de la hermana White no podía ser verdadero cuando afirmó que en California no había tenido conversación alguna con A. T. Jones ni E. J. Waggoner". Washburn dijo valientemente a todos los reunidos allí ante él: "'Lo confieso avergonzado. Lo he confesado a la hermana White y lo confieso a Dios. Me arrepiento por eso eternamente'".[43] Otros más se levantaron y dieron sus testimonios:
Los esfuerzos del sábado no fueron en vano. El domingo por la mañana hubo decidida evidencia de que el Espíritu de Dios estaba obrando grandes cambios en la condición moral y espiritual de los reunidos. … los que habían estado por largo tiempo en tinieblas dieron preciosos testimonios. Un hermano habló de la lucha que había experimentado antes de poder recibir las buenas nuevas de que Cristo es nuestra justicia. …
Uno de nuestros hermanos jóvenes en el ministerio dijo que había gozado más de la bendición y el amor de Dios en aquel encuentro, que en toda su vida anterior. Otro declaró que las pruebas, perplejidades y conflictos que había sufrido en su mente habían tenido un carácter tal, que se había sentido tentado a abandonarlo todo … y confesó con lágrimas el alivio y la bendición que habían venido a su alma. En cada reunión de oración hubo abundantes testimonios acerca de la paz, el consuelo y el gozo que habían encontrado al recibir la luz.[44]
Así, fue con gran lucha, mediante reuniones de una u otra clase alrededor del país, como Dios procuró derramar su Espíritu Santo en su iglesia languideciente. Muchos recibieron grandes bendiciones en las reuniones, mientras otros continuaban en su pertinaz rebelión. Continuaremos el estudio de esas reuniones en el próximo capítulo.
Notas: