El Retorno de la Lluvia Tardía

Capítulo 9

Los reavivamientos de 1889 - 2

Levántate, resplandece, que ha venido tu luz

Después de la charla matinal de Ellen White en el encuentro campestre de Kansas de mayo de 1889 tuvo por fin lugar una apertura. Muchos dieron testimonio de las grandes bendiciones recibidas y de su renovada experiencia. Aquella misma tarde Ellen White asistió a una reunión en la que "después que el hermano Jones hubo hablado sobre la fe, hubo muchos [más] testimonios espontáneos. Se llegaron a levantar entre seis y ocho al mismo tiempo, y recordaban a las ovejas hambrientas recibiendo el alimento en el momento oportuno". Escribiendo a sus hijos sobre aquellos acontecimientos Ellen White expresó su alegría y su deseo profundo: "Oro para que esta obra pueda continuar y para que Sión se pueda levantar, porque ha venido su luz, y la gloria del Señor ha nacido sobre ella. Humíllense ante Dios los miembros individuales de la iglesia, y acepten el mensaje que traerá sanación a sus magulladuras y heridas".[1] Ellen White reconoció que el Señor había visitado su pueblo con la precisa luz que los sanaría y capacitaría para que se levantasen y brillaran ante el mundo que los rodeaba.

La respuesta al mensaje enviado a través de Jones y Waggoner fue diversa. Mientras que muchos estaban recibiendo una gran bendición y una nueva experiencia religiosa que nunca antes habían conocido, otros percibieron el mensaje como una herejía peligrosa. Lo que es interesante de observar, no obstante, es que no todos estaban de acuerdo acerca de cuál era la herejía que supuestamente estaban enseñando Jones y Waggoner. Ellen White estaba gozosa, pues reconoció el mensaje que estaban presentando como un todo completo que incluía ambas cosas combinadas: la ley y el evangelio, y que tenía resultados poderosos.[2] Pero entre quienes se oponían al mensaje, algunos se fueron pensando que Jones y Waggoner despreciaban la ley y estaban en favor del antinomianismo -gracia barata-, mientras que otros sentían que estaban menospreciando el evangelio al enseñar cierto tipo de perfeccionismo.[3]

Oposición de ambas partes

G. I. Butler y Uriah Smith sentían que Jones estaba menospreciando la ley, y escribieron en Review refutaciones a sus predicaciones en los encuentros campestres. En el número del 14 de mayo de la Review Butler escribió sobre el capítulo 7 y 8 de Romanos, titulando su artículo: "La justicia de la ley, cumplida por nosotros". En contraste con las predicaciones de Jones, quien describía un aspecto del pecado en términos de errar la diana, Butler enfatizaba que la ley moral fue dada "para mostrar lo que Dios ve como correcto; todo lo que viole sus principios sagrados es incorrecto: es pecado. … 'Pecado es la transgresión de la ley'. 1 Juan 3:4". Hacia el final de su artículo, Butler resume sus inquietudes:

Si hay alguna enseñanza propia de este tiempo, que el mensaje del tercer ángel tenga por fin corregir más que cualquier otra, es este punto: la necesidad de obediencia a la ley de Dios. Aquí están "los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús". Apoc 14:12. … Hay un sentimiento que prevalece casi por doquier, se lo presenta en las formas más atractivas, y se lo hace parecer plausible: consiste en que no es necesario obedecer esos mandamientos, o bien que no se los puede obedecer en este mundo. Se enseña un tipo fácil de religión: "Solamente cree en Cristo, y todo estará bien contigo". No se examina el corazón; la conciencia está adormecida; hay un escaso sentido de la culpabilidad del pecado, poca dedicación a estudiar las demandas de la ley de Dios, poco examen de uno mismo, poco aborrecimiento del pecado. Jesús lo hace todo. Es una de las herejías más peligrosas en el mundo. …

Multitudes se tienen hoy por cristianas, alegando que Cristo ha hecho la obra por ellos y que nada saben sobre su amor perdonador, puesto que no sintieron nunca la pecaminosidad del pecado, y no hacen una obra cabal de arrepentimiento. La obra no pasa de ser superficial. Así, estos se refugian bajo la sombra de Cristo -según suponen- mientras que en realidad están llevando sus pecados junto a ellos. Convierten de esa forma a Cristo en un ministro de pecado. …

Será un día muy triste para nosotros como pueblo, si desechamos la luz que Dios nos ha dado en relación con nuestro deber de guardar, en el espíritu y en la letra, la ley moral de Dios.[4]

Butler escribía elocuentemente defendiendo la ley ante los supuestos ataques de Jones, al mismo tiempo que él mismo desoía el consejo de Ellen White, la sierva del Señor. La refutación de Smith llegó en un artículo publicado el 11 de junio, que llevaba por título: "Nuestra justicia". Uriah Smith era más abrasivo que Butler. Sugería que la enseñanza actual -por inferencia, la de Jones y Waggoner- estaba siguiendo el mismo camino que el de los "amargos opositores a nuestra causa" que desechaban la ley. Incluso dedicó un puyazo a Ellen White, afirmando que cualquiera que "conociera al hermano White puede imaginar el tiempo que habría tardado en demoler una objeción como esa":

Algunos de nuestros corresponsales están comenzando a dejar ir comentarios sospechosamente inclinados hacia la nueva posición consistente en que cualquier intento de nuestra parte por guardar los mandamientos es simplemente un intento por hacernos mejores a nosotros mismos, cosa que nunca podemos hacer; que es un intento por ser justos, lo que equivale simplemente a cubrirnos de trapos de inmundicia. … Somos incapaces de determinar cuánto intentan expresar; pero nos parece que están girando sus pasos sin darse cuenta hacia una posición sostenida por amargos opositores hacia nuestra causa y obra, y que recurren abundantemente a esa línea de pensamiento para su material. …

La perfecta obediencia a la misma [la ley] desarrollará una perfecta justicia, y esa es la única forma en que puede uno alcanzar la justicia. … Cristo interviene y puentea el abismo entre nosotros y Dios al proveer un sacrificio con el objeto de cancelar el pecado pasado … [y] ponernos de nuevo en armonía con la ley. … Aquí es donde nuestro amigo metodista cometió un error … al no percibir que todo el objetivo de la obra de Cristo por nosotros es traernos de nuevo a la ley, a fin de que su justicia [de la ley] pueda ser cumplida en nosotros mediante nuestra obediencia a ella. …

No debemos sentarnos en el banco de no hacer nada, como una masa inerte en las manos del Redentor. …

Pero se plantea la pregunta: Si un hombre se compromete a guardar la ley en su propia fuerza y obra su propia justicia, ¿puede conseguirlo?, ¿acaso no se está vistiendo con trapos de inmundicia? No sabemos a qué clase de gente se dirige la pregunta. Sí sabemos, no obstante, que no hay un adventista en la tierra que albergue la creencia de que puede guardar los mandamientos en su propia fuerza. … Dudamos que hasta los mismos fariseos basaran su propia justicia en la perfección de su obediencia personal a los diez mandamientos. …

Hay una justicia que debemos tener a fin de ver el reino de los cielos, que se llama "nuestra justicia"; y dicha justicia viene de estar en armonía con la ley de Dios. … Y "nuestra justicia" no puede en este caso consistir en trapos de inmundicia.[5]

Otros, además de Butler y Smith, pensaban como ellos acerca de las reuniones de Ottawa, Kansas. No obstante, antes de analizar más protestas, hemos de considerar de cerca cuál fue, con toda probabilidad, la predicación que suscitó todo ese criticismo. El viernes 17 de mayo de 1889, Jones terminó su serie dedicada a la justicia por la fe con una predicación titulada: "Guardando los mandamientos". Puesto que se ha dicho tanto sobre las palabras de Jones, en 1889 y hoy en día, incluimos íntegramente su predicación tal como aparece en Topeka Daily Capital:[6]

2 Corintios 5:17. Hemos visto cómo somos llevados a estar en Cristo, y cómo dice que si alguno está en Cristo es una nueva criatura. Gálatas 6:15; 5:6. Nada vale fuera de eso y de la fe que obra por el amor de Dios, siendo hecho una nueva criatura por la fe. Romanos 5:1, 2, 5; 1 Juan 5:3. Por lo tanto, guardar los mandamientos de Dios viene después que somos hechos nuevas criaturas; es decir, se nos ha de hacer buenos, justos, antes de poder hacer el bien u obrar justicia; 1 Corintios 7:19. Esa es la meta puesta ante nosotros en Cristo Jesús. Efesios 2:8-10. Somos creados para buenas obras; somos hechos nuevas criaturas en él, contando su justicia en lugar de nuestra injusticia. Las buenas obras para las que las criaturas de Dios son creadas en Cristo, son las buenas obras que anteriormente éramos incapaces de hacer. Por consiguiente, la nueva criatura tendrá constantemente como meta guardar los mandamientos.

Santiago 2:1, 9. No tenemos la fe de Cristo en la transgresión de la ley. Cristo no vino para hacernos libres con ese propósito, puesto que si despreciamos un simple punto de la ley, nuestra fe no valdrá. Pero se acepta nuestro intento y los pecados de ignorancia quedan perdonados; ahora bien, si rehusamos voluntariamente aceptar puntos de la verdad que se nos presentan, perderemos toda la justicia que jamás tuviéramos. Eso explica al mal rápidamente creciente en las iglesias populares de hoy. Hace años las iglesias eran religiosas, incluso al comienzo del mensaje del tercer ángel eran aceptadas por Dios, pero cuando rehusaron cumplir los requerimientos del mensaje, perdieron toda la justicia que tenían y habían tenido, [comenzando en lugar de ello] a inventar cualquier medio posible para mantener unidas las congregaciones mediante el entretenimiento. Esa es la filosofía tras la degeneración de las iglesias.

Santiago 2:14. La fe no aprovecha para nada a menos que se la mantenga viva mediante esas obras. Dios ha hecho provisión. Números 18. Mostremos nuestra fe por nuestras obras. La fe es el ancla que mantiene la nave en el lugar correcto para faenar, y las tormentas que nos golpean nos llevan más cerca de casa. Versículos 21 y 23. Abraham fue contado por justo cuando creyó, y fue sin obras; la otra justicia llegó veinticinco años después, por lo tanto, no fue contado como justo por las obras; esa escritura se pronunció cuando creyó; y más de veinticinco años después Santiago afirma que la escritura se cumplió. Si entonces hubiera rehusado ofrecer a Isaac, su justicia precedente habría desaparecido, por lo tanto, la obediencia de su fe completó su justicia que tuvo por la fe. Así pues, no guardamos los mandamientos para hacernos justos, sino porque somos justos. Romanos 8:26 muestra que ni siquiera somos capaces de orar como se debe, pero el Espíritu lo hace por nosotros, de forma que nuestras oraciones son aceptables solamente mediante la intercesión de Cristo y los méritos de su sangre.

Apocalipsis 8:3, 4. Aquí está la intercesión en el santuario; [está] haciendo intercesión por nosotros. Dios mira a Cristo, a sus heridas y a su sacrificio, y los acepta. Cristo era perfecto antes de venir a la tierra, y su oración hace aceptables nuestras oraciones, siendo que Dios imputa su oración en nuestro favor. ¿Cómo se nos imputa su justicia? ¿Son nuestras acciones justas sólo en parte, y se aplica entonces su justicia para dar el toque final a la obra? -No. La justicia de Cristo actúa desde el principio y hace que la acción sea la que debe ser.

Romanos 1:16. ¿No es nuestra fe mayor que cuando vinimos aquí? ¿No vemos de su justicia más de lo que vimos antes? ¿Por qué tenemos mayor fe y vemos más de su justicia? Porque nuestra fe ha crecido. Así es día tras día. Vinimos cada día para una mayor provisión de fe. Y finalmente tenemos en nosotros tanto de la naturaleza divina como para poder tensar el arco con la fuerza suficiente para hacer diana, y entonces guardaremos los mandamientos de Dios. ¿No se trata, entonces, de la obra de Cristo desde el principio, y de todo su poder divino? ¿Dónde encajan, por lo tanto, nuestras obras? En ninguna parte. Siendo así, ¿por qué nos esforzamos tanto en guardar los mandamientos, si de nada vale? Es solamente por la fe en Cristo como podemos decir que somos cristianos. Es solamente siendo uno con él como podemos ser cristianos, y es sólo mediante Cristo morando en nosotros como guardamos los mandamientos, siendo totalmente por la fe en Cristo como hacemos y decimos esas cosas.

Cuando llegue el día en que guardemos realmente los mandamientos de Dios, no moriremos nunca, puesto que guardar los mandamientos es justicia, y justicia y vida son inseparables; por lo tanto: "Aquí están los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús", y ¿cuál es el resultado? -Son trasladados. Por lo tanto, la vida y el guardar los mandamientos van unidos. Si morimos ahora, la justicia de Cristo nos será imputada y seremos resucitados, pero los que viven hasta el fin son hechos sin pecado antes que él venga, teniendo tanto de Cristo en ellos que "hacen diana" todas las veces y están sin mancha en ausencia de intercesor, ya que Cristo deja el santuario cierto tiempo antes de regresar a la tierra.

Algunos dicen: "Voy a mejorar mi vida; intentaré elevarme hasta llegar a ese lugar en el que Dios pueda aceptarme". Cuando un niño intenta hacer algo para elevarse a sí mismo -esperando que penséis mejor sobre él- y cae, decís que se trató de egoísmo y de orgullo, y que le está bien merecido. Pero si el niño intenta hacer algo con la sencilla intención de agradaros, lo elogiáis y felicitáis, incluso si lo realiza torpemente. Igual sucede con nosotros. Si nos esforzamos por agradar a nuestro Dios, no importa con cuánta torpeza lo hagamos, él se complace sobremanera en poner sobre nosotros la justicia de Cristo, y todo el cielo se alegra por ello. Cuántas veces el niño intenta ayudar a su madre, y ella consiente aun al precio de tener que repetirlo todo después; sin embargo, se deleita viendo el deseo del niño por complacerla. Como el padre se compadece de sus hijos, se compadece el Señor de los que le temen.

Por lo tanto, podemos decir con David: "Dios mío, me deleito en hacer tu voluntad". ¿Por qué? Debido al amor que Dios vertió en su corazón [Rom 5:5]. Permitidme que lea ahora algunos textos relativos a agradar a Dios: Hebreos 11:6. El objetivo de la fe es agradar a Dios por lo muy bondadoso que él es. Romanos 8:8. Nuevamente 2 Corintios 5:14. El amor de Cristo nos atrae, y obtenemos ese amor mediante la fe. Ahora, ¿podemos amar a Dios si no podemos guardar los mandamientos de Dios? -No. No podemos hacer ninguna de las dos cosas hasta ser hechos nuevas criaturas. 1 Juan 3:21-22. Leamos ahora Colosenses 1:9-10. Debiéramos ser capaces de andar ante él agradándole. 1 Tesalonicenses 4:1. Esa es, por lo tanto, la raíz y motivación al guardar los mandamientos: Agradar a Dios, y no hacernos justos a nosotros mismos. Dios nos hace justos y nos mantiene justos, y entonces guardamos los mandamientos para agradar a Dios, quien ha hecho tanto por nosotros. Puesto que es mediante el poder de Cristo por el que guardamos ahora los mandamientos, será mediante su poder como viviremos por siempre en la tierra nueva. ¿Cuál es su nombre para nosotros? Jeremías dice cuál es: "El Señor, justicia nuestra". Jeremías 23:5-6.[7]

El secretario de la Asociación General, Dan Jones, quien se opuso frecuentemente a Jones y Waggoner, escribió a O. A. Olsen en la primavera siguiente, lamentándose por haberse encontrado con pastores "extremadamente desanimados" en la Asociación de Kansas. "Habían recibido la impresión de que estaban viniendo nuevas ideas que ponían en cuestión las antiguas posiciones que habíamos sostenido, y no tenían certeza de que las nuevas posiciones fueran correctas. … De alguna forma se habían hecho a la idea de que la doctrina de la justificación por la fe prácticamente desechaba la ley".[8]

Mientras que algunos de los hermanos percibían que la enseñanza de Jones y Waggoner acerca de la justificación por la fe desechaba la ley, otros sentían que estaban enseñando "ideas exageradas" relativas a vencer el pecado. En relación con las mismas reuniones, Dan Jones informó a O. A. Olsen de que algunos pastores estaban "envueltos por una nube y cayendo en el desánimo. Eso provenía de ideas exageradas que habían recibido respecto a lo que enseñaban nuestros hermanos en el tema de la justificación por la fe; habían llegado a la conclusión de que ahora se tomaba la posición de que hemos de estar en un estado en el que no pequemos, que todo pecado debe ser enteramente desechado, y que si no estamos en esa posición, no estamos convertidos, etc".[9] El hecho de que tanto Jones como Waggoner estaban enseñando que Cristo había venido a esta tierra tomando sobre su naturaleza impecable nuestra naturaleza pecaminosa, y venciendo al pecado en nuestra carne a fin de que también nosotros podamos vencer, resultaba para algunos muy perturbadora. Pero ¿cómo vio Ellen White esas dos respuestas al mensaje? ¿Sugirió acaso que Jones y Waggoner estuvieran causando confusión por estar despreciando la ley, o por enseñar el perfeccionismo?[10]

Ellen White responde

Mientras que Uriah Smith, G. I. Butler, Dan Jones y otros estaban culpabilizando a Jones y Waggoner por enseñar dos extremos opuestos en relación con la justificación por la fe, Ellen White, quien había estado presente en las reuniones campestres, vio la auténtica causa de la confusión. Un tiempo después dijo enfáticamente a Uriah Smith que "las muchas y confusas ideas relativas a la justicia de Cristo y la justificación por la fe, son el resultado de la posición que usted ha tomado respecto al hombre y al mensaje enviado por Dios".[11] En una charla dada pocos meses después de los encuentros campestres de 1889, Ellen White declaró que "una vez tras otra se me ha presentado el peligro de abrigar, como pueblo, ideas falsas sobre la justificación por la fe. Se me ha mostrado durante años que Satanás obraría de una forma especial para confundir la mente en este punto". No obstante, no arrojó la carga de la culpa sobre Jones y Waggoner, sino sobre quienes se habían centrado profusamente en la ley de Dios, estando "casi destituidos del conocimiento de Jesucristo y de su relación con la ley, tal como lo estuvo la ofrenda de Caín. … Muchos han sido apartados de la fe debido a las ideas entremezcladas y confusas sobre la salvación, debido a que los pastores han trabajado de forma equivocada para llegar a los corazones".[12]

Pero Ellen White advirtió también a quienes sentían que el mensaje actual estaba llamando a una norma demasiado elevada y que no era posible que Cristo hubiera tomado sobre sí la naturaleza caída del hombre:

Las vicisitudes de los hijos de Israel, y su actitud justamente antes de la primera venida de Cristo me han sido presentados vez tras vez para ilustrar la posición del pueblo de Dios en su experiencia antes de la segunda venida de Cristo. ¡Cómo procuró el enemigo toda ocasión para tomar el control de las mentes de los judíos!, y hoy está buscando enceguecer las mentes de los siervos de Dios para que no sean capaces de discernir la preciosa verdad. …

Cristo vino al mundo para hacer frente a esas falsas acusaciones y para revelar al Padre. No podemos imaginar la humillación que sufrió al tomar sobre sí nuestra naturaleza. …

Los judíos habían estado esperando la venida del Mesías, pero habían pensado que tenía que venir en toda la gloria que lo acompañará en su segunda venida. Debido a no venir con toda la majestad de un rey, lo rechazaron completamente. Pero no fue sólo debido a no venir en esplendor, por lo que lo rechazaron. Es porque era la personificación de la pureza, y ellos eran impuros. … Un carácter como el suyo en medio de la degradación y el mal, estaba en desacuerdo con los deseos de ellos, y fue maltratado y despreciado. …

Me han llegado cartas afirmando que Cristo no pudo tener la misma naturaleza que el hombre, ya que de haber sido así, habría caído bajo similares tentaciones. Si no tuvo la naturaleza del hombre, entonces no pudo ser tentado como lo ha sido el hombre.[13]

Dos años después Ellen White repitió esos mismos pensamientos. Cristo no tuvo una ventaja sobre la raza humana en lo que se refiere a hacer frente a la tentación. Se concede gracia y poder a todo aquel que recibe a Cristo por la fe, tal como él es:

No necesitamos colocar la obediencia de Cristo por sí misma como algo a lo que él estuviera particularmente adaptado por su particular naturaleza divina, ya que él se tuvo ante Dios como representante del hombre y [fue] tentado como su sustituto y garante. Si Cristo hubiera tenido un poder especial que el hombre no tenga el privilegio de tener, Satanás habría hecho de eso algo capital. La obra de Cristo tenía por fin refutar la pretensión satánica de control sobre el hombre, y sólo podía hacer tal cosa viniendo como lo hizo: [como] un hombre, tentado como un hombre, rindiendo la obediencia de un hombre. …

Téngase presente que la victoria y la obediencia de Cristo son las de un verdadero ser humano. En nuestras conclusiones cometemos muchos errores debido a nuestras ideas equivocadas relativas a la naturaleza humana de nuestro Señor. Cuando atribuimos a su naturaleza humana un poder que es imposible que el hombre tenga en sus conflictos con Satanás, destruimos la integridad de su humanidad. Su gracia y poder imputados, los da a todo el que lo reciba a él por la fe. La obediencia de Cristo a su Padre fue la misma obediencia que se requiere del hombre.[14]

Williamsport, Pennsylvania

En medio de dificultades causadas por una inundación reciente, Ellen White y A. T. Jones viajaron de Kansas a Pennsylvania para un encuentro campestre previsto del 5 al 11 de junio de 1889. E. J. Waggoner se reunió con ellos procedente de California para cooperar en las reuniones, que fueron "fervientemente acogidas" por el pueblo.[15] El espíritu de incredulidad de Mineápolis se había extendido a las reuniones de Kansas, pero en Williamsport el pueblo "no parecía poseer un espíritu de incredulidad y resistencia al mensaje que el Señor les había enviado". Unos meses más tarde, en un artículo de la Review, Ellen White describió los positivos resultados de las reuniones:

Hubo una buena asistencia a nuestras reuniones, y en la reunión temprana de la mañana había tantos deseosos de dar su testimonio, que fue difícil terminar la reunión en el tiempo previsto. … El Señor ha obrado en favor de su pueblo, y han recibido la luz con gozo, como alimento en el tiempo oportuno. Sus almas han agonizado por alimento espiritual, y éste se les ha proporcionado. …

A medida que los hermanos Jones y Waggoner presentaban al pueblo el precioso mensaje de la verdad presente, iban viendo nueva belleza en el mensaje del tercer ángel y fueron grandemente fortalecidos. Testificaron del hecho de que nunca antes habían asistido a reuniones en las que recibieran tanta instrucción y tan preciosa luz. … Sintieron que ahora comprendían mejor cómo ganar almas para Cristo. …

En toda reunión a la que asistimos encontramos a muchos que no comprenden la sencillez de la fe. … Necesitan que se presente a Cristo ante ellos. Necesitan que se les presente el valor, la esperanza y la fe. Piden pan. ¿Recibirán una piedra? ¿Dirá la juventud en nuestras filas: "Nadie se preocupa por mi alma"? ¿No traeremos luz a las almas que van palpando en las tinieblas?[16]

En el mismo artículo de la Review Ellen White se refirió más específicamente al mensaje de verdad actual que Jones y Waggoner estaban compartiendo. Era el mensaje del tercer ángel, el gran mensaje de la justificación por la fe proclamado junto a la ley de Dios. Era el mensaje: El Señor, justicia nuestra:

Hay grandes verdades escondidas por largo tiempo bajo los escombros del error, que se han de revelar al pueblo. Muchos de los que han profesado creer el mensaje del tercer ángel han perdido de vista la doctrina de la justificación por la fe. Los de la santidad han ido a grandes extremos en este punto. Han enseñado con gran celo: "Solamente creed en Cristo, y sed salvos; pero fuera con la ley de Dios". No es esa la enseñanza de la palabra de Dios. Una fe como esa carece de fundamento. No son esas las preciosas gemas de verdad que Dios ha dado a su pueblo para este tiempo. Esa doctrina desvía a las almas sinceras. …

Dios ha suscitado a hombres para suplir la necesidad de este tiempo, que clamarán a voz en cuello y no se detendrán, que alzarán su voz como trompeta y anunciarán a mi pueblo sus transgresiones y a la casa de Jacob sus pecados. Su obra no consiste sólo en proclamar la ley, sino en predicar la verdad para este tiempo: el Señor, justicia nuestra.[17]

El mensaje que Jones y Waggoner estaban presentado colocaba en su marco adecuado los mandamientos de Dios y la fe de Jesús, y los resultados fueron maravillosos. Ellen White dejó claro que en la Iglesia Adventista se había perdido de vista la doctrina de la justificación por la fe, siendo el resultado que dirigentes y miembros dependían meramente de una forma legalista de religión. El mensaje del tercer ángel que el adventismo tenía que proclamar al mundo no era un mensaje de salvación por las obras. Tampoco era la perversión liberal de la doctrina de la Reforma de la justificación por la fe que estaban enseñando los predicadores de la santidad. El mensaje adventista era el mensaje del tercer ángel en verdad -la ley y el evangelio combinados- que iba más allá del mensaje que enseñaron los reformadores. Era el mensaje de la justicia por la fe edificado sobre el fundamento de la Reforma, pero enseñado en el contexto del juicio final y de la purificación del santuario celestial.[18]

En la edición de 1888 de El conflicto de los siglos, Ellen White escribió sobre la Reforma y "la gran doctrina de la justificación por la fe, tan claramente enseñada por Lutero".[19] Pero en el mismo libro afirmó también que "la Reforma no terminó con Lutero, como muchos suponen. Ha de continuar hasta el fin de la historia de este mundo. Lutero tenía una gran obra que hacer en reflejar a otros la luz que Dios había permitido que brillara sobre él; sin embargo, no recibió toda la luz que iba a ser dada al mundo. Desde aquel tiempo hasta el presente, ha estado brillando continuamente nueva luz sobre las Escrituras, y se han estado desplegando continuamente nuevas verdades".[20] "En los días de Lutero había una verdad actual: una verdad en aquel tiempo de especial importancia", pero Ellen White exclamó: "Hoy hay una verdad actual para la iglesia".[21]

En el artículo sobre el encuentro campestre de Williamsport Ellen White describió las grandes bendiciones que recibieron quienes aceptaron la verdad presente de la justicia por la fe, para dirigir luego su atención a quienes seguían dudando todavía si aceptar o no el mensaje. Advirtió a los de Battle Creek acerca de que estaban pecando en contra de una gran luz, de que había llegado el tiempo para escoger entre Baal y el Señor:

El Espíritu de Dios está hoy retirándose de las personas en la tierra. …

La terrible destrucción de vidas y propiedades en Johnstown y Williamsport … demanda la más seria reflexión. … Pero no hemos de pensar … que merecían el castigo más que otras ciudades. … Los hay que están viviendo bajo la sombra misma de nuestras instituciones, que están pecando contra una luz mayor que la gente de Johnstown … y ciertamente caerán más en la ira de los juicios retributivos de Dios. …

La maldición de Meroz descansará sobre quienes no vienen ahora en ayuda del Señor contra los poderosos. Bien se puede preguntar en el espíritu de Elías: "¿Hasta cuándo vacilaréis entre dos opiniones? Si el Señor es Dios, seguidlo. Y si Baal, id en pos de él".

Todo el cielo está interesado en la obra que se está desarrollando en la tierra. Pero hay quienes no ven necesidad de una obra especial para este tiempo. Mientras que Dios está obrando para levantar al pueblo, procuran poner de lado el mensaje de advertencia, reproche y súplica. Su influencia tiende a acallar los temores del pueblo y a evitar que se despierten a la solemnidad de este tiempo. … Si no cambian su curso de acción … compartirán la misma remuneración que los que están en enemistad y rebelión abierta contra Dios.[22]

Ellen White escribió inmediatamente antes del encuentro campestre de Williamsport a H. W. Miller, un pastor de la Asociación de Michigan, afirmando que "algunos de nuestros hermanos dirigentes" se han "interpuesto entre la luz y el pueblo". Dijo a Miller que "había presentado repetidamente ante él y ante otros que vendría un tiempo de zarandeo". En vista del continuo rechazo del derramamiento del Espíritu de Dios pudo afirmar sin ambages: "Estamos ahora entrando en ese tiempo".[23]

Roma, Nueva York

Desde el encuentro campestre de Williamsport los predicadores viajaron hacia Nueva York, donde tuvo lugar el encuentro campestre de Roma, del 11 al 18 de junio. Ellen White estaba "ansiosa porque la gracia de Cristo viniera sobre nuestros hermanos". Su esperanza no quedó defraudada: "El Señor les envió mensajes especiales de misericordia y ánimo". Una vez más reconoció el mensaje por lo que era:

El Señor quiere que su iglesia se levante y resplandezca, ya que la luz de Dios ha brillado sobre su pueblo en el mensaje de verdad presente. Si todos prestan oído a las preciosas palabras que les da el gran Maestro mediante sus siervos delegados, habrá un despertar en nuestras filas y se impartirá vigor espiritual a la iglesia. Todos debiéramos desear conocer la verdad tal cual es en Jesús. …

Me sentí ansiosa porque la luz del cielo pudiera brillar sobre el pueblo de Dios en esta conferencia a fin de que puedan arrepentirse celosamente de sus pecados. … Nos sentimos agradecidos a nuestro Padre celestial porque su mensaje de esperanza, valor y fe pudiera llegar a nuestros hermanos y hermanas en Nueva York, y lamentamos profundamente que no estuvieran presentes muchos otros para compartir la importante instrucción que se dio. …

A medida que los siervos del Señor extraían cosas nuevas y cosas viejas de la mina de oro de su palabra surgió la esperanza en los corazones de aquellos veteranos soldados en la verdad. Sabían que el mensaje era lo que necesitaban, y sintieron que venía de Dios. …

Hay gran necesidad de que se predique a Cristo como la única esperanza y salvación. Cuando se presentó en el encuentro de Roma la doctrina de la justificación por la fe, para muchos fue como el agua para el viajero sediento. El pensamiento de que nos es imputada la justicia de Cristo, no por mérito alguno de nuestra parte, sino como un don gratuito de Dios, pareció un pensamiento precioso. El enemigo del hombre y de Dios no está dispuesto a que se presente claramente esa verdad, pues sabe que si el pueblo la recibe plenamente, su poder resultará quebrantado. Si puede controlar las mentes, de forma que la duda, la incredulidad y las tinieblas se incluyan en la experiencia de los que pretenden ser hijos de Dios, él puede vencerlos mediante la tentación.[24]

"La gloria del Señor" de la que habla Isaías 60:1 era el mensaje que estaba brillando sobre ellos; verdades "nuevas y antiguas". Si se las aceptaba, traerían un "despertar" a la iglesia. Satanás no quería que "se presente claramente" esa luz, pues sabía que "si el pueblo la recibe plenamente, su poder resultará quebrantado". En consecuencia, se dispuso a "controlar las mentes" mediante la "duda" y la "incredulidad" a fin de poder "vencerlos mediante la tentación".[25] La forma más eficaz para conseguir su fin era a través de los que ocupaban puestos de responsabilidad.

Durante el encuentro campestre en Roma, Ellen White respondió al artículo que Smith escribió el 11 de junio en la Review mediante una carta personal. Había sido despertada en la noche y se le había mostrado el caso de Smith como siendo realmente desalentador:

Lo vi caminando por el sendero que de forma casi imperceptible diverge del camino verdadero. Estuvo a mi lado un noble personaje y me dijo: "Uriah Smith no está en el borde del precipicio, pero está en el camino que lo va a llevar pronto allí, y excepto que se le advierta ahora, pronto será demasiado tarde. Ahora puede desandar sus pasos. Está caminando como un ciego hacia la red que el enemigo ha preparado, pero no siente el peligro debido a que la luz se ha transformado para él en tinieblas, y las tinieblas en luz. …"

Esta mañana he leído su artículo en la Review. No había necesidad alguna de que escribiera de la forma en que lo ha hecho. Usted representa falsamente la posición del pastor Jones, tal como hicieron en Mineápolis el pastor Morrison, Nicola, usted mismo y otros.[26]

Cristo y la ley

Los miembros de iglesia que asistían al encuentro campestre de Roma en el que Jones y Waggoner estaban predicando, leyeron el artículo de Uriah Smith del 11 de junio en la Review. El último día del encuentro, Ellen White quiso aclarar las cosas. En su predicación: "Cristo y la ley", explico cómo Cristo reveló al pueblo judío "luz antigua en nuevos escenarios" en relación con la ley. Pero "en el momento en que hace tal cosa, se suscita una resistencia contra esa luz. … No es como ellos lo habían enseñado. … Sus pensamientos consistían en que él no estaba dando a la ley la prominencia que ellos le habían dado. … veían hombres que parecían árboles que andan". Ellen White planteó en ese punto una comparación, preguntando a sus oyentes cómo responderían a la luz del cielo:

¿Qué va a hacer Dios por su pueblo?, ¿dejarlos sin ninguna nueva luz? "Vosotros sois", dice, "la luz del mundo". Por lo tanto, hemos de obtener más luz del trono de Dios y disponer de luz acrecentada. No os estamos diciendo que en el mensaje que se os ha dado aquí y en otros lugares haya mucha luz nueva, pero se trata de luz antigua recuperada y colocada en nuevos escenarios. …[27]

Inmediatamente antes de la venida del Hijo del hombre hay y ha habido por años una determinación de parte del enemigo para arrojar su sombra infernal entre el hombre y su Salvador. ¿Para qué? Para que el hombre no pueda distinguir que el que se dio por él es un Salvador completo y un sacrificio completo. Entonces les dice que no tienen que guardar la ley, ya que, de hacerlo así, el hombre quedaría unido con el poder divino, y Satanás sería derrotado. … A pesar de que el hombre estaba rodeado de las debilidades de la humanidad, podría participar de la naturaleza divina y ser libre de la corrupción que está en el mundo por causa de los malos deseos. En eso consiste la redención.[28]

Si pudieseis ver lo que es Cristo: Uno que puede salvar completamente a todo el que acude a Dios por medio de él, entonces tendríais esa fe que obra. Ahora bien, ¿deben las obras venir primero? No; primero es la fe. Y ¿cómo? Se eleva la cruz de Cristo entre el cielo y la tierra. …

"Entonces", dirá alguien, "no puedes ser aceptado a menos que te arrepientas". Bien, ¿quién nos lleva al arrepentimiento?, ¿quién nos está atrayendo? … Cristo. En este mundo hay ángeles de Dios que están obrando en las mentes humanas; el hombre resulta atraído hacia Aquel que lo eleva, y Aquel que lo eleva lo atrae al arrepentimiento. No es una obra del propio hombre; nada hay que pueda hacer que posea valor alguno, excepto creer. …

¿Es esta la victoria?, ¿vuestra fe, sentimientos y buenas obras? ¿Es eso? No; "Esta es la victoria … nuestra fe". … Ciertamente, no estamos siguiendo fábulas ingeniosas, sino que hemos estado revelando a Cristo, justicia nuestra.[29]

Ellen White dijo a sus oyentes que la "autosuficiencia" se había adueñado de ellos. Leyó el mensaje a la iglesia de Laodicea, afirmando que era "aplicable a nosotros". Definió a continuación los remedios para la condición laodicense tal como se los encuentra en el mensaje mismo que el Señor había tenido a bien enviarles:

¿Cuál es aquí la dificultad? "Afinado en fuego". Cristo tuvo tal amor por nosotros, que pudo atravesar todo ese proceso de afinado de la crucifixión, saliendo vencedor. Y las vestiduras blancas, ¿qué representan? La justicia de Cristo. "Unge tus ojos con colirio": discernimiento espiritual a fin de que podáis distinguir entre la verdadera justicia y la justicia propia. Aquí está ahora la obra. El Comerciante celestial está yendo y viniendo ante vosotros, y dice: "Comprad de mí. Aquí hay bienes celestiales; comprad de mí". "¿Lo haréis? Es de mí de quien debéis comprar". No hay otro recurso en el cielo, del que podamos recibir libertad y vida, excepto a través de Jesucristo, justicia nuestra.

Dice luego: "Sé, pues, celoso, y arrepiéntete". Ese mensaje es para nosotros. Queremos que los hermanos y hermanas en este encuentro se apropien de ese mensaje y vean la luz que se nos ha traído en nuevos escenarios.

Dios ha revelado ante nosotros dónde está nuestra fuerza, y necesitamos saber acerca de ella y estar preparados para el tiempo de angustia cual nunca fue desde que hubo gente. Pero aquí está nuestra fortaleza: Cristo, justicia nuestra.[30]

Al llegar Ellen White al final de su charla, respondió al artículo de Smith en la Review. Lo describió como estando en la misma condición que los judíos. Defendió a Jones, a Waggoner y a su marido en contra de las tergiversaciones de Smith. Dejó claro que apoyaba plenamente el mensaje que se estaba dando, y que dicho mensaje no era contrario a lo que había "estado tratando de presentar" ante sus mentes. Dirigiéndose a la congregación en términos inconfundibles, identificó el mensaje por lo que era: había venido su "luz":

Hermanos, no permitáis que a ninguno de vosotros se os aparte del camino. "Bien", preguntáis: "¿Qué significa el artículo del hermano Smith en la Review?" --No sabe de lo que está hablando; ve hombres como árboles que andan. … Toma esos [textos] que se han colocado en esquemas falsos y los reúne como si estuviésemos descartando las demandas de la ley de Dios, lo que no es cierto. Es imposible que exaltemos la ley de Jehová, a menos que nos aferremos a la justicia de Jesucristo.

