"Contemplando somos transformados"
Si bien en el adventismo del séptimo día ha habido controversia acerca de la naturaleza de Cristo a partir de 1950 especialmente, las raíces de dicha controversia se extienden a más de 120 años en el pasado. En este capítulo daremos un vistazo inicial a la comprensión de Jones y Waggoner sobre la naturaleza de Cristo (ambas: la divina y la humana), para averiguar si ese tema formó parte del "mensaje de 1888" que entonces presentaron. El hecho de que la posición de Jones y Waggoner sobre la naturaleza humana de Cristo fuera la misma generalmente aceptada por la iglesia desde su inicio, explica por qué no hubo una controversia importante sobre ese tema en aquel momento. No obstante, no debemos concluir que ese no fuera un aspecto relevante. Debido a que la comprensión de Jones y Waggoner sobre la naturaleza de Cristo formaba parte integral del mensaje de la justificación por la fe y de la justicia de Cristo, los que se oponían a su mensaje encontraron puntos sobre los cuales criticarlos ante la asamblea de 1888, y todavía en mayor medida en la asamblea pastoral de 1890.
En una de sus clases en la asamblea, Waggoner presentó un estudio versículo a versículo de las profecías de Isaías, enfatizando la naturaleza y obra de Cristo.[1] Para Waggoner ese no era un tema nuevo, dado que ya había presentado sus puntos de vista sobre la naturaleza de Cristo incluso antes de la asamblea de 1888. Igual que sucedía con sus posiciones sobre la ley en Gálatas y los dos pactos, los puntos de vista de Waggoner sobre la naturaleza de Cristo (su naturaleza divina y humana) eran mucho más que un tema colateral. No eran simplemente postulados de un credo en espera de ser debatidos en los círculos de la sabiduría superior. Waggoner comprendió la naturaleza de Cristo como estando estrechamente conectada con la "justicia de Cristo"; como el fundamento mismo sobre el que se edificaba la doctrina de la justicia por la fe. De hecho, tanto para Jones como para Waggoner, la justicia por la fe no era en realidad más que una aplicación práctica de la justificación por la fe, de la santificación por la fe, de los pactos y de la ley en Gálatas, todos los cuales estaban fundados en su comprensión de la naturaleza del hombre, de la naturaleza del pecado y de la naturaleza de Cristo. Esa comprensión, junto a la verdad de la purificación del santuario en el contexto del tiempo del fin es lo que hizo del preciosísimo mensaje "el mensaje del tercer ángel en verdad".[2]
La divinidad de Cristo
Antes de prestar atención a los puntos de vista de Jones y Waggoner sobre la divinidad de Cristo, hemos de comprender cuál era la posición de gran parte de los fundadores de la iglesia hasta aquel tiempo. Dos de los principales fundadores de la iglesia adventista del séptimo día, Joseph Bates y James White, eran previamente miembros de Christian Connexion, que rechazaba la doctrina de la trinidad. James White era un pastor ordenado en aquella iglesia. Cuando él y Bates se unieron al movimiento adventista, continuaron manteniendo su postura anti-trinitaria que habían tomado de la iglesia Christian Connexion. Pero James White y Joseph Bates no eran los únicos: "Otros adventistas prominentes que hablaron contra la trinidad, fueron: J. N. Loughborough, R. F. Cottrell, J. N. Andrews, y Uriah Smith".[3] Muchos de esos hombres mantenían posiciones arrianas o semiarrianas sobre Cristo. Estas son las definiciones clásicas de dichos conceptos:
Arrianismo: Enseñanza aparecida en Alejandría en el siglo cuarto D.C. Su nombre deriva de su representante más prominente: Arrio, un presbítero de Alejandría. Negaba que Jesucristo fuese de la misma substancia (en griego: homoousios) que el Padre, y reducía al Hijo al rango de criatura, si bien existiendo antes que el mundo. El arrianismo se condenó en el concilio de Nicea (325 D.C.).
Semiarrianismo: Sobre la naturaleza de Cristo, los semiarrianos intentaron buscar un compromiso entre la posición ortodoxa y la arriana. Rechazaron la postura arriana según la cual Cristo habría sido creado y poseería una naturaleza diferente a la de Dios (anomoisos - distinta), pero tampoco aceptaron el credo salido de Nicea, que afirmaba que Cristo era "de una substancia (homoousios) con el Padre". Los semiarrianos sostenían que Cristo es similar (homoios) al Padre, o de una substancia similar (homoiousios), pero estando subordinado a él.[4]
Uriah Smith es quizá uno de los defensores más conocidos de una postura arriana sobre Cristo. En 1865, por ejemplo, escribió que Cristo fue "el primer ser creado, remontándose su existencia a mucho más atrás que cualquier otro ser o cosa creada".[5] Si bien las ideas de Smith y las de muchos otros fundadores se irían moviendo hacia una comprensión más ortodoxa de la Deidad en la década tardía de 1890, la suya fue una postura prominente en su tiempo y en el entorno en el que se movió Waggoner.
Poco después de su vislumbre de la cruz de Cristo de 1882, Waggoner comenzó a valorar el significado de comprender a Cristo como siendo Uno igual a Dios. Comprendió que una apreciación correcta de Cristo tenía importancia crucial, no sólo en la comprensión sobre la Deidad, sino también en la comprensión del plan de la salvación y de la justicia de Cristo que el hombre ha de obtener por la fe:
Considerar a Cristo tal cual es, de forma continuada e inteligente, lo trasformará a uno en un cristiano perfecto, ya que "somos cambiados mediante la contemplación". … Este "exaltar" a Jesús, si bien se refiere primariamente a su crucifixión, abarca más que el mero hecho histórico; significa que Cristo ha de "ser exaltado" por todos quienes creen en él, como el Redentor crucificado, cuya gracia y gloria son suficientes para suplir la mayor necesidad del mundo; significa que él debe ser "exaltado" en toda su suprema belleza y poder como "Dios con nosotros", a fin de que su atractivo divino pueda atraer a todos hacia él. Ver Juan 12:32.[6]
Nuestro objetivo en esta investigación es establecer la posición de legítima igualdad entre Cristo y el Padre, a fin de que se pueda apreciar mejor su poder para redimir.[7]
Ellen White expresó pensamientos similares en relación con una comprensión correcta de la divinidad de Cristo. En Spirit of Prophecy, vol. 4 (1884), expandido posteriormente como El conflicto de los siglos (edición de 1888), Ellen White refirió los peligros de negar la divinidad de Cristo, así como sus efectos en la comprensión del plan de la salvación:
Otro error peligroso es la doctrina que niega la divinidad de Cristo, pretendiendo que no tenía existencia antes de su venida a este mundo. … No es posible sostenerla sin tergiversar de la forma más injustificada las Escrituras. No solamente rebaja las concepciones del hombre sobre la obra de la redención, sino que socava la fe en la Biblia como revelación de Dios. … Nadie que sostenga ese error puede tener una verdadera concepción del carácter o la misión de Cristo, o del gran plan de Dios para la redención del hombre.[8]
En 1884 y 1885 Waggoner mencionó en varios de sus artículos en Signs of the Times la posición exaltada de Cristo por ser Dios. Urgió a reconocer que Cristo merece igual reverencia, y que comparte los atributos del Padre -incluida la posesión de la vida en él mismo-, y que se lo denomina con toda justicia "Señor". Puesto que tanto se ha hablado de la posición de Waggoner sobre Cristo, veamos algunas de sus declaraciones al respecto:
Si hay solamente uno bueno, que es Dios, y Cristo es bueno, entonces Cristo ha de ser Dios. Y eso concuerda con lo que el profeta dijo de Cristo: "Porque un niño nos ha nacido, hijo nos ha sido dado, y el principado sobre su hombro. Se llamará su nombre 'Admirable consejero', 'Dios fuerte',
'Padre eterno', 'Príncipe de paz'" Isa 9:6. …
El Padre y el Hijo son uno. Juan 10:30. Ambos son dignos de adoración. … No se nos llama a que expliquemos el misterio de la divinidad, ni se espera que lo comprendamos, pero Cristo nos ha aclarado que él y el Padre son uno. … Esa unidad, por consiguiente, es la de dos individuos distintos que tienen los mismos pensamientos, los mismos propósitos y los mismos atributos. El Padre y el Hijo fueron uno al crear la tierra, y uno al trazar y llevar a cabo el plan de la salvación.[9]
Sólo Dios posee la inmortalidad. … Solamente Dios posee ese atributo. "Pero", dirá alguien: "¿No es acaso Cristo inmortal? ¿Y no leemos acerca de los ángeles que no pueden morir?" Sí, y en Juan 5:26 leemos las palabras de Cristo: "Como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo". Por lo tanto, Cristo, siendo el unigénito Hijo de Dios, participa de sus atributos y posee vida en sí mismo. Por lo tanto, tiene la capacidad de impartir vida a otros.[10]
