El Retorno de la Lluvia Tardía

Capítulo 12

Promesas deficientes

Visiones enfrentadas sobre los dos pactos

Profundamente impresionada por los eventos del año precedente, Ellen White escribió varios artículos que se imprimirían en la Review a comienzos de 1890. Llamó repetidamente la atención al tiempo en el que estaba viviendo la iglesia: el día de la expiación. Había reconocido el mensaje enviado mediante Jones y Waggoner como la ley y el evangelio unidos. Los oyó presentar las grandes verdades de la justificación por la fe combinadas con la purificación del santuario. Dios quería, no sólo perdonar a su pueblo por sus pecados, sino limpiarlo también de sus pecados mediante el borramiento de los mismos, y prepararlos así para resistir en el día de su venida. Esa preparación requería una obra en el corazón, una cooperación individual con el gran Sumo Sacerdote, que iba a cumplirse si se aceptaba plenamente la luz que estaba brillando sobre ellos y se la llevaba a la experiencia. Pero si se la rehusaba serían retirados los aguaceros de la lluvia tardía:

Estamos en el día de la expiación y debemos actuar en armonía con la obra de Cristo de purificar el santuario de los pecados del pueblo. Que nadie que desee ser hallado con las vestiduras de boda resista al Señor en el desempeño de su obra. Tal como él es, serán sus seguidores en este mundo. Debemos ahora presentar ante la gente la obra que por la fe vemos efectuar a nuestro gran Sumo Sacerdote en el santuario celestial. Los que no simpatizan con Jesús en su obra en las cortes celestiales … se están uniendo al enemigo de Dios y del hombre en apartar las mentes de la verdad y la obra para este tiempo.[1]

Cristo está en el santuario celestial, y está allí para hacer expiación por el pueblo. Está allí para presentar a su Padre su costado herido y sus manos atravesadas. Está allí para suplicar por su iglesia que está en la tierra. Está limpiando el santuario de los pecados del pueblo. ¿Cuál es nuestra obra? Es ponernos en armonía con la obra de Cristo. Hemos de obrar con él por la fe, estar en unión con él.[2]

La obra mediadora de Cristo, los grandes y santos misterios de la redención no son estudiados ni comprendidos por el pueblo que dice tener luz avanzada más que cualquier otro pueblo en la faz de la tierra. Si Jesús estuviera personalmente en la tierra se dirigiría a un gran número que pretende creer la verdad presente con palabras similares a las que dirigió a los fariseos: "Erráis, ignorando las Escrituras y el poder de Dios". Los más instruidos entre los escribas judíos no discernían la relación de Cristo con la ley, no comprendían la salvación que se ofrecía. … Por tanto tiempo como nos conformemos con nuestro conocimiento limitado, estamos descalificados para obtener profundas percepciones de la verdad. No podemos comprender los hechos conectados con la expiación ni el carácter elevado y santo de la ley de Dios. La iglesia a la que Dios ha confiado los tesoros de la verdad está en necesidad de conversión. Si somos bendecidos, podemos bendecir a otros; pero si no recibimos al Espíritu Santo en nuestros corazones, no podemos dar luz a otros.[3]

Cristo está limpiando el templo en el cielo de los pecados de su pueblo, y debemos obrar en armonía con él en la tierra, limpiando el templo del alma de su contaminación moral.[4]

El pueblo no ha entrado en el lugar santo, donde Jesús ha ido para hacer expiación por sus hijos. Necesitamos al Espíritu Santo a fin de entender las verdades para este tiempo; pero hay sequía espiritual en las iglesias, …

En toda iglesia deben hacerse reuniones de oración solemne y escudriñamiento ferviente de la Palabra para saber qué es verdad. Tomad las promesas de Dios y pedid a Dios con una fe viviente el derramamiento de su Espíritu Santo. Cuando se derrame sobre nosotros el Espíritu Santo, se extraerá de la Palabra de Dios médula y grosura. … Los hombres deben avanzar en el camino del deber de mayor en mayor luz, puesto que la luz desaprovechada se convierte en tinieblas, atesorando para ellos mismos ira para el día de la ira. …

Cuando las iglesias vengan a ser vivientes y activas, el Espíritu Santo será dado en respuesta a su petición sincera. … La Biblia será vista como la carta magna del cielo. … Entonces se abrirán las ventanas del cielo para los aguaceros de la lluvia tardía. Los seguidores de Cristo estarán unidos en amor. …

Dios ha dado a su pueblo la luz de grandes y solemnes verdades. Ha abierto a su comprensión los misterios de la salvación; y si no se aprovechan esas verdades, el favor de Dios será retirado.[5]

Ellen White sentía la urgencia del tiempo. Tristemente, mientras que todo el cielo estaba ocupado procurando preparar la iglesia para dar el fuerte pregón al mundo, los hermanos en el corazón de la obra estaban inmersos en una controversia acerca de lo que percibían como una doctrina peligrosa. Como resultado de una comprensión más profunda de la purificación del santuario, Jones y Waggoner habían llegado a ver los dos pactos en una luz que difería de la que era comúnmente aceptada.[6] Eso suscitó una gran inquietud entre muchos de los hermanos.

Acababa de terminar el primer período de dos meses de la asamblea pastoral de noviembre de 1889, en la que A. T. Jones enseñaba Biblia e historia. Cuando Waggoner tomó el relevo para enseñar en el segundo período de tres meses dando clases de Biblia, historia de la iglesia y hebreo, la controversia volvió a reactivarse.[7] Waggoner había estado enseñando sobre el libro de Isaías, pero decidió abordar el tema de los pactos. Su cambio de planes pudo haber sido desencadenado por las cuestiones suscitadas sobre el asunto de los pactos a raíz de la Guía de estudio trimestral (escuela sabática), de la que era el autor. Sea como fuere, el cambio de planes de Waggoner resultó pronto alterado.

Los dos pactos

Si bien se ha escrito mucho acerca de la controversia sobre la ley en Gálatas que tuvo lugar en el congreso de la Asociación General en Mineápolis, la controversia sobre los pactos tuvo quizá mayor importancia. La ley en Gálatas y los dos pactos estaban estrechamente relacionados según la comprensión de ambos bandos contendientes, de tal forma que la aceptación de una posición concreta en uno de los asuntos requería la aceptación de la postura correspondiente en el otro.

Waggoner había mencionado los pactos en su serie de artículos en Signs que se fue publicando durante nueve semanas en el verano de 1886. Butler respondió con su libro: The Law in the Book of Galatians, lo que redundó en una controversia creciente en la sesión de la Asociación General de 1886. La respuesta de Waggoner: The Gospel in the Book of Galatians, se distribuyó en la asamblea de Mineápolis. El asunto principal, en aquel momento, era la identificación de la ley a la que aludía Gálatas capítulo tres, pero los argumentos subyacentes dejan claro que ambos hombres estaban también tratando sobre el asunto de los pactos.

Durante sus presentaciones en Mineápolis, Waggoner dedicó algún tiempo a hablar de los pactos. El viernes 19 de octubre de 1888 comparó pasajes de las Escrituras en Hechos, Romanos y en los capítulos segundo y tercero de Gálatas. Según el Daily Bulletin, "su propósito era hacer ver que el asunto real en la controversia era la justificación por la fe en Cristo, una fe que nos es contada por justicia, lo mismo que sucedió a Abraham. El pacto y las promesas dados a Abraham son el pacto y las promesas dados a nosotros".[8] W. C. White observó que Waggoner comparaba "el pacto hecho con Abraham, con el segundo [o nuevo] pacto. Son lo mismo".[9] El siguiente domingo por la mañana, la octava disertación de Waggoner se titulaba: "Los dos pactos y su relación con la ley".[10] Es muy posible, a la vista de la respuesta de Morrison, que Waggoner recurriera al cuarto capítulo de Gálatas y hablara respecto a la alegoría de Sara y Agar, afirmando que el viejo pacto, simbolizado por Agar, es la condición de salvación por las obras, y no está limitada a la dispensación del Antiguo Testamento. Por la misma razón, el nuevo pacto, simbolizado por Sara, representa la salvación por la sola fe en Cristo, y era tan accesible en los tiempos del Antiguo Testamento como lo es ahora. Waggoner fue siempre claro en que no hubo dos dispensaciones (salvados por las obras en el Antiguo Testamento y por la fe en el Nuevo), sino que la salvación ha sido siempre por la fe en Cristo. No se trata de un asunto de tiempo, sino de condición del corazón.

J. H. Morrison respondió a las disertaciones de Waggoner aduciendo que "nosotros siempre hemos creído en la 'justificación por la fe' y somos hijos de la mujer libre". Eso era claramente una alusión a la alegoría de los pactos en Gálatas.[11]

Aunque no disponemos de una transcripción de las presentaciones de Waggoner en Mineápolis, sabemos cuál era su posición sobre los pactos. Su libro Glad Tidings {Buenas nuevas en Gálatas; http://libros1888.com/Pdfs/galatas.pdf} se basó en apuntes tomados de sus predicaciones en el congreso de 1888, por parte de su esposa.[12] Publicó también sus puntos de vista en Bible Readings y en la Guía de estudio de la escuela sabática del primer trimestre de 1889, y habló extensamente sobre los pactos en la asamblea pastoral de 1889, que, según Dan Jones, fue "similar a lo que presentó en Mineápolis".[13]

Ellen White especificó que durante la primavera de 1889 asistió a una reunión "en la que el pastor A. T. Jones presentó el tema de los dos pactos". Está claro que hubo hermanos que estaban en desacuerdo con la posición de Jones, ya que Ellen White añade: "No podía estar contenta con el espíritu manifestado por el pastor Underwood. Parecía hacer preguntas, no con la intención de obtener luz, sino de traer confusión y perplejidad mediante cuestiones que él mismo no creía".[14]

No se nos deja ciertamente en la duda acerca de dónde estaban G. I. Butler, Uriah Smith, R. C. Porter y Dan Jones respecto a los pactos. Todos ellos estaban en desacuerdo con Jones y Waggoner en ciertos puntos, tal como manifestaron públicamente.[15] Smith había escrito dos series de artículos sobre los pactos en 1887; una en la Review y la otra en Bible Echo.[16] Smith publicó asimismo el libro The Two Covenants (Los dos pactos) en aquel mismo período de tiempo.[17] Tanto Porter como Smith dieron disertaciones públicas en la asamblea pastoral de 1889, que fueron escritas y se conservan hasta hoy. Dan Jones tuvo igualmente mucho que decir sobre los pactos en su correspondencia de comienzos de 1890.[18]

¿Por qué tanta disputa? ¿Cuáles eran las diferencias en las posturas mantenidas sobre ese asunto? Como se ha mencionado ya, Jones y Waggoner comprendieron que la ley en Gálatas estaba relacionada con los pactos, que a su vez eran una parte intrínseca de la doctrina de la justificación por la fe. Los que se oponían a Jones y Waggoner no veían una gran conexión entre los pactos y la justificación por la fe. Todos ellos decían creer en la justificación por la fe, y sentían que Jones y Waggoner estaban exagerando en el uso de su "tan cacareada doctrina" como un frente para imponer sus ideas sobre la ley en Gálatas y las cuestiones de los pactos.[19]

Coincidencias

Para empezar, es importante establecer en qué puntos había mutuo acuerdo. Ambos bandos creían que el hombre había de ser un guardador de todos los mandamientos de Dios, incluido el sábado como séptimo día, y estaban de acuerdo en los términos en que ambos pactos requerían eso. La cuestión tenía más que ver con el cómo podía el hombre llegar a guardar los mandamientos. Ninguno de los dos bandos estaba en desacuerdo en que Dios había hecho un pacto con Abraham en el que definía los términos de la salvación hasta el fin del tiempo. Ambos comprendieron que los pactos se habían establecido con Israel, y no con los gentiles. Ninguno de los dos creía que Dios hubiera cometido un error al hacer el pacto que fuera. Ambos bandos creían que Dios quería un pueblo que lo representara correctamente en esta tierra, como base para la evangelización de todas las naciones. Como dijo Waggoner: "Pero, ¿va a haber alguna vez un pueblo en la tierra que haya alcanzado a esa perfección del carácter? Ciertamente lo habrá. … Cuando venga el Señor, habrá una compañía que será hallada 'completa en él' … Perfeccionar esta obra en los corazones de cada uno y preparar una compañía como esa es la obra del mensaje de los tres ángeles".[20]

Si bien cabe afirmar que había acuerdo mutuo en los puntos citados, a juzgar por las declaraciones de ambos bandos, no obstante, los objetores ponían frecuentemente en duda que Jones y Waggoner creyeran realmente lo que estaban enseñando, y se preguntaban si su doctrina, de hecho, no menoscababa las mismas posiciones que decía defender. Muchos de los hermanos sentían que Jones y Waggoner estaban enseñando doctrinas que llevaban a la misma conclusión que las de los dispensacionalistas: que los diez mandamientos habían sido abolidos y que el domingo, en consecuencia, era el nuevo día de adoración. Jones y Waggoner, por otra parte, sugerían que los hermanos habían formado su doctrina, no sobre una sana exégesis bíblica, sino en una línea de razonamiento guiada sólo por su deseo de contrarrestar las posiciones tomadas por los dispensacionalistas. De hecho, está claro que tal fue el caso, a tenor de las observaciones introductorias del libro de Uriah Smith: The Two Covenants:

El tema de los pactos está convirtiéndose en un asunto de interés especial para los adventistas del séptimo día en este tiempo, dado que ahora es considerado precisamente como un punto favorito de ataque por parte de algunos que se oponen a la doctrina de la perpetuidad de los diez mandamientos, y a la todavía vigente obligación de [guardar] el sábado original. Habiendo agotado toda otra fuente de oposición teórica al sábado en sus esfuerzos estériles por derribarlo, ahora pretenden que en la doctrina de los pactos encuentran evidencia concluyente de que los diez mandamientos han sido reemplazados por algo mejor. … Expresada de forma concisa, esta es su pretensión: que los diez mandamientos constituyen el primero o viejo pacto; que el pacto fue defectuoso y ha sido abolido.[21]

Los dispensacionalistas citaban frecuentemente Gálatas 3:19 para demostrar que los diez mandamientos fueron añadidos en el monte Sinaí, y estaban vigentes solamente hasta que viniera Cristo (la simiente): "Entonces, ¿para qué sirve la ley? Fue añadida a causa de las transgresiones, hasta que viniese la simiente a quien fue hecha la promesa". Entonces citaban Gálatas 3:24 como texto-prueba definitivo, aseverando que los diez mandamientos dejaron de estar vigentes desde la muerte de Cristo: "De manera que la ley ha sido nuestro ayo para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe". Afirmaban entonces que los cristianos eran ahora justificados por la fe, y no por la ley.

Postura antigua

En respuesta a esas enseñanzas, los adventistas, bajo el liderazgo de Uriah Smith, G. I. Butler y otros, enseñaron una posición sobre los pactos, que creyeron que respondía a todas las objeciones provenientes del mundo cristiano.[22] Smith enseñó que realmente sólo había un plan, un solo pacto que Dios había hecho con Abraham, y que había llevado adelante en dos fases: el viejo y el nuevo pacto: "En el cumplimiento de esa promesa que dio a Abraham, había dos fases, dos dispensaciones, y en cada una de las dos seguía la misma idea".[23] La primera fase o dispensación era la del viejo pacto, que se inició cuando Dios entró en un pacto con Israel en el monte Sinaí. Aquí el pueblo prometió guardar los diez mandamientos y cualquier otra cosa que el Señor pudiera requerir: "En otras palabras: ellos firmaron un cheque en blanco para todo lo que el Señor dispusiera, y el Señor podía poner allí lo que bien quisiera, de forma que sea lo que el Señor pusiera allí, sería una parte del pacto en el que habían convenido". Así, Dios instituyó la ley ceremonial y el servicio del santuario "para que el pecado abundara". Esa fue la única ley a la que se refiere Gálatas, especialmente el ayo que lleva a Cristo, el núcleo y esencia del viejo pacto.[24]

Uriah definía el término "pacto" a partir del diccionario Webster, que decía que un pacto es "'un acuerdo mutuo de dos o más personas o partes, por escrito o bajo sello, para hacer o dejar de hacer algún acto o cosa; un contrato; estipulación'". Así, el viejo pacto hecho en Sinaí fue un "acuerdo mutuo formal entre Dios e [Israel], basado en promesas mutuas. … El pueblo dijo: Guardaremos la ley de Dios [ambas: moral y ceremonial]. Dios dijo: Entonces os haré un reino de sacerdotes. … Ese fue el acuerdo o pacto hecho entre ellos". La definición secundaria de Webster para el término pacto: "'Un escrito conteniendo los términos o acuerdos entre dos partes'", servía para explicar por qué se llama pacto a los diez mandamientos; "eran simplemente la base del acuerdo", pero no propiamente el acuerdo.[25]

Uriah Smith vio que había "tres cosas que Dios tenía que cumplir al hacer ese [viejo] pacto". Primero, "llevar a cabo la promesa de Abraham de la forma en que correspondía para aquel tiempo". Esa promesa a Abraham consistía en que su "simiente literal", los hijos de Israel, ocuparía Canaán. Segundo, que Dios pudiera tener un "pueblo santo mediante el cual pudiera manifestar su nombre". Y tercero, que mediante el "sistema de ceremonias y aquel sistema de adoración que los confinaba a un sitio", el pueblo pudiera ser rodeado de una cerca que los separara "de las naciones del mundo a su alrededor", de forma que "cuando viniera la simiente -Cristo- se pudiera rastrear su genealogía sin ningún espíritu de duda desde aquellos judíos hasta Abraham". Smith enseñó que las promesas hechas a Abraham, pertenecientes a lo que él llamaba la primera fase, resultaron "aseguradas mediante ese [viejo] pacto" cuando "se dio a Israel la tierra en posesión, conforme a lo que Dios había prometido".[26]

Uriah Smith sostenía que la deficiencia del viejo pacto no estaba en Dios, ni necesariamente en el pueblo, sino en las propias promesas, pues "eran las mejores promesas que Dios podía hacer en aquel tiempo". El problema estaba en que el viejo pacto "no era capaz de llevar el asunto hasta su consumación final" debido a que "le faltaban los sacrificios apropiados, disponiendo sólo de la sangre de animales". Así, cuando Cristo vino a la tierra, el viejo pacto de las leyes ceremoniales fue abolido, y se puso en su lugar el nuevo pacto mediante el sacrificio de Cristo, que era la simiente que había de venir. El nuevo pacto suplía la deficiencia del viejo al proveer un sacrificio que quitaría el pecado. Smith explicaba la alegoría de Pablo en Gálatas capítulo cuarto sugiriendo que el viejo pacto "engendraba servidumbre" solamente cuando los judíos querían seguir practicando la circuncisión y guardando la ley ceremonial. Debido a que "no creyeron en Cristo … el pueblo judío, la simiente literal, correspondía a Ismael; que Cristo, la verdadera simiente, correspondía a Isaac".[27]

La mayor parte de las explicaciones de Smith tenían un propósito: convencer al mundo cristiano de que el viejo pacto era la ley ceremonial -la única ley de la que hablaba el libro de Gálatas- y que los diez mandamientos estaban aún en vigencia, incluyendo el del sábado.

Postura de Jones y Waggoner

En contraste, la comprensión de Jones y Waggoner sobre los pactos no se basaba en opiniones fraguadas en un intento por defenderse de falsas acusaciones de parte del mundo cristiano -que afirmaba que los diez mandamientos habían sido abolidos- sino que se basaba en una comprensión del evangelio eterno que impregna toda la Biblia. Vieron los dos pactos, no como representando dos dispensaciones, no como un asunto de tiempo -el Antiguo y Nuevo Testamento-, sino representando la condición del corazón, al margen del período de tiempo en el que la persona hubiera vivido. El hombre puede estar hoy bajo el viejo pacto, tanto como lo estuvieron los reunidos al pie del Sinaí. Waggoner enseñó que el segundo -o nuevo- pacto "existía antes que se hiciera el pacto en Sinaí" y que de hecho "el segundo pacto existía en todas sus facetas mucho tiempo ante del primero [o viejo], incluso desde los días de Adán". Fue entonces cuando "se desarrolló el plan de la salvación".[28]

El pacto y la promesa a Abraham eran una y la misma cosa. Dios prometió a Abraham y a todas las naciones mediante él ("todas las familias de la tierra"), que Dios daría a los hombres toda la tierra renovada, tras haberlos librado de la maldición. Esa promesa incluía la vida eterna y hacer justos a todos los que creen, ya que uno ha de ser justo a fin de poder heredar la tierra. Ese pacto eterno fue "ratificado por Dios en Cristo, Gál 3:17 … mediante un juramento, además de la promesa. Esas 'dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta', hicieron el sacrificio de Cristo tan eficaz en los días de Abraham y Moisés, como lo es ahora". Dios se ha puesto a sí mismo -y ha puesto su propia existencia- como garantía de nuestra salvación en Jesucristo. Su vida por la nuestra, si nos perdiéramos creyendo en él.[29]

A diferencia de Smith y Butler, quienes definían el término "pacto" solamente a partir del diccionario Webster, Waggoner vio que "ninguna de las definiciones [de Webster] es suficientemente abarcante como para alcanzar todos los usos de la palabra en la Biblia. … No es más que otro caso más de imposibilidad de encontrar la comparación perfecta entre lo divino y las cosas humanas". "Lo importante es comprender el significado en cada uno de los casos, y las Escrituras nos permiten que hagamos tal cosa". Así, Jones y Waggoner permitieron que fuera la Biblia la que definiera sus propios términos. Por ejemplo: "En Génesis 9:9-16 el término "pacto" se utiliza en relación con una promesa de Dios [hecha a todo animal de la tierra], dada sin condición alguna, explícita o implícita".[30]

De igual forma, el "pacto eterno" hecho con Abraham no fue un pacto en el sentido de dos partes negociando en un plano de igualdad, llegando a un acuerdo, sino que fue la promesa de Dios a Abraham y la respuesta de fe de este. Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia. Abraham dio más que un asentimiento mental. Apreció y atesoró las promesas de Dios, y en ese sentido guardó el pacto con Dios, viniendo así a ser el padre de todos los que creen (Romanos 4:11). El "nuevo pacto", o "segundo pacto", era realmente el mismo que Dios había hecho ya con Abraham. Se lo llamó así, solamente porque fue el segundo pacto hecho con Israel como nación, y resultó nuevo para ellos, en contraste con el viejo. "No hay bendición que se pueda obtener en virtud del segundo pacto, que no hubiera sido prometida ya a Abraham. Y nosotros, con quienes se hace el segundo pacto, podemos ser participantes de la herencia que promete, sólo como hijos de Abraham (Gál 3:29); todos los que son de la fe, son hijos de Abraham".[31]

Pero ¿qué hay del primer pacto? ¿Por qué entró Dios en un pacto con Israel, diferente de aquel con el que había entrado con Abraham? Waggoner lo explicó a partir de Éxodo 6:2-8: Dios se propuso librar a Israel de la esclavitud egipcia en cumplimiento de su pacto con Abraham. Cuando los llevó al pie del Sinaí, les recordó lo que había hecho con los egipcios y cómo los había llevado a ellos en alas de águila. Dios quería que entraran en el mismo pacto de fe que había hecho con Abraham, pero el pueblo había fracasado en creer en él en el Mar Rojo, en la dádiva del maná y en las aguas de Meriba (Salmo 106). Ahora, en el monte Sinaí, el Señor los puso de nuevo a prueba, remitiéndolos al pacto dado a Abraham tiempo atrás, y los exhortó a guardarlo, asegurándoles los resultados. El pacto con Abraham era un pacto de fe, y podían guardarlo simplemente guardando la fe. Dios no les pidió que entraran en otro pacto con él, sino sencillamente que aceptaran su pacto de paz. La respuesta adecuada por parte del pueblo", escribió Waggoner, "habría sido: 'Amén, así sea, Señor, sea hecho con nosotros según tu voluntad'". En lugar de eso, el pueblo respondió haciendo él mismo una promesa: "'Haremos todo lo que Jehová ha dicho'" (Éxodo 19:8).[32] No es extraño que Dios respondiera: "¡Ojalá siempre tuvieran tal corazón, que me temieran y guardaran todos los días todos mis mandamientos, para que a ellos y a sus hijos les fuera bien para siempre!" (Deut 5:29).

Waggoner dejó claro en varias ocasiones que "en el primer pacto el pueblo prometió guardar todos los mandamientos de Dios, lo que les daría derecho a un lugar en su reino. Eso fue virtualmente una promesa de hacerse justos a ellos mismos, ya que Dios no prometió ayudarles".[33] "El primer pacto consistió simplemente en esto: Una promesa por parte del pueblo, de guardar la santa ley [de Dios], y la declaración de parte de Dios, de cuál sería para ellos el resultado de obedecerle". "Las promesas en el viejo pacto vinieron todas realmente de parte del pueblo. … El primer pacto fue una promesa por parte del pueblo, de que ellos mismos se harían santos. Pero no lo podían hacer".[34] El pueblo asumió la responsabilidad de obrar las obras de Dios, mostrando en ello una falta de aprecio a su grandeza y santidad. Es solamente cuando el hombre ignora la justicia de Dios, cuando se atreve a establecer la suya propia, rehusando someterse a la divina. Las promesas [de los israelitas] no tenían ningún valor, dado que ellos carecían de poder para cumplirlas, a pesar de lo cual, las repitieron por segunda vez (Éxo 24:3 y 7).

A resultas de la incredulidad de Israel, el Señor siguió un plan alternativo y condescendió hasta ponerse al nivel del pueblo. Descendió sobre el monte Sinaí rodeado de fuego, relámpagos y terremoto, lo que hizo que el pueblo temblara mientras él pronunciaba las palabras de los diez mandamientos -ninguno de los cuales había dado a Abraham, puesto que ya había escrito en su corazón aquellos mismos diez preceptos. Si bien "desde la creación se había conocido" la ley moral, Waggoner la vio como la ley "añadida" y como la "guía" (ayo) para llevarnos a Cristo, tal como se lee en Gálatas 3:19 y 24.[35]

Waggoner reconoció que "la ley de Dios -llamada su pacto- fue la base del [viejo] pacto entre él e Israel". Sin embargo Waggoner dejó claro que los diez mandamientos "precedieron", o existían ya previamente a ser proclamados en Sinaí, siendo por lo tanto "enteramente distintos de la transacción en Horeb". Si bien el resultado buscado con ambos pactos era el mismo: guardar los mandamientos de Dios, eso nunca se podía lograr cuando el pacto se basaba en promesas humanas. Por consiguiente, el propósito de dar los diez mandamientos fue dirigir "las mentes del pueblo al pacto abrahámico, que Dios confirmó en Cristo". Ese fue en todo tiempo el propósito de la ley: "El plan divino de la salvación de los pecadores, sea ahora o en los días de Moisés, es este: se lleva enfáticamente la ley al seno del pecador para producir convicción de pecado, y de esa forma se lo induce a buscar la libertad … que estaba ya asequible desde mucho antes, pero que el pecador no había apreciado, … y a vivir una vida de justicia por la fe en Cristo".[36]

En contraste con Smith y Butler, que enseñaban que la ley ceremonial era el viejo pacto, Waggoner creía que "'las ordenanzas del servicio divino' no formaban parte del primer pacto. De haber sido así, se las tendría que haber mencionado en el establecimiento de aquel pacto; pero tal no fue el caso. Estaban relacionadas con él, pero no formaban parte de él. Eran simplemente los medios por los que el pueblo reconocía la justicia de su condena a muerte por la violación de la ley que habían pactado obedecer, y su fe en el Mediador del nuevo pacto".[37]

Waggoner percibió que la posición de Butler parecía "implicar que antes de la primera venida, los hombres se allegaban a Dios mediante la ley ceremonial, y posteriormente mediante el Mesías". Waggoner estaba respondiendo a la idea de Butler consistente en que "en la así llamada dispensación judaica, el perdón de los pecados era sólo figurado. … no había perdón real de los pecados hasta que se ofreció Cristo, el Sacrificio real". Butler también había limitado las previsiones de Cristo exclusivamente a los judíos, que estaban bajo la ley ceremonial.[38]

Waggoner, en contraste, creía que "todas las transgresiones cometidas bajo aquel pacto [viejo] que fueron perdonadas, lo fueron en virtud del segundo pacto, del que Cristo es mediador. Incluso si la sangre de Cristo no se derramó hasta cientos de años después que se hizo el primer pacto, allá donde se confesaron, los pecados fueron perdonados" en virtud del "pacto abrahámico que Dios confirmó en Cristo", quien fue inmolado desde el principio del mundo. "Si el primer pacto hubiera contenido el perdón y la promesa de la asistencia divina, no habría habido necesidad de ningún otro pacto".[39]

Waggoner protestó también contra el exclusivismo de la postura de Butler: "[Cristo] no redime a nadie que no estuviera en la condición en la que él fue hecho. Y dado que sólo los judíos estaban sujetos a la ley ceremonial, su teoría significaría que [Cristo] vino a salvar sólo a los judíos. Me alegra que la interpretación adecuada no nos obligue a limitar de esa forma el plan de la salvación. Cristo murió por todos los hombres; todos los hombres estaban bajo la condenación de la ley de Dios; y así es como él fue hecho también bajo la condenación de la ley. Por la gracia de Dios gustó la muerte por todos [Heb 2:9]".[40]

Waggoner no creía, como era el caso de Smith, que el viejo pacto fuera defectuoso debido a que las promesas estuviesen referidas al sistema ceremonial, sino debido a que en ese pacto se trataba de promesas hechas por parte del pueblo. Israel había valorado con ligereza el pacto eterno que Dios hizo con Abraham, y a la vista de todo lo que Dios había hecho por ellos, tomaron presuntuosamente en sus manos la responsabilidad de su propia salvación. Haciendo así, entraron en un pacto que "engendró para servidumbre", tal como presenta la alegoría de Sara y Agar en Gálatas 4: "Es un contraste vívido entre el viejo pacto, con su ministerio de muerte, y el nuevo, con su ministración del Espíritu de vida. … No se nos dirige al monte Sinaí a fin de que confiemos en la ley para [obtener] justicia, puesto que maldiciones es todo cuanto tiene para nosotros, ni [se nos dirige] al viejo pacto con su ministerio de muerte, sino al monte Sión, donde podemos encontrar la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús, el mediador del nuevo pacto, y podemos encontrar paz y auxilio 'mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos'".[41]

Finalmente, a diferencia de Smith y Butler, quienes creían que las promesas hechas a Abraham y a su "simiente" -enunciadas en Génesis 15 y 17- hallaron su cumplimiento en la dispensación del viejo pacto cuando Israel tomó posesión de Canaán, Waggoner comprendió que la promesa eterna hecha a Abraham se refería a la tierra nueva ya renovada. Dicha promesa no alcanzaría su cumplimiento pleno y final hasta que su simiente, que es Cristo, tomara posesión de la herencia prometida en la segunda venida. En Gálatas 3:19 se lee: "Entonces, ¿para qué sirve la ley? Fue añadida a causa de las transgresiones, hasta que viniese la simiente a quien fue hecha la promesa". La posición de Waggoner consistía en que "en la venida a la que se hace alusión, la simiente heredará lo prometido. … Cristo no la ha recibido, pues somos coherederos con él; y cuando la reciba, la recibirán también Abraham y todos los que son sus hijos mediante la fe. … No hay muchas promesas a las que se refiera ese versículo diecinueve, sino una sola: la herencia, y esa herencia prometida será recibida en la segunda venida de Cristo y no antes".[42]

Al comparar esas dos visiones sobre los pactos no es difícil comprender las tensiones que rápidamente aparecerían. La asamblea pastoral vino a ser el siguiente campo de batalla en el que la luz avanzada entraría en conflicto con las tinieblas de la tradición y la incredulidad.

Notas:

  1. Ellen G. White, "The Need of Complete Consecration", Review and Herald, 21 enero 1890, p. 33.
  2. Ellen G. White, "The Lord Must be Our Light", Review and Herald, 28 enero 1890, p. 49.
  3. Ellen G. White, "The Relation of Christ to the Law is not Understood", Review and Herald, 4 febrero 1890, pp. 65, 66.
  4. Ellen G. White, "The Danger of Talking Doubt", Review and Herald, 11 febrero 1890, p. 81.
  5. Ellen G. White, "Need of Earnestness in the Cause of God". Review and Herald, 25 febrero 1890, pp. 113, 114.
  6. Robert Van Ornam, The Doctrine of the Everlasting Covenant in the Writings of Ellet J. Waggoner, (Tesis de graduación, Universidad de Loma Linda, 1985), pp. 12, 38.
  7. Arthur L. White, The Lonely Years, p. 454.
  8. "Third Day's Proceedings", General Conference Daily Bulletin, 21 octubre 1888; en Manuscripts and Memories, p. 361.
  9. W. C. White, "Notes Made at the Minneapolis Meetings 1888", 15 octubre 1888; en Manuscripts and Memories, p. 424.
  10. "Sabbath Disclosures", St. Paul Pioneer Press, 22 octubre 1888, p. 6; en Manuscripts and Memories, p. 582.
  11. R. T. Nash, "An Eye Witness Account", p. 2; en Manuscripts and Memories, p. 352.
  12. Jessie F. Moser-Waggoner a L. E. Froom, 16 abril 1930; según informa LeRoy E. Froom, Movement of Destiny, pp. 189, 200-201, 243, 260. Ver también nota nº 4 del capítulo 4.
  13. Dan T. Jones a S. N. Haskell, [marzo] 1890 (letter book, p. 910). Ver también: Tim Crosby, "Ellen G. White and the Law in Galatians: A Study in the Dynamics of Present Truth", manuscrito no publicado; en Document File 61a, Ellen G. White Estate, Silver Spring, MD.; Clinton Wahlen, "What Did E. J. Waggoner Say at Minneapolis?" Adventist Heritage, invierno 1988, pp. 22-37.
  14. Ellen G. White, Manuscrito 19, "Diary Entries", 5 marzo 1889; en 1888 Materials, p. 272.
  15. Uriah Smith a Ellen G. White, 17 febrero 1890; Uriah Smith a L. F. Trubey, 11 febrero 1902; en Manuscripts and Memories, pp. 154, 312.
  16. Uriah Smith, "God's Covenants with Men", Review and Herald, 13, 20 y 27 septiembre; 11 y 25 octubre; 1 y 20 noviembre 1887, pp. 584, 600-601, 617-618, 632-633, 664-665, 680; "The Two Covenants", Bible Echo and Signs of the Times, noviembre, diciembre 1887, pp. 162-163, 178-179, enero, febrero, marzo 1888, pp. 2-3, 22, 34-35.
  17. Uriah Smith, The Two Covenants (Battle Creek, MI: Review and Herald, n.d.).
  18. "Remarks of Eld. R. C. Porter at the Ministers' Bible School", 24 febrero 1890, y "Remarks of Eld. Uriah Smith, Bible School", 19 febrero 1890, archivos de General Conference of Seventh-day Adventists. Durante el resto del capítulo se documentarán los comentarios de Dan Jones.
  19. E. J. Waggoner, The Gospel in Galatians, p. 70; y A. T. Jones a C. E. Holmes, 12 mayo 1921; en Manuscripts and Memories, pp. 65, 327.
  20. E. J. Waggoner, "Truth and its Importance", Signs of the Times, 28 diciembre 1888, p. 790.
  21. Uriah Smith, The Two Covenants, p. 3.
  22. De forma un tanto extraña, no obstante, Waggoner "'acusó [justificadamente] a los líderes de la Asociación General de haber apoyado [implícitamente] la posición de [D. M.] Canright sobre los pactos'". Hacía poco tiempo que Canright se había separado de la iglesia, y "había abandonado la creencia en que los Diez Mandamientos estuvieran vigentes para los cristianos, y había abandonado la ley, el sábado, los mensajes, el santuario, nuestra posición sobre los Estados Unidos en la profecía, los testimonios, la reforma pro-salud, el rito de la humildad. … No creía que el papado hubiera cambiado el sábado'" (Dan T. Jones a G. I. Butler, 13 febrero 1890. Ver también: Arthur L. White, The Lonely Years, p. 360).
  23. R. C. Porter estaba de acuerdo con Smith. En una predicación sobre los pactos, en no menos de diez ocasiones afirmó que el pacto Abrahámico incluía a ambos pactos: el viejo y el nuevo: "El pacto abrahámico es el pacto eterno; y los dos pactos no son más que los medios, en las diferentes edades, para llevar a cabo ese plan". Él creía también que el viejo pacto cumplía las promesas hechas a Abraham mediante su descendencia literal (Israel) en la tierra de Canaán, y que el nuevo pacto se cumpliría en un sentido espiritual en la Canaán celestial mediante la simiente espiritual: Cristo (Remarks of Eld. R. C. Porter at the Ministers' Bible School, 24 febrero 1890, archivos de General Conference of Seventh-day Adventists).
  24. "Remarks of Eld. Uriah Smith, Bible School", 19 febrero 1890, pp. 5, 10, archivos de General Conference of Seventh-day Adventists.
  25. Uriah Smith, The Two Covenants, pp. 5-9. Esa explicación por parte de Smith parece ser menos que satisfactoria para refutar la pretensión de que, puesto que los diez mandamientos son el viejo pacto, fueron abolidos en la cruz.
  26. "Remarks of Eld. Uriah Smith, Bible School", 19 febrero 1890, pp. 15, 16, archivos de General Conference of Seventh-day Adventists.
  27. Ibid., pp. 16, 22.
  28. E. J. Waggoner, "The Two Covenants", Bible Readings for the Home Circle (Battle Creek, MI.: Review and Herald Pub. Co., 1889), pp. 316. A. T. Jones estuvo en perfecto acuerdo con Waggoner sobre los pactos, pero la mayor parte de sus artículos que se conservan al respecto llevan una fecha posterior a la asamblea pastoral de 1890. Aunque no cito a Jones en esta sección particular del capítulo, doy un listado de referencias en las que expresó pensamientos similares a los de Waggoner. Mientras Jones era editor de Review and Herald (1897-1901), escribió una serie semanal de artículos sobre el libro de Gálatas que se extendió por dieciséis meses, desde julio de 1899 hasta noviembre de 1900. En esa serie son de particular interés los artículos de Jones sobre el capítulo cuarto de Gálatas, bajo el epígrafe "Los dos pactos", que tomaron nueve semanas, desde el 29 de mayo hasta el 31 de julio de 1900. Se ha compilado la serie entera, y está disponible en forma de libro ("Studies in Galatians, by A. T. Jones" [Payson, AZ: Leaves-of-Autumn Books, reprint 1999]). También se puede acceder a los artículos en la edición de 2008 del CD Ellen G. White Writings Comprehensive Research Edition, disponible en librerías adventistas o en White Estate.
  29. E. J. Waggoner, Sabbath-School Lessons on the Letter to the Hebrews, for Senior Classes 4 enero a 29 marzo 1890, (Oakland, Calif.: Pacific Press Pub. Co., 1889), p. 26; también "Lesson 20-Hebrews 9:8-14 (sábado 15 febrero)", Review and Herald, 4 febrero 1890, p. 78.