Mi esposo comprendía ese asunto de la ley, y hablamos noche tras noche hasta que ninguno de los dos podía dormir. Se trata de los principios mismos por los que lucha la gente. Quieren saber que Cristo los acepta tan pronto como acuden a él. …

Se me ha hecho la pregunta: "¿Qué piensa de la luz que estos hombres están presentando?" -Que os la he estado presentando en los últimos 45 años: los encantos incomparables de Cristo.[31] Eso es lo que he estado procurando presentar ante vuestras mentes. Cuando el hermano Waggoner presentó esas ideas en Mineápolis, esa fue la primera enseñanza clara sobre el tema que he oído de labios humanos, excepto por conversaciones mantenidas con mi esposo. Me he dicho: es debido a que Dios me las ha presentado en visión, por lo que las veo tan claramente, y ellos no pueden verlas debido a que nunca se les han presentado como a mí. Y cuando otro las presentó, cada fibra de mi corazón dijo: Amén. …

Os pido en nombre de Jesucristo de Nazaret que os levantéis y resplandezcáis, porque ha venido vuestra luz. … Ahora, aquí, habéis tenido luz. ¿Qué vais a hacer con ella? … ¡Cuánto anhelo ver la efusión derramándose sobre el pueblo! Sé que es posible, pues Dios nos dio todo el cielo en un don, y cada uno de nosotros puede aceptar la luz, cada rayo de ella, y entonces podemos ser la luz del mundo.[32]

La respuesta de Smith fue cualquier cosa excepto arrepentimiento. Escribió un segundo artículo en la Review, titulado: "Otra vez nuestra justicia". Afirmó que "alguien parecía haber entendido mal" su primer artículo, y volvió a escribir "con la esperanza de hacerlo tan claro como para que nadie lo pudiera entender mal". Pero su posición no cambió. Le preocupaba que "exaltando el aspecto de la fe en el asunto, que está bien en sí mismo, … muchos lleguen a pensar que [la ley] está obsoleta, y que lo otro [la obediencia] no tiene importancia".[33]

Mirada retrospectiva

Algunas semanas más tarde Ellen White escribió en referencia al encuentro campestre de Roma. Animó a quienes habían "recibido" luz a que la dejaran "brillar en las diferentes iglesias de las que" eran miembros, ya que si descuidaban comunicar la luz serían "dejados en las tinieblas". Advirtió a quienes estaban criticando el mensaje, que éste tenía "credenciales divinas", que Satanás no sólo estaba procurando anular la ley de Dios sino que también estaba pisoteando "la fe de Cristo, justicia nuestra". Si no era apreciado el "mensaje actual", que traía con él un poder divino, las "falsas doctrinas" tomarían cautivas las mentes y Cristo y su justicia quedarían "excluidos de la experiencia", y Satanás los "vencería mediante sus tentaciones":

El mensaje actual -la justificación por la fe- es un mensaje de Dios; lleva las credenciales divinas, pues su fruto es para santidad. Muchos que necesitaban en gran manera la verdad preciosa que se presentó ante ellos, tememos que no recibieron su beneficio … han sufrido una gran pérdida. …

Dudar, cuestionar y criticar la luz divina es peligroso para el alma. Satanás presentará sus tentaciones hasta que la luz aparecerá como tinieblas, y muchos rechazarán la verdad misma que habría significado la salvación de sus almas. Los que caminen en los rayos [de la luz] verán aumentar su brillo hasta el día perfecto. …

Ha sido necesario exaltar la gran norma de justicia, pero al hacer así muchos han sido negligentes en predicar la fe de Jesús. Si tenemos el espíritu y el poder del mensaje del tercer ángel debemos presentar la ley y el evangelio juntos, pues ambos van de la mano. De igual forma en que un poder de lo bajo está espoleando a los hijos de desobediencia para que anulen la ley de Dios y pisoteen la fe de Cristo como nuestra justicia, un poder de lo alto está motivando los corazones de aquellos que son leales en exaltar la ley y en elevar a Jesús como un Salvador completo. A menos que se incorpore el poder divino a la experiencia del pueblo de Dios, tomarán cautivas las mentes teorías falsas e ideas erróneas, Cristo y su justicia abandonarán la experiencia de muchos, y su fe carecerá de poder y de vida. … Si no se arrepienten celosamente estarán entre los representados por Laodicea y serán arrojados de la boca de Dios. …

Nuestra posición actual es interesante y peligrosa. El peligro de rehusar la luz del cielo debiera hacernos velar en oración, a fin de que ninguno de nosotros tenga un corazón malvado de incredulidad. Cuando el Cordero de Dios fue crucificado en el Calvario, sonó el toque de difuntos para Satanás; y si el enemigo de la verdad y la justicia puede borrar de la mente el pensamiento de que es necesario depender de la justicia de Cristo para la salvación, lo hará. Si Satanás puede tener éxito en hacer que el hombre atribuya valor a sus propias obras de mérito y justicia, sabe que puede vencerlo mediante sus tentaciones, convirtiéndolo en su víctima y en su presa.[34]

¿Se silencia el mensaje?

Después del encuentro campestre de Roma, Ellen White regresó a Battle Creek "agotada y exhausta". Tuvo que "abstenerse de hablar por un tiempo" hasta que mejoró su salud.[35] Fue durante ese período cuando escribió "Experience Following the 1888 Minneapolis Conference". Allí resumió los eventos que siguieron al congreso de la Asociación General, incluyendo algunos de los encuentros de reavivamiento que tuvieron lugar al principio de la primavera, y tristemente, la oposición que continuaba siendo tenaz. Empleando el lenguaje de Isaías 58, describió el interés del universo por ver "cuántos siervos fieles están llevando en sus corazones los pecados del pueblo, y están afligiendo sus almas; cuántos son colaboradores de Jesucristo para ser reparadores de muros … restauradores de calzadas". No era sólo el sábado el que estaba en necesidad de restauración, sino también el "camino de fe y justicia".[36]

A finales de junio Ellen White viajó a Wexford, Michigan, a otro encuentro campestre organizado del 25 de junio al 2 de julio. Una vez más "el Espíritu del Señor obró de forma manifiesta", pero muchos rehusaron beneficiarse de él. El 23 de julio Ellen White envió una carta de cuarenta y una páginas a los "pastores Madison y Howard Miller", pastores ambos en la Asociación de Michigan. Los reprendió, a ellos y a otros, por no reconocer los movimientos del Espíritu, y por estar "siempre dispuestos a cuestionar y a cavilar". Algunos tuvieron "una experiencia desafortunada … en Mineápolis". Otros, en su condición actual, serían "un obstáculo en cualquier reunión o consejo", lo mismo que los espías infieles, quienes no dudaron "en ver y presentar obstáculos que parecían insuperables en el camino de avance del pueblo de Dios". Les dijo que "el Señor nos ha encomendado un mensaje lleno de interés, de alcance incalculable en su influencia y eternidad. Tenemos nuevas que dar a la gente, que debieran traer gozo a sus almas". Les dijo que no les correspondía "cerrar el canal por el que vendrá la luz. El Señor desea sanar las heridas de sus corderos y ovejas mediante el bálsamo celestial de la verdad de que Cristo es nuestra justicia". Sus acciones fueron similares a las de los judíos; estaban rechazando a Cristo "en la persona de sus mensajeros". Pero ahora eran "menos excusables que los judíos; puesto que tenemos ante nosotros el ejemplo de ellos":

A la vista de Dios es un grave pecado interponerse (como algunos de nuestros hermanos han estado haciendo) entre el pueblo y el mensaje que les habría llegado. Hay algunos que, como los judíos, están haciendo todo lo que pueden para anular el efecto del mensaje de Dios. Reciban la luz de la verdad los que dudan y cuestionan, o bien apártense del camino a fin de que otros puedan tener una oportunidad de recibir la verdad. …

Los que viven justamente antes de la segunda venida de Cristo pueden esperar una gran medida de su Santo Espíritu; pero si no velan y oran, volverán a transitar el mismo camino de rehusar el mensaje de misericordia, tal como hicieron los judíos en los días de Cristo (si es que Dios ha hablado por mí, algunos de nuestros hombres en la dirección están transitando ese mismo camino). Si se vuelven atrás de la luz, fracasarán en cumplir las elevadas y santas demandas de Dios, fracasarán en desempeñar la sagrada responsabilidad que él les ha confiado.

El carácter y las posibilidades del pueblo de Dios son similares a las de los judíos, quienes no pudieron entrar a causa de incredulidad. La autosuficiencia, la importancia de uno mismo y el orgullo espiritual los separan de Dios.[37]

Ellen White reconoció que los hermanos estaban siguiendo los pasos de los judíos. Muchos miraban "a sus líderes" y preguntaban: "'Si este mensaje que el hermano A. T. Jones está trayendo a la iglesia es la verdad, ¿por qué no lo han recibido los hermanos Smith y Butler?'" Los hermanos dirigentes que estaban despreciando el mensaje y los mensajeros, estaban incurriendo en una "culpabilidad similar" a la de los judíos; no obstante, Ellen White dijo: "La incredulidad de ellos no es razón para que otros hagan lo mismo". Hacia el final de su carta a Madison y Miller, Ellen White formuló una última amonestación y súplica:

Hay muchos que han oído el mensaje para este tiempo y han visto sus resultados, no pudiendo por menos que reconocer que la obra es buena, pero por temor a que alguien adopte posiciones extremas y a que el fanatismo haga aparición en nuestras filas, han permitido que su imaginación cree muchos obstáculos para estorbar el avance de la obra, y han presentado a otros esas dificultades, espaciándose en los peligros de aceptar la doctrina. Han procurado contrarrestar la influencia del mensaje de verdad. Supongan que tienen éxito en tales esfuerzos; ¿cuál sería el resultado? El mensaje para despertar una iglesia tibia cesaría y el testimonio que exalta la justicia de Cristo sería silenciado. …

El carácter, los motivos y los propósitos de los hombres que Dios ha enviado, han sido y continuarán siendo tergiversados. …

El fin se cierne sobre nosotros: ¿Es razonable pensar que no haya un mensaje para disponer a un pueblo a fin de que permanezca en pie en el día de la preparación de Dios? … ¿Tendrá que terminar el mensaje del tercer ángel en las tinieblas?, ¿o bien va a alumbrar toda la tierra con su gloria? ¿Se va a apagar la luz del Espíritu de Dios, quedando la iglesia tan destituida de la gracia de Cristo como las colinas de Gilboa, donde no hay rocío ni lluvia?[38]

Ellen White, Jones y Waggoner asistieron juntos a otros varios encuentros campestres antes del congreso de la Asociación General de finales de octubre de 1889, y los resultados fueron los mismos. Muchos encontraron una nueva experiencia al oír el mensaje presentado, pero muchos de los hermanos dirigentes, aunque haciendo profesión de creer en el mensaje que se presentaba, continuaron luchando contra lo que percibían como defectos en el mensaje y los mensajeros. Algunos años más tarde A. T. Jones resumiría así los eventos de aquel verano de 1889:

Entonces, cuando llegó el momento de los encuentros campestres, nosotros tres los visitamos llevando el mensaje de la justicia por la fe y la libertad religiosa. En ocasiones coincidíamos los tres en el mismo encuentro. Eso calmó la marea entre el pueblo, y aparentemente entre la mayor parte de los hermanos dirigentes. Pero esto último fue sólo en apariencia; nunca fue real, ya que todo el tiempo, en el comité de la Asociación General y entre otros, hubo un secreto antagonismo siempre presente.[39]

¿Era correcta la apreciación de Jones? Lo analizaremos en los capítulos que siguen.

Notas:

  1. Ellen G. White to Children, Carta 14, 12 mayo 1889; en 1888 Materials, p. 325. "¡Levántate, resplandece, que ha venido tu luz, y la Gloria del Señor ha venido sobre ti!" es una cita de Isaías 60. El Comentario Bíblico Adventista describe esos versículos como el "símbolo de la presencia divina", la presencia misma de Jesús, que va a ser proclamada con tal poder, que toda la tierra quedará alumbrada por la gloria de la verdad (Apoc 18:1)" (vol. 4, p. 313, "Isaías 60:1"). Esos versículos quedan así vinculados con el cuarto ángel de Apocalipsis 18 que ha de alumbrar la tierra con su gloria en el fuerte pregón y la lluvia tardía. Esa declaración que Ellen White incluyó en su carta escrita en el encuentro de Kansas es la primera de muchas otras en las que aplica Isaías 60:1 (tiempo presente) a la iglesia de su día que estaba escuchando el preciosísimo mensaje enviado del cielo: "Aquellos que esperan la venida del Esposo han de decir al pueblo: '¡Veis aquí el Dios vuestro!' Los últimos rayos de luz misericordiosa, el último mensaje de clemencia que ha de darse al mundo, es una revelación de su carácter de amor. … 'Levántate, resplandece; que ha venido tu lumbre, y la gloria de Jehová ha venido sobre ti' Isa 60:1. Este mensaje se da a aquellos que salen al encuentro del Esposo" (Christ's Object Lessons, pp. 415, 420) {Palabras de vida del gran Maestro, pp. 342, 346}.
  2. La conocida frase de Ellen White: "En su gran misericordia el Señor envió un preciosísimo mensaje a su pueblo por medio de los pastores Waggoner y Jones" describe dicho mensaje como abarcando "la ley y el evangelio, vinculando ambas cosas en un conjunto perfecto" (Testimonies to Ministers, pp. 91, 94) {Testimonios para los ministros, pp. 91, 94}. Ellen White sabía que "la ley y el evangelio, unidos, convencerán de pecado" y que "en ningún discurso deben estar divorciados". ¿Por qué? "Cada uno es complemento del otro. La ley sin fe en el evangelio de Cristo, no puede salvar al transgresor de la ley. El evangelio sin la ley es ineficiente y carece de poder. … Los dos unidos -el evangelio de Cristo y la ley de Dios- producen amor y fe no fingidos" (1888 Materials, pp. 892, 783). Ellen White testificó de la presencia de ese "amor y fe no fingidos" entre aquellos que aceptaron el mensaje presentado en las reuniones de verano.
  3. Jesús recibió una respuesta similar: para las preferencias de los fariseos conservadores Jesús era liberal en demasía; según ellos no tenía el debido respeto hacia la ley. Pero según los saduceos liberales Jesús era demasiado conservador, pues no excusaba el pecado por pequeño que fuese. Aunque los fariseos y los saduceos se odiaban mutuamente, tenían una cosa en común: odiaban a Jesús todavía más, odiaban el mensaje que él proclamaba y se unieron para crucificarlo.
  4. G. I. Butler, "La justicia de la ley que nosotros cumplimos", Review and Herald, 14 mayo 1889, pp. 313-314. George Knight sugiere que "G. I. Butler … también atacó la enseñanza de Jones en Ottawa, Kansas, y en otros lugares" en su artículo en la Review (From 1888 to Apostasy, p. 55). Si bien Butler era técnicamente correcto en muchos puntos de su artículo, Ellen White lo vio como quien estaba procediendo "incorrectamente a fin de ganarse los corazones" (ver nota 12). Tanto Jones como Waggoner negaban el concepto agustiniano del pecado original, pero escribieron acerca de diferentes aspectos del problema del pecado, más allá de la simple definición bíblica de 1 Juan 3:4 (ver: A. Leroy Moore, Theology in Crisis, p. 294; Clinton Wahlen, "Selected Aspects of Ellet J. Waggoner's Eschatology", pp. 10, 115).
  5. Uriah Smith, "Our Righteousness", Review and Herald, 11 junio 1889, p. 376.
  6. Entre el 5 y el 20 de mayo, Jones dio tres series de presentaciones en el encuentro campestre de Ottawa, Kansas, dando 14 disertaciones sobre libertad religiosa, 13 sobre gobierno eclesiástico y 5 sobre justificación por la fe. Jones fue luego junto a su esposa al encuentro campestre de Williamsport (The Topeka Daily Capital, 22 mayo 1889). El Daily Capital atribuye esa última predicación a W. C. White. George Knight hace esta sugerencia: "Se trata claramente de una predicación de ATJ[ones]. Lleva su estilo y forma parte de la serie de predicaciones que presentó sobre la justicia por la fe" (1888 to Apostasy, p. 263, fn 20). No obstante, hay algunos otros hechos a considerar. Una noticia en la Review afirmaba que "habrá acuerdos con los periódicos para que quede un fiel registro de cada predicación", y que "la Asociación General ha asignado un reportero [taquígrafo] competente dedicado a ese menester" (Review and Herald, 9 abril 1889, p 240). Bert Haloviak revela, no obstante, que "se ofreció una clase acerca de cómo tomar notas a mano" durante el encuentro campestre, y "'casi todos llevaron libretas, bolígrafos y notas sobre todos los ejercicios realizados en las clases, e informes de las predicaciones y discursos'. Era obvio que de esta forma el Capital pudo ofrecer transcripciones completas de las reuniones principales" ("From Righteousness to Holy Flesh: Judgement at Minneapolis", cap. 9, p. 14). O. A. Olsen sustituyó a Jones al principio de la semana, debido a que "el pastor Jones necesitaba descanso" (Daily Capital, 17 mayo 1889). Es posible que W. C. White hubiera hecho lo mismo. Parece improbable que estuvieran implicados ambos, pero sea W. C. White o A. T. Jones quien dio la predicación, el resultado es el mismo. Es probable que fuera Jones, así es que trataremos el asunto como si lo hubiera sido.
  7. A. T. Jones, "Keeping the Commandments", 20 mayo 1889, The Topeka Daily Capital, 20 mayo 1889; en "The 1889 Camp Meeting Sermons" (St. Maries, Id.: LMN Publ. International, n.d.), pp. 30-31. Una vez más se trata de la predicación íntegra de Jones, tal como apareció en Topeka Daily Capital. Se debe aclarar que la transcripción representa sólo un resumen de su predicación, y no una reproducción palabra por palabra. No hay forma de saber hasta qué punto la transcripción de los taquígrafos afecta el significado de la predicación de Jones, dado que estaban en fase de aprendizaje de su oficio (ver nota 6). Por consiguiente, debiéramos abstenernos de extraer conclusiones categóricas, sea a favor o en contra de la teología de Jones, a partir de los comentarios que leemos en esa transcripción.
  8. Dan T. Jones a O. A. Olsen, 27 abril 1890, archives of the General Conference of Seventh-day Adventists. Ellen G. White a Madison y Miller, Carta 4, 23 julio 1889; en 1888 Materials, p. 388. George Knight se alinea con Smith, Butler, Dan Jones y otros al afirmar lo que sigue respecto a la predicación de A. T. Jones: "Su utilización del lenguaje lo expuso ciertamente a tal malinterpretación. Después de todo, tras la reunión de Kansas en 1889 había hecho la observación: "'¿Dónde … encajan nuestras obras? En ninguna parte'. Intercalaba tales afirmaciones profusamente en sus predicaciones" (1888 to Apostasy, p. 55, cita literal). Knight concluye afirmando que "los adventistas lo comprendieron equivocadamente [a Jones] sobre la relación de la ley con la salvación" debido a que "era un extremista que nunca había dominado la virtud cristiana de la moderación" (Ibid., p. 55). Pero ¿será capaz el lector de comprender la verdadera intención de las palabras de Jones tal como las cita Knight, reproduciendo sólo una parte de una frase en la que además incluye puntos suspensivos? Al leerla en su contexto, queda claro que Jones se está refiriendo al mérito de nuestras obras: "¿Dónde encajan, por lo tanto, nuestras obras? -En ninguna parte". La expresión "por lo tanto", que Knight suprime, habría referido al lector a las clarificadoras frases precedentes. Sólo unas pocas frases más adelante, Jones vuelve a clarificar que es "solamente mediante Cristo en nosotros como guardamos los mandamientos". Desafío igualmente al lector a que encuentre dónde "intercalaba [Jones] tales afirmaciones profusamente en sus predicaciones", tal como se le acusa de hacer. Los que rechazaban a Jones en sus días, estaban "siempre a punto para cuestionar y cavilar", y para condenarlo por una palabra. Lo mismo sigue siendo cierto hoy. La predicación de Jones se defiende por ella misma, pero consideremos brevemente cuatro puntos: 1. Esas predicaciones fueron anotadas a mano por ciertos "reporteros", muchos de los cuales eran aprendices del oficio de reportero. Eso deja margen para el error humano y el sesgo personal, dado que la transcripción de aquella predicación tuvo que ser la combinación de varios informes de inexpertos (ver nota 6). Es también obvio, por lo entrecortado de las predicaciones transcritas, que no constituían una reproducción palabra por palabra, sino sólo de los pensamientos principales. Muchos de los que criticaron a Jones, con toda probabilidad lo hicieron leyendo sus predicaciones según el informe de Daily Capital, y no estuvieron presentes oyéndole hablar. Eso incluiría a Uriah Smith. ¡Qué fácil debía resultar en esas condiciones encontrar una palabra aquí o allí, a fin de condenar! 2. Como se verá más adelante, muchas de las acusaciones procedentes de Smith, Butler, Dan Jones y otros, resultaron ser falsas (ver nota 26). Pero se cumple el viejo adagio: "Una mentira recorre medio mundo antes que la verdad haya tenido tiempo de vestirse" (Winston Churchill). Hoy siguen en circulación algunas de las mentiras que se iniciaron en los tiempos de Jones. 3. El desafío para Jones y Waggoner, al enfrentarse al legalismo que era prevalente en la iglesia por aquel tiempo, consistía en presentar el aspecto de la fe de Jesús en el evangelio sin caer en la exageración. Si no fueron perfectos en ese particular, o si la gente tomó de forma extrema las declaraciones de ellos, eso no puede desacreditar la maravillosa obra que estaban haciendo. James White escribió acerca de un desafío similar al que debió hacer frente Ellen White en relación con la reforma pro-salud: "Hace ruegos fervientes a la gente, que algunos sienten profundamente … y van a los extremos. Entonces, para evitar la ruina de la causa … está obligada a reconvenir a los extremistas … pero la influencia de ambos -los extremismos y las reconvenciones- es terrible. … En eso radica la dificultad: lo que puede decir para precaver a los impulsivos, celosos e incautos, lo toman los tardos como una excusa para permanecer demasiado rezagados" ("The Spirit of Prophecy and Health Reform", Review and Herald, 17 marzo 1868). W. C. White reconoció el mismo problema: "He de deducir que lo que la madre escribe a fin de que estos últimos [el grupo de los indiferentes] despierten de su apatía e indiferencia, es tomado por los primeros [el grupo de los extremistas] como un garrote para fustigar a sus hermanos; y lo que se escribió para salvar a los primeros de su posicionamiento extremista y desconsiderado, lo toman los segundos como excusa para su confiada indiferencia" (W. C. White a A. O. Tait, 2 septiembre 1895). 4. No existe evidencia de que Ellen White censurara jamás a Jones por sus predicaciones en Ottawa, Kansas. Cuando le aconsejó con posterioridad por declaraciones extremadas que había hecho, fue principalmente para ahorrarle la crítica de quienes estaban observándole para condenarlo por una palabra, con la confusión que resultaría al distraer la atención del verdadero mensaje que estaba dando.
  9. Dan T. Jones a O. A. Olsen, 21 abril 1890, archives of the General Conference of Seventh-day Adventists.