En nuestra investigación subsiguiente de este tema veremos cómo el término "Señor" se aplica tanto al Padre como al Hijo, y aunque lo veamos en algunos lugares aplicado específicamente a uno de ellos, el acto atribuido a uno de ellos es también el del otro. … Aprendemos de Juan 5:23 "que todos honren al Hijo como honran al Padre". En consecuencia, allá donde veamos que el Padre dispone que se realice un acto, podemos saber que su realización honra igualmente al Hijo, y la negligencia en llevarlo a cabo es tanto un insulto al Hijo como al Padre. La desobediencia al Padre deshonra a Cristo.[11]
[se cita Juan 3:16] ¿Qué aprendemos de ese versículo? 1. Que el amor de Dios por el mundo fue tan grande como para llevarlo a dar su Hijo en rescate. Podemos juzgar algo del amor de Dios por su Hijo, al recordar que Cristo era el resplandor de la gloria del Padre, "la imagen misma de su sustancia", era "heredero de todo", aquel por quien fueron creados todos los mundos (Heb 1:2-3); y que "en él habita corporalmente toda la plenitud de la divinidad". Col 2:9. Dios es infinito en todos sus atributos, por consiguiente, su amor hacia su Hijo fue infinito. Y puesto que dio a su Hijo al mundo, sabemos cuán grande fue su amor por el mundo: fue infinito.[12]
No es sorprendente que Waggoner incluyera esos mismos conceptos en sus presentaciones de la justicia por la fe en Mineápolis. En un artículo en la Review anterior a la asamblea de 1888 incluyó la "divinidad de Cristo" como uno de los "temas propuestos para consideración".[13] El interés de Waggoner por ese asunto fue creciente, y era un tema habitual en sus charlas o escritos. W. C. White registró una de las presentaciones de Waggoner en la que declaró abiertamente: "Creemos en la divinidad de Cristo. Fue él quien creó todas las cosas en el cielo y en la tierra".[14]
Waggoner continuó proclamando la divinidad de Cristo en los años siguientes al congreso de Mineápolis. En una serie en seis partes que escribió en Signs se refirió específicamente a la divinidad de Cristo en respuesta a un libro que los metodistas habían escrito sobre el asunto del sábado. Antes de responder a las cuestiones planteadas acerca del sábado, Waggoner se refirió a "una línea de pensamiento sugerida por una frase en el prefacio. Hablando de quienes observan el séptimo día como el sábado … el doctor [M. C. Briggs] dice: 'Uno solamente lamenta … su … negación de la divinidad de Cristo'". Waggoner dedicó seis artículos enteros -de los que citaremos sólo en parte- a demostrar la falsedad de tal acusación:
Pero cuando el Doctor [M. C. Briggs] afirma que los adventistas del séptimo día niegan la divinidad de Cristo, sabemos que escribe irresponsablemente. Estamos totalmente persuadidos de que él sabe que no es así; pero sea como fuere, la acusación ha sido formulada tan a menudo por quienes se supone que conocían el tema del que estaban hablando, que muchos han llegado a creerla; y para beneficio de ellos, tanto como para el de quienes puedan estar pensando ahora en el asunto, nos proponemos aclarar la verdad. No tenemos una particular teoría que defender, de forma que en lugar de expresar propuestas, citaremos simplemente de la palabra de Dios y aceptaremos lo que dice. …
Juan 1:1 … De ahí aprendemos que Cristo es Dios. Ese solo texto, si es que no dispusiéramos de otro, bastaría para establecer la divinidad de Cristo, puesto que el término "divinidad" significa "naturaleza o esencia de Dios". Creemos en la divinidad de Cristo debido a que la Biblia afirma que Cristo es Dios. …
El autor de la epístola a los hebreos, refiriéndose a la superioridad de Cristo respecto a los ángeles, dice que es debida a que "heredó más excelente nombre que ellos". Heb 1:4. ¿Cuál es el nombre que tiene por herencia? "Dios poderoso". Como unigénito Hijo de Dios, posee ese nombre por derecho.[15]
Así, ¿qué quiso decir al preguntar "por qué me llamas bueno; no hay bueno más que uno, que es Dios"? Quería impresionar en la mente del joven el hecho de que aquel a quien se estaba dirigiendo como Maestro, no era un simple hombre, como otro entre los rabinos, sino que era Dios. Reclamaba para sí la bondad absoluta, y puesto que no hay nadie bueno fuera de Dios, se identificó a sí mismo como Dios. Y podemos relacionar eso con la declaración del apóstol Pablo: "En él habita corporalmente toda la plenitud de la divinidad". Col 2:9. …
"El año en que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime … Entonces dije: '¡Ay de mí que soy muerto!, porque siendo hombre inmundo de labios y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos'". Isa 6:1-5. No podríamos saber a quién se refiere el texto, si el propio Salvador, en Juan 12:40-41 no hubiera citado las palabras de Isaías en el versículo 10 de ese mismo capítulo, aplicándoselas a sí mismo. En dichos versículos encontramos, no sólo la prueba de que los autores inspirados llamaban a Jesús el divino Hijo de Dios, sino de que el propio Jesús afirmaba ser Dios.[16]
Como Hijo de Dios que es, ha de participar de la naturaleza de Dios. "Como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo". Juan 5:26. Se imparte vida e inmortalidad a los fieles seguidores de Dios, pero sólo Cristo comparte con el Padre el poder para impartir vida. Tiene "vida en sí mismo", es decir, es capaz de perpetuar su propia existencia. …
Que Cristo es divino, lo muestra el hecho de que recibió adoración. Los ángeles siempre han rehusado recibir adoración, pero leemos del Padre que "cuando introduce al Primogénito en el mundo, dice: 'Adórenlo todos los ángeles de Dios'". (Heb 1:6). …
Si Cristo no fuera Dios, entonces se trataría de idolatría. … No importa cuál sea la posición de la criatura, trátese de un animal, de un hombre o de un ángel, adorarlo está estrictamente prohibido. Sólo Dios puede ser adorado, y dado que Cristo puede ser adorado, Cristo es Dios. Tal afirma la Escritura verdadera. …
Al discutir la perfecta igualdad del Padre y el Hijo, y el hecho de que Cristo es Dios en su propia naturaleza. … Es de la substancia del Padre, de forma que es Dios en la misma naturaleza; y puesto que eso es así, "al Padre agradó que en él habitara toda la plenitud". Col 1:19.[17]
Observamos algunas de las obras que Cristo efectúa como Dios, y en ello encontraremos una prueba adicional de su divinidad. …
La primera forma en que Dios se nos revela en demanda de ser honrado, es como Creador. … Ahora, puesto que todos deben honrar a Cristo de la forma en que honran al Padre, se deduce que el Hijo ha de recibir honra como Creador; por lo tanto, y de acuerdo a lo dicho por Pablo en Romanos, la creación visible es prueba de la "eterna potencia y divinidad" de Cristo. …
Col 1:15-17. … A partir de las palabras: "El primogénito de toda criatura", algunos han argumentado que el propio Cristo es un ser creado. Pero esa no es sólo una conclusión precipitada, sino directamente opuesta al propio texto. … En él tuvo sus orígenes la creación, tal como se lee en Apoc 3:14. La creación existía en él en embrión, por así decirlo; "porque al Padre agradó que en él habitara toda la plenitud". Col 1:19. Ningún lenguaje podría describir más perfectamente la pre-existencia y el poder creador de Cristo, que el empleado en Colosenses 1:15-17. …
Nadie diga, por lo tanto, que al exaltar a Cristo corremos el peligro de rebajar nuestras ideas acerca de Dios. Es imposible tal cosa, pues cuánto más exaltadas sean las ideas que tenemos acerca de Cristo, más lo serán las que tengamos sobre el Padre.[18]
Puesto que todos deben honrar al Hijo como honran al Padre, deben honrarlo, no sólo como Creador sino también como Dador de la ley. … Sólo el poder que crea las leyes puede proveer para su ejecución. Vamos ahora a demostrar que fue Cristo quien dio la ley, tanto como da su justicia. …
Cristo fue el dirigente de los hijos de Israel desde Egipto a Canaán. … En 1 Cor 10:9 Pablo especifica claramente contra quién estaban murmurando. Dice: "Ni tentemos al Señor, como también algunos de ellos lo tentaron, y perecieron por las serpientes". Por consiguiente, fue Cristo quien, con nombre de Dios, estaba dirigiendo a Israel, y fue contra él que murmuraron.
Heb 3:5-11 enseña muy claramente eso mismo. Basta con leerlo de forma cuidadosa para apercibirnos de que es Cristo aquel contra cuya voz el Espíritu Santo nos advierte a que no rechacemos, tal como hicieron los padres, quienes lo tentaron durante cuarenta años en el desierto. …
Puesto que Cristo era el dirigente del antiguo Israel desde Egipto a Canaán, se deduce que Cristo era el Ángel del Señor que apareció a Moisés en la zarza ardiente, y dijo: "Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. Entonces Moisés cubrió su rostro. …" Éxo 3:6-8.
Si alguien objetara a esa conclusión tan lógica, debido a que quien habla se presenta como: "YO SOY EL QUE SOY", el que existe por él mismo, Jehová, bastará con recordarle que el Padre ha dado al Hijo que tenga vida por sí mismo (Juan 5:26), que Cristo afirmó eso mismo acerca de él cuando proclamó: "Antes que Abraham fuese, YO SOY" (Juan 8:58), supuesta blasfemia por la que los judíos procuraron apedrearlo; y el profeta le llama Jehová en el siguiente pasaje: "Vienen días, dice Jehová, en que levantaré a David renuevo justo, y reinará como Rey, el cual será dichoso y actuará conforme al derecho y la justicia en la tierra. En sus días será salvo Judá, e Israel habitará confiado; y este será su nombre con el cual lo llamarán: 'Jehová, justicia nuestra'". Jer 23:5-6. …
Éxo 20:1-3. Esa escritura identifica positivamente al dirigente de los hijos de Israel desde Egipto como al Dador de la ley en Sinaí. Si alguien aduce que en la transacción no podemos separar al Padre del Hijo, respondemos que eso es precisamente lo que queremos destacar: Al Padre y al Hijo no se los puede separar en ninguna transacción, pues son uno. Pero de igual forma en que el Hijo es aquel mediante el cual todas las cosas fueron creadas, también es él quien declaró al pueblo la ley de Jehová. Por lo tanto, él es el Verbo divino. El Hijo declara la voluntad del Padre, que coincide con su propia voluntad.[19]
Así, hemos demostrado de forma general y de forma particular que Cristo es el Dador de la ley para toda la raza humana. Por lo tanto, debemos honrarlo como Creador, como Dador de la ley, y, por último, como Redentor. Y en ello llegamos a la parte más animadora y reconfortante de todo lo precedente. …
Nuestro Redentor es nuestro Dios. ¡Qué seguridad nos da eso de la fidelidad de las "preciosas y grandísimas promesas" del evangelio! Los habitantes de este pequeño planeta quebrantaron la gran ley del universo, y el Dador de la ley se dio a sí mismo para redimir a esos rebeldes. …
Y si el Dador de la ley se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de la transgresión de su propia ley, ¿qué mayor seguridad podríamos pedir de que va a salvar hasta lo sumo a todo el que viene a él?[20]
En 1890, Waggoner expandió esos artículos y los publicó en forma de libro, en Christ and His Rightneousness {Cristo y su justicia: http://libros1888.com/Pdfs/justicia.pdf}. A lo largo de varios capítulos, lo mismo que en sus artículos de 1889, trató específicamente de la divinidad de Cristo. Su propósito explícito era claro: "Nuestra intención en esta investigación es establecer la posición de Cristo en igualdad de pleno derecho con el Padre, a fin de que su poder para redimir pueda ser mejor apreciado".[21] Destacaremos aquí sólo unos pocos párrafos:
A Cristo se le otorga la más alta prerrogativa: la de juzgar. Ha de recibir el mismo honor debido a Dios, por la razón de que es Dios. El discípulo amado da este testimonio: "En el principio era el Verbo, el Verbo estaba con Dios y el Verbo era Dios". Juan 1:1. El versículo 14 demuestra que ese Verbo divino no es otro que Jesucristo: "El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, lleno de gracia y de verdad; y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre".[22]
A Cristo se lo llama Dios en muchos lugares de la Biblia. Dice el salmista: "El Dios de dioses, Jehová, ha hablado y ha convocado la tierra desde el nacimiento del sol hasta donde se pone. … Los cielos declararán su justicia, porque Dios es el juez". Sal 50:1-6. Se puede saber que el pasaje se refiere a Cristo: 1) por el hecho ya mencionado de que todo el juicio le ha sido encomendado al Hijo, y 2) por el hecho de que es en la segunda venida de Cristo cuando envía a sus ángeles para reunir a sus escogidos desde los cuatro vientos. Mat 24:31.[23]
Cuando venga, lo hará como el "Dios fuerte" … Esas no son meramente las palabras de Isaías, sino las del Espíritu de Dios. … Ese nombre no le fue dado a Cristo en razón de algún gran logro, sino que le pertenece por derecho de herencia. Hablando del poder y la grandeza de Cristo, el escritor de Hebreos afirma que es hecho tanto mejor que los ángeles, por cuanto "heredó más excelente nombre que ellos". Heb 1:4. … Cristo es la "imagen expresa" de la persona del Padre. Heb 1:3. Como Hijo del Dios que existe por sí mismo, tiene por naturaleza todos los atributos de la Deidad.[24]
Y finalmente tenemos las palabras inspiradas del apóstol Pablo refiriéndose a Jesucristo: "Al Padre agradó que en él habitara toda la plenitud". Col 1:19. En el siguiente capítulo se nos da a conocer en qué consiste esa plenitud que habita en Cristo: "En él habita corporalmente toda la plenitud de la divinidad". Col 2:9. Ese es el testimonio más absoluto e inequívoco del hecho de que Cristo posee por naturaleza todos los atributos de la Divinidad. El hecho de la divinidad de Cristo quedará asimismo bien patente a medida que avanzamos en su consideración.[25]
Heb 1:8-10. Aquí encontramos al Padre dirigiéndose al Hijo como Dios, y diciéndole: "Tú, Señor, en el principio fundaste la tierra, y los cielos son obra de tus manos". Cuando el propio Padre atribuye ese honor a su Hijo, ¿quién es el hombre para negarlo? Con esto podemos cerrar el testimonio directo concerniente a la divinidad de Cristo, y al hecho de que es el Creador de todas las cosas.[26]
¿Es Cristo un Ser creado? Antes de pasar a algunas de las lecciones prácticas que se deben aprender a partir de esas verdades, hemos de prestar atención por un momento a una opinión que sostienen en total sinceridad muchos que de forma alguna quisieran deshonrar a Cristo, pero que, mediante esa opinión, de hecho, niegan su divinidad. Consiste en la idea de que Cristo es un ser creado que, por voluntad divina, fue elevado a su actual posición encumbrada. Nadie que albergue una idea tal puede tener un concepto adecuado de la exaltada posición que realmente ocupa Cristo.
Esa postura se construye sobre una comprensión defectuosa de un solo texto: Apocalipsis 3:14: … Así, la afirmación de qué él es el principio o cabeza de la creación de Dios significa que en él tuvo la creación su principio; que, como él mismo asevera, él es el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último.[27]
Cristo "está en el seno del Padre", siendo por naturaleza de la misma substancia de Dios y teniendo vida en él mismo. Se lo llama con propiedad Jehová, el que existe por sí mismo, y así aparece en Jeremías 23:5-6, donde se dice que el Renuevo justo, que hará juicio y justicia en la tierra, será conocido así: Jehová-tsidekenu, que es JEHOVÁ, JUSTICIA NUESTRA.[28]
Es posible que algún lector opine que hemos sido demasiado exhaustivos al presentar los conceptos de Waggoner sobre la divinidad de Cristo, pero dado que se lo ha acusado de ser arriano y de creer que "Cristo fue un ser creado", hemos querido dejar ese tema absolutamente claro.[29] No es preciso mayor comentario. Los escritos de Waggoner hablan por sí mismos.
