El Retorno de la Lluvia Tardía

Capítulo 11

La justicia de Cristo

"Contemplando somos transformados"

Si bien en el adventismo del séptimo día ha habido controversia acerca de la naturaleza de Cristo a partir de 1950 especialmente, las raíces de dicha controversia se extienden a más de 120 años en el pasado. En este capítulo daremos un vistazo inicial a la comprensión de Jones y Waggoner sobre la naturaleza de Cristo (ambas: la divina y la humana), para averiguar si ese tema formó parte del "mensaje de 1888" que entonces presentaron. El hecho de que la posición de Jones y Waggoner sobre la naturaleza humana de Cristo fuera la misma generalmente aceptada por la iglesia desde su inicio, explica por qué no hubo una controversia importante sobre ese tema en aquel momento. No obstante, no debemos concluir que ese no fuera un aspecto relevante. Debido a que la comprensión de Jones y Waggoner sobre la naturaleza de Cristo formaba parte integral del mensaje de la justificación por la fe y de la justicia de Cristo, los que se oponían a su mensaje encontraron puntos sobre los cuales criticarlos ante la asamblea de 1888, y todavía en mayor medida en la asamblea pastoral de 1890.

En una de sus clases en la asamblea, Waggoner presentó un estudio versículo a versículo de las profecías de Isaías, enfatizando la naturaleza y obra de Cristo.[1] Para Waggoner ese no era un tema nuevo, dado que ya había presentado sus puntos de vista sobre la naturaleza de Cristo incluso antes de la asamblea de 1888. Igual que sucedía con sus posiciones sobre la ley en Gálatas y los dos pactos, los puntos de vista de Waggoner sobre la naturaleza de Cristo (su naturaleza divina y humana) eran mucho más que un tema colateral. No eran simplemente postulados de un credo en espera de ser debatidos en los círculos de la sabiduría superior. Waggoner comprendió la naturaleza de Cristo como estando estrechamente conectada con la "justicia de Cristo"; como el fundamento mismo sobre el que se edificaba la doctrina de la justicia por la fe. De hecho, tanto para Jones como para Waggoner, la justicia por la fe no era en realidad más que una aplicación práctica de la justificación por la fe, de la santificación por la fe, de los pactos y de la ley en Gálatas, todos los cuales estaban fundados en su comprensión de la naturaleza del hombre, de la naturaleza del pecado y de la naturaleza de Cristo. Esa comprensión, junto a la verdad de la purificación del santuario en el contexto del tiempo del fin es lo que hizo del preciosísimo mensaje "el mensaje del tercer ángel en verdad".[2]

La divinidad de Cristo

Antes de prestar atención a los puntos de vista de Jones y Waggoner sobre la divinidad de Cristo, hemos de comprender cuál era la posición de gran parte de los fundadores de la iglesia hasta aquel tiempo. Dos de los principales fundadores de la iglesia adventista del séptimo día, Joseph Bates y James White, eran previamente miembros de Christian Connexion, que rechazaba la doctrina de la trinidad. James White era un pastor ordenado en aquella iglesia. Cuando él y Bates se unieron al movimiento adventista, continuaron manteniendo su postura anti-trinitaria que habían tomado de la iglesia Christian Connexion. Pero James White y Joseph Bates no eran los únicos: "Otros adventistas prominentes que hablaron contra la trinidad, fueron: J. N. Loughborough, R. F. Cottrell, J. N. Andrews, y Uriah Smith".[3] Muchos de esos hombres mantenían posiciones arrianas o semiarrianas sobre Cristo. Estas son las definiciones clásicas de dichos conceptos:

Arrianismo: Enseñanza aparecida en Alejandría en el siglo cuarto D.C. Su nombre deriva de su representante más prominente: Arrio, un presbítero de Alejandría. Negaba que Jesucristo fuese de la misma substancia (en griego: homoousios) que el Padre, y reducía al Hijo al rango de criatura, si bien existiendo antes que el mundo. El arrianismo se condenó en el concilio de Nicea (325 D.C.).

Semiarrianismo: Sobre la naturaleza de Cristo, los semiarrianos intentaron buscar un compromiso entre la posición ortodoxa y la arriana. Rechazaron la postura arriana según la cual Cristo habría sido creado y poseería una naturaleza diferente a la de Dios (anomoisos - distinta), pero tampoco aceptaron el credo salido de Nicea, que afirmaba que Cristo era "de una substancia (homoousios) con el Padre". Los semiarrianos sostenían que Cristo es similar (homoios) al Padre, o de una substancia similar (homoiousios), pero estando subordinado a él.[4]

Uriah Smith es quizá uno de los defensores más conocidos de una postura arriana sobre Cristo. En 1865, por ejemplo, escribió que Cristo fue "el primer ser creado, remontándose su existencia a mucho más atrás que cualquier otro ser o cosa creada".[5] Si bien las ideas de Smith y las de muchos otros fundadores se irían moviendo hacia una comprensión más ortodoxa de la Deidad en la década tardía de 1890, la suya fue una postura prominente en su tiempo y en el entorno en el que se movió Waggoner.

Poco después de su vislumbre de la cruz de Cristo de 1882, Waggoner comenzó a valorar el significado de comprender a Cristo como siendo Uno igual a Dios. Comprendió que una apreciación correcta de Cristo tenía importancia crucial, no sólo en la comprensión sobre la Deidad, sino también en la comprensión del plan de la salvación y de la justicia de Cristo que el hombre ha de obtener por la fe:

Considerar a Cristo tal cual es, de forma continuada e inteligente, lo trasformará a uno en un cristiano perfecto, ya que "somos cambiados mediante la contemplación". … Este "exaltar" a Jesús, si bien se refiere primariamente a su crucifixión, abarca más que el mero hecho histórico; significa que Cristo ha de "ser exaltado" por todos quienes creen en él, como el Redentor crucificado, cuya gracia y gloria son suficientes para suplir la mayor necesidad del mundo; significa que él debe ser "exaltado" en toda su suprema belleza y poder como "Dios con nosotros", a fin de que su atractivo divino pueda atraer a todos hacia él. Ver Juan 12:32.[6]

Nuestro objetivo en esta investigación es establecer la posición de legítima igualdad entre Cristo y el Padre, a fin de que se pueda apreciar mejor su poder para redimir.[7]

Ellen White expresó pensamientos similares en relación con una comprensión correcta de la divinidad de Cristo. En Spirit of Prophecy, vol. 4 (1884), expandido posteriormente como El conflicto de los siglos (edición de 1888), Ellen White refirió los peligros de negar la divinidad de Cristo, así como sus efectos en la comprensión del plan de la salvación:

Otro error peligroso es la doctrina que niega la divinidad de Cristo, pretendiendo que no tenía existencia antes de su venida a este mundo. … No es posible sostenerla sin tergiversar de la forma más injustificada las Escrituras. No solamente rebaja las concepciones del hombre sobre la obra de la redención, sino que socava la fe en la Biblia como revelación de Dios. … Nadie que sostenga ese error puede tener una verdadera concepción del carácter o la misión de Cristo, o del gran plan de Dios para la redención del hombre.[8]

En 1884 y 1885 Waggoner mencionó en varios de sus artículos en Signs of the Times la posición exaltada de Cristo por ser Dios. Urgió a reconocer que Cristo merece igual reverencia, y que comparte los atributos del Padre -incluida la posesión de la vida en él mismo-, y que se lo denomina con toda justicia "Señor". Puesto que tanto se ha hablado de la posición de Waggoner sobre Cristo, veamos algunas de sus declaraciones al respecto:

Si hay solamente uno bueno, que es Dios, y Cristo es bueno, entonces Cristo ha de ser Dios. Y eso concuerda con lo que el profeta dijo de Cristo: "Porque un niño nos ha nacido, hijo nos ha sido dado, y el principado sobre su hombro. Se llamará su nombre 'Admirable consejero', 'Dios fuerte',

'Padre eterno', 'Príncipe de paz'" Isa 9:6. …

El Padre y el Hijo son uno. Juan 10:30. Ambos son dignos de adoración. … No se nos llama a que expliquemos el misterio de la divinidad, ni se espera que lo comprendamos, pero Cristo nos ha aclarado que él y el Padre son uno. … Esa unidad, por consiguiente, es la de dos individuos distintos que tienen los mismos pensamientos, los mismos propósitos y los mismos atributos. El Padre y el Hijo fueron uno al crear la tierra, y uno al trazar y llevar a cabo el plan de la salvación.[9]

Sólo Dios posee la inmortalidad. … Solamente Dios posee ese atributo. "Pero", dirá alguien: "¿No es acaso Cristo inmortal? ¿Y no leemos acerca de los ángeles que no pueden morir?" Sí, y en Juan 5:26 leemos las palabras de Cristo: "Como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo". Por lo tanto, Cristo, siendo el unigénito Hijo de Dios, participa de sus atributos y posee vida en sí mismo. Por lo tanto, tiene la capacidad de impartir vida a otros.[10]

En nuestra investigación subsiguiente de este tema veremos cómo el término "Señor" se aplica tanto al Padre como al Hijo, y aunque lo veamos en algunos lugares aplicado específicamente a uno de ellos, el acto atribuido a uno de ellos es también el del otro. … Aprendemos de Juan 5:23 "que todos honren al Hijo como honran al Padre". En consecuencia, allá donde veamos que el Padre dispone que se realice un acto, podemos saber que su realización honra igualmente al Hijo, y la negligencia en llevarlo a cabo es tanto un insulto al Hijo como al Padre. La desobediencia al Padre deshonra a Cristo.[11]

[se cita Juan 3:16] ¿Qué aprendemos de ese versículo? 1. Que el amor de Dios por el mundo fue tan grande como para llevarlo a dar su Hijo en rescate. Podemos juzgar algo del amor de Dios por su Hijo, al recordar que Cristo era el resplandor de la gloria del Padre, "la imagen misma de su sustancia", era "heredero de todo", aquel por quien fueron creados todos los mundos (Heb 1:2-3); y que "en él habita corporalmente toda la plenitud de la divinidad". Col 2:9. Dios es infinito en todos sus atributos, por consiguiente, su amor hacia su Hijo fue infinito. Y puesto que dio a su Hijo al mundo, sabemos cuán grande fue su amor por el mundo: fue infinito.[12]

No es sorprendente que Waggoner incluyera esos mismos conceptos en sus presentaciones de la justicia por la fe en Mineápolis. En un artículo en la Review anterior a la asamblea de 1888 incluyó la "divinidad de Cristo" como uno de los "temas propuestos para consideración".[13] El interés de Waggoner por ese asunto fue creciente, y era un tema habitual en sus charlas o escritos. W. C. White registró una de las presentaciones de Waggoner en la que declaró abiertamente: "Creemos en la divinidad de Cristo. Fue él quien creó todas las cosas en el cielo y en la tierra".[14]

Waggoner continuó proclamando la divinidad de Cristo en los años siguientes al congreso de Mineápolis. En una serie en seis partes que escribió en Signs se refirió específicamente a la divinidad de Cristo en respuesta a un libro que los metodistas habían escrito sobre el asunto del sábado. Antes de responder a las cuestiones planteadas acerca del sábado, Waggoner se refirió a "una línea de pensamiento sugerida por una frase en el prefacio. Hablando de quienes observan el séptimo día como el sábado … el doctor [M. C. Briggs] dice: 'Uno solamente lamenta … su … negación de la divinidad de Cristo'". Waggoner dedicó seis artículos enteros -de los que citaremos sólo en parte- a demostrar la falsedad de tal acusación:

Pero cuando el Doctor [M. C. Briggs] afirma que los adventistas del séptimo día niegan la divinidad de Cristo, sabemos que escribe irresponsablemente. Estamos totalmente persuadidos de que él sabe que no es así; pero sea como fuere, la acusación ha sido formulada tan a menudo por quienes se supone que conocían el tema del que estaban hablando, que muchos han llegado a creerla; y para beneficio de ellos, tanto como para el de quienes puedan estar pensando ahora en el asunto, nos proponemos aclarar la verdad. No tenemos una particular teoría que defender, de forma que en lugar de expresar propuestas, citaremos simplemente de la palabra de Dios y aceptaremos lo que dice. …

Juan 1:1 … De ahí aprendemos que Cristo es Dios. Ese solo texto, si es que no dispusiéramos de otro, bastaría para establecer la divinidad de Cristo, puesto que el término "divinidad" significa "naturaleza o esencia de Dios". Creemos en la divinidad de Cristo debido a que la Biblia afirma que Cristo es Dios. …

El autor de la epístola a los hebreos, refiriéndose a la superioridad de Cristo respecto a los ángeles, dice que es debida a que "heredó más excelente nombre que ellos". Heb 1:4. ¿Cuál es el nombre que tiene por herencia? "Dios poderoso". Como unigénito Hijo de Dios, posee ese nombre por derecho.[15]

Así, ¿qué quiso decir al preguntar "por qué me llamas bueno; no hay bueno más que uno, que es Dios"? Quería impresionar en la mente del joven el hecho de que aquel a quien se estaba dirigiendo como Maestro, no era un simple hombre, como otro entre los rabinos, sino que era Dios. Reclamaba para sí la bondad absoluta, y puesto que no hay nadie bueno fuera de Dios, se identificó a sí mismo como Dios. Y podemos relacionar eso con la declaración del apóstol Pablo: "En él habita corporalmente toda la plenitud de la divinidad". Col 2:9. …

"El año en que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime … Entonces dije: '¡Ay de mí que soy muerto!, porque siendo hombre inmundo de labios y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos'". Isa 6:1-5. No podríamos saber a quién se refiere el texto, si el propio Salvador, en Juan 12:40-41 no hubiera citado las palabras de Isaías en el versículo 10 de ese mismo capítulo, aplicándoselas a sí mismo. En dichos versículos encontramos, no sólo la prueba de que los autores inspirados llamaban a Jesús el divino Hijo de Dios, sino de que el propio Jesús afirmaba ser Dios.[16]

Como Hijo de Dios que es, ha de participar de la naturaleza de Dios. "Como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo". Juan 5:26. Se imparte vida e inmortalidad a los fieles seguidores de Dios, pero sólo Cristo comparte con el Padre el poder para impartir vida. Tiene "vida en sí mismo", es decir, es capaz de perpetuar su propia existencia. …

Que Cristo es divino, lo muestra el hecho de que recibió adoración. Los ángeles siempre han rehusado recibir adoración, pero leemos del Padre que "cuando introduce al Primogénito en el mundo, dice: 'Adórenlo todos los ángeles de Dios'". (Heb 1:6). …

Si Cristo no fuera Dios, entonces se trataría de idolatría. … No importa cuál sea la posición de la criatura, trátese de un animal, de un hombre o de un ángel, adorarlo está estrictamente prohibido. Sólo Dios puede ser adorado, y dado que Cristo puede ser adorado, Cristo es Dios. Tal afirma la Escritura verdadera. …

Al discutir la perfecta igualdad del Padre y el Hijo, y el hecho de que Cristo es Dios en su propia naturaleza. … Es de la substancia del Padre, de forma que es Dios en la misma naturaleza; y puesto que eso es así, "al Padre agradó que en él habitara toda la plenitud". Col 1:19.[17]

Observamos algunas de las obras que Cristo efectúa como Dios, y en ello encontraremos una prueba adicional de su divinidad. …

La primera forma en que Dios se nos revela en demanda de ser honrado, es como Creador. … Ahora, puesto que todos deben honrar a Cristo de la forma en que honran al Padre, se deduce que el Hijo ha de recibir honra como Creador; por lo tanto, y de acuerdo a lo dicho por Pablo en Romanos, la creación visible es prueba de la "eterna potencia y divinidad" de Cristo. …

Col 1:15-17. … A partir de las palabras: "El primogénito de toda criatura", algunos han argumentado que el propio Cristo es un ser creado. Pero esa no es sólo una conclusión precipitada, sino directamente opuesta al propio texto. … En él tuvo sus orígenes la creación, tal como se lee en Apoc 3:14. La creación existía en él en embrión, por así decirlo; "porque al Padre agradó que en él habitara toda la plenitud". Col 1:19. Ningún lenguaje podría describir más perfectamente la pre-existencia y el poder creador de Cristo, que el empleado en Colosenses 1:15-17. …

Nadie diga, por lo tanto, que al exaltar a Cristo corremos el peligro de rebajar nuestras ideas acerca de Dios. Es imposible tal cosa, pues cuánto más exaltadas sean las ideas que tenemos acerca de Cristo, más lo serán las que tengamos sobre el Padre.[18]

Puesto que todos deben honrar al Hijo como honran al Padre, deben honrarlo, no sólo como Creador sino también como Dador de la ley. … Sólo el poder que crea las leyes puede proveer para su ejecución. Vamos ahora a demostrar que fue Cristo quien dio la ley, tanto como da su justicia. …

Cristo fue el dirigente de los hijos de Israel desde Egipto a Canaán. … En 1 Cor 10:9 Pablo especifica claramente contra quién estaban murmurando. Dice: "Ni tentemos al Señor, como también algunos de ellos lo tentaron, y perecieron por las serpientes". Por consiguiente, fue Cristo quien, con nombre de Dios, estaba dirigiendo a Israel, y fue contra él que murmuraron.

Heb 3:5-11 enseña muy claramente eso mismo. Basta con leerlo de forma cuidadosa para apercibirnos de que es Cristo aquel contra cuya voz el Espíritu Santo nos advierte a que no rechacemos, tal como hicieron los padres, quienes lo tentaron durante cuarenta años en el desierto. …

Puesto que Cristo era el dirigente del antiguo Israel desde Egipto a Canaán, se deduce que Cristo era el Ángel del Señor que apareció a Moisés en la zarza ardiente, y dijo: "Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. Entonces Moisés cubrió su rostro. …" Éxo 3:6-8.

Si alguien objetara a esa conclusión tan lógica, debido a que quien habla se presenta como: "YO SOY EL QUE SOY", el que existe por él mismo, Jehová, bastará con recordarle que el Padre ha dado al Hijo que tenga vida por sí mismo (Juan 5:26), que Cristo afirmó eso mismo acerca de él cuando proclamó: "Antes que Abraham fuese, YO SOY" (Juan 8:58), supuesta blasfemia por la que los judíos procuraron apedrearlo; y el profeta le llama Jehová en el siguiente pasaje: "Vienen días, dice Jehová, en que levantaré a David renuevo justo, y reinará como Rey, el cual será dichoso y actuará conforme al derecho y la justicia en la tierra. En sus días será salvo Judá, e Israel habitará confiado; y este será su nombre con el cual lo llamarán: 'Jehová, justicia nuestra'". Jer 23:5-6. …

Éxo 20:1-3. Esa escritura identifica positivamente al dirigente de los hijos de Israel desde Egipto como al Dador de la ley en Sinaí. Si alguien aduce que en la transacción no podemos separar al Padre del Hijo, respondemos que eso es precisamente lo que queremos destacar: Al Padre y al Hijo no se los puede separar en ninguna transacción, pues son uno. Pero de igual forma en que el Hijo es aquel mediante el cual todas las cosas fueron creadas, también es él quien declaró al pueblo la ley de Jehová. Por lo tanto, él es el Verbo divino. El Hijo declara la voluntad del Padre, que coincide con su propia voluntad.[19]

Así, hemos demostrado de forma general y de forma particular que Cristo es el Dador de la ley para toda la raza humana. Por lo tanto, debemos honrarlo como Creador, como Dador de la ley, y, por último, como Redentor. Y en ello llegamos a la parte más animadora y reconfortante de todo lo precedente. …

Nuestro Redentor es nuestro Dios. ¡Qué seguridad nos da eso de la fidelidad de las "preciosas y grandísimas promesas" del evangelio! Los habitantes de este pequeño planeta quebrantaron la gran ley del universo, y el Dador de la ley se dio a sí mismo para redimir a esos rebeldes. …

Y si el Dador de la ley se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de la transgresión de su propia ley, ¿qué mayor seguridad podríamos pedir de que va a salvar hasta lo sumo a todo el que viene a él?[20]

En 1890, Waggoner expandió esos artículos y los publicó en forma de libro, en Christ and His Rightneousness {Cristo y su justicia: http://libros1888.com/Pdfs/justicia.pdf}. A lo largo de varios capítulos, lo mismo que en sus artículos de 1889, trató específicamente de la divinidad de Cristo. Su propósito explícito era claro: "Nuestra intención en esta investigación es establecer la posición de Cristo en igualdad de pleno derecho con el Padre, a fin de que su poder para redimir pueda ser mejor apreciado".[21] Destacaremos aquí sólo unos pocos párrafos:

A Cristo se le otorga la más alta prerrogativa: la de juzgar. Ha de recibir el mismo honor debido a Dios, por la razón de que es Dios. El discípulo amado da este testimonio: "En el principio era el Verbo, el Verbo estaba con Dios y el Verbo era Dios". Juan 1:1. El versículo 14 demuestra que ese Verbo divino no es otro que Jesucristo: "El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, lleno de gracia y de verdad; y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre".[22]

A Cristo se lo llama Dios en muchos lugares de la Biblia. Dice el salmista: "El Dios de dioses, Jehová, ha hablado y ha convocado la tierra desde el nacimiento del sol hasta donde se pone. … Los cielos declararán su justicia, porque Dios es el juez". Sal 50:1-6. Se puede saber que el pasaje se refiere a Cristo: 1) por el hecho ya mencionado de que todo el juicio le ha sido encomendado al Hijo, y 2) por el hecho de que es en la segunda venida de Cristo cuando envía a sus ángeles para reunir a sus escogidos desde los cuatro vientos. Mat 24:31.[23]

Cuando venga, lo hará como el "Dios fuerte" … Esas no son meramente las palabras de Isaías, sino las del Espíritu de Dios. … Ese nombre no le fue dado a Cristo en razón de algún gran logro, sino que le pertenece por derecho de herencia. Hablando del poder y la grandeza de Cristo, el escritor de Hebreos afirma que es hecho tanto mejor que los ángeles, por cuanto "heredó más excelente nombre que ellos". Heb 1:4. … Cristo es la "imagen expresa" de la persona del Padre. Heb 1:3. Como Hijo del Dios que existe por sí mismo, tiene por naturaleza todos los atributos de la Deidad.[24]

Y finalmente tenemos las palabras inspiradas del apóstol Pablo refiriéndose a Jesucristo: "Al Padre agradó que en él habitara toda la plenitud". Col 1:19. En el siguiente capítulo se nos da a conocer en qué consiste esa plenitud que habita en Cristo: "En él habita corporalmente toda la plenitud de la divinidad". Col 2:9. Ese es el testimonio más absoluto e inequívoco del hecho de que Cristo posee por naturaleza todos los atributos de la Divinidad. El hecho de la divinidad de Cristo quedará asimismo bien patente a medida que avanzamos en su consideración.[25]

Heb 1:8-10. Aquí encontramos al Padre dirigiéndose al Hijo como Dios, y diciéndole: "Tú, Señor, en el principio fundaste la tierra, y los cielos son obra de tus manos". Cuando el propio Padre atribuye ese honor a su Hijo, ¿quién es el hombre para negarlo? Con esto podemos cerrar el testimonio directo concerniente a la divinidad de Cristo, y al hecho de que es el Creador de todas las cosas.[26]

¿Es Cristo un Ser creado? Antes de pasar a algunas de las lecciones prácticas que se deben aprender a partir de esas verdades, hemos de prestar atención por un momento a una opinión que sostienen en total sinceridad muchos que de forma alguna quisieran deshonrar a Cristo, pero que, mediante esa opinión, de hecho, niegan su divinidad. Consiste en la idea de que Cristo es un ser creado que, por voluntad divina, fue elevado a su actual posición encumbrada. Nadie que albergue una idea tal puede tener un concepto adecuado de la exaltada posición que realmente ocupa Cristo.

Esa postura se construye sobre una comprensión defectuosa de un solo texto: Apocalipsis 3:14: … Así, la afirmación de qué él es el principio o cabeza de la creación de Dios significa que en él tuvo la creación su principio; que, como él mismo asevera, él es el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último.[27]

Cristo "está en el seno del Padre", siendo por naturaleza de la misma substancia de Dios y teniendo vida en él mismo. Se lo llama con propiedad Jehová, el que existe por sí mismo, y así aparece en Jeremías 23:5-6, donde se dice que el Renuevo justo, que hará juicio y justicia en la tierra, será conocido así: Jehová-tsidekenu, que es JEHOVÁ, JUSTICIA NUESTRA.[28]

Es posible que algún lector opine que hemos sido demasiado exhaustivos al presentar los conceptos de Waggoner sobre la divinidad de Cristo, pero dado que se lo ha acusado de ser arriano y de creer que "Cristo fue un ser creado", hemos querido dejar ese tema absolutamente claro.[29] No es preciso mayor comentario. Los escritos de Waggoner hablan por sí mismos.

Respuesta de Ellen White

En una carta escrita a Jones y Waggoner un año y medio antes del encuentro de Mineápolis, Ellen White expresó la necesidad que tenía la iglesia de reconocer la gran humillación de Cristo al comprender, no sólo la profundidad hasta la que llegó -en semejanza de carne de pecado-, sino también la altura desde la que descendió -la posición de Dios Creador. En los tres años que siguieron expresaría vez tras vez esas ideas, en el contexto del mensaje preciosísimo que entonces estaba siendo dado:

"Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús". Llenad vuestra mente con la gran humillación de Jesús, y contemplad entonces su carácter divino, su majestad y gloria de lo Alto, y su despojarse de ellos para vestir su divinidad con humanidad. Entonces podemos apreciar una negación del yo, un sacrificio de sí mismo que maravilló a los ángeles. … Mirad entonces más allá del disfraz, y ¿a quién vemos? -Vemos a la Divinidad, vemos al eterno Hijo de Dios, tan poderoso, tan infinitamente dotado con todos los recursos del poder, y se encontró en la condición como hombre.[30]

Cristo condescendió en tomar la naturaleza humana, pero los poderes atrofiados del hombre fueron incapaces, debido a la ignorancia, de comprender o distinguir lo divino. A Jesús no se lo eximió de la necesidad de definir y defender su naturaleza divina, debido a que las mentes de los hombres eran de tal forma humanas, que no podían distinguir lo divino más allá de la asunción de humanidad. Para dar vida a sus lecciones se vio obligado, cuando tales impresiones eran un obstáculo para su utilidad, a referirse a su carácter misterioso y divino, llevando las mentes de ellos a una línea de pensamiento favorable al poder transformador de la verdad.[31]

Necesitamos que venga ahora sobre nosotros un poder y nos estimule a la diligencia y a la fe ferviente. Entonces, bautizados con el Espíritu Santo, tendremos a Cristo formado en nosotros, la esperanza de gloria. Entonces revelaremos a Cristo como al divino objeto de nuestra fe y amor. Hablaremos de Cristo, oraremos a Cristo y acerca de Cristo. Alabaremos su santo nombre. Presentaremos ante la gente sus milagros, su negación del yo, el sacrificio de sí mismo, sus sufrimientos, su crucifixión, su resurrección y su ascensión triunfante. Esos son los temas inspiradores del evangelio para despertar amor y un celo intenso en todo corazón.[32]

Las doctrinas populares de este tiempo no pueden representar correctamente a Jesús. Nuestro Salvador representaba al Padre. Él despejó las densas tinieblas del trono de Dios, la sombra infernal que Satanás había arrojado para ocultar a Dios de la vista y el conocimiento. Cristo revela el trono de Dios y revela al mundo al Padre como luz y amor. El hecho de que vistiera su divinidad con humanidad evidencia con claridad ese amor en una luz que la humanidad puede comprender. … ¿por qué no aferrarnos por la fe a la naturaleza divina? Es nuestro privilegio. Se hará cualquier cosa en favor de aquel que cree.[33]

En Cristo se combinaban la divinidad y la humanidad. La divinidad no se degradó en la humanidad; la divinidad conservó su lugar, pero la humanidad, estando unida a la divinidad, resistió la más fiera prueba de la tentación en el desierto. … El hombre puede ser hecho participante de la naturaleza divina; no hay ni una sola alma viviente que no pueda evocar la ayuda del Cielo en la tentación y la prueba. Cristo vino a revelar la fuente de su poder, a fin de que el hombre no se apoyara jamás en sus capacidades humanas desprovisto de ayuda.[34]

Cuando Ellen White oyó la proclamación del mensaje de Cristo, no pudo más que alegrarse. En 1890, hablando del corazón mismo del mensaje que Jones y Waggoner estaban compartiendo, Ellen White afirmó que "se ha presentado al pueblo de Dios el mensaje que lleva las credenciales divinas … se ha presentado con encanto y belleza la plenitud de la Deidad en Jesucristo".[35] Varios años después, resumiendo el mensaje de 1888 que envió el Señor, escribió acerca de ese mismo tema como siendo una de las partes esenciales de aquel precioso mensaje:

En su gran misericordia el Señor envió un preciosísimo mensaje a su pueblo por medio de los pastores Waggoner y Jones. … Muchos habían perdido de vista a Jesús. Necesitaban dirigir sus ojos a su divina persona, a sus méritos, a su amor inalterable por la familia humana. Todo el poder es colocado en sus manos, y él puede dispensar ricos dones a los hombres, impartiendo el inapreciable don de su propia justicia al desvalido agente humano. Este es el mensaje que Dios ordenó que fuera dado al mundo. Es el mensaje del tercer ángel, que ha de ser proclamado en alta voz y acompañado por el abundante derramamiento de su Espíritu.[36]

El Hijo unigénito

A medida que Waggoner avanzaba más allá de la comprensión común de la iglesia sobre la naturaleza divina de Cristo, por entonces todavía con sus puntos de vista arrianos y semiarrianos, hubo unas pocas ocasiones en las que expresó sus pensamientos en términos menos avanzados que en años posteriores, cuando las declaraciones clarificadoras de Ellen White jugarían un papel más importante. Una tal declaración de parte de Waggoner se encuentra en la serie que escribió en 1889 para Signs, y la otra en su expansión del mismo tema en forma de libro, en Christ and His Righteousness, publicado a principios de 1890. Waggoner nunca reiteró en esos términos tales puntos de vista sobre la existencia de Cristo en libros o artículos posteriores:

Algunos tienen dificultad en reconciliar la declaración de Cristo de Juan 14:28: "Mi Padre mayor es que yo", con la idea de que él es Dios, y es digno de adoración. Algunos consideran aisladamente ese texto como si fuera suficiente para derribar la idea de la divinidad de Cristo; pero de ser así, lo único que probaría es una contradicción en la Biblia, e incluso en las palabras de Cristo, ya que se afirma de la forma más positiva, tal como hemos visto, que Cristo es divino. Hay dos hechos que son ampliamente suficientes para explicar la afirmación de Cristo registrada en Juan 14:28. Uno es que Cristo es el Hijo de Dios. Si bien ambos son de la misma naturaleza, el Padre lo antecede en el tiempo. Es también mayor por no haber tenido principio, mientras que la personalidad de Cristo tuvo un principio. La declaración es también enfáticamente verdadera al considerar la posición que Cristo había asumido. "Se despojó a sí mismo, tomó la forma de siervo

y se hizo semejante a los hombres". Fil 2:7. "Fue hecho un poco menor que los ángeles … a causa del padecimiento de la muerte". Heb 2:9. A fin de redimir al hombre, tenía que descender hasta donde este estaba. No depuso su divinidad, pero depuso su gloria, y veló su divinidad con humanidad. Por lo tanto, su declaración "mi Padre mayor es que yo", es perfectamente consistente con la afirmación hecha por él mismo, y también por todos los que escribieron sobre él, al propósito de que era y es Dios.[37]

Las Escrituras declaran que Cristo es "el unigénito Hijo de Dios". Es engendrado; no creado. En referencia a cuándo fue engendrado, no nos corresponde inquirirlo, ni podrían nuestras mentes comprenderlo si se nos explicara. El profeta Miqueas nos dice todo cuanto podemos saber acerca de ello en estas palabras: "Pero tú Belén Efrata, pequeña entre los millares de Judá, de ti saldrá el que será Señor en Israel. Sus orígenes son desde el principio, desde los días de la eternidad" (Miqueas 5:2). Hubo un tiempo cuando Cristo procedió y vino de Dios, del seno del Padre (Juan 8:42; 1:18), pero fue tan atrás en los días de la eternidad que para el entendimiento finito en términos prácticos significa sin comienzo.[38]

Ninguna de esas dos declaraciones mereció un reproche de parte de Ellen White. ¿Y por qué debería merecerlo? Según la definición clásica, Waggoner no estaba expresando conceptos arrianos ni semiarrianos.[39] Había avanzado ya en los conceptos sobre la Deidad más allá de lo que muchos de los fundadores de la iglesia habían hecho, y lo hizo sin la ayuda de las declaraciones clarificadoras que sólo posteriormente hizo Ellen White. Obsérvese el reconocimiento de ese hecho por parte de autores contemporáneos:

Por consiguiente, la de Waggoner fue la primera tentativa competente de abordar la visión más amplia de Cristo en la plenitud de la divinidad, como base y provisión suficiente para la justicia por la fe en favor nuestro.

Desafortunadamente para el Dr. Waggoner, por aquel tiempo Ellen White todavía no había hecho la mayor parte de sus declaraciones más categóricas sobre la pre-existencia y completa deidad de Cristo. En 1888 Waggoner fue pionero, sin el beneficio de las muchas declaraciones que hizo [Ellen White] posteriormente.[40]

La cuestión de la divinidad de Jesús estaba en la agenda del congreso de 1888. En aquella ocasión … Ellet J. Waggoner refutó los últimos argumentos semiarrianos que aún persistían en la iglesia, y en definitiva puso el fundamento bíblico necesario para establecer la plena y completa divinidad de Jesucristo. …

Ambos [Jones y Waggoner] dejaron su impronta en la historia de la iglesia adventista con sus presentaciones sobre la justificación por la fe. Para Waggoner, ese tema sólo se podía entender a través de las gafas de la cristología. …

Por aquel tiempo diversos líderes de la iglesia albergaban conceptos semiarrianos o adopcionistas sobre la naturaleza divina de Cristo; de ahí la importancia de la cuestión suscitada por Waggoner cuando abordó el problema: "¿Es Cristo Dios?"

La insistencia de Waggoner en que Cristo era por naturaleza de la misma substancia de Dios y poseía vida por sí mismo, fue sin duda una novedad ante los ojos de algunos de los delegados en el congreso de Mineápolis. Su posición sobre la naturaleza divina de Cristo fue probablemente parte del motivo para la oposición a su mensaje de justificación por la fe, de parte de muchos de los delegados.

La contribución de Waggoner en ese particular, así como en lo relativo a la naturaleza humana de Cristo, fue decisiva. Froom lo reconoce sin dudar: "En 1888 Waggoner fue pionero, sin el beneficio de las muchas declaraciones que hizo [Ellen White] posteriormente, no sólo acerca de la eterna pre-existencia de Cristo, sino de su existencia propia individual y de su infinitud, igualdad y omnipotencia".

La propia Ellen White lo expresó así tras haber oído a Waggoner: "La plenitud de la divinidad en Jesucristo ha quedado establecida entre nosotros con gracia y belleza". Para ella, eso demostraba que Dios estaba obrando en medio de ellos. La interpretación de Waggoner era, en su mayor parte, la demostración teológica de lo que ella siempre había creído y afirmado en sus escritos hasta aquel momento.[41]

Hacia la primavera de 1890, Waggoner parece haber avanzado incluso más en relación a sus conceptos precedentes, al afirmar: "A través de la mediación y expiación de Jesucristo, siendo Dios desde la eternidad, se encarnó, y mediante su muerte en la cruz se convirtió en el sacrificio por el pecado, hizo expiación por él, y habiendo resucitado de la tumba, ascendió al cielo, donde se sentó a la diestra del Padre para hacer intercesión por su pueblo. El completo carácter y valor de una religión tal consiste en que es, tal como pretende ser, un plan sobrenatural para la salvación del pecado".[42] Pasarían otros ocho años antes que Ellen White hiciese su célebre declaración: "En Cristo hay vida original, que no proviene ni deriva de otra. 'El que tiene al Hijo, tiene la vida'. 1 Juan 5:12. La divinidad de Cristo es la garantía que el creyente tiene de la vida eterna".[43] Qué triste es que algunos hayan tergiversado hoy completamente a Waggoner en ese tema.[44]

Naturaleza humana de Cristo

Jones y Waggoner no sólo exaltaron a Cristo en su naturaleza divina; lo exaltaron también al mostrar las profundidades a las que descendió para redimir al hombre.[45] En 1884 Waggoner expresó sus puntos de vista sobre la naturaleza humana de Cristo en varios artículos de Signs. Describió a Cristo tomando "sobre sí mismo nuestra naturaleza" (Heb 2:16, 17); y cargando sobre él "la iniquidad de todos nosotros" (Isa 53:6). A fin de salvarnos, tuvo que venir allí donde estábamos nosotros, o en otras palabras, tenía que tomar la posición del perdido pecador".[46] Waggoner puso en claro que "fue hecho 'en todo semejante a sus hermanos'; y eso implica, no sólo el armazón físico exterior, sino que llevó el pecado tal como lo llevamos nosotros".[47] Explicó que Jesús "se colocó a sí mismo en la condición exacta de aquellos a quienes vino a salvar". Fue en ese sentido en el que "llevó los pecados del mundo como si fueran los suyos propios". La posición que Cristo tomó se describe mejor en la expresión: "Hecho bajo la ley" (Gál 4:4). Waggoner creía que Cristo no estaba sólo sujeto a la ley moral, sino que mediante su propia elección se sujetó a la condenación de la ley, como lo estaría cualquier pecador por "haber violado la ley". Eso no hizo de Cristo un pecador, dado que "los pecados que llevó no fueron los suyos, sino los nuestros".[48]

En 1886 Waggoner volvió a presentar su interpretación de la expresión "bajo la ley" en una serie de artículos sobre el libro de Gálatas: "Ha quedado abundantemente probado que 'bajo la ley' indica, en general, un estado de pecado, y en consecuencia, de condenación".[49] Los artículos de Waggoner suscitaron una respuesta por parte de G. I. Butler en su libro The Law in the Book of Galatians (la ley en el libro de Gálatas). Debido a que Butler defendía la idea de que Gálatas 4:4 se refería sólo a la ley ceremonial -a la que el propio Cristo se sometió-, condenó la postura de Waggoner acerca de la expresión "bajo la ley" por ser "sobremanera absurda".[50] A principios de 1887 Waggoner respondió al libro de Butler mediante su escrito: The Gospel in the Book of Galatians (el evangelio en el libro de Gálatas). Hablando directamente del asunto de Cristo "hecho bajo la ley", Waggoner demostró la conexión con su naturaleza humana:

Esos textos [Gál 4:4; Juan 1:1, 14; Fil 2:5-7; Heb 2:9] muestran que Cristo tomó sobre sí la naturaleza humana, y que en consecuencia estaba sujeto a la muerte. Vino al mundo con el propósito de morir; y por lo tanto, desde el principio de su vida en la tierra estuvo en la misma condición en que están los hombres por cuya salvación murió.

Lea ahora Rom 1:3: El evangelio de Dios "que se refiere a su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que era del linaje de David según la carne". ¿Cuál era la naturaleza de David "según la carne"? Carne pecaminosa, ¿no es así? David dice: "En maldad he sido formado y en pecado me concibió mi madre". Sal 51:5. No se horrorice; no estoy implicando que Cristo fuera un pecador. …[51]

Una de las cosas más animadoras en la Biblia es el conocimiento de que Cristo tomó sobre sí la naturaleza del hombre; el saber que sus antepasados según la carne fueron pecadores. Cuando leemos el relato de las vidas de los antepasados de Cristo, y vemos que tenían todas las debilidades y pasiones que tenemos nosotros, comprendemos que nadie tiene el menor derecho a excusar sus actos pecaminosos evocando su herencia. Si Cristo no hubiese sido hecho semejante a sus hermanos en todo, entonces su vida sin pecado no sería de ánimo para nosotros.[52]

Esa respuesta de Waggoner, escrita en 1887, no se publicó sino hasta justo ante del congreso de 1888. Durante el verano de 1888, mientras asistían a un retiro en las montañas del este de Oakland, Jones y Waggoner "dedicaron unos pocos días al estudio de la Biblia" con "tantos pastores de California" como pudieron asistir. W. C. White escribió que uno de los días se dedicó a examinar "La ley en Gálatas, del pastor Butler, y otros temas relacionados, a la conclusión de la cual, el pastor Waggoner leyó cierto MS [manuscrito] que había preparado en respuesta al panfleto del pastor Butler. … Al terminar nuestro estudio, el pastor Waggoner preguntó si sería conveniente que publicara su manuscrito y lo hiciera llegar a los delegados en el próximo congreso de la Asociación General [de 1888], tal como el pastor Butler había hecho con el suyo. Eso nos pareció bien, y le animamos a que imprimiera quinientas copias".[53]

W. C. White tomó notas de la presentación de Waggoner en aquella reunión del 26 de junio. Según sus anotaciones, Waggoner dedicó la mayor parte del tiempo al tema de Cristo estando "bajo la ley".[54] Ese fue el punto preciso sobre el que Waggoner había expresado claramente sus convicciones sobre la naturaleza humana de Cristo en su respuesta a Butler, tal como se ha citado con anterioridad.

Waggoner no sólo distribuyó su respuesta publicada a todos los delegados en el congreso de 1888; también habló sobre el tema de la naturaleza humana de Cristo. Si bien no era el punto central en sus presentaciones, era el fundamento de su comprensión sobre la justificación por la fe y la justicia de Cristo.

W. C. White llevó al congreso de Mineápolis el mismo cuaderno que había empleado en el retiro el 26 de junio, y allí plasmó sus notas sobre la disertación de Waggoner del 17 de octubre sobre el tema y definición de "bajo la ley".[55] La esposa de Waggoner anotó también sus presentaciones y poco tiempo después de regresar a casa en Oakland a comienzos de 1889 constituyeron la base para una serie de artículos publicados en Signs. Esos artículos, que trataban de ambos temas, la naturaleza divina y humana de Cristo, fueron posteriormente incluidos en su libro publicado en 1890, que tituló apropiadamente: Christ and His Righteousness {Cristo y su justicia: http://libros1888.com/Pdfs/justicia.pdf}.[56] No obstante, antes de considerar esos artículos, leamos lo que Ellen White dijo sobre el tema:

Un tema tristemente ignorado

Inmediatamente antes del congreso de 1888 Ellen White escribió un artículo para la Review titulado: "La obra del pastor", en el que animaba a los pastores a evitar las controversias públicas sobre asuntos menores, "palabrería sin provecho". Amonestó acerca de "opiniones sobre temas que no tienen una importancia real … no se las debiera pasar al frente ni urgirlas de forma pública, sino que se debieran tratar de forma discreta y sin controversia en el caso de que alguien las presente". No todos los misterios de la Biblia se van a "comprender plenamente hasta [que] Cristo" regrese. Y debido a que "existe mucho acerca de lo cual las mentes nunca pueden estar en armonía", es mucho mejor mantener "ocultas todas las pequeñas diferencias, más bien que sacarlas a relucir como tema de disputa". En las grandes "verdades probatorias … de la redención, la pronta venida de Cristo y los mandamientos de Dios", se puede encontrar "alimento suficiente para el pensamiento … donde concentrar enteramente la atención". Además, la condescendencia de Cristo en la salvación del hombre caído era otro tema que Ellen White sentía que era digno de atenta consideración:

¿Cuál es la obra del ministro del evangelio? Es presentar correctamente la palabra de verdad; no inventar un evangelio nuevo, sino presentar correctamente el evangelio que se le encomendó. … Hay temas que han sido objeto de lamentable negligencia, a los que se debiera dedicar cumplida atención. El peso de nuestro mensaje debiera ser la misión y vida de Jesucristo. Considérense la humillación, el sacrificio propio, la mansedumbre y la humildad de Cristo, a fin de que los corazones orgullosos y egoístas puedan ver la diferencia entre ellos mismos y el Modelo, y se puedan humillar. Mostrad a vuestros oyentes a Jesús en su condescendencia para salvar el hombre caído. Mostradles cómo el que tenía que ser garante de ellos, tuvo que tomar la naturaleza humana y llevarla a través de las tinieblas y el espanto de la maldición de su Padre, debido a la transgresión de su ley por parte del hombre, ya que el Salvador se halló en la condición de hombre. Describid, hasta donde puede hacerlo el lenguaje humano, la humillación del Hijo de Dios, y no penséis que habéis alcanzado el clímax cuando lo veis cambiando el trono de luz y gloria que tuvo con el Padre por la humanidad. Vino desde el cielo a la tierra y llevó la maldición de Dios como garante por la raza caída.[57]

Literalmente en docenas de ocasiones a lo largo de su literatura, Ellen White aclara que a fin de que Cristo pudiera ser el garante del hombre, tenía que tomar su naturaleza caída: "Fue necesario que Cristo tomara sobre sí nuestra naturaleza, a fin de probar la falsedad de la declaración de Satanás. … Por consiguiente, Cristo se convirtió en el representante y garante del hombre".[58] "El substituto y garante del hombre debe tener la naturaleza del hombre, una conexión con la familia humana a quien tenía que representar, y, como embajador de Dios, debe participar de la naturaleza divina, tener una conexión con el Infinito".[59] "Sólo viviendo una vida sin pecado a la vez que yendo vestido con los ropajes de la humanidad, podía Cristo, como substituto y garante del hombre, llevar la carga del pecado de todo el mundo caído".[60] Además, fue Cristo en carne humana quien vivió una vida de justicia de la que el hombre puede ser ahora participante: "Debemos centrar nuestras esperanzas celestiales sólo en Cristo, pues él es nuestro substituto y garante. … Los mejores esfuerzos que puede realizar el hombre en su propia fuerza carecen de valor para alcanzar la ley santa y justa que ha sido transgredida; pero mediante la fe en Cristo puede reclamar la justicia del Hijo de Dios como totalmente suficiente. Cristo satisfizo las demandas de la ley en su naturaleza humana. … La fe genuina se apropia de la justicia de Cristo, y el pecador es hecho un vencedor con Cristo".[61]

Tal como la comprendió Ellen White, la naturaleza humana de Cristo era central en el plan de la salvación y restauración del hombre. Por lo tanto, tal como escribió a la iglesia en septiembre de 1888, lejos de ver el tema de la naturaleza humana de Cristo como algo "carente de importancia real", lo vio como un tema que había sido "objeto de lamentable negligencia".[62] No era un asunto colateral, sino parte del "evangelio que se le ha encomendado" al ministro. No es maravilla, por lo tanto, que cuando Ellen White oyó las presentaciones de Waggoner en Mineápolis, "cada fibra de [su] corazón dijo Amén".[63]

Más adelante afirmaría categóricamente: "El fuerte pregón del tercer ángel ya ha comenzado en la revelación de la justicia de Cristo. … Este es el comienzo de la luz del ángel cuya gloria llenará toda la tierra".[64] Cuando escribió su bien conocida declaración de 1895 acerca del "mensaje preciosísimo enviado por medio de los pastores Waggoner y Jones" incluyó en su descripción la enseñanza de ellos en el contexto de la naturaleza de Cristo, tanto la divina como la humana: "Este mensaje tenía que presentar de forma más prominente ante el mundo al Salvador levantado, el sacrificio por los pecados del mundo entero. Presentaba la justificación por la fe en el Garante; invitaba a la gente a recibir la justicia de Cristo, que se manifiesta en obediencia a todos los mandamientos de Dios. Muchos habían perdido de vista a Jesús. Necesitaban dirigir sus ojos a su divina Persona".[65]

Pero no todos prestarían oído a lo que Waggoner tenía que decir en el congreso de Mineápolis. Muchos tenían excusas que les dificultarían aceptar el mensaje enviado por Dios. El 20 de octubre de 1888, tres días después de la disertación en la que Waggoner presentó a Cristo estando bajo la ley -el preciso tema que en ocasiones precedentes había usado Waggoner al presentar la naturaleza humana de Cristo- Ellen White habló a los delegados acerca de "avanzar en la experiencia cristiana":

Lo que queremos ahora presentar es cómo podéis avanzar en la vida divina. Oímos muchas excusas: No puedo vivir a la altura de esto o aquello. ¿Qué queréis decir, con esto o aquello? ¿Sugerís que fue un sacrificio imperfecto el que se efectuó en el Calvario en favor de la raza humana?, ¿que no se nos ha concedido suficiente gracia y poder para que podamos sobreponernos a nuestros propios defectos naturales y tendencias?, ¿que el que se nos dio no fue un Salvador completo?, ¿pretendéis desprestigiar a Dios? Decís: Fue el pecado de Adán. Decís: No soy culpable de eso, no soy responsable de su culpa y caída. Todas esas tendencias naturales están aquí, en mí, y no se me debe culpabilizar si las ejercito. ¿A quién se debe entonces culpabilizar? ¿A Dios? ¿Por qué tuvo Satanás ese poder sobre la naturaleza humana? Esas son acusaciones contra el Dios del cielo, y si así lo queréis él os va a dar una oportunidad de elevar finalmente vuestras acusaciones contra él. Él elevará entonces las suyas contra vosotros cuando seáis llevados a su tribunal de juicio.

Cómo es posible que [él] os esté suplicando: "Conozco todos los males y tentaciones que os asedian y envié a mi Hijo Jesucristo a vuestro mundo para revelaros mi poder, mi fuerza; para revelaros que yo soy Dios y que os daré ayuda para elevaros por encima del poder del enemigo, dándoos una oportunidad de recuperar la imagen moral de Dios" …

Dios acepta a Cristo, nuestro substituto. Él tomó la naturaleza humana sobre sí y luchó las batallas en las que está implicada la naturaleza humana. Está conectado con lo divino y debía pelear las batallas contra Satanás.[66]

Es un hecho patente que Ellen White debió confrontar una mentalidad que buscaba excusarse por sucumbir a la tentación. Su respuesta a esa actitud fue que Cristo era "un Salvador completo", que conocía "todos los males y tentaciones" con los que se las tenía que ver la naturaleza humana, "y luchó las batallas en las que está implicada la naturaleza humana". Fue esa verdad la que hizo posible que el hombre venciera. Los hermanos no tenían un concepto claro de Cristo como su substituto y garante, y el mensaje de Jones y Waggoner iba al centro mismo del problema, exponiendo la ignorancia. Es debido a ello por lo que muchos hermanos respondieron negativamente a su mensaje. La creencia de que Cristo no pudo haber tenido la misma naturaleza que el hombre -en cuyo caso habría caído bajo la tentación-, llevaría con facilidad a la protesta, a alegar que Waggoner iba demasiado lejos en rebajar a Cristo. Desgraciadamente, la respuesta inicial de Waggoner a tales objeciones sólo consiguió empeorar las cosas. Algunos utilizaron su respuesta inicial como una excusa para continuar en su rechazo al mensaje preciosísimo.

"Cristo no podía pecar"

Los artículos de Waggoner que se imprimieron en Signs poco tiempo después que regresara de la asamblea de Mineápolis cubrían ambos aspectos: la naturaleza divina y la humana de Cristo. Su artículo publicado el 21 de enero llevaba por título: "Dios manifestado en la carne". En él Waggoner afirmó que "por poco que se piense, será fácil ver que si Cristo tomó sobre sí la semejanza de hombre a fin de poder sufrir la muerte, tuvo que ser el hombre pecaminoso al que se hizo semejante, pues es únicamente el pecado el que causa la muerte". Continuó razonando que "un vistazo breve a los antepasados y a la posteridad de David mostrará que la línea de la que surgió Jesús en lo relativo a su naturaleza humana era tendente a concentrar toda la maldad de la humanidad". Waggoner admitió: "Nos resulta imposible comprender cómo pudo ser así, y es peor que inútil que especulemos al respecto. Todo cuanto podemos hacer es aceptar los hechos tal como los presenta la Biblia".[67] Describió aquellos hechos de forma clara:

Más aún: el hecho de que Cristo tomó sobre sí la carne, no de un ser impecable, sino del hombre pecaminoso, es decir, que la carne que asumió tenía todas las debilidades y tendencias pecaminosas a las que está sujeta la naturaleza humana caída, queda demostrado por las propias palabras en las que se basa este artículo: fue "hecho de la simiente de David según la carne". David tenía todas las pasiones de la naturaleza humana. …

Si fue hecho en todo semejante a sus hermanos, entonces debió sentir todas las debilidades y pasiones de sus hermanos. Solamente así sería capaz de ayudarlos. Por lo tanto, tuvo que hacerse hombre, no sólo para poder morir, sino para ser capaz de simpatizar y socorrer a quienes sufren las fieras tentaciones que produce Satanás a través de la debilidad de la carne. …

El que Cristo tuviera que nacer bajo la ley fue una consecuencia necesaria de haber nacido de mujer, tomando sobre sí la naturaleza de Abraham, siendo hecho de la simiente de David, en semejanza de carne de pecado. La naturaleza humana es pecaminosa, y la ley de Dios condena todo pecado. No es que nazcan en el mundo directamente condenados por la ley, pues en la infancia no tienen conocimiento del bien y del mal, y son incapaces de obrar cualquiera de los dos, pero nacen con tendencias pecaminosas derivadas de los pecados de sus antecesores. Y cuando Cristo vino al mundo, lo hizo sujeto a todos los condicionantes a los están sujetos el resto de los niños.[68]

Al acercarse al final de su artículo Waggoner abordó los temores que podría tener la gente que pensaba que estaba llevando la condescendencia de Cristo demasiado lejos. Estando todavía fresca en su mente la controversia de Mineápolis es muy probable que intentara protegerse contra cualquier acusación de estar haciendo a Cristo pecador, estando en necesidad él mismo de un Salvador:

Habiendo leído este artículo hasta aquí, algunos pueden pensar que estamos despreciando el carácter de Jesús al traerlo hasta el nivel del hombre pecador. Al contrario: estamos simplemente exaltando el "poder divino" de nuestro bendito Salvador, quien descendió voluntariamente al nivel del hombre pecaminoso a fin de poder exaltar al hombre hasta su pureza inmaculada, la cual retuvo bajo las circunstancias más adversas. "Dios estaba en Cristo", por consiguiente, no podía pecar. Su humanidad solamente veló su naturaleza divina, que fue más que capaz de resistir exitosamente las pasiones pecaminosas de la carne. Durante toda su vida hubo una lucha. La carne, movida por el enemigo de toda [justicia], tendería al pecado; sin embargo, su naturaleza divina ni por un momento albergó un mal deseo, ni por un instante vaciló su poder divino. Habiendo sufrido en la carne todo lo que al hombre le es posible sufrir, regresó al trono del Padre tan inmaculado como al dejar las cortes de gloria. Cuando permaneció en la tumba bajo el poder de la muerte, fue "imposible que fuera retenido por ella" debido a que había sido imposible que pecara la naturaleza divina que moraba en él.

"Bien", dirá alguien, "no veo en eso ninguna ayuda para mí; no era posible que el Hijo de Dios hubiera pecado, pero yo no poseo un poder como ese". ¿Por qué no? Puedes tenerlo si lo quieres. El mismo poder que le permitió a él resistir toda tentación a través de la carne cuando estaba "rodeado de debilidad", puede permitirnos a nosotros eso mismo. Cristo no pudo pecar, porque era la manifestación de Dios.[69]

Waggoner intentaba protegerse así ante las falsas acusaciones relativas a la naturaleza humana de Cristo. Razonó que él no estaba llevando demasiado lejos la condescendencia de Cristo, debido a que este no podía pecar a causa de su naturaleza divina, y ese mismo poder era ahora asequible también al hombre.

Ellen White clarifica el asunto

Un año después, mientras Waggoner predicaba a partir del libro de Isaías sobre el tema de la naturaleza de Cristo a estudiantes que asistían a la asamblea pastoral de 1889 en Battle Creek, expresó la misma idea: "'Que Cristo no pudo pecar, que fue imposible, etc'".[70] Existe, no obstante, la posibilidad de que una vez más Waggoner estuviera presentando el tema de forma que quedara salvaguardado de falsas acusaciones por llevar demasiado lejos la condescendencia de Cristo. Muchos sintieron que Cristo no pudo haber tenido la misma naturaleza del hombre, tal como Waggoner presentaba, en cuyo caso habría caído bajo tentaciones similares. Cuando las presentaciones de Waggoner sobre Isaías llegaron a su fin hacia finales de enero el criticismo hizo nuevamente aparición en relación con sus enseñanzas. No sólo se suscitaban cuestiones acerca de las clases que estaba enseñando en la asamblea pastoral; las había también a propósito de la nueva Guía de estudio (escuela sabática) que trataba del tema de los dos pactos, y que él mismo había escrito. Algunos de los hermanos se estaban apartando del seminario pastoral y hasta de la clase de escuela sabática debido a esta nueva controversia. Ellen White no tardó en responder.

Lo que estaba sucediendo no alegraba a Ellen White. El 17 de enero envió una carta a los hermanos Ballenger (pastor y empleado en Review and Herald) y a Leon Smith (asistente redactor de la Review e hijo de Uriah Smith), advirtiéndoles acerca de su camino descendente. Había formas adecuadas de abordar las "diferencias de opinión", y ausentarse de las reuniones no era una de ellas, dado que había una "gran necesidad de escudriñar las Escrituras" juntos:

¿Por qué seguís ese curso de acción consistente en ausentaros de las reuniones en las que se investigan los puntos de verdad? …

Vuestra actitud es muy parecida a la de los escribas y fariseos, criticando constantemente, pero rehusando venir a la luz. Si tenéis verdad, presentadla; si vuestros hermanos tienen verdad, sed humildes y sinceros ante Dios y asentid en que es verdad. …

Si las ideas presentadas ante la asamblea pastoral son erróneas, pasad al frente como hombres y presentad con franqueza vuestra evidencia bíblica. … No permanezcáis en la posición en la que estáis como dirigentes en la escuela sabática y resistiendo la luz o puntos de vista e ideas presentadas por hombres que yo sé que son agentes a quienes el Señor está usando. Vuestra actitud de neutralizar el efecto de sus palabras hasta donde os sea posible, y de no acudir vosotros mismos a la luz como los cristianos van a la Palabra para investigarla juntos con corazones humildes, no investigando la Biblia para traerla a vuestras ideas, sino trayendo vuestras ideas a la Biblia. …

Tenéis el ejemplo de cómo trataron los judíos cualquier cosa que no armonizara con sus opiniones y doctrinas. … Los sacerdotes y dirigentes enviaron a hombres supuestamente justos, con el propósito de atraparlo en sus palabras, o de que saliera de sus labios algo que los justificara en su prejuicio … que pudieran interpretar a su capricho para presentarlo a su propia manera al pueblo y hacer que Cristo pareciera un engañador, un herético. Aquellos judíos no estaban haciendo la obra de Dios, sino la del enemigo de toda justicia. Cuando veo a hombres transitando ese mismo camino, lo identifico, y me preocupa y me inquieta. …

¿Somos cristianos, o somos fanáticos? Digo en el temor de Dios: Escudriñad las Escrituras. La interpretación de algunas porciones de la Escritura puede no ser verdad en todos los puntos, pero permitid que os llegue toda la luz posible sobre esos puntos. …

Asistiendo a la escuela ministerial adquiriréis nuevas ideas. Cavando en las minas de la verdad seréis recompensados. …[71]

Incluso si Ellen White sugirió en su carta a Ballenger y Smith que "la interpretación de algunas porciones de la Escritura puede no ser verdad en todos los puntos", apoyó inequívocamente las presentaciones de Jones y Waggoner -hombres que ella sabía ser agentes que "el Señor está usando".[72]

Unos días después Ellen White abordó los mismos asuntos en una charla matinal dada en la asamblea pastoral. Dan Jones informó que después que Waggoner presentó sus ideas relativas a "que Cristo no pudo haber pecado … la hermana White vino unos días después y dijo que Cristo habría podido ser vencido por la tentación, y de no ser así, no habría podido ser nuestro ejemplo y consuelo".[73] Por consiguiente, cuando Ellen White habló ante toda la asamblea reunida en Battle Creek, quiso aclarar el asunto de si Cristo tomó o no una naturaleza humana como la del hombre después de la caída y si para él era posible pecar, o no lo era.

Ellen White expresó primeramente su gran preocupación porque como pueblo no estuvieran comprendiendo el tiempo en el que vivían. La mente de ella retrocedía a menudo hasta los judíos y la forma en que trataron a Cristo: "Las vicisitudes de los hijos de Israel y su actitud justamente antes de la primera venida de Cristo, me han sido presentadas vez tras vez para ilustrar la posición del pueblo de Dios en su experiencia antes de la segunda venida de Cristo". Habló durante varios minutos de la "humillación que sufrió [Cristo] al tomar sobre sí nuestra naturaleza", de cómo, en consecuencia, los dirigentes judíos lo persiguieron a cada paso. Habló acerca de cómo fueron incapaces de aceptar a Cristo "porque no vino con toda la majestad de un rey", sino como un hombre común. No fue sólo eso lo que los llevó a "rechazarlo. Fue porque era la personificación de la pureza, y ellos eran impuros". En este punto Ellen White habló del asunto de la naturaleza de Cristo y de la posibilidad de que cediera a la tentación. Waggoner no había ido demasiado lejos en la condescendencia de Cristo. Al contrario. Cristo había descendido incluso más bajo: Para él fue posible ceder al pecado:

El Hijo de Dios fue asaltado a cada paso por los poderes de las tinieblas. Después de su bautismo fue llevado por el Espíritu al desierto y sufrió la tentación por cuarenta días. Me han llegado cartas afirmando que Cristo no pudo haber tenido la misma naturaleza que el hombre, porque de haber sido así habría caído bajo tentaciones similares. [Pero] si no hubiera tenido la naturaleza del hombre, no habría podido ser nuestro ejemplo. Si no hubiera sido participante de nuestra naturaleza, no habría podido ser tentado como lo ha sido el hombre. Si para él no hubiera sido posible ceder a la tentación, no podría ser nuestro ayudador. Fue una solemne realidad que Cristo vino a luchar las batallas como hombre, en favor del hombre. Su tentación y victoria nos dicen que la humanidad debe copiar al Modelo; el hombre debe hacerse participante de la naturaleza divina.

En Cristo estaban combinadas la divinidad y la humanidad. La divinidad no se degradó por la humanidad; la divinidad conservó su lugar, pero la humanidad, al unirse a la divinidad, resistió la más fiera tentación en el desierto. … El plan de Dios, trazado para la salvación del hombre, previó que Cristo conociera el hambre, la pobreza y todo aspecto de la experiencia humana. Resistió la tentación mediante el poder que el hombre puede reclamar. … No hay hombre o mujer que no puedan tener acceso a la misma ayuda mediante la fe en Dios.[74]

Para quienes se estaban oponiendo a las enseñanzas de Waggoner, la declaración de Ellen White dejó claro que Cristo tomó sobre su naturaleza sin pecado la misma naturaleza pecaminosa del hombre caído.[75] Su declaración dejó sin excusa a quienes se oponían a las posiciones de Waggoner por su enseñanza de que Cristo no pudo haber pecado. Lejos de ser un gran reproche a Waggoner por enseñar una gran herejía, fue una corrección amable que le animó a no defender una posición que en realidad estaba limitando el riesgo que Dios asumió al enviar a su Hijo en semejanza de carne de pecado.

Continuando en su charla matinal, Ellen White dirigió ahora su atención a quienes seguían oponiéndose a los mensajeros y al mensaje. Habló de Juan Bautista, quien no fue "enviado a la escuela de los profetas y rabinos … a fin de que no resultara influenciado por su espíritu y enseñanza". El "Señor le dio su mensaje" y él "no preguntó si podía proclamar aquel mensaje". Ellen White citó Isaías 40:3-5: "Preparad camino a Jehová", y afirmó: "Ese es el preciso mensaje que se debe dar a nuestro pueblo". Sin embargo, el pueblo no estaba dispuesto:[76]

En nuestra obra falta el Espíritu Santo. Nada me alarma más que ver el espíritu de discordia manifestado por nuestros hermanos. … Siento deseos de abandonar el lugar, no vaya a ser que reciba el molde de quienes son incapaces de investigar sinceramente las doctrinas de la Biblia. … Lo que necesitamos es el bautismo del Espíritu Santo. Sin él no estamos más preparados para ir al mundo, de lo que estaban los discípulos tras la crucifixión de su Señor. … Cada instructor ha de ser un aprendiz, a fin de que sus ojos sean ungidos para poder ver las evidencias de la verdad progresiva de Dios. Si pretende impartir luz a otros, los rayos del Sol de justicia han de brillar en su propio corazón. …

Cuando descanse sobre vosotros el Espíritu de Dios no habrá sentimientos de envidia o celos al examinar la posición de otro; no habrá espíritu de acusación y crítica, tal como el que Satanás inspiró en los corazones de los dirigentes judíos contra Cristo. …

Los judíos procuraron parar la proclamación del mensaje que estaba predicho en la palabra de Dios; pero la profecía tiene que cumplirse. El Señor dice: "Yo os envío al profeta Elías antes que venga el día de Jehová,

grande y terrible". Ha de venir alguien en el espíritu y poder de Elías, y al hacer aparición los hombres pueden decir: "Eres demasiado categórico, no interpretas correctamente las Escrituras. Déjame que te diga cómo predicar tu mensaje". … Si continuáis buscando faltas, teniendo un espíritu de discordia, nunca conoceréis la verdad. …

Hay muchos entre nosotros que tienen prejuicios contra las doctrinas que se están discutiendo ahora. No vendrán a oír, no investigarán calmadamente, sino que lanzarán solapadamente sus objeciones. Están perfectamente satisfechos con su posición [se cita Apoc 3:17-19]. Esa escritura se aplica a quienes viven bajo el pregón del mensaje, pero no vendrán a oírlo. ¿Cómo podéis saber si el Señor está dando nuevas evidencias de su verdad, colocándola en un nuevo marco a fin de que quede preparado el camino para el Señor? ¿Qué planes habéis estado trazando para que la nueva luz pueda esparcirse entre las filas del pueblo de Dios? ¿Qué evidencia tenéis de que Dios no ha enviado luz a sus hijos?[77]

Ese incidente dio ánimo a Jones y Waggoner para continuar presentando el mensaje de la justificación por la fe y la justicia de Cristo, que estaba basado en su comprensión de la naturaleza de Cristo. Waggoner nunca más volvería a limitar el riesgo que Cristo tomó al venir a salvar la raza. A diferencia de muchos de los hermanos, que continuaron oponiéndose al preciosísimo mensaje incluso después de numerosas reprensiones de la pluma de Ellen White, Waggoner aceptó prestamente la admonición. Cuando publicó su libro, que tituló acertadamente Christ and His Righteousness {Cristo y su justicia http://libros1888.com/Pdfs/justicia.pdf}, que incluía su artículo del 21 de enero de 1889 en Signs, Waggoner presentó de nuevo claramente sus puntos de vista sobre la naturaleza divina y humana de Cristo, pero suprimió sus declaraciones relativas a que "Cristo no pudo pecar".[78] Esa es ciertamente la marca de un mensajero humilde.[79]

Dan Jones, por otra parte, percibió ese incidente como la confirmación de que el mensaje de Jones y Waggoner no era digno de confianza, y de que Ellen White no apoyó específicamente lo que estaban enseñando. Eso le llevó a concluir que "el asunto de la doctrina no era el punto importante", con tal que se "aceptara la doctrina de la justificación por la fe". Por descontado, a eso podía responder: "Creo".[80] Pero Ellen White vio las cosas de forma bien diferente. Como veremos en los capítulos que seguirán, dijo a Dan Jones que no estaba andando en la luz, sino en las chispas de su propio fuego".[81]

En contraste con lo escrito por algunos historiadores modernos, debiera quedar claro a partir de los registros históricos que la naturaleza de Cristo fue parte del mensaje de 1888 de Jones y Waggoner.[82] Formó parte integral de la doctrina de la justificación por la fe y de la justicia de Cristo tal como la presentaron antes, durante y después del congreso de 1888. El tema de la naturaleza de Cristo se hizo más prominente en los años que seguirían, en parte por la continua oposición al mensaje. Ellen White lo explicó pocos meses después de la asamblea pastoral de 1890:

El espíritu de resistencia que se ha exhibido ante la presentación de la justicia de Cristo como nuestra única esperanza ha entristecido al Espíritu de Dios, y como resultado de esa oposición se ha tenido que presentar este asunto de la forma más ferviente y decidida, ocasionando un estudio más profundo del tema y evocando una serie de argumentos que hasta el propio mensajero ignoraba que fuesen tan sólidos, tan plenos, tan consistentes sobre este tema de la justificación por la fe y la justicia de Cristo como nuestra única esperanza. …

Su posición [de Jones y Waggoner] es vista por muchísimos como errónea, y claman: "Peligro, fanatismo", cuando no existe herejía ni fanatismo.[83]

Jones y Waggoner presentaron su mensaje en medio de la oposición, que se recrudeció cuando Waggoner anunció que dejaría el estudio de Isaías para presentar el tema de los dos pactos.

Notas:

  1. S. A. Wittier a O. A. Olsen, 22 enero 1890; Dan Jones a M. Larson, 2 enero 1890.
  2. Ellen G. White, "Repentance the Gift of God", Review and Herald, 1 abril 1890. Jean Zurcher hace la válida observación de que "Ellet J. Waggoner fue el primer teólogo adventista en presentar una cristología sistemática en lo relativo a ambas, la divinidad y la humanidad de Jesucristo. … Para Waggoner, el tema [la justificación por la fe] sólo se podía entender a través de las gafas de la cristología" (Touched With Our Feelings, pp. 34-35). El hecho continúa siendo cierto hoy. La naturaleza de Cristo es más que un asunto colateral; guarda íntima relación con la verdad de la justificación por la fe. "La iglesia … sufre hoy un lamentable estado de confusión respecto de la cristología. El resultado inevitable es que esa misma confusión aparece ahora en relación con la doctrina de la justificación por la fe" (Ibid., p. 305). Woodrow Whidden, aunque desde una perspectiva distinta, reconoce la estrecha relación entre la naturaleza de Cristo y la justificación por la fe. En su libro Ellen White on Salvation, dedica un capítulo entero a la naturaleza de Cristo, afirmando enfáticamente: "De hecho, a fin de que podamos entender la doctrina [de Ellen White] sobre la salvación, es absolutamente necesario tomar en consideración su cristología" (p. 57).
  3. Gerhard Pfandl, "The Doctrine of the Trinity Among Adventists", (Silver Spring, MD: Biblical Research Institute, 1999), p. 1. Es interesante observar dónde estaba Ellen White en relación con la posición de los tempranos pioneros. Jerry Moon lo resume así: "Esta investigación ha revelado que: (1) Ellen White estuvo de acuerdo con algunos aspectos, pero no con todo aspecto de las posturas antitrinitarias de otros adventistas tempranos. (2) La postura de Ellen White cambió -fue educada en trinitarismo, llegó a dudar de algunos aspectos del trinitarismo en el que había sido educada, y finalmente llegó a una visión trinitaria diferente de la tradicional. (3) Existe una armonía básica entre las declaraciones tempranas y tardías de Ellen White. Incluso en su evidencia interna, no hay razón para cuestionar la validez de sus declaraciones posteriores, más trinitarias. Son completamente consistentes con su trayectoria de comprensión creciente de la Deidad, y existe toda evidencia de que reflejaban su propio pensamiento. En sus escritos tempranos difería en algunos aspectos del trinitarismo tradicional, y en los tardíos seguía oponiéndose enérgicamente a algunos aspectos de la doctrina tradicional de la Trinidad. (4) Parece, no obstante, que la enseñanza trinitaria de los escritos tardíos de Ellen White no es la misma doctrina que rechazaron los primeros adventistas. Más bien, sus escritos describen dos formas contrastadas de creencia trinitaria, una a la que siempre se opuso, y otra que finalmente apoyó" ("The Quest for a Biblical Trinity: Ellen White's 'Heavenly Trio' Compared to the Traditional Doctrine", Journal of the Adventist Theological Society, 17/1 primavera 2006, pp. 141-142).
  4. Gerhard Pfandl, "The Doctrine of the Trinity Among Adventists", p. 1.
  5. Uriah Smith, Thoughts on Revelation, (Battle Creek, MI: Review and Herald, 1865), p. 59. George Knight, citando a Smith, le atribuye incorrectamente una visión semiarriana a fin de distorsionar la posición de Waggoner: "Smith no sólo negaba la personalidad del Espíritu Santo, sino que albergaba también una posición semiarriana sobre Cristo. En 1865, por ejemplo, escribió que Cristo fue 'el primer ser creado, datando su existencia de mucho antes que cualquier ser o cosa creada' … Aquí había por fin un punto en el que los oponentes en Mineápolis podían estar de acuerdo. La posición de E. J. Waggoner sobre la eternidad de Cristo era esencialmente la de Smith" (A Search for Identity, p. 112). Según la definición estricta, Uriah Smith era arriano. Waggoner no enseñó jamás que Cristo fuera un Ser creado. No sólo eso: expuso la falsedad de una idea tal.
  6. E. J. Waggoner, Christ and His Righteousness, (Oakland, CA: Pacific Press Pub. Co., 1890), pp. 5-6, original sin cursivas.
  7. Ibid., p. 19, original sin cursivas.
  8. Ellen G. White, Great Controversy, edición de 1888, p. 524. Ellen White parece estar describiendo una creencia que es una variante del punto de vista arriano. Obsérvese: "Estaba presente un buen número de adventistas del primer día. Creen en la era venidera y no aceptan la preexistencia de Cristo antes de venir a este mundo. … Algunos niegan la divinidad de Cristo y rehúsan creer en su preexistencia antes de la creación del mundo" (Manuscrito 53, "Diary", diciembre 1890; en 1888 Materials, p. 784).
  9. E. J. Waggoner, "An Important Question", Signs of the Times, 19 junio 1884, p. 377.
  10. E. J. Waggoner, "Immortality", Signs of the Times, 4 septiembre 1884, p. 538.
  11. E. J. Waggoner, "The Lord's Day", Signs of the Times, 27 noviembre 1884, p. 713.
  12. E. J. Waggoner, "Which is Evangelical?", Signs of the Times, 12 noviembre 1885, p. 681.
  13. "The General Conference Institute", Review and Herald, 16 octubre 1888, p. 648.
  14. W. C. White, "Notes Made at the Minneapolis Meetings 1888", 15 octubre 1888; en Manuscripts and Memories, p. 421.
  15. E. J. Waggoner, "The Divinity of Christ", Signs of the Times, 25 marzo 1889, p. 182, original sin cursivas. Es necesario leer íntegramente los artículos para captar el pleno impacto de lo que está afirmando Waggoner.
  16. E. J. Waggoner, "The Divinity of Christ", Signs of the Times, 1 abril 1889, p. 196, original sin cursivas.
  17. E. J. Waggoner, "The Divinity of Christ", Signs of the Times, 8 abril 1889, p. 214, original sin cursivas.
  18. E. J. Waggoner, "The Divinity of Christ", Signs of the Times, 15 abril 1889, p. 230, original sin cursivas.
  19. E. J. Waggoner, "The Divinity of Christ", Signs of the Times, 22 abril 1889, p. 247, original sin cursivas. Es interesante observar que Ellen White no mencionó a Cristo como dador de la ley en Sinaí en Spirit of Prophecy, vol. 1 (1870), pero en su revisión, Patriarcas y profetas (1890), un año después de la serie de Waggoner, añadió ese concepto: "Cristo no sólo fue el que dirigía a los hebreos en el desierto -el Ángel en quien estaba el nombre de Jehová, y quien, velado en la columna de nube, iba delante de la hueste- sino que también fue él quien dio la ley a Israel. En medio de la terrible gloria del Sinaí, Cristo promulgó a todo el pueblo los diez mandamientos de la ley de su Padre, y dio a Moisés esa ley grabada en tablas de piedra" (p. 382).
  20. E. J. Waggoner, "The Divinity of Christ", Signs of the Times, 6 mayo 1889, p. 262, original sin cursivas.
  21. E. J. Waggoner, Christ and His Righteousness, p. 19 {Cristo y su justicia http://libros1888.com/Pdfs/justicia.pdf}.
  22. Ibid., pp. 8-9, original sin cursivas.
  23. Ibid., p. 10.
  24. Ibid., pp. 11-12.
  25. Ibid., pp. 15-16, original sin cursivas.
  26. Ibid., pp. 18-19, original sin cursivas.
  27. Ibid., pp. 19-21, original sin cursivas.
  28. Ibid., pp. 23-24, original sin cursivas.
  29. Ver nota nº 44.
  30. Ellen G. White a E. J. Waggoner y A. T. Jones, Carta 37, 18 febrero 1887; en 1888 Materials, pp. 28, 29.
  31. Ellen G. White, Manuscrito 16, "The Discernment of Truth", enero 1889; en 1888 Materials, p. 260.
  32. Ellen G. White, Manuscrito 27, "Counsel to Ministers", 13 septiembre 1889; en 1888 Materials, p. 432.
  33. Ellen G. White, Manuscrito 10, "The Excellence of Christ", octubre 1889; en 1888 Materials, pp. 448-449.
  34. Ellen G. White, "Charla matinal, 29 enero 1890", Review and Herald, 18 febrero 1890, p. 97; en 1888 Materials, p. 533.
  35. Ellen G. White, "Living Channels of Light", Review and Herald, 27 mayo 1890, p. 321; en 1888 Materials, p. 673.
  36. Ellen G. White a O. A. Olsen, Carta 57, 1 mayo 1895; en 1888 Materials, p. 1336.
  37. E. J. Waggoner, "The Divinity of Christ", Signs of the Times, 8 abril 1889, p. 214, original sin cursivas. A partir de esos artículos se hicieron otros escritos, que se imprimieron en Bible Echo de Australia el 1 de octubre de 1889 y en Present Truth de Inglaterra el 18 de diciembre de 1890, pero Waggoner nunca escribió esas ideas en nuevos artículos o libros.
  38. E. J. Waggoner, Christ and His Righteousness, p. 21, original sin cursivas.
  39. Eric Webster observa apropiadamente: "Para Waggoner, Cristo fue divino y preexistente, pero -al menos según su postura en 1889- no totalmente eterno. Sólo en ese sentido Waggoner mostró afinidad con la posición semiarriana. … Waggoner tiene un elevado concepto de la deidad de Cristo. Aporta evidencia bíblica del hecho de que Cristo es Dios. … Para Waggoner, Cristo no fue un ser creado, sino engendrado por el Padre. Hace una clara distinción entre ser creado y ser engendrado. … Afirma que Cristo es 'de la misma substancia y naturaleza de Dios', y que 'posee inmortalidad por derecho propio, pudiéndola conceder a otros'" (Crosscurrents in Adventist Christology, pp. 177-179, original sin cursivas).
  40. LeRoy E. Froom, Movement of Destiny, p 296.
  41. J. R. Zurcher, Touched With Our Feelings, pp. 34-37.
  42. E. J. Waggoner, "A Movement to Unite Church and State", American Sentinel, 27 marzo 1890, p. 100, original sin cursivas. Eric Webster hace referencia a una declaración similar de Glad Tidings, que "pudo ser un anticipo de su posición en 1890" (Crosscurrents, p. 198).
  43. Ellen G. White, Desire of Ages, p. 530 {El Deseado de todas las gentes, p. 489}. La posición de Ellen White no fue "la posición opuesta" a la del temprano Waggoner, tal como pretende George Knight. En 1898, la visión de Ellen White fue en realidad una visión más avanzada (ver: George Knight, A User-Friendly Guide to the 1888 Message, p. 74).
  44. Woodrow Whidden ha llegado muy lejos malinterpretando a Waggoner sobre el tema de la divinidad de Cristo: "No se cuestiona el apoyo manifiesto de Ellen White a Jones y Waggoner. El asunto clave, no obstante, parece ser si ese vigoroso apoyo significó apoyo total para cada una de las posiciones teológicas de ellos. Por ejemplo: ¿apoyó [Ellen White] su posición de que Cristo fue un ser creado (arrianismo)?" (Ellen White on Salvation, p. 90). Whidden llevó esa misma posición al Primacy of the Gospel Committee (un comité constituido por Robert Folkenberg en 1994, mientras era presidente de la Asociación General, con el propósito de profundizar en la doctrina de la justicia por la fe): "Al iniciarse nuestro comité, el Dr. Whidden intentaba forzarme [Robert Wieland] a que confesara que E. J. Waggoner fue arriano. Arriano es quien no cree que Cristo sea eterno, divino, [cree que] fue creado. Respondí: 'No puedo afirmar tal cosa'. [Whidden dijo]: 'Hermano Wieland, todos creen eso'. [Wieland dijo] 'Siento no poder estar de acuerdo con eso'. [Whidden] me presionó con fuerza: '¿Está queriendo decir que es usted el único aquí que va a afirmar que Waggoner no fue arriano?' Dije: 'No puedo estar de acuerdo con eso''" (Robert J. Wieland, "Third Angel's Message & Corporate Repentance", 24 marzo 1996). George Knight tergiversa asimismo la historia al intentar forzar a Waggoner a una postura arriana, bajo una etiqueta semiarriana: "No todo lo que Waggoner, Jones y Prescott enseñaron sobre Jesús era diáfano, incluso en el período inmediatamente posterior a Mineápolis. … en Christ and His Righteousness (1890) [Waggoner] expresó visiones semiarrianas de Cristo al escribir que 'hubo un tiempo cuando Cristo procedió y vino de Dios'. Ese semiarrianismo que enseñaba que Cristo no era igual a Dios, había sido prominente en la teología adventista desde sus comienzos en la década de 1840. El que Waggoner enseñara tales puntos de vista a finales de la década de 1880 y principios de la de 1890, no obstante, no los convirtió en verdad. Ellen White y la mayoría de la iglesia rechazaría ambos puntos de vista junto a otros, durante la década de 1890" (From 1888 to Apostasy, pp. 132-133, original sin cursivas). Pero Waggoner no dijo ni en una sola ocasión que Cristo no fuera igual a Dios. Por último, David McMahon tergiversa también a Waggoner al afirmar: "Waggoner intentó confesar valientemente la divinidad de Cristo. Negó que Cristo fuera un ser creado. Dijo que Cristo es Dios, tanto Creador como Dador de la ley. … sin embargo, Waggoner siguió siendo arriano en el sentido clásico" (Ellet Joseph Waggoner: The Myth and the Man, p. 102, original sin cursivas). ¿Por qué ese esfuerzo combinado, esa agenda, para tergiversar a Waggoner sobre la divinidad de Cristo? En sus críticas biográficas que a menudo bordean el cinismo, Knight y Whidden calumnian a Jones y Waggoner al mismo tiempo que promueven su propia teología afín a la de Desmond Ford, una teología que busca promover el punto de vista evangélico sobre la naturaleza humana de Cristo que ha popularizado Questions on Doctrine (Preguntas sobre doctrina) y el propio Desmond Ford. El asunto, por lo tanto, no es realmente la divinidad de Cristo. Knight y Whidden crean un falso conflicto sobre la divinidad de Cristo, para pasar a continuación a la naturaleza humana de Cristo. Ese es un ejemplo de la táctica del cebo-anzuelo que es tan antigua como el propio pecado. Esta es su implicación: si Waggoner fue nada menos que un arriano en sus puntos de vista acerca de la naturaleza divina de Cristo -Jesús fue un dios creado-, ¿qué credibilidad se le puede dar en sus puntos de vista sobre la naturaleza humana de Cristo? Pero ese planteamiento sólo se puede sustentar violentando los hechos históricos.
  45. 45. La postura de Jones y Waggoner sobre la naturaleza humana de Cristo fue la misma que la iglesia sostuvo durante cerca de 100 años, desde su mismo comienzo hasta la temprana década de 1950. Esa posición, en ocasiones conocida como post-lapso, o posterior a la caída, enseña que Jesús tomó la naturaleza caída del hombre, la naturaleza de Adán después de la caída. Consecuentemente, se considera la carne de Cristo como la de cualquier otro ser humano, no sólo en el sentido físico, sino llevando en ella tendencias inherentes al pecado -tendencias, no obstante, a las que Jesús nunca sucumbió. Aunque Cristo "fue tentado en todo según nuestra semejanza", la Biblia afirma que fue "sin pecado" (Heb 4:15). Por consiguiente, Cristo no sólo "condenó al pecado en la carne", sino que hizo posible "que la justicia de la Ley se cumpliera en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu" (Rom 8:3-4). Esta enseñanza, aunque está basada en la Biblia, fue y es contraria a las creencias de la mayoría de la cristiandad (si bien debe decirse que ciertos teólogos eminentes protestantes están viniendo a creer la postura posterior a la caída). La posición pre-lapso, llamada a veces la posición anterior a la caída, pretende que Cristo tomó la naturaleza humana impecable de Adán, la que este tenía antes de la caída. Según eso, Cristo fue tentado en todas las cosas, pero no fue tentado desde el interior, puesto que no heredó de Adán ninguna de nuestras propensiones o tendencias al pecado. Cualquier cosa que Cristo llevó, sea la carga y penalidad de nuestras iniquidades, o las enfermedades y fragilidades de nuestra naturaleza humana, todo lo tomó y llevó de forma vicaria. Esa visión particular, que es en esencia la postura del catolicismo romano vía inmaculada concepción, y la del protestantismo mayoritario vía doctrina del pecado original, fue adoptada y promovida entre los adventistas del séptimo día en el libro Questions on Doctrine (Preguntas sobre doctrina) en la temprana década de 1950. Un tercer punto de vista, llamado a veces cristología alternativa, es una síntesis entre las posturas posterior a la caída y anterior a la caída. Es la más reciente, y probablemente la más extendida entre los dirigentes del adventismo del séptimo día en Norteamérica desde principios de la década de 1980. Esa posición pretende que Cristo heredó de Adán sólo "debilidades inocentes" tales como el hambre, el dolor, la fragilidad, la pena y la muerte. Pero a diferencia de todo el resto de seres humanos caídos que nacen en este mundo después de la transgresión, Jesús no heredó ninguna de las inclinaciones al mal asociadas a la naturaleza humana caída. Así, no fue exactamente como Adán antes de la caída, ni como Adán después de ella. Para una presentación exhaustiva de la historia del pensamiento adventista sobre la naturaleza humana de Cristo, y a partir de donde se ha presentado el actual resumen, ver: J. R. Zurcher, Touched with Our Feelings, pp. 271-274. Tal como ya se ha mencionado, el cambio desde la postura posterior a la caída de la naturaleza humana de Cristo en 1888, hasta la postura sostenida por muchos en la iglesia hoy, parte de la década de 1950 y el libro Questions on Doctrine. Pero la prevalencia actual de la postura anterior a la caída se atribuye con razón a Desmond Ford y a su desafío reformacionista, que expresó en cuatro conceptos (incluyendo su apoyo a la nueva postura previa a la caída): "Defendida primeramente en Australia por Brinsmead y Ford a principios de la década de 1970, seguida de un período de inseminación mediante la revista Present Truth, de Brinsmead, esa posición ha sido vigorosamente promovida en Estados Unidos por Ford; la primera acusación reformacionista consiste en que la iglesia adventista del séptimo día ha llegado a estar en la confusión como resultado de negar la doctrina del pecado original. Según ellos, eso ha dado lugar a tres herejías relacionadas: a) que el evangelio incluye la santificación tanto como la justificación; b) que Cristo tomó la naturaleza caída de Adán; y c) que la 'generación final' ha de desarrollar un carácter perfecto antes del regreso de Cristo" (A. Leroy Moore, Theology in Crisis, p. 23). En su libro The Shaking of Adventism, Geoffrey Paxton, un pastor anglicano de Australia, expresó su apoyo a que incursionara en el adventismo el evangelio de los evangélicos, con esos mismos cuatro conceptos: "La creencia de que tanto el destino de la iglesia como la preparación del mundo para la largamente demorada segunda venida de Cristo dependen de una verdadera concepción de la justicia por la fe, demanda el empeño de todo esfuerzo para exponer todo lo que se ve como seria confusión en relación con ese núcleo del evangelio. La afirmación de la doctrina del pecado original está en la base de cada uno de los tres desafíos principales a la teología tradicional adventista: 1) repudio al perfeccionismo, 2) negación de que Cristo asumiera la carne pecaminosa, y 3) restricción de la doctrina de la justificación por la fe a factores estrictamente forenses, objetivos" (p. 29). En el libro de David McMahon E. J. Waggoner: The Myth and the Man (publicado a través de Verdict Publications, dirigida por Desmond Ford), el autor desafía la teología de Waggoner de antes y después de 1888, y apoya el evangelio de los evangélicos con sus mismos cuatro conceptos básicos: "Las mismas cuatro acusaciones reformacionistas planteadas contra la teología contemporánea adventista del séptimo día, se dirigen [por parte de David McMahon] contra la teología que Waggoner enunció en los meses que siguieron a Mineápolis" (según declara A. Leroy Moore, op cit., p. 419). En una entrevista con Julius Nam (profesor de religión en la universidad de Loma Linda, y co-organizador de Questions on Doctrine 50th Anniversary Conference), Woodrow Whidden expresa apoyo a esos mismos cuatro conceptos popularizados por Desmond Ford: "Pero cuando uno afina realmente en el significado de la expiación y la humanidad de Cristo, vemos que el pecado tiene que ver principalmente con el profundo desarreglo de [lo] pecaminoso, la depravación humana con la que todos hemos nacido (excepto Cristo). … Y la razón por la que ambos grupos fervientes [Adventistas del séptimo día históricos y el comité para el estudio del mensaje de 1888] están equivocados, es debido a su fracaso en llegar a la comprensión plena del significado de la expiación y de la naturaleza radical del pecado humano. … Se han centrado en asuntos que no formaron parte del énfasis de Ellen White sobre el significado de 1888. Me estoy refiriendo aquí especialmente a … la naturaleza pecaminosa de Cristo, un énfasis perfeccionista que parece basado en una definición muy 'conductista' del pecado, la vindicación de Dios por parte de la generación final y su aplicación equivocada del apoyo de Ellen White a Jones y Waggoner. … En mi opinión, ambos necesitan desembarazarse de todos esos énfasis que tienen escaso apoyo en la Biblia y los escritos de Ellen G. White. … Tanto los 'históricos' como los del 'comité para el estudio de 1888' necesitan … prestar mayor atención a asuntos que hay alrededor del significado de la expiación: la impecabilidad de la naturaleza humana de Cristo, el pecado humano radical, la justificación por la gracia mediante la sola fe. … Y una vez más, lo que estaba en la base de los puntos de vista defectuosos [de Andreasen] sobre la humanidad de Cristo fue una posición defectuosa sobre la naturaleza del pecado" ("Progressive Adventism: Re-Imagining the Adventist Vision. Interlogue #18~Woodrow Whidden", An interview with Julius Nam, enviado el 16 de febrero de 2007; http://progressiveadventism.com/2007/02/16/interlogue-18- woodrow-whidden/, según aparecía el 8 de abril de 2010). En relación con quienes sostienen la posición posterior a la caída, Whidden lo lamenta en varias ocasiones: "Me siento consternado ante … su casi total negligencia hacia los consejos de Ellen White relativos a la autoridad de los 'hermanos de experiencia' … Aquí es donde creo que adventistas conservadores [les llama así, pero se refiere a los progresivos como él] creyentes en la Biblia y Ellen White, tales como Adventist Theological Society y los eruditos adventistas conservadores [progresivos] en muchas de nuestras instituciones académicas, y el Biblical Research Institute de la Asociación General pueden ser de ayuda (si los 'históricos' y el 'comité para el estudio de 1888' les prestan buen oído). … Tanto los 'históricos' como los del 'comité para el estudio de 1888' necesitan tener un respeto más profundo a esos 'hermanos de experiencia' que son eruditos. … Y ahí radica la gran división entre lo que usted llama una 'gran porción de adventistas mayoritarios conservadores [progresivos] (especialmente la mayoría de los teólogos en nuestras instituciones de enseñanza superior en todo el mundo, la Adventist Theological Society y el BRI), y los así llamados adventistas del séptimo día conservadores 'históricos' y del 'comité para el estudio de 1888'. … He sido elegido miembro de BRICOM (Biblical Research Institute Committee) desde el verano de 2006. … La labor principal de ese comité es dar entrada interpretativa teológica al liderazgo de la Asociación General" (Ibid.). Si bien estamos de acuerdo con el concepto bíblico de someterse a los "hermanos de experiencia", recordamos que hay otro concepto no menos importante en relación con la doctrina de Jesús. Es el que expresaron Pedro y otros apóstoles a los saduceos progresivos de sus días, altamente educados, con influencia helenista: "Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres" (Hech 5:29). En cualquier caso, el optimismo de Whidden respecto a los "hermanos de experiencia" está claramente fuera de lugar, ya que son muchos los que no apoyan las posiciones teológicas que él y Desmond Ford defienden. Dicho lo anterior, quizá siga habiendo motivo para la preocupación, dado que en esa misma entrevista Whidden habla de sus proyectos futuros: "Una vez terminado este proyecto [la biografía de Waggoner], mi próxima meta será producir un nuevo manual del estudiante adventista del séptimo día. El BRI quiere patrocinar tal proyecto, pero no se ha decidido aún si yo seré el autor. Probablemente lo sea, incluso si BRI toma otra dirección. Espero ser co-autor junto a un colega experimentado en educación estudiantil. En cuanto al futuro de la historiografía adventista, quisiera creer que vamos a continuar en procura de mayor claridad en nuestras comprensiones clave de cómo nuestras posiciones históricas sobre la soteriología, la naturaleza de la expiación y la persona de Cristo pueden llevarse a una mayor madurez y claridad redentora. Quisiera participar en escribir la historia de la crisis Ford/Rea de la década tardía de 1970 y temprana de 1980. Siento que ha pasado el tiempo suficiente como para que podamos tratar con mayor franqueza ese tema candente. Los temas todavía planean en gran medida sobre nosotros, y creo que ahora estamos mejor posicionados para efectuar alguna clarificación adicional sobre ellos" (Ibid.). La cuestión, no obstante, es si nuestra iglesia, los jóvenes especialmente, necesitan que se les imponga todavía más de la teología de Desmond Ford mediante los escritos de los modernos historiadores y teólogos progresivos de nuestros días [que se atribuyen la falsa etiqueta de conservadores -N. del T.-].
  46. E. J. Waggoner, "Condemned and Justified" Signs of the Times, 3 julio 1884, p. 409.
  47. E. J. Waggoner, "A New Creature in Christ", Signs of the Times, 17 julio 1884, p. 424.
  48. E. J. Waggoner, "Under the Law", Signs of the Times, 18 septiembre 1884, p. 569.
  49. E. J. Waggoner, "Thoughts on Galatians 3, No. 8", Signs of the Times, 26 agosto 1886, p. 518.
  50. G. I. Butler, The Law in the Book of Galatians: Is it the Moral Law, or Does it Refer to That System of Laws Peculiarly Jewish? (Battle Creek Mich.: Review and Herald Pub. House, 1886), p. 57.
  51. El hecho de que Cristo tomó sobre su naturaleza impecable nuestra naturaleza pecaminosa fue para Waggoner "una de las cosas más animadoras". Para él, la naturaleza de Cristo era más que una de las doctrinas en un credo; era parte del evangelio eterno, que incluía las buenas nuevas de los pactos y se la entendía en el contexto de la justificación por la fe en la justicia de Cristo. Desafortunadamente, algunos adventistas históricos representando varios ministerios independientes han presentado en ocasiones la naturaleza humana de Cristo como una doctrina legalista desprovista de buenas nuevas, convirtiéndola así en un mensaje que desanima, más bien que animar. Eso, por supuesto, no sólo ha "puesto a muchos en contra de la posición posterior a la caída sobre la naturaleza humana de Cristo", sino que ha provisto también munición a los hermanos dirigentes que sostienen la "nueva" posición previa a la caída (ver: Herbert E. Douglass, A Fork in the Road, pp. 16, 33, 85 {Bifurcación, pp. 14, 28, 75; http://libros1888.com/Pdfs/bifurcacion.pdf}; Jack Sequeira, Saviour of the World, pp. 9-12; Roy Adams, The Nature of Christ, p. 11).
  52. E. J. Waggoner, The Gospel in the Book of Galatians, pp. 60-61. En su libro Gospel in Galatians, Waggoner estaba citando de Hebreos 2:17, "en todo". Una vez más, George Knight cita incorrectamente la evidencia histórica diciendo de Waggoner: "En relación con la naturaleza humana de Cristo, en 1887 Waggoner escribió que 'si Cristo no hubiera sido hecho en todos los sentidos semejante a sus hermanos, entonces su vida sin pecado no sería motivo de ánimo para nosotros' … Una vez más, Ellen White tomó un camino diferente" (A User-Friendly Guide to the 1888 Message, p. 75, original sin cursivas). Knight cambia la frase de Waggoner, de "en todo" a "en todos los sentidos", y omite mencionar que Waggoner estaba citando del libro de Hebreos.
  53. W. C. White a Dan T. Jones, 8 abril 1890; en Manuscripts and Memories, pp. 167-168.
  54. A. G. Daniells a W. C. White, 14 abril 1902; en Manuscripts and Memories, p. 318.
  55. W. C. White, "Notes Made at the Minneapolis Meetings 1888", 17 octubre 1888, y "Diary of R. Dewitt Hottel, 1888", 17 octubre 1888; en Manuscripts and Memories, pp. 423, 506.
  56. LeRoy E. Froom, Movement of Destiny, pp. 200, 201; E. J. Waggoner, "The Divinity of Christ", Signs of the Times, 25 marzo, 1, 8, 15, 22 abril, 6 mayo 1889.
  57. Ellen G. White, "The Work of the Minister", Review and Herald, 11 septiembre 1888, p. 578, original sin cursivas.
  58. Ellen G. White, "Harmony with Apostate Powers A Sign of Enmity of God", Signs of the Times, 18 junio 1894, p. 500, original sin cursivas.
  59. Ellen G. White, "No Caste in Christ", Review and Herald, 22 diciembre 1891, p. 785, original sin cursivas.
  60. Ellen G. White, Manuscrito 107, 1903, "Diary", 31 octubre 1902; en Manuscript Releases, vol. 17, pp. 29-30, original sin cursivas.
  61. Ellen G. White, "Spiritual Weakness Inexcusable", Review and Herald, 1 julio 1890, p. 402, original sin cursivas.
  62. Ellen G. White, "The Work of the Minister", Review and Herald, 11 septiembre 1888, p. 578.
  63. Ellen G. White, Manuscrito 5, "Sermón", 19 junio 1889; en 1888 Materials, p. 349.
  64. Ellen G. White, "The Perils and Privileges of the Last Days", Review and Herald, 22 noviembre 1892, p. 722; en 1888 Materials, p. 1073, original sin cursivas.
  65. Ellen G. White a O. A. Olsen, Carta 57, 1 mayo 1895; en 1888 Materials, p. 1336, original sin cursivas.
  66. Ellen G. White, Manuscrito 8, "Sabbath Talk", 20 octubre 1888; en 1888 Materials, pp. 122, 125.
  67. E. J. Waggoner, "God Manifest in the Flesh", The Signs of the Times, 21 enero 1889, p. 39. Ellen White afirmó lo mismo: "Es un misterio que no se ha explicado a los mortales el que Cristo pudiera ser tentado en todos los puntos como lo somos nosotros, y sin embargo no tuviera pecado" (a W. L. Baker, Carta 8, 9 febrero 1895; Manuscript Releases, vol. 13, p. 19).
  68. E. J. Waggoner, "God Manifest in the Flesh", The Signs of the Times, 21 enero 1889, p. 39.
  69. Ibid., original sin cursivas. Parece que Waggoner intentaba expresar algo similar a lo que Ellen White había declarado unos años antes: "Es imposible que el hombre sea tentado más allá de lo que es capaz de soportar mientras se apoye en Jesús" ("Christ Triumphant in Our Behalf", The Signs of the Times, 4 agosto 1887, p. 465). Waggoner hablaba también sin el beneficio de la posterior declaración de Ellen White: "Muchos sostienen que era imposible para Cristo ser vencido por la tentación. En tal caso, no podría haberse hallado en la posición de Adán; no podría haber obtenido la victoria que Adán dejó de ganar. Si en algún sentido tuviésemos que soportar nosotros un conflicto más duro que el que Cristo tuvo que soportar, él no podría socorrernos. Pero nuestro Salvador tomó la humanidad con todo su pasivo. Se vistió de la naturaleza humana con la posibilidad de ceder a la tentación. No tenemos que soportar nada que él no haya soportado" (The Desire of Ages, p. 117) {El Deseado de todas las gentes, p. 92}. Obsérvese que Ellen White expresó la verdad de que se requería que Cristo hubiese podido caer, a fin de alcanzar al hombre allí donde se encontraba, y eso se podía efectuar solamente tomando nuestra naturaleza pecaminosa.
  70. Dan T. Jones a J. H. Morrison, 17 marzo 1890, p. 4, archives of the General Conference of Seventh-day Adventists.
  71. Ellen G. White a los hermanos Ballenger y Leon Smith, Carta 53, 17 enero 1890; en 1888 Materials, pp. 528-532.
  72. Ibid., pp. 530, 529.
  73. Dan T. Jones a J. H. Morrison, 17 marzo 1890, p. 4, archives of the General Conference of Seventh-day Adventists.
  74. Ellen G. White, "How to Meet a Controverted Point of Doctrine", Review and Herald, 18 febrero 1890, p. 97, "Morning Talk", 29 enero 1890; en 1888 Materials, p. 533.
  75. Algunos han intentado separar el tema de la naturaleza humana de Cristo del "mensaje de 1888" y de la controversia que rodeó a Jones y Waggoner en la década tardía de 1880 y en la de 1890. George Knight afirma que la "postura [de Waggoner] sobre la naturaleza de Cristo no creó controversia en el adventismo en la década de 1890. Era algo teológicamente bien aceptado. … Las controversias mayores relativas a la posición de Jones sobre la naturaleza de Cristo no se suscitaron sino hasta bastante tiempo después de su muerte. … Como se ha señalado anteriormente, la naturaleza de Cristo no vino a ser un asunto divisivo en los círculos adventistas hasta la década de 1950" (From 1888 to Apostasy, pp. 133, 135, 140, original sin cursivas). No obstante, Knight admite que "eso no significa que el tema nunca aflorara a la superficie. Después de todo disponemos al menos de una afirmación sobre el tema en Gospel in Galatians, de Waggoner" (A User-Friendly Guide to the 1888 Message, p. 153). Woodrow Whidden, por otra parte, intentando distanciar el tema de la naturaleza humana de Cristo del "mensaje de 1888", toma el abordaje opuesto. Intenta probar la idea de que la postura de Jones y Waggoner sobre la naturaleza de Cristo no pudo ser parte del mensaje de 1888 que Ellen White apoyó, debido a que dicha postura fue recibida con "viva oposición". Coloca la posición de Jones y Waggoner junto a los "numerosos restos teológicos que se esparcen por la autopista doctrinal adventista", que no superaron "la prueba del tiempo y el escrutinio teológico". Whidden afirma enfáticamente: "Si bien Ralph Larson ha demostrado (en The Word Was Made Flesh) que hubo un fuerte consenso en la visión posterior a la caída [post-lapso] hasta mediados de la década de 1950, George Knight ha mostrado también que hubo una viva oposición a la visión posterior a la caída por parte, nada menos que de A. T. Jones, a mediados de la década de 1890 (Knight [From 1888 to Apostasy] 132-150)" (Ellen White on the Humanity of Christ, p. 79). Pero al leer las páginas que cita Whidden, uno comprueba que Knight no escribió tal cosa. Por lo tanto, a fin de decidir sobre el asunto, lo mejor es permitir que la historia hable por sí misma. Lo cierto es que la visión posterior a la caída de la naturaleza de Cristo fue parte del mensaje de Jones y Waggoner, tanto antes como después de 1888, y que era la posición aceptada mayoritariamente. No obstante, cuando Jones y Waggoner la presentaron en el contexto de la justificación por la fe mediante la justicia de Cristo, los pactos y la perfección de carácter de la generación final, muchos se opusieron a su enseñanza. Lo mismo sucede hoy.