  10. 10. Algunos toman hoy partido junto a los que sentían que Jones y Waggoner estaban enseñando el perfeccionismo en 1889. Un promotor destacado de esa idea ha sido Desmond Ford: "De vez en cuando han venido a los adventistas del séptimo día mensajes enfatizando a Jesús. Sucedió en 1888 mediante Jones y Waggoner, si bien sus puntos de vista tendían al perfeccionismo [nota 1]. Waggoner y Jones no comprendieron la justicia por la fe con la claridad de Lutero o Calvino. … Tristemente, tanto Jones como Waggoner extraviaron pronto el camino, moralmente y teológicamente" (For the Sake of the Gospel [2008], pp. 2, 219). Ford recomienda asimismo otros recursos que sustentan sus puntos de vista teológicos: "El mejor libro sobre Waggoner lo ha escrito David P. McMahon y lleva por título Ellet Joseph Waggoner: the Myth and the Man. … Recomiendo también encarecidamente el libro de Woodrow W. Whidden Ellen White on Salvation. Si esos libros fueran bien conocidos entre nosotros, nuestras principales herejías morirían" (Ibid., p. 85). Robert Brinsmead tenía pensamientos similares: "En períodos especiales de nuestra historia, el evangelio se ha esforzado por aflorar en la comunidad adventista. El año 1888 marcó un período tal. Pero incluso aquí debemos mantener una perspectiva adecuada. Como mostró el libro Ellet Joseph Waggoner: the Myth and the Man, de McMahon, Waggoner tenía luz para la comunidad adventista; pero es posible encontrar mejor material sobre la justificación por la fe entre los eruditos protestantes de su tiempo" (Judge by the Gospel: A Review of Adventism [1980], pp. 14-15). David McMahon no ahorra palabras en sus comentarios sobre Waggoner y Jones: "Pero otras declaraciones hechas [por Waggoner] en 1886 se decantan hacia el perfeccionismo. … ¡Qué decepcionante! Waggoner nos lleva hasta la frontera misma de la Tierra Prometida, y entonces nos hace regresar de nuevo al desierto del viejo pacto". "Desafortunadamente, entre 1889 y 1891 Waggoner se movió en esa dirección [panteísmo] con su posición extrema sobre la santificación. Esas posiciones se podrían haber evitado si hubiera preservado la distinción entre la justicia por la fe solamente, y la santificación". "La teología de Waggoner entre 1889 y 1891 fue una teología de transición. Aunque al principio no abandonó la justificación forense, se mudó a un concepto de justificación 'efectiva'. … Junto con el concepto católico-romano de justificación efectiva, Waggoner desarrolló conceptos como la naturaleza humana pecaminosa de Cristo, la expiación mística, la santificación por la sola fe, y la ley como expresión exhaustiva de la justicia de Dios. Tanto la historia de la iglesia como la historia de la teología demuestran claramente que esas son premisas panteístas" (The Myth and the Man [1979], pp. 44-45, 112-115). Un año después de las reuniones de Glacier View con Desmond Ford, Bert Haloviak, de General Conference Archives, redactó sus conceptos sobre las reuniones de Jones en Ottawa, Kansas: "Es evidente que tanto Jones como Waggoner, ya en 1888 tenían aspectos en su mensaje que se desarrollarían más tarde en fanatismo y apostasía a gran escala. Si bien los ingredientes de este giro resultan evidentes en la primera predicación de Jones [en Ottawa] sobre la justicia (y también de Waggoner), vino a ser incluso más evidente en sus predicaciones de clausura. … Si bien Jones y Waggoner destacaron la justicia como un don gratuito, parecieron considerar aquel don como una justicia infundida, y parecían creer que esa justicia infundida era necesaria para sostener al pueblo de Dios en el tiempo de angustia y en el tiempo futuro en que ellos creían que Cristo ya no mediaría más por su pueblo en el santuario celestial". "'Guardar los mandamientos', afirmó Jones, 'viene después que somos nuevas criaturas, por lo tanto, tenemos que ser hechos buenos, hechos justos, antes de poder obrar el bien, o hacer justicia' … Jones parece estar diciendo: Nuestra fe responde al amor de Dios y nos motiva a desear cumplir su ley; él acepta entonces nuestro deseo y nos infunde su justicia. … Esa teología crecería … y sería confrontada por Ellen White una década y media después en la crisis de Living Temple" ("Ellen White and A. T. Jones at Ottawa, 1889: Diverging Paths from Minneapolis", [manuscrito no publicado, 1981], pp. 15-16, 20-22). Pero Jones y Waggoner no emplearon jamás la palabra "infusa" o "infundida", excepto para referirse a la aberrante doctrina de la Iglesia Católica. Cuando Jones y Waggoner emplearon la palabra "imputada" y "tomada por", según Haloviak, estaban refiriéndose a "infundida" (Ibid., p. 18). Después de citar una de las declaraciones de apoyo más entusiastas que Ellen White hizo en Ottawa, Haloviak postula: "Parece claro que la hermana White está reaccionando al énfasis de Jones en la justicia como un don inmerecido, más bien que a esa parte de su teología que posteriormente recibiría la falsa etiqueta de justicia por la fe, por parte de quienes se adhirieron a la carne santa o a los sentimientos de Living Temple" (Ibid., p. 17). Woodrow Whidden se inspiró en el manuscrito de Haloviak al escribir su biografía de Waggoner. Da la impresión de que casi en cada página se han plantado semillas que lleven al lector a las conclusiones acabadas de citar: "¿Estaba Waggoner [en 1888] confundiendo la obra de la justificación con la de la santificación? Esas cuestiones serán ciertamente uno de los temas clave que nos ocuparán en nuestro estudio progresivo de los desarrollos teológicos de Waggoner. … Es obvio que para Waggoner, el pecador justificado es 'hecho recto y justo'. … pero que una declaración como esa 'haga' también justo de alguna forma al creyente, tiene algo de extraño. … ¿Estaba mezclando la justificación con la santificación … ? Whidden continúa así: "Lo que lo convierte a menudo en difícil de entender es su empleo del lenguaje de la justificación (imputación, o ser contado como justo) como abarcando mucho de lo que normalmente atribuimos a la obra de la santificación. Así, a menudo cuesta desentrañar el significado implicado por Waggoner". "Sin duda, la tendencia teológica más significativa y portentosa del período post-Mineápolis temprano … fue el énfasis que Waggoner puso a principios de 1889 en el concepto de Cristo habitando en nosotros. … Vendría a ser la causa de casi toda la teología errónea y caminos prácticos que Waggoner transitaría por el resto de su vida" (Woodrow Whidden, E. J. Waggoner, pp. 85, 69-71, 199, 210). George Knight se inspira en los mismos autores, declarando que las "expresiones [de Jones] sobre la santidad cristiana extraviaron a otros", y que sus enseñanzas "constituyeron una de las principales raíces a partir de las cuales brotó el perfeccionismo impecable entre los adventistas del séptimo día. … Existe, por ejemplo, una línea muy directa entre Jones en el período posterior a Mineápolis y el movimiento de la carne santa de Indiana en 1900. … Muchas de sus ideas sobre la carne santa fueron extensiones de sus enseñanzas sobre la justicia por la fe … comenzando, al menos, tan pronto como en 1889 …" (From 1888 to Apostasy, pp. 56-57). Jeff Reich sugiere que "El Sr. Haloviak, encargado de los archivos de la SDA [Iglesia Adventista del Séptimo Día], ayudó al Dr. Knight en parte de su investigación. De hecho, la propia idea de que Jones hubiera enseñado la carne santa desde 18[98] en adelante, parece haber surgido de alguno de los documentos no publicados de Haloviak" (From 1888 to apostasy: A Critique, [St. Maries, ID: LMN, 1988], p.10, ver también pp. 4-6). Ese escenario que presentan los modernos autores citados tiene un grandísimo problema: ¿En qué parte de los escritos de Ellen White -quien fue testigo presencial en el encuentro campestre de Ottawa, Kansas- encontramos apoyo para tales acusaciones? ¿Armonizan esas acusaciones con la valoración de Ellen White? ¿O bien armonizan con los que estaban luchando contra el mensaje hace ahora más de 120 años? ¿Tenemos hoy nosotros una mejor percepción de lo que sucedió en Kansas, de la que Dios dio a Ellen White? ¿Cómo pueden emplearse hoy los resultados positivos de las reuniones campestres de 1889 a modo de prueba de que el mensaje de 1888 fue aceptado, mientras que al mismo tiempo se los emplea como prueba de que el mensaje tenía un defecto fatal que llevó a la gracia barata de una parte, y al fanatismo de la carne santa y al panteísmo de la otra?
  11. Ellen G. White a Uriah Smith, Carta 24, 19 sptiembre 1892; en 1888 Materials, p. 1053, original sin cursivas.
  12. Ellen G. White, Manuscrito 36, "Danger of False Ideas of Justification by Faith", n.d. 1890; en 1888 Materials, pp. 810-811.
  13. Ellen G. White, "How to Meet a Controverted Point of Doctrine", Morning Talk, 18 enero 1890, Review and Herald, 18 febrero 1890; en 1888 Materials, p. 533. Ver el capítulo 11 para más información al respecto.
  14. Ellen G. White, Manuscrito 1, 15 noviembre 1892; en Manuscript Releases, pp. 340-341.
  15. Waggoner acababa de regresar de California, donde estaba sirviendo como jefe de redacción en Signs of the Times. El 17 de abril de 1889 Waggoner recibió un telegrama informándole de la muerte de su padre, J. H. Waggoner que estaba en Basel (Suiza), donde había sido redactor de la edición francesa de Signs of the Times (Signs of the Times, 22 abril 1889, p. 256). Unas pocas semanas después, el 20 de mayo, su hijo de nueve meses, Ernest Eugene, murió de tosferina. Waggoner acababa de partir "hacía unos pocos días … de su viaje al Este, para atender compromisos importantes, de forma que nunca tendría la satisfacción de volver a contemplar el rostro de su querido hijo en esta vida" ("Obituary", Signs of the Times, 3 junio 1889, p. 334). Waggoner regresó al Este con el propósito de visitar a su madre, quien acababa de retornar de Europa. Participó en algunos de los encuentros campestres del Este, y en Chatauqua completó "un curso de hebreo" que "estudiaba desde hacía varios años" (Signs of the Times, 27 mayo 1889, p. 320). Su esposa e hijos, que habían quedado en California y que habían perdido ya tanto, temían haberlo perdido también a él en la inundación de Johnstown y Williamsport, hasta que recibieron por fin su carta "muy sucia y con la tinta corrida por el agua" (Pearl Waggoner Howard, "Biographical Sketch and Background", p. 4; en Document File 236, E. G. White Research Center, Andrews University, Berrien Springs, MI, p. 4). Fue en medio de esos descorazonadores acontecimientos que Waggoner continuaba compartiendo las buenas nuevas del evangelio con los de dentro y fuera de la iglesia, muchos de los cuales no tenían la menor idea del costo personal que aquel esfuerzo tenía para él.
  16. Ellen G. White, "Camp-Meeting at Williamsport, PA", Review and Herald, 13 agosto 1889, pp. 513-514.
  17. Ellen G. White, "Camp-Meeting at Williamsport, PA", Review and Herald, 13 agosto 1889, pp. 513-514.
  18. 18. George Knight se refiere en varias ocasiones al artículo de Ellen White sobre Williamsport para tratar de demostrar que el mensaje que Jones y Waggoner presentaron fue una mezcla compuesta por doctrinas distintivas adventistas, junto a la enseñanza de los predicadores de la santidad: "La genialidad del mensaje [de Jones y Waggoner] de 1888 consistió en que habían combinado las dos mitades de Apocalipsis 14:12. No enseñaron solamente los mandamientos de Dios, sino que presentaron la doctrina de la fe que los predicadores de la santidad habían proclamado. Así, desde la perspectiva de Ellen White, la importancia del mensaje de 1888 no fue alguna doctrina adventista especial de justificación por la fe desarrollada por Jones y Waggoner. Fue más bien la reunión del adventismo con las creencias básicas cristianas sobre la salvación. … la justificación por la fe (una creencia evangélica que los adventistas no han sido capaces de mejorar)". Knight continúa así: "Por lo tanto, Waggoner y la Sra. White estaban de acuerdo en el hecho de que la doctrina de la justificación por la fe que él presentaba, lejos de ser una nueva comprensión de la justificación, era la creencia en la justificación acerca de la cual los adventistas habían sido negligentes, pero que armonizaba mucho con la enseñanza de Pablo, Lutero, Wesley y los predicadores de la santidad del siglo diecinueve. … Los dos hombres habían reunido las grandes verdades del adventismo centradas en los mandamientos de Dios, junto a la gran verdad de la cristiandad evangélica centrada en la salvación por la fe en Jesús. …" Unas páginas más adelante, Knight escribe: "En esencia, la Sra. White estaba afirmando que los adventistas del séptimo día tenían al fin una comprensión completa del mensaje del tercer ángel. … Es decir, habían unido esos aspectos de la teología adventista que eran singularmente adventistas con el gran tema de la justificación por la fe que, como dijo Ellen White, estaban enseñando los predicadores de la santidad (RH, 13 agosto 1889). El resultado fue que los adventistas, desde 1888, habían alcanzado por fin la posición desde la cual podían presentar el mensaje del tercer ángel en toda su plenitud y equilibrio" (A User-Friendly Guide to the 1888 Message, pp. 108, 110, 113, original incluye cursivas). Pero, ¿quería decir Ellen White lo que pretende hacerle decir Knight? Así clarificó ella esa afirmación que tan a menudo cita Knight: "La gente de la Santidad ha ido a los extremos en este punto. Han enseñado con gran celo: 'Solamente creed en Cristo, y sed salvos; pero fuera con la ley de Dios'. No es esa la enseñanza de la palabra de Dios. No hay fundamento para una fe como esa. No son esas las preciosas gemas de verdad que Dios ha dado a su pueblo para este tiempo. Esa doctrina extravía a las almas sinceras" ("Camp-Meeting at Williamsport, PA", Review and Herald, 13 agosto 1889, pp. 513-514). Knight procura asimismo apoyar su posición -de que el mensaje de Jones y Waggoner era en parte las enseñanzas de los predicadores de la santidad- a base de citar del propio Waggoner, quien escribió en su libro (1887) The Gospel in Galatians (p. 70) que sus enseñanzas estaban simplemente "'un paso más cerca de la fe de los grandes Reformadores desde los días de Pablo hasta los de Lutero y Wesley" (A User-Friendly Guide to the 1888 Message, p. 110). Pero Waggoner se estaba defendiendo ahí de las acusaciones de G. I. Butler consistentes en que su "tan cacareada doctrina de la justificación por la fe" era contraria a las Escrituras y significaba el final de las doctrinas adventistas sobre la ley, en favor de las doctrinas del movimiento liberal de la santidad. Waggoner afirma en la frase que escribe inmediatamente después, que es "un paso más cerca del corazón del mensaje del tercer ángel'" (The Gospel in Galatians, p. 70). El mensaje del tercer ángel al que los adventistas del séptimo día han sido llamados para predicar al mundo no es, y no ha sido nunca, una combinación de legalismo adventista (como el que enseñaban Butler y Smith) más la falsificación de la justificación por la fe que estaban enseñando los predicadores de la santidad. El mensaje del tercer ángel procedió directamente del santuario celestial, lugar donde Cristo desempeña su obra, y no de los predicadores de la santidad que rechazaron los mensajes del primero y segundo ángeles en 1844 (ver Ellen G. White, Primeros escritos, pp. 55-56, 237, 254). Eso no equivale a decir que el mensaje que los adventistas han de llevar al mundo no tenga