Respuesta de Ellen White
En una carta escrita a Jones y Waggoner un año y medio antes del encuentro de Mineápolis, Ellen White expresó la necesidad que tenía la iglesia de reconocer la gran humillación de Cristo al comprender, no sólo la profundidad hasta la que llegó -en semejanza de carne de pecado-, sino también la altura desde la que descendió -la posición de Dios Creador. En los tres años que siguieron expresaría vez tras vez esas ideas, en el contexto del mensaje preciosísimo que entonces estaba siendo dado:
"Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús". Llenad vuestra mente con la gran humillación de Jesús, y contemplad entonces su carácter divino, su majestad y gloria de lo Alto, y su despojarse de ellos para vestir su divinidad con humanidad. Entonces podemos apreciar una negación del yo, un sacrificio de sí mismo que maravilló a los ángeles. … Mirad entonces más allá del disfraz, y ¿a quién vemos? -Vemos a la Divinidad, vemos al eterno Hijo de Dios, tan poderoso, tan infinitamente dotado con todos los recursos del poder, y se encontró en la condición como hombre.[30]
Cristo condescendió en tomar la naturaleza humana, pero los poderes atrofiados del hombre fueron incapaces, debido a la ignorancia, de comprender o distinguir lo divino. A Jesús no se lo eximió de la necesidad de definir y defender su naturaleza divina, debido a que las mentes de los hombres eran de tal forma humanas, que no podían distinguir lo divino más allá de la asunción de humanidad. Para dar vida a sus lecciones se vio obligado, cuando tales impresiones eran un obstáculo para su utilidad, a referirse a su carácter misterioso y divino, llevando las mentes de ellos a una línea de pensamiento favorable al poder transformador de la verdad.[31]
Necesitamos que venga ahora sobre nosotros un poder y nos estimule a la diligencia y a la fe ferviente. Entonces, bautizados con el Espíritu Santo, tendremos a Cristo formado en nosotros, la esperanza de gloria. Entonces revelaremos a Cristo como al divino objeto de nuestra fe y amor. Hablaremos de Cristo, oraremos a Cristo y acerca de Cristo. Alabaremos su santo nombre. Presentaremos ante la gente sus milagros, su negación del yo, el sacrificio de sí mismo, sus sufrimientos, su crucifixión, su resurrección y su ascensión triunfante. Esos son los temas inspiradores del evangelio para despertar amor y un celo intenso en todo corazón.[32]
Las doctrinas populares de este tiempo no pueden representar correctamente a Jesús. Nuestro Salvador representaba al Padre. Él despejó las densas tinieblas del trono de Dios, la sombra infernal que Satanás había arrojado para ocultar a Dios de la vista y el conocimiento. Cristo revela el trono de Dios y revela al mundo al Padre como luz y amor. El hecho de que vistiera su divinidad con humanidad evidencia con claridad ese amor en una luz que la humanidad puede comprender. … ¿por qué no aferrarnos por la fe a la naturaleza divina? Es nuestro privilegio. Se hará cualquier cosa en favor de aquel que cree.[33]
En Cristo se combinaban la divinidad y la humanidad. La divinidad no se degradó en la humanidad; la divinidad conservó su lugar, pero la humanidad, estando unida a la divinidad, resistió la más fiera prueba de la tentación en el desierto. … El hombre puede ser hecho participante de la naturaleza divina; no hay ni una sola alma viviente que no pueda evocar la ayuda del Cielo en la tentación y la prueba. Cristo vino a revelar la fuente de su poder, a fin de que el hombre no se apoyara jamás en sus capacidades humanas desprovisto de ayuda.[34]
Cuando Ellen White oyó la proclamación del mensaje de Cristo, no pudo más que alegrarse. En 1890, hablando del corazón mismo del mensaje que Jones y Waggoner estaban compartiendo, Ellen White afirmó que "se ha presentado al pueblo de Dios el mensaje que lleva las credenciales divinas … se ha presentado con encanto y belleza la plenitud de la Deidad en Jesucristo".[35] Varios años después, resumiendo el mensaje de 1888 que envió el Señor, escribió acerca de ese mismo tema como siendo una de las partes esenciales de aquel precioso mensaje:
En su gran misericordia el Señor envió un preciosísimo mensaje a su pueblo por medio de los pastores Waggoner y Jones. … Muchos habían perdido de vista a Jesús. Necesitaban dirigir sus ojos a su divina persona, a sus méritos, a su amor inalterable por la familia humana. Todo el poder es colocado en sus manos, y él puede dispensar ricos dones a los hombres, impartiendo el inapreciable don de su propia justicia al desvalido agente humano. Este es el mensaje que Dios ordenó que fuera dado al mundo. Es el mensaje del tercer ángel, que ha de ser proclamado en alta voz y acompañado por el abundante derramamiento de su Espíritu.[36]
El Hijo unigénito
A medida que Waggoner avanzaba más allá de la comprensión común de la iglesia sobre la naturaleza divina de Cristo, por entonces todavía con sus puntos de vista arrianos y semiarrianos, hubo unas pocas ocasiones en las que expresó sus pensamientos en términos menos avanzados que en años posteriores, cuando las declaraciones clarificadoras de Ellen White jugarían un papel más importante. Una tal declaración de parte de Waggoner se encuentra en la serie que escribió en 1889 para Signs, y la otra en su expansión del mismo tema en forma de libro, en Christ and His Righteousness, publicado a principios de 1890. Waggoner nunca reiteró en esos términos tales puntos de vista sobre la existencia de Cristo en libros o artículos posteriores:
Algunos tienen dificultad en reconciliar la declaración de Cristo de Juan 14:28: "Mi Padre mayor es que yo", con la idea de que él es Dios, y es digno de adoración. Algunos consideran aisladamente ese texto como si fuera suficiente para derribar la idea de la divinidad de Cristo; pero de ser así, lo único que probaría es una contradicción en la Biblia, e incluso en las palabras de Cristo, ya que se afirma de la forma más positiva, tal como hemos visto, que Cristo es divino. Hay dos hechos que son ampliamente suficientes para explicar la afirmación de Cristo registrada en Juan 14:28. Uno es que Cristo es el Hijo de Dios. Si bien ambos son de la misma naturaleza, el Padre lo antecede en el tiempo. Es también mayor por no haber tenido principio, mientras que la personalidad de Cristo tuvo un principio. La declaración es también enfáticamente verdadera al considerar la posición que Cristo había asumido. "Se despojó a sí mismo, tomó la forma de siervo
y se hizo semejante a los hombres". Fil 2:7. "Fue hecho un poco menor que los ángeles … a causa del padecimiento de la muerte". Heb 2:9. A fin de redimir al hombre, tenía que descender hasta donde este estaba. No depuso su divinidad, pero depuso su gloria, y veló su divinidad con humanidad. Por lo tanto, su declaración "mi Padre mayor es que yo", es perfectamente consistente con la afirmación hecha por él mismo, y también por todos los que escribieron sobre él, al propósito de que era y es Dios.[37]
Las Escrituras declaran que Cristo es "el unigénito Hijo de Dios". Es engendrado; no creado. En referencia a cuándo fue engendrado, no nos corresponde inquirirlo, ni podrían nuestras mentes comprenderlo si se nos explicara. El profeta Miqueas nos dice todo cuanto podemos saber acerca de ello en estas palabras: "Pero tú Belén Efrata, pequeña entre los millares de Judá, de ti saldrá el que será Señor en Israel. Sus orígenes son desde el principio, desde los días de la eternidad" (Miqueas 5:2). Hubo un tiempo cuando Cristo procedió y vino de Dios, del seno del Padre (Juan 8:42; 1:18), pero fue tan atrás en los días de la eternidad que para el entendimiento finito en términos prácticos significa sin comienzo.[38]
Ninguna de esas dos declaraciones mereció un reproche de parte de Ellen White. ¿Y por qué debería merecerlo? Según la definición clásica, Waggoner no estaba expresando conceptos arrianos ni semiarrianos.[39] Había avanzado ya en los conceptos sobre la Deidad más allá de lo que muchos de los fundadores de la iglesia habían hecho, y lo hizo sin la ayuda de las declaraciones clarificadoras que sólo posteriormente hizo Ellen White. Obsérvese el reconocimiento de ese hecho por parte de autores contemporáneos:
Por consiguiente, la de Waggoner fue la primera tentativa competente de abordar la visión más amplia de Cristo en la plenitud de la divinidad, como base y provisión suficiente para la justicia por la fe en favor nuestro.
Desafortunadamente para el Dr. Waggoner, por aquel tiempo Ellen White todavía no había hecho la mayor parte de sus declaraciones más categóricas sobre la pre-existencia y completa deidad de Cristo. En 1888 Waggoner fue pionero, sin el beneficio de las muchas declaraciones que hizo [Ellen White] posteriormente.[40]
La cuestión de la divinidad de Jesús estaba en la agenda del congreso de 1888. En aquella ocasión … Ellet J. Waggoner refutó los últimos argumentos semiarrianos que aún persistían en la iglesia, y en definitiva puso el fundamento bíblico necesario para establecer la plena y completa divinidad de Jesucristo. …
Ambos [Jones y Waggoner] dejaron su impronta en la historia de la iglesia adventista con sus presentaciones sobre la justificación por la fe. Para Waggoner, ese tema sólo se podía entender a través de las gafas de la cristología. …
Por aquel tiempo diversos líderes de la iglesia albergaban conceptos semiarrianos o adopcionistas sobre la naturaleza divina de Cristo; de ahí la importancia de la cuestión suscitada por Waggoner cuando abordó el problema: "¿Es Cristo Dios?"
La insistencia de Waggoner en que Cristo era por naturaleza de la misma substancia de Dios y poseía vida por sí mismo, fue sin duda una novedad ante los ojos de algunos de los delegados en el congreso de Mineápolis. Su posición sobre la naturaleza divina de Cristo fue probablemente parte del motivo para la oposición a su mensaje de justificación por la fe, de parte de muchos de los delegados.