  30. E. J. Waggoner, Sabbath-School Lessons on the Letter to the Hebrews, pp. 8-9; also "Lesson 15-Hebrews 8:2-6 (sábado 11 enero)", Review and Herald, 7 enero 1890, p. 14. La edición de 1888 de Bible Readings presenta la posición de Smith y Butler sobre el viejo pacto, empleando el diccionario Webster para definir el término. Cuando Waggoner supervisó la edición de 1889 de Bible Readings no suprimió la definición de Webster, pero dejó claro mediante sus otras notas y referencias que basaba su comprensión en la Biblia y no en el diccionario de Webster. Al reescribir las lecciones de escuela sabática de 1889, Waggoner dejó también ambas definiciones principales de Webster, pero aclarando que ninguna de ellas alcanzaba al significado de todos los usos de la Biblia sobre ese término. Cuando escribió sus propios artículos, ni una sola vez recurrió Waggoner a Webster para definir "pacto". A. T. Jones expresó ideas similares acerca de los pactos en su artículo: "Through the Bible. The Rainbow and Its Meaning-II", The Medical Missionary, 16 septiembre 1908, pp. 745-747.
  31. E. J. Waggoner, Sabbath-School Lessons on the Letter to the Hebrews, p. 20; also "Lesson 18 -Hebrews 8:6-13 (sábado 1 de febrero)", Review and Herald, 21 enero 1890, p. 45.
  32. E. J. Waggoner, "The Promises to Israel: The Covenant of Promise", Present Truth, 10 diciembre 1896, p. 789. A. T. Jones escribió sobre el tema en su artículo: "Studies in Galatians. The Two Covenants. Gal. 4:21-24", Review and Herald, 10 julio 1900, p. 441.
  33. E. J. Waggoner, "The Two Covenants", Bible Readings for the Home Circle (1889), p. 314. A. T. Jones expresó ideas similares en su artículo: "Studies in Galatians. The Two Covenants. Gal. 4:21-24, 28", Review and Herald, 24 julio 1900, p. 472.
  34. E. J. Waggoner, Sabbath-School Lessons on the Letter to the Hebrews, pp. 9, 11; también "Lesson 15 -Hebrews 8:2-6 (sábado 11 de enero)", y "Lesson 16 -Hebrews 8:8-13 (sábado 18 de enero)", Review and Herald, 7 enero 1890, p. 14. A. T. Jones expresó ideas similares en su artículo: "Catholicism v. Christianity", The Bible Echo, 24 junio 1895, p. 195.
  35. E. J. Waggoner, The Gospel in the Book of Galatians, pp. 24-26, 43-48. A. T. Jones expresó ideas similares en sus artículos: "Studies in Galatians. Gal. 3:24, 25", Review and Herald, 17 abril 1900, p. 249; y "Studies in Galatians. Gal. 3:24-26". Review and Herald, 24 abril 1900, pp. 265-266.
  36. E. J. Waggoner, Sabbath-School Lessons on the Letter to the Hebrews, pp. 9, 26, 24; también "Lesson 15 -Hebrews 8:2-6 (sábado 11 de enero)", Review and Herald, 7 enero 1890, p. 14; y "Lesson 20 -Hebrews 9:8-14 (sábado 15 de febrero)", Review and Herald, 4 febrero 1890, p. 78; y "Lesson 19 -Hebrews 9:1-7 (sábado 8 de febrero)", Review and Herald, 28 enero 1890, p. 61.
  37. E. J. Waggoner, Sabbath-School Lessons on the Letter to the Hebrews, pp. 23-24; también "Lesson 19 -Hebrews 9:1-7 (sábado 8 febrero)", Review and Herald, 28 enero 1890, p. 61.
  38. E. J. Waggoner, The Gospel in the Book of Galatians, pp. 12, 29. Ver también G. I. Butler, The Law in Galatians, p. 44. A. T. Jones expresó inquietudes similares a las de Waggoner a propósito de la idea de diferentes dispensaciones en su artículo: "'Jewish' and Christian", American Sentinel, 23 enero 1896, p. 27.
  39. E. J. Waggoner, Sabbath-School Lessons on the Letter to the Hebrews, pp. 25-26, 12, 63; también "Lesson 20 -Hebrews 9:8-14 (sábado 15 de febrero)", Review and Herald, 4 febrero 1890, p. 78; y "Lesson 16 -Hebrews 8:8-13 (sábado 18 de enero)", Review and Herald, 7 enero 1890, p. 14.
  40. E. J. Waggoner, The Gospel in the Book of Galatians, p. 63.
  41. E. J. Waggoner, Sabbath-School Lessons on the Letter to the Hebrews, for Senior Classes 5 abril a 28 junio 1890, (Oakland, Calif.: Pacific Press Pub. Co., 1890), p. 33; también "Lesson 33 -Hebrews 12:18-39 (sábado 21 de junio)", Review and Herald, 10 junio 1890, p. 366. A. T. Jones expresó ideas similares sobre Gálatas 4 en sus artículos: "Spiritual Egypt. -N. 4", General Conference Daily Bulletin, 5 marzo 1897, pp. 27-28; "Two Sons", Review and Herald, 1 febrero 1898, p. 76; y "Studies in Galatians. The Two Covenants. Gal. 4:21-31", Review and Herald, 29 mayo 1900, p. 344.
  42. E. J. Waggoner, The Gospel in Galatians, p. 39. G. I. Butler malinterpretó a Waggoner en este punto al sugerir que [W] había afirmado "que 'la simiente' no había venido todavía, y no lo haría hasta la segunda venida de Cristo. Es realmente difícil que el autor haya pensado que cualquier creyente en Cristo vaya a aceptar esa posición, que no es la que leemos en nuestro querido Signs of the Times del 29 de julio de 1886" (G. I. Butler, The Law in Galatians, p. 46). Waggoner respondió: "Si eso mismo lo hubiesen escrito ciertos hombres, debería pensar que era una tergiversación deliberada, pues tergiversa lamentablemente la posición que he tomado y publicado. … Es cierto que sostuve y sigo sosteniendo que la venida de la simiente a la que se refiere Gálatas 3:19 es la segunda venida de Cristo; pero eso no implica que Cristo no haya venido ya, o que ahora no sea la simiente" (The Gospel in the Book of Galatians, p. 37). A. T. Jones expresó las mismas ideas que Waggoner a propósito de la "Simiente" de Gálatas 3:19 en su artículo: "Studies in Galatians. Gal. 3:19", Review and Herald, 13 marzo 1900, p. 169. La posición de Jones y Waggoner proporciona una respuesta válida a los evangélicos que enseñan que los diez mandamientos fueron abolidos en la cruz. Estos debieran entender que la ley de los diez mandamientos sigue siendo una guía -por así decirlo- para llevar a las personas a Cristo, hasta que él regrese por segunda vez a recoger su herencia. En los escritos publicados de Ellen White no se encuentra ninguna referencia a Gálatas 3:19, pero G. B. Starr refiere una experiencia que tuvo con Ellen White mientras trabajaba con ella en Australia: "Le expliqué que comprendía que la ley [en Gálatas 3:19] fue pronunciada en el monte Sinaí para denunciar la transgresión, y que comprendía que la 'simiente' se refería a Jesús, que era el heredero a quien se prometió la tierra nueva, tal como expresan los versículos 16 al 18, y que la venida a la que se refería el versículo 19 era su segunda venida para reclamar su herencia. Ella pareció estar de acuerdo" (G. B. Starr, Fifty years with One of God's Seers, manuscrito no publicado, pp. 26-27)?