conexión con el mensaje de los reformadores. De hecho, el mensaje adventista está fundado en el de los reformadores, pero se trata de un mensaje que Dios ha ordenado que brille en la plenitud de su gloria, libre de las creencias erróneas que por largo tiempo lo han acompañado. Kenneth H. Wood expresó con claridad esa idea: "En nuestra opinión el mensaje de 1888 fue distinto, e incluyó mucho más que el evangelio de la 'justificación por la fe' de Lutero. Tenía un marcado énfasis escatológico. Tenía por fin preparar a un pueblo para la traslación en la segunda venida de Cristo. Dirigía la atención al santuario celestial. Enfatizaba la humanidad de Cristo, y declaraba que Cristo no era sólo nuestro Salvador sino también nuestro Ejemplo -Uno que vivió una vida de fe y nos mostró cómo vivir ese mismo tipo de vida" ("Editor's Viewpoint", Review and Herald, 18 noviembre 1976, p. 2). Herbert E. Douglass lo confirma: "Sus mensajes [de Ellen White] demostraron claramente que este 'preciosísimo mensaje' no fue una mera recuperación del énfasis del siglo XVI, ni un préstamo tomado del metodismo del siglo XIX, tal como sucedía con The Christian's Secret of a Happy Life, de Hannah Whitall Smith" (Messenger of the Lord, p. 197) {Mensajera del Señor, p. 197}. Clinton Wahlen concuerda con esa posición: "Si bien EJW[aggoner] aceptó los principios generales de la Reforma, incluyendo la justificación por la fe y la Biblia como autoridad final para los cristianos, vio el 'mensaje del tercer ángel' (que por supuesto incluía sus propias enseñanzas) como un avance respecto a los días de la Reforma" ("What Did E. J. Waggoner Say at Minneapolis?" Adventist Heritage, invierno de 1988, p. 36). Es bien extraño que el mismo autor que pretende que el mensaje de Jones y Waggoner -apoyado por Ellen White- fue simplemente una combinación de observancia adventista de la ley, más la "doctrina de la fe" de los predicadores de la santidad, sostiene al mismo tiempo que el mensaje que dio en 1888 llevó a la gente directamente al "movimiento de la carne santa". Se pretende que muchas de las "ideas de la carne santa eran extensiones de las enseñanzas [de Jones] sobre la justicia por la fe … que había predicado desde al menos tan pronto como 1889" en los encuentros de Kansas (George R. Knight, From 1888 to Apostasy, p. 57). Uno tiene razón para preguntarse por qué Ellen White se manifestó en apoyo a la predicación de Jones en el encuentro de Kansas, y en contra de quienes la rechazaban, en lugar de advertir al pueblo de que iba a llevarlos al movimiento de la carne santa. Afortunadamente no obstante, no todos los autores adventistas ven de esa forma el mensaje preciosísimo.
  19. Ellen G. White, The Great Controversy, edición de 1888, p. 253. Ellen White describió posteriormente a Lutero como siendo uno de los reformadores cuya obra puso el fundamento del templo de Dios. Sin embargo, nunca dijo que su obra representara todo el edificio: "El enemigo de la justicia no escatimaba ningún esfuerzo para detener la obra encomendada a los edificadores del Señor. … Se levantaron obreros capaces de defender la fe dada una vez a los santos. … A la semejanza de los apóstoles, muchos de ellos cayeron en sus puestos, pero la construcción del templo siguió avanzando constantemente. … Los valdenses, Juan Wiclef, Huss y Jerónimo, Martin Lutero y Zwinglio, Cranmer, Latimer y Knox, los hugonotes, Juan y Carlos Wesley, y una multitud de otros como ellos, colocaron sobre el fundamento materiales que durarán por la eternidad. Y en los últimos años, los que se esforzaron tan noblemente por promover la circulación de la Palabra de Dios y los que por su servicio en países paganos prepararon el camino para la proclamación del último gran mensaje, contribuyeron también a levantar la estructura. Durante los años transcurridos desde los días de los apóstoles la edificación del templo de Dios nunca cesó. Podemos mirar hacia atrás a través de los siglos, y ver las piedras vivas de las cuales está compuesto, brillando como luces en medio de las tinieblas del error y la superstición. Durante toda la eternidad esas preciosas joyas brillarán con creciente resplandor, testificando del poder de la verdad de Dios" (Acts of the Apostles, p. 598-599) {Los hechos de los apóstoles, p. 477-478}.
  20. Ellen G. White, The Great Controversy, edición de 1888, pp. 148-149. Ellen White citó también a los peregrinos puritanos y a John Robinson en la valoración que hizo de la iglesia de sus días: "'No puedo lamentar más profundamente la condición de las iglesias reformadas, que han llegado a un cierto nivel en religión y no avanzarán más allá de lo que lo hicieron los agentes de su reforma. Es imposible hacer que los luteranos avancen más allá de lo que vio Lutero, y los calvinistas, como veis, se atienen al punto al que los llevó el gran hombre de Dios, que no obstante no lo vio todo. Esa es una miseria digna de lamento, pues es cierto que había luces que ardían y brillaban en su tiempo, pero no obstante, no penetraron en todo el consejo de Dios. De haber vivido ahora, habrían estado tan dispuestos a abrazar la luz acrecentada como lo estuvieron con la que ellos recibieron entonces'" (Ibid., pp. 291-292). Maravillosa como fue la obra realizada por Lutero y Calvino, incluida su comprensión de la doctrina fundamental de la justificación por la fe, resultó afectada por su comprensión errónea del pecado original y la elección humana: "Por desgracia, Lutero siguió a Agustín más bien que a Pablo en su enseñanza sobre la predestinación, el libre albedrío y doctrinas emparentadas. … A mediados del siglo dieciséis emergieron, por consiguiente, dos escuelas de pensamiento protestantes dominantes en Europa: el luteranismo y el calvinismo. Ambas sirvieron para emancipar a miles de la esclavitud del catolicismo medieval, y ambas defendieron valientemente ciertas doctrinas de la Escritura. No obstante, ambos sistemas poseían debilidades flagrantes. … Entre las filas protestantes se levantaron quienes se negaron a continuar siguiendo a los dos grandes reformadores. Hasta el propio Melanchthon, el amigo íntimo y colaborador de Lutero, se adhirió a la libertad de elección y evitó los extremos de Lutero a propósito de las buenas obras. … En esos principios se puede ver, no solamente la insistencia de Wesley en la justificación por la sola fe tal como enseña Lutero, sino otra enseñanza con la que ni Lutero ni Calvino habrían estado de acuerdo: la doctrina cardinal de Wesley de la libertad de elección" (Norval F. Pease, "Justification and Righteousness by Faith in the Seventh-day Adventist Church Before 1900", pp. 17, 19, 22, 26). Así, el preciosísimo mensaje que el Señor envió mediante Jones y Waggoner, aunque edificado sobre el fundamento puesto por los reformadores, se elevaría por encima de todos los errores papales que habían invadido la iglesia [también la protestante] en la Edad Media
  21. Ibid., p. 143. En la colección 1888 Materials aparece la expresión "verdad presente" en más de 50 ocasiones, muchas de ellas en referencia al mensaje que Dios estaba enviando mediante Jones y Waggoner: "Lo que Dios da a sus siervos para que prediquen hoy, pudo quizá no haber sido verdad presente hace veinte años, pero es el mensaje de Dios para este tiempo" (p. 133). "Dios siempre les hará saber que ha dado a estos hombres [A. T. Jones y E. J. Waggoner] una obra para realizar y un mensaje que llevar, que es verdad presente para este tiempo. Supieron que allí donde va este mensaje, sus frutos son buenos" (p. 228). "Me ha dolido el corazón al leer cartas suyas que evidencian que todavía está lleno de dudas e incredulidad en el preciso mensaje que yo sé que es verdad presente para el pueblo de Dios para este tiempo" (p. 274). Ver también pp. 120, 174, 267, 286, 365, 387, 429, 436, 502, 518, 917, 1710, 1796.
  22. Ellen G. White, "Camp-Meeting at Williamsport, PA", Review and Herald, 13 agosto 1889, pp. 513-514.
  23. Ellen G. White a H. Miller, Carta 5, 2 junio 1889; en 1888 Materials, p. 331. Años antes, Ellen White había escrito esto en relación con el zarandeo: "Pregunté cuál era el significado del zarandeo que había visto, y se me mostró que lo motivaría el testimonio directo que exige el consejo del Testigo Fiel a la iglesia de Laodicea. Este consejo tendrá su efecto en el corazón de quien reciba el testimonio y lo llevará a ensalzar la norma y expresar la clara verdad. Algunos no soportarán este testimonio directo. Se levantarán contra él, y eso causará un zarandeo en el pueblo de Dios. … Fijé entonces la atención en la hueste que antes había visto tan violentamente zarandeada. … Pregunté qué había causado un tan grande cambio. Un ángel me respondió: 'Es la lluvia tardía; el refrigerio de la presencia del Señor; el fuerte pregón del tercer ángel'" (Review and Herald, 31 diciembre 1857; en Testimonies, vol. 1, pp. 182-183) {Testimonios, vol. 1, pp. 167-169}. En 1892 Ellen White dijo claramente a Uriah Smith: "El mensaje que los mensajeros han estado proclamando, es el mensaje a la iglesia de Laodicea. … El mensaje que se nos ha dado mediante A. T. Jones y E. J. Waggoner es el mensaje de Dios a la iglesia de Laodicea, y ay de quien profese creer la verdad y no obstante no refleje a otros los rayos que Dios ha dado" (1888 Materials, pp. 1051, 1052).
  24. Ellen G. White, "Camp-Meeting at Rome, N. Y." Review and Herald, 3 septiembre 1889, pp. 545-546.
  25. Ibid.
  26. Ellen G. White a Uriah Smith, Carta 55, 14 junio 1889; en 1888 Materials, p. 336. Desgraciadamente no disponemos del resto de esa carta. Ellen White escribió una segunda carta a Smith en septiembre a propósito del poder que un líder puede tener sobre el pueblo: "El asunto se me ha presentado de nuevo en la noche. Me fue mostrado que usted se ha situado en oposición al Espíritu y obra de Dios. … Luz y verdad que yo sé que lo son, usted las declara ser tinieblas y error. … Ha tenido usted el privilegio de aceptar la verdad, que ha sido luz, preciosa verdad y alimento a su debido tiempo para el hambriento y famélico rebaño de Dios; pero usted no quiere reconocerlo como luz, como verdad ni como alimento. Si pudiera evitar que llegara al pueblo de Dios, lo haría. … Está usted recorriendo el mismo camino por el que transitaron quienes rechazaron a Jesucristo. … Las pobres almas engañadas serán inducidas a pensar que, puesto que el pastor Smith no acepta la luz y el mensaje que ha venido a este pueblo -luz que es el preciso mensaje para este tiempo-, debe ser un mensaje erróneo y engañoso" (Ellen G. White a Uriah Smith, Carta 87, septiembre 1889; en 1888 Materials, pp. 437-438). Ellen White volvió a escribir a Smith a principios de 1890, pero no disponemos de esa carta. Smith respondió el 17 de febrero de 1890. Retrocediendo hasta el congreso de Mineápolis le expuso su visión de toda la situación. Smith sentía que las posiciones de Jones y Waggoner eran "contrarias a las Escrituras" y "contrarias a lo que [Ellen White] había visto previamente". Smith dijo que los posicionamientos que ellos habían traído a la asamblea "casi la arruinaron". Afirmó que "todos podíamos estar de acuerdo con" los discursos de Waggoner sobre la justicia por la fe, pero que preparaban el camino para sus conceptos erróneos sobre la ley en Gálatas. Smith afirmó que Jones estaba haciendo declaraciones precipitadas, tales como: "'He comprendido la verdad y finalmente tendrá que venir a la misma posición'". A Smith también le habían dicho que Jones y Waggoner estaban a favor de interpretaciones nuevas y extrañas de Apocalipsis que eran contrarias a lo que los adventistas habían "enseñado durante años", así como que anulaban la profecía de los 1.260 años. Le perturbaba también que "debido a que aventuré una palabra de precaución en algunos de esos puntos [en la Review], se me representa públicamente como quien está dando palos de ciego y no sabe a qué se está oponiendo" (Uriah Smith a Ellen G. White, 17 febrero 1890; en Manuscripts and Memories, p. 152-157). Después de recibir la carta de Smith, Ellen White escribió a Jones aquel mismo día. Le dijo que había empezado ya con anterioridad una carta para él en relación con declaraciones suyas que pudieran "confundir las mentes", de forma que luego "de eso se hacía un mundo". Le habló de la carta que acababa de recibir de Smith, con las declaraciones que le atribuía a él (Ellen G. White a A. T. Jones, Carta 55, 17 febrero 1890; no publicada; no se dispone del resto de la carta). El 7 de marzo Jones respondió por carta a Ellen White (ver 1888 Materials, p. 592), y en la mañana siguiente, el 8 de marzo, Ellen White escribió de nuevo a Smith. ¿Por qué? Porque aquella misma mañana el Señor le había revelado la influencia que Smith estaba teniendo en otros: "Ha rehusado mis testimonios … se ha esforzado por anular su efecto, tal como hicieron Coré, Datán y Abiram. … Ha fortalecido las manos y las mentes de hombres como Larson, Porter, Dan Jones, Eldridge, Morrison y Nicola, y un gran número entre ellos. Todos lo citan a usted, y el enemigo de la justicia mira complacido" (Ellen G. White a Uriah Smith, Carta 59, en 1888 Materials, p. 599). Unos pocos días después, en una reunión con muchos de los hermanos, Jones y Waggoner pudieron compartir su lado de la historia (Ellen G. White a W. C. White, Carta 83, 13 marzo 1890; en 1888 Materials, p. 627). Allí quedó demostrado que Smith había acusado falsamente a Jones de hacer declaraciones precipitadas. Ellen White confrontó a Smith sobre ese punto poco tiempo después: "Usted respondió a mi carta de súplica escribiéndome una carta en la que acusaba al pastor Jones de derribar los pilares de nuestra fe. ¿Es eso así? En las reuniones con los pastores que tuvimos en el despacho, al investigar esos asuntos, quedó patente que usted lo acusó injustamente" (Ellen G. White a Uriah Smith, Carta 73, 25 noviembre 1890; en 1888 Materials, p. 734, original sin cursivas).
  27. Algunos han sugerido, basándose en unas pocas declaraciones de Ellen White, que lo que Jones y Waggoner estaban presentando no era luz nueva; que no tenemos realmente nada que ganar yendo al mensaje que trajeron a la iglesia hace años. Ellen White dijo: "Yo no le llamo nueva luz" (1888 Materials, p. 140); "eso no fue nueva luz" (p. 211); "el Señor me ha mostrado que la luz que brilla sobre nuestro pueblo no es nueva luz" (p. 463); y "un mensaje que no es nueva verdad, sino la misma que enseñó Pablo, y la que el propio Cristo enseñó" (p. 432). George Knight cita esas declaraciones y sugiere que "la única forma en que uno puede pretender que la perspectiva de 1888 sobre la justificación por la fe sea de alguna forma algo singular del adventismo, es negando totalmente las llanas palabras de … Ellen White" (A User-Friendly Guide to the 1888 Message, pp. 85-86). Pero ¿fue ese el significado de las declaraciones de Ellen White? ¿Hizo otras declaraciones clarificadoras? Una ojeada a Ellen G. White 1888 Materials nos dará una idea. En primer lugar, se debe comprender que Ellen White hizo esas declaraciones en el contexto de responder a quienes, de forma similar al tiempo de la primera venida de Cristo, se oponían a su mensaje por ser extraño y nuevo. Ella estaba intentando impresionar las mentes de los hermanos de que no se trataba de una verdad nueva, en el sentido de ausente en la Palabra de Dios, ni que estuviera procurando reemplazar las doctrinas fundacionales de la iglesia. Pero Ellen White vio algo muy especial en el mensaje de Jones y Waggoner, que es evidente si dejamos que sea ella misma quien hable. Así clarifica su afirmación de que "no es nueva verdad, sino la misma que enseñó Pablo, y la que el propio Cristo enseñó". Unos párrafos más adelante, declara: "Pero la verdad estará continuamente desplegándose, expandiéndose y desarrollándose, pues es divina como su Autor" (1888 Materials, pp. 432, 434, original sin cursivas). En Mineápolis respondió así a la pregunta: "'¿Cree que el Señor tiene alguna luz nueva y acrecentada para nosotros como pueblo?' Respondí: 'Con total seguridad. No es sólo que crea eso, sino que puedo hablar con conocimiento de causa'" (p. 219). Ellen White sintió que era "de esperar que hubiéramos de tener alguna revelación de mayor luz para el pueblo" (p. 279). Jones y Waggoner "presentaron luz preciosa" (p. 309), cosas "nuevas y viejas … de … la palabra de Dios" (p. 368), "preciosas gemas de verdad en nuevos engastes" (p. 518). Preguntó: ¿No tiene Dios "luz adicional que revelar a su pueblo?" Su respuesta fue afirmativa: "Los ministros de Dios debieran ser capaces de extraer de la mina de oro de su Palabra cosas nuevas y cosas viejas" (p. 510). ¿Iba Dios a dejar a su pueblo "sin nueva luz"? Respondió negativamente: "Debemos obtener mayor luz del trono de Dios y tener una luz acrecentada" (p. 341). Declaró resueltamente: "No creáis haber captado todos los rayos de luz, y que no ha de venir a nuestro mundo una mayor iluminación" (p. 674). Pero añadió: "La luz debe venir mediante los agentes que Dios escoja" (p. 507). "Va a brillar luz acrecentada sobre todas las grandes verdades de la profecía, y aparecerán con brillo y frescura debido a que los brillantes rayos del Sol de justicia iluminarán el todo" (p. 514). Recordó a sus oyentes que tenían un papel que desempeñar: "La verdad es una verdad que progresa, y debemos caminar en una luz creciente" (p. 547). Los que "mantienen su consagración, verán la luz acrecentada, que continuará haciéndose cada vez más brillante hasta el día perfecto" (p. 671). "Dios dará luz adicional y se recuperarán antiguas verdades, que serán repuestas en el marco de la verdad" (p. 765). Fue "Jesucristo el que tenía el poder para rescatar las verdades de entre los escombros, y devolverlas al mundo con frescura y poder mayores que las originales" (p. 525). Y "cuando Cristo, en su obra de redención, es apreciado como la gran verdad central en el sistema de verdad, se proyecta una nueva luz en todos los eventos del pasado y del futuro. Se los ve en una nueva relación, y poseen un significado nuevo y más profundo" (p. 807). Ellen White tuvo también una advertencia que dar: "El gran error de las iglesias en todos los tiempos ha consistido en alcanzar cierto punto en su comprensión de la verdad bíblica, y detenerse allí. … dicen: 'Tenemos la luz suficiente. No necesitamos más' … El pueblo de Dios en estos últimos días no debiera elegir las tinieblas en lugar de la luz. Deben buscar la luz, tienen que esperarla. La luz continuará brillando a partir de la Palabra de Dios. … en rayos cada vez más brillantes, y revelar la verdad tal como es en Jesús con una claridad creciente" (p. 826-827). "Los de corazón apocado … se congratulan de su gran precaución en recibir 'nueva luz', tal como ellos la llaman. Pero su fracaso en recibir la luz se debe a su ceguera espiritual" (p. 1077). Bien podía preguntar Ellen White: "¿Qué habéis planificado para que la nueva luz se pueda difundir entre las filas del pueblo de Dios?" (p. 534). Por lo tanto, hoy debemos creer la promesa: "A partir de la Palabra de Dios tienen que brillar en su pureza nativa grandes verdades que han pasado sin ser vistas ni oídas desde el día de Pentecostés" (p. 1.651; Fundamentals of Christian Education, p. 473). En el sueño de William Miller que describe Primeros escritos pp. 81-83, vemos mucha de la imaginería que Ellen White estaba empleando en aquel tiempo para describir los tesoros que Dios estaba revelando, el nuevo marco en el que se los estaba presentando y la basura de la resistencia egoísta que era necesario desechar.
  28. Satanás procura arrojar su sombra sobre dos verdades centrales del sacrificio de Jesús para la salvación de todos los hombres: Primeramente, que Cristo es un Salvador completo hecho como sus hermanos. Segundo, que su sacrificio fue completo, de forma que es poderoso para guardarte sin caída. Esas verdades refutan los dos grandes errores que afectan a casi todo el mundo: a quienes quisieran salvarse por sus méritos, y a quienes quisieran salvarse en sus pecados. Ver nota 34.
  29. Ellen G. White, Manuscrito 5, "Christ and the Law", Sermón, 19 junio 1889; en 1888 Materials, pp. 341-345.
  30. Ibid., pp. 346-347.
  31. Algunos han empleado esa declaración de Ellen White para pretender demostrar que todo lo que el Señor envió mediante Jones y Waggoner se encontraba ya en los escritos de Ellen White -incluso antes de 1888- y que en consecuencia todo cuanto necesitamos son los libros de Ellen White (George R. Knight, A User-Friendly Guide to the 1888 Message, pp. 68-9, 108). Norval Pease, en respuesta a la pregunta de por qué no se deben volver a publicar los escritos de Jones y Waggoner, dijo: "No es exagerado afirmar que no hay nada que dijeran Waggoner y Jones, que [Ellen White] no dijera mejor" (The Faith That Saves [1969], p. 53). Pero, tal como señala Clinton Wahlen: "Pease parecía sugerir otra razón" por la que no se han vuelto a publicar los escritos de Jones y Waggoner, "que es porque pudiera malograr la imagen evangélica que los dirigentes de [nuestra] iglesia se han esforzado tan diligentemente en cultivar durante las pasadas décadas [las de 1950 y 1960]. 'El adventismo, correctamente comprendido', dijo, 'es evangélico hasta la médula'" ("Selected Aspects of Ellet J. Waggoner's Eschatology", p. xxiii). Por supuesto, otro punto en el ideario de Knight, Pease y muchos otros, es marginalizar el significado del mensaje enviado mediante Jones y Waggoner. Sí, es cierto que Ellen White escribió durante la asamblea de Mineápolis: "Eso no fue para mí nueva luz, ya que había venido a mí de parte de una autoridad superior en los últimos 44 años, y la he presentado a nuestro pueblo mediante la pluma y la voz en los testimonios de su Espíritu. … ¿No se ha venido presentando este tema vez tras vez en los testimonios?" (1888 Materials, pp. 212, 217). Pero esas declaraciones se hicieron como una defensa de la acusación de que Ellen White había cambiado, o que había sucumbido a la influencia de Jones y Waggoner, y que estaba ahora apoyando herejía de nuevo cuño. De alguna forma los hermanos apreciaron una diferencia en el mensaje de Jones y Waggoner, al compararlo con el que había sido dado por 45 años. Sólo unos días antes, Ellen White había afirmado categóricamente: "Tendré humildad de mente y estaré presta a ser instruida como un niño. El Señor ha tenido a bien darme gran luz, no obstante, sé que él guía a otras mentes y abre ante ellas los misterios de su Palabra, y quiero recibir cada rayo de luz que Dios me envíe, aunque este venga del más humilde de sus siervos" (Ibid., p. 163). Se trató del mensaje que había "estado intentando presentar" por 45 años, y Waggoner fue el primero en presentarlo claramente de forma pública, un mensaje al que "cada fibra de mi [Ellen White] corazón decía: Amén" (Ibid., pp. 348, 349). Es interesante observar que muchos de los que no ven gran importancia en el mensaje de Jones y Waggoner, de forma inexplicable se refieren a todos los libros que Ellen White escribió después de Mineápolis como una prueba de que el mensaje fue aceptado (Norval Pease, op. cit., p. 46; George Knight, A User-Friendly Guide to the 1888 Message, pp. 68-9; L. E. Froom, Movement of Destiny, p. 444). No nos atreveremos a cuestionar el llamado profético o la autoridad que Dios otorgó a Ellen White en asuntos doctrinales. Y tampoco negaremos el hecho de que aquellos que lean los inspirados libros de Ellen White serán ricamente bendecidos. Si las verdades y consejos allí presentados se aceptan por fe y se actúa en consecuencia, llevarán al lector a una relación salvífica con Cristo y a su reino. Pero de forma alguna queremos negar que la propia Ellen White dijo también: "El Señor ha suscitado al hermano Jones y al hermano Waggoner para proclamar un mensaje al mundo a fin de preparar a un pueblo para estar en pie en el día de Dios". Y dijo del mensaje: "Dios ha enviado hombres para que nos traigan la verdad que no habríamos tenido a menos que Dios hubiera enviado a alguien para traérnosla. Dios me ha permitido tener una vislumbre en cuanto a qué es su Espíritu, por lo tanto, la acepto, y no me atreveré a levantar más mi mano contra esas personas, porque sería levantarla contra Jesucristo, quien debe ser reconocido en sus mensajeros" (1888 Materials, pp. 1814, 608, original sin cursivas). Sea cual fuere la verdad que el Señor envió mediante Jones y Waggoner, estaba edificando sobre el fundamento que ya se había puesto, pero el Cielo identificó su mensaje como el comienzo del fuerte pregón y lluvia tardía.
  32. Ellen G. White, Manuscrito 5, "Christ and the Law", Sermón, 19 junio 1889; en 1888 Materials, pp. 348-349.
  33. Uriah Smith, "Our Righteousness Again", Review and Herald, 2 julio 1889.
  34. Ellen G. White, "Camp-Meeting at Rome, N. Y." Review and Herald, 3 septiembre 1889, pp. 545-546. Ellen White enfatizó el hecho de que cuando Satanás logra que el hombre confíe en sus méritos, carece de poder ante la tentación: "Casi todas las religiones falsas se basan en el mismo principio, a saber, que el hombre puede depender de sus propios esfuerzos para salvarse" (Patriarchs and Prophets, p. 73) {Patriarcas y Profetas, p. 60}. "El principio de que el hombre puede salvarse por sus obras, que es fundamento de toda religión pagana, era ya principio de la religión judaica. Satanás lo había implantado; y doquiera se lo adopte, los hombres no tienen defensa contra el pecado" (The Desire of Ages, p. 35) {El Deseado de todas las gentes, p. 26}. "El papado … es adecuado a dos clases de seres humanos que abarcan casi a todo el mundo: los que quisieran salvarse por sus méritos, y los que quisieran salvarse en sus pecados. Tal es el secreto de su poder" (The Great Controversy, p. 572) {El conflicto de los siglos, p. 629}.
  35. Ellen G. White, Manuscrito 25, "Resume of Travels and Labors", n.d. 1889; en A. L. White, The Lonely Years, p. 418.
  36. Ellen G. White, Manuscrito 30, junio 1889; en 1888 Materials, p. 363.
  37. Ellen G. White a Madison y Miller, Carta 4, 23 julio 1889; en 1888 Materials, pp. 388, 391, 392, 406-407. Es cierto que "las perspectivas del pueblo de Dios son similares a las de los judíos, quienes no pudieron entrar a causa de la incredulidad", por lo tanto, ¿es posible que estemos vagando en el desierto de este mundo de pecado debido a que nos hemos rebelado contra Dios, siguiendo las pisadas de los "espías incrédulos"?
  38. Ibid., pp. 417-419, 421-423.
  39. A. T. Jones a C. E. Holmes, 12 mayo 1921; en Manuscripts and Memories, p. 329. En respuesta a esa declaración de A. T. Jones, George Knight sugiere: "Por supuesto, es imposible de determinar qué proporción del antagonismo concernía a la justicia por la fe y qué proporción a otros temas, tales como la ley en Gálatas y la personalidad de Jones. … Jones adolecía de la aplicación de sus propias enseñanzas a su experiencia" (A User-Friendly Guide to the 1888 Message, pp. 149, 150).