La contribución de Waggoner en ese particular, así como en lo relativo a la naturaleza humana de Cristo, fue decisiva. Froom lo reconoce sin dudar: "En 1888 Waggoner fue pionero, sin el beneficio de las muchas declaraciones que hizo [Ellen White] posteriormente, no sólo acerca de la eterna pre-existencia de Cristo, sino de su existencia propia individual y de su infinitud, igualdad y omnipotencia".
La propia Ellen White lo expresó así tras haber oído a Waggoner: "La plenitud de la divinidad en Jesucristo ha quedado establecida entre nosotros con gracia y belleza". Para ella, eso demostraba que Dios estaba obrando en medio de ellos. La interpretación de Waggoner era, en su mayor parte, la demostración teológica de lo que ella siempre había creído y afirmado en sus escritos hasta aquel momento.[41]
Hacia la primavera de 1890, Waggoner parece haber avanzado incluso más en relación a sus conceptos precedentes, al afirmar: "A través de la mediación y expiación de Jesucristo, siendo Dios desde la eternidad, se encarnó, y mediante su muerte en la cruz se convirtió en el sacrificio por el pecado, hizo expiación por él, y habiendo resucitado de la tumba, ascendió al cielo, donde se sentó a la diestra del Padre para hacer intercesión por su pueblo. El completo carácter y valor de una religión tal consiste en que es, tal como pretende ser, un plan sobrenatural para la salvación del pecado".[42] Pasarían otros ocho años antes que Ellen White hiciese su célebre declaración: "En Cristo hay vida original, que no proviene ni deriva de otra. 'El que tiene al Hijo, tiene la vida'. 1 Juan 5:12. La divinidad de Cristo es la garantía que el creyente tiene de la vida eterna".[43] Qué triste es que algunos hayan tergiversado hoy completamente a Waggoner en ese tema.[44]
Naturaleza humana de Cristo
Jones y Waggoner no sólo exaltaron a Cristo en su naturaleza divina; lo exaltaron también al mostrar las profundidades a las que descendió para redimir al hombre.[45] En 1884 Waggoner expresó sus puntos de vista sobre la naturaleza humana de Cristo en varios artículos de Signs. Describió a Cristo tomando "sobre sí mismo nuestra naturaleza" (Heb 2:16, 17); y cargando sobre él "la iniquidad de todos nosotros" (Isa 53:6). A fin de salvarnos, tuvo que venir allí donde estábamos nosotros, o en otras palabras, tenía que tomar la posición del perdido pecador".[46] Waggoner puso en claro que "fue hecho 'en todo semejante a sus hermanos'; y eso implica, no sólo el armazón físico exterior, sino que llevó el pecado tal como lo llevamos nosotros".[47] Explicó que Jesús "se colocó a sí mismo en la condición exacta de aquellos a quienes vino a salvar". Fue en ese sentido en el que "llevó los pecados del mundo como si fueran los suyos propios". La posición que Cristo tomó se describe mejor en la expresión: "Hecho bajo la ley" (Gál 4:4). Waggoner creía que Cristo no estaba sólo sujeto a la ley moral, sino que mediante su propia elección se sujetó a la condenación de la ley, como lo estaría cualquier pecador por "haber violado la ley". Eso no hizo de Cristo un pecador, dado que "los pecados que llevó no fueron los suyos, sino los nuestros".[48]
En 1886 Waggoner volvió a presentar su interpretación de la expresión "bajo la ley" en una serie de artículos sobre el libro de Gálatas: "Ha quedado abundantemente probado que 'bajo la ley' indica, en general, un estado de pecado, y en consecuencia, de condenación".[49] Los artículos de Waggoner suscitaron una respuesta por parte de G. I. Butler en su libro The Law in the Book of Galatians (la ley en el libro de Gálatas). Debido a que Butler defendía la idea de que Gálatas 4:4 se refería sólo a la ley ceremonial -a la que el propio Cristo se sometió-, condenó la postura de Waggoner acerca de la expresión "bajo la ley" por ser "sobremanera absurda".[50] A principios de 1887 Waggoner respondió al libro de Butler mediante su escrito: The Gospel in the Book of Galatians (el evangelio en el libro de Gálatas). Hablando directamente del asunto de Cristo "hecho bajo la ley", Waggoner demostró la conexión con su naturaleza humana:
Esos textos [Gál 4:4; Juan 1:1, 14; Fil 2:5-7; Heb 2:9] muestran que Cristo tomó sobre sí la naturaleza humana, y que en consecuencia estaba sujeto a la muerte. Vino al mundo con el propósito de morir; y por lo tanto, desde el principio de su vida en la tierra estuvo en la misma condición en que están los hombres por cuya salvación murió.
Lea ahora Rom 1:3: El evangelio de Dios "que se refiere a su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que era del linaje de David según la carne". ¿Cuál era la naturaleza de David "según la carne"? Carne pecaminosa, ¿no es así? David dice: "En maldad he sido formado y en pecado me concibió mi madre". Sal 51:5. No se horrorice; no estoy implicando que Cristo fuera un pecador. …[51]
Una de las cosas más animadoras en la Biblia es el conocimiento de que Cristo tomó sobre sí la naturaleza del hombre; el saber que sus antepasados según la carne fueron pecadores. Cuando leemos el relato de las vidas de los antepasados de Cristo, y vemos que tenían todas las debilidades y pasiones que tenemos nosotros, comprendemos que nadie tiene el menor derecho a excusar sus actos pecaminosos evocando su herencia. Si Cristo no hubiese sido hecho semejante a sus hermanos en todo, entonces su vida sin pecado no sería de ánimo para nosotros.[52]
Esa respuesta de Waggoner, escrita en 1887, no se publicó sino hasta justo ante del congreso de 1888. Durante el verano de 1888, mientras asistían a un retiro en las montañas del este de Oakland, Jones y Waggoner "dedicaron unos pocos días al estudio de la Biblia" con "tantos pastores de California" como pudieron asistir. W. C. White escribió que uno de los días se dedicó a examinar "La ley en Gálatas, del pastor Butler, y otros temas relacionados, a la conclusión de la cual, el pastor Waggoner leyó cierto MS [manuscrito] que había preparado en respuesta al panfleto del pastor Butler. … Al terminar nuestro estudio, el pastor Waggoner preguntó si sería conveniente que publicara su manuscrito y lo hiciera llegar a los delegados en el próximo congreso de la Asociación General [de 1888], tal como el pastor Butler había hecho con el suyo. Eso nos pareció bien, y le animamos a que imprimiera quinientas copias".[53]
W. C. White tomó notas de la presentación de Waggoner en aquella reunión del 26 de junio. Según sus anotaciones, Waggoner dedicó la mayor parte del tiempo al tema de Cristo estando "bajo la ley".[54] Ese fue el punto preciso sobre el que Waggoner había expresado claramente sus convicciones sobre la naturaleza humana de Cristo en su respuesta a Butler, tal como se ha citado con anterioridad.
Waggoner no sólo distribuyó su respuesta publicada a todos los delegados en el congreso de 1888; también habló sobre el tema de la naturaleza humana de Cristo. Si bien no era el punto central en sus presentaciones, era el fundamento de su comprensión sobre la justificación por la fe y la justicia de Cristo.