  76. El Dr. D. H. Kress estuvo presente en la asamblea pastoral y recuerda ese evento unos 42 años después: "Allí donde se efectúan reuniones de este tipo, hay siempre peligro de que se lleve hasta los extremos alguna enseñanza. El pastor Waggoner empezó a enseñar que Jesús, siendo Dios en la carne, no podía pecar; que para él era imposible pecar … El pastor Uriah Smith, en su enseñanza, tomó la posición de que Dios, cuando creó al hombre, no sabía que este pecaría; que, siendo Dios, podía elegir entre saberlo, o no saberlo". Kress explica que Ellen White "apareció" en la primera reunión matinal del siguiente día con un "mensaje especial". "Comenzó refiriéndose a las bendiciones que eran nuestras en tales reuniones, dedicadas al estudio de la Biblia y la consagración. A continuación se refirió al peligro de aceptar el error, y se refirió a la enseñanza de la justicia por la fe, afirmando: 'A menudo la verdad está muy próxima al error'. Esto la llevó a la teoría en la que muchos se habían gozado, la de que para Cristo era imposible pecar. Afirmó que Dios se arriesgó al dar a su Hijo unigénito a este mundo; que a Cristo le resultaba posible pecar. Eso hizo de la oración una necesidad para él … A continuación mostró que la teoría del pastor Smith estaba equivocada". Kress explica que Ellen White comenzó luego a dirigirse a quienes habían tomado "posición contra los pastores Waggoner y Jones" en Mineápolis en relación con la "doctrina de la justicia por la fe". Cuando comenzó a llamar a algunos de ellos por nombre, el Dr. Kress, probablemente sintiéndose él mismo culpable, estaba seguro de ser "el próximo a quien se le señalaran los pecados". Pero al estar sentado junto a una columna "logró quedar oculto a la vista de ella" (Lauretta and Daniel Kress, Under the Guiding Hand: Life Experiences of Doctors Kress [Washington, D.C.: College Press, 1932], pp. 113-115). El relato del Dr. Kress, no obstante, no es totalmente fiable. Incluye eventos que pertenecen al congreso de la Asociación de 1891, como si hubieran tenido lugar en la asamblea pastoral de 1890.
  77. Ellen G. White, "Morning Talk", 29 enero 1890, Review and Herald, 18 febrero 1890, p. 98; en 1888 Materials, p. 534.
  78. E. J. Waggoner, Christ and His Righteousness, pp. 24-31 {Cristo y su justicia http://libros1888.com/Pdfs/justicia.pdf}. No hay evidencia de que Waggoner afirmara después de la asamblea pastoral que "Cristo no pudo pecar". En una corta respuesta que dio en Signs pocos meses más tarde, Waggoner clarifica su aserto acerca de Cristo no siendo capaz de pecar: "El hecho de que Cristo 'no pecó' -que 'no conoció pecado', ni siquiera al ser sometido a los asaltos más severos de Satanás, basta para mostrar que no pudo ser inducido a pecar. Esa es la idea que se pretendía expresar en la referida nota [de que Cristo no pudo pecar]. En cierto sentido, para Cristo era posible pecar, en el caso de que así lo hubiera querido, dado que la naturaleza que tomó estaba sujeta al pecado. Sin embargo, para él era imposible pecar, debido a que 'Dios estaba en Cristo, y eso en su total plenitud … Demostró en su propia persona el poder de la divinidad para prevalecer contra el poder de Satanás obrando a través de la debilidad humana" ("Christ, the Sinless One", Signs of the Times, 9 junio 1890, p. 342). Eso estaba en la línea de lo que Ellen White había escrito un año antes, con el énfasis añadido de la importancia de comprender eso a fin de resistir al fin del tiempo: "Cristo no habría podido hacer nada durante su ministerio en esta tierra para la salvación del hombre caído, si lo divino no hubiera estado fusionado con lo humano. La capacidad limitada del hombre no puede definir ese misterio maravilloso -la fusión de ambas naturalezas, la divina y la humana. Nunca se puede explicar. El hombre debe maravillarse y quedar en silencio. No obstante, se concede al hombre el privilegio de ser participante de la naturaleza divina, y de esa forma puede hasta cierto punto entrar en el misterio. Esa maravillosa exhibición del amor de Dios tuvo lugar en la cruz del Calvario. La Divinidad tomó la naturaleza de la humanidad. ¿Con qué propósito? -Para que, mediante la justicia de Cristo, la humanidad pudiera participar de la naturaleza divina. Esa unión de la divinidad con la humanidad que fue posible en Cristo, es incomprensible para las mentes humanas. Las cosas prodigiosas que han de darse en nuestro mundo -los mayores acontecimientos de todas las edades- son incomprensibles a las mentes mundanales; no se las puede explicar mediante las ciencias humanas. Las potestades del cielo serán sacudidas. Cristo va a venir en poder y gran gloria, pero su venida no es un misterio en el mismo sentido en que lo son las cosas que van a ocurrir antes de ese evento. El hombre ha de ser participante de la naturaleza divina a fin de permanecer en ese tiempo malo cuando los misterios de las agencias satánicas están obrando. Sólo mediante el poder divino unido con el humano pueden las almas resistir en esos tiempos de prueba. Cristo dice: 'Sin mí nada podéis hacer'. Por lo tanto, debe haber mucho menos del yo, y más de Jesús" (Carta 5, 19 junio 1889; en 1888 Materials, p. 332). {N. del T.: "La sola humanidad de Cristo nunca habría podido resistir esta prueba, pero su poder divino combinado con la humanidad ganó en favor del hombre una victoria infinita" (Confrontation, pp. 66, 67)}.
  79. George Knight enumera este incidente como formando parte de una lista de siete puntos en que las enseñanzas de Jones y Waggoner no armonizaban con Ellen White, representando "sólo un ejemplo de tales diferencias". Sin embargo no explica la historia completa del incidente. En lugar de eso, lo que hace en su libro es recordar al lector hasta en doce ocasiones que Ellen White "aseveró repetidamente que no estaba de acuerdo con todas las enseñanzas de ellos". Y que "tenía serios desacuerdos con algunas de las aserciones de ellos, incluso en áreas relacionadas con la salvación". Da la impresión de que el propósito de todos esos comentarios es en definitiva llevar al lector a pensar que "Jones y Waggoner habían desarrollado una teología [sobre la naturaleza de Cristo] basada en un concepto que contradecía directamente a Ellen White" (A User-Friendly Guide to the 1888 Message, pp. 74, 69, 76, 163, cursivas en original; ver también, 55, 72-74, 76, 79, 165, 166, 179, 180). Woodrow Whidden menciona también ese incidente sugiriendo que fueron los conceptos de Waggoner sobre la naturaleza humana de Cristo los que le llevaron a "trazar algunas de las conclusiones teológicas más curiosas". Whidden no hace mención alguna a las reuniones de la asamblea pastoral, pero a cambio afirma: "Si bien el asunto de que Cristo no fuera capaz de pecar a causa de su deidad inherente no iba a conocer mayor desarrollo ulterior, el hecho de que [Waggoner] hable del Cristo que mora en los creyentes, dándoles la misma victoria sobre el pecado, es uno de los factores que se iría acentuando durante el resto de su ministerio". Esa tesis -afirma Whidden- no solamente "provee la clave para comprender el optimismo perfeccionista [de Waggoner], sino también una pista para sus tendencias aberrantes tardías" (Libro: E. J. Waggoner, pp. 196). En una nota, Whidden sugiere que "el libro Cristo y su justicia … repite en esencia el mismo pensamiento de que, debido a que en Cristo moraba el poder divino, era capaz de resistir las debilidades inherentes de la carne" (Ibid., p. 211 fn. 15). Al resumir el incidente, Whidden revela un punto interesante en relación con la biografía que escribe de Waggoner: "Sin duda alguna la tendencia teológica más significativa y portentosa del período temprano posterior a Mineápolis … fue el énfasis de Waggoner de principios del 1889 en el Cristo que mora [en el creyente]. … A la luz del concepto que se acaba de mencionar, la tesis teológica de trabajo para el resto de esta biografía es que ese vendría a ser el origen de casi toda la teología errante y caminos prácticos que Waggoner transitaría el resto de su vida" (Ibid., p. 210, original sin cursivas). Fiel a su propósito, Whidden dedica, no sólo el resto de su biografía, sino la casi totalidad de ella, a forzar la historia adventista de 1888 para hacerla encajar en su "tesis teológica", que tan popular ha venido a ser entre los adventistas evangélicos reformacionistas (ver nota 33 del capítulo 13). Pero lo cierto es que Waggoner suprimió su idea de que "Cristo no podía pecar" cuando publicó Christ and His Righteousness. Sin embargo, conservó los conceptos que eran correctos, y aquello que la propia Ellen White afirmaría claramente: "En Cristo moraba la plenitud de la Divinidad corporalmente. Esa es la razón por la que, si bien fue tentado en todos los puntos como lo somos nosotros, se tuvo ante el mundo, desde su primera entrada en él, libre de corrupción, aunque rodeado de ella. ¿Acaso no hemos de ser también nosotros participantes de esa plenitud, y no es de esa forma, y sólo de esa forma, en que podemos vencer como él venció? Perdemos mucho por no espaciarnos constantemente en el carácter de Cristo" (Manuscrito 16, 1 octubre 1890; "Draw from the Source of Strength", Signs of the Times, 10 octubre 1892).
  80. Dan T. Jones a J. H. Morrison, 17 marzo 1890, p. 4, archives of the General Conference of Seventh-day Adventists.
  81. Ellen G. White, Manuscrito 4, 8 marzo 1890, "Sermón"; en 1888 Materials, pp. 594-595. George Knight proclama asimismo que el mensaje no fue "teológico o doctrinal, sino de actitud". Su base para afirmar tal cosa son las cartas, nada menos que de Dan Jones (Angry Saints, pp. 93-94).
  82. 82. Como se ha mencionado ya en la nota 75, algunos han sugerido que la enseñanza de Jones y Waggoner sobre la naturaleza de Cristo no era parte del mensaje de 1888. Sugieren que fue más bien una doctrina errónea que "evolucionó" poco tiempo después del congreso de Mineápolis, y que en consecuencia no debiera incluirse junto al "mensaje de 1888" real que Ellen White apoyó. Quienes albergan ese parecer intentan promover la idea de que el mensaje de 1888 es solamente el que fue predicado en 1888 en el congreso de Mineápolis. Según eso, cada vez que Jones o Waggoner presentaron sólo lo que habían presentado en Mineápolis, estaban dando el mensaje real de 1888. Añaden a esa interpretación la idea de que todas las declaraciones de apoyo de Ellen White a Jones y Waggoner, incluso en la última parte de la década de 1890, se aplicaban sólo a la parte de su mensaje que habían presentado en Mineápolis. Pero ¡qué casualidad!, no disponemos -dicen- de ninguna transcripción del mensaje de Jones y Waggoner en Mineápolis, y por consiguiente no podemos saber realmente lo que Ellen White apoyó específicamente. Su conclusión, entonces, es que Ellen White apoyó la enseñanza de Jones y Waggoner relativa al cristianismo básico, pero no su enseñanza de ninguna de las doctrinas distintivas adventistas. Evidentemente, definen la expresión "cristianismo básico" como siendo el evangelio popular entre los evangélicos. Desmond Ford expresó muchas de esas ideas en la década de 1970: "Uno de los ejemplos más llamativos de deficiencia literaria … es la forma en que se han empleado los escritos de Waggoner y Jones. Los escritores han concluido que, puesto que Ellen White apoyó el énfasis de esos hermanos en Mineápolis cuando presentaron a Cristo y sólo a Cristo como base para la salvación del creyente, en consecuencia, estaba apoyando todo lo que esos hombres presentaron. Nada podría estar más lejos de la verdad" ("Observations on Conflicting Conceptions on Righteousness by Faith", Adventist Heritage Center, Andrews University, Berrien Springs, MI., [1970s], p. 18). Ford afirma también: "Se suscita de forma natural la cuestión: si Ellen White toma la posición de la Reforma, ¿cómo pudo al mismo tiempo apoyar a Waggoner, siendo que incluye elementos que son teológicamente más católicos que reformacionistas? ¿Cómo se puede reconciliar eso? 1. Las enseñanzas de Waggoner no estaban plenamente desarrolladas en Mineápolis. Con el paso de los años, probablemente a consecuencia de una evolución hacia un énfasis gradualmente creciente en la obra interior de Cristo en el corazón, se extravió según un tipo de panteísmo que es en realidad una versión del perfeccionismo. 2. El énfasis de su enseñanza en Mineápolis al que Ellen White apoyó, consistió en la exaltación de Cristo como única esperanza de la humanidad, junto a la rematada inutilidad del mérito humano para obrar la salvación" ("The Doctrinal Decline of Dr. E. J. Waggoner: Its Relationship to the Omega Apostasy, [1970s], p. 30). George Knight ha presentado esas ideas en sus escritos relativos a 1888: "La verdad es que para Ellen White el mensaje de 1888 es el mensaje de 1888 más bien que el de 1893 o el de 1895". "No es la interpretación particular que hicieron del evangelio lo que tiene la mayor importancia, sino el evangelio mismo". "La naturaleza humana de Cristo tuvo un papel extremadamente pequeño en las reuniones de Mineápolis. La Sra. White apoyaría posteriormente el mensaje de 1888 por exaltar la 'divina persona' de Jesús (Testimonies to Ministers, p. 92), pero no encontramos una recomendación o mención como esa, o discusión alguna de la naturaleza humana de Cristo en Mineápolis" (A User-Friendly Guide to the 1888 Message, pp. 165, 79, 152-153, cursivas en original). "Ninguno de esos registros demuestra que la divinidad de Cristo, la naturaleza humana de Cristo o la 'vida sin pecado' fueran temas objeto de énfasis o discusión en las reuniones de 1888. Los que sostienen que esos temas fueron centrales en la teología de las reuniones, generalmente atribuyen los desarrollos subsecuentes en el tratamiento de la justicia por la fe por parte de Jones y Waggoner a las reuniones de 1888" (From 1888 to Apostasy, pp. 133, 37). En su biografía de Waggoner, David McMahon adopta la misma postura: "No hay evidencia de que la enseñanza de Waggoner sobre la humanidad de Cristo fuera parte de su mensaje en 1888. Ese es uno de los mitos sobre Waggoner demolido por una investigación de las fuentes originales. No obstante, en el período entre 1889 y 1891, Waggoner comenzó a dar gran prominencia a la humanidad de Cristo. … En su desafortunado desarrollo teológico, Waggoner no enunció una nueva herejía. … Lleva de forma lógica, de una parte, al abandono de la justificación mediante una justicia imputada, y de la otra, al desarrollo del panteísmo" (The Myth and the Man, pp. 104, 108). Woodrow Whidden apoya igualmente esos postulados: "George Knight da en la diana al sostener que ninguno de los registros de Mineápolis 'demuestra que la divinidad de Cristo, la naturaleza humana de Cristo … fueran temas objeto de énfasis o discusión en las reuniones de 1888'" (Ellen White on Salvation, p. 89). Roy Adams sigue la misma línea de razonamiento en su libro "basado en gran medida en la bien documentada valoración histórico-teológica de George Knight sobre A. T. Jones". De forma previsible, las conclusiones de Adams son las mismas: "Como ya se ha indicado, los propios mensajes de ambos, Jones y Waggoner, en la sesión de 1888, no quedaron registrados (Algunos adventistas lo valoran hoy como algo providencial -'una de las mejores cosas que le sucedió al mensaje de 1888', afirma Knight [From 1888 to Apostasy, p. 70].) Eso significa que no hay forma de descubrir lo que Jones y Waggoner dijeron realmente, y por consiguiente no podemos estar seguros respecto a qué estaba precisamente incluido en el apoyo de Ellen White" (The Nature of Christ, p. 32). En respuesta a esas declaraciones hay que decir que Ellen White no empleó nunca la expresión "mensaje de 1888". Esa denominación, de origen reciente, ha sido correctamente empleada para identificar la asamblea de la Asociación General en la que el mensaje comenzó. Durante todos los años que siguieron al congreso de 1888, Ellen White no dio jamás la impresión de que su apoyo a Jones y Waggoner se limitara a lo que presentaron específicamente en la asamblea de 1888. Tampoco dio la impresión de que alguna parte de ese mensaje expresado en mayor detalle, de algún modo no formara parte del mensaje de 1888. Al contrario, muchas de las numerosas declaraciones de apoyo a Jones y Waggoner hablan de "verdad en avance", "nueva luz", "luz acrecentada", "verdades que son enteramente nuevas", "nuevas formas", "un nuevo marco de trabajo", "mayor luz", etc. (1888 Materials, pp. 547, 463, 806, 219, 1651, 498, 259, 86). Respecto a la naturaleza de Cristo, debiera ser evidente en este capítulo que ciertamente, tal como Waggoner la presentó antes y poco después de la asamblea de Mineápolis, formó parte de ese mensaje de 1888. Fue una parte de su "cristianismo básico". Nos alegra que los católico-romanos sostengan muchas creencias cristianas básicas, tales como la inspiración de la Biblia, Dios el Padre, Jesucristo su Hijo, el Espíritu Santo, la muerte de Cristo en la cruz, el amor de Jesús por el hombre, la confesión y el perdón, la justificación por la fe, la santificación, el bautismo, la segunda venida y el trato final del pecado en el infierno. Incluso creen que la virgen María dio a luz a Cristo en carne humana. Pero uno puede sugerir con razón que hay una diferencia abismal entre el "cristianismo básico" del catolicismo romano y el "cristianismo básico" que configura el mensaje de los tres ángeles que tiene que iluminar todavía la tierra con su gloria. Volveremos a examinar ese tema en el volumen 2 de El retorno de la lluvia tardía.
  83. Ellen G. White a Bro. Olsen, Carta 116, 27 agosto 1890; en 1888 Materials, p. 703.?