W. C. White llevó al congreso de Mineápolis el mismo cuaderno que había empleado en el retiro el 26 de junio, y allí plasmó sus notas sobre la disertación de Waggoner del 17 de octubre sobre el tema y definición de "bajo la ley".[55] La esposa de Waggoner anotó también sus presentaciones y poco tiempo después de regresar a casa en Oakland a comienzos de 1889 constituyeron la base para una serie de artículos publicados en Signs. Esos artículos, que trataban de ambos temas, la naturaleza divina y humana de Cristo, fueron posteriormente incluidos en su libro publicado en 1890, que tituló apropiadamente: Christ and His Righteousness {Cristo y su justicia: http://libros1888.com/Pdfs/justicia.pdf}.[56] No obstante, antes de considerar esos artículos, leamos lo que Ellen White dijo sobre el tema:
Un tema tristemente ignorado
Inmediatamente antes del congreso de 1888 Ellen White escribió un artículo para la Review titulado: "La obra del pastor", en el que animaba a los pastores a evitar las controversias públicas sobre asuntos menores, "palabrería sin provecho". Amonestó acerca de "opiniones sobre temas que no tienen una importancia real … no se las debiera pasar al frente ni urgirlas de forma pública, sino que se debieran tratar de forma discreta y sin controversia en el caso de que alguien las presente". No todos los misterios de la Biblia se van a "comprender plenamente hasta [que] Cristo" regrese. Y debido a que "existe mucho acerca de lo cual las mentes nunca pueden estar en armonía", es mucho mejor mantener "ocultas todas las pequeñas diferencias, más bien que sacarlas a relucir como tema de disputa". En las grandes "verdades probatorias … de la redención, la pronta venida de Cristo y los mandamientos de Dios", se puede encontrar "alimento suficiente para el pensamiento … donde concentrar enteramente la atención". Además, la condescendencia de Cristo en la salvación del hombre caído era otro tema que Ellen White sentía que era digno de atenta consideración:
¿Cuál es la obra del ministro del evangelio? Es presentar correctamente la palabra de verdad; no inventar un evangelio nuevo, sino presentar correctamente el evangelio que se le encomendó. … Hay temas que han sido objeto de lamentable negligencia, a los que se debiera dedicar cumplida atención. El peso de nuestro mensaje debiera ser la misión y vida de Jesucristo. Considérense la humillación, el sacrificio propio, la mansedumbre y la humildad de Cristo, a fin de que los corazones orgullosos y egoístas puedan ver la diferencia entre ellos mismos y el Modelo, y se puedan humillar. Mostrad a vuestros oyentes a Jesús en su condescendencia para salvar el hombre caído. Mostradles cómo el que tenía que ser garante de ellos, tuvo que tomar la naturaleza humana y llevarla a través de las tinieblas y el espanto de la maldición de su Padre, debido a la transgresión de su ley por parte del hombre, ya que el Salvador se halló en la condición de hombre. Describid, hasta donde puede hacerlo el lenguaje humano, la humillación del Hijo de Dios, y no penséis que habéis alcanzado el clímax cuando lo veis cambiando el trono de luz y gloria que tuvo con el Padre por la humanidad. Vino desde el cielo a la tierra y llevó la maldición de Dios como garante por la raza caída.[57]
Literalmente en docenas de ocasiones a lo largo de su literatura, Ellen White aclara que a fin de que Cristo pudiera ser el garante del hombre, tenía que tomar su naturaleza caída: "Fue necesario que Cristo tomara sobre sí nuestra naturaleza, a fin de probar la falsedad de la declaración de Satanás. … Por consiguiente, Cristo se convirtió en el representante y garante del hombre".[58] "El substituto y garante del hombre debe tener la naturaleza del hombre, una conexión con la familia humana a quien tenía que representar, y, como embajador de Dios, debe participar de la naturaleza divina, tener una conexión con el Infinito".[59] "Sólo viviendo una vida sin pecado a la vez que yendo vestido con los ropajes de la humanidad, podía Cristo, como substituto y garante del hombre, llevar la carga del pecado de todo el mundo caído".[60] Además, fue Cristo en carne humana quien vivió una vida de justicia de la que el hombre puede ser ahora participante: "Debemos centrar nuestras esperanzas celestiales sólo en Cristo, pues él es nuestro substituto y garante. … Los mejores esfuerzos que puede realizar el hombre en su propia fuerza carecen de valor para alcanzar la ley santa y justa que ha sido transgredida; pero mediante la fe en Cristo puede reclamar la justicia del Hijo de Dios como totalmente suficiente. Cristo satisfizo las demandas de la ley en su naturaleza humana. … La fe genuina se apropia de la justicia de Cristo, y el pecador es hecho un vencedor con Cristo".[61]
Tal como la comprendió Ellen White, la naturaleza humana de Cristo era central en el plan de la salvación y restauración del hombre. Por lo tanto, tal como escribió a la iglesia en septiembre de 1888, lejos de ver el tema de la naturaleza humana de Cristo como algo "carente de importancia real", lo vio como un tema que había sido "objeto de lamentable negligencia".[62] No era un asunto colateral, sino parte del "evangelio que se le ha encomendado" al ministro. No es maravilla, por lo tanto, que cuando Ellen White oyó las presentaciones de Waggoner en Mineápolis, "cada fibra de [su] corazón dijo Amén".[63]
Más adelante afirmaría categóricamente: "El fuerte pregón del tercer ángel ya ha comenzado en la revelación de la justicia de Cristo. … Este es el comienzo de la luz del ángel cuya gloria llenará toda la tierra".[64] Cuando escribió su bien conocida declaración de 1895 acerca del "mensaje preciosísimo enviado por medio de los pastores Waggoner y Jones" incluyó en su descripción la enseñanza de ellos en el contexto de la naturaleza de Cristo, tanto la divina como la humana: "Este mensaje tenía que presentar de forma más prominente ante el mundo al Salvador levantado, el sacrificio por los pecados del mundo entero. Presentaba la justificación por la fe en el Garante; invitaba a la gente a recibir la justicia de Cristo, que se manifiesta en obediencia a todos los mandamientos de Dios. Muchos habían perdido de vista a Jesús. Necesitaban dirigir sus ojos a su divina Persona".[65]
Pero no todos prestarían oído a lo que Waggoner tenía que decir en el congreso de Mineápolis. Muchos tenían excusas que les dificultarían aceptar el mensaje enviado por Dios. El 20 de octubre de 1888, tres días después de la disertación en la que Waggoner presentó a Cristo estando bajo la ley -el preciso tema que en ocasiones precedentes había usado Waggoner al presentar la naturaleza humana de Cristo- Ellen White habló a los delegados acerca de "avanzar en la experiencia cristiana":
Lo que queremos ahora presentar es cómo podéis avanzar en la vida divina. Oímos muchas excusas: No puedo vivir a la altura de esto o aquello. ¿Qué queréis decir, con esto o aquello? ¿Sugerís que fue un sacrificio imperfecto el que se efectuó en el Calvario en favor de la raza humana?, ¿que no se nos ha concedido suficiente gracia y poder para que podamos sobreponernos a nuestros propios defectos naturales y tendencias?, ¿que el que se nos dio no fue un Salvador completo?, ¿pretendéis desprestigiar a Dios? Decís: Fue el pecado de Adán. Decís: No soy culpable de eso, no soy responsable de su culpa y caída. Todas esas tendencias naturales están aquí, en mí, y no se me debe culpabilizar si las ejercito. ¿A quién se debe entonces culpabilizar? ¿A Dios? ¿Por qué tuvo Satanás ese poder sobre la naturaleza humana? Esas son acusaciones contra el Dios del cielo, y si así lo queréis él os va a dar una oportunidad de elevar finalmente vuestras acusaciones contra él. Él elevará entonces las suyas contra vosotros cuando seáis llevados a su tribunal de juicio.
Cómo es posible que [él] os esté suplicando: "Conozco todos los males y tentaciones que os asedian y envié a mi Hijo Jesucristo a vuestro mundo para revelaros mi poder, mi fuerza; para revelaros que yo soy Dios y que os daré ayuda para elevaros por encima del poder del enemigo, dándoos una oportunidad de recuperar la imagen moral de Dios" …
Dios acepta a Cristo, nuestro substituto. Él tomó la naturaleza humana sobre sí y luchó las batallas en las que está implicada la naturaleza humana. Está conectado con lo divino y debía pelear las batallas contra Satanás.[66]
Es un hecho patente que Ellen White debió confrontar una mentalidad que buscaba excusarse por sucumbir a la tentación. Su respuesta a esa actitud fue que Cristo era "un Salvador completo", que conocía "todos los males y tentaciones" con los que se las tenía que ver la naturaleza humana, "y luchó las batallas en las que está implicada la naturaleza humana". Fue esa verdad la que hizo posible que el hombre venciera. Los hermanos no tenían un concepto claro de Cristo como su substituto y garante, y el mensaje de Jones y Waggoner iba al centro mismo del problema, exponiendo la ignorancia. Es debido a ello por lo que muchos hermanos respondieron negativamente a su mensaje. La creencia de que Cristo no pudo haber tenido la misma naturaleza que el hombre -en cuyo caso habría caído bajo la tentación-, llevaría con facilidad a la protesta, a alegar que Waggoner iba demasiado lejos en rebajar a Cristo. Desgraciadamente, la respuesta inicial de Waggoner a tales objeciones sólo consiguió empeorar las cosas. Algunos utilizaron su respuesta inicial como una excusa para continuar en su rechazo al mensaje preciosísimo.
"Cristo no podía pecar"
Los artículos de Waggoner que se imprimieron en Signs poco tiempo después que regresara de la asamblea de Mineápolis cubrían ambos aspectos: la naturaleza divina y la humana de Cristo. Su artículo publicado el 21 de enero llevaba por título: "Dios manifestado en la carne". En él Waggoner afirmó que "por poco que se piense, será fácil ver que si Cristo tomó sobre sí la semejanza de hombre a fin de poder sufrir la muerte, tuvo que ser el hombre pecaminoso al que se hizo semejante, pues es únicamente el pecado el que causa la muerte". Continuó razonando que "un vistazo breve a los antepasados y a la posteridad de David mostrará que la línea de la que surgió Jesús en lo relativo a su naturaleza humana era tendente a concentrar toda la maldad de la humanidad". Waggoner admitió: "Nos resulta imposible comprender cómo pudo ser así, y es peor que inútil que especulemos al respecto. Todo cuanto podemos hacer es aceptar los hechos tal como los presenta la Biblia".[67] Describió aquellos hechos de forma clara:
Más aún: el hecho de que Cristo tomó sobre sí la carne, no de un ser impecable, sino del hombre pecaminoso, es decir, que la carne que asumió tenía todas las debilidades y tendencias pecaminosas a las que está sujeta la naturaleza humana caída, queda demostrado por las propias palabras en las que se basa este artículo: fue "hecho de la simiente de David según la carne". David tenía todas las pasiones de la naturaleza humana. …
Si fue hecho en todo semejante a sus hermanos, entonces debió sentir todas las debilidades y pasiones de sus hermanos. Solamente así sería capaz de ayudarlos. Por lo tanto, tuvo que hacerse hombre, no sólo para poder morir, sino para ser capaz de simpatizar y socorrer a quienes sufren las fieras tentaciones que produce Satanás a través de la debilidad de la carne. …
El que Cristo tuviera que nacer bajo la ley fue una consecuencia necesaria de haber nacido de mujer, tomando sobre sí la naturaleza de Abraham, siendo hecho de la simiente de David, en semejanza de carne de pecado. La naturaleza humana es pecaminosa, y la ley de Dios condena todo pecado. No es que nazcan en el mundo directamente condenados por la ley, pues en la infancia no tienen conocimiento del bien y del mal, y son incapaces de obrar cualquiera de los dos, pero nacen con tendencias pecaminosas derivadas de los pecados de sus antecesores. Y cuando Cristo vino al mundo, lo hizo sujeto a todos los condicionantes a los están sujetos el resto de los niños.[68]
Al acercarse al final de su artículo Waggoner abordó los temores que podría tener la gente que pensaba que estaba llevando la condescendencia de Cristo demasiado lejos. Estando todavía fresca en su mente la controversia de Mineápolis es muy probable que intentara protegerse contra cualquier acusación de estar haciendo a Cristo pecador, estando en necesidad él mismo de un Salvador:
Habiendo leído este artículo hasta aquí, algunos pueden pensar que estamos despreciando el carácter de Jesús al traerlo hasta el nivel del hombre pecador. Al contrario: estamos simplemente exaltando el "poder divino" de nuestro bendito Salvador, quien descendió voluntariamente al nivel del hombre pecaminoso a fin de poder exaltar al hombre hasta su pureza inmaculada, la cual retuvo bajo las circunstancias más adversas. "Dios estaba en Cristo", por consiguiente, no podía pecar. Su humanidad solamente veló su naturaleza divina, que fue más que capaz de resistir exitosamente las pasiones pecaminosas de la carne. Durante toda su vida hubo una lucha. La carne, movida por el enemigo de toda [justicia], tendería al pecado; sin embargo, su naturaleza divina ni por un momento albergó un mal deseo, ni por un instante vaciló su poder divino. Habiendo sufrido en la carne todo lo que al hombre le es posible sufrir, regresó al trono del Padre tan inmaculado como al dejar las cortes de gloria. Cuando permaneció en la tumba bajo el poder de la muerte, fue "imposible que fuera retenido por ella" debido a que había sido imposible que pecara la naturaleza divina que moraba en él.
"Bien", dirá alguien, "no veo en eso ninguna ayuda para mí; no era posible que el Hijo de Dios hubiera pecado, pero yo no poseo un poder como ese". ¿Por qué no? Puedes tenerlo si lo quieres. El mismo poder que le permitió a él resistir toda tentación a través de la carne cuando estaba "rodeado de debilidad", puede permitirnos a nosotros eso mismo. Cristo no pudo pecar, porque era la manifestación de Dios.[69]
Waggoner intentaba protegerse así ante las falsas acusaciones relativas a la naturaleza humana de Cristo. Razonó que él no estaba llevando demasiado lejos la condescendencia de Cristo, debido a que este no podía pecar a causa de su naturaleza divina, y ese mismo poder era ahora asequible también al hombre.
Ellen White clarifica el asunto
Un año después, mientras Waggoner predicaba a partir del libro de Isaías sobre el tema de la naturaleza de Cristo a estudiantes que asistían a la asamblea pastoral de 1889 en Battle Creek, expresó la misma idea: "'Que Cristo no pudo pecar, que fue imposible, etc'".[70] Existe, no obstante, la posibilidad de que una vez más Waggoner estuviera presentando el tema de forma que quedara salvaguardado de falsas acusaciones por llevar demasiado lejos la condescendencia de Cristo. Muchos sintieron que Cristo no pudo haber tenido la misma naturaleza del hombre, tal como Waggoner presentaba, en cuyo caso habría caído bajo tentaciones similares. Cuando las presentaciones de Waggoner sobre Isaías llegaron a su fin hacia finales de enero el criticismo hizo nuevamente aparición en relación con sus enseñanzas. No sólo se suscitaban cuestiones acerca de las clases que estaba enseñando en la asamblea pastoral; las había también a propósito de la nueva Guía de estudio (escuela sabática) que trataba del tema de los dos pactos, y que él mismo había escrito. Algunos de los hermanos se estaban apartando del seminario pastoral y hasta de la clase de escuela sabática debido a esta nueva controversia. Ellen White no tardó en responder.
Lo que estaba sucediendo no alegraba a Ellen White. El 17 de enero envió una carta a los hermanos Ballenger (pastor y empleado en Review and Herald) y a Leon Smith (asistente redactor de la Review e hijo de Uriah Smith), advirtiéndoles acerca de su camino descendente. Había formas adecuadas de abordar las "diferencias de opinión", y ausentarse de las reuniones no era una de ellas, dado que había una "gran necesidad de escudriñar las Escrituras" juntos:
¿Por qué seguís ese curso de acción consistente en ausentaros de las reuniones en las que se investigan los puntos de verdad? …
Vuestra actitud es muy parecida a la de los escribas y fariseos, criticando constantemente, pero rehusando venir a la luz. Si tenéis verdad, presentadla; si vuestros hermanos tienen verdad, sed humildes y sinceros ante Dios y asentid en que es verdad. …
Si las ideas presentadas ante la asamblea pastoral son erróneas, pasad al frente como hombres y presentad con franqueza vuestra evidencia bíblica. … No permanezcáis en la posición en la que estáis como dirigentes en la escuela sabática y resistiendo la luz o puntos de vista e ideas presentadas por hombres que yo sé que son agentes a quienes el Señor está usando. Vuestra actitud de neutralizar el efecto de sus palabras hasta donde os sea posible, y de no acudir vosotros mismos a la luz como los cristianos van a la Palabra para investigarla juntos con corazones humildes, no investigando la Biblia para traerla a vuestras ideas, sino trayendo vuestras ideas a la Biblia. …
Tenéis el ejemplo de cómo trataron los judíos cualquier cosa que no armonizara con sus opiniones y doctrinas. … Los sacerdotes y dirigentes enviaron a hombres supuestamente justos, con el propósito de atraparlo en sus palabras, o de que saliera de sus labios algo que los justificara en su prejuicio … que pudieran interpretar a su capricho para presentarlo a su propia manera al pueblo y hacer que Cristo pareciera un engañador, un herético. Aquellos judíos no estaban haciendo la obra de Dios, sino la del enemigo de toda justicia. Cuando veo a hombres transitando ese mismo camino, lo identifico, y me preocupa y me inquieta. …
¿Somos cristianos, o somos fanáticos? Digo en el temor de Dios: Escudriñad las Escrituras. La interpretación de algunas porciones de la Escritura puede no ser verdad en todos los puntos, pero permitid que os llegue toda la luz posible sobre esos puntos. …
Asistiendo a la escuela ministerial adquiriréis nuevas ideas. Cavando en las minas de la verdad seréis recompensados. …[71]
Incluso si Ellen White sugirió en su carta a Ballenger y Smith que "la interpretación de algunas porciones de la Escritura puede no ser verdad en todos los puntos", apoyó inequívocamente las presentaciones de Jones y Waggoner -hombres que ella sabía ser agentes que "el Señor está usando".[72]
Unos días después Ellen White abordó los mismos asuntos en una charla matinal dada en la asamblea pastoral. Dan Jones informó que después que Waggoner presentó sus ideas relativas a "que Cristo no pudo haber pecado … la hermana White vino unos días después y dijo que Cristo habría podido ser vencido por la tentación, y de no ser así, no habría podido ser nuestro ejemplo y consuelo".[73] Por consiguiente, cuando Ellen White habló ante toda la asamblea reunida en Battle Creek, quiso aclarar el asunto de si Cristo tomó o no una naturaleza humana como la del hombre después de la caída y si para él era posible pecar, o no lo era.
Ellen White expresó primeramente su gran preocupación porque como pueblo no estuvieran comprendiendo el tiempo en el que vivían. La mente de ella retrocedía a menudo hasta los judíos y la forma en que trataron a Cristo: "Las vicisitudes de los hijos de Israel y su actitud justamente antes de la primera venida de Cristo, me han sido presentadas vez tras vez para ilustrar la posición del pueblo de Dios en su experiencia antes de la segunda venida de Cristo". Habló durante varios minutos de la "humillación que sufrió [Cristo] al tomar sobre sí nuestra naturaleza", de cómo, en consecuencia, los dirigentes judíos lo persiguieron a cada paso. Habló acerca de cómo fueron incapaces de aceptar a Cristo "porque no vino con toda la majestad de un rey", sino como un hombre común. No fue sólo eso lo que los llevó a "rechazarlo. Fue porque era la personificación de la pureza, y ellos eran impuros". En este punto Ellen White habló del asunto de la naturaleza de Cristo y de la posibilidad de que cediera a la tentación. Waggoner no había ido demasiado lejos en la condescendencia de Cristo. Al contrario. Cristo había descendido incluso más bajo: Para él fue posible ceder al pecado:
El Hijo de Dios fue asaltado a cada paso por los poderes de las tinieblas. Después de su bautismo fue llevado por el Espíritu al desierto y sufrió la tentación por cuarenta días. Me han llegado cartas afirmando que Cristo no pudo haber tenido la misma naturaleza que el hombre, porque de haber sido así habría caído bajo tentaciones similares. [Pero] si no hubiera tenido la naturaleza del hombre, no habría podido ser nuestro ejemplo. Si no hubiera sido participante de nuestra naturaleza, no habría podido ser tentado como lo ha sido el hombre. Si para él no hubiera sido posible ceder a la tentación, no podría ser nuestro ayudador. Fue una solemne realidad que Cristo vino a luchar las batallas como hombre, en favor del hombre. Su tentación y victoria nos dicen que la humanidad debe copiar al Modelo; el hombre debe hacerse participante de la naturaleza divina.
En Cristo estaban combinadas la divinidad y la humanidad. La divinidad no se degradó por la humanidad; la divinidad conservó su lugar, pero la humanidad, al unirse a la divinidad, resistió la más fiera tentación en el desierto. … El plan de Dios, trazado para la salvación del hombre, previó que Cristo conociera el hambre, la pobreza y todo aspecto de la experiencia humana. Resistió la tentación mediante el poder que el hombre puede reclamar. … No hay hombre o mujer que no puedan tener acceso a la misma ayuda mediante la fe en Dios.[74]
Para quienes se estaban oponiendo a las enseñanzas de Waggoner, la declaración de Ellen White dejó claro que Cristo tomó sobre su naturaleza sin pecado la misma naturaleza pecaminosa del hombre caído.[75] Su declaración dejó sin excusa a quienes se oponían a las posiciones de Waggoner por su enseñanza de que Cristo no pudo haber pecado. Lejos de ser un gran reproche a Waggoner por enseñar una gran herejía, fue una corrección amable que le animó a no defender una posición que en realidad estaba limitando el riesgo que Dios asumió al enviar a su Hijo en semejanza de carne de pecado.
Continuando en su charla matinal, Ellen White dirigió ahora su atención a quienes seguían oponiéndose a los mensajeros y al mensaje. Habló de Juan Bautista, quien no fue "enviado a la escuela de los profetas y rabinos … a fin de que no resultara influenciado por su espíritu y enseñanza". El "Señor le dio su mensaje" y él "no preguntó si podía proclamar aquel mensaje". Ellen White citó Isaías 40:3-5: "Preparad camino a Jehová", y afirmó: "Ese es el preciso mensaje que se debe dar a nuestro pueblo". Sin embargo, el pueblo no estaba dispuesto:[76]
En nuestra obra falta el Espíritu Santo. Nada me alarma más que ver el espíritu de discordia manifestado por nuestros hermanos. … Siento deseos de abandonar el lugar, no vaya a ser que reciba el molde de quienes son incapaces de investigar sinceramente las doctrinas de la Biblia. … Lo que necesitamos es el bautismo del Espíritu Santo. Sin él no estamos más preparados para ir al mundo, de lo que estaban los discípulos tras la crucifixión de su Señor. … Cada instructor ha de ser un aprendiz, a fin de que sus ojos sean ungidos para poder ver las evidencias de la verdad progresiva de Dios. Si pretende impartir luz a otros, los rayos del Sol de justicia han de brillar en su propio corazón. …
Cuando descanse sobre vosotros el Espíritu de Dios no habrá sentimientos de envidia o celos al examinar la posición de otro; no habrá espíritu de acusación y crítica, tal como el que Satanás inspiró en los corazones de los dirigentes judíos contra Cristo. …
Los judíos procuraron parar la proclamación del mensaje que estaba predicho en la palabra de Dios; pero la profecía tiene que cumplirse. El Señor dice: "Yo os envío al profeta Elías antes que venga el día de Jehová,
grande y terrible". Ha de venir alguien en el espíritu y poder de Elías, y al hacer aparición los hombres pueden decir: "Eres demasiado categórico, no interpretas correctamente las Escrituras. Déjame que te diga cómo predicar tu mensaje". … Si continuáis buscando faltas, teniendo un espíritu de discordia, nunca conoceréis la verdad. …
Hay muchos entre nosotros que tienen prejuicios contra las doctrinas que se están discutiendo ahora. No vendrán a oír, no investigarán calmadamente, sino que lanzarán solapadamente sus objeciones. Están perfectamente satisfechos con su posición [se cita Apoc 3:17-19]. Esa escritura se aplica a quienes viven bajo el pregón del mensaje, pero no vendrán a oírlo. ¿Cómo podéis saber si el Señor está dando nuevas evidencias de su verdad, colocándola en un nuevo marco a fin de que quede preparado el camino para el Señor? ¿Qué planes habéis estado trazando para que la nueva luz pueda esparcirse entre las filas del pueblo de Dios? ¿Qué evidencia tenéis de que Dios no ha enviado luz a sus hijos?[77]
Ese incidente dio ánimo a Jones y Waggoner para continuar presentando el mensaje de la justificación por la fe y la justicia de Cristo, que estaba basado en su comprensión de la naturaleza de Cristo. Waggoner nunca más volvería a limitar el riesgo que Cristo tomó al venir a salvar la raza. A diferencia de muchos de los hermanos, que continuaron oponiéndose al preciosísimo mensaje incluso después de numerosas reprensiones de la pluma de Ellen White, Waggoner aceptó prestamente la admonición. Cuando publicó su libro, que tituló acertadamente Christ and His Righteousness {Cristo y su justicia http://libros1888.com/Pdfs/justicia.pdf}, que incluía su artículo del 21 de enero de 1889 en Signs, Waggoner presentó de nuevo claramente sus puntos de vista sobre la naturaleza divina y humana de Cristo, pero suprimió sus declaraciones relativas a que "Cristo no pudo pecar".[78] Esa es ciertamente la marca de un mensajero humilde.[79]
Dan Jones, por otra parte, percibió ese incidente como la confirmación de que el mensaje de Jones y Waggoner no era digno de confianza, y de que Ellen White no apoyó específicamente lo que estaban enseñando. Eso le llevó a concluir que "el asunto de la doctrina no era el punto importante", con tal que se "aceptara la doctrina de la justificación por la fe". Por descontado, a eso podía responder: "Creo".[80] Pero Ellen White vio las cosas de forma bien diferente. Como veremos en los capítulos que seguirán, dijo a Dan Jones que no estaba andando en la luz, sino en las chispas de su propio fuego".[81]
En contraste con lo escrito por algunos historiadores modernos, debiera quedar claro a partir de los registros históricos que la naturaleza de Cristo fue parte del mensaje de 1888 de Jones y Waggoner.[82] Formó parte integral de la doctrina de la justificación por la fe y de la justicia de Cristo tal como la presentaron antes, durante y después del congreso de 1888. El tema de la naturaleza de Cristo se hizo más prominente en los años que seguirían, en parte por la continua oposición al mensaje. Ellen White lo explicó pocos meses después de la asamblea pastoral de 1890:
El espíritu de resistencia que se ha exhibido ante la presentación de la justicia de Cristo como nuestra única esperanza ha entristecido al Espíritu de Dios, y como resultado de esa oposición se ha tenido que presentar este asunto de la forma más ferviente y decidida, ocasionando un estudio más profundo del tema y evocando una serie de argumentos que hasta el propio mensajero ignoraba que fuesen tan sólidos, tan plenos, tan consistentes sobre este tema de la justificación por la fe y la justicia de Cristo como nuestra única esperanza. …
Su posición [de Jones y Waggoner] es vista por muchísimos como errónea, y claman: "Peligro, fanatismo", cuando no existe herejía ni fanatismo.[83]
Jones y Waggoner presentaron su mensaje en medio de la oposición, que se recrudeció cuando Waggoner anunció que dejaría el estudio de Isaías para presentar el tema de los dos pactos.
